Manifestarse por la “Unidad de España”, si, pero…

Publicado: Domingo, 06 de Marzo de 2005 06:49 por en ORIENTACIONES
0000000000123456.jpgRedacción.- Últimamente vienen proliferando las manifestaciones callejeras por grandes temas que, efectivamente, son claves en nuestro momento político. El problema es la baja respuesta ciudadana a esas manifestaciones. Cuando solamente se manifiestan 300 ó 400 personas contra la inmigración o una cifra parecida (o incluso multiplicada por 10) por la Unidad Nacional, parece que a nadie le interesen ambos temas. Creo necesario realizar las reflexiones que siguen.

El recuerdo de Tejero y de Solidaridad Española

El golpismo español se desactivó definitivamente en dos momentos: el 23-F cuando en una loca iniciativa aventurera, sin ninguna base política, ni social, ni proyecto, unos guardias civiles entraron en el Congreso de los diputados y cuando en las elecciones de septiembre de 1983, Tejero, alma mater del golpismo hispano, se presentó con la candidatura “Solidaridad Española”… obteniendo un número de votos misérrimo que demostraba el nulo “apoyo social” al golpismo. Asunto resuelto: nunca más el golpismo fue tomado en serio.

Son los riesgos de salir a la superficie cuando se tiene detrás un apoyo mínimo. Las llamadas “fuerzas nacionales” deberían de haber extraído alguna consecuencia de la malhadada experiencia de “Solidaridad Española” (en la que Tejero fue arrastrado, no lo olvidemos, esto es, inducido por segunda vez, a trenzar la cuerda, hacer el nudo corredizo y colocársela en el cuello). Pero el problema es que en 20 años al frente de esas organizaciones se han sucedido tres generaciones de dirigentes, cada una de las cuales ha surgido, no como continuación de las anteriores, sino como ruptura con esas. De ahí que no se haya podido acumular “experiencia histórica”. Dejando aparte que, ciertamente, la capacidad de reflexión no es uno de los adornos que sobran en este ambiente político.

Los grandes temas exigen grandes movilizaciones

Cuando en España existió un movimiento contra la guerra de Irak –superficial, pero real-, el error del PP, fue ignorar la voz de la opinión pública. En las manifestaciones de febrero de 2003 y en las que siguieron hasta mediados de marzo, fueron MILLONES los españoles que se manifestaron contra la guerra, contra la presencia de Aznar en la Cumbre de las Azores y contra lo que, era previsible, que ocurriera y que, finalmente, ocurrió.

Cuando, tras la guerra, algunos mentores de estos grupos, intentaron movilizar a la población de nuevo, ésta no respondió y donde dos meses antes se habían manifestado entre 600 y 900.000 personas, ahora se manifestaban menos de 5.000. La diferencia era tal que el movimiento contra la guerra murió ahí mismo y de él –como del movimiento antiglobalizador- no ha vuelto a tenerse noticias. Cuando ocurre lo previsto y lo irreversible se muestra como tal, entonces ya no tiene sentido persistir en las mismas posiciones.

Grandes temas precisan grandes movilizaciones o, de lo contrario, se vuelven en contra de las ideas que pretenden sostener. Una manifestación por la “unidad nacional”, en Madrid y con menos de 500.000 personas… es un fracaso para la idea de la “unidad nacional”. No digamos con 1.000 o menos…

Claro está que la organización convocante, tiene la presunción de que manejando este tema y desempeñando un activismo callejero continuo, logrará afianzarse y crecer. Y sobre esta estrategia hay que hacer algunas matizaciones.

Dejarse ver en la calle y crecer en la sociedad

El activismo callejero se ha practicado en tantas ocasiones que es fácil realizar un análisis de a donde lleva:

- Al agotamiento de la militancia que tiene un límite (mucho más ahora cuando el voluntarismo es muy inferior por el cambio de hábitos sociales) a su predisposición a realizar un trabajo político continuado y limita su “vida útil”. El hecho de que el activismo haga que venga nueva militancia, no puede eludir el hecho de que los recién llegados, cubren las bajas de los que se han ido agotados.

- A un tipo de nuevos afiliados que son, fundamentalmente, jóvenes con ganas de “acción”, esto es, grupos sociales, políticamente inestables a los que hay que alimentar a base de mas activismo en un ciclo infernal que jamás termina… hasta que un incidente con contramanifestantes o con la propia policía, lo coloca en una difícil situación.

- A olvidar que lo esencial no es “dejarse ver” por la sociedad, sino “penetrar en la sociedad” y para esto, lo que se precisa son cuadros políticos, no jefes activistas hiperactivos. Los cuadros políticos son aquellos que saben explicar a la sociedad las ideas-fuerza de su organización, no quienes son capaces de pegar más carteles en menos tiempo.

Cuando un tema se quema, algo suyo se quema

Cuando se ha lanzado un tema y éste no ha tenido eco suficiente (ni mediático ni social) ese tema está “quemado”. Quemar temas es ir agotando las propias posibilidades, no sólo de la organización que abandera el tema, sino de todo el ambiente al que pertenece. Tengo la impresión de que organizar en Madrid una manifestación unilateral contra la inmigración masiva o por la unidad nacional, temas ambos justísimos, y no lograr atraer a unos cuantos miles de ciudadanos de todas las edades, profesiones y estamentos sociales, es un fracaso… no sólo para los convocantes, sino para todo el ambiente del que se reclaman los convocantes.

A esto se añade otro problema: existen muchos miles –millones, sin duda, si hemos de creer al CIS- dispuestos a manifestarse contra la inmigración ilegal y masiva o por la unidad nacional… pero muy pocas decenas, dispuestos a hacerlo tras una pancarta de un grupo que enarbole banderas, doctrinas y colores de hace 70 años. Sinceramente, no entendemos que este razonamiento, que resulta absolutamente claro para la mayoría, no sea advertido por los convocantes de este tipo de manifestaciones. A veces, para conservar una “clientela” política que responde sólo a unos estímulos simbólicos e ideológicos arcaicos… se pierden las posibilidades de ganar otra mucho más amplia.

Alguién nos dirá: es mejor hacer esto que nada. Algo que ponemos en duda: es mejor no quemar un tema que quemarlo. Tejero remember. Es mejor salir a la superficie cuando existe un soporte social real y capitalizable, que hacerlo cuando no se dispone de ningún tipo de arraigo social y lo único que se evidencia es la propia debilidad.

Pero, entonces, ¿cómo avanzar?

Se nos puede reprochar que juguemos “a la contra” y critiquemos acciones de otros. Lo único que pretendemos hacer, sinceramente, es lanzar un aviso: cuidadín, cuidadín, estas actividades no os van a llevar muy lejos, os van a exigir un esfuerzo superior a vuestras fuerzas, vais a quemar militancia y temas, y no vais a estar en condiciones de “constuir partido” que, a la postre es lo que interesa. Puede creerse o no lo que acabamos de decir, pero, finalmente, serán los hechos, de aquí a un año, los que podremos discutir a toro pasado y con lo incontrovertible de la realidad de los hechos.

¿Cómo avanzar? Ante todo intentando que los deseos no se confundan con la realidad –no lo decimos sólo por el grupo convocante de la manifestación, sino por todo el ambiente político-, una justa línea política solo nace de una percepción justa de la realidad: de la propia realidad (somos tantos, tenemos lo que tenemos en nuestro activo y nos falta lo que nos falta, son las famosas “condiciones subjetivas”), de la realidad política (las famosas “condiciones objetivas”) y lo que estamos dispuestos a hacer y queremos comprometernos a hacer (las “condiciones voluntaristas”).

Un vistazo somero a las opciones que avanzan por Europa y a la realidad social e histórica actual nos indican que un movimiento actual surgido de ideas, formas e imagen de los años 30… no llegará muy lejos. Lo que puede motivar su activismo, lo desmotiva su imagen. Si esto no se percibe, el fracaso está cantado.

¿Cómo avanzar? Creando cuadros, mediante cursos, conferencias, seminarios, documentos, llevando a cabo tareas de agitación y propaganda, haciendo girar el ciclo agitación-propaganda-organización, etc.; y esto se hace mediante proyectos poco ambiciosos, pero realistas, localistas ante la imposibilidad de mover grandes campañas a nivel nacional, intentando el despegue en una zona puede producirse el efecto contagio (es lo que los franceses del Front Nacional conocen muy bien y llaman “Efecto Dreux”), concentrándose en algunas zonas geográficas en las que se tienen fuerzas suficientes y existen motivos suficientes como para calar en la sociedad. No avanza más el que tiene más buzones de e-mail sino el que tiene un peso real en alguna zona. ¿Cómo avanzar? Aproximándose a otros grupos que están en la misma o parecida situación. Sumando fuerzas, en definitiva. Nadie tiene un esquema de partido completo: todos están obligados a colaborar entre sí, aproximarse... o bien extinguirse, perpetuarse en la minoría ínfina y, en cualquier caso, malvivir.

¿Hacia dónde avanzar? El modelo de partido activista no suele ir muy lejos. De hecho no existe ningún partido activista en Europa que haya llegado excesivamente lejos. El techo es bajo: si uno se plantea alcanzar solamente unos pocos cientos de militantes jóvenes, el activismo es lo que “paga”. Si uno pretende convertirse en un partido parlamentario con capacidad para influir en la vida política nacional, el activismo es accesorio: sirve… para muy poco, apenas nada. Lo que cuenta en ese caso son las propuestas políticas, la capacidad para ofrecer ideas nuevas, aceptables para el electorado y capaces de llevarlo a tomar la papeleta concreta de tu opción sin reservas mentales.

El ciclo del activismo es finito: entre dos y cuatro años, no más, acabado el cual se produce el derrumbe de la opción construida en función de la agitación hiperactiva y se levanta otra opción exactamente igual, con caras nuevas, con dirigentes nuevos, con algunos militantes nuevos que sustituyen a los dirigentes y militantes requemados. Es la eterna historia del radicalismo político, bienintencionado pero limitado.

Hoy, aquí y ahora, avanzar en este espacio político implica, por este orden: aproximarse, negociar, reflexionar, adoptar una justa línea política en tres niveles: imagen, programa y estrategia. Todo lo demás, son fuegos fatuos y exteriorización de la propia impotencia política.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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