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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

TERRORISMO

Enseñanzas de 40 años de terrorismo convencional

Enseñanzas de 40 años de terrorismo convencional Redacción.- Presentamos un capítulo de la obra "La Gran Mentira" (2ª Edición) de Ernesto Milá, en la que se hace un seguimiento al terrorismo contemporáneo. En dicho capítulo se pasa revista a las enseñanzas (y al fracaso) del terrorismo convencional. Dicha obra puede ser adquirida en PYRE Libros

Al título de este capítulo puede resumirse diciendo que el terrorismo, considerado en la forma que ha revestido entre 1957 (inicio de la revuelta argelina) hasta el 11 de septiembre de 2001, ha constituido un rotundo fracaso. Las cárceles y los cementerios están llenos de antiguos terroristas. Si ha habido una enseñanza es que, salvo en situaciones de ocupación militar, en donde es fácil activar el ciclo provocación-acción-represión, el terrorismo ha fracasado completamente. Y sin embargo, sigue existiendo. En este capítulo pretendemos responder a este enigma: siendo la estrategia un fracaso ¿a qué se debe que sigan existiendo determinados focos de actividad terrorista?

LOS MOTIVOS DEL FRACASO: ESCASA CAPACIDAD DE ATRACCION

Insistimos, salvo en situaciones de ocupación militar flagrante, como pudo ser en su momento Vietnam o en la actualidad Irak o Afganistán, el terrorismo no ha logrado incorporar a las masas. Ha llamado siempre la atención el que los terroristas realizaran sus más horrorosas acciones en nombre del “pueblo”, pero eso pueblo, en la mayoría de los casos, no les ha apoyado. El pueblo es el terrorista, lo que el pez al agua. El pez se ha ahogado por falta de agua. Las Brigadas Rojas murieron sin suscitar ni un mínimo entusiasmo en la clase obrera italiana a la que pretendían liberar. Los dirigentes de la Fracción del Ejército Rojo fueron hallados muertos en sus celdas, sin que ni un solo exponente de la clase obrera alemana se conmoviera más allá de lo que puede conmover cualquier otra muerte de un ser humano. El GRAPO jamás ha contado con un apoyo popular mínimamente apreciable y, en cuanto a ETA, ni siquiera en su cuota del 15% del electorado radical abertzale existía unanimidad respecto a la justeza de su acción. Sin una puerta que se abra para albergar al terrorista una vez cometida su acción, o sin un baúl inofensivo en el que puedan guardarse las armas junto al resto del ajuar en un hogar a salvo de cualquier sospecha, la acción del terrorismo no es viable. Al menos tal como fue concebido en los años 50 y 60: como movimiento de liberación… es difícil liberar a quien no se considera oprimido y es mucho más difícil luchar contando con el apoyo de alguien que se siente ajeno al terrorismo.

En realidad, el terrorismo ha persistido en zonas en donde se han dado determinadas circunstancias:

1) Donde ha existido algo de apoyo popular, como en el caso vasco o irlandés, siendo ambos casos completamente diferentes o en el caso palestino por unas circunstancias muy concreta (60 años de ocupación israelí) o en situación de ocupación militar (Irak y Afganistán).

2) Allí donde ha existido inestabilidad política y debilidad para combatir el terrorismo. En el caso español, por ejemplo, el terrorismo pudo persistir mientras duró la transición y durante todo el tiempo que tardó la democracia en asentarse (entre 1976 y 1983) y a partir de entonces, logró sobrevivir en un clima de debilidad política en la que los socialistas no se sentían seguros con los antiguos funcionarios de la policía franquista y cometieron la estupidez de intentar arreglar las cosas “a la francesa”, tal como hicieron los “barbouzes” con la OAS, el GAL y aquello resultó un desastre. Pero, cuando el PP subió al poder y decidió terminar radicalmente con el problema, en cinco años logró arrinconar a la banda y sumirla en una agonía de la que en el momento de escribir estas líneas todavía no se ha zafado.

3) Cuando existen complicidades de altos vuelos. A nadie se les escapa –solamente a los portavoces oficiales del nacionalismo vasco- que ETA logró sobrevivir gracias a que el nacionalismo moderado jugó con ella el “juego de las partes”: los radicales golpeaban y, como dijo Arzallus en su famosa frase, otros recogían los frutos. Antes, ETA se había beneficiado de la complicidad francesa que entre principios de los años 60 y hasta mediados de los 80, es decir, durante un ciclo de 25 años, permitió que se albergara en su territorio el santuario etarra. De no haber existido tal santuario, ETA no habría podido prorrogar su acción ni siquiera hasta 1970.

4) Cobertura por parte de todo o de una parte de un Estado. Hemos sostenido en otros capítulos de este libro que el terrorismo, en muchas ocasiones, no siempre es autónomo, sino que muy frecuentemente pasa a ser un instrumento de política exterior de algún Estado, beneficiándose, por ello, de importantes coberturas, ayudas, información y complicidades. Entre 1972 y 1986, ETA contó con la ayuda y protección de las autoridades argelinas, los etarras pudieron establecer campos de entrenamiento en ese país y obtener fondos y armamentos. Otro tanto ocurrió con las guerrillas latinoamericanas hasta 1970, todas ellas tributarias del régimen castrista. Y en cuanto a regímenes como el libio o el sirio, apoyaron de manera bastante indecente, por lo demás, a los más variados grupos extremistas europeos y árabes.

Allí donde han aparecido uno o varios de estos elementos, el terrorismo ha podido mantener cierta iniciativa en algunos países. Ahora bien, en el momento en que la situación política o la coyuntura internacional cambiaron, y algunas de estas circunstancias dejaron de estar presentes, el terrorismo periclitó.

En España resulta evidente que, en primer lugar, el desmantelamiento de la URSS, derivó en que regímenes como el argelino fueron abandonados a su suerte y debieron cortar los vínculos con organizaciones terroristas, entre otras ETA, vínculos que anteriormente habían sido “recomendados” con todo el poder de sugestión que podía tener la KGB. Por lo demás, cuando terminó la transición, tras el período de debilidad y de errores protagonizado por Barrionuevo y su olvidable sucesor en el cargo, el Estado Español recuperó una solidez y una determinación que fue en detrimento de la actividad etarra y consiguió arrinconar a la banda. A partir de 1979, el gobierno francés, por otra parte, ya había comprendido que España iniciaba una marcha imparable hacia la convergencia con Europa y que sus socios del entonces “Mercado Común” no iban a permitir que el Estado galo albergara sobre su suelo a un grupo de aventureros sin escrúpulos. Francia, por lo demás, sentía que el problema vasco podía trasladarse a su territorio. Así pues, bruscamente a partir de principios de los años 80, el “santuario francés” dejó de ser tal. Finalmente, ETA consiguió prolongar su acción gracias al apoyo popular y a lo que hemos dado en llamar “complicidades de altos vuelos”. Pero cada vez estuvo más arrinconada, especialmente, desde la muerte de Miguel Angel Blanco y de la movilización de una parte sustancial de la sociedad vasco contra el terror: esta movilización dejó en evidencia que el apoyo popular a la banda era protagonizado por una minoría vociferante, pero en absoluto significativa. Y, por otra parte, el PNV empezó a valorar que los “muchachos de la gasolina”, empezaban a ser peligrosos y que era mayor cortejar a su electorado antes que tratarlos de igual a igual.

En otros lugares y a otras organizaciones les ha ido mucho peor. Salvo en Nicaragua y por razones de política exterior de la administración Carter, los sandinistas –un grupo “guerrillero” que en realidad no era sino una organización terrorista ampliada- lograron subir al poder, no tanto gracias a su capacidad militar, que nunca fue excesiva, sino gracias a la actitud de los EEUU que, en un momento dado decidieron cortar bruscamente su apoyo al gobierno de Anastasio Somoza. En pocos días, la Guardia Nacional somocista que, podía haber vencido en campo abierto a los insurgentes, se encontró sin municiones y cortada de cualquier apoyo político internacional. El régimen se desplomó en pocos días. En otros países en los que, con una situación igual o peor (Guatemala, El Salvador), existió una firme voluntad por parte del sucesor de Carter (Reagan) de combatir la insurgencia, ésta no pudo superar el umbral de un movimiento insurreccional perpetuamente acosado y que jamás estuvo en condiciones de provocar un vuelco político.
Peor situación se dio en España, en los distintos grupos nacionalistas-terroristas (Terra Lliure, el Front d’Alliberament de Catalunya antes, el Exercito Gallego do Pobo Ceibe) y media docena de grupos anarquistas (OLLA, GARI, MIL, grupos autónomos, etc.) y, los marxistas-leninistas (FRAP primero y GRAPO hasta hoy), no estuvieron en condiciones de reclutar el más mínimo apoyo popular. Es más, de hecho, perdieron todo apoyo popular en cuanto persistieron en sus tácticas terroristas, al margen de cualquier otra consideración razonable. A diferencia de la leyenda con que algunos ex miembros de estos grupos han pretendido aureolarse –pues no han faltado refundiciones de sus documentos y enumeración de sus acciones editados en forma de libros encomiásticos-, la verdad es que buena parte de sus integrantes respondían a las características de lo que unos han llamado “delincuentes lombrosianos” y otros como Julio Caro Baroja opinan que “entre los terroristas se da mucho tarado” (Terror y Terrorismo, Plaza&Janés, 1989). Más adelante insistiremos y desarrollaremos este punto.

UN PRODUCTO DE LA MODA

En 1965-73 la guerrilla estaba de moda. La experiencia castrista parecía haber enseñado que un foco guerrillero resuelto era capaz de crear las condiciones objetivas necesarias para provocar el hundimiento de un régimen. Regis Debray, impenitente admirador –y seguidor- en la época de Castro y del Ché, lo había dicho en su “Guerra de Guerrillas”: “No era preciso que existieran condiciones objetivas para la revolución, el foco guerrillero las creaba”. El espejismo en que cayó toda una generación de revolucionarios latinoamericanos, costó cientos de muertes. Finalmente, tras haber vivido su experiencia guerrillera de unos días, Debray fue capturado por los rangers bolivianos y no tuvo el menor empacho, primero en “cantar” todo lo que sabía de la guerrilla y en segundo lugar, una vez liberado y retornado al paraíso cartesiano francés, en convertirse en funcionarios socialista y culpar al pintor Ciro Bustos de haber delatado al Ché… Aún hoy, Debray se niega a entrar en el fondo de la cuestión. Pero, en el fondo, estos hijos de papá europeos, intelectuales cultivados, solamente estaban en condiciones de haber la guerra de guerrillas en una biblioteca dotada de aire acondicionado, no en el altiplano. Una vez vivida la experiencia, pasaban a “redimensionar” la teoría: Debray escribió su “Crítica de las Armas”, renunciando a sus ardores juveniles atemperados por un año de cárcel boliviana.

Pero en esa época, una parte de la Cuarta Internacional, animada por la experiencia del Partido Revolucionario de los Trabajadores argentino, había decretado la guerra de guerrillas. En Europa, la sección más influyente y la única que estaba en condiciones de realizar algo parecido era, con mucho, la Liga Comunista Revolucionaria francesa, que ya había tenido un papel importante (como Juventud Comunista Revolucionaria) en las jornadas de mayo de 1968. La LCR, Krivinne, Bensaind, Weber, empezaron a multiplicar los ataques contra la formación de extrema-derecha Ordre Nouveau como una forma de “gimnasia revolucionaria” que debería de servir de escuela de cuadros para el futuro movimiento guerrillero. Se trataba solo de ir amplificando la intensidad de las operaciones contra la extrema-derecha a todo el Estado. Otro sueño que se desvaneció cuando la magistratura decidió tomar cartas en el asunto y disolver la LCR. En ese período, el partido hermano del grupo de Krivinne, en España, del mismo nombre, se escindió en dos y una de las fracciones fue a converger con ETA(VI Asamblea), pero en esta organización, lo poco que quedaba de interés por la lucha armada se concentró en los atracos y las “expropiaciones” de material para elaborar propaganda política. Nada importante.

En cuanto a los marxistas-leninistas, los maoístas, ciertamente, su verbalismo revolucionario parecía prometedor para los que esperaban una “insurrección armadas de masas” y una “guerra popular prolongada”… pero todo terminaba ahí. Ni en Italia, Bélgica, Portugal o España en donde los maoístas arraigaron más y mejor, estuvieron en condiciones de realizar “operaciones militares”. Y las pocas que hicieron, aun no está claro desde donde se planificaron. Más adelante insistiremos en este extraño asunto. En cualquier caso, solamente el GRAPO siguió en su “mantenella y no enmendalla” que le llevó a las dimensiones de una pequeña secta de delincuentes comunes con alguna irisación política siempre declinante desde 1975.

Los estudios de la revista teórica de la IV Internacional –Imprecor- o las revistas doctrinales del PCE(m-l), eran francamente aburridas, sus debates bizantinos sobre las condiciones objetivas, la preparación del proletariado para la lucha y demás, suscitaban el bostezo y a distancia de treinta años, parece increíble, no sólo que alguien las leyera, sino que alguien se atreviera a escribir todo aquel cúmulo de insensateces. Pero ahí están para los estudiosos, con su carga ideológica y su capacidad para el autoengaño.
En el fondo, en aquella época el maoísmo y el trotskysmo estaban de moda en Europa y en América Latina, justo en un momento en que el castrismo parecía, aportar poco desde el punto de vista teórico… y ya se sabe que siempre hay muchos que se apuntan a la moda. Luego tuvieron toda la vida para arrepentirse.

Hacia 1975, ambas modas ya habían periclitado: el trotskysmo solamente parecía haber adquirido una dimensión considerable en Argentina (5000 tipos armados concentrados fundamentalmente en la provincia de Salta), pero en Europa, Alain Krivinne ya se había convencido de que la “gimnasia revolucionaria” generaba, sobre todo, agujetas, pero la lucha contra otros jóvenes de extrema-derecha mal armados y peor organizados, no preparaba para derribar al Estado. Esto sin contar con que la clase obrera francesa se configuraba como la más aburguesada de toda Europa. Por lo tanto, no había apoyo popular. En cuanto al maoísmo, se había disuelto como un azucarillo. El FRAP declaró la insurrección en enero de 1975 y en junio del mismo año ya había sido completamente desarticulado. Tan solo lograron asesinar a media docena de policías nacionales, elegidos al azar y sin ninguna tarea “represiva” específica. Y en cuanto a la OMLE; reconvertida en PCE(r) y su “sección técnica” en GRAPO pasó, en pocos meses, de ser un pequeño grupo perdido en una galaxia de pequeños grupos activistas, a ser una secta cuya violencia sorprendió en un primer momento para luego concentrar buena parte de las actividades policiales entre 1976-1979 y quedar esquelética en los años 80.

Claro que cuando esto ocurría, la moda había dejado ya de ser moda y los maoístas de ayer que seguían en activo, se preparaban para ser funcionarios socialistas, tanto en Francia, como en Italia, como en España, como en Portugal (ahí tenemos a Joao Barroso, actual presidente del Consejo de Europa, ex militante del Movimiento por la Reconstrucción del Partido del Proletariado…).

CUANDO EL ESTADO VA UN PASO POR DELANTE

Ya hemos trazado en otro lugar de esta pequeña obra un esbozo de la historia reciente del terrorismo, lo suficiente como para saber que a partir de 1980-83, el terrorismo político utilizaba las mismas tácticas que un siglo antes… solo que el enemigo –el Estado- era más fuerte. Con la introducción de las nuevas tecnologías en el trabajo policial, la distancia que separaba a los núcleos terroristas de sus enemigos, las fuerzas de seguridad del Estado, se fue ampliando, hasta hacerse completamente insalvable. Pero el problema no era solo tecnológico, estaba también el “factor humano”.

Las distintas fuerzas de seguridad del Estado estaban compuestos por una legión de funcionarios exentos de comportamientos y actitudes pequeño-burguesas, son sistemáticos en el cumplimiento de sus funciones, están extremadamente jerarquizados, reciben recompensas por resultados, además del salario base. Están ahí para cumplir con un cometido, que es su trabajo, su vocación y su medio de vida, el que han elegido y el que lo seguirá siendo durante toda su vida; no son coleccionistas de nada, no se llevan trabajo a casa, procuran no dejar cabos sueltos, les pagan por eso y constituyen una pequeña legión que actúa con todo el tiempo del mundo.

Frente a ellos se encuentran los terroristas: mentalidades extrañas, unos hiperintelectualizados, otros hombres de acción, pero no de pensamientos, caracteres broncos y radicales, a menudo pasionales, han ligado su vida a la “revolución”, pero esta carece de futuro, sus análisis son subjetivos, muchos de ellos albergan una profunda desconfianza hacia el futuro y no se sienten competitivos en esta sociedad que abominan por que no tienen lugar en ella, son marginados, a los que, para colmo se unen en muchos casos distintas psicopatías y en otras problemas de adicciones a drogas químicas; los hay, incluso, que subconscientemente, creen que el terrorismo que son capaces de desatar contribuirá a hacerles olvidar sus problemas y sus traumas personales. Además, el tiempo no les sobra; son pocos, los suficientes como para causar sobresaltos, pero no en número suficiente como para alterar el curso de las cosas. Frecuentemente, sus comportamientos registrar tics pequeño-burgueses. A unos les gusta alardear de sus acciones ante chicas o en el círculo de amigos de la infancia, a otros les encanta coleccionar trofeos, los hay incluso que anotan en diarios personales lo que hacen cada día y la mayoría deja datos sobre su vida y sus contactos demasiado visibles como para que si son detenidos puedan destruirlos u ocultarlos.

Para colmo, en el accionar de los terroristas todo es previsible. Las fuerza de seguridad del Estado lo tienen fácil: les basta con elaborar un patrón de actuación, así pueden adelantarse al episodio terrorista. Saben que precisarán alquilar pisos y que lo harán a nombre de parejas o de chicas que figuran como estudiantes. O bien que están tocando a grupos de ocupas, con lo cual no será un gran problema poner en marcha unos cuantos cientos de policías para que 365 días al año, durante un mínimo de ocho horas al día, cuarenta horas a la semana, realicen seguimientos sistemáticos, intervenciones de teléfonos o, interceptación de correspondencia, infiltración de agentes o mercenarios a sueldo, etc. Es una cuestión de tiempo el que logren identificar a los cabecillas, aislarlos, distribuir sus fotos en decenas de miles de ejemplares y a través de los medios y esperar resultados. Apenas una cuestión de tiempo que una célula terrorista sea desarticulada, sin recurrir a los sofisticado métodos de la policía científica que pueden acelerar incluso aún más el proceso.

Digámoslo ya: los medios con los que cuenta el Estado moderno son incomparablemente superiores a los medios con los que cuenta en la actualidad cualquier grupo terrorista. Y, para colmo, las gentes que de dedican al antiterrorismo tienen una dedicación full time a su tarea, mientras que para los terroristas se trata de una actividad más, entre otras, o bien su actividad central… pero obsesiva, mientras que para un funcionario, al terminar la jornada de 40 horas se “desconecta” del trabajo, se recargan baterías y al lunes siguiente se empieza con redoblado ímpetu. El terrorista profesional, jamás puede desconectar, por que la desconexión es susceptible de implicar un fallo en su seguridad, la caída y una o dos décadas de cárcel. O quizás la muerte.

No hay perspectivas de que un planteamiento como éste pueda cambiar. Todo lo contrario: la desproporción de medios tiende a ampliarse. El ciberespacio, el boom de las comunicaciones generan, efectivamente, nuevos canales por los que puede discurrir la acción terrorista… pero en ellos también, el dominio ejercido por los medios de comunicación del Estado es aún mayor. El sistema “Echelon” y las redes equivalentes europea y rusa, hacen que una palabra-objetivo sea retenida por procesadores excepcionalmente rápidos, el número desde el que se ha llamado sea aislado, sea donde sea desde donde se realiza la comunicación. Investigaciones como la desarrollada sobre los atentados del 11-M se realizaron casi completamente a partir de los listados y los datos ofrecidos por los operadores de telefonía móvil.
En el futuro, todo esto aumentará con bases de datos de ADN que permitirán descubrir muchas características de los terroristas, sistemas de reconocimiento de voz que permitirán seleccionar los tonos de voz buscados entre millones, documentos de identidad prácticamente imposibles de falsificar en los que se incluirán datos médicos imposibles de atribuir a otras personas fuera de los titulares, etc. La era de las nuevas tecnologías dista mucho de haber dado su última aportación a la lucha antiterrorista.

UNA CARRERA ABANDONADA POR LOS TERRORISTAS

Los debates que tuvieron lugar en los años 70 en el interior de las organizaciones terroristas, era absolutamente absurdo. De un lado se defendía el carácter popular de la “lucha armada” y su necesario “arraigo en las masas” y de otro se sostenía la contundencia de esa lucha. Algo incompatible: por que, o bien las células terroristas son cerradas y desvinculadas de cualquier “combate político”, y por tanto están al resguardo de la represión, o bien, realizan “trabajo de masas” y, por tanto, son fácilmente identificables por los cuerpos de seguridad del Estado.

Entre 1975 y 1976, en España este debate bizantino, propio de terroristas con mala conciencia, embargó las discusiones en el interior de ETA(p-m). El otro sector de la banda, desde 1973, tenía excepcionalmente claro que ETA debía ser una banda especializada en operaciones terroristas, y, solamente a nivel de cúpula debían de existir relaciones con el “frente político”. Tal era la concepción de José María Beñarán Ordeñaba (a) “Argala”, probablemente el cerebro más lúcido de ETA en toda su historia. Frente a él, fue tomando cuerpo las extrañas doctrinas elaboradas por Eduardo Moreno Bergareche (a) “Pertur” en la ponencia “Otsagabia” elaborada a finales de 1975. “Pertur” defendía una simbiosis en la que el terrorista debía evitar especializarse en la “acción militar” y procurar realizar “trabajo político”. Lo político y lo militar estaban unidos en la concepción de “Pertur”. En la de “Argala”, eran realidades completamente diferentes: una misma estrategia, pero solo relaciones en la cúpula. En la práctica, ETA(p-m) ha desaparecido y ETA(m) ha podido sobrevivirle veinte años más.

Pero, en cualquier caso, lo que era evidente es que, el terrorismo ha carecido de modelo organizativo adecuado a la realidad, al menos desde hace treinta años. Cuando el FLN argelino se puso en marcha, su estructura organizativa, formada por células triangulares de las que solo una de sus miembros tenía relación con el eslabón superior, constituía, globalmente una pirámide que, aparentemente, daba solidez y prevenía a la totalidad de la organización de las eventuales caídas de una parte de la misma. Ahora bien, eso valía en 1958-63, y quizás diez años después. Pero cuando, las fuerzas de seguridad fueron perfeccionando sus sistemas de investigación, esta estructura piramidal no estuvo en condiciones de introducir modificaciones que la capacitaran para resistir los envites policiales. De hecho, lo que ocurrió fue todo lo contrario.

Un exiliado español en Uruguay que, sin pertenecer a los “tupamaros”, si al menos les prestó sus teorizaciones, Abraham Guillén, ya había teorizado sobre la necesidad de “autonomía táctica” de las células terroristas, las cuales debían tener iniciativa propia, estar formadas por un mínimo de tres y un máximo de cinco personas, reclutadas para que fueran una unidad autosuficiente. Es muy difícil, incluso para una policía eficiente, identificar a cinco personas en una ciudad de dos millones de habitantes, si no intentan captar militantes, ponerse en contacto con otras células ni esperan órdenes. Guillén estaba en contra de que la organización tuviera “frentes fijos”, rechazaba que las armas y todo lo que se refiere a logística fuera almacenado en unos pocos depósitos o que existiera un “hospital” o una “cárcel del pueblo” a la que debieran recurrir todas las células. Era mejor que cada cual, por sí mismo, cada célula, creara su propia estructura. Si caía, se perdía solo una parte y nada más que una parte, pero el resto permanecía a salvo. De hecho, Guillén lo que estaba proponiendo es que al esquema del FLN argelino (que hico fortuna entre los terroristas europeos y latinoamericanos de los años 70) se le amputara de un extremo: la posibilidad de que cada célula triangulas conectara con la superior.

Pero en la práctica esto implicaba que todo el movimiento tenía un alto grado de conciencia política, sentido de la táctica y comprendía todos los elementos estratégicos al ciento por ciento. Lo cual no era así. En buena medida los terroristas, lejos de ser grupos de “cuadros”, son soldados de base, que precisan órdenes claras, precisas y extremadamente concretas. Para colmo, de tanto en tanto, se reúnen en asambleas para “decidir” lo que hay que hacer… Claro está que en esas reuniones, en aquella época, se iba con antifaz o máscara…, como los brasileños de la ALN que, tras permanecer unas horas con un calor sofocante, oculto el rostro bajo la máscara, se la quitaban para respirar y, de paso, verse unos a otros las caras.

Estas formas organizativas –que en España siguen practicando lo que queda de ETA y del GRAPO- se prestan extraordinariamente a la infiltración y, consiguientemente, exponen al movimiento terrorista a la represión.

Hoy las alternativas siguen siendo dos: o bien la “profesionalización” que implica una cierta fisonomía de secta, y un alejamiento de las masas, o bien la “apertura” que genera una estructura “movimentista” que, a la postre, es vulnerable. Solamente en las zonas de ocupación militar –como Irak y Afganistán o Palestina- es posible conjugar ambos tipos de organización terrorista. Pero nunca en zonas del mundo desarrollado, políticamente estables.

La aparición de Al Qaeda y de Bin Laden y el desarrollo por la RAND Corporation (un think-tank conservador norteamericano) de la idea de net-war, aportan algunos elementos nuevos, pero antes de entrar en este apasionante tema, vale la pena introducir un elemento importante. Las nuevas tecnologías y el terrorismo

UNA MIRADA HISTORICA: ALIANZA ANTIGUA Y DIVORCIO MODERNO

Lo más sorprendente del terrorismo es que –excepción hecha de Al Qaeda, sea lo que sea- las estrategias del terrorismo no han variado en absoluto en los últimos 150 años. Mejor dicho, si han variado en un sentido. Los primeros teóricos del terrorismo del siglo XIX eran decididos partidarios de introducir las nuevas tecnologías desarrolladas en la época en las tácticas terroristas. A partir de los años 70, se diría que la imaginación se ha secado en las mentes de los terroristas que apenas son capaces de concebir atentados a lo Ravachol.

Antes de la dinamita, el terrorista contaba con pocas armas. Los “assesins” ismaelitas del Viejo de la Montaña contaban con sus puñales y alfanjes, luego se añadió al arsenal la pistola y el revólver. Más tarde, la pólvora se utilizó en “máquinas infernales”. Era el precedente del “coche bomba”. Napoleón tuvo que sufrir varios atentados de este tipo, con carruajes bomba que contenían toneles rebosantes de pólvora negra. Luego vinieron las bombas Orsini, pesadas, características, difíciles de transportar, a base de pólvora y metal que debería convertirse en metralla. La dinamita y la gelignita aparecieron entre 1860 y 1870. Inmediatamente fueron incorporadas al arsenal del perfecto terrorista.

KarlHeinzen, un demócrata radical alemán (1809-1880) insertó algunas ideas interesantes en su folleto “Asesinato” y en su revista “La Evolución”. Decía Heinzen que la clave del éxito del terrorismo había que buscarla en las nuevas tecnologías. Aludía a los nuevos explosivos. Hasta entonces, el único explosivo conocido era la pólvora negra, pero entonces se empezaba a trabajar en las dinamitas. Y el detalle no pasó desapercibido a Heinzen. En su locura visionaria anticipó el atentado contra Carrero Blanco: había que crear bombas bajo el pavimento que estallaran al paso de los poderosos. También aludió a formas de guerra química: propuso envenenar alimentos. Y para colmo recomendó que las organizaciones internacionales terroristas concedieran “premios de investigación”. Todo ello lo decía con una seriedad pasmosa.

El año después de su muerte, en 1881, quedó claro que su mensaje no había caído en saco roto. Efectivamente, ese año tuvo lugar el Congreso Internacional Anarquista en el curso del cual uno de los delegados, un tal Ganz, propuso que se creara un grupo de expertos dependientes de la Internacional, especialistas en química y tecnología. En la revista “Le Révolté” de 23 de julio de 1881 se daba cuenta de la resolución final del congreso que incluía la aprobación de una moción en la que se mencionaba la aportación de la química “a la causa revolucionaria”, por lo que se hacía un llamamiento a los afiliados para que “se entregaran al estudio de estas ciencias”.

Poco después, Johann Most (n. 1846) dio una nueva vuelta de tuerca. Entró a trabajar en una fábrica de explosivos y advirtió lo que era elemental: que era más fácil y seguro robar el material manufacturado antes que dedicarse a fabricar la nitroglicerina por su cuenta. Varios de sus camaradas ya habían saltado por los aires, o bien el fruto de sus esfuerzos, a la hora de la verdad, se había resistido a estallar. A partir de Most, los grupos terroristas miran a los arsenales militares, a las fábricas de explosivos y a las minas u obras públicas donde puede haber almacenado material explosivo, detonantes y mechas. Pero Most hizo algo más: creó la carta-bomba y, puestos a elucubrar, imaginó que era posible bombardear, desde globos aerostáticos o dirigibles, comitivas de autoridades, desfiles militares o palacios. También a partir de la revolución de 1905, los revolucionarios rusos pensaron en el avión como útil terrorista para acercarse a sus objetivos.

Realmente poco, por que los primeros fenianos, también utilizaron la imaginación. En 1880 gastaron 60.000 dólares en EEUU para construir tres submarinos que jamás pasaron del nivel de proyecto. Pero era suficiente como para ver que su imaginación era fértil. O’Donovan Rossa, uno de los líderes fenianos irlandeses, proyectó bombardear el Parlamento Británico con gas de osmio. Intentó adquirir cerillas explosivas y estiletes envenenados, armas imposibles e inexistentes pero por las que pagó buenos dólares americanos. Había mucha imaginación en todo esto, tanto como inconsciencia, ingenuidad y un punto de locura.

En realidad, mucho de todo esto era mera palabrería. “Por la boca muere el pez” dice el viejo refrán y, evidentemente, en el momento en que un anarquista o un radical manifestaban claramente sus propósitos y los dejaban escritos en actas de congresos internacionales, antes o después llegaban a manos de la policía que inmediatamente se dedicaba a seguirlos, perseguirlos y desarticularlos. O bien a infiltrarlos. Esto hizo que, en buena medida, todos estos proyectos enloquecidos de incorporación de las nuevas tecnologías del siglo XIX a la actividad terrorista, quedaran en agua de borrajas. La mayor parte de los terroristas debían dedicar su tiempo a protegerse a sí mismos, en absoluto tenían capacidad para traducir su pensamiento en medidas prácticas.

Pasaron las décadas y, a medida que entramos en el siglo XX, se va perdiendo esa voluntad de incorporar las nuevas tecnologías a la iniciativa terrorista. A pesar de que durante la Primera Guerra Mundial se utilizaron millones de litros de gases tóxicos, y era posible robar alguna partida, en los años veinte, pródigos en operaciones terroristas, jamás se utilizaron gases. La máxima innovación correspondió a principios de los años 60 a los antifascistas portugueses dirigidos por el capitán Galvao que secuestraron un buque de pasajeros en alta mar. Algo que desde la piratería clásica no se había prodigado en aguas del Atlántico. Diez años después, palestinos y sus aliados izquierdistas alemanes y japoneses secuestraron decenas de aviones a partir de la guerra de los Seis Días entre Israel y los países árabes. Pero, en ocho años de secuestros continuos, al diario cairota Al Ahram debió reconocer el 28 de junio de 1976 que “lejos de haber dañado a Israel, los secuestros habían robustecido a este Estado y suscitado una hostilidad hacia los palestinos”. Ciertamente, este tipo de secuestros suponían una “innovación” táctica, pero no tecnológica y, de hecho, aportaron poco.

Pues bien, hoy la cosa no ha variado extraordinariamente. Lo que ha variado es el modelo organizativo, el modelo estratégico y el modelo táctico.

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"La Gran Mentira" (2ª Edición) de Ernesto Milá

PYRE Libros

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

11-M: cuando todo encaja cada vez menos

11-M: cuando todo encaja cada vez menos Redacción.- La extradición temporal de Rabei Osmán El Sayed, «Mohamed el Egipcio», la detención de un grupo de árabes en Irán y la recta final en la que se encuentra la Comisión de Investigación sobre el 11-M, marcan un nuevo hito: cuando se van a cumplir nueve meses, la investigación sobre de dónde partió la idea del atentado y donde se planificó no ha llegado a nada convincente. La mitad de la población ve la mano de los servicios de inteligencia marroquíes. La situación actual es esta:

LA LLEGADA DE “EL EGIPCIO”.

El rostro de “El Egipcio” es la garantía de que ese tipo no ha podido planificar nada más allá del formalismo ritual diario que pide el Islam a sus miembros: abluciones, rezos en dirección a La Meca, abstinencia de cerdo y ayuno en el Ramadam. Todo un programa. Es posible, incluso, que lo alegado por los servicios italianos (tan poco dignos de confianza ahora que en los años setenta y ochenta) en los que se basan los motivos de su detención, sean ciertos, pero…

… Pero la verdad es que el hecho de que un iluminado, fanático religioso, se jactara por teléfono de haber estado trabajando durante dos años en la preparación del 11-M. tiene tan poco valor como cuando un pescador fanfarrón nos dice que ha pescado un merluzo de dos metros de envergadura. O que un ligón afirme sin pruebas que se ha ligado a lo moza más hermosa del lugar. No, un terrorista digno de tal nombre, capaz de planificar el 11-M, jamás haría ese tipo de confidencias por teléfono sabiendo que un sistema como Echelon rastrea las comunicaciones. Por lo demás, esa irresponsabilidad en el manejo del teléfono sería todavía más sorprendente, si tenemos en cuenta que los primeros detenidos por el 11-M (olvidados a pesar de que a algunos se les considera autores materiales) estaban vigilados por la policía por sus actividades relacionadas con el choriceo.

Considerar a “El Egipcio” como “autor intelectual” (es ya el quinto presentado como aspirante a tal función) es una puro sinsentido. Jaime de Campmany le ha dedicado un lúcido artículo en “La Razón”, en el que, entre otras cosas dice: “[El Egipcio] se me antoja más un «capataz» de terroristas que un autor intelectual de grandes atentados. Ni de grandes atentados ni de cualesquiera otras obras importantes. Para decirlo de una manera más gráfica: escuchar que «el Egipcio» es el organizador del «11-M» es como si escuchara que José Luis Corcuera es el autor de «El Ser y el Tiempo» de Heidegger o de «La teoría de la relatividad» de Einstein. Ya lo dijo El Gallo: «Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible».

Irlonías aparte, lo cierto es que –tal como resaltamos en nuestro libro "11-M: Los Perros del Infierno"- un atentado de la envergadura criminal y de la precisión política como estos, no puede haber sido planificado solamente por una banda de chorizos desarrapados y lunáticos religiosos. Hace falta que detrás esté una inteligencia política capaz de prever lo que ocurriría inmediatamente después. Y lo que es más importante, que esas consecuencias, encajaran con el diseño político al que aspiraba crear: la caída del PP, el ascenso de ZP al poder, la retirada de tropas de Irak, etc. Y ese etcétera es bastante largo, por cierto. Por que, consecuencias, ha habido muchas.

CUANDO EL PUEBLO ESPAÑOL LO VE CLARO: MARRUECOS

En los atentados del 11-M han existido muchas víctimas. Una víctima ética, la verdad. Una víctima política: el PP. Unas víctimas reales: los muertos y sus familiares… que bien hubiéramos podido ser cada uno de nosotros. Es decir, las víctimas potenciales somos todos los españoles. De ahí la importancia de atender a lo que dice “el pueblo”. Y el pueblo lo tiene bastante más claro que la clase política y que el Ministerio del Interior.

La mitad de la población cree en la vinculación de los servicios secretos marroquíes en el atentado y en la vinculación de ETA, lo que traducido quiere decir que las tesis aznaristas sobre este tema son creídas por una mayoría de la población. Lo más grave de la encuesta publicada por El Mundo que el 70,6% teme no enterarse nunca de quiénes idearon y diseñaron el 11-M, frente a un 23,4% que confía en lo contrario.

Quizás el único momento en el que Aznar estuvo contra las cuerdas en su comparecencia ante la Comisión 11-M, fue cuando reiteradamente Llamazares le instó a que diera su opinión sobre lo que había querido decir cuando explicó que los atentados no habrían sido planificados en el desierto y a mencionar explícitamente a los servicios secretos franceses y marroquíes. Aznar capeo el acoso y entró en la indefinición. Está claro que, desde el punto de vista político y diplomático, no era posible hacer afirmaciones en este sentido. Llamazares también debía haberlo sabido, por cierto.

Lo cierto es que se están olvidando algunos elementos que ya citamos en la primera edición de "11-M: Los Perros del Infierno", a saber: que inmediatamente cometidos los atentados (el sábado siguiente por la noche) habían viajado hasta España varios responsables de los servicios secretos marroquíes, con “pruebas”, reales o supuestas, que relacionaban a los primeros detenidos con el integrismo más radical y criminal. La pregunta está clara: ¿cómo es posible que estos datos jamás hubieran sido puestos sobre el tapete cuando los detenidos –Jamal Zougam, el primero de todos- habían solicitado, y obtenido, su regularización en España? Y lo que es más lacerante: ¿cómo es posible que absolutamente ninguno de los detenidos –salvo el freaky religioso de “El Tunecino”- asistiera a mezquita alguna ni sus propios compatriotas conocieran su presunto fundamentalismo islámico? La respuesta es clara: los agentes marroquíes, llegados a España en la noche del 13-M, mentían, llevaban documentos falseados ad hoc.

Una falsificación de este tipo, solamente puede haberla realizado aquel que entra en algún momento en la quiniela de los atentados. Lo más probable es que Aznar se equivoque cuando atribuye una alianza entre terroristas marroquíes y etarras. Ya hemos dicho en otras ocasiones que ETA, a partir de 2002, había perdido toda iniciativa estratégica y no tenía otra preocupación que descubrir el topo que la roía desde el interior (y que la sigue royendo y, para acotar más el tema, que la roe desde que José Ternera desapareció de su escaño en el Parlamento Vasco… por situarlo en el tiempo). ETA ya no estaba en condiciones de planificar absolutamente nada, ni siquiera con los servicios marroquíes espoleándola. A cualquier especialista de cualquier servicio de inteligencia no se le escapa el hecho de que las caídas dentro de ETA se ocasionan con demasiada frecuencia, por lo tanto, el topo debe estar en la cúspide. Ningún servicio contacta con una organización terrorista en el que sabe taxativamente que hay un topo… precisamente en la cúspide. Esto, sin olvidar, que las pruebas de una cooperación con ETA son insignificantes.

Pero, las detenciones han evidenciado algo sorprendente: que la mayoría de implicados (o presuntos tales) son marroquíes. Esto lleva, inevitablemente, a los atentados de Casablanca, extraños donde los haya y a los que en "11-M: Los Perros del Infierno" les dedicamos un amplio espacio. Atentados increíbles. Atentados en los que la “célula terrorista” causa tantas víctimas como suicidad emplea en la operación. Atentado inviable, sin objetivo estratégico… salvo una advertencia a España (la Casa de nuestro país en esa población fue golpeada con más fuerza que cualquier otro objetivo). Atentado tosco que sirvió solamente para bloquear el ascenso de los partidos islamistas moderados en las elecciones generales que siguieron. Atentado que buena parte de la opinión pública marroquí atribuye… “al ejército”.

En las esferas de poder en Marruecos se tenía la convicción de que un cambio de gobierno en España iba a favorecer el “acuerdo” sobre el Sáhara. Por lo demás, desde su primer viaje como Secretario General del PSOE a Marruecos, los analistas de aquel país ya debían tener muy claro que con ZP la debilidad y la impreparación, el amateurismo y la nulidad, se iban a sentar en la Moncloa. En Rabat se prefiere a los “tontos” (ZP) que a los “malos (Aznar).

QUE SIGA LA INVESTIGACION, QUE SIGA LA COMISION

Pero la encuesta de El Mundo es sintomática en otro aspecto: la valoración sobre la actividad de la Comisión sobre el 11-M. Más bien mala. El 70% de los españoles cree que nunca se sabrá toda la verdad sobre lo ocurrido y el 60% niega que la Comisión esté sirviendo para aclararlo. Una amplia mayoría (80,3%) se declara partidaria de que la investigación parlamentaria continúe mientras existan pistas.

Sólo un 32,2% opina que la Comisión del 11-M está siendo útil a la hora de averiguar lo que realmente sucedió, mientras que un 59,9% rechaza tal afirmación. Para la tarea de investigar el 11-M, los encuestados confían más en los medios de comunicación (34,9%) que en el juez Juan Del Olmo (22,3%), en la propia Comisión (13%) o en el Ministerio del Interior (9,9%). Además de apoyar la continuidad de la Comisión, los españoles creen que deberían acudir a ella los confidentes Rafá Zouhier (81,3%) y 'Lavandero' (73,9%), además del agente Jesús Campillo (81,4%), que grabó en 2001 la cinta en la que aquél denunciaba los intentos de Antonio Toro y Emilio Suárez Trashorras para "montar bombas con móviles".

Estos datos son significativos. La Comisión 11-M merece un cero como puntuación a sus trabajos. No ha aclarado absolutamente ningún extremo de los planteados en el inicio de sus trabajos, ni siquiera aquellos más fáciles de aclarar; de hecho, ni siquiera los diputados se han atrevido a plantear las cuestiones más lacerantes: ¿cómo es posible que la SER supiera por la mañana, sin ninguna prueba, que existía una vinculación islamista y diera incluso el dato, falso por completo, de que se había encontrado la columna vertebral del terrorista suicida? Por citar solamente a una de las preguntas esenciales del asunto… ¿Por qué el lugar del atentado remitía a operaciones anteriores intentadas por ETA? ¿cómo es posible que todos los sospechosos fueran encontrados, juntos y muertos, en Leganés, con los explosivos sobrantes?

En lugar de “morder chicha”, la comisión ha preferido hacer excursiones por la fantasía político-terrorista (el PP con su teoría de la conspiración ETA-islamistas) o por las responsabilidades previas al atentado (el PSOE con su afirmación de que el PP mintió). El PP ha intentado en todo momento evitar reconocer que fue engañado y que se le llevó a afirmar en un primer momento la autoría de ETA. El PSOE ha intentado, por todos los medios, disolver la idea de que gracias al crimen se sientan en el poder. En resumen: 0 + 0

Pero la triste realidad es que sobre los atentados tenemos muchos más datos que hace ocho meses… pero ninguno de esos datos es concluyente. Nada lleva a una peligrosa organización capaz de planificar y ejecutar los atentados. Solo hay detenciones de individuos aislados, vinculados por el débil nexo de unas cuantas llamadas telefónicas de cuyo contenido, por lo demás, no hay constancia.

EL EFECTO CONTAGIO

Parece aventurado afirmar que antes del 11-M existiera terrorismo islamista en España. Los datos sobre las células españolas de Al Qaeda parecen excesivos. Dentro de poco, o bien se pondrá en libertad a Abu Dadá, o bien se tendrá que sentar en el banquillo. Entonces se verá cual es la solidez de las pruebas y si Garzón ha tenido alguna vez razón al responsabilizarle de los atentados del 11-S. Algo que parece, como mínimo, aventurado: a grandes teorías, grandes demostraciones, dice el axioma científico y las grandes demostraciones todavía están ausentes, siguen siendo unas pocas llamadas telefónicas y billetes aéreos.

Pero lo cierto es que, a partir del 11-M, se ha producido la desarticulación de varias células terroristas islámicas. No puede extrañar. Es el “efecto contagio”. De la misma forma que cuando los telediarios dan cuenta de violaciones o incendios forestales, aumenta el número de violaciones o de incendios provocados, también cuando se producen atentados islamistas, aparecen aquí y allí nuevas células espontáneas, improvisadas que, fanatizadas por el núcleo mismo de sus creencias y, en concreto, por una percepción primitiva y mendaz del concepto de “guerra santa”, intentan, torpemente cometer atentados aquí y allí. Eso es lo que está pasando en estos momentos.

El problema de fondo es el resentimiento y el foso cultural y mental que, bruscamente, ha aparecido en España, cuando han afluido sin ningún tipo de control más de un millón de islamistas procedentes del Magreb. Como recordábamos hace unas semanas, una encuesta demuestra que el 50% de la población marroquí admira Bin Laden, lo que implica que 300.000 de los 600.000 marroquíes residentes en España, mantienen una postura pro-Bin Laden… esto es, favorable al terrorismo islámico. Mucho más en Al-Andalus, tiene islámica –según ellos- usurpada por “infieles” y “herejes”.

Estos contingentes de inmigrantes, con unos códigos éticos muy diferentes de los nuestros (recuérdese al confidente Rafa Zuheir afirmando como la cosa más natural del mundo ante el juez que su profesión era la de “traficante de haschís” lo que indica la naturalidad con la que asumía el hecho objetivo de ser un delincuente) viven sometidos a dos presiones: la de un medio cultural, lingüístico, político y ético que no es el propio y la de una situación social y laboral de marginación, con salarios bajos, paro (la comunidad marroquí en nuestro país tiene una tasa de paro del 30%, mucho más elevada que la española) y unos escaparates de consumo que no están a su alcance. De ahí al resentimiento hay solo un paso. De ahí al afán destructivo contra esa civilización que les niega sus aspiraciones (consumo, dinero, opulencia) solo hay un soplido. Muchos lo están dando en estos momentos.

En 1999, llegó a España un predicador del Islam considerado en Francia como arquetipo de la moderación, Tarik Ramadán. Estuvo reunido en las inmediaciones de Barcelona con un centenar de islamistas, allí realizó un verdadero llamamiento a la lucha del islam contra la civilización europea. Claro está que todos los presentes eran islamistas. Ramadan hasta hace cuatro meses era considerado en Francia como el “interlocutor válido” de los islamistas residentes en aquel país. Hoy se sabe que Ramadan dice en privado aquello que oculta en sus intervenciones en la televisión francesa. Mientras ante el público alude a las virtudes de tolerancia del islam, en los núcleos fanatizados ordena resistir todos aquellos preceptos de la legislación francesa que entran en contradicción con el islam… y no son pocos. Dice en público: “El islam es compatible con la constitución y aceptamos la constitución”, mientras que en privado repite: “Aceptamos la constitución, mientras no se oponga a los preceptos islámicos”. Y cualquier constitución europea se opone -¡y no en pocos elementos!- al islam, empezando por el hecho de que el islam tiende a la creación de la Umma, la comunidad islámica de carácter político-teocrático… un concepto que en Europa está superado, olvidado y relegado a los libros de historia.

Pues bien, Tarik Ramadán en 1999, predicó eso mismo en nuestro país. Cuando hay “efecto contagio”, ese efecto no se produce espontáneamente, sino sobre un territorio abonado por la predicación cínica y fanática de un fenómeno mediático, hoy denunciado como falsario y practicante del doble lenguaje… partidario, por cierto del “diálogo de civilizaciones”.

EL TRABAJO DE COU DE ZP O EL DIALOGO DE CULTURAS

ZP jamás ha tenido nada claro. Mucho menos cuáles son los métodos de combatir el terrorismo. Por eso reactualizó lo que debía ser su trabajo de COU y lo presentó a las NNUU: para combatir al terrorismo había que apelar a la “alianza de civilizaciones”. Luego dijo unas cuantas estupideces más en la prensa americana, por lo que, en este sentido, en EEUU, no tienen la menor duda de que en España gobierno un incompetente. Y en este terreno no andan muy desencaminados los yankees…
Al terrorismo se le combate machacándolo, triturándolo, simplemente. Cuando se trata de un terrorismo incipiente como es el islámico, es mucho más fácil que cuando se trata de un terrorismo socialmente arraigado. ZP y los que dirigen los destinos de Interior, no han percibido que el terrorismo islamista tiene un “campo de aplicación” mucho más concreto que el terrorismo de ETA. Los inmigrantes islamistas en Europa –en situación de ilegalidad, de subempleo y precariedad, llegados con unas perspectivas y unas aspiraciones que no coinciden en nada con la realidad que han encontrado- son el campo de cultivo más fértil para cualquier iniciativa que capitalice su resentimiento contra Europa en fuerza social.
ZP no ha advertido que el “efecto contagio” se está extendiendo como un reguero de pólvora en las comunidades de inmigrantes islamistas. Y ZP no es un caso único. Holanda ha pasado en pocos días –no semanas, ni meses, ¡sino días!- de ser un “modelo de integración” a ser el más conspicuo exponente de “xenofobia y racismo” de toda Europa. Para que eso ocurriera ha sido necesario que, después de Pym Fortyune, fuera asesinado Theo van Gogh tras filmar un documental de denuncia sobre la patética situación de la mujer islámica en Europa… no precisamente víctima de la violencia doméstica y el sexismo de los europeos.

En Francia ya se han dado muestras, desde los años 90, de la tendencia increíble de poblaciones islamistas a deslizarse por la pendiente terrorista. En España, lo acabamos de experimentar. ¿Sabrá Interior extraer alguna consecuencia? Lo dudamos. Ahí se sienta un jurista sin la más mínima experiencia en terrorismo y antiterrorismo. Mientras, la comunidad islámica en España crece de día en día. Y con ella crecen también de día en día, las detenciones de presuntas células terroristas. El efecto contagio se sigue extendiendo como un reguero de pólvora.

Mientras ZP sigue aludiendo a su “diálogo de civilizaciones”. Dijo en las NNUU: «Tiene como objetivo fundamental», dijo, «profundizar en la relación política, cultural, educativa, entre lo que representa el llamado mundo occidental y el ámbito de países árabes y musulmanes». Por eso, la enseñanza del islam se ha aceptado en escuelas públicas, mientras que el mismo ZP niega la enseñanza católica, propia de nuestra tradición.

Se ha recordador estos días que el único país musulmán que hasta ahora se declara partidario de la idea de Zapatero es Mongolia, que busca desesperadamente la atención de los países occidentales. La Liga Arabe, aún habiendo realizado una declaración favorable a tal intención, no ha realizado ningún movimiento en esa dirección… entre otras cosas, por que no puede. Sabe perfectamente que la “profundización” de ese diálogo lleva a discutir lo indiscutible: la aceptación de los derechos políticos para la mujer, de la libertad de prensa, de la libertad de expresión, la condena a cualquier régimen dictatorial, incluidas las monarquías de derechos divino, la proscripción de delitos odiosos ante los que resulta difícil no sentir náuseas, como la ablación del clítoris, etc.

Las culturas no “dialogan”, dialogan algunas élites culturales. A ZP se le ha olvidado decir cuáles eran sus interlocutores y en nombre de quién o de qué van a hablar. En la Casa Blanca todavía deben estar riendo de la propuesta del blandurrio “líder” español, perpetuamente descolocado y con el talante atascado. El mensaje de ZP, si hacemos gala de una gran dosis de comprensión, solamente puede ser atendido por élites pro-occidentales de los países árabes, formadas culturalmente en Europa y que han asumido los valores propios de la cultura europea… esto es, élites culturales que carecen del más mínimo arraigo y de todo apoyo en sus países de origen. O gentes como Tarik Ramadán, siempre dispuestas a decir aquello que el interlocutor quiere oír, salvo cuando están encerrados con sus secuaces en la oscuridad de las mezquitas y allí hablan claro: para ellos “dialogar” con Europa, es hacer que Europa acepte lo inaceptable.
El problema no es que la propuesta de “diálogo de las culturas” (título, evidentemente, tomado como réplica de la obra de Huntington sobre el “choque de culturas”) se haya quedado en el capítulo de las buenas intenciones y su desembocadura en una línea de política internacional, sea imposible, el problema es que ZP quiere aplicarla en el único lugar en donde puede: esto es, en el territorio nacional.

En los próximos meses vamos a ver como la comunidad islámica obtiene unas concesiones y unas prebendas impensables en ningún país europeo –ni siquiera en la Holanda anterior a los asesinatos pro-islamistas o en la Francia tan predispuesta a tender siempre la mano a sus aliados históricos y excolonias del norte de África. De momento, ya hemos asistido a la ignominia de prohibir la enseñanza de la religión católica en las escuelas públicas y autorizar la islámica en esas mismas escuelas. A esto va a seguir el plegarse hasta la humillación más absoluta ante las exigencias marroquíes en relación al Sáhara, o dicho de otra manera, la traición al pueblo sahararui, el único que aún habla español entre las dunas del desierto. Finalmente, permanecer absolutamente impávidos ante la tragedia que se está desarrollando en el estrecho con la muerte de cientos de infelices engañados por los traficantes de carne humana. Esto sin atender a la tragedia de las clases trabajadoras españolas que se resienten cada vez más del dumping salarial que plantea la competencia de la inmigración y ven como se deteriora la convivencia en los barrios con más allá de un 5% de población inmigrante.

El “diálogo de las culturas” lo que va a acarrear va a ser la traslación de la “lucha de culturas” en territorio español, como ya ha ocurrido en todos los países de Europa Occidental. El problema ha larvado durante los años del PP, en la primera legislatura por no carecer de mayoría absoluta y el PSOE imponer una ley de extranjería que ya ocasionó el primer efecto llamada, en la segunda legislatura por falta de visión y de agresividad para cortar de raíz, tanto la contratación masiva de ilegales, el aumento desmesurado de las bolsas de trabajo negro y el aumento desmesurado en gastos sociales dedicados a inmigrantes (y, por tanto, sustraídos a la atención a nacionales en dificultades, en especial el aumento desmesurado del gasto de manutención de un millón de ilegales por parte de la seguridad social, mientras que se disminuían las prestaciones y las coberturas para los nacionales) como la repatriación masiva que era necesario para cortar el efecto llamada permanente puesto en funcionamiento desde 2000.

MAS DETENCIONES, MENOS TRABAJO DE LA COMISION 11-M

En pasado 8 de diciembre la policía detuvo a cuatro islamistas en Irán vinculados a una red de terrorismo islámico. El ministro del Interior, José Antonio Alonso, explicó que Adman Waki, uno de los dos detenidos en Irún por la Policía en relación con el 11-M está presuntamente vinculado con cinco de los implicados, entre ellos, "El Chino" y "El Tunecino", coordinadores del grupo que ejecutó los atentados.

Queda por establecer qué hay de cierto en todo ello. A medida que aumentan las noticias de detenciones, cada vez se entiende menos qué fue lo que ocurrió el 11-M y quien ideó los atentados. Las detenciones de estos sujetos, a los que se ha llegado a implicar con los atentados del 11-S –cuando se trata de dos crímenes de orientación y matriz completamente diferente tal como demostramos en "11-M: Los Perros del Infierno"- parecen muy exteriores a la trama. Al parecer se les ha logrado vincular gracias a la relación de llamadas telefónicas realizadas por los fallecidos en Leganés. La pista parece lejana y, si bien es cierto, que los detenidos según han podido observar los vecinos, estaban vinculados a iniciativas islamistas, no está claro si pertenecen al núcleo de la trama o bien se han sumado a desarrollos posteriores siguiendo el “efecto contagio” al que hemos aludido.

Pero estas detenciones demuestran sobre todo que la investigación policial debe proseguir hasta esclarecer todos los puntos negros del crimen. La investigación policial y la civil. A pesar de que tanto PSOE, como CiU, ERC, PNV e IU desean que los trabajos de la comisión concluyan cuanto antes y, a ser posible, con la única conclusión de que el PP “mintió”, lo cierto es que la investigación de la sociedad civil debe continuar.

Si el parlamento no ha sido capaz de establecer una comisión de investigación digna de tal nombre, le queda a la sociedad española tener el valor de reconocer el fracaso de las instituciones y apelar a la iniciativa privada (los medios de comunicación) y a la iniciativa ciudadana (los movimientos sociales y las personalidades independientes) para esclarecer sin complejos y sin temores lo que ocurrió el 11-M, cuál fue su matriz y quienes han mentido ante la Comisión del 11-M.
A cada detención que se produce, a cada extradición, toda la trama tiende a complicarse cada vez más y a encajar cada vez menos. Y ya va siendo hora de que, desde los tribunales se empiece a poner luz y taquígrafos. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que sean vistas en un juicio público las pruebas y se oiga a los presuntos responsables sus explicaciones? El hecho de que Abu Dada, el presunto cerebro de la célula de Al Qaeda en España lleve ya tres años preso, y no se haya establecido fecha de juicio, indica hasta qué punto, la lentitud judicial es exasperante. Pensar que dentro de tres años puede ocurrir lo mismo con los marroquíes detenidos en la noche del 13-M es algo absolutamente angustioso y la sociedad española no puede permitirse un plazo tan prolongado de dudas.

Así que lo que ni las instituciones democráticas, ni los tribunales de justicia, sean capaces de realizar, va a tener que realizarlo la sociedad civil. Y contra antes se dé cuenta de que esa misma sociedad civil es la primera interesada en esclarecer los hechos, antes evitará volver a ser víctima de una operación tan cruel como oscura como fueron los atentados del 11-M

© Ernesto Milá – infokrisis –infokrisis@yahoo.es

Otra "chica Vogue" y su fracaso en Vivienda

Otra "chica Vogue" y su fracaso en Vivienda Redacción.- Las cifras dadas a conocer por la ministra María Antonia Trujillo sobre el precio de la vivienda han causado una nueva conmoción. En los nueves primeros meses del año ha ascendido hasta un 17’8% a pesar de la desaceleración del sector. La especulación ha convertido a la vivienda en una fiera fuera de todo control. Lo peor es que la ministra considera estas cifras “positivas”. Sorpréndanse.

DE DESACELERACION EN DESACELERACION HASTA LA VICTORIA FINAL

La ministra, tras dar a conocer las cifras, dijo textualmente: “aumenta, pero cada vez menos” que es como decir “está muerto, pero cada vez menos”. Por que en Murcia la vivienda ha aumentado un 25’4%, en Cataluña un 20’3% y en Madrid un 18’3%. Antes se hablaba de “obra nueva” y de “vivienda usada”, hoy esa catalogación ya no tiene sentido: los precios de ambas han convergido exactamente. De hecho, las viviendas usadas suben más que los pisos nuevos, en especial por su mejor ubicación en el centro de las ciudades. La ministra basa su valoración en el hecho de que en el último trimestre la vivienda subió un 0’24% menos que en el anterior. Lo que traducido quiere decir que en 68 años el precio de la vivienda se estabilizará… cuando nuestros nietos sean abuelos.

DESACELERACION DEL SECTOR – PARON EN LA ECONOMIA

El presidente de la Asociación de Promotores y Constructores de España ha sido algo más realista y ha hablado de “suave desaceleración”. En 2004 se construirán 450.000 nuevas viviendas, que están muy alejadas del record de 630.000 construidas el año anterior. Pero lo peor es que las viviendas tardan más tiempo en venderse. Mientras que en 2003 una vez construidas, se vendían en apenas un mes y frecuentemente la venta se producía sobre plano, en la actualidad el plazo se ha dilatado, un signo que indica la desaceleración evidente del sector y el próximo parón inmobiliario…

Particularmente significativo es la reducción de la venta en zonas turísticas. ¿Explicación? El actual gobierno no ofrece garantías a los inversores, ni siquiera a los jubilados europeros (alemanes y holandeses) que compraban su vivienda en España. Mucho menos a los ingleses que, situados fuera de la zona euro, ven como su capacidad adquisitiva ha descendido un 18% en los dos últimos años.

¿QUÉ PASA EN EL MINISTERIO?

Maria Teresa Trujillo es una de las “chicas Vogue” o si se prefiere, una “ministra de la cuota del 50%”. Con estos precedentes, no puede extrañar que el ministerio de la vivienda esté sumido en un profundo caos.

La Trujillo fue desautorizada hace poco por el ministro Solbes tras anunciar que se preparaba la supresión de las deducciones en el IRPF por compre de primera residencia. Poco después, la ministra anunció que dejaría de publicar el índice de los precios de la vivienda… al día siguiente lo publicó.

Pero esto no es lo más grave. Lo más grave no es que el PSOE haya incumplido todos los puntos de su programa relativos a la vivienda, sino que ha reconocido la imposibilidad de cumplirlos. El plan de choque de creación de 180.000 viviendas protegidas al año… ya ha sido abandonado por el Ministerio por ser inviable. La Agencia Pública de Alquiler propuesta por el PSOE para incentivar las viviendas de este tipo… no se ha podido concretar y se encuentra en este momento en el congelador del ministerio. Durante la campaña quedó claro que el PSOE pretendía liberar suelo para abaratar la vivienda… luego la ministra reconoció que “España no necesita más suelo urbanizable”, lo que implica que el precio, lejos de descender, seguirá aumentando.

Y ¿qué decir del caos interior en el que está sumido el ministerio? Hace pocas semanas se produjo la dimisión del Subsecretario de Vivienda, Javier Mauleón, por discrepancias graves sobre la gestión del ministerio.

La debilidad en la que se encuentra el departamento ha hecho que los proyectos de cesión de terrenos por parte de Defensa y RENFE para la construcción de viviendas protegidas no hayan podido concretarse y estén en el más que surtido congelador del departamento.

Para colmo la semana pasa el PNV logró, en un renuncio del PSOE, desviar 539 millones de euros del departamento de vivienda a las comunidades autónomas. La ministra montó en cólera y el PSOE negoció con ERC e IU la revocación de la votación. Y en eso están.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

ENSEÑANZAS DE 40 AÑOS DE TERRORISMO

ENSEÑANZAS DE 40 AÑOS DE TERRORISMO Redacción.- Al título de este capítulo puede resumirse diciendo que el terrorismo, considerado en la forma que ha revestido entre 1957 (inicio de la revuelta argelina) hasta el 11 de septiembre de 2001, ha constituido un rotundo fracaso. Las cárceles y los cementerios están llenos de antiguos terroristas. Si ha habido una enseñanza es que, salvo en situaciones de ocupación militar, en donde es fácil activar el ciclo provocación-acción-represión, el terrorismo ha fracasado completamente. Y sin embargo, sigue existiendo.

En este capítulo pretendemos responder a este enigma: siendo la estrategia un fracaso ¿a qué se debe que sigan existiendo determinados focos de actividad terrorista?

LOS MOTIVOS DEL FRACASO: ESCASA CAPACIDAD DE ATRACCION

Insistimos, salvo en situaciones de ocupación militar flagrante, como pudo ser en su momento Vietnam o en la actualidad Irak o Afganistán, el terrorismo no ha logrado incorporar a las masas. Ha llamado siempre la atención el que los terroristas realizaran sus más horrorosas acciones en nombre del “pueblo”, pero eso pueblo, en la mayoría de los casos, no les ha apoyado. El pueblo es el terrorista, lo que el pez al agua. El pez se ha ahogado por falta de agua. Las Brigadas Rojas murieron sin suscitar ni un mínimo entusiasmo en la clase obrera italiana a la que pretendían liberar. Los dirigentes de la Fracción del Ejército Rojo fueron hallados muertos en sus celdas, sin que ni un solo exponente de la clase obrera alemana se conmoviera más allá de lo que puede conmover cualquier otra muerte de un ser humano. El GRAPO jamás ha contado con un apoyo popular mínimamente apreciable y, en cuanto a ETA, ni siquiera en su cuota del 15% del electorado radical abertzale existía unanimidad respecto a la justeza de su acción. Sin una puerta que se abra para albergar al terrorista una vez cometida su acción, o sin un baúl inofensivo en el que puedan guardarse las armas junto al resto del ajuar en un hogar a salvo de cualquier sospecha, la acción del terrorismo no es viable. Al menos tal como fue concebido en los años 50 y 60: como movimiento de liberación… es difícil liberar a quien no se considera oprimido y es mucho más difícil luchar contando con el apoyo de alguien que se siente ajeno al terrorismo.

En realidad, el terrorismo ha persistido en zonas en donde se han dado determinadas circunstancias:

donde ha existido algo de apoyo popular, como en el caso vasco o irlandés, siendo ambos casos completamente diferentes o en el caso palestino por unas circunstancias muy concreta (60 años de ocupación israelí) o en situación de ocupación militar (Irak y Afganistán).

Allí donde ha existido inestabilidad política y debilidad para combatir el terrorismo. En el caso español, por ejemplo, el terrorismo pudo persistir mientras duró la transición y durante todo el tiempo que tardó la democracia en asentarse (entre 1976 y 1983) y a partir de entonces, logró sobrevivir en un clima de debilidad política en la que los socialistas no se sentían seguros con los antiguos funcionarios de la policía franquista y cometieron la estupidez de intentar arreglar las cosas “a la francesa”, tal como hicieron los “barbouzes” con la OAS, el GAL y aquello resultó un desastre. Pero, cuando el PP subió al poder y decidió terminar radicalmente con el problema, en cinco años logró arrinconar a la banda y sumirla en una agonía de la que en el momento de escribir estas líneas todavía no se ha zafado.

Cuando existen complicidades de altos vuelos. A nadie se les escapa –solamente a los portavoces oficiales del nacionalismo vasco- que ETA logró sobrevivir gracias a que el nacionalismo moderado jugó con ella el “juego de las partes”: los radicales golpeaban y, como dijo Arzallus en su famosa frase, otros recogían los frutos. Antes, ETA se había beneficiado de la complicidad francesa que entre principios de los años 60 y hasta mediados de los 80, es decir, durante un ciclo de 25 años, permitió que se albergara en su territorio el santuario etarra. De no haber existido tal santuario, ETA no habría podido prorrogar su acción ni siquiera hasta 1970.

Cobertura por parte de todo o de una parte de un Estado. Hemos sostenido en otros capítulos de este libro que el terrorismo, en muchas ocasiones, no siempre es autónomo, sino que muy frecuentemente pasa a ser un instrumento de política exterior de algún Estado, beneficiándose, por ello, de importantes coberturas, ayudas, información y complicidades. Entre 1972 y 1986, ETA contó con la ayuda y protección de las autoridades argelinas, los etarras pudieron establecer campos de entrenamiento en ese país y obtener fondos y armamentos. Otro tanto ocurrió con las guerrillas latinoamericanas hasta 1970, todas ellas tributarias del régimen castrista. Y en cuanto a regímenes como el libio o el sirio, apoyaron de manera bastante indecente, por lo demás, a los más variados grupos extremistas europeos y árabes.

Allí donde han aparecido uno o varios de estos elementos, el terrorismo ha podido mantener cierta iniciativa en algunos países. Ahora bien, en el momento en que la situación política o la coyuntura internacional cambiaron, y algunas de estas circunstancias dejaron de estar presentes, el terrorismo periclitó.

En España resulta evidente que, en primer lugar, el desmantelamiento de la URSS, derivó en que regímenes como el argelino fueron abandonados a su suerte y debieron cortar los vínculos con organizaciones terroristas, entre otras ETA, vínculos que anteriormente habían sido “recomendados” con todo el poder de sugestión que podía tener la KGB. Por lo demás, cuando terminó la transición, tras el período de debilidad y de errores protagonizado por Barrionuevo y su olvidable sucesor en el cargo, el Estado Español recuperó una solidez y una determinación que fue en detrimento de la actividad etarra y consiguió arrinconar a la banda. A partir de 1979, el gobierno francés, por otra parte, ya había comprendido que España iniciaba una marcha imparable hacia la convergencia con Europa y que sus socios del entonces “Mercado Común” no iban a permitir que el Estado galo albergara sobre su suelo a un grupo de aventureros sin escrúpulos. Francia, por lo demás, sentía que el problema vasco podía trasladarse a su territorio. Así pues, bruscamente a partir de principios de los años 80, el “santuario francés” dejó de ser tal. Finalmente, ETA consiguió prolongar su acción gracias al apoyo popular y a lo que hemos dado en llamar “complicidades de altos vuelos”. Pero cada vez estuvo más arrinconada, especialmente, desde la muerte de Miguel Angel Blanco y de la movilización de una parte sustancial de la sociedad vasco contra el terror: esta movilización dejó en evidencia que el apoyo popular a la banda era protagonizado por una minoría vociferante, pero en absoluto significativa. Y, por otra parte, el PNV empezó a valorar que los “muchachos de la gasolina”, empezaban a ser peligrosos y que era mayor cortejar a su electorado antes que tratarlos de igual a igual.

En otros lugares y a otras organizaciones les ha ido mucho peor. Salvo en Nicaragua y por razones de política exterior de la administración Carter, los sandinistas –un grupo “guerrillero” que en realidad no era sino una organización terrorista ampliada- lograron subir al poder, no tanto gracias a su capacidad militar, que nunca fue excesiva, sino gracias a la actitud de los EEUU que, en un momento dado decidieron cortar bruscamente su apoyo al gobierno de Anastasio Somoza. En pocos días, la Guardia Nacional somocista que, podía haber vencido en campo abierto a los insurgentes, se encontró sin municiones y cortada de cualquier apoyo político internacional. El régimen se desplomó en pocos días. En otros países en los que, con una situación igual o peor (Guatemala, El Salvador), existió una firme voluntad por parte del sucesor de Carter (Reagan) de combatir la insurgencia, ésta no pudo superar el umbral de un movimiento insurreccional perpetuamente acosado y que jamás estuvo en condiciones de provocar un vuelco político.

Peor situación se dio en España, en los distintos grupos nacionalistas-terroristas (Terra Lliure, el Front d’Alliberament de Catalunya antes, el Exercito Gallego do Pobo Ceibe) y media docena de grupos anarquistas (OLLA, GARI, MIL, grupos autónomos, etc.) y, los marxistas-leninistas (FRAP primero y GRAPO hasta hoy), no estuvieron en condiciones de reclutar el más mínimo apoyo popular. Es más, de hecho, perdieron todo apoyo popular en cuanto persistieron en sus tácticas terroristas, al margen de cualquier otra consideración razonable. A diferencia de la leyenda con que algunos ex miembros de estos grupos han pretendido aureolarse –pues no han faltado refundiciones de sus documentos y enumeración de sus acciones editados en forma de libros encomiásticos-, la verdad es que buena parte de sus integrantes respondían a las características de lo que unos han llamado “delincuentes lombrosianos” y otros como Julio Caro Baroja opinan que “entre los terroristas se da mucho tarado” (Terror y Terrorismo, Plaza&Janés, 1989). Más adelante insistiremos y desarrollaremos este punto.

UN PRODUCTO DE LA MODA

En 1965-73 la guerrilla estaba de moda. La experiencia castrista parecía haber enseñado que un foco guerrillero resuelto era capaz de crear las condiciones objetivas necesarias para provocar el hundimiento de un régimen. Regis Debray, impenitente admirador –y seguidor- en la época de Castro y del Ché, lo había dicho en su “Guerra de Guerrillas”: “No era preciso que existieran condiciones objetivas para la revolución, el foco guerrillero las creaba”. El espejismo en que cayó toda una generación de revolucionarios latinoamericanos, costó cientos de muertes. Finalmente, tras haber vivido su experiencia guerrillera de unos días, Debray fue capturado por los rangers bolivianos y no tuvo el menor empacho, primero en “cantar” todo lo que sabía de la guerrilla y en segundo lugar, una vez liberado y retornado al paraíso cartesiano francés, en convertirse en funcionarios socialista y culpar al pintor Ciro Bustos de haber delatado al Ché… Aún hoy, Debray se niega a entrar en el fondo de la cuestión. Pero, en el fondo, estos hijos de papá europeos, intelectuales cultivados, solamente estaban en condiciones de haber la guerra de guerrillas en una biblioteca dotada de aire acondicionado, no en el altiplano. Una vez vivida la experiencia, pasaban a “redimensionar” la teoría: Debray escribió su “Crítica de las Armas”, renunciando a sus ardores juveniles atemperados por un año de cárcel boliviana.

Pero en esa época, una parte de la Cuarta Internacional, animada por la experiencia del Partido Revolucionario de los Trabajadores argentino, había decretado la guerra de guerrillas. En Europa, la sección más influyente y la única que estaba en condiciones de realizar algo parecido era, con mucho, la Liga Comunista Revolucionaria francesa, que ya había tenido un papel importante (como Juventud Comunista Revolucionaria) en las jornadas de mayo de 1968. La LCR, Krivinne, Bensaind, Weber, empezaron a multiplicar los ataques contra la formación de extrema-derecha Ordre Nouveau como una forma de “gimnasia revolucionaria” que debería de servir de escuela de cuadros para el futuro movimiento guerrillero. Se trataba solo de ir amplificando la intensidad de las operaciones contra la extrema-derecha a todo el Estado. Otro sueño que se desvaneció cuando la magistratura decidió tomar cartas en el asunto y disolver la LCR. En ese período, el partido hermano del grupo de Krivinne, en España, del mismo nombre, se escindió en dos y una de las fracciones fue a converger con ETA(VI Asamblea), pero en esta organización, lo poco que quedaba de interés por la lucha armada se concentró en los atracos y las “expropiaciones” de material para elaborar propaganda política. Nada importante.

En cuanto a los marxistas-leninistas, los maoístas, ciertamente, su verbalismo revolucionario parecía prometedor para los que esperaban una “insurrección armadas de masas” y una “guerra popular prolongada”… pero todo terminaba ahí. Ni en Italia, Bélgica, Portugal o España en donde los maoístas arraigaron más y mejor, estuvieron en condiciones de realizar “operaciones militares”. Y las pocas que hicieron, aun no está claro desde donde se planificaron. Más adelante insistiremos en este extraño asunto. En cualquier caso, solamente el GRAPO siguió en su “mantenella y no enmendalla” que le llevó a las dimensiones de una pequeña secta de delincuentes comunes con alguna irisación política siempre declinante desde 1975.

Los estudios de la revista teórica de la IV Internacional –Imprecor- o las revistas doctrinales del PCE(m-l), eran francamente aburridas, sus debates bizantinos sobre las condiciones objetivas, la preparación del proletariado para la lucha y demás, suscitaban el bostezo y a distancia de treinta años, parece increíble, no sólo que alguien las leyera, sino que alguien se atreviera a escribir todo aquel cúmulo de insensateces. Pero ahí están para los estudiosos, con su carga ideológica y su capacidad para el autoengaño.

En el fondo, en aquella época el maoísmo y el trotskysmo estaban de moda en Europa y en América Latina, justo en un momento en que el castrismo parecía, aportar poco desde el punto de vista teórico… y ya se sabe que siempre hay muchos que se apuntan a la moda. Luego tuvieron toda la vida para arrepentirse.

Hacia 1975, ambas modas ya habían periclitado: el trotskysmo solamente parecía haber adquirido una dimensión considerable en Argentina (5000 tipos armados concentrados fundamentalmente en la provincia de Salta), pero en Europa, Alain Krivinne ya se había convencido de que la “gimnasia revolucionaria” generaba, sobre todo, agujetas, pero la lucha contra otros jóvenes de extrema-derecha mal armados y peor organizados, no preparaba para derribar al Estado. Esto sin contar con que la clase obrera francesa se configuraba como la más aburguesada de toda Europa. Por lo tanto, no había apoyo popular. En cuanto al maoísmo, se había disuelto como un azucarillo. El FRAP declaró la insurrección en enero de 1975 y en junio del mismo año ya había sido completamente desarticulado. Tan solo lograron asesinar a media docena de policías nacionales, elegidos al azar y sin ninguna tarea “represiva” específica. Y en cuanto a la OMLE; reconvertida en PCE(r) y su “sección técnica” en GRAPO pasó, en pocos meses, de ser un pequeño grupo perdido en una galaxia de pequeños grupos activistas, a ser una secta cuya violencia sorprendió en un primer momento para luego concentrar buena parte de las actividades policiales entre 1976-1979 y quedar esquelética en los años 80.

Claro que cuando esto ocurría, la moda había dejado ya de ser moda y los maoístas de ayer que seguían en activo, se preparaban para ser funcionarios socialistas, tanto en Francia, como en Italia, como en España, como en Portugal (ahí tenemos a Joao Barroso, actual presidente del Consejo de Europa, ex militante del Movimiento por la Reconstrucción del Partido del Proletariado…).

CUANDO EL ESTADO VA UN PASO POR DELANTE

En septiembre de 1975 el SAS inglés utilizó por primera vez un robot para desactivar una bomba situada en el Hotel Hilton de Londres. Con una cámara de TV y un brazo articulado, dispuestos sobre una oruga, el “Little Willie”. A este robot siguieron otros aun más perfeccionados hasta el punto de que, en la actualidad, una bomba localizada equivale a una bomba desactivada o cuya explosión está controlada. Mientras el terrorismo occidental estaba íntimamente relacionado a los servicios secretos de Europa del Este, pudo contar con avances técnicos suficientemente sofisticados ideados en los laboratorios de la NKVD, el KGB o los servicios checos o búlgaros. El 29 de marzo de 1974, Bernard Calladene, uno de los responsables del antiterrorismo inglés en Irlanda, falleció cuando estalló una bomba bajo su coche. La particularidad es que la bomba se activó cuando Calladene enfocó su linterna en los bajos del vehículo. En efecto, el detonante estaba unido a un dispositivo fotoeléctrico. El MI-5 concluyó que el dispositivo había sido elaborado en Checoslovaquia. Quince años antes el KGB había construido pistolas eléctricas que disparaban cianuro. Manejadas por sus propias redes terroristas, diezmaron la resistencia anticomunista ukraniana. Pero, a partir de la subida al poder de Gorbachov, con la glasnost, todas estas iniciativas fueron abandonadas. A partir de 1985, el terrorismo occidental dio muestras de indigencia tecnológica.

Frente a esta indigencia, EE.UU. había creado un primer sistema de localización electrónica llamado Octopus que en noviembre de 1975 contaba con veinte millones de datos incluidas fotografías. Octopus era capaz de identificar inmediatamente a cualquier sospechoso que figurara en las fotografías. A este sistema siguieron otros mucho más sofisticados basados, no sólo en el reconocimiento fotográfico de huellas digitales, sino en los reconocimientos faciales a partir de fotos tomadas por las videocámaras situadas en aeropuertos y puntos calientes. A principios de los años 90, con el aumento creciente de la telefonía móvil y el uso de Internet, se pusieron las bases de lo que luego sería la red “Echelon” de intervención y lectura digitalizada y autoselectiva de comunicaciones.

Ya hemos trazado en otro lugar de esta pequeña obra un esbozo de la historia reciente del terrorismo, lo suficiente como para saber que a partir de 1980-83, el terrorismo político utilizaba las mismas tácticas que un siglo antes… solo que el enemigo –el Estado- era más fuerte. Con la introducción de las nuevas tecnologías en el trabajo policial, la distancia que separaba a los núcleos terroristas de sus enemigos, las fuerzas de seguridad del Estado, se fue ampliando, hasta hacerse completamente insalvable. Pero el problema no era solo tecnológico, estaba también el “factor humano”.

Las distintas fuerzas de seguridad del Estado estaban compuestos por una legión de funcionarios exentos de comportamientos y actitudes pequeño-burguesas, son sistemáticos en el cumplimiento de sus funciones, están extremadamente jerarquizados, reciben recompensas por resultados, además del salario base. Están ahí para cumplir con un cometido, que es su trabajo, su vocación y su medio de vida, el que han elegido y el que lo seguirá siendo durante toda su vida; no son coleccionistas de nada, no se llevan trabajo a casa, procuran no dejar cabos sueltos, les pagan por eso y constituyen una pequeña legión que actúa con todo el tiempo del mundo.

Frente a ellos se encuentran los terroristas: mentalidades extrañas, unos hiperintelectualizados, otros hombres de acción, pero no de pensamientos, caracteres broncos y radicales, a menudo pasionales, han ligado su vida a la “revolución”, pero esta carece de futuro, sus análisis son subjetivos, muchos de ellos albergan una profunda desconfianza hacia el futuro y no se sienten competitivos en esta sociedad que abominan por que no tienen lugar en ella, son marginados, a los que, para colmo se unen en muchos casos distintas psicopatías y en otras problemas de adicciones a drogas químicas; los hay, incluso, que subconscientemente, creen que el terrorismo que son capaces de desatar contribuirá a hacerles olvidar sus problemas y sus traumas personales. Además, el tiempo no les sobra; son pocos, los suficientes como para causar sobresaltos, pero no en número suficiente como para alterar el curso de las cosas. Frecuentemente, sus comportamientos registrar tics pequeño-burgueses. A unos les gusta alardear de sus acciones ante chicas o en el círculo de amigos de la infancia, a otros les encanta coleccionar trofeos, los hay incluso que anotan en diarios personales lo que hacen cada día y la mayoría deja datos sobre su vida y sus contactos demasiado visibles como para que si son detenidos puedan destruirlos u ocultarlos.

Para colmo, en el accionar de los terroristas todo es previsible. Las fuerza de seguridad del Estado lo tienen fácil: les basta con elaborar un patrón de actuación, así pueden adelantarse al episodio terrorista. Saben que precisarán alquilar pisos y que lo harán a nombre de parejas o de chicas que figuran como estudiantes. O bien que están tocando a grupos de ocupas, con lo cual no será un gran problema poner en marcha unos cuantos cientos de policías para que 365 días al año, durante un mínimo de ocho horas al día, cuarenta horas a la semana, realicen seguimientos sistemáticos, intervenciones de teléfonos o, interceptación de correspondencia, infiltración de agentes o mercenarios a sueldo, etc. Es una cuestión de tiempo el que logren identificar a los cabecillas, aislarlos, distribuir sus fotos en decenas de miles de ejemplares y a través de los medios y esperar resultados. Apenas una cuestión de tiempo que una célula terrorista sea desarticulada, sin recurrir a los sofisticado métodos de la policía científica que pueden acelerar incluso aún más el proceso.

Digámoslo ya: los medios con los que cuenta el Estado moderno son incomparablemente superiores a los medios con los que cuenta en la actualidad cualquier grupo terrorista. Y, para colmo, las gentes que de dedican al antiterrorismo tienen una dedicación full time a su tarea, mientras que para los terroristas se trata de una actividad más, entre otras, o bien su actividad central… pero obsesiva, mientras que para un funcionario, al terminar la jornada de 40 horas se “desconecta” del trabajo, se recargan baterías y al lunes siguiente se empieza con redoblado ímpetu. El terrorista profesional, jamás puede desconectar, por que la desconexión es susceptible de implicar un fallo en su seguridad, la caída y una o dos décadas de cárcel. O quizás la muerte.

No hay perspectivas de que un planteamiento como éste pueda cambiar. Todo lo contrario: la desproporción de medios tiende a ampliarse. El ciberespacio, el boom de las comunicaciones generan, efectivamente, nuevos canales por los que puede discurrir la acción terrorista… pero en ellos también, el dominio ejercido por los medios de comunicación del Estado es aún mayor. El sistema “Echelon” y las redes equivalentes europea y rusa, hacen que una palabra-objetivo sea retenida por procesadores excepcionalmente rápidos, el número desde el que se ha llamado sea aislado, sea donde sea desde donde se realiza la comunicación. Investigaciones como la desarrollada sobre los atentados del 11-M se realizaron casi completamente a partir de los listados y los datos ofrecidos por los operadores de telefonía móvil.

En el futuro, todo esto aumentará con bases de datos de ADN que permitirán descubrir muchas características de los terroristas, sistemas de reconocimiento de voz que permitirán seleccionar los tonos de voz buscados entre millones, documentos de identidad prácticamente imposibles de falsificar en los que se incluirán datos médicos imposibles de atribuir a otras personas fuera de los titulares, etc. La era de las nuevas tecnologías dista mucho de haber dado su última aportación a la lucha antiterrorista.

UNA CARRERA ABANDONADA POR LOS TERRORISTAS

Los debates que tuvieron lugar en los años 70 en el interior de las organizaciones terroristas, era absolutamente absurdo. De un lado se defendía el carácter popular de la “lucha armada” y su necesario “arraigo en las masas” y de otro se sostenía la contundencia de esa lucha. Algo incompatible: por que, o bien las células terroristas son cerradas y desvinculadas de cualquier “combate político”, y por tanto están al resguardo de la represión, o bien, realizan “trabajo de masas” y, por tanto, son fácilmente identificables por los cuerpos de seguridad del Estado.

Entre 1975 y 1976, en España este debate bizantino, propio de terroristas con mala conciencia, embargó las discusiones en el interior de ETA(p-m). El otro sector de la banda, desde 1973, tenía excepcionalmente claro que ETA debía ser una banda especializada en operaciones terroristas, y, solamente a nivel de cúpula debían de existir relaciones con el “frente político”. Tal era la concepción de José María Beñarán Ordeñaba (a) “Argala”, probablemente el cerebro más lúcido de ETA en toda su historia. Frente a él, fue tomando cuerpo las extrañas doctrinas elaboradas por Eduardo Moreno Bergareche (a) “Pertur” en la ponencia “Otsagabia” elaborada a finales de 1975. “Pertur” defendía una simbiosis en la que el terrorista debía evitar especializarse en la “acción militar” y procurar realizar “trabajo político”. Lo político y lo militar estaban unidos en la concepción de “Pertur”. En la de “Argala”, eran realidades completamente diferentes: una misma estrategia, pero solo relaciones en la cúpula. En la práctica, ETA(p-m) ha desaparecido y ETA(m) ha podido sobrevivirle veinte años más.

Pero, en cualquier caso, lo que era evidente es que, el terrorismo ha carecido de modelo organizativo adecuado a la realidad, al menos desde hace treinta años. Cuando el FLN argelino se puso en marcha, su estructura organizativa, formada por células triangulares de las que solo una de sus miembros tenía relación con el eslabón superior, constituía, globalmente una pirámide que, aparentemente, daba solidez y prevenía a la totalidad de la organización de las eventuales caídas de una parte de la misma. Ahora bien, eso valía en 1958-63, y quizás diez años después. Pero cuando, las fuerzas de seguridad fueron perfeccionando sus sistemas de investigación, esta estructura piramidal no estuvo en condiciones de introducir modificaciones que la capacitaran para resistir los envites policiales. De hecho, lo que ocurrió fue todo lo contrario.

Un exiliado español en Uruguay que, sin pertenecer a los “tupamaros”, si al menos les prestó sus teorizaciones, Abraham Guillén, ya había teorizado sobre la necesidad de “autonomía táctica” de las células terroristas, las cuales debían tener iniciativa propia, estar formadas por un mínimo de tres y un máximo de cinco personas, reclutadas para que fueran una unidad autosuficiente. Es muy difícil, incluso para una policía eficiente, identificar a cinco personas en una ciudad de dos millones de habitantes, si no intentan captar militantes, ponerse en contacto con otras células ni esperan órdenes. Guillén estaba en contra de que la organización tuviera “frentes fijos”, rechazaba que las armas y todo lo que se refiere a logística fuera almacenado en unos pocos depósitos o que existiera un “hospital” o una “cárcel del pueblo” a la que debieran recurrir todas las células. Era mejor que cada cual, por sí mismo, cada célula, creara su propia estructura. Si caía, se perdía solo una parte y nada más que una parte, pero el resto permanecía a salvo. De hecho, Guillén lo que estaba proponiendo es que al esquema del FLN argelino (que hico fortuna entre los terroristas europeos y latinoamericanos de los años 70) se le amputara de un extremo: la posibilidad de que cada célula triangulas conectara con la superior.

Pero en la práctica esto implicaba que todo el movimiento tenía un alto grado de conciencia política, sentido de la táctica y comprendía todos los elementos estratégicos al ciento por ciento. Lo cual no era así. En buena medida los terroristas, lejos de ser grupos de “cuadros”, son soldados de base, que precisan órdenes claras, precisas y extremadamente concretas. Para colmo, de tanto en tanto, se reúnen en asambleas para “decidir” lo que hay que hacer… Claro está que en esas reuniones, en aquella época, se iba con antifaz o máscara…, como los brasileños de la ALN que, tras permanecer unas horas con un calor sofocante, oculto el rostro bajo la máscara, se la quitaban para respirar y, de paso, verse unos a otros las caras.

Estas formas organizativas –que en España siguen practicando lo que queda de ETA y del GRAPO- se prestan extraordinariamente a la infiltración y, consiguientemente, exponen al movimiento terrorista a la represión.

Hoy las alternativas siguen siendo dos: o bien la “profesionalización” que implica una cierta fisonomía de secta, y un alejamiento de las masas, o bien la “apertura” que genera una estructura “movimentista” que, a la postre, es vulnerable. Solamente en las zonas de ocupación militar –como Irak y Afganistán o Palestina- es posible conjugar ambos tipos de organización terrorista. Pero nunca en zonas del mundo desarrollado, políticamente estables.

La aparición de Al Qaeda y de Bin Laden y el desarrollo por la RAND Corporation (un think-tank conservador norteamericano) de la idea de net-war, aportan algunos elementos nuevos, pero antes de entrar en este apasionante tema, vale la pena introducir un elemento importante. Las nuevas tecnologías y el terrorismo

UNA MIRADA HISTORICA: ALIANZA ANTIGUA Y DIVORCIO MODERNO

Lo más sorprendente del terrorismo es que –excepción hecha de Al Qaeda, sea lo que sea- las estrategias del terrorismo no han variado en absoluto en los últimos 150 años. Mejor dicho, si han variado en un sentido. Los primeros teóricos del terrorismo del siglo XIX eran decididos partidarios de introducir las nuevas tecnologías desarrolladas en la época en las tácticas terroristas. A partir de los años 70, se diría que la imaginación se ha secado en las mentes de los terroristas que apenas son capaces de concebir atentados a lo Ravachol.

Antes de la dinamita, el terrorista contaba con pocas armas. Los “assesins” ismaelitas del Viejo de la Montaña contaban con sus puñales y alfanjes, luego se añadió al arsenal la pistola y el revólver. Más tarde, la pólvora se utilizó en “máquinas infernales”. Era el precedente del “coche bomba”. Napoleón tuvo que sufrir varios atentados de este tipo, con carruajes bomba que contenían toneles rebosantes de pólvora negra. Luego vinieron las bombas Orsini, pesadas, características, difíciles de transportar, a base de pólvora y metal que debería convertirse en metralla. La dinamita y la gelignita aparecieron entre 1860 y 1870. Inmediatamente fueron incorporadas al arsenal del perfecto terrorista.

KarlHeinzen, un demócrata radical alemán (1809-1880) insertó algunas ideas interesantes en su folleto “Asesinato” y en su revista “La Evolución”. Decía Heinzen que la clave del éxito del terrorismo había que buscarla en las nuevas tecnologías. Aludía a los nuevos explosivos. Hasta entonces, el único explosivo conocido era la pólvora negra, pero entonces se empezaba a trabajar en las dinamitas. Y el detalle no pasó desapercibido a Heinzen. En su locura visionaria anticipó el atentado contra Carrero Blanco: había que crear bombas bajo el pavimento que estallaran al paso de los poderosos. También aludió a formas de guerra química: propuso envenenar alimentos. Y para colmo recomendó que las organizaciones internacionales terroristas concedieran “premios de investigación”. Todo ello lo decía con una seriedad pasmosa.

El año después de su muerte, en 1881, quedó claro que su mensaje no había caído en saco roto. Efectivamente, ese año tuvo lugar el Congreso Internacional Anarquista en el curso del cual uno de los delegados, un tal Ganz, propuso que se creara un grupo de expertos dependientes de la Internacional, especialistas en química y tecnología. En la revista “Le Révolté” de 23 de julio de 1881 se daba cuenta de la resolución final del congreso que incluía la aprobación de una moción en la que se mencionaba la aportación de la química “a la causa revolucionaria”, por lo que se hacía un llamamiento a los afiliados para que “se entregaran al estudio de estas ciencias”.

Poco después, Johann Most (n. 1846) dio una nueva vuelta de tuerca. Entró a trabajar en una fábrica de explosivos y advirtió lo que era elemental: que era más fácil y seguro robar el material manufacturado antes que dedicarse a fabricar la nitroglicerina por su cuenta. Varios de sus camaradas ya habían saltado por los aires, o bien el fruto de sus esfuerzos, a la hora de la verdad, se había resistido a estallar. A partir de Most, los grupos terroristas miran a los arsenales militares, a las fábricas de explosivos y a las minas u obras públicas donde puede haber almacenado material explosivo, detonantes y mechas. Pero Most hizo algo más: creó la carta-bomba y, puestos a elucubrar, imaginó que era posible bombardear, desde globos aerostáticos o dirigibles, comitivas de autoridades, desfiles militares o palacios. También a partir de la revolución de 1905, los revolucionarios rusos pensaron en el avión como útil terrorista para acercarse a sus objetivos.

Realmente poco, por que los primeros fenianos, también utilizaron la imaginación. En 1880 gastaron 60.000 dólares en EEUU para construir tres submarinos que jamás pasaron del nivel de proyecto. Pero era suficiente como para ver que su imaginación era fértil. O’Donovan Rossa, uno de los líderes fenianos irlandeses, proyectó bombardear el Parlamento Británico con gas de osmio. Intentó adquirir cerillas explosivas y estiletes envenenados, armas imposibles e inexistentes pero por las que pagó buenos dólares americanos. Había mucha imaginación en todo esto, tanto como inconsciencia, ingenuidad y un punto de locura.

En realidad, mucho de todo esto era mera palabrería. “Por la boca muere el pez” dice el viejo refrán y, evidentemente, en el momento en que un anarquista o un radical manifestaban claramente sus propósitos y los dejaban escritos en actas de congresos internacionales, antes o después llegaban a manos de la policía que inmediatamente se dedicaba a seguirlos, perseguirlos y desarticularlos. O bien a infiltrarlos. Esto hizo que, en buena medida, todos estos proyectos enloquecidos de incorporación de las nuevas tecnologías del siglo XIX a la actividad terrorista, quedaran en agua de borrajas. La mayor parte de los terroristas debían dedicar su tiempo a protegerse a sí mismos, en absoluto tenían capacidad para traducir su pensamiento en medidas prácticas.

Pasaron las décadas y, a medida que entramos en el siglo XX, se va perdiendo esa voluntad de incorporar las nuevas tecnologías a la iniciativa terrorista. A pesar de que durante la Primera Guerra Mundial se utilizaron millones de litros de gases tóxicos, y era posible robar alguna partida, en los años veinte, pródigos en operaciones terroristas, jamás se utilizaron gases. La máxima innovación correspondió a principios de los años 60 a los antifascistas portugueses dirigidos por el capitán Galvao que secuestraron un buque de pasajeros en alta mar. Algo que desde la piratería clásica no se había prodigado en aguas del Atlántico. Diez años después, palestinos y sus aliados izquierdistas alemanes y japoneses secuestraron decenas de aviones a partir de la guerra de los Seis Días entre Israel y los países árabes. Pero, en ocho años de secuestros continuos, al diario cairota Al Ahram debió reconocer el 28 de junio de 1976 que “lejos de haber dañado a Israel, los secuestros habían robustecido a este Estado y suscitado una hostilidad hacia los palestinos”. Ciertamente, este tipo de secuestros suponían una “innovación” táctica, pero no tecnológica y, de hecho, aportaron poco.

Pues bien, hoy la cosa no ha variado extraordinariamente. Lo que ha variado es el modelo organizativo, el modelo estratégico y el modelo táctico. Algo que analizamos en otra parte de esta obra.

EL PROCESO DEGENERATIVO DE LAS ORGANIZACIONES TERRORISTAS

El tiempo –y no sólo el terror- lo matan todo. El promedio de actividad de una organización de terrorismo urbano en los años 70 y principios de los 80, se prolongaba, en el mejor de los casos, a cuatro años. Solamente ETA y el IRA, por circunstancias socio-políticas, diferentes, pero muy localizadas, pudo prolongar su acción durante unas décadas. Pero todo tiene un límite y ninguna de estas dos organizaciones ha logrado ir mucho más allá. De hecho, la ley universal es: o bien una organización terrorista alcanza sus objetivos políticos, o bien prolonga su acción más allá del “plazo de caducidad”, con lo cual en el mejor de los casos, su terrorismo se vuelve residual (ETA) o bien es completamente desarticulada por la policía (FLQ, Montoneros, Tupamaros, Brigadas Rojas, etc.).

Hay una tercera posibilidad: cuando una organización terrorista prolonga su actuación más allá de los cuatro años de caducidad pero sufriendo una mutación interior que la deslizan a través de un proceso degenerativo irreversible. El Frente Nacional de Liberación de Córcega, los Montoneros argentinos, las guerrillas colombianas, Sendero Luminoso, el IRA y el GRAPO, son ejemplos flagrantes. Sigamos el proceso con el detenimiento que permite la brevedad de esta obra.

En 1975 algunas presas políticas de Yeserías tuvieron noticias de las presas de la Organización Marxista Leninista de España, de que sus “comandos” habían sido los causantes del asesinato de cuatro policías el 1º de octubre. Por entonces se pensaba que eran supervivientes del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), vinculado al maoísta PCE(m-l) y en ese momento casi completamente desarticulado, quienes actuaban a la desesperada y autónomamente. Pero no era así, gracias a las presas políticas democráticas de Yeserías se supo que había una nueva organización terrorista que pocas semanas después sería bautizada con el nombre de GRAPO. En septiembre de 1975 el GRAPO todavía no había nacido, y las acciones eran cometidas por la “sección técnica” del PCE(reconstituido).

Los GRAPO no captan miembros directamente; sus miembros proceden del PCE(r), organización de la cual la mayoría de militantes han compartido movilizaciones con otros sectores de la oposición democrática y son suficientemente conocidos como para que en los meses siguientes la mayoría de ellos sean identificados por la policía que, en poco tiempo estuvo en condiciones de trazar un plano de la implantación nacional del PCE(r), a partir del cual se fueron operando las detenciones. Cuando se resuelven los secuestros de Oriol y Villaescusa, el GRAPO de la época queda casi completamente desarticulado. Pero se viven momentos de gran politización y radicalismo en la sociedad española (estamo en los momentos más duros de la transición) y el GRAPO logra reconstituirse y mantener cierto nivel de operatividad en los tres años siguientes.

Esta “resurrección” es facilitada por una característica del GRAPO y del PCE(r) que no está presente en otras organizaciones políticas. En efecto, el núcleo impulsor del grupo tiene una estructura de clan. Se trata de lumpenproletarios ligados entre si por vínculos familiares: hermanos, primos, cuñados, todos ellos con un alto nivel de cohesión vincular entre sus miembros y un amplio sentimiento de solidaridad. Pero, aun así, a principios de los años 80, el GRAPO está de nuevo casi completamente desarticulado.

En realidad, el GRAPO era (o debía ser) un embrión de guerrilla. Pero, al mismo tiempo, tenia el cometido mucho más prosaico de facilitar medios para que la dirección del PCE(r), pudiera desempeñar sus funciones. En la práctica eso equivalía a que, entre asesinato y asesinato, la única tarea del GRAPO consistía en realizar atracos, robos en furgones blindados y secuestros. El GRAPO había iniciado desde principios de los años 80 un proceso de”bandización”. Muy poco distinguía a sus miembros de atracadores normales y corrientes: lo hacían por una causa, remotamente política, si, pero hacían exactamente lo mismo que un delincuente común. A este proceso debía de seguir otro en el que eran aún más visibles las tendencias degenerativas.

En efecto, hacia mediados de los años 90, el GRAPO había dejado prácticamente de existir y las únicas posibilidades de reavivarlo eran a través los presos que, tras 15 y 20 años de cárcel volvían a salir en libertad. Las organizaciones del PCE(r), sin excepción, estaban disueltas, extinguidas o desarticuladas. ¿Dónde captar nuevos militantes? En esos años, a partir de 1990, la extrema-izquierda, limitada en su capacidad de crecimiento, manifestó un interés creciente por los “movimientos sociales” considerados como fuerzas “objetivamente revolucionarias”, pero solamente en uno de estos sectores el GRAPO logró contar con cierta posibilidad de arraigo: entre los “okupas”. En ese sector se dio una circunstancia que venía improvisadamente en ayuda de los reclutadores del GRAPO: nuevamente lograba penetrar en un ambiente “lumpen” en donde no existían fronteras nítidas entre los contenidos políticos y la delincuencia común. Los últimos mohicanos del GRAPO encontraron entre los okupas una nueva generación de reclutas necesitados de medios de subsistencia, algunos de los cuales querían “dignificar” su vida insertando un contenido político, por marginal que fuera.

Pero ni en estos ambientes encontraron el sector “objetivamente revolucionario” que buscaban, ni los nuevos reclutas eran como los austeros primeros militantes del PCE(r). En general se trataba de “colgados”, o de lo que Caro Baroja había llamado unos “completos tarados”. Marginales en cualquier caso. Con un grupo de marginales no se ataca al corazón del sistema.

Análogo proceso se ha dado en otras organizaciones. El FNLC es hoy una parte sustancial de la mafia corsa. Tanto los militantes del IRA(p) como de los protestantes unionistas de las Fuerzas Voluntarias del Ulster (UVF) o de la Asociación para la Defensa del Ulster (UDA), experimentaron procesos degenerativos que les convirtieron en mafias de arrabal. Implícitamente renunciaron a sus objetivos políticos para luchar sólo por el “control” de los negocios ilegales de uno u otro barrio.

Bakunin había sido el primero en fijarse en el delincuente común como ayuda inestimable para la causa revolucionaria. Lo definió como “enemigo del Estado”, sincero y no contaminado por doctrinas inmovilizantes. Posteriormente, en los años 20 y 30, los terroristas croatas y macedonios no dudaron en falsificar moneda y, con posterioridad a 1905, los bolcheviques adoptaron la táctica del atraco bancario para financiarse. El IMRO, la Organización Revolucionaria Macedonia, terminó siendo un grupo de pistoleros a sueldo de quien estuviera dispuesto a pagarles. Otro tanto ocurrió con el Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK) que nació como grupo de resistencia antiserbio, para pasar a ser sin solución de continuidad, un grupo de atracadores que operaban en toda Europa Occidental, especialmente en España, mientras que su cúpula trabajaba con las mafias del narcotráfico turco penúltima etapa de la “ruta de la seda” que conducía la heroína cultivada y procesada en el Afganistán post-talibán, hasta los mercados de Europa Occidental, a través del “corredor isámico de los Balcanes”. En cuanto a los Montoneros argentinos, el secuestro de Jorge Born por cuyo rescate recibieron 75 millones de dólares, una cantidad espectacular para la época, supuso el fin de la organización, cuando una parte de la dirección, consciente de la imposibilidad de alcanzar sus objetivos, se vio con un dinero entre las manos que les aseguraba el retiro para el resto de sus días.

En realidad, la palabra “bandido” tiene, por extraño que parezca, un origen político. “Bandido” era el que se colocaba en algún “bando” y el bando se distinguía por su “bandera”. Y esta implicaba una catalogación, finalmente, política. Caro Baroja acepta que “bandido” y “bandolero” derivan de la palabra toscaza “bando”. Aparece esta catalogación ya en la Navarra del siglo XIII. Es en el siglo XVII cuando el bandolerismo se extiende a buena parte de Europa y, frecuentemente, actúan en un Estado y se refugian en otro vecino, donde son bien recibidos y que utilizan como “santuario”. Cuando se produzcan las “guerras napoleónicas” surgirán distintos movimientos de resistencia que, tras la retirada de las tropas francesas, protagonizarán movimientos de bandidos. En toda Italia y en España se reprodujo este fenómeno. En general, los “bandidos”, primero pertenecieron a un “bando” político o guerrillero y luego, degeneraron, acaso por que se habían habituado a un tipo de vida al margen de cualquier norma o no encontraban lugar en la sociedad o en el Estado. Solamente en un caso, los bandidos realizaron el recorrido inverso: en efecto, en el Estado de Yenan, durante los primeros años de la revolución, Mao-Tse Tung pudo integrar en sus filas a miembros de las poderosas sociedades secretas de bandidos. Pero se trata de una excepción. En el fondo, los restos de las organizaciones de defensa y apoyo mutuo que aparecieron en el sur de Italia a lo largo del siglo XIX, subsisten todavía hoy bajo la forma de organizaciones delictivas: Mafia, Camorra, N’Dragheta, etc.

En este caso, el proceso degenerativo se produce cuando el adversario para el que ha sido creada la “banda” o “bandería”, ya ha desaparecido, pero sus miembros se resisten a disolverla y pasan a tener otra orientación. Diferente del caso en el que, la banda percibe que no está en condiciones de alcanzar sus fines y se reconvierte lenta, pero inexorablemente, en organización de carácter mafioso. En los próximos años, algunos núcleos que participaron en la vida de ETA, darán presumiblemente un giro en esa dirección. Esto se producirá cuando se haya operado el desmantelamiento total de la organización, o bien cuando la puesta en libertad de algunos de sus miembros, genere en torno a ellos, en su barrio o en su pueblo, una corriente de solidaridad, reforzada por la sensación de que los antiguos terroristas siguen contando con armas a su disposición y, acaso, constreñidos por necesidades materiales o por una mezcla de estas y del estilo de vida llevado hasta entonces en donde un joven que a los 25 años se exilia, permanece cinco en clandestinidad cometiendo atentados, es detenido, pasa 20 años de cárcel, al salir a los 50, jamás ha conocido lo que es un trabajo fijo, estable, con horarios de ocho horas, cinco días a la semana, y un mes de vacaciones anuales…

LAS VICTIMAS: DE LO SELECTIVO A LO MASIVO

Pero, si esto es lo que ataque a la degeneración de las organizaciones terroristas, en lo que se refiere al terrorismo en general, también se ha producido un cambio de perspectiva. Cuando el terrorismo moderno da sus primeros pasos, en el período napoleónico, sus mentores están horrorizados de causar daño a algún inocente. Esta repugnancia durará hasta mediados de los años 60 cuando los “tupamaros” entregaban recibos de confiscación a las personas a las que sustraían algún bien material. Un día improbable, la organización devolvería el bien confiscado. La buena conciencia quedaba a salvo.

Pero todo esto ha cambiado. El terrorismo, en la mayoría de los casos, ha dejado de ser algo selectivo, para transformarse en una sistemática manera de matar en la que, sobre todo, lo que cuenta es el número de víctimas y el espectáculo mediático. A partir del 11-S esta tendencia resulta innegable. Pero incluso esta tendencia tiene sus grados. Hubo un tiempo –finales de los años 60- en los que se justificaba ocasionar víctimas inocentes con frases cínicas y pretendidamente ingeniosas: “En el western de la sociedad cada cual merece la bala que se le dispara”. Así pues, todos somos culpables, luego todos podemos ser víctimas. ¿Por qué somos culpables? Por no apoyar al movimiento de liberación. Pero razonamientos de este tipo resultaban extremadamente débiles, especialmente, cuando las víctimas eran niños. A partir del 11-S, queda claro que ni siquiera es necesario explicar nada: las víctimas son los que pierden y, poco importa su rostro, contra más sean, menos se retendrán sus caras, pero mayor será el impacto alcanzado.

El terrorismo siempre ha intentado golpear los objetivos más desguarnecidos. Carrero Blanco murió por que solamente contaba con tres policías de escolta y realizaba siempre el mismo recorrido fijo. Pym Fortyun, Olor Palme, Anna Lindth fueron asesinados por carecer de escolta: eran blancos fáciles que no exigían un alto riesgo a los asesinos. Entre un concejal con escolta y otro sin escolta, ETA siempre ha elegido al segundo aun cuando se tratara de alguien políticamente irrelevante. Pero, resulta evidente que las masas son las más vulnerables. Están por todas partes, frecuentan lugares imposibles de proteger y transitan por zonas de alta densidad: rascacielos (11-S), estaciones (11-M), es posible asesinar a varios cientos de ellos, utilizando medios relativamente artesanales, el coche bomba, el paquete explosivo de alta potencia, el avión dirigido.

Las estadísticas a este respecto son espectaculares: la mayoría de los muertos en el WTC eran, o bien turistas no americanos o bien trabajadores de limpieza, policías o bomberos. Ningún yuppie, ningún nombre particularmente relevante: todos, economías modestas, rostros anónimos. Los aviones secuestrados, por su parte, iban con menos pasajeros que la media habitual. En cuanto al ataque al Pentágono, sorprendentemente, lo que impactara contra el macroedificio (fuera un mísil como se ha argumentado o fuera el Boeing de la versión oficial), impactó contra un ala en obras, murieron 126 civiles, albañiles, electricistas, fontaneros y solamente un general que se encontraba allí casualmente… En cuanto a los atentados de Balí, la mayoría de víctimas fueron turistas australianos. Las víctimas de los atentados de Casablanca fueron personas grises, sin historia, irrelevantes para alguien más allá de su círculo de amistades y familiares. Y entre las víctimas del 11-M abundaban los inmigrantes extranjeros, los pequeños funcionarios y estudiantes. No era la posición en los engranajes de poder, ni su relevancia social, lo que hizo que estos atentados fueran considerados espectaculares y terribles: sino el carácter masivo de las víctimas.

Es posible establecer una proporción aproximada entre dos atentados que conmovieron España: el 23 de diciembre de 1972, Carrero Blanco saltó por los aires en un atentado que mantuvo en vilo durante varios días a la opinión pública y generó cambios radicales en la historia del país. La muerte del delfín Carrero supuso el final del franquismo y su imposibilidad de encarrilarse hacia una democracia tutelada. Así mismo, algo más de 30 años después, no es un presidente del gobierno, sino 202 muertos los que generan un efecto parecido: cae, inopinadamente, un gobierno que tiene ganadas las elecciones y accede al poder la opción inesperada. La equivalencia es macabra y, sin duda, inexacta, pero en estos dos episodios: 1 víctima notables (Carrero Blanco, sin olvidar a sus dos acompañantes), operaron un efecto parecido a 202 víctimas desconocidas. Pero esta proporción es fundamental en un tiempo en el que los “notables” –a diferencia de 1973 cuando fue asesinado Carrero- se dotan de unos sistemas de protección y seguridad prácticamente invulnerables. Así los terroristas –abandonados los escrúpulos morales de los regicidas y de los anarquistas de los primeros tiempos del terrorismo moderno- tienden a utilizar a las masas como víctimas propiciatorias.

Las sociedades modernas viven un proceso creciente de masificación. Actividades que, hasta no hace mucho, eran privativas de pequeños grupos o individuos –desde el uso de drogas hasta la utilización de equipos de aire acondicionado- han pasado a ser masivas. Y este carácter masivo ha hecho que se transformaran en frentes de conflictividad. Si el terrorismo ya era problemático en su período selectivo, ahora todos estamos amenazados por la endiablada colusión entre la casualidad y el terror. No basta con ser inocentes para verse libre del terrorismo, hace falta llevar una vida completamente fuera de la sociedad y alejada de los grandes núcleos de población para evitar que nos golpee.

EL ACTO TERRORISTA: ESPECTACULO

A medida que la sociedad de la información ha ido implantándose, el carácter del acto terrorista ha ido variando sustancialmente. En 1967, Guy Debord, un miembro de la Internacional Situacionista, publicaba un ensayo-panfleto (en el sentido histórico de la palabra), titulado “La Sociedad del Espectáculo”. Un libro, ciertamente difícil, en el que Debord sostiene la tesis de que al producirse cierto nivel de acumulación de capital, éste se convierte en imagen, generando el inicio de lo que llama “espectáculo”. Esto implica que el trabajador, hasta ese momento alienado, pasa a convertirse en consumidor integrado. A partir de ahí, cualquier tarea que realice se convierte en útil para el capital: ocio, sexo, cotidianeidad. Cada actividad que realiza el trabajador valoriza algún aspecto del capital: llegan las vacaciones y el trabajador quiere satisfacer a sus hijos llevándolos a Disneyworld: allí lo que está haciendo es aumentar la cuenta de beneficios de una multinacional cuyo objetivo social es la explotación del ocio convertido en espectáculo. Es probable que si el hijo del trabajador no accede al escaparate de consumo que es Disneyworld se sienta frustrado y aniquilado como individuo. Sólo el acceso al espectáculo del consumo le produce sensación de existencia. Gracias al espectáculo el trabajador “vive”. Pero también ocurre que a fuerza “ganarse la vida”, en el fondo la pierde. A medida que este endiablado proceso de integración del productor en los mecanismos del consumo se va acelerando, la sociedad capitalista pasa a ser sociedad del espectáculo, en la que cualquier manifestación está reducida a su dimensión de espectáculo de consumo. Ni partidos, ni sindicatos están en condiciones de deconstruir este proceso. Debord y luego Toni Negri, concluyen que no hay esperanza de liberación, ni posibilidad de estructuras vanguardias combatientes; en consecuencia, no hay porvenir. Debord ve claro que la “vida” va contra el “espectáculo”, pero no alcanza a ver como la vida puede manifestarse victoriosamente contra su oponente. Da algunas pistas –la formación de “consejos obreros”- pero resultaban poco convincentes en 1967 y hoy son utopías. Hay que decir que, Debord, finalmente, se suicidó a mediados de los 90. Aun cuando su análisis de cómo el capital se transforma en espectáculo sea cuestionable (existe espectáculo antes de que exista concentración de capital, “panen et circenses” daban los emperadores romanos a su pueblo aun cuando el sistema de producción distara mucho de revestir formas capitalistas, el espectáculo ya estaba imbricado en el alma de la sociedad), en el fondo tiene razón en el dictamen final: el espectáculo se sitúa en el centro de la sociedad moderna. Cualquier actividad pasa a ser espectáculo –no por el capital, sino por los desarrollos tecnológicos de la sociedad moderna-… incluido el terrorismo.

El terrorista había advertido ya a finales de los años 60 que una acción terrorista era tanto más eficaz en cuanto que resultaba reflejada por los medios de comunicación. Cientos de bombas colocadas en postes de alta tensión y torres de comunicaciones no tendrán el mismo efecto mediático que una que estalle en un momento clave. Antes del 11 de septiembre de 1973, terroristas desconocidos, interrumpieron el fluido eléctrico en Santiago de Chile, justo cuando el presidente Salvador Allende se disponía a iniciar la retransmisión de un mensaje tranquilizador para la población. El efecto causado fue tremendo: se evidenció que el gobierno carecía de capacidad para mantener el orden y que la situación estaba fuera de control. El explosivo había volado una torre de alta tensión próxima a Santiago interrumpiendo lo esencial del flujo eléctrico. Antes y después, cientos de cargas explosivas similares habían estallado en el Chile de aquella época, pero solo aquella explosión revistió verdaderamente el carácter de “espectáculo”. Y aún deberían de pasar casi 28 años para que el 11-S de 2001 se confirmara esta tendencia del terrorismo a devenir espectáculo.

El 11-S fue concebido como espectáculo mediático. De ahí su eficacia. Si solamente nos hubieran informado escuetamente de que dos aviones se habían estrellado contra el WTC, la noticia habría causado un gran impacto, pero a los pocos días se habría difuminado como se difuminó el atentado contra Hipercor o contra el cuartel de la Guardia Civil en Vich o Zaragoza, o en otro plano, como se difuminó el efecto del atentado de Balí o contra el edificio federal de XXXXX. Pero el 11-S fue retransmitido en directo. Recordemos.

Inicialmente, un avión se estrella contra la primera torre del WTC. Justo en el momento en que América se levanta y en Europa el público se prepara para ver los informativos. Cinco minutos después del primer impacto, las televisiones de todo el mundo –y repito: de “todo el mundo”- se han conectado con Maniatan Sur. Es entonces cuando se produce el segundo impacto que es retransmitido en riguroso directo. Sigue el espectáculo. Hora y media después ésta segunda torre se desploma y una hora más tarde cae la primera. Las imágenes, a todo esto, son casi siempre las mismas que se repiten machaconamente a pesar de que era posible ofrecer miles de tomas diferentes, pero era evidente que se pretendía lograr un efecto acumulativo. Para colmo, estas imágenes estaban excepcionalmente bien seleccionadas: se tendía a presentar las dimensiones reales de la tragedia… pero a distancia. Se evitaba que aparecieran cadáveres o mutilaciones (a pesar de que se produjeron) por que lo importante era excitar el deseo de venganza, pero no generar un amedrentamiento total de la población americana que inhibiera el deseo de venganza. Mientras el público estaba literalmente petrificado en torno a los televisores se lanzaron los primeros mensajes subliminales sobre los autores: unas imágenes de palestinos festejando el crimen (que luego resultaron ser falsas), unas reivindicaciones (no menos falsas) pero que remitían al mundo árabe y, finalmente, la declaración del vicepresidente que atribuía a Bin Laden la responsabilidad de la tragedia (cuando tres años después ese vínculo no ha podido ser establecido sino a través de un vídeo… no menos falso encontrado “casualmente” en una casa abandonada de Kandahar…). Las imágenes fueron hipnóticamente reproducidas decenas de veces (aún cuando hubiera sido posible realizar tomas desde otros ángulos y mostrar escenas de pánico en Maniatan Sur. El espectáculo, para ser tal, debía ser estudiado hasta en sus más mínimos detalles: no podía haber lugar a la improvisación, ni a imágenes que pudieran distorsionar o atenuar los efectos que inicialmente se preveía alcanzar.

El 11-S fue el primer atentado mediático. La conclusión es que para los terroristas modernos, lo importante no es cometer un crimen o generar un dolor, sino que ese dolor irradie transmitiéndose a cuantos más televisores mejor. El 11-S, el terrorismo dejó de ser una tragedia entre terroristas y víctimas, para pasar a ser un espectáculo mediático universal. Abandonamos, a partir de entonces, el terrorismo-político para penetrar en el terrorismo espectáculo que, por sí mismo genera destrucción, pero cuyo fin no es la destrucción y la muerte, sino introducir en el cerebro ideas, sensaciones, impresiones y terrores que duren toda una vida.

A decir verdad, todavía no se sabe, a ciencia cierta, absolutamente nada de lo que ocurrió el 11-S. Las pruebas que señalan la responsabilidad de Al Qaeda, están muy disminuidas y son cuestionables. De lo que no cabe la menor duda es de que ningún tribunal legalmente constituido aceptaría las pruebas que pesan hoy sobre Bin Laden para condenarlo por su presunta participación en los atentados del 11-S.

LOS VERDUGOS: DE LO CONCRETO A LO ABSTRACTO

Uno de los atentados más misteriosos de la historia anterior al 11-S, tuvo lugar el 21 de diciembre de 1975 en Viena cuando un grupo de terroristas asaltó la sede de la Organización de Países Productores de Petróleo en Viena, mientras se celebraba una reunión presidida por el jeque Llaman. Se sabe que el comando estaba compuesto por alemanes y latinoamericanos y su jefe era Illich Ramírez (a) “Carlos”. Hoy “Carlos” está preso en París y se sabe que fue formado en Moscú y vinculado a los servicios secretos cubanos en París. Sé por confidencia directa de una alta funcionaria latinoamericana de la UNESCO que, “Carlos” estuvo escondido durante un tiempo en el domicilio de un funcionario cubano de ese organismo en París. Años después, Illich Ramírez lanzó una granada de mano en el drugstore de Saint Germain, también en París. Recorrí aquel lugar intentando encontrar una explicación a ambos atentados. Pues bien, nadie hasta hoy ha entendido exactamente el significado de ambas acciones: ni se sabe qué llevó a “Carlos” a realizar la operación de Viena, ni que le impulsó a lanzar una granada de mano criminal en aquel drugstore. De hecho, se tiene la sensación de que “Carlos” era un agente del Este, ocasionalmente al servicio de algún otro país árabe, quizás un aventurero sin escrúpulos que se beneficiaba de importantes coberturas y de complicidades hasta ahora poco conocidos… bien, pero siguen sin estar claros los motivos de ambos episodios terroristas. No se cansen investigando: jamás los entenderán, acaso por que no hay explicación. No hay ideología ni estrategia que pudiera contribuir a justificar acciones como estas.

Se sabe que los atentados del 11-S llevaron, primero a la invasión de Afganistán y luego a la de Irak. Se sabe, así mismo que el asesinato del archiduque Francisco Fernando, el 28 de junio de 1914 en Sarajevo por el estudiante Gavrilo Prinzip, miembro de una sociedad secreta serbia –la “Mano Negra”, desencadenó la Primera Guerra Mundial. Pequeñas causas pueden producir grandes efectos. El terrorismo es una pequeña causa, pero, especialmente al transformarse en espectáculo, tiende a producir grandes efectos. De hecho, en nuestro libro “11-M: los perros del infierno” sosteníamos que el sentido de los atentados del 11-M era justamente el opuesto a los del 11-S: lo que se crea a raíz de estos, empieza a desmantelarse cuando el PSOE llega al poder en España, retira las tropas de Irak y se inicia el desmadejamiento de la coalición constituida tras el 11-S para invadir Afganistán y apoyar la política unilateralista norteamericana.

Todo esto está muy bien, pero ¿para quién trabajaba “Carlos”? Se intuye que para el Este… pero no está claro en qué dirección. Mientras se sabe todo sobre el terrorismo de ETA, incluidos sus contactos internacionales, mientras todos los aspectos que podían resultar misteriosos en la historia del IRA o de los Montoneros, o incluso del GRAPO, están más o menos resueltos… lo ignoramos absolutamente todo sobre los atentados del 11-M y del 11-S, no sabemos absolutamente nada fuera de duda sobre los atentados de Casablanca y, en general, sobre toda esa galaxia extraña que se ha dado en llamar “terrorismo internacional”. Repito: a pesar de todos los informes de inteligencia, ignoramos todo lo esencial sobre Al Qaeda y sobre sus reales o supuestos satélites. Y basta examinar superficialmente toda la literatura difundida en torno a estos grupos como para saber que es inconsistente y que no soportaría un examen profundo realizado por un tribunal regular.

Se sabe que “Argala” asesinó a Carrero Blanco y que, a su vez, fue asesinado por antiguos compañeros de armas del almirante. Se sabe que José Ternera dirigía ETA cuando cometió el atentado contra Hipercor. Se sabe que Bobby Sans fue miembro del IRA y falleció como resultado de una huelga de hambre en 1982. Se sabe que la dirección montonera en 1976 estaba compuesta por Mario Firmenich, Fernando Perdía, Carlos Obregón Cano y “el loco Galimba” (Eduardo Galimberti). Se sabe que el GRAPO era una emanación del PCE(r) cuyo secretario general era, y sigue siendo “el camarada Arenas”… no hay dudas de todo esto; los medios de seguridad del Estado han ido cosechando sobre todos estos grupos materiales concretos, ha obtenido declaraciones específicas, pruebas científicas exhaustivas, etc. No podemos hablar de misterio, sino de organizaciones clandestinas descubiertas y desarticuladas. Los criminales tienen nombre y rostro. No hay misterio posible. Los verdugos tienen un rostro concreto.

Pero esto era cosa de ayer. El terrorismo que ha aparecido en nuestros días, es de una matriz completamente diferente. No hay rostros: tan solo iconos. Bin Laden es un icono, paradigma de las fuerzas del mal. El restro de rostros pertenecen a cadáveres: Mohamed Atta y sus 18 compañeros el 11-S, los muertos en la explosión de Leganés que cerraron todas las pistas para la investigación sobre los atentados del 11-M, los suicidas de Casablanca (13 suicidas para causar 28 víctimas todas ellas irrelevantes…). Los rostros del terrorismo moderno son vagos, difusos, confusos y abstrusos. Carecen de rostro. Y lo que es peor, cuando se analiza lo poco que se sabe de ellos, no corresponden al perfil de ningún terrorista posible y mucho menos al del delincuente lombrosiano típico. Atta era un estudiante de urbanismo. “El Chino” –fallecido en Leganés- un pequeño delincuente común. “El Tunecino”, -así mismo fallecido en Leganés- un freakie religioso… pero que jamás había empuñado un arma ni hecho otra cosa que manifestar una intolerancia verbal irreprimible. De los muertos de Casablanca se sabe todavía menos salvo que eran chicos pobres del arrabal más pobre de la ciudad. Por no corresponder, el perfil de ninguno de estos corresponde al de un militante integrista. Atta habitualmente consumía alcohol. “El Chino” estaba casado con una madrileña con piercing, pantalones vaquero ajustados y tatuajes, algo que ningún islamista ortodoxo habría permitido para su esposa. En cuanto a “El Tunecino” era simplemente una caricatura de lunático religioso, acaso situada en el candelero del terrorismo por esa característica. Por lo demás, resulta curioso que todos estos suicidas no dejen –como hacen habitualmente los palestinos- una grabación explicando los motivos que les han llevado a quitarse la vida, a modo de último tributo rendido a su causa y con la esperanza de que la declaración tenga un efecto propagandístico y multiplicativo.

No, decididamente, los modernos terroristas que aparecen a partir del 11-S son radicalmente diferentes a los anteriores. De ellos no se sabe apenas nada y lo que se conoce no corresponde al perfil apropiado a su carácter: son terroristas, no delincuentes comunes, ni técnicos en urbanismo. Nadie pasa de vender haschish en los barrios musulmanes de Madrid a matar a 202 personas, sin fases intermedias. O nadie pasa de diseñar parques y jardines y lanzarse dentro de un Boeing contra el WTC sin que, antes o después, alguien advierta que está cerca de un monstruo enloquecido.

Si hay una característica que corresponde a los terroristas aparecidos a partir de la mañana del 11-S, esa es la ambigüedad. Sus rostros son imprecisos, sus perfiles carecen de solidez, no han dejado constancia de sus intenciones en ningún manifiesto, en ningún vídeo, en ninguna declaración: simplemente, han vivido como hombres grises y, bruscamente, han muerto como terroristas.

Si a algunos de los terroristas clásicos les cuadra el calificativo de “perfectos tarados” y a otros el de “criminales lombrosianos”, y la mayoría son jóvenes equivocados que se han ido deslizando por el camino de la exaltación creciente y del radicalismo hasta que en su loca evolución han terminado cometiendo crímenes horrendos… con los terroristas modernos post-11-S, este perfil de difumina y se vuelve vidrioso e impreciso. Está claro que los cuerpos de seguridad del Estado tienen, casi como obligación, sembrar la tranquilidad entre la población: se comete un atentado y se operan unas detenciones, “asunto resuelto”, los criminales están a buen recaudo y algunos han muerto en el curso de su loca aventura. Pero ¿qué ocurre cuando esta versión, examinada con más detenimiento, impide que un tribunal delibere y dictamine sobre las investigaciones? Hoy, a tres años de la comisión de los atentados del 11-S, los tres únicos procesos que se han desarrollado (dos en Alemania y uno en EEUU), han llevado a la absolución de los acusados.

Digámoslo ya: lo ignoramos todo sobre los nuevos terroristas, en la misma medida en que lo sabemos todo de los terroristas clásicos. De hecho, no hace falta conocer los nombres y apellidos de las últimas promociones de etarras, nos basta saber que tanto por nuestro bien como por el de ellos, han sido detenidos en buena medida antes de que estuvieran en condiciones de cometer ninguna exacción ni ningún crimen. Lo ignoramos todo sobre la personalidad de los nuevos terroristas, a pesar de que, en ocasiones, parezca que algunos responsables policiales o periodistas habitualmente bien informados, parezcan hablar con conocimiento de causa.

LOS DESENCADENANTES DEL TERRORISMO

Las enseñanzas de los últimos 40 años de terrorismo, esto es desde la aparición de los movimientos de liberación nacional tercermundistas en los años 60, hasta el día antes del 11-S de 2001 pueden resumirse así: el terrorismo convencional ha fracasado, no volverá tal como lo hemos conocido en ese período. Puede ser que no existan “condiciones objetivas”, que se haya quedado anticuado y no esté en condiciones de reponerse del acoso de la seguridad del Estado. También puede ser que sus integrantes no sean precisamente inteligencias lúcidas sino los “perfectos tarados” o los “delincuentes lombrosianos” a los que se ha aludido.

Las guerras balcánicas de los años 90 fueron los cantos del cisne de los terrorismos nacionalistas. ETA languidece en las prisiones y seguramente algún dirigente desaprensivo ya piensa en hacer las maletas para las playas venezolanas acompañado de algún que otro millón de euros para vencer la inevitable moriña. El IRA pactó finalmente. Los movimientos marxistas-revolucionarias europeos al estilo de las Brigadas Rojas, Primalinea y demás, desaparecieron en la oscuridad de las cárceles hace ya 20 años. Ciertamente es posible avivar, utilizando a cuatro descerebrados, el terrorismo nacionalista en cualquier rincón de Europa, pero se tratará siempre de algo superficial, falso, sin gran arraigo (caso de Terra Lliure en Catalunya o del Exercito Gallego do Povo Ceibe). Un simple soplido bastará para desmantelar iniciativas de este estilo (tal como ocurrió con Terra Lliure en 1992).

En los países desarrollados ya nadie está dispuesto a morir ni a matar por causas políticas, es decir, por causas, más o menos, racionales. El nacionalismo tiene una componente irracional que lo hace más vulnerable a las tentaciones irracionales, pero los sistemas de seguridad del Estado son, precisamente en Europa de tal calibre que resulta difícil pensar que en algún país pudiera avivarse un núcleo terrorista al estilo de ETA o del IRA, sin que inmediatamente fuera localizado y desmantelado en la fase de proyecto.

Los marxistas-revolucionarios que aún creen en la insurrección armada de masas y en la guerra popular pueden contarse en Europa con los dedos de la oreja. Los anarquistas tienen estructura suficiente para ir a una gasolinera y, a escote, pagar un par de cócteles molotov o bien para comprar un petardo y lanzarlo contra un cajero automático. Para poco más. Otro tanto vale para los okupas. Mientras haya eventos antiglobalizadores en los que puedan infiltrarse y realizar demostraciones violentas seguirán manifestándose, pero a título póstumo. Julio Caro Baroja, con su entrañable prosa y su sabiduría septuagenaria, escribió que ya antes del desencadenamiento de la guerra civil, los anarquistas estaban periclitados. Menciona una tertulia desarrollada en el Ateneo de Madrid en la que todos los anarquistas radicales habían cumplido los ochenta, pero eran tan entrañables como inofensivos. Desde entonces el anarquismo no ha mejorado, ni hoy tiene capacidad para mejorar. En sus grupos sigue recomendándose la lectura de Kropotkin al que le cuadraría más la aureola del santo elevado a los altares. Bakunin llama la atención por su ingenuidad y los escritos neoanarquistas de mayo del 68 hasta nuestros días evidencian un irritante infantilismo y un verbalismo hiper-revolucionario que ya tiene hueco en una sociedad occidental a principios del siglo XXI.

Si el nacionalismo puede dar alguna sorpresa momentánea, el anarquismo y el marxismo-revolucionario están ya en la cloaca de la historia. No han sido capaces de renovar sus estructuras organizativas, ni su armamento, no han sido capaces de ganar al Estado la carrera por el dominio de las nuevas tecnologías y, finalmente, han terminado desapareciendo.

El lugar que han dejado ha sido ocupado, a partir del 11-S por un enigma: el “terrorismo internacional”, que, liberalmente, debería ser una estructura capaz de cometer actos de terror en cualquier lugar del mundo respondiendo a un solo centro directivo. Su icono Bin Laden, su nombre Al Qaeda. Ahora veremos que todo esto es altamente improbable. Ahora bien, si es rigurosamente cierto que el tránsito del siglo XX al siglo XXI ha supuesto también un cambio de milenio y con él han llegado ideologías y doctrinas milenaristas y escatológicas de contenido religioso, místico o simplemente supersticioso que anidan en los estratos más irracionales de la naturaleza humana. Nuevamente el irracionalismo…

Un análisis racional y razonable sobre las condiciones objetivas que imposibilitan el que un movimiento terrorista pueda alcanzar sus objetivos; un análisis sobre lo inhumano de pretender alcanzar unos objetivos políticos mediante el asesinato de seres humanos; una proyección lúcida de lo que supone la vida de un terrorista (con una mínima posibilidad de éxito y la certidumbre casi completa de que, al final del camino, le espera la cárcel o la muerte)… todo esto, son argumentos más que suficientes para que alguien que no sienta muy en el interior de sí mismo, la llama de lo irracional, deseche el terrorismo como recurso estratégico. Pero, el fundamentalismo religioso aprovecha el sustrato irracional. De ahí que hoy el único terrorismo posible que adquiera cierto nivel de peligrosidad, pueda proceder solamente de este sector.

Ahora bien… existen los fundamentalistas religiosos y aquellos que utilizan el fundamentalismo religioso para idear operaciones terroristas que supongan vuelcos en la situación internacional. En este sentido, nunca –y oiganlo bien- nunca se podrá estar seguro de que el ideador de los atentados y su mandatario sean fanáticos religiosos, sino que muy bien pudiera ocurrir –y estamos persuadidos de que la precisión de los atentados del 11-M y del 11-S es tal que no pudieron ser planificados por gentes fundamentalmente irracionales, sino por expertos que derrochaban rigor, método analítico y racionalidad en sus diseños criminales- que cerebros fríos y lúcidos, manipulen a cerebros carcomidos por el odio y el fanatismo religioso. No es por casualidad que subtitulamos nuestro libro “11-M: los perros del infierno” añadiendo que “En el terrorismo internacional nada es lo que parece”.

Esa, finalmente, es la enseñanza que se deriva de las primeras convulsiones del terrorismo emergente en estos primeros albores del siglo XXI.



© Ernesto Milá – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es

COMISION DEL 11-M: “NASSÍA PA’ MORI”

COMISION DEL 11-M: “NASSÍA PA’ MORI” Redacción.- La Comisión del 11-M nació de un enfrentamiento entre partidos. Desde los primeros momentos este enfrentamiento se solapó a cualquier otro. A partir de ahí a nadie se le escapa que la Comisión corra el riesgo de decepcionar a todos. Finalmente, el día en que se aprueba la declaración de Aznar ante la comisión –necesaria- el PSOE niega la de otros comparecientes. Una burla y una irrisión, en definitiva. Un insulto a las víctimas y al dolor de un pueblo.

EL BLOQUEO DE LA COMISIÓN Y LAS ALTERNATIVAS

La comisión debió de investigar ¿Por qué ocurrió el crimen? ¿hubo o no hubo imprevisión? y ¿qué puede hacerse en el futuro?... estos eran los fines oficiales, que, en principio ya decepcionaron al pueblo español que, además, quería saber, exactamente quién fue el autor intelectual de la masacre. Por que en este tema del 11-M, los conpiranoicos tienen donde hincar el diente. Pues bien: cuando al comisión lleva ya tres meses desde su creación ni sabemos por qué ocurrió el crimen, ni quién fue su inspirador. Y lo que es peor: a estas alturas, tal como preveíamos en nuestro libro “11-M: Los perros del infierno”, esta comisión no habrá servido para nada.

Habrá que recurrir entonces a tres medidas:

la iniciativa y a la movilización popular

la creación de una comisión ciudadana de investigación y

las investigaciones periodísticas.

Y resulta bochornoso que en una democracia moderna y europea, haya que recurrir a todo esto, simplemente por que la clase política eunucoide del PSOE y sus aliados (ERC-IU) se niegan a ir más allá.

AZNAR ANTE LA COMISION

Aznar no va a estar en condiciones de decir gran cosa sobre este tema. Sabemos el papelillo que van a representar Llamazares y los partidos pequeños: intentar demostrar que el atentado fue un resultado de la política exterior española. Y eso está todavía por ver. El análisis de la izquierda parte de un hecho todavía no suficientemente contrastado, a saber, que se trató de un atentado cuyos ideadotes fueron islamistas. Podemos dudarlo. Que es posible que en la quiniela de culpables aparezca algún cabeza de turco, chivo expiatorio o chivo emisario islámico, es posible, pero que su papel dista mucho de ser el central, es igualmente lógico.

Ningún chorizo y narcotraficante marroquí (como los muertos en Leganés y la mayor parte de los detenidos) se convierten –tal como recordamos en “11-M: Los perros del infierno”- en peligrosos terroristas, de un día para otro.

Ningún chorizo y narcotraficante marroquí es capaz de idear un atentado con tanta precisión política (un día después y no hubiera podido tener efecto electoral, un día antes y seguramente el PP habría reaccionado).

Ningún mitómano y “enterao” como “El Egipcio” detenido en Roma pueden mantener en secreto sus planes desde hacía ¡tres años y medio! , para luego resultar que se jactan de haber cometido el atentado ¡por teléfono móvil!

Así pues, la Comisión parte de un presupuesto dudoso y hasta ahora no demostrado: que se trató de un atentado islámico y, como tal, se debería a la la política aznarista proamericana… bonito, pero incierto.

Aznar, como antes Acebes, serán asaeteados por diputados mediocres y saldrá, como salió Acebes, airoso de las justas… No es precisamente talla ni preparación lo que se sienta en los bancos de la Comisión, desde Llamazares al “aragonesista” y desde los socialistas a los independentistas catalanes o vascos.

Va a ser la primera vez que un presidente de gobierno se siente ante una comisión. La argumentación de los antiaznaristas va a consistir en concatenar estos razonamientos:

el giro en política exterior de Aznar convertía a España en un país con riesgo de ser objeto de terrorismo islámico: pero no es evidente. Ha habido atentados en Balí y Casablanca, sin que tuvieran nada que ver con la opción en política internacional de sus gobiernos. Y países como Inglaterra mucho más comprometidos que España en los que no ha habido ningún atentado. O países, más bien, pro-Saddam, como Francia, en los que se han producido atentados islámicos… así pues, digamos claramente que el atentado puede ser INTERPRETADO como protesta contra la política española, pero no existen evidencias que lo confirmen. Al menos, por el momento.

Este giro en política exterior no hizo que se dotaran a las fuerzas de seguridad del Estado de fondos y orientaciones como para prevenir el terrorismo islamico… por tanto, hubo imprevisión. Pero eso significa olvidar que en el anti-terrorismo siempre existe imprevisión. Podemos confirmar que, efectivamente, en los años antes al 2004, no hubo dotación presupuestaria suficiente como para tener controlado el radicalismo islámico –siempre y cuando se admita que toda la responsabilidad del atentado recae sobre el radicalismo islámico… algo que dista mucho de estar demostrado y que es, presumiblemente, falso-, pero también podemos confirmar que en Irak estalla un promedio de dos coches bombas al día ante la impotencia de 200.000 soldados de ocupación y de la policía irakí.

DONDE EL PSOE SE ARRUGA

Buena parte de los dirigentes socialistas eran contrarios a la presencia de Aznar en la comisión. Si la comisión logra cornearlo, eso supondrá el fin de Aznar y del aznarismo. Si, por el contrario, sale airoso, lo que habrá quedado tocado y hundido es la credibilidad socialista. Y, lo lamentamos, pero, hasta ahora sabemos los cadáveres que Aznar guardaba en el armario (el giro proamericano que no está demostrado tuviera que ver con el atantado en sí), ahora falta conocer los cadáveres socialistas. Y lo cierto e que algún avispado miembro de la ejecutiva socialista podría haber organizado un morgue. Por que cadáveres, precisamente, no faltan.

Era preciso que los confidentes no declararan para que así se evitara conocer las privilegiadas relaciones de algunas unidades de la seguridad del Estado, casualmente, dirigidas por funcionarios próximos al socialismo, con los que afirman haber tenido conocimiento de la venta de la metralleta Sterling y de los 250 kg de dinamita. Era preciso que se hablara poco nada sobre la masacre de Leganés.

Era preciso que la opinión pública no supiera de qué manera llegaron desde primerísimas horas del 11-M a la SER las noticias sobre presuntos “suicidas” islámicos entre las víctimas. Era preciso, así mismo, que la opinión pública ignorara quien movilizó con SMS en la tarde del 13-M… Era preciso que el actual presidente del gobierno, ZP explicara por qué llamó a directores de diarios explicando que le constaba que en los trenes había suicidas… Todo esto era preciso, pero la comisión, dirigida por los socialistas, jamás lo aclarará. Que no les quepa la menor duda que se sabrá, pero no, desde luego, por la comisión.

La comisión de investigación debía haberse comprometido a algo más importante: abordar la investigación desde un prisma nuevo y original… por ejemplo, utilizando el criterio seguido por la investigación criminal de todos los tiempos, planteándose ¿A QUIEN BENEFICIA EL CRIMEN?, en lugar del manido y mendaz ¿QUIÉN REIVINDICA EL CRIMEN? Las casas se suelen construir desde los cimientos, las investigaciones también. La investigación del 11-M es la reedición del cuento de Pulgarcito en el que unos policías siguen unas pistas providenciales que les llevan a la detención de unos chorizos.

La comisión parlamentaria debería de haber seguido el camino inverso a las piedrecitas de Pulgarcito, remontándose al origen de las fuentes. Pistas para hacerlo no faltan: detonantes y explosivo dentro de una furgoneta que no se encuentran en Alcalá, pero horas después en Canillas; hallazgos de pruebas sorprendentes e improbables en el registro del locutorio de Lavapies; providencial desaparición de 6 terroristas en Leganés sin que nadie explique por qué se produjo el asalto en las condiciones anómalas en que se produjo; explicación sobre lo que la policía halló en Morata de Tajuña y como es posible que allí mismo una semana antes de la explosión de Leganés, todos los presentes hubieran estado en una fiesta con sus mujeres e hijos, como si nada hubiera pasado, etc., etc., etc. Pero la comisión no va a aclarar nada de todo eso… ni, por supuesto, a quien beneficia el crimen: lo sabemos todos. Beneficia a quienes obtuvieron el poder, beneficia a los contrarios de la presencia española en Irak, beneficia a quienes consideran que el debilitamiento de España es esencial para el realce de su posición internacional. A quien no beneficia, en absoluto, es al fundamentalismo islámico.

Las comisiones son creadas para esclarecer hechos. Esta ha sido creada con una única finalidad: conducir a vías muertas, acabar las comparecencias lo antes posible y tratar de erosionar la imagen del adversario político. Pero las peleas partidistas son verdaderas ofensas a las víctimas y al dolor de todo nuestro pueblo.

Recordemos, una vez más, que sobre el 11-M no se sabe absolutamente nada seguro. Nada. Y que nada se sabrá a partir de esta comisión que sus señorías entierren cuanto antes.

© Ernesto Milà – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es - 16.09.04