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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (VIII) 1.3. La Tacuara rota. "Joe" Baxter

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica  (VIII) 1.3. La Tacuara rota. "Joe" Baxter

Infokrisis.- A partir de 1961, Tacuara empieza a sufrir una mutación interior, gestándose la escisión que se producirá unos años después. A partir de ese momento, está en gestación el nacimiento de un nuevo grupo disidente, el Movimiento Nacionalista Revolucionario "Tacuara", dirigido por un hombre extraño y espectacular "Joe" Baxter. En las tres próximas entregas de este estudio, vamos a abordar la historia del MNRT y, en este capítulo en concreto, la sorprendente biografía del que fue su alma, "el Gordo" Baxter.

 

 

1.3. La Tacuara rota.

A finales de enero de 1961, el Movimiento Nacionalista Tacuara ya había hecho causa común con el peronismo en algunas luchas, pero no se había integrado en sus filas. La actividad de aquellos jóvenes lobos, perfectamente organizados y capaces de desarrollar un alto potencial de violencia, había llamado la atención del general Perón quien ofreció a Alberto Ezcurra la dirección de la entonces grupuscular Juventud Peronista. Ezcurra declinó con amabilidad a pesar de que su situación empezaba a ser peligrosa. Hacía poco que la Tacuara había perdido a algunos de sus elementos más activos, el sector más próximo al padre Meinvielle, dando lugar al Guardia Restauradora Nacionalista. Cuando el movimiento todavía no se había recuperado de la escisión, dos militantes de las Brigadas Sindicales, Dardo Cabo y Edmundo Calabró, se escinden constituyendo el Movimiento Nueva Argentina que ya acepta el título de peronista. El grupo es lanzado el 9 de junio de 1961 cuando se conmemora el quinto aniversario del levantamiento del general Valle que terminó trágicamente. Los siete fundadores del MNA situaron su primer lugar de reuniones en el Café Matheu, en barrio Once. Entre ellos se encontraba Antonio Arroyo, antiguo miembro de la Alianza Libertadora Nacionalista que en 1959 había intentado unirse a la guerrilla de los Uturuncos en Tucumán. A partir de este núcleo fundador, se sumaron miembros de la UNES, de la Tacuara y de la GRN. Un año después se instalaron en el local de la calle French 2927 que siguió siendo la sede del partido hasta que, en 1966, el gobierno militar del general Ongania lo clausuró definitivamente… algo tarde por que el MNA se había disuelto un mes antes. El local pasaría a la asociación Concentración Nacionalista Universitaria, creada en 1968 por Carlos Disandro. Los restos del grupo –que había alcanzado cierto nivel de desarrollo- se integraron en la Juventud Peronista realizando algunas operaciones terroristas que firmaban como “Comando Revolucionario de la Juventud Peronista”. En cuanto a Dardo Cabo acabó trágicamente sus días fusilado por la Junta Militar de Videla en 1977.

Alberto Ezcurra y su grupo seguirán vinculados, hasta su disolución en 1965, a los esquemas propios del neo-fascismo extraparlamentario europeo de los años sesenta en los que la retórico y el “estilo” joseantoniano tenían un peso decisivo. El mito de los miembros de todas las nacionalidades europeas defendiendo la cancillería de Berlín has la muerte, con el uniforme de las SS, tenía un peso decisivo. Ezcurra había escrito en “Ofensiva”: “O triunfamos y desfilamos victoriosos bajo el Arco de Triunfo, o fracasarnos y nos pegamos un tiro en la Cancillería de las ruinas de Berlín”. La propia estructura de la organización, cuando era unitaria, contemplaba la existencia de un cuerpo construido a imagen de las SS, el “cuerpo de milicias”.

La estructura militante de la Tacuara estaba formada por “comandos de barrio”, en realidad agrupaciones locales de militantes en función del lugar de residencia. Cuando estos eran suficientemente sólidos, constituían interiormente un “cuerpo de milicias”, formado por los militantes mejor dispuestos para la acción. Cada “comando” tenía un nombre. Inicialmente, todos evocaban lugares comunes en la extrema derecha. Pero en los primeros años sesenta, a medida que la composición sociológica del grupo va variando -se integran en Tacuara cada vez más jóvenes procedentes de las clases trabajadoras, ellos o sus padres, frecuentemente vinculados a la CGT- estos nombres cambian y se vinculan progresivamente al peronismo (Comando 17 de Octubre, Comando Lealtad) o al sindicalismo (Comando 1º de Mayo). Cada vez aparecen más retratos de Perón en las sedes de la Tacuara. Cuando las reuniones son abiertas y no pueden celebrarse en los locales, utilizan los de algunos sindicatos obreros. Jorge Caffatti, uno de los líderes del MNRT, reúne a sus muchachos en el Sindicato del Tabaco y les dice: “No es casual que estemos aquí y no en otra parte. No se encuentra a los revolucionados en las sacristías”.

A principios de 1960, como escribe Roberto Bardini, uno de los biógrafos de Tacuara y miembro del grupo: “un nuevo aluvión juvenil llega de los barrios periféricos y desborda la capacidad de absorción de tacuara. Lo nuevo ahora, son los apellidos tanos, gallegos y sirio-libaneses, las solicitudes de afiliación que llegan de Flores, Lanús, Quilmes, Avellaneda: es el medio pelo”. Y otro de los comentaristas que han reconstruido la historia de Tacara, Andrés Castillo, aclara sobre su incorporación a esa organización que “casi todos los chicos del barrio entran a Tacuara, pero nosotros –ahí adentro- seguíamos manteniendo nuestra identidad peronista. Nos integramos por el tema del nacionalismo, de la violencia, de la verdad de los puños y las pistolas, por encima de lo racional…”.

A partir de ahora, hay en Tacuara dos formas de entender la política, dos orientaciones completamente diferentes –la nacionalista y la peronista- y por tanto, dos organizaciones que siguen actuando por inercia utilizando el mismo nombre. No será por mucho tiempo. Sabemos quien era Ezcurra, líder del MN Tacuara. Pero veamos ahora quien dirigía el sector disidente, “Joe Baxter”.

1.3.1. “Joe Baxter”, el alma de la “Tacuara revolucionaria”

El 11 de julio de 1973, un Boeing 707 de las líneas Varig con destino a Bruselas se estrelló poco después de despegar del aeropuerto parisino de Orly. Murieron 123 de sus 134 pasajeros. Uno de ellos era un argentino de 33 años provisto de pasaporte falso y que llevaba en la clandestinidad durante los últimos nueve años. Costó identificarlo. Se trataba de “Joe” Baxter, alias “El gordo”, “Salvador” y “Rafael”. Hoy está sepultado en el cementerio británico de Buenos Aires.

Descendiente de irlandeses, su fama fue temprana. Era alto y corpulento. Como todo pelirrojo, su rostro estaba cubierto de pecas. Aprovecharía su aspecto físico anglosajón en Vietnam para atentar contra los norteamericanos. Con apenas 24 años había promovido el asalto al Policlínico Bancario, cuando ya llevaba diez años como militante político. Baxter había iniciado antes su militancia en la Unión Cívica Radical, a mediados de los años cincuenta, para pasar luego al campo del nacionalismo, muy influido por los escritos de José Antonio Primo de Rivera. Llegó a escribir poemas loando su figura y la de otros fascistas europeos. Pero, poco a poco, se fue deslizando hacia la izquierda y hacia el peronismo revolucionario.

Como militante de la Tacuara, Baxter destacó en la organización e impulsión del MNR Tacuara. El 14 de septiembre de 1963, Baxter presentó al MNR en la Facultad de Filosofía y Letras, ante un auditorio mayoritariamente compuesto por estudiantes de izquierda. En el curso de ese acto, pidió la anulación de los contratos petroleros con firmas extranjeras y la nacionalización de los bancos y de los frigoríficos. Fue muy claro a la hora de establecer la diferencia entre los nuevos “amigos” y los “enemigos”. A los que hasta entonces habían sido sus adversarios les dijo: “Recorrimos siempre un camino paralelo en muchas cosas y no nos habíamos dado cuenta”. Respecto a los que hasta entonces habían sido sus camaradas, dijo: “No sólo hay liberalismo cipayo e izquierdismo cipayo; hay también nacionalismo cipayo”, dijo Baxter. “Los nacionalistas cipayos son quienes creen que la batalla por la soberanía argentina se jugó en la Cancillería de Berlín en 1945. Cómo no se van a considerar derrotados, si fueron derrotados en Berlín!”. Llovieron panfletos sobre la sala en los que se podía leer lemas como “Guerra al imperialismo” y “En marcha hacia la liberación nacional”.

Cuando el acto concluyó los militantes del MNRT repartieron ejemplares de su periódico “Tacuara”. El cambio de orientación era patente. El antisemitismo había desaparecido, se condenaba el racismo (“El problema no se da entre blancos y negros, sino entre explotadores y explotados. Si los explotadores blancos son muchos más que los explotadores negros, eso no es motivo de orgullo para la raza blanca”) y la discriminación religiosa; a este respecto se decía: “Creemos que la realidad espiritual de América está dada por el catolicismo, pero entendiendo que todas las demás minorías religiosas merecen nuestro respeto”. Querían demostrar que eran activistas dispuestos a todo, frente a los “charlatanes de café” de la izquierda universitaria. Tras el acto comprobaron que habían perdido algunos apoyos importantes. Baxter reconoció poco después que “Echarnos a favor de la liberación nacional nos costó perder la protección. La misma gente que hasta entonces nos había protegido se nos hizo contra. Ezcurra siguió siendo el niño mimado, nosotros éramos las ovejas negras. Quedamos huérfanos, sin padres y sin dinero”. Y esto condujo directamente al golpe del Policlínico Bancario.

Tras esta operación, proliferaron las detenciones y los pases a la clandestinidad. Baxter, poco después, se desplazó a Montevideo. Alberto Pérez Iriarte, apenas tenía 14 años cuando su madre albergó en su domicilio de Montevideo a unos argentinos huidos. Él mismo explica: “Fue en 1964. Yo era un gurí de 14 años cuando unos muchachos argentinos se alojaron en la casa de mi mamá, en Montevideo. Después me enteré que andaban prófugos de la policía. Eran militantes del Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara y habían asaltado un banco en Buenos Aires. Entre ellos se encontraba Joe Baxter, a quien traté casi hasta el último día de su vida”. Es a partir de las declaraciones de Pérez Iriarte que ha podido reconstruirse una parte de la vida de Joe Baxter.

En Uruguay conoce a Raúl Sendic y contribuye a la organización del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Luego, siempre con documentación falsa, llega a Madrid en donde se entrevista con el General Perón. Vale la pena detenerse un momento en esta entrevista.

Se han publicado varias descripciones de aquel encuentro. Perón se solía levantar temprano. Era un 7 de enero. Baxter apareció en Puerta de Hierro a primera hora. Antes de la entrevista, Perón se había informado de quien era Baxter y de qué era Tacuara. Le recordó que cuando algunos tacuaras habían resultado detenidos en 1962 –entre ellos Nell– tras el robo de algunos vehículos, él les había enviado al penal una foto suya dedicada como forma e expresar su solidaridad contra quienes se oponían al gobierno militar. Perón había leído algunos textos de la Tacuara en los que se glosaba a Mussolini. Así que Perón le comentó que había visitado al Duce. Ignoraba que, en ese momento, Baxter estaba “en otra onda”. Debió recordárselo su secretario, diplomáticamente, ante el silencio respetuoso del líder tacuara: “Disculpe, General, pero estos muchachos leen más a Mao que al Duce”. Al día siguiente la entrevista continuó, pero en ese momento, Perón ya había colocado entre los papeles de su mesa un retrato de Mao. La anécdota la contó el propio Baxter. Lo que ignoraba es que cuando se retiró, Perón lo miró desde la ventana y comentó a su secretario: “Un muchacho fantástico. Parece capaz de hacer él solo la revolución”.

En Madrid, Baxter conoció a la actriz norteamericana Ava Gardner y mantuvo con ella una relación episódica. A partir de Perón conoce al “rais” egipcio, Gamal Abdel Nasser y luego al presidente del Frente de Liberación Nacional argelino Ben Bella. Regresa luego a Uruguay y en Punta Carretas se extrevista con el ex presidente brasileño Joao Goulart derrocado por una Junta Militar. En ese momento ya está unido a una boliviana, Ruth, y ha tenido una hija, Mariana. El año 1968 fue de gran efervescencia revolucionaria y se ve a Baxter en Cuba acompañado por su mujer e hija. Luego irá a París. En mayo se encontraba en la capital francesa y participó en las manifestaciones y en las ocupaciones. Pero en aquellas jornadas, lo más importante para él fue haber conocido a Roberto Mario Santucho, fundador del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), en el que Baxter se integró con el nombre de “Roberto”. En ese momento estaba en la senda del marxismo, en donde, profundizando, llegó al trotskysmo uniéndose a la “Fracción Roja” de la IV Internacional dirigida desde Bélgica por Ernest Mandel.

En Pekín se albergó en el “Hotel de las Nacionalidades”, junto a sus camaradas. Les impresionó la magnificencia de Tiananmen el lugar en el que 25 años después correría la sangre de los jóvenes estudiantes chinos. Permanecieron durante un mes en Pekín. El país les impresionó mucho más que la doctrina maoísta. Luego siguieron cursos de preparación militar. Se levantaban muy pronto, a las 5:30 y corrían dos kilómetros; era duro porque estaban desentrenados y no eran más que apoltronados urbanitas fuera de su ambiente. Con el tiempo mejoraron y llegaron a correr doce kilómetros. Había otros muchos grupos como ellos de las nacionalidades más diversas. En aquella época, China, como Cuba, como la URSS, hacían esfuerzos titánicos por exportar su revolución. De todo este periplo chino, Baxter asumió especialmente la idea de “guerra revolucionaria” entendida como “guerra popular prolongada”.

Se ignora los caminos a través de los cuales, Joe Baxter recala en China y como le proponen recibir entrenamiento militar junto a sus tacuaras y a miembros de la Juventud Peronista. Sea como fuere su afán de aventuras y su vocación anti-imperialista le llevan a Vietnam, donde se pone al servicio del Vietcong o del Ejército Norvietnamita. Aprovechando su aspecto físico, Baxter, vestido de oficial canadiense, penetró en el Club de Oficiales del ejército de Estados Unidos en Saigón, observó el lugar y trazó el plano que luego utilizaría el Vietcong en la ofensiva del Thet. Incluso se cuenta que Baxter participó personalmente en el ataque por lo que fue condecorado por Ho Chi Minh. ¿Episodio real o una parte de la leyenda de Joe Baxter? Imposible saberlo. La única seguridad, a estas alturas, es que la biografía de Baxter es propia de un aventurero. Así al menos la definieron sus antiguos camaradas uruguayos, los primeros Tupamaros. Otro de quienes le conocieron bien, un ex miembro de la Tacuara dice de él que era “ocurrente e histriónico”. En el PTR-ERP dejó un recuerdo más ambiguo, se le tenía como un “chanta”, término bonaerense para definir a los que hablan más que trabajan. Y se ha escrito que algunos lo consideraban agente de algún servicio de inteligencia. ¿Cuál pudo ser ese servicio? ¿cuándo pudo iniciarse esa colaboración?

Todo induce a pensar que se trató de la CIA y que contactaron con él, entre su estancia en Uruguay y su ingreso en el PTR-ERP. ¿Motivos? A diferencia de otros tacuaras cuya formación política era muy deficiente, y se trataba de meros exaltados, Baxter tenía un sólido fondo ideológico anclado en las doctrinas joseantonianas que, como mínimo compartió sin fisuras, desde su adolescencia hasta su salida de Argentina. A pesar de que, tras morir, la revista “Imprecor”, órgano teórico del Secretariado Internacional de la IV Internacional, glosó su figura e incluso le dedicó una portada en un ejemplar que recordamos bien, Baxter jamás demostró una “acrisolada fe marxista”. Las continuas peripecias ideológicas que tuvo a partir de 1963 dan que pensar. Son piruetas ideológicas demasiado extremas y con escasa justificación doctrinal. Pasar del nacionalismo antisemita al peronismo (sin abandonar completamente el antisemitismo), pasar de ahí al anti-imperialismo peronista (abandonando completamente el antisemitismo, pero retornando al nacionalismo), huir luego a Uruguay y contribuir a la constitución del primer núcleo Tupamaro (lo que implica distanciarse del nacionalismo), entrevistarse luego con Perón en España (lo que indica el mantenimiento de una fe peronista), de ahí pasar a entrevistarse con Nasser (muchos dirigentes neo-fascistas de la época realizaban este mismo periplo, por cierto) y con Ben Bella para más tarde recibir entrenamiento militar en China (la CIA en ese mismo momento –repito, en ese mismo momento- había articulado a través de su antena en Suiza la “operación maoísta” destinada a romper la base juvenil de los partidos comunistas prosoviéticos; gente de extrema-derecha colocaron en Italia carteles con la efigie de Stalin durante el Congreso del PCI, y la leyenda “Reivindiquemos a Stalin”) y congraciarse con Ho-Chi-Min, para terminar luego en el PRT-ERP (que solamente tuvo peso real en la zona de Tucumán, donde los Uturuncos habían realizado el primer intento argentino de guerrilla rural, pero solamente el EPR consiguió ir un paso mas adelante) y luego en una fracción disidente, el trotskysmo de Mandel, y todo ello batiendo recors de clandestinidad y de cruce de fronteras sin problemas, hacen que la posibilidad de que Mandel trabajara para la CIA, no es una especulación gratuita. De hecho, las andanzas internacionales de Baxter, a partir de su salida de Argentina, solo podían tener interés para la CIA, en tanto que excedían las competencias y los límites de cualquier servicio argentino del que difícilmente entenderíamos que se interesara por Argelia, Egipto o Vietnam.

¿Hay otra posibilidad? ¿el impulso aventurero es capaz de forjar personajes como Joe Baxter? ¿Era solamente Baxter un exaltado al que le preocupaba más una “tercera posición internacional” y que, poco a poco, se fue escorando hacia escenarios cada vez más conflictivos? Hay que recordar que en la época en la que Baxter se interesa por la IV Internacional, su grupo francés, la Ligue Comunista dirigido por Alain Krivine, Daniel Ben Said y Henry Weber, está estudiando la insurrección armada y realiza “gimnasia revolucionaria” hostigando las manifestaciones y los mítines de “Ordre Nouveau”. Lo sabemos porque nos lo comunicó Joan Colomar, quien tras su salida del Front Obrer Catalá, fue uno de los impulsores del grupo “Comunismo” en la Universidad de Barcelona del que surgió la Liga Comunista Revolucionaria. En mayo de 1968, cuando Baxter “casualmente” está en París, Krivinne y su grupo actúan con el nombre de Jeunesse Comunista Revolutionnaire; ya entonces se dijo que los acontecimientos de mayo de 1968 fueron impulsados por la CIA para debilitar la posición de De Gaulle, muy hostil al atlantismo anglo-sajón. La cuestión es: ¿por qué Baxter siempre está presente allí en donde aparecen grupos y situaciones anómalas? Cuando muere tiene treinta y pocos años, quizás le hubieran faltado unos cuantos para “moderar” algunas posturas políticas (el impulso aventurero se suele extinguir a mediados de la treintena, y como máximo se prolonga en algunas personalidades particulares hasta los cuarenta…). Como veremos en otros momentos de este estudio sobre la violencia política, el caso de Baxter no es único. Rodolfo Galimberti (a) “el loco Galimba”, otro antiguo tacuara, devenido dirigente montonero y luego taxista exiliado en París, terminó así mismo sus días vinculado a la CIA, antes de que un infarto se le llevara a mejor vida.

En París, como hemos dicho, Baxter ha conocido a Mario Roberto Santucho y en el año y medio siguiente está al tanto de los movimientos que llevan a la constitución del Ejército Revolucionario del Pueblo en junio de 1970. Vale la pena resumir el proceso de formación de este grupo. El 8 y 9 de julio de 1961 había tenido lugar la creación en Santiago del Estero (justo donde apareció el foco de los Uturuncos), el Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP), de la mano de Francisco René Santucho (a no confundir con su hermano Mario Santucho), con una extraña y en ocasiones ambigua doctrina populista.

El FRIP distaba mucho de ser un partido marxista. Inicialmente, su doctrina era el nacionalismo bolivariano y ni siquiera se planteaba la posibilidad de la lucha armada. Anclaba su nacionalismo en las culturas precolombinas. Francisco René Santucho, fue en esto un precursor de los actuales movimientos indigenistas solo que dotado de una concepción más amplia y continental. Había dado a su movimiento un contenido cultural y racial. René Santucho conocía bien las culturas pre-colombinas, especialmente a los quechuas peruanos. Su idea era fundar en Argentina un movimiento similar a la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) peruana. Además, Santucho sostenía posiciones anticomunistas. Llegó a protagonizar acciones anticomunistas y a lanzar cócteles molotov contra sedes del Partido Comunista Argentino. Era librero y editor y en 1961 publicó un opúsculo titulado "Qué es el Frente Revolucionario Indoamericano y Popular", cuyas ideas básicas eran "no al imperialismo capitalista de los Estados Unidos, no al imperialismo comunista de la Unión Soviética; defensa de nuestra identidad latinoamericana y nuestras raíces indígenas, incluyendo las lenguas originales, que debían salvarse de la acelerada extinción alentada por los imperialismos denunciados para homogeneizar el mundo, organización desde las bases, a partir de los sindicatos, pero especialmente en nuestra región noroestina, desde el campesinado, principal fuerza revolucionaria del continente". En los años siguientes Santucho formó a militantes campesinos dando cierta coherencia al movimiento. Hacia 1966 tenía cierta implantación entre los campesios de Tucumán. Pero, fatalmente, aparecería su hermano Mario Roberto Santucho que, progresivamente, daría al FRIP un carácter marxista hasta su transformación fatal en PRT-ERP.

En el período 1961-65, en efecto, el FRIP irá creciendo lentamente y consiguiente sumar a algunos militantes de extrema-izquierda, entre ellos los militantes del Partido Obrero Trotskysta, una pequeña organización argentina afiliada a la IV Internacional. Estas incorporaciones generan tensiones internas que llevan a la escisión de los “morenistas”, seguidores de Hugo Bressano y Nahuel Moreno que habían constituido una fracción –Palabra Obrera- en el interior de la organización. El 25 de mayo de 1965, el FRIP se transforma en el Partido Revolucionario de los Trabajadores y celebra su primer congreso. Un año después, las resoluciones del segundo congreso, aprueban pasar a la lucha armada. No es una novedad en aquellos momentos. Desde Cuba se están estimulando todo tipo de guerrillas y del 3 al 15 de enero se celebra en a Habana la Conferencia Tricontinental de la que saldrá la OSPAAAL (Organización Latinoamericana de Solidaridad con los Países de Asia, África y América Latina).

Baxter era un fanático de la seguridad (o pasaba por serlo). Cuando la dirección del PRT se reunió en una casa prestada de Buenos Aires para preparar la ponencia central del V Congreso del Partido a realizar a finales de julio de 1970, nadie se reconocía, a propuesta de Baxter, todos los asistentes iban con el rostro cubierto con capucha. Era la primera vez que él participaba en una reunión de la dirección del PRT. Santucho lo presentó por su alias, “Rafael Barletta”. El sistema de acceso al apartamento también fue idea de Baxter: el militante que estaba en la puerta, debía esperar de espaldas a los que iban llegando, debía pedirles el santo y seña y si era correcto darles la correspondiente capucha y no mirarlos a la cara, indicándoles: “Fondo a la derecha”… Al entrar en la casa debían ponerse la capucha. Lo curioso es que, tanta seguridad no servía para mucho; salvo Baxter, todos los asistentes ya se conocían entre sí. En un alto en la reunión, Santucho, interrogado por un delegado sobre quién era el recién llegado (el resto se conocía perfectamente por la voz o por la silueta…) le remitió al asalto al Policlínico. Las historias que corrían sobre Baxter (su condecoración por Ho Chi Min) le facilitaron una fama legendaria en la extrema-izquierda argentina. Dentro del PRT se decía que el “comandante revolucionario Rafael Barletta” había sido presentado y garantizado por los cubanos.

En julio de 1970, Baxter se desplaza a las islas Lechiguanas en el norte del delta del Paraná para asistir al V Congreso del Partido Revolucionario del Pueblo una de cuyas decisiones es iniciar ya la lucha armada. En esa época trabaja con Santucho en la elaboración del documento político fundacional de la organización. Dos meses después, en septiembre de 1970, el ERP realiza su primera acción terrorista: el asalto a la Comisaría 24 de Rosario. Mueren dos agentes y Baxter critica estas bajas innecesarias. Inmediatamente pasa a ser desconsiderado por la dirección del ERP quien vierte sobre él todo tipo de improperios. A partir de ese momento empieza el distanciamiento de Santucho, al que Baxter acusa de “burócrata”. Es en ese momento en donde empieza a circular su fama de “chanta” (charlatán), aunque la acusación definitiva es la de “morenista” (seguidor de Nahuel Moreno, un cuadro del FIND defensor de una “línea blanda”). Pero Baxter sigue en el ERP con papeles cada vez más secundarios. Insistía mucho en que la forma de construir el socialismo mediante los votos no era válida y que solamente el proceso revolucionario –y por tanto, armado- era legítimo y eficaz. En realidad, ese odio hacia la democracia liberal indica que algunas de sus posiciones seguían siendo exactamente las mismas que en su adolescencia, cuando había escrito poemas José Antonio y exaltado a Brasillach y a otros intelectuales europeos tenidos como “colaboracionistas” con el nacional-socialismo.

Es como miembro del ERP que visita el Chile allendista, pero, poco a poco, va siendo alejado de las posiciones de dirección. En 1971 se le acusa de “ineficiencia” y se le separa de la ejecutiva del grupo. La ruptura tiene lugar tras la fuga del penal de Rawson en donde Baxter denuncia que sus amigos más próximos han sido abandonados a su suerte. Es muy posible que en ese momento, Baxter empezara a trabajar en Chile sobre la estrategia que cristalizó poco después de su muerte, cuando en 1974 se fundó la “Junta Coordinadora Revolucionaria” constituida, entre otros por el MIR chileno y el PTR argentino.

Cuando el ERP sufre una escisión interior y se crea el ERP-22 (por la fecha en la que tiene lugar la crisis, el 22 de agosto), Baxter no se une a esta fracción que protagonizaría algunos de los asesinatos más crueles y espectaculares de ese período, sino a la escisión de su rama política, el PRT Fracción Roja que acto seguido pide su adhesión al Secretariado Internacional de la IV Internacional. Y en calidad de delegado de esta organización acude al congreso de junio de 1973, falleciendo en el fatal accidente de Orly. Había logrado algo que parecía increíble: ser odiado simétricamente, tanto por la izquierda como por la derecha.

En realidad, su perfil es propio de un aventurero, mucho más que el de un político. Pasar de la Tacuara antisemita a la IV Internacional en donde se encuentra la mayor acumulación por metro cuadrado político de activistas de origen judío, es, cuanto menos sorprendente. Iriarte y otros que lo conocieron bien hablan de él como de un Lawrence de Arabia o un André Malraux. Y es posible que lo sea, pero, en el fondo, tras reunir todos los datos biográficos que nos ha sido posible sobre su biografía, nos da la sensación de que todavía el “misterio Baxter”, el del hombre que facilitó el deslizamiento de la Tacuara hacia la extrema izquierda, no está completamente resuelto.

 

¿Qué está pasando exactamente en el “Proceso de Paz”?

¿Qué está pasando exactamente en el “Proceso de Paz”?

Infokrisis.- Desde el inicio del “proceso de paz” desde infokrisis hemos intentado, no solamente seguir sus fases, sino, especialmente extraer conclusiones lógicas, a partir de los datos objetivos que poseemos, ordenados sin prejuicios y sin servidumbre a lo políticamente correcto. El “proceso de paz” todavía no ha concluido. Así que vale la pena seguir interpretando el estado actual en el que nos encontramos.

REPASANDO LO ESENCIAL DE LA “TEORÍA SOBRE ETA”

ZP hizo el ridículo ante todo el país afirmando que “estamos mejor que hace un año…”, etc. Al día siguiente, con precisión asombrosa, ETA le desmintió. Llovía sobre mojado. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y el sentido común indicaban que ETA se estaba rearmando y que, alguna fracción podía contemplar la posibilidad de realizar nuevos atentados. A partir de ese momento, ZP se refugió en sus “vacaciones” familiares en Doñana, callado y silencioso, mientras Rubalcaba de un lado y Blanco de otro, daban la cara evidenciando su falta de talla.

Primera pregunta que se plantea: ¿qué espera ZP con este silencio y con la declaración ambigua de que “se interrumpe el proceso de paz”? Por que, a pesar de su declaración parlamentaria, el proceso de paz no se ha “roto”, sino se ha “interrumpido”. Da la sensación de que solamente un suicida, un loco o un perfecto imbécil podrían hacer algo así. Pero también alguien que tiene algún as en la manga. Y, desde el principio, siempre hemos dicho que la seguridad de ZP en que el “proceso de paz” llegará a un resultado tangible, es porque, dispone de información sobre la voluntad de la otra parte: sabe que Josu Ternera está por la paz, si ello le permite una jubilación tranquila, el control sobre el “tesoro de ETA” y no entrar en la cárcel. Total, todo esto, a cambio de entrar en la historia como “ZP el pacificador”, no es gran cosa. Ahora quedaba dramatizar este proceso que culminaría en un “frente de izquierdas” (PSE-HB) como fórmula para romper el “frente abertzale” (HB-PNV-EA), de tal manera que sea, no solamente rentable en el País Vasco, sino también en el Estado.

La predisposición de Josu Ternera a liquidar ETA, recibiendo contrapartidas, es el “as en la manga” con que cuenta ZP. Esa es, para él, la parte buena de la noticia. La parte mala viene dado por la sencilla razón de que, desde 2002, cuando Ternera abandonó su escaño y entró en clandestinidad… ETA ha sido desmantelada con una precisión asombrosa y, de toda la antigua dirección, solamente queda él en libertad. Llevamos meses diciéndolo: el desmantelamiento de ETA de 2002 a 2004 se debe a un topo, no en la base –siempre con una visión limitada de la organización- sino en la cúpula. De la cúpula del 2002 solamente hay un superviviente, Ternera, así que si hay un traidor en ETA este es Ternera.

Pero ¿qué ha ocurrido? Algo muy sencillo: algo se ha movido en la base de ETA. Si bien la cúpula, los presos y buena parte de HB están a favor de una “salida política”, la base de ETA y un sector de HB no lo están, siguen manteniendo su política de máximos y aspiran a transformar su actual derrota estratégica en una victoria sobre el Estado. Se apoyan en que ZP es el vivo rostro de la debilidad y que si reconstruye el pacto antiterrorista con el PP se verá anegado por este partido en las próximas elecciones generales… por tanto, es el momento de presionar a ZP para lograr las concesiones máximas.

En los meses de tregua, la base de ETA ha reconstruido una infraestructura propia, divorciada de la cúpula y desconocida para Ternera… esto es, desconocida para las fuerzas de seguridad del Estado. Ahora, esa infraestructura ya es lo suficientemente fuerte como para arriesgarse a cometer atentados sin riesgo de que sean inmediatamente localizados y encarcelados. O al menos, eso es lo que piensa la base, consciente o no de que de 2002 a 2004 se han producido “caídas” con excesiva facilidad, imposibles sin la complicidad de algún chivato en la cúpula de la organización.

PROCESO DE PAZ “EN SUSPENSO”, NO “ROTO”

Esto explica el por qué ZP no ha finiquitado claramente el proceso. Ahora queda contactar con el topo de la otra parte y preguntarle qué está ocurriendo. Es probable que Ternera haya intentado sobrevalorar su papel en ETA y eludir reconocer que existen tensiones insuperables en el interior de la organización y especialmente en la base, so pena de ver como mermaba su capacidad de negociación.

En efecto, ZP espera “información” de la situación real de ETA en este momento y, sobre todo, espera nuevos datos que le permitan deshacer la base de ETA con la misma facilidad con la que se realizó entre el 2002 y el 2004. ZP necesita ahora detenciones que presentar ante la opinión pública, precisa reconocer que, algunos comandos de la base se habían escapado del control de la dirección de ETA y habían actuado por su cuenta, pero que, a fin de cuentas, el proceso sigue adelante, porque la “cúpula” de ETA está a favor de la negociación. Para que este planteamiento sea creíble (el único que puede salvar la cara de ZP en esta cuestión del proceso de paz) ZP precisa detener a los culpables del atentado a la T-4 de Barajas. Y estamos persuadidos de que en los próximos días van a producirse detenciones. Pero ZP se va a encontrar con un problema…

Si hasta hace poco Ternera contaba con la confianza de toda la organización, ahora ya la ha perdido. Ternera es visto como un riesgo por la base etarra, probablemente hasta el punto de haber elaborado una nueva infraestructura cuyos detalles ya no son conocidos por Ternera y sus últimos hombres de confianza en la organización. ZP espera que los datos facilitados por Ternera sobre quien haya podido cometer el atentado (datos fragmentarios, parciales, pero datos, al fin y al cabo) lleven a detenciones y solamente en ese momento espera compadecer ante la opinión pública, el parlamento y los medios de comunicación: con algún éxito en la mano.

La cuestión es que cuando se crea una nueva infraestructura terrorista, se parte de cero. Partir de algo más supone el riesgo de ponerla nuevamente en peligro. Así pues, existe la posibilidad de que las detenciones correspondan a viejos militantes ya conocidos, arrojados como carnaza para que los medios de comunicación y la opinión pública puedan hablar de la “eficacia policial” y de la decisión del gobierno de “perseguir a ETA”. Pero parece difícil que la base de ETA haya reconstruido una infraestructura aportando los datos al dirigente responsable de la caída de cientos de militantes entre 2002 y 2004… Por que lo que se ha evidenciado desde el robo de las pistolas en Francia y desde el recrudecimiento del kale-borroka es que, no hay UNA ETA, sino DOS ETAS: la que se sienta en la mesa de negociación (Tercera, los presos, un amplio sector de HB) y la que roba pistolas, incendia cajeros, prepara explosivos y los activa…

ZP quiere presentarse con un éxito en la mano: “¿lo veis? No era ETA, eran solo unos descontrolados fuera de la disciplina de ETA. Por eso, el proceso de paz sigue, con todas las precauciones y con todo el empeño de un Estado de Derecho, y bla, bla, bla”.

Eso, o de otra manera, ZP es un cadáver político. “Apostar” por el proceso de paz suponía un “doble o nada”. Si se coronaba con éxito, reelección en 2008, si fracasaba ZP se hundía hasta sus peculiares cejas.

LA PRÓXIMA FASE DEL “PROCESO”

Tanto Pepino Blanco, como Rubalcaba han dado muestras de estar en situación dubitativa, no saber exactamente lo que estaba ocurriendo, mientras ZP se ha atrincherado en el silencio. Pero en la otra parte, las cosas tampoco van mucho mejor. Uno de los líderes de HB ha reconocido que este atentado no lo esperaba nadie. Otegui ha repetido su vieja cantinela –“si, ha sido un golpe duro, pero que es preciso contextualizar dentro de la ofensiva actual contra la izquierda abertzale y contra los presos y bla, bla, bla”- mientras que hasta el día anterior tenía la absoluta seguridad de que se iba a presentar a las elecciones de mayo, siendo la única duda si lo haría con la sigla HB (como proponía Otegui) o con cualquier otra (como proponía el gobierno), es decir, una ridícula cuestión de forma.

La “izquierda abertzale” también se está planteando en estos momentos ¿qué está ocurriendo? En síntesis es simple entenderlo: HB es lo que la justicia ha dicho que era, el “frente político” de una organización terrorista, en contacto con la cúpula de la organización. Así que HB come de la mano de ETA, pero ¿de su cúpula o de las bases de la organización?

Algunos en HB empiezan a entender que dentro de ETA se está produciendo una lucha por el poder y no dudan en absoluto de que si esa lucha termina en ruptura, eso repercutirá negativamente en la “izquierda abertzale”, con su consiguiente fraccionamiento. Además, HB empieza a notar que cuando hay muertos 80.000 de sus votantes se retraen y prefieren entregar su voto a la abstención, a Aralar, o al nacionalismo convencional, mientras que cuando no hay muertos, esos 80.000 votos van a ir a parar a HB.

HB precisa también “consultar” a la “superioridad”, es decir, a ETA. El control de muchos ayuntamientos vascos depende de lo que ocurra en los próximos días. Las dos partes del “proceso de paz” están aprovechando estos días de escasa información política, para reconstruir estrategias, reunir información sobre lo que está ocurriendo y prever actividades y actitudes.

Y todo esto se está haciendo con dos muertos hallados y un desaparecido a encontrar. Los tres inmigrantes. Los tres, muertos casuales. Los tres, víctimas de una innoble pantomima. Era mucho más fácil meter en la cárcel al último etarra (Ternera incluido, sino el primero) y arrojar la llave a la basura. Son culpables. Son asesinos. Deben pagar. Es así de simple.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (VII) 1.2.3. El antisemitismo en la Tacuara

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica  (VII) 1.2.3. El antisemitismo en la Tacuara

Infokrisis.- Se ha discutido sobre el origen del antisemitismo de la Tacuara. Algunos lo han atribuido a la influencia del Padre Meinvielle y otros a la de los exiliados alemanes hitlerianos que llegaron a Argentina después de la II Guerra Mundial. Lo sorprendente es que ambas influencias eran excluyentes y que Meinvielle acusaba a los nazis de naturalismo y paganismo... pero, sea como fuere, el antisemitismo es, prácticamente hasta el final de la Tacuara, una de las características más sorprendentes de esta formación política.

 

 

1.2.3. El antisemitismo en la Tacuara

A principios de 1959 se produjeron las profanaciones de tumbas judías en el cementerio de la Tablada, apareciendo svásticas en algunas lápidas. Los tacuaras jamás reconocieron esta acción como propia y acusaron a los medios judíos de haber realizado la provocación. A partir de 1960, cuando se produjo el secuestro en Argentina de Adolf Eichmann, los Tacuara sostuvieron que era intolerable que agentes clandestinos judíos operasen en el país, con la complicidad de medios izquierdistas, así mismo judíos. Sea por este prurito nacionalista o acaso por que los exiliados fascistas y hitlerianos en el país se habían fijado en Tacuara, el caso es que, a partir de ese momento, el movimiento multiplica sus acciones antisemitas. El 17 de agosto de 1960, al producirse el acto de homenaje a San Martín, el grupo de militantes de la Tacuara del Colegio Nacional Sarmiento se enfrentaron con los judíos del mismo centro, produciéndose un enfrentamiento a tiros que causó la muerte de Edgardo Trilnik, de apenas 15 años. A este episodios seguirán varios meses de atentados contra sinagogas, centros judíos, colegios judíos, miles de pintadas y decenas de miles de panfletos aireando consignas antisemitas. La Guardia Restauradora Nacional que, desde 1960 e había escindido de la Tacuara, siguió por esos mismos pasos, compitiendo con ella en antisemitismo.

En Argentina existía una antigua y arraigada tradición antisemita que se reforzó en los años 30 con la irrupción del nacional-socialismo en Alemania. Leopoldo Lugones o el prolífico novelista Hugo Wast (director de la Biblioteca Nacional desde 1931 a 1955) hasta Enrique Larreta, José María Rosa, Carlos Ibarguren, Jordán Bruno Genta, habían sido exponentes, junto a Julio Meinvielle, del antisemitismo argentino que, se expresaba a través de los periódicos “Bandera argentina”, ”Nuevo Orden” y “Pampero”.

La comunidad judía respondió constituyendo la Delegación de Asociaciones Israelitas de la Argentina. La DAIA, fundada el 5 de octubre de 1935 por 28 organizaciones judías de centro y derecha pertenecientes a todos los gruos étnicos y tendencias de la sinagoga; por su parte, los judíos vinculados a la izquierda se agruparon en el Comité Popular contra el Antisemitismo. En 1937, la DAIA constituyó el Comité contra el Racismo y el Antisemitismo integrado entre otros por Arturo Illia y Arturo Frondizi... que luego gobernarían la Argentina post-peronista.

Durante la II Guerra Mundial, la DAIA se preocupó particularmente de ayudar a los judíos que huían de Europa, pero tras la guerra, con la llegada de Perón al poder, las organizaciones de defensa de la comunidad judía retrocedieron. Como se sabe, Perón favoreció la llegada de ingentes grupos de antiguos fascistas y nacional-socialistas a Argentina que fueron, en buena medida, incorporados como cuadros del nuevo régimen. Con la caída de Perón pareció que todo este entramado perdía fuerza y así fue, efectivamente, pero entonces la comunidad judía debió de afrontar un antisemitismo popular protagonizado por la Tacuara e inspirado en los escritos del padre Julio Meinvielle.

Una década después cuando se produjo el golpe militar del General Videla ese antisemitismo recrudeció. En la obra “La dimensión judía de la represión durante el gobierno militar (1976-1983),” (Informe Co.So.Fam, Barcelona, marzo de 1999) se rememora el aprecio que tuvo la Junta Militar por las obras de Meinvielle: «En febrero de 1979 el Ministerio de Educación y Cultura [de Argentina] instrumenta un decreto por el cual se establece la obligación de estudios confesionales católicos en la asignatura de Instrucción Moral y Cívica que afectó la libertad de cultos y el laicismo en la enseñanza. En la bibliografía recomendada se encontraban autores notoriamente antisemitas como el Rvdo. Julio Meinvielle y el profesor Bruno Genta».

Meinvielle, en su obra “El Judío plantea”: "Ser grande en la grandeza carnal de Babilonia podrán serlo, si, pero como sirvientes del Judaísmo. Porque los judíos dominan en lo carnal....[de ahí] que la grandeza del capitalismo inglés y americano no es mas que una creación judaica...". En esta frase pueden apreciarse los lugares comunes de todo antisemitismo. En síntesis, la idea del Padre Meinvielle era que los judíos controlaban la economía argentina y, a través de sus peones políticos y culturales alentaban la disolución de la sociedad argentina, atentando contra los tres elementos sobre los que Meinvielle consideraba que constituían su pilar: la Patria, la Religión y la Familia (o, como solía decir, el “Hogar”). No duda en que la única posibilidad de afrontar estos riesgos es mediante una limitación de las libertades civiles y la aplicación de una política de “mano dura”. Su modelo de baluarte y defensa contra estos riesgos era la Inquisición Española. La primera institución a defender, por encima de cualquier otra, era la Iglesia, pues de ella dependía la salud espiritual de la Nación. Había escrito: "Sinagoga y masonería son los agentes, encarnaciones del diablo, que movilizan el combate de la Contra-Iglesia a base de mentira y crimen...". 
Pero las tareas represivas o de contención no serán nunca eficaces del todo, si no se apoyan sobre un renacimiento cultural de los valores que hasta ese momento han sido específicamente argentinos. Meinvielle está en contacto con el clero tradicionalista español de los años 50 y 60. En aquel momento, ese clero goza en España de todas las facilidades que le da el hacer causa común con el franquismo. Lo que propone Meinvielle es un “renacimiento cultural Hispanoamericano” (no latinoamericano, el matiz es importante por que Meinvielle se identifica con la forma “hispana” de catolicismo, más rigorista, combativo, “íntegro” sino integrista, y misional que el Italiano o cualquier otro). La idea “Hispanoamericana” sería la única con energía y vigor suficiente para enfrentarse al “panamericanismo” de los EEUU (también es significativo que Meinvielle jamás aluda el “imperialismo” norteamericano, sin duda, por identificar este concepto con la izquierda.
El antisemitismo de Meinvielle es completamente diferente al nacional-socialista. Si en este el antisemitismo arraigaba en las diferencias raciales, en Meinvielle la raza apenas tiene sino un papel secundario. El padre Meinvielle ancla su antisemitismo en el hecho bíblico (los judíos, a la postre, crucifican a Cristo y, por tanto, Israel es culpable); había escrito: "¿Quiénes son los agentes que el diablo utiliza para la realización de sus maquinaciones? En la providencia actual, el cristianismo tiene un enemigo primero y natural que es el judío. No en vano el Señor los acusa de "hijos del diablo" (Jn 8,44). En segundo lugar los paganos. En la crucifixión los judíos actúan como verdaderos instigadores y responsables, mientras que los gentiles se desempeñan como ejecutores. De aquí que los enemigos del cristianismo sean los judíos, masones y comunistas". Es evidente que la matriz del antisemitismo hitleriano es completamente diferente. De hecho, el Padre Meinvielle hacia 1937 tiene palabras muy duras hacia el régimen hitleriano, en el que ve una forma de paganismo naturalista. Percibía, además, que, a diferencia de otros regímenes fascistas europeos (Franco, Pavelic, Tiso, Salazar, Mussolini o Dulfuss), el nacional-socialismo no había concedido privilegios a la Iglesia Católica. 

Además, tampoco se sentía –a diferencia de Perón- identificado con la forma política de esos regímenes. Si bien era partidario de un “gobierno fuerte”, más o menos similar a una dictadura, no era eso lo que sostenía Meinvielle, sino más bien un gobierno teocrático de estilo medieval. Años después, el Centro de Estudios Evolianos de Buenos Aires, definió a esta corriente como “guelfismo”, y, seguramente es el apelativo que mejor le cuadra. Meinvielle sostenía la necesidad de que el poder político estuviera bajo la férula del poder religioso. Así se evitarían abusos: lo que en la concepción democrática supone el equilibrio de poderes, en la guelfa es sustituida por la subordinación del poder político al religioso considerado como emanación de la divinidad. Dios nunca haría nada injusto contra su grey. Eso facilitaría el advenimiento de la “Ciudad de Dios”, concepto tomista que tuvo su momento álgido en el siglo XIII, con Hildebrando elevado al papado con el nombre de Inocencio III. Por lo demás, el Padre Meinvielle tenía en alta estima al pensamiento nacionalista francés de Charles Maurras, hasta el punto que el secretario de éste, luego catedrático en la Sorbona consideraba al Padre Meinvielle como una “inteligencia francesa”.

El Padre Meinvielle no fue una excepción en su generación. En aquellos años apareció toda una cohorte de intelectuales nacionalistas –algunos como sus discípulos y otros como sus compañeros de generación- de envergadura, los curas Castellani, Octavio Derisi, Sánchez Abelenda, Juan Sepich y los laicos Sacheri (asesinado por el ERP-22 de Agosto), Tomas Casares, Cesar Pico, Nimio de Anquin y Jordán Bruno Genta (asesinado por Montoneros). Aún hoy el legado de Meinvielle y de toda esta generación de intelectuales nacionalistas católicos, sigue presente en la sociedad argentina a través de la veterana revista “Cabildo”, dirigida por Antonio Caponetto y que mantiene un sitio en Internet donde puede percibirse lo esencial de su doctrina, incluido el antisemitismo.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es 

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Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (VI) 1.2.2. El Padre Julio Meinvielle y su doctrina

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica  (VI) 1.2.2. El Padre Julio Meinvielle y su doctrina

Infokrisis.- La historia del Movimiento Nacionalista "Tacuara" sería absolutamente incomprensible sin realizar un pormenorizada alusión a la vida y a la obra del Padre Julio Meinvielle, fallecido en desgraciado accidente de tráfico en 1973. Era Meinvielle el verdadero inspirador de la Tacuara y de la Guardia Restauradora Nacionalista. Además de esta influencia, el padre Meinvielle tiene interés para nosotros españoles, en tanto que gran conocedor de la Hispanidad y uno de los más ardientes defensores de este concepto a partir de los años 30.

 

 

1.2.2. El Padre Julio Meinvielle y su doctrina

Si Tacuara tuvo un inspirador ideológico éste fue el padre Meinvielle. El padre Meinvielle fue uno de esos productos del tradicionalismo católico mezclado con nacionalista, en cuyo pensamiento político, el antisemitismo tenía una parte muy notable. A principios de los años 60, Argentina vivió un recrudecimiento del antisemitismo a causa del secuestro del antiguo oficial de las SS, Eichmann residente clandestino en el país. Se demostró que el gobierno permitía a los servicios secretos judíos operar a sus anchas y que, además, éstos tenían relaciones con los partidos de izquierda, algunos de cuyos militantes y dirigentes eran de origen judío. Esta oleada de antisemitismo duró hasta finales de los setenta y, por lo que recuerdo, la Junta Militar estableció una oficina destinada a estudiar los movimientos de la comunidad judía. A decir verdad buena parte de la militancia del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo de orientación trotkysta), tenía apellidos que los vinculaban a la comunidad judía y, así mismo, muchas mujeres que militaron en los montoneros lo eran. Haría falta un estudio pormenorizado de este fenómeno y una interpretación conveniente, pero el hecho es que esta tendencia había sido detectada por la Junta Militar y especialmente en sus primeros años, reforzaron el “control” sobre la comunidad judía. En realidad, ésta última oleada de atisemitismo fue el postrero coletazo del “efecto Eichman” y de las soflamas del padre Meinvielle.

El pensamiento de Meinvielle tenía cinco componentes clásicas: nacionalismo inspirado en el general Rosas, catolicismo tradicionalista e inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia, anticomunismo, antisemitismo y desdén, desconfianza y denigramiento hacia la democracia. Todos estos elementos están presentes en la “primera Tacuara”. No importa que, a partir de 1960, el peso de la “izquierda” se fuera acentuando progresivamente en el seno de la Tacuara. De hecho cuando conocí a “Alberto Santos” en Madrid, seguía siendo fiel a los principios inyectados por Meinvielle en la organización. De todas formas, el propio Meinvielle, cuando en marzo de 1960 percibió –a causa de la condena realizada por el movimiento Tacuara de la invasión de Bahía Cochinos y del reconocimiento de que algunos elementos de la reorma agraria castrista eran “esperanzadores”- viraba ligeramente a la izquierda, escindió a sus colaboradoras y fundó la Guardia Restauradora Nacionalista. No todos podían ser miembros de la GRN, era preciso demostrar una ascendenci argentina de cinco generaciones. Recuerdo algunos de los boletines ciclostilados dela GNR, solían alternar frases de San Pío X, con las de José Antonio Primo de Rivera. Pero lo más sorprendente es que, hasta última hora, la Tacuara “de izquierdas”, siguió citando también consignas del fundador de Falange Española, cundo ya había transformado su nombre en Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara. Recuerdo un de los dípticos de publicidad del movimiento que terminaba con el “Ni derechas ni izquierda” y “Patria para todos o patria para nadie”.

Meinvielle reclutó a los primeros tacuara entre la alta burguesía bonaerense, católicos a machamartillo, lo únicos con formación suficiente para apreciar su dominio de la patrística y el tomismo, educados inevitablemente en los mejores colegios religiosos del país. Resulta aventurado decir si la “infiltración marxista” se produjo de manera sistemática y deliberada o fue un signo de los tiempos, producto de la efervescencia guerrillera que vivió el subcontinente iberoamericano en la década de los 60. La cuestión es que, a principios de 1960, era evidente que una parte de la organización había escapado a la tutela doctrinal de Meinvielle.

En aquel momento, Meinvielle era un hombre meduro de 55 años. Había dado que hablar desde los 25, cuando polemizó con Jacques Maritain sobre la guerra civil española. Maritain había acertado a pasar por Buenos Aires negando el carecer religioso de la guerra civil española y sosteniendo posturas antifascistas que recabaron una oposición vivaz de Menvielle. En 1937 publicó su primer libro, “¿Qué saldrá de la España que sangra?”. Para él, estaba claro, fue uno de los más ardientes defensores del carácter de “guerra santa” y “cruzada” que tuvo nuestro último conflicto civil. Fue, precisamente Acción Católica Argentina quien editó ese libro (que hoy puede encontrarse íntegro en Internet). En realidad Meinvielle –que había estudiado filosofía en el Seminario Pontificia de Buenos Aires- había sido uno de los fundadores de la Acción Católica Argenita. Ese mismo año -1937- fundaba la Unión de Scouts Católicos Argentinos y poco después entraba a formar parte de la Sociedad Tomista Argentina, de cuya dirección formó parte. Estudió en el Seminario de Villa Devoto y fue ordenado en 1930. Colaboró desde su inicio con la revista “Criterio”, fundó a principios de los años 30 la revista “Crisol” y participó activamente en los cursos de Cultura Católica, donde se convirtió en mentor de un grupo de católicos de orientación nacionalista. Colaboró con algunos de ellos –Marcelo Sánchez Sorondo, César Pico, Mario Amadeo– en la fundación de “Sol y Luna” en 1938, y posteriormente de “Balcón”, en 1946.

Tomista convencido, aspiraba a restaurar el reino de Cristo Rey en la tierra. Durante los años 50 fue elaborando su proyecto político agrupando un catolicismo tradicionalista con el nacionalismo inspirado en el general Rosas en un contacto “nacional” y antidemocrático. Para él, los tres pilares de la sociedad argentina eran la Nación, la Iglesia y las Fuerzas Armadas. Los adversarios a abatir eran cuatro: protestantismo, masonería, liberalismo y socialismo. Existía, naturalmente, un quinto adversario, el judaísmo, que operaba a modo de influencia transversal en los otros cuatro. Su primera obra sobre el judaísmo la compuso en 1936; se titulaba “El Judío” y en ella aludía y adaptaba los clásicos del antisemitismo –en especial “El Judío internacional” y “Los Protocolos de los Sabios de Sión”- a la situación argentina.

Meinvielle, ya en esa época, demostró ser un ágil polemista, brillante intelectual conservador y pluma anticomunista acerada. A lo largo de toda su vida, estas cualidades seguirían vivas y activas. Sus discípulos más directos dieron que hablar en los años siguientes y recorrieron el mismo sendero: Jordan Bruno Genta, el más próximo de todos ellos, escribió en 1965 “Guerra Contrarrevolucionaria: doctrina política” que todavía sería considerado por la Junta Militar que derribó a María Estela Martínez de Perón, como libro de cabecera. Otro de los intelectuales nacionalistas argentinos inspirados en Meinvielle es Alberto Buela Lamas, cuyo primer libro, “El ente y los trascendentales” fue prologado por Mainvielle en 1972, un año antes de fallecer. Su hermano, Carlos Miguel Buela Lamas, fundó en 1984 el Instituto Verbo Encarnado y escribió un opúsculo tras el fallecimiento de Meinvielle.

En los años 30 y 40 Meinvielle colaboró con distinas revistas católicas y desarrolló una portentosa labor para movilizar y organizar el catolicismo argentino. Levantó incluso iglesias, creó el Ateneo Popular de Versalles y fundó otras revistas católicas de formación doctrinal e información política. Todavía hoy existe una placa en el barrio bonaerense de Versalles que recuerda su dedicación y ejemplo. En efecto, desde 1933, Meinvielle era presbítero de la parroquia de Nuestra Señora de la Salud, en Versailles, un barrio nuevo del oeste de la ciudad. Inicialmente era un destartalado edificio hecho con chapa ondulada y restos de madera. En pocos años logró transformarlo en un edificio de calidad. Aún hoy se recuerda allí al “padre Julio” por su bondad y su dedicación a las necesidades materiales y espirituales de los feligreses. Algunos de los periodistas que han intentado reconstruir la biografía de Meinvielle se sorprendieron de que un teócrata opueso a la democracia liberal como él, sea recordado por su “actitud liberal y democrática”.. Una vez construida su parroquia, en 1951, Meinvielle fue relevado de su puesto. En efecto, se habían producido las primeras manifestaciones católicas de hostilidad a Perón y Meinville –como era de esperar- se destaco como uno de los más ruidosos polemistas antiperonistas.

Meinvielle era ferozmente antiperonista; Perón, para él, era una especie de Kerensky argentino que preludiaría un gobierno bolchevique a cauda de lo que denominaba “su plebeyismo, su tendencia al desorden, su actitud antijerarquica respecto de la sociedad y sus atropellos a la propiedad privada”.
Meinvielle influyo en sectores reducidos de la clase media católica, que ejercían de profesores en la universidad, especialmente de filosofía, derecho, diplomacia, justicia (como el ex-Ministro de Justica menemista Rodolfo Barra) y las fuerzas armadas y los órganos de seguridad. Pero en donde logró más audiencia fue en la generación de jóvenes activistas nacionalistas de finales de los años 50 y principios de los 60. Fernando Abal Medina, Rodolfo Galimberti, Alejandro Giovenco, Joe Baxter, Carlos Osorio, José Luis Nell, Carlos Caride, Dardo Cabo (por solo mencionar a los mas conocidos) fueron Tacuaras… antes de pasar a otras formas de guerrilla urbana o de nacionalismo. 
Todos los títulos de las obras del Padre Julio Meinvielle son significativos de su pensar: “El judío, Asociación de los Jóvenes de la Acción Católica” (1937), “El  judío en el misterio de la historia” (1959), “Entre la Iglesia y el Reich” (1937), “Qué saldrá de la España que sangra” (1937), “Hacia la Cristiandad. Apuntes para una filosofía de la historia” (1940), “ El comunismo en la revolución anticristiana” (1961), “El poder destructivo de la dialéctica comunista” (1962), “Toma bolchevique del poder a través de generales nasseristas” (1963), “La «Ecclesiam Suam» y el progresismo cristiano” (1964), “La Iglesia y el mundo moderno, el progresismo en Congar y otros teólogos recientes” (1966), “¿Cisma en la iglesia? El conflicto Dolar-Oro, La Revolución Mundial y otros temas” (1968), “De la Cábala al progresismo” (1970), ”Concepción católica de la política. Los tres pueblos bíblicos en su lucha por la dominación del mundo. El comunismo en Argentina” (1974), “Influsso dello gnosticismo ebraico in ambiente cristiano” (1988)…

Murió en un accidente automovilístico en 1973.

 

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (V) 1.2. La primera guerrilla urbana... fue de extrema-derecha

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica  (V) 1.2. La primera guerrilla urbana... fue de extrema-derecha

Infokrisis.- A mediados de los años 60, la guerrilla urbana apareció como forma de lucha política en Brasil, Uruguay y Argentina, mientras que en Colombia y en centroamérica, siguió siendo guerrilla rural. Todo esto es suficientemente conocido y lo analizaremos con cierto detalle en próximas entregas de esta serie. Resulta mucho menos conocido, sin embargo, el que todas estas experiencias de guerrilla urbana tuvieron como precedente al Movimiento Tacuara que se configuró progresivamente como una verdadera guerrilla urbana.

 

1.2. La primera guerrilla urbana... fue de extrema-derecha

Oí hablar por primera vez de “la Tacuara” en casa de Ángel Ricote Sumalla. Era Ricote un probo militantes del Movimiento franquista, cuyas únicas diferencias con los otros miles de personajes grises similares a él, eran su afición a contactar con “camaradas” de otros países, su condición de fundador del Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) y su esposa, una mujer de carácter, sin duda, con mucha más conciencia política que él. Fue Della Chiaie quien me presentó a Ricote allá por el lejano 1970. Era en aquel momento un hombre resabiado. Poco antes de había producido una revuelta palaciega en CEDADE y el grupo juvenil, dirigido por Jorge Mota, se había hecho con el control de la organización y estaba tratando de sacarlo de la atonía gris y pasiva en la que Ricote convertía todo lo que tocaba. Ricote fue quizás de los primeros españoles que conocieron a Le Pen a mediados de los años 60, cuando solamente era director del SERP, una empresa que comercializaba discos microsurcos sobre los más variados temas, entre otros la II Segunda Guerra Mundial. Desde principios de los años 60, Ricote había acudido a la mayoría de congresos del Nuevo Orden Europeo, la organización que Gaston Amaudruz dirigía desde Suiza.

En aquella época, la casa de Ricote en lo que es hoy la Diagonal barcelonesa, en Pueblo Nuevo, se había convertido en lugar de “operaciones”. Cuando me tocó ir al aeropuerto de Barcelona a buscar al capitán Labruna, uno de los hombres más turbios de los servicios secretos italianos, implicado en todas las operaciones de terrorismo de Estado de los años 60 y 70, tras dejarlo albergado en el Hotel Terminus, me tocó llevarlo a la casa de Ricote en donde tuvo lugar el encuentro que había solicitado con Della Chiaie. Ricote, como falangista que era, sobre todo gustaba de hacer profesión de fe antimonárquica y, como tal, tenía una foto del entonces príncipe Juan Carlos en la tapa del retrete. Labruna lo contó en su libro de memorias, añadiendo, que cuando vio esa foto todo aquello le pareció “poco serio”, pero si lo pensó se cuidó mucho de manifestarlo, porque, toda su estrategia consistió en proponer a Della Chiaie una colaboración de la que –según él- ambas partes saldrían beneficiadas. Della Chiaie eludió aceptar la colaboración y se limitó a decir que plantearía la cuestión al Príncipe Junio Valerio Borghese, que en ese mismo momento se encontraba exiliado en Madrid y que era el Presidente del Fronte Nazionale. La conversación en el domicilio de Ricote fue íntegramente grabada, así que no hay dudas sobre su contenido.

Pues bien, cuando tenía que ir a casa de Ricote, aprovechaba para ojear algunas de las revistas que le iban enviando grupos de extrema-derecha de toda Europa e Iberoamérica. Su colección de revistas, discos y panfletos, era sin duda la mejor dotada que podía encontrarse en España sobre la extrema-derecha de los años sesenta. Recuerdo que un día, había venido a visitarnos un camarada francés que en aquellos momentos militaba en Ordre Nouveau, Jean Marot, autor de un libro en el que glosaba a José Antonio Primo de Rivera, “Face au soleil”. El libro todavía hoy sigue siendo apreciado en los medios del Front National. A Marot le encantaba cantar las viejas canciones falangistas que nosotros le coreábamos. También le encantaba el Ricard. Ese día, por algún motivo, Marot empezó a hablar con Ricote sobre lo conocido que era Primo de Rivera en Argentina. Y fue así como me enteré de la existencia del padre Julio Meinvielle, autor de una obra excepcionalmente prolija en defensa del catolicismo, la tradición cristiana y el anticomunismo. Ricote tenía todos los libros de Meinvielle… en alemán. Ni Marot ni yo hablábamos esa lenga, pero Ricote tenía algo más: algunos panfletos y folletos de la organización política que inspiraba Meinvielle: el Movimiento Nacionalista Tacuara. Fue así como supe de la existencia esta organización.

En esos mismos años, un sobrino de Modesto Cuixart, Ignaci Castells, militaba con nosotros y su inquietud parecía no tener límites. Era de los pocos españoles que recibía desde Cuba las publicaciones de la OSPAAAL (Organización de Solidaridad con los Países de África, Asia y América Latina) una estructura de propaganda al servicio de la expansión internacional del castrismo. Así mismo, mantenía correspondencia con gentes de todo el mundo, entre otros con un argentino que en 1972 le había enviado algunas revistas de “Tacuara”. De todo este material, nosotros, con apenas 18 ó 19 años, extraíamos algunas ideas y fotos para reproducir en nuestra propaganda. La revista “Tacuara” había sido editada unos años antes (probablemente fuera de 1970) y evidenciaba una alta preparación política, al menos así me lo parecía en aquella lejana época. Entre este material y el que me prestó Ricote pude hacerme una somera idea de lo que había sido la “Tacuara”.

A poco de conocer a Ricote, también pude relacionarme con un súbdito argentino exiliado en Madrid, que atendía al nombre de guerra de “Alberto Santos”. Santos había tenido alguna participación en el asesinato de General Aramburu y consiguió llegar a España en donde permaneció durante varios años. Santos había sido miembro de la Tacuara y en nuestro país terminó colaborando con la revista Fuerza Nueva en la que semanalmente realizaba las fotos para una serie titulada “Hablan las Estatuas”, cuyos textos los escribía Omar Silva, un brasileño que por aquellas fechas también vivía en nuestro país. Silva en los años 80, de nuevo en Brasil, dirigiría una asociación de amistad y solidaridad con Irak, sostenida y financiada por Hussein Triki, el primer delegado de la Liga Árabe en Iberoamérica con quien estábamos ligados por lazos de amistad y camaradería. En 1982, durante el período del gobierno militar en Bolivia a través de Triki se gestionó un crédito de 1.000 millones de dólares de Irak en ayuda de la dictadura boliviana… crédito que no llegó a tiempo. Triki, como veremos, reaparecerá en alguna ocasión en nuestro estudio sobre la “Tacuara”.

1.2.1. La “primera Tacuara”

La tacuara es, hablando con propiedad, una caña maciza y sin espinas, de corteza lisa y con abundantes ramificaciones en sus nudos, de hasta 10 metros de alto y de follaje muy denso. Fue el arma de los gauchos en las guerras federales del siglo XIX. Una lanza eficaz y agresiva. No puede extrañar que uno de los grupos más activistas de los años 50 y 60, adoptara su nombre. De hecho, el nombre de Tacuara ha pasado a la historia por ser la primera guerrilla urbana de la historia.

La referencia más antigua de que disponemos sobre los orígenes de Tacuara, se remontan a finales de noviembre de 1955 con la creación del “Grupo Tacuara de la Juventud Nacionalista”, si bien –como veremos- es cierto que en los años treinta ya existió un grupo estudiantil que utilizaba este nombre para su boletín. El grupo quedó radicado en el local que la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios (UNES) poseía en Matheu 185, en el barrio bonaerense de Once. Poco después, la Unión Cívica Nacionalista (UCN), un pequeño partido en barbecho, les presta un local de tres habitaciones en un viejo edificio de Tucumán 415. No es gran cosa, pero desde allí irradiará un movimiento con una formidable capacidad para la violencia que prolongará su existencia durante los diez años siguientes.

La dirección del grupo está en manos de un joven de apenas 18 años, Alberto Ezcurra Uriburu, séptimo hijo de un profesor de historia, descendiente de Juan Manuel de Rosas y del general José Félix Uriburu. Quienes lo conocieron lo definen como “austero, inteligente, astuto, estudioso y casto”. Su aspecto físico era impresionante: alto, con cejas pobladas, lentes de vidrio grueso y pasta negra y hablando siempre con una gran autoridad. Llevaba el liderazgo en la sangre. Durante un tiempo fue seminarista, pero abandonó los estudios religiosos y empezó a trabajar en un garaje para sacar adelante a su modesta y numerosa familia. En 1950, con apenas 13 años, ingresó en la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios (UNES). Su padre, Alberto Ezcurra Medrano, nacido en 1909, ya militaba en el nacionalismo y era un prolífico autor de esta corriente. Ya el padre, aceptaba de buen grado ser “antiliberal, católico, rosista e hispánico”. También era miembro de la Junta Americana de Homenaje y Repatriación de los Restos del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, de la Comisión de Homenaje al Combate de la Vuelta de Obligado y de la Junta de Recuperación de las Islas Malvinas. Tras la experiencia de Tacuara que para él terminará en 1964, Alberto Ezcurra Uriburu, volverá de nuevo al seminario y, esta vez sí, terminará ordenándose sacerdote con una carrera pastoral en la línea del Padre Meinvielle, su inspirador. En los años setenta estuvo ligado a algunos levantamientos militares nacionalistas encabezados por la Fuerza Aérea, y ya en los ochenta dirigió la Congregación del Verbo Divino, sector tradicionalista del catolicismo argentino.

Ezcurra tenía como brazo derecho a José Baxter, más conocido como “Joe” Baxter o “El Gordo Baxter”. Ingresó en Tacuara en 1957 y nadie dudó de sus cualidades de propagandista. Era un hombre al que le gustaba ir al fondo de las cuestiones y encontrar las razones últimas de cualquier acontecimiento. A diferencia de la mayoría de tacuaras, su apellido no era “hispánico”, sino irlandés. Quizás por esto nunca terminó de caerle bien al Padre Meinvielle quien consideraba que sólo un limpio historial de cinco generaciones, podía asegurar un nacionalismo sincero y auténtico. Había nacido en 1940 en el seno de una familia modesta y se ganaba la vida como telefonista mientras seguía estudios de Derecho. El periplo de Baxter es sorprendente: de haber escrito poemas en su juventud en homenaje a José Antonio Primo de Rivera, pasó al trotskysmo más levantisco y, como tal murió, como otros militantes de la Tacuara. Pero no nos adelantemos.

La UNES había sido fundada el 5 de junio de 1935, por Juan Enrique Ramón Queraltó, hijo de un juguetero español. Era la organización estudiantil de la Legión Cívica, una especie de “Unión Patriotica”, creado en mayo de 1931 por decreto del general José Félix Uriburu. Publicaba un periódico llamado “Tacuara” cuyo logo eran dos cañas cruzadas en forma de T con un machete atado en el extremo de cada una. En 1937, Queraltó crea la Alianza de la Juventud Nacionalista (AJN) que el 1 de Mayo de 1938, intenta rivalizar con los partidos de izquierda. En esa época, tiene en torno a once mil cotizantes (ocho mil hombres y tres mil mujeres), concentrados en la ciudad de Buenos Aires. Defendían el “Estado Corporativo”, la instauración del catolicismo como religión de Estado y la disolución de los partidos políticos. Su componente antisemita es notoria. En lo económico proponían poner límites a la propiedad privada, colocar a los grandes capitales bajo el control federal y nacionalizar el petróleo y los servicios públicos. Así mismo, proponían una profunda reforma agraria, cuyo lema era "que quienes posean la tierra puedan trabajarla y quienes trabajen las tierras puedan poseerla". Esta será, más o menos, la ideología que asumirá la Tacuara.

A diferencia de otras formaciones nacionalistas que solamente albergaban resentimiento hacia otras formas de nacionalismo en ls países vecinos, la AJN, se mostraba partidaria de la cooperación con ellos dentro de un marco anticomunista y católico. En mayo de 1943, la AJN se transforma en Alianza Libertadora Nacionalista (ALN) y se instalan en la famosa calle Corrientes esquina con General San Martín. Han elegido como emblema un cóndor con las alas desplegadas sobre una pluma y un martillo. Se ha dicho que Tacuara era una secuela de la ALN y seguramente es cierto, si bien, dada la juventud de los dirigentes de la organización, cuesta encontrarles antecedentes políticos que no sean los de la UNES.

Precisamente, entre la primera generación de dirigentes de la Tacuara, la presencia de miembros de la Unión de Estudiantes Nacionalistas Secundarios (UNES) es masiva. No solo Ezcurra lo era, sino también otros nombres significativos de Tacuara, como Oscar Denovi. La UNES era una escisión de la Alianza Libertadora Nacionalista, con similitudes evidentes con los partidos fascistas de los años treinta. Allí ya se utilizaba el brazalete con la cruz de los Caballeros de Malta, que luego heredaría Tacuara.

Sin embargo, el estilo de la Tacuara era sensiblemente diferente a todos los precedentes posibles de la ALN o la UNES. Sus miembros se trataban unos a otros de camaradas y preferentemente se trataban de usted. La edad de la mayoría de los jefes tacuaras oscilaba entre los 21 y los 24 años, siendo la media de edad de sus militantes en torno a 19. Inspirados por Meinvielle y, éste a su vez, por el estilo de Falange Española, predicaban la austeridad en el comportamiento individual, una vida honesta y alejada del lujo y la molicie.

El escritor izquierdista uruguayo Eduardo Galeano los caracterizó perfectamente escribiendo en relación a los Tacuara: “Vienen en busca del mito del poder, los atrae la emoción de los campamentos, en los que las maniobras militares suelen hacerse con verdadera munición de guerra y con verdaderos heridos, la magia de los juramentos en las galerías subterráneas del cementerio, el estampido de los primeros balazos, el culto del peligro elaborado en torno a las fogatas, lejos de la familia y el hogar -y de la blanda vida burguesa de la que pretenden liberarse- reivindicándolos a sangre y fuego, como ‘un pelotón de soldados que salva a la civilización’, que dijera Oswald Spengler”. Y daba en el clavo. Por su parte, Sergio Cierman escribió una nota extremadamente descriptiva sobre los tacuaras de finales de los cincuenta y principios de los senta. Decía Cierman: “Los jóvenes de Tacuara, como tantos otros jóvenes, pelean por cambiar el mundo de acuerdo a su ideología y a la visión que tiene del mismo. Desconfían y aborrecen a esa democracia liberal que solamente ha logrado hundir aun más al país. Y están convencidos (los de Tacuara y muchos otros jóvenes más que luego vendrán) que solamente la muerte puede apartarlos de su cometido: “Patria o muerte”, dicen los seguidores de Fidel y el Che; “Perón o muerte, viva la patria”, dirán los muchachos de la JP setentista; “A vencer o morir por la Argentina”, exclamarán los jóvenes del PRT-ERP para ese mismo tiempo; “Volveremos vencedores o muertos”, afirman ahora, estos pibes de la cruz de Malta”.

A pesar de que su mentor ideológico, el Padre Meinvielle no lo aprobara, lo cierto es que buena parte de los jóvenes Tacuara entraban en la calificación de neo-nazis aquí empezaba y terminaba su definición idelógica. Su punto de encuentro real era la “acción”. Querían “acción”, “aventura”, “enfrentamiento” y “riesgo” por encima de todo. Era el rasgo de aquella generación de jóvenes argentinos que se mantuvo hasta los años 70. Mucho más que de conciencia política –eso estaba implícito en algunos dirigentes y cuadros particularmente bien formados, pero no en las bases- habría que hablar de la ecuación personal propia de jóvenes que, como el rojo de sus banderas y brazaletes, experimentaban un fuego interior que les quemaba y que, de hecho, a muchos contribuyó a arrasarles completamente su vida.

Sociológicamente, la mayoría pertenecían a los colegios católicos bonaerenses a donde las clases acomodadas de la capital confiaban a sus vástagos para formarles cultural y humanamente. Muchos de ellos, pertenecían a familias empobrecidas o con riesgo de proletarización y buscaban respuestas a los riesgos sociales que percibían. A medida que se fueron incorporando sectores de las clases trabajadoras, que carecían de esa visión conservadora y elitista de su propio rol social, Tacuara fue variando de orientación. De ser antiperonista pasó a apreciar y apoyar el peronismo, de ser una fuerza que repetía machaconamente el eslogan de los falangistas españoles, “Ni derechas, ni izquierdas”, pero que nadie dudaba que se ubicaba en la extrema-derecha, pasó a seguir repitiéndolo, pero situándose en la extrema-izquierda. Entre una y otra, lo que hay es un trabajo de agitación y propaganda en las escuelas secundarias de Buenos Aires, que terminaría alterando la composición sociológica inicial del grupo.

Algunas de las pintadas que los jóvenes tacuaras realizaban en los muros de Buenos Aires eran francamente provocadores. En ocasiones aparecieron inscripciones en las que se podía leer: «haga patria, mate un judío». En otras se calificaba a sus militantes de “machos” y en otras se leía el lema del movimiento: “Habrá Patria para todos o no habrá Patria para nadie”. No está excesivamente claro que todas estas pintadas las realizaran los jóvenes tacuaras. Más de uno de ellos nos ha comentado que la mayor parte de pintadas antisemitas las realizaban los propios judíos  a modo de provocación, fotografiando luego las inscripciones y enviándolas a la prensa. Uno de los extacuaras que participaron en el asesinato del general Aramburu nos explicó que la campaña de pintadas de svásticas que aparecieron en 1962 en todo el mundo (coincidiendo con el secuestro de Adolf Eichmann) fueron realizadas por agentes del Mossad, desde EEUU hasta Australia y desde la Patagonia a Malmoe. Se trataba, según este tacuara, de mantener vivo el mito del nazismo, hacer omnipresente la presencia del neonazismo y contribuir a victimizar aún más al judaísmo. He oído esta misma historia en otros dirigentes de la extrema-derecha mundial. Lo único que parece cierto es que, en pocos días, en todo el mundo, aparecieron svásticas e inscripciones nazis en todo el mundo y que aún hoy no se sabe quien las pintó. También es probable, como suele ocurrir en estos casos, que algunos jovenzuelos, más o menos identificados con la Tacuara, pero no militantes de la misma, hicieran la “guerra” por su cuenta, pintando lo que creían eran la consignas más llamativas del movimiento. 

Los primeros tacuaras eran militantes nacionalistas católicos que, inspirados por el padre Meinvielle, planteaban un Nacionalismo Restaurador reivindicando la figura histórica de Juan Manuel de Rosas. Parece que algunos de los fundadores eran hijos de antisemitas católicos o de nacionalistas destacados de la Alianza Libertadora Nacionlista. No todos habían estudiado en colegios católicos, también existía una componente importante que había surgido de los liceos militares. Lo cierto es que cuando se planteó el debate sobre la enseñanza católica o laica, todos ellos saltaron en defensa de la educación religiosa y participaron en las movilizaciones callejeras contrarias al peronismo. Ya entonces, los nacionalistas demostraron una increíble capacidad para la violencia y para el enfrentamiento con sus rivales políticos, los partidarios de la enseñanza laica.

En los folletos y revistas que leí de Tacuara hace casi cuarenta años, existía una inenarrable proliferación simbólica. Se repetía el símbolo del yunque (especialmente en el material del MNR “Tacuara”, la “segunda tacuara”), pero si había uno que estaba presente en todas partes era, precisamente el que daba el nombre al grupo, la tacuara, una caña larga y fuerte, con un machete atado en la puta. Solían mostrar en su propaganda dos de estas armas cruzadas ante un yunque. Un arma mortal, en definitiva, propia del gaucho junto a sus boleadoras. A lo largo del siglo XIX, los indios, la convirtieron en el arma típica de los caudillos federales.

La bandera del Movimiento Nacionalista Tacuara poseía tres franjas horizontales, las de los extremos eran negras y simbolizaban la “revolución nacional”, mientras que la central, roja, evocaba la “revolución social”, tal como ocurría con los colores de Falange Española. En la “segunda tacuara”, estos colores pasarán a ser los de la “pólvora y la sangre”, respectivamente el cambio revolucionario y la voluntad de dar la vida por el ideal. Sobre la franja roja lucía una Cruz de Malta celeste y blanca, propia de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, también llamada Orden Hospitalaria, Orden de los Caballeros de Rodas y actualmente Caballeros de Malta. El Padre Meinvielle había dado a Tacuara este símbolo y su lema, que era también el de la orden medieval: “Volveremos vencedores o muertos”. Era evidente que Meinvielle intentaba rescatar el filón de la mejor edad media europea y que el mito de las Cruzadas y de la Reconquista tenía un peso decisivo en su modelo político. En los colegios de secundaria bonaerenses y luego en los rosalinos, era frecuente ver a los jóvenes estudiantes con cruces de malta celeste y blanca en la solapa. Era su símbolo de reconocimiento, aunque no el único. También utilizaban la estrella federal de ocho puntas que, por esos tiempos, era el distintivo de los Uturuncos con una U inscrita en el centro. Y, finalmente, se les podía reconocer por el llavero del que colgaba un crucifijo. Su portavoz era la revista “Ofensiva”, que lucía en su portada el símbolo de la organización custodiada por un águila con alas desplegadas.

Contrariamente a lo que hubieran pretendido sus fundadores e inspiradores, Tacuara distó mucho de ser un partido homogéneo en lo ideológico y unitario en cuanto a sus fines. En cada barrio de Buenos Aires parecía tener una orientación diferente, si bien la dominante era el nacionalismo, el anticomunismo y el antisemitismo. El antiperonismo inicial, fue, poco a poco, cediendo. Ezcurra visitaba una delegación tras otra, intentaba mantener los equilibrios y dejar hacer a los muchachos, que, en el fondo, todos eran bienintencionados y dotados del mismo espíritu de aventura, así que ¿para qué crear divisiones ideológicas? Curiosamente, todas las tendencias estaban de acuerdo en tomar como referencia ideológica al falangismo español. Algunos, como el propio Ezcurra, mantenían relaciones con España y asistían a las Reuniones de Verano organizadas por la Delegación Exterior del Frente de Juventudes y se nutrían en buena medida de las muchas ediciones de las “Obras Completas” de José Antonio Primo de Rivera o de las distintas compilaciones de sus escritos que realizó en los años 50 y 60, Agustín del Río Cisneros y que fueron publicados por la Sección Femenina. En aquellos jóvenes enfebrecidos de la Tacuara, la frase sobre los “puños y las pistolas” pronunciada por el fundador de la Falange en el discurso fundacional del partido, causó particular impacto y nunca la olvidarían… ni siquiera aquellos que años después decidieron orientarse hacia la izquierda.

Con el paso del tiempo, estas diferencias ideológicas se hicieron cada vez más patentes, especialmente cuando, a partir de la experiencia cubana de Sierra Maestra, dejaron de ser solamente diferencias de matiz y se convirtieron en diferencias estratégicas. En 1959, el castrismo llega al poder en Cuba. Dentro de la Tacuara, Joe Baxter, por entonces situado todavía en el neo-fascismo más agresivo, se siente fascinado por la experiencia. A Ezcurra, el castrismo no le decía gran cosa. Es cierto que Castro pasaba por ser católico, pero no hacía demasiada ostentación de esta calidad, aparte de declararse “demócrata”, así que había motivos para pensar que sostenía una posición muy parecida a la del odiado Maritain. El 1961, Castro se declara socialista. A partir de ese momento, la ruptura en el interior de la Tacuara está servida. “El Gordo” Baxter, siguiendo a su modelo, transitará a una velocidad cada vez mayor hacia formas extremas de socialismo, mientras que Meinvielle primero y Ezcurra después, optarán por el anti-castrismo. Los primeros, terminaron entendiéndose con cuadros sindicales y peronistas que veían en el modelo cubano una referencia. De ahí surgió la “segunda tacuara”.

Tacuara arraigó sobre todo en Buenos Aires a finales de los años 50, pero en meses sucesivos logró instalarse en las ciudades más importantes de Argentina, contando con comandos organizados en Rosario, Santa Fe y Tandil. El número de adheridos a Tacuara fue creciendo lentamente hasta septiembre de 1958, hasta que empezó el debate sobre la “enseñanza laica” y se incorporaron masivamente alumnos de las escuelas católicas secundarias de la capital. Una vez resuelta la discusión y establecida la enseñanza laica (o “libre”), el número de militantes de la Tacuara volvió a crecer, pero en esta ocasión se produjo el reemplazo sociológico del que hemos hablado e irrumpieron en el grupo los hijos de la baja burguesía y de las clases populares, cuyos padres, frecuentemente, estaban vinculados al peronismo. Y es a partir de este nuevo esquema sociológico de Tacuara cuando se producen algunas mutaciones ideológicas importantes: el movimiento deja de ser furibundamente antiperonista, se produce un acercamiento a sectores de esta corriente política; nunca jamás desaparecieron del todo, ni en el MN Tacuara, ni en su secuela el MNR Tacuara, las connotaciones anticomunistas, nacionalistas y antisemitas, como también siempre estuvo presente un cierto anti-yanquismo que, en el MNR Tacuara pasó a ser una muestra de sus nuevas simpatías hacia las experiencias de las izquierdas latinoamericanas y especialmente del guerrillerismo castrista.

Desde el momento de su fundación, Tacuara tuvo capacidad para hacerse con un cuantioso arsenal de armas. La leyenda explica que todo este armamento había sido facilitado por policías de orientación ultra-católica y por antiguos nazis refugiados en Argentina e integrados en el aparato de seguridad del Estado. Sea como fuere, y a falta de datos concretos, se suele repetir que el arsenal era envidiado por el resto de organizaciones nacionalistas.

Tacuara fue la precursora en el cobro del “impuesto revolucionario”. O al menos eso ha pasado a la historia y al mito de la Tacuara. Se ha dicho que cobraban una especie de racket de protección a los comerciantes judíos del barrio de Once en Buenos Aires. Pero donde sus militantes adquirieron mayor fama fue en los enfrentamientos con estudiantes de secundaria partidarios de la enseñanza laica, en tanto que los tacuaras constituían la punta de lanza de los partidarios de la escuela católica.

Cuando Fidel Castro entró en La Habana, Tacuara, inicialmente, había divulgado una declaración de apoyo a Cuba “donde un grupo revolucionario encabezado por Fidel Castro ha derrocado en enero de 1959 al tirano Fulgencio Batista”; el comunicado termina recordando la oposición “al capitalismo y al comunismo por igual”. La declaración, al parecer, había sido elaborada por el propio Baxter. Los militantes más próximos al Padre Meinvielle, empezaron a desconfiar de Baxter y de los “marxistas infiltrados”. Para colmo, tampoco les hacía gracia la progresiva aproximación al peronismo. Fue entonces cuando se escindieron y constituyeron la Guardia Restauradora Nacionalista. Con todo, Meinvielle siempre siguió manteniendo un cordón umbilical con Ezcurra, al menos, como veremos, hasta 1961.

En el documento fundacional la GRN divulga acusa a la Tacuara de haber sido infiltrada por “el fidelismo, el trotskismo y el ateísmo”, denuncia que padece “la influencia de elementos que habían militado hasta fecha reciente en el comunismo y que se proclamaban ateos, o que hacían gala de irreligiosidad, o bien que sostenían doctrinas económicas abiertamente contrarias al derecho natural y a las enseñanzas del magisterio de la Iglesia, o preconizaban la abolición de la institución militar y su reemplazo por milicias populares”. Poco después, echando más leña al fuego, Ezcurra, en el curso de una entrevista, califica a los integrantes de la GRN corno “reaccionarios conservadores que responden a tendencias que caducaron en 1930”, mientras que Baxter, en el curso de la misma entrevista, con un lenguaje completamente diferente, sostiene que los militantes del MNT “combaten al régimen democrático-liberal-burgués, aceptan la lucha en todos los terrenos, defienden los valores católicos y repudian por igual al capitalismo y al comunismo”. Es evidente que en esa época (1960), Baxter seguía identificado con los ideales originarios de Tacuara.

El alejamiento definitivo tiene lugar en 1961, cuando se produce el intento de invasión de Cuba de Bahía Cochinos. Tacuara condena la invasión, pero se cuida de no tomar partido a favor del castrismo, aun cuando aprecia la reforma agraria cubana. Poco después, el Padre Meinvielle escribe en la revista “Presencia” que Tacuara ha caído en “una mentalidad izquierdista filocomunista, que se manifiesta en consignas y doctrinas sospechosas”.

En 1960, las tensiones en el interior del grupo empiezan a ser insorportables y, Ezcurra ya no está en condiciones de armonizar a las distintas tendencias el movimiento. En 1960, se escinde del MN Tacuara, la Guardia Restauradora Nacional, inspirada directamente por Meinvielle y que aspira a retornar a los orígenes aristocrático-nacionalistas-católicos de los primeros tiempos. La GNR adoptará como paradigma “Dios, Patria y Hogar”. Poco después, en 1961, se produce la segunda escisión, dirigida por Dardo Cabo, hijo de un destacado sindicalista peronista, que fundará el Movimiento Nueva Argentina próximo al sindicalismo peronista de Vandor. La tercera escisión tiene lugar en 1964, cuando Joe Baxter y José Luis Nell, después de una evolución que les llevó a la militancia “nacional-izquierdista”, terminan constituyendo el Movimiento Nacionalista Revolucionario “Tacuara”. En la práctica llevaban ya año y medio utilizando este nombre y en franca disidencia con Ezcurra. Pero esta ya es “la otra Tacuara”, la izquierdista, la que será simplemente un estadio transitorio entre el nacionalismo de ultra-derecha y la extrema-izquierda en donde terminarán algunos de sus miembros como el propio Baxter o Santucho. Pero esta es otra historia.

Cuando se oficializaba la ruptura final de Tacuara, el movimiento ya era, más o menos, clandestino. En 1963, los distintos episodios de violencia en los que se habían visto envuelto las distintas ramas de la Tacuarahabía precipitado la promulgación del decreto 3134/63 por el que se prohibían las actividades del Movimiento Nacionalista Tacuara y de la GNR en todo el país. Ezcurra reingresó en el seminario un año después. Era el fin de la experiencia, si bien siguieron subsistiendo núcleos que ostentaron el nombre de Tacuara hasta finales de los sesenta. Pero su hora ya había pasado.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

 

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (IV) 1.1.7. Los Uturuncos: algunas conclusiones

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica  (IV) 1.1.7. Los Uturuncos: algunas conclusiones

Infokrisis.- Presentamos a continuación algunas conclusiones que se imponen sobre la experiencia de los Uturuncos. Dichas conclusiones explican el por qué el movimiento fue limitado y resaltamos el hecho de que se trató de una guerrilla precursora de otros movimientos posteriores. Así mismo, se insiste en las diferencias entre la experiencia uturunco y las guerrillas que en aquel momento tenían lugar en Argelia (el FLN) que constituían un modelo para los peronistas argentinos, quieres, por otra parte desconfiaban de la experiencia castrista hasta que Willian Cooke marchó a Cuba.

1.1.7. Algunas conclusiones

La mayoría de los estudiosos sobre el movimiento de los “Uturuncos”, procedentes de la izquierda, atribuyen el escaso impacto de esta guerrilla a su total extrañeidad a la clase obrera y a los trabajadores organizados en el sindicalismo peronista. Sin embargo, en posteriores esquemas guerrilleros, argentinos e iberoamericanos, volverá a repetirse esta ausencia de las clases trabajadoras y un protagonismo de los sectores juveniles e intelectuales y de las clases medias e incluso de los hijos de la alta burguesía.

Por otra parte, la escasa incidencia de los Uturuncos contrasta con el impacto que tuvo en el interior del peronismo. Cuando el peronismo fue desalojado del poder en 1955, la dirección de la resistencia estuvo en manos de grupos activistas, muy alejados de lo que hasta ese momento habían sido las jerarquías gubernamentales. La resistencia peronista se articuló en los “Comandos” clandestinos y en las organizaciones sindicales. En los tres primeros años de resistencia, ambas estructuras actuaron de manera coaligada. Veían a la antigua estructura gubernamental del peronismo como deslegitimada para seguir manteniéndose al frente de la organización; además, la propaganda gubernamental tendía a denunciar lo que habían sido sus excesos y corruptelas. En esos tres años, el peronismo pasó a ser dirigido por líderes surgidos de las fábricas y fue, más que nunca, un movimiento gremial en manos de gremialistas. La evolución de los “Comandos” fue distinta. Estos se configuraron como organismos de agitación, localizados en los barrios (no en las fábricas). Fueron estos “Comandos” los que impulsaron las campañas de atentados y sabotajes.

Cuando Arturo Frondizi resultó elegido presidente del país, los sindicalistas fueron los primeros en entender que el período insurreccional quedaba atrás y que no podían resignarse eternamente a aportar las masas a un nuevo proyecto subversivo conspirativo destinado a retornar a Perón a la presidencia del país. Por otra parte, los “Comandos” nunca estuvieron en condiciones de disponer de una dirección única y de una estructura orgánica centralizada. Sus operaciones terroristas de mayor importancia se extendieron hasta 1960, cuando el gobierno puso en marcha el “Plan Conintes” para la represión y desarticulación del terrorismo. Se habían logrado extender a casi todas las capitales de provincia y era allí en donde cometían sus atentados.

A partir de 1957 surgió una nueva componente del peronismo, liderada por los antiguos dirigentes del ala política. A pesar de que su estrategia (el frentismo con otras fuerzas de oposición) era opuesta a la oficialista sostenida por Cooke, Perón nunca los censuró. Muchos de estos eran dirigentes provinciales que veían peligrar sus escaños si se mantenían dentro de la estrategia insurreccional. Fueron los primeros en abandonar el insurreccionalismo de Cooke, antes incluso que los sindicatos. Pero se trataba de un grupo heterogéneo formado, de un lado, por los que disponían de una base electoral propia que querían aprovechar en cuantas convocatorias electorales se celebraban (este grupo recibió el nombre de “neo-peronista”), de otro lado, los que no contaban con base electoral propia, se limitaron a cuestionar el liderazgo de Cooke. El grupo de dirigentes políticos estaba convencido de que el progresivo retorno a la normalidad les devolvería el control de la totalidad del peronismo organizado que no habían estado en condiciones de mantener durante los años de clandestinidad y estrategia insurreccional.

En 1959, durante el momento álgido de la guerrilla, los sindicatos peronistas volvieron a una lucha exclusivamente gremial, instando al gobierno a que les devolviera el control de la CGT que había sido intervenida desde el inicio del gobierno militar. Hasta ese momento habían apoyado el insurreccionalismo, pero a partir de ahora ya no estaban dispuestos a apoyar una lejana guerrilla desarrollada en Tucumán.

Los “Comandos”, por su parte, si bien se entusiasmaron con la experiencia de la guerrilla peronista, eran perfectamente conscientes de que, por sí misma, no iba a estar jamás en condiciones de derribar al gobierno, si no se contaba con el apoyo de algún militar peronista que, finalmente, diera un golpe de Estado. Los “Comandos”, en realidad, no eran una guerrilla rural; la mayor parte de sus acciones tuvieron lugar en capitales departamentales o en Buenos Aires. Pero la sublevación del general Iñiguez (noviembre de 1960) fue un fracaso sangriento y la represión emanada del el “Plan Conintes” terminó por desalentarlos.

Apenas existen testimonios sobre la guerrilla de los “Uturuncos” y no por que tuvieran una menguada militancia, sino porque muchos de sus integrantes, en los años posteriores, pasaron a ejercer cargos políticos e incluso gubernamentales y pretendían cubrir con el velo del silención aquellos años en los que apenas eran otra cosa que jóvenes radicales que recurrían sistemáticamente a la dinamita, la pistola y el atentado. Solamente el “comandante Puma” asumió su aventura quizás porque, de retorno del presidio, decidió dedicarse a su familia y renunciar a sus ambiciones políticas.

Gracias a Serravalle sabemos que, en su origen, la primera guerrilla argentina surgió de una reflexión interna sobre el fracaso de la estrategia insurreccional. No era una copia de la Revolución Cubana como algunos han pretendido y debió mucho más al ejemplo del FLN argelino –que Abrahám Guillén había estudiado mejor- que a cualquier otro. En el período guerrillero, no estaba claro que Castro fuera algo más que un católico bienintencionado que quería derribar a una dictadura, mientras que, desde el principio, el FLN argelino fue siempre una fuerza “anti-imperialista” que estaba llevando a cabo una “guerra de liberación”. Para colmo, la prensa oficialista argentina realizaba comparaciones entre Batista y Perón, alineándose con Castro que habría logrado derrocar al “tirano”. Además, existía la impresión, al menos en esos primeros momentos, de que los EEUU habían cambiado la alianza con Batista por otra con Castro. Así pues, en los primeros momentos de castrismo, desde Argentina ni siquiera estaba clara su componente anti-imperialista. A esto se añadía el hecho de que tampoco los castristas veían con excesivos buenos ojos al peronismo. El Ché, en tanto que argentino, conocía bien lo que era al justicialismo. Lo consideraba una revolución de las clases medias que sólo accidentalmente había logrado el apoyo del proletariado organizado en los sindicatos. Los castristas jamás consideraron a Perón como un revolucionario, aunque siempre lo tuvieron por un líder anti-yanki. Y así seguirían las cosas hasta que Cooke llegó a Cuba. Los castristas descubrieron el enorme potencial popular del peronismo y los inmensos vacíos de su ideología que ellos podían cubrir especialmente desde que asumieron el comunismo como doctrina oficial del régimen.

El peronismo jamás fue una doctrina homogénea. Dentro de sus muros, cabía de todo. La inmensa personalidad carismática de Perón, atenuaba cualquier contradicción que pudiera surgir. Especialmente durante sus dos primeros períodos de gobierno y hasta su derrocamiento. A partir de entonces y hasta su retorno, a pesar de que Perón siempre fue indiscutible –solía decir, “Yo soy Perón, así que a mí nadie me va a explicar lo que es el peronismo”- resultó innegable que el movimiento estuvo dividido en tres corrientes: la rama sindical, la rama política y la rama activista, a partir de 1962 identificada con la izquierda. Los intereses de cada una de estas ramas eran diversos y en sus últimos tres años de vida, resultaba evidente que el Perón avejentado y con la salud quebrantada, ya no podía ejercer como moderador de los enfrentamientos entre las tres corrientes.

A fuerza de enviar jóvenes peronistas a Cuba, un sector de las Juventudes Peronistas empezaron a sostener tesis pro-castristas y a pensar que solamente la guerra de guerrillas podía abrir el camino a la insurrección armada de masas y a la guerra popular prolongada, dos conceptos típicamente marxista-leninistas… que, finalmente, lograrían algo tan absolutamente alejado del marxismo-leninismo como restituir al general Perón en el poder como paso previo para realizar una revolución socialista en la República Argentina. A medida que se van sucediendo las distintas experiencias guerrilleras de los años 60, el grueso del activismo armado peronista se fue decantando hacia la extrema-izquierda y sosteniendo posiciones cada vez más incoherentes con el sentir real del propio Perón. Pero, como veremos, hubo una excepción: la “Tacuara”.

En el fondo “Tacuara” se encuentra en el centro de todas las corrientes activistas y radicales de la Argentina de los años 60. Es, un movimiento nacionalista, pero también tiene una componente peronista, luego evoluciona hacia el izquierdismo marxista más rabioso… pero en ese mismo momento también realiza los atentados antisemitas que lo caracterizarán como un movimiento neo-nazi; son católicos inspirados por el padre Meinville, pero algunos de sus militantes se interesan, primero por Castro y, a partir de él, por el marxismo… y, finalmente, terminan en el trotskysmo y en el ERP.

Cuando alguien se siente ganado en su juventud por una ideología tan etérea y ambigua como el peronismo, a medida que va ganando madurez política, pueden ocurrir tres cosas: o que abandone los ideales de juventud, o que se convierta en un político al que le interesa más una etiqueta y una sigla en tanto que facilitan el escaño parlamentario y el poder… o bien que intente completar las lagunas de esa ideología mediante un ejercicio intelectual que no siempre llega a buen puerto. Pasar del peronismo a la extrema-izquierda es una pirueta intelectual que evidencia sólo lo permeable y maleable de los cerebros de aquellos muchachos peronistas. Nada más.

Cuando Guillén, un grupo de intelectuales bonaerenses y seguramente Cooke, asumen que Perón solamente puede volver después de un largo progreso de guerra de guerrillas, en realidad no saben muy bien de qué están hablando. Buenos Aires está situado en una zona geográfica completamente diferente a Tucumán, la única zona del país en donde podía desarrollarse una guerrilla rural. Tucumán es una región selvática. El intelectual que desde Buenos Aires proclama la necesidad de “Subir a la montaña”, no puede hacerse una idea exacta de lo que suponía acceder a una selva tupida e insalubre. Además, no tienen clara la estrategia que para ellos se reduce a una palabra “guerra de guerrillas”.

En aquel momento, el castrismo acababa de instalarse en el poder y todavía no había surgido la corte de exegetas que iban a examinar en los seis años siguientes, al dedillo, la experiencia de Sierra Maestra. El maoísmo no logró interesar a los militantes de izquierdas sino hasta la segunda mitad de los años sesenta, coincidiendo con el inicio de la revolución cultural y de la Primavera de Praga. En cuanto al trotskysmo era, pura y simplemente, nada, y así seguiría siéndolo hasta 1968. Faltaba todavía una fermentación intelectual para que una experiencia guerrillera pudiera ser explicada. Los “Uturuncos” ni siquiera sabían lo que era el “foquismo” (debían de pasar por Cuba para enterarse del concepto original y de su crítica), tampoco entendían que hubiera que “ganarse al pueblo” por que partían de la base de que “el pueblo es peronista”. Ignoraban que la “guerra de guerrillas” se desarrollaba en áreas rurales… mientras que, en realidad, todos sus miembros pertenecían a las clases medias urbanas. Abrahám Guillén y, tras su senda, Carlos Marighela, reflexionando sobre todo esto llegarán a algunas conclusiones (… a posteriori) sobre las diferencias entre “guerrilla rural” y “guerrilla urbana” que, aprovecharán especialmente los “tupamaros” uruguayos.

La experiencia guerrillera de los “Uturuncos” apenas duró un año, pero sus consecuencias se prolongaron durante las dos décadas siguientes. Era el espejismo de la “guerrilla” como posibilidad de derrocar a un gobierno y a sus estructuras represivas. Se ha dicho: “Los Uturuncos abrieron una puerta”; y así es, en efecto. Los “Uturuncos” perciben la limitación de los “comandos” e intentan especializarse en el enfrentamiento contra el régimen que había expulsado a Perón. No hay preparación previa, no hay siquiera estrategia más allá del vago recurso a la “guerrilla”, tan solo se experimenta la tenue sensación de que es preciso ser más duros en la lucha contra quienes han derrocado a Perón, que es preciso pasar del cóctel molotov al explosivo, del revolver de principios de siglo a la ametralladora. Ya no se trataba de “hacer política” más o menos radical, sino de “hacer la guerra”. El compromiso que se requería de los militantes era diferente y no todos estaban dispuestos a asumirlo. Es más, ni siquiera todos los que estaban dispuestos a asumirlo estaban en condiciones físicas de hacerlo. Además de valor, se requería preparación física. Pero había un problema: para que una guerrilla sea efectiva y pueda prolongar su actividad, además de “guerrilleros”, precisa “organización”. Los guerrilleros pueden morir o ser capturados, pero durante el tiempo que permanecen en activo precisan avituallamiento, municiones, información, contactos exteriores y sobre todo una red de apoyos y contactos. Los “Uturuncos” no tenían nada de todo esto, justo por que pensaban que bastaba con que “todo el pueblo de Tucumán sea peronista” para compensar todas estas carencias.

Cuando se crea el Comando de Operaciones de Resistencia, dirigido por el general Iñiguez, y se produce el golpe de la comisaría de Frías, es evidente que los “Uturuncos” no tienen capacidad para diseñar su propia estrategia, sino que sirven a una estrategia diseñada por éste general retirado… estrategia que, en realidad, los “Uturuncos” perdidos en la montaña desconocían (puesto que era una reedición de la estrategia conspirativa). Si el COR coordinaba (o intentaba coordinar) las distintas iniciativas de la resistencia armada peronista, no parece claro que tuviera la intención de iniciar una guerra de guerrillas. Así pues, el fracaso de los “Uturuncos” se explica por muchos motivos, pero el menor de todos ellos no es desde luego, el haber ido al monte sin la visión de un plan de conjunto. Lo que ellos creían que iban a hacer (una guerra de guerrillas) no era lo que Iñiguez estaba dispuesto a coordinar (apenas quería hacer otra cosa que un golpe cívico-militar convencional). Y en cuanto a Cooke, parece que no fue hasta su periplo cubano cuando estuvo en condiciones de entender plenamente lo que significaba la idea de la “guerra de guerrillas”. Así pues, si el caso de los “Uturuncos” puede ser considerado como episodio histórico de interés no es por la importancia en sí del movimiento, sino porque abrió una puerta, por la que transitarían otras experiencias en los años 60 y 70. Lo que empieza en la selva de Tucumán, termina en el asalto al cuartel de la Tablada conducido por Gorriarán Merlo el 23 de enero de 1989. En torno a 25.000 personas murieron en estas aventuras.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es


Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (III) 1.1. Los Uturunco, primera guerrilla peronista

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica  (III) 1.1. Los Uturunco, primera guerrilla peronista

Infokrisis.-  Nos adentramos en el estudio de las experiencias guerrilleras y terroristas en Iberoamérica, con un estudio sobre la breve experiencia de los Uturuncos argentinos que protagonizaron un foco guerrillero en la zona de Tucuman entre 1959 y 1961. Se suele decir que los Uturuncos abrieron una puerta por la que transitaron en los veinte años siguientes otras experiencias del mismo sentido aunque mucho más extremas. Con los Uturuncos encontramos por primera vez a Abraham Guillén, el viejo anarquista español...

 

 

1.1. Los Uturuncos, primera experiencia guerrillera peronista

Al producirse el derrocamiento de Perón, en los años 1955-1960 tiene lugar lo que se llamará “primera resistencia peronista” que ya, desde ese momento, tiene dos orientaciones completamente diferentes. Mientras que el Centro de Operaciones de la Resistencia (COR), dirigida por el General Iñiguez asume la respuesta de la “derecha peronista” (nacionalismo social anticomunista), el ala izquierda articula el Frente Revolucionario Peronista (FRP), dirigido por John William Cooke. El COR no participó sino episódicamente en acciones de violencia y prefirió la vía de las huelgas y las protestas populares. El General Iñiguez que había intentado defender al peronismo en Córdoba, pasó a ser por este gesto uno de los hombres de confianza del General. Se movía particularmente con los ambientes militares fieles al peronismo y poco después de articular el COR, Iñiguez empieza a recibir directivas del propio general. En ese momento, Iñiquez constituye el puntal del general Perón en el medio de los militares leales a él, uno de los tres frentes en los que articulará la resistencia, siendo los otros dos el sindical y la resistencia civil. Pero sería la otra rama la que daría mucho más que hablar. Se trataba del Movimiento Peronista de Liberación-Ejército de Liberación Nacional (MPL-ELN), con su prolongación, los llamados "Uturuncos", aparentemente vinculados a Cooke.

1.1.1. La toma de la comisaría de Frías

De los Uturuncos se empezó a hablar internacionalmente el 24 de diciembre de 1959 cuando un grupo de terroristas disfrazados de soldados que había llegado en un jeep y una furgoneta penetró en la Jefatura de Policía de Frías, una pequeña ciudad entre Santiago del Estero y Catamarca. El supuesto teniente coronel que dirigía el comando se explicó a los policías: “-¡Se ha declarado el Estado de Emergencia en todo el país!, ¡esta comisaría queda bajo custodia militar!”. La tropa formó frente a los supuestos militares, sin sospechar. A culatazos rompieron la radio policial y cortaron los cables del teléfono. En pocos minutos y sin disparar un tiro, habían tomado la comisaría. Los policías no ofrecieron resistencia y se dejaron encerrar en los calabozos. Quince minutos después, los asaltantes abandonaban el puesto retirándose con todo el armamento y las municiones que encontraron. Un agente aseguró después a la prensa que quién los dirigía se hacia llamar “comandante Uturunco” o “comandante Puma” y el nombre llegó a los diarios. Dejaron el camión abandonado en un lugar llamado El Potrerillo y se internaron en el monte. Era la primera acción guerrillera de importancia llevada a cabo en Argentina. Acababa de empezar la guerrilla peronista.

Al día siguiente la noticia conmovió la país: “Grupo guerrillero peronista al mando del capitán Uturunco operaba en Tucumán”.

El comando seguía las instrucciones del general Iñiguez. La toma de la comisaría constituiría una señal para que en todo el país los leales al peronismo iniciaran la insurrección junto a las guarniciones Santa Fe, Salta, Buenos Aires y Entre Ríos. A la misma hora, los sindicatos iniciarían una huelga general en todo el país. En pocos días, Iñiguez calculaba que podía hacerse con el control del país, evitar la guerra civil que tanto preocupaba a Perón y restituirlo en el poder.

El plan era una de las habituales locuras latinoamericanas; estaba prendido con alfileres y los militares comprometidos jamás aparecieron. He oído historias similares de golpes frustrados en toda Iberoamérica. Mientras trabajaba como asesor del Estado Mayor con destino en la Sección VII del Estado Mayor (Operaciones Psicológicas), otro colaborador, Roberto Freire, un veterano de la Falange Socialista Boliviana me explicó que tras la “revolución nacional” de Víctor Paz Estensoro, la dirección del partido le ordenó que participara en un golpe de Estado contra el MNR en Cochabamba. Debían tomar la emisora de radio local y, para ello, el comando se dividió en un “grupo operativo” y en el “grupo de agitación”, dirigido este último por Freire, que debía radiar la proclama desde las ondas. Los “operativos” no aparecieron a la hora convenida, y ahí terminó todo; el golpe fracaso, por supuesto. Un mes después, el general de la guarnición de Cochabamba, comprometido con el nuevo golpe, volvió a planificar la operación: “Si mantenéis la emisora durante media hora saco a la tropa a la calle”. Freire, en esta ocasión, dirigiría la operación. Tomaron la emisora y estuvieron radiando proclamas inverosímiles durante dos horas, al cabo de las cuales el mismo general que les había ofrecido apoyo, sitiaba y bombardeaba la emisora… Los golpes de Estado en Iberoaméricana son así. Es milagroso que alguno haya conseguido alcanzar sus objetivos, créanme.

El golpe peronista que comentábamos, desde el punto de vista técnico era una pura locura. Y, por supuesto, los militares leales a Perón no se movilizaron. Como era de esperar, Iñiguez, el organizador y cerebro del golpe, negó ante los micrófonos cualquier relación con el incidente del puesto de policía. Sólo la incipiente guerrilla peronista cumplió con el plan establecido: los Uturuncos; a ellos pertenecía el “comandante Puma” y el resto de miembros del comando.

Pocos días después del episodio de Frías, el 1 de enero de 1960, los “Uturuncos” lanzan un comunicado a la opinión pública; extraemos algunos de los fragmentos del mismo en los que se reflejan a la perfección los lugares comunes que constituían la “ideología”, o más bien, los principios que animaban a la guerrilla: una mezcla de nacionalismo, antiimperialismo, misticismo revolucionario, ansias de justicia social y mesianismo revolucionario: “Acicateados por nuestro orgullo de argentinos conscientes de que la Patria maniatada esta siendo convertida en una colonia del imperialismo, hemos resuelto tomar las armas en su defensa. Hemos jurado ante dios, fuente de toda razón y justicia, como así ante el Padre de Patria, General José de San Martín, morir por ella antes de verla postrada y encadenada a la voluntad de potencias extranjeras. (…) Nuestras banderas son la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social. (…) Entendemos la Justicia Social fundada en la promoción de los trabajadores a la dignidad que corresponde en una concepción cristiana de la persona humana; de la familia y del trabajo; reconocimiento del derecho y de la obligación de trabajar; a una retribución justa; a las condiciones dignas del trabajo; a la prevención de la salud; al bienestar; a la seguridad social; a la consolidación de la familia; al mejoramiento económico y a la defensa de los intereses profesionales. (…) La guerra de guerrillas es la guerra revolucionaria del pueblo en armas, contra la cual se estrellan los ejércitos que son utilizados para enajenar la soberanía de la Patria”.

1.1.2. Una guerrilla mítica

El puma es un tigre americano, esquivo y majestuoso que puebla zonas alejadas del monte argentino. Las leyendas locales hablan de hombres que se convierten en pumas para combatir por las libertades indígenas. En lengua quechua, Runa-Uturunco significa “Hombre Puma”. En los muros del Norte Argentino, la palabra PUMA aparecía pintada por las paredes como anagrama de “Por Una Mejor Argentina". Era imposible encontrar un nombre más adecuado que éste y que evocase tantos contenidos simbólicos en la Argentina profunda. Para colmo, la población en la que se manifestó inicialmente esta guerrilla, Santiago del Estero, había sido el punto de arranque de la independencia Argentina.

Los detalles de la mítica "toma de la Jefatura de Frías", se conocen gracias al testimonio de su protagonista conocido como “el Puma Serravalle”, Félix Francisco Serravalle, que vivió hasta su fallecimiento en 2003, en la población de La Banda. El comando logró retirarse gracias a los uniformes de policía que se habían llevado de la comisaría y que vistieron para eludir los controles. Luego subieron a las montañas más altas del país, próximas a la zona, para iniciar la primera guerrilla rural de América Latina que nació sin haber oído hablar apenas de la aventura de Castro en Sierra Maestra.

En la montaña, Serravalle y su comando esperaron la señal para el nuevo levantamiento. Cada día escuchaban la radio LV12 de Tucumán esperando oír determinados mensajes que les indicarían el momento de la insurrección; entonces deberían abandonar la selva y los montes y caer sobre la capital departamental. Pero los mensajes jamás llegaron. Nadie les dijo nada y, poco a poco, el grupo se fue deshaciendo. Finalmente, cuando solamente quedaban siete, planearon asaltar la cárcel y liberal a sus presos. En una salida de reconocimiento, el “comandante Puma” resultó detenido. Los seis miembros restantes se entregaron a los pocos días. La edad media del grupo era de apenas 20 años, los guerrilleros más jóvenes apenas tenían 15 años y los más mayores rozaban los 24.

Sin embargo, a partir de ese momento, distintos grupos informales, sin vinculación orgánica con Serravalle, ni mucho menos con el general Iñiguez, siguieron realizando atentados hasta 1963 firmados por el mítico nombre, especialmente en el norte argentino, en la zona de Tucumán.

Ernesto Salas en su libro “Uturuncos. Los orígenes de la guerrilla peronista (1959-1960)” explica detalladamente el proceso de formación de este movimiento gestado en el noroeste del país. En ese período, no sólo el grupo de Serravalle, sino otros núcleos peronistas intentaron instalarse en las zonas boscosas de Tucumán. Han pasado a la historia nacional argentina como “Uturuncos”, pero a partir de 1962 fueron conocidos como Ejército de Liberación Nacional-Movimiento Peronista de Liberación. Realmente, su ubicación geográfica, en una de las zonas más inhóspitas, selváticas y alejadas del país, podía influir muy poco en la restauración del peronismo. Si aún hoy se sigue hablando de los Uturuncos es como precedente del movimiento guerrillero que se extendió en los años 70 y que fue el actor principal de los episodios de violencia política que vivió el país hasta principios de los años 80.

En ese momento, sólo unos pocos iniciados habían oído hablar de Fidel Castro y muchos menos del Ché Guevara. Los “Uturuncos” fueron en realidad una “protoguerrilla”, iniciada sin preparación previa, sin estrategia y, por tanto, sin posibilidades de éxito. 

1.1.3. Cooke y el insurreccionalismo peronista

“El surgimiento de la insurgencia armada debe ser atribuido a la solitaria voz de John William Cooke y a sectores juveniles del peronismo y de la izquierda no peronista, donde se reclutaron sus militantes, los que en su mayor parte provinieron de la esfera universitaria de la Capital Federal y otros grandes centros de estudios terciarios”, escribía Ernesto Salas en su obra ya mencionada "Uturuncos. El orígen de la guerrilla peronista (1959-1960)". Para Salas, no hay, pues, dudas: los “Uturuncos” estuvieron inspirado por Cooke y a él le corresponde la responsabilidad de la primera guerrilla rural en el subcontinente iberoamericano.

Al producirse la caída de Perón, John William Cooke se convirtió en uno de los elementos más activos, conocidos y respetados de la izquierda peronista. A los 25 había sido elegido diputado por el Partido Justicialista y tras la caída de Perón, el 2 de noviembre de 1956 desde Caracas, fue nombrado de puño y letra del general como su delegado en el interior del país y sucesor en caso de fallecimiento. Se le considera el primer organizador de la guerrilla argentina y de la izquierda peronista. Pasaría un tiempo exiliado en Cuba y poco después de su retorno a Argentina  fallecería de cáncer en 1968. Entre 1955 y 1959 fue, sin duda, el principal responsable de la resistencia peronista en el interior.

Cooke era, desde luego, peronista, pero habría que matizar su peronismo. Probablemente estaba más cerca de una forma de socialismo libertario con connotaciones marxistas que del peronismo tal como lo concebía el propio general. A partir de la caída de Perón, Cooke desarrolló una teoría insurreccional como único método para poder regresar al poder. Desconfiaba del sindicalismo y atribuía a la CGT el haber caído en manos de una burocracia paralizante. Como máximo, el papel del sindicalismo, para él, era el de paralizar el país en el momento en el que se produjera la “insurrección”; ésta sería el resultado de la acción coordinada de la guerrilla y de la actividad conspirativa de los militares fieles a Perón, dirigidos todos por un directorio político cuyo vértice sería el general y él en el interior del país.

En 1960, Cooke viajó a Cuba y allí tuvo ocasión de conocer a los dirigentes de la revolución cubana y debatir con ellos sobre la estrategia que adoptaron para derrocar al gobierno de Batista. Es en ese momento cuando conoce al detalle la experiencia castrista. Cooke se sintió inmediatamente ganado por el “foquismo” puesto en práctica por Castro. Según esta doctrina, el foco guerrillero, se pone en marcha aun cuando no existan todavía las condiciones objetivas favorables; no importaba, el foco guerrillero creaba por sí mismo las condiciones objetivas para su desarrollo. El ejemplo de la minoría guerrillera, haría que progresivamente se fueran incorporando masas populares al foco inicial que, en su estado máximo de acumulación, generarían la “revolución”.

En aquellos momentos, todavía no estaba suficientemente clara la alineación de Cuba con la URSS. Para un turista bienintencionado y con ganas de establecer paralelismos entre el peronismo y el castrismo, como era Cooke, el “tercerismo” de Perón se reflejaba en la ideología anti-imperialista de Castro. Había pues una común sintonía “anti-yanki”. Cooke había escrito líneas muy duras sobre el imperialismo: "Caerán las estructuras de la depredación imperialista y las estructuras del despojo de este capitalismo que está llegando al término de su ignominioso reinado. Para eso, todo esfuerzo es digno de mención, ningún acto de consecuencia y lealtad debe ser ignorado o desestimado. Y pronto llegara el momento de las batallas definitivas, y el triunfo final, antes o después, ha de redimir todos las frustraciones de esta época de infamia". También en esa época empieza a aludir reiteradamente a la “revolución social”, pero no en el sentido que le daba Perón; hace de la lucha de liberación social y de la lucha de liberación nacional una sola y misma lucha que tiene a la clase obrera como protagonista. Explica que Perón le dijo que “la Revolución Cubana "tiene nuestro mismo signo"”  (lo que parece probable en los primeros momentos de gobierno castrista, pero no desde luego a partir de la crisis de los misiles) y le enunció “una fórmula exacta que indica la común raíz antiimperialista y de justicia social”. También recordó que en 1960, Perón indicó que el Movimiento “debía apoyar a todos los movimientos de liberación regional, como Egipto, Argelia, Cuba, etc”.

En 1961, Cooke fue entrevistado en Cuba, cuando llevaba más de un año, refugiado en el país. Como era de esperar defendió los logros de la revolución castrista justo en el momento en el que los fusilamientos, la censura y la represión, eran más duros y se acababa de producir el desembarco de Bahía Cochinos. Aquella entrevista fue una mera loa, glosa y alabanza al castrismo y, a cuarenta y cinco años de distancia, sorprende todavía más porque en ella se encuentran todos los tópicos que ha utilizado el castrismo para mantenerse en el poder. Olvidando que durante casi un lustro, Castro negó ser marxista, para evitar que los EEUU ayudaran decisivamente a Batista, para finalmente, una vez en el poder, no solamente reconocer el patrimonio marxista de su ideología, sino incluso permitir la instalación sobre su territorio de misiles soviéticos, Cooke, ve desde su habitación del hotel de La Habana, a Castro como la quintaesencia del “tercerismo” y dice en su entrevista: “La tercera posición (…) significa no tener compromisos con los bloques mundiales, estar en libertad de tomar las decisiones más convenientes a los intereses nacionales. Significa tener criterio propio para apreciar cada hecho y cada actitud; no tenemos obligación de encontrar que cada cosa del señor Kruschev es perfecta o malvada; ni de estar de antemano en pro o en contre del bloque capitalista; en otras palabras, en cada momento y circunstancia nuestro tercerismo consiste en opinar libremente, no sumarnos al coro de los que ven en Estados Unidos la potencia rectora”. Todos los males de la época proceden pues del “imperialismo americano”, Cooke dice al respecto: “No necesito ser comunista para considerar que el principal responsable de la guerra fría es el imperialismo occidental, ni para comprender que el enemigo más grande que hoy tiene el genero humano es la brutal plutocracia norteamericana”… algo que, al menos desde el Golpe de Praga, en 1948, era, como mínimo, cuestionable.

En la carta dirigida desde Cuba a uno de los “Uturuncos”, el “comandante Alhaja”, escribe: “La difusión de la Revolución Cubana, no su aprovechamiento, ayudará enormemente a crear en el país, sobre todo grupos juveniles”. Y más adelante, añade: “Los americanos no pueden voltear una revolución socialista a 90 millas de sus costas. Quiere decir mucho, como casi lo más importante para nosotros. Los países socialistas no abandonan sino que se la juegan en la defensa de los movimientos de liberación en América Latina”. Difícilmente encontraríamos en Cooke alguna muestra de haber comprendido lo que supuso la Guerra Fría como choque geopolítico y el interés de la URSS en contar con aliados fieles (e incluso, sumisos) en el continente americano, de los que Castro fue sin duda el más devoto. Finalmente, en la misma carta, Cooke evidencia haber sido ganado por los propagandistas castristas: “La revolución social, es decir, la revolución socialista, avanza rápidamente en el Continente a partir de Cuba. La diferencia está en si la hace esta generación o llega aburridamente en una vuelta del cohete de Gagarin o de Titov. De cualquier manera llegará”. Cabe preguntarse, en 1961 que quedaba del peronismo de Cooke. En el fondo, allí donde Perón había aludido en sus “20 verdades sobre el justicialismo” a la “justicia social”, Cooke había reducido toda posibilidad de “justicia social” a… socialismo y, finalmente, en alineación con la URSS. Es sorprendente que este dirigente político contara con la confianza de Perón, que si tenía un modelo político en su cabeza era el de los fascismos europeos de pre-guerra que tan bien conocía.

Está claro, pues, que Cooke se situaba a la izquierda del peronismo y falta ahora exponer cuál era su estrategia política mientras estuvo al frente del peronismo y demostrar los caminos a través de los cuales influyó en los “Uturuncos”.

1.1.4. El período de la “estrategia insurreccional”

A partir del derrocamiento de Perón en 1956 en todo el país se organizó la resistencia peronista en forma de “comandos”. En este magma emergió con fuerza la imagen de John William Cooke que estuvo, desde 1955 al frente del Comando Nacional Peronista radicado en Buenos Aires, pero con fuerza particular en la provincia de Tucumán y en contacto con Félix Serravalle, el “comandante Puma”. Serravalle era de familia anarquista y su padre había tenido una larga trayectoria sindical que terminó aproximándose al peronismo. En 1956 se puso en contacto con el Comando 17 de Octubre organizado por Manuel Enrique Mena, “el gallego”, en Tucumán. Mena había sido comunista en su juventud, pero en los años 40 se ubicó en el peronismo. Él y su grupo tomaron contacto con el Comando Nacional Peronista de la Capital dirigido por Cooke y, a partir de entonces, ampliaron su influencia a Salta, Jujuy y Catamarca. En 1958, se une al grupo un personaje que será clave en el desarrollo de las guerrillas latinoamericanas: Abraham Guillén. Guillén era un exiliado español, republicano que tenía conocimientos más o menos sólidos sobre estrategia guerrillera. Fue así como se organizó la primera resistencia armada peronista.

Mena empezó importando explosivos desde la vecina Bolivia siguiendo las ordenes de Cooke, que intentaba montar una red de comandos en todas las provincias del país, a los que se sumaban los contingentes en el exilio. Era muy fácil adquirir explosivos en Bolivia. Cuando trabajé en aquellas latitudes era sorprendente ver como el Banco Minero tenía tres ventanillas: la de “cobros”, la de “pagos” y la de “explosivos”. Cualquiera que tuviera el carné de empresa minera podía comprar, absolutamente sin ningún control ni límite, explosivos y hacer con ellos lo que quisiera… incluso exportarla a la resistencia peronista. 

Entre 1955 y 1958, los comandos peronistas fueron extendiéndose a todo el país. En Tucumán cada barrio tenía su célula, que habitualmente se reunía en los domicilios de mujeres ancianas vinculadas al movimiento. En 1956 menudearon los primeros atentados; se trataba de explosivos de poca potencia y de acciones simbólicas de “alto contenido emocional”. El comando de Tucumán robó los rollos de la película “La cabalgata del circo”, melodrama francamente aborrecible que, por entonces se proyectaba como forma de desprestigiar a una de las actrices secundaras, Eva Perón. Tras hacerse con los rollos se los enviaron como regalo a Perón que en ese momento se encontraba en Panamá. Luego las acciones crecieron en intensidad. Félix Serravalle manifestó su predisposición para estas operaciones robando una emisora de radio y retransmitiendo durante meses emisiones clandestinas. Hecho significativo de sus preferencias internacionales: incendiaron una avioneta francesa en solidaridad con el FLN argelino cuya lucha seguían con más atención que la revolución castrita, en busca de inspiración. También hicieron descarrilar un tren cargado de azúcar y, poco a poco, se fueron curtiendo en las labores de la clandestinidad. Pero su hora llegó con las huelgas que se desarrollaron en Tucumán contra el gobierno de Arturo Frondizi en 1959, organizadas por el sindicalismo peronista.

En junio de ese año, Perón llamó a la oposición frontal contra Frondizi. Los grandes sindicatos peronistas iniciaron largas huelgas sectoriales en defesa de los salarios y las condiciones de trabajo. La Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar (F.O.T.I.A.), que ya se había distinguido por su dureza opositora desde 1955, protagonizó huelgas en julio y agosto que generaron una dura represión. A partir de estos incidentes, los núcleos “uturuncos” salen fortalecidos.

1.1.5. Aparece Abraham Guillén, inspirador de los Tupamaros

“Si la insurrección no es el camino para traerlo a Perón, ha llegado el momento de las armas”, explicaba Abraham Guillén a sus compañeros. Además de Serravalle y Mena, además de Cooke, en el origen de los “Uturuncos” aparece la figura de Guillén que dará que hablar en los 12 años siguientes tanto en Argentina como en Uruguay.

En 1959, en el interior del Comando 17 de Octubre, se inició un debate interior sobre la eficacia de la resistencia peronista hasta ese momento. El debate había sido iniciado por Abraham Guillén, el hombre clave del terrorismo de izquierdas en Iberoamérica, del que probablemente valga la pena dar algunos datos más. Había nacido en Corduente, una desconocida población aragonesa, y durante la guerra civil se vinculó al movimiento anarquista. En los primeros meses del conflicto fue director de “Juventud Libre”, órgano central de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias y, posteriormente, colaboró como redactor en el diario “CNT”. En 1938 fue nombrado comisario político en la XIV División, dirigida por su camarada anarquista Cipriano Mera. Detenido en Alicante al acabar el conflicto, fue condenado a muerte, pero se le conmutó la pena por la de 20 años de reclusión. Se evadió de prisión en 1942, integrándose en el clandestino Comité Nacional de la CNT, siendo nuevamente detenido en 1943. Tras una nueva evasión cruzó la frontera francesa, emigrando en 1948 a Argentina. Fue columnista de los diarios “El Laborista” y “Democracia” de Buenos Aires, “Acción” de Montevideo y “La Prensa” de Lima. Fue director de investigación económica de Ciencias Sociales de Buenos Aires y en Perú trabajó como experto para NNUU. Escribió distintos textos sobre guerrilla urbana siendo el principal inspirador de los tupamaros uruguayos. Durante la transición regresó a España y colaboró con “Diario 16” y con la revista “CNT”.

En el curso del debate sobre el resistencialismo peronista, Abraham Guillén sostuvo que la estrategia insurreccional llevada hasta ese momento había fracasado. La huelga de enero de ese año que se inició para facilitar el estallido insurreccional, también había constituido una sonora derrota para el movimiento obrero peronista. Guillén propuso el camino de la “lucha armada” como estrategia alternativa. Se produjo la escisión del Comando Insurreccional Perón o Muerte, mientras que el grueso del Comando 17 de Octubre pasó a llamarse Movimiento de Liberación Nacional del que emanaría el Ejército de Liberación Nacional. En enero de 1960, los primeros se fueron a las montañas a iniciar la guerra de guerrillas. Fueron ocho guerrilleros los que, en medio de una lluvia torrencial, se perdieron en el cerro Comuna; los ocho habían participado en pequeños actos de terrorismo cometidos bajo la sigla de los Uturuncos. Guillén les había explicado que, inicialmente, se trataba solamente de familiarizarse con la selva, la vegetación y los senderos secundarios; debían de conocer y adaptarse al terreno antes de iniciar las operaciones. Apenas iban armados con una ametralladora PAM, una pistola 45 y un revolver 38… para los ocho guerrilleros.

A los pocos días, desobedecieron órdenes, creyeron que ya estaban suficientemente fuertes y tenían un conocimiento preciso del terreno como para realizar operaciones terroristas. Bajaron de las montañas y asaltaron con éxito los destacamentos policiales de Las Banderitas y Alto Verde, luego bajaron hasta la ciudad de Tucumán y asaltaron un puesto policial donde robaron armas y municiones. Con estas y otras pequeñas acciones dieron testimonio de su existencia. Pero, en realidad, no estaban preparados para realizar estos ataques, algunos de los cuales fracasaron. Pronto, la región se vio infestada de policías en busca de los sedicentes guerrilleros. Estos, aislados en las montañas, sin medios, sin alimentos, quedaron pronto desconectados de la dirección guerrillera. Sobrevivieron malamente alimentándose de frutos silvestres y algún ave, pero en noviembre, casi todos fueron finalmente detenidos. Un mes y medio después tendría lugar el asalto “uturunco” de la comisaría de Frias.

Tras estas detenciones se reunió el Estado Mayor de la guerrilla. El grupo había sido dispersado pero valorar esta primera experiencia guerrillera como “altamente positiva y alentadora”. Así pues decidieron dar a sus acciones más relevancia y lograr que Perón y la cúpula del movimiento les aportada su apoyo sin reservas. Es entonces cuando se prepara la operación de la comisaría de Frías y emerge la figura del “comandante Puma”. Félix Serravalle tenía una corta experiencia en atentados y sabotajes, se le tenía por un hombre valiente, y tenía formación militar (era subteniente de la reserva). Algunos de sus 22 guerrilleros apenas tenían más de 15 años. En octubre habían empezado a entrenarse y el 23 de diciembre se sintieron lo suficientemente fuertes como para llevar a cabo el ataque a la comisaría de Santiago del Estero

Justo cuando Serravalle y sus Uturuncos asaltaban la comisaría de Frías, Mena y Guillén habían ido a Buenos Aires a recabar ayuda a Cooke. Éste delegó en su compañera, Alicia Eguren, la tarea de coordinar la ayuda hacia la guerrilla. Fue a través de Alicia como los impulsores de la guerrilla contactaron con los grupos de la Juventud Peronista bonaerense que habían manifestado su admiración por los uturuncos. Con estos militantes, Mena constituyó un nuevo grupo guerrillero. Pero nada pudo evitar que en marzo resultara detenido cuando intentaba unirse con los compañeros que ya se encontraban en las montañas. No era el único, las fuerzas de seguridad habían capturado a casi un millar de peronistas radicales predispuestos a participar en operaciones terroristas o sospechosos de haberlo hecho. Fue entonces cuando Serravalle resultó detenido al intentar liberar a algunos de estos peronistas presos. Cumplió la condena de tres años y siete meses en varias prisiones. Le rompieron los ligamentos del brazo en la tortura. Al salir prometió a su familia, a la que casi no había visto en años, que se iba a ocupar de ellos… y así lo hizo hasta su fallecimiento en el año 2003.

1.1.6. El fracaso de la experiencia insurreccional

Ahora bien, ¿quién dio la orden de constituir la guerrilla? No está tan claro como a primera vista pudiera parecer. Hasta 1958, Cooke era el delegado de Perón en el interior del país y dirigente del Comando Táctico y, al menos en teoría, todas las iniciativas tomadas por el movimiento eran emanaciones de sus órdenes. Ese año, su posición empezó a debilitarse ante la falta de resultados de la estrategia insurreccional que había preconizado hasta ese momento. Perón decidió disolver el Comando Táctivo, el máximo organismo de dirección en el interior del país, y sustituirlo en octubre de ese año por el Consejo Coordinador y Supervisor del Movimiento, formado por nueve miembros. A partir de 1959, (tras la toma del Frigorífico Nacional y la huelga general que siguió) Cooke perdió completamente el control del movimiento. Debió refugiarse en la clandestinidad y, al poco tiempo, abandonó el país. Progresivamente orientado hacia la izquierda, en abril de 1960 inició su periplo cubano durante el cual proliferaron sus elogios hacia el castrismo. Nunca más volvería a ser dirigente peronista, aunque siguió teniendo influencia sobre los sectores más jóvenes del movimiento a los que invitó a stages en Cuba de los que partiría la siguiente oleada guerrillera.

Distinto trabajos han considerado a los “Uturuncos” como una emanación de la política insurreccional de Cooke. Pero falta saber si fue él quien dio la orden para la constitución del grupo guerrillero o bien, una vez constituido éste, intentó reconducirlo en beneficio de su política. En otros episodios anteriores –la toma del Frigorífico Nacional, por ejemplo- Cooke se había dejado arrastrar por los acontecimientos. El nexo que ha unido el nombre de Cooke al de los Uturuncos es la amistad y colaboración que éste había desarrollado con Manuel Enrique Mena, “el gallego”. Él y su grupo tomaron contacto con el Comando Nacional Peronista de la Capital dirigido por Cooke y, ya hemos visto como, a partir de entonces, ampliaron su influencia a Salta, Jujuy y Catamarca. Mena es, pues, el nexo entre los “Uturuncos” de Tucumán y William Cooke.

Así mismo, es cierto que Alicia Eguren, esposa de Cooke, prestó –por orden de éste- toda la ayuda que estuvo en sus manos a la guerrilla de Tucumán. En Cuba, seguramente tras estudiar la experiencia castrista, se convenció de la justeza de los intentos “foquistas” como forma revolucionaria de conquista del poder. En la carta que ya hemos mencionado, escrita por Cooke desde Cuba al “comandante Alhaja” (nombre de guerra de Genaro Carabajal) prodiga sus alabanzas a la guerrilla de los Uturuncos: “Para ella [alude a Olga Carabajal, esposa de Mena] y para el chiquito, así como para todos los heroicos compañeros que hoy sufren cárcel y persecución por plantear por primera vez una forma definitivamente revolucionaria de lucha en el país, nuestro mas entrañable afecto y nuestro constante recuerdo. [...] Muchos los llamaron, sin duda alguna aventureros”. Estaba claro que su corazón estaba con los primeros “Uturuncos”

La guerrilla de los “Uturuncos” se extinguió pronto, pero muchos de sus combatientes se integraron en las experiencias armadas de los años sesenta. En 1962, diversos grupos de militantes peronistas –y entre ellos algunos “Uturuncos”- viajaron a Cuba. Fue en la isla caribeña en donde las experiencias del peronismo y de las corrientes marxistas realizaron la ósmosis de la que debía salir unos años después el movimiento “Montonero”.

Entre el 1° de mayo de 1958 y el 30 de junio de 1961 (es decir un amplio período del gobierno de Frondizi donde se gesta la aparición de “Uturuncos”) el balance de actividad de los distintos grupos guerrilleros peronistas es relativamente elevado:

- 104 incendios de establecimientos fabriles, plantas industriales, vagones ferroviarios, campos de estancieros, buzones con correspondencia oficial etc.

- 440 actos de sabotaje varios (obstrucción de vías férreas, perdidas intencionales de combustible, derroches de agua corriente, destrucción de medidores eléctricos y de gas, cortes de cables telefónicos y telegráficos, ataques a miembros de seguridad, etc).

- 1.022 colocaciones de bombas, cargas explosivas y petardos.

- Todas estas acciones generaron 17 muertos y 87 heridos.

Según un informe de los servicios de seguridad argentinos: "[El primer] al atentado terrorista fue perpetrado en la noche del 12 de marzo de 1960 contra el domicilio particular del entonces capitán del Ejército David René Cabrera, sito en la calle Díaz Vélez casi esquina Maipú de La Lucila, provincia de buenos Aires. En dicha circunstancia resultó muerta su hijita Guillermina, de 4 años de edad y con heridas graves su hijo Jerónimo Luis, de 6 años. Dicho atentado se produjo mediante el empleo de dos paquetes de gelignita de 3 Kg cada uno, colocados en el acceso principal junto a la estructura central de la vivienda, que al explotar ocasionó el derrumbe casi total de la casa. Los autores materiales del hecho fueron identificados como: Héctor Rodolfo Gringoli, Berolegui y Leonelli, quienes actuaron por indicación de Alberto Campos; los materiales explosivos fueron suministrados por Juan Carlos Brid. La organización, actuación y orientación política ideológica de las organizaciones terroristas que comenzaban a actuar a partir de fines de la década del 50, estaban centradas especialmente en la Unión de Guerrilleros Andinos, comandados por [el ex capitán del Ejército Argentino] Ciro Ahumada y por los denominados "Uturuncos" (Tigres del Monte). La primera de las organizaciones definió su doctrina sobre la base del denominado Manual del Guerrillero y el folleto 150 preguntas a un guerrillero. La segunda de las nombradas respondía a una clara y definida filiación marxista leninista”.

"El accionar de ambas, con la intervención de un definido sector político, produjo en el país entre 1958 y 1961 (gobierno constitucional del Dr. Arturo Frondizi) la cantidad de 1.566 atentados terroristas (colocación de explosivos, bombas, ataques a miembros de las Fuerzas Armadas, Fuerzas de Seguridad, civiles, etc.) con el resultado de 17 víctimas fatales, entre las cuales estaba la pequeña Guillermina y 89 heridos. Uno solo de dichos atentados ocurrido el 15 de febrero de 1960 en el depósito de combustible de la Shell Mex Argentina, sito en la ciudad de Córdoba, ocasionó el incendio por destrucción del tanque madre de tres millones de litros de nafta, dos tanques menores de doscientos mil litros de gasoil cada uno, varios tambores de 200 litros de nafta y de un camión tanque”.

 

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es 

 

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (II) 1. El caso argentino y sus enseñanzas

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica  (II) 1. El caso argentino y sus enseñanzas

Infokrisis.- La existencia de una guerrilla terrorista en los años 60 y, especialmente, en los 70, sería incomprensible si no dedicáramos algo de tiempo a estudiar lo que supusieran los dos períodos de gobierno peronista y el golpe militar que lo arrojó al exilio hasta 1973. Tal es la tarea de esta segunda parte de nuestro estudio que dedicamos exclusivamente a relatar sumariamente lo que supuso aquella época y, en especial la caída del gobierno democrático argentino presidido por Perón.

 

 

1. El caso argentino y sus enseñanzas

La importancia y repercusión mediática que tuvieron los Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo, en los años 70, hicieron que se olvidaran las experiencias terroristas de los diez años anteriores, las únicas en las que se podían encontrar las explicaciones y los porqués a la explosión guerrillera de los 70. Las guerrillas y el terrorismo argentino son inseparables e incomprensibles sin entender al peronismo como fenómeno político. Por eso hará falta remontarnos a los orígenes del movimiento peronista para entender el terrorismo de los 70.

El 24 de febrero de 1946, Juan Domingo Perón fue elegido presidente de la República Argentina. Hijo de italiano y criolla, Perón, siguió una rápida carrera militar que le llevó a finales de los años treinta a Europa en misión de estudio sobre las nuevas estrategias militares. Su periplo europeo le llevó a conocer de cerca a militares de los países fascistas de la época (Italia, Alemania, Portugal y España) y a observar sus logros en política social. De regreso al país, en junio de 1943, ingreso en el Grupo de Oficiales Unidos, una logia militar secreta, cuando ya había alcanzado el grado de coronel. Poco después fue nombrado Secretario del Ministro de la Guerra y algo más tarde Jefe del Departamento de Trabajo. Este cargo le permitió entablar relaciones estrechas con el sindicalismo de izquierdas argentino. Poco tiempo después, Perón se convirtió en el ministro más apreciado por los medios obreros, mientras que, a medida que iba aprobando una legislación social paternalista, generaba el recelo de los sectores conservadores. Se crearon tribunales laborales, se dio un impulso decidido a la protección social, se abrieron escuelas de formación profesional, se prohibieron las agencias privadas de empleo y se firmaron cientos de convenios colectivos que regulaban prácticamente todas las actividades económico-sociales y muchos jóvenes de la clase obrera pudieron ingresar en la Universidad que en aquella época solamente estaba abierta para los jóvenes de la burguesía media y alta. Aún hoy, cuando ya se han sucedido dos generaciones de trabajadores, la mayor parte de la clase obrera argentina venera el nombre de Perón. En 1945 ocupó el Ministerio de Guerra y la Vicepresidencia de la República en un momento en el que la alianza entre sindicalistas y militares jóvenes, era progresivamente reprobada por las clases medias y los altos mandos militares. Esta escisión en la sociedad argentina duraría, prácticamente con la misma configuración, durante los siguientes cincuenta años.

El error de la oposición burguesa consistió en seguir las indicaciones del “embajador de choque” de los EEUU, Braden, quien promocionó la formación de un frente único antiperonista del que formaban parte desde el Partido Comunista a la Sociedad Rural que agrupaba a los terratenientes más conservadores. La Unión Cívica Radical formaba también parte de este frente opositor que en 1945, coincidiendo con la derrota del Eje, realizaba las primeras manifestaciones públicas. En el curso de estas movilizaciones, el grueso del movimiento estudiantil se orientó hacia la lucha contra el peronismo y, por el contrario, el peronismo se configuró posteriormente como un movimiento anti-intelectual de carácter social cuyo eje mayoritario era el proletariado urbano y su médula, los sectores más desfavorecidos, los “descamisados”. Perón no pudo soportar todas estas presiones y finalmente debió dimitir de sus cargos el 9 de octubre de 1945, siendo inmediatamente arrestado. Apenas una semana después, la movilización masiva de la CGT logró su liberación. En las elecciones libres de febrero de 1946, Perón, apoyado por el Partido Laborista y la Junta Renovadora de la Unión Cívica, obtuvo un 54% de los votos, ganando en prácticamente todas las provincias.

En esta etapa de presidencia indiscutible, Perón siguió impulsando las reformas sociales y a constituir su propia estructura política. La CGT logró desmantelar al sindicalismo marxista y anarquista configurándose como la única fuerza sindical con peso real entre las masas obreras. Los primeros años del gobierno de Perón supusieron un gran impulso a la industrialización del país. Optó, tal como había visto en la Europa fascista, por la planificación de la economía y apostó por la industria pesada. En 1948, la suma de las percepciones salariales superó a los ingresos en concepto de rentas, beneficios e intereses…

La llegada masiva de científicos e ingenieros procedentes del III Reich hizo que se forjaran ambiciosos proyectos de desarrollo tecnológico. Incluso en aquella temprana época existieron planes de “nuclearización” de Argentina y se levantaron plantas secretas en el lago Nahuel Huapi. En general, se impulsó el desarrollo industrial y se abrieron las universidades a las clases medias bajas y trabajadoras, pero, ni aún así el medio estudiantil, controlado por las organizaciones universitarias de izquierda y nacionalistas, rectificó su oposición al peronismo.

Otros dos aspectos de la política peronista merecen ser comentados. De un lado su interés en lograr políticas de igualdad en relación a la mujer, impulsadas, sin duda, por la figura carismática de Eva Perón, “Evita de los descamisados”, esposa del general; y, de otro lado, la política de “tercera posición”, considerada como precedente de la “no alineación”. En las elecciones de 1946, Evita había hecho una activa campaña a favor del voto femenino. Fue a partir del arranque de esa campaña, cuando el peso político de Evita Perón empezó a crecer hasta casi superar en sus últimos meses de vida, al de su marido. Gracias a su tarea, el 9 de septiembre de 1947, la famosa Ley 13.010, estableció la igualdad de derechos entre ambos sexos.

En 1952 se inicia el segundo gobierno peronista cuando ya se había evidenciado el agotamiento de las reformas políticas del general y en un ambiente de recesión económica. A esto se unen errores políticos que granjeaban la enemistad de sectores que hasta ese momento habían apoyado al peronismo. De un lado, el diálogo social fracasa, de otro la ley del divorcio de 1954 genera un enfrentamiento con la Iglesia Católica cuando el régimen ya se encaminaba hacia su fin.

Desde 1951, los opositores al peronismo habían menudeado acciones de violencia contra los apoyos políticos al peronismo. Los llamados “Comandos Civiles”, fundamentalmente integrados por miembros del partido radical, crearon una estructura represiva que llegó a cometer atentados contra los sindicalistas peronistas de la CGT, en lo que puede ser considerado como una de las primeras muestras de terrorismo, aún desorganizado, y probablemente estimulado artificialmente desde la embajada norteamericana. El 15 de abril de 1953, los “Comandos Civiles” (o alguien que actuaba en su nombre) colocaron una bomba en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, mientras tenía lugar una concentración del sindicalismo peronista; murieron 6 personas y se registraron 95 heridos algunos de ellos de extrema gravedad. Oficialmente, los “Comandos Civiles” tenía como jefe máximo a Roque Carranza, luego ministro de obras públicas y ministro de defensa con Raúl Alfonsín, ya en los años 80. Carranza y otros 12 radicales resultaron detenidos acusados de la matanza de la Plaza de Mayo. Todos los detenidos confesaron ser los autores y fueron condenados por asesinato. En 1955, tras ser liberados por orden de Perón, Carranza y el resto de los detenidos denunciaron haber confesado bajo tortura, pero, a decir ver, nadie volvió a investigar quienes fueron los integrantes del grupo que colocó las bombas.

El hecho es que el 16 de junio de 1955, los “Comandos Civiles” intentaron un golpe de Estado en combinación con la Marina y sectores activistas de la Iglesia. Aviones de la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo y otros puntos de la capital causando 365 muertos y varios cientos de heridos. El ejército de tierra reaccionó contra estos ataques y los rebeldes se refugiaron en Uruguay. Los peronistas de base respondieron con la movilización general y el país se situó durante unos días al borde de la guerra civil. En ese momento, Perón comprendió su debilidad y decidió evitar el aislamiento auspiciando un “diálogo interpartidario” en el que los partidos de oposición no estaban en absoluto interesados: sólo querían deshacerse del general-presidente. El 20 de septiembre de 1955, cuando fue evidente el fracaso del “diálogo”, las FFAA derrocaron finalmente a Perón. La CGT reclamó armas al gobierno, pero el general se negó a ser responsable de una guerra civil, optando por exiliarse, primero a Paraguay y luego a España.

Nueve meses después de este golpe de Estado, el general Juan José Valle, de orientación peronista, intentó un golpe de Estado amparado en sectores militares y en la militancia sindical. El golpe fracaso y Valle junto con varias decenas de civiles y militares fueron fusilados, desatándose, a continuación, una represión sobre las organizaciones sindicalistas que, sin embargo, no logró erradicar la extraordinaria influencia del peronismo entre la clase obrera.

A partir de ese momento, se genera una situación en la que los sectores nacionalistas civiles y militares y los católicos de extrema-derecha se situaron en la oposición al peronismo al que califican de anti-católico (no sólo por la ley de divorcio, sino porque tras la primera intentona golpista contra Perón, sus partidarios habían saqueado e incendiado algunos establecimientos religiosos en todo el país), mientras que el movimiento justicialista (cristalización política de la corriente peronista) y los sindicatos de él dependientes adoptarían una actitud progresivamente más hostil hacia los “mílicos”. Y es en este contexto en el que se desarrollan las experiencias “armadas” (en realidad, terroristas) de los siguientes veinte años de la dramática historia política argentina.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es