Constantes geopolíticas en Oriente Medio (II de III)

Publicado: Jueves, 30 de Junio de 2005 23:44 por en GEOPOLITICA
00011.gifRedacción.- Ofrecemos a continuación la segunda entrega de esta pequeña serie de artículos sobre el conflicto de Oriente Medio y sus repercusiones geopolíticas. En esta segunda parte entramos de lleno en la materia, después de la introducción que ha supuesto señalar, en la primera, los principales centros de tensión geopolítica mundial. Vale la pena repasar, pues, los principales episodios históricos de la zona, para desembocar en la crisis del imperio turco y llegar al papel estratégico del petróleo.

La encrucijada geopolítica de Oriente Medio

En la zona definida como Oriente Medio se cruzan distintos espacios geográficos diferenciados: de un lado, es una prolongación de África, de otro un anexo del Sáhara y, finalmente, una antesala de la Península Arábiga. En esta zona, hay rastros de civilización desde el siglo XVIII antes de JC. Vale la pena analizar las enseñanzas históricas aportadas por los pueblos que se han sucedido en la zona.

En esa época, se produjo la migración indo-europea hacia el Caúcaso que constituyó el imperio hitita durante los seis siglos siguientes. Los hititas dominaron el Próximo Oriente y terminaron por enfrentarse con el expansionismo egipcio. Este enfrentamiento culminó con el primer tratado internacional de paz suscrito por dos Estados. En efecto, el rey hitita Astill III y el faraón egipcio Ramsés II, firmaron en tablillas de barro cocido y planchas de cobre, el acuerdo de paz en ambos idiomas.

La zona recibió, posteriormente, la influencia de los intercambios comerciales con las diversas ciudades griegas y, mucho más la influencia romana que ocupó la zona hasta el siglo IV. Luego se disputaron la zona el islamismo y el cristianismo de la mano de civilizaciones árabes no musulmanas. Carlomagno y el Califa de Bagdad consolidaron las rutas hacia el Lejano Oriente que luego aprovecharía Marco Polo con su comitiva en 1271, en dirección a Cathay. Cuando eso ocurría, y desde el siglo XI al XIV, se sucedió la aventura europea de las Cruzadas. En 1097, Gregorio VII planeó una primera expedición a Oriente, pero no fue hasta 1096 cuando Urbano II convocó la primera cruzada. Más impacto tuvo la segunda cruzada proclamada por Eugenio III que libera los Santos Lugares. Durante los doscientos años siguientes, prosiguieron estos movimientos guerrero-religiosos, con distintas fortuna, hasta que a finales del siglo XIII, Jerusalén y Acre cayeron en manos de los islamistas y se desplomó el Reino Latino.

Estos movimientos fueron considerados de naturaleza militar y religiosa, pero eran también, indirectamente, pugnas por el control de zonas geográficas de tránsito. El comercio europeo no podía moverse hacia Cathay si aquella zona no estaba asegurada y controlada por un reino amigo.

Leopoldo Genicot había escrito comentando la situación de la Europa del siglo XIII: "fracaso o éxitos, estas empresas conllevaron consecuencias, la peor de las cuales fue la ruptura entre Occidente y el resto de Europa. Al nordeste, Rusia se apartó de Alemania y de Escandinavia que la habían atacado sin conquistarla, para orientarse -al lado de los mongoles que la había sometido en su mayor parte- hacia Asia y sus inmensidades. Permaneció cerrada al cristianismo romano, redujo probablemente sus transacciones con el Oeste. Polonia, que había escapado a los tártaros y se había enraizado en el catolicismo, se marcó decididamente al final del siglo XIII la frontera que una humanista (el florentino Buonaccorsi) llamaría "terra latina". Al sudeste, los mercaderes italianos se instalaron para el resto de la Edad Media en las islas del Egeo y a lo largo del Bósforo, del mar Negro y del mar de Azov. Pero en religión y en política, la distancia que separaba Constantinopla de Roma y Bizancio de Occidente, se amplió considerablemente".

A principios del siglo XIV, estaba claro que Tierra Santa se había perdido irremisiblemente para Occidente. El Islam había sufrido un increíble impulso adicionando a las tribus mongolas de Persia, y estaba claro para Europa que el camino hacia Oriente estaba cerrado. Fue poco tiempo después, cuando se inician las exploraciones y las conquistas europeas en Africa y América.

La situación no varía mucho hasta que el Imperio Turco da muestras de debilidad y empieza a tambalearse. Es a partir de ese momento, mediados del siglo XIX, cuando Turquía empieza a ser conocido como “el enfermo de Europa”. En el momento en que se produce esta situación, un simple conflicto entre monjes católicos y ortodoxos por el control de los Santos Lugares de Jerusalén, sirve como pretexto para desencadenar la Guerra de Crimea (1854/56). Los actores en conflicto son, de un lado Francia, Inglaterra y el Piamonte, y de otro la Rusia zarista. Para Francia es una cuestión de supervivencia. Desde la derrota en las guerras napoleónicas, éste país había intentado inútilmente recuperar el papel de primera potencia internacional. Napoleón III, logró ser el gran árbitro del Congreso de Paz de París suscrito en 1856. En ese momento, comenzó la apertura de los mercados turcos con la entrada del capital francés e ingles. Se obligó a Turquía a aceptar bajas tasas a la importación.

Las potencias imperiales europeas -Alemania, Francia, Rusia, Inglaterra- procuraron aprovechar la crisis del Imperio Otomano. Inglaterra se preocupó por asegurar sus intereses en Egipto y el control del canal de Suez, que le permitía llegar a la India, máxima aspiración de la corona inglesa. Alemania también se interesaba por la zona desde que construyó su unidad con Bismarck. Desde Bismarck, los estrategas geopolíticos alemanes habían propuesto la creación del ferrocarril Hamburgo-Berlín-Sofía-Constantinopla-Bagdad, concebido como un eje con capacidad para cortar en dos al Imperio Británico. Con leves modificaciones, el ferrocarril fue inaugurado a principios del siglo XX, por el Kaiser Guillermo II durante un triunfal viaje a Constantinopla. Gracias a esa política se convenció a Turquía de que orientara su política de expansión no hacia Europa, sino hacia los países árabes.

Pero, a partir del último tercio del siglo XIX, había entrado un nuevo elemento en juego. La industrialización había creado la necesidad del suministro petrolífero. Una nueva época se avecinaba.

El petróleo, fondo de la cuestión

EEUU estuvo aislado de la política internacional y sin ánimos de entrar en los juegos que excedían la Doctrina Monroe (“América para los americanos… del Norte”), hasta el gobierno del presidente Wilson. Eran los años en los que EEUU precisaba intervenir en la Guerra Europea para mejorar su zona de inversiones. Wilson, al redactar sus 14 puntos, base para la creación de la Sociedad de Naciones, evidenció su interés en intervenir en los asuntos internacionales. Sin embargo, era todavía prematuro y el congreso norteamericano rechazó la integración en éste primer organismo internacional. Debió llegar al sospechoso ataque a Pearl Harbour para que los EEUU se implicaran en la II Guerra Mundial y, a partir de aquí, influyeran decisivamente, no solamente en cuestiones de Europa (Plan Marshall) y América, sino en todo el mundo. A partir de ese momento, especialmente a partir de la Guerra de los Seis Días (1967), los EEUU consideraron a Israel como su aliado natural en Oriente Medio.

La URSS, por su parte, había fraguado una red de alianzas entre los países árabes que databa de los años 50, cuando apareció el socialismo panarabista de Gamal Abdel Nasser, y los partidos baasistas (sirio e iraquí) alcanzaron el poder. Pero, tras el desenlace de la Guerra del Yonkipur (1973), esta red de alianzas perdió a su eslabón más fuerte (Egipto) y los EEUU contaron con un segundo aliado en la zona. A la guerra árabe-israelí de 1973 siguió la primera crisis petrolífera y el primer embargo petrolero. Cuando ocurrió éste conflicto, hacía un año que el ejército y la flota inglesa, se habían replegado al Oeste de Suez, dejando a los norteamericanos encargados de custodiar la zona de Oriente Medio.

Pero es a partir de 1979 cuando se producen cuatro episodios en la zona de Oriente Medio que marcan el futuro hasta nuestros días:

1) Los tanques soviéticos cruzan la frontera afgana y establecen un gobierno prosoviético, revalidando la línea zarista de marcha hacia los mares cálidos del Sur.

2) Poco antes se produce la caída del Sha y la instauración de la primera República Islámica. Al cabo de pocos meses estalla la guerra irano-iraquí que se prolongará durante 7 años.

3) Finalmente, se produce la revuelta islámica de La Meca y dos años después, el asesinato de Anuar el Saddat en El Cairo, también por militantes islámicos.

4) La guerra civil del líbano que incendiaba a aquel país desde 1976, cobró nuevos bríos en noviembre de 1980 cuando se recrudeció la lucha entre fracciones cristianas y palestinas, primero, y más tarde, cuando el ejército sirio invadió el valle de Bekaa.

En aquel momento, Jimmy Carter, gobernaba en EEUU. Antes de que el inoportuno secuestro de ciudadanos y diplomáticos norteamericanos en Teherán por parte de “estudiantes islámicos”, lo eliminara de la carrera presidencial, Carter tuvo tiempo de enunciar la doctrina que lleva su nombre y que puede ser enunciada así: "Cualquier tentativa de un poder hostil encaminado a lograr el control sobre el Golfo Pérsico será considerado un ataque sobre los intereses vitales de los Estados Unidos y será repelido por todos los medios necesarios, incluido la acción militar". A pesar del “talante” liberal de Carter, su doctrina no se limitó a ser un principio teórico, sino que tuvo una traducción militar inmediata, constituyéndose la Fuerza de Despliegue Rápido (actual Comando Central) que concentra las operaciones militares en Oriente Medio. Países como Marruecos están incorporados en este Comando Central (no en vano Marruecos es la “fachada atlántica” del mundo islámico) cuyo radio de acción abarca bases aéreas en Bahrein, la Península Arábiga, hasta la base de Diego García, arrendada a Inglaterra.

La victoria de Reagan sobre Carter en 1983, trajo un cambio de “talante” y, así mismo, un complemento a la doctrina precedente que la reforzaba reconociendo implícitamente que el eslabón político más débil de los países de Oriente Medio era Arabia Saudí. Reagan declaró textualmente que: "Estados Unidos no permitirá que el régimen saudí fuera derrocado por disidentes internos como ocurrió en Irán". A pesar de que Arabia Saudí no era el principal proveedor de petróleo de EEUU (Venezuela le superaba), el suministro de crudo procedente de Oriente Medio, aseguraba la tranquilidad energética de EEUU.

Para EEUU había que mantener la estabilidad política de la zona: no habría más “revoluciones islámicas”, ni más intervenciones de unos países árabes en el seno de otros. Por eso, cuando ocurrió la invasión de Kuwait el 2 de agosto de 1990, el dispositivo norteamericano aprovechó para ponerse en marcha, no tanto en defensa de Kuwait, como por el riesgo que, a partir de ese momento, corría la estabilidad de Arabia Saudí. Sólo dos días después de la invasión iraquí, Dick Cheney (hoy vicepresidente y en la época secretario de defensa) convenció a la monarquía saudí para que autorizara la llegada de tropas norteamericanas y el establecimiento de bases avanzadas que, junto a la VI Flota, garantizarían la seguridad de la península arábiga.

Desde antes de los tiempos de Carter, EEUU consideraba al Estado de Israel como el “gendarme de la zona”. Esta política se basaba en el reconocimiento de que la opinión pública norteamericana difícilmente aceptaba la intervención en países remotos (evidenciada con las protestas airadas contra la Guerra del Vietnam), así pues era necesario delegar la “seguridad mundial”, en potencias locales: Brasil, el Irán del Sha, Corea del Sur, República Sudafricana, y, por supuesto, Israel en Oriente Medio.

A partir de los incidentes de 1979, era evidente que toda la geopolítica de la zona tenía un solo hecho central: el control del petróleo (si exceptuamos que el fondo del conflicto palestino-israelí: el control de los acuíferos de Gaza y de las aguas del Jordán necesarios para la supervivencia del pueblo palestino y también para el riego del desierto del Negev). A partir de 1979, todos los sucesos de la zona son inseparables del petróleo.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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