Blogia
INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

CULTURA

Cagliostro: vecino de la Villa y Corte.

Infokrisis.- Escribimos este artículo en 2001, publicándose acto seguido en Nuevos Horizontes. En aquel tiempo estábamos muy interesados por la personalidad de Giuseppe Balsamo y, más especialmente, por su "masonería egipcia" en la que intuíamos el origen del rito masónico de Menphis-Misraïm y, al mismo tiempo, de algunas de las más graves desviaciones de la masonería europea. Nos sorprendió saber que Balsamo, no solamente estuvo en España, sino que visitó Madrid... y su cárcel. Seguimos, entre otras, la mejor biografía de Cagliostro (Las Vidas de Cagliostro de Constantinos Photiades -curiosamente publicada en Barcelona en mayo de 1937 mientras la ciudad se veía agitada por los disturbios entre facciones izquierdistas).



    El ocultismo del siglo XVIII tiene tres nombres señeros, Saint Germain, Cagliostro y Casanova; estos últimos pasaron por Madrid, recibiendo el trato gentil con el que se obsequia a todo visitante. Cuando Cagliostro visita Madrid, todavía no ha sido "recibido" en el Gran Oriente de Francia, ni tampoco ha fundado su Rito Egipcio, pero ya por entonces ha practicado la alquimia en el laboratorio y es un ocultista versado; ha viajado lo suficiente como para haber absorvido conocimientos ocultos de los lugares que ha visitado y empieza a superponerse a su personalidad  de aventurero  y delincuente, aquella otra de mago, brujo e iniciado. Su estancia madrileña supone un punto de inflexión entre  ambos Cagliostros. Más aún: la masonería egipcia, contrariamente a lo que su nombre podría sugerir, se compone de una serie de elementos, añadidos y tradiciones de carácter judío, no cabalístico. Y estos elementos debió adquirirlos, casi necesariamente, en el Madrid del siglo XVIII, donde aun existían núcleos de judíos "marranos", falsos conversos, que seguían manteniendo ritos clandestinos que inspiraron a Cagliostro. Por todo ello, Cagliostro tiene su lugar en el marco del presente estudio.

    Giuseppe Balsamo, había nacido en Palermo, donde era conocido como "Beppo"; a los doce años se fuga del seminario de San Roque donde estaba internado. Sus primeros contactos con el mundo de la alquimia tendrían lugar en el convento de los Benfratelli. Sus constantes faltas de respeto y sacrilegios entrañaron su expulsión. Ya en Roma ejerció de proxeneta, alternando este oficio con la brujería y magia que aprendió con el orfebre Marano. Y es entonces cuando en busca de más conocimientos viaja a Constantinopla, Badgad, Esmirna, Alepo y El Cairo.

    De regreso a Roma, conocerá a la heredera de un fabricante de fajas, Lorenza Feliciani, de espíritu tan aventurero como él, su compañera fiel hasta penúltima hora.  Ambos se forjarán un pasado fabuloso capaz de impresionar a los más nobles y causar reverencia en los simples. Giuseppe Balsamo se dirá alumno de Altohotas, descendiente del jeque de La Meca, hijo putativo de Acharat, último rey de Trebisonda. Al ser destronado éste, su hijo -Cagliostro- debió exiliarse, pero resultó capturado en La Meca y vendido como esclavo a un notable jeque quien lo instruyó en la cábala y le otorgó el título de "Hijo desdichado de la Naturaleza". Las enseñanzas allí adquiridas le darían derecho a utilizar  el título de Gran Copto de Europa  y Asia. Encontró a una cofradía de derviches bailarines turcos, y a los últimos adoradores de Osiris. Fue a Damasco, conoció al sabio Althotas, poseedor de los arcanos superiores y con él llegó a Malta, isla en la que ambos en un laboratorio subterráneo, practicaron la alquimia. Enfrentados, Cagliostro mató a su amigo. Tal fue la génesis legendaria forjada por Cagliostro; es posible que la mayoría de elementos fueran fantaseados a efectos de construir una "leyenda iniciática".

    La realidad del origen de "Beppo" Balsamo era bien diferente: sus padres procedían de conocidas familias palermitadas;  de la familia materna se sabe que su abuela procedía de la familia Cagliostro y su padre era un Bracconieri; utilizaba indebidamente el título de "conde" con el que ha pasado a la historia. El no pretendía que le correspondiera por herencia regular, sino que lo atribuyó siempre a su condición de "noble viajero", con la que siempre quiso entroncar, uniéndose al linaje de Apolonio de Tiana y otros antiguos, y luego, a los peregrinos medievales que hicieron la ruta de Santiago. El mismo realizó el viaje hasta la tumba el Santo Apostol en Galicia. Probablemente se tratase aquí también de una fabulación. Era frecuente que los alquimistas tradujeran sus experiencias en el laboratorio a un lenguaje simbólico en el que el leit motiv era una larga peregrinación. Uno de los maestros intelectuales de Cagliostro, Nicolás Flamel, ya había utilizado el tema del viaje a Santiago de Compostela como excusa para mostrar veladamente las distintas fases el proceso hermético. Cuando le preguntaron a qué escuela pertenecía, la contestación fue simbólica: "...una con muy pocos alumnos; de ahí he atravesado el mar Rojo y Egipto para venir aquí. Había hecho voto de viajar como todos los de su sociedad, por el bien de su sociedad". Solovioff vió en él a un "iniciado desviado", lanzado por el camino de la magia negra y el poder. Nosotros nos adheridos a esta consideración.

    Si, en cambio, están documentados sus viajes sucesivos en ese período a Venecia, Marsella, Madrid, Barcelona, Cádiz, Lisboa y Bruselas. Se desplazaba en su carroza, negra y ornada con blasones rojos; al llegar a una población siempre se ospedaba en el mejor albergue. El atractivo de Lorenza Feliciani, cuyo peinado era extraño y su acento enigmático, contribuían a que excitara la curiosidad de los notables; luego, el propio Cagliostro remataba la obra, realizando la estafa: la realización de un conjuro, la fabricación de un diamante alquímico, lanzar una maldición a un adversario, etc. Hasta ese momento parecían no ser más que un par de aventureros, él muy versado en esoterismo y ocultismo, pero puesto al servicio de sus traperías.

    Según Gustave Ventura Cagliostro era ya franc-masón cuando visitó Madrid. Habría sido iniciado en la logia Secreto y Armonía de Malta en 1766. En caso de ser así, no cabría la menor duda que durante su estancia en la Villa y Corte se parovecharía de su filiación masónica, bien para tomar contactos o bien para dar un impulso a las logias.

    Llegado a Madrid, parece que se ganó honestamente la vida durante un tiempo, entre 1770-71 ejerciendo como dibujante y medrando a costa de su mujer, Lorenza, con la que se había encaprichado el Marqués de Fontanar. Aquí se le conoció como "Marques de Pellegrini", una bahía y un monte palermitanos, única referencia de su origen. Se relacionó con los duques de Alba y no tardó en convertirse en un aficionado al toreo, a cuyas corridas asistía junto con el Marqués de Fontamar. Lorenza, al levantarse, acudía presurosa a satisfacer los deseos del Marqués con el consentimiento de su esposo. Más de medio año duró esta comedia, hasta que la Inquisición amenazó detenerlo. Entonces huyó. Estaba acusado de realizar encantamientos y pronunciar conjuros. Estas mismas acusaciones, de brujos y blasfemos, eran proferidas en las mismas fechas, contra los judíos falsamente conversos, quienes, por lo demás, habían alcanzado a la alta nobleza nadrileña y a la profesión médica, en particular. Resaltamos esto porque eran dos áreas predilectas de trabajo de Cagliostro que suponen una interferencia con el judaismo no cabalista del que el aventurero extrajo lo esencial del Rito Egipcio.

    En 1775, después de un breve paso por Londres, se ve envuelto en escándalos y estafas en  Calais. Viajará a Nápoles en 1775 y ese mismo año volverá a España. En Barcelona se encontrará con problemas y resultará encarcelado después de intentar estafar a un cura. La huida de un turbio asunto de diamantes robados lo llevará a Cádiz y, por segunda vez regresará a Londres. Allí parece otro hombre: se hace iniciar en la franc-masonería el 12 de abril de 1777 en la Logia Esperanza, reunida al efecto en la taberna "King's Head"; un año después, cosa insólita, ya ha alcanzado los más altos grados de la orden, y una notoriedad que hará que los masones de La Haya celebren un banquete en su honor y formen sobre su cabeza la "bóveda de acero" con sus espadas. Conocerá al Duque de Brunswick Gran Maestre de una de las obediencias masónicas y disertará ante él sobre el Gran Arquitecto del Universo. En ese momento está muy cerca de Nuremberg, para evitar contactar con los núcleos rosacruces que se mueven allí cerca de las esferas de poder. será recibido por Federico II y por la más alta nobleza prusiana, como recomendado por el Duque de Orleans, Gran Maestre de la franc-masonería francesa. No son discutibles sus dotes para la adivinación, la profecía y la hipnosis. En Rusia efectuará curaciones milagrosas, igualmente indiscutibles y gozará de la protección del Príncipe Potenkim. También allí practicará la alquimia con el general Yelaguin. En Varsovia realizará una transmutación de plomo en plata; algnos lo denunciarán como falsario, pero siempre subsistirá la duda sobre la veracidad de la operación. En todas estas peripecias siempre visitará los hospitales y a los menesterosos de los lugares que recorría; se duda si era con la intención oportunista de rodearse de una aureola de santidad o bien como acto de bondad. Con Cagliostro los aspectos rufianescos se alternarán con los datos que indican una verdadera búsqueda del conocimiento. En 1785 multiplicó sus curaciones milagrosas; estas no afectaban solo a pobres diablos, sino a la nobleza de su tiempo: la princesa de Nassau, la de Mont Barey, el príncipe Soubise, el duque de Caillus, también a un capitán de dragones, entre las que constante sin duda alguna. Resulta difícil explicar porqué Cagliostro, si tenía vocación solo y exclusivamente de estafador, había dedicado tanto tiempo a la práctica de la alquimia, a menos que él mismo, a partir de un cierto momento, hiciera una dicotomía entre su condición de buscador y su necesidad de subsistencia; ya se sabe que la estafa rinde más que el trabajo constante...

    En 1785 en París funda el Rito Egipcio de la Franc-Masonería, poco después adquirirá gran fama al predecir la fecha exacta del nacimiento del Delfín. Sus procedimientos mágicos más habituales consistían en utilizar a alguién como medium, frecuentemente un niño o una muchacha, quienes miraban en el interior de una copa llena de agua e intuían las formas y las predicicones. Según otras versiones habría sido fundado en 1778 en Bruselas y según otras versiones la funda la Logia Madre del rito Egipcio en Lyon, a lo largo de 1784. El Consejo Supremo del Rito estaría fundador por tres grandes personajes de la sociedad francesa de su tiempo y los nobles hacían literalmente cola para iniciarse en sus logias. También las mujeres recibían de Lorenza, devenida Gran Sacerdotisa y Reina de Saba, su aiento en la frente mientras decía: "Te concedo este soplo para que germine y viva en tu corazón el espíritu de la verdad con los nombres de Helios, Mene, Tetragammaton". Las "síbilas" eran las iniciadas en el Rito Egipcio.

    Habían tardado más de veinte años en alcanzar su sueño dorado: fundar una nueva religión. El ritual de iniciación en su orden implicaba un período previo de ayuno y se realizaba en función del tema astrológico del aspirante. Este, vestido de negro era despojado de él y de sus joyas; recitaba el oficio del Espíritu Santo, mientras los sacerdotes trazaban con sangre de un ave, signos sobre su cuerpo. Debía trazar un círculo con yeso en el suelo y escribir las palabras sagras: Rap, Yob, Oz, Fa, evocando a las cuatro regionesd el universo. Luego penetra en el círculo, invoca al Ser, se postra con las manos en ángulo recto en espera de apariciones. En el vestíbulo de la logia se colocaban colgaduras negras con sserpientes bordadas; se administraban bebedizos a los novicios que los colocaban en una situación psíquica de máxima receptividad. Tres hombres les colocaban una venda ensangrentada en la frente. Todo esto recuerda más a las misas negras que a los ritos propiamente egipcios.

    En Estrasburgo, durante el año 1783, conoció al cardenal de Rohan y a la condesa de La Motte. Pretendió del primero que gestionara el reconocimiento de su Rito Egipcio ante el papa. Rohan esaba enamorado de María Antonieta y Cagliostro prometió que lograría su amor mediante un conjuro. La condesa de La Motte sabedora que dos joyeros habían armado un fabuloso collar para la reina, que ésta había rechazado por considerar que el erario público estaba ya suficientemente sobrecargado, falsificó una carta dirigida a De Rohan, en donde le comunicaba que deseaba verdaderamente el collar. De Rohan lo obtuvo y se lo entregó a la condesa de La Motte. Descubierta la farsa, Cagliostro, Rohan y La Motte fueron procesados. Cagliostro resultó exhonerado, pero su expulsión de Francia fue inevitable. El "asunto del collar" supuso un primer aldabonazo de lo que luego sería la revolución francesa. Cagliostro fue acompañado hasta las puertas de la Bastilla por una multitud delirante, probablemente más que 10.000 personas que lo vitorearon. Esa misma multitud, menos de tres años después volvería a plantarse ante la antigua Torre del Temple para abatirla.

    La aventura de Cagliostro había llegado al cénit. Seguirá estudiando cábala y alquimia en Basilea, pero finalmente cometerá su gran error marchando a Roma. En la corte papal la masonería egipcia había causado profundo rechazo, se percibía en ella un tufo satánico y no hubo más que recurrir a un antiguo proceso abierto contra Cagliostro por falsificación de moneda, incoado más de tres décadas antes, para encarcelarlo en el castillo papal de Sant'Angelo. Juzgado también por herejía, elñ 7 de abril de 1791 un tribunal lo condena a muerte; la pena será conmutada por prisión perpetua, pero no podrá evitar que su libro de rituales "Masonería Egipcia" sea quemado públicamente junto a su mandil masónico, su cordón y demás objetos rituales, en la Plaza de Minerva. Pocos meses después pidió confesión, intentó arrebatar el cinto del cura enviado al efecto y estrangularle con él, pero el sacerdote se defendió con tal furia que logró desasirse; a partir de este momento las condiciones de detención de Cagliostro se endurecieron y murió poco después en San Leon el 26 de agosto de 1795. Había concluido la peripecia del hombre más sorprendente del siglo XVIII.

(c) Ernesto Mulà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar procedencia



El Duque de Warthon y los Clubs del Fuego del Infierno

Infokrisis.- En 1996 elaboramos este artículo que fue reproducido por la revista Próximo Milenio y, posteriormente, nos sirvió como material para el primer capítulo de nuestra obra Gaudí y la Masonería. Recientemente, nos hemos acordado de este artículo al visionar una extraña película producida en los años 60 por la Hamer que lleva precisamente el mismo nombre: "El club del fuego del infierno". Se alude en este artículo a la juventud del Duque de Warthon, importante para nuestro país, pues, no en vano, fue el fundador de la primera logia masónica sobre la Península. En la actualidad, la Logia de Investigación adscrita a la Gran Logia de España lleva el nombre de "Duque de Warthon". Por lo demás, el personaje murió en España y fue enterrado en la abadía de Poblet.



    A principios del siglo XVII la sociedad londinense se encontraba en plena transformación. Si probablemente fue uno de los períodos mas libertinos de la historia inglesa, no hay duda que fue la época en la que se bebieron más y más pintas de cerveza. Las tabernas eran los lugares de reunión de las más variadas asociaciones y círculos intelectuales. Algún crítico ha dicho que las tabernas no es lugar más adecuado para la espiritualidad, sin embargo, fue en esos centros -en la Taberna del Ganso y la Parrilla- donde nació la masonería. Cuando Wren dimitía y los protestantes realizaban su sigiloso entrismo en las logias, en algunas tabernas de alta alcurnia se concentraban jóvenes libertinos con ganas de alternar orgías con bromas pesadas. Se llamó a estos centros "Hell Fire Clubs", Clubs del Fuego del Infierno. Para hacer gala a su nombre, blasfemar era una obligación a la que se comprometían sus miembros; ateos impenitentes, se daban a sí mismos nombre "iniciáticos" relacionados con sus cualidades amatorias ("Jhonny pijo largo", "Lady Vagina", "Mary Orgasmos", etc.) e imponían a sus miembros un brindis al diablo en noche de luna llena y en el interior de un cementerio, como rito de admisión. A partir de 1720 los Clubs del Fuego del Infierno experimentaron un crecimiento espectacular en un tiempo que la masonería seguía casi con sus mismos efectivos que a principios de siglo.

    El ídolo de todos estos clubs no era otro que el joven Duque Philip de Warthon. Se trató de un personaje, oportunista, provocador, alcohólico, libertino y, globalmente, depravado. Sus vaivenes políticos le llevaron de jurar fidelidad a Jacobo III en Avignon, cuando apenas tenía 18 años, aprovechando la ocasión para sacarle 2000 libras a la viuda de Jacobo II, en Saint Germain, que hicieron de él el mejor conocedor de los burdeles de París. Pero nada le impidió, de regreso a Inglaterra, tomar partido por la causa contraria. Su comportamiento fue progresivamente más escandaloso, sin duda, trastornado por su progresivo alcoholismo. Tan escandaloso comportamiento, conocido de todos, no fue óbice para que fuera admitido en la masonería. No tardaría en crear problemas a la recién creada institución.

    Se ignora la fecha en la que Wharton ingresó en la masonería, se sabe, eso sí, que logró escalar, muy pronto, hasta la cúpula. El 25 de marzo de 1722, la Gran Logia de Londres sostuvo la candidatura del Duque de Montagu para ocupar el cargo de Gran Maestre. Montagu no era santo de la devoción del Duque de Wharton, así que éste tomó la iniciativa para impedir la elección. Clavel, historiador masónico por excelencia, cuenta la significativa anécdota: "El 21 de junio [Wharton] convocó una gran asamblea, para la cual había hecho preparar un suntuoso banquete. Estando ya en los postres, y por consiguiente, cuando ya las cabezas estaban algo acaloradas con los vapores del vino, que se había servido con profusión, los partidarios de Wharton, tomando a un tiempo la palabra, atacaron vivamente la reelección del Duque de Montagu, que reputaron como un acto impolítico y suficiente para desalentar a los hermanos, cuyo acto e influencia social podían ser empleados en beneficio de la masonería (...) Los partidarios de Wharton obtuvieron un triunfo completo, resultando aquél elegido pro unanimidad".

    Todo volvió a la normalidad cuando la Gran Logia declaró nulo e irregular un procedimiento tan expeditivo de nombrar Grandes Maestres que había fraccionado en dos a la masonería. Montagu se comportó moderadamente y, en la asamblea convocada para resolver el contencioso, renunció a su cargo en beneficio de Wharton. Clavel explica que "su administración fue sumamente favorable para la sociedad. El número de logias se aumentó considerablemente en Londres y en los demás condados y la Gran Logia se vió obligada a crear el oficio de Gran Secretario, a fin de poder despachar la correspondencia" .

    En junio de 1725,Wharton, viajó al continente y tomó contacto con los medios jacobitas romanos y españoles. En 1728, llegó a España y junto con otros ingleses residentes en Madrid fundaría la logia "Las Tres Flores de Lis", situada en la fonda del mismo nombre, en la calle San Bernardo, esquina con la calle de la Garduña. La logia es conocida como "Logia Matritense"  e, históricamente, a pesar de que algunos hayan puesto en duda su existencia en los últimos tiempos, puede ser considerada como la primera logia establecida en España. A fines de 1728 volvió a Francia y permaneció en París entre septiembre de 1728 y abril de 1729, federando varias logias existentes en la capital del Sena. Wharton es tenido por algunos, como el primer Gran Maestre de la Masonería francesa. En 1729 regresó a España muriendo en el monasterio de Poblet.

    Por motivos que se desconocen, su nombre fue borrado de las Actas de la Gran Logia de Inglaterra en 1768. Wharton murió al poco tiempo con el cuerpo desgastado por todo tipo de excesos. Su recuerdo se mantiene aun en la masonería española cuya Logia de Investigación lleva su nombre.

    A pesar de esta tarea misional en España, el Duque de Wharton pasará a la historia por ser el representante mejor conocido y más representativo de los "Clubs del Fuego del Infierno". Puede entenderse entonces el interés que puso el pastor Anderson y Teófilo Desaguliers en denunciar a los "estúpidos ateos" en sus "Constituciones". Efectivamente, el Artículo I del reglamento establecido por en 1723 obligaba al masón "a obedecer a la ley moral; y si comprende bien el Arte, nunca será un estúpido ateo ni un religioso libertino". Estas frases han hecho verter ríos de tinta, pero, conociendo el dato de los Clubs del Fuego del Infierno, mas parecen dardos dirigidos contra el Duque de Wharton que principios dictados por la tradición ancestral de los maestros masones, como hubiera sido de esperar.

    El 20 de abril de 1721, el dean de Windsor, un proyecto de ley contra los clubs blasfemos. El proyecto era excesivamente radical y permitía perseguir a cualquier indiferentista religioso o disidente de la iglesia anglicana. Wharton fue el principal opositor con que contó dicho proyecto. En ese ocasión actuó como un cínico redomado. Extrajo una biblia del bolsillo y leyó distintos fragmentos de los Hechos de los Apóstoles, adoptando las poses de un predicador. El proyecto fue rechazado y el propio duque blasfemó a gusto esa misma noche en su Club.

    Un año después de estos episodios Wharton ingresaba en la masonería y se hacía elegir Gran Maestre, bajo la tutela, bien es cierto, de Teófilo Desaguliers quien le impidió que condujera la masonería, como conducía cualquier otro asunto propio, desordenadamente. Al cabo de pocos años, desposeido de su cargo, terminó siendo expulsado de la masonería, su mandil, guantes y joyas quemados ritualmente. Fundó una asociación, la de los "Gorgomones", en la que caricaturizó a la masonería. Abandonadas las Islas Británicas, volvió a contactar con el pretendiente jacobita. Más tarde hay que ubicar su peripecia española. Murió a los 33 años con el hígado deshecho. Anderson y Desaguliers quisieron asegurarse estatutariamente de que nadie de las mismas características volviera a ostentar un alto cargo en la Orden.

    Para Wharton la exaltación del mal, la hebriedad y lo satánico, no parece que fuera otra cosa que un ejercicio diletante. Más adelante el affaire Taxil, si bien volvió a unir el nombre de la masonería al del satanismo, demostró ser igualmente fatuo (aunque no para todos, como veremos).

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción sin indicar origen.

Historia del oro: de símbolo divino a objeto de mercado

Infokrisis.- El oro siempre ha movido al mundo. Entendido como símbolo de lo divino o instrumento de riqueza y poder, ayer y hoy, todas las civilizaciones han girado en torno al oro. A lo largo de 7000 años siempre ha existido una aureola mágica sobre este metal. Vamos a seguir los jalones más importantes de la historia del oro. Presentamos este artículo escrito hace más de 10 años y que fue reproducido en varias revistas impresas.

EL ORO COMO SIMBOLO

Si el oro ha sido considerado siempre como símbolo de la perfección es, en tanto que su aspecto exterior y su color, evocan la naturaleza del Sol. Las civilizaciones pueden dividirse en dos categorías, las que hacen del Sol, lo Masculino, el Oro, el Fuego, el elemento sagrado y aquellas otras que ven en la Luna, lo Femenino, el Agua y la Plata, sus coordenadas sagradas. Míticamente los primeros proceden de troncos nórdico-polares (los hiperbóreos griegos), mientras que los segundos proceden de la civilización Atlante en la que abundan los recuerdos relativos a lo femenino (de ahí surgieron las amazonas, la última reina de la Atlántida fue una mujer y la causa del cataclismo se atribuyó a la práctica de la magia telúrica).

La inalterabilidad del oro (se han encontrado doblones de oro en galeones hundidos hace trescientos años, que brillan como cuando fueron embalados), su brillo y color, llamaron la atención del hombre antiguo que vió en él la quintaesencia de la pureza y majestad. Pero fueron los griegos quienes más depuraron estas nociones simbólicas.

EN LA MITOLOGIA CLASICA

Desde la Edad del Cobre (del 4500 al 2100 a. de JC) el oro era ya considerado sagrado. Se extraía en Africa, Asia y Europa. Se han descubierto adornos de oro en tumbas y objetos funerarios. El oro garantizaba que el alma del difunto sería conducida hasta el Sol. Egipcios, babilonios, persas e hindúes, sostuvieron concepciones análogas mucho más elaboradas.

Griegos y romanos afirmaron que sus dioses estaban hechos de oro. Cuando Zeus quiere seducir a Danae, se metamorfosea en lluvia de oro para penetrar en la torre de bronce donde está encerrada. Hubiera bastado con una lluvia normal pero la naturaleza divina de Zeus, obligaba a que fuera de oro. Perseo, nacido de esa lluvia de oro, tiene por descendiente a Hércules, el héroe cuyo último trabajo consistió en robar las manzanas de oro de las Hespérides. Homero afirma que la túnica, el látigo y la balanza de Zeus son de oro, como también el escudo de Apolo, el caduceo de Hermes, el frontal de los caballos de Ares, las ruedas del carro de Hebe, el látigo de Poseidón, las riendas de Artemis, la sandalias de Atenea, las alas de Iris, el palacio de Helios, la espeda de Crisaor, el collar utilizado por Hefesto para la boda de Harmonía, y así sucesivamente. La categoría divina se mostraba por algún atributo de oro.

Otro tanto ocurrió en Roma. Los primeros romanos despreciaban el uso individual del oro y gozaban contando historias en las que los ambiciosos quedaban denunciados y condenados. Tarpeya, joven romana, abrió las puertas del Capitolio a los sabinos venidos a saquear la ciudad. Tarpeya se percata que los guerreros sabinos llevan brazaletes de oro en el brazo junto al escudo, y solicita estas joyas para pagar su traición. El rey sabino finje entenderla y ordena a sus guerreros que le entreguen todos sus escudos. Sumergida bajo un mar de escudos de hierro, Tarpeya muere asfixiada. Con más respeto, los romanos se enorgullecerán del Domus Aureo (Casa Dorada) que Nerón, en la cumbre de su popularidad, hizo construir en la colina Esquilina. El edificio, destinado a glorificar a Mitra, el dios del Sol, según Suetonio "estaba cubierto de oro incrustado de piedras preciosas".

LOS JUDIOS Y EL ORO

La caricatura que hace de los judíos impenitentes buscadores de oro, se basa en datos ciertos llevados al límite. En realidad, ya en el Antiguo Testamento queda claro que los judíos tienen una afición particular al oro y le conceden un valor terrenal, a diferencia de otras tradiciones para las que solo es un símbolo de lo divino.

El Edén, según el Génesis, está regado por el Río Ofir compuesto por cuatro brazos, "El primero se llama Pisón; y es el que rodea toda la tierra de Evila, donde abunda el oro; un oro muy fino". Se insiste que Abraham es rico por que tiene oro y rebaños. La Biblia llega a detallar el peso de las joyas que recibió Rebeca. Cuando abandonaron Egipto, los judíos pidieron a los egipcios regalos de oro para conmemorar su partida. Luego, en el desierto, forjaron un becerro de oro que Moisés, contrariado, destruyó como ídolo pagano que era. "Israel !ahí tienes a tu dios!" había exclamado el pueblo judío cuando vió el becerro. Más tarde, deseoso de crear símbolos sagrados, e iniciado en la religión egipcia, intentó elevar el oro a la categoría de objeto sagrado. El mismo dice haber recibido instrucciones precisas de Yavhé para construir el Arca de la Alianza, recubierto de oro por fuera y por dentro. Moisés destruyó el becerro, pero no el oro; se limitó a triturarlo y arrojar el polvo al agua que había de beber su pueblo; se dice que desde ese día el dios del oro permanece en los corazones del pueblo judío.

En realidad, el culto al becerro de oro volvió a repetirse en tiempos de Jeroboan quien erigió dos de estos ídolos en Bethel y Dan. David conquistó todo el oro de los rivales con los que se enfrentó y Salomón recubrió el sancta-santorum del templo con oro, tanto exterior como interiormente. Moisés como los Reyes de Israel procuraron elevar el oro a símbolo divino, pero existió siempre, en el seno del pueblo judío, una tendencia a ver en el oro un simple instrumento laico de poder.

EL ORO Y LA ALQUIMIA

El alquimista árabe Artefio explica que "el sol vivifica la tierra y algunos de sus rayos, al penetrar más profundamente en su seno, se condensan en ella y dan nacimiento a un metal refulgente, amarillo, es decir, el oro consagrado al astro del día"...

Entendemos por alquimia la ciencia tradicional que busca la transformación del ser humano utilizando símbolos y alegorías relacionadas con la metalurgia. Doctrina de realización del ser enunciada en forma de metafísica, pero también práctica operativa, cada fase de la transformación del ser humano tiene su equivalente en operaciones químicas bien concretas. No se trata solo de alegorías o aproximaciones simbólicas, sino de realidades tangibles.

La alquimia afirma que el hombre es "plomo opaco que puede transformarse en oro resplandeciente". La doctrina alquímica afirma que todos los metales caminan hacia su estado de perfección natural  -el oro- madurando en el interior de la mina. El alquimista, mediante sus manipulaciones, acelera la obra de la naturaleza. Los alquimistas sostenían que todo el universo y los seres vivos están formados por una sola y misma materia con distintos niveles de vibración. El mundo mineral es materia con un alto nivel de densidad vibratoria, mientras que el espíritu es materia sutilizada.

Mediante una serie gradual de operaciones, el alquimista manipulaba una materia prima (un sulfuro metálico, habitualmente el bisulfuro de antimonio o el sulfuro de hierro) que depuraba progresivamente y que corresponde a su espíritu. La última fase de las operaciones lleva a la obtención de la "piedra filosofal" que permitía transformar plomo en oro. La piedra filosofal es, químicamente, un catalizador que permite acelerar la transformación que la naturaleza realiza, lenta, pero expontáneamente. Para el alquimista es, apenas, un indicativo de que ha alcanzado el "Magisterio".

Historicamente existen unas decenas de casos de transmutaciones metálicas incuestionables. Nicolás Flamel en París, Ramón Llull en Londres, Sendivogius en Praga, Ireneo Filaleto, Bernardo Trevisano, Fulcanelli, etc., etc. afirmaron poder fabricar oro en el crisol. Y lo demostraron.

EL GLIFO, GUARDIAN DEL ORO TEMPLARIOS

Cerca de las capillas y encomiendas templarias siempre han aparecido unas estrañas esculturas. Las hemos visto en la encomienda templaria de Figeac (centro de Francia) y también tenemos restos en la Capilla templaria de Barcelona en la calle Ataulfo. En ocasiones lo que algunos ocultistas han querido identificar como representaciones del Baphomet", el ídolo templario, son, en realidad, Glifos, un extraño fetiche.

Según el "Fisiólogo", el Glifo es "el ave más grande de todas las del cielo. Cuando se yergue el sol sobre las profundidades marinas y alumbra el mundo con sus rayos, el glifo extiende sus alas y recibe los rayos del sol. Y otro glifo se alza con él y ambos vuelan juntos hacia el sol poniente, tal y vuelan juntos hacia el sol poniente". A su vez, el Bestiario de Cambridge, lo describe: "... es un cuadrúpedo con alas. Esta especie de animal salvaje nace en las zonas de Hiperbórea. Todos los miembros de su cuerpo son como los de un león, pero sus alas y su rostro son como los de un águila". Otro tratado medieval explica que "En la India están las grandes montañas de oro y piedras preciosas y otros tesoros en abundancia. Pero ningún hombre se atreve a acercarse a ellas, debido a los dragones y a los grifos salvajes".

A partir de estos tres textos se entiende la importancia que concedían los templarios a estos animales mitológicos: tenían la naturaleza regia y solar (eran un mixto de Aguila y León, reyes de las aves y de los animales), y eran por tanto, similares al oro. Eran los guardianes del oro. Los templarios explicaban que el glifo olía el oro y cuando lo descubría lo guardaba ante cualquier intruso. Por eso los templarios lo colocaban en las puertas de sus encomiendas. Hoy los glifos siguen custodiando el oro templario. Ni uno solo de sus tesoros han sido hallados.
Los tesoros templarios se consideran malditos. El glifo proyecta su amenazante silueta sobre quienes han intentado encontrar el oro de la Milicia del Temple a partir del 5 de octubre de 1307, cuando el rey Felipe el Hermoso destruyó la Orden. Ni un solo cofre de oro fue encontrado en las 9000 encomiendas que la orden poseía en toda la cristiandad.

Una tradición explica que Jacques de Molay, Gran Maestre de la Orden, pudo hablar con su sobrino Guichard de Beaujeu y le comunicó algunos secretos. Beaujeu abrió la tumba del anterior Gran Maestre y encontró una reliquia de San Juan Bautista y los archivos templarios. Con ellos Beaujeu encontró la corona de los reyes de Jerusalén, la Ménorah o candelabro de los siete brazos, los cuatro evangelistas de oro que figuraban en el Santo Sepulcro. En el coro del Templo encontró dos capiteles que basculaban y dejaban dos abiertas dos columnas huecas repletas de oro. Jacques de Molay indicó que ese oro debía servir para resucitar la Orden del Temple.

Robert Charroux sostiene que el tesoro templario está escondido en las inmediaciones del castillo de Arginy en el Departamento del Rhône. Louis Charpentier, por su parte, lo sitúa en el Bosque de la Espina al Este de Francia, escondido en las zonas pantanosas o incluso bajo una laguna artificial. Nuestro amigo, recientemente fallecido, el profesor Jacques de Mahieu, defiende la hipótesis de que los templarios embarcaron su oro en el puerto de La Rochelle y consiguieron hacerlo llegar a la desembocadura del Amazonas.

Sea como fuere, el tesoro del Temple sigue hoy escondido, casi setecientos años después de su ocultamiento, y guardado por celosos glifos.

LOS TESOROS PERDIDOS


Históricamente, sobre el oro siempre ha recaído una especie de maldición. En la mitología nórdica, los nibelungos, custodios del oro del Rhin, son seres oscuros y telúricos, alejados de la luz del sol; seres malditos y segregados. Aquel oro está sometido a una maldición. Quien lo encuentra, sucumbe.

En realidad, el mito es universal: quien utiliza y ambiciona el oro como un bien material, antes o después, sufre la maldición; el oro, sostienen todas las tradiciones es un símbolo y encarna la naturaleza regia y solar. No es un bien de consumo y quien así lo considera se hace acreedor de la maldición.

Antes del siglo XVI el oro era extremadamente raro en Europa. Antes de 1493 se calcula que circulaban por Europa 90 toneladas de Oro y una cuarta parte estaba escondido o perdido. Entre 1493 y 1600, llegaron de América 754 Tm. de oro y 22.000 de plata. Esto produjo una hecatombe económica.
A partir de Colón todos los conquistadores buscaron oro afanosamente. Colón justificaba este interés con unos argumentos, mas bien peregrinos: "El oro es algo excelente. Es lo más deseable en el mundo. El oro puede conducir al paraiso si se emplea en encargar misas"...

Las minas de Perú, Colombia, Brasil y Méjico, enriquecían considerablemente los tesoros de España, Francia e Inglaterra. Pero también una parte iba a parar a manos de los piratas. En el período mencionado llegaron a España 700 Tm. de oro, 200 se perdieron en el curso de tempestades y 100 (el 10%) fue robado por piratas. Ingleses y holandeses intentaron conquistar el oro de nuestros galeones.

El 21 de octubre de 1702, el puerto de Vigo fue atacado por una inmensa flota anglo-holandesa cuyo objetivo era el saqueo de 19 galeones de tres puentes que transportaban varias toneladas de oro. Treinta mil asaltantes alcanzaron el puerto. El General Velasco, gobernador militar de la plaza, consiguió evacuar una parte (1500 carretas llenas de oro según unas fuentes y 3000 para otras) e incendiar el resto de los galeones. Los asaltantes lograron solo sustraer una mínima parte del botín y en total España perdió 200.000 libras esterlinas de oro. Un buscador francés, Florent Ramaugé, buscó el resto del tesoro en las inmediaciones de las Islas Cíes entre 1945 y 1962. Un militar español, preso de los ingleses, el almirante Chacón, estimó que se habían hundido en la zona el equivalente a 5000 carretas.

Se trata solo de un ejemplo: en cada zona costera existen leyendas (o realidades) de tesoros hundidos o robados por piratas que, a su vez, los perdieron. En el Pirineo, los bandoleros catalanes solían esconder sus botines en el interior de árboles huecos, frecuentemente robles o encinas. Muchos de ellos, posteriormente, fueron detenidos y ejecutados; la ubicación de los botines se perdió. Bruscamente, la suerte de un fabricante de carbón vegetal, cambiaba. Habiendo cortado el árbol que contenía el botín y tras intentar hacer con la madera carbón vegetal, encontraba al día siguiente de la operación, monedas y joyas a medio fundir. Hasta que se extinguió la profesión de carbonero, menudearon este tipo de felices hallazgos.

Existe toda una geografía de los tesoros perdidos. Una abundante industria ofrece herramientas e instrumentos de búsqueda para quien quiera emprender tan la lucrativa aventura de la búsqueda. En Francia existen varios clubs de buscadores de una actividad que es considerada por sus practicantes como una especie de deporte de aventura.

LA DEGRADACION DEL ORO. EL ORO COMO MEDIDA

Las civilizaciones modernas son, en síntesis, la inversión completa de las antiguas, no solamente en su estructura y funcionamiento, sino también y, sobre todo, en su escala de valores. El oro que siempre ha sido apreciado por su valor, solamente a partir del triunfo de la burguesía y de su concepción economicista, ha sido deseado por su valor exclusivamente económico.

En la actualidad los cantos de las monedas se limitan a ostentar una serie de estrías, resto degradado de los signos sagrados que habían ostentado a modo de protección y también para "contener" el valor exclusivamente económico del metal. Estas civilizaciones tradicionales giraban en torno a lo sagrado e incluso la vida económica estaba sometida a lo sagrado. Piénsese que en las ciudades romanas el "foro" era el lugar de intercambios económicos y, al mismo tiempo, donde estaban situados los templos y lugares de culto.

Tras la revolución francesa de 1789 y el movimiento liberal que triunfó en toda Europa a lo largo del siglo XIX, fue un movimiento laico, progresivamente alejado de lo sagrado. Y así el monstruo que hasta entonces había sido contenido -la economía- se desencadenó y alcanzó vida propia. El oro pasó a ser un instrumento de medida, un patrón monetario. Antes, en el siglo XVIII, ya se había producido el tránsito hacia una sociedad regida por los valores burgueses en Inglaterra. John Locke propuso que la plata fuera adoptado como patrón monetario, pero Jorge III se decantó hacia el oro: "La moneda -escribió- debe ser el rasero fundamental por el que se midan los bienes y tiene que ser constituida por un solo metal, que solo puede ser el oro".

Cuando los Estados Unidos de América obtengan la independencia y deban optar por una moneda, hablarán en su Constitución por la de oro y plata. Inicialmente, el dólar fue fabricado indistintamente en piezas de oro y plata. El "bimetalismo", a partir de entonces tuvo un período de expansión.

En Londres ya en el siglo XVII se advertía que el uso desgastaba las piezas de plata y que éstas perdían peso y valor. Al producirse la Revolución Francesa grandes cantidades de plata huyeron del continentes hacia Inglaterra. Comerciantes espabilados compraban plata a bajo precio y los transformaban en moneda. El gobierno británico prohibió la acuñación de monedas de plata, mientras que seguía permitiendo la del oro. Sucesivas leyes irán limitando la acuñación del oro. En 1821 la Banca de Inglaterra está dispuesta a reembolsar en metálico todos los billetes que le puedan ser presentados al cobro; y lo hará en oro. A partir de esa fecha el oro es un patrón monetario.

Es el triunfo del oro. Pero también su gran degradación. De símbolo de la realeza y del poder, imagen de lo divino y de sus cualidades, ha pasado a ser medida de la materia y objeto de un culto laico y fetichista.

Aquí no hay poesía posible. Ni siquiera el oro es un valor absoluto en las relaciones económicas. La posesión de oro, ni siquiera supone una buena salud económica. Existe un "oro virtual", formado por todo el paquete de objetos económicos de nuevo cuño: crédito, acciones, dinero de plástico, etc. No siempre las economías de los distintos países se corresponden con las reservas de oro de esos mismos países. En buena lógica lo que crea riqueza en una nación es su capacidad industrial y de trabajo, junto a sus reservas en oro. Pero en la práctica no es así. La movilidad industrial y el desplazamiento del sector industrial a zonas concretas del Tercer Mundo, ha hecho que los países occidentales vean progresivamente disminuida su capacidad de producción de bienes, mientras aumenta la capacidad de consumo. Las oscilaciones en la Bolsa y los vaivenes especulativos se deben más a cuestiones psicológicas que a la situación real de las fuerzas económicas y productivas.

Se diría que la economía de nuestros días es un gigante que ha escapado a cualquier lógica y control y que ya nadie puede contener. El oro, en este contexto, ha perdido su valor económico central (el valor simbólico-religioso se fue diluyendo a partir del siglo XVI). El oro fue ayer considerado como un valor por sí mismo y en sí mismo. Más tarde fue un medio para alcanzar un fin, el enriquecimiento de sus poseedores. En la actualidad es, fundamentalmente, un objeto vanal de ostentación.

Triste destino para un metal tan noble.


RECUADROS FUERA DE TEXTO

LOS TESOROS MAS GRANDES DEL MUNDO... POR RESCATAR

- Tesoro maya enterrada en Chichen Itza en la península del Yucatán. Pizarro y sus conquistadores lo buscaron vanamente.

- Tesoro de San Fernando procedente de un galeón español hundido en 1597 en la Isla de Santa Lucía.

- Tesoro de Bobadilla compuesto por el oro de 25 naves y galeones del gobernador Ramón de Bobadilla con miles de kilos de oro, naufragado en el cabo del Engaño.

- Tesoro de los Jesuitas, enterrado ne la isla de Pinaki, en Oceanía. Sesenta peldaños de coral marcan su ubicación.

- Tesoro del Tubantia, buque de transporte torpedeado a media milla del faro de Noord Hinder, con 40 tm. de oro.

- Tesoro del crucero Hampshire, compuesto por 10 millones de libras de oro, hindido en 1916 al oeste de las islas Orkney.

- Tesoro de Lobenguela (Zambezi), compuesto por un número alto, pero indeterminado de sacos con oro, diamantes y marfil.

- Tesoro Hope formado por un cargamento de oro en un buque estrellado contra las rocas en 1827 en Tasmania.

- Tesoro de Lac Payao, hundido en el lago de este nombre en Thailandia.

- Tesoro de Rennes-le-Château (Francia), procedente de familias de la región de los Pinineos, escondido durante la Revolución. Frecuentemente se le ha confundido con el teroso de los merovingios, escondido en las inmediaciones de Lambres (en el Norte de Francia).

- Tesoro de Vercingétorix, de procedencia celta, amasado por los duidas y escondido en las cercanías de Clermont Ferrand.

- Tesoro templario, ubicado en no menos de una docena de lugares de Francia (en Saint Martin de Vence, Pommier, Trigance, el Bosque de la Espina, en Dordogna, y especialmente en el castillo de Arginy).

INVENTARIO DEL ORO OCULTO. SOLO PARA BUSCADORES DE TESOROS

Robert Charroux, presidente del Club Internacional de Buscadores de Tesoros inventarió cerca de 600 tesoros de oro desaparecidos que están a la espera de que alguién los localice:
    Tesoros artísticos ....................................  1
    Tesoros en tumbas .....................................  3
    Tesoros ubicados en ciudades o edificios en ruinas ....  5
    Tesoros religiosos .................................... 10
    Tesoros reales perdidos ............................... 13
    Tesoros escondidos por buscadores de oro .............. 14
    Tesoros de guerra ..................................... 20
    Tesoros templarios .................................... 25
    Tesoros perdidos en éxodos, revoluciones, exilios ..... 26
    Tesoros legados pero no heredados ..................... 26
    Tesoros legendarios con base presumiblemente histórica. 31
    Tesoros robados por piratas y bandidos y no hallados .. 45
    Tesoros de tradiciones no controlables ................130
    Tesoros tragados por los mares ........................250

ORO: FICHA TECNICA

Datos físicos:
    - Densidad 19,5
    - Masa atómica: 196,967
    - Punto de fusión: 1.064º
    - Cristaliza en forma de cubos (como todos los metales míticos: hierro, plata, cobre y el diamante)
    - Atomo formado por 1 electrón en la última órbita y 18 en la penúltima. 79 protones en el núcleo (el plomo tiene 82)
Características físicas:
    - sumamente maleable y dúctil (es posible malearlo y darle forma de chapa, hilo, lingotes, etc.)
    - con 30 gramos de oro pueden formarse 30 metros cuadrados de pan de oro o un hilo de 90 km.
    - buen conductor eléctrico y aislante térmico.
Características químicas:
    - el oro es prácticamente inalterable.
    - solo el agua regia (ácido clorhídrico más nítrico) es capaz de disolverlo.
    - en la "Tabla Periódica" de Mendeleiev el oro está situado entre el platino y el mercurio.
Características naturales:
    - Todos los minerales se formaron cuando la tierra era una bola incandescente. Al irse enfriando, los metales con mayor peso específico se concentraron en dirección al núcleo central. Los más ligeros se fueron depositando en la superficie. A partir de entonces, el oro está disperso entre rocas de distintos tipos: granito, cuarzo, silicio, etc.
    - El oro jamás se encuentra en estado puro. Aparece aleado con el plomo en la galena, con cinc en la blenda, con hiero o cobre en las piritas, con el antimonio en la estibina (la materia prima de los alquimistas) y en llacimientos de mercurio. Cuando está aleado con plata y adquiere una tonalidad blanquecino-amarillenta, se le llamaba "elektron", por similitud con el ámbar.
    - Se encuentra también en forma de pepitas, cristales redondeados de diversos tamaños que han sido arrastrados por las aguas. No necesariamente son minúsculas; se han hallado de 50 y hasta de 92 kg.
    - La corteza terrestre encierra la centésima parte de un gramo de oro por tonelada de rocas. En las aguas marinas, se encuentran sesenta miligramos de oro por cada metro cúbico de agua.
_______________________

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar procedencia

El Club de la Lucha (II de II). Nada nuevo bajo el sol

Infokrisis.- Quizás será por el gripazo que nos tiene todavía atenazado y que ha imposibilitado el que nuestro celebro funcionara normalmente este fin de semana, pero al terminar estos comentarios sobre El Club de la Lucha, no hemos quedado plenamente satisfechos. Hay algo en esta película que creemos que todavía se nos escapa, por lo tanto no puede extrañar que en los próximos días lo modifiquemos. El hecho de que precisamente nuestra hija esté en estos mismos días preparando un trabajo sobre esta película, centrándose especialmente en el desdoblamiento de personalidad, nos obligarán, sin duda, a completar y rectificar estas notas, en cualquier caos, provisionales.

3. El primer tercio de El Club de la Lucha: nada nuevo bajo el sol

Aparentemente, la interpretación de la película es bastante simple y puede llegarse a ella a través de una serie de escenas clave dispersas a lo largo de los 138 minutos de proyección. Edward Norton, el narrador, “Jack” es un probo empleado de seguros con unos ideales cool a la altura de su trabajo: unos calzoncillos de marca, muebles suecos, el último equipo de hi-fi, etc. Nota que falta algo en su vida y, lo que es peor, es insomne. Solamente recuperará la capacidad del descanso cuando se convierta en adicto a los grupos de autoayuda. Abrazado “Bob Paulson” (interpretado por Meat Loaf), un gigantón, al que le han extirpado los testículos y el tratamiento le ha causado un aumento desmesurada en el volumen de sus mamas, ambos lloran desconsoladamente, y ese llanto parece tener un efecto catárquico y liberador que, a partir de ese momento puede dormir de nuevo. No importa que simule sus dolencias para poder integrarse en los múltiples grupos de autoayuda. Sin darse cuenta se ha convertido en adicto a estas sesiones: “Si no decía nada, todos presuponían los peor, cuanto más lloraban ellos, más lloraba yo”. “Jack” busca la calidez humana que echa en falta en su vida convencional y a encuentra en estos grupos terapéuticos de autoayuda.

En esta primera parte, el director y el guionista se toman mucho cuidado en caricaturizar la vida de “Jack”: todo en ella es falsedad e “imagen” (contracción voluntaria de nuestra personalidad que, en el mejor de los casos, es un reflejo de la misma y en el peor una pura construcción ficticia). La vida social,  en gran medida, es una mentira, todos vivimos más o menos con algunas mentiras en torno nuestro. Esas mentiras sirven en la medida en que son tranquilizadoras y contribuyen a crear un “entorno amigable” para la vida: son puntos de referencia, nuestros y de los que nos observan, para poder situarnos en el mapa de la sociedad, medirnos, clasificarnos y archivarnos como amigos o como enemigos. En una película de Alberto Sordi, éste asiste a un funeral pero, a pesar de sus esfuerzos, no logra llorar por el difunto. Bruscamente, se imagina que él es el muerto y entonces le asalta el más desconsolado de los sollozos. Una mentira imaginada ha hecho que actúe como espera que lo haga alguien que acude a un velatorio. De no haberlo logrado, se habría convertido en foto de maledicencias: Sordi optó por salvaguardar su imagen.

Al mismo tiempo esas mentiras constituyen la cobertura más habitual al nihilismo. El consumo ayuda a evitar el recordatorio de que el hombre es un “ser para la muerte”. Todos los usos sociales, todas las convenciones, todas las falsas esperanzas (consumo, religión, política, hobbys, modas) tiene como objetivo ofrecernos clavos a los que asirnos para evitar descubrir el sinsentido de la vida. Se puede perder la fe, pero queda el consumo, entonces aparece una nueva fe; se puede eludir el hecho nada tranquilizador de que cada día que pasa es uno más de nuestra vida, pero siempre queda dar un sentido a la vida, trabajando para consumir. Así se cubren los tiempos muertos en donde podría asaltarnos la certidumbre de que en este valle de lágrimas, palmamos todos. Hablar sobre el último Tommy Hilfigher nos evita discurrir sobre el futuro. Atribuir algún valor superior a los Calvin Klein sobre los antiguos calzoncillos de felpa hasta los tobillos, nos mantiene entretenidos. El nihilismo que siempre planea en torno nuestro, parece diluir toda su carga intranquilizadora siempre que nuestra vida circule lo suficientemente rápida como para que la irrupción del nihilismo quede taponada en cada momento.

Por eso “Jack” duerme: las desgracias de otros, experimentadas en los grupos de autoayuda, sus catarsis liberadoras le ayudan a sobrevivir hasta que conoce a dos personas que cambiarán su vida. Una de ellas es “Marla Singer” (interpretada por Helena Bonham Carter, actriz a la que los papeles de colgada y toxicómana le van como un guante). “Marla” y “Jack” se cruzan en muchos grupos de autoayuda, ella también es una adicta. Bruscamente, el efecto benéfico de estas catarsis se disipa en “Jack”: sabe que hay otra persona en el grupo que miente como él y que, a su vez sabe, que él también está mintiendo. A partir de ese momento, la relación entre amos será tormentosa y hostil: “si tuviera un tumor lo llamaría Marla”, llega a decir “Jack”  en un momento dado de la película.

Pero en el curso de uno de los muchos desplazamientos, “Jack” conoce a un tipo excepcional “Tyler Durden”. “Tyler” es el anti “Jack”. Allí donde éste es trabajador, comedido, educado, cuidadoso con su imagen, “Tyler” es un completo desmadrado, trabaja –fabricando jabón- para vivir y reside en un destartalado inmueble en una zona abandonada, próximo a una zona de residuos tóxicos. Desde el primer momento, “Tyler” señala cuál es el problema de la modernidad: el consumo. Consumir genera en el consumidor una fuga de sí mismo. Deja de ser él, para identificarse con el objeto consumido. Se aliena, en una palabra.

A llegar a su primoroso apartamento, “Jack” encuentra que se ha producido una explosión. Los bomberos están interviniendo y su mobiliario yace esparcido y quemado en las calles. Bruscamente lo ha perdido todo y no todo está cubierto por el seguro. Se encuentra en la calle y decide llamar al único teléfono que tiene en ese momento: el de “Tyler”. Irá a vivir con él y se establecerá en una cochambrosa habitación de su inmueble. Pero ocurrirá algo más.
 
Al salir del bar donde se han encontrado, “Tyler” le pide a “Jack” que lo golpee. Acaba de nacer el “club de la lucha” que da nombre a la película.

Hasta aquí hay que reconocer que lo insólito de los personajes y las situaciones aportar poco: no es la primera vez que se realiza una crítica a la sociedad de consumo, ni que los grupos de autoayuda aparecen como lo que son, coberturas al nihilismo. Ciertamente, el modo en que el relato o la película describen estos escenarios es original, pero no hay nada que no haya sido ya denunciado desde los años 50 por los beatnicks, de los que la contestación de los 60 fue su heredero universal y, a su vez, el movimiento de la new age, con todas sus historias orientales de chakras, meditaciones interiorizadas y concentración sobre mandalas, o terapias de autoayuda.

Ciertamente, a las generaciones que no han leído ni a Kerouac, ni a Ferlinghetti, ni a Ginsberg o a Borrourghs, a los que no les ha caído entre las manos el último escrito situacionista o el último documento con pretensiones intelectuales de la contestación de los años 60, toda esta crítica al consumismo y a la alienación derivada puede parecerles “rompedor”, pero, en realidad, llueve sobre mojado. Para la Generación X, toda esta temática puede parecer nueva, pero para los amantes de la literatura o para los que tenemos edad suficiente para recordar que nuestra vida intelectual empezó a mediados de los 60 y, ya por entonces leímos las obras de la Beat Generation, sigue sin haber nada nuevo bajo el sol. Cuando Palahniuck hace decir a “Tyler”: “La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy cabreados”, tiene toda la razón pero no ha dicho algo que no estuviera escrito a fuego en toda la obra de la beat generation. Y cuando unos minutos después, insiste: “Lo que posees acabará poseyéndote”, parece que esté repitiendo el estribillo utilizado por Allen Ginsberg en su Aullido. Así mismo, el consejo de “Tyler” a “Jack”, “Deslízate”, no es más que el paradigma de En el camino escrito por Kerouac medio siglo antes.

Los escritores de la Generación X se han beneficiado de la mala memoria del público y del deseo de las empresas editoriales de ofrecer algo nuevo en cada instante. No es que la literatura beat sea exactamente igual a la de la Generación X (de hecho, es muy superior), es que mientras para éstos la creación literaria es un mero ejercicio de lo aprendido en un “taller de escritura”, independientemente de su vida personal, la producción de la Beat Generation era el reflejo de su propia vida. No es que escribieran sobre drogados y toxicómanos, es que ellos mismos lo eran, no es que describieran vidas permanentemente “en el camino” (y frecuentemente abandonadas en la cuneta del camino), es que todos ellos estaban realizando ese tránsito. Escribían sobre lo que vivían, a diferencia de la Generación X que realiza una crítica al consumismo, desde el consumismo mismo. Difícilmente la Generación X podría aportar algo a la crítica al consumismo y a la modernidad, cuando ellos mismos, sin excepción posible, son un subproducto de ese mismo consumismo.
 
En realidad, si se trata de novedades literarias, la Generación X no ha aportado nada excepcional. Los años 80 estuvieron marcados por otra subcultura que aportó bastante más: el cyberpunk que encuentra en el relato Neuromante de Willian Gibson, Premio Nébula, su mayor expresión y en películas casi olvidadas (El Cortador de Césped, especialmente, pero también la menos ambiciosa Jhonny Mnemonic o al primer producto ya lejano Videódromo) una expresión mucho más original y acorde con el tiempo de las redes y la fibra óptica. Al menos el cyberpunk supo conjugar “alta tecnología con bajo nivel de vida”, algo que es hoy el paradigma de nuestra época. La Generación X, en cambio, se limita a cambiar el televisor Vanguard de tubo catódico por el Calvin Klein o la I-phone, y las primeras neveras de compresor en la que ya habían reparado los beatnicks por las videoconsolas, el I-pod. Pero, sustancialmente, no hay ningún cambio radical por haber dejado atrás la bencedrina y funcionar a base de Prozac.

Si la tecnología del chip es la verdadera innovación de nuestro tiempo, el cyberpunk ha estado mucho más pendiente de ella que la Generación X que, cuando realiza incursiones, demuestra su más supina ignorancia tecnológica. El propio Palahniuck, en sus novelas, consciente de que la informática es el signo de los tiempos, introduce algunos elementos que pasan desapercibidos y extrapola datos científicos… que luego resultan ser falsos (como la fórmula para la fabricación de la dinamita con la que vuela la casa de “Jack”.

El elemento realmente nuevo aparece hacia el final del primer tercio de la película con esta primera pelea a la salida de un sórdido bar de barriada. Aquí estamos ya en otro nivel.

4. La lucha: entre la homofilia y la sensación de vivir

No parece probable que Palahniuk haya leído a Drieu la Rochele y en concreto su “Fuego Fatuo”. Podría haber visto la película filmada por Louis Malle en 1963, pero parece improbable, es una película que apenas se proyectó en EEUU y demasiado “difícil” para el público de aquel país. Por lo demás, la película es sólo relativamente fiel a la novela. Se trata de uno de los escritos más decadentes de Drieu. Escrita en 1931 apenas supera las 150 páginas y fue traducida al castellano con cincuenta años de retraso. Drieu describe las últimas jornadas de un suicida, “Alain”. Se ha dicho que la figura de “Alain” estaba inspirada en dos suicidas del dadaísmo (Jacques Rigaut, Arthur Cravan, Julien Torma, Jacques Vaché, etc.). 

“Alain” está harto de chocar con personas. Se ha vuelto incapaz de experimentar sensaciones. No se siente vivo. En la última escena, naturalmente, “Alain” se suicida, sin embargo, el guionista dejó escapar la última frase de la novela de Drieu que da sentido a las 149 páginas anteriores: “Una pistola, de acero, un objeto: chocar finalmente con un objeto”. Luego sigue el estampido en la sien. 

En El Club de la Lucha, “Jack” vive una situación inversa: tras conversar con “Tyler” advierte que su vida está repleta de objetos cool. Necesita algo más para vivir: calor humano. Creen encontrarlo en los grupos de ayuda, pero la presencia de “Marla” refleja su propia mentira. Luego, la primera pelea con “Tyler” le lleva al choque primario con otros como él. Sería inútil negar que en las descripciones que Palanhiuck da de los combate y del entorno en el que se producen, existe un trasfondo homófilo. Las propias reglas de club de la lucha insisten en que debe lucharse con el torno desnudo y descalzo. Las descripciones del olor a sudor y a cuerpos que destilan humanidad, los hombres revolcándose unos sobre otros, los rostros tumefactos y ensangrentados, parecen extraídos de un cómic gay sadomasoquista en el que Palanhiuck delata demasiado a las claras sus preferencias sexuales.

Contrariamente al “Alain” de Drieu que se siente vivo solamente cuando sus manos empuñan la Luger con la que se suicidará, los miembros del Club de la Lucha se saben vivos porque sangran, sudan, deben recibir puntos en las cejas o en los pómulos, al día siguiente están tumefactos, pero mientras ha durado la lucha, la exaltación del combate, del ruido seco de los puñetazos, se han sentido vivos. A fin de cuentas, los objetos y la lucha por construir una “imagen” les había desprovisto de naturalidad. El primitivismo de un combate les devuelve la sensación de vivir.

Pronto, las peleas son ritualizadas y “Tyler” crea un “código”: son las reglas del Club de la Lucha, sencillas, simples, directas, como el Credo de la Legión o el código de los marines, como las creencias del samurái, posibles de sintetizarse en unas pocas líneas, suficientes para dar un sentido a la vida. En torno al código va creciendo la “secta”. Pronto, afluyen decenas de hombres al club que aparece al inicio del último tercio de la película como una sociedad secreta de amplio seguimiento: mecánicos, camareros, guardias de seguridad, oficinistas, policías y ejecutivos se han ido uniendo al club en las grandes ciudades de los EEUU. Todos consideran a “Tyler Durdan” una figura mítica. “Jack” a todo esto, empieza a albergar cierto resquemor hacia “Tyler”.

“Tyler”, empieza a actuar por iniciativa propia y sin consultarle. Antes, se ha hecho amante de “Marla”. Ninguna de las dos cosas son del agrado de “Jack”. Pero “Tyler” ha elaborado un proyecto en el que aspirará a dar un salto cualitativo a las actividades del club. Ya no se tratará solamente de recordar que se está vivo, sino de atacar a la sociedad. Es el “Proyecto Mayhden”. Inicialmente solo se trata de bromas, casi de happenings y performarnces, pero más adelante se pasa a los atentados terroristas. En uno de ellos, muere de un disparo “Bob”, el culturista anabolizado al que le amputaron los testítulos y que “Jack” ha conocido en los grupos  de autoayuda. “Bob” se había ido a vivir en la destartalada mansión de “Tyler” convertida en el centro de la sociedad secreta.

Para ser admitido en ella hay que estar aguardando durante tres días a la puerta, soportando los improperios, las negativas y los desplantes de quienes ya están dentro. Es evidente que aquí, Palahniuck se ha inspirado en los viejos monasterios zen, abiertos solamente a quien estaba dispuesto a dejar el Ego a la puerta. De hecho, dentro del centro del “Proyecto Mayhem” nadie tiene nombre ni personalidad propia. Este es quizás uno de los elementos más interesantes de la trama que delatan el que Palahniuck tiene algún conocimiento de la temática zen (por otra parte, el propio “Jack” en su lugar de trabajo escribe pequeños poemas zen que envía por internet)… pero también aquí se trata de elementos que no son nuevos en la narrativa norteamericana. Una vez más, el precedente ya se encontraba en la beat generation y, concretamente, en el Jack Kerouac de finales de los cincuenta y principios de los sesenta.

Sea como fuere lo importante es que el “círculo interior” del Club de la Lucha, el “Proyecto Mayhem”, tiene como primer y gran objetivo la abolición de la personalidad, el desmantelamiento del ego. Y “Tyler”, para lograr este objetivo, sigue las mismas pautas que en los cuerpos de élite: corte del pelo al cero, insultos continuos al ego y disciplina ciega y absoluta. En un momento dado de la película, “Tyler” exclama: “No somos nuestro trabajo. No somos nuestra cuenta corriente. No somos el coche que tenemos. No somos el contenido de nuestra cartera. No somos nuestros pantalones... Somos la mierda cantante y danzante del mundo”. Y como si repitiera el “viva la muerte” legionario, luego exclama: “Tienes que saber, no temer, saber que algún día vas a morir, y hasta que no entiendas eso, eres inútil”. Más tarde dirá: “No eres un bonito y único copo de nieve, eres la misma materia orgánica en descomposición que todo lo demás, todos somos parte del mismo montón de estiercol...”, en una palabra, lo que está haciendo “Tyler” es desmontar el Ego de sus hombres, borrar su personalidad de “ hombres viejos” (el “nada importa su vida anteror”, legionario). No se trata siquiera de lograr militantes “perfectos”, sino “anónimos”: “La autoperfección es simple masturbación”, sentencia. Solamente cuando “Bob Paulson” muere en el curso de un tiroteo, sus camaradas recuerdan su nombre porque ya no está con ellos, se ha convertido en un mártir de la causa: morir y renacer, tal es la ley dinámica de todo proceso iniciático.

En el curso de estas operaciones (happenings o performances), los activistas del “Proyecto Mayhem” empiezan a tener sensación de su fuerza. Vislumbras que ellos no son los poderosos, pero que la vida de los poderosos depende de ellos:  “Perseguís a la gente de quien dependéis, preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambulancias y os protegemos mientras dormís.. Así que no te metas con nosotros”, le dice a un opulento capitalista que han secuestrado, recuperando la eterna dialéctica del amo y del esclavo. De todas formas, se trata de un pobre consuelo inexplotado, una frase que no tendrá continuidad en la película.

5. El desdoblamiento de personalidad como efecto final

Se sabe lo que ocurre luego. “Tyler” desaparece y “Jack” lo va a buscar. Poco a poco se va dando cuenta de que ambos son la misma persona. “Tyler” no existe, es solamente una proyección imaginaria de la personalidad agresiva y siempre reprimida de “Jack” el probo funcionario de seguros. El problema que se le plantea a “Jack” es cómo detener la loca carrera del “Proyecto Mayhem”, pues adivina, que “Tyler” ha preparado atentados terroristas con coche bomba en varios edificios de la ciudad. Se entrega a la policía, al mismo policía que investiga la explosión en su casa (explosión que ha causado el propio “Tyler” como un intento de romper con la dinámica conformista de su otra personalidad).

“Jack” da indicaciones precisas a la policía sobre donde se han fabricado las bombas, pero tres de los policías que lo interrogan también son miembros del Club de la Lucha y tienen instrucciones específicas para el caso de que se diera esa situación. “Jack” logra huir y localiza uno de los edificios en los que una furgoneta situada en los bajo y cargada con nitroglicerina estallará derrumbando todo el edificio. Ya no hay nada que hacer. No tiene tiempo material para evitar las explosiones, así que lo único que puede hacer es acabar con “Tyler”. Y sabe que solamente suicidándose él logrará matar a su alter ego. El disparo que se asesta en la boca provoca, en efecto, la muerte de “Tyler”, y heridas en la mandíbula a “Jack”. Desde la atalaya del edificio en el que se encuentra con los militantes del Proyecto Mayhem y con “Marla”, ve el desplome de los edificios de oficinas, víctimas de las explosiones. Son los edificios en los que se encuentran las sedes de las compañías emisoras de tarjetas de crédito. Fallando el dinero a crédito, el caos que aspiraba “Tyler” a organizar sería insuperable.

Las explosiones recuerdan el hundimiento del WTC el 11-S de 2001. Y no deja de tener gracias porque la película fue filmada dos años antes. En la última escena, subliminal, compuesta por un solo fotograma, aparece una enorme y colosal poya, como las que “Tyler” solía colocar en medio de las películas infantiles para epatar al público: “No saben lo que han visto, pero lo han visto”.
6
La última parte de la película supone un canto a la psiquiatría freudiana. Hoy, la psiquiatría cuestiona en gran medida la herencia de Freud y sus teorías ya no tienen vigencia terapéutica, sin embargo, Freud experimenta una postrera victoria en el mundo del cine en donde decenas de filmes (empezando por los productos de Hichcock a finales de los 50 y principios de los 60, Recuerda, Psicosis, etc., y terminando pos las decenas de películas de trasfondo psicológico con asesinos en serie, psicópatas, mentes desdobladas, e incluso en el ciclo de El Exorcista aparece una tentación freudiana) aluden a la temática tan querida por el psiquiatra vienés. En la novela de Palahniuck las componentes freudianas son muchos más visibles, pero también aparecen como pinceladas en la película de Fincher: el deseo de mostrar poyas erectas que demuestra tener “Tyler”, el papel deletéreo que juega “Marla” en relación a “Jack”, las constantes alusiones al complejo sádico-anal que salpican la película, incluso los guiños que Palahniuck hace hacia sus preferencia gays es susceptible también de ser interpretada en clave freudiana.

Tampoco en esto la película ni la novela aportan gran cosa. Como máximo, se trata de una película en el que la esquizofrenia es abordada de manera más original y directa, pero nada que no haya aparecido en anteriores películas. Recordamos, por ejemplo, Identidad de John Cusak y Ray Liotta, Mr. Brooks de Kevin Cotner y Demi Moore, etc. Así pues, tampoco en esto, la película es original.

Y esto es lo realmente sorprendente, ahora que llegamos a la recta final de estas notas: ni la película en su temática, ni la novela que sirvió de base tienen un argumento excesivamente original que permita explicar el extraordinario éxito que gozan hoy. No es muy habitual que una novela pase inicialmente desapercibida y luego arranque vertiginosamente, como tampoco es normal que en su primera semana de exhibición la película tuviera una recaudación récord pero que luego se hundiera en taquilla. ¿A qué se debe pues el éxito de la película?

En todo éxito hay muchos elementos que deben estar presentes como condición necesaria. El primero de todos es la interpretación: el casting e la película es extraordinario y cada uno de los protagonistas, incluso muy secundarios, son susceptibles de ser recordados. Inútil decir que el trío protagonista: la sombría “Marla” que ya había aparecido en papeles de toxicómana y drogadicta o bien de bruja, creando siempre un efecto angustioso esperado; Edward Norton de aspecto frágil que tiene su contrapartida en el primitivismo de Brad Pitt que borda la interpretación remitiendo en algunos momentos a su papel electrizante en El Ejército de los 12 Monos, e incluso Meat Loaff que, por una vez, se ha alejado de los focos de los festivales de rock duro y borda una interpretación tan difícil como extraordinariamente creíble. Sin olvidar la fotografía hecha de contrastes y que, a medida que avanza la película se va oscureciendo más y más.

Pero, aún así, con todo esto resulta difícil entender porqué una película que no tiene grandes elementos originales y un guión en donde existe casi una ausencia total de elementos nuevos, se convierte en una “película de culto”, emblemática de toda una generación. Quizás en estos radique su éxito: en haber estado en condiciones de encarnar la ausencia de valores de la Generación X y el fenomenal lío en donde está metida una generación que empezó jugando con las canicas y la pídola y cuando no había cumplido los 12 ya manejaba una Play-Station o una Atari. Una generación de completos despistados, perdidos en un mundo que no entienden y ante el cual se ven imposibles de actuar. También para esta generación el sentirse vivo es importante, vivo más allá del consumo, vivo más allá de lo cool, vivo más allá de la imagen, una generación sumergida en el individualismo más absoluto y que aspiraría a protagonizar una tarea “heroica” y comunitaria, algo realizado codo a codo junto a otros hombres, acaso una tarea común que les redimiera de su triste destino de consumidores integrados y productores alienados. No hay Proyecto Mayhem: no hay nada, ni estructuras, ni partidos, ni principios, en los que se pueda dejar la piel sin algún tipo de reserva mental.

El éxito o el fracaso de una película y, en buena medida, de una novela, dependen de que el público siga un proceso de identificación con los protagonistas y con sus circunstancias. El hecho de que la temática de la última parte de la película remita a la personalidad múltiple es una ventaja: quien ha creído identificarse con “Jack”, sabe que no es solamente un tipo tímido y sensible interesado por los muebles nórdicos, sino que también en sus venas late un hombre agresivo y determinado a triunfar. Al mismo tiempo, quien, en las primeras escenas de la película se ha identificado con el desenfado, la grosería provocadores y los modales toscos de “Tyler”, tiene la ocasión de ser, al mismo tiempo, un persona responsable, amante de la ley y protectora de sus amigos. Los trastornos de la personalidad son una forma recurrente de satisfacer a todos los públicos. Y en esto radica el éxito que ha tenido la película para muchos: permite ver aquello que uno está tentado de ver.

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción sin indicar origen

El Club de la Lucha (I de II): el canto a la Generación X

Infokrisis.- Tiene gracia que una película que inicialmente no causó un excesivo impacto –mesurable éste a través de la taquilla– haya terminado siendo una película de culto, quizás la que goza de mayor favor de un público devoto desde Blade Runner a principios de los 80. De tanto en tanto la industria del cine genera productos que superan con mucho la media miserable propia de nuestra época. Somos perfectamente conscientes de que El Club de la Lucha es una película susceptible de varios niveles de interpretación. Lo que intentaremos en las páginas que siguen es una desde nuestro particular punto de vista que no acabe en la misma película, sino que alcance a su matriz, la novela de Chuck Palahniuk sobre la que se construye el argumento original. Ambas, película y novela, son una canto a la Generación X.

1. ¿Quién es Palahniuk?

A este pregunta solamente puede contestarse con una afirmación: Palahniuk es un tipo complicado; de vida y experiencias inusuales, las retrata en su obra. En general, los textos suyos que hemos leído nos han resultado extremadamente fáciles de seguir, con argumentos sorprendentes con huellas de homofilia que, a fin de cuentas, también están presentes en El club de la Lucha. A efectos de estas notas es absolutamente irrelevante si Palahniuk es o no homosexual, algo que en EEUU ha desatado vivas polémicas.

Mucho más interés tiene su pertenencia a la autotitulada Sociedad de Cacofonía, organizada en “capítulos” locales como cualquier otra organización filantrópica o hermandad universitaria. A decir verdad, la Sociedad de Cacofonía no es ni una cosa ni otra sino que se define como una “red creada al azar por espíritus libres unidos en la búsqueda de experiencias al margen de la sociedad establecida”. Se cuenta de este grupo excéntrico que fue formado en 1986 por supervivientes del fenecido Club del suicidio de San Francisco. En los raros escritos que hemos podido encontrar en Internet se nos muestran como herederos del dadá y de los situacionistas de postguerra. Su concepto central es el “viaje a la Zona” que querría indicar el tránsito por la vida contingente. Ese tránsito lo aprovechan para realizar algo parecido a “happenings” o “performances” que a menudo no pasar de ser travesuras con mucho o poco sentido del humor.

La provocación es algo relativamente habitual en las subculturas americanas. Durante las guerra del Vietnam los hippies llegaron a rociar con gasolina a perros callejeros y prenderles fuego. Esta acción -definida por el psiquiatra André Stephane como manifestación de un complejo sádico-anal- era realizada a efectos de provocación: quien pasaba de largo era insultado por su indiferencia ante el sufrimiento y quien se detenía e increpaba a los hippis, se le llamaba hipócrita ya que era capaz de salir en defensa de un chucho, pero no de los miles de niños abrasados por el napalm en Vietnam. Quince años antes, los beatniks ya habían practicado provocaciones de este tipo que fueron transferidas Holanda y estuvieron en la base de la contestación local a mediados de los 60: el “movimiento provo” de Amsterdam, o “provocatorio”, que estuvo en el origen de la contestación en aquel país.

Las provocaciones de los cacofónicos se realizan con entera libertad de creación y ni siquiera otros miembros de la sociedad tienen la obligación de estar presentes. Hace cinco navidades un miembro de la sociedad vestido de Papa Nöel cantó Villancicos obscenos ante grandes almacenes. Que sepamos Palahniuk no ha explicado los motivos de su presencia en la sociedad, pero la lectura de sus novelas indica que le interesa la “vida asociativa”, el círculo que comparte (o cree compartir) idénticos ideales capaces de homogeneizar a gentes llegadas de lugares muy diversos. El Club de la Lucha es una de esas estructuras que parecen inspiradas en los cacophonist, hasta el punto de que incluso el episodio del Proyecto Mayhend que aparece es la traslación de las bromas cacofónicas al relato. En Superviviente, la trama gira en torno al último superviviente de una secta religiosa cuyos miembros se han suicidado e intenta.

En cierto sentido, algunos rasgos de Palahniuk recuerdan al John Kennedy de La conjura de los necios. Los protagonistas suelen ser outsierds, completos fracasados, individuos necesitados de autoestima cuyo encuentro y convergencia, va urdiendo por sí misma la trama. No busquen mucha lógica, sentido común y racionalidad en estos autores.

En la propia vida de Palahniuck el sentido común parece estar frecuentemente ausente. Había nacido en el seno de una familia tan poco convencional que se educó sobre una casa móvil. Graduado en periodismo, como la mayoría de licenciados en esta carrera, tras trabajar como becario no pudo reciclarse en la profesión y terminó siendo mecánico de diesel. De algo le tenía que servir la carrera, así que aprovechó para escribir unos cuantos manuales de automoción. Hacia 1991 entendió que ni los diésel ni los camiones eran lo suyo así que se dedicó al voluntariado social: hospicios, sanatorios para terminales, reuniones de apoyo (otro elemento del que dejará constancia en El Club de la Lucha).

Siguió un taller de escritura del que saldrá una primera novela (Insomnia) que jamás verá la luz y una segunda (Monstruos invisibles) que solamente será publicada cuando alcance la fama. Los editores, cuenta, la habían encontrado excesivamente deprimente. La protagonista es una modelo de irradiante belleza que queda horriblemente desfigurada tras un accidente. El tema es una nueva percepción de la balleza que recuerda el principio atribuido a Lenin de que la “ética es la estética del futuro”. A esta siguió una primera versión de El Club de la Lucha como relato corto que luego se fue ampliando hasta convertirse en una verdadera provocación contra el editor que, contra todo pronóstico, accedió a publicarla. Apenas se mantuvo unas semanas en venta y seguramente hoy sería completamente desconocida de no ser porque David Fincher, director de Alien 3 o La habitación del pánico, siempre interesado en explorar el lado oscuro de la condición humana, se fijó en la obra de Palahniuck y la llevó al cine. Aun así, la película no tuvo inicialmente el éxito esperado. Solamente cuando apareció en DVD y cuando empezó a difundirse por los circuitos P2P alcanzó el rango de “película de culto”. Esto arrastró a la novela del olvido y en poco tiempo se reeditó en tiradas importantes.

A partir de ese momento, Palahniuk fue reforzando su fama como escritor herético. Lo que ocurrió luego nos importa poco a efectos de estas notas. Desde entonces ha publicado ocho novelas alcanzando el primer bestseller con Asfixia. En 1999, el éxito se convirtió en tragedia cuando su padre y la amante de éste fueron asesinadas por el amante obsesivo de ésta que incendió los cuerpos. En su novela Nana, Palahniuck novela estos hechos y clama por la pena de muerte para el asesino.

Volvió a reincidir como “cacophonist” titulado cuando en 2003 publicó Diario: una novela. En la gira promocional leyó un relato breve que forma parte de su libro Fantasmas en el que aludía a los accidentes que pueden producirse durante la masturbación. Unas 35 personas –presuntamente la mayoría eran cacophonists- se desmayaron en el curso de la lectura. Al año siguiente logró que 60 personas cayeran redondas –o simularan desmayarse- ante la lectura de aquellas mismas páginas. Es el happenings orientado hacia la promoción editorial.

Hoy se considera a Palahniuc el “autor de los marginados y autodestructivos”. Como en otros autores –el propio Vázquez Montalbán obedecía a este comportamiento- tras un humor negro revestido de constantes ironías, no puede ocultar una tremenda amargura y desencanto hacia la sociedad de su tiempo. Su estilo se ha definido como “mininal”: descripciones extraordinariamente precisas, frases compuestas sólo de sujeto, verbo y predicado, descripción del ambiente que hace innecesario añadir adjetivaciones, uso de “muletillas” o frases que se repiten en todos sus libros y obsesivamente dentro de cada uno. Nada, de todas formas, debe impedir que el lector de sienta impactado después de cada página. La obra generalmente destila un aroma nihilista que el autor niega. Para él se trata simplemente de una inspiración romántica. Los dos calificativos que se repiten para definir a su obra son “impactante” y “perturbador”. De hecho, las novelas horrorizan frecuentemente por sus descripciones descarnadas que adereza con leyendas urbanas para describir un “horror” al que Josep Conrad ni siquiera se aproximó en las páginas más duras de El Corazón de las Tinieblas.

Es importante destacar que buena parte de la fama de Palanhnuck está cimentada en Internet. En la web del autor, él mismo imparte un taller de escritura en el que participan miles de internautas. Es un autor que nunca ha desdeñado estar en contacto –permanentemente a través de la red- con su público.

2. ¿Qué es la Generación X?

Todos estos elementos biográficos y el contenido y temática de sus obras no son exclusivos de Palahniuck sino que abarcar a toda una constelación de nuevos escritores norteamericanos que evocan a los beatniks de los años 50 en su estilo e ideales  (mucho más que en su forma de vida) y que ha sido llamada “Generación X”. Se dice que con Obama, la Generación X ha llegado al poder. Pura exageración.

Sí existe una Generación X tanto en EEUU como en Europa. Es la nacida entre 1970 y 1980, aunque no exista unanimidad, para otros sus fechas de nacimiento se situación entre 1975 y 1980. Quienes han nacido en esta época tienen sus recuerdos de infancia ligados a la familia tradicional y a los dos canales de TV y en blanco y negro. El color solamente entró en sus vidas a lo largo de su infancia, al mismo tiempo que la familia tradicional se iba desmantelando.

Es la primera generación que habrá jugado con videoconsolas y que habrá conocido una vida en laque la informática ocupa cada vez parcelas más amplias. Cuando cumplían los 30, los viejos televisores de blanco y negro, repletos de canales muertos, ya habían dejado atrás incluso a los televisores de tubo catódico en color y habían sido sustituidos por pantallas de plasma y LTC.

Es también la primera generación que habrá vivido un distanciamiento abismal entre los valores proclamados cínicamente por los medios de comunicación y las doctrinas oficiales y los valores realmente vividos por la sociedad y por los gobiernos: materialismo, insatisfacción, alusiones constantes a la libertad y al derecho de autodeterminación por encima de normas, reglas y estándars, todo para ser una sociedad atemorizada, que –especialmente en América- está dispuesta a renunciar a sus libertades si eso vale para salvarse la piel de la hidra terrorista que, por cierto, nadie sabe exactamente qué pretende, qué es, ni dónde se oculta.

La Generación X es la primera que habrá crecido sin una educación orgánica o, lo que es lo mismo, educada por un sistema educativo que se cae en pedazos y al que cualquier obra de apuntalamiento y reforma descubre más y más fallos estructurales. Ya sea por conspiración, por dejadez o por incapacidad, los gobiernos ha abjurado de su tarea educativa y transformado las escuelas en algo parecido al almacén con cuya panorámica termina la primera entrega de India Jones y el Arca Perdida.

El problema es que, paralelamente a su renuncia a educar (bieneducar, se entiende), el Estado ha decretado que la enseñanza es obligatoria, lo que, a fin de cuentas equivale a decir que el destino programado por el Estado para sus ciudadanos del futuro es el analfabetismo estructural. Sabrán leer lo justo para rellenar la declaración de Hacienda y pagar sus impuestos, competencia de los buenos ciudadanos o de la grey esquilmada para alimentar a los pastores. Pero no sabrán mucho más. Su vida transcurrirá entre miedos de todo tipo: hoy a una crisis económica que les imprimirá a fuego la imagen de la miseria en sus imaginarios, ayer unos ataques terroristas ante cuya ceguera todos somos vulnerables, mañana seguramente una guerra civil, racial y social, ante la que muchos alertan y que los Estados hacen lo posible por materializarla. Quién sabe. De hecho, la Generación X, crecida en todo este caos, no sabe gran cosa. Se suele decir que “andan confundidos”, pero se olvida que oros estimulan y lanzan la confusión en beneficio propio. Las palabras de la Biblia: “Es necesario que haya el escándalo, pero ¡ay de quien crea el escándalo!” se han trastocado: “Es necesario que haya crisis para que quienes se alimenten de la crisis sigan explotando a los explotados”.

Muchos de ellos nacieron en hogares cuyos padres habían aprendido que el trabajo es capaz de generar consumo y éste da algún tipo de satisfacción, así que animaron a sus hijos a que estudiaran para ser consumidores (a la generación que nacimos en los años 50 se nos decía que debíamos estudiar para ser “hombres de provecho”). Estudiaron duro, obtuvieron títulos universitarios, a los que siguieron largos períodos como becarios. Creyeron que tras acabar su “formación” (¿cuántos periodistas titulados han tenido que servir cafelitos a toda la sección del diario o han realizado las más ingratas tareas en redacciones y emisoras de racio?) podrían emanciparse y algunos lo hicieron. Luego resultó que expulsados del ciclo del becario nunca más pudieron ejercer la profesión a la que habían dedicado cinco años de estudio y dos de becaría. Quienes se fueron del hogar paterno e incluso se casaron, retornaron años después, divorciados y con la sensación de fracaso.

De este fracaso, del aura de fracaso que rodea a la Generación X han nacido escritores notables que han sabido transformar el fracaso en bestsellers. Denostados inicialmente por las grandes editoriales finalmente el mundo del libro ha tenido que abrirles las puertas. La literatura la hacen los hombres de cada época y ésta nuestra es la época de la Generación X. Lo acepta todo, mientras todo venga envuelto en los celofanes de la modernidad, pero no se cree nada. Tampoco se siente con energías para revelarse (Panahliuck es un tipo delgaducho, físicamente débil, arquetipo del gay que suele aparecer en las series americanas; véase a este respecto la serie My name is Earl que ha hecho reir a los X de uno y otro lado del océano, simplemente porque es la historia de uno de ellos en clave de humor y marginalidad).

Douglas Coupland fue el autor de la novela que dio nombre a una generación, mientras Kurt Cobain le daba a la guitarra con los mismos temas. Eran jóvenes pero estaban hartos de la vida. Cobain, sin ser miembro del Club del Suicidio optó por ahí y en cuando a Coupland, con barba cana y completamente calvo, cumple los 50 este año. Otros siguen en activo, como Irvine Wesh, autor de Trainspotting, así mismo llevada al cine y considerada así mismo como “perturbadora”, pero no tanto como para ser considerada así por quienes leímos a Bouguhs, Ginsberg, Lamantia o nos pusimos On de road (En el camino) con Jack Kerouac o seguimos durante un tiempo el Zen en el arte del mantenimiento de la motocicleta. Cada generación cree que ha descubierto lo cayó en desuso en la anterior, pero que la que había precedido a ésta tenía ya como lugar común. El ladrón de Chicles de Coupland (vendido en España por El Aleph), del “último Coupland”, no es diferente a ninguna novela garabateada en la Playa Norte de San Francisco en los años 50, como tampoco es muy diferente al naturalismo del siglo XIX: a cada época su género y el naturalismo del último tercio del XIX no podía ser igual al de los primeros años del XXI. En período de Balzac, el telégrafo era tenido como obra diabólica, hoy nadie se sorprende por el último hallazgo tecnológico.

En España hay todos los escritores X que se quiera, pero les falta experiencia de la vida. Parecen haber forjado su experiencia viendo las películas de Almodóvar y lo más avanzado que concibes es Alaska y sólo porque salió orinando en el primer Almodóvar. Me han aburrido profundamente los Ray Loriga, los añas y no digamos Lucía Etxebarría (a quien tuve que leer recomendada por un maquetista gay que literalmente me obligó a leerla a punta de pistola). Mi impresión es que no se enteran mucho de lo que pasa más allá de su círculo de amigos y que la lectura de El País, de los informativos de la CNN y de la SER al levantarse, les ha terminado afectando las neuronas.

Si la Generación X, en general, aceptó su incapacidad y resignación para cambiar las cosas tras el suicidio de Kurt Cobain, aquí en España, su suicidio ha sido intelectual y alcanzó su límite antropológico con el marco costumbrista delimitado por Almodóvar, por “los de la ceja”, por las manifestaciones contra la guerra de Irak y por la firma de declaraciones a favor de la integración de los inmigrantes o de la eutanasia, con la misma facilidad con que dos generaciones atrás se depositaba una limosnita a través de la ranura que mostraba la cabeza de un indio de escayola. La generación X va a repartir bocadillos en una misión humanitaria al Tercer Mundo como hace dos generaciones se iba con la misma candidez y desenfoque a las misiones católicas en China, en la India o en Tombuctú.

Créanme: no hay nada completamente nuevo bajo el Sol desde que presocráticos y platónicos, establecieron sus posiciones o desde que finalizaron las especulaciones upanishadicas. Claro que El Club de la Lucha aborda todo esto desde una perspectiva original y por ello más agradable. La película y la novela si son algo, pues, son la expresión de la concepción del mundo de una generación.

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - prohibida su reproducción sin indicar origen.

Teilhard de Chardin: luces y sombras en torno a uno de los ideólogos del a New Age

Infokrisis.- Uno de los puntales en los que encuentra inspiración  el movimiento “New Age” es el jesuita Pierre Teilhard de Chardin hasta el punto que algunas tendencias lo reconocen como precedente y extraen de él buena parte de sus ideas y justificaciones (Sondra Ray, Robert Coon, etc.). Puede decirse que el movimiento “New Age” si acepta algo del cristianismo es la noción de Cristo Cósmico que plantea el padre Teilhard.

    No se trata de un pensador fácil de leer, su obra se sitúa en el cruce entre la filosofía, la teolofía y la ciencia. Teilhard fue el primero en buscar sólidas argumentaciones científicas para sus intuiciones místicas, algo que posteriormente han hecho desde Fritjof Capra hasta Stanislas Grof. Pero como todos los precursores su obra es discutida por muchos y, en su conjunto, las luces y las sombras se alternan de manera inquietante. Su figura, indiscutible en ambientes católicos progresistas hasta hace quince años, está hoy en revisión.

PRIMEROS PASOS

    Nació en un castillo al oeste de Clermont, cerca del Puy-de-Dôme ; de familia aristocrática, desde muy niño recibió una esmerada educación religiosa ; sin embargo, también desde muy niño su pensamiento estuvo escindido entre dos fidelidades que entraban en contradicción : el espíritu y la materia. El propio Teilhard de Chardin cuenta que “... a los seis o siete años empecé a sentirme atraído por la materia, o más exactamente por algo que “resplandecía” en el corazón de la materia”. Explica que jugaba con piezas de hierro en las que veía algo que trascendía la mera materia y más  adelante prosigue : “Me abstraía en la contemplación, en la posesión, en la existencia soberana de mi <<Dios del Hierro>>”. A lo largo de toda su obra, como veremos, intentó resolver la contradicción entre espíritu y materia.

Con esa precoz mentalidad ingresó en el colegio de los jesuitas de Villefranche-sur-Saône, una escuela religiosa y aristocrática. Finalmente, terminaría entrando en la Compañía de Jesús, cuando la orden fue expulsada de territorio francés y la mayoría de sus miembros -con el propio Teilhard- pasaron a residir en la isla de Jersey.

    En 1905 terminó sus estudios de filosofía y teología y en 1912 será ordenado sacerdote. Enviado por la Orden como profesor a un establecimiento de El Cairo; allí, como producto de su admiración por la materia, empezará a interesarse por la paleontología. Son los años en los que las ciencias sufren un importante tirón : se empieza a teorizar sobre la radioactividad y, poco a poco, se va penetrando en la estructura atómica de la materia, en ese mundo que tanto seduce al padre Teilhard.

    Años después escribirá que, desde su juventud, ya estuvieron claras las orientaciones que iba a mantener durante toda su vida : “De una y de otra parte de la Materia, la Vida y la Energía : las tres columnas de mi visión y de mi beatitud interiores”.  Sostiene que entre materia, vida e inteligencia, no hay ruptura, sino continuidad. El evolucionismo se iba imponiendo, poco a poco, en la época, y el padre Teilhard va estableciendo las bases de lo que será su concepción del mundo y que, casi podríamos llamar, un “meta-evolucionismo”, es decir, una concepción de la evolución de los organismos, desde la materia inerte hasta el Espíritu puro.
    Después de ser movilizado durante la primer guerra mundial y de participar en el frente como camillero, protagonizará el fraudulento caso de Piltow, del que hablaremos detalladamente más adelante. Luego, emprenderá una serie de viajes a Extremo-Oriente que le llevarán a excavaciones en China. Cuando regrese, será ya un hombre famoso y sus doctrinas, aun sin estar suficientemente cimentadas en datos objetivos, siendo más bien productos de una síntesis del pensamiento teológico  y de doctrinas científicas, será mirado por simpatía extramuros de la Iglesia Católica, como el esfuerzo de un sector del clero intelectual, por adecuar progreso científico y fe cristiana.

EL ESCANDALOSO CASO DEL “HOMBRE DE PILDTOW”

    A principios de siglo el evolucionismo no se había impuesto todavía como doctrina oficial ; si bien sus teorías sobre la evolución animal habían logrado seducir al mundo científico, cuando aludían al hombre, la oposición por parte de distintas confesiones y creencias religiosas era cerrada y, lo que es peor, apoyada en bases objetivas : efectivamente, no se había encontrado el “eslabón perdido” entre el simio y el hombre, hasta el punto que algún biólogo, irónicamente, pudo decir que el hombre era el animal más antipático para los darwinistas...

    Los evolucionistas de la época dedicaron todos sus esfuerzos a encontrar esa cadena de eslabones perdidos que, vistas las diferencias entre el simio antropoide y el hombre, debían ser varios. Pero el pitecántropo -medio simio, medio hombre- no aparecía y lo que era peor, los evolucionistas habían hecho de su hallazgo una cuestión de principios, hasta el punto de que llegaron a falsificar distintos restos para presentarlos como los ansiados eslabones perdidos. Hay que recordar que, a principios de siglo, la ciencia aun no había establecido la datación por medio del carbono 14 y era imposible analizar la veracidad o falsedad de los restos. Los darwinistas de principios de siglo no eran esos mansos científicos que buscaban solo el progreso de la ciencia, atacados por el oscurantismo religioso... eran gentes capaces de mentir para demostrar la veracidad de sus afirmaciones ; frecuentemente estaban situados en el terreno de la filosofía positivista, anti-religiosa por definición y empeñada en demostrar la inexistencia de Dios a través de un ataque al “fijismo” o “creacionismo”, doctrina que supone que las especies son inmutables y fueron creadas por Dios.

    El padre Teilhard se encontró implicado en dos escándalos de falsificación de restos antropológicos. El más famoso, sin duda, fue el caso de lo que la ciencia dió en llamar “hombre de Piltow”. Hasta los años cincuenta, los libros de textos de las escuelas enseñaban que en la población inglesa de Piltow se había encontrado el fósil de un hombre-mono al que se llamó “Eoantropus dawsoni”, su cráneo era humanoide, mientras que la mandíbula de características simiescas, tenía una dentición que correspondía a las razas humanas actuales, especialmente el canino, radicalmente distinto del propio de un mono antropoide. La comunidad científica no dudó que se trataba del famoso eslabón perdido y así se enseñó en los libros escolares...

    Pero en 1954 a alguien se le ocurrió realizar un análisis pormenorizado de los restos a la luz de las nuevas tecnologías de datación. El “Hombre de Piltow” no pudo soportar ninguan de las pruebas : se trataba de una burda falsificación. El cráneo simiesco era, efectivamente, del pleistoceno, pero la mandíbula correspondía a un humano muerto a principios del siglo XX, envejecido mediante colorantes químicos insertados mediante un proceso de cocción. Los famosos dientes habían sido limados para hacerlos corresponder con dimensiones y formas humanas ; en cuanto al canino, procedía de Francia. La articulación de la mandíbula con el cráneo, estaba rota y había desaparecido, seguramente para evitar que se pudiera advertir que no correspondía a la misma caja craneana ... ¿Qué había ocurrido ?

    Charles Dawson en 1912 fue quien descubrió los restos del cráneo; en sus trabajos fue ayudado por Sir Paul Woordward y el padre Teilhard du Chardin. Dawson solo encontró la mandíbula falsificada tras la llegada del jesuita y, si bien es él quien encontró la mandíbula, no está comprobado que fuera él quien la falsificó. Al año siguiente, el propio Teilhard descubrió el polémico canino...


    En su momento, el descubrimiento sacudió la conciencia de la humanidad y hoy nos resulta muy difícil intuir las repercusiones que tuvo, pero que no serían inferior al nacimiento de la microinformática : algo, efectivamente, que rompe con las creencias anteriores y supone una brusca innovación, un salto de gigante en la perspectiva científica. Buena parte de la fama de Teilhard du Chardin procede de este descubrimiento que proporcionó fundamentación científica a sus teorías.

    Cuando se descubrió la falsificación de Piltow, en los años 50, las culpas recayeron inmediatamente sobre Dawson, sin que las pruebas contra él fueran, en absoluto, concluyentes. Por entonces Dawson era solo conocido en reducidos medios científicos, mientras que el Padre Teilhard había alcanzado fama mundial por sus atrevidas teorías. Dawson, el eslabón más débil, pechó con la culpa de la falsificación. Sin embargo, no iba a ser la única.

EL “HOMBRE DE PEKIN”, SEGUNDA SOMBRA

    En 1927 volvió a repetirse el fraude. Davidson Black descubrió casualmente un diente humano en la maleta de un chino que vendía chucherías. El diente le llamó la atención por su presumible antigüedad ; supo que había sido encontrado en una cueva próxima a la ciudad de Chu-ku-tien. Black visitó la cueva y, poco después, recibió la visita del padre Teilhard. Justo tras la llegada del jesuita se encontró un segundo diente. Los hallazgos fueron de tal calibre que la Fundación Rockefeller financió, por mediación de Teilhard, las excavaciones con una generosa entrega de 20.000 US$.

    Esta aportación económica permitió proseguir los trabajos con más método. Se encontró una gruta con varios pozos, uno de ellos de siete metros de profundidad, repletos de cenizas mezcladas con algunos cráneos de monos, con la frente más amplia ; paradójicamente no se encontraron restos de fémures o vértebras, huesos que, como se sabe, se conservan mucho mejor que los cráneos.

    Los paleontólogos dedujeron que si había cenizas y piedras, era porque los cráneos pertenecieron a individuos capaces de encender fuego y, gratuitamente, consideraron que, a la vista de los restos, eran hombres-mono... Poco después, en 1932, realizando nuevas excavaciones en la misma cueva, se encontraron, en el estrato superior, tres esqueletos completos de “Homo Sapiens” con los mismos tipos de piedra que habían sido encontrados en el pozo e interpretados como instrumentos del sinántropo : el hallazgo constituyó un golpe demoledor para demostrar la veracidad del pretendido eslabón perdido.

    Sin embargo, los libros de texto infantiles siguen considerando al Hombre de Pekín como un antepasado del hombre actual. Afortunadamente para sus descubridores -Teilhard du Chardin incluido- en 1941, los restos del Hombre de Pekín fueron embarcados hacia EE.UU. pero desaparecieron por el camino, evitándose el amargo trago de la prueba del Carbono 14 que, sin duda, no hubieran soportado. El prestigio del padre Teilhard se hubiera desmoronado.

    Estos dos episodios son voluntariamente olvidados en todas las biografías que le han consagrado sus partidarios. Si bien no existe ninguna prueba concluyente de que fuera el padre Teilhard el falsificador, lo cierto es que fue la única persona que vivió extraordinariamente de cerca ambos casos y que los hallazgos más polémicos se realizaron siempre en su presencia. Ningún detective precisaría muchos más datos para inculparlo por fraude científico. Es más, los dos hallazgos contribuyeron a cimentar sus distintas teorías sobre la antropogénesis, de tal manera que, podemos decir que si no fué él el falsificar, al menos la falsificación jugó a su favor. Es mismo detective hubiera afrontado la investigación preguntándose ¿a quién beneficia el delito ?...   

DEL MICROORGANISMO AL CRISTO COSMICO.

    En “Science et Christ”, el padre Teilhard escribe : “La Evolución es hija de la Ciencia, al fin y a la postre, la fe en Cristo puede ser muy bien la que salvará mañana en nosotros el gusto de la Evolución”. En estas pocas líneas están implícitas las tres dimensiones del pensamiento de Teilhard, la científica, la teológica y la mística.

    Su concepto de la evolución va más allá del puramente biológico darwinista. Evolución es, para él, cualquier cambio o transformación de algo ; la evolución sigue distintos niveles progresivamente más complejos. Teilhard concibe el proceso de formación del Cosmos -su cosmogénesis- como un proceso dinámico y evolutivo siempre en movimiento ascendente. Dentro de esta cosmogénesis se desarrolla la biogénesis (nacimiento de la vida en el seno del universo material inanimado) que, a su vez, es seguida por la antropogénesis (aparición de la especie humana, a través de la línea ascendente de la evolución de los seres vivientes) ; pero el proceso no se detiene ahí. Su cosmogénesis no termina en la aparición del mono antropoiode, sino en la inclusión de éste en lo que denomina “noosfera” (del término griego nous, pensamiento), que es el terreno de la vida consciente propia del hombre. La diferencia entre el mono antropoide y el hombre, para Teilhard, no es otra que el desarrollo de una serie de habilidades, unida a la toma conciencia de sí mismo.

    Tanto mayor es esa conciencia de sí, tanto mayor el concepto de lo humano queda perfeccionado ; así pues, la experiencia mística, supondrá la cima ansiada por la naturaleza humana, un punto que parece escapar a la materialidad y alzarse hacia algo que está mucho más allá de ella. Y aquí Teilhard introduce un nuevo concepto que explica cual es el impulso que guía esta nueva etapa de la evolución, la “amorización”, esto es, el acto de impregnar a la sociedad humana en su actual etapa de desarrollo, con las energías del amor orientándolo a un fin cualitativamente superior. Es evidente que Teilhard ha tenido una experiencia mística similar a la que Arthur Koestler describió como “conciencia oceánica”, esto es, un estado de conciencia, diferenciado de la ordinaria, en la que el observador ha logrado escapar a una percepción dual del universo y se sitúa más allá de toda contradicción, sin conflictos, ni rupturas ; del mundo de la dualidad ha pasado al de la Unidad, al del Todo. Este tránsito hace que el místico perciba el universo como armonía o amor. La lectura de los textos de Teilhard induce a pensar que, a lo largo de toda su vida, intentó racionalizar en clave científica, una apertura interior de conciencia, probablemente expontánea o generada por algún traumatismo existencial (acaso la experiencia vivida en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial) o quizás por su condición de sacerdote y jesuita (meditando según las indicaciones del fundador de la Orden, San Ignacio de Loyola).

    La “amorización” abre las puertas a la fase final del proceso evolutivo, lo que Teilhard llama “Punto Omega”.

PROFETA DE LA NUEVA ERA. SU INFLUENCIA : EL PUNTO OMEGA

    Llegado a este límite, Teilhard quiere superar el estadio de la física y del resto de ciencias de la materia, para alcanzar un nivel que se sitúa más allá de estas ramas del saber, pero más acá de la metafísica. Es lo que llama “ultra-física” y que concibe como un estadio sintético del conocimiento científico que se preocupa, no solo de los fenómenos observables, sino del sentido global del universo.

    Una parte esencial de la “ultra-física” es el concebir el sentido de lo humano en la etapa siguiente de la evolución que nos lleve a un estadio superior al actual. Es lo que llama “lo ultra-humano”. Teilhard lo percibe como un estadio post-personal. En efecto, en su presumible experiencia mística, sintió aquello que han experimentado los místicos y los meditadores de todos los tiempos : la disolución de la personalidad en el todo cósmico. La abolición de las barreras del mundo de la dualidad que conlleva la experiencia mística, acarrea igualmente la destrucción de la diferencia entre el Yo y el no-Yo. La persona siente fundirse con el Cosmos y Teilhard, nuevamente, intenta dar a esta experiencia mística, una interpretación a medio camino entre la ciencia y la teología. Este es el aspecto más problemático de su concepción del mundo, pero también el que ha atraido más interés por parte de los intelectuales de la “New Age”.

    El estadio final de la evolución del cosmos se encuentra en lo que Teilhard llama el “Punto Omega”, en alusión a la última letra del alfabeto griego y a la frase bíblica en donde Dios dice “Yo soy el Alfa y el Omega, el principio y el fin”. La marcha hacia Dios es el fin último del proceso evolutivo y la razón de ser del Cosmos. La evolución de los distintos organismos vivos converge en Dios. La humanidad es hija de Dios, derivada de El, vuelve a El ; de ahí que la teología de Teilhard identifique humanidad con Cristo.

    En su proceso de perfeccionamiento, la Humanidad irá aboliendo las barreras personales entre unos y otros seres ; es lo que Teilhard llama el “proceso de socialización” (tendencia de la humanidad a constituir una comunidad humana cada vez más organizada y unificada). De la misma forma que el mono antropoide evolucionado, un día llegó a tener conciencia de sí mismo, la humanidad del futuro, siguiendo este proceso de ascensión y convergencia, acabará teniendo una conciencia colectiva y unitaria. Y esta conciencia le otorgará la naturaleza de Cristo. La “cristogénesis” de Teilhard implica que la humanidad del futuro es el “Cristo Cósmico” o “Cristo Universal” : Cristo encarnado en una humanidad que, teniendo conciencia de sí misma, y siguiendo la lógica evolutiva -siempre en busca de estadios más avanzados y perfeccionados de desarrollo- termina identificándose con Dios.

    En ese momento se habrá llegado al “Punto Omega”, límite máximo y punto de convergencia de toda la Evolución.

    Cambiando algunos términos, en especial aquellos que están íntimamente ligados a las concepciones católicas de las que parte Teilhard, se puede percibir sin mucho esfuerzo que su teorización fue aprovechada por los intelectuales de la “New Age”. Lo que Teilhard llama “socialización” es la tendencia global que los “newagers” atribuyen a la Era de Acuario, que consideran era de la humanidad por excelencia. El concepto de “cambio de paradigma” que Teilhard no menciona con estas palabras, está sin embargo implícito en su visión del mundo, cuando dice que cada nivel evolutivo contribuye a un cambio global de perspectiva. Cuando Teilhard dice en su libro “La Misa sobre el Mundo” que hay fuerzas que nos hacen contemplar el rostro de Dios, pero solo otras suficientemente intensas permiten que “despertemos en el seno de Dios”, aludiendo con otras palabras a la diferencia entre exoterismo y esoterismo, entre la creencia en Dios y en la Trascendencia de un lado y en la experiencia de la Trascendencia en el propio corazón de lo humano, esto es, lo que la “New Age” considera un “estado diferenciado de conciencia”.

¿SACERDOTE MATERIALIZADO O MATERIALISTA ESPIRITUALIZADO?

    Hasta aquí el pensamiento y la obra de Teilhard de Chardin, con sus luces y sus sombras, con sus intuiciones geniales y las sospechas planeando sobre algunos de sus hallazgos. No importa, nadie puede negarle el ser el precursor de algo que otros muchos, después de él, han divulgado y reescrito en términos más accesibles para el público y desde perspectivas situadas extramuros del catolicismo romano, en el cual Teilhard siempre permaneció, si bien en sus márgenes.

    El padre Teilhard no fue en absoluto apreciado por la teología católica. El 30 de junio de 1962, casi una década después de su muerte, el Santo Oficio publicó una réplica a su filosofía de la vida, justo en los momentos en que su obra gozaba de mayor prestigio y popularidad : “... en el plano filosófico y teológico, sus obras están repletas de ambigüedades e incluso errores graves que ofenden a la doctrina católica”.

    La réplica afecta, fundamentalmente a las cuestiones de teología, excepto en un punto de carácter más universal y metafísico. El Santo Oficio identificó el eslabón más débil en la cadena de razonamientos de Teilhard : su concepción del espíritu como un estado evolucionado de la materia. Una concepción que, en buena medida, es implícitamente compartida por los exponentes más brillantes de la Nueva Era.

    Teilhard fue, a nuestro modo de ver, un producto de su tiempo. Su interés por dar un contenido católico a la doctrina de la evolución fue motivado por los excesos de la polémica evolucionismo-fijismo de principios de siglo ; como teólogo y hombre de ciencia que era, intentó conciliar ambos puntos de vista. Por lo demás, eran también los tiempos en los que la Internacional Comunista efectuaba su gran embestida en los años 20. Teilhard era consciente que el marxismo se apoyaba en una doctrina pretendidamente científica, racionalista y economicista hasta lo inhumano, que ganaba adeptos entre la intelectualidad ; Teilhard intentó contrarrestar la visión del mundo del marxismo con una cosmogénesis que, salvando los aspectos que consideraba esenciales en el catolicismo, le diera una fundamentación científica. En rigor hay que decir que no lo consiguió... El Santo Oficio en 1962 dió constancia que “...sus escritos, en numerosos puntos, están mas o menos en oposición con la doctrina católica”. Hasta el siglo XVIII sus libros hubieran resultado quemados... y, posiblemente, también él hubiera sufrido el mismo destino.

    Desde nuestro punto de vista, el error de Teilhard consistió en intentar racionalizar y buscar una fundamentación científica a aquello que es una experiencia interior. Un viejo cuento sufí explica que un místico se fue al desierto a meditar y vió a Dios. Al volver sus conciudadanos le preguntaron : “explícanos lo que has visto”. El, mediante aproximaciones y parábolas intentó dar una visión aproximada. Algunos de quienes le oyeron, fundaron una nueva religión y estuvieron dispuestos a morir y a matar por su fé. Pero ¿cómo unas pobres palabras pueden describir la experiencia de lo Divino ?. A Teilhard le ocurrió otro tanto : ¿cómo las ciencias físicas pueden interpretar lo que está más allá de ellas y en otra dimensión, la meta-física? Entre ambas áreas del conocimiento existe una experiencia cualitativa y no solo un grado de evolución. Lo que interesa al místico es la vivencia mística, no racionalizar los procesos mediante los cuales ésta se genera. De hecho, las escuelas místicas de todos los tiempos han prescrito el silencio y el secreto ; los taoístas incluso han explicitado que “quien habla de la Vía, se aleja de la Vía”. Teilhard se perdió en su intento de explicar “la Vía” y su destino.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo,.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción sin indicar procedencia

Coudenhove-Kalergi ¿Ángel o diablo? (IV de VIII Parte B). El papel del judaismo en la obra de Coudenhove

Infokrisis.-Prosiguiendo con la síntesis doctrina de Coudenhove nos topamos con un tema verdaderamente apasionante y nunca hasta ahora interpretado en su justa medida. Después de una juventud en la que no faltaron tentaciones antisemitas, bruscamente en 1925, publica su obra Idealismo Práctico en la que sostiene que el futuro de europa será mestizo y el papel del judaísmo será central junto al de la aristocracia europea. Vamos a intentar desarrollar estas ideas tal como las expuso Coudenhove y a formular una propuesta de interpretación sobre su origen que abarcará los dos próximos capítulos.

 

2.  El judaísmo en la obra de Coudenhove-Kalergi

 

Uno de los aspectos más polémicos de la obra de Coudenhove-Kalergi y los que le han constado más ataques por parte de la extrema-derecha es, sin duda, su actitud hacia el judaísmo. Para colmo, Kalergi estuvo durante unos pocos años –como ya vimos- adscrito a la masonería vienesa y, por si eso fuera poco, además, su esposa era una actriz de origen judío. De ahí a que algunos consideraran a Coudenhove-Kalergi como uno de los “sabios de Sión”, no había más que un paso que muchos no dudaron en dar. No podemos evitar percibir cierta sensación de proximidad entre Coudenhove-Kalergi y las opiniones (y el drama personal) de un alemán de origen judío que tuvo un papel relevante en la Alemania de la I Guerra Mundial y de la primera postguerra, Walter Rathenau.

Sobre los hombros de Rathenau había descansado la responsabilidad de la planificación de la industria armamentística durante la guerra. Y había cumplido. También le cupo la responsabilidad de formar parte de la delegación alemana que negoció el armisticio y los acuerdos de Versalles y, finalmente, fue la única mente verdaderamente notable de la República de Weimar. Había sido presidente de la AEG y dado trabajo a millones de alemanes, pero nada de todo esto le impidió ser considerado como uno de los “sabios de Sión”[1].

Ernst von Salomón, sin duda el mejor escritor de su generación junto a Ernst Jünger, describió con todo lujo de detalles las conversaciones que tuvieron lugar en el mes de XXX de 1922, cuando un grupo de excombatientes de los Freikorps decidieron atentar contra Rathenau. No lo hacían como ejercicio de antisemitismo sino por considerar que Rathenau era una mente superior a cualquier otra que hubiera participado en la República de Weimar y que, por tanto, hubiera podido a contribuir al odiado y débil régimen. Matarlo era para ellos una necesidad vital[2]. Y así lo hicieron. Dos de los tres miembros del comando murieron en los días siguientes y el propio von Salomón permaneció durante seis años en prisión por haber colaborado en el crimen. De la cárcel salió convertido en el mejor escritor de su generación.

En el caso de Coudenhove-Kalergi, la extrema-derecha, igualmente, ha simplificado sus ataques reduciéndolo al papel de marioneta de los judíos o de hacedor del mundialismo. A decir verdad, ni una ni otra acusación son ciertas. Si la extrema-derecha ha identificado la obra de Coudenhove como “masónica”, no se debe tanto a su breve militancia en la masonería austriaca (que no aportó nada esencial a su obra, ni para bien ni para mal y que lo más probable es que ingresara en sus filas, simplemente, para ampliar su radio de acción), sino que lo hace por que todo lo que aparece como superador de los Estados-Nación es, a los ojos de la extrema-derecha “masónico”. El problema es mucho más complejo. Y no digamos en lo relativo a la posición de Coudenhove-Kalergi en relación al judaísmo que merecería un estudio aparte. Vamos a intentar resumir los puntos de vista de Coudenhove sobre este tema y a procurar explicar el por qué de sus posiciones.

a. El sorprendente punto de partida

Idealismo Práctico es una de las obras de Kalergi que nunca han sido traducidas al castellano y que tampoco se encuentra en ninguna de las Bibliotecas accesibles en España. Eso, hace apenas diez años hubiera sido un problema insuperable, sin embargo, en la actualidad la combinación de sistemas de transmisión de archivos en P2P y software de traducción automática, permiten hacer una aproximación al texto. Y eso es lo que hemos hecho. Una parte de este libro está dedicada precisamente a estudiar el papel y la naturaleza del pueblo judío.

Nos llamó inicialmente la atención una fragmento de Idealismo Práctica, a partir del cual desarrollaremos el tema. El fragmento en cuestión dice: “De la humanidad cuantitativa europea que sólo cree en cantidad y masa, se destacan dos razas cualitativas: la aristocracia y el judaísmo. Separados entre sí, cada cual por su lado, tienen fe en su alta misión, su sangre más pura, las diferencias entre clases. En esas dos privilegiadas razas heterogéneas se encuentra el núcleo de la futura nobleza europea: En la aristocracia feudal, mientras que se deje corromper por la corte, y en la aristocracia intelectual judía, mientras no se deje corromper por el capitalismo […]. Aquí lo que una Lenin, el hombre de hidalguía campestre, y a Trotsky, el escritor judío, se convierte en un símbolo…”[3].

 

De este fragmento, en sí mismo, se pueden realizar algunas deducciones. La primera de todas ellas es el autodidactismo que subyace y que ya hemos resaltado. Coudenhove-Kalergi tiene “ideas propias” y algunas de ellas pueden parecer bastante excéntricas si no se tiene en cuenta cómo han llegado hasta él. La presunta “hidalguía campestre” de Lenin, un activista político, maquiavélico y fanático, aparentemente frío y calculador pero que solía caer víctima de los peores subjetivismos[4], en cuanto a considerar a Trotsky como “escritor judío” parece, así mismo, no menos aventurado[5].

Estas especulaciones personales de Coudenhove no pueden hacer olvidar el contenido esencial de la idea que pretende transmitir: en la Edad Media existieron dos “razas puras”, la nobleza y el judaísmo. Le falta explicar el por qué. La nobleza es, efectivamente, una “raza pura” en la Europa de la Alta Edad Media en la medida en que estuvo formada por las aristocracias germánicas que llegaron con las oleadas que destrozaron el Imperio Romano. En España este proceso es extremadamente en los montes Astures y en los Pirineos de los que partieron los dos núcleos originarios de la Reconquista. Sus impulsores fueron exclusivamente nobles visigodos refugiados en las montañas y que mantuvieron (hasta el siglo XI-XII) la idea de reconstruir el Reino Visigodo. Procesos similares aparecieron en otros países europeos siempre con la misma resultante: las aristocracias estuvieron formadas por las élites “barbaras” que llegaron a Occidente en los siglos IV-V. En cuanto al judaísmo, nadie podrá rebatir su carácter de “raza pura”. Hasta ahí el análisis de coudenhove es tan correcto como original. Es, a partir de ese momento, en donde el análisis se convierte en especulación subjetiva.

Repetimos el texto de Coudenhove, tras decir que el núcleo de la “futura aristocracia europea” se encuentra en la aristocracia y en el judaísmo, advierte que el “único problema” sería que la ristocracia feudal se dejara corromper “por la corte” y que la aristocracia intelectual judía, se dejara corromper “por el capitalismo”. Pero desde el siglo XVII las aristocracia europeas ya se habían dejado corromper por las cortes y el judaísmo había sido uno de los factores esenciales en la irrupción del capitalismo, no el único, pero sí uno de los más importantes tal como demostró Werner Sombart en varias obras[6], tesis que ha sido aceptada incluso en medios del judaísmo contemporáneo[7]. Le tesis clásica es que el judaísmo estuvo en mejores condiciones para asumir el capitalismo porque, los siglos en los que el catolicismo prohibió el préstamo con interés, los judíos eran los que se hacían cargo de esas operaciones y eso posibilitó que el pueblo judío estuviera “acondicionado” para la nueva etapa de evolución económica de la sociedad iniciada con las primeras acumulaciones de capital que se produjeron entre los mercaderes Venecianos y Genovesas cuando abrieron el comercio de las especies.

Sea como fuere, Coudenhove realiza un análisis elogioso sobe el judaísmo en Idealismo Práctica que, como todos los análisis de este tipo suelen destacar los aspectos positivos, capacidad intelectual de abstracción, liderazgo intelectual, eludiendo los problemáticos. Por otra parte y, a decir verdad, el liderazgo judío en muchos aspectos no es tal, sino que corresponde al podercentaje real que correspondería a cualquier otro grupo étnico europeo[8]. Por lo demás, frecuentemente, ese liderazgo aparece en personas que han abandonado el judaísmo, mucho más que en judíos afectos a la sinagoga. Ni Marx ni Freud fueron piadosos judíos. De Spinoza o Bergson puede decirse lo mismo. Y si en los orígenes de la física nuclear han aparecido acumulaciones de teóricos de raza judía, no es menos cierto que han estado también completamente ausentes de otras áreas de la ciencia moderna. Hay judíos en música y… muchos más músicos que no son judíos. En cuanto a la abrumadora presencia de judíos en los primeros tiempos de la Revolución Rusa y en las revoluciones comunistas de los años veinte, es cierto que existió y, a decir verdad, no se trató de ninguna élite intelectual, sino que correspondía al papel marginal y la situación social miserable del judaísmo centroeuropeo del que Gustav Meyrinck realiza una descripción magistral en sus novelas[9].

Coudenhove no ve que buena parte del judaísmo centroeuropeo de los años 20 vive en plena miseria. Quiere ver –y ve- en el judaísmo a una “raza superior”, cuando escribe: “La prominente posición de la que goza el judaísmo hoy en día, se debe únicamente a su superioridadi ntelectual que lo capacita para vencer a una inmensa mayoría de rivales privilegiados, hostiles, envidiosos […] Como pueblo, el judío vive la eterna lucha de la cantidad contra la calidad, de grupos interiores contra individuos superiores, de mayorías inferiores contra minorias superiores”[10].

Coudenhove escribe estas líneas en 1925. En ese momento, los sentimientos antisemitas en toda Europa, especialmente en Europa Central, se han alimentado a causa de dos fenómenos: la identificación de algunos exponentes del judaísmo como máximos beneficiarios de la I Guerra Mundial que han edificado sus fortunas sobre la miseria y la ruina de las poblaciones y el anticomunismo generado como rechazo a los excesos cometidos en todos los países en los que estallaron movimientos sediciosos comunistas en los primeros años , a la vista de que estos movimientos tenían entre sus dirigentes a numerosos miembros de la comunidad judía.

Sin embargo, a despecho de las realidades étnicas y sociales, el análisis de Coudenhove-Kalergi puede calificarse, como mínimo de subjetivo en materia judía. Volveremos más adelante a él.

El segundo elemento sorprendente de la “teoría racial” de Coudenhove Kalergi es su alabanza del mestizaje. A decir verdad, fue la primera persona en el siglo XX a la que se le ocurriría glosar las virtudes del mestizaje y proponer una “Europa mestiza”.

Para Coudenhove, en efecto, el mestizage es saludable… a pesar de que identifique en la personalidad mestiza cualidades problemáticas. Escribe eclécticamente: “El resultado es que, en los mestizos, se unen la falta de carácter, el desenfreno, la debilidad de la voluntad, la inestabilidad, la crueldad y la infidelidad con la objetividad, la universalidad, la agilidad mental, la falta de prejuicios y la amplitud de horizontes”[11].

A mayor abundamiento, cuando intenta pintar al hombre del futuro, nos vuelve a sorprender con una declaración que anticipa 80 años el zapaterismo: “El hombre del futuro será un mestizo […] la futura raza afroeurasiática que se parece exteriormente a la del antiguo Egipto, reemplazará la diversidad de los pueblos por la diversidad de las personalidades. Según las leyes genéticas, con la diversidad de los antepasados, crece la versatilidad, mientras que con la homogeneidad de los antepasados, crece la uniformidad de los descendientes. En las familias con cruzamiento consanguíneo, un ihijo se parece al otro, ya que todos poseen los mismos rasgos familiares […] la consanguinidad crea rasgos característicos, el cruzamiento crea personalices características”[12].

b. El origen de su admiración por el judaísmo y por el mestizaje

Estos elementos son perturbadores y se integran malamente en la imagen de marca de Coudenhove-Kalergi como “padre de Europa”. De hecho, se trata de afirmaciones discutibles que empañan lo indiscutible de la necesidad de una entente europeo para superar guerras como la de 1914-18 o la francro-prusiana de 1870 o la última guerra mundial. Pero, para Coudenhove estas ideas son capitales y las plasma en un libro que, cronológicamente, (1925) sigue al lanzamiento de su idea paneuropea (1922). ¿De dónde salen esas ideas?

Es extremadamente fácil contestar a esta pregunta a poco que nos fijemos en algunos datos de su biografía:

1.- Defensa del mestizaje (a pesar de los pesares y de reconocer él mismo que genera individuos “inestables, versátiles, crueles, infieles y débiles”…) es un producto… de su propia condición de mestizo de aristócrata austro-húngaro y madre japonesa, descendiente de un linaje de samuais[13]. Ese doble origen le dio una amplia cultura antropológica, pero también da la sensación a partir de la lectura del capítulo sobre el mestizaje en Idealismo Práctico que, en algunos aspectos de su vida, pesó como una losa sobre su personalidad: era mestizo en un universo de valores que tenía en alta estima a las “razas puras”.

2.- Síntesis de aristocracia con judaísmo: él era un mestizo casado con una actriz judía que se convirtió en estrecha colaboradora suya en el proyecto paneuropeo. A partir de su matrimonio, Coudenhove sintió necesidad de metabolizar su situación personal dándole forma de una teoría de las razas. Además, en su juventud, Coudenhove tuvo tentaciones antisemitas que posteriormente buscaría limpiar.

3.- Aristocratismo y judaísmo: Coudenhove era miembro de una ilustre familia centroeuropea. Él mismo heredó el título de Conde. Al defender una síntesis de aristocracia y judaísmo lo que hacía era reactualizar un viejo mito de la aristocracia europea (especialmente de la francesa y de la centroeuropea, aunque también estuvo presente en el pasado en el Reino Unido). Sintetizamos: esta concepción quería que por la aristocracia europea discurría la sangre de la Casa de David y no en sentido alegórico sino físico, a través de mezclas que tuvieron lugar a partir del período carolingio[14].

4.- Europeismo como resultado del mestizaje: La saga de los Coudenhove era oriunda de Flandes donde ya ostentaba titulo de nobleza y se trasladó a Austria al estallar la Revolución Francesa. En cuanto a los Kalergi con los que se fusionaron a mediados del siglo XIX, eran ricos cretenses. La saga se había cruzado a lo largo de los dos últimos siglos con polacos, bálticos, noruegos, franceses y alemanes. El padre de Coudenhova hablaba 16 idiomas y desempeñó cargos diplomáticos en Atenas, Constantinopla, Río de Janeiro y Tokio. Nadie mejor que él para intentar una síntesis.

Coudenhove, deliberadamente o movido por resortes de la psicología profunda, creó un sistema que respondía exactamente a su biografía y a los condicionamientos que le imponía. De hecho, en pocos intelectuales del siglo XX estos condicionamientos de origen han estado tan presentes en su obra.

Vamos a ver ahora la que sin duda constituye la característica más perturbadora de las que hemos mencionado: la relación entre la aristocracia europea y el judaísmo.

 

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com



[1] Dominique Venner, Baltikum, La Storia dei Corpi Franchi, Germania 1919-1921, Ciarrapico Editore, Roma 1981, Capítulo XVI, La “vehme” punisce i tradittori, pág. 307 y sigs.

[2] Dominique Venner, Baltikum, op. cit., pág. 325.

[3] Idealismo Práctico, op. cit., pág. 45.

[4] En 1916, cuando Lenin languidecía en su exilio suizo y los alemanes todavía no habían llamado a su puerta enviándolo, literalmente empaquetado a la rusia zarista para que deslabazara su retaguardia, sostenía la “interesante” idea de que Suiza era el país europeo en donde antes estallaría la “revolución proletaria”… porque allí el proletariado “tenía armas” (las del servicio militar que consevan los suizos en sus hogares). Lenin, como máximo puede ser considerado un analista político fanático y dotado por la diosa Fortuna mucho más que por sus cualidades de prospectiva.

[5] Trotsky era el genial agitador, el despiadado conductor del ejército rojo y otra versión del analista político, que intenta ser frío pero que, como Lenin apenas hace otra cosa que establecer una visión apriorística que luego intenta por todos los medios justificar en función de exhaustivos análisis. Es decir, lo contrario al “método científico”.

[6] Ver a este respecto: Werner Sombart, El Burgués, Alianza Universidad, Mdrid, 1972, especialmente Capítulo 17, pag. 240, Capítulo 21 (Los Judios), pág. 273 y Catítulo 24 (Las emigraciones de los judíos), pág. 306.

[7] En la web argentina “Torah”, (http://www.tora.org.ar/contenido.asp?idcontenido=1202), Yehuda Levi culmina su estudio titulado “La Torah es ¿capitalista o socialista? con esta frase: “En definitiva, el aparato económico de la Torá es capitalista, pero su espíritu es socialista”.

[8] Por el contrario, Coundenhove-Kalergi pensaba que la presencia de judíos en las élites intelectuales era superior a la normal. Escribe: “Con estos dos intentos de salvación de la espiritualidad y las costumbes, el judaísmo ha auspiciado más que ningún otro pueblo a las masas desheredadas de Europa. Así como el judaísmo moderno supera a todos en el porcentaje de hombres importantes: apenas un siglo después de su liberación, este pequeño pueblo está a la cabeza de la ciencia moderna con Einstein, a la cabeza de la música moderna con Mahler, a la cabeza de la filosofía moderna con Bergson, y a la cabeza de la política moderna con Trotsky” (Idealismo Práctico, op. cit., pág. 51-52).

[9] Véase el blog: http://gustavmeyrink.blogia.com en donde estan insertadas algunas de las obras de este novelista, entre otras El Golem cuya acción se desarrolla en el gueto judío de Praga: no nos engañemos, el clima de estos guetos era de miseria pura y simple y, por tanto, era un nido de agistadores y militantes comunistas.

[10] Idealismo Práctico, op. cit.. pág. 52

[11] Idealismo Práctico, op. cit.. pág. 21

[12] Idealismo Práctico, op. cit.. pág. 22

[13] Dato aportado en Wikipedia, edición norteamericana, http://en.wikipedia.org/wiki/Count_Richard_Nikolaus_von_Coudenhove-Kalergi

[14] Esta idea está sintetizada en la obra de Joaquín Javaloys, El origen judío de las monarquías europeas, Editorial EDAF, Madrid 1999.

 

El Grial. Capítulo 23 de Le Mystère du Vin, de Louis Charpentier

Infokrisis.- Estamos traduciendo una pequeña obra de Louis Charpentier -autor de libros publicados en los años 70 y 80 con títulos como El Misterio de la Catedral De Chartres, Los Gigantes y el Misterio de los Orígenes, El misterio Vasco, El Misterio del camino de Santiago y Los misterios Templarios- titulado El Misterio del Vino cuyo nombre ya es de por sí elocuente. La obra es singularísima porque explica todos los tradiciones que giran en torno al vino. El último capítulo sintetiza, en buena medida, lo que el vino ha constituido para la tradición occidental y que se resume en el tema del Graal. Y es justamente en estos momentos cuando la ola de confusión que cierta literatura novelesca de muy mala calidad ha difundido en torno al Graal, es de agradecer el retorno de quien como el fallecido Charpentier nos remite al "verdadero camino". Por eso reproducimos el capítulo que constituye el último de esta obra.

23

El Grial

El hada o diosa gala Kerridwen era la personificación de la naturaleza e inspiradora de la poesía: preparaba en un caldero sagrado el brebaje de la sabiduría. Era una mixtura (gréal), compuesto, al parecer, por seis plantas mágicas que era preciso dejar hervir durante todo un año.

Un día, mientras que iba a recoger hierbas, dejaba el caldero a cargo de su enano Gwion. Pero, desgraciadamente, el enano removiendo el precioso brebaje, hizo caer tres gotas sobre sus dedos. Instintivamente, se llevó los dedos a la boca y, por ello, adquirió el Conocimiento.

Luego huyó. Perseguido por Kerridwen, una lucha con metamorfosis incluidas, se entabló entre ellos. Finalmente, Gwion, a fin de escapar a la magia, se transformó en grano de mijo que, ella convertida en gallina, comió; nueve meses después, tuvo un hijo. Taiesin, que más tarde sería el gran maestro de la sabiduría, un druida sabio entre todos.

Este caldero de Kerridwen, es igualmente el caldero de Lug; el caldero de la abundancia, el constructor, el mago. Es el Lug del largo brazo, el operativo. Hay un caldero en el cual hierven estas pociones que curan enfermos y heridos, que resucita a los muertos, el primero de los griales… Es médico y alquimista” (1).

Con los cristianos, el caldero donde se prepara el brebaje divino se convierte en el vaso sagrado que Cristo había designado a sus apóstoles invitándolos a beber, “li vaissiaus u Jesús sacrifioit”, aquel donde se ofrecía a sí mismo.

La leyenda cristiana de la Edad Media quiere que José de Arimatea haya recogido, en este mismo vaso, la sangre de Cristo que manaba del corazón traspasado por la lanza de Longinos: “Et la sanc qui en dégoutait mist en son vaisiel”.

El Grial es pues el instrumento de una comunión con el mundo sobrenatural; hubo conservado, por otra parte, los caracteres esenciales del caldero sagrado de las antiguas religiones célticas: da la sabiduría y, sobre el plano material, posee el poder de curar y apacigua la sed y el hambre. Así, cuando José de Arimatea sea encarcelado durante cuarenta y dos años sin que ningún alimento le sea dado, bastará contemplar el Grial que había guardado, para no tener necesidad ni de alimento ni de bebida.

“La historia de las cruzadas revela que, tras la toma de Ascalón, un vaso sagrado correspondió a los genoveses, un vaso de forma octogonal, de oro, y de este vaso nació la leyenda del Grial… (2).

Por otra parte el tesoro de la catedral de Valencia, en España, dice poseer el verdadero Graal, que es igualmente un muy bello caliz de oro adornado con piedras preciosas, que me ha sido dado admirar.

Este vaso maravilloso, lo volvemos a encontrar a finales del siglo XII, en los relatos de Chretien de Troyes:

Perceval, que cabalga solo en busca de aventuras, llega, una tarde, a la orilla de un amplio río que no puede atravesar. Ve una barca sobre la que se encuentran dos hombres. Uno de ellos le ofrece hospitalidad: es el que se llamará el “rey pescador” o rey méhaigné (herido).

Cuando el joven caballero llega al castillo de su huésped, le acogen servidores, despojándolo de su armadura y revistiéndolo de un manto escarlata. Luego, es conducido en la gran sala del castillo, donde, nos dice Chrétien, había lugar para cuatrocientos caballeros. El señor que le ha invitado, anciano y casi enfermo, esta recostado sobre un lecho, ante una chimenea donde arde el fuego. Ruega a Perceval sentarse a su lado. Y allí ocurre una escena extraordinaria:

Un valet (3) entra, manteniendo por medio de un mango una lanza escarlata. En la punta de esta, una gota de sangre discurre lentamente a lo largo de la lanza, hasta la mano del valet.

Le siguen dos hermosos jóvenes llevando cada uno de ellos, candelabros de oro donde arde un gran numero de velas. Una joven les sigue detrás de ellos:

Un graal antre ses deux mains

Une damoiselle tenoit,

Que avuec les valsez venoit,

Bele et jante et bien acesmée (4).

Quant elle fut leanz antrée

Atot le graal qu’elle tint,

Une si granz clartez i vint

Qu’aussi perdirent les chandoiles

Lor charté come les estoiles

Quant li solauz lieve ou la lune (5).

Según Chétien de Troyes, el Graal era de oro puro. La joven que lo lleva es seguida de otra que sostiene una pequeña bandeja plana.

Se sirve una comida suntuosa… Y al día siguiente Perceval se pone en camino hacia la corte del Rey Arturo donde le esperan numerosas aventuras.

La muerte prematura impidió a Chrétien de Troyes terminar su relato.

Inmediatamente después suyo, a principios de siglo XIII, Wolfram von Eschenbach recuperó el mismo tema y concluyó el relato. Según la antigua leyenda germánica, Titurel habría levantado un templo al Santo Grial, en Montsalvat, y lo habría confiado a la guardia de doce caballeros templarios. Pero una tradición quiere que von Eschenbach diera como marco a su canción de gesta, el monasterio de San Juan de la Peña, cerca de Jaca, en España, morada de los templarios, guardianes del Grial, y donde aún pueden verse, esculpidos en el monasterio, sus enseñas

Para el poeta, el Grial es una piedra maravillosa “que en su esencia es toda pureza”, que sana e impide morir.

En su relato, el cortejo que recorre el castillo es mucho más fastuoso que en el de Chértien; la reina, Repanse de Joie, está precedida por jóvenes magníficamente vestidas y “sobre un pañuelo verde esmeralda, lleva un objeto tan augusto que el paraíso no sería más hermoso. Este objeto, se llamaba el Grial”. Lo coloca sobre la mesa tallada en jacinto.

“Tres tablas han llevado al Grial. Una es redonda, la otra es cuadrada y la tercera es rectangular, y las tres tienen la misma superficie…”

“Y estas tres mesas están presentes en el plano de Chartres, siendo el medio de construcción más extraordinario y, por así decirlo, más extravagante que me he atrevido a describir” (6).

Existe igualmente una “leyenda según la cual el Grial habría sido tallado en una esmeralda desprendida de la frente de Lucifer (Lux, lucis y fero: el que lleva la luz), al caer junto a los ángeles rebeldes a las esferas de la luz increada…” (7)

“De textura hialina, esta gema preciosa entre todas debe su color verde al spiritus mundo, al espíritu del mundo que se introdujo como en un vaso de elección” (8).

Y esto plantea una cuestión: ¿qué era pues el Grial, este vaso misterioso del que se busca siempre su exacto significado? ¿Era el caldero sagrado donde los celtas preparaban sus “medicinas universales”? ¿O más bien era la copa que, tras haber contenido el vino de la Cena, hubo recogido la preciosa sangre de Cristo? ¿O la esmeralda, esta piedra preciosa como no hubo jamás, caía de la frente de Lucifer? ¿O según Wolfram von Eschenbach, la piedra maravillosa?

¿Continente o contenido?

Es evidente que “la leyenda cristiana del Grial no es más que una adaptación de una leyenda celta muy anterior. Y la palabra Graal es, en sí misma, un vocablo celta.

“Su origen no es, sin embargo, ciertamente céltico. Puede ser muy bien anterior. En mi opinión esta palabra deriva de la raíz “Car” o “Gar”, que significa “piedra”. El Gar-Al, o Gar-El, podría haber sido el vaso que contuvo la piedra, o el vaso de piedra (Gar-Al), o la piedra de Dios (Gar-El)” (9).

Sea como fuere, es indudable que el símbolo es alquímico, tal como nos permiten pensar todos los poemas y leyendas que giran en torno a la preciosísima copa.

En el relato de Chrétien de Troyes, en la procesión que atraviesa la gran sala, una joven lleva el Grial de oro puro, otra sigue llevando una bandeja de plata; el sol y la luna, los dos padres herméticos de la piedra filosofal. Y la lanza, indispensable para la obra alquímica, aún manchada con la sangre del dragón.

Y más adelante en el poema, Perceval, apoyado sobre su lanza, contempla –sin entender exactamente lo que está viendo- la sangre que ha extendido sobre la nieve blanca, una oca herida. El caballero está fascinado por estos dos colores, rotundos bajo el sol de invierno: el blanco y el rojo.

En la novela gala de Peredur, un pato había resultado muerto; sobre la nieve manchada con su sangre, se abatió un cuervo. Como Perceval, Peredur se detuvo a fin de mirar el cuervo negro, la nieve blanca y la sangre roja.

Es fácil reconocer en todo esto los tres colores alquímicos; en Chrétien, solamente aparecen dos: la obra al blanco y la obra al negro.

Para Wolfram von Eschenbach, es, como hemos visto, la piedra de “toda pureza, que cura e impide morir”, virtudes características de la piedra filosofal.

Y para nosotros cristianos, es el vaso sagrado que ha contenido el vino precioso de la Cena: la sangre de Cristo. Vino que cura el alma y le da la vida eterna.

En realidad, la solución del enigma nos es dada en el portal norte de la catedral de Chartres, el portal de los iniciados: Melquisedech lleva el Grial, el “santísimo vaso”, de donde emerge, perfectamente visible, la piedra filosofal. “Es el Santo Grial, es la gracia del Espíritu Santo”, tal como había dicho San Bernardo.

(1) Los Gigantes y el misterio de los orígenes. Ed. Plaza & Janés.

(2) El Misterio de la Catedral de Chartres, Ed. Plaza & Janés.

(3) En esta época, valen tiene el sentid de joven gentilhombre,

(4) Acesmée: adorno y de noble porte.

(5) Chrétien de troyes, Perceval le Gallois.

(6) Los gigantes y el misterio de los orígenes, Ed. Plaza & Janés.

(7) E. Canseliet, Alchimie, Ed. J.J. Pauvert.

(c) Por la traducción: Ernesto Mi,à - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com