De Villaverde a Theo Van Gogh, pasando por el 11-M

Publicado: Miércoles, 11 de Mayo de 2005 12:06 por en INMIGRACION
6_78gb_latinkings2.jpgRedacción.- Vale la pena preguntarse como un país, Holanda, considerado como modelo de integración racial reaccionó masiva y violentamente ante el asesinato de una sola persona, Theo Van Gogh y otro, como España, permaneciera inmóvil ante el asesinato de 192 personas. Intentar entender estas diferentes reacciones nos ayudará a comprender el problema de la inmigración masiva.

El caso holandés

Hasta anteayer, Holanda era el modelo de integración de la emigración. Un modelo a imitar. O, al menos, así se vendía el modelo holandés. Luego resultó que todo era falso y no se trataba más que de una apreciación derivada de lo políticamente correcto. Se confundía el aguante de la población holandesa, con la integración real. No había protestas porque la población autóctona holandesa, habitualmente tranquila y con un comportamiento cívico irreprochable,

La versión “políticamente correcta” explica que la aparición del “fenómeno Pim Fortuyn” envenenó la convivencia ejemplar de la población holandesa autóctona con la inmigración. Esta versión es rematadamente falsa. El “fenómeno” arraigó sobre un terreno abonado y exteriorizó el descontento de la población holandesa ante una integración que solamente era real en los medios de comunicación políticamente correctos, pero que, en la Holanda real, había fracasado. Ningún fenómeno político de masas aparece espontáneamente sino que es el epifenómeno que evidencia la existencia de causas más profundas.

Por lo demás, esos medios políticamente correctos tienden a culpabilizar a Pim Fortuyn del desencadenamiento del odio racial… cuando, en realidad, Fortuyn no fue juzgado ni condenado por tribunal alguno, ni por xenofobia, ni por incitación al odio racial, ni tampoco asesinó a nadie. Por cierto, Pim Fortuyn fue, en cambio, asesinado en un extraño crimen político que prefiguró en dos años el de Theo Van Gogh.

Cuando ocurrió este segundo asesinato, Holanda se dio cuenta, bruscamente, de que el terrorismo islámico había irrumpido en su país. Y se trataba de un terrorismo real, no de la violencia de cuatro chalados neonazis que lanzaban una botella de gasolina pagada a escote contra la mezquita más próxima.

El asesinato ritual de Theo Van Gogh

La película “La educación por medio del asesinato”, describe el lento y doloroso modo en que la gente despierta ante el problema del Islam radical. Pero despertar a los holandeses tan sólo costó un muerto. El motivo de esto se encuentra en la identidad de la víctima y la naturaleza del crimen. Theo van Gogh, de 47 años, libertario radical, cineasta, productor de televisión, tertuliano, llamó la atención por criticar el Islam (en un libro del 2003, “Alá sabe lo que es mejor” y en una película del 2004, “Sumisión”). Fue asesinado a las 8:40 de la mañana del 2 de noviembre en su ciudad natal de Ámsterdam, mientras recorría en bicicleta una concurrida calle camino del trabajo. Mientras se le disparaba repetidamente, Van Gogh pudo decir a su asesino "no lo hagas. No lo hagas. Ten piedad. ¡Ten piedad!". Entonces, el asesino le apuñaló en el pecho con un cuchillo y le rebanó la garganta con otro, casi decapitándolo.

El asesino, Mohammed Bouyeri, de 26 años, holandés de nacimiento, con doble ciudadanía danesa y marroquí, dejó de 5 páginas tanto en árabe como en holandés clavada en el cuerpo de Van Gogh con un cuchillo. Amenazaba con la jihad a occidente en general, ("Sé con seguridad que tú, oh Europa, serás destruida"), y a cinco figuras políticas danesas en particular. El asesino era un islamista bien conocido por la policía.

La quiebra del modelo holandés de integración

Lo que ocurrió tras el asesinato de Van Gogh era previsible: manifestaciones ante las mezquitas, algunos apedreamientos de establecimientos islamistas, quema de mezquitas. Realmente poco, a tenor de lo que la sociedad holandesa ha soportado en silencio durante años: el crecimiento hasta extremos desmesurados de la inmigración sin control y la creación de centros de delincuencia y adoctrinamiento islamista. El estallido holandès tiene mucho más valor y significación porque ha sido allí en donde todo parecía “atado y bien atado”. Holanda se presentaba en toda Europa como un modelo de integración étnico-racial, cuando era, justamente, todo lo contrario: el lugar en donde bajo la superficie larvaba un problema que estalló el día en que Van Gogh fue asesinado ritualmente.

Van Gogh, crítico no musulmán del Islam, fue asesinado por expresar artísticamente sus opiniones es algo sin precedentes, no sólo en Holanda, sino en occidente. La revulsión danesa ante los hechos sacudió la profunda complacencia de la que quizá es la sociedad más tolerante del mundo. La ministra de inmigración, Rita Verdonk, una de las cinco personas amenazadas, lamentó que el país hubiera ignorado durante tanto tiempo la presencia del Islam radical. "Durante demasiado tiempo, hemos dicho que teníamos una sociedad multicultural y que sencillamente, todos encajarían con todos. Fuimos demasiado inocentes al pensar que la gente coexistiría en sociedad". Jozias van Aartsen, líder parlamentario del partido VVD fue más allá, advirtiendo de que "la jihad ha llegado a los Países Bajos, y un reducido grupo de terroristas jihadistas está atacando los principios de nuestro país. Esta gente no quiere cambiar nuestra sociedad, quieren destruirla".
20.000 manifestantes se reunieron para denunciar el crimen, y treinta personas fueron arrestadas por incitar al odio contra musulmanes. El Ministro del Interior, Johan Remkes, dijo: "El clima se enrarece seriamente". Las dos semanas siguientes se registraron 20 ataques con incendios y explosivos, y contraataques contra mezquitas, iglesias, y otras instituciones, además de algunas redadas policiales de envergadura. Un ensayo de guerra civil.

Del 11-M al 2-N

Si el 2 de noviembre habían asesinado a Theo Van Gogh, unos meses antes, el 11-M se había producido el asesinato de 192 personas en Madrid. Ambos fenómenos suponen el inequívoco desembarco del terrorismo yihadista en territorio europeo de la mano de la inmigración de religión musulmana y origen marroquí.

A partir de ese momento, el terrorismo yihadista se convierte en un desafío estratégico para Europa. A diferencia del terrorismo de extrema-izquierda de hace 20 años, éste nuevo terrorismo dispone de una sólida base social sobre la que ha hincado sus raíces: la inmigración islamista en Europa: 20.000.000 de personas que serán mayoría en algunos países en 2050 y que, a partir del 2010 serán fieles fanáticos de la religión con más seguidores en Alemania, Inglaterra y Benelux. A diferencia de EEUU, donde el terrorismo y la inmigración están disociados, en Europa están íntimamente unidos. De hecho, en Europa sería fácil cortar con los focos de terrorismo, repatriando a los inmigrantes islámicos y prohibiendo la incitación al odio racial predicado en las mezquitas.

No existe crimen más horrendo a las leyes de la hospitalidad que ser inmigrante en un país y asesinar a 192 personas. Ciertamente, en Inglaterra hay más inmigrantes pakistaníes que marroquíes en España… pero Marruecos tiene una situación geográfica de contigüidad con España y Pakistán está más de 12.000 km alejado del canal de la Mancha.

La cosa es todavía más preocupante porque los criminales del 11-M pertenecían a grupos de inmigrantes que vivían muy bien en España. Tenían comercios propios, estaban relacionados con grupos de delincuentes tolerados por la policía española o, al menos, contra los que, a la vista de la legislación vigente, no pueden hacer nada. Hasta entonces se creía que el islamismo radical solamente crecía en el país de origen en “bidonvilles” y barrios marginales. El 11-M ha demostrado que son precisamente clases magrebíes vinculadas al pequeño comercio y a la delincuencia, los que protagonizan las redes de terrorismo islámico (harina de otro costal es quien las manipula).

Los yihadistas desprecian a Europa. Y la odian. Pero, además de eso, en España, reivindican la islamidad de la península. Ese mensaje absurdo, cala en profundidad entre la juventud islamista inmigrante. En Inglaterra el 13% del 1.600.000 islamistas justificó los ataques del 11-S y pedían más acciones como esa. En Francia en el 2003, ¼ de los inmigrantes islamistas afirmaban que los valores de su religión son incompatibles con los de la República. En Alemania y Holanda, un 10% de los islamistas simpatizan con Al Qaeda. Pero, no hay que olvidar que estas encuestas precisan una rectificación. Cuando esas mismas preguntas se realizan en el país de origen las cifras oscilan entre el 40 y el 60%. En Europa cuidan más la respuesta. El 40% de los marroquíes simpatiza con Bin Laden… por ejemplo.

Hace 20 años, los teóricos europeos de la inmigración –habitualmente socialistas- esperaban que la creación de una clase media islamista entre la inmigración, cortaría la posibilidad de radicalismos. Ha sido justamente lo contrario. Esa clase media ha despuntado… pero ha asumido el mismo radicalismo que los sectores más desfavorecidos. En el fondo el problema no es económico sino de sistema de identidades étnico-religiosas. Hoy, está claro, que, precisamente, los principales impulsores del radicalismo islámico wahabbita, no son los menesterosos de los arrabales de Orán o Tánger, sino los príncipes árabes de la casa de los Saud. Y entregan los fondos, precisamente, a esa clase media islamista, radicada en Occidente.

Las tres corrientes musulmanas en Europa

Existen tres grandes tendencias en el islam europeo:
- los vinculados a mezquitas ligadas a países concretos (mezquitas promovidas por Marruecos, mezquitas argelinas, etc.),
- los vinculados a corrientes salafistas (como los wahabbitas) y
- los vinculados a los Hermanos Musulmanes

Los primeros están presentes en la inmigración de más edad, pero su influencia va descendiendo a medida que desciende la edad. Y es nula entre los jóvenes. Los salafistas buscan aislarse en su entorno en Europa, crean barrios propios y mezquitas cerradas a otros; de este sector ha partido el asesinado de Van Gogh y del mismo han salido los ejecutores materiales del 11-M. En cuanto a los Hermanos Musulmanes es, el grupo organizado más antiguo; se fundó en los años 20 y cuentan con grupos organizados en toda Europa. A diferencia de Al Qaeda, extraña nebulosa, seguramente inexistente, los Hermanos Musulmanes tienen una organización estable y líderes conocidos. Este grupo es, desde luego, el mejor implantado en Occidente. En Francia actúa con el nombre de Unión de las Organizaciones Islámicas de Francia, en Inglaterra, es el Muslim Council of Britain, en Alemania el Milli Görüs y, en España están divididos en varios grupos según su país de origen: Justicia y Caridad para los marroquíes, Vanguardia Islámica y Centro Islámico, sirios. A nivel europeo existe el Consejo Europeo para la Fatua , presidido por un hermano musulmán residente en Qatar. Este grupo propone una conquista pacífica de Europa a la que considera “tierra de misión”.

Ahora bien, la demografía juega a favor del islam inmigrante en Europa: la población islamista en el continente se doblará hasta el 2015 (de 20 millones pasaremos a 40 en ese año y sólo entonces, las proyecciones indican que descenderá algo) Pero el 2050, el 20% de la población total del continente será islamista. Claro que previsiones más pesimistas –Timothy M. Savage, “Europe and Islam: Crescent waxing cultures clashing”, The Washington Quaterly, vol 27, núm. 3 (Verano 2004)- elevan esta cifra hasta el ¡50%!

Por qué en España no hubo movilización y en Holanda si?

El 11-M los portavoces de los partidos mayoritarios todavía tenían credibilidad en materia de inmigración. Ciertamente, se habían producido explosiones en El Ejido, Getafe, Premiá, Hospitales, La Almunia, etc, etc, pero España era todavía “joven y virgen” en materia de inmigración, así pues, los políticos españoles de derecha e izquierda podían repetir las mismas fórmulas que habían fracasado ya en toda Europa, como si se tratara de una novedad brillante.

En Holanda, como en Francia, repetir el discurso integracionista, hoy ya no otorga la más mínima credibilidad a quien lo propone. Y en España, los sucesos de Villaverde y la reacción suscitada, permiten pensar que el tiempo de la tolerancia ha pasado. Hay que recordar que España ha recorrido en 5 años el mismo espacio que el resto de Europa Occidental ha tardado 30 años. Hoy, también en este terreno de la inmigración, estamos a nivel europeo… solo que el gobierno no se ha enterado de las fórmulas que ya han fracasado en Europa que son, precisamente, las que propone en España.

Por otra parte, la sociedad civil holandesa siempre ha tenido más vida que la española que ha sido, literalmente, machacada en los años del socialismo. Esto ha implicado que la sociedad holandesa fuera más disciplinada a la hora de acatar las medidas de integración y más rápida en la reacción, cuando se ha percibido que tales medidas han fracasado. En España, por el contrario, lo que se han provocado hasta ahora, son estallidos bruscos y fugaces, aquí y allí, pero al no existir ninguna fuerza política de envergadura, en condiciones de articular estas movilizaciones y darles una dimensión nacional, estos focos se han acallado con facilidad.

La diferencia que existe hoy con respecto al próximo pasado es que, hasta el 11-M se confiaba en que el gobierno –cualquiera- lograría resolver el problema de la inmigración. Hoy esa confianza se ha hecho pedazos a la vista del caos que ha supuesto la regularización masiva y la irrupción de bandas étnicas. La toma de conciencia de la sociedad, precede a la creación del movimiento de masas que presione para adoptar políticas de contención. No al revés.

En este sentido, cabe decir que el peor escenario para los políticos de los partidos mayoritarios es la confluencia del movimiento de protesta vecinas que aparece en los barrios, con los núcleos militantes antiinmigración. De ahí que desde los medios de comunicación ligados al poder o al PP, se insista en aludir a “bandas fascistas y xenófobas” y se muestren carteles con yugos y flechas. Esa es la última trinchera de los partidos mayoritarios. Cuando el movimiento de protesta la haya superado, estaremos ante el albor de un movimiento político-social de nuevo cuño.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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