Pedro Zerolo, Zapatero y la demolición de la sociedad

Publicado: Sábado, 02 de Julio de 2005 23:25 por en ORIENTACIONES
000zerolo.gifRedacción.- El gobierno ha cuidado en todos los detalles: ha aprobado la ley de “matrimonios” homosexuales poco antes del día del orgullo gay, se ha preocupado de que aparezca en el BOE el mismo 2 de julio y, finalmente, la ministra de ¿cultura?, Pepín Blanco y Pedro Zerolo han estado en primera fila de la manifestación “festiva”. Zerolo puede estar orgulloso, el día en el que ZP se divorcie, ya se podrá casar con él. No sé ZP, pero yo de él, no le daría la espalda a PZ, Pedro Zerolo.

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ZP se ha equivocado hasta en el momento

Habitualmente, los gobiernos realizan sus “grandes” reformas, en la segunda mitad de la legislatura, a fin de que el efecto benéfico para algunos colectivos sociales, sea reciente y esté presente en el momento de acudir nuevamente a votar. A nadie se le escapa que la sociedad española sigue considerando “maricones” a los “gays” y que los chistes sobre las partes traseras siguen haciendo reír al personal. Una ley de igualdad para los matrimonios gay no va a hacer que “dar por el culo” deje de ser una guarrada para convertirse en la “sublime muestra del amor homosexual”, ni que los niños adoptados por dos padres o dos madres, sean respetados por sus compañeros. Querer deformar las opiniones de una sociedad, recurriendo a leyes aprobadas por la mínima diferencia de votos, es arriesgado para el seudo-legislador. Aquí no se trata de “elevar a rango de ley lo que es normal en la calle”, sino de querer alterar la percepción que la sociedad tiene: “elevar al rango de normalidad legal a lo que la calle percibe como anormalidad”.

Es evidente que todo el interés del PSOE por la cuestión de los homosexuales viene en función de sus necesidades electorales. Con una mayoría más que relativa, con unas encuestas del CIS que confirman que ZP no despega del PP, el cultivo de las minorías sexuales es vital para las esperanzas electorales del socialismo español. Triste el destino del partido fundado por Pablo Iglesias, cuya permanencia en el poder en la próxima legislatura dependerá solo del voto de los homosexuales y las lesbianas. Estos colectivos suponen de un 3 a un 5% de la población, una bolsa de votos que el PSOE quiere convertir en espacio clientelar.

Pero ZP ha olvidado algo esencial: los matrimonios gays van a tener que vivir, como los heterosexuales en “soluciones habitacionales” de 30 metros cuadrados y allí, en esa superficie, deberán de criar a su hijo chino o árabe, recién adoptado… Si, por que el problema para ZP es que olvida un pequeño hecho esencial: incluso los gays, además de ser homosexuales, son otras cosas, ciudadanos, por ejemplo; y, en tanto que ciudadanos, van a tener que someterse a las demás creaciones del PSOE: pisos de 30 metros cuadrados, un país centrifugado, una economía víctima de la globalización radical, sin defensa nacional, sin orientaciones en política exterior, con una economía a la deriva que vive de la inercia del período anterior, etc.

Cuando lleguen las elecciones hará falta ver que pesa más en la mentalidad gay: si el “derecho al matrimonio” o una situación globalmente deteriorada. El gay, además de ser gay, es ciudadano y como tal, sometido a las mismas tensiones y conflictos que el resto de la comunidad. ZP lo ha olvidado, de ahí que no creamos que ni siquiera, desde el punto de vista electoral, la legalización del “matrimonio gay” le beneficie.

Ahora tocan los derechos de los transexuales

Se dice en voz baja, pero de manera insistente: si existe un número creciente de gays es porque existen un número creciente de personas con un defectos de sexualización, cuerpo de hombre y mentalidad de mujer o actitudes femeninas, o viceversa. Estos defectos de sexualización no aparecen hoy por casualidad. Si hoy se registra un mayor número de homosexuales es por lo mismo que las niñas tienen la primera menstruación a una edad sorprendentemente temprana o tienen un desarrollo corporal inusual para el cual, no hace mucho, había que esperar entre dos y cuatro años. No existe secreto alguno para explicar estos cambios fisiológicos y mentales. La sexualidad depende de las secreciones hormonales y la alimentación moderna ha alterado el normal equilibrio hormonal en el ser humano, especialmente en el de los países desarrollados. Las hormonas femeninas están presentes en el agua y en muchos alimentos… no es de extrañar que las sociedades occidentales, exterioricen estas alteraciones en un cambio en las costumbres.

Digámoslo claramente: hasta los años 50, la homosexualidad era considerada una enfermedad. A partir de 1956, cuando la Asociación Norteamericana de Psiquiatría eliminó la homosexualidad del catálogo de enfermedades mentales, la homosexualidad pasó a ser una de las formas posibles de ejercicio de la libertad en el terreno sexual. No era algo extraño en la tradición occidental. Homosexualidad ha habido siempre… pero sólo a partir de los años 80 adquiere un carácter masivo. ¿Motivo? Por el desequilibrio hormonal injertado por aditivos introducidos en la alimentación. Cuando la ingesta continua de conservas genera escorbuto, el escorbuto es considerado una enfermedad. Cuando alguien sufre un desequilibrio hormonal, de lo que se trata es de que recupere la “normalidad”, no que persista en ese desequilibrio y se cree una legislación que eleve a “normal” aquello que fisiológicamente es una “anormalidad”.

¿Para cuando alguna iniciativa en defensa de la familia?

Esta semana ha sido pródiga en reformas legislativas. El divorcio exprés ha quedado aprobado. ZP y PZ (Pedro Zerolo) ya se pueden casar e incluso adoptar niños. Incluso la aprobación del “plan de choque de la vivienda”, con sus pisos de 30 metros, tiene mucho que ver con esta misma temática. La ley sobre la violencia doméstica también ha entrado en vigor con la puesta en marcha de treinta juzgados especializados. A partir de ahora, la agresión de un hombre a una mujer se penará el doble que la agresión de una mujer a un hombre. A esto, en lugar de estupidez, le llaman “discriminación positiva”.

Vale la pena preguntarse si en algún momento, algún día, no se sabe cuando, el gobierno entenderá que la mayor parte de este país es “normal” y que se trata de gobernar para la normalidad, no para la anormalidad. Si, como se acepta, el 3-5% de la población es gay, esto, no deja de ser “anormal” en relación al 97-95% de la población heterosexual. Se mire como se mire, lo “normal” es que las familias unidas por lo civil o por lo religioso, sean proyectos de vida en común, pensados para “durar”… no para divorciarse a los 10 años. Hoy se sabe que uno de cada cuatro matrimonios fracasan en los 10 años siguientes de contraído el matrimonio. Algo falla, evidentemente.

En este terreno, el ejercicio de la libertad personal (para divorciarse, para elegir a una persona del mismo sexo como compañero, para drogarse) no puede confundirse con el perder de vista, la normalidad, ni con el perjuicio que se pueda causar a terceros. El Estado, en tanto que expresión orgánica de la comunidad nacional, debe tener presente, sobre todo, lo que es normal, no lo “anómalo”: los derechos de los delincuentes que causan perjuicios a la comunidad, están por detrás de los derechos de las víctimas. Los derechos de los terroristas están por detrás de los derechos de las víctimas. Los derechos de los homosexuales están muy por detrás de los derechos de las familias heterosexuales. Todo Estado y toda sociedad tiene unas necesidades: la primera de todas, es la continuidad. Para que una comunidad nacional y el Estado que la encarna, tenga viabilidad debe priorizar los derechos de las parejas heterosexuales (las únicas en condiciones de engendrar) y los derechos de las familias (único marco apropiado para la especie humana en cuyo seno se puede asegurar la continuidad cultural de una sociedad).

ZP no entiende nada de todo esto. Ni lo entiende, ni probablemente le interesa, ni seguramente tiene valor para él, un tipo cuya mentalidad está repleta de tópicos de la izquierda utópica, y cuyo comportamiento está hecho del oportunismo tan característico de la socialdemocracia europea. Pero sería de desear que ZP, antes de que acabara la legislatura, advirtiera que una de las misiones del Estado es proyectar la comunidad nacional hacia el futuro y que una sociedad en la que la familia, los hijos y su educación (el caos insertado por el socialismo en la educación es antológico), estén en la picota (a través de la equiparación de los matrimonios héteros a las uniones gays, a través de la quiebra absoluta, total y completa del sistema educativo estatal, a través de la imposibilidad de formar familias con hijos que habiten en pisos de 30 metros, a través de facilitar el divorcio hasta extremos de hacer, prácticamente, inútil el matrimonio, etc.), es una sociedad inviable. La ceguera, la irresponsabilidad y la demagogia de ZP está convirtiendo a la sociedad española en inviable. La responsabilidad histórica que ha adquirido este presidente elevado a la poltrona gracias a un atentado, no deberá olvidarse en las décadas venideras. ZP, que ha pretendido pasar a la historia, mediante esta legislación “progresista”, será denostado por las generaciones venideras como el hombre que más hizo para desmantelar la sociedad española: y no sólo la familia. Cinco milloneas de inmigrantes son otro frente de desestabilización antropológica, económica y cultural, al que hay que pedir responsabilidad a ZP.

La normalidad se aleja de España

Tiene gracia, por que el otro día en un programa de TV catalana, un inmigrante de raza negra, bromeaba en torno a los homosexuales, pero decía una gran verdad, “lo que más me llama la atención son los maricones… en África no existen esas cosas”. No podemos reprochar a este africano que considere la situación que vive Europa en este momento, como anómala e incomprensible desde el punto de vista de la normalidad, Ahora toca el turno a los “transexuales”.

En la manifestación del “orgullo gay” (¿para cuándo una manifestación del “orgullo de la normalidad hétero?) lo que más suele llamar la atención son las “carrozas” sobre las que la anormalidad más absoluta muestra su enloquecimiento a quien quiere verlo. Este año, además, han llamado la atención las pancartas de los transexuales que piden “igualdad de derechos”. Y sobre esto, vale la pena realizar una reflexión.

Se empieza borrando del catálogo de enfermedades mentales a la homosexualidad y se termina “comprendiendo” las reivindicaciones transexuales y pagando las operaciones de cambio de sexo con cargo a la seguridad social. Una vez perdido el paradigma de normalidad, cualquier cosa vale. A nadie le puede extrañar que, a partir de ahora, el colectivo islamista reivindique algo tan alejado de nuestra tradición cultural y del respeto a la mujer, como es la poligamia, o que salgan otros que reivindiquen lo poliandria. ¿Y por qué no la pedofilia? Algunos colectivos gays ya han escrito que si la pedofilia es consentida ¿qué hay de malo?. Oiga, y ¿han visto la dulzura de la mirada de una vaca? Si estoy enamorado de una vaca, ¿por qué no voy a poder dejarle mi herencia cuando yo falte? ¿por qué no va a poder cobrar una pensión de la SS? ¿qué impide que consideremos a una vaca como una posibilidad, de entre muchas, de vivir en pareja una nueva forma de “matrimonio”? Y ¿qué me dicen de un besugo? ¿acaso sus labios no son mucho más atractivos y naturales que millares de labios recauchutados a base de chutes de botox? El hecho de que ame a un besugo y de que su hábitat natural sea una pecera, no implica que no aspire a una igualdad de derechos para mi pareja, en el fondo, nos amamos…

El límite de los errores de sexualización, es el transexualismo. Hombres de mentalidad con cuerpo de mujer, o viceversa, a los que una seudomedicina de la frivolidad pueden hacer cambiar de sexo: castrarlos a ellos, para, luego, abrirles en canal el pene, zurcirlo con la costura hacia el exterior y volverlo del revés, insertándolo en el interior del bajo vientre. Esto, unido a una sobredosis de lubrificantes, les permitirá –a los que sobrevivan a la natural tendencia de esta cicatriz a cerrarse y provocar todo tipo de infecciones- mantener relaciones sexuales “normales”. Esto y, naturalmente, un cóctel diario de hormonas capaces de alterar la sexualidad de un tercio de la legión, le permitirán llevar una vida “aproximadamente” similar a la de una mujer.

El problema de la sexualidad basada en los impulsos cerebrales, es que estos se estructuran en base a la acción de las hormonas que participan en el proceso de sexualización y de exteriorización de la sexualidad. Y como todo flujo hormonal, puede cambiar. ¿Quién no ha conocido a homosexuales que bruscamente se han casado? ¿o a heterosexuales con hijos que se han fugado con un representante de comercio gay? Pues bien, también es frecuente el caso de transexuales que hoy se sienten hombres y mañana mujeres… hoy se sienten “mujeres” y precisan bolsas de silicona en los senos e incluso una pizca de celulitis injertada en los muslos, mañana, sienten que han nacido para ser hombres de pelo en pecho y se deprimen al ver sus senos turgentes, sus pómulos convertidos en pitones, y así sucesivamente. El Estado no puede, permanente y preferentemente, atender a las reivindicaciones de gente que tiene problemas de identificación sexual. Como máximo puede tratarlos mediante psiquiatría y tratamientos hormonales… pero manteniendo siempre presente que la “normalidad”, no es el último capricho del transexual, sino la normalidad implícita en la naturaleza y en las sociedades humanas. Aquí hombres, allí mujeres. O viceversa. En absoluto: hoy hombre, mañana mujer, pasado no lo sé.

Y, a todo esto, tiene gracia que la Junta de Andalucía pague las operaciones de cambio de sexo con cargo a la seguridad social, mientras los tratamientos de optometría (que si son, en buena medida, un desgaste provocado por la edad y el trabajo) nos lo tengamos que pagar, precisamente, los que cotizamos desde jovencitos a la SS.

ZP y PZ ya se pueden casar.

Si los rizos de Bisbal atraen a millones de quinceañeras, los ricitos azabache de Zerolo, como mínimo tan trabajados como los de Bisbal, atraen solo la atención de unos cuantos dirigentes socialistas. Lo suficiente como para el presunto encanto de los rizos de Zerolo, haya generado un vuelco en la sociedad española. Las uniones gays son cualquier cosa (un lío, un rollo, una historia, una pareja, etc.) menos un matrimonio. Hubiera bastado que ZP se limitara a un decreto que admitiera la formalización de parejas de hecho homosexuales inscritas en un registro ad hoc, estableciera sus derechos, para que se hubiera llegado a la misma situación de igualdad para los homosexuales. Bastaba solo con eso: pero no era lo que quería Zerolo y el movimiento gay. Ellos tenían un “caprichito”.

Lo más gracioso es que Zerolo y sus mariachis consideran el matrimonio como una institución “anticuada”, superada e indeseable. Paradójicamente, aspiran a ella. En realidad, les interesa la equiparación a los matrimonios héteros, para vaciar a esta institución de contenidos y acentuar su crisis. Todo el mundo que conoce mínimamente el mundo gay, sabe perfectamente que las uniones homosexuales tienen corta duración, imposible de cuantificar en este momento, pero, desde luego, muy inferior a las uniones héteros.

La fragilidad de este tipo de relaciones las inhabilita completamente para las adopciones. La adopción es un derecho del adoptado, no de los cónyuges, homosexuales o héteros. Para que haya adopción viable, debe existir estabilidad en la pareja. Las uniones gays, en principio, da la sensación de que carecen en su inmensa mayoría de esa estabilidad. Claro, hasta ahora no existen estadísticas de la duración de las parejas gays… pero, a partir de ahora, si va a existir la posibilidad, año tras año de conocer la duración exacta de los “matrimonios” gays. Y no auguramos ninguna sorpresa, precisamente, sino la confirmación de que las uniones gays son efímeras, transitorias e inestables.

Pedro Zerolo está en la ejecutiva del PSOE por decisión personal de Zapatero. El chico no es ninguna lumbrera. A decir verdad, le interesa solo defender los “derechos del colectivo gay”, algo que hace insistentemente, pero con la limitación de argumentos propia de ese sector. Todos estamos esperando el próximo congreso socialista para comprobar si Pedro Zerolo repite en la ejecutiva del PSOE o se va con viento fresco una vez alcanzados los últimos objetivos de ZP: el desmantelamiento de cualquier rastro de paradigma “normalidad” en la sociedad española.

Que no lo dude, ni ZP, ni PZ: la sociedad española les pedirá responsabilidades por su tarea de demolición.

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© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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