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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

El debate de nuestro tiempo

Info-krisis.- La historia es fluida y las canas demuestran que los años no pasan en balde. Especialmente a la izquierda que desde hace veinte años ha perdido el norte. La primera etapa de ese extravío la dio la socialdemocracia alemana cuando aceptó coexistir con el capitalismo. Fue en los años 50 en el Congreso de Bad Godesberg. Aquellas aguas trajeron otros muchos locos. En realidad, desde principios del siglo XX un sector del socialismo, influenciado por el gran capital, generó la rama “Fabiana”. El nombrecito venía a cuento de Quintus Fabius Máximos, alias “Cuntactor” que hizo creer durante más de un año a Aníbal que al final pactaría con los romanos, tiempo que estos aprovecharon para armarse y derrotarlo. La idea de los socialistas fabianos era coexistir con el capitalismo para derrotarlo. En realidad, el capitalismo se los tragó.

Llegaron los últimos años 80 y con ellos cayó el Muro de Berlín, se instaló el “pensamiento único” y Francis Fukuyama decretó el “fin de la historia”: los pueblos felices no tienen historia, por tanto al ser derrotado el comunismo e implantarse la democracia planetaria, a partir de ese momento, la historia desaparecería. No fue así, de hecho, la historia se aceleró, apareció la globalización y la izquierda ya no entendió nada.

En los años 90, la protesta contra la globalización la lideró la izquierda radical. Pero les faltaba base: en realidad, ellos habían sido “internacionalistas” y, por tanto no veían con malos ojos que las fronteras saltaran. Si primero, los antisistema se llamaron “antiglobalizadores” (ATTAC, especialmente) luego optaron por definirse como “altermundialistas”. Ignacio Ramonet lo expresó en sus editoriales en Le Monde Diplomatique: “Queremos otra globalización”. Y esa otra globalización imposible los pulverizó.

Porque si el modelo originario de globalización era, como podía preverse y como algunos denunciamos hace más de veinte años, inviable, el añadir una pizca de “políticas sociales” orientadas solamente hacia el tercer mundo era suida. De esa “otra globalización” surgió el “papeles para todos”.

Y llegamos a 2011 con la crisis más grande que jamás hayan vivido período alguno de la humanidad. Nuestros “altermundialistas” no entienden que está pasando y nuestros socialdemócratas lo entienden aún menos: los primeros se preguntan por qué cada vez que se abolen fronteras las cosas van a peor, si un mundo feliz sería un mundo sin fronteras. Y en cuanto a los socialistas, su preocupación estriba en que aceptaron el capitalismo en los 50 para imprimirle políticas sociales pero, una vez en el poder y una vez desatada la crisis, la única política que han sido capaces de aplicar ha sido la de salvar a la banca. Eso les ha arrojado al basurero electoral.

La globalización es hoy más imposible que nunca y nunca fue deseable salvo para un solo y único beneficiario, el gran capital financiero internacional que podía migrar de un país a otro, apretando simplemente el Enter del ordenador, en busca de mejores beneficios. Eso era evidente desde el principio que daría inestabilidad al sistema mundial. Pero los grandes cerebros de la economía nos dijeron que era la mejor opción… Luego todos los países firmaron el Acuerdo sobre Aranceles… esto es, el acuerdo para liquidar progresivamente aranceles. Más tarde, dado que producir en Marruecos era más barato que hacerlo en España, las industrias textiles migraron a Marruecos cuyo salario base eran 300 dólares/mes. Total, los productos llegaban a Europa más baratos ya que no había que pagar aranceles…

El problema fue que en China el salario de un obrero es de 150 dólares/mes, así que las industrias tomaron el camino de oriente y este país se convirtió en la gran factoría mundial. Pero, claro, ahora se da una nueva circunstancia: en Vietnam el salario medio es de 75 euros/mes lo que está induciendo a muchas industrias a trasladarse a ese país, generando en China un paro creciente y un descontento social que, antes o después, estallará. Y todavía queda, de aquí a un par de décadas, el que estas industrias re-deslocalizadas se instalen en el África Negra en donde los negritos cobran 35 euros/mes y el que maneja el látigo apenas el doble… Y luego la clase política europea, compuesta por giliflautas y pobres aprovechados, ignorantes sin sentido común, todavía habla de “recuperar competitividad”… ¿con quién? ¿con China? ¿con Vietnam? ¿con Marruecos? ¿deben los salarios europeos alcanzar estos niveles de pauperización para ser “competitivo”? Pues en la lógica de la globalización, sí.

Partidos de derechas y de izquierdas, medios de comunicación, grupos de opinión, todos ellos han aceptado sin rechistar bien “otra globalización” o bien la globalización en sí. Y ahora permanecen perdidos en el marasmo de la economía mundial. La derecha ensoberbecida cree que podrá salvar los muebles reduciendo prestaciones sociales y que al bajar impuestos se dinamizará la economía… ¿qué economía? No, desde luego, la productiva que no deja de disminuir (en 2010, España contrajo un 5% su capacidad industrial). En la izquierda ya no hay esperanza.

Y es entonces cuando algunas mentes relativamente lúcidas de la izquierda (ver Frédéric Lordon, Le Monde Diplomatique, septiembre, págs.. 1-6 y 7) empiezan a plantearse si no será mejor restablecer aranceles, reconstruir el poder de los Estados Nacionales, recrear fronteras y, solo les queda, en el colmo de la renuncia ideológica, defender identidades. Pues claro que ese es el camino, gilipollas, eso algunos lo sabíamos desde hace 20 años y lo habíamos escrito. Es muy presuntuoso citarse, por eso prefiero citar a Laureano Luna y a su libro “La alternativa a la mundialización” (que todavía puede pedirse a Ediciones Barbarroja), un libro que la progresía debió leer hace 20 años para culturizarse y evitar que desde el punto de vista doctrinal, para ella, fueran 20 años de ridículo y vergüenza.

En el momento actual, el gran debate de nuestro tiempo no es “globalización SI – globalización NO” (la crisis la ha enterrado completamente), sino “Globalización o Nación”. Poco importa que en España esta izquierda inane y esquelética, tanto la del PSOE como la del 15-M no haya advertido cuáles son los términos del debate y siga con sus “papeles para todos” y sus tópicos altermundialistas (ese debate ya ha sido abordado por otras izquierdas europeas)… lo que importa es que frente a la globalización está la Nación y las federaciones de Estados Nacionales para generar bloques económicos homogéneos capaces de subsistir ante los retos del siglo XXI que, no lo olvidemos, será el siglo de las identidades nacionales elevadas sobre el detritus mundialista, altermundialista y globalizador.

© Ernesto Milà – Infokrisis – http://www.info-krisis.blogspot.comhttp://infokrisis.blogia.comInfokrisis@yahoo.es -  Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

“Si me matan, vengadme…”

El sábado pasado participé en una entrañable comida con otros tres viejos camaradas que hacía mucho tiempo que no veía; en un caso con un querido camarada que hacía 32 años que no nos saludábamos. Milagro de las identidades ideológicas el percibir que pasadas las décadas seguimos compartiendo las mismas posiciones. Nosotros somos, de los que no traicionan. Nosotros somos aquellos que tienen tan asumidos sus comportamientos que no serían capaces de asumir otra identidad ideológica. El motivo del encuentro era realizar un documental sobre Juan Ignacio asesinado por quien algunos imaginamos desde hace 30 años.

Juan Ignacio era el mejor de todos nosotros. Por eso lo apreciábamos y por eso aceptábamos su liderazgo. Era entre todos nosotros el “primus inter pares”, aquel en quien confiábamos y aquel por el que estábamos dispuestos a luchar y a seguir sus órdenes. Fue asesinado en un no-tan-oscuro-episodio en noviembre de 1980. Su crimen sigue impune treinta años después. Ni se sabe quién lo asesinó, ni se sabe quién firmó la orden para que lo asesinaran. Yo no lo he olvidado: quiero saber, antes que cualquier otra cosa, quién lo asesinó y quiero que lo pague a pulso.

Os contaré una historia. En 1919, Benito Mussolini era todavía un agitador socialista. Hacía tiempo que había sido expulsado del PSI y quería que la nación italiana y su proletariado industrial recuperaran su dignidad. Les habló antes de la reunión de la Piazza del Santo Sepolcro en la que se fundó el Fascio milanés y les dijo: “Si avanzo, seguidme; si retroceso, matadme; si me matan, vengadme”. Y esto es lo que hoy quiero aplicar a mi relación (a nuestra relación) con Juan Ignacio.

A Juan Ignacio lo seguimos mientras vivió. No hubo ocasión de verlo retroceder porque Juan Ignacio destilaba confianza y valor. Nunca dio un paso atrás y nunca los que estuvimos bajo sus órdenes lo dimos tampoco. Pero a Juan Ignacio lo mataron y lo que queda, lo que nos queda a todos los camaradas que lo conocimos, es vengarlo. Vengarlo, ¿lo oís? vengarlo. Estoy seguro que él nos lo agradecería desde el más allá en caso de existir. ¿O es que creéis que él no hubiera vengado a  cualquiera de nosotros en caso de haber sido asesinado?

Nada sale impune en esta vida, tanto el bien como el mal, todo, absolutamente todo, se paga. Y quienes asesinaron a Juan Ignacio, el hijodeputa que dio la orden de ejecución, atrincherado en las alcantarillas del Estado, no se irá –no quiero que se vaya– de rositas: debe de pagar sus crímenes (que no es sólo el de Juan Ignacio, sino todos los crímenes que se cometieron en la transición) y los pagará a pulso.

Los antiguos militantes del Frente de la juventud nos estamos moviendo. Hay algo que algunos no entienden: ¿cómo los vínculos de solidaridad y de amistad entre quienes compartimos la misma militancia son tan sólidos hoy como lo eran hace 35 años? Respuesta: porque hace 35 años tuvimos un líder y a ese líder lo mataron los funcionarios de las alcantarillas del Estado. Hace falta solamente poner algunos nombres y apellidos, pero no os quepa la menor duda que fue de ese pozo de inmundicias de donde partió la orden de asesinar al mejor de todos nosotros.

Y ahora han pasado 30 años. Nosotros somos de los que ni olvidamos ni perdonamos. Nosotros somos de los que decimos con Evola. Lo lamento por Blas y por los católicos con los que compartí militancia hace más de 30 años. Sigo sin ser católico y como no-católico (y, aun reconociendo que el catolicismo forma parte de la historia de España y de la tradición española) recuerdo este párrafo incomparable de Evola en el que resume nuestra ética:

"Tomando por ideal el héroe antes que el santo, el vencedor antes que el mártir, colocando la suma de todos los valores en la fidelidad y en el honor antes que en la caridad y la humildad, considerando la dejadez y la vergüenza como un mal peor que el pecado, no respetando en absoluto la regla que pide que se devuelva bien por mal y que no se oponga resistencia al mal, aprestándose, antes bien, en castigar al injusto y al malvado, expulsando de las propias filas a aquel que mantuviera literalmente el precepto cristiano de "no matarás", teniendo por principio no amar al enemigo sino después de haberlo vencido, así la caballería afirma, casi sin alteración, una ética nórdico-aria en el seno de un mundo que no era más que nominalmente cristiano".

La venganza es un plato que se degusta frío pero que es una obligación degustarlo. No quiero que mis antiguos camaradas de Frente de la Juventud se  vuelvan a reunir para honrar al mejor de todos nosotros, a Juan Ignacio, quiero que se reúnan para vengarlo, ¿lo oís? Para vengarlo. Nosotros no formamos parte del mariconeo general, ni del oportunismo rampante que nos invade: ¿Los partidos políticos? ¿Las alcantarillas? ¿El poder político? ¿El económico? Sí, todo eso está muy bien: ¿pero decidnos quien asesinó a Juan Ignacio y por qué? Porque lo que hoy, todos los antiguos militantes del Frente de la Juventud lo que queremos es venganza. ¿Lo oís bien? No somos de los que perdonamos y de los que olvidamos, somos de los que creemos que todo crimen merece su castigo, todo atentado contra el honor su expiación, cualquier vulneración de la ética su castigo. Y queremos, treinta años después del asesinato de nuestro amigo y camarada: queremos que quien firmó la orden de ejecución, lo pague. Y lo pague conforme a la gravedad de su crimen. Queremos venganza. Cualquier otra cosa no sería suficiente. ¿O es que hay algún antiguo militante real del Frente de la Juventud (militantes de pastel que dicen que estuvieron allí y que jamás los vimos hay todos los que queráis) que hoy se siendo distanciado de este clamor unánime?

Va siendo hora de revisar la transición española que dista mucho de ser aquel período idílico en nuestra historia en el que los españoles decidimos entregar nuestro futuro a un centro-derecha y a un centro-izquierda que nos han arrojado a las heces de la corrupción, de la inmigración masiva y de la crisis económica. La transición fue muy diferente a cómo nos la contaron. De hecho, no se parece en nada a la “versión oficial”.

No es sólo porque asesinaran a nuestro amigo y camarada, sino porque mintieron a toda la nación: nos hicieron creer que todo el pueblo español asumía un compromiso centrista, cuando en realidad fue la violencia artificialmente construida en la extrema-derecha y en la extrema-izquierda la que indujo al grueso de la población a refugiarse bajo el paraguas protector del Estado.

Entre 1976 y 1982 murieron 200 ciudadanos víctimas de atentados terroristas. La mayoría de ellos siguen impunes. Nosotros queremos recuperar esa “memoria histórica”. Queremos saber porque murieron 200 de nuestros vecinos y, entre ellos, Juan Ignacio. Intuimos el por qué, intuimos de dónde partió la “orden de ejecución”, tan solo queremos que este crimen y otros similares durante la transición no queden impunes. Queremos –os lo he dicho– queremos venganza. Y la justicia es venganza cuando se ha hurtado al pueblo y el pueblo la exige. Nosotros, hoy, antiguos militantes del Frente de la Juventud queremos saber el nombre de la escoria surgida de las alcantarillas que ejecutó –porque de una ejecución se trató- a Juan Ignacio. Se equivocaron matándolo: nosotros, camaradas, nosotros somos de los que no olvidamos. Recordarlo y no lo olvidéis jamás: “Si me matan, vengadme”. Y al que se trata de vengar es a Juan Ignacio, no queremos reuniones de excombatientes, ni nostalgias de cuando éramos jóvenes y teníamos un ideal para vivir y una causa para morir, queremos la verdad y queremos que quien lo asesinó pague.

© Ernesto Milà – Infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Indignados - inmigración

                     Setephan Hessel

Infokrisis.- Más allá del zapaterismo, los “indignados”. Desde el 15 de mayo el “movimiento de los indignados” está en el candelero de la actualidad. Se trata de un movimiento heterogéneo a pesar de lo cual resulta fácil extraer algunos rasgos comunes (antipartidos tradicionales, orientación virada a la izquierda, humanismo y universalismo radicales, utopismo), pero si hubiera que encontrar uno de ellos que se repitiera en todas sus componentes y en todas sus provincias, ese sería el que ha rescatado y actualizado el viejo “papeles para todos”. Para el “movimiento de los indignados”, el problema migratorio se reduce a que el gobierno de turno coloca trabas a los inmigrantes para que entren los que quieran, cuando quieran y en el número que quieran; vanamente buscaríamos más matices, ni más profundidad intelectual: a esto se reduce el programa del 15-M en relación a la inmigración. Y si esta es la actitud de los “indignados” ante el problema de la inmigración habrá que convenir que, como mínimo, el movimiento presentado como “innovador”, ha incorporado tópicos demasiado viejos que, de entrada, lo descalifican.

Si en el tema de la inmigración lo normal sería ejercitar un sentido común que nos dice que un país como España con una tasa de paro en el mejor de los casos del 8,2%, no puede admitir toda la inmigración que desea entrar o que los aforos de los países son como los de los cines, que llega un momento en que están completos, si el sentido común de los “indignados” no les dice que siete millones de inmigrantes son incompatibles con cinco millones de parados y que nuestro país no puede ser en tiempo de crisis el refugio de los menesterosos de todo el mundo, es que los “indignados” se mueven con una lógica que solamente va algo más allá que la del zapaterismo. Lo más lamentable del movimiento de los indignados es que sigue en la estela del zapaterismo –en la de la izquierda dogmática humanista y universalista- y algunas de sus componentes pertenecen a una extrema-izquierda o a sectores antisistema que a lo largo de tres décadas ya han demostrado la limitación de sus análisis, el dogmatismo simplón de sus tomas de posición y una práctica que oscila entre el mesianismo y la violencia.

Así pues vamos a realizar una breve excursión en torno al movimiento que va más allá del zapaterismo y especialmente de su posición en relación a la inmigración

1. Un movimiento de “nueva izquierda”

El movimiento del 15-M es apartidista, pero casi en su totalidad respira el inequívoco aroma de la izquierda radical de los 80-90. No estamos hablando de partidos, es evidente para todos que el movimiento del 15-M es antisocialista y que no es en absoluto comunista. En ciertos sentidos remite al socialismo utópico, también al anarquismo asambleario y hay suficientes elementos que denotan un “humanismo universalista” que va más allá del que ha aplicado el zapaterismo desde que entró en escena.

La izquierda europea está en crisis. Esa crisis deriva de que la socialdemocracia con la configuración que adoptó el SPD alemán después del congreso de Bad Godesberg, en el que “aceptaban” el capitalismo y renunciaban al marxismo, haciéndose, por tanto, co-gestores de ese mismo capitalismo, está agotada. Todo fue bien durante los “treinta años gloriosos” (de 1945 a 1975, en realidad hasta 1973) el crecimiento económico en Europa permitía el optimismo: se podía ser socialdemócratas y diferenciarse de la derecha en la promesa y en la aplicación de medidas sociales. Pero a partir de 1973, la crisis del petróleo empezó a poner palos en los engranajes y, posteriormente, al final de la década, el ascenso del neo conservadurismo (con Tatcher y Reagan y la revalorización de las doctrinas de la escuela austríaca de economía) empezaron a acortar el margen de maniobra del centro-derecha. Finalmente, al estallar la Gran Crisis, se demostró que la socialdemocracia carecía de soluciones propias y que no podía hacer otra cosa que “salvar al capital financiero”. Por eso mismo dejaba de tener personalidad propia y tendía a aplicar exactamente la misma política que el centro-derecha, esto es, la que peor convenía a las clases trabajadoras.

Hoy, por todo eso, por falta de referencias doctrinales, por selección a la inversa de la calidad de sus gentes (el socialismo francés solamente pudo oponer a Sarkozy y a Marina Le Pen a un “millonario, socialista y judío” para colmo presidente del FMI, mientras que el socialismo español, tras Rubalcaba solo tiene una cohorte de perfectas mentes demasiado limitadas para tanta ambición, a lo Chacón, a lo Pajín, y poco más), por mansedumbre ante el capital, por comer de la mano de la alta finanza, y por haber abandona a su electorado natural, la socialdemocracia está semi desaparecida, ya no es preeminente respecta a su momento histórico y es incapaz de reconstruir un discurso político al estar excesivamente vinculada a la defensa del capital. Dicho de otra manera y en síntesis, la socialdemocracia ha fallecido, que la lloren los que hasta ahora han sido sus beneficiarios. La componente de centro izquierda del “partido único realmente constituido” (la otra componente es el centro-derecha y ambos comparten la idea de la “única política posible”, siendo, a la postre la cara y la cruz de la misma moneda) está a punto de colapsar y probablemente lo haga tras las elecciones generales de noviembre.

Hoy es evidente que el PSOE está excesivamente vinculado al régimen de la corrupción y la crisis económica, de la democracia formal pero no real, de la defensa del capital frente a la defensa del trabajo y de la economía especulativa frente a la economía productiva. Por eso las masas le están volviendo cada vez más la espalda. Y, en cuanto al PCE y a su prolongación, IU, la caída del marxismo primero y de la URSS después, entrañó su desaparición como fuerza política real, su asunción frívola del ecologismo demostró su desinterés por las cuestiones doctrinales y la imposibilidad de reconstruir un discurso desde la izquierda radical ortodoxa y marxista. La vieja izquierda, la izquierda de papá, del culto a la “resistencia” en Europa y del recuerdo obsesivo de la “memoria histórica” en España, han muerto.

Y es entonces cuando aparece una “nueva izquierda” polarizada en torno al movimiento aún inconcreto y nebuloso del 15-M. Nuestra tesis es que, si ese movimiento lograse por azar desembarazarse de las adherencias más desagradables que han acampado en Sol o en Plaza Cataluña, si con los fragmentos de los distintos grupos que lo componen fueran capaces de articular un discurso coherente capaz de interesar a los “verdaderamente indignados”, de ahí nacería una “nueva izquierda” mucho mejor adaptada al siglo XXI que la “vieja”. Este movimiento del 15-M podría terminar siendo algo parecido al Nuevo Partido Anticapitalista de Francia, o a Die Linke en Alemania, espacios que aquí la blandenguería y la mediocridad de Rosa Díez no pueden cubrir. De ahí que el estudio sobre la posición del 15-M en materia de inmigración nos pueda indicar si existe una reflexión profunda y metódica sobre el fenómeno o si bien se permanece en el terreno del panfletismo y del dogmatismo.

2. “Nueva” y “Vieja” izquierda

La “nueva izquierda” no parece querer nada con la “vieja izquierda”. Los primeros ven a los segundos como una especie de vector antediluviano y oportunista, con el que se no se sienten identificados. La “nueva izquierda” del 68 estaba formada por maoístas, trotskistas, anarquistas y situacionistas; todos ellos bebían más o menos de la izquierda tradicional y habían aparecido en un tiempo en el que los sindicatos todavía tenían prestigio, combatividad y capacidad de movilización. Esta “nueva-vieja izquierda” no existe ni siquiera a título residual. 

Izquierda Unida es precisamente un resto en putrefacción al que se le agota el tiempo: permanecer con la dimensión actual constituye para IU un suicidio, y resulta evidente que si no crece ahora, en tiempos de crisis, presumiblemente no lo hará jamás y su única posibilidad de tener algún protagonismo consistiría en ser un partido bisagra… pero para desgracia de IU las bisagras deben situarse entre dos fuerzas y no a la izquierda de una de ellas. El drama que pesa sobre IU es que sus dos opciones tienen mala salida: o bien se alía con el PSOE en nombre de la “unión de la izquierda” (lo que hace que sus llamamientos a la honestidad caigan en el vacío), o bien llama al “desalojo de los corruptos” (haciendo causa común con el PP y traicionando a sus orígenes de izquierdas). A IU, las simetrías parlamentarias queridas por los hacedores de la constitución de 1978 no le han dado otra posibilidad. La crisis de IU en Extremadura que se desarrolló tras conocerse los resultados de las elecciones autonómicas de mayo, demuestra que mientras el crecimiento de este partido sea mínimo (y no hay esperanzas de un crecimiento ni asindótico, ni sostenido) se verá sometido a tensiones internas lacerantes que diluirán sus triunfos. Por lo demás, el tiempo de IU ya ha pasado y un partido hecho a base de oportunismo de la peor especie, dogmatismo propio de otros tiempos, y democratismo, no podía sino tener un recorrido bien corto. Ese oportunismo está latente en el mismo tránsito del PCE a IU.

En 1970 aparecieron los primeros movimientos ecologistas. El hundimiento del Torrey Canyon, un petrolero que expandió la primera gran mancha de crudo en los océanos, fue su detonante. Para el Comité Central del PCE en los años 70 “el ecologismo es una ilusión pequeño-burguesa que distrae del hecho esencial: la lucha de clases”. En 1977, la posición del partido era la misma. Sin embargo, el desmantelamiento que vivió el PCE a partir de 1978 y el desprestigio del marxismo a partir de 1981, generaron la búsqueda de una “izquierda alternativa” que se encontró cada vez más en el ecologismo. IU, fundada por Gerardo Iglesias como una estructura “frentista” clásica, se fue convirtiendo poco a poco en un “modelo sandía”, rojo por dentro y verde por fuera, para pasar a ser, finalmente, una auténtica sandía verde… Nadie compra una sandía completamente verde. 

El mismo día en que en Francia el viejo PCF, con los 90 años cumplidos, renunciaba a presentar candidatura propia a las próximas elecciones presidenciales en beneficio de otras opciones de izquierda, Cayo Lara, coordinador de IU era abucheado por los “indignados” de Sol. No era raro: para estos jóvenes lobos de la izquierda en recomposición, Cayo Lara es el viejo modelo a eludir, un residuo del stalinismo, un político al uso que vive del cuento y no tiene interés en acometer ni proponer grandes reformas. No tienen nada que ver con él, a pesar de que Cayo Lara quiera ver en la protesta de los indignados un aliado objetivo para su maltrecha coalición.

El movimiento del 15-M es, sobre todo y por el momento, antipolítica. Se trata, por supuesto de un reflejo infantil, el habitual en la izquierda radical de todos los tiempos que ya denunciara Lenin en uno de los folletos. El movimiento de 15-M ve en todo diputado o en todo político profesional a un enemigo a batir. Cayo Lara es uno de ellos a pesar de que IU haga suyos los ideales de los “indignados”. Si el movimiento logra sobrevivir unos meses más, este sentimiento antipolítico se transformará, en una segunda fase, en realismo y sus dirigentes harán lo mismo que están haciendo ahora, Lara e IU: buscar un lugar bajo el sol. Ya se sabe que la primera arma del “régimen” es comprar al peso a los opositores y el movimiento del 15-M no tiene raíces excesivamente profundas. Integrarlo todavía es posible. La falta de una doctrina de conjunto y la ausencia de una reflexión doctrinal coherente y en profundidad, fuera de unos cuantos tópicos que la “izquierda alternativa” repite desde hace años (tasa Tobin, “otra globalización”, democracia asamblearia, etc.), hace que, los comportamientos de quienes se erigirán en líderes, en principio, carezcan de grandes soportes doctrinales y compartan más bien posiciones vivenciales que, en cualquier momento, cuando la tentación sea grande, pueden abandonarse justificándolas por el “realismo táctico”, concepto que las izquierdas de todos los tiempos han repetido. 

Porque hay algo inviable en el movimiento del 15-M…

3. De la democracia formal a la democracia imposible: el mito asambleario consecuencia extrema del mito igualitario

Lo más preocupante del 15-M es que asume un concepto peligroso e irrealista: el modelo asambleario abierto. Haría falta que sus impulsores leyeran la obra de Gustav Le Bon sobre los comportamientos de la psicología de las masas o la crítica a la democracia realizada desde finales del siglo XIX por autores de la talla de Ibsen o, posteriormente, por los fascismos e incluso por el propio marxismo, para reconocer que, la gran contradicción de las democracias formales es que están instauradas y han llegado a ser indiscutibles aun cuando nunca nadie haya contestado coherentemente a la crítica teórica contra ellas.

La democracia tal como la concibe el 15-M se basa en el concepto de “igualdad”, un concepto que deriva del mundo clásico, sólo que allí, no todos eran iguales: eran iguales solamente los miembros de un mismo estamento, mientras que los estamentos estaban jerarquizados. La igualdad es imposible y el valor del voto es una falsedad piadosa asumida para lograr un sistema de mayorías que funcione fácilmente. Está claro que si se trata de votos sobre la apertura de más centrales nucleares o el cierre de todas ellas, son los técnicos, los que conocen verdaderamente el problema y sus riesgos, quienes tienen derecho a opinar y el resto, los profanos, no podemos hacerlo sino siendo víctimas de manipulaciones y sugestiones maliciosas de unos y de otros. Hay cuestiones cuya complejidad e importancia no permite ser discutida por unas masas que, desde Le Bon sabemos que son vagas, tienen un bajo nivel de asimilación de ideas, una nula capacidad de razonamiento y una casi inexistente posibilidad de racionalizar conceptos y concatenar ideas y desconocen, en tanto que masas, los mecanismos del razonamiento lógico y de la concatenación de silogismos. Si en la antigua Grecia se practicaba la “democracia”, es evidente que había que añadirle un adjetivo: “democracia estamental”. Pero, hoy el movimiento dl 15-M nos dice que la alternativa a la democracia “formal”, esto es la democracia “real”, es un permanente ejercicio de asamblearismo. Una democracia real sería una asamblea permanente con capacidad de revocar decisiones de los dirigentes políticos. 

De ahí que el movimiento de 15-M no sea, como no lo fue antes la revolución de octubre, ni antes aún las revoluciones burguesas, y, por supuesto como fue la revolución de mayo del 68, no sea, decimos, otra cosa que el enésimo intento de llevar a la práctica los ideales de “libertad, igualdad”, cuando precisamente esos ideales, lejos de ser el centro del problema, acaso sean su desencadenante. Si la noción de “libertad” es ambigua, la noción de “democracia” no lo es menos. Y si bien está claro que la autoridad debe derivar de algún principio unánimemente aceptado, la “voluntad popular” no es más que un mito que, a fin de cuentas supone una medición cuantitativa de unos votos que se dan por “iguales”, cuando todo el mundo está obligado a reconocer que el voto de un experto y el de un ignorante nunca, en buna lógica, tendrán el mismo valor. La “democracia” (real o formal, “ya” o “mañana”) no es más que un mito que fue útil durante el período de las revoluciones burgueses para justificar el ascenso de nuevas clases sociales y en nombre de las cuales se procedió al desmantelamiento del antiguo régimen, pero no la idea tenía muy poco que ver con la democracia ateniense. La prueba ha sido que TODOS los intentos de llevarla a la práctica y hacer de la democracia un régimen de libertades, han fracasado (revolución francesa, revolución bolchevique, revolución de mayo del 68) y, por lo mismo, no hay ningún motivo para pensar que la “revolución de los indignados” tendrá otro final. 

De hecho, los dos principales lastres de esta “revuelta” son: su asamblearismo y su humanismo universalista extremo. Por lo primero, la democracia numérica se convierte en una obsesión: todos en todo momento deben decidirlo todo… Quien haya asistido a una asamblea sabe lo fácil que es manipularla y quien haya seguido debates en foros de internet conoce perfectamente que las distintas opiniones no contribuyen jamás a encontrar la línea correcta. 

El error del movimiento de los indignados es no percibir que el problema no es únicamente derribar los espacios de poder de los “partidos mayoritarios”, sino derribar el orden de ideas que ha permitido a los partidos mayoritarios llegar a la actual situación. Si en lugar de “libertad, igualdad, fraternidad”, el punto de partida fuera “orden, autoridad, jerarquía”, la protesta tendría otra perspectiva y, seguramente, supondría una ruptura con el “viejo orden”. Pero, mientras se persista, en llegar a las últimas consecuencias de un principio histórico que ha generado casi 225 años de errores, este será la cuarta rectificación que, como las otras tres, llevará a aberraciones históricas. Una cosa es que estemos en la era de las masas y otra muy diferente pensar que las masas, a través de las asambleas, pueden hacerse dueñas de sus destinos.

Es más, la “revuelta de los indignados” supone el límite extremo del “democratismo”: las asambleas permanentes, los cargos electores revocables en cualquier momento, el rendir cuentas al dedillo sobre la gestión realizada, elementos todos que ignoran el hecho esencial, a saber que tenemos una población que ha perdido desde hace décadas su capacidad crítica, que la competencia y el conocimiento de los problemas no es su característica esencial, que masas educadas en la telebasura y en el consumismo, que han callado durante décadas ante una pérdida progresiva de derechos y que, ni siquiera han sido capaces de algo tan sencillo como rectificar su voto, no son el sustrato más adecuado –pero si son el mayoritario- para una “asamblea permanente”.

Como todo movimiento nacido durante unas crisis, el movimiento del 15-M porta en su propio ADN el germen de la crisis. Su reflexión ha sido “simpática” en el sentido en que han aislado un solo problema (los límites de la democracia formal), han exteriorizado una sensación de hastío (generada porque la inseguridad que se ha convertido en la característica dominante del sistema político-económico español) y han abucheado a los responsables últimos de la crisis. Pero, el movimiento, en su conjunto, tiene unos ideales que, extrañamente, coinciden con los del Zapaterismo, esto es, un humanismo universalista que en la “otra globalización” el objetivo a alcanzar, en las fronteras nacionales y en los aparatos estatales el enemigo (cuando pueden ser considerados como los últimos bastiones contra la globalización), en una forma de ingeniería social la vía justa (ya se sabe: aborto libre, eutanasia, divorcio exprés, adopciones gays, etc, elementos características del programa zapateriano extraídos todos, sin excepción, de las directrices de la UNESCO), y si han dicho algo sobre la inmigración está más próxima al “papeles para todos” y al “ningún ser humano es ilegal” que a la percepción de la inmigración como uno de los canales a través de los que actúa la globalización.

El nivel teórico del movimiento del 15-M es, pues, una prolongación extrema de lo iniciado en 1789 y con ello se cierra el ciclo: cuando se parte de principios falsos que se absolutizan (libertad, igualdad y fraternidad), el error se manifiesta antes o después.

4. Ha llegado el tiempo del primer despunte de la crisis política

Era fácil prever (y así lo hemos hecho desde 2007)  que la crisis económica, en caso de prolongarse, generaría una crisis social y ésta, si se prolongaba, terminaría generando una crisis política. Estos pasos se han seguido de manera inexorable y ahora estamos ante los primeros despuntes de la última fase. Repasemos el proceso para encuadrar el movimiento del 15-M dentro del contexto de la crisis.

En 2007 se decía: “dos millones de parados es un problema laboral, tres millones de prados es un problema social y cuatro millones es una revolución”. No era así. El “entartainment” ha hecho que dos millones de parados fueran considerados de manera tan optimista que incluso cuando existían era preciso importar a seis millones de inmigrantes; cuando existían tres millones bastaba con ampliar las ayudas y cuando teníamos cinco, para calmar a la población ha bastado dar más sobredosis de telebasura y fútbol televisado a diario. 

Pero el problema que se ha planteado al zapaterismo es que el superávit que tuvo en la primera fase de su gobierno, se ha ido agotando. ZP nunca supo por qué crecía la economía española y, por tanto, nunca se enteró de porqué decrecía. Se limitó a creer que se trataba de un percance temporal y que pronto la economía mundial tiraría de la española, por eso se podía aumentar subsidios y subvenciones y eso se hizo. Pero la crisis se prolongó, otros países salieron de ella, pero no España cuya estructura económica era de “monocultivo” (construcción-hostelería) y al ir prolongando los subsidios sin disminuir el gasto en otras actividades dio como resultado un agujero económico gigantesco.

El primer aviso de que estaba en ciernes la transformación de la crisis económica en crisis social se produjo durante la huelga convocada por los sindicatos minoritarios del sector de transportes en junio de 2008: unas pequeñas asociaciones habían conseguido detener los transportes por carretera. Sin embargo, en los dos años siguientes sorprendió el que los sindicatos se negaron a convocar protestas contra el gobierno y, cuando llegó la huelga general, se trató de un mero trámite para seguir siendo considerados como “agentes sociales”, en el que evidenciaron tener poco interés. De hecho, la movilización se hizo más en contra del PP que del Zapaterismo. Sin embargo, el hecho mismo de que se percibiera claramente que los sindicatos tenían poca capacidad de movilización, constituyó en sí mismo uno de los rasgos que hacía temer que la protesta social cuando estallase, los rebasaría. 

El riesgo para la estabilidad del “régimen” nacido en 1978 era esta: que las dos columnas sobre las que se construyó, centro-derecha y centro-izquierda, entraran en crisis, introduciendo un factor de inestabilidad en la totalidad del sistema. Ello ocurriría inevitablemente si se prolongaba la crisis. En el momento actual, la columna de centro-izquierda corre el riesgo de colapsar. El hundimiento electoral de esta formación el pasado 22-M fue mucho más grave de lo que preveían incluso los más pesimistas dentro del partido. Inmediatamente, la sensación de crisis se trasladó a las federaciones regionales iniciándose un proceso de centrifugación que se acelerará cuando se cierren las urnas en las próximas elecciones generales. Ahora el PSOE paga diez años de errores en los que su sigla ha quedado sustituida por la sigla ZP. Y el recuerdo del Zapaterismo tardará en extinguirse.

En cuando a la otra columna, el centro-derecha, parece difícil que logre sacarnos de la crisis en poco tiempo. A la vista de sus propuestas económicas (ridículamente electoralistas unas: “bajar impuestos sin bajar prestaciones”), de sus silencios obligados (¿alguien ha oído el modelo económico que propone el PP?) y de sus lagunas (¿qué dice el PP sobre la globalización ahora que ya resulta evidente que beneficia a unos –el capital especulativo- y perjudica a todos los demás?), no cabe hacerse ilusiones. La estrategia del PP consiste en que las presiones de la UE obliguen a ZP a poner en marcha las reformas drásticas y neoliberales de la economía española y le ahorren a él tener que hacer el ajuste duro. Pero ambos programas para salir de la crisis son uno: el dictado por el capital especulativo y la finanza internacional y transmitido directamente a través de la UE, del FMI e indirectamente a través de los “mercados”. Así pues, el PP no será una solución, sino que en el período 2012-2014 se vivirá una sensación de “ajuste duro” con más privaciones y estrecheces para casi todos. Es cuestión de examinar lo que ocurrirá en ese momento.

Parece claro que con un centro-izquierda que saldrá desmantelado de las próximas elecciones y un centro-derecha que se ganará pronto el rechazo general (¿de qué hablará Intereconomía cuya única “bestia negra” es Zapatero?), y que no obtendrá ningún éxito inmediato por lo menos en su primera legislatura, la crisis social se habrá transformado y en crisis política. Porque si la columna de centro izquierda que sostiene al régimen también entra en colapso, es el sistema el que corre el riesgo de desplomarse.

El nacimiento del movimiento del 15-M responde precisamente a este esquema de la sucesión de crisis: aparece cuando la crisis social ya está muy avanzada, sustituyendo a unos sindicatos “huidos” y silenciosos e incluso atreviéndose a impulsar la convocatoria de una huelga general (que esta vez sí será masiva con millones de personas en las calles porque la convocatoria no estará lastrada por unos sindicatos desprestigiados y con la peor imagen posible, sino por un movimiento “joven y simpático” para la mayoría del país en el que cada cual ve justo lo que quiere ver) y cuando una de las columnas del régimen (el centro-izquierda) empieza a convulsionarse. De hecho, la tesis que hemos sostenido en el inicio de este análisis es precisamente que en el futuro el 15-M puede evolucionar como pieza de sustitución y de renovación de la “izquierda de papá” (tanto de IU como del PSOE) cuando esta se hunda definitivamente. Desde este punto de vista, el movimiento no es tan importante hoy, como lo puede ser en el futuro a poco que adquiera una coherencia interior y un estado de madurez (del que hoy dista todavía mucho de alcanzar). 

Hemos rectificado la opinión que manteníamos inicialmente sobre la perennidad del movimiento que nos hicimos en sus primeras semanas (creíamos que a partir del 22-M se desmovilizaría), creímos luego que seguiría un proceso degenerativo (que en realidad se ha producido al integrarse colectivos marginales y desaparecer entre el 22-M y los quince días que siguieron a los grupos sociales que tenían verdaderos motivos para estar “indignados”), pero los errores cometidos en Barcelona con el caótico intento de desalojo de la plaza de Cataluña reavivaron el movimiento y el cerco al parlamento catalán, consolidaron el movimiento mucho más en Barcelona que en Madrid en donde, si no fuera la capital del Estado y terminaran allí convergiendo las protestas, probablemente lo que quedaría de la acampada de Sol serían marginalidad pura y simple (como ha quedado en Valencia, marginalidad, residuos de la izquierda radical y newagers).

El intento de recuperación que realizó el Zapaterismo se ha cerrado entre el fracaso y el ridículo, y la preocupación de Rubalcaba para evitar que se produjeran tensiones entre las fuerzas de seguridad del Estado y los “indignados” (como ocurrieron en Barcelona), obedece precisamente a la convicción de que el electorado del PSOE es el más sensible a la posición de los “indignados” y que los decepcionados con la política zapaterista irán a engrosar sus filas. Bastará con que un diputado del PSOE, en este momento, rompa con el partido y se manifieste a favor de los indignados para que un movimiento “sin rostro” (la máscara de Anonymus es, sin duda, otro de los hallazgos del movimiento) empiece a tenerlo.

Dicho de otra manera: el movimiento del 15-M es el primer despunte de la crisis política que se avecina, último estadio de la crisis del régimen que sigue a la crisis económica y a la crisis social. La “sucesión de crisis” y su “convergencia” en un Punto Omega, estación término del sistema de equilibrios políticos surgidos en 1978, es lo que tenemos ante la vista y el lugar natural de encuadre del 15-M.

5. Stéphane Hessel, su “indignación” y su “solución”

El texto de Stephen Hessel ¡Indignaos! es un canto al pasado. Su crítica a la modernidad se basa en actos y declaraciones del… Consejo Nacional de la Resistencia redactado el 14 de marzo de 1944, es decir, en uno de los documentos de los que arranca el ordenamiento político actual de Francia. A pesar de la simpatía que puede inspirar un anciano de 93 años, lo cierto es que el análisis que realiza Hessel en las 30 páginas de su escrito aporta pocas soluciones y su mismo análisis es extremadamente endeble, en algunos fragmentos incluso infantil hasta el punto de que sorprende la repercusión que ha tenido.

Hessel empieza recordando a la Resistencia, a algunos de sus líderes muertos, recuerda el programa de la resistencia (1942-44 aunque él lo prolonga al período 1940-45) creado para un mundo y para una situación que ya nada tiene que ver con la actual y explica que “El motivo de la Resistencia fue la Indignación”… y esto ya empieza a ser difícil de creer porque a nuestro alcance están los libros de historia y la lógica más elemental que nos dice que la resistencia fue un intento de ingleses y americanos que preparaban el desembarco de Normandía y hostigaban la retaguardia alemana en Francia mediante grupos que ellos mismos estimulaban y armaban. El propio Hessel debía de saberlo porque en marzo de 1941 se exilió en Londres y tras seguir un curso en la Royal Air Force se incorpora en marzo de 1942 a las Fuerzas Aéreas Francesas Libres, en el Bureau Central de Renseignements et d’Action con el cargo de “agente de enlace con el Estado Mayor británico”. No, el motivo último de la Resistencia no fue la indignación, sino la ocupación alemana y la resistencia fue estimulada por ingleses y americanos de un lado (los miembros del PCF no se incorporaron hasta que Hitler invadió la URSS…). De ahí que sea difícilmente asumible para quien conoce la historia y el pasado de Francia asumir estás líneas: “Nosotros, los veteranos de los movimientos de resistencia y de las fuerzas de combate de la Francia Libre, llamamos a la generación joven a vivir, transmitir, el legado de la Resistencia y sus ideales. Les decimos: Tomen nuestro lugar, ¡Indígnense!”… porque la Francia de ahora, el Estado francés actual, es el resultado de aquellos principios y de la mística “resistencialista” que todavía está presente en la sociedad francesa ¡66 años después del fin de la guerra!

Estos valores han estado presentes demasiado tiempo como para que ahora aparezca Hessel en nombre de un pasado idealizado (¿por qué todas las “memorias históricas” idealizan a la izquierda pero eluden considerar sus errores históricos, incluso los más temerarios?) y parezca no tener nada que ver con la Francia actual ¡él que trabajó tanto para el presidente Valery Giscard d’Estaing como para Mitterand! Por eso resulta inasumible el que pueda escribir: “En mi larga vida presencié una sucesión de motivos para indignarme”… ¿solamente se ha indignado públicamente ahora?

El perfil de Hessel es el de un hombre que toda su vida ha trabajado para el sistema, mientras ha podido ha trabajado para presidentes de la República convencionales (y de los que las crónicas recuerdan sus rapacidades ante las que Hessel no se indignó, ni tiene hoy nada que decir) y ha tenido arte y parte en la elaboración de documentos internacionales promovidos por la ONU y la UNESCO, es decir, que tiene algo que ver con ese humanismo-universalista que es la guía del zapaterismo. Hessel ha vivido de esto, ha sido un hombre de izquierdas entre convencional y universalista, tal como lo prueba el que en 1985 fuera elegido para presidir la red de apoyo a la candidatura de Michel Rocard a la presidencia de la república. En 1986 se adhirió al Partido Socialista, antigua SFIO, desde 1944 uno de los pilares permanentes de la vida política francesa. Y para acabar este recorrido biográfico, cuando se cumplió el 60º aniversario del Programa del Consejo Nacional de la Resistencia, invitó a las “jóvenes generaciones a hacer vivir y transmitir la herencia de la Resistencia y sus ideales siempre actuales de democracia económica, social y cultural”

En España hemos conocido a miles de estos excombatientes que pasados más de medio siglo consideran, a despecho de la realidad, que los mejores años de su vida fueron los de su juventud en los que tomaron partido. El perfil de Hessel coincide con un hombre que atravesó una vida difícil entre 1940 y 1944 y toda su existencia posterior ha consistido en idealizar aquellos momentos. Pero la actualidad es hijo de aquella época en la que no solamente se derrotó al nazismo, sino que la victoria aliada dividió a Europa en dos bloques, en donde el continente estuvo ocupado por tropas norteamericanas y soviéticas, en donde se amasaron grandes fortunas con la reconstrucción, el período en el que se gestaron las estructuras políticas, sociales y económicas que hoy son los pilares de la modernidad… ¡como para estar orgullosos! Precisamente, el “huevo de la serpiente” fueron los documentos promovidos por los aliados entre 1944 y 1945: el presente es hijo directo de todo aquel pasado que puede estudiarse, pero no idealizarse que es, justamente, lo que hace Hessel a falta de buscar un punto de arranque para su ensayo y para su consigna: “¡Indignaos!”.

Hessel, por lo demás, parece caer en aquel defecto de percepción propia de algunos ancianos: una incapacidad para acordarse de lo que ocurrió ayer (mala memoria a corta distancia) y buena para retener episodios de un pasado lejano (buena memoria a larga distancia). Hessel, por ejemplo, no recuerda que en noviembre de 2005 hubo una “intifada” en Francia que fue la primera demostración de que la integración de los inmigrantes y de las minorías étnicas (ya con pasaporte francés) había fracasado. No quiere recordar que los residentes en las cárceles francesas son mayoritariamente extranjeros (lamentablemente para el lobby inmigracionista las encuestas son difícilmente cuestionables aunque en Francia esté prohibido considerar a grupos étnicos en las estadísticas). Ni, por supuesto, le interesa saber que incluso políticos y artistas de izquierdas han recordado que la heroína la mueven en Francia miembros de la comunidad argelina casi en exclusividad.

¿Para qué recordar todo esto? Es mucho más fácil manejar tópicos que circulaban en Francia desde finales de los años 70 para justificar lo que se percibía como llegadas de inmigrantes imposibles de integrar. Tampoco recuerda el hartazgo de la sociedad francesa manifestado hace tres años en relación a los gitanos rumanos. Y escribe Hessel: “A la gente joven le digo: Miren alrededor, encontrarán temas que justifiquen su indignación — hechos acerca del tratamiento de inmigrantes, de inmigrantes "ilegales", de gitanos. Encontrarán situaciones concretas que les llevan a fortalecer su acción ciudadana. ¡Busquen y encontrarán!”. Y en su libro vuelve a salir en defensa de los inmigrantes ilegales quejándose de que se produzcan expulsiones y que se pida a los inmigrantes documentación por la calle. Y negando que la Francia de hoy es hija de la Francia resistencialista escribe: Son cosas en las que nos habríamos negado a ceder si fuésemos los herederos verdaderos del Consejo Nacional de la Resistencia”.

Hessel tiene dificultades para explicar lo que para él es su enemigo “el totalitarismo”. Es más, incluso cuando alude a él intenta evitar referirse al comunismo (la parte más activa de la resistencia francesa a partir de 1942), le conmueve la situación de los territorios ocupados en Palestina (y la cosa tiene mucho más valor en la medida en que Hessel es judío) y apela a la no violencia para resolver los conflictos (“Estoy persuadido a que el futuro le pertenece a los no violentos”) para llegar a “la reconciliación de diferentes culturas”. Como otros funcionarios de la ONU (Hessel lo es y viaja con pasaporte diplomático) anuncia la “nueva era”: “Es por esta vía que la humanidad entrará a su siguiente etapa”. Después de unas cuantas páginas de divagación sobre el pacifismo alude al “pensamiento productivista, impulsado por Occidente” (cuando el verdadero problema de la globalización es que la economía ha dejado de ser “productiva” para pasar a ser “financiera” y, por tanto, especulativa). Solo unas páginas después el documento termina con una nueva alusión a la Resistencia y a la derrota del nazismo, diciendo que “esta amenaza no ha desaparecido y nuestra ira contra la injusticia sigue intacta” que parece indicar que ni siquiera en cuestión de “enemigos” Hessel tiene claro contra quien combatir. Las últimas frases “Convoquemos una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no propongan como horizonte para nuestra juventud otras cosas que no sean el consumo en masa, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición excesiva de todos contra todos” demuestran muy a las claras lo limitado del análisis de Hessel y lo incomprensible de que el libro de un abuelo situado fuera de la realidad e incapaz de comprender la modernidad haya sido el texto inspirador de la “nueva izquierda que nace fuera de la izquierda tradicional”.

Sí, porque el movimiento de los “indignados” es solamente la prolongación más extrema del zapaterismo, o lo que podríamos llamar “la izquierda de reemplazo” que generará un nuevo espacio político en caso de que la derrota del PSOE sea excesiva e impida cualquier ulterior reconstrucción tras las próximas elecciones de noviembre.

6. El movimiento de los “indignados” y la inmigración

El 24 de mayo de 2011 se hizo público el Manifiesto de la Subcomisión de Migración de Democracia Real ¡ya! que se iniciaba con esta frase: “Todos somos seres humanos, ninguna persona es ilegal” que no era sino un remedo de un documento publicado en 1997 dentro de la Iniciativa Papeles para todos” que empezaba así “Todo ser humano goza de derechos inviolables derivados e inherentes a la propia dignidad de ser persona, por lo que NINGÚN SER HUMANO PUEDE SER CALIFICADO COMO ILEGAL” (las mayúsculas están en el original). El movimiento del 15-M se había limitado a reproducir el espíritu de un documento publicado un año después de que se iniciara la marea migratoria, sin apenas formular retoques, sino simplemente resumiéndolo.

Los errores de apreciación eran exactamente los mismos casi quince años después de la publicación del documento originario: “Todas las personas, independientemente de nuestra procedencia, somos iguales en derechos”. “Abogamos positivamente por la construcción de una sociedad basada en la solidaridad y el apoyo mutuo”. “Defendemos la libre movilidad humana y por eso exigimos el fin de la persecución, estigmatización y criminalización de las personas migrantes y de los colectivos que las apoyan, sea del tipo que sea”. Y se terminaba exigiendo: El cierre inmediato de los centros de internamiento de extranjeros, el fin de las “redadas racistas” por parte de la policía aunque el gobierno niegue su existencia, la derogación de la ley de extranjería, eliminar la financiación con fondos públicos de las prácticas discriminatorias como la segregación escolar, la concesión de protección internacional a refugiados y apátridas, la despenalización del Top Manta, el fin de la externalización de las fronteras fuera del territorio europeo, el cese de la instrumentalización de la migración por parte de los partidos políticos. Tales eran las propuestas e intenciones del 15-M que puede ser definido como un movimiento inmigracionista radical a tenor de la consigna con la que terminaba el documento: “¡La revolución será mestiza o no será!”.

El documento de Papeles para todos, publicado 14 años antes cuando la inmigración era un fenómeno incipiente, coincidía en todo con el del 15-M. En 1997, por ejemplo, se pedía: “Que se adopten los mecanismos adecuados para que todos aquellos inmigrantes que vivan en el Estado español sean dotados de la documentación necesaria par poder circular libremente y residir establemente si lo desean”, “Que se adopten las medidas necesarias para garantizar el acceso de todos los residentes a los mismos derechos sociales que el Estado proporciona a los nacionales del país”, “Consideramos que las medidas exigidas constituyen el primer e indispensable requisito para propiciar su integración social y alentar la convivencia ciudadana”. Ambos documentos son hijos de la misma inspiración a pesar de que el de Papeles para todos fue escrito cuando se iniciaba la oleada migratoria y aun no se sabía el techo del fenómeno ni cómo podía afectar a la sociedad española,  y el segundo se ha redactado cuando un sector creciente de la sociedad española está “indignado” ante la política migratoria del gobierno Zapatero y ante el asentamiento continuo de más y más inmigrantes a pesar de que resulta demasiado evidente que la inmigración masiva no es la solución especialmente para el país receptor que ve como el coste de mantenimiento de una masa imposible de acomodar en un mercado laboral agónico.

En estos documentos y en la toma de posición frívola, poco meditada, superficial, tópica y panfletera se percibe perfectamente el carácter del 15-M: un movimiento cívico de reforma de las instituciones malogrado por la presencia de sectas de extrema-izquierda y del lobby humanista-universalista propio del submundo de las ONGs.

7. Los inmigrantes y el movimiento del 15-M

En principio, la presencia de inmigrantes dentro de las manifestaciones del 15-M no debería sorprendernos pues, a fin de cuentas, se trataba de protestas protagonizadas por los sectores más vulnerables de la sociedad. Antes mismo de las elecciones del 22-M ya se habían incorporado inmigrantes especialmente andinos a las protestas que tuvieron lugar en calles y plazas. Los grupos más activos fueron, por este orden, los ecuatorianos, colombianos, peruanos, mexicanos. Esta presencia se vio especialmente en Madrid y, a pesar de que fue episódica y minoritaria, fue apoyada por la Federación Estatal de Asociaciones de Inmigrantes y Refugiados (Ferine) que se sumó al movimiento Democracia Real Ya. A pesar de que la excusa de Ferine era “mejorar la democracia que existe y buscar solución a los problemas de paro, falta de vivienda y explotación laboral", era evidente que lo que les atraía era la toma de posición del movimiento del 15-M relativa a la inmigración.

Otro aliciente que vieron los andinos en el movimiento del 15-M era su oposición a la ejecución de hipotecas. Buena parte de los ecuatorianos presentes en las plazas eran miembros de la plataforma Afectados por la Hipoteca y de la Coordinadora Nacional de Ecuatorianos en España. Como se sabe, desde el inicio de la crisis (incluso desde antes) los ecuatorianos figuraban entre los colectivos inmigrantes que más tendencia tenían a comprar una vivienda en España habiendo caído en la trampa –como se decía en la época- de que “comprar piso es la forma de ahorrar en España”. Decenas de miles de ecuatorianos, entre 2003 y 2007 compraron viviendas de baja calidad, a precios excepcionalmente hinchados, con hipotecas del 120% sobre el precio de tasación, presentando como documentación contratos de trabajo de seis meses. El colectivo de inmigrantes ecuatorianos, a través de un portavoz, informó que apoyaban el movimiento del 15-M porque han sido víctima del “abuso de los bancos” que ha generado “casos de estafas brutales”.

En realidad, los andinos fueron a la plaza apoyando al movimiento Afectados por la Hipoteca que acampó cerca de Democracia Real ¡Ya! Pero que, formalmente, no tenía nada que ver con ella. El interés de los andinos en esta protesta radicaba en que se aproximaban miles de ejecuciones de hipotecas y varios cientos de los afectados eran inmigrantes de ese origen y buscaban apoyos para impedir los desalojos y el quedar todavía cantidades pendientes de pago lo que implicaba que mensualmente se les sustraerían plazos de su sueldo. En el primer intento de evitar un desalojo en 15 de junio en el madrileño barrio de Tetuán, los ecuatorianos estuvieron presentes en número significativo, no lo estuvieron tan masivamente en cambio, en otros desalojos en los que el afectado no pertenecía a su comunidad.

El 9 de agosto, alrededor de 50 miembros del movimiento 15-M de Málaga pasaron la noche concentrados frente al Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), donde prestaron su apoyo al inmigrante argelino Sid Hamed Bouziane para que se resolviera su petición de asilo en España, del que decían que no podía a su país al temer por su vida. Lograron detener la expulsión hasta que se resolviera su petición de asilo, sin embargo en el curso del desalojo se produjeron choques violentos con la policía y mucha tensión. La verdad, era que ni siquiera los “indignados” tenían claro ni quién era Hamed Bouziane, ni siquiera si tenía motivo para temer pro su vida, ni tampoco dónde estaban los documentos que avalaban su portentosa historia. El 16 de agosto se confirmó de nuevo su decreto de expulsión.

La web enlatino.com destacó que “Los indignados de Sol piden abolir la Ley de extranjería” añadiendo que “El movimiento 15 M, defiende la igualdad real de todos los ciudadanos, sean o no extranjeros”. Los inmigrantes acampados lanzaron un manifiesto en el que se decía: “Estamos indignados porque nos hemos jugado la vida para buscar un futuro (…) Estamos indignados porque estamos en paro y no cobramos ningún subsidio (…) Estamos indignados porque la hipoteca nos come el sueldo y  ni devolviendo el piso podemos librarnos de ella (…) Estamos indignados porque se nos insulta y acusa de ser los causantes del paro y los recortes sociales cuando es el gobierno quien da el dinero a los banqueros y se lo quita al pueblo (…) Estamos indignados porque ni siquiera tenemos derecho a voto, aunque vivamos aquí, aunque tengamos papeles (…) Estamos indignados porque estamos sometidos a una ley especial, la Ley de Extranjería, un apartheid jurídico que nos niega todos los derechos (…) Estamos indignados porque por el solo hecho de no tener papeles nos encarcelan en los CIE’s y nos deportan luego de mil humillaciones y maltratos”. Los argumentos no eran mucho mejores que aquellos otros de los que hacían gala los indignados autóctonos y demuestran el grado indigencia intelectual de unos y de otros.

El 20 de mayo los acampados en Sol habían creado dos nuevas áreas: un punto limpio y otro de atención y protección a inmigrantes sin papeles… Hoy, cuando durante el mes de agosto el movimiento ha entrado en declive y no se reanimará tras el final de las vacaciones y se reanimará con la proximidad de las elecciones, vale la pena preguntarse en qué momento el movimiento en alguna de sus partes ha dicho algo coherente en relación a la inmigración o ha intentado examinar el fenómeno de manera objetiva. La respuesta es nunca. Y esto es precisamente lo que genera desconfianza hacia un movimiento cuyo título que mejor le cuadra no es el de “movimiento de los indignados”, sino “movimiento pro-inmigracionista de los indignados supervivientes de la extrema-izquierda arqueológica que han ahogado la protesta popular encauzándola por la vía del dogmatismo y de las utopías humanistas-universalistas propias del zapaterismo. Sí, porque a fin de cuentas –y es paradójico que esto suceda- si José Luis Rodríguez Zapatero tiene un heredero político ese es el movimiento del 15-M, no importa que ellos no lo sepan o que no se consideren como tales, lo que importa es que dicen sobre las frías aceras de Sol o de la Plaza de Cataluña lo que Zapatero creía desde su poltrona en La Moncloa y desde que emergió en León como candidato in pectore a la secretaría general del PSOE. Del “Construir una sociedad que acepte a todos los inmigrantes” (punto número 1 de la candidatura de Zapatero a la Secretaría General del PSOE en 2000) hasta el “Papeles para todos” del 15-M, del “multiculturalismo y el mestizaje” zapateriano al “la revolución será mestiza o no será” de los “indignados”, no hay tanta distancia, como no la hay del proyecto humanista-universalista zapateriano al proyecto universalista-humanista de Hessel y de sus discípulos.

Cuando pasen los años y se olvide la parálisis que supuso el zapaterismo para la solución de los problemas de este país, el movimiento del 15-M (o lo que le suceda) terminará reivindicándolo como “opción moral” o como “padre putativo”. Y no se equivocaran, de hecho el 11-M es el hijo legítimo del zapaterismo y de la ética ingenuo-felizota.

© Ernesto Milà – infokrisis – http://infokrisis.blogia.comhttp://info–krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Hacia la gran crisis (V)

5. La intervención inevitable de la economía española

5.1. Las cifras económicas siguen siendo adversas. Después de año y medio de presiones de la UE y del FMI para que el gobierno zapatero aplique medidas drásticas de recorte presupuestario, el zapaterismo dio un giro “liberal” a su política en mayo de 2010. Pero los recortes exigidos por los organismos internacionales no fueron suficientes: el recorte del gasto público no fue el requerido (y poco después se empezó a saber que tanto ayuntamientos como comunidades autónomas habían ocultado –como en Grecia- parte de su deuda estando otra parte enmascarada en las empresas públicas creadas por estos organismos), no se ha procedido al despido de funcionarios, no se han recortado en porcentaje suficiente los presupuestos de las Comunidades Autónomas, no se ha privatizado todo lo exigido ni con la velocidad exigida… y no tanto porque el zapaterismo se haya enrocado en una visión socialdemócrata ¡sino porque haber aplicado todas las medidas exigidas por los organismos internacionales hubiera supuesto un estallido social con la consiguiente desintegración del PSOE y su caída en picado en intención de voto!

5.2. España debe a Francia y Alemania. En lo que se refiere a la interrelación en las economías europeas, hay que recordar que la economía española está vinculada a la economía de Francia y Alemania. Una quiebra de nuestra economía acarrearía graves trastornos en la banca de estos países. Así mismo los bancos españoles están vinculados a la economía portuguesa cuya situación agónica es otro de los factores que contribuyen a que nuestros bancos sigan manteniendo cerrado el crédito.

5.3. Las inversiones de la banca y de las multinacionales españolas en Iberoamérica han evitado que la catástrofe fuera mayor. La característica propia de la globalización es que todas las economías nacionales están interrelacionadas y, a su vez, todas ellas se encuentran subordinadas a los grandes centros de poder financiero supranacional. En este sentido, la economía española ocupa un lugar subordinado en Europa y secundario en Iberoamérica. Así pues, los trastornos de la economía española repercuten de manera profunda en la Unión Europea, mientras que del otro lado del océano –que experimenta un período de crecimiento económico relativo, pero superior al español- es de donde las multinacionales españolas están extrayendo hoy lo esencial de sus beneficios, en especial la banca privada y Repsol e incluso buena parte de la patronal de la construcción se ha desplazado a Iberoamérica y al Magreb a la vista de que los grandes negocios se les han cerrado en España para siempre… Mientras las inversiones españolas en Iberoamérica compensan las pérdidas de las empresas, incluida la banca y constituyen, en última instancia, fenómenos de economía privada, no ocurre lo mismo con las interrelaciones entre la economía europea y la española.

5.4. Falta inversión para aplicar un nuevo modelo económico. Si bien en la actualidad, Francia y Alemania viven un momento de expansión económica acelerada, con cifras de desarrollo superiores incluso a las tenidas antes de la crisis, lo cierto es que este auge –que ha “tirado” sobre las exportaciones españolas haciendo que aumentaran en el último semestre un 30%- no es suficiente para estimular el empleo, ni siquiera para asegurar a las empresas el poder una renovación tecnológica para poder competir en los próximos años en I+D+i. Por otra parte, la increíble deuda del Estado hace que la banca siga comprando deuda pública con dinero inexistente creado a partir del Banco de España al que le basta con conceder créditos a los bancos al 1% para que estos compren deuda público que les reportará algo más del 3% de intereses. Dado que es más probable que quiebre la empresa privada que el Estado, la banca deriva todo el dinero de que puede disponer para el crédito hacia el Estado, siendo éste el primer culpable de que la espita del crédito esté cerrada desde hace cuatro años para las PYMES.

5.5. Alemania y España: intereses económicos distintos. Lo único que podría romper esta espiral es el aumento de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo que restaría interés a las operaciones bancarias de compra de deuda pública española y cabría la posibilidad de que en esas circunstancias se abriera la espita del crédito a las PYMES… pero las situaciones de aumento de los tipos de interés son contrarias a la inversión y en esos momentos es precisamente cuando las empresas lo pasan peor: el dinero, aunque accesible, les resulta muy caro de obtener y los intereses a pagar no compensan los resultados obtenidos con la inversión. Este fenómeno se debe a que las directrices del Banco Central Europeo responden a las realidades económicas de Alemania y en segundo lugar de Francia (en donde el “recalentamiento” de la economía –medida según el aumento del PIB- solamente puede “enfriarse” mediante el aumento del precio del dinero) ¡pero la situación de la economía española es completamente diferente y ahora más que nunca nuestra presencia en el área euro se configura como uno de los principales factores de nuestro empantanamiento económico y de las dificultades que estamos encontrando en la reactivación!

5.6. Los seguros CDS estancados en 250-300 puntos. El hecho de que en los últimos cuatro meses, el coste de los seguros que garantizan la emisión de deuda pública se haya situado entre los 250 y el máximo histórico de 300 puntos de diferencial en relación a la deuda alemana, indica la escasa confianza que genera nuestra deuda y, por tanto, la desconfianza en la situación de la economía española. Para los observadores económicos internacionales, el volumen de la deuda española crece de día en día: cuando no es por que la deuda de los ayuntamiento es superior a la de las comunidades autónomas, es el gobierno autónomo catalán que pide más dinero a despecho de que el gobierno haya manifestado que cederá a las presiones de las comunidades autónomas ¡el gobierno ZP negocia luego aumentar la asignación a Cataluña a cambio de un apoyo parlamentario a los próximos presupuestos generales!, cuando no es algún disparate presupuestario que hace aumentar la deuda (el capítulo de subsidios, subvenciones y giros a ONGs absurdas, ineficientes y corruptas, la condonación de créditos a países del tercer mundo que han dilapidado nuestro dinero entregado para programas de desarrollo, las ayudas a asociaciones absurdas cuyo único mérito es ser propiedad de los amigos del poder) es la revelación de que la deuda de los municipios es muy superior a la que se creía y la deshonestidad en reconocerla una práctica habitual de los anteriores gestores… A lo que se une la percepción que se tiene en el exterior de que Zapatero y su gobierno carecen de capacidad técnica y política para resolver incluso los más pequeños problemas. ¡Cómo se va a poder confiar en la economía española en estas circunstancias!

5.7. El único golpe de timón posible será un cambio de gobierno. Solamente un golpe de timón evitará en los próximos seis meses la economía española sea intervenida por la UE y quien se siente en el timón de la Moncloa se vea obligado a aplicar las medidas más duras impuestas por el neoliberalismo, el capital internacional y la alta finanza. La creencia generalizada es que ese “golpe de timón” solamente se dará cuando se produzca un cambio de gobierno y el PSOE sea sustituido por un gobierno del centro-derecha. Y esto será poco, muy poco: porque lo que en realidad hace falta no es un cambio de timón, sino un cambio de régimen.

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Hacia la Gran Crisis (VI)

6. Lo que nos espera en los próximos años

6.1. Una contundente derrota del PSOE. En el análisis con el que hemos trabajado, después de las elecciones, decíamos: “la envergadura de la derrota electoral del PSOE y la dureza de los meses que se aproximan, son de tal magnitud que, obligan a la socialdemocracia a reconocer que sido apeado del poder antes incluso de que se hayan celebrado las elecciones generales”. Añadíamos también que era altamente improbable que Zapatero repitiera como candidato en las próximas elecciones generales. Desde el punto de vista de los intereses del PSOE, si quería salvar los muebles, era preciso que convocara elecciones anticipadas lo antes posible (esto es, a finales del verano o inicios del otoño) a la vista de que le iba a resultar imposible soportar las presiones de la UE y del FMI (en el momento de escribir estas líneas una delegación del FMI está visitando España, cuando el Santander ya ha tenido dificultades en colocar los “bonos territoriales”, síntoma inequívoco de que nos aproximamos a la intervención). Manteníamos en la misma noche del 22-M que, contra más tiempo pase, el PSOE se verá más presionado por los organismos internacionales para aplicar reformas: si las aplica caerá en picado en intención de voto, si no las aplica se recrudecerán los ataques de los mercados contra nuestra economía y la intervención sería inevitable tras el verano o incluso durante el mismo verano. Dábamos también el mejor motivo para que el PSOE adelantara las elecciones: el empleo estacional que se prolonga entre junio y octubre podría ser utilizado por el PSOE como muestra de “reactivación de la economía” y de plasmación de los “brotes verdes”. Sin embargo, a partir de octubre aparece el “paro estacional” que se prolonga justamente hasta el mes de marzo-abril… justo cuando deberían de convocarse las elecciones. Tras el fracaso electoral del 22-M y tras la desbandada de las baronías autonómicas que se está sucediendo en ese partido, lo cierto es que ya nadie, con Rubalcaba o sin Rubalcaba, absolutamente nadie en el PSOE se hace ilusiones de imponerse en las próximas elecciones generales. Y lo que es peor: a medida que se retrase la convocatoria electoral se hará incluso difícil que el PSOE logre incluso “salvar los muebles”.

6.2. El precio de que la socialdemocracia se pliegue a las exigencias del neoliberalismo. Si en el último comité federal del PSOE se hizo público que Zapatero no volvería a presentarse como cabeza de lista y la candidatura de la Chacón fue descartada a dedo, nada se habló del adelanto electoral a la vista de que quedaba todavía negociar la formación de ayuntamientos y gobiernos autonómicos allí en donde el PSOE había quedado en minoría y todavía le interesaba dar una imagen de fortaleza y seguridad manteniéndose en que se agotaría el plazo legal para convocar nuevas elecciones generales. Pero, justo después de que los ayuntamientos se hayan constituido, desde los propios medios socialistas (Público, El País), esto es, desde el entorno de Rubalcaba y, justo cuando se inicia la visita de una delegación del FMI, se está difundiendo la noticia de un adelanto electoral. Rubalcaba (ZP ya no pinta nada ni en el gobierno, ni en el PSOE y es agua pasada aun cuando los gérmenes patógenos que ha difundido en España y en su propio partido tardarán años e incluso décadas en disiparse) se enfrenta pues a la disyuntiva de: aplicar reformas impuestas por el FMI y la UE ahora, retrasando las elecciones y hundiéndose electoralmente como le ha ocurrido a Socrates Alvares en Portugal o bien aguantar sin ceder a las presiones de los mercados y aprovechando las cifras del “empleo estacional”, convocar elecciones en la posición más favorable posible, esperando que el desprestigio y la erosión que seguirá a la aplicación de las medidas económicas impuestas, recaiga sobre el PP.

6.3. Los agravios del PP. El PP será como poco en los próximos cuatro meses y como mucho dentro de nueve meses, el árbitro de la situación. Para Rajoy habrán terminado los ocho años de travesía del desierto, la humillación de tener una elecciones ganadas y perderlas a causa de los atentados del 11-M, la humillación de que incluso medios de comunicación de centro-derecha (El Mundo y Libertad Digital) le organizaran conspiraciones dentro de su propio partido, las dudas sobre su liderazgo, las peleas de verduleras entre barones regionales y su incapacidad para derrotar al peor presidente de la democracia.

6.4. ¿Qué cambiará con el PP en el poder? Falta saber qué es lo que cambiará con el PP en el poder. Y no parece que vaya a cambiar gran cosa porque las estructuras de poder autonómico, municipal y estatal van a seguir siendo las mismas, porque el PP es la otra columna sobre la que se mantiene el sistema de equilibrios nacido en 1978 y porque el PP no tiene, ni ha demostrado la más mínima manifestación ni interés en que cambie algo. La democracia seguirá siendo “formal”, no “real”, las finanzas de los partidos políticos seguirán bendecidas por la opacidad de una ley de partidos siempre ausente; la corrupción seguirá enseñoreándose de la vida política nacional, autonómica y municipal. El recurso al referéndum seguirá hurtándose a nuestro pueblo. El PP no osará certificar el fracaso del Estado de las Autonomías ahora precisamente cuando buena parte de las autonomías están en su poder y Andalucía caerá pronto en sus manos como fruta madura después de 30 años. La política de inmigración no se verá alterada porque fue Aznar quien abrió las puertas a la inmigración para asentar su modelo económico y el factor más sencillo para que el PIB repunte consiste, ni más ni menos, que en reabrir la puerta a la inmigración pues, no en vano, todo inmigrante nuevo es un consumidos adulto más que generará un mínimo aumento del volumen de intercambios económicos y por tanto presionará el PIB al alza. Y, por lo demás, ¿qué ha hecho el PP en las comunidades en donde gobierna? Exactamente lo mismo que el PSOE tanto en materia de inmigración como en materia de ingeniería social: sus alcaldes han oficiado matrimonios gays e incluso sus propios concejales se han casado por esta ceremonia ridícula e innecesaria en la que es imposible saber quién es el marido y quien la esposa. Tampoco el PP ha demostrado ningún interés en modificar la ley del divorcio-exprés que ha instalado la inestabilidad en las parejas y ha hecho que la primera discusión sea la última, ni, por supuesto, va a modificar las leyes de igualdad, ni la ley sobre la violencia doméstica que parte de la ocultación del hecho esencial: a saber, que dos tercios de los episodios de violencia doméstica los protagonizan inmigrantes y que dos tercios de los fallecimientos podrían ser evitados, repatrían al inmigrante ante la primera denuncia de su esposa. Y todo esto, porque, a fin de cuentas, el PP no es sino la otra cara de la moneda de la que el anverso es el PSOE, formando ambos el “núcleo duro” del sistema político español: de un sistema que ha fracasado, que cada vez resulta mas evidente que ha generado corruptelas, incompetencia en todos los niveles de gobierno, centrifugación del Estado, quiebra de la educación y de la sanidad, amiguismo y, en definitiva, plutocracia y partidocracia. ¿Democracia? ¿Dónde? No desde luego en el régimen surgido en 1978 cuya constitución hoy está avejentada y apenas serviría para envolver un bocata de sardinas. ¿Esta situación de quiebra nacional a todos los niveles la va a solucionar un PP que ni siquiera reconoce la gravedad de la situación y el fracaso del régimen?

6.5. Tres premisas (inexistentes) para enderezar la economía. Para que la situación económica se enderezara haría falta que se dieran una serie de premisas: en primer lugar que existiera un “modelo económico” capaz de señalar las direcciones en las que se va a orientar la política económica del gobierno, que nos dijera con claridad hacía dónde íbamos a concentrar esfuerzos, qué sectores iban a recibir apoyo de las instituciones, y que fuera capaz en una palabra de estimular el esfuerzo nacional y dar a nuestra comunidad un objetivo. Es evidente que el PP carece de ese modelo. En segundo lugar sería necesario que, habiendo sido enunciado ese modelo, se reabriera la espita del crédito para financiar la impulsión de ese nuevo modelo. Pero dejando aparte que ese nuevo modelo no existe, es triste constatar que todos los recursos crediticios (o al menos su inmensa mayoría) se dedican a pagar la deuda y así sucederá durante años. En tercer lugar, para aplicar el proyecto de un nuevo modelo político, incluso para diseñarlo, haría falta un período superior a los cuatro años que median entre una y otra elección y no podría salir en la fase actual de desintegración de nuestra economía, sino del consenso entre las dos grandes fuerzas políticas, dando por supuesto que ese consenso implicaría la conformidad de la mayoría de la población española. Pero eso equivaldría a decir que los dos grandes partidos tienen (y merecen) el resto de los españoles, que ambas formaciones de centro-derecha y centro-izquierda han realizado una tarea encomiable que ha redundado en beneficio de nuestro pueblo y que sus élites dirigentes cuentan con el respaldo de la población: y ninguno de estos elementos está presente en España. PP y PSOE son denostados en la calle como partidos corruptos, como grupos de espabilados que no hacen nada bueno para la población, sino que su tarea de gestión consiste en el saqueo de las arcas públicas. No existe nada más desprestigiado en este momento en España que la clase política y los dos partidos mayoritarios que inducen a la mitad del electorado a volver la espalda a las urnas activamente (mediante el voto en blanco o nulo) o pasivamente (mediante la abstención). Y, por lo demás, ambos partidos se han prodigado durante tantas décadas un odio eterno que sus cuadros están inhabilitados para cooperar en algo como no sea en seguir saqueando, cada cual por su parte, los fondos del Estado. Por todo ello, va a resultar imposible, durante mucho tiempo establecer un nuevo modelo de desarrollo y aun suponiendo que el PP lograra improvisarlo todavía haría falta un mínimo de 4-5 años para que se pudieran percibir sus primeros efectos.

6.6. Un país a la espera de una brutal batería de medidas de ajuste. A la hora de describir cómo van a ser los próximos años, se percibe que la alta finanza internacional va a imponer al gobierno español (al de Zapatero ahora o al de Rajoy en otoño y en la primavera de 2012) una batería brutal de medidas de reajuste económico que liquidarán el prestigio político de quien deba aplicarlas y le obligue a enfrentarse a amplias movilizaciones en la calle. Sea como fuere, la situación en 2012 va a ser extremadamente dura y el hecho de que Rajoy ocupe –como máximo entonces- el poder no implica que la alta finanza, el FMI y la UE le vaya a dar un mayor apoyo, sino que le va a exigir que en los cuatro años que hay por delante, se pague, sobre todo y por encima de todo, la deuda.

6.7. El milagro de los panes y los peces en versión Rajoy. Contrariamente a lo proclamado por Rajoy, le va a resultar imposible “recortar impuestos sin disminuir prestaciones sociales”. ¡Es justamente todo lo contrario lo que le va a exigir la UE, el FMI y la alta finanza! ¡Y Rajoy mañana, como Zapatero hoy, van a cumplir con fidelidad perruna los mandatos de la alta finanza! Primero aumentar la presión fiscal, luego recortar todo tipo de desgravaciones fiscales, disminuir el número de funcionarios, disminuir los salarios y, por supuesto, por encima de todo, recortar y suprimir prestaciones sociales…

6.8. La última oportunidad para el régimen, la última esperanza para el electorado conservador. Es natural que tras el páramo zapaterista de casi ocho años, el electorado se entregue en los próximos comicios generales en brazos de Rajoy como última esperanza. De hecho, Rajoy es la última oportunidad que tiene el régimen surgido en 1978 de sobrevivir. No hay esperanza para el régimen después del mandato de Rajoy… Hemos visto que al líder del PP le va a ser imposible enunciar un nuevo modelo económico y aun en el caso de que lograra hacerlo, va a tener que afrontar los efectos de un estallido social (inevitable para quien aplique las medidas dictadas por el poder económico, los mercados, el FMI, etc.) ante el cual el movimiento del 15-M va a ser un juego de niños y casi una broma. Por otra parte, después de cuatro años de crisis, cada vez más grave, cuando ni siquiera se va la luz del otro lado del túnel, nuestro pueblo ha llegado al límite de su paciencia y de su capacidad de aguante. La gran habilidad del zapaterismo ha consistido en suscitar “esperanza” en la sociedad española, es decir, el pensar que las cosas iban a mejorar en breve, así que era preciso aguantar un poco más. De esta manera, defraudando día a día a la esperanza, ha transcurrido la segunda legislatura zapaterista. En 2007 se decía que 2.000.000 de parados eran un problema laboral, 3.000.000 un problema social y 4.000.000 una revolución… Pues bien, hemos llegado a 5.000.000 y solamente se ha producido una leve y superficial protesta social entre el 15-M y el 22-M. Nada más. Pero esto no implica que no se haya ido acumulando en el seno de las clases trabajadoras, en las clases medias cada vez más presionadas y en riesgo de proletarización, en el seno de los jóvenes y de los jubilados, en el seno de los autónomos, de los intelectuales y de los parados, un fenomenal potencial explosivo que en el momento en que estalle correrá el riesgo de convulsionar al régimen.

6.9. El tiempo de las “reformas necesarias y posibles” ha quedado atrás. Aun en los tiempos en los que soplaban vientos favorables en la economía, se alzaban voces clamando por una profunda reforma constitucional. Era el momento de acometer la “reforma necesaria”, pero dado que para realizarla era preciso alcanzar un amplio consenso, no solamente entre las dos columnas principales sobre las que se mantiene el régimen (PP-PSOE), sino también de las dos columnas secundarias de carácter regionalista (CiU y PNV), lo cual ha sido manifiestamente imposible e incluso indeseable a la vista de que estos cuatro partidos no solamente no tienen las soluciones, ni la voluntad de alcanzar consensos que promuevan reformas, sino que son parte -¡y de qué manera!- del problema. Hubo un momento en el que la “reforma necesaria” era posible, pero como el sistema se creía fuerte se dedicaba solamente a distribuir la abundancia especialmente entre sus amigos y funcionarios. La “reforma necesaria” quedaba completamente descartada.

6.10. Quien cierra el camino a una “reforma necesaria” abre el paso a una “reforma revolucionaria”. Como en todos los procesos revolucionario que se han producido en la historia en los últimos 300 años, al período de la “reforma necesaria” que podría hacerse pero que no se hizo, sucede el tiempo de la “reforma inevitable” por vía de la presión revolucionaria. Y en España, digámoslo ya, hace falta un cambio de régimen a la vista de que la constitución de 1978 está gastada, la clase política que la sustenta aparece como deteriorada y la corrupción se ha apoderado de todas las estructuras del Estado. Desde el reconocimiento del fracaso del Estado de las Autonomías, hasta la necesaria ley de financiación de partidos que nadie quiere afrontar, pasando por la instauración de un marco representativo realmente democrático en lugar del simulacro de democracia o de democracia de mala calidad que es nuestra partitocracia. Treinta y tres años han bastado para que el régimen constitucional nacido en 1978 diera de sí todo lo que podía dar. El PP no estará en condiciones de afrontar la “reforma necesaria” (entre otras cosas porque el tiempo en el que era posible ha pasado) porque ni siquiera la plantea como necesaria y prefiere considerar que este régimen en el que él ocupa un lugar preponderan es el mejor posible y, en segundo lugar, por que en España no existen condiciones suficientes como para llegar a consensos para modificar la constitución. Y hoy lo que exige la situación es precisamente hacer tabla rasa con el régimen fracasado y empezar a pensar en términos de lo que vendrá después.

6.11. Tras el previsible fracaso del PP, el diluvio… El fracaso del PP en la gestión de su próximo ciclo de poder va a ser va a ser especialmente duro en materia económica, ahí en donde el PP ha identificado el máximo rechazo al zapaterismo y allí en donde el electorado valoraría especialmente su gestión. Quien logre disminuir el paro de 5.000.000 de parados a 3.000.000 logrará mantenerse en el poder, como mínimo ocho años. Pero eso no va a estar al alcance del PP. Todo lo contrario. El plazo crítico para el futuro del régimen va a ser entre 2012 y 2014, el tiempo en el que se producirá el “ajuste duro” impuesto por los mercados, la alta finanza y las instituciones económicas internacionales y en el cual no se percibirán los efectos benéficos augurados. Si en el momento actual subsiste la sensación de que “hemos tocado fondo” y de que resulta imposible caer todavía más bajo, hemos de pensar lo que supondrán años de recortes sociales, aumentos de impuestos y de precios, disminuciones de salarios, despido de funcionarios y continuación de la parálisis del crédito. Eso es lo que el PP tiene por delante y poco importa para la sociedad si las medidas de “ajuste duro” las firma Zapatero en lo que le queda de mandato o Rajoy en las primeras semanas: el hecho es que alguno de los dos dará vía libre a unas medidas que acogotarán a la sociedad española, especialmente a los sectores más modestos, justo cuando llevamos cuatro años de sacrificios y privaciones.

6.12. Los años críticos: 2012-2014. En 2012 y 2014 el recuerdo del zapaterismo estará muy próximo y el PSOE todavía no se habrá recuperado de las convulsiones que están siguiendo a la debacle del 22-M. Ni habrán encontrado un líder de sustitución (¿dónde podría estar? ¿Será Solana quién asumirá las riendas? ¿Será posible que la última esperanza del socialismo sea el verdugo de Yugoslavia y el telefonista de Clinton quien le transmitía las órdenes de bombardeo de poblaciones indefensas? ¿Será Rubalcaba, sin duda el más inteligente de los actuales dirigentes socialistas, pero también el rostro de la derrota en las próximas elecciones generales? ¿será un Tomás Gómez, verdadera fotocopia reducida de lo peor del zapaterismo, el hombre que convirtió Parla cuando era alcalde en la ciudad mora de la Comunidad de Madrid? ¿Será la Chacón cuya superficialidad de criterios y banalidad no pueden ocultar legiones de asesores de imagen y mucho más cuando el PSC al que pertenece es una caldera a punto del estallido? ¿Será la Pajín demostrando que las secuelas del zapaterismo son todavía peores que el modelo original? ¿Qué hay más allá de Rubalcaba en el PSOE? Absolutamente nada, el vacío. Tras la caída del felipismo se produjo en el PSOE una selección al revés: se fueron o quedaron anulados los mejores elementos, los que tenían más personalidad y más sentido de lo político y quedaron solamente pobres ambiciosos sin escrúpulos, arribistas que componen la totalidad del partido en muchas comunidades autónomas, los incapaces que jamás hubieran sido nada más que botones en la empresa privada, los abogadillos de pocos –o ningún- pleito como Zapatero que precisaban de la política para ganarse el sustento… Para colmo, la caída del zapaterismo empobrecerá todavía más el discurso de la socialdemocracia que, no lo olvidemos, se ha secado completamente. Nunca, y lo decimos bien alto, nunca el PSOE se recuperará del marasmo zapateriano y de la crisis de la socialdemocracia europea.

6.14. La crisis de la segunda columna sobre la que se mantiene el edificio constitucional. ¿Y qué ocurrirá con el PP cuando el único activo que siguen alardeando es precisamente la eficacia de gestión del aznarismo cuyo modelo económico nos precipitó en los mas profundo de la crisis e hizo que la crisis económica mundial fuera mucho más grave en España, qué ocurrirá cuando la realidad desmienta esa percepción? ¿Qué ocurrirá cuando la ciudadanía haya votado masivamente al PP a la espera de que Rajoy nos sacara de la crisis y la crisis siga planeando sobre el país? Pues lo que va a ocurrir es muy fácil de prever: la segunda columna sobre la que se sostiene el sistema político español, el centro-derecha, va a entrar en fase de inestabilidad y, por tanto, el sistema mismo entrará en una fase terminal a la vista de que tampoco el centro-izquierda se habrá conseguido estabilizar desde el 22-M. Y un sistema en el que las dos columnas que lo sostienen se tambalean es un sistema que está condenado. El bipartidismo imperfecto corre el riesgo de entrar en una fase terminal hacia el 2014. Y serán pocos, acaso solamente sus beneficiarios, quien lo lloren. Estamos próximos al fin del régimen instaurado en 1978.

6.15. Una constitución irreformable. Hay que prever que ese momento de crisis ocurrirá y que la situación de inestabilidad se prolongará durante unos años. La arquitectura de nuestro particular sistema político favorece la imposibilidad de la constitución para reformarse y reconfigurarse a sí misma. Y este es el drama que vamos a vivir en los próximos años: una constitución que ha fracaso no se puede reformar porque ha sido diseñada para eternizarse a pesar de que las fuerzas políticas y mediáticas que le dieron vida en 1978 ya no tiene la preeminencia en 2011. Una contradicción de este tipo no puede sino generar situaciones de tensión, disturbios, e incluso posibilidades de revueltas.

6.16. El desolador programa del PP. Ante esta perspectiva, el programa del PP es desolador: no solamente en materia económica no aporta soluciones claras (y las pocas que aporta son de naturaleza neoliberal, esto es, favorables para los detentadores del capital y lesivas para las clases más modestas de la sociedad), sino que ni siquiera tiene el valor de plantear el problema de la inmigración en términos realistas (fugándose en proponer tópicos como “inmigración ordenada” y “contrato de integración” que tenían razón de ser hace 15 años, cuando empezó el fenómeno, pero no hay cuando hace tiempo que está desbocado), calla por completo sobre la necesaria reforma constitucional y especialmente la reforma del sistema electoral, no dice nada sobre la necesaria ley de partidos, ni sobre las medidas necesarias para cortar radical (y se nos apura, brutalmente) la corrupción, no aporta medidas concretas para desmantelar el Estado de las Autonomías, ni mucho menos para enderezar el sistema educativo quebrado, etc, etc, etc. Y no es capaz de aportar ninguna solución en estos terrenos, porque el PP no es la solución sino una parte del problema.

6.17. Más allá del régimen. Así pues, estamos obligados, a la vista de los datos objetivos, a pensar que en los próximos años el régimen entrará en una situación de inestabilidad y que el plazo comprendido entre 2012 y 2014 será decisivo para el futuro en el que las fuerzas identitarias, partidarias de la regeneración del Estado y de un nuevo proceso constituyente, tendrán mucho que decir.

(c) Ernest Milá - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Hacia la gran crisis (IV)

4. El movimiento de protesta del 15-M

4.1. El movimiento del 15-M restó protagonismo a los partidos mayoritarios. Una de las muestras inequívocas de la desintegración del sistema político español ha sido la aparición del llamado Movimiento del 15-M. Por primera vez en nuestra historia el protagonismo de una campaña electoral no ha recaído sobre los partidos políticos sino sobre el movimiento anti-partidos que desde hacía dos años se estaba gestando en el seno de distintos colectivos, habitualmente ubicados en la izquierda alternativa y antisistema y que, precisamente por eso, jamás había tenido un impacto sobre los grupos sociales directamente amenazados por la crisis económica. Entre el 15-M y el 22-M, nadie se acordó de los partidos mayoritarios salvo para verter sobre ellos todo tipo de ironías. Si la primera parte de la campaña electoral se vio rota por el terremoto de Lorca, la segunda parte estuvo dominada por el movimiento de “los indignados”.

4.2. Frente a la partidocracia y a la plutocracia: democracia real ya. A diferencia de en ocasiones anteriores, el 15-M acertaron a exteriorizar su ira contra la partidocracia, parados, profesionales en situación de precariedad, estudiantes, amas de casa, becarios, etc. Entre el 15-M y el 22-M el protagonismo correspondía al movimiento de protesta. En esa primera fase de desarrollo del movimiento, todas las partes que participaban en este movimiento heteróclito estuvieron de acuerdo en pedir a la opinión pública “Democracia Real Ya” y su primer llamamiento se orientó a que la gente votara o no votara, lo hiciera en blanco o nulo, pero sobre todo que no votara ni al PP, ni al PSOE. El movimiento del 15-M había identificado, pues, las dos columnas sobre las que se mantiene el sistema político español y que taponan cualquier salida hacia una “Democracia Real”. Por primera vez en muchos años había aparecido un movimiento social que superaba a los distintos círculos que lo habían impulsado inicialmente.

4.3. La degradación de un movimiento de protesta. Llegado el 22-M, el movimiento debía de haber tenido el valor de reconocer su éxito y, al mismo tiempo, su debilidad. Carente de estructuras, el movimiento no podía sino caer en una dinámica asamblearia caótica y desordenada que, a partir del 23-M convirtió, lo que hasta ese momento había sido un éxito rotundo, en una larga agonía que se prolongó durante un mes más. De no haber sido por los incidentes que tuvieron lugar al intentar desalojar la Plaza de Cataluña en Barcelona por parte de la Consellería de Interior de la Generalitat, el movimiento hubiera languidecido. Sin embargo, la retirada de los Mossos d’Esquadra, tras varios episodios de brutalidad innecesaria, y la renuncia a desalojar la plaza, hizo recordar a los “indignados” su fuerza y, a partir de ahí y en los siguientes diez días, el movimiento vivió un segundo revival. Sin embargo, en esta segunda fase algunas cosas habían cambiado: regresados a su casa los parados, los estudiantes, las amas de casa, se agregaron distintas tribus urbanas y “movimiento sociales” de muy escaso peso e interés y el movimiento pasó a ser dinamizado solamente por los grupúsculos antisistema que imprimieron al movimiento una dinámica numantina que hacía imposible su supervivencia a corto plazo. Al cabo de 10 días, cuando se disipó el efecto euforizante de los sucesos en la Plaza de Cataluña y cuando los últimos mohicanos seguían empeñados en mantener las acampadas, las “comisiones” en las que intentó estructurarse el movimiento asambleario ya habían redactado conclusiones de muy escaso valor político, aprobando textos cargados de tópicos y demostrado hasta la saciedad que la “spanish revolution” carecía de calado suficiente como para ser un movimiento de cambio real dotado de una clara visión de la situación.

4.4. La liquidación del movimiento de protesta hasta la próxima ocasión. Al iniciarse el mes de junio, los sectores más conscientes que aun permanecían movilizados se enfrentaban al problema de cómo liquidar el movimiento sin dejar atrás el amargo sabor de la derrota. La dinámica asamblearia se había tornado insoportable y cada día (como había ocurrido cuarenta y tres años antes en el mayo de 1968) las filas de los indignados se iban vaciando, percibiéndose cada vez más la presencia de marginados sociales, activistas antisistema, ultraizquierdistas manipuladores y tribus urbanas, en un batiburrillo asambleario decepcionante y paralizador. La excusa encontrada por los organizadores del movimiento consistió en “llevar la lucha a los barrios”, olvidando que el momento álgido del movimiento ya había pasado y que esa misma consigna fue lo que terminó por desmovilizar el apoyo estudiantil durante el mayo del 68 parisino.

4.5. ¿Qué ha sido el movimiento del 15-M? Ha sido, en primer lugar, un movimiento incompleto que ha carecido de una interpretación global del actual momento histórico, un movimiento que no ha entendido las implicaciones de la globalización y que, para colmo, se ha mostrado favorable a “otra globalización”. No ha entendido que lo contrario de la globalización y su único antídoto es la defensa de la identidad de nuestros pueblos. El movimiento del 15-M no ha entendido todavía que por el momento el único bastión contra la globalización son los actuales Estados nacionales y que su defensa es la condición sine qua non para afrontar la lucha contra el capital multinacional, contra la alta finanza y la banca internacional impulsores de la globalización. La falta de patriotismo y la desconsideración de lo que el patriotismo supone como valladar contra la globalización ha sido el principal hándicap del movimiento del 15-M y denota su origen último, surgido de los restos de la izquierda antisistema.

4.6. Los “indignados” y la inmigración, o no saber identificar las tácticas de la globalización. Por otra parte, el movimiento de los “indignados” ha olvidado cualquier referencia al fenómeno de la inmigración, una de las armas que utiliza la globalización para abaratar los costes de producción en los países del Primer Mundo y cuya presencia tira de los salarios a la baja. El movimiento del 15-M ha olvidado que, aunque víctimas de la globalización, la inmigración es la causa del estancamiento salarial en nuestro país, y hoy constituye sin duda el principal lastre de nuestra economía. La baja cualificación laboral de los 6.000.000 de inmigrantes llegados a nuestro país hace que solamente puedan tener acomodo en tres sectores de muy baja productividad: construcción, hostelería y agricultura, estando completamente desfondado el primero (que jamás volverá a los niveles de actividad que tuvo hasta 2006-7), con una limitada capacidad de empleo el segundo y en fase de liquidación (y mecanización de las explotaciones supervivientes) el último. Y si la inmigración no tiene cualificación para trabajar en otros sectores laborales y jamás encontrará acomodo en nuestro agónico mercado laboral en los próximos 10-15 años ¿por qué siguen llegando inmigrantes? ¿por qué siguen percibiendo ayudas y subvenciones sin esperanza de que obtengan recursos propios para valerse por sí mismos? Y lo que es más importante: ¿por qué no se les repatría para aligerar las cargas del Estado y alcanzar la normalidad de nuestro mercado laboral? Esta cuestión era tabú en las asambleas de “indignados” y cuando se tocó la materia fue solamente para acusar de “xenófobos y racistas” a quienes se oponen a este estado de cosas.

4.7. A la espera de un movimiento de protesta global. A la vista de estas carencias, el movimiento del 15-M solamente podía ser un movimiento limitado que precede al gran movimiento de protesta que inevitablemente estallará en los próximos años. La década que se avecina será la década de la protesta en España. Miente quien diga que hemos tocado fondo y que las cosas no pueden ir a peor: lo irán porque la naturaleza del sistema político español nacido en 1978 es dejar pudrir los problemas, evitar coger el toro por los cuernos y vivir de espaldas a las realidades. Mientras que la política real consiste en aportar soluciones sencillas a problemas complejos, el sistema político español está habituado a la retórica y a la verborrea, a la utilización de tópicos y a la formación de comisiones, a la ausencia de centros de imputación a los que se les pueda responsabilizar de los fracasos en la gestión de los conflictos y al escamoteo de los problemas reales creando “diversiones” y magnificando problemas irrelevantes convertidos en centros del “debate nacional”. El zapaterismo ha logrado dominar esta estrategia sacando a la palestra temas como la “memoria histórica”, la “violencia de género”, “la eutanasia”, la “reforma de la ley del aborto”, los “derechos de los homosexuales”, etc, cuando todo un país se estaba cayendo en pedazos, cuando no había un modelo económica que sustituyera al modelo desintegrado con la crisis de junio de 2007. En este sentido, algunos documentos emitidos por las comisiones del movimiento del 15-M van en la misma dirección e insisten en los mismos temas que el zapaterismo, eludiendo –como éste- pronunciarse sobre problemas de primera magnitud.

4.8. Este no ha sido el movimiento de protesta de la mayoría de los que tenían razón para indignarse. Pero si el movimiento del 15-M no ha sido, no ha podido ser, el movimiento de la protesta de los trabajadores y de los damnificados de la globalización, no cabe la menor duda de que en los próximos años surgirá un movimiento de magnitud centuplicada que sitúe el énfasis en los problemas reales, no tenga miedo a lo políticamente incorrecto, ni dude a la hora de enumerar los problemas reales. Del movimiento del 15-M podemos retener lo mejor que ha tenido: el haber identificado a las dos columnas sobre las que se asienta el sistema político español, denunciar que no son más que las dos caras de una misma moneda y pedir a las masas que demuestren su insolidaridad con el régimen no votando a las opciones mayoritarias, absteniéndose o votando en blanco o nulo. De este movimiento podemos retener que la globalización es el enemigo (si bien el movimiento no ha identificado las dos tácticas que en la actualidad está empleando la globalización contra Europa: la deslocalización industrial y la inmigración masiva) y que hoy más que nunca son necesarias políticas sociales para defender a las clases más modestas de la sociedad, así como un necesario reparto de la riqueza que evite la distancia abismal entre quienes lo poseen todo y los que no poseen nada, verdadero proceso de tercermundialización que se está dando en Europa y muy particularmente en España. El movimiento del 15-M ha dado también en el clavo considerando que esta democracia no es tal, que se trata, en realidad de una partidocracia al servicio de un único poder plutocrático, el poder del dinero, al que sirven con fidelidad perruna tanto PP como PSOE… Pues bien, si todos estos son los aspectos más notables del movimiento del 15-M cabe decir que nosotros mismos, España 2000, los venimos defendiendo por activa y por pasiva desde hace años.

(c) Ernesto Milá - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

Hacia la gran crisis (I)

1. La quiebra de la socialdemocracia: el PSOE ante el abismo

1.1. Si hasta el 22-M el hundimiento de la socialdemocracia podía intuirse, a partir de esa fecha es una realidad. El PSOE-ZP no es el único partido socialdemócrata europeo que se hunde como resultado de la crisis: pocos días después, los socialistas portugueses fueron apeados del poder al ser responsabilizados por el electorado de la nefasta situación en la que se encuentra el país hermano; así mismo, la socialdemocracia griega vive sus peores momentos e incluso el escándalo sexual protagonizado por Strauss-Khan quien debía de haber sido el candidato del Partido Socialista Francés en las próximas elecciones presidenciales, ha cogido con el paso cambiado al socialismo galo. En Alemania el SPD ha demostrado en Bremen que puede volver a gobernar pero en situación de debilidad y siempre apoyado por los Verdes que recogen el voto descontento del SPD y de la CDU-CSU. La tendencia unánime en Europa es, pues, la derrota de la socialdemocracia y en algunos países –entre ellos España- el inicio de una fase descomposición acelerada.

1.2. Primera renuncia oportunista de la socialdemocracia: el abandono del marxismo. Esta derrota se debe esencialmente a que, a partir del congreso de Bad Godesberg (1959), el socialismo europeo abandonó progresivamente el marxismo (el PSOE lo hizo casi 20 años después) y aceptó la convivencia con el capitalismo, adquiriendo como seña de identidad el impulsar ayudas y programas sociales más generosos que los asumidos por la derecha. Esta política le permitió sobrevivir y alternarse en el poder con el centro-derecha, mientras Europa vivió situaciones de prosperidad, pero al iniciarse la crisis económica de junio de 2007, los socialdemócratas debieron elegir: o estaban al lado de los clases trabajadores y de los grupos más modestos de la sociedad, al lado de los damnificados por la globalización y al lado de los jóvenes, o estaban al lado de la alta finanza internacional, de la banca nacional y mundial y de los intereses de los grandes consorcios. Y la socialdemocracia europea, unánimemente y sin fisuras, asumió como propia la defensa de los intereses  de estos últimos.

1.3. La socialdemocracia como defensora del capital. El resultado ha sido el desenmascaramiento absoluto de los partidos socialdemócratas que han demostrado ser la otra cara de la moneda, otra trinchera de los intereses del capital y el títere sumiso que come de la mano de la alta finanza internacional, de la banca y del poder plutocrático. No puede extrañar pues, que cuando los trabajadores y las clases más modestas esperaban ayuda y protección de la socialdemocracia y esta se entrego en cuerpo y alma a defender los intereses de los poderosos, esta opción haya sido abandonada progresivamente por la que hasta ese momento había sido su clientela natural.

1.4. El caso español: un PS“O”E que no tiene nada que ver con los intereses de los trabajadores.  En España este proceso ha resultado escandaloso y ha restado la credibilidad que podía quedar en la “O” de “obrero” aún residente por inercia en el anagrama del PSOE. El zapaterismo no ha podido gestionar la crisis de manera más antipatriótica y más contraria a los intereses de los trabajadores: dio graciosamente 80.000 millones de euros para que la banca española pudiera cumplir con sus compromisos internacionales, pero aún hizo algo peor, presentó esta ayuda como si fuera para “abrir la espita del crédito” cuando sabía muy bien que ese dinero terminaría en las arcas de bancos franceses y alemanes y en las cuentas de fondos de inversión extranjeros que habían invertido de manera irresponsable en bancos españoles durante la burbuja inmobiliaria y el período del crédito fácil. El zapaterismo dio 120.000 millones de euros en dos etapas (el Plan E y el Plan E2010) para satisfacer a la patronal de la construcción (y a los comisionistas del propio PSOE atrincherados en las concejalías de urbanismo y de obras públicas de los ayuntamientos) sembrando España de rotondas inútiles y de obras inservibles. Y también aquí, lo peor no era la irresponsabilidad del presidente del gobierno, sino que se había dado como explicación el que todo esto era “para generar empleo”… palabras que ya ni se recuerdan cuando hemos superado los 5.000.000 de parados.

1.5. La responsabilidad del aznarismo en la actual crisis económica. Es rigurosamente cierto que los elementos que dieron lugar a la crisis de 2007 no habían sido responsabilidad del zapaterismo sino que se habían gestado durante el gobierno Aznar y lo tenían a él como máximo inspirador. Aznar llegó a la conclusión de que la única forma de asegurar un crecimiento económico era un modelo basado en la construcción, el crédito fácil, la inmigración masiva y los salarios bajos. Para ello liberalizó el suelo, entreabrió las puertas a la inmigración y reconoció en la práctica que el sistema educativo español estaba quebrado y solamente servía para formar a jóvenes con conocimientos limitados que siempre serían mano de obra barata para construcción. Pero, si bien es cierto que la responsabilidad de ese modelo miserable y ruin no tuvo nada que ver con el zapaterismo, no es menos cierto que el zapaterismo no hizo nada por rectificarlo (aun a pesar de que era “pan para hoy y hambre para mañana”), sino que, cuando llegó la crisis la gestionó de la peor manera posible: en solamente tres años, las reservas del Estado se agotaron en planes absurdos y en ayudas ¡a los que habían generado la crisis!

1.6. ¿Sobrevivierá el PSOE a la tragedia que se le viene encima? La sombra del zapaterismo y de sus ministros y ministras analfabetos estructurales, a la mala calidad de su gestión y a la colección de mediocres y “mediocras” que situó en los puestos clave del Estado, tardará décadas en disiparse, y hace falta preguntarse si el PSOE sobrevivirá a esta crisis. Y si lo hace –como sobrevivió al felipismo- será a costa de caer todavía más bajo y no sin tensiones de los barones regionales. El PSOE pagará en la próxima década su “estructura federal” (que anticipaba la centrifugación del país, centrifugando al propio partido en baronías y “partidos federados” de los que el catalán será el primero en demandar más autonomía y de los que el andaluz correrá el mayor riesgo de desaparición tras la estampida que ya se ha producido en las elecciones municipales y el que se centuplicará en las próximas elecciones autonómicas. Así pues, la pregunta que debemos plantearnos es la siguiente: ¿sobrevivirá el PSOE hasta 2.015?

1.7. La imposibilidad de asumir la herencia del zapaterismo. Y todo induce a pensar que si sobrevive lo hará de manera capidisminuida y será muy difícil que, tanto esta sigla como el resto de la socialdemocracia europea, estén en condiciones de reconstruir un “modelo de izquierdas” con un programa creíble para el cuerpo electoral, el cual siempre verá a la socialdemocracia como el aliado del capital internacional y de la banca, como el partido que come de la mano de los señores del dinero a los que lame las botas y como un engendro que ha dictado las medidas más absurdas de “ingeniería social” que han generado la mayor inestabilidad social conocida por país alguno en Europa: desde el divorcio-exprés, hasta las leyes de “igualdad”, desde el aborto libre hasta la degradación de la familia, desde los matrimonios y las adopciones gays a las leyes contra la violencia doméstica (que la han duplicado), desde el efecto llamada para inmigrantes (con la regularización masiva de febrero-mayo de 2005 hasta el reglamente de la ley de inmigración (que rebaja incluso las condiciones para la “regularización por arraigo” premiando el propio incumplimiento de la ley de extranjería), desde la negociación con el terrorismo hasta la obsesión por la memoria histórica, eludiendo el hecho del fracaso del Estado de las Autonomías, la quiebra de la enseñanza pública, la saturación de la sanidad, el desmoronamiento de la seguridad ciudadana, la crisis de la juventud, una nueva oleada de toxicomanías y, especialmente, la absoluta ausencia de un modelo económico que sustituya al modelo aznarista caído y desintegrado a partir del verano de 2007. Los efectos deletéreos del zapaterismo durarán décadas en extinguirse. Y la sociedad española tardará tiempo en perdonar los errores en la gestión de la crisis que nos han conducido a superar los 5.000.000 de parados, a estar en el límite de la intervención económica por parte de la UE, a tener un déficit público sin precedentes y a ver con el sector primario y secundario (agricultura e industria) se van deshinchando a medida que pasan los meses, mientras la promesa de I+D+i queda como una quimera ante el cierre del crédito… cierra que, en gran parte se debe a que el dinero disponible para crédito lo absorbe el propio Estado en la medida en que la banca gana más comprando deuda del Estado (que paga con créditos del Banco de España) que dando dinero para estimular el consumo y, sobre todo, para las PYMES. 

(c) Ernest Milà - prohida la reproducción de este texto sin indicar origen

Entender y encuadrar el 15-M

Infokrisis.- Como movimiento incipiente, el movimiento nacido el 15-M resulta cambiante y contradictorio. A medida que pasan los días, el observador encuentra matices nuevos interesantes y afina algo más a la hora de realizar un análisis y encuadramiento del fenómeno. En estas líneas se exponen algunas reflexiones realizadas en los últimos días a raíz de los elementos nuevos que se han ido produciendo. Lo que hemos tratado de realizar, a fin de cuentas, es un intento de situar al 15-M en el contexto que le es propio: el arranque de la crisis política, consecuencia final de la crisis económica y de la crisis social. La “convergencia de crisis” y su difícil salida, es lo que permite pensar que estamos ante la apertura de la etapa final del “régimen”.

1. Un movimiento de “nueva izquierda”

El movimiento del 15-M es apartidista, pero casi en su totalidad respira el inequívoco aroma de la izquierda. No estamos hablando de partidos, es evidente para todos –salvo para Intereconomía- que el movimiento del 15-M es antisocialista y que no es en absoluto comunista. En ciertos sentidos remite al socialismo utópico, también al anarquismo asambleario y hay suficientes elementos que denotan un “humanismo universalista” que no es exactamente igual a la doctrina que Zapatero ha aplicado en este país, pero que se le parece bastante.

La izquierda europea está en crisis. Esa crisis deriva de que la socialdemocracia con la configuración que adoptó el SPD alemán después del congreso de Bad Godesberg, en el que “aceptaban” el capitalismo y renunciaban al marxismo, haciéndose, por tanto, co-gestores de ese mismo capitalismo, está agotada. Todo fue bien durante los “treinta años gloriosos” (de 1945 a 1975, en realidad hasta 1973) el crecimiento económico en Europa permitía el optimismo: se podía ser socialdemócratas y diferenciarse de la derecha en la promesa y en la aplicación de medidas sociales. Pero a partir de 1973, la crisis del petróleo empezó a poner palos en los engranajes y, posteriormente, al final de la década, el ascenso del neo conservadurismo (con Tatcher y Reagan y la revalorización de las doctrinas de la escuela austríaca de economía) empezaron a acortar el margen de maniobra del centro-derecha. Finalmente, al estallar la Gran Crisis, se demostró que la socialdemocracia carecía de soluciones propias y que no podía hacer otra cosa que “salvar al capital financiero”. Por eso mismo dejaba de tener personalidad propia y tendía a aplicar exactamente la misma política que el centro-derecha, esto es, la que peor convenía a las clases trabajadoras.

Hoy, por todo eso, por falta de referencias doctrinales, por selección a la inversa de la calidad de sus gentes (el socialismo francés solamente pudo oponer a Sarkozy y a Marina Le Pen a un “millonario, socialista y judío” para colme presidente del FMI, mientras que el socialismo español, tras Rubalcaba solo tiene una cohorte de perfectas deficientes mentales a lo Chacón, a lo Pajín, y poco más), por mansedumbre ante el capital, por comer de la mano de la alta finanza, y por haber abandona a su electorado natural, la socialdemocracia está semi desaparecida, ya no es preeminente respecta a su momento histórico y es incapaz de reconstruir un discurso político al estar excesivamente vinculada a la defensa del capital. Dicho de otra manera y, en síntesis, la socialdemocracia ha fallecido, que la lloren los que hasta ahora han sido sus beneficiarios. La componente de centro izquierda del “partido único realmente constituido” (la otra componente es el centro-derecha y ambos comparten la idea de la “única política posible”, siendo, a la postre la cara y la cruz de la misma moneda) está a punto de colapsar.

Hoy es evidente que el PSOE está excesivamente vinculado al régimen de la corrupción y la crisis económica, de la democracia formal pero no real, de la defensa del capital frente a la defensa del trabajo y de la economía especulativa frente a la economía productiva. Por eso las masas le están volviendo cada vez más la espalda. Y, en cuanto al PCE y a su prolongación, IU, la caída del marxismo entrañó su desaparición como fuerza política real, su asunción frívola del ecologismo demostró su desinterés por las cuestiones doctrinales y la imposibilidad de reconstruir un discurso desde la izquierda radical ortodoxa y marxista. La vieja izquierda, la izquierda de papá, del culto a la “resistencia” en Europa y del recuerdo obsesivo de la “memoria histórica” en España, han muerto.

Y es entonces cuando aparece una “nueva izquierda” polarizada en torno al movimiento aún inconcreto y nebuloso del 15-M. Nuestra tesis es que, si ese movimiento logra desembarazarse de las adherencias más desagradables que han acampado en Sol o en Pza. Cataluña, si con los fragmentos de los distintos grupos que lo componen logra articular un discurso coherente capaz de interesar a los “verdaderamente indignados”, de ahí nacerá una “nueva izquierda” mucho mejor adaptada al siglo XXI que la “vieja”.

Este movimiento del 15-M puede terminar siendo parecido al Nuevo Partido Anticapitalista, o a Die Linke en Alemania, espacios que aquí la blandenguería y la mediocridad de Rosa Díez no pueden cubrir.

2. Cayo Lara e Izquierda Unida en el 15-M

La “nueva izquierda” no parece querer nada con la “vieja izquierda”. Los primeros ven a los segundos como una especie de vector de izquierdas, antediluviano y oportunista, con el que se no se sienten identificados. A diferencia de la “nueva izquierda” del 68 que, en el fondo estaba formada por maoístas, trotskistas, anarquistas y situacionistas y todos ellos bebían más o menos de la izquierda tradicional y habían aparecido en un tiempo en el que los sindicatos todavía tenían prestigio, combatividad y capacidad de movilización. Hoy esa “nueva-vieja izquierda” no existe ni siquiera a título residual.

Izquierda Unida es precisamente un residuo al que se le agota el tiempo: permanecer con la dimensión actual es para IU un suicidio, si no crece ahora no lo hará jamás y su única posibilidad de crecimiento sería el ser un partido bisagra, pero para desgracia de IU las bisagras deben situarse entre dos fuerzas y no a la izquierda de una de ellas.

El drama que pesa sobre IU es que sus dos opciones tienen mala salida: o bien se alía con el PSOE en nombre de la “unión de la izquierda” (lo que hace que sus llamamientos a la honestidad caigan en el vacío), o bien llama al “desalojo de los corruptos” (haciendo causa común con el PP y traicionando a sus orígenes de izquierdas). La crisis de IU en Extremadura demuestra que mientras el crecimiento de este partido sea mínimo (y no hay esperanzas de un crecimiento asindótico) se verá sometido a tensiones internas lacerantes que diluirán sus triunfos. Por lo demás, el tiempo de IU ya ha pasado y un partido hecho a base de oportunismo de la peor especie, dogmatismo propio de otros tiempos, y democratismo, no podía sino tener un recorrido bien corto. Ese oportunismo está latente en el mismo tránsito del PCE a IU.

En 1970 aparecieron los primeros movimientos ecologistas. El hundimiento del Torrey Canyon, un petrolero que expandió la primera gran mancha de crudo en los océanos, fue su detonante. Para el Comité Central del PCE “el ecologismo era una ilusión pequeño-burguesa que distraía del hecho esencial: la lucha de clases”. En 1977, la posición del partido era la misma. Sin embargo, el desmantelamiento que ese partido vivió a partir de 1978 y el desprestigio del marxismo a partir de 1981 generaron la búsqueda de una “izquierda alternativa” que se encontró cada vez más en el ecologismo. IU, fundada por Gerardo Iglesias como una estructura “frentista” clásica, se fue convirtiendo poco a poco en un “modelo sandía”, rojo por dentro y verde por fuera, para pasar a ser, finalmente, una auténtica sandía verde… Nadie compra una sandía completamente verde.

El mismo día en que en Francia el viejo PCF, con los 90 años cumplidos, renunciaba a presentar candidatura propia a las próximas elecciones presidenciales en beneficio de otras opciones de izquierda, Cayo Lara, coordinador de IU era abucheado por los “indignados” de Sol. No era raro que así fuera: para estos jóvenes lobos de la izquierda en recomposición, Cayo Lara es el viejo modelo a eludir, un residuo del stalinismo, un político al uso que vive del cuento y no tiene interés en acometer ni proponer grandes reformas. No tienen nada que ver con él, a pesar de que Cayo Lara quiera ver en la protesta de los indignados un aliado objetivo para su maltrecha coalición.

El movimiento del 15-M es, sobre todo y por el momento, antipolítica. Se trata, por supuesto de un reflejo infantil, el habitual en la izquierda radical de todos los tiempos que ya denunciara Lenin en uno de los folletos. El movimiento de 15-M ve en todo diputado o en todo político profesional a un enemigo a batir. Cayo Lara es uno de ellos a pesar de que IU haga suyos los ideales de los “indignados”. Si el movimiento logra sobrevivir unos meses más, este sentimiento antipolítico se transformará, en una segunda fase, en realismo y sus dirigentes harán lo mismo que están haciendo ahora, Lara e IU: buscar un lugar bajo el sol. Ya se sabe que la primera arma del “régimen” es comprar al peso a los opositores y el movimiento del 15-M no tiene raíces excesivamente profundas. Integrarlo todavía es posible. La falta de una doctrina de conjunto y la ausencia de una reflexión doctrinal coherente y en profundidad, fuera de unos cuantos tópicos que la “izquierda alternativa” repite desde hace años (tasa Tobin, “otra globalización”, democracia asamblearia, etc.), hace que, los comportamientos de quienes se erigirán en líderes, en principio, carezcan de grandes soportes doctrinales y compartan más bien posiciones vivenciales que, en cualquier momento, cuando la tentación sea grande, pueden abandonarse justificándolas por el “realismo táctico”, concepto que las izquierdas de todos los tiempos han repetido.

Porque hay algo inviable en el movimiento del 15-M…

3. De la democracia formal a la democracia imposible: el mito asambleario consecuencia extrema del mito igualitario

Lo más preocupante del 15-M es que asume un concepto peligroso e irrealista: el modelo asambleario abierto. Haría falta que sus impulsores leyeran la obra de Gustav Le Bon sobre los comportamientos de la psicología de las masas o la crítica a la democracia realizada desde finales del siglo XIX por autores de la talla de Ibsen o, posteriormente, por los fascismos e incluso por el propio marxismo, para reconocer que, la gran contradicción de las democracias formales es que están instauradas y han llegado a ser indiscutibles aun cuando nunca nadie haya contestado coherentemente a la crítica teórica contra ellas.

La democracia se basa en el concepto de “igualdad”. Un concepto que deriva del mundo clásico, sólo que allí, no todos eran iguales: eran iguales solamente los miembros de un mismo estamento, mientras que los estamentos estaban jerarquizados. La igualdad es imposible y el valor del voto es una falsedad piadosa asumida para lograr un sistema de mayorías que funcione fácilmente. Está claro que si se trata de votos sobre la apertura de más centrales nucleares o el cierre de todas ellas, son los técnicos, los que conocen verdaderamente el problema y sus riesgos, quienes tienen derecho a opinar y el resto, los profanos, no podemos hacerlo sino siendo víctimas de manipulaciones y sugestiones maliciosas de unos y de otros. Hay cuestiones cuya complejidad e importancia no permite ser discutida por unas masas que, desde Le Bon sabemos que son vagas, tienen un bajo nivel de asimilación de ideas, una nula capacidad de razonamiento y una casi inexistente posibilidad de racionalizar conceptos y concatenar ideas y desconocen, en tanto que masas, los mecanismos del razonamiento lógico y de la concatenación de silogismos.

Si en la antigua Grecia se practicaba la “democracia”, es evidente que había que añadirle un adjetivo: “democracia estamental”. Pero, hoy el movimiento dl 15-M nos dice que la alternativa a la democracia “formal”, esto es la democracia “real”, es un permanente ejercicio de asamblearismo. Una democracia real sería una asamblea permanente con capacidad de revocar decisiones de los dirigentes políticos.

De ahí que el movimiento de 15-M no sea, como no lo fue antes la revolución de octubre, ni antes aún las revoluciones burguesas, y, por supuesto como fue la revolución de mayo del 68, no sea, decimos, otra cosa que el enésimo intento de llevar a la práctica los ideales de “libertad, igualdad”, cuando precisamente esos ideales, lejos de ser el centro del problema, acaso sean su desencadenante. Si la noción de “libertad” es ambigua, la noción de “democracia” no lo es menos. Y si bien está claro que la autoridad debe derivar de algún principio unánimemente aceptado, la “voluntad popular” no es más que un mito que, a fin de cuentas supone una medición cuantitativa de unos votos que se dan por “iguales”, cuando todo el mundo está obligado a reconocer que el voto de un experto y el de un ignorante nunca, en buna lógica, tendrán el mismo valor. La “democracia” (real o formal, “ya” o “mañana”) no es más que un mito que fue útil durante el período de las revoluciones burgueses para justificar el ascenso de nuevas clases sociales y en nombre de las cuales se procedió al desmantelamiento del antiguo régimen, pero no la idea tenía muy poco que ver con la democracia ateniense. La prueba ha sido que TODOS los intentos de llevarla a la práctica y hacer de la democracia un régimen de libertades, han fracasado (revolución francesa, revolución bolchevique, revolución de mayo del 68) y, por lo mismo, no hay ningún motivo para pensar que la “revolución de los indignados” tendrá otro final.

De hecho, los dos principales lastres de esta “revuelta” son: su asamblearismo y su humanismo universalista extremo. Por lo primero, la democracia numérica se convierte en una obsesión: todos en todo momento deben decidirlo todo… Quien haya asistido a una asamblea sabe lo fácil que es manipularla y quien haya seguido debates en foros de internet conoce perfectamente que las distintas opiniones no contribuyen jamás a encontrar la línea correcta.

El error del movimiento de los indignados es no percibir que el problema no es únicamente derribar los espacios de poder de los “partidos mayoritarios”, sino derribar el orden de ideas que ha permitido a los partidos mayoritarios llegar a la actual situación. Si en lugar de “libertad, igualdad, fraternidad”, el punto de partida fuera “orden, autoridad, jerarquía”, la protesta tendría otra perspectiva y, seguramente, supondría una ruptura con el “viejo orden”. Pero, mientras se persista, en llegar a las últimas consecuencias de un principio histórico que ha generado casi 225 años de errores, este será la cuarta rectificación que, como las otras tres, llevará a aberraciones históricas. Una cosa es que estemos en la era de las masas y otra muy diferente pensar que las masas, a través de las asambleas, pueden hacerse dueñas de sus destinos.

Es más, la “revuelta de los indignados” supone el límite extremo del “democratismo”: las asambleas permanentes, los cargos electores revocables en cualquier momento, el rendir cuentas al dedillo sobre la gestión realizada, elementos todos que ignoran el hecho esencial, a saber que tenemos una población que ha perdido desde hace décadas su capacidad crítica, que la competencia y el conocimiento de los problemas no es su característica esencial, que masas educadas en la telebasura y en el consumismo, que han callado durante décadas ante una pérdida progresiva de derechos y que, ni siquiera han sido capaces de algo tan sencillo como rectificar su voto, no son el sustrato más adecuado –pero si son el mayoritario- para una “asamblea permanente”.

Como todo movimiento nacido durante unas crisis, el movimiento del 15-M porta en su propio ADN el germen de la crisis. Su reflexión ha sido “simpática” en el sentido en que han aislado un solo problema (los límites de la democracia formal), han exteriorizado una sensación de hastío (generada porque la inseguridad que se ha convertido en la característica dominante del sistema político-económico español) y han abucheado a los responsables últimos de la crisis. Pero, el movimiento, en su conjunto, tiene unos ideales que, extrañamente, coinciden con los del Zapaterismo, esto es, un humanismo universalista que en la “otra globalización” el objetivo a alcanzar, en las fronteras nacionales y en los aparatos estatales el enemigo (cuando pueden ser considerados como los últimos bastiones contra la globalización), en una forma de ingeniería social la vía justa (ya se sabe: aborto libre, eutanasia, divorcio exprés, adopciones gays, etc, elementos características del programa zapateriano extraídos todos, sin excepción, de las directrices de la UNESCO), y si han dicho algo sobre la inmigración está más próxima al “papeles para todos” y al “ningún ser humano es ilegal” que a la percepción de la inmigración como uno de los canales a través de los que actúa la globalización.

El nivel teórico del movimiento del 15-M es, pues, una prolongación extrema de lo iniciado en 1789 y con ello se cierra el ciclo: cuando se parte de principios falsos que se absolutizan (libertad, igualdad y fraternidad), el error se manifiesta antes o después.

4. Ha llegado el tiempo del primer despunte de la crisis política

En nuestro análisis expresado anteriormente en multitud de ocasiones desde 2007 preveíamos una especie de “efecto dominó”: la crisis económica, en caso de prolongarse, generaría una crisis social y ésta, si se prolongaba, terminaría generando una crisis política. Estos pasos se han seguido de manera inexorable y ahora estamos ante los primeros despuntes de la última fase. Repasemos el proceso para encuadrar el movimiento del 15-M dentro del contexto de la crisis.

En 2007 se decía: “dos millones de parados es un problema laboral, tres millones de prados es un problema social y cuatro millones es una revolución”. No era así. El “entartainment” ha hecho que dos millones de parados fueran considerados de manera tan optimista que incluso cuando existían era preciso importar a seis millones de inmigrantes; cuando existían tres millones bastaba con ampliar las ayudas y cuando teníamos cinco, para calmar a la población ha bastado dar más sobredosis de telebasura y fútbol televisado a diario.

Pero el problema que se ha planteado al zapaterismo es que el superávit que tuvo en la primera fase de su gobierno, se ha ido agotando. ZP nunca supo por qué crecía la economía española y, por tanto, nunca se enteró de porqué decrecía. Se limitó a creer que se trataba de un percance temporal y que pronto la economía mundial tiraría de la española, por eso se podía aumentar subsidios y subvenciones y eso se hizo. Pero la crisis se prolongó, otros países salieron de ella, pero no España cuya estructura económica era de “monocultivo” (construcción-hostelería) y al ir prolongando los subsidios sin disminuir el gasto en otras actividades dio como resultado un agujero económico gigantesco.

El primer aviso de que estaba en ciernes la transformación de la crisis económica en crisis social se produjo durante la huelga convocada por los sindicatos minoritarios del sector de transportes en junio de 2008: unas pequeñas asociaciones habían conseguido detener los transportes por carretera. Sin embargo, en los dos años siguientes sorprendió el que los sindicatos se negaron a convocar protestas contra el gobierno y, cuando llegó la huelga general, se trató de un mero trámite para seguir siendo considerados como “agentes sociales”, en el que evidenciaron tener poco interés. De hecho, la movilización se hizo más en contra del PP que del Zapaterismo. Sin embargo, el hecho mismo de que se percibiera claramente que los sindicatos tenían poca capacidad de movilización, constituyó en sí mismo uno de los rasgos que hacía temer que la protesta social cuando estallase, los rebasaría.

El riesgo para la estabilidad del “régimen” nacido en 1978 era esta: que las dos columnas sobre las que se construyó, centro-derecha y centro-izquierda, entraran en crisis, introduciendo un factor de inestabilidad en la totalidad del sistema. Ello ocurriría inevitablemente si se prolongaba la crisis. En el momento actual, la columna de centro-izquierda corre el riesgo de colapsar. El hundimiento electoral de esta formación el pasado 22-M fue mucho más grave de lo que preveían incluso los más pesimistas dentro del partido. Inmediatamente, la sensación de crisis se trasladó a las federaciones regionales iniciándose un proceso de centrifugación que se acelerará cuando se cierren las urnas en las próximas elecciones generales. Ahora el PSOE paga diez años de errores en los que su sigla ha quedado sustituida por la sigla ZP. Y el recuerdo del Zapaterismo tardará en extinguirse.

En cuando a la otra columna, el centro-derecha, parece difícil que logre sacarnos de la crisis en poco tiempo. A la vista de sus propuestas económicas (ridículamente electoralistas unas: “bajar impuestos sin bajar prestaciones”), de sus silencios obligados (¿alguien ha oído el modelo económico que propone el PP?) y de sus lagunas (¿qué dice el PP sobre la globalización ahora que ya resulta evidente que beneficia a unos –el capital especulativo- y perjudica a todos los demás?), no cabe hacerse ilusiones. La estrategia del PP consiste en que las presiones de la UE obliguen a ZP a poner en marcha las reformas drásticas y neoliberales de la economía española y le ahorren a él tener que hacer el ajuste duro. Pero ambos programas para salir de la crisis son uno: el dictado por el capital especulativo y la finanza internacional y transmitido directamente a través de la UE, del FMI e indirectamente a través de los “mercados”. Así pues, el PP no será una solución, sino que en el período 2012-2014 se vivirá una sensación de “ajuste duro” con más privaciones y estrecheces para casi todos. Es cuestión de examinar lo que ocurrirá en ese momento.

Parece claro que con un centro-izquierda que saldrá desmantelado de las próximas elecciones y un centro-derecha que se ganará pronto el rechazo general (¿de qué hablará Intereconomía cuya única “bestia negra” es Zapatero?), y que no obtendrá ningún éxito inmediato por lo menos en su primera legislatura, la crisis social se habrá transformado y en crisis política. Porque si la columna de centro izquierda que sostiene al régimen también entra en colapso, es el sistema el que corre el riesgo de desplomarse.

El nacimiento del movimiento del 15-M responde precisamente a este esquema de la sucesión de crisis: aparece cuando la crisis social ya está muy avanzada, sustituyendo a unos sindicatos “huidos” y silenciosos e incluso atreviéndose a impulsar la convocatoria de una huelga general (que esta vez sí será masiva con millones de personas en las calles porque la convocatoria no estará lastrada por unos sindicatos desprestigiados y con la peor imagen posible, sino por un movimiento “joven y simpático” para la mayoría del país en el que cada cual ve justo lo que quiere ver) y cuando una de las columnas del régimen (el centro-izquierda) empieza a convulsionarse. De hecho, la tesis que hemos sostenido en el inicio de este análisis es precisamente que en el futuro el 15-M puede evolucionar como pieza de sustitución y de renovación de la “izquierda de papá” (tanto de IU como del PSOE) cuando esta se hunda definitivamente. Desde este punto de vista, el movimiento no es tan importante hoy, como lo puede ser en el futuro a poco que adquiera una coherencia interior y un estado de madurez (del que hoy dista todavía mucho de alcanzar).

Hemos rectificado la opinión que manteníamos inicialmente sobre la perennidad del movimiento que nos hicimos en sus primeras semanas (creíamos que a partir del 22-M se desmovilizaría), creímos luego que seguiría un proceso degenerativo (que en realidad se ha producido al integrarse colectivos marginales y desaparecer entre el 22-M y los quince días que siguieron a los grupos sociales que tenían verdaderos motivos para estar “indignados”), pero los errores cometidos en Barcelona con el caótico intento de desalojo de la plaza de Cataluña reavivaron el movimiento y el cerco al parlamento catalán, consolidaron el movimiento mucho más en Barcelona que en Madrid en donde, si no fuera la capital del Estado y terminaran allí convergiendo las protestas, probablemente lo que quedaría de la acampada de Sol serían marginalidad pura y simple (como ha quedado en Valencia, marginalidad, residuos de la izquierda radical y newagers).

El intento de recuperación que realizó el Zapaterismo se ha cerrado entre el fracaso y el ridículo, y la preocupación de Rubalcaba para evitar que se produjeran tensiones entre las fuerzas de seguridad del Estado y los “indignados” (como ocurrieron en Barcelona), obedece precisamente a la convicción de que el electorado del PSOE es el más sensible a la posición de los “indignados” y que los decepcionados con la política zapaterista irán a engrosar sus filas. Bastará con que un diputado del PSOE, en este momento, rompa con el partido y se manifieste a favor de los indignados para que un movimiento “sin rostro” (la máscara de Anonymus es, sin duda, otro de los hallazgos del movimiento) empiece a tenerlo.

Dicho de otra manera: el movimiento del 15-M es el primer despunte de la crisis política que se avecina, último estadio de la crisis del régimen que sigue a la crisis económica y a la crisis social. La “sucesión de crisis” y su “convergencia” en un Punto Omega, estación término del sistema de equilibrios políticos surgidos en 1978, es lo que tenemos ante la vista y el lugar natural de encuadre del 15-M.

© Ernest Milà – Infokrisis – http://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.comInfokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.