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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

CULTURA

Antropología de la Vieja España (VIII) El beso

Antropología de la Vieja España (VIII) El beso Redacción.- En esta VIII entrega de la Antropología de la Vieja España, abordamos la agradable cuestión del beso. Desde el primero, cuando se iniciaban los noviazgos, hasta el que cerraba el convite nupcial. Un filón de tradiciones desconocidas que practicaron nuestros ancestros.

El primer beso furtivo, tras haber “hecho el oso” o “pelado la pava”, el siguiente beso casto ante los padres justo en el momento de la pedida, el posterior beso no menos casto ante el altar, el beso ligeramente más lujurioso, pero con atisbos de pudor dado ante los comensales, tiene como lógica consecuencia el beso final enroscado de amor y pasión con que debe necesariamente culminar el matrimonio. El beso es inseparable del escalón que lleva a la pareja de la originaria chispa a la culminación de la pasión.

Hubo un tiempo en el que besar a una mujer subrepticiamente o por sorpresa equivalía a violarla. En esas mismas fechas en países con tanta reputación de liberales como Francia, si un hombre y una mujer jóvenes se veían a solas era como si hubiesen copulado y, necesariamente, debían casarse o de lo contrario, ella estaría deshonrada y él gozaría de fama de burlón y vividor. Así estaban las cosas a mediados del siglo XIX. Enrique Casas recuerda que “los besos no hacen chiquillos, pero tocan a vísperas”. Así pues, en Europa el beso era algo especial que no podía ser objeto de frivolidades de ningún tipo. Besar equivalía a comprometerse. No es seguro que los besos supieran mejor con tanta responsabilidad y presión.

Concebir así el beso era un legado de la tradición romana. Quintiliano, en el siglo I de nuestra era, consideraba que dos adolescentes, si se besaban, ya podían ser considerados marido y mujer. Esa misma legislación romana establecía que si dos novios se besaban antes de la bendición matrimonial y uno de ellos moría, el otro no podía recuperar las donaciones si había besado a la otra parte. En los tribunales romanos las partes presentaban pruebas y testigos de que el beso se había producido o no y, cuando la demostración se realizaba fehacientemente, el magistrado podía emitir sentencia rigurosa.

Los griegos preferían besar en la frente o en los ojos, pero no en los labios. Además, tenían a bien estirar de las orejas justo en el momento en que besaban en la frente. Era la mayor muestra de amor clásica. No dar el tirón implicaba desconsideración y ausencia total de afecto. Los íberos romanizados heredaron esta legislación pero con una limitación que destaca Hinojosa: “el íbero que besaba a la esposa antes de sacrificar a Ceres y sin que estuvieran presentes ocho testigos podía ser castigado por el suegro, privando a la novia de un tercio de sus bienes”. En el Fuero Viejo castellano e establecía que bastaba con que la mujer fuera besada para que retuviera toda su dote. Posteriormente, en las Leyes de Toro reducía esta cantidad a la mitad.

Llama la atención constatar dos contradicciones. Primero la solemnidad y seriedad que los antiguos atribuían al beso en contraste con lo banal del mismo acto en nuestros días. En segundo lugar la importancia que tuvo el beso entre los antiguos indo-arios y el desconocimiento del beso propio de muchos pueblos primitivos y no tan primitivos, pero sí lejanos. Los japoneses por ejemplo hasta no hace mucho eran refractarios al beso. Los filipinos –pásmense- besaban acercando las narices y sorbiendo. Cuando entraron en contacto con occidentales, cuentan los viajeros del siglo XVIII y XIX que se acostumbraron a besar con los labios, pero –vuelvan a pasmarse- no podían evitar deslizar la nariz. Para ellos, besar equivalía a oler. Lombroso opinaba que para los primitivos besar equivalía a oler. Así pues, no todos los pueblos besaban en el pasado. Entonces, ¿de dónde procede el beso utilizado por los amantes para demostrar su amor o por los novios para formalizar su matrimonio?

Hay interpretaciones para todos los gustos. En la prehistoria las mujeres mascaban la comida para sus pequeños, como ahora vemos en los documentales de la “2” que hacen muchas especies. La boca era, desde entonces, un instrumento de supervivencia. En el alba de la civilización el contacto entre las bocas para dar y recibir alimento, se convirtió en un rito de reconocimiento entre las familias, los clanes y el poder. Los chinos en esto fueron unos precursores y las más antiguas referencias al beso con lengua y saliva se remontan a la cultura taoísta. Estas tradiciones han subsistido hasta nuestros días en el Imperio Medio y se ha considerado que a través del beso se transmitía energía de la mujer al hombre. Las prácticas taoistas establecían técnicas para optimizar la acumulación de energía. El mejor momento era –tomen nota- justo cuando la mujer –a ser posible virgen- tenía su primer orgasmo. En ese preciso instante, el varón debía besarla en la boca y aspirar el aire que fluyera de sus pulmones. Así se aseguraba la eterna juventud. Ha habido interpretaciones más bien forzadas como la que apareció en la edad media. Tras el ritual del beso en las culturas judeo-cristianas es posible avistar la transmutación de las esencias, el vino y el pan, la saliva y la lengua. La saliva es el espíritu y la vida, por su parte, la lengua la carnalidad. En el siglo XIII, dos amantes, Paolo y Francesca, fueron descubiertos al intercambiar un beso. Muertos, son condenados a verse pero no tocarse. Así los ve Dante en su infierno particular. En el Renacimiento describir literariamente un beso equivalía a revelar un la consumación del acto sexual. En el siglo XVI, el beso se afirma en el galanteo. Es justamente en esta época cuando el beso consagra las ceremonias matrimoniales. El hombre da el beso y en este acto asume su rol de cabeza de familia con todos sus derechos y obligaciones.

En general podemos confirmar, sin temor a exagerar, que el beso como muestra de amor conyugal fue privativo de los indo-europeos. Fueron ellos los que elevaron el beso al rango de signatura del compromiso o de desliz que implicaba obligaciones estrictas. En el siglo XVIII las costumbres empezaron a alterarse en la Francia ilustrada y enciclopedista. Montaigne se lamentaba de la proliferación de esta costumbre y Santa Evremoniana escribía que “El beso que en Turquía, Italia y España es el comienzo del adulterio, no es en París más que un cumplido. Los besos son una mercancía que no cuesta nada, que no se gasta, que abunda siempre”. En esa época las cosas habían llegado muy lejos en el libertino país de Moliere: una dama estaba obligada a ceder sus labios a aquel que se los requiriese con tal de que el galán –por repugnante que fuese- estuviera acompañado por tres criados. Un fastidio para las madamas de la época. La revolución de 1789 acabó con todo esto, pero no pudo evitar que el romanticismo posterior restituyese el beso como muestra de pasión y compromiso. De ahí que los novios cuando se besan al ser unidos en matrimonio confirmen el valor de la bendición sacerdotal o de la sanción del juez con un beso y que vuelvan a exhibir su amor en el momento del brindis ya en el convite.
© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Antropología de la Vieja España (VIII) El beso

Antropología de la Vieja España (VIII) El beso Redacción.- En esta VIII entrega de la Antropología de la Vieja España, abordamos la agradable cuestión del beso. Desde el primero, cuando se iniciaban los noviazgos, hasta el que cerraba el convite nupcial. Un filón de tradiciones desconocidas que practicaron nuestros ancestros.

El primer beso furtivo, tras haber “hecho el oso” o “pelado la pava”, el siguiente beso casto ante los padres justo en el momento de la pedida, el posterior beso no menos casto ante el altar, el beso ligeramente más lujurioso, pero con atisbos de pudor dado ante los comensales, tiene como lógica consecuencia el beso final enroscado de amor y pasión con que debe necesariamente culminar el matrimonio. El beso es inseparable del escalón que lleva a la pareja de la originaria chispa a la culminación de la pasión.

Hubo un tiempo en el que besar a una mujer subrepticiamente o por sorpresa equivalía a violarla. En esas mismas fechas en países con tanta reputación de liberales como Francia, si un hombre y una mujer jóvenes se veían a solas era como si hubiesen copulado y, necesariamente, debían casarse o de lo contrario, ella estaría deshonrada y él gozaría de fama de burlón y vividor. Así estaban las cosas a mediados del siglo XIX. Enrique Casas recuerda que “los besos no hacen chiquillos, pero tocan a vísperas”. Así pues, en Europa el beso era algo especial que no podía ser objeto de frivolidades de ningún tipo. Besar equivalía a comprometerse. No es seguro que los besos supieran mejor con tanta responsabilidad y presión.

Concebir así el beso era un legado de la tradición romana. Quintiliano, en el siglo I de nuestra era, consideraba que dos adolescentes, si se besaban, ya podían ser considerados marido y mujer. Esa misma legislación romana establecía que si dos novios se besaban antes de la bendición matrimonial y uno de ellos moría, el otro no podía recuperar las donaciones si había besado a la otra parte. En los tribunales romanos las partes presentaban pruebas y testigos de que el beso se había producido o no y, cuando la demostración se realizaba fehacientemente, el magistrado podía emitir sentencia rigurosa.

Los griegos preferían besar en la frente o en los ojos, pero no en los labios. Además, tenían a bien estirar de las orejas justo en el momento en que besaban en la frente. Era la mayor muestra de amor clásica. No dar el tirón implicaba desconsideración y ausencia total de afecto. Los íberos romanizados heredaron esta legislación pero con una limitación que destaca Hinojosa: “el íbero que besaba a la esposa antes de sacrificar a Ceres y sin que estuvieran presentes ocho testigos podía ser castigado por el suegro, privando a la novia de un tercio de sus bienes”. En el Fuero Viejo castellano e establecía que bastaba con que la mujer fuera besada para que retuviera toda su dote. Posteriormente, en las Leyes de Toro reducía esta cantidad a la mitad.

Llama la atención constatar dos contradicciones. Primero la solemnidad y seriedad que los antiguos atribuían al beso en contraste con lo banal del mismo acto en nuestros días. En segundo lugar la importancia que tuvo el beso entre los antiguos indo-arios y el desconocimiento del beso propio de muchos pueblos primitivos y no tan primitivos, pero sí lejanos. Los japoneses por ejemplo hasta no hace mucho eran refractarios al beso. Los filipinos –pásmense- besaban acercando las narices y sorbiendo. Cuando entraron en contacto con occidentales, cuentan los viajeros del siglo XVIII y XIX que se acostumbraron a besar con los labios, pero –vuelvan a pasmarse- no podían evitar deslizar la nariz. Para ellos, besar equivalía a oler. Lombroso opinaba que para los primitivos besar equivalía a oler. Así pues, no todos los pueblos besaban en el pasado. Entonces, ¿de dónde procede el beso utilizado por los amantes para demostrar su amor o por los novios para formalizar su matrimonio?

Hay interpretaciones para todos los gustos. En la prehistoria las mujeres mascaban la comida para sus pequeños, como ahora vemos en los documentales de la “2” que hacen muchas especies. La boca era, desde entonces, un instrumento de supervivencia. En el alba de la civilización el contacto entre las bocas para dar y recibir alimento, se convirtió en un rito de reconocimiento entre las familias, los clanes y el poder. Los chinos en esto fueron unos precursores y las más antiguas referencias al beso con lengua y saliva se remontan a la cultura taoísta. Estas tradiciones han subsistido hasta nuestros días en el Imperio Medio y se ha considerado que a través del beso se transmitía energía de la mujer al hombre. Las prácticas taoistas establecían técnicas para optimizar la acumulación de energía. El mejor momento era –tomen nota- justo cuando la mujer –a ser posible virgen- tenía su primer orgasmo. En ese preciso instante, el varón debía besarla en la boca y aspirar el aire que fluyera de sus pulmones. Así se aseguraba la eterna juventud. Ha habido interpretaciones más bien forzadas como la que apareció en la edad media. Tras el ritual del beso en las culturas judeo-cristianas es posible avistar la transmutación de las esencias, el vino y el pan, la saliva y la lengua. La saliva es el espíritu y la vida, por su parte, la lengua la carnalidad. En el siglo XIII, dos amantes, Paolo y Francesca, fueron descubiertos al intercambiar un beso. Muertos, son condenados a verse pero no tocarse. Así los ve Dante en su infierno particular. En el Renacimiento describir literariamente un beso equivalía a revelar un la consumación del acto sexual. En el siglo XVI, el beso se afirma en el galanteo. Es justamente en esta época cuando el beso consagra las ceremonias matrimoniales. El hombre da el beso y en este acto asume su rol de cabeza de familia con todos sus derechos y obligaciones.

En general podemos confirmar, sin temor a exagerar, que el beso como muestra de amor conyugal fue privativo de los indo-europeos. Fueron ellos los que elevaron el beso al rango de signatura del compromiso o de desliz que implicaba obligaciones estrictas. En el siglo XVIII las costumbres empezaron a alterarse en la Francia ilustrada y enciclopedista. Montaigne se lamentaba de la proliferación de esta costumbre y Santa Evremoniana escribía que “El beso que en Turquía, Italia y España es el comienzo del adulterio, no es en París más que un cumplido. Los besos son una mercancía que no cuesta nada, que no se gasta, que abunda siempre”. En esa época las cosas habían llegado muy lejos en el libertino país de Moliere: una dama estaba obligada a ceder sus labios a aquel que se los requiriese con tal de que el galán –por repugnante que fuese- estuviera acompañado por tres criados. Un fastidio para las madamas de la época. La revolución de 1789 acabó con todo esto, pero no pudo evitar que el romanticismo posterior restituyese el beso como muestra de pasión y compromiso. De ahí que los novios cuando se besan al ser unidos en matrimonio confirmen el valor de la bendición sacerdotal o de la sanción del juez con un beso y que vuelvan a exhibir su amor en el momento del brindis ya en el convite.
© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Satanás fotogénico. O el diablo en Hollywood

Satanás fotogénico. O el diablo en Hollywood Satanás el impuro, Satanás el gran tentador, Satanás el malvado químicamente puro, Satanás la antítesis de lo sagrado… era evidente que Satanás, Hollywood iba a encontrar al perfecto malvado. Sin embargo, el respeto y la circunspección de la que hizo gala la meca del cine en sus primeras décadas, hizo que el diablo no tuviera sino una aparición tardía en las pantallas. Luego todo varió.

Oscuro e irracional, el diablo saldría frecuentemente victorioso en su confrontación con el bien y, con él, la maldad, el pecado, la corrupción más absoluta y los instintos más pervertidos y animales. En tanto que gran seductor, al Diablo le quieren las cámaras. Suele ser fotogénico y además, resulta atractivo para la mayoría, pues no en vano, lo que propone es un canto al hedonismo y al “todo está permitido” al que aludiera Crowley. La inmensa mayoría de nosotros firmaríamos el pacto diabólico con la tinta verde que dicen que utiliza el Diablo, renunciando a la posesión de nuestra alma inmortal y a la contemplación de Dios Padre durante toda la eternidad, por alcanzar algún bien material, desde el cuerpo que nos vuelve locos hasta el dinero sin fin que obviará cualquier dificultad nuestra y de nuestros descendentes por los siglos de los siglos. Eludimos pensar en el sufrimiento futuro y preferimos un aquí y ahora hecho de placer calentón u opulento. El “valle de lágrimas” no es para nosotros, lo nuestro es buscar el gustirrinín y huir del dolor y, por lo demás, el placer es mejor que el remordimiento, así que Satanás siempre tiene las de ganar.

A Hollywood le gusta lo que gusta al público. Si alguien conoce los bajos fondos del espíritu humano son los guionistas de Hollywood. Por eso, hay algo en Hollywood, enfermizo a insano: lo percibió Kenneth Anger en su “Hollywood-Babilonia” y lo corroboran muchas de las biografías de los grandes del cine, ídolos de masas, depravados en la intimidad, grandes seductores ante su público, malas bestias con los suyos, mujeres de sonrisa divina y dulzura angelical ante la cámara y hetaira pervertida y viciosa cuando se apagan los focos. Eso es Hollywood. Eso, y algún tipo majo. Peor la historia del cine es la de una gigantesca pirámide de rarezas más próximas al Diablo que al buen Dios. Esto por lo que se refiere al carburante que mueve Hollywood, los actores, mero material humano, excepcionalmente bien pagado pero que se va consumiendo de película en película. Y qué decir de los argumentos… Si unimos las películas que tocan directamente la figura del Diablo a las que aluden a variaciones sobre el mismo tema (licantropía, brujería, vampirismo, posesión, mundo siniestro, anticristo, serial-killers, etc.), el número de filmes que podríamos incluir aquí tiende directamente hacia lo infinito o poco menos.

Los cuatro puntales del satanismo en el cine

Se ha dicho que la película más terrorífica de toda la historia del cine es “El Exorcista”. Primera parte, por supuesto. El padre Karras es un encanto de jesuita torturado por sus dudas y la niña, Regan por más señas, de acarameladas, melosas y empalagosas facciones, casi gana al transformarse en encarnación misma del diablo. Falla el vómito verde, pero en aquella época, los efectos digitales todavía no se habían afianzado. Mejor por que cuando el exorcista propiamente dicho, Max von Sydow, se quita el vómito de la cara, la expresión no es de simulación sino que, verdaderamente, aquella baba le producía náuseas.

Pero si “El Exorcista” (el montaje del director estrenada en el 2000, es decir, 25 años después del montaje primigenio, mejora el original) merece la primera mención, no es menos cierto que siguió a otra película que abrió las pantallas del gran cine al Maligno. En efecto, la fama adquirida por “La Semilla del Diablo”, unos años antes, la situó en el arranque del cine de Terror, subgénero de Satanismo. Polansky coqueteaba en aquella época con lo diabólico. Finalmente, su esposa resultó despanzurrada por un grupo de alienados satanistas. La película de Polanski es, sin duda, la primera gran película sobre el Diablo. El argumento se basó en la novela de Ira Levin, “El bebé de Rosemary” y puede ser considerada como un verdadero descenso a los infiernos de la protagonista, la enfermiza Mia Farrow. Poco a poco, se da cuenta de que sus afables vecinos son conspicuos satanistas y que el hijo que lleva en sus entrañas ha sido concebido con el concurso de Satanás. Todo un poema. Llama la atención que, en el filme de Polansky no hay ni una sola escena en donde aparezca el Diablo o alguna forma terrorífica. Y sin embargo, la película causa angustia y desasosiego en el espectador. Lo más angustioso, sin duda, es la normalidad banal y pequeño-burguesa de los devotos de Satán. Nada que ver con los heavys convertidos en los noventa en comparsas del Diablo. El mensaje es claro: lo demoníaco está en el núcleo mismo de la sociedad más tranquila y conservadora, una tesis que compartimos al ciento por ciento y que hoy es incluso mucho más actual que cuando Polansky dirigió el film.

Para colmo Polansky se documentó hasta la saciedad para realizar la película. Ya hemos vito que LaVey fue su “asesor satánico”. A lo largo de toda la cinta hay guiños hacia el satanismo organizado, el primero de los cuales es, sin duda, la ubicación del escenario en el Edificio Dakota, donde vivió en su periplo neoyorkino Aleister Crowley. Un inmueble que parece incorporar el mal dentro de sus muros.
El protagonista John Cassavetes se sintió incómodo a lo largo de todo el film. Cineasta independiente, entonces era una estrella ascendente, pero aquel guión le superaba y le resultaba extremadamente desagradable. Pero lo más desagradable estaba por llegar: a los pocos meses de proyectarse el film con gran éxito, los anónimos que Polansky había ido recibiendo, se materializaron y su esposa, Sharon Tate y cuatro de sus amigos, resultaron horriblemente asesinados por “discípulos del diablo” propiamente dichos. Manson y las chicas de su tribu eran algo más que hippis desarrapados: adoraban a Satanás y en anteriores encarcelamientos, el siniestro personaje pudo conocer el mundo del ocultismo, la magia y el satanismo. Cuando fue puesto en libertad, su cerebro, completamente desorganizado, le llevó a inducir el horripilante crimen… sin duda un daño colateral de “La Semilla del Diablo”.

En 1973 ya se habían disipado los ecos del film de Polansky, si bien el horror de los asesinatos de Manson, seguía vivo. Fue entonces cuando William Friedkin rodó “El Exorcista”. Y si, en efecto, puede ser considerada en rigor como la película más terrorífica de la historia del cine. Lo de menos son los efectos especiales, lo verdaderamente terrorífico es que Friedkin logra enraizar con terrores atávicos que figuran en nuestro subconsciente. ¿De dónde procede el mal? Y responde: de la más remota antigüedad. El diablo ya estaba presente en un tiempo en el que todavía la humanidad estaba balbuciente. Se conoció primer al Diablo que a Dios. En Babilonia. Allí el exorcista von Sydow tiene su primer encuentro con el Maligno. Allí lo conoce y se enfrenta a él. Allí lo vence por vez primera. El segundo gran hallazgo de la película es que el Mal es mucho más lacerante cuando se proyecta sobre el ser más ingenuo e inocente (a la sazón Lynda Blair con sus apenas quince años). Un zombi cincuentón más parece un patán caminando sobre huevos; la Blair y su progresiva transformación desde la memorable meada ante el público que tanto le quiere y al que tanto debe, hasta el combate final con lanzamiento sin paracaídas del padre Karras por la ventana, nos induce progresivamente a identificar lo malvado encarnado en el rostro de una niña. Se suele olvidar que la película está basada en la novela original de William Meter Blatty, inspirada en un caso real de posesión demoníaca sobre un adolescente. En torno al film, ocurrieron tal cantidad de anécdotas que ha pasado a la crónica del séptimo arte como uno de los “films más malditos de la historia”. Es bien conocido que Lynda Blair, a la que por su edad no se dejó ver el resultado de su trabajo, cayó inmediatamente después en crisis de alcoholismo y toxicomanía que estuvieron a punto de destruirla completamente. Abundaron los fallecimientos entre los allegados a los actores y la filmación prosiguió en medio de indecibles incidentes.
Finalmente Friedkin se decidió a llamar a un sacerdote y exorcizar a todos los participantes en la película. Tras el estreno se produjo una verdadera epidemia de posesiones demoníacas, hubieron ataques de nervios entre los espectadores y para colmo una embaraza abortó. El éxito estaba asegurado: la película se vendía como si verdaderamente hubiera en torno a ella algo maligno. El público había aprendido a amar lo maligno y acudió masivamente a las salas de proyección. Olvidables las dos secuelas del filme que inducían a la carcajada o, en su defecto, a la conmiseración.

Tres años después llegó la primera entrega de “La Profecía” (los otras dos fueron, tan olvidables como las secuelas de “El Exorcista”). Aquí se jugaba con todos los trucos del cine de terror: cabezas cortadas, efectos especiales escalofriantes, perros ladrando en la oscuridad, cementerios, y nuevamente el diablo tenía facciones de un criajo que causaba más estragos que Atila en una fábrica de porcelana. Richard Donner hizo bien su trabajo y los guionistas también estuvieron sembrados. Gregory Peck, al adoptar un niño, va y adopta al hijo del Diablo. Niñeras suicidadas, accidentes inexplicables, la misma madre que palma… Peck, ante tanta desgracia, concluye que la criatura es la encarnación del Anticristo. Hay algo en el film de Donner que remite a “La Semilla del Diablo”, acaso por que a medida que avanza el metraje se desmadeja la madre de la criatura. Otra película maldita en la que el propio Gregory Peck se salvó por los pelos de un accidente de aviación, un atentado del IRA en el hotel donde se encontraba Donner y decenas de pequeños incidentes que rompieron los nervios a todos los presentes.

Y ¿qué decir de la banda sonora? Tanto en ésta como en las otras tres películas precedentes, la música creaba un clima de ansiedad difícilmente alcanzable, solo que en “La profecía”, la letra que acompañaba el tema central era espeluznante, recréense en ella: "sangre bebemos / carne comemos / elevad el cuerpo de Satanás / saludad al Anticristo / Saludad a Satanás". Goldsmith salió escarizado del trance.

La última cinta que vale la pena mencionar en el pelotón de cabeza es, sin duda, “El corazón del Ángel”. Alan Parker se lució y mereció vuelta al ruedo, oreja y rabo. Y otro tanto, el cuadro de actores del que Mickey Rourke borda el mejor papel de su alcohólica filmografía (“Nueve semanas y media” con la Bassinger de réplica era demasiado fácil como para no interiorizar el papel). Robert De Niro es uno de los diablos más convincentes de la historia del cine. Y las actrices –Lisa Bonet y Charlote Rampling- cumplen gloriosamente con su papel de víctimas. El ambiente de los años 40 y 50 es recreado con un detallismo obsesivo. Harry Angel, el detective-protagonista sufre la peor de las experiencias humanas: el desconocimiento de la propia identidad. Un pacto diabólico se la hurtó. Un rito satánico transfirió su alma de un soldado machacado por la guerra a un cuerpo nuevo secuestrado y asesinado el día de la victoria sobre el nazismo. Pero Satanás-De Niro-Cyphe no ha cobrado su precio: quiere el alma del signatario del pacto. Harry Angel termina reconociendo que él es Jhony Favorite, el cantante que alcanzó el éxito vendiendo su alma al Diablo. Por la película desfilan médicos toxicómanos, policías depravados, músicos de jazz pasotas, adivinas torturadas por su pasado, adolescentes mulatas calientes como y tostadas como el más cargado de los cafés, ocultistas luciferinos que no dudaron en sacrificar a los propios miembros de su familia, servidores del Maligno devorados finalmente por el Maligno. Y, sobre todo, mucho, colgados, muchos colgados en aquella América de la postguerra, gris, ramplona, sórdida en la que la miseria alternaba con miseria y media. Todo un plantel de freakis que crean un ambiente irreal con la turbadora imagen obsesiva del ascensor descendiendo seguramente al infierno más torturador. Ahí va Jhonny Farovite, esto es, Harry Angel. Así le fue luego a Mickel Rourke que bordó el que probablemente sería su único gran papel, solo por el cual merece figurar en la Historia del Cine.

La novela original escrita por William Hjortsberg fue magistralmente llevada al cine por Alan Parker. La Nueva Orleáns que recrea es la ciudad decadente que debió ser a principios de los cincuenta. La confusión entre sueño y realidad, los instantes perdidos en los que Harry Angel pierde la conciencia de sí mismo, construyen una trama que desde el primer momento se va complicando y ganando en intriga.

“El Corazón del Ángel” es una historia de búsqueda de redención, pero esa redención, ese bien preciado, no llega nunca. Pactar con el diablo tiene un precio, y ese precio es la condenación eterna del alma. Y por mucho que intentemos ocultarnos o darle esquiva, el Diablo siempre acabará encontrándonos, porque, qué duda cabe, siempre será el más astuto. ¿Saben ustedes que es lo más trágico en esta película? Que no hay perdón, no hay lugar para la redención; quien vende su alma al Diablo, la paga y poco importa si ha perdido la memoria o si se ha reivindicado como hombres honesto: no hay redención posible, solo angustia trágica, drama sanguinolento con pago final de la deuda.

Estas cuatro películas tuvieron un efecto deletéreo sobre el público. Las secuelas y las imitaciones o derivaciones han sido abundantes. Recuerdo ahora, “La Bendición” de Chuck Russell, protagonizada por la Basinger, o “Poseídos” del polaco Kaminski que nos resitúa en medio de un exorcismo. O “La Novena Puerta”, sobre un relato de Pérez Reverte, un “producto Polanski” de 1999, en el que Johnny Deep, persigue un libro maldito del siglo XVIII, escrito por el mismísimo Diablo. O “Pactar con el Diablo” en el que un satánico Al Pacino apadrina a Keanu Rives, a cambio, claro está de la liquidación de su alma a bajo precio. Los ejemplos podrían multiplicarse, pero, en mi opinión, las cuatro primeras cintas que he enumerado contribuyeron, más que cualquier otra iniciativa, en acercar el Diablo al público. A partir de estas cuatro películas la sociedad empezó a tener la sensación de que el Diablo se paseaba por el mundo y que no se trataba solo de una patraña urdida por clérigos troglodíticos o predicadores iracundos. Ya hemos dicho que tras “El Exorcista”, los casos de posesión aumentaron, de la misma forma que “La semilla del Diablo” sirvió tanto para propulsar a la fama a Sandor LaVey y su Iglesia Satánica, y ocmo inducción intelectual para los crímenes de Charles Manson. “La Profecía”, por su parte, nos sitúa en un contexto inédito hasta entonces: el Anticristo se dispone a tomar posesión del mundo. Y además, el sentido de la anticipación de la película es notable: el mejor empleo al que puede aspirar el Anticristo en este mundo es al de Presidente de los EEUU. Demian se quedará en las puertas en la tercera entrega de la serie, pero no siempre ganan los buenos, y si no, miren quien se sienta en el despacho oval.

Esta muestra autolimitada a cuatro películas y no más, nos indica que el satanismo funciona bien en Hollywood. Así mismo, en el primer capítulo de esta obra, hemos visto como los primeros pasos de la Iglesia de Satán hubieran sido inconcebibles sin el concurso de glorias de Hollywood que durante unos años (hasta la masacre de Sharon Tate y de sus amigos) consideraron lo más snobs subir los tres peldaños del Templo Satánico de Sandor LaVey para casarse por el rito demoníaco. Si el satanismo funciona bien en Hollywood, no es menos cierto que muchos actores, si pudieran, venderían su alma al Diablo a cambio de no envejecer y de mantener una carrera triunfal de Oscar en Oscar.

Pero algunos rostros de Hollywood son iconos populares de una nueva confesión religiosa. Algunos no han dudado en acusar a esa confesión de satánica. Nosotros no diremos tanto, simplemente nos limitaremos a contarles una curiosa historia.

© Ernesto Milà – infokrisis –infokrisis@yahoo.es

América se escribe con "Ñ"

América se escribe con "Ñ" Redacción.- Gane quien gane las próximas elecciones europeas, pocas cosas van a cambiar en las relaciones de EEUU con el resto del mundo. Mientras los poderes fácticos sigan siendo los mismos –y lo serán bajo Kerry como lo han sido con Bush- no habrá otra política más que las aventuras exteriores, la ruina interior y el enriquecimiento de la clase de los especuladores bursátiles. Pero existen elementos nuevos en la política norteamericana. Sin duda el más importante es el crecimiento de la comunidad hispana.


CUANDO AMERICA ES… AMERICA DEL NORTE



Llama la atención que el libro de Zbigniew Brzezinski, “El Gran tablero mundial”, se pasa revista a la geopolítica de todo el mundo… pero no de África (verdadero centro del enfrentamiento larvado actual entre Francia, China y EEUU), ni de América Latina. Da la sensación de que Brzezinski cree que no vale la pena aludir a algo que se considera el “patio trasero” de los EEUU y que, de ninguna manera, se toleraría que alguien cuestionara el dominio neocolonial con que se mira al hemisferio centro y sur norteamericano.



Haría bien el judío-polaco Brzezinski en preocuparse sobre el mundo hispano por que este será mayoritario en sólo unas generaciones en EEUU. De hecho, la composición originaria de los EEUU se ha reconstruido gracias a la inmigración masiva mexicana. Efectivamente, a principios del siglo XIX existían tres troncos étnicos: el blanco, el negro y el aborigen. Cien años después, los aborígenes habían desaparecido prácticamente recluidos en exiguas reservas y mermados por la caballería de los EEUU, por las epidemias, el alcoholismo y la pobreza endémica. Hoy, grupos étnicos indígenas, procedentes de México se están asentando masivamente especialmente en el sur de los EEUU… en la parte que en otro tiempo se robó a México. EEUU es un país trirracial y no todas las comunidades crecen a la misma velocidad.



La tasa de fecundidad de los hispanos residentes en EEUU era casi el doble que el de la comunidad blanca. En 1999, era de 1’82 para los blancos, el 2’9 para los hispanos. Para colmo, los hispanos tienen una baja tasa de matrimonios misterios, especialmente en los últimos años en donde ha podido constatarse que, a medida que crece el peso de la comunidad hispana, desciende el número de matrimonios mixtos, como si los hispanos ya no tuvieran necesidad de acercarse a personas del otro sexo de origen blanco, para progresar socialmente.



Y lo que es peor: también la unidad lingüística del país está a punto de romperse. Hoy, los hispanos son mayoría en determinadas zonas. Miami es una ciudad hispana y en breve Nueva York, será la ciudad con un mayor número de hispanoparlantes de todo el mundo. Hubo un tiempo en el que los hispanos debían necesariamente dominar el inglés para tener alguna posibilidad de progreso en la sociedad norteamericana. Esto hizo que a principios de los años 80 se considerase que la “integración” de los hispanos era ejemplar. Pero se trató de un espejismo. A medida que se fueron formando comunidades mayoritarias hispanoparlantes, la población anglófona fue abandonando esas zonas (Miami es el ejemplo de una gran ciudad que ha ido perdiendo población anglófona a ritmo de 15.000 anuales, 143.000 en los últimos 10 años.



Hasta ahora resultaba significativo que una frase habitual entre los presidentes de los EEUU fuera “Dios bendiga a América”… por “América” entendían, naturalmente, “América del Norte”, pero, desde la Doctrina Monroe, los EEUU habían decretado que todo el continente, de Norte a Sur, era su zona de influencia y así lo hicieron saber: tras la independencia de las colonias españolas, no tolerarían que otras potencias europeas estuvieran presentes en el continente americano. Así ha sido. Sólo que ahora es la otra América la que asciende hacia el coloso del Norte y lo ocupa.



DOS ESCALAS DE VALORES DIFERENTES



A diferencia de la comunidad negra que pronto perdió su lengua y sus tradiciones seculares, los hispanos han conservado bien tanto como otros factores de identidad étnica y antropológica. El hecho mismo de que cada vez sea más evidente que un candidato a la presidencia de los EEUU deba, necesariamente, hablar español, es suficientemente significativo de la pujanza de esta comunidad.



Pero la diferencia va mucho más allá. En el terreno religioso, por ejemplo, es donde ambas comunidades se sitúan en las antípodas. Mientras que el dios de los WASP (blancos, anglosajones y protestantes), es el dios de los triunfadores, el dios que otorga su gracia a quienes han triunfado socialmente gracias a su justeza y pureza de intenciones, el dios de los multimillonarios, en definitiva, por el contrario, el dios de los hispanos es aquel que se identifica con los pobres, que está con los pobres y que él mismo, a su vez, es pobre. Sería difícil encontrar dos escalas de valores tan alejadas.



Hasta ahora, los EEUU habían sido viables en la medida en que solamente existía un modelo de ser norteamericano. La presencia masiva de hispanos ha roto esta unanimidad. Ahora ya no se trata de peleas de bandas como las que pintó Gershwin en su “West side Store”, ahora es algo mucho más masivo, profundo y arraigado: dos comunidades, dos valores, dos evoluciones distintas.



BLANCOS NO HISPANOS PIERDEN LA MAYORIA



EEUU se ha constituido a lo largo de su historia por distintas oleadas étnicas. El film “Bandas de Nueva York”, ambientada en los arrabales de la ciudad mientras se desarrollaba la guerra civil americana, pinta el ambiente de odio y resentimiento que existía en la época entre los “americanos viejos”, nacidos en el continente e hijos de inmigrantes europeos que llegaron durante el siglo XVIII y la primera mitad del XIX y de otro, los nuevos llegados en esa época, fundamentalmente irlandeses. Mientras los primeros eran puritanos y protestantes, los otros eran católicos. El conflicto, tal como muestra la película con cierto rigor, estaba servido.



A finales del siglo XIX, los principales contingentes de inmigración llegaban de Alemania, los países nórdicos y, particularmente, Irlanda. Tras la Segunda Guerra Mundial, la ocupación de media Europa por la Unión Soviética, generó una diáspora en muchos núcleos de población del Este que llegaron a EEUU. Así mismo fue también el tiempo de oro de la inmigración italiana.



En 1960 las principales comunidades de inmigrantes en EEUU eran europeas: 748.000 polacos, 833.000 ingleses, 953.000 canadientes, 990.000 alemanes y 1.257.000 italianos. Parecía mucho, pero las cifras 40 años después son completamente diferentes. Las comunidades inmigrantes con mayor número de ciudadanos son: cubanos (952.000), hindúes (1.007.000), filipinos (1.222.000), chinos (1.391.000) y mexicanos (¡7.841.000!).



En apenas quince años algunos Estados de la Unión han variado sensiblemente su composición demográfica. California, por ejemplo, en 1990 tenía un 57% de blancos y un 25% de hispanos y, en la época, esto parecía alarmante ya a algunos políticos de extracción anglosajona. Era realmente poco, por que en la actualidad, la proporción es 50-30 y los demógrafos calculan que en el año 2040 –a la vuelta de la esquina en la historia- existirá un 31% de población blanca por un 48% de hispanos. California, el Estado más pujante y con mayor peso económico de los EEUU, será un Estado con una amplia mayoría hispana. En todo el país, los blancos no hispanos eran en 1990 el 76’5% de la población, diez años después ya habían descendido hasta el 69’1%. En la fecha clave de 2040, no solo California, sino también Hawai, Nuevo México y el Distrito de Columbia, los blancos no hispanos serán minoría.



LA OLEADA HISPANA



EEUU mantiene con México una frontera de 3500 km de longitud. Se trata de una frontera peligrosa, mucho más, desde luego, que la que EEUU mantiene con Canadá. Y es lógico que así sea. Existe una igualdad de ingresos medios entre la población canadiense y la estadounidense, pero, en el Sur ocurre justamente lo contrario: la diferencia de ingresos a uno y otro lado del Río Grande es la mayor que existe entre dos países contiguos en todo el mundo.



Estos diferenciales de renta, cuando aparecen, siempre son peligrosos y generan migraciones masivas. Es, en el fondo, lo que ha ocurrido a uno y otro lado del Mediterráneo, solo que la contigüidad entre Europa del Sur y el Magreb está rota por Gibraltar y las aguas del Mare Nostrum. Esto hace también que si bien el 60% de la población marroquí desee emigrar a Europa (y, en concreto, mayoritariamente, a España), no todos tengan la posibilidad de hacerlo, mientras que hoy el 30% de la población mexicana ya se encuentra en EEUU.



La revista “Foreing Policy” en su número de abril/mayo de 2004, dedicaba su portada a “La amenaza hispana a EEUU”. El artículo anunciado en la portada, había sido escrito por el teórico neoconservador de la “lucha de civilizaciones”, Samuel Huntington. Algunos de los datos ofrecidos por Huntington eran, sencillamente, espectaculares y se comprende que no hubiera lugar para el optimismo. El crecimiento de la población mexicana en EEUU ha sido casi asindótico. En la década de los 60 entraron en EEUU 640.000 mexicanos. Parecía poco y nadie se preocupó. En los años 80, entraron 1.656.000 mexicanos y entre 1981 y 1991, 2.249.000. Solo que las altas tasas de natalidad de esta comunidad falsean estas cifras. Antes hemos hablado del 2’9%, lo que hace que, solamente mexicanos, residan en estos momentos en EEUU, un mínimo de 20 millones de personas. Así mismo, es significativo el número de detenciones en la frontera: 1,6 millones en la década de los 60, 11,9 en la década de los 70 y 14 millones en la década de los 80. En la actualidad se estima que cada cruzan ilegalmente la frontera 350.000 mexicanos. No hay ni un solo datos demográfico, económico o sociológico, que indique que estas cifras van a moderarse o a bajar en los próximos años.



LA ROTURA DE LA UNIDAD LINGÜÍSTICA



El español da coherencia a la sociedad hispana en EEUU. El origen cristiano refuerza esta identidad, pero corresponde, fundamentalmente, a la lengua el papel de cemento unificador.



Mientras los afroamericanos perdieron en la primera generación todo rastro de su lengua y de sus tradiciones, los hispanos la han conservado. En 1990, el 95% de los hispanos hablaban castellano en su hogar. Este porcentaje no ha disminuido sino que tiende a aumentar levemente. Por el contrario, lo que sí ha aumentado, es el número de hispanos que hablan inglés con dificultades y, especialmente, el número de hispanos que han renunciado a hablar inglés: respectivamente, el 73’6% y el 43% en 1990. Del total de hispanos residentes en EEUU, 28 millones en el año 2000, 13’8 hablan inglés con dificultades.



En la aglomeración de Los Ángeles, el 11’6% de la población solamente habla español, el 25% habla ambas lenguas por igual, un 32% habla más inglés que español, un 30’1% habla sólo inglés. Es evidente que, cada vez para un mayor número de mexicanos, hablar inglés tiene cada vez menos incentivos. En la actualidad, las posibilidades de encontrar trabajo de un ciudadano norteamericano bilingüe son superiores a las de un ciudadano que sólo hable inglés o sólo español. El bilingüísmo está ya implícito en la sociedad norteamericana, aun cuando la Constitución no lo sanciones. Observen: las familias que hablan solo español tienen unos ingresos medios de 18.000 dólares, mientras que las familias angófonas llegan hasta los 32.000 dólares anuales… pero las familias bilingües llegan a los 50.000 dólares de ingresos. Hoy, para ocupar un puesto cómodo en la burguesía media norteamericana es cada vez más imprescindible hablar inglés. Uno de los problemas insolubles que sumen a la comunidad negra en la pobreza, es precisamente el hecho de que la casi totalidad de sus miembros son angloparlantes.



El clima lingüístico de los EEUU está descrito con unas breves pinceladas en la película “Un día de furia”. El protagonista, un burgués medio norteamericano, WASP, se siente airado por la pérdida del empleo y el cambio de paisaje en su entorno: cada vez encuentra a gentes que, o bien no hablan su idioma (recuérdese el shop coreano o vietnamita), o bien las bandas de delincuentes hispanos se enseñorean de ciertas zonas. El clima de decadencia moral, cultural y económica, se corona con la pérdida de la hegemonía lingüística inglesa.



Las alarmas sonaron en 1998 cuando el nombre de “José” encabezó la lista de los más inscritos en el registro civil de Florida y California, desplazando a “Michel”. La autoridades intentaron cortar la afloración de leyes locales que tendían a la cooficialidad lingüística, pero no fue posible impedir las reivindicaciones cada vez más masivas y radicales de los hispanos a favor de su lengua común. En 1998 se produjo un nuevo trauma: por primera vez en el inicio de un partido de fútbol en Los Ángeles, el himno norteamericano fue abucheado por los asistentes hispanos. Lo más parecido a un sacrilegio. Realmente poco por que Osvaldo Soto, uno de los miembros notables de la comunidad hispana estadounidense explicó: “El inglés no nos basta, no queremos una sociedad monolingüística”. Las asociaciones hispanas pidieron en esas fechas que el Congreso autorizara el desarrollo de programas de protección cultural y educación bilingüe. En Florida y Los Ángeles, cada vez un mayor número de empresas contestan a las llamadas telefónicas preguntando en qué idioma desean que se les atienda: “¿inglés o español?”. Ciertamente, se trata de una muestra de pragmatismo empresarial… pero que supone un impacto en la línea de flotación de uno de los elementos sobre los que se ha asentado el poder de los EEUU: la lengua inglesa. Un espacio lingüístico homogéneo formado por 300 millones de personas, asegura un mercado igualmente homogéneo, a diferencia de Europa en donde los productos culturales deben ser traducidos a 40 lenguas nacionales diferentes, sin contar las lenguas regionales.



CAMBIO DE PAISAJE PREVIO AL CAMBIO POLITICO



Huntington cita una frase de Theodore Roosevelt, pronunciada en 1917: “Debemos tener una sola lengua y una sola bandera. Debe ser la lengua de la Declaración de la Independencia, el discurso de despedida de Washington, la proclamación de Lincoln en Gettysburg y en su segunda toma de posesión”. Pero en 2000, Hill Clinton, realizaba un giro copernicano, cuando expresaba ante representantes de la comunidad hispana: “Confío en ser el último Presidente de los EEUU que no sepa hablar español”. De hecho, así ha sido; su sucesor, George W. Bush, se expresaba habitualmente en español y a partir de mayo de 2001, prnuncia su discurso semanal radiado en inglés y español. Huntington concluye estas consideraciones escribiendo textualmente: “Si la división lingüística prosigue será la escsición más grave en la sociedad estadounidense”. Pues bien, dicha escisión ya se ha producido. Cuando Clinton deseó públicamente que su sucesor hablara español, justamente se había producido una polémica decisión en el Estado de California, la Proposición 187 de que limitaba el acceso a la Seguridad Social de los hijos de los inmigrantes. Los hispanos se manifestaron por las calles con la bandera mexicana en alto y la norteamericana boca abajo, “a la funerala”.



Los inmigrantes mexicanos, a diferencia de los “chicanos” de los años 50-70 (los protagonistas del “West Side Story”), no se consideran norteamericanos; cuando se les pregunta, contestan que “hispanos” (un 41’2%) o simplemente “mexicanos” (36’2%).



En la actualidad, los equilibrios políticos implican que los próximos presidentes de los EEUU pueden gobernar –por el momento- de espaldas a los hispanos, pero no contra los hispanos. En el futuro, sin duda dentro de esta década, quien desee ser elegido presidente deberá cortejar –y no solo mediante unas pocas frases dichas en español- a la comunidad hispana, otorgando concesiones, lo que implicará la materialización del peor fantasma descrito por Huntington, “la escisión lingüística”.



MIAMI COMO PARADIGMA



En Miami no son los mexicanos sino los cubanos quienes han conquistado la ciudad. Dos terceras partes de la población en estos momentos, son hispanos, y la mitad cubanos. El 75% de la población se expresa corrientemente en castellano. El número de angloparlantes que abandonan la ciudad es de 15.000 anuales. En diez años, el inglés se habrá desterrado completamente de Miami. No hará falta saber inglés para vivir en Miami y desenvolverse por la ciudad.



Paradójicamente, los culpables de la hispanización de Miami, fueron los distintos presidentes de los EEUU que, desde Kennedy sometieron a Cuba a cerco económico, mientras que fueron recibiendo a los anticastristas huidos de la isla. En tanto que los cubanos residentes en Miami no podían enviar sus ahorros a Cuba, los inviertieron en la ciudad. A medida que Cuba fue segregando más y más exilio, el capital cubano fue acumulándose en Miami. Hoy es una de las grandes ciudades de EEUU que viven del comercio internacional. Por Miami pasaron en 1993, 25600 millones de dólares en negocios de importación. En 1998, una televisión no inglesa, de habla española, ocupó en Miami el primer puesto en el share de audiencia.



Hoy no cabe ninguna duda de que la tendencia imparable es que la población hispana conquiste las zonas que en otro tiempo EEUU robaron a México. Se trata, innegablemente, de una reconquista, mediante la colonización demográfica imparable. Algunos han bromeado diciendo que en el 2080, los EEUU se llamarán “Mecicamérica”, “Améxica” o “Mexifornia”… pero, para otros, no se trata de un peligro, sino de la peor pesadilla que sufre el “imperio” crepuscular y decadente. A nadie se le escapa que lo que ha ocurrido en Miami está a punto de ocurrir en Los Angeles y en los Estados de California, Texas y Nuevo México. La América que resulte de este avance hispano no será, desde luego, como la que hemos conocido, ni por su fisonomía, ni por sus valores.



© Ernesto Milà – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es

EL CALAMBRAZO DE LA SEXUALIDAD

EL CALAMBRAZO DE LA SEXUALIDAD Redacción.-Se dice que el ojo humano es la gran construcción de la evolución. Será por que el que suscribe es miope, hijo y nieto de miopes y padre, a su vez, de miopes, que me parece que, con nuestra familia la evolución no ha hecho precisamente maravillas y estas, sin embargo, han correspondido a la óptica de la esquina. No nos engañemos: el gran logro de la evolución es el orgasmo. La excusa del orgasmo nos sirve para comprender la teoría "electromagnética" de la sexualidad.



LOS ORGASMILLOS O EL BIEN MORIR

Células nerviosas que están en condiciones en determinadas circunstancias de generar una sensación invasiva de suspensión de todas las funciones vitales, de gozo y armonía sin fin. El pensamiento lógico puede ser reproducido por los algoritmos de una máquina que razona más rápidamente que la mente humana más ágil y brillante. Pídanle a una máquina que tenga algo parecido a un orgasmo y se le fundirá el transformador. Y eso es lo maravilloso: que el orgasmo parece trasladarnos en vida más allá de la vida, en un punto límite en el que parece fronterizo e incompatible con la vida –las frases de los amantes a este respecto son elocuentes: “me muero”, “me matas”, “estoy muerto”, “matame”- o una experiencia de éxtasis trascendente. Puede entenderse la insistencia con que la mística española del siglo de Oro y el mismo Eclesiastés o el Cantar de los Cantares, tenían fugas tan evidentes hacia lo erotísimo.

No tengo idea de cómo pueda ser el orgasmo homosexual pero, a la vista de las confidencias de unos y de otros, me maquino que igual de potente que el hétero. Por alguna descripción, me da que tiene tendencia a ser más genital que global, pero es posible que me equivoque, vosotros sabréis como son vuestros orgasmos homosexuales, que a servidor le corresponden los heterosexuales.

No tengo la menor duda de que el orgasmo es un estado psicofísico inducido por la excitación de determinadas células nerviosas que genera descargas hormonales y convulsiones musculares; y mayor o menor según se den unas u otras condiciones de la mente. No siempre es de la misma intensidad y no siempre depende de la habilidad y el savoir faire del o de la amante. Es curioso, pero incluso los mismos amantes no tienen habitualmente orgasmos de la misma intensidad. Diríase que no hay una ley física que determine la duración y la intensidad del orgasmo y que éste depende muy poco de la voluntad consciente de la pareja. Si por ellos fuera, calambrazo diario y estrellitas día sí día también. Verán ustedes de donde sale esta teoría de la polaridad sexual.

En realidad, Platón no iba mal enfocado con la historia del andrógino, sólo que lo complicó todo en su afán de intentar dar una explicación a las relaciones homosexuales y lésbicas. Si exceptuamos esa coletilla, ausente, como hemos visto, en toda la literatura anterior y posterior sobre el mismo tema, veremos que, en el fondo, la separación de los sexos y su atracción irresistible parecen tener casi una base electromagnética. Se sabe aquello de que los polos opuestos se unen y los polos del mismo signo se repelen. Luego entraremos en la inclusión del hecho homosexual dentro de esta teoría. Limitémonos ahora a llegar hasta las últimas consecuencias lógicas e inevitables de esta concepción.

Las civilizaciones tradicionales, anteriores a Platón y, en cualquier caso, pre-modernas, tenían una curiosa cosmogonía que partía de una base conceptual: no veían el mundo como nosotros, sino como símbolo. Y, en tanto que tal, reconocían pares simbólicos equivalentes, todos los cuales derivaban de la totalidad originaria. No importa qué cosmogonía examinamos, siempre, en el origen de los tiempos, previo a la creación, existía el caos. Llegado a un punto, el caos era ordenado por un principio generador. El Caos tenía como símbolo el círculo que se cierra sobre sí mismo y dentro del cual bullen indiferenciados todos los elementos. Ese caos ordenado da como resultado el mundo manifestado. Pero ese mundo está sometido a la ley de la dualidad y de la contradicción: es entonces cuando aparece el Bien y el Mal, lo alto y lo bajo, lo positivo y lo negativo, el Sol y la Luna, lo Masculino y lo Femenino, el Oro y la Plata, el Fuego y el Agua. Y, con alguno de estos pares pueden establecerse relaciones de equivalencia; por ejemplo: Positivo, Sol, Masculino, Oro, Fuego y Negativo, Luna, Femenino, Plata, Agua. Lo más sorprendente es que estas correspondencias pueden aplicarse a lo que podríamos llamar una morfología de las civilizaciones.

Así, por ejemplo, existen dos grandes tipos de civilizaciones: las uránicas o solares y las telúricas o lunares. En ocasiones el conflicto entre estas acarrea la destrucción de una de ellas: de la resolución de las tres guerras púnicas las legiones del Aguila y del Lictor se impusieron sobre los adoradores de la diosa. Con Cartago cayó la gran civilización mediterránea de la diosa. En otras ocasiones, el conflicto no alcanzó tales niveles de dramatismo y los rasgos de una civilización se impusieron sobre los de la anterior. Así puede entenderse la presencia de diosas y grandes madres en la mitología griega junto a héroes solares o dioses apolíneos, pues no en vano, la civilización cretense y minoica que rendía culto a los primeros, fue vencida y destruida por aqueos y dorios llegados del Norte. El resultado fue un cierto nivel de sincretismo en el que era fácil reconocer los temas originarios: Apolo el Sol en sí, inmóvil, inconmovible, sereno, estable, rodeado de quietud, tema propio de las civilizaciones solares; Helios el Sol sometido a la ley de ascensos y descensos, tirado por Pegaso, que cada mañana se eleva en el cielo para caer en el ocaso en el seno de la Madre Tierra de donde recupera nuevas fuerzas para elevarse al día siguiente de nuevo... un tema característico de la civilización de la Madre. Buscaríamos inútilmente un tercer tipo de civilizaciones que encajara con un arquetipo gay.

Alguno podría estar tentado de citar civilizaciones extrañas, como la de las amazonas o sociedades guerreras en las que el principio masculino es excluyente de cualquier otro, pero no, se trata de un espejismo.

Las civilizaciones solares suelen dar prioridad a la idea del Estado y se concretan en imperios que dominan grandes áreas terrestres, están gobernados por aristocracias con funciones que, a la vez son reales y sacerdotales. Por el contrario, en las civilizaciones telúricas o lunares, el énfasis se coloca sobre el comercio y da, inevitablemente, lugar a civilizaciones marítimas, gobernadas por castas sacerdotales fuentes de todo poder. Cuando una civilización del primer tipo entra en crisis, es sustituida por el tercer principio, el que tiene su centro en la virilidad fálica, en aristocracias guerreras que afirman su poder mediante la fuerza. Por el contrario, en la mitología griega y romana se percibe perfectamente que las civilizaciones telúricas o lunares, cuando decaen dan lugar a un tipo femenino guerrero, del que la amazona es su quintaesencia. Amazonismo y falocracia, son degeneraciones guerreras e inestables de los dos tipos de civilizaciones originarias. No existe una civilización en la que, por mucho que se empeñe Platón, se haya dado origen a un tipo sincrético próximo al mundo gay. Es más, incluso en la actualidad, salvando todas las distancias que se quiera, sigue existiendo una potencia oceánica que da preeminencia al comercio sobre cualquier otra actividad, y una potencia continental la URSS ayer, mañana China, que da más importancia al Estado.

Estos dos pares ordenados de polaridades tienen su equivalente en el género humano en dos tipos fisiológicos bien determinados: hombre y mujer. La importancia que las civilizaciones tradicionales daban a la división de roles sexuales era una prolongación de su visión dualista del mundo y de la vida. El hombre arcaico, además de sobrevivir, observaba el mundo que le rodeaba. Aquellas centurias oscuras de las que apenas sabemos gran cosa debieron ser épicas: la lucha por la supervivencia de un lado, por conquistar el alimento, engendrar, proteger a la prole, reponer fuerzas, volver a conquistar el alimento y así sucesivamente debieron permitir liberar tiempo para observar el mundo. Nuestro cerebro, que permanece idéntico en capacidades, volumen y circunvoluciones cerebrales desde hace miles de años, empezó a tomar conciencia de sí mismo y del mundo y empezó a preguntar el por qué de todo: por qué existe el Mal en el mundo, por qué es preciso luchar por la vida, por qué hay día y hay noche; y empezó a valorar las respuestas en orden a lo que veía en torno suyo: hombres y mujeres que se atraían unos a otros, hombres que luchaban por la vida y mujeres que alumbraban hijos y los cuidaban. Y entre ambos vio una maravillosa simbiosis y complementareidad. Alzó su mirada y vio Sol y vio Luna. Vio Tierra y vio Agua. Y en cuanto empezó a saber trabajar los metales, vio oro y vio plata. Eso fue el origen de todo. ¿Simplista? ¿erróneo? No lo creemos.

Les seré sincero: las manzanas también caen en Tasmania. Piensen bien esta frase que no es una boutade: por que para que la teoría de la gravedad de Newton sea cierta, no era preciso que una manzana cayera desde lo alto de una rama, sobre un tipo en una tarde del siglo XVII en un lugar concreto de Inglaterra, sino que para que esa teoría fuera cierta era preciso que en todas las épocas las manzanas hayan ido cayendo en cualquier lugar del planeta. Incluido en Tasmania, aquí y ahora. Y eso quiere decir que una teoría es tanto más fiable, cuantas más veces ha aparecido en la historia y es tanto más cuestionable cuantas menos veces se haya manifestado. Y nos parece que está fuera de toda duda que, desde los albores del paleolítico, el género humano siguió las pautas marcadas por la evolución y organizó a la sociedad en dos sexos cada uno con sus funciones específicas derivadas de su particular rol biológico.

Por eso, deberemos de convenir que la definición de hombre y Mujer como sexos opuestos y complementarios es una tautología. En efecto: todo lo opuesto, en gran medida, es complementario. ¿Y lo gay? Pregúntenselo a Platón.

Aceptar lo anterior es reaccionario, políticamente incorrecto, “regre” y, hasta cierto punto, inconveniente. Significa en principio negar 150 años de teorización feminista. Efectivamente, eso es lo que estamos haciendo. Nuestro amigo Pol Ubach en un encantador volumen de esta misma colección –“¿Aún votas, merluzo?”- explicaba la génesis del sistema democrática y decía: si bien es rigurosamente cierto que el origen de las democracias formales actuales está en la odiosa teoría política luterana y calvinista, el resultado final no ha sido malo. Una mala teoría ha dado lugar a un buen sistema. Las ideas feministas del último tercio del XIX y de todo el siglo XX, han sido, cuanto menos, cuestionables o manifiestamente falsas, pero han servido para rescatar a la mujer de un plano absolutamente secundario en el que el concepto de familia burguesa la había sumido. Bien, nuevamente, una mala teoría ha servido para hacer triunfar una causa justa. Por no hablar del marxismo, claro.

Pero la cuestión es plantearse a estas alturas en las que nadie niega el derecho de la mujer a la igualdad, a donde puede llevarnos. Me da la sensación de que es hora de lanzar algunas advertencias. Cuidado, que la sociedad no es más estable hoy que cuando existía una opresión de la mujer. Si nos atenemos a algunos rasgos de la crisis social actual veremos que derivan directamente de la aplicación de los principios emanados del feminismo.

POLARIDAD RIMA CON SEXUALIDAD

Esta divagación acerca del orgasmo nos lleva de cabeza a una consideración. Las relaciones heterosexuales se conciben como la unión de dos polaridades diferentes de signo opuesto que se atraen irremisiblemente y que corresponden a los dos sexos fisiológicos. Esta concepción tiene debería tener un corolario: contra más fuerte es la polaridad, más atracción genera, lo que plantea algunos problemas que luego examinaremos. Pero este concepto de la sexualidad no sirve para explicar las relaciones homosexuales. O quizás si. Luego veremos. El problema a fin de cuentas es de punto de partida: por que si se parte de la base de que existe un sustrato, casi diríamos “electromagnético” en la sexualidad o si, por el contrario, se basan en el libre albedrío de los sujetos que tendrían una innata tendencia a unirse entre sí al margen de su sexo físico, el problema es que la educación y las costumbres sociales siempre, inevitablemente favorecen a una u otra concepción.

Por ejemplo: la concepción de la sexualidad como polaridad se alimenta por la oposición de ambos sexos. Contra mayor es esa oposición, contra más acentuados tienen sus caracteres masculinos y femeninos hombres y mujeres, más atracción existirá entre ellos, y a la inversa, contra menos acusados tengan estos rasgos, más atenuada será la atracción. La sabiduría erótica antigua oriental establecía distintos tipos masculinos y femeninos, algunos de los cuales eran incompatibles. Cada tipo masculino tenía su correspondiente tipo femenino, el que mejor se complementaba y adaptaba. Un hombre “elefante” difícilmente encajaría con una mujer “liebre”. Léanse el Kama Sutra y comprobarán que toda esta sabiduría se basaba en una observación exhaustiva de la naturaleza humana. El Ars Amandi de Ovidio, a distancia de lugar y tiempo, entraba en parecidas consideraciones.

SEXO FISICO Y SEXO MENTAL

¿Qué problema subyace en las relaciones homosexuales? Que sacan a la superficie un elemento interesante: no todo es fisiología. Existe un sexo corporal y un sexo mental. Frecuentemente no coinciden. Así pues hay dos polaridades a considerar: cuando coinciden, estamos ante tipos heterosexuales, cuando difieren, esto es cuando sexo físico y sexo mental no coinciden, estamos ante tipos homosexuales. Dando por supuesto que el cerebro es completamente independiente de la fisiología: que no lo es. Por que la química del cerebro opera maravillas y haría falta saber si las secreciones de angrógenos -hormonas de la sexualidad masculina- son del mismo nivel e intensidad en heterosexuales y en homosexuales. Por que a la postre somos un sustrato biológico gobernado por neuronas, las cuales, a su vez, se ven influidas por determinadas secreciones hormonales. Es decir, que somos química. Tenemos libre albedrío... si, pero hasta cierto punto por que resulta muy difícil deslindar donde termina un impulso generado por sobreabundancia o miseria hormonal y donde empieza y termina nuestra libertad de opción.



LAS CHICAS CON LAS CHICAS, LOS CHICOS CON LOS CHICOS

Si aceptamos lo anterior, con todos los matices que se quiera, las conclusiones pueden llegar a ser pasmosas y corren el riesgo de conmover los cimientos sobre los que se ha edificado nuestra sociedad en los últimos 30 años. Observen sino. Coeducación. Nadie la cuestiona –ni nosotros tampoco-, pero... servidor es hijo de la educación diferenciada. Para mi y para los de mi generación, la mujer era un misterio. Ibamos a la salida del colegio de escolapios a ver a las alegres muchachas que salían del vecino colegio de la Damas Negras. Para nosotros la mujer era un misterio. Mirábamos estatuaria clásica y veíamos que a la mujer no le colgaba nada entre las piernas. Por algún motivo los senos revestían una particular atracción para todos. Eramos niños de apenas 10 años y ya entonces la sexualidad ejercía sobre nosotros una irresistible atracción. Nadie nos había dicho que las chicas debían gustarnos pero nos gustaban. Durante años acumulábamos una tensión erótica que luego pagaba la primera novieta. Había pasión en el primer beso y no se relajaba con el primer coito. El misterio acentuaba la polaridad y ésta multiplicaba la atracción. Los niños con los niños y las niñas con las niñas es hoy un principio más que superado y la coeducación es incuestionable. Lo que quiere decir que no es políticamente correcto cuestionarla. Servidor tiene tendencia a cuestionarla, como un “pour parler”.

No hay nada más antierótico que una playa nudista. Salvo cuatro degenerados, tres exhibicionistas y dos mirones, los nudistas no suelen empalmarse en las playas. Los hay que si, son los mirones, no son nudistas, son otra cosa, mirones. El que suscribe pasó por las playas nudistas y no encontró nada que le interesara, un bañador cubre entre un 5 y un 10% del pellejo, así que llevarlo o no llevarle, ni libera en exceso, ni oprime hasta excesos insoportables. Así que me parece irrelevante mostrar o no lo poco que queda a cubierto con un bañador. Ahora bien, el nudista no tiene secretos. La tensión erótica, el misterio, queda literalmente barrido de una playa nudista. Conclusión: si usted considera más importante ligar bronce hasta en la raja del culete antes que sentirse irresistiblemente atraído por el otro sexo, no lo dude, lo suyo son las playas nudistas; ahora bien, si usted quiere tener una relación sexual intensa, necesariamente en ella deberá existir algo de misterio.

ENTRE UN SEXO Y OTRO HAY UN MISTERIO

Es el “misterio” lo que aproxima a dos seres humanos uno hacia el otro. Esto es lo que nos diferencia de las especies animales. El erotismo. La mera existencia del concepto implica la necesidad de cierto grado de pudor. En el fondo, el pudor, no es otra cosa que el mantenimiento del misterio de cada sexo hacia el otro, a fin de aumentar la atracción entre ambos seres. Pero hoy el pudor es una idea desterrada. De hecho, me temo que si realizáramos una macroencuesta entre gente menor de 40 años, sobre lo que es el pudor, la respuestas podrían sorprendernos y mucho más el porcentaje de aciertos. ¿Pudor? ¿para qué? No, desde luego, por una cuestión moral o por restricciones de tipo religioso, sino, fundamentalmente para mantener el misterio masculino y el misterio femenino, para acentuar la polaridad, para lograr una atracción más continuada e intensa entre los sexos, para evitar banalizar el sexo, para situarlo en el lugar ha ocupado desde la más remota antigüedad como dispensador de placer y generación. Juntos y por separado: placer por el placer y placer para la generación.

Está claro que determinadas formas de pudor implican -como los niveles extremos de exhibicionismo- problemas de la mente. Como siempre, la vía media es la más adecuada. La moderación, la madre de todas las dichas. No se trata de defender una moral sexual restrictiva y pacata, sino de asegurar una sexualidad que pueda seguir dando placer y que sea compatible con el mantenimiento de la especie. El placer puede ser cotidiano, incluso varias veces al día; la generación debe ser responsable y consciente. Esto implica niveles de educación sexual. Yo la tuve a los 12 años gracias a un escolapio cubano exiliado por Castro. No me sorprendió lo que me explicó, por que me confirmó en lo que hablábamos los chicos entre nosotros ya desde los 9 ó 10 años. El despertar de la sexualidad es algo maravilloso, pero si se tiene tan cerca al otro sexo, el misterio tiende a diluirse. La polaridad mengua. La calidad de la atracción también. Para mantener la tensión sexual es preciso una educación diferenciadora... contrariamente a la actual que es igualitarista.

Si el niño convive seis o siete horas con niñas, y viceversa, y ambos reciben la misma educación en base a los mismos principios establecidos por el dogma de la coeducación, se cierran las puertas a la diferenciación entre los sexos. Diferenciación que existe en base a la misma diferenciación fisiológica y a los distintos niveles de secreciones hormonales masculinas y femeninas. Pero, aunque la coeducación cierre la puerta a la diferenciación de sexos, ésta entra por la ventana.

Las niñas suelen estudiar más. No pueden competir con los niños en juegos que impliquen grandes fuerza y prefieren competir en el terreno de los estudios. Habitualmente son más aventajadas y, desde luego, porcentualmente no cabe la menor duda de su superioridad en aplicación. Los niños, por el contrario, son conscientes de su fuerza y la evidencian precisamente por que intuyen que ese rasgo diferencial no está habitualmente al alcance de las chicas. Además, para diferenciarse de ellas, recurren –o suelen recurrir al gamberrismo más exaltado. Creen que así se diferencian más de las chicas. Por lo demás, las chicas maduran mentalmente antes y los chicos después. También, físicamente, las chicas experimentan un “tirón” previo al de los chicos. Pero luego su crecimiento se detiene, justo cuando el de ellos arranca. ¿El resultado? Un mayor rendimiento de las chicas en los estudios. ¿Su efecto social? Una mayor presencia de la mujer en profesiones liberales y, consiguientemente –junto a otros factores de incidencia demográfica- un descenso en la demografía y una aumento en la edad en la que se tienen hijos. Y quizás, incluso, cierta inestabilidad creciente en las parejas. Por que hoy el “hasta que la muerte nos separe” ha pasado a ser una frase hecha en la que nadie cree y en la que muy pocos piensan. Y, sin embargo, servidor sostiene que no hay nada más grande que un abuelo y una abuela que se han soportado durante toda una vida, con sus grandezas y sus miserias, con sus alegrías y sus problemas y que, finalmente, tras cuarenta o cincuenta años de vida en común, siguen amándose hasta el punto de que la muerte de uno suele acarrear en menos de un año la del cónyuge. Créanme que siento felicidad y satisfacción al ver estas parejas paseando por la calle y temo que sea cosa de otro tiempo.

El gran drama de nuestra época que espero me lo explique algún sexólogo progre es que, nunca como ahora han estado ausentes trabas y barreras para el ejercicio de la sexualidad, es decir, nunca como ahora han saltado por los aires las barreras del pudor y se ha vivido un clima tal de libertad sexual y, “parajódicamente”, nunca como hasta ahora se vive tal nivel de patologías, disfunciones sexuales y perversiones lacerantes. Y, finalmente, nunca como ahora, los niveles de duración de las parejas (básicos a la hora de la generación y educación de los hijos) son tan breves. Algo falla, compañeros. Las concepciones progres de las que se alimenta nuestra civilización en los últimos cuarenta años, no han llevado a algo “mejor” respecto a lo que fue la familia burguesa y las concepciones burguesas clásicas... sino a algo diferente. Mejor en algunos aspectos... y peor en otros muchos.

ALGO NO FUNCIONA

Y es en este contexto en el que el fenómeno de la homosexualidad adquiere un carácter de movimiento social. Habitualmente los homosexuales suelen explicar que, siempre ha existido el mismo número de personas atraídas por otras de su propio sexo, solo que ahora, al desdramatizarse este tipo de relaciones, la tendencia a “salir del armario” hace que parezcan más. El argumento es digno de considerarse, pero no de aceptarse. El homosexual tiene la mala costumbre de acusar al que no lo es de “reprimido”. Que tiene una carga de agresividad similar al peor insulto.

Hoy existe un mayor número de asesinatos sexuales, existe un problema superior a cualquier otra época, de infertilidad. Hace unas décadas los afrodisíacos eran una rareza, hoy, a fuerza de banalizar la sexualidad y poner cualquier forma de erotismo al alcance de todos en todo momento y con encender simplemente un ordenador o a la hora de ver buena parte de la publicidad televisiva, lo que se ha logrado es despojar al erotismo de cualquier halo de misterio. Con esto se ha logrado la persecución acelerada de la “novedad”. Y esto es peligroso en materia de erotismo. Por que la búsqueda de la novedad termina acelerando la propia sexualidad y llevándola por caminos cada vez más excéntricos. ¿Por qué ocurre eso? Por que el erotismo está fuera de cualquier control. Lo hemos dicho en otro punto: lo importante no es la “liberación sexual”, sino la “liberación del sexo”. Por que el sexo, devenido obsesión, no es la mejor de las perspectivas, créanme. Y no albergo la menor duda de que pedófilos, mirones, masturbadores compulsivos, internautas erotómanos adictos al chateo unos y al sexo extremo otros, consumidores acelerados de líneas eróticas, ayer 906 y hoy 801, turismo erótico, sin olvidar los “baby cocoon” (adultos atraídos por el uso de inofensivos pañales que les permiten orinarse encima experimentando así el dudoso gustirrinín de un calorcillo húmedo) y demás lindezas, son rarillos que autoexcluidos de la idea de normalidad, campan en zonas que nada tienen que ver con el principio del placer, pero están imbricados directamente con el principio de la chaladura. Y cada vez son más. Hoy todos los fenómenos sociales son fenómenos de masas. Lo que no quiere decir precisamente que sean asumibles por la sociedad que vertebra orteguianamente a esas masas. Espero que los homosexuales admitan que ninguno de estos fenómenos es como para tocar las castañuelas y que ellos mismos revisen su realidad sexual y dictaminen sobre si todas las formas de homosexualidad son para ellos aceptables o no.

Enseñen a controlar la sexualidad en las clases de educación sexual. Enseñen estándares de normalidad y de anormalidad. Enséñese que hay vida fuera de la sexualidad. Enséñese, finalmente, que la sexualidad ha sido considerado en todas las épocas como una gran misterio y que es bueno que así haya sido. Recuérdese que cuando ha dejado de ser un misterio y se ha banalizado, la explosión de las neurosis y sociopatologías de base sexual se ha enseñoreado en la sociedad. Lo dicho, que estamos ante una perspectiva que es como la echar cohetes.



© Ernesto Milà – infoLrisis – infokrisis@yahoo.es

EL MISTERIO DE LOS HARENES

EL MISTERIO DE LOS HARENES Redacción.- La institución del harén está muy arraigada en la mentalidad islámica. En Italia surgió una agria polémica en enero de 1996 cuando el gobierno de derechas endureció las normas contra la inmigración. Una de ellas era “la enmienda anti-harén”. Las asociaciones anti-racistas condenaron esta iniciativa que impedía a los inmigrantes traer más de una mujer a Italia, incluso cuando procedieran de países en los que la poligamia está autorizada.


En 1995 la editorial inglesa “Virgin” publicó una colección de novela erótica escrita por mujeres, “Black Lace” (Encaje Negro). Su éxito consistió en describir a la perfección las fantasías eróticas de la mujer occidental, la segunda de las cuales consistía en hacer el amor en condiciones de esclavitud o en un harén... ¿Qué tienen los harenes que suscitan un interés tan morboso incluso en un marco geográfico y cultural que no es el suyo ?


¿QUE ES UN HAREN ?


En sentido estricto el harén es el recinto especificamente destinado a las mujeres situado dentro de palacios o grandes edificaciones. La vivienda musulmana consta de dos partes perfectamente diferenciadas : el “selamlik”, destinada a los hombres y el “harenlik”, zona donde las mujeres pasan su vida.


“Harén” significa a la vez “sagrado” e “inviolable”. Eel lugar está vedado a los visitantes del otro sexo y solo puede ser frecuentado por eunucos o por el dueño y señor de la casa. Traspasar el umbral del harén acarrea la decapitación inmediata del intruso.


La vida de la mujer islámica transcurre en el hogar, mientras que el varón recorre las calles, trabaja fuera, va a visitar a los amigos o simplemente conversa con ellos en el zoco. La mujer islámica es prácticamente desconocida incluso para los amigos más íntimos de su marido. Es la administradora y gobernanta de la casa. Dentro del harén comparte su vida con otras mujeres de su misma condición o bien sirvientas y esclavas, en una estructura piramidal, perfectamente jerarquizada en cuya cúspide se encuentra la primera mujer que ha dado a luz un hijo varón. Fuman, beben, duermen, reciben a amigas, cantan, bailan, realizan pequeños trabajos manuales y, sobre todo, siguen escrupulosamente los preceptos de la religión islámica..


LA FUNCION INICIATICA DEL HAREN


El primer europeo que vió un harén fue Thomas Dallan, enviado a Constantinopla en 1599 para instalar un órgano que la reina Isabel regaló al sultán. Este se enfureció al saber que nadie entre sus súbditos sabía tocarlo y puso a disposición de Dallan dos concubinas, luego lo llamó a palacio mientras él estaba fuera para estimular su interés por las mujeres del harén. Lo que describió resulta extremadamente gráfico : “Cuando llegúe vi que el muro exterior era muy ancho, pero a través de las rejas pude ver las treinta concubinas del Gran Señor que estaban jugando con una pelota. A primera vista los tomé por muchachos, pero cuando me di cuenta de que llevaban el pelo caído a la espalda, en trenzas, recogido con una sarta de perlitas y por otras señales muy evidentes, supe que se trataba de mujeres. En la cabeza no llevaban más que un gorrito de oro, algunas llevaban polainas y otras la pierna desnuda, con un arete de oro en el tobillo; calzaban zapatillas de terciopelo de ocho centímetros de alto”. Dallam decidió huir de la ciudad antes de que el sultán regresará temeroso de que el haber observado el harén le acarreara la muerte. Las concubinas del harén procedían todas del mercado de esclavos de Constantinopla, la mayoría capturadas y robadas de naciones extranjeras cuando eran vírgenes, aprendían buena conducta, a tocar y a bailar y eran entregadas luego al Sultan como regalo. Al entrar eran incorporadas simplemente con la fórmula tradicional “La Illahe illa Allah, Mohamet rasul Allah”, no hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta. Otro viajero renacentista, el veneciano Ottaviano Bon definió así otro harén : “En los apartamentos de las mujeres viven como las monjas en los conventos” y más adelante añade “Las muchachas rompían toda relación con el pasado una vez entraban en el serrallo. Recibían nuevos nombres”.


Estos dos testimonios son suficientemente significativos: la entrada en el harén y su permanencia en él tienen una función religiosa. Como se sabe el Islam no conoce el monacato, ni para hombres ni para mujeres, sin embargo, el harén es el equivalente al monasterio católico de monjas. El hecho de recibir un nombre iniciático, de dejar atrás su vida anterior, la pureza virginal requerida para entrar en el harén y finalmente, el énfasis puesto por los tratadistas islámicos en la necesaria devoción a Dios que deben reunir las concubinas, son suficientes como para insertar el harén entre las instituciones religiosas llegadas al Islam desde otros horizontes geográficos, fundamentalmente hindúes y persas.


Así como el hombre encuentra la realización de su ser en sí mismo, entregándose a la meditación, a la guerra santa o a trabajos sacralizados, la mujer encuentra su realización renunciando a sí misma y entregándose a su hijo (como madre) o a su marido (como amante). En el caso del harén, las concubinas deben al dueño una devoción casi sobrehumana y una sumisión absoluta. La costumbre, por ejemplo, obliga a la concubina elegida para pasar la noche con el dueño del harén, a efectuar una entrada en las habitaciones reservadas, en la que haga gala de gran humildad, como símbolo de sometimiento dejará caer su camison, entrar en la cama por los pies y avanzar así hasta su amo.



El hecho de que el porcentage de esclavas capturadas fuera muy alto, implicaba que la presencia en el harén con su aislamiento y su estricto régimen de vida, así como la entrega devocional a su dueño, supusieran una especie de redención. En la sociedad islámica medieval el esclavo era considerado culpable (de no haberlo sido Alá lo hubiera protegido y por tanto no habría caído en la esclavitud) y el cumplimiento de las funciones propias de las concubinas en el harén, era una forma de volver a ser querido a los ojos de Dios.


LA DANZA DEL VIENTRE Y LA DE LOS SIETE VELOS


Galaleddîn Rumî, gran poeta islámico, había escrito que “Quien conoce la virtud de la danza vive en Dios, porque El sabe como el amor mata”. No es raro que la danza sea una de las distracciones más habituales practicadas en los harenes. La danza tiene una importancia particular en todo el ámbito islámico. En Turquía las cofradías de derviches practican ritualmente danzas sincompadas con fines extáticos. El movimiento circular de los danzantes hace que la sangre llegue a zonas del cerebro en donde habitualmente no suele llegar ; el esfuerzo, el cansancio y lo trepidante de la danza provocan una apertura extática caracterizada por un bloqueo del consciente que permite salir a la superficie estratos más profundos de la personalidad. Así el practicante pueda alcanzar la experiencia mística de fusión con lo Absoluto. Tal es el principio. En lo que concierne a la mujer islámica, practica dos danzas, suficientemente conocidas en Occidente, con fines iniciáticos : las danzas del vientre y de los siete velos.


En 1923 un explorador italiano que se había adentrado en Cirenaica y Tripolitania, entonces bajo dominación de Roma, pudo asistir a ceremonios secretas de carácter erótico, realizadas por cofradías iniciáticas musulmanas. “Gallus”, seudónimo utilizado por el explorador, estaba adherido a un círculo esotérico formado en torno a Julius Evola, el “Grupo de Ur”, y dió cuenta de sus experiencias en una monografía titulada “Experiencias entre los árabes”.


“Gallus” pudo asistir al rito de una auténtica danza del vientre. La ejecutaba una mujer miembro de la cofradía sufí y comprendía tres tiempos marcados por la altura de los movimientos de los brazos y por la expresión del rostro, que corresponden a los períodos de vita de la mujer. El último tiempo alude a la función erótica despertadora de la fuerza basal, durante la unión sexual, mediante el movimiento del vientre y del pubis. “Gallus” apuntaba que “la mujer que ejecuta la dnza sufre como en un parto. Y es que es un parto”. Una danzarina experimentada y conocedora de las prácticas sufíes alcanza el éxtasis en el curso de la danza y, lo que es más importante, genera en quienes la ven una especie de fascinación erótica que les conduce a una idéntica apertura de conciencia.


En cuanto a la danza de los siete velos su simbolismo esotérico y su intencionalidad erótica son palpables. La tradición refiere que Axum, rey de los axumitas, había conquistado el reino de Saba en el 532. Su favorita era la hermosa Aila Sah que fue sorprendida por un eunuco del harén en actitud de huir con un invitado a palacio. Aila para salvar al cabeza prometió al sultán bailarle la danza de los siete velos.


El velo había sido en las sociedades egipcia e hindú símbolo de castidad y pureza. El despojarse de cada uno de los velos suponía alcanzar la pureza del estado edénico primordial. Cada uno de los velos significaban los cuatro elementos (fuego, tierra, agua y aire) y los tres vehículos del Ser (cuerpo, alma y espíritu). Despojarse de ellos suponía, simbólicamente, alcanzar tanto la “quintaesencia” (superación del cuaternario) como la “unidad” (superación del ternario).


EL EROTISMO INICIATICO SUFI


El harén, la danza y el ciclo de relatos de “Las mil y una noches”, tienen como denominador común, el erotismo y la sensualidad. Era difícil que una raza particularmente predispuesta al sensualismo, como la árabe, no penetrara en el terreno de la magia sexual. Aun en nuestras días estas prácticas se realizan habitualmente en el Magreb y en la Península Arábiga. El escritor Peter Bowles, refiere que su mujer mantuvo relación lésbicas con una bruja marroquí, la cual la controlaba mediante una planta en cuyas raíces había colocado un paño de seda en cuyo interior se encontraban restos de menstruación de la mujer junto con antimonio. Baste recordar que el antimonio es la materia prima utilizada por los alquimistas árabes para la obtención de la piedra filosofal.


En la base de la magia sexual árabe se encuentra el concepto de la unión sexual como medio empleado para poner en acción la “barakah” o influencia espiritual. Quienes desean acceder a este tipo de prácticas deben de superar una serie de pruebas. Se les exige que no puedan ser hipnotizados, sin duda para prevenir un estado de pasividad o fascinación inmovilizadora, cuando entran en contacto con la mujer.


Estas cofradías disponen de mujeres adiestradas para la celebración de ritos sexuales.


POLIGAMIA Y CONDICION FEMENINA EN EL ISLAM


El Profeta reconoció, a pesar de inaugurar una tradición severamente masculina, que el dominio iniciático era accesible a la mujer. El Islam reconoce una desigualdad fundamental entre hombre y mujer, y más concretamente, una complementareidad. Mahoma había escrito : “Tres defectos en el hombre se convierten en cualidades en la mujer : avaricia, orgullo y timidez”, avara con los bienes del marido, orgullosa para no rebajarse a hablar con cualquiera y timida para evitar los lugares sospechosos.


El espinoso problema de la poligamia es tratado en el Corán IV, 3. El musulmán puede tener hasta cuatro esposas, siempre y cuando mantenga la equidad con todas ellas y puede mantenerlas. La oferta coránica no está exenta de amenazas : “Aquel que tiene dos esposas y no se comporta equitativamente con ellas, tendrá el día del juicio la mitad del cuerpo desequilibrada en relación a la otra”.


La situación intermedia de la sociedad árabe entre el mundo bizantino, el persa y el hindú, hizo que se filtraran influencias de todas estas tradiciones en el esoterismo y en el exoterismo islámico y que se superpusieran al sustrato étnico y cultural árabe. El harén, por ejemplo, procede de la influencia bizantina. De otro lado, la jihad islámica, la guerra santa, fue el vehículo que facilitó la expansión del Islám y la creación de un flujo cultural de Oriente hacia Occidente. Y esto se tradujo en una renovación cultural : de la lejana arabia, los guerreros de Mahoma absorvieron la cultura griega en la periferia de Bizancio y entre las élites culturales de Asia Menor y Egipto. Desde España irradió a todo Occidente. Por otra parte, el flujo inverso generado por las cruzadas y la llegada de órdenes mendicantes y ordenes militares, operó un efecto de osmosis. Fue así como en algunas descripciones del ciclo del Grial, los palacios de las damas misteriosas a los que llega el caballero, revisten el carácter de verdaderos harenes y la influencia islámica es bien patente en algunos casos.


Todo esto no puede hacer ignorar la realidad social actual de los países árabes. No siempre los preceptos coránicos se cumplen y, por lo demás, el mundo árabe no ha sido impermeable a la influencia laica occidental. Cuando las mujeres islámicas miran a Occidente, algunas de ellas ven un mundo diferente y ansiado. Tal es el caso de Fatima Mernissi, socióloga nacida a 500 metros de la universidad religiosa de la Qarauyin, “reserva espiritual” de Marruecos. La abuerla de Fátima, Lalla Yasmina, fue raptada en 1903 y vendida en Dar Benkirán, uno de los más importantes mercados de esclavos de la ciudad. Permaneció 15 años en un harén de Fez. Su nieta, Fatima Mernissi escribió en 1984 el libro “Marruecos contado por sus mujeres” y tres años después “El Harén Político” prohibido por la presión de los doctores en religión (“ulemas”). “El Harén Político” analiza toda al tradición transmitida con posterioridad a Mahoma con relación a la mujer y plantea la tesis de que el mensaje profético con respecto a la mujer fue falseado en el transcurso de los siglos para justificar la situación de permanente tutela en que se encuentra la mujer en las sociedades islámicas.


En 1989, Fatima fue incluida en una “lista negra” de 80 intelectuales indeseables para Jomeini...


R E C U A D R O F U E R A D E T E X T O


EL EUNUCO, GUARDIAN DEL HAREN


Los harenes de Constantinopla, los de Arabia y aquellos otros vinculados a otros conceptos religiosos en la India y en Asia, fueron siempre custodiados por eunucos y solo a ellos cabía entrar en el recinto. Su utilización va más allá de una simple medida preventiva destinada a preservar el uso de las concubinas solo a su propietario.


Existen tres variedades de eunucos, el completo, al cual de niño se le extrae en órgano completo de la generación (Dekeur, el pene), el escroto y los testículos, el eunuco incompleto al que se le priva solo de los testículos tras la pubertad y, finalmente, el eunuco al que se le atrofian los testículos por frotamiento. El primer tipo es el adecuado para velar por la seguridad del harén, los otros dos son considerados “inseguros”, al haber conocido en el inicio de la pubertad el deseo sexual. Los primeros tras la castración cambian física y mentalmente, no tienen barba, la laringe es de pequeñas dimensiones y la voz resulta infantil y aniñada ; su carácter está próximo del sexo femenino. Entre los árabes se dice que viven poco tiempo y mueren antes de los treinta y cinco años.


La idea general es que el eunuco sexualmente es neutro, no tiene una polaridad femenina y se ha visto amputado de la masculina, de ahí que su presencia en el harén no suponga una interferencia para la pura vibración de la feminidad que luego, al entrar en contacto con el dueño del serrallo, estará íntegra y sin haber sido menoscabada.

© Ernesto Milá – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es

SUPERSTICIONES, SECTAS Y SEGUNDA RELIGIOSIDAD

SUPERSTICIONES, SECTAS Y SEGUNDA RELIGIOSIDAD Redacción.-Pocas sociedades han estado tan alejadas de los valores religiosos como la nuestra, pocas tan materialistas y alejadas del mundo de los valores espirituales sin embargo, pocas sociedades como esta han sentido con tal fuerza la atracción por lo paranormal, entendido como superstición.


Mientras las religiones tradicionales han entrado en una crisis irreversible y el positivismo parece imponerse por todas partes, los fumadores se resisten a encender tres cigarrillos con una sola cerilla, el vuelco de un salero o unas tijeras abiertas son miradas con espanto y la ruptura de un cristal provoca sensación de una catástrofe irreversible y no es casual que el más devastador virus informático tenga como nombre "Viernes 13".
La superstición y todo lo que cabalga con ella -sectas, mancias, ocultismo, etc.- ocupan una parcela importante en los procesos degenerativos del mundo moderno: demuestran hasta qué punto la credulidad han sustituido a la religión de los ancestros y a la verdadera espiritualidad.


EL CONCEPTO DE SUPERSTICION


Nuestra cultura es altamente tributaria de la clásica y es en ella en donde hay que encontrar el origen de los significados culturales y etimológicos de conceptos y palabras que, como "superstición", están extremadamente difundidos en la actualidad habiéndose perdido el significado de los orígenes.


Para Cicerón "superstición" deriva de "super-stare", estar encima; "superstes" sería pues, el testigo, aquel que ha sobrevivido a un acontecimiento y puede dar fé de él; su carácter de superviviente implicaba que se gozaba de la protección de los dioses.


A partir de aquí el concepto fue variando en el mismo ámbito del Imperio Romano. Los supersticiosos pasaron a ser los arúspices y adivinos; procedentes de la antigua Etruria, vencida y desvastada por Roma pero de la que los latinos incorporaron algunos aspectos de su sistema religioso; a partir de entonces la "superstitio" tuvo una connotación peyorativa. Los patricios romanos terminaron por oponer "religio" a "superstitio", ésta última sería la forma corrompida de la primera, su exajeración, lo que hoy llamamos fundamentalismo.


El retórico romano Lactancio, convertido al catolicismo, inició una cruzada contra el paganismo y muy en especial contra el culto a los dioses domésticos y familiares, los manes y lares, identificando la "superstición" con el culto a estos genios domésticos. Finalmente sentenció que "la religión es el culto de la verdadera fé y la superstición de la falsa", idea que tuvo mucho éxito y pudo prolongarse a lo largo de la edad media.


El mismo San Agustín escribió un tratado "De las Supersticiones" en el que demostró ampliamente que éstas eran prácticas paganas e idolátricas que habían logrado sobrevivir. Las asimilaba a la adoración de figuras no divinas. San Agustín explicaba que todos los hombres utilizan signos para comunicarse, su observación de las prácticas satánicas le indicó que los diablos y los hombres se comunicaban también a través de marcas y símbolos, era con ellos que se sellaban los pactos diabólicos y se vehiculizaban las maldiciones y males de ojo. Pues bien, estos eran llamados por San Agustín "signos supersticiosos".


Más recientemente, hasta nuestros días y en nuestro ámbito cultural se ha considerado como superstición toda creencia extraña a la fé católica y contraria a la razón. Es difícil explicar, para esta doctrina, las interpolaciones entre catolicismo y religión que existen aun visibles en muchas parroquias y diócesis: la sangre de San Genaro, el culto a reliquias que jamás han podido pertenecer a quienes se les atribuye o las herraduras que aun hoy pueden verse en las puertas de la Iglesia barcelonesa de Sant Martí de Provençals, o la fé con que los fieles católicos pasaban por la joroba de mendigos situados en la puerta de las iglesias, los décimos de lotería o, incluso, el por qué, hasta no hace mucho, un católico consideraba pecado nombrar una culebra.


HECHICERIA, MAGIA, BRUJERIA Y SUPERSTICION


Existen distintos conceptos susceptibles de ser confundidos con las supersticiones. En ocasiones se producen interferencias entre superstición y magia. Se entiende generalmente por magia tradicional la manipulación de fuerzas suprasensibles mediante procedimientos codificados que produce los efectos paranormales esperados; los textos antiguos inducen a pensar que la magia estuvo extendida hasta tiempos relativamente recientes; los grandes humanistas del Renacimiento, incluido Pico della mirandola y Giorgano Bruno, eran adictos y practicantes de las artes mágicas, resulta difícil explicar como mentes tan preclaras cayeron en este tipo de práccticas.


Todo induce a pensar que el mago conseguía manipular fuerzas todavía no conocidas e identificadas por la ciencia y que él, mediante un entrenamiento adecuado conseguía "sentir" en un primer momento y luego utilizar en aras del logro de los obbjetivos perseguidos. La magia implicó una técnica, una transmisión regular a través de una escuela tradicional y unos resultados objetivos que posibiliten establecer un nexo causal entre el ritual empleado y el resultado producido. La superstición, en cambio, supone un precepto puntual, en absoluto un rito, ni la percepción de fuerzas suprasensibles, por tanto su reducción al universo mágico es arbitraria y errónea.


En cuanto a la brujería implica una utilización de procedimientos mágicos y productos tóxicos dirigidos al control de fuerzas que se presumen maléficas, persiguiendo unos resultados perjudiciales para algún sujeto. Es en el terreno de la brujería en donde hay que situar los "pactos diabólicos", las misas negras y las distintas formas de satanismo. La brujería occidental, en su génesis, supuso una alteración de los antiguos cultos telúricos y orgiásticos en un sentido demoníaco: mientras que el Dios católico asumió los carácteres de los antiguos dioses solares y sus atributos, el diablo, en la interpretación teológica medieval, derivó directamente de los antiguos dioses telúricos y ginecocráticos. Es evidente que las supersticiones no tienen nada que ver con todo esto.


Sin embargo, los niveles más bajos de la brujería generaron la aparición de la hechicería. Esta se situaba en un nivel muy inferior a su matriz originaria y, desde luego, muy por debajo de la magia tradicional, sin embargo asumía carácteres degenerados de ambos fenómenos. De la magia tomaba unos principios generales: la posibilidad de "capturar" fuerzas sutiles presentes en la naturaleza y "cargar" con ellas determinados objetos -amuletos, fundamentalmente- o mediante una serie de rituales causar perjuicios o inducir actitudes no deseadas conscientemente en sujetos hacia los que apuntaban sus prácticas. La hechicería fue un producto de la sociedad rural en la que la transmisión oral de unos conocimientos a lo largo de generaciones y generaciones produjo una inevitable degeneración de la técnica, ya de por sí muy simple y primitiva. Muchas de las técnicas de hechicería, finalmente, derivaron en supersticiones puras y simples: el uso de amuletos, ha constituido la forma más patente de este fenómeno.


SUPERSTICIONES HORIZONTALES Y VERTICALES


Extremando nuestro análisis sobre las supersticiones podríamos establecer una clasificación atendiendo a su implantación en la sociedad. Nos encontraremos con supersticiones extendidas a todos los ambientes sociales; la creencia en que pasar bajo una escalera, el evitar levantarse con el pie izquierdo, la aversión al número 13. Estas supersticiones comunes a todos los grupos sociales e incluso extendidos a distintos horizontes geográficos, pueden ser llamadas en rigor "horizontales", a diferencia de aquellas otras extendidas solo a grupos profesionales. La aversión al color amarillo entre las gentes de la farándula, el colocar sábanas de color para el primer servicio en los burdeles a fin de obtener buenos beneficios ese día, etc. Estas serían las supersticiones verticales.


Es difícil viajar al origen de todas estas supersticiones. Algunas de ellas parecen dictadas por los imperativos de la lógica: si uno pasa bajo una escalera tiene mas posibilidades de que le caiga algo que se está manipulando encima que si pasa esquivándola; otras nacieron de viejas tradiciones ancestrales: la aversión al número 13 deriva del número de apótoles más Cristo de los que uno le traicionó, pero esto no explica el por qué en otras latitudes tiene un sentido mirífico; para entenderlo había que remontarse al mito del Grial; en efecto, los caballeros de la Tabla Redonda eran 12 pero existía un treceavo asiento que era propiedad de "el caballero elegido"; quien llegaba a Camelot y se sentaba en el treceavo asiento veía el suelo abrirse bajo sus pies, había que esperar al "caballero elegido", es decir dotado de un poder sobranatural e innato, para que tomara posesión de ese asiento. Esto explica el sentido favorable del número 13 en los países anglo-sajones.


De hecho las supersticiones horizontales tienen como denominador común alguna antigua tradición degenerada o un mito que, expandido a través de la literatura, ha impregnado a la totalidad de la sociedad. Las supersticiones verticales tienen su origen en algún episodio maldito protagonizado por algún profesional de renombre, capaz, por su prestigio mismo, de crear un estado de alarma generalizado en su oficio, sobre tal o cual elemento.


LA SEGUNDA RELIGIOSIDAD


Contrariamente a lo que se estaría tentado de pensar, las supersticiones no aparecen del brazo de las grandes religiones tradicionales, estas tienen su eje en una teología que intenta racionalizar la idea de lo Absoluto o al menos intentar una aproximación orgánica. Los preceptos que acompañan a todas las grandes religiones son, bien normas de orden social que, con la sanción religiosa adquieren el valor de mandatos de obligado cumplimiento, o bien normas derivadas directamente de la teología a fin de realzar algunos de sus dogmas: la prohibición de ingerir carne de cerdo sería el ejemplo de lo primero y la doctrina cristiana de los sacramentos, muestra de lo segundo.


A esto no se le puede llamar en rigor supersticiones, sino preceptos; las supersticiones aparecen en los momentos en los que la impiedad y el materialismo dominan en la sociedad. Parece como si el hombre al observar la naturaleza y la vida, percibiera en ella algo mágico, inexplicable, no reducible a ecuaciones y teorías científicas; al no existir la verdad tradicional representada por la religión, el hombre se aferra a un sustitutivo de ella, y es entonces cuando apacen, con fuerza incontenible, las supersticiones. Cuando un conjunto de supersticiones se articulan en un núcleo organizado y alcanzan una relativa coherencia, el producto resultante es la secta.


Oswald Spengler en su monumental "La Decadencia de Occidente" acuñó el término de "segunda religiosidad" para referirse a este fenómeno que consideraba propio de los momentos crepusculares de las civilizaciones. Spengler demostró que, todas las grandes civilizaciones del pasado, al declinar, junto a las tendencias irracionales, la pomposidad y grandeza decadente, el materialismo práctico y el ateismo, aparecían por todas partes tendencias místicas y espirituales exóticas; estas irrupciones de lo paranormal y lo seudo-religioso serían como los fuegos fatuos que acompañan la desintegración de los cadáveres y que se siguen manifestando tiempo después de la muerte.


Al irrumpir la "segunda religiosidad" el público, en sus momentos de ocio, parece volver hacia las manifestaciones de fenómenos paranormales, y hacia todo aquello que comporta emociones fuertes, relaciones con lo oculto, con lo inexplicable, etc. La sociedad aparece sentir un interés morboso hacia todo tipo de "magos", mediums, espiritistas, astrólogos, quirománticos, videntes, curanteros, cursos de prácticas orientales, técnicas psicológicas, etc. En los momentos en los que parece dominar el paradigma de la racionalidad absoluta, la irracionalidad más radical sienta sus reales en la la ciudadela de la razón. Es en ese momento cuando las supersticiones pasan a convertirse en un uso social: cada día los lectores de los diarios, frecuentemente profesionales brillantes y honestos burgueses medios, consultarán la página de astrología, evitarán pasar bajo una escalera, colocarán sal y vinagre bajo su cama y frecuentarán un curso de yoga acelerado ignorando que una práctica desordenada de estas técnicas orientales mal divulgadas en Occidente puede llegar a causarle prejuicios físicos y psicológicos; los fines de semana en la reunión familiar jugarán a la "oui-ja" y la esposa, a fines de año, consultará a un quiromántico que le predecirá el futuro para el año siguiente y ella obrará en consecuencia, creyendo a pié juntillas cualquier predicción a pesar de su condición de enfermera diplomada...


LAS SUPERSTICIONES MODERNAS


Sería absurdo pensar que las supersticiones son patrimonio de personas de un bajo nivel cultural como en el pasado o de la sociedad rural. De hecho, tanto las supersticiones que hemos dado en llamar verticales como las horizontales alcanzan a personas de todas las clases sociales y de los distintos niveles culturales. Incluso la superstición ha hincado sus raíces en el entorno científico.


Ideologías y doctrinas que, en un pasado no muy lejano, fueron consideradas científicas y alcanzaron gran predicamento en los medios académicos y universitarios, como el marxismo o el freudismo, son hoy consideradas por algunos como sectas -más o menos sofisticadas- provistas de una teoría supersticiosa: ¿cómo se pudo sostener durante más de cien años que la clase obrera era objetivamente revolucionaria a pesar de que la mayóría de revolucionarios emergieran de cualquier otra clase menos del proletariado? ¿cómo se ha considerado seriamente la doctrina de Freud sobre el pansexualismo como explicación universal a cualquier alteración mental? ¿no era el círculo íntimo de psicoanalistas amigos de Freud una verdadera secta? ¿y los partidos comunistas?


La ciencia se ha convertido en el cementerio de teorías y doctrinas tenidas hasta hace poco como inamovibles, es posible que en ello radique su grandeza, pero también es cierto que esto demuestra hasta qué punto estamos lejos de alcanzar un saber estable e indiscutible capaz de facilitar certidumbres duraderas. ¿Hasta qué punto algunas doctrinas científicas actuales resistirán la presión del tiempo y lo que ha sido tenido por indiscutible caerá en el descrédito más absoluto y será finalmente tenido como superstición? Las teorías de los genetistas rusos con Lysenko a la cabeza figuran hoy en el cementerio científico, junto a la tapia de las supersticiones. También es posible que formas de organización política que hoy parecen normales y legítimas pasen a ser consideradas como absurdas y supersticiosas con el paso del tiempo, como hoy lo es la monarquía de derecho divino.


Buena parte de las actuales supersticiones intentar revestirse de un carácter seudocientífico: el fenómeno OVNI, la parapsicología, pero en el fondo el objeto de estudio no es sino mera superchería y a pesar de sus pretensiones el análisis científico de los fenómenos paranormales brilla por su ausencia. Pero mucho más peligrosas que estas son las supersticiones científicas, políticas, supersticiones culturales, y lo que es peor, resultan mucho más difíciles de advertir. Nuestra época está inerme ante este tipo de supersticiones que han logrado aureolarse del halo de respetabilidad y cientifismo.


Ante ellas, una vez más, solo el esfuerzo constante por percibir la realidad y alcanzar la verdadera objetividad, puede darnos la lucidez suficiente como para tamizar la superstición de lo real, la ilusión de lo tangible...


[RECUADRO FUERA DE TEXTO]


LAS SUPERSTICIONES MAS DIFUNDIDAS


- La aversión al martes y 13 procede de la relación entre "martes" y Marte, dios de la guerra y, por tanto de la destrucción. En cuanto al 13, la mitología nórdica (doce dioses reunidos, muere el treceavo, Balder), los Evangelios (doce apóstoles y muerte Cristo, el treceavo), y los relatos del Grial (la Mesa Redonda tiene un "asiento peligroso", el treceavo), coinciden en condenarlo al ostracismo.


- Casarse en el mes de mayo provoca mala suerte. A pesar de ser el mes de las flores y señalar el mejor período de la primavera, algunos pueblos indo-europeos, entre ellos los romanos, celebraron en aquel mes el culto a los muertos.


- Cruzar cubiertos sobre la mesa o dejar tijeras abiertas. Evoca el choque de las espadas y, por tanto, las desgracias de la guerra, por lo demás antiguas tradiciones mágicas atribuyen propiedades específicas a los metales que resultan maléficas cuando se forma el signo de la cruz.


- Colocarse alguna prenda de ropa al revés, un calcetín, la camiseta, etc. lo realizaban antiguos pueblos primitivos con objeto de engañar a la muerte. Una variante de esta superstición consiste en llevar un calcetín de cada color.


- Colocar herraduras en lugares visibles, estas deben colgar abiertas hacia arriba, deben tener cuatro o cinco agujeros, ser regaladas o encontradas, nunca compradas, de yegua mejor que de caballo, de la pata izquierda mejor que de la derecha... su relación con la buena fortuna derivaría de la semejanza con el creciente lunar, signo de fortuna y felicidad.


- El trébol de cuator hojas, verdaderamente excepcional pero que la tradición afirma que existía en abundancia en el Paraíso Terrenal. Al ser expulsada, Eva se llevó uno como recuerdo. Cada hoja del trébol da fortuna en el amor, la salud, el dinero y el honor.


- Abrir un paraguas en el interior de un hogar es una superstición que viene de Oriente; los paraguas llegaron a ser en la China del siglo XI objetos de culto solar, extenderlos sin la presencia del sol equivalía a un sacrilegio.


- Decir "salud" tras un estornudo, una práctica que, a pesar de las apariencias no está relacionada en absoluto a ningun precepto religioso, sino más bien a la superstición que considera que al estornudar puede arrojarse el alma (otras tadiciones hablan del alma como fluido vital residente en el cuerpo), mencionar el nombre de Jesús implica una bendición a modo de exorcismo.


- Derramar sal ha sido signo de mala suerte por lo costoso de este producto en otro tiempo. Se creía que el diablo caminaba a un metro a la izquierda de los hombres, por tanto, hechando sal sobre el hombro izquierdo el diablo se ahuyentaba al diablo (la sal le caía sobre los ojos).


- Levantarse de la cama por el "lado bueno", el derecho, procede de la consideración del lado izquierdo (sinistro, siniestro) como negativo, en contraposición a su opuesto, favorable. En alemán la palabra "derecho", "recht" alude a una ubicación geográfica como a rectitud de conducta.


- El gato negro ha estado asociado a malos augurios desde la remota antigüedad. Se dice que los gatos absorven las malas vibraciones (en tanto los perros hacen otro tanto con las buenas) y por tanto se acercan siempre a personas conflictivas.Se creyó en la Edad Media que el diablo y las brujas podían travestirse en gatos negros.


- Un espejo roto reporta siete años de desgracia, para evitarlo basta con enterrar el espejo. El motivo de esta superstición es lo caro que resultaba el vidrio en la antigüedad y la desgracia intrínseca de su rotura. La referencia a los siete años venía a colación de que para el hombre representaba un ciclo completo de su vida.


- Pasar bajo una escalera o encender tres cigarrillos con una cerilla son discutidos en cuanto a su origen. Se cree que al mentar tres elementos, alude a la Trinidad católica (o a la Trimurti hindú: Shiva, Visnhú y Brhama) y por tanto define un espacio sagrado al que no se puede penetrar sin realizar un sacrilegio. Otros aseguran que en la guerra de los boers cuando se encendía más de un cigarrillo con una cerilla, el enemigo advirtiendo la luminosidad disparaba..


© Ernesto Milá – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es

¿EXISTE UNA VIDA ANTES DE LA MUERTE? NO ES DEL TODO EVIDENTE...

¿EXISTE UNA VIDA ANTES DE LA MUERTE? NO ES DEL TODO EVIDENTE... Redacción.-El hombre moderno tiene miedo de morir y solo le reconforta pensar que más allá de la muerte existe un "corredor de luz", una sensación de "paz, quietud y serenidad", otra vida en definitiva. Muchos son los libros y los trabajos periodísticos, los reportajes y filmes que tratan -casi de manera obsesiva- sobre la supervivencia tras a muerte. Pero a fuerza de pensar en el "allí y entonces", nos olvidamos del "aquí y el ahora". Y la vida se resuelve en cada instante de eternidad, aquí y ahora.


En tales condiciones, es lícito preguntarse si existe o no vida antes de la muerte, entendiendo por vida, no solo el sufrir los acontecimientos de la cotidianeidad, sino el tener una percepción directa del ser y de la existencia.



LA VIDA: O ES ARMONIA O NO ES NADA



Algunos místicos católicos y también grandes meditadores de escuelas orientales o sufíes, han "percibido", en trances profundos de meditación, una ley de armonía en el cosmos que que hace de éste algo ordenado y evita que el caos se enseñoree.



El místico y el meditador no temen a la muerte, no tanto por la presunción -problemática, por lo demás- de que el principio de la personalidad, mi yo, subsistirá tras la muerte, como por la certeza de que con la muerte cesan las contradicciones de lo contingente y el alma humana, liberada, se integra -entra en sintonía- con el orden cósmico. A este proceso algunas escuelas budistas le han llamado "la extinción". Y, paradójicamente, es esa extinción -la abolición del principio de individuación que da nacimiento a nuestra personalidad- la que persiguen a través de sus prácticas y meditaciones.



A través de las diversas religiones y creencias, el abandono total del Yo (la renuncia al principio de individuación) y la práctica del amor (esto es, de la armonía y de la no-contradicción) hacia todo lo que les rodea, abren la vía a una percepción directa del cosmos y de la vida. Es en el curso de esas prácticas en donde la vida, aquí y ahora, adquiere su verdadero sentido. De ahí que a esta experiencia interior se la conozca en diversas latitudes como "el despertar", despertar es vivir, vivir es tener constancia del momento presente, apearse de la corriente del devenir, "vivir el aquí y el ahora".



A partir de aquí puede comprenderse el papel secundario que ocupaba el destino post-morten del ego que, sin embargo, centra buena parte de las preocupaciones del hombre moderno. Obsesionándose con la seguridad -altamente improbable- de obtener testimonios objetivos y convincentes al ciento por ciento sobre la pervivencia de su Ego tras la muerte, el hombre moderno se olvida que el problema fundamental lo tiene aquí y ahora; el momento presente es sacrificado y no vivido y la existencia se convierte en un sueño cuyo despertar es morir.



EL HOMBRE MODERNO UN HOMBRE ROTO



El proceso a través del cual se ha iniciado esta caida es complejo y se ha ido acelerando en el curso de la historia; está íntimamente relacionado con el tránsito de las civilizaciones tradicionales a las modernas. Entendemos por "civilización tradicional" aquella que muestra carácteres orgánicos, ordena todas sus partes y actividades en un conjunto integrador, holista y finalmente tiene su eje en la trascendencia, esto es en las posibilidades del hombre como ser que rebasa los marcos y las necesidades de lo estrictamente biológico y material.



La civilización moderna pone, por el contrario, el énfasis en una concepción biológica y reduccionista del hombre y en la satisfacción solo de su vertiente material -innegable por lo demás, pero no preeminente en relación al conjunto-; haciendo esto rompe el marco orgánico y holista anterior y coloca al hombre a merced de las fuerzas contradictorias que rijen todo lo que es material. Una serie de aspectos de la vida humana que anteriormente estaban integrados, se rompen y a partir de aquí puede entenderse el profundo malestar de las sociedades modernas y de sus componentes individuales.



Es dudoso que al resultado de todo esto se le pueda considerar "vida"; el hombre moderno no vive, soporta la vida.


LA RUPTURA DEL HOMBRE CONSIGO MISMO



El hombre moderno ignora cual es su verdadera naturaleza: apenas sabe nada importante de sí mismo. Conoce solo sus necesidades cotidianas y contingentes y al actuar en función de ellas termina convencido de que no es nada más que un tubo digestivo que es preciso alimentar y satisfacer en unas pocas necesidades más.



Pero el hombre es algo más que eso. Cualquier antropología tradicional implica una concepción más completa y realista: el hombre es cuerpo físico, pero también flujo mental (que puede controlar o mediante el cual puede ser controlado) y finalmente, late en él una chispa sobrenatural que hace de él algo diferente al resto de la naturaleza.



Una concepción reduccionista -utilitarista, si se quiere- hace del hombre un cuerpo, hecho de materia, que es preciso mantener y una mente atraída por las necesidades de esa misma materia que hay que satisfacer en lo que pida: el eje de la vida se desplaza de un polo trascendente (la concepción del hombre como un ser integrado en la naturaleza, pero al mismo tiempo radicalmente diferente a la misma, es decir, una vida orientada a satisfacerlos aspectos trascendentes) a un polo contingente (la vida como búsqueda del hedonismo más elemental y materialista).



LA RUPTURA DEL HOMBRE CON LA NATURALEZA



Una concepción materialista y economicista de la vida, debía repercutir, antes o despues, en la naturaleza: optimización de los beneficios, las leyes del mercado, la de la rentabilidad, de la productividad a todo trance, debía finalmente, agredir a la naturaleza. Los tiempos en los que el hombre tenía conciencia de que, en su parte contingente, formaba parte de esa misma naturaleza, han acabado.


La sobreexplotación de la naturaleza, los problemas del medio ambiente, las catástrofes derivadas de la energía nuclear, los experimentos genéticos descabellados, todo ello no son sino pruebas fehacientes del enfrentamiento del hombre con la naturaleza. Una lucha titánica en la que el hombre -como el Titán mitológico- siempre tiene las de perder.


Una vida integrada del hombre en relación a la naturaleza implica la utilización racional de los recursos que ésta ofrece; una ruptura, en cambio, implica sobreexplotación, agresión y conflicto. A estas alturas es imposible seguir compartiendo actitudes "progresistas" según las cuales el progreso científico irá compensando y corrigiendo el deterioro del entorno ecológico. Más aún: el encarrilamiento actual del progreso científico supone, día a día, una ruptura mayor del hombre con la naturaleza. La carrera entre una ciencia que deteriora el medio y otra ciencia que intenta paliar este deterioro prosigue frenética y sin cesar, con un resultado problemático al final del camino.


RUPTURA DEL HOMBRE CON SUS SEMEJANTES



Las sociedades modernos son profundamente insolidarias. El fenómeno no es nuevo. Desde que se definieron las relaciones entre los hombre como "homo homine lupus", estaban sentadas las bases para la aparición de un hiperindividualismo y para la abolición de todo lazo de solidaridad.



Fenómenos posteriores como el nacionalismo (que aparece con la revolución francesa, siendo en la práctica el individualismo de los pueblos), el racismo (que se afirma a lo largo del siglo XIX), el individualismo (para el cual el hombre es una unidad atómica separada de otras idénticas a él y necesariamente enfrentada), unido a la acumulación de capital y al afán de lucro y de usura, se van extremizando a lo largo del siglo XIX y XX y hoy no dan pié a ningún optimismo.



El repliegue individualista que registran las sociedades modernas, en las que nadie está dispuesto a sacrificarse por nada y ningún valor es defendido fuera de los estrictamente economicistas, hacen de la sociedad algo profundamente fragmentado y en crisis irreversible.



RUPTURA DEL HOMBRE CON LA MUJER



Sería injusto afirmar que la concepción tradicional de la pareja ha entrado en crisis; lo que está en crisis es la concepción burguesa de las relaciones hombre-mujer: la sumisión fálica de la mujer al hombre, ha sido sustituida por el igualitarismo a ultranza y en todos los órdenes. Pero la alternativa no está ahí; si la sociedad burguesa hubo roto la complementareidad hombre-mujer, lo que siguió después, no fue un "ir a más", sino un descender un peldaño: el de la reducción de la feminidad al tipo de varón, integrándose progresivamente en todas las actividades de éste, como si esto fuera una conquista, cuando en realidad lo que implicaba era llegar a las últimas consecuencias de una sociedad machista, la integración de la mujer en el modelo "macho". Pero esto supuso olvidar muchas cosas.



En primer lugar este planteamiento ignora la importancia de la sexualidad en la vida humana. Existe atracción sexual en tanto que existe polaridad entre los dos sexos. Polaridad implica atracción: más fuerte es la polaridad, más fuerte es la atracción, más atenuada está, más débil es la atracción erótica. Un mundo en el que los dos sexos tienden a igualar sus perfomances es un mundo sin polaridad, luego un mundo en el que la tensión erótica se ha relajado o desviado.



Nunca una sociedad ha sido tan libre y permisiva desde el punto de vista sexual como hoy, nunca al hombre se le han dado tantas posibilidades de gozar, pero nunca como hoy han existido tantas psicopatías sexuales.



La integración de la mujer en el mercado de trabajo (como trabajadora alienada y consumidora integrada), su incorporación a las filas militares y a trabajos ingratos y desfeminizantes, solamente puede ser considerada como una "conquista" por mentes abyectas y deformadas, nunca por cerebros sanos y objetivos.



RUPTURA DEL HOMBRE CON SUS HIJOS



La aceleración de los ritmos de la historia ha hecho prácticamente imposible la comunicación generacional. Las jóvenes generaciones lo ignoran casi todo de sus padres y lo que estos pueden transmitirles ya ha periclitado o carece de valor.



En este contexto el papel educador de los padres (en el supuesto de que estuvieran en condiciones y supieran educar a los hijos) se ha difuminado: los padres, delegando en la "educación obligatoria" la formación de sus hijos, han renunciado a aportarles algo de sí mismos, confiando en los buenos oficios del Estado o de entidades privadas.



Pero la educación es algo más que cinco horas de clase al día. La educación global implica convivencia, transmisión continua, y, sobre todo, ejemplo. El papel del padre de familia se ha devaluado y deja de ser, ejemplo, educador y orientador de sus hijos, para pasar a ser la persona que trae dinero a casa, tarea a la que se ha reducido la paternidad en nuestras sociedades.



No es de extrañar que el impulso vital que hace que una sociedad se prolongue en sus hijos, haya disminuido en Occidente y la pirámide de población se invierta. ¿Para qué tener hijos? Desde el punto de vista económico, son ruinosos; y tal es el único punto de vista que hoy cuenta, el economicista.



RUPTURA DEL HOMBRE CON LA "RES PUBLICA"



Occidente entero, el Primer Mundo, vive regímenes de democracia formal. En la práctica estos regímenes no son otra cosa que partitocracias tuteladas por una oligarquía económica. La libertad de expresión ("se puede decir todo pero no sirve para nada") es una ilusión formal. Las elecciones "democráticas", no solo se celebran ante una indiferencia cada vez mayor, sino que además las opciones en liza han sido uniformizadas en función del "realismo" y del "posibilismo": derechas e izquierdas liman sus aristas y se convierten en confusos conglomerados de centro.



Hoy, democracia, en Occidente, supone elegir solo, cada cuatro años, a unos sujetos con los cuales no existe la más mínima relación, divorciados completamente de sus electores, impuestos por las cúpulas de los partidos (esto es, por los grupos de presión a los que sirven), y cuya tarea se limita a apretar un botón siguiendo las consignas de su jefe de grupo parlamentario. No tienen iniciativa propia, ni autonomía de decisión, ni relación con sus electores...



Para colmo, la pared que separa la vida política de la económica es tan fina como un papel de fumar: los grandes negocios se realizan al abrigo del poder que, frecuentemente es cortejado por mafias corruptas y corruptoras. Esta degeneración de la vida pública -corrupción- aumenta, día a día, la separación entre el país real y el país legal. Por lo demás, puede intuirse el ejemplo de unas instituciones corruptas sobre una sociedad presionada por necesidades economicistas: es el "aquí vale todo" que vivimos. La economía dirige a la política, el poder económico al poder político, las necesidades del rendimiento máximo del capital se traducen en decisiones políticas...



La separación de poderes, base del liberalismo democrático, es mera entelequia y solo existe de manera teórica; la representatividad de las instituciones es más que cuestionable en tanto que los electores no reciben suficiente información (sino consignas y falacias publicitarias) a la hora de votar. Por lo demás, es tradicional que los partidos traicionen el voto de los electores y hagan todo lo contrario de lo que han dicho...



En estas condiciones el hombre moderno no participa de la vida pública. Esta ha sido usurpada y acaparada por una clique de políticos profesionales para los que la gestión del poder por el poder es la única norma y ley.



RUPTURA DEL HOMBRE CON LO TRASCENDENTE



Entendemos por trascendencia el impulso del hombre hacia el conocimiento de lo divino. La trascendencia forma parte de la naturaleza humana, tanto como su aspecto biológico o su flujo mental. El marco a través del cual el hombre pudo vivir en el pasado la trascendencia, no era únicamente el religioso; buena parte de las técnicas de ascesis no están necesariamente ligados a ninguna forma religiosa concreta. Estas técnicas forman parte del esoterismo, que se sitúa en un plano superior a la mera religiosidad exotérica.


En Occidente, la Iglesia Católica, renunciando a su esoterismo, poniendo el énfasis solo la fe y en el culto ritual, ha sido uno de los responsables de la ruptura del hombre con la trascendencia. El esoterismo implica la posibilidad de tener directamente la experiencia de lo Absoluto. La Iglesia, hace pasar tal experiencia a través del sacerdote y de la fé, no de un ascesis interior.



El resultado ha sido, no solo la disolución progresiva de los lazos del hombre con lo trascendente -lo que se operó en una primera fase- sino la desviación posterior del impulso hacia la trascendencia. Esta desviación se operó en dos direcciones diferentes: de un lado con la aparición de ideologías político-sociales que implicaban la aceptación de dogmas, ritos, culto, sacerdotes, escritos sagrados, etc. (el marxismo en primer lugar), y de otro, la proliferación de sectas seudo-religiosas, cultos exóticos, ocultismo de distintos pelajes, etc. que han constituido lo que podemos llamar "supermercado espiritual".



RUPTURA DEL HOMBRE CON LA ECONOMIA



La economía ha pasado, en el decurso de los siglos, de ser un accesorio para facilitar la vida social, a dirigir la totalidad de las actividades humanas. El hombre ha dejado de utilizar la economía para su beneficio y se ha convertido en una pieza más del complicado engranaje de producción y consumo.



La economía en las sociedades tradicionales estaba situada en el nivel que le correspondía: junto a la función productora. Ahora bien, al convertirse la burguesía en clase social preeminente, impuso sus valores a la totalidad de la sociedad y los convirtió en hegemónicos: afán de lucro y usura, leyes del mercado, de la oferta y la demanda, etc.



Pero el burgués utilizaba un arma peligrosa para alcanzar sus fines: el capital. Poco a poco, la acumulación de capital se ha ido concentrando en cada vez menos manos y ha cobrado vida propia: la economía se ha vuelto omnipresente, rige los destinos de los hombres y de las naciones, dirige la política e impone sus leyes en todos los campos de actividad humana y millones de hombres sufren las oscilaciones de un sistema económico que ya nadie controla.



Ya hemos dicho que la economía, para servir a la realización de sus leyes objetivas, ha terminado por agredir, de un lado al hombre, de otro a la naturaleza; pero esto no es todo. En los últimos 200 años se han ido produciendo crisis coyunturales en el sistema económico capitalista, que, mejor o peor, se corregían mediante ajustes técnicos; pero hoy, un examente pormenorizado de la actual crisis económica demuestra que no es coyuntural, sino estructural: pero la reforma de las estructuras económicas, pasa por el rompimiento de las leyes del capital y éste hoy, es hegemónico e inamovible y camina hacia sus últimas consecuencias lógicas: máxima acumulación de bienes, optimización de los costos de producción, regímenes de oligopolio, etc. con sus secuelas sociales: alienación del trabajo, legiones de parados, desfase entre la oferta de consumo y las posibilidades reales de consumir, marginación de sectores cada vez mayores de la población, etc.



RUPTURA DEL HOMBRE CON EL SABER



A partir del triunfo de las nociones mecanicistas de la ciencia, se operó un cambio sustancial en ésta: el saber dejó de ser algo universal y se fragmentó en especializaciones horizontes progresivamente más restringidos. La educación integral de los científicos se olvidó y la ciencia se convirtió en una búsqueda ciega y sin conciencia, en la que el desprecio más profundo por la dignidad humana, la seguridad del entorno ecológico y la calidad de vida, se utilizó en beneficio de los intereses de las multinacionales y de los gobiernos: unos y otros preocupados por los problemas de competencia.



El saber -como la economía- ha pasado de ser un instrumento en manos del hombre, a ser una cadena de hierro que marca su esclavitud. Hoy sabemos que la idea del progreso indefinido en falaz y engañosa y que los avances técnicos solo mejoran la vida en sus aspectos más superficiales, sino banales.



Ahora bien, dado el proceso economicista de las sociedades modernas, el saber -que en otro tiempo abarcaba ramas muy diferentes del pensamiento humano- ha quedado reducido al saber científico y éste, a su vez, al saber utilitarista: solo merece ser investigado aquello de lo que puede derivar un beneficio, sin importar cualquier otra consideración ética o moral: los espectaculares avances en biología son significativos a este respecto.



Dado que las humanidades no rinden un beneficio directo, pasan a ocupar un plano muy secundario en la enseñanza y son desvalorizadas por las nuevas generaciones. Idiomas como el latín y el griego, cuyo aprendizaje no es un alarde de mera erudición, sino un instrumento para comprender el significado de las palabras y la génesis de las ideas, desaparecen de los programas de bachillerato. La memoria -ese "músculo" a desarrollar- es estigmatizada por una pedagogía "progresista" y su práctica -que todas las civilizaciones tradicionales han colocado en el centro de su sistema pedagógico- borrada literalmente de los nuevos planes de estudio. El resultado son niños que utilizan constantemente la calculadora para sumar cantidades mínimas y que ignoran todo sobre el origen de su cultura y su pasado. El empobrecimiento humanístico de un saber así concebido, es tan evidente como dramático.



SOLDAR LAS RUPTURAS: PARA QUE HAYA VIDA ANTES DE LA MUERTE



De todas estas rupturas emana una psicopatología social que hace que la humanidad viva una crisis progresivamente generalizada que afecta a las sociedades en tanto que tales y a los individuos aislados en tanto que miembros de unas sociedades en crisis.



Aislando los males es posible evaluar los remedios eventuales. Hay que ver la marcha actual de la civilización, en su tendencia dominante, como una bola de nieve que cae por una ladera arrastrándolo todo y a velocidad progresiva. Parece como si a lo largo de los últimos doscientos años la historia se hubiera acelerado adquiriendo la forma de una curva asindótica en la que las fechas son el eje de ordenadas y el la desintegración el eje de abcisas. Pues bien, la existencia del hombre antes de la muerte, se desenvuelve en ese marco espectral.



Una vida "rota" no es vida, es un sucedáneo de vida. Frente a las rupturas y desintegraciones de hoy no queda más que una vía: recuperar el sentido -etimológico- de lo religioso. La palabra religión procede del latín, "religare", volver a unir. En sánskrito, la palabra "yoga", deriva igualmente de "yug", (raíz que, por derivación directa a dado origen a la palabra latina "yugo", unión) cuyo sentido es idéntico. Al hablar de "religión" nos estamos refiriendo no a dogmáticas concretas, ni a cultos o fés particulares, sino a la recuperación de una sabiduría capaz de reintegrar los distintos aspectos de la vida del hombre en una totalidad holística, en un conjunto unitario. Eso y solo eso, puede ser considerado como verdadera vida.



Solo así la vida recuperará un sentido. Solo así, podremos decir que vale la pena vivir la vida y más aun, que existe una vida antes de la muerte... al menos una vida digna de tal nombre.



© Ernesto Milá – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es