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Infokrisis.- El apoyo norteamericano a Turquía no es una casualidad. Turquía es la quinta columna en Europa de muchas cosas, especialmente de un proceso de debilitamiento de Europa, uno de cuyos frentes más importantes es la droga. En efecto, las adormideras cultivadas en Afganistán y procesadas en Pakistán, llegan a Turquía a través de la "ruta de la seda" y luego del "corredor turco" de los Balcanes.

Según el Observatorio Español sobre Drogas (OED), en 1999 en nuestro país existían 10.000 heroinómanos y 150.000 cocainómanos. Según el OED, que registra en cinco grandes ciudades españolas, el análisis toxicológico reveló en 1999 la presencia de heroína en el 81% de los casos y de cocaína en el 60%, mientras que en 1996 las cifras eran del 88% para la heroína y del 26% para la cocaína. Existía cierta euforia en la percepción del problema. Las muertes atribuibles a la heroína iban descendiendo y otro tanto ocurría con el contagio del SIDA a través de las jeringuillas compartidas. Y, así mismo, el descenso del consumo de heroína generaba la disminución de la delincuencia directamente asociada a ella.

La tasa española de consumo de heroína es una de las más altas de Europa occidental.

El lugar de origen de la mayor parte de la heroína consumida en España es Afganistán, país que llegó a acaparar el 70% de la producción mundial de materia prima para la extracción de heroína (el opio salido de la adormidera) justo en el momento en que los soviéticos se retiraban del país y hasta 1997 cuando el gobierno talibán ya se había asentado en Kabul. En ese período, caracterizado por el vacío de poder, el cultivo de opio se redobló en todo el país, pero solamente descendió cuando los talibanes llegaron al poder. Entre sus principios figuraba la lucha contra el opio. A partir de 1997 la producción disminuyó en Afganistán, mientras que, paralelamente, tendió a aumentar en Colombia.

Durante los últimos años del gobierno talibán, e inmediatamente después de la invasión norteamericana, los precios de la heroína en España se triplicaron, tal y como Gonzalo Robles, delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, informó el 27 de febrero de 2002. Había buenos motivos para que la sanidad española estuviera pendiente de los signos de alarma: aumentaron las muertes a causa de la venta de heroína cada vez más adulterada y se elevó el número de afectados por el síndrome de abstinencia, así mismo en los meses siguientes, aumento la delincuencia protagonizada por toxicómanos.

Una misión de Naciones Unidas estimó sobre el terreno que la superficie cultivada en Afganistán cubría entre 45.000 y 65.000 hectáreas, muy por encima de la cifra de 2001 y similar a las de mediados de los años noventa

Cuando se produjeron los atentados del 11-S y la consiguiente destrucción del régimen talibán, llamó la atención que uno de los temas en los que más insistió la propaganda de guerra norteamericana, fue la “complicidad” del régimen talibán con los narcotraficantes e incluso se llegó a decir que Bin Laden traficaba con heroína afgana.

Las cifras difundidas en aquella época eran ridículas y contrastaban con otras fuentes que indicaban que en ese período se habían producido dos fenómenos inequívocos: el desplazamiento de los cultivos hacia zonas de Iberoamérica (signo inequívoco de la presión en Afganistán) y un descenso del consumo de heroína por la muerte de los toxicómanos que se habían iniciado en los cinco años anteriores. La observación directa de las calles indicaba que, en ese período, la población toxicómana se estaba desplazando hacia la cocaína y que existía una perfecta conciencia del riesgo que implicaba el consumo de heroína y, por tanto, se encontraba en franca disminución. Pero llegó el atentado a las Torres Gemelas y a partir de ahí todo cambio.

En un primer momento, a lo largo de 2001 y hasta el inicio de 2003, no se observaron alteraciones sustanciales en las tendencias del consumo de heroína, que iba disminuyendo, lo que era presentado como síntoma “inequívoco” de que el perverso régimen había exportado heroína… pero sus honestos sucesores, horrorizados, habían perseguido esta industria. En realidad, lo que ocurría era que en las encuestas inmediatamente posteriores al 11-S y a lo que siguió, todavía no se habían manifestado las nuevas tendencias. Estas empezaron a hacerse bien visibles dos años después, de la misma forma que la disminución del consumo no se hizo patente el año en el que los talibanes llegan al poder… sino dos años después. Las cifras son elocuentes.

El consumo de heroína desciende en España, efectivamente, desciende entre 1998 y 2002 (de 0’6% a 0’3%), pero bruscamente repunta en 2004 y a pasa al 0’7%... constituyéndose como la más alta del período entre 1994 y 2004. Las cifras son del informe sobre “Drogas en Población Escolar” incluida en la Web del Ministerio de Sanidad. En este nuevo repunte, la situación no ha sido quizás tan perceptible para la población como lo fue entre 1983 y 1996, cuando, coincidiendo con los años de gobierno del PSOE, se produjo una verdadera avalancha de heroinómanos. A partir de la reaparición de la heroína afgana hacia 2003 (perceptible en 2004) con la masificación de la producción se operó un descenso en el precio. El heroinómano ya no estaba tan necesitado de delinquir para pagar su adicción… le bastaba con recurrir a los subsidios sociales que recibía para adquirirla. Además, las drogas de moda eran la cocaína y las metanfetanimas y la heroína estaba considerada como de alto riesgo por los propios toxicómanos. Pero la cuestión de fondo es que las redes turcas, a partir de la caída del régimen talibán y de la nueva situación creada en Afganistán, redoblaron su tarea de introducir heroína en Europa a través, siempre, del “corredor musulmán” de los Balcanes. Incluso puede añadirse que, si en la anterior etapa, los laboratorios de refinado y transformación estaban ubicados en Pakistán o Turquía, en la nueva situación se permitían el lujo de residir en Afganistán… con lo que el coste del producto se abarataba.

La “ruta turca” es una de las dos utilizadas por las mafias de la droga. Pasa a través de Irán, Turquía y los Balcanes y termina en la Europa del Sur y Mediterránea. La otra sigue algo más al norte por las ex republicas soviéticas de Asia Central y a través de Rusia y Ucrania llega a Europa del Este y del Norte. Es inevitable ver también en esto un “ajuste de cuentas” de Rusia con algunas de sus exrepúblicas, pues no en vano, los países bálticos, inexplicablemente, han pasado a absorber una parte importante de este tráfico. De toda la primera ruta, solamente el gobierno iraní ha realizado un esfuerzo visible y evidente por detener todo este comercio ilícito. En la actualidad, casi el 50% de las incautaciones mundiales de heroína se realizan en territorio iraní. Esto hizo que la ruta del norte ganara importancia, pero luego, una vez superado el escollo iraní, un contingente importante de droga descendiera nuevamente hacia Turquía.

(()  Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

 

Domingo, 10 de Septiembre de 2006 11:56 #.

 

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