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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

A un candidato identitario

A un candidato identitario

Carta abierta a un candidato identitario en las elecciones municipales.- Los partidos mayoritarios ganan las elecciones porque se tiene a un líder telegénico y el favor de los “señores del dinero”. Si no tienes, ni lo uno ni lo otro, a lo único que puedes aferrarte es al voluntarismo tuyo y de tu equipo y a una justa línea política, esto es, a un programa que sintonice con las aspiraciones de una parte de tu comunidad. Si tampoco tienes esto, no vale la pena ni que te presentes. Saldrás derrotado y, lo que es peor, abochornado delante de tus vecinos. Tienes que saber lo que les propones. Y tienen que oír cómo se lo propones. Así que es bueno resumir el contenido del Manual del Candidato (que, obviamente, te recomiendo y en donde podrás ampliar todos estos conceptos básicos) en un decálogo de “mandamientos”:

1. Conoce tu población.- Solamente conociendo a tu población puedes interpretar lo que necesita. Tu población no es tu calle, ni tu casa, ni tu barrio, ni el concepto que puedas haberte hecho de ella. Es una totalidad compuesta por barrios con distintos problemas. Debes conocer cada barrio, cada esquina de tu ciudad si te postulas como candidato. Solamente así sabrás lo que puede interesar a tus vecinos.

2. Conoce a sus gentes.- Debes conocer la sociología de tu población. En cada barrio hay un tipo de gente diferente. Unos están más conformes con los que gobiernan, otros se han visto abandonados. Dirígete a estos y olvida a los primeros. No se trata solamente de mirar estadísticas, sino de conocer a las gentes directamente. Lo primero te dará una pista, lo segundo te confirmará en los problemas de los vecinos.

3. Relaciónate con la gente.- Si no eres bueno para las relaciones sociales o no te interesan, no seas candidato. Un candidato es alguien que quiere hacer algo por la gente. Lo que diferencia a “nuestra gente” de la “vieja banda de los cuatro” o de la “nueva banda de los cuatro”, es que cuentan con la gente, no solamente para recibir su voto ¡sino para solucionar sus problemas! Si no tienes empatía con la gente, abandona antes de empezar.

4. Compón un programa electoral.- De tus observaciones y de tu doctrina política deben salir las soluciones que propongas para su comunidad. No copies los programas de otros. No intentes imitar a otros. Busca un perfil propio: que los ciudadanos sepan pronto lo que tu candidatura propone, que no tengan dudas. No seas ambiguo en tus propuestas: no lo olvides nunca: ten un perfil propio, si se parece mucho a otros, estás perdido.

5. Se radical, llama al pan, pan, y al vino, vino.- Si buscas el voto moderado, estás perdido. Los “moderados” ya tienen a partidos centristas de todos los pelajes para votarles: centro-derecha, centro-izquierda, centro-centro… Si crees que así te aceptarán mejor, te equivocas: tienes que ser radical, tienes que ir a las raíces de los problemas. Solamente así lograrás hacerte un hueco. Ser “radical”, no quiere decir ser extremista o ser violento.

6. Trabaja a tu entorno.- Los votos de tu candidatura deben proceder, como mínimo, de un entorno familiar, de tu entorno social (amigos, compañeros de trabajo, de estudio, vecinos, colegas del bar o de cualquier círculo al que pertenezcas). No te olvides hacer campaña entre sus “próximos”, ni que lo hagan tus compañeros de candidatura. No olvides que eres un ser social y quienes mejor te conocen son los que más predispuestos están a votarte.

7. Trabaja a los medios locales.- Tu candidatura, desengáñate, nunca tendrá acceso a los grandes medios de comunicación nacionales, ni a los canales de TV generalistas en prime time. Así que olvídate de eso. Pero sí puedes estar presente en los medios de comunicación locales. Basta que les envíes noticias, que conozcan y hables con los periodistas, que les envíes comunicados y que tu programa tenga algo que les interese. La novedad, por ejemplo.

8. Acopia medios.- No te presentes con una mano delante ni otra detrás, ni esperar que “el partido” te pague la campaña. Confía solamente en tus fuerzas y en tus medios. Pequeñas cuotas pagadas por un pequeño grupo durante meses, dan como resultado, algunos medios que si los inviertes con habilidad te pueden dar resultados inesperados. Compra publicidad en medios locales: es barata y les obligas a que hablen de ti. No esperes a última hora.

9. Planifica la campaña.- No puedes lanzarte sin saber lo que vas a hacer durante los 15 días de campaña y sin haber hecho un mínimo de pre-campaña. Debes de elaborar un calendario de actos y actividades y cumplirlo a rajatabla. Cuando más realista sea, mejor. Debes de elegir el tono de la campaña (estrategia electoral), los elementos tácticos (panfletos, mailings, carteles, mítines, charlas) y los lemas. Y debes de tenerlo preparado con anticipación.

10. Sé audaz, llama la atención.- Si te limitas a ser cómo cualquier otro partido, nadie se fijará en ti. Para tener éxito hay que ser audaz e imaginativo. Ingéniatelas para llamar la atención de tus vecinos, para hacer algo que los medios de comunicación locales no puedan ignorar (publicidad viral, acciones espectaculares, gestos simpáticos) que demuestren que estás dispuesto a ser “diferente” al resto de la clase política.

Todos estos puntos se encierran en dos:

- Elige una buena lista electoral. Que cada uno de tus compañeros de cartel electoral, sean dignos de confianza de tu población y de tu partido. Evita las listas completadas con “rellenos”, gente conflictiva y “veletas”.

- Cree en lo que haces. Vas a proponer a tus vecinos una alternativa que no se encuentra presente en otras formaciones políticas. Les vas a proponer algo que puede mejorarles la vida. Tus vecinos no son gente anónima: son tus familiares, tus amigos, los tuyos, tú mismo.

*     *    *

Espero que estos consejos te sean útiles en la campaña electoral. En folio y medio no se puede resumir el contenido del Manual del Candidato. Si te ha logrado interesar lo que has leído hasta aquí, si te tienta el ser candidato de tu población, te sugerimos que adquieras el Manual del Candidato en eminves@gmil.com. Te ayudará a hacer una buena campaña.

 

 

 

Info-Krisis.- El mismo día, en las mismas horas, tenían lugar dos elecciones en Europa que suscitaban resultados muy diversas: mientras que la primera vuelta de las elecciones francesas evidenciaba un nuevo avance del Front National y, con ello, un pasó más había la posibilidad en renovación de la política francesa, en Andalucía tenía lugar otra convocatoria en la que también se apuntaba en esa dirección, solo que con un enfoque político muy distinto. Vale la pena realizar algunos paralelismos entre ambos procesos electorales que nos dirán muchas cosas sobre lo que nos espera en el futuro.

Francia: el bipartidismo que se resiste a morir

La derecha francesa ha tenido que recurrir a uno de sus políticos más nefastos y desprestigiados, sin duda al salpicado con más y más casos de corrupción, como muro de contención contra Marina Le Pen y el Front National. La victoria de Sarkozy ha sido una “amarga victoria”. Separado tan solo a cuatro puntos del FN de la UMP liderada por Sarkozy. El Partido Socialista se ha convertido casi en un “partido regional” obteniendo solamente resultados apreciables en Aquitania (el Sur Oeste de Francia). El FN ha quedado, sí, por debajo de los sondeos, pero muy por encima de los resultados obtenidos en 2010, duplicándolos prácticamente y pasando del 11,42% al 26,4%. Estas elecciones han confirmado que los votos del Front Nacional proceden de tres caladeros perfectamente identificados: los jóvenes, las clases trabajadoras empobrecidas por la crisis y la Francia rural.

La izquierda francesa estará completamente ausente en la segunda vuelta de las elecciones en una cuarta parte de los cantones. Hará falta ver si el electorado de izquierda sigue las consignas de sus dirigentes y votan con la nariz tapada a Sarkozy y a los candidatos de la derecha, o si consideran que el Front National es la única alternativa de renovación de la política francesa en este momento. Lo más importante, sin duda, que ha ocurrido en Francia, es que la estrategia de “desdiabolización” emprendida por la dirección de FN cada vez está dando mejores resultados.

Si Sarkozy ha podido salvar los muebles, ha sido precisamente por su actitud “centrista” situándose en una equidistancia entre el Front Nacional y el Partido Socialista. Fuera de esto, Sarkozy no ha sido capaz de realizar ninguna propuesta en positivo. Los llamamientos apocalípticos hacia lo que supondría que el primer partido de Francia fuera el FN, han conseguido movilizar a ese 5% del electorado que habitualmente no recurría a las urnas, pero que en esta ocasión lo ha hecho atraído por el mensaje de cerrar el paso al FN.

Ahora toca ver en la segunda vuelta de las elecciones, el domingo que viene, si ese mismo electorado sigue movilizado y, sobre todo, a quien vota el electorado de izquierdas. La posición de Sarkozy en este terreno es peligrosa. Ayer, en las zonas en las que sus candidaturas han sido eliminadas de la segunda vuelta y batidas ampliamente por el FN, Sarkozy lanzó una llamamiento “ni-ni” (“ni FN, ni PS”) que implica no votar por ninguno de estos dos partidos. ¿Lo seguirá el electorado de la derecha? Y, la izquierda ¿se abstendrá en las circunscripciones en las que se han impuesto el FN y la UMP?, o bien ¿optará por la renovación y seguir lo que cada vez hacen más en Francia las clases populares, votar al FN?

Lo que parece claro es que el FN estará presente en muchas más regiones que en las anteriores elecciones. La tragicomedia de estas elecciones, una vez más la ha protagonizado el secretario general del Partido Comunista de Francia, Pierre Laurent quien ha llamado, junto con el nuevo Partido Anticapitalista e incluso junto a los centristas más moderados, a “cerrar el paso al FN” y a “renovar el frente republicano” para impedir que el FN esté presente en las regiones… como si el primer problema de Francia fuera el FN.

La realidad es que en Francia, la “protesta”, no tanto contra el gobierno socialista, como contra el empobrecimiento de las clases trabajadores, la deslocalización empresarial, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, la decadencia francesa, la rigidez de la política económica impuesta por la UE, la está capitalizando el FN que, además, ha hecho siempre de la lucha contra la inmigración masiva y por la identidad nacional, una bandera de combate. No es pues una protesta “coyuntural”, sino “estructural”. Se equivocan quienes piensan que el FN solamente es un partido anti-inmigración: es eso y mucho más. Es la respuesta de los sectores más sanos y más conscientes del país contra la globalización, el mundialismo y sus peligros y un grito por la renovación de la política francesa. Es esto lo que hace que el “frente republicano” clame contra él y es por esto mismo por lo que el Front National avanza entre el electorado.

Elecciones andaluzas: primer paso en la crisis del bipartidismo

A este lado de la frontera la situación es parecida. Las elecciones andaluzas han sido el canto del cisne del bipartidismo. Si alguien ha salido mal parado en Andalucía ha sido el bipartidismo por mucho que algunos proclamen lo contrario. Los dos grandes partidos, PP y PSOE han iniciado su trayectoria descendente, espectacular en el caso del PP, moderado en el caso del PSOE, pero escandaloso si se tiene en cuenta que Susana Díaz había convocado elecciones anticipadas precisamente para obtener la mayoría absoluta y ganar “estabilidad” sin tener que depender de unos socios demasiado insistentes en que se aclararan los casos de corrupción de la Junta de Andalucía.

El PSOE ha perdido 130.000 votos, pasando del 39,5% en 2012 al 35,4%, con una participación casi cuatro puntos superior el domingo pasado. La injusticia e incoherencia de la Ley d’Hondt se evidencia una vez más en que ha obtenido los mismos diputados, aun teniendo menos votos (casi un 10% menos) y con más participación (con un 3,16% más). No era la victoria que esperaba Susana Díaz para convertirse en una figura mediática de alcance nacional que pudiera representar al PSOE en las próximas elecciones generales. Y lo que es peor para ella: va a tener que gobernar el solitario y llegar a acuerdos puntuales con unos partidos en los que la lucha contra la corrupción ocupa el primer punto.

La victoria del PSOE en Andalucía se explica por la particular situación clientelar que se produce en aquella región, de la que el PSOE ha sido el gran beneficiario desde el origen de aquella autonomía. El miedo a que el alcalde de turno no firme las peonadas o a que el partido que sustituya al PSOE pueda alterar algunas de las constantes que se dan en Andalucía, genera ese conservadurismo electoral que acompaña a aquel régimen autonómico, casi inexplicable desde otras regiones de España y que, por supuesto, no se da en ninguna otra autonomía.

En lo que se refiere al PP el descalabro no ha podido ser mayor. La pérdida de medio millón de votos es la respuesta del electorado a un candidato y a una candidatura gris, sin prestigio, desconocida por la inmensa mayoría de los andaluces y sin ningún atractivo en los contenidos del programa. A este déficit del PP andaluz se une el lastre que ha tenido que soportar esa sigla por la gestión del gobierno Rajoy. No hay “brotes verdes” económicos salvo para los grandes inversores, no hay “recuperación” salvo en las cifras “macroeconómicas”, no hay aumento del trabajo salvo en las ilusorias cifras de “contratos firmados”, no hay aumentos en los salarios, ni en las pensiones, no hay nada que llegue a la población y que pueda considerarse como un “logro” por parte del PP. La candidatura andaluza del PP ha sido la primera en experimentar el amargo sabor de la derrota, pero no va a ser la única, es simplemente, un anticipo de lo que espera a un partido cuyo gobierno quiere injertar una percepción en el electorado que no tiene nada que ver con lo que este ve en su triste cotidianeidad.

Mienten los dos grandes partidos y los tertulianos de la corte cuando dicen que “el bipartidismo goza de buena salud”. Lo que estas elecciones han confirmado es, precisamente, la tendencia hacia una atomización creciente de la vida política española. Ya era hora, cabría decir. Dos siglas más han entrado en el parlamento andaluz y no lo han hecho tímidamente, sino con fuerza: Podemos con casi 600.000 votos y 15 diputados y C’s con 370.000 votos y 9 diputados. Vale la pena pensar lo que esto significa.

En principio que más de un millón de votantes han optado por la protesta contra el bipartidismo, que encarnan estas dos siglas hasta ahora inéditas en la política andaluza. ¿De dónde vienen estos votos? De la abstención, sin duda, pero no sólo de la abstención, ni siquiera de manera preferente. Tampoco, contra lo que uno tendría tendencia a pensar, proceden solamente del hundimiento de IU, partido que ha perdido 200.000 votos. Vienen, en parte, del PSOE, por supuesto, que se ha visto cómo Podemos le restaba 100.000 votos. Pero hay entre 75.000 y 100.000 votos que solamente pueden proceder de antiguo votantes del PP y que, hartos de la mala gestión de Rajoy, cansados del triunfalismo gubernamental  sobre el fin de la crisis, hartos de combatir a la corrupción con palabras, han mutado hacia Podemos. Porque, si bien el ascenso de C’s se explica por el tránsito de votos del PP a esta formación, la diferencia de cifras entre lo que ha obtenido C’s (368.988 votos) y la pérdida de votos del PP (506.665 votos) hacen que 137.677 votos que en 2012 pertenecieron al PP, hayan ido a parar ahora a algún sitio. Y Podemos es la única fuerza que puede haberlos absorbido.

Así pues, la conclusión a extraer es que para el PP hay algo peor que haber perdido votos: el haber demostrado públicamente que una parte de su electorado está tan absolutamente iracunda con Rajoy y con el triunfalismo gubernamental que está dispuesta a votar a lo que está más alejado del PP, a Podemos.

Vox, la alternativa “a la derecha” del PP, ha evidenciado una vez más su falta de atractivo para el electorado de la derecha que lo considera como una fotocopia reducida del PP: entre votar al original y votar a la copia, el electorado no duda. Otra opción que puede entonar el miserere es UPD que ha perdido casi la mitad de los votos que obtuvo en 2012 asando de los 129.407 a los 76.653 que ha obtenido ahora. Rosa Díaz está amortizada. Llamó la atención en ese tiempo en el que Podemos no existía y Alberto Rivera hacia solamente “política catalana”, pero desde el momento en que la opinión pública percibió, tras las últimas elecciones europeas, que se trataba de un partido personalizado en la antigua socialista vasca y que esta imponía su ritmo por puro interés personal en no perder el control del partido, poco a poco se ha visto abandonada por sus cuadros y por la corriente de simpatía (en buena medida simpatía ilusa) con la que acogió hace ocho años la fundación de este partido. En cuanto a los partidos andalucistas también han reducido su número de votos.

Quedaría por hablar de las “fuerzas nacionales”. El MSR que se presentó en 2012 (628 votos), no ha estado presente. Y AES que obtuvo en aquella ocasión 653 votos, ha optado también por lo más lógico, no presentarse. En su primera irrupción electoral, el Partido del Trabajo y de la Justicia –del que nos cuentan que es una escisión de AES– apenas ha alcanzado 386 votos. En lo que se refiere a FE-JONS puede alardear de que ha duplicado sus votos, pasando de 2.407 en 2012 a 4.811, esto es del 0,6% al 0’12%. Pero, obviamente, todo esto es poco, muy poco, apenas nada. Y debería hacer meditar a la dirección de FE-JONS sobre si vale la pena presentarse, movilizar militancia, lanzarse a una lucha en la que ningún elemento indica que pueda obtenerse un progreso neto. Valga todo esto a título de inventario y como mera anécdota electoral.

Si tenemos en cuenta las encuestas publicadas antes de las elecciones en las que se daba a Podemos como segunda o incluso como primera fuerza, lo que estaría claro es que el PSOE ha frenado a Podemos y que el tirón de esta formación ha sido limitado.  Pero si tenemos en cuenta que tales encuestas suelen ser engañosas e incluso realizadas, no para reflejar la realidad del electorado, sino para provocar respuestas, veremos que no solamente Podemos no ha sido frenado, sino que irrumpe como fuerza nueva y lo hace junto a Ciudadanos, partido desconocido e inédito en Andalucía, sin arraigo ni liderazgo. Y ambos lo hacen, no tanto por la calidad de sus candidatos, como por el hartazgo del electorado.

Francia – Andalucía: dos elecciones, un diagnóstico

Lo que confirman las elecciones andaluzas es el peso de la protesta. Y en esto, van en la misma dirección que las elecciones francesas: los partidos hasta ahora mayoritarios, ya no lo son tanto. Su declive es manifiesto en Andalucía y en Francia. Ascienden nuevas formaciones y lo hacen sacudiendo el mapa electoral. La Ley d’Hondt en España, el sistema electoral a dos vueltas en Francia, son los subterfugios generados por cada sistema político para eternizar a los partidos que constituyen sus columnas vertebrales, el centro-derecha y el centro-izquierda. En ambos casos estamos ante “democracias formales”, no ante democracias “reales”. Cualquier cosa que suponga una adulteración y una deformación de la “voluntad popular” es una falsificación de la democracia y en Francia y en Andalucía, no han faltado subterfugios para retorcer la voluntad del electorado o simplemente comprarla: en Francia con el “que viene el coco del FN” y en Andalucía con el neo-caciquismo que se da especialmente en las zonas rurales y especialmente por parte de los alcaldes socialistas.

Pero la deformación de la voluntad popular puede forzarse hasta cierto punto: los resultados obtenidos por Marina Le Pen en Francia y por Podemos-Ciudadanos, implican que las reglas del juego se están alterando. Repetir las mismas consignas, los mismos eslóganes, mentir al electorado durante tanto tiempo y con tanto cinismo, puede hacerse… mientras no haya un competidor que se recoja e interprete las reacciones y el sentir de la población. En Francia, ha sido el Front National; en España, Podemos y Ciudadanos. Se trata de tres siglas bien diferentes que operan en dos zonas con pocos elementos comunes, pero si hay algo que suponga el denominador común entre estas fuerzas es: “vienen a derribar a los que están”.

El FN tiene algo más de cuarenta años de vida. La República Francesa no se ha hundido por el hecho de que el FN, cada vez con más frecuencia, llegue a la segunda vuelta de los ciclos electorales. Veremos si Podemos y C’s logran mantenerse durante tanto tiempo en las posiciones que hasta ahora van conquistando. Mucho nos tememos que el “constitucionalismo” de C’s, termine atrayendo solamente a antiguos votantes del PP decepcionados y que Podemos no obtenga nunca consenso suficiente para abordar reformas del régimen en profundidad. Así pues, todo quedará simplemente en lo que Andalucía va a ser ejemplo a partir de ahora: ejemplo de inestabilidad. Nadie tiene fuerza suficiente como para gobernar en solitario, pero nadie tiene iniciativa y valor para pactar. Lo dicho, lo que espera a Andalucía. Lo que espera a España y lo que, seguramente espera a Francia, es una inestabilidad creciente constituida por gobiernos que nunca tienen el respaldo de mayorías absolutas y oposiciones extremadamente fragmentadas en parlamentos progresivamente más atomizados.

Tal es el drama de nuestro tiempo: nadie tiene fuerza social suficiente como para gobernar, pero tampoco tiene nadie, ni en Francia ni en España, fuerza para ejercer una oposición que permita adivinar una alternativa de futuro, mientras persistan las actuales circunstancias políticas, sociales y económicas. El “frente republicano”, mal que bien, viene conteniendo al FN desde hace décadas. Se recurre a él cuando los rostros de los Le Pen alcanzan cotas electorales preocupantes. Pero ese “frente republicano” supone una oposición a la única oposición posible, el FN, por parte de quienes han hecho imposible la democracia en Francia. Y en España, suerte tendremos si esto no termina en una “gran coalición” entre PP y PSOE para salvarse de la quema que más temen: el que PP, PSOE, C’s y Podemos estén separadas por pocos diputados en el próximo parlamento nacional. Y con las cifras que se dieron ayer en Andalucía (región con un mapa electoral y unas circunstancias difícilmente asimilables al resto de España) es lo más probable que ocurra.

© E. Milá – Info.krisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

 

 

 

 

 

Conferencia de Jaén

Conferencia de Jaén

Info|krisis.- Reproducimos el texto de la conferencia dada en Jaén el 21 de marzo de 2015 organizada por la Asociación Iberia Cruor. 

Queridos amigos:

Hoy estamos en la jornada de reflexión. Así que vamos a reflexionar. Mañana la mayor parte de ciudadanos irán a votar, sin ser conscientes de lo que está en juego. Hoy, nosotros, vamos a reflexionar sobre lo que nos jugamos. Frente a los partidos tradicionales que se hunden, frente a las soluciones tímidas que intentan emerger, vamos a hablar de propuestas radicales, duras. Si lo que buscáis son soluciones radicales, esto es, que vayan a las raíces de los problemas, de eso es de lo que vamos a hablar. Si lo que queréis son palabras moderadas, mesuradas, políticamente correctas, eso no es de lo que hemos venido a hablar.

Os diré de lo que hablaremos: en primer lugar del origen de todos los problemas, la globalización. Luego de cómo la globalización afecta a España. Y, finalmente, de lo que puede hacerse contra la globalización.

Antes de empezar, os diré que mi trabajo es el de “analista”. Hacer “análisis político” es algo que hay que realizar con objetividad, olvidándose de filias y de fobias. Para hacerlo, hay que tomar los factores que aparecen ante un problema, analizarlos de mas importantes a menos importantes, combinarlos y establecer un diagnóstico. Hay que observar la realidad. Observar lo que nos rodea. Tratar de percibir sus interacciones y solamente así tendremos la posibilidad de anticiparnos.

Pero planteamos algo más que eso. No nos contentamos con ser solamente “observadores”. Queremos rectificar el rumbo de los acontecimientos y precisamente por eso es preciso saber hacia donde se dirigen, qué escenarios tenemos ante la vista. No puede haber acción política si antes o ha habido un análisis política que nos ayude a prever cómo será el futuro y cómo podemos actuar sobre él.

Es como si un entrenador preparara a su equipo para un encuentro sin saber sin saber de qué deporte iba a ser la partida. No es lo mismo jugar a fútbol que escalar una montaña, no es lo mismo hacer submarinismo que tirarse en paracaídas. Hace falta conocer, pues, el terreno en el que vamos a jugar. De lo contrario, repartir alimentos, colgar carteles, dar charlas, convocar manifestaciones, no sirve de nada.

Así pues, vayamos a la primera parte de la charla: la globalización.

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Mundialización y globalización

En 1945 se crearon las primeras instituciones “mundialistas”. La versión oficial decía que para evitar nuevas guerras se creaban unas instituciones de alcance mundial: la ONU, la UNESCO, UNICEF, la FAO, la OMS, etc. Tales fueron las primeras instituciones mundialistas. Se creó una “justicia universal”, Nurenberg… pero, sobre todo, se estableció como principio jurídico que ningún gobierno tenía el derecho de ir contra los “derechos humanos”. ¿Qué bonito, verdad? ¿Dónde estaba la trampa?

La trampa consistía en que sólo unos pocos decidían que era o no era democrático, dónde, cómo y cuándo se conculcaban los derechos humanos, qué era o no era “patrimonio de la humanidad”. Lo decidían los funcionarios de Naciones Unidas en donde cuatro países tenían derecho de veto. Eso era el mundialismo. Un atentado contra la soberanía de los Estados, a partir de ese momento, lo que existía era “soberanía limitada”. ¿A cambio de la paz? No, a cambio de una situación de tensión internacional en la que solamente hubiera dos contendientes con peso suficiente como para luchar por la hegemonía mundial. Los tratados de control de armas nucleares, las alianzas internacionales, los tratados militares, todo, absolutamente todo tenía a eliminar y satelizar a cualquier otro conteniente.

Esto era y esto es el mundialismo: algo inaceptable que ni garantiza la paz, ni garantiza la seguridad, y que solamente es una limitación a la soberanía de los Estados. Fue la paz de los vencedores ideada para mantener su hegemonía durante siglos.

Luego el mundialismo se tradujo en la búsqueda de una religión mundial, de un gobierno mundial, de una economía mundial y de una raza mundial. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, estos organismos internacionales disponen de funcionarios que son autónomos respecto a sus países de origen. Estos funcionarios, desde el principio, formaron un cuerpo ideológico “mundialista”. Personajes como Zapatero se han nutrido de esa doctrina.

Pero luego se produjo otro fenómeno de carácter exclusivamente económico que tenía poca relación con lo anterior. Durante lo que se ha llamado, los “treinta años gloriosos”, de 1943 a 1973, el capitalismo internacional realizó sus grandes negocios. Habitualmente relacionados con la guerra. Fue la guerra y no medidas económicas, lo que sacó al capitalismo de la crisis de 1929 que en 1939 seguía en todos los países capitalistas… pero no en los socialistas ni en los fascistas.

Durante ese tiempo había continuado el proceso de acumulación de capital: el capitalismo que había pasado en el siglo XIX de ser artesanal a industrial, en ese período pasó de ser industrial a multinacional. Aparecieron las empresas transnacionales, los consorcios fueron aumentando su poder e imponiendo sus condiciones a gobierno privados de soberanía gracias a la ideología de Nuremberg sobre los “derechos humanos”. Bastaba con que un país cerrara las puertas a los intereses económicos multinacionales para que inmediatamente se desencadenara sobre ese gobierno una ofensiva a muerte: los consorcios capitalistas dejaron de estar “especializados” en alimentación, industria pesada, agricultura y pasaron a diversificar sus inversiones. Hoy están presentes en distintos campos, uno de ellos y no poco importante, fue la información.

En 1973 apareció un libro que solamente interesó a unos pocos “iniciados”: La era tecnotrónica de Zbignew Brzezinsky. La tesis de Brzezinsky era, en síntesis, que la gobernabilidad de los pueblos es algo demasiado serio como para dejarlo en manos de los propios pueblos. La invención del microchip en esa época hacía que la economía y la información cambiaran radicalmente. Así pues era preciso:

-         De cara al “pueblo” abordar una política de “entetarmaint”, entretenimiento que lo mantuviera tranquilo, ocupara su ocio y generara una pantalla separadora entre la vida del individuo y la tarea de gobierno. Parques temático de ocio, canales de tv, industria del cine, redes mundiales informáticas, viajes low-cost, aumento del turismo mundial, aumento del consumo de drogas, etc. Todo eso para situar al “pueblo” a un régimen de narcosis que lo inhibiera de protestas, incluso que le impidiera pensar. Se creó la idea de lo “políticamente correcto” y del “pensamiento único”.

-         De cara a los gobiernos el procurar crear “foros” en los que la clase política pudiera relacionarse con los centros de poder económico y, también, por lo mismo, con los consorcios de la información. De ahí surgió la Comisión Trilateral destinada a ser un foto de élites políticas, mediáticos y económicas de Japón, EEUU y Europa. Luego, esa misma idea fue asumida por el ya pre-existente Club de Bildelberg.

Esto suponía un cambio de tendencia. Desde 1943 hasta 1973 se había impuesto una economía en la que el Estado era propietario de los sectores estratégicos. Eso había permitido en apenas una década la reconstrucción de Europa tras la guerra. Era la economía keynesiana. Pero, hacia 1973, la crisis del petróleo y la guerra de Vietnam, hicieron que EEUU aboliera el patrón oro y que la economía mundial entrase en recesión.

A partir de ese momento, se empezó a imponer otro criterio económicos: el neo-liberal: más mercado, menos Estado. Hacia finales de la década e los 70, esa línea había triunfado en el Reino Unido con Tatcher, Reagan estaba a punto de vencer las elecciones americanas y en el Mediterráneo sur los regímenes de España, Grecia y Portugal iniciaban su fase de integración en Europa.

Desde 1980 el neliberalismo fue ampliando su radio de acción: el Estado debía de inhibirse completamente del juego de las fuerzas económicas, estas debían estar reguladas solamente por el “mercado”. Pero, en el “mercado” se estaba produciendo el fenómeno de la concentración de capital: cada vez más dinero estaba en manos de menos gente.

En Chile, el gobierno de Pinochet cometió el error de aplicar por primera vez políticas neo-liberales: cualquier cosa que era más barato traer del exterior que fabricarlo en el propio país, se importaba. El resultado fue el cierre de miles y miles de empresas estratégicas y un mayor impulso al comercio mundial.

Aquella experiencia tuvo su prolongación en otra igualmente perversa: el proceso de automatización de la fabricación hizo que pudiera cada vez más fabricarse más productos en menos tiempo: hacía falta buscar compradores y, sobre todo, los beneficios que obtenían las empresas, en lugar de invertirlos en esas mismas empresas, se empleaban en comprar otras para luego venderlas. El negocio era la diferencia entre el precio de compra y el de venta.

La fase siguiente fue percibir que las operaciones especulativas rendían más beneficios que la producción industrial. Surgieron los fondos de inversión en bolsa. Había mucho que comprar en los primeros pasos del neoliberalismo cuando se estableció la doctrina de que el Estado no debía de participar en la producción. Se impuso la ideología de la “privatización”: todo lo que el Estado poseía podía venderse, esto es, privatizarse: minas, transportes públicos, sanidad, enseñanza, prisiones, incluso Fuerzas Armadas.

Y es aquí en donde apareció el primer punto de encuentro entre mundialismo y globalización: las instituciones económicas surgidas de la mundialización, FMI, Banco Mundial, realizaron préstamos a gobiernos del Tercer Mundo, especialmente en Iberoamérica. Préstamos que no eran ni necesarios ni sobre los que se pidieron garantías. Poco después, cuando estas instituciones reclamaron el dinero prestado: los Estados debieron vender todo lo que era de su propiedad para poder pagarlos.

Y eso es lo que nos ha permitido establecer la imagen de la globalización en nuestra obra Teoría del Mundo Cúbico: la globalización es un mundo cúbico con seis caras en cuya parte superior, las élites globalizadas están organizadas como una pirámide: a medida que se asciende por esa pirámide, cada vez menos individuos controlan más capital. Pero en la cúspide no es que haya un individuo es que lo que hay es un principio: las leyes de la economía neoliberal. Leyes de oro, inamovibles.

A lo que nos han conducido esas leyes es a un mundo en el que

1) Se ha producido una deslocalización industrial: industrias europeas marchan hacia donde es más barata la producción, donde no hay ni Estado del bienestar, ni garantías sociales, donde la sumisión del mandarinato siempre ha estado presente. Huyen de Europa… pero venden sus productos en Europa. Es la migración empresarial de Oeste a Este y de Norte a Sur.

2) El otro fenómeno paralelo es la llegada masiva de inmigración a Europa precisamente para hacer bajar artificialmente el precio de la mano de obra y abaratar los costos de producción. La inmigración se ha permitido e impulsado precisamente porque los gobiernos europeos comen de la mano de los señores del dinero, temen el poder de los consorcios de la información y no están dispuestos a otra cosa más que a hacer cualquier cosa que se les exija para satisfacerlos.

Esto es la globalización: una autopista de doble dirección. Una lleva a la deslocalización, otra a la inmigración masiva. Todo ello presidido por el culto a los beneficios del capital.

El mundialismo y la globalización han desembocado pues en una economía financiera en Europa, en la creación de un mercado mundial con unos pocos beneficiarios y una gran masa de perjudicados y en una dirección inviable a corto plazo. De hecho la crisis iniciada en 2007 con las subprimes es la primera crisis de la globalización. Y todavía no ha terminado.

2. España dentro de la mundialización

Así pues, quien no entienda lo que es la globalización, lo que representa y lo que implica para el futuro: no entiende lo que está pasando en la modernidad y, por tanto, no puede aportar fórmulas. Si a alguien no le interesa la globalización o no es capaz de integrarlo en su doctrina política, mejor que abandone la actividad política y se dedique a otra cosa.

¿Qué papel ocupa España dentro de la globalización? Partamos de la fecha que hemos dado antes como arranque del proceso: 1973.

En aquel momento, España estaba viviendo una situación política extraña. Se había creado un gobierno autoritario, nacional, el franquismo, cuya intención y cuya función desde el principio no era otra más que la de recuperar el tiempo perdido en economía. España en 1936 estaba entre 30 y 75 años retrasada en relación al capitalismo europeo. La España de mi infancia, la de los años 50 era la España del subdesarrollo.

Sin embargo, en 1959, la nueva ley de inversiones extranjeras fue menos restrictiva. Los acuerdos firmados con los EEUU habían hecho que el gobierno español dejara atrás su aislamiento internacional y lo que hasta entonces había sido una economía de supervivencia, pasara a ser a partir de 1960 la época del despegue económico. En 1970, se había creado un incipiente capitalismo español y el país que todavía restringía la llegada masiva de capitales, era una perita en dulce para los señores del dinero.

Así pues, en 1973, está claro que España precisaba integrarse en el Mercado Común Europeo para disponer de un mercado al que exportar nuestros excedentes y, al mismo tiempo, abrir las puertas para las inversiones que necesitábamos con el fin de ampliar industria, mejorar la producción en el sector primario, y reforzar el tercio y en especial, la industria turística.

Eso fue lo que se buscó con la transición política. Dejar atrás una estructura autoritaria para adoptar la forma democrática que permitiera “estar en Europa”. Por eso el franquismo se transformó con tanta facilidad. El PSOE que no existía en 1975 al morir Franco, fue impulsado desde la socialdemocracia alemana que invirtió en España millones y millones de marcos para crear un partido de la nada.

Felipe González pagó a los alemanes este favor negociando en 1984-86, un acuerdo de adhesión al Mercado Común absolutamente lesivo para nuestra economía y para nuestra patria:

-         sectores enteros de la producción fueron desmantelados, en especial la industria pesada que podía competir con la alemana. Siderurgia, minería astilleros. A este proceso se le llamó “reconversión industrial”.

-         España quedó convertida en “nación de servicios”: turismo, ocio, geriátricos, hostelería y poco más… España se convirtió en periferia de Europa.

-         El gobierno de Felipe González inició también la política de privatizaciones: liquidar el patrimonio del Estado y especialmente el INI, en beneficio de los nuevos amigos del gobierno.

Pero la traición de Felipe González la completó José María Aznar con su modelo económico basado en el desarrollo hipertrófico de la construcción, los salarios baratos, la inmigración masiva y el acceso fácil al crédito.

El resultado sabéis todos cuál fue: 8.000.000 de inmigrantes llegados desde 1995, estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, de la burbuja del crédito en 2009, inicio del problema de la deuda soberana en 2010, 6.000.000 de parados, una cuarta parte de la población próxima al umbral de la pobreza o por debajo de él, un billón cien mil millones de euros de deuda del Estado, ochocientos mil millones de deuda de las familias, trescientos mil millones de deuda de las empresas, en total tres billones de deuda total de nuestro país.

El dinero aportado por Europa para paliar la reconversión industrial se agotó justo antes de estallar la crisis. ZP adoptó medidas equivocadas (plan E 2009, plan E2010, plan de ayuda a la banca, etc.) que llevaron a la crisis de la deuda en los últimos años del zapaterismo y primeros de Rajoy.

Pero a este problema exclusivamente económico se añadió el de una transición cerrada en falso.

En 1978 los partidos políticos diseñaron un sistema cuyos pilares serían dos grandes opciones de centro-derecha y centro-izquierda que se irían turnando en el ejercicio del poder, ayudados por dos fuerzas menores de carácter periférico que les apoyarían en cuanto no alcanzaran mayoría absoluta para gobernar. A eso se le llamó “bipartidismo imperfecto” y constituye lo esencial de la constitución de 1978.

Pero en las regiones periféricas, cuando se instituyeron estatutos de autonomía, vencieron partidos regionalistas (CiU y PNV), así que UCD para gobernar en algunas autonomía inventó el “café para todos”: se crearían estatutos de autonomía incluso allí en donde no existía interés ni tradición autonómica.

Pronto España se vio convertida en un puzzle de 17 autonomías. Pero incluso esto no hubiera sido excesivamente problemático, de no ser porque se produjeron dos fenómenos: la formación de redes de intereses tupidos en cada autonomía, formados por los segundas filas de los partidos políticos que reprodujeron el mismo mal que ya se había apoderado del Estado central: la corrupción.

Desde 1983, con la llegada del PSOE al poder, los niveles de corrupción se dispararon. Aun hoy es difícil saber si el AVE Marid-Sevilla o los fastos del 92 costaron más en comisiones o en coste de las obras en sí. La corrupción se apoderó primero de todos los ministerios del Estado, luego de las autonomías. El hecho de que todos los partidos fueran co-responsable hizo que nadie adoptara medidas. Durante 30 años se fue repitiendo que la clase política era honesta y los corruptos una excepción. Por tanto no había que preocuparse. Finalmente, se extendió como un mancha de aceite por los gobiernos municipales.

La misma lucha antiterrorista se convirtió en un pozo de corruptelas: 40 millones de pesetas por cabeza de etarra que nunca llegaban a los que asesinaban etarras sino que se perdían en los distintos departamentos del ministerio de interior. Mientras, ETA seguía asesinando.

Cuando llegó la crisis de 2008, se hizo evidente que ya no podía seguirse el mismo ritmo faraónico, que las autonomías debían reducir sus presupuestos, o al menos, sanear su economía, atenuar sus gastos, y renunciar a las corruptelas. No se hizo. Lo que se hizo fue algo todavía más perverso: se fue sacrificando el Estado del Bienestar al Estado de las Autonomías. Ya que los beneficiarios del primeros eran las poblaciones y los del segundo, las castas políticas autonómicas, estas no estuvieron dispuestas a renunciar a sus intereses y consiguiente recortaron las prestaciones sociales. Poco a poco, el Estado del Bienestar va muriendo en beneficio del Estado de las Autonomías.

En casos extremos, para tener el 100% del pastel y no repartirlo con nadie, algunas castas autonómicas impulsaron procesos soberanitas como el vasco o el catalán. Algunos servicios públicos como la sanidad y la educación estuvieron al borde de la quiebra. La educación dejó de ser un banco de formación de  jóvenes preparados para entrar en la universidad y en la formación profesional, a convertirse en un lugar de almacenamiento de niños. La educación está quebrada en España, más que en ningún otro lugar de Europa. Y esto es ya irreversible.

Así pues, cuando se cumplen 38 años de democracia y de constitución de 1978 el cuadro no puede ser más desolador.

-         Partidos políticos desprestigiados con una brecha que les separa de la población. Todos ellos enfangados en casos de corrupción en todos los niveles administrativos.

-         Pérdida en la calidad de los servicios prestados por el Estado y por las autonomías.

-         Retroceso constante del Estado del Bienestar en beneficios del Estado de las Autonomías y de los procesos neoliberales de privatización.

-         Niveles de deuda que apenas dan para pagar los intereses pero nunca el mayor de la deuda.

-         Desertización industrial de España, conversión en país de servicios, empobrecimiento de las clases medias. Salarios de subsistencia. Inestabilidad en el empleo. Obligando a muchos jóvenes y no tan jóvenes al exilio económico.

Llegamos a la etapa actual: la primera oleada de la crisis generó directamente el “movimiento de los indignados”. En un país tradicionalmente apático, aquel movimiento supuso la exteriorización de que algo no iba bien. Ya no bastaba con comentar en las tertulias en los bares que la clase política era corrupta y que había adoptado medidas anticrisis para proteger a los señores del dinero y a la banca. A partir del movimiento del 15-M quedó claro que estaba a punto de cristalizar un fuerte movimiento de protesta.

En la medida en que parte de esa protesta iba contra el zapaterismo, era también evidente que la mala gestión de éste, la pérdida de calidad en la afiliación al PSOE, sus política erráticas en materia autonómica, en ingeniería social, en vertebración del Estado, etc., todo ello iba a generar un deterioro creciente del centro-izquierda y a propiciar su declive como fuerza política.

Fue en las elecciones europeas de 2014 cuando se afirmó la alternativa de Podemos surgida del 15-M. Los dos grandes partidos descendieron alarmantemente en número de votos.

En Cataluña, la ofensiva soberanista solamente ha servido para una recomposición de las fuerzas políticas. Los niveles de corrupción de CiU, las dudas del PSOE, la insignificancia del PP, llevaron momentáneamente a que ERC fuera mayoritaria entre el electorado con un programa soberanista que se afirmaba a expensas de CiU. Pero el deterioro del PSC por la izquierda, el del PP a la derecha con la irrupción de Ciudadanos, corre el riesgo de alterar todo el mapa político catalán el próximo 27-S. Además, la irrupción de Podemos resta voto joven y de protesta a ERC, con lo que el mapa soberanismo-estatalismo queda alterado en beneficio de los segundos. Cada día que pasa, el soberanismo se aleja de la mayoría absoluta.

En el País Vasco, por su parte, la hegemonía política del PNV ha quedado atrás y Sortu, el antiguo frente político de ETA, una vez abandonadas las armas, se ha hará fuerza hegemónica en aquella autonomía.

A nivel nacional vamos a asistir al deterioro creciente y progresivo del PSOE especialmente y del PP, que irán perdiendo votos en beneficio de Podemos y de Ciudadanos. Sea como fuere el próximo parlamento estará atomizado con muchas fuerzas políticas diferenciadas. En Andalucía, mañana, lo más probable es que ningún partido obtenga mayoría absoluta y que el PSOE se vea forzado a pactar.

Pero el sistema político de 1978 no está hecho para pactos, no es un sistema pluripartidista, sino un bipartidismo imperfecto. Cuando aparece esta contradicción se tiende automáticamente a niveles cada vez mayores de inestabilidad política: pactos coyunturales que se rompen en cuanto las encuestas son desfavorables a alguna parte, imposibilidad para reformar el sistema por ausencia de tres cuartas partes de consenso.

A partir de las próximas elecciones generales, ni siquiera será posible qe una “gran coalición PP-PSOE” obtuviera las ¾ partes de los votos para abordar reformas en profundidad del sistema. Así pues, nos movemos hacia una situación de inestabilidad creciente del sistema político, agravada por una crisis económica sin perspectivas y por una deuda que atenaza al país, a las empresas y a las familias.

Sin olvidar que las fuerzas que dieron vida a la constitución de 1978, fuerzas políticas, sociales y mediáticas, ya son completamente diferentes, pero no han surgido otras fuerzas similares capaces de llegar a consensos o de obtener la unanimidad para realizar reformas.

Lo que está claro es que el régimen nacido en 1978 se encamina hacia su final. Y que este final será tragicómico: un régimen que ya no responde a las necesidades y a los intereses de un país, pero cuya estructura impide reformarlo salvo por consensos cada vez más imposibles de forjar.

Lo peor no es solo esto sino que, caído el modelo económico de Aznar, ni ZP ni Rajoy han sido capaces de establecer otro de sustitución. No sabemos de qué va a vivir este país en las próximas décadas. No es raro pues que cada vez haya más españoles jóvenes que opten por abandonar el país o arriesgarse a trabajos inestables y malpagados.

Estamos ante una situación de empobrecimiento de las clases trabajadoras, proceso irreversible y en el que no se ve ninguna luz al final del túnel, la que se ve es la luz que se percibe desde el fondo del pozo negro en el que una clase política degenerada, corrupta e ineficaz, nos ha sumido.

La tarea de los identitarios

Tal es la situación y es sobre esta situación sobre la que tenemos que operar. La podemos ignorar o encararla. Si la ignoramos, nos estrellaremos, hagamos lo que hagamos. Si la encaramos, podemos fracasar o no… todo dependerá de si a un análisis político correcto somos capaces de unir una estrategia y una táctica correctas y si nuestra clase política dispone del carisma suficiente como para poder irradiar en torno suya un movimiento de atracción y empatía hacia los postulados de nuestro entorno político.

¿Y qué pueden hacer los identitarios ante este panorama?

Lo primero de todo, no insistir mucho sobre el nombre: ¿identitarios? Es bueno como cualquier otro nombre. Pero a los nombres hay que darles contenidos. Si no, no son nada.

Del análisis y del diagnóstico se desprenden algunos elementos de programa: por ejemplo, si los males derivan del neo-liberalismo, eso querrá decir que habrá que señalar con el dedo acusados a ese fenómeno y a todo lo que implica. No a las privatizaciones. No al dominio de los mercados. No a la no intervención del Estado en economía.

Si el mundialismo se inicia con recortes a la soberanía nacional. Hay que reivindicar esa soberanía en su totalidad. Si la dimensión nacional de un país ya no es suficiente como para poder garantizar su independencia, lo lógico es tender a bloques de países, alianzas. Hay doctrinas sobre las que se puede basar tales pretensiones: por ejemplo, la teoría de los grandes espacios económicos en los que cada país tiende a ser autárquico en el máximo de terrenos posibles y exporta solo excedentes e importa aquello que no puede fabricar. Este “gran espacio económico” para funcionar debe ser homogéneo y cerrado a influencias exteriores. Europa, por ejemplo, pero una Europa desvinculada de la globalización, y sobre bases nuevas.

Frente a la economía financiera y especulativa, obviamente, economía basada en desarrollo de las capacidades industriales y en la producción de bienes y manufacturas. Una economía social frente a una economía capitalista.

La fórmula patriotismo más políticas sociales avanzadas es lo que puede darnos perfil propio. La solemos llamar “patriotismo social”, frente al patriotismo constitucional y a la ignorando de todo patriotismo. Si alguien es patriota, está obligado a lucha por los derechos de todos los hijos de esa patria, por la defensa de los más mayores y de las generaciones que vendrán. Eso es patriotismo social.

Ese patriotismo social se debe basar en raíces profundas: la historia dice mucho sobre cuál es la identidad de un país. Aquella con la que se siente identificado y que responde a su personalidad más profunda. Es bueno saber cuál es su identidad. La nuestra es la civilización clásica y la catolicidad. De ahí derivan unas orientaciones educativas, una forma de ser, de ética y de moral que hay que promover. Unas tradiciones a respetar y unas exclusiones tajantes: quien no se integra debe de irse, o en cualquier caso, no puede recibir la nacionalidad por un mero acto administrativo.

Lucha contra la corrupción: mejor dicho, mano dura contra la corrupción. Múltiples medidas basadas en la no prescripción de esos delitos, en la confiscación de bienes para restituir lo robado, en penas de prisión sin posibilidades de acogerse a beneficios penitenciarios, etc. Dureza ¿por qué? Porque un delincuente común roba a individuos, un corrupto roba a todo un pueblo.

Frente al Estado de las Autonomías lo esencial es restituir la dignidad del Estado y exaltar la lealtad a un Estado que sea expresión organizada de la comunidad nacional. Indudablemente, las primeras medidas deberían de ser la restitución al Estado de las competencias en materia de sanidad y educación de las autonomías.

Reducir el peso de las autonomías, desarticularlas, reducir su número al estrictamente necesario, en beneficio de la “segunda descentralización” la que debe darse en los ayuntamientos. Esta es la administración de proximidad, la que más en contacto está con el ciudadano. Es preciso fortalecer el Estado central, convertir a las administraciones municipales en los auxiliares del Estado en cada comunidad.

En política social es preciso restituir la coherencia al mercado laboral y, por lo mismo, a restituir la dignidad de los salarios. Se trabaja para algo más que vivir: se trabaja para disponer de un salario que permita la formación de familias, la educación de los hijos, el ocio. Queremos un trabajo y una remuneración que nos ayuda a vivir plenamente. No como hoy que a fuerza de vivir para trabajar, perdemos la vida. Esto implica necesariamente repatriar a los excedentes de inmigración.

Es preciso combatir a las grandes acumulaciones de capital y para ello hay que poner límites a los beneficios del capital. El Estado debe volver a ser la expresión organizada de la comunidad en la realización de su destino histórico, por tanto no puede estar en manos de los “señores del dinero” u ocupar un rango subordinado a estos.

Los partidos políticos son instituciones del pasado en un momento en el que las ideologías han muerto. Alguien está en un partido, fundamentalmente, para sumarse a un grupo que beneficia a sus integrantes. Esto es inadmisible y conduce a políticas clientelares. Es preciso disminuir el poder de los partidos políticos, conseguir que entren en el parlamento otros tipos de representación por grupos sociales, no en función de los resultados obtenidos por los partidos cada cuatro años.

El Estado está obligado a asumir algunas funciones crediticias: a la pequeña y mediana empresa, las hipotecas, los créditos agrícolas. Y para eso hace falta una banca pública que conviva con la banca privada pero monopolice estas actividades crediticias.

En política internacional es preciso romper con los viejos usos: con la OTAN y con la agresividad e intromisión de los EEUU. Es necesaria una política de mano tendida y paz en relación a Rusia. De defensa armada y contención en relación al mundo árabe y de amistad, solidaridad e intercambios con el mundo hispano.

Es importante no inmiscuirse en políticas en las que no tengamos nada que ganar ni que perder directamente. No tenemos nada que decir sobre todo lo que ocurre en el mundo árabe y en Oriente Medio. Cada zona geográfica es dueña de elegir el tipo de gobierno y de organización que desee y que más y mejor corresponda a su tradición. La fuerza hegemónica del mundo árabe es el islam… pero no se puede tolerar la presencia del islam en Europa, ni mucho menos la islamización del continente.

Puede hacerse. El hecho de que el primer partido de Francia sea en estos momentos el Front National, el hecho de que en países como Austria, Italia, Reino Unido, Holanda, en el Este Europeo, en los Países nórdicos, haya movimientos que responden al análisis que acabo de presentaros y que aportan soluciones, indica que, efectivamente, por ahí hay un camino a seguir.

Lo primero de todo: buscar un perfil propio. No basta con decir, “soy sindicalismo” en un momento en el que el sindicalismo ha dejado de existir y el capitalismo tiene una estructura completamente diferente a la que tenía cuando el sindicalismo era eficaz contra él. Lo que hay que hacer es buscar ese perfil propio, diferenciado de otros.

De ahí la necesidad de radicalismo. De ser duros en la crítica, cortantes como el acero. No basta con proclamar que tenemos las “manos limpias”: se trata de pedir “mano dura”. Y de hacerlo de la manera más enérgica posible.

Partiendo de los actuales mimbres puede hacerse mucho. Vamos a ver qué tal van las elecciones municipales. Habrán obtenido representación aquellos partidos que al menos en algunas zonas hayan obtenido apoyos populares. Una “asamblea de concejales” podría ser un buen comienzo para agrupar fuerzas.

Lo que no van a servir es la traducción y adaptación de modelos extranjeros a España. Los hay que dicen “yo quiero hacer lo de Amancer Dorado”, otros “Yo quiero hacer lo que hace el Front National”, o lo que hace “el Vlaams Belang flamenco”, “yo quiero hacer lo que hace Wilders en Holanda…”, etc. Todas estas son falsas soluciones. Hace falta hacer aquello que la situación política española sugiere que debe hacerse, aquello que deriva de nuestra particular situación política y social.

Las próximas elecciones municipales van a ser un test para el sector que acepta la lucha electoral.

Luego están la galaxia de asociaciones, los hogares sociales, los movimientos de todo tipo que solamente pueden funcionar siempre y cuando encuentren una estrategia única que suscite apoyos más allá de los que aportan sus militantes y sobre todo gane en credibilidad entre la población.

Puede hacerse. De hecho, otros lo han hecho en otros países. Así pues no hay excusa.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

Necesidades y "valores"

Necesidades y "valores"

Info|krisis.- En la derecha aparecen ligeras fisuras, pero nada comparable con las grietas que emergen de la izquierda. Si la izquierda está más en crisis que la derecha ha sido porqué esta sigue teniendo presente para qué clase social trabaja (la alta burguesía y los gestores del neoliberalismo), mientras que la izquierda ha sufrido un proceso de confusión mental (creada en el XIX para satisfacer las aspiraciones políticas del proletariado, de esa intención inicial solamente queda hoy en España la “O” de “obrero” con que se adorna la sigla del partido socialista). Esto nos lleva a establecer un axioma: “para edificar una alternativa política hace falta tener claro desde el principio qué clase social apoyará el mensaje que se pretende transmitir”, axioma que puede enunciarse también de otra manera: “si se quiere progresar en política es preciso dotarse de un mensaje que encarne las necesidades y los problemas de un grupo social concreto”. Si el populismo triunfa en Europa, pero está ausente en España, es precisamente por la incapacidad que se ha demostrado en nuestro país para asumir tal axioma.

¿Populismo? ¿Es asumible la palabra populismo?

Debió ser en el junio de 2001 cuando el partido Democracia Nacional invitó a Martín Beaumont a su universidad de verano para dar una conferencia sobre “populismo”. Yo que asistí a la charlita me llevé la impresión de que eso del “populismo” era “dar la razón al pueblo” y dar por supuesto que “el pueblo” siempre tiene “sanas reacciones”. Lamentablemente las cosas son mucho más complejas en nuestra atribulada época: haría falta recurrir a Ortega y Gasset para advertir que hoy no existe “pueblo” como tal, sino una “masa invertebrada e inorgánica” que es el reflejo previo de la atomización de la sociedad, con el olvido de los aspectos comunitarios y la colocación en el primer plano del repliegue a lo individual.

No puede existir “populismo”, en rigor, porque el “pueblo”, simplemente, ha dejado de existir y en su lugar lo que hay son unos intereses difusos que ni siquiera cristalizan en una voluntad de cambio, sino que, como máximo, son algo parecido a cañas que se mueven según la dirección del viento, siendo el viendo, las modas que, de tanto en tanto, son asumidas por sectores sociales. Lo que se llama “populismo” son, en realidad, movimientos de protesta que aparecen en situaciones extremas y que se exteriorizan solamente en períodos electores, sin generar movimientos sociales de renovación capaces de alterar los fundamentos de un sistema político.

La palabra “populismo” se aplica en sentidos muy diferentes: en ella se suelen englobar tanto a los movimientos bolivarianos de Iberoamérica, como a la extrema-derecha de algunos países europeos o a la derecha alternativa de otros, o incluso al simple euroescepticismo. En España, no es que nadie sea “populista”, sino, por el contrario, que todos pretenden serlo: desde el PP hasta IU, pasando por todas las variedades de izquierda, centro y derecha, todos parecen estar de acuerdo en que… hay que dar la razón al pueblo, por lo menos en fechas pre-electorales.

En el fondo, hoy, aquí y ahora, un “populista” es alguien que quiere que “el pueblo” le instale en una poltrona. No hay, pues, populismo en España, en tanto que apenas existe debate de ideas, ni proyectos ilusionantes a la derecha, ni hacia el centro, ni hacia la izquierda. Incluso cuando Podemos, intenta llegar a las masas (ver el vídeo de esta formación en la anterior campaña electoral europea) lo hace con un mensaje deliberadamente ambiguo y… “populista”.

La palabra “populismo” no parece, pues, la más adecuada para definir a una opción política y es frecuente, incluso, que sean los adversarios más enconados los que utilicen esta palabra como arma arrojadiza contra quienes pretenden estigmatizar.

Elegir entre necesidades o predicar valores

Las condiciones objetivas que impone una sociedad a quien pretende actuar sobre ella son las que son y no pueden modificarse en la medida en que una opción política alternativa no dispone de fuerza suficiente como para operar tales condiciones. En una sociedad como la española en la que existe paro, corrupción, mala gestión de recursos, acumulación de renta en las capas más altas y disminución del poder adquisitivo en el resto de la pirámide social, inmigración masiva, redes bancarias y poder de unas corporaciones que neutralizan cualquier gesto de carácter social de los Estados… los valores están casi completamente ausentes de la sociedad y son patrimonio de exiguas minorías en tanto que sirven a sus intereses

Cuando se habla, por ejemplo, de la “libertad educativa” y de la libertad para elegir centro de estudios, es evidente que todo el mundo tiende a apoyarla, pero que muy pocos están dispuestos a luchar por ella. Y si otros temas, aborto por ejemplo, parecen generar más encono, luego, a la postre, todo queda a una manifestación cada cierto tiempo que finalmente, el PP absorbe sin dificultad a sabiendas de que el público de derechas es siempre poco exigente, conservador, conformista y contento con que el líder de la derecha, dé un revolcón de tanto en tanto al líder de la izquierda. El cliente de las derechas no pide nunca mucho más.

En una sociedad atomizada y que padece una crisis endémica de “valores”, una alternativa no puede partir de algo que la sociedad no experimenta como vital, sino de algo más profundo y esencial: las necesidades.

Necesidad de trabajo, necesidad de seguridad (el primero de todos los derechos humanos sin el cual todos los demás son mera ficción), necesidad de estabilidad, necesidad de prosperidad, necesidad de bienestar… y esas necesidades solamente pueden satisfacerse mediante programas radicales que, si bien, no tienen posibilidades de aplicarse a corto plazo, a partir de ellos es posible, encarnar las aspiraciones de algunos grupos sociales, movilizarlos y convertirlos en arietes para una reforma permanente del sistema, especialmente en tres aspectos: modelo económico, Estado del Bienestar y soberanía nacional:

Modelo económico: ruptura con la globalización, superación del neo-liberalismo, basar la recuperación al sector público dependiente de un Estado reconstituido y capaz de disciplinar a los mercados y desembarazarse de los “señores del dinero”. Renegociar el Tratado de Adhesión con la UE, el pago de la deuda y el futuro del Euro.

Estado del Bienestar: contra el Estado de las Autonomías que se come al Estado del Bienestar, por un Estado que sitúe en primer plano las conquistas sociales que se realizaron entre los años 30 y 50 y garantizar los servicios sociales, asistenciales y educativos básicos y de calidad.

Soberanía Nacional: revalorización de la nacionalidad española, política propia de contención de la inmigración masiva, nuevo modelo de relaciones internacionales, ruptura con el eje atlántico de la OTAN.

En la medida en la que los problemas de soberanía nacional repercuten en el modelo económico y que solamente con una economía saneada puede reconstruirse el Estado del Bienestar, estos tres temas están íntimamente imbricados y forman un conjunto coherente de causas y efectos, análisis de problemas y soluciones, necesidades y respuestas.

¿A quién dirigirse?

Un programa que contenga estos tres elementos no responde a los intereses “globales” de la sociedad, sino al de determinados grupos concretos:

1) clase obrera autóctona pobre,

2) la pequeña burguesía con riesgo de empobrecimiento y

3) la juventud precarizada que debe elegir entre mileurismo y exilio económico.

Estamos hablando de “patriotismo social”, esto es, de la consideración de que todos los ciudadanos nacidos en una misma nación –derecho de sangre- tienen derecho, por pertenecer a esa nacionalidad, a vivir dignamente, con seguridad, con perspectivas de progreso y con las necesidades vitales cubiertas.

Llevamos casi 40 años viviendo de “valores”: la constitución española es una declaración de valores y principios democráticas que siempre, inevitablemente, se quedan ahí, en meras declaraciones, todavía más hirientes en la medida en la que contrastan con una realidad social cada vez más alejada precisamente de esas grandes declaraciones de principios. Lo que una sociedad descompuesta, indefensa, atomizada, invertebrada, económicamente empobrecida, requiere hoy identificar sus grandes necesidades y una fuerza política capaz de presionar para que se aplique una sucesión de reformas que aumente su seguridad en el futuro, su prosperidad y su tranquilidad.

El “patriotismo social” ha demostrado en toda Europa responder mejor a las necesidades de las clases trabajadoras, de los intereses de las clases medias con riesgo de empobrecimiento y de las necesidades, incluso, de reforma de la Unión Europea. Y lo han sido en virtud de programas radicales (es decir, que afrontan la crisis desde la raíz y proponen reformas profundas en las estructuras políticas y en los modelos económicos del sistema).

Cuando la simple promesa de recuperación económica ya no basta para tranquilizar a los tres grupos sociales que hemos mencionado, los que están sufriendo con mayor intensidad la desaparición del Estado del Bienestar, cuando no hay absolutamente ningún elemento que permita asegurar a estos grupos sociales que su situación mejorará en los próximos años, las necesidades de estos grupos sociales son el arma más poderosa para conseguir poner palos en los engranajes más despiadados del sistema económico-político, la santa alianza entre los señores del dinero, las corporaciones y los partidos que han gobernado en los últimos 40 años. Repitamos: clase obrera autóctona pobre, clase media con riesgo de pauperización y jóvenes, son los sectores sociales a los que debe ir dirigido el mensaje del patriotismo social.

La alternativa del patriotismo social debe hacer de las necesidades de estos grupos sociales una bandera. Debe y puede hacerlo en la medida en la que la mayoría de militantes que hoy componen este ambiente, pertenecen precisamente a estos grupos sociales. No están luchando por otra cosa, más que por sus intereses y de los que son como ellos.

(c) E. Milá - infokrisis - ernestomila@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

Ante el pacto PPSOE

Ante el pacto PPSOE

Declaración Política de la Junta Ejecutiva de España 2000 sobre el yihadismo y el fundamentalismo islámico, tras la firma del "pacto antiterrorista" el PPSOE. ANTE LA OFENSIVA DEL ISLAMISMO RADICAL: ES PRECISO GARANTIZAR LA DEFENSA DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA. Texto completo en PDF en: DOCUMENTO POLÍTICO E2000.

Islam y Duguin

Islam y Duguin

Info|Krisis. – Leo en la web titulada “4ª Teoría política” un artículo de Alexadr Duguin sobre el Islam que me sugiere algunos comentarios. Lamentablemente, no disponemos de todo el tiempo del mundo, especialmente en este momento en el que nos encontramos lejos de la Patria y de nuestros apuntes sobre la materia, pero sí creemos que vale la pena realizar unos cuantos apuntes a la vista de la rapidez con la que se suceden los acontecimientos en Europa y la necesidad de análisis precisos sobre el problema. Así pues, esto no es una contestación, sino más bien una enumeración de sugerencias que lanzamos como observaciones críticas al planteamiento de Duguin.

1. Islam, aquí y ahora. Personalmente me considero “tradicionalista” en el sentido dado a esta palabra por Julius Evola y René Guénon en el siglo XX. Pero esto no quiere decir que sus planteamientos, especialmente el de Guénon, sean intocables e incluso no susciten ciertas perplejidades (la menor de todas ellas el hecho de que muriera como musulmán en Egipto). Ambos autores coinciden en encontrar en el Islam “valores tradicionales” y, por tanto, incorporarlo en sus planteamientos. Pero no son infalibles y, al menos en el caso de Evola, ni lo pretende. Evola se equivoca, por ejemplo, al considerar que en el Islam el concepto de “gran guerra santa” es una guerra en sentido interior, metafísico, mientas que la definida por El Corán como “pequeña guerra santa” sería la guerra convencional. Ese concepto no es propio del islam sino una interpretación realizada por teólogos islamistas del siglo XIX para intentar “suavizar” las relaciones con los colonialistas ingleses que ocupaban buena parte del mundo árabe. Pero hay otras posiciones sobre las que podemos lanzar algunas dudas.

Un error muy frecuente entre los “tradicionalistas” consiste en considerar a cualquier fiel islámico como una especie de “doctor en teología”, y así era hasta los años 80, cuando en España los únicos islamistas que existían eran autóctonos que había llegado, en su “búsqueda espiritual”, al convencimiento de que el Islam era la “verdad revelada” que más se adaptaba a su carácter y procuraban profundizar en su relación con el islam. Hubo en toda Europa unas pocas decenas de militantes de extrema–derecha en los 80 que se convirtieron al islam. Alguno de ellos, incluso, encarcelado, utilizaba una brújula para buscar la dirección de La Meca a la hora de realizar sus plegarias. Ese islam “europeizado” e intelectualizado no fue el islam que llegó con la inmigración, reducido a unas cuantas prohibiciones, unas pocas prácticas, mucho fanatismo y que apenas puede ser considerado como algo más que un conjunto de supersticiones propias de otras tierras. En absoluto europeas.

Un anticipo de todo esto lo vimos cuando el Sha de Persia y la dinastía de los Palhevi estaban a punto de caer. Era 1979, nosotros mismos nos deslumbramos con el carácter anticomunista de la revuelta desencadenada en Irán que, al mismo tiempo, era anticapitalista. Creímos, por un momento, que “aquello” era “lo nuestro”. Incluso en Europa trabajamos con “estudiantes islámicos” cuando la embajada norteamericana en Teherán fue ocupada, distribuimos libros sobre Jhomeini que nos habían enviado esos medios y creímos en que la “revolución iraní” representaba una conmoción para los EEUU. Pronto, en plena revolución iraní, nos empezó a preocupar lo que veíamos por la TV: masas fanatizadas, histéricas y enloquecidas enarbolando ejemplares del Corán y libros con los pensamientos de Jomeini. Eran la muestra más clara de masificación, despersonalización en sentido más negativo y fanatización que pudiera concebirse en la época. Así que leímos los escritos políticos de Jomeini publicados por una gran editorial española. Nos sorprendieron algunos argumentos y las prohibiciones prescritas (como aquella que impedía orinar en la tapia de los cementerios…). Cuando en París conocimos a exiliados iraníes y a las primeras chicas con chador, nos dimos cuenta de que no hablábamos el mismo lenguaje de la “tradición”, y fuera de la apreciación de lo malos que eran “rusos y americanos”, no estábamos hablando de lo mismo. Cuando, de retorno del exilio, conocimos a combatientes de la guerra Irán–Irak que habían sido tratados en España de sus heridas, nos volvió a sorprender el reduccionismo que hacían de una “religión tradicional” al mero nivel de superstición.

La inmigración masiva nos confirmó en todas estas primeras impresiones. Imanes analfabetos que realizaban una interpretación literal del Corán, fieles que reducían la religión, no solo a mero “exoterismo”, sino a simple práctica supersticiosa, desconocimiento absoluta de la más mínima forma de “esoterismo”, es lo que podemos constatar hoy a poco que nos acerquemos –como “tradicionalistas”– a una mezquita instalada en suelo europeo. Nada que no hayamos visto antes en la historia medieval de España donde asistimos, desde masacres (como la “noche de las fosas de Toledo”) hasta formalismos cómicos (los poetas sufíes andaluces se inspiraban bebiendo vino de dátil a la vista de que el Corán prohibía el vino de uva). A los lloriqueos humanistas del catolicismo progresista se unían ahora los lloriqueos mendicantes de los musulmanes llegados con la inmigración.

No se trata de que el islam sea una “tradición” sino de que, salvo en raros núcleos y en círculos cerrados, no se vive como tal y en Europa, desde luego, masivamente el islam se sigue como superstición mucho más que como tradición y, por mucho que Tarik Ramadán y algún otro papanatas expliquen que el Islam “es Europa”… nunca como hoy se perciben en el islam acentos tan absolutamente ajenos a nuestro continente.

2. Islam y tradición. No es que el Islam sea “tradicional”… es que a ojos de un europeo “tradicionalista” el islam PARECE “tradicional” en la medida en que las sociedades de las que procede están atrasadas entre 200 y 400 años en relación a la marcha del continente europeo y remiten a una época pre-moderna. Ese desfase es lo que genera el engaño de los sentidos. Si uno visita una tariqah sufí en Marruecos o Turquía, seguramente se hará una idea muy diferente del islam de la que se hace si va a una mezquita–garaje en cualquier punto de Europa. No se trata solamente de una diferencia entre “esoterismo” y “exoterismo”, sino de dos horizontes antropológicos completamente distintos. Una “tradición” está arraigada sobre un pueblo y sobre una tierra. Cuando se trasplantan a otro pueblo y a otra tierra, los inevitables desfases hacen que una “tradición” sea percibida por otro pueblo como un arcaísmo… salvo que la práctica de esa religión se reduzca al “esoterismo” ante el cual sí que podría aceptarse la fórmula de Schuon de que “todo lo que sube, converge”. Pero ese ni es el caso del islam instalado en territorio europeo, ni siquiera la corriente principal del islam mundial. Vale la pena, pues, decir algo sobre el islam y la Tradición, por mucho que suponga una vulneración de la estricta observancia guénoniana.

El Islam es, históricamente, la “última religión revelada”. Aparece en un momento en el que en todo el mundo ya han irrumpido “las masas” en la historia. Algo que ya podía intuirse con la transformación del cristianismo primitivo en religión paulista abierta a todos. En ambos casos se trataba de crear un sistema religioso adaptado a las masas, esto es, con el listón de admisión bajo para permitir que entraran con facilidad en su comunidad. En el caso del islam esto es todavía más visible: Mahoma lo que crea es un sistema de prescripciones y prohibiciones para disciplinar a un pueblo primitivo. Lo que hay de “tradicionalismo” en el Islam viene dado por la época en la que fue creado mucho más que por sus contenidos. Tomando elementos preexistentes en distintas creencias de la zona, atribuyendo todo esto a una revelación divina, Mahoma logró ejercer el papel de “legislador” en el mundo árabe, en una zona geográfica que había contado ya con Hammurabi, Abraham (o el mítico Melquisedec), hacia los siglos XVI y XVII antes de Cristo. Los ciclos religiosos oscilan entre 2.100 y 2.500 años. Puede intuirse que el paso de la historia había borrado casi completamente las huellas de estos primeros legisladores y que en el siglo VI, la desintegración de la obra de aquellos primeros “legisladores tradicionales” estuviera ya completamente difuminada. Es entonces cuando Mahoma se erige como “nuevo legislador” y crea su sistema. Pero este se resiente de que la humanidad ya ha entrado en el período de las masas y hay que hacerlo suficientemente abierto y con el listón rebajado para poder ser aceptado por esas mismas masas.

Evola achaca al cristianismo el que sea una “tradición incompleta” en la medida en que le ha sido amputada toda su parte “esotérica”. En realidad, tienen razón quienes ven en la doctrina de los sacramentos un residuo de aquel “esoterismo” cuyos rastros se adivinan vagamente en algunas frases del paulismo. Pero en el “exoterismo” islámico tales huellas están completamente ausentes. Si aceptamos que las visiones de Mahoma en el desierto son el origen de su religión revelada, deberemos aceptar igualmente que las visiones de Joseph Smith, fundador de los mormones, y todo lo que deriva de la “segunda oleada religiosa” de los EEUU, son igualmente “tradicionalistas”. El “tiempo” marca la diferencia. Al entrar cada vez más profundamente en el período de las masas, los productos religiosos están cada vez más adaptados a la época y, por tanto, tienen menor calado metafísico. La sustitución de la metafísica por la teología ya implica una primera caída de nivel.

Así pues, ver en el islamismo una “religión tradicional” es ver el vaso medio lleno. Y en realidad, el vaso está casi vacío. Seco, a tenor del islam que ha llegado a Europa con la inmigración masiva: ya no estamos ante una religión sino ante una mera superstición.

3. Islam y americanismo. Dice Duguin que “en el mundo actual, el Islam es la religión mundial que resiste más activamente a las fuerzas de la globalización”. Sigue explicando que los EEUU tratan de desacreditar al Islam atribuyéndoles el ser “enemigo número uno”, lo que lleva a considerar al islam como “campo de batalla prioritario contra el imperialismo norteamericano”. Hay que poner en caución todo este sistema de argumentaciones. En primer lugar, hay que negar que los EEUU y el islam se opongan realmente. Creemos difícil desmontar el siguiente argumento: ningún otro país ha hecho tanto para facilitar los avances del Islam como los EEUU. Si tenemos en cuenta que las “revoluciones verdes” han sido todas, sin excepción, generadas por los EEUU (con la ayuda de la Francia de Sarkozy) y que todas ellas, también sin excepción, han dado vida a regímenes fundamentalistas, si tenemos en cuenta que los EEUU, desde los tiempos de la presencia soviética en Afganistán se preocuparon de estimular al islam como foco de resistencia, si recordamos que desde el primer tercio del siglo XX estaba claro para los estrategas del imperialismo norteamericano que era preciso estrechar vínculos con la dinastía de los Saud en Araba Saudita (principal exportador mundial de islamismo fundamentalista) para garantizar el suministro petrolero, si recordamos el interés puesto por los EEUU en desmembrar a Yugoslavia y crear un “corredor turco” en los Balcanes, llegando a bombardear Serbia para crear Kosovo con mayoría islamista, si tenemos en cuenta que EEUU (y sus satélites europeos empezando por Aznar) fueron los primeros y más insistentes valedores para la entrada de Turquía en la Unión Europea (no la Turquía de Ataturk sino la de Erdogan), si tenemos en cuenta que la acción de los EEUU en Irak, Afganistán, Siria, ha tenido como consecuencia –como no podía ser de otra manera y como era imposible que los analistas del Pentágono y la CIA ignoraran– el establecimiento de fuertes núcleos islamistas, si recordamos todo esto, no hará falta retrotraernos treinta años para recordar el Caso Irán–Contras en el que la inteligencia norteamericana vendía armas a Irán para financiar la lucha antisandinista en Nicaragua… ¿Dónde está la oposición de los EEUU al islamismo más allá de los titulares de una prensa superficial e ignorante?

A decir verdad, los terroristas islámicos de hoy, tienen el mismo papel que los anarquistas de finales del siglo XIX: con sus acciones estúpidas, con sus crímenes propios de bestias sedientas de sangre –véase lo sucedido en París– no tienen otro papel histórico más que de servir para estimular reacciones en contra. Si el complejo militar–petrolero–industrial norteamericano ha podido ser apoyado por la población de los EEUU ha sido gracias a los ataques del 11–S y a Al–Qaeda.

Duguin se equivoca. El imperialismo norteamericano sobrevive después de la caída del Muro de Berlín, gracias a que a partir de mediados de los 90 fue capaz de designar a un enemigo: el “eje del mal”. Pero los hechos demuestran que la acción de los EEUU, lejos de ser contraria al islamismo, en los últimos 35 años no ha hecho otra cosa que estimular el islamismo especialmente en “Eurasia”, manteniéndolo alejado de los EEUU. Duguin, en tanto que ruso, debería recordar que el islamismo ha sido utilizado por los EEUU, sistemáticamente, CONTRA RUSIA Y SUS ALIADOS. Y esto nos lleva a otra cuestión.

4. La diversidad e insuficiencia de “Eurasia”. En varios parágrafos de su artículo, Duguin nos propone un análisis de las distintas corrientes islámicas, concluyendo que el Islam es algo diverso y multiforme en el que lo peor y lo mejor se encuentran. ¿Es necesario pormenorizar el análisis? llegar hasta sus últimas consecuencias ¿no implicará percibir solo esas hojas que nos impiden ver el bosque? Mucho nos lo tememos. Quizás planteamientos de este tipo puedan servir para viajar a los países árabes y mantener contactos con dirigentes políticos o religiosos de los mismos, o para participar en discusiones eruditas realizadas en el interior de los recintos tradicionalistas europeos, pero son completamente superfluos para entender los acontecimientos mundiales que se están desarrollando ante nuestros ojos y que nos han llevado a establecer una primera conclusión, a saber: que el Islam es un ariete que los EEUU utilizan contra “Eurasia” y ante el cual, ellos mismos, son los primeros en prevenirse. El resto es secundario, en relación a este hecho. Algo de esto parece intuir Duguin cuando, en el punto 8 de su trabajo, estudia el papel mundial del salafismo. Lo vamos a decir con toda la tosquedad de que somos capaces para que se nos entienda sin necesidad de extendernos: en la modernidad no existen “islas de oro” en medio de “océanos de mierda”. Querer ver en pequeños exponentes de determinadas corrientes del islam a “gurús tradicionales” es demostrar un optimismo contrario a la objetividad propia de todo conocedor de los planteamientos de Julius Evola. Nadie va a dudar que tales corrientes existan, lo que se duda es que tengan preeminencia en este momento político en relación a las corrientes y sentimientos dominantes en el islam.

Si Duguin se interesa tanto por identificar la existencia de corrientes “tradicionalistas” en el interior del Islam es simplemente para salvar su concepción “eurasiática”. Una parte importante de Eurasia es precisamente la “dorsal islámica” que se abre del Atlas marroquí hasta Filipinas. La idea “eurasiática” sería imposible de concebir sin el concurso del mundo islámico. Y tal es el problema: que Eurasia es demasiado diversas como para poder aludir a ella como un “todo”, como si tuviera un solo destino histórico propio o como si bastara la “oposición al imperialismo norteamericano” para dar un objetivo a todos los bloques diferenciados que componen el espacio eurasiático.

Sin olvidar que para un nacido en Rusia la proximidad del mundo islámico es determinante y puede entenderse que Duguin escriba: “Tenemos que trabajar para oponerle una alianza escatológica de los musulmanes y de los cristianos ortodoxos (en toda Rusia) contra los Estados Unidos, el liberalismo occidental y la modernización”. A lo que habría que decirle: es la visión de un euroasiático… ruso; la versión de un euroasiático… español, sería completamente diversa. Aquí tenemos un recuerdo de la presencia islámica que duró ocho siglos. A esto se le llamó en los romances medievales “la pérdida de España”, de manera extremadamente gráfica, plástica y definitoria. Aquí (y en Portugal) se ven las cosas de otra manera por mucho que se traduzcan los trabajos de Duguin y aparezcan “euroasiáticos” esporádicamente: los pueblos de la península ibérica colonizaron desde el Sur de los EEUU hasta el Cabo de Hornos.

Escribo esto desde Centroamérica. Desde los años 70 he viajado por estas tierras. Sé del nacionalismo de estos pueblos, de la hostilidad creciente de sus poblaciones hacia el imperialismo norteamericano que ellos han sufrido directamente desde la segunda mitad del siglo XIX. Escribo desde un país que ha sido una colonia de la “United Fruit Company”. Hablo con ellos y veo que hablamos lenguajes comunes sin necesidad de sofisticaciones eruditas, ni sutiles diferencias sobre matices teológicos. No veo el fanatismo religioso, el providencialismo escatológico presente en las corrientes mayoritarias del islam. Veo, además, que su presencia en el interior de los EEUU prospera y que la gran amenaza que tiene hoy este país no es el islam sino la entrada de unos valores diferentes de los WASP: la concepción de la familia que traen los hispanos que llegan a los EEUU contraria a la anglosajona, la lengua castellana que está arraigada en sus genes y que conservan y expanden incluso los inmigrantes hispanos de segunda y tercera generación, su concepción de la religión –también con elementos supersticiosos, ciertamente, pero tolerantes– pero que, en cualquier caso opone un “cristianismo social” a la concepción calvinista anglosajona, como mínimo tan irreconciliables entre sí como las distintas ramas del islam chiíta o sunnita.

¿Hemos de creer que el imperialismo norteamericano caerá porque los pueblos “eurasiáticos” se unan en su lucha? Eurasia es demasiado diversa, contradictoria y amplia como para que pueda pensarse en que algún día podrá actuar y opinar como una unidad. Hace falta venir a Centroamérica para ver el nivel de la penetración de la República Popular China en esta zona: construcción de un canal interoceánico en Nicaragua, construcción de una carretera en Costa Rica, factorías chinas en toda la franja… Hemos hablado del mundo árabe ¿para cuándo hablar de China como “país eurasiático”? Imposible hacerlo. Nadie en China cree en una ficción geopolítica de esta magnitud y hoy solamente quieren fronteras tranquilas para inundar con sus manufacturas de mala calidad todo el mundo.  

¿Hasta cuándo vamos a olvidar que China está jugando su papel en la política internacional y que los dirigentes chinos no tienen el más mínimo interés en otra cosa que no sea seguir creciendo a un ritmo del 5–7% para evitar convulsiones interiores y lograr una posición preponderante en los mercados mundiales? ¿Hasta cuándo vamos a olvidar que Irán no tiene más interés que convertirse en una potencia regional? ¿Hasta cuándo olvidaremos que Putin tiene exactamente el mismo interés de garantizar la supervivencia de su país? Nada une a estos regímenes políticos… salvo el que tienen en los EEUU al adversario principal. Pero este elemento no es suficientemente fuerte como para dar la coherencia necesaria para poder hablar de “Eurasia” como espacio –político o geo–político– unitario. Existen otras zonas en el planeta que tienen los mismos anhelos… y sin que el fanatismo islamista constituya un problema. Es más previsible que los EEUU sufran un proceso de desplome económico-étnico-social interior que no que se quiebren a causa de la presión de los pueblos eurasiáticos.

En las conclusiones de su artículo Duguin aporta elementos interesantes: “La islamofobia es un mal, pero un mal puede ser también la actividad en favor de la “islamización” [y] que se presenta bajo la bandera del “Islam puro”. Cada uno debería seguir su tradición. Si no lo logramos, entonces la culpa debe ser puesta sobre nosotros, no sobre la Tradición. A un nivel puramente individual la elección es posible, pero ver a los rusos convertirse en masa al Islam me repugna, porque buscan el poder fuera de sí mismos y de su tradición y son por lo tanto enfermos, débiles y cobardes”. Vale la pena meditar sobre esta frase que constituye el último párrafo de su escrito.

Si a Duguin le repugna la conversión de rusos al islam, puede imaginar lo que nos repugna a los españoles el que se entregue la nacionalidad española a islamistas con apenas unos años de presencia en nuestro suelo. Ni el islam pertenece a nuestra tradición, ni los nacidos en el Magreb se convierten por una mera decisión administrativa en “españoles”. Ni mucho menos en “camaradas” porque odien a los “imperialistas” y desprecien al régimen político español. Hay posiciones que solamente pueden sostenerse y argumentarse desde el punto de vista teórico, pero que son imposibles de llevar al plano político. Solidarizarse en España, por la mañana, con el pueblo palestino y acudir a manifestaciones en defensa de sus derechos junto a miles de magrebíes inmigrados es una opción política. Pero esa opción es incompatible con protestar luego, por la tarde, contra la inmigración masiva. Ambas posiciones son aceptables… pero incompatibles. Hay que elegir. En el fondo es lo que ya dijo Carl Schmidt: hay que elegir entre “amigo” y “enemigo”. Los eclecticismos son malos compañeros. Los planteamientos exclusivamente intelectuales difícilmente pueden mantenerse sobre el plano político. Hay que elegir. Y lo primero, precisamente, a elegir es entre realidades objetivas y ficciones geopolíticas, entre abstracciones doctrinales y realidades políticos, entre amigos ideales e idealizados y enemigos tangibles. Hay que elegir entre hacer política o hacer disquisiciones teóricas con pocos contactos con la realidad política del día a día. Eso es lo que le reprochamos al “eurasismo” y a los “eurasiáticos”.

Y en tanto que tradicionalistas queremos añadir un último párrafo: el análisis tradicional de la historia sirve sobre todo para poder aplicarse a grandes ciclos históricos, pero es contradictorio y puede llevar a equívocos si lo aplicamos a la modernidad. ¿Quiere decir eso que el pensamiento tradicional es inútil en la modernidad? No, queremos decir que el pensamiento tradicional sirve para dar un sentido a la vida de quienes lo comparten mucho más que para interpretar fenómenos puntuales de la modernidad.

© Ernesto Milá – http://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

A martillazos con el islam

A martillazos con el islam

Info|krisis.- Los acontecimientos que se han sucedido de manera trepidante en Francia del 7 al 10 de enero de 2015 nos confirman en la necesidad de clarificar urgentemente posiciones y aislar el origen de los problemas. En definitivo, es preciso, aquí y ahora, hacer todo lo contrario a lo que está haciendo la casta política del “viejo orden” en todo el continente: enmascarar los hechos y diluir sus propias responsabilidades. Quizás los siguientes “martillazos” puedan ser útiles para alguien.

1. ¿Inmigración? Sólo hay un motivo por el que hay inmigración masiva en Europa: la economía.

Abandonemos toda tesis conspiranoica y despreciemos las consideraciones dogmáticas de aquellos que piensan que las oleadas masivas de inmigración están generadas por “sionistas”, “iluminatis” o de aquellos otros convencidos de que palabras como “mestizaje”, “multiculturalidad”, “universalismo” tienen algún sentido. El único motivo por el que la Europa ha admitido inmigración sin límites y sin barreras, procedente de no importa dónde y a despecho de cuáles fueran sus orientaciones antropológicas, religiosas y culturales, el único, ha sido lograr competitividad en un mundo globalizado. Admitiendo inmigración se modificaba artificialmente el mercado laboral y se obligaba a bajar los salarios, abaratando el precio de los productos y alcanzando –al menos por unos años- “competitividad”. No existe ningún otro elemento, absolutamente ninguno, que esté en el origen de las oleadas sucesivas de inmigración masiva al Viejo Continente.

2. Los responsables de las oleadas migratorias: empresarios, gobiernos…

El error de estas políticas de inmigración ha sido mayúsculo. Demuestra, en primer lugar, que las políticas de gobierno no son elegidas en elecciones libres por los ciudadanos, sino que están al albur de los grupos de presión económicos que las imponen a los vencedores de las contiendas electorales. El resultado es que se aplican fríamente políticas económicas que benefician a determinadas patronales y perjudican al conjunto de la nación que debe pagar la factura. Esto solamente demuestra que Europa está huérfana de “estadistas” y evidencia la miseria de las clases políticas europeas ninguna de las cuales pasa de ser gestores temporales y oportunistas de la cosa pública, huérfanos de proyectos políticos, sin horizontes históricos que vayan más allá de los cuatro años que median entre una y otra elección y atraídos únicamente, los “mejores” por la posibilidad de un rápido enriquecimiento mientras ejercen el poder, y los “peores”, evidenciando simplemente su carácter de psicópatas criminales.

3. Las distintas falacias ideológicas para justificar la inmigración masiva

Para justificar la llega masiva de inmigración entre las poblaciones de los países occidentales las se emplea (y recompensa generosamente) a todo tipo de “especialistas”: desde los “comunicadores” y “tertulianos” que afirman que “no pueden ponerse puertas al campo”, hasta los economistas que explican que “sólo con inmigración se podrán pagar las pensiones de los abuelos”, pasando por los gurús del dogmatismo universalista (“caminamos hacia una sociedad multiétnica y multicultural”), los angelicales miembros de determinadas ONGs (“ningún ser humano es ilegal”, “papeles para todos”) o los miembros de las izquierdas marxistas de otras eras geológicas (“la inmigración son los nuevos oprimidos”, “es el pago justo por la colonización”), todos los cuales han coincidido en un punto: “oponerse a la inmigración masiva es hacer gala de xenofobia y racismo”…

4. El clima que ha favorecido el problema: el liberalismo

Nada de todo esto hubiera ocurrido si la Política con mayúsculas (es decir el gobierno de los pueblos) se hubiera mantenido por encima de la economía. Pero, primero el liberalismo y hoy el neo-liberalismo, han alterado esta relación: la idea de que la política debe ser independiente de la economía ha sido impuesta por los “señores del dinero”, lo que equivale a decir que el político debe comer de su mano, hacer lo que le convenga a éste e intervenir lo menos posible en la economía recibiendo como premio y contrapartida la posibilidad de un rápido enriquecimiento. Entonces ¿para qué convocar elecciones? ¿para qué existen constituciones democráticas? ¿para qué hay siglas de partido si las políticas sociales y económicas se deciden en los pisos de dirección de las grandes corporaciones y entre los gestores de los fondos de inversión? ¿para qué alimentar a los zánganos del parlamento si su papel “legislativo” es tan risible como el papel “ejecutivo” de los gobiernos europeos, meros perros de presa sumisos al “dinero” y a sus exigencias? La responsabilidad reside en que, la doctrina liberal de que el Estado debe intervenir lo menos posible en economía, tiene como corolario el que los “señores del dinero”, al controlar la economía, controlan así mismo el Estado. Aparece así la contradicción entre el concepto de “democracia” como “mando del pueblo” y la realidad de unos sistemas políticos “democráticos” que terminan velando sobre todo por los intereses de tales “señores del dinero”.

5. Las consecuencias de la inmigración masiva

Era tan evidente que la llegada masiva de inmigración iba a alterar profundamente las estructuras del Viejo Continente que solamente la narcosis generada por medios de comunicación, los gurús del universalismo, las izquierdas huérfanas de doctrina tras la caída del marxismo, los pobres aprovechados de ONGs ultrasubvencionadas y las derechas liberales amamantados por los “señores del dinero”, podían ignorarla. Estaban llegando masivamente y sin control, ni selección de ningún tipo, gentes con otros horizontes culturales, otras religiones, con mentalidades y tasas demográficas muy diferentes a la nuestra. Es cierto que gracias a la inmigración, Europa ha podido mantener, mal que bien, una precaria competitividad en las dos últimas décadas… pero también es cierto que se ha alterado su paz social, que en todo el continente aparece claro que si bien la mayoría de inmigrantes han llegado para trabajar, al mismo tiempo, la mayoría de delincuentes son inmigrantes y que, finalmente, al estar relegados a las franjas salariales más bajas y a los trabajos más serviles, iban a terminar (ellos, pero especialmente sus hijos y nietos) albergando resentimientos atávicos y odios étnico-sociales, frecuentemente enmascarados bajo el manto de la religión. Era evidente para quien observaba la realidad europea sin apriorismos que se iba a producir una escalada: primero formación de guetos étnicos, luego constitución de bandas étnicas de delincuentes, armamento de estas bandas y control de determinadas actividades delictivas, odio étnico-social, sabotajes contra propiedades de los autóctonos, revueltas étnicas, pequeñas acciones armadas esporádicas y, finalmente, aparición de un terrorismo propiamente dicho. Tal es el proceso que se ha ido afirmando en los últimos 20 años con mayor intensidad en algunos países (Francia, Reino Unido), menor en otros (Bélgica, Alemania, Suecia) y a mayor velocidad en algunos (España). Los gobiernos europeos ni siquiera se han dignado prestar atención al problema y lo han despachado sistemáticamente aumentando visiblemente la partida destinada a “integración”. Pero se equivoca el que crea que las cosas han terminado aquí. Solamente la acción determinante contra las vanguardias del terrorismo y un realismo extremo en la apreciación sobre su origen permitirán cortar el camino a la guerra civil, religiosa y social que se anuncia en el horizonte.

6. La irrupción del terrorismo islámico en la historia

No vale la pena lanzar cábalas sobre quién y cómo generó o impulsó el terrorismo islámico, ni lo que hay detrás de Al Qaeda o lo que hubo tras Bin Laden, ni siquiera vale la pena hoy recordar los muchos puntos oscuros (verdaderos agujeros negros) de atentados como el 11-S o el 11-M y otros de la misma matriz. El terrorismo es, sin duda, un elemento de gran repercusión psicológica y no es extraño que sea utilizado en operaciones de “bandera falsa”. Pero hoy, este nuevo terrorismo es de otra matriz: así que hoy, lo que vale la pena considerar es la naturaleza del terrorismo islamista presente en Europa. Hay que recordar que el islam es una “religión aparte”: la única entre cuyos pilares dogmáticos fundamentales se encuentra la expansión mediante la “guerra santa”. Es cierto que existe un “islam moderado” y un “islam radical”, como también es cierto que toda forma de islam es exterior a Europa y contraria a los valores europeos. De la misma forma que es rigurosamente cierto que, por las características de las comunidades islámicas y por la experiencia histórica reciente, es incontestable que existe en el islam una increíble facilidad para que, bruscamente, sus sectores más “moderados”, se deslicen en pocos meses hacia el radicalismo más extremista. Desaparecido el terrorismo social (anarquista y de extrema-izquierda), desaparecido el terrorismo separatista (IRA, ETA), desaparecido el terrorismo de extrema-derecha… el único terrorismo que opera hoy en Europa es el de matriz islamista y éste tienen unas bases sociales fácilmente identificables en la inmigración procedente de países islámicos y entre los islamistas con pasaporte europeo cuyos antecedentes familiares proceden fundamentalmente del Magreb, de Paquistán o del África negra islamizada. Por tanto, es un terrorismo fácilmente identificable y simple de desarticular: pero, para ello, es preciso tener voluntad político de hacerlo y no cubrirse con el manto de fantasías ingenuas.

7. La reacción del “viejo orden” ante la irrupción del terrorismo islamista en Europa

En el que, sin duda, será uno de los últimos gestos históricos de la casta que gestiona el “viejo orden” europeo, figura adoptar la política de la avestruz o la negativa a reconocer que el problema actual generado por el terrorismo islamista es el producto de los errores pasados de esa misma casta degenerada e ineficiente. Para Holande, por ejemplo, ese terrorismo “no tiene matriz religiosa”. En toda Europa han aumentado los controles policiales… pero en ningún país, ningún miembro de la casta política se le ha ocurrido exigir y proponer medidas para restringir la inmigración masiva en Europa, ni suquiera la procedente de países islámicos, para controlar la predicación del islam en las mezquitas o para afrontar el problema globalmente, en lugar de abordarlo sólo desde una perspectiva policial que intente contener los efectos del terrorismo islámico. Cualquier especialista en terrorismo sabe, para combatirlo es preciso actuar en dos frentes: contra los grupos armados… y contra las causas que los generan. Y aquí la causa es una sola: la presencia de bolsas islamistas en Europa llegadas con la inmigración y cuya presencia solamente se justifica soto voce para seguir falseando el mercado de trabajo y seguir manteniendo los salarios bajos. No podemos esperar, pues, soluciones por parte de la casta política europea, ni siquiera un reconocimiento de la naturaleza del problema por parte de na parte importante de fuerzas sociales, medios de comunicación o intelectuales…

8. La casta europea y los defensores de la “equidistancia”

Entre las muchas barbaridades que se han oído estos días y que demuestran que en Europa todavía no se había alcanzado las más altas cotas de la estupidez humana, se ha repetido con cierta frecuencia por parte de la izquierda y de los habituales “tertulianos” a sueldo que el terrorismo islamista es una respuesta… al auge del Front National. Así pues, ¡el terrorismo islamista en Europa no sería más que una respuesta a la “xenofobia y al racismo” cada vez más presentes en el continente! Eso supone olvidar los hechos: el primero de todos es que el objetivo, Charlie Hebdo, era una revista que compartía precisamente este punto de vista y que hace veinte años ya pidió la prohibición del Front National (algo que encaja poco con la defensa de la libertad de expresión en la que se han escudado los “Yo soy Charli-Hebdo”), mientras se burlaba de cristianos y musulmanes en sus caricaturas… pero solamente los islamistas han respondido con el terrorismo. No así cristianos, ni el Front National. Así pues, no hay equidistancia posible: la única equidistancia posible y aceptable es la que ve a los terroristas islamistas a un lado y a la casta del “viejo orden” en otro. Estos han traído a los otros. Los terroristas serían inconcebibles en Europa sin la casta del “viejo orden” que ha traído a bolsas y más bolsas de inmigración islamista. Así pues, no nos engañemos: quien ve al “terrorismo islamista”, no como el producto del fanatismo religioso, el odio étnico y la frustración social, sino como una respuesta a presuntos comportamientos “xenófobos y racistas” o se equivoca en su torpe ingenuidad, o simplemente miente o pertenece al grupo de intereses de la casta europea del “viejo orden”.

9. El enemigo ofrece una oportunidad. El sueño de Luther King reconducido…

Parafraseando a Luther King y utilizando ciertas dosis de retórica mística podría decirse aquello de “he tenido un sueño… He soñado que se reembarcaba a los excedentes de inmigración islamista, matriz del terrorismo, hacia sus países de origen y que con ellos se reembarcaba también a la casta política y a los señores del dinero que los trajeron a Europa”… Vale la pena establecer esta cadena de axiomas:

a) La inmigración islámica es un problema en Europa.

b) No existe gran diferencia entre islam moderado e islam radical.

c) El islam, moderado o radical, es siempre ajeno a la cultura y a la tradición europea.

d) El islam ha llegado a Europa con la inmigración masiva.

e) No toda la inmigración residente en Europa es islamista, pero sí que la inmigración más conflictiva se gesta en el entorno islamista.

f) Los impulsores de tal inmigración han sido la casta del “viejo orden” y los “señores del dinero”

g) Si han actuado así es por necesidades de mantener competitividad en un mundo globalizado y por el servilismo de la clase política hacia la clase económica.

h) Por todo ello, el problema del terrorismo islámico en Europa no se resolverá hasta que no se resuelva la cuestión de la inmigración islámica en Europa y hasta que no se desplace a la actual casta política del “viejo orden”.

i) Si el enemigo inmediato a abatir son las hienas sedientas de sangre que quieren traer la yihad a Europa, el problema solamente se resolverá definitivamente afrontando con decisión la repatriación de los contingentes islamistas a sus países de origen y desplazando a la actual casta del “viejo orden”.

j) Así pues, la erradicación de la nueva amenaza terrorista que se cierne sobre Europa pasa solamente por el desplazamiento del grupo seudo-religioso del que nace y por la erradicación de la casta que lo trajo al Viejo Continente y del sistema mundial globalizado perjudicial para la mayoría de la población europea y beneficiosa sólo para una ínfima minoría.

10. En memoria de las primeras víctimas del terrorismo islámico en Europa

Todos estos puntos, repetimos, nos parecen “axiomáticos” en la medida en que “axioma” deriva del término griego αξιωμα, «lo que parece justo» o, que se le considera evidente, sin necesidad de demostración. Esa demostración existe y está al alcance de todos sólo mediante el ejercicio de la crítica. Para quien se niega a razonar, quien se ampara en la trinchera de los dogmatismos y los apriorismos utilizando los argumentos más retorcidos, para quien se siente parte del “viejo orden”, nada de todo esto es admisible y asumible y ningún argumento conseguirá hacerle entrar en razón. No hay fortaleza más impenetrable que un cerebro que se niega a argumentar por miedo a que todos los valores de los que se ha alimentado hasta ese momento se derrumben como un castillo de naipes arrasado por el viento nuevo. No hay nada más triste que morir como han muerto los redactores de Charlie-Hebdo: asesinados en un inmisericorde episodio de terrorismo e inconscientes hasta última hora del proceso mental y político que han seguido sus asesinos para disparar sobre sus cuerpos. Una de las víctimas, el director de la publicación, había parafraseado la famosa frase de “más vale morir libre que vivir de rodillas”; pues bien, nosotros, haciendo otro tanto, podríamos decir que “más vale conocer la realidad que morir engañado”. Cuando se produce un atentado terrorista, en primer lugar, hay que estar del lado de las víctimas, por supuesto, pero incluso entonces es admisible que a las condolencias y a los lamentos sigan los razonamientos y las resoluciones. Eso es lo que hemos intentado en estas líneas. En cuanto a las resoluciones tras lo que ha ocurrido, podemos establecer algunas a modo de conclusión:

 Estos crímenes me animan a luchar contra el islamismo en Europa.

 Estos crímenes me reafirman en que no habrá paz en Europa mientras haya islamismo en nuestro continente.

 Estos crímenes me convencen de que la lucha contra el terrorismo islámico y la lucha contra la inmigración masiva son dos frentes de un mismo problema.

 Estos crímenes me suscitan el más absoluto rechazo a la casta política europea del “viejo orden” que lo ha sacrificado todo a los intereses económicos empezando por la paz social y la identidad del continente.

 Estos crímenes me inducen a desechar todo eclecticismo y cualquier ambigüedad, retóricas tranquilizadoras y estupefacientes ideológicos humanistas y universalistas, en definitiva, a hablar claro y simple.

 

 

 

No al islam en Europa

No al islam en Europa

Info|krisis.- No hay que forjarse falsas esperanzas o refugiarse en mera palabrería: estamos asistiendo en Europa Occidental a los habituales choques entre vanguardias de dos ejercitos enemigos que se aproximan uno contra otro y que preceden a los enfrentamientos generalizados. A un lado las vanguardias islamistas; de otro, quienes perciben la realidad del problema, lo inaplazable del conflicto y están dispuestos a reaccionar. Estamos asistiendo al inicio de un conflicto que será una guerra civil y una lucha por la identidad. No se trata de que queramos o no combatir en tal conflicto: se trata de que los islamistas residentes en Europa nos lo han impuesto. Ahora nos toca reaccionar y dar una respuesta política acorde con el desafío. Otra cosa sería, simplemente, suicidarse.

I. El islam no es una religión como las demás.

Amparado en las leyes de libertad religiosa existentes en todos los países de Europa, el islam progresa a lo largo de todo el continente. Sus bases no están compuestas por europeos de origen sino por inmigrantes llegados de otros horizontes. Así, se da la paradoja de que una doctrina contraria al espíritu europeo, contrario a la legislación europea, contraria a los valores europeos, situada entre 400 y 800 años por detrás de la evolución del continente, puede extenderse, progresar y contar con todos los beneplácitos legales.

Y sin embargo, el islam no es una religión como las demás. Es la única religión por la que sus miembros están dispuestos a matar. Es la única religión que incluye entre sus presupuestos el extenderse mediante la guerra. Es la única religión, entre cuyos “pilares” se encuentra la guerra como forma de extender su influencia. Eso hace del islam una forma supersticiosa, conflictiva, primitiva y ofensiva, completamente diferente a cualquier otra religión existente en la actualidad.

De ahí que no pueda aplicarse al islam por más tiempo el estatuto de libertad religiosa vigente en el continente. Hacerlo es equivalente a un país que facilita a quienes quieren destruirlo todos los elementos necesarios para hacerlo, empezando por la piqueta de demolición

II. No hay diferencia entre “islam moderado” e “islam radical”.

El islam es una superstición que ha demostrado a lo largo de la historia una increíble facilidad para deslizarse desde su vertiente moderada hasta los límites más extremos del fundamentalismo en cuestión de pocos años. En su área natural de expansión –el mundo árabe– el islam, en apenas treinta años, ha liquidado a casi todos los regímenes laicos, ha elevado barreras fundamentalistas, ha dado gigantescos pasos atrás en las costumbres sociales en esos países, ha desestabilizado regímenes, zonas y países y, finalmente, ha terminado amenazando a Europa, en donde su presencia se debe solamente a la llegada masiva de inmigración procedente de países árabes.

Permitir la difusión y la expansión del islam en Europa, aceptar que pueda tratarse de una religión como cualquier otra en el Viejo Continente, supone allanar el camino hacia la yihad, facilitarla, hacerla posible y admitir la desestabilización en todo el territorio de la Unión Europea. Hacerlo en razón de que el “islam moderado” no parece “peligroso” e incluso, ocasionalmente, se muestra dialogante, se ha revelado como un error: existen muchas posibilidades de que ese mismo islam, moderado hoy, se convierta en intolerante e integrista mañana, que el imán que hoy predica “integración”, mañana truene en defensa de su “identidad religiosa” más extrema.

¿Es que no habéis visto en vuestras ciudades a hijas de familias islamistas que se comportan como cualquier otra chica de su edad y que, bruscamente, un buen día empiezan a utilizar el velo islámico y a distanciarse de las que hasta entonces habían sido sus amigas? ¿Es que no habéis conocido comunidades islámicas que han ido creciendo normalmente y que, de repente, son radicalizadas por un imán wahabita subsidiado?

III. El mecanismo de auto–exclusión social

El fatalismo coránico hace que la inmensa mayoría de fieles islamistas en Europa se sitúen entre los estratos con menos ingresos de la población. Apenas hay estudiantes islámicos en universidades europeas; los que hay, en su inmensa mayoría, proceden de élites sociales de los países árabes. Los hijos de los islamistas presentes en Europa, por el contrario, prefieren que sus hijos trabajen desde la adolescencia a que sigan estudiando o aumenten su preparación profesional. Ni aun facilitándoles el acceso a la universidad (algo que se ha hecho en toda Europa y recientemente también en España mediante medidas de “discriminación positiva”), las familias islamistas parecen interesadas en que sus hijos tengan acceso a la enseñanza superior.

La “falta de competitividad” de los jóvenes islamistas o descendientes de familias islamistas en suelo europeo la “compensan” psicológicamente desarrollando una agresividad inusitada y creciente contra las sociedades europeas de acogida que cristaliza en salvajismo puro y simple (las quemas de coches por parte de jóvenes islamistas se han convertido en el siniestro acompañamiento de las noches en media Europa) o bien con la adhesión a las formas más primitivas y fundamentalistas de su identidad originaria identificada con el islam.

Todo esto lleva directamente a que las bolsas de islamistas presentes en Europa experimenten siempre los mismos procesos de auto–exclusión social. No se puede reprochar a los empresarios europeos que se nieguen a contratar a individuos que no renuncian a estar vestidos como en sus países de origen, que muestran ostensiblemente prendas de significado religioso, especialmente cuando en todo el mundo violencia e islam se muestran cada vez más de la mano.

Así pues, la “ideología” que acompaña al islamismo y sus prácticas sociales generan, por sí mismas, falta de competitividad (especialmente de los grupos más jóvenes que comparten esta creencia o que proceden de grupos étnicos mayoritariamente islámicos), brutalización de muchos sectores con ese origen, rechazo social para franjas crecientes de europeos y terminan en una auto marginación social insuperable.

IV. No existe fórmula de “integración” posible con el islamismo.

Las bolsas islámicas en Europa figuran entre las comunidades halógenas más subvencionadas. En Holanda primero, en el Reino Unido, en Francia, en España, en Italia, en Bélgica, los programas para lograr la “integración” del islam en las sociedades de acogida han fracasado, uno tras otro, estrepitosamente y, poco importa de dónde hayan procedido esas bolsas de inmigración, si del Magreb, si del África subsahariana o del mundo árabe. No ha habido –y es bueno recordarlo– ni un solo proyecto nacional de integración de la inmigración islamista, ni de derechas, ni de izquierdas, ni generoso, ni cicatero en la donación de subsidios, que se haya coronado con un mínimo éxito. De hecho, cuantos más fondos se dispensan a la cuestión, menos resultados se obtienen.

Ahora cabe ya preguntarse, después de treinta años de proyectos frustrados, si el problema es que las sociedades europeas han fracasado o, simplemente, es que el islam es inintegrable en la cultura y en la legalidad europea y si la falsa sensación de que esos proyectos de “integración” avanzaban no ha venido dado por actitudes de simulación de las comunidades islámicas receptoras de los fondos de ayuda.

¿Cuánto tiempo deberá pasar antes de que Europa se convenza de que el islam es inintegrable? ¿Cuánto tiempo deberá pasar antes de que los europeos entiendan que ese mundo ideal que ha forjado su ideología “humanista” y “universalista”, en el que basta con facilitar las condiciones adecuadas para que un grupo social se integre, para que, efectivamente se produzca tal integración, es una falacia miserable y un error palmario? ¿Cuántos décadas más partidos de derechas y de izquierdas prolongarán esta política absurda de mano tendida hacia el islam recibiendo a cambio aumento de la delincuencia, chispazos cada vez más frecuentes de terrorismo, negativa pura y simple a integrarse o, simplemente, persistencia de la inestabilidad étnico–social?

Las tasas de delincuencia entre la comunidad islámica o de origen islámico superan a cualquier otra comunidad inmigrante. Y esto no puede atribuirse a la pobreza: hoy, cualquier joven islámico tiene un Smartphone, maneja las tecnologías de la información, y es muy posible que reciba una subvención, sino él si al menos su familia. No es la “pobreza” la que genera delincuencia y exclusión, sino la “ideología” (el islamismo) y sus hábitos antropológicos.

V. La ideología “humanista y universalista” es responsable.

Los islamistas no son los únicos culpables de lo que está ocurriendo. Si están aquí se debe a que una banda de políticos, oportunistas sin escrúpulos, irresponsables sin conciencia y traidores a su pueblo y a su cultura, los han traído. Casos tan absurdos como el de Jordi Pujol, quien prefirió desviar inmigración magrebí a Cataluña para evitar que llegaran inmigrantes que hablaban ya castellano y no se esforzarían en aprender catalán, no son una excepción en el Viejo Continente. No es raro que las máximas sospechas de corrupción recaigan sobre estos exponentes que durante su gestión se ampararon en la ideología “humanista” y en las “virtudes de la integración” para importar carne humana islamista.

Luego están aquellos endófobos estilo Zapatero o estilo ONGs (con SOS Racismo en vanguardia) para los que la “ideología integracionista” se convierte en dogma, a pesar de que el paso del tiempo y los reiterados fracasos hayan evidenciado su peligrosa vacuidad. La izquierda, mayoritariamente, es responsable de no percibir que la llegada masiva de inmigración a Europa no se ha debido a la libre decisión de las poblaciones de ubicarse en los lugares de su elección, sino que esas corrientes migratorias han sido generadas artificialmente para abaratar el precio de la mano de obra en Europa. Para cubrir esta realidad, la izquierda “humanista” ha recurrido a una batería de dogmas extravagantes (la “multiculturalidad”, el “mestizaje”, “España país de las tres culturas”, “Alianza de Civilizaciones”) que, en el fondo, han sido los principales causantes del hundimiento de su prestigio entre las clases populares que se ven obligadas a convivir con el islamismo en los arrabales.

Por su parte, la Iglesia tiene también su parte de responsabilidades. Eludiendo vergonzosa y bochornosamente el hecho de que las comunidades católicas son masacradas allí en donde gobierna el islam, que carecen de libertad de culto e incluso de garantías para la supervivencia física de sus fieles, los últimos papas han multiplicado incomprensiblemente sus actitudes de mano tendida hacia el islam... Resulta absolutamente grotesco, sino criminal, que el día antes de la masacre de Charlie–Hebdo, las luces de la catedral de Colonia fueran apagadas por la autoridad obispal en… protesta contra la “xenofobia”. O que el papa Bergoglio aludiera poco antes al islam como “religión de paz”. Tales actitudes no son menos criminales que el “humanismo universalista” procedente de la izquierda, están fuera de lugar y, confirman, sobre todo que la “infalibilidad” ya no está entre las virtudes del jefe de la iglesia. El Vaticano ignora que estamos ante una “guerra santa” que él no ha elegido, pero que el islam sí tiene presente y está dispuesto a librar en territorio europeo.

VI. El problema no es la “xenofobia y el racismo”, el problema es el islam

A nadie se le puede escapar el símbolo de la estupidez realizada por la autoridad de la catedral de Colonia: la tradición quiere que allí estén las tumbas de los Reyes Magos y, por tanto, el hecho de  que sus luces se apagaran el día de la Epifanía es doblemente elocuente, por la fecha y porque precedió en apenas unas horas a la masacre de París.

La masacre de París se muestra, como hemos dicho, como la acción –una más de las que se vienen multiplicando cada vez con mayor frecuencia– de las vanguardias islamistas en Europa. Demuestra que estamos implicados en una guerra que ni hemos querido, ni hemos desatado, pero que estamos sufriendo por voluntad de otros.

Las reacciones de las masas populares suelen ser primitivas. Sin embargo, en todo el territorio de la Unión Europea no se ha producido ni una sola acción “xenófoba y racista” que causara doce víctimas. Europa ha ido aceptando a toda la inmigración islamista que ha forzado su presencia en el continente por la vía del hecho consumado. Europa ha subvencionado a las bolsas islamistas, les ha cedido terrenos para edificar sus mezquitas, ha aceptado que los muecines atronaran las mañanas de los viernes en Europa con sus llamadas a la oración, han asumido incluso el que en una tierra de laicidad se enseñe el Corán en las escuelas. Los medios de comunicación, los partidos mayoritarios, la Iglesia, las ONGs, han condenado sistemáticamente la “xenofobia y el racismo”… a pesar de que no ha existido más xenofobia y racismo que el que ha gestado la intolerancia islamista y su incapacidad demostrada reiteradamente para la integración.

Si hubo en El Egido manifestaciones anti–islamistas hace 15 años fue porque, previamente, habían aumentado los robos cometidos por individuos procedentes de grupos islamistas que, de paso, habían asesinado en pocos días a tres personas… y esto ante la pasividad del aznarismo. Si en Francia se produjo la intifada de noviembre–diciembre de 2005 no fue por la actividad de las “bandas racistas y xenófobas” sino por el fracaso de las políticas integración y por la brutalización creciente de individuos procedentes de la segunda y tercera generación de inmigrantes. Si en Holanda se certificó hace una década el fracaso de las políticas de integración (las más antiguas de Europa) se debió a los asesinatos de Pym Fortune y de Theo van Gogh.

Siempre la aparición de “xenofobia y racismo” ha ido por detrás de las exacciones, crímenes, revueltas y atentados islamistas. Nunca se ha generado “radicalismo islámico” o “fundamentalismo religioso” porque, previamente, existiera ninguna forma de racismo. Aquí sí que podemos establecer que el “huevo” fue anterior a la “gallina”, que existe una relación de causa a efecto entre la incapacidad para la integración del islamismo y la respuesta social en forma de “xenofobia y racismo”. El origen del problema es la presencia del islamismo, moderado o radical, en Europa.

VII. Las palabras ya no sirven: los europeos pedimos hechos

Tras el asesinato de doce personas en el curso del atentado islamista a la revista satírica Charlie–Hebdo, ya no vale la palabrería tan repetida en las últimas décadas: no basta ni con llamar a la “convivencia”, ni con el recurso a la “calma” y a “evitar reaccionar en caliente”. No basta con que un Holande o un Rajoy, hablen ahora de “reforzar los poderes del Estado”, “estar vigilantes ante el terrorismo” o “permanecer firmes” con los que nos han obsequiado en las últimas horas. No basta con las declaraciones tristonas, ingenuas y cándidas de un Bergoglio o de sus delegados, llamando a la “bondad”, al “perdón” y a la “caridad”: ESTAMOS AFRONTANDO LOS PRIMEROS CHISPAZOS DEL CHOQUE CON LAS VANGUARDIAS DE LA YIHAD QUE SE DIRIGEN CONTRA EUROPEA AMPARADAS EN LAS TASAS DEMOGRÁFICAS DE LA COMUNIDAD ISLAMISTA Y EN LA LLEGADA MASIVA DE INMIGRANTES DE ORIGEN ISLAMISTA. Y ante esto no caben ni declaraciones atemperadas, ni tranquilizadoras, ni mucho menos cabe repetir los tópicos que nos han llevado hasta donde nos encontramos hoy (“tolerancia”, “multiculturalidad”, “integración”, “mestizaje”…). NOSOTROS NO HEMOS ELEGIDO ESTA SITUACIÓN: NOS LA HAN IMPUESTO y lo peor que podemos hacer es engañarnos con la palabrería tranquilizadora difundida por la vieja clase política, determinadas ONGs endófobas y los balbuceos de líderes religiosos con pocas opciones.

Ya hace tiempo que ha pasado la época en la que podíamos confiar en las virtudes de la “integración”. Si eso ha funcionado con otras comunidades, desde luego, con el islam nunca ha dado el más mínimo resultado. Cuando antes lo reconozcamos, menos sorpresas nos llevaremos y más preparados estaremos ante el futuro. QUEREMOS QUE EUROPA REACCIONE y “reaccionar” supone viajar a los orígenes del conflicto, identificar la naturaleza del problema, el fracaso de las opciones practicas hasta ahora y reconocer las exigencias para resolverlo.

En las actuales circunstancias no hay nada peor que engañarse: si lo hacemos, el futuro de nuestros hijos peligra y, no digamos, el de nuestra cultura. Lo hemos dicho desde el principio y lo repetimos ahora: EXISTE UNA INCOMPATIBILIDAD ABSOLUTA Y TOTAL ENTRE EL ISLAM Y EUROPA. No vale la pena emplear grandes volúmenes en demostrar algo que está ahí, que es cada vez más evidente y que puede ver todo aquel que percibe la realidad sin dogmatismos, ni apriorismos, sin prejuicios ni prismas deformantes.

QUEREMOS SOLUCIONES YA, hoy cuando todavía pueden establecerse soluciones y es posible, con mínimos esfuerzos, contener a las vanguardias del ejército islamista que están intentando librar sus primeras escaramuzas en Europa. Y SI LA VIEJA CLASE POLÍTICA, LA QUE YA HA FRACASADO, NO ESTÁ EN CONDICIONES DE APLICARLAS, NI TIENE EL VALOR SIQUIERA PARA ENUNCIARLAS, HABRÁ QUE VOLCARSE EN APOYO DE UNA NUEVA CLASE POLÍTICA QUE SIN MIEDO, REALISTA Y DECIDIDA, ENTIENDA EL PELIGRO DEL ACTUAL MOMENTO HISTÓRICO Y DECIDA AFRONTARLO COMO SE AFRONTAN LOS RIESGOS DE GUERRA: CON DECISIÓN, ENTEREZA, REALISMO Y FUERZA.

Creemos necesario una batería de medidas tendentes

1) a alejar el riesgo de conflicto civil y étnico–social en Europa,

2) a contener primero y aligerar después la presión del islamismo sobre Europa y

3) a restablecer la normalidad social en Europa y la normalidad del mercado laboral reduciendo las tasas de inmigración.

Por todo ello proponemos, y llamamos a personas, organizaciones y asociaciones, a APOYAR UN PROGRAMA DE ACCIÓN BASADO EN DIEZ PUNTOS:

1) Imponer el “principio de prudencia” ante el islamismo: él mismo se ha encargado de demostrar que no se trata de una religión como las demás; por tanto, no puede estar sometida al mismo estatuto que cualquier otra creencia religiosa. Crear Comisiones para la Vigilancia del islam en Europa encargadas de controlar que la difusión de las ideas coránicas esté de acuerdo con los principios de la legalidad y de la tradición europea.

2) Cesar cualquier forma de ayudas oficiales a las comunidades islamistas. Ante la imposibilidad de integrarlas en las sociedades europeas no queda más remedio que inducirlas a retornar a sus países de origen y la primera fase de esta “operación retorno” solamente puede ser el reducir las “ayudas” al islamismo a una sola: par el retorno a sus países de origen.

3) Cesar de conceder la nacionalidad europea a gentes que profesen la religión islámica entendida como contraria a la tradición y a los valores europeos. Para pertenecer a cualquiera de las naciones europeas debe ser preciso abjurar del islamismo en tanto que esta doctrina es la antítesis exacta de los valores de la tradición europea.

4) Cesar la construcción de mezquitas en Europa, auditar las existentes, impedir por ley que las comunidades islamistas que actúan en el continente reciban subsidios y subvenciones llegados del extranjero.

5) Incluir en el código penal el delito de “endofobia” (hostilidad hacia los miembros de la propia comunidad) en la que caerían aquellas personas, partidos y ONGs que asuman la defensa del yihadismo y de sus colaboradores.

6) Pérdida inmediata de la nacionalidad de cualquier nación europea a todos aquellos ciudadanos que desciendan de halógenos en tres generaciones anteriores y que se vean implicados en actividades delictivas relacionadas o no con el islamismo.

7) Prohibición de la construcción de minaretes en territorio europeo, derribo de los existentes y prohibición de realizar “llamadas a la oración”.

8) Exclusión de fieles islamistas de todos los cuerpos de seguridad e instituciones armadas en cualquier país europeo.

9) Cese de la inmigración en Europa procedente de países con mayoría islamista y repatriación progresiva de los contingentes actualmente residentes en el continente.

10) Depuración de responsabilidades entre la vieja clase política para determinar niveles de responsabilidad en el proceso de islamización del continente con aplicación del delito de traición a quienes hayan colaborado activamente en tal proceso.

Consideramos que estos diez puntos son suficientes para alejar a las vanguardias del yihadismo del territorio europeo. Podemos elegir entre un programa duro, pero que excluye medias tintas y deja atrás opciones fracasadas, y la reiteración de la palabrería “humanista y universalista” de que vienen haciendo gala líderes políticos y religiosos en las últimas décadas. Que cada cual elija su opción.

ES LA HORA DE LA VERDAD: el atentado contra la revista Charlie–Hebdo y los atentados que le han precedido en las últimas semanas son suficientemente elocuentes sobre la situación que afrontamos Y QUE NO HEMOS BUSCADO, QUERIDO, NI PROVOCADO. La inacción ante esta situación sería un crimen contra las generaciones que nos han precedido y las que seguirán. INACCIÓN SUPONE DEJAR QUE LAS VANGUARDIAS ISLAMICAS ABRAN PASO AL EJÉRCITO YIHADISTA EN LAS PRÓXIMAS DÉCADAS. Y ese es un crimen que la raza que venció en Salamina e Himera, que derrotó al islam en las Navas y en Lepanto, que cerró las puertas de Europa a los turcos en Viena y expulsó a los moriscos, alejando durante 400 años el riesgo de islamización del Viejo Continente, se incline ahora ante una superstición llegada del desierto.

Los hechos hablan por sí mismos y el asesinato de doce personas en París no es un atentado “contra Francia”, sino contra todos los pueblos de Europa. De la misma forma que en el vecino país la palabra “RECONQUISTA”, con todas sus letras y en perfecto castellano, resuena otra vez como llamada a la movilización general, entre nosotros la sangre vertida por el fanatismo islámico debe ser considerada como algo propio.

Europa afronta en estos momentos múltiples problemas generados en su mayoría por una clase política ineficiente y corrupta, la islamización del continente es solamente un efecto más de su lamentable gestión: pero esa islamización es también un anticipo de la guerra civil que se está iniciando. De ahí la necesidad de ser conscientes de la gravedad del problema y no tratarlo como una de las muchas excrecencias generadas por la vieja clase política que percibe ya su funeral, sin gloria, con bochorno y aroma a traición.

A los europeos nos corresponde ahora tomar de nuevo las riendas de nuestro destino y es preciso tener muy presente que LA LUCHA CONTRA LA ISLAMIZACIÓN DE EUROPA ES TAMBIÉN LA LUCHA POR LA RENOVACIÓN POLÍTICA DEL CONTINENTE.

¡POR UNA EUROPA LIBRE DEL PELIGRO ISLAMISTA!
¡POR UN FUTURO SIN LA SOMBRA YIHADISTA!
¡EL ISLAM ES AJENO A LA CULTURA Y A LA TRADICIÓN EUROPEA!
¡NO HAY LUGAR PARA EL ISLAM EN EUROPA!
¡ISLAM Y SUS CÓMPLICES FUERA DE EUROPA!

08/01/2015