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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Notas sobre la New Age (III de V): Freud. Jung, Reich, el tercero de la psique

Infokrisis.- Hace quince años, a medida que fuí comprobando la naturaleza de las terapias de la Nueva Era, me sorprendió que una parte no desdeñable derivaban del viejo psicoanálisis. La parte que Carl Gustav Jung tenía en este movimiento era extraordinaria. Pero no sólo Jung, sino también Freud y en gran medida incluso Wilhelm Reich. Así pues, decidí que para estudiar las terapias de la Nueva Era era preciso realizar un viaje a lo esencial de estos tres psiquiatras. Los apuntes están completados por un vídeo sobre la vida y la obra -la más problemáica- de Wilhelm Reich.

 

EL TRIO DE LA PSIQUE: FREUD, REICH, JUNG

          Regresemos a los orígenes. Era inevitable que lo hiciéramos, por que las referencias a Freud y a sus discípulos, van a ser, a partir de ahora, continuos. No son muy lejanos, apenas un poco más de un siglo, allí en la consulta del doctor Freud.

          En otro tiempo incontestable, el psicoanálisis sufre hoy ataques  por todos los frentes. Se duda de su eficacia terapeutica, se  cuestionan sus bases e incluso se pone en entredicho la  estabilidad mental de su fundador y de muchos de sus exponentes. Cuando se ha cumplido un centenario desde los primeros trabajos  de Freud, es lícito preguntarse que queda de la psiquiatría freudiana y de sus continuadores... pero ello implica realizar una excursión por un terreno resbaladizo en el que frecuentemente se cae en lo paranormal.

          El 2 de junio de 1884 un hombre escribía a su novia: "...si te  atreves, veremos quién es el más fuerte, una dulce chiquilla que  no come lo necesario o un hombretón fogoso que lleva cocaína en  el cuerpo". El autor de la carta era Sigmund Freud que a  continuación añadía: "En mi última depresión seria tomé de nuevo  la cocaina y una pequeña dosis me llevó a las alturas de manera  prodigiosa"; la frase bien parece un slogan publicitario del  Cartel de Medellín...

          Es importante subrayar que este párrafo no tiene nada que ver con el interés médico‑científico de Freud por la cocaina: refleja solo una adicción viciosa. En 1886 el doctor Erlenmayer, definió a la cocaina como "el tercer azote de la humanidad", despues del alcohol y la morfina. Cuando Freud experimentaba con cocaina, otros muchos muchos científicos ya habían dictaminado lo peligroso de esta droga y estudiado sus efectos nocivos sobre el organismo.

          La fijación de Freud por la cocaina y su afición a ingerirla es  significativa en más de un aspecto. Hace falta considerar el poder afrodisíaco de esta droga para advertir que ya, desde su juventud, el factor erótico tenía un peso anómalo en su ecuación personal. La cocaina efectivamente, no es solo un tonificante muscular, el sector que activa con más violencia y de manera más compulsiva es la imaginación erótica.

          El flujo de sugerencias e imágenes eróticas que invaden el cerebro son el principal elemento creador de adicción. Y en Freud esto no fue diferente. Sin embargo, Freud intentó durante unos años edificar una teoría médica, acaso para justificar su adicción, afirmando contra toda lógica que la cocaina curaba distintos tipos de enfermedades, desde la morfinomanía, hasta el dolor de estómago, pasando por las enfermedades cardíacas y las manías depresivas.

          Es innegable que Freud, a lo largo de toda su vida, fue un paciente y minucioso observador de sí mismo: lo que valía para él, aquello que le atraía, tendía a generalizarlo hasta alcanzar valor para los demás. No es de extrañar que, sobre esta base tan poco científica, estableciera la sexualidad como nudo de todos los conflictos de la psique.

          Probablemente si la cocaina no hubiera estimulado la mentalidad  erótica de Freud como solo esta droga puede hacerlo, el psicoanálisis no hubiera colocado tanto énfasis en la sexualidad. De ahí que el episodio de la cocaina no sea un mero accidente en el freudismo, sino la primera piedra sobre la que se edificó luego todo el sistema.

          El nacimiento de la terapia psicoanalítica debe también mucho al  fracaso de Freud como hipnotizador. En la última década del siglo  XIX, famosos psiquiatras como Charcot (de quien Freud se decía discípulo y con quien trabajó en la siniestra clínica parisina de la Salpetriere para enfermos mentales), Bernheim, Liebeault o Breuler, utilizaban la hipnosis para curar ciertas depresiones y afecciones histéricas. Freud fue uno de ellos.

          Aprendió la técnica del propio Charcot, pero hacia 1890 empezó a  convercerse de que jamás sobresaldría como hipnotizador. No es que dudara en aquel momento de la eficacia de la hipnosis, era que carecía de cualidades de hipnotizador. Se terminó convenciendo cuando, tras la preparación previa, con el consabido péndulo moviéndose ante los ojos de una paciente, le ordenó que se durmiera; por fin, sentenció imperioso: "Ya está dormida". La muchacha, sin inmutarse abrió los ojos: "No, doctor; no me he dormido".

          Todo esto no se situaba precisamente dentro de las coordenadas  positivistas y científicas que dominaron la evolución del saber entre finales del siglo XIX y principios del XX. Más parecen propias de un espectáculo de variedades.

          El psicoanálisis tuvo mucho más contactos con lo irracional. Wilhem Fliess, amigo íntimo de Freud, frenólogo, tenía ciertos conocimientos de khabala hebrea, en particular, estaba obsesionado por la numerología y supo transmitir esta obsesión al propio Freud, hasta bien entrada la madurez. Este, inducido por Fliess, creyó hasta 1920  que la vida del hombre se gobernaba por ciclos de 28 días en la mujer y de 23 días en el varón. Las relaciones hombre‑mujer estarían marcadas por las cifras 5 (28 ‑ 23) y 51 (28 + 23).

          Es curioso pero todo este delirio de Fliess goza de gran predicamento entre los fieles de la Nueva Era. De aquí, efectivamente, ha derivado toda la teoría de los "bioritmos". Fliess colaboró con el doctor Hermann Swoboda quien intuyó la existencia de estos ciclos de 23 y 28 días que, creían, influenciaba en el terreno de la biología individual. He conocido algunos oficiales del ejército que calculaban los biuoritmos de sus soldados para conocer si estaban en disposición biológica de hacer guardias; he conocido tarotistas que utilizaban el mismo sistema para completar el perfil psicológico de sus clientes. Y en los ambienttes "new age" se le tiene por infalible; abunda toda una literatura relacionada con el tema distribuida en los mismos circuitos que cualquier otra terapia del a Nueva Era. Y sin embargo, los bioritmos, a pesar de ser avalados por Swoboda y Fliess, y durante un tiempo por el propio Freud, a pesar de su actual reputación, carece completamente de base científica; es pura y simple superchería. No queda claro el motivo por el que los biorritmos empiezan a calcularse en el momento del nacimiento, y no en el momento de la concepción. Esta es la objeción más simple, pero existen otras igualmente pesadas: por ejemplo, la absoluta ineficacia de las previsiones, que solo muy difícilmente tienen algo que ver con la realidad. Una gripe no depende del ritmo físico, sino de una serie de circunstancias muy diversas; de la misma forma que los lunes el ritmo emocional está más amuermado que los viernes por la tarde. Inútil seguir por este camino.

-        Fliess, como Freud, eran judíos. Como se sabe la khabala (=  tradición) es el compendio de esoterismo hebreo que atribuye gran importancia a la numerología. Cada letra del alfabeto hebreo tiene un valor numérico y la suma de las letras de una palabra da una cifra concreta. Esta técnica se llama guematría y goza de gran predicamento en el ámbito de la Nueva Era. Puede darse el caso de palabras con distinto significado, cuyo valor numérico sea el mismo: se dice entonces que ambas palabras contienen conceptos identificables. Junto a la guematría, el "senderismo" es otra de las aportaciones de la tradición khabalística en la temática de la Nueva Era. Ya habrá ocasión de insistir en este tema en otro lugar de este libro, baste decir ahora la khabala floreció en el judaismo medieval y lo que se encuentra en tandem Fliess‑Freud es un eco remoto y cortado de todo contacto con la tradición hebrea.

          Pero hay otro eco, igualmente lejano, del hebraismo en la obra de  Freud y que tiene desembocaduras excepcionalmente vivos en el ambiente de la Nueva Era. Nos referimos a los sueños. El hebraismo, ya desde los  tiempos bíblicos, había hecho de la interpretación de los sueños una especialidad sacerdotal. Existía toda una codificación de los  distintos tipos de sueños, que se suponía albergaban contenidos  premonitorios.

          Todas las civilizaciones tradicionales insistieron en el análisis de los sueños: era en el sueño, cuando el espíritu se liberaba  expontáneamente de la cárcel de la materia y volaba solo. Esta  experiencia incondicionada, estaba más allá del espacio y del tiempo, por tanto, podía ser utilizado con fines paranormales: adivinación, videncia, etc. siempre dentro de un contexto sagrado: era el sacerdote, quien interpretaba el sueño, no un profano.

          Freud, lo que hace, es abordar el estudio de los sueños desde una perspectiva laica y pansexual. Los reflejos del sueño, no serán otros que los que deriven de la líbido, condicionante universal, no tendrán ningún poder premonitorio, sino que serán un reflejo de los bajos fondos de la psique, que sacarían a la superficie y permitían intuir lo que el paciente, inconscientemente, se negaba a revelar a su psicoanalista.

          El gran mérito de Freud consistió en enunciar, en un momento en el que el materialismo y el positivismo inhundaban todos los aspectos del universo científico, la existencia de una región inferior a la conciencia ordinaria pero que influye en ésta, el "subconsciente" y lo condiciona.

          La idea de esta región situada por debajo de la conciencia ordinaria no era de Freud, si bien la popularizó él. En el remoto pasado védico, los sabios hindúes ya habían teorizado sobre la diferencia entre "samskara" y "vasana". El mundo clásico greco‑ latino aludió a las "oscuras profundidades del reino de Neptuno en donde moran terribles monstruos", aludiendo al subconsciente o inconsciente. En los relatos graélicos y en las sagas nórdicas se aludía a la enigmática presencia de espadas rotas que el héroe debe unir, haciendo referencia a las dos partes de la conciencia que debe unificar y sacar a la superficie.

          En un período más reciente, desde Gustav le Bon hasta von Hartman  aludieron a un mismo orden de ideas. El propio Franz Messmer, -redescubierto por la nueva Era y que hizo furor a principios del siglo XIX con su teoría sobre el magnetismo animal y sus capacidades como hipnotizador- pueden ser considerados como redescubridores de esta dicotomía entre conciencia ordinaria y subconsciente.

          Ahora bien, el concepto freudiano adolece en un aspecto fundamental: Freud considera solo los aspectos negativos de una componente "infernal" en la mentalidad humana, en absoluto de una componente "divina". Freud solo se fija en lo que está "por debajo" de la conciencia ordinaria, nunca en lo que puede estas "por encima" de la misma.

          De la misma forma que la personalidad humana puede sufrir dos tipos de disolución ‑en el seno de la masa o disolverse en el curso de una experiencia mística disolucion "hacia abajo" una y "disolución por arriba", la otra‑, también la conciencia ordinaria puede ser trascendida. El hombre así considerado, desde el punto de vista freudiano, es un hombre roto, lejos de una integridad totalizadora, amputado de toda aspiración hacia la trascendencia que es considerada como una neurosis.

          El aspecto más extremista de la teoría psicoanalítica es precisamente el percibir en la sexualidad el origen de toda neurosis, y más específicamente en la sexualidad infantil. "El niño tiene un deseo innato de tener relación sexual con su madre, pero se siente amenazado en la ejecución de estos deseos por el padre, que parece tener derechos de prioridad sobre la madre. El niño desarrolla ansiedades de castración al darse cuenta de que su hermana no posee un pene, el maravilloso juguete que tanto significa para él y su miedo agravado le hace rendirse y "reprimir" todos esos deseos inconvenientes, que viven, como en el famoso Complejo de Edipto, en el subconsciente, promocionando toda suerte de terribles síntomas en la vida posterior". Tal es el resumen que el profesor Eysenk hace de la médula de la teoría  freudiana.

          Solamente la historia de la cultura occidental ha alcanzado un grado tal de aberración, cuando Lutero definió el alma humana como un burro que no importa si es montado por Dios o por el Diablo... Cualquier persona de espíritu sano que sienta por sus padres y hermanos un normal y natural amor desinteresado y puro, puede percibir en las teorías de Freud un aroma insano y  enfermizo y si escarba un poco más y comprueba la ausencia absoluta de pruebas científicas que demuestren tales perversiones, no dudará en atribuir a una mente enferma tales  enunciados: de la misma forma que el GULAG estaba implícito en Marx, la  enfermedad mental anidaba en Freud.

          El freudismo buscó organizarse en la Asociación Psicoanalítica de Viena, primero y luego en la Asociación Psicoanalítica Internacional. En ambos casos, estuvo presente un aroma sectario. La secta del doctor Freud, como cualquier otra secta 1) rendía  fidelidad acrítica al "gurú", 2) se creía detentadora absoluta de la "verdad" ("Estamos en posesión de la verdad; tanto ahora como hace 15 años". Freud), 3) toda desviación de la verdad oficial establecida por el "gurú" era castigada con la expulsión y el ostracismo (casos de Adler, Rank, Jung), 4) la secta tiene sus propias joyas y signos de reconocimiento: una entalladura griega antigua, en un anillo de oro distribuidos por el propio Freud a los más fieles, y 5) la secta tiene su "capítulo secreto": compuesto por psiquiatras psicoanalizados por el propio Freud, quien impuso el carácter secreto de este "comité". ¿Se trataba o no de una secta?

          El profesor Eysenk en su libro "Decadencia y caida del Imperio  Freudiano" recuerda las características del paciente ideal:  "Preferentemente debería ser joven, bien educado, no demasiado  seriamente enfermo y razonablemente rico...", aun así no se le  garantiza, ni el tiempo que va a durar el tratamiento, ni si va a dar resultado. Si finalmente el paciente se cura es por obra del  psioanálisis, si persiste en su patología es que no ha alcanzado a saber explicar en qué consiste su problema. Ahora bien, cuando en medicina un tratamiento fracasa es que la teoría sobre la que se basa es incorrecta; Freud insiste en que un tratamiento puede no funcionar ‑por motivos desconocidos‑ aunque la teoría sea correcta. Por el contrario, no duda en descalificar tratamientos alternativos que tienen éxito en pacientes sobre los que el psicoanálisis ha fracasado, en tanto que se basan en "teorías erróneas".

          Así por ejemplo el psiquiatra freudiano que trate un caso de agrofobia se preocupará por conocer el origen del mal e interminablemente obligará al paciente a que se explaye sobre los más nimios recuerdos de su infancia con la esperanza de poder encontrar una pista que le permita comprender las motivaciones profundas. Aun en el caso ‑estadíticamente no muy alto‑ que consiguiera conocer el origen infantil de la fobia, no se asegura que la psiquiatría analítica pudiera curarlo. Un psicólogo no freudiano, conductivista, se limitaría a acompañar al paciente al campo y, por mucho que sea su inquietud inicial, le conminará a que siga allí; hasta que el terror a los espacios abiertos se disipe por sí mismo y el paciente comprueba ‑a la fuerza‑ que nada debe temer. El adiestramiento basado en la educación, es anatemizado por los freudianos. En efecto, es más simple, menos  costoso para el paciente y aporta menos beneficios al terapeuta...

          Sin embargo, es cierto que algunos pacientes del psicoanálisis se  curan. Esto no demuestra en absoluto la bondad de la teoría. Generalmente los pacientes acuden a un psiquiatra cuando ya están muy destrozados por la enfermedad; en ese momento ya existen pocas posibilidades de que puedan empeorar más. Por otra parte, es cierto que un porcentaje alto de neurosis se curan por sí mismas despues de hacer crisis, sin ayuda de nadie. En el resto, entra en juego el llamado efecto placebo.

          Y en ocasiones el "nocebo". Obsérvese sino el siguiente relato que tiene como protagonistas al propio Freud y a una de sus pacientes más famosas "Dora", entresacado del libro de Janet Malcom "El psioanálisis, profesión imposible": "Freud trató a Dora como un  adversario mortal. La acorraló a gritos, la puso trampas, la empujó hasta los rincones del estudio, la bombardeó con sus interpretaciones, no le dió cuartel, fue tan intratable, a su  manera, como cualquier miembro del siniestro círculo familiar de la enferma, fue demasiado lejos y finalmente la echó" (...) "Dora la dijo que había sufrido un ataque de apendicitis. El Freud lo  negó bruscamente y perentoriamente decidió que la apendicitis había sido, en realidad, una preñez histérica que expresaba sus  insconscientes fantasías sexuales".

          Dora era Ida Bauer, apenas tenía 18 años, era inteligente y hermosa, sufría desmayos, catarros y pérdida ocasional de voz, y otros trastornos. A Freud le importó poco el cuadro médico de la joven, muy sensible por lo demás, ni siquiera se tomó la molestia de proceder a un reconocimiento médico clásico. Puede suponerse el trauma que representó para la muchacha el encontrarse sola, encerrada y sin posibilidad de abandonar la sala, con un sujeto que la acosaba con obscenidades, gratuitas por lo demás. A las pocas semanas Dora abandonó el tratamiento en el mismo estado en que llegó.

          No ha sido el único caso. Frecuentemente los psiquiatras inducen en los pacientes el tipo de respuestas que quieren obtener: los psiquiatras freudianos obtienen de sus pacientes "sueños freudianos", los psiquiatras "junguianos", obtienen sueños  "junguianos"; los pacientes, poco a poco, a lo largo de los extensos tratamientos, cotejan las preguntas y los comentarios realizados por sus terapeturas y, en muchos casos, suelen dar aquellas respuestas que los psiquiatras esperan obtener de ellos. Solo así logran evitar el acoso y eludir terrenos que les parecen insoportables. A partir de aquí, a la dolencia específica del paciente se añade una preocupación suplementaria: el evitar el  asedio del psiquiatra. No es raro que pacientes que han llegado en momentos en los que se enfermedad remitía, hayan vuelto a recaer en las más profundas depresiones.

          Más aun que Freud, Wilhem Reich y Gustav Jung han influido extraordinariamente en la Nueva Era; de Reich han derivado distintas terapias: CORE-Energética, bioenergética, rolfing, etc. Incluso los catálogos de objetos de "new age" se han visto repletos de acumuladores orgónicos, cañones para romper nubes y otras lindezas a precio de mercado.

          Lo terrible es que Wilhem Reich murió completamente loco y todo este material fue creado precisamente en el momento en que ya empezaba a demostrar desequilibrios paranoides. No puede extrañar que algunos de sus herederos hayan terminado por regresar a aquello que siempre ha estado tan cerca del psicoanálisis: el ocultismo; ya veremos más adelante por qué decimos esto.

          A principios de los años setenta se habían publicado algunos libros de Reich en español, pero ya antes había suscitado el interés en algunos psiquiatras como el doctor Ramón Sarró, amigo personal de Reich y alumno suyo en la Policlínica de Viena, o Ramón García, profesor de la Escuela de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona. Pero no fue sino hasta la primavera de 1978 cuando Carlos Frigola, que había sido alumno de Eva Reich -hija de Wilhem Reich- en la Tavistock Clinic de Londres, la invitó a dar unas conferencias y seminarios en las Universidades de Valencia y Barcelona. A raíz de estos cursos se organizó un encuentro en Figueras (Gerona) en donde, asistiendo la propia Eva Reich, fue creada la "Fundación Wilhem Reich" que todavía realiza cursos, seminarios y edición de la "Revista de Ciencias Orgonómicas".

          Me han explicado varios y varias veces la esencia del pensamiento reichiano. He leido varias biografías del controvertido psiquiatra y debo reconocer que, salvando los escritos que publicó antes de llegar a Estados Unidos y que lo único que hacen es llegar a las últimas consecuencias de la teoría freudiana sobre la importancia de la sexualidad en el comportamiento humano, el resto me parece pura locura. Reconozco, eso sí, que su "Psicología de Masas del Fascismo" es un análisis bastante lúcido de lo que fué el movimiento nacional-socialista alemán y que superaba con mucho al resto de análisis de la época en que fue publicado. Pero me veo obligado en parar aquí las alabanzas.

          Creo que es bueno decir que los datos en los que me baso para afirmar que Reich murió completamente loco los he obtenido de una biografía tan ingenua y favorable como la escrita por Ilse Ollendorff, esposa de Reich en su período americano. Después de colaborar durante 12 años ininterrumpidamente con Reich, la Ollendorff reconoce que a medida que iba pasando el tiempo cada vez enténdía menos de las teorías de su marido. Es patético cuando explica la fabricación del primer acumulador de energía orgónica -apenas una caja de cigarros, "con cellotex en la parte exterior y una hoja de acero en el interior, con respiraderos en la tapa"- y acto seguido explica que Reich se sentía increiblemente solo, "necesitaba hablar y yo estaba allí para escucharlo, pero no comprendía las implicaciones de lo que decía ni tampoco las entendía ninguna otra persona de su alrededor".

          Reich escribió a Einstein en 1940; se entrevistó durante 5 horas con él en Princetown en enero del 41, habló con él sobre la "energía orgónica" e incluso le llevó un "acumulador". Einstein se comportó gentilmente con él, lo despidió y no quiso volver a saber nada más del asunto. Reich atribuyó esta repentina indiferencia a "una conspiración general de inspiración comunista". El caso supuso un grave quebranto moral para Reich que ya se veía trabajando junto a Einstein y otros cerebros científicos. Estaba harto de tratar neuróticos, quería abrirse campo en el terreno de las ciencias físicas y encontrar el nexo de unión entre psique y materia. En 1942 Reich empezó a tratar pacientes de cáncer con los acumuladores orgónicos y a venderlos. Hay que decir que el acumulador no era vendido como remedio contra las enfermedades sino como una forma de fortalecer el cuerpo, y por tanto a hacerlo inmune a las enfermedades y capaz de derrotar a las que ya estaban en curso. La administración americana prohibió en 1956 la venta de estos aparatos. La venta apenas había llegado a las 300 unidades.

          Probó también un motor de energía orgónica, pero en esa época su manía persecutoria se había ido ampliando. Uno de sus ayudantes, un muchacho problemático, desapareció, Reich sostuvo la teoría que el "joven había sido había sido secuestrado por conspiradores comunistas que querían el secreto de la fuerza motriz en la energía orgón". El joven nunca apareció, pero la Olendorff sostiene que había sido internado en una clínica psiquiátrica. En 1950 las cosas no mejoraron; Reich concentró esfuerzos en la realización de un "rompenubes" o "cloudbuster" que no era otra cosa más que "un dispositivo de tubos huecos ubicados en una suerte de placa giratoria que podía manipularse para que apuntara en la dirección deseada. Los tubos estaban conectados con cables que debían introducirse en la tierra o en una fuente de agua corriente. La teoría era que los tubos extraerían la energía orgón de las nubes, y que el agua a su vez extraería la energía recogida de los tubos y neutralizaría sus efectos". Claro está que las nubes se rompían, pero es que es preciso ver una nube para saber que es la muestra más clara de lo impermanente.

          Reich en los últimos años de su vida desarrolló toda una teoría sobre los OVNIS; la mayoría de sus herederos han preferido cubrir un tupido velo sobre la última etapa de evolución de su pensamiento,  especialmente entre 1942 y 1957. De todas formas existen artículos y rastros que permiten reconstruirlo.          

          Al llegar a EEUU Reich se radicó en Maine creando la comunidad que llamó "Orgonon". luego veremos el porqué del nombre. Todo se inició en 1952 cuando algunos miembros de la comunidad afirmaron haber visto "platillos volantes". Poco a poco fue obsesionándose con la idea de la presencia de naves extraterrestres que supuestamente observaban a la comunidad de "Orgonon". El las llamaba "EA" iniciales de las palabras "Energía" y "Alpha"; sus tripulantes eran llamados CORE, siglas de "Cosmic Orgone  Engineering".

          Llegó a obsesionarse con la idea de que algunas estrellas eran, en realidad, naves extraterrestres situdas sobre la comunidad de "Orgonon" para vigilarla; aprovechó el "cloudbuster", más adelante denominado "cañón espacial", que disiparía la energía orgónica negativa ‑DOR‑ liberada por las naves extraterretres y causante de las enfermedades del hombre. Estaba convencido que gracias a este instrumento había logrado debilitar algunas "luces azules" estacionadas sobre Orgonon.

          Por lo demás la presencia de naves extraterrestes en nuestro planeta estaría dictada por su necesidad de cargarse aquí de energía orgónica positiva (OR) y desprenderse de la negativa (DOR) en forma de polvo negro que provocaría una lluvia y la consiguiente nausea, cianosis y malestar general.

          En 1956 es condenado a dos años de cárcel por tráfico ilegal de  "acumuladores de energía orgónica" que consideraba el único  remedio contra el cáncer... Murió en la penitenciería de  Willisburg el 3 de noviembre de 1957. En la última fase de su  vida Reich había abandonado la práctica psiquiátrica y proyectaba un nuevo culto basado en la eugenesia y denominado "Hijos del Porvenir"; una parte de sus seguidores renunciaron a sus extravagantes teorías enunciadas tras su llegada a EE.UU., mientras que otros asumieron todos los contenidos, incluidos los ufológicos.

          La "teoría orgónica" habla de que una parte del universo está  compuesto por "materia orgónica" que se manifiesta en nosotros en  el momento de las relaciones sexuales. Contra más acumulación de  "orgón" haya, más posibilidad tendremos de llevar una vida  equilibrada. De aquí que Reich y discípulos vendieran ‑y vendan todavía‑ "acumuladores" de energía orgónica, cuya  comercialización fue causa de las desgracias de Reich.

          Woody Allen satirizó la imagen de Wilhem Reich en la figura del científico loco de su película "Todo lo que usted quiere saber sobre el sexo y no se atreve a preguntar".

          Con Carl Gustav Jung estamos ante otro estilo. Se trata de una persona irreprimiblemente atraida por el ocultismo -algunos dicen que estuvo incluso obsesionado- y por lo que en la época se llamaban "fenómenos parapsíquicos" y que intentó darles una explicación psiquiátrica. Si lo consiguió o si se perdió en su búsqueda, ya es harina de otro costal. Cuando aun era un adolescente su prima Helene Preiswerk empezó a ejercer de medium y Jung gustaba de asistir a las sesiones de oui-ja y a hablar con los muertos. Todo esto le servirá más adelante para componer su estudio "Fundamentos psicológicos de la creencia en los espíritus", muy ponderado en el que explica que los fenomenos espiritistas son meras "proyecciones de la mente inconsciente". Su abuelo, Samuel Preiswerk, catedrático de hebreo, tenía visiones y decía vivir con dos esposas, una viva y otra muerta; una vez por semana, a falta de poder hacer otra cosa, se encerraba en una habitación para hablar con la esposa del más allá. Está demostrado que varios familiares de Jung tenían facultades paranormales. A Helene le pasó lo que a muchos otros mediums, fue perdiendo sus capacidades psíquicas poco a poco, hasta que finalmente -según confesó a Jung- terminó simulando sus trances.

          A lo largo de toda su vida tuvo experiencias paranormales o contactó con gentes que las tenían. Cerca de Londres alquiló una casa de campo en la que aparecía el fantasma de una ancianita, se oían golpes y carreras de animales. Abandonó la casa que, poco después, fue derruida por invendible. Sus sueños eran extraordinariamente vivos y sentidos, frecuentemente alucinatorios.Tanta importancia dió a los procesos oníricos que terminó estableciendo que era posible "soñar" despierto y crear un mundo imaginario con tal intensidad que podría convertirse en realidad. Aquí está el origen del llamado "pensamiento creativo", una de las líneas de la Nueva Era que cuentan con más seguidores.

          En marzo de 1909, Jung visitó a Freud en Viena. No se sabe por qué ambos psiquiatras estaban discutiendo sobre la realidad de los fenómenos paranormales. Freud no creía en su existencia, cuando de repente un gran estruendo salió de un armario próximo. "!Ahí está! ese es un ejemplo", dijo Jung. Freud no quedó convencido y Jung pronosticó otro estruendo inmediato que efectivamente se produjo. Freud empezó a creer en la fenomenología paranormal; Jung murió convencido de que era él quien había provocado el ruido y escribió que durante la conversación había sentido como su vientre se iba recalentando poco a poco.

          Un año después Jung empezó a pensar en la existencia de lo que llamó "inconsciente colectivo". Collin William resume así el origen de su meditación: "En un papiro mágico griego llamado "La liturgia de Mitra", encontró una referencia a un tuvo que cuelga del Sol y que es el origen del viento. Esto le recordó que en 1906 un paciente ezquizofrénico le había contado que veía un falo ereccto en el Sol y que "de ahí venía el viento". También recordó un cuadro de un antiguo pintor alemán que mostraba un tubo que bajaba del cielo y pasaba por debajo de las vestiduras de la Virgen María, y al Espíritu Santo descendiendo por el tubo para fecundarla. ¿Sería posible -se preguntó- que estas tres imágenes hayan salido de la misma fuente profunda del inconsciente?". El pansexualismo freudiano no le convencía. Para Jung el sexo que se evidencia en todos los ritos primitivos no es una muestra de que el eros sea el impulso fundamental de nuestra vida, sino porque forma parte del impulso religioso, aun más profundo. Terminó rompiendo con Freud.

          Por esas fechas ya le interesaba extraordinariamente el "noble arte de la alquimia". Creo que no entendió ni su espíritu ni su forma. La idea de Jung es que los alquimistas vivían tan intensamente sus obsesiones y deseos que los proyectaban sobre su trabajo. Al estar ante el horno de fusión, exacervaban estas fijaciones, hasta que se producían "experiencias psíquicas" que el alquimista tendía a asimilar a experimentos químicos. El alquimista no sería sino alguién que utilizaba sin saberlo su "imaginación creativa", frecuentemente utilizando arquetipos universales, en un proceso que equivalía a soñar despierto. Con "Psicología y Alquimia" ocurre lo mismo que al leer "El misterio de la flor de oro", dedicado al taoismo chino. En ambos textos, Jung ha reunido un material preciosísimo y muy poco conocido. Si vale la pena leer ambos libros es precisamente por esta selección de textos; por lo demás, quien tenga una mínima formación en taoismo o tradición hermética, sonreirá con las interpretaciones junguianas. Este, en el fondo, no hacía sino proyectar sus obsesiones e inquietudes sobre la alquimia. Racionalizar lo que se desarrolla en un plano supra-racional puede ser tan complicado como vaciar todo el agua del mar.

          A principios de los años 50, Reich y Jung compartían la certidumbre en la creencia en los OVNIs. Una sobrina de Jung comentó las conversaciones en las que él afirmaba la existencia del fenómeno OVNI como realidad tangible, pero eso significaba admitir lo que en aquel momento era irracional -la posibilidad de los viajes interplanetarios- por tanto, cuando escribió en 1958 "Un mito moderno sobre cosas que se ven en el cielo", intentó racionalizar el fenómeno. Una vez más se trataba de proyecciones del subconsciente a la búsqueda de un salvador. Discutió con el gran aviador Charles Lindberg sobre este tema sin que lograran ponerse de acuerdo. Limberg comentó luego: "Uno presiente algo de misticismo y grandeza en él, aun cuando esto pueda estar mezclado, a veces, con algo de charlatanería". Freud opinaba lo mismo.

          Se ha dicho que el libro sobre los OVNIs no fue sino mera propaganda de su teoría sobre los "arquetipos" y "proyecciones", relanzándola a través de un tema que entonces empezaba a gozar de gran popularidad. Así mismo, cuando empezó a hablar de la "Nueva Era de Acuario", Jung adaptó el tema a su particular esquema teórico. Aceptaba que la salud mental procede de un encaje entre consciente e inconsciente y la Era de Acuario, en tanto que modélica edad de oro futura, debía de ser el producto de una nueva síntesis. "Nos encontramos -había escrito- en una necesidad mucho mayor de ampliar nuestra conciencia reflexiva, de modo que podamos darnos cuenta con claridad de las fuerzas opuestas dentro de nosotros, y dejemos de intentar hacer a un lado el mal, o de negarlo, o de proyectarlo, como hemos hecho hasta ahora". La Nueva Era decía ser el producto de esta conjunción. Explicó estas ideas en "Respuesta a Job", el libro más popular de todos cuantos escribió y que prefigura toda unla tendencia terapéutica de la Nueva Era.

 

LA HERENCIA TERAPEUTICA

          Freud, Jung y Reich se han convertido en los últimos cuarenta años en un semillero terapéutico, de sus teorías han derivado decenas de sistemas que los tienen como fuentes. Cada una de estas terapias está impartida por uno o varios centros dependientes de centrales internacionales que otorgan títulos y forman terapéutas. La mayoría toman como modelos a la "Asociación Psicoanalítica Internacional" que ya fundara Freud y presidiera Jung. Es fácil reconocer en cada una de estas terapias el modelo original y los añadidos que le han dado una personalidad propia y un factor diferencial. A pesar de las pretensiones científicas y terapéuticas de todas estas escuelas me permitirán si les digo que he observado en ellas un parroquialismo y provincialismo demasiado evidentes.

          Al igual que casi todas terapias de la Nueva Era, las derivadas del psicoanálisis originario pretenden educar al paciente y ayudarle a que sea él quien resuelva sus propios problemas. El tiempo que dura esta auto-educación es variable y depende de cada escuela. Unos prefieren procesos largos y prolongados (en torno a 500 horas), otros, en cambio, consideran que con una sola sesión basta. Parece que en esto rige una especie de ley física de compensaciones: a fin de cuentas, unos y otros y también los que no se sitúan en los extremos, vienen a cobrar, más o menos lo mismo.

          Como en todo esto los años sesenta fueron pródigos en el nacimiento de estas terapias. El freudismo cada vez se vió más cuestionado y terminó estallando en decenas de corrientes. H.C. Potter y G.T. Stanton divulgaron hacia 1970 su llamada "Terapia de Gestión Pecuniaria" en lo que puede considerarse un avance de las inquietudes que luego desarrollarán los "newagers". Dos años después M. Shepard difundió su "Love Treatment" sosteniendo la conveniencia de que psicoterapeutas y pacientes se involucren cuanto más mejor para la resolución de sus problemas mutuos, sin tabúes de ningún tipo. Shepard describe el caso de un terapeuta que trató a un paciente sobre sus problemas matrimoniales. En aras de la terapia, lo sedujo, pero aquí no acabó la historia. El terapeuta convenció al paciente para que integrara a su esposa, que no sería el tercer vértice del triángulo, sino la "co-terapeuta"...

          Pero había derivados más serios del freudismo. Merece reseñarse, por su antigüedad, la "psicosíntesis" fundada por Roberto Assagioli un italiano afincado en Nueva York, freudiano de estricta observancia y uno de los introductores del psicoanálisis en Italia. En el curso de la disputa entre Freud y Jung, Assagioli se aproximó más a éste último, pero intenta ir más allá. En su análisis del inconsciente, Assagioli se acerca a la idea junguiana de los "arquetipos", concepto que modifica y rectifica llamándolo "Inconsciente Transpersonal".

          Si traemos a colación esta escuela es por que prefigura lo que serán luego las "terapias holísticas". Assagioli dedicó buena parte de sus esfuerzos a trazar mapas de la personalidad. Su idea que coincidía con la investigación de los surrealistas de la época, se sintetizaba en la frase "mis yos son legión"; nuestra personalidad es un agregado de componentes, en ocasiones contradictorias; en "psicosíntesis" se trata de analizar cada una de estas partes, procurar establecer su origen, e integrarla en el todo. La fórmula en que la psicosíntesis ha cimentado su éxito es la que propone "volver consciente lo inconsciente y hacer inconsciente lo conciente". Para ello se precisa ejercitar la "mirada interior"; cuando esta sea lo suficientemente clara, deberemos "desidentificarnos" con aquellos elementos negativos o que nos bloqueen. Luego se trata de integrar el resto de componentes y en una fase final lograr la síntesis con lo "transpersonal". Es llegado a este punto cuando finaliza la relación con el psicoanálisis y ya se entra en el del misticismo, pues el alcanzar esta etapa de "síntesis" superior, el abrirse a los estadios transpersonales,  equivale a abrirse a algo parecido a lo que Koestler llamaba "conciencia oceánica". Algo muy parecido a lo que propone Eric Berne, psicoanalista aficionado que trabajó en el Instituto Psicoanalítico de san Francisco, un verdadero semillero de terapias psicológicas. Berne, después de coquetear con el freudismo terminó separándose de él, creando su propio método, al que llamó "Análisis transaccional". También aquí de lo que se trata es de "integrar" los distintos niveles de la personalidad. Lo de "trasaccional" viene a cuento de que toda relación social implica necesariamente un proceso de negociación-transacción, en el que unos condicionan a los otros y en donde entran en juego tres modelos (Padre, Niño, Adulto) cada uno con sus rasgos distintivos. A fin de cuentas, el Análisis Transaccional no intenta otra cosa que convertir al paciente en un "triunfador", darle una posibilidad de éxito social, infundirle seguridad en sí mismo, o en su jerga un "adulto" bien preparado para la vida moderna. A este respecto, algunas empresas norteamericanas han utilizado esta terapia para su personal y en Argentina, ha ido ganando terreno a los psiquiatras lacanianos.

          Los productos derivados de Wilhem Reich son, igualmente abundantes hasta el punto de ser casi imposible enumerarlos. Los conceptos que se tienen de la "bioenergética", por ejemplo, son muy variados, CORE-Energética, está en la divisoria entre las terapias psicológicas y el "channeling". Por su parte el "masaje biodinámico" es extremadamente parecido a las técnica de "Armonía Corporal" de la que ya hemos hablado. Y en cuanto a la Gestalterapia agrupa elementos procedentes del entorno reichiano y un bagaje propio no desdeñable.

          El doctor John Pierrakos es el alma de CORE-Energética. Su extraño apellido indica un origen griego; se trasladó cuando apenas tenía veinte años a los EE.UU., allí conoció a Wilhem Reich, de quien se convertiría en uno de sus más próximos colaboradores, junto con Alexander Lowen. El y Lowen fundaron el "Instituto de Análisis Bioenergético". En 1975, Pierrakos creó el Instituto para la Nueva Edad del Hombre, difundiendo CORE-Energética. Ya por entonces su sistema era una extraña mezcla de ocultismo, videncia y psiquiatría. Se había casado con Eva Broch, judía austríaca exiliada, que recibía informaciones "canalizadas" en las que se basó buena parte de su sistema; Pierrakos, por su parte, afirma ser un lector consumado de auras. Pierrakos decía que su esposa semanalmente recibía al dictado el texto de una conferencia o un capítulo entero para algún libro, y ello ante cientos de personas. Eva Brock, por este sistema escribió "Parthwork for Self Transformation". Como en el caso de muchas otras canalizaciones, hay muy poco de original en el material así vertido: referencias al amor como fuerza creativa, la consideración del odio como factor destructor o disociativo; importancia de la "energía", de su contracción y expansión, y de su visualización en forma de aura para diagnosticar enfermedades, reconocimiento de la autocuración, integración del hombre en el todo cósmico y poco más... La misma palabra "CORE" que para Reich eran las iniciales de "cosmic orgon engineering", para el tandem Pierrakos-Broch se convierte en sinónimo de "sede del amor" y esta sede es el corazón... aquí, Pierrakos, enlaza con temáticas místicas; se sabe la importancia que  las doctrinas sapienciales conceden al corazón y a la concentración en esta víscera, para alcanzar la posibilidad de acceder a otros estados de conciencia. El tema místico se complica si tenemos en cuenta que Pierrakos, a diferencia de Reich, acepta el hecho de las reencarnaciones, fundamentalmente porque este tema es característico de la nueva Era y aunque rechaza las teparapias regresivas y afirma estar preocupado por el "aquí y el ahora", la creencia en la reencarnación es algo así como una concesión oportunista.

          Todas estas orientaciones separaron a Pierrakos de Alexander Lowell. Este último siguió aferrado al "análisis bioenergético" que se situaba en una órbita más próxima a la enseñanza reichiana. Lowell consideraba que lo importante es que los terapéutas sean capaces de liberar la energía reprimida en sus pacientes y regularizando su circulación; para ello, la técnica bioenergética recurre al control de la respiración, liberación de las emociones y en algunos casos masages y fijación sobre el lenguaje corporal. La idea es que cualquier represión o contención de las emociones provoca bloqueos y termina generando una "coraza" corporal que solo podrá romperse siguiendo las técnicas relacionadas.

          Habrán observado los lectores que hay todo un contingente de ideas no específicamente reichianas, ni freudianas en todos estos grupos y tienen todo el derecho de preguntarse de dónde diablos proceden. Abraham Maslow fue quien estableció la famosa clasificcación de las categorías de la psicología occidental en cuatro ramas: el psicoanálisis, el conductismo, la psicología humanista y la psicología transpersonal; el propio Maslow se identificaba con la tercera. Esta clasificación peca en la actualidad de excesivamente esquemática; hoy no existen tipos puros, ¿dónde se puede incluir la Programación Neuro-Lingüística o el Rebirthing? en realidad participan de una u otra categoría y son, igualmente, novedosas. Pero en los años sesenta y setenta, en los albores de la New Age las cosas se veían de manera más simple.

          La probeta y, al mismo tiempo cocktelera de todas estas corrientes psicologistas fue el Instituto  Esalen situado -¿podría ser en otro lugar?- en California y fundado en 1962 por Michelael Murphy y Richard Price como base del Movimiento de Potencial Humano. Este lugar fue considerado como el laboratorio de ensayo para nuevas ideas; allí trabajaron hasta 100 personas dando cursos, seminarios, conferencias, dirigiendo grupos de trabajo, comisiones de investigación, estructurando círculos de simpatizantes. El Instituto Esalen fue el primero en utilizar el término de "psicología humanista" para etiquetar sus trabajos. Abraham Maslow fue uno de sus teóricos, desde su fundación hasta el momento de su muerte acaecida en 1970.

          Nacido en 1908, este judío ruso, se interesó particularmente por las culturas aborígenes americanas. Conoció a los psiquiatras disidentes del freudismo, en especial a Adler -el primero que abandonó a Freud- y a Eric Fromm. A Maslow lo que le interesaban no eran los psicópatas, ni los cerebros disociados, sino las mentes privilegiadas y se preguntó por qué  eran individuos superiores y en plenitud de facultades. Estudiando a genios y a personas autorealizadas se podían inferir las pautas de educación y comportamiento.

          En su libro "La personalidad creadora", Maslow explicaba que las personas con un alto nivel de realización interior "participan, sin excepción, en una causa exterior a su propia piel, en algo fuera de sí mismos. Trabajan en algo con devoción, algo que es muy preciosos para ellos, una llamada o vocación en el viejo sentido sacerdotal. Trabajan siguiendo una llamada del destino en algo que aman, de modo que la dicotomía trabajo-gozo desaparece en ellos". Es ahí en donde el interior del individuo entra en contacto con algo exterior a él.

          Maslow se interesó particularmente por el fenómeno religioso y estableció las tipologías del esoterismo y el exoterismo. Vio que existían dos tendencias religiosas contrapuestas, una de carácter mistico e individual, una forma interiorizada de religión para la que los símbolos y las experiencias personales constituían el centro y el único interés de su temática; la otra tendencia opuesta 180º, se abría a lo cultual, era "legalista y organizativa", daba pie a la formación de las grandes religiones estructuradas.

          La otra tendencia, que va un paso más adelante, respecto a la psicología humanista difundida desde Esalen, es la transpersonal. La idea es que la conciencia puede expandirse más allá de los límites del espacio y del tiempo. Satanislas Grof y Ken Wilber fueron sus profetas. Grof se interesó por las experiencias alcanzadas mediante la utilización de hongos alucinógenos y de LSD. Creyó ver la existencia de correspondencias entre la vida del individuo desde el momento de la concepción y la experiencias religiosa. A la vida intrauterina corresponde la "conciencia oceánica" o si se prefiere la experiencia de lo Absoluto. El proceso de salida del seno materno sería el proceso de muerte-renacimiento.  El momento del parto equivaldría a la experiencia de la muerta y al renacimiento del yo. Y así sucesivamente. Básicamente coincide con Wilber, otro psicólogo transpersonal, que estableció la existencia de distintos niveles de conciencia perfectamente jerarquizados, de los que el más bajo equivale a la conciencia egoista y el más alto a la experiencia cósmica.

          Por Esalen también pasaron los líderes de la contracultura, Allan Watts, Thimoty Leary y Richard Alpert (antes de que pasara a llamarse "Baba Ram Dass"). Allí se experimentó la Gestalterapia ideada por Fritz Perls, Paul y Laura Goodman, altamente tributaria del reichismo;  allí en Esalen también se experimentaron los "grupos de encuentro", popularizados en los años sesenta y setenta en donde se ejercitaba la comunicación, el psicodrama y la autocomprensión entre los asistentes...

          La Gestalterapia proponía curiosas técnicas. El paciente en su proceso de toma de conciencia de su propio mundo hablaba con una silla vacía, luego se sentaba y respondía a las preguntas que él mismo se acababa de plantear. Se le pedía que fuera consciente de su realidad presente, lo que le interesaba era vivir intensamente el aquí y el ahora. Una receta universal y de todos los tiempos.

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Notas sobre la New Age (II de V). Auroville, la ciudad de la nueva era

Infokrisis.- Uno de los aspectos de la New Age que más nos interesó fue todo el mito creado en torno a la ciudad de Auroville, no sólo porque en su arranque estaba la personalidad de Sri Aurobindo, sino porque su esposa y verdadera impulsora del proyecto era amiga íntima de Max Theón, uno de los miembros de la Hermandad Hermética de Luxos y fundador del Movimiento Cósmico. Auroville se situó en una ambigua encrucijada en la que se encontraron el hinduismo adulterado y el ocultismo europeo. El vídeo de introducción muestra los aspectos esenciales del proyecto Auroville.

 

La ciudad de la nueva era

 

Auroville. A pocas millas de Pondicherri en el Estado de Madrás, al sur de la India, se fue alzando en los años sesenta y setenta, la comunidad actual se extiende por 20 kilómetros cuadrados sobre los que viven 811 "aurovillianos". En su mayor parte los colonos proceden de EE.UU., Francia, Alemania y, por supuesto, la India. La ciudad, cuyo nombre literalmente quiere decir "Ciudad del Amanecer", está divida en cuatro barrios y un punto central, el Matrimandir, una esfera en la que se construirá una gran sala de mármol; al norte de extiende la zona cultural, la industrial hacia el Este, la zona internacional al sur y la residencial en la parte Norte. Entre cada espacio están ubicados los servicios, almacenes de manufacturas allí producidas, alimentación y transportes. Su estructura es en espiral como algunas antiguas ciudades europeas.

El punto de partida de Auroville hay que buscarlo en 1965 cuando algunos discípulos de Sri Aurobindo, con Mirra Alfassa al frente, empiezan a labrar el proyecto que luego será asumido por la Junta General de la UNESCO y otros organismos de cooperación internacional. Iniciado el proyecto el 29 de febrero de 1968, cinco mil personas, procedentes de 120 países, asistieron a la inauguració de la "Ciudad del Amanecer".

Sri Aurobindo había nacido en 1872 y fue educado en Inglaterra; estudio en el King's College de Cambridge pero redescubrió la cultura hindú en donde participó en los movimientos reivindicativos para la libertad de la India. Encarcelado, tuvo la experiencia de lo que Arthur Koestler llamaba "conciencia oceánica" y decidió penetrar en las ancestrales técnicas de los yoguis. Había leido el "Bhagavad Ghita", la obra que cambió su vida. En 1910 abordó esta vía en la que persisitió hasta el final de sus días constituyendo otro de los referentes espirituales de la contracultura y, en menor medida, de la Nueva Era.

Aurobindo propone un "yoga integral", nacido de la fusión de los demás yogas, como medio para activar la parte trascendente en cada uno de nosotros. Unos años despues conoce a la persona con la que compartirá el resto de sus días, Mirra Alfassa, nacida en París en 1878, de madre egipcia y padre turco, existencialista en su juventud, muy amiga de Max Theon, un sujeto sorprendente. Theon era el representante en Francia de la Hermandad Hermética de Luxor; grupo tenido como antecedente de las sociedades ocultistas de finales del siglo pasado y desde luego la matriz de muchos grupos posteriores. Sin duda, Max Theon es, con mucho, el más inqueitante y desconocido de todos estos personajes; en 1900, tras la disolución de la H.H.L., fundó el "Movimiento Cosmista" que curiosamente tuvo el mismo nombre que otro aparecido en Rusia en la misma época (véase pág.....).

El emblema de Auroville contrasta también con sus nobles y loables intenciones; la rueda con cinco radios debe mucho a Max Theon que lo eligió como símbolo de su organización. Se trata del "Duat" egipcio, símbolo del mundo subterráneo, que, por otra parte, en el emblema de Auroville está invertido. Olvidaba decir que fue de este mismo símbolo que los cosmistas rusos extrajeron la estrella roja de cinco puntas en los prolegómenos de la revolución de octubre. Y ciertamente me sabe mal recordar que la estrella pentagonal invertida es en Europa símbolo de la brujería y el satanismo. ¿Satánico el pobre Aurobindo? El no, pero sí que el olor a azufre se percibe con más nitidez en las proximidades de Max Theon... el maestro ocultista de "Madre".

Esta relación es bastante preocupante y constituye, desde luego, la sombra más intrigante que se cierne sobre Aurobindo. Su mujer, "Madre", en efecto, llegó a ser una gran amiga de Theon, quien la introdujo en el mundo del ocultismo y de lo paranormal, un mundo muy, pero que muy alejado de la verdadera espiritualidad hindú... pero no tan alejada de algunas tendencias "newagers" y "acuarianas". Theon murió en 1926, es imposible establecer hasta qué punto sus ideas influyeron sobre "Madre" y sobre el propio Aurobindo. En realidad las ideas universalistas del cosmismo, ausentes por completo de la tradición hindú, pueden encontrarse, por el contrario, en el proyecto original de Auroville.

Cuando Aurobindo se retiró en 1926 para dedicarse a la práctica del yoga, "Madre" fundó el Centro Universitario Internacional y de ella partirá la idea de construir la "Ciudad de la Luz".

En sus últimos años "Madre" inició investigaciones que estaban más próximas del ocultismo europeo que de la tradición hindú. Investigó lo que llamaba el "yoga de las células" que entendía como un proceso alquímico de transformación de la materia y del espíritu. Sus ideas fueron compiladas por Satprem, su secretario, un francés bohemio que se hizo cargo de la Fundación Aurobindo y del Instituto de Investigaciones Evolutivas que fundó en 1977  tras la muerte de "Madre" en 1973. Contaba 95 años.

Precisamente la muerte de "Madre" sumió a Auroville en una profunda crisis y abrió una larga retahila de pleitos y procesos que obligaron a intervenir al Parlamento Indio. Roger Anger, el arquitecto, dimitió, harto de luchas intestinas, incomprensión e intolerancia en aquel lugar que tenía que ser el paraiso de la Nueva Era. En 1988 el Parlamento Indio incluyó a Auroville en su "Plan Quinquenal" y redactó la Ley de Fundación. Shiv Shanker, ministro de Recursos Humanos pronunció una alocución ante la cámara baja hindú en la que aludió a "Sri Aurobindo y Madre resaltaron la necesdiad de expandir el internacionalismo, tal que Oriente y Occidente se relacionen en beneficio mutiuo. Para acelerar este proceso, se creyó necesario establecer un pequeño campo experimental, donde gentes de diversos puntos del mundo se pudieran reunir y comprometer en actividades investigativas, culturales, educativas, científicas y de todo tipo, orientadas hacia la unidad humana". A partir de este evento se redacto una legislación interna para asegurar la gobernabilidad del lugar. En Auroville no existen normas sociales; el matrimonio no existe, por ejemplo, tal como había declarado Mirra Alfassa en 1968. Se gobierna por consenso, no existen órdenes ni reglamentos, tan solo "recomendaciones" amanadas por la "Asamblea de Residentes"; los apoyos internacionales son buscados y canalizados por un "Consejo Directivo" del que depende el Consejo Consultivo Internacional y las relaciones con los grupos de apoyo que se van formando en todos los países.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

Notas sobre la New Age (I de V) Los caminos hindúes de la falsa espiritualidad

Infokrisis.- En 1996 realizamos una serie de entrevisas y artículos para una conocida revista mensual. Con todo ese material pensamos en estructurar un libro sobre la New Age. Sin embargo, cuando estuvo reunido todo el material vimos que se trataba de un fenómeno de escaso calado y olvidamos esos apuntes en un cajón. Ahora damos salida a una parte de ellos en cinco entregas.

Vamos a hablar de cierto hinduismo problemático, por lo tanto, hemos considerado que la mejor introducción era una vídeo sobre la vida de un santo hinduista del siglo XX, Ramana Maharsi, cuya obra  constrasta con la de otros gurús que son verdadera mercancía averiada. Desde antes de la irrupción de la "New Age". los gurús de importación ya se habían convertido en algo extremadamente frecuente. La saga de los gurús llegados a Occidente se inicia con nombres como Ramakhrisna, Vivekabanda, Aurobindo... fueron los primeros -y los más auténticos- de una larga serie de gurúes cuya influencia no se ha limitado al ámbito hindú y que a partir de los años sesenta invadieron Occidente a partir de California.

         Hoy, venir de Oriente ataviado exóticamente no supone una garantía de verdadera espiritualidad. Incluso en los ashrams asentados en territorio hindú abundan todo tipo de desaprensivos. El gran santo hindú del siglo XX fue Ramana Maharsi; su vida deja traslucir las pautas por las que discurre la verdadera espiritualidad hindú. Sobre otros linajes, en cambio, planean serias dudas sobre su autenticidad y eficacia. En las páginas que siguen hemos intentado reflejar lo esencial de unos y otros.

RAMANA MAHARSI: EL SANTO DE ARUNACHALA

         Vale la pena hablar de Ramana Maharsi por su santidad y como ejemplo del camino seguido por un hombre que, sin ser completamente fiel en la letra a los libros sagrados de la Tradición Hindú, supo encarnar perfectamente su espíritu y encarnarlo como nadie en este maltrecho siglo.

         Maharsi fue un gran hombre; un hombre sabio. Tenía dieciséis años y oyó en labios de un anciano el nombre de Arunachala, una montaña sagrada de la India. Poco después sufrió una experiencia de proximidad a la muerte que transformó su vida. A partir de ahí supo que iba  interesarle por el resto de sus días: aquello que sobrevivía a la muerte, el espíritu. Y buscándolo partió por los caminos de la India.

         Paul Brunton, uno de sus seguidores y compiladores de alocuciones y escritos, le preguntó sobre el futuro del mundo en los momentos dramáticos de la Segunda Guerra Mundial: "¿Y por qué te preocupas por el futuro? Ni siquiera conoces el presente. Cuida del presente y el futuro cuidará de sí mismo". Brunton, que se debatía entre lo más confuso del ocultismo y la auténtica tradición brahamánica, le contestó otra pregunta que reflejaba sus desgarrones internos: "¿Acaso el mundo penetrará dentro de poco en una nueva era de amistad y ayuda mutua o se hundirá en el caos?". Zapatero a tus zapatos, le vino a contestar Maharsi, eso sí con mucha más prosopopeya: "Hay Uno que gobierna el mundo y es Su misión cuidar del mundo. El que ha dado vida al mundo cuidará de él, ahora y en el futuro. El carga con el peso del mundo, no tú". Brunton que hasta esa fecha había dado tumbos por el mundo a la búsqueda de emociones fuertes se sintió cautivado finalmente por la sencillez y profundidad de aquel que fue uno de los últimos grandes maestros espirituales del siglo XX.

         En 1930 Brunton, después de practicar ocultismo y espiritismo, se encerró en la cámara real de la pirámide de Gizéh. La soledad del lugar hubiera aterrorizado a cualquiera, pero Brunton logró controlar sus emociones, se proyectó fuera del cuerpo y sintió como si una luz inundase la estancia. Escribió "Egipto Secreto", "La India Secreta", "El Sendero Secreto" y así hasta veintitantos libros. Volvió como discípulo de Ramana Maharsi.

         Volvamos a Maharsi. En cuanto pudo se instaló en las laderas del Arunachala y allí abrió su "ashram" (centro de enseñanza, vida y práctica del hinduismo). No quiso tener discípulos, ni se creyó autorizado a compilar una doctrina propia; se diría que, para este hombre sabio, el yo no existía. En virtud de eso ha sido considerado como el gran Santo de la India contemporánea. En 1950 un proceso infeccioso se le extendió por el brazo, falleció. Los médicos hubieran podido salvarle la vida, pero prefirió irse sonriendo. El no se consideraba nadie como para interferir los designios de Dios.

         Su doctrina es muy simple. Cada uno es su propio gurú. No había inventado nada, ya en el frontis de Delfos estaba escrito aquello de "Conócete a ti mismo" y "Nada de más", síntesis de la sabiduría de todos los tiempos que Maharsi, naturalmente, compartía. Khrisnamurti  -que ya había empezado a volar fuera de la tutela de la Sociedad Teosófica- había dicho, poco más o menos, lo mismo en público, pero sus críticos le reprochaban  que, en privado, vivía otra realidad. En el caso del Hombre Santo de Arunachala era justo al contrario. Se expresaba con una lúcida sencillez: "El gurú es aquel que siempre, en todo momento, mora en la profundidad del Yo. Jamás ve una diferencia entre él y los demás y está completamente libre de falsas nociones de distinción, esto es, que él es el Iluminado o el Liberado en tanto que los otros en torno a él están atados o sumidos en la oscuridad de la ignorancia. Su firmeza o dominio de sí mismo no puede ser conmovida en ninguna circunstancia y jamás se siente alterado y confundido".

         Treinta años en las faldas del Arunachala fueron suficientes para que simplificara las vías de acceso a la trascendencia y de identificación del Yo con los Absoluto. Huía de las proezas gimnásticas de los grandes yoguis, solo aceptaba como necesario su dominio de la respiración; como los viejos maestros Zen, creía en la conveniencia de plantearse continuamente la pregunta capital "¿quien soy yo?" para alcanzar la iluminación y pensaba, al igual que el Zen, que era posible vivir la trascendencia realizando cualquier labor. Personalizaba las vías, consideraba que cada persona era un mundo aparte y debía tener su propia vía; jamás atacó la Tradición, fue en todo momento respetuoso con ella, pero procuró adaptarla a cada uno de los que acudieron a su ashram y a ese mundo decadente que ya no era el del tiempo en que se redactaron los Vedas.

         El hinduismo ortodoxo de Maharsi es, exteriormente, heterodoxo. Sri Aurobindo no comprendió bien el mensaje de Arunachala y criticó que Maharsi le hubiera dicho que jamás había tenido un gurú. Por su parte, Aurobindo se situaba en la heterodoxia hinduista, en una relación parecida al protestantismo en relación al catolicismo.

DEL "BRAHMA SAMAJ" AL "ARYAN SAMAH": SARASWATI

         En 1828 Ram Mohan Roy fundó el "Brahma Samaj", un movimiento "oportunista" que quería servir como puente entre Europa y la India. Sus ideales eran universalistas, pronto abandonaron la observancia de los Vedas para estudiar todas las religiones, otorgando a cada una de ellas validez relativa; este fue uno de los primeros sincretismos de la historia moderna e inspiró en buena medida el esfuerzo de la Blavatsky cuarenta años después. Las concepciones religiosas del "Bramah Samaj" fueron fundamentalmente teórico-moralistas, no existía práctica religiosa, ni técnicas de ascesis. Negaban las castas y buscaban la modernización de la India y su europeización.

         En 1830 Ram Moham viajó a Inglaterra a predicar la nueva fe. Moriría poco después cuando el movimiento ya había entrado en decadencia. A mediados del siglo pasado algunos intelectuales que lograron sacarlo de su atonía. Fue entonces cuando se reveló Debendranath Tagore, padre del gran poeta hindú, que puede ser considerado como el reorganizador del movimiento con el nombre de "Adi Brahma Samaj" que cada vez tuvo un carácter más marcadamente pro-occidental y progresista; solían destacar las similitudes entre cierta forma del hinduismo y cierto cristianismo protestante y anglo-sajón. Esto era demasiado para la sociedad hinduista del siglo XIX y tanta audacia costó el desmantelamiento casi total del movimiento y la formación de una entidad más moderada, el "Sadharana Brahma Samaj". Romain Rolland dijo de ellos que "estaban demasiado separadas de las capas profundas del alma de su pueblo".

         Observados y rectificados los errores, Swami Dayananda Saraswati, constituyó la "Comunidad de los Arios" o "Ariah Samaj" en 1875. La intención consistía en cerrar el paso al progreso de cristianos e islamitas y recuperar la idea de que la India era un país llamado a realizar una misión cósmica de guía del mundo. Dayananda Saraswati fue considerado como "el lutero de la India"; cinco años después de la fundación del movimiento contaba con varios cientos de miles de seguidores en el norte de la India.

         Por esas fechas los teósofos ya habían hecho su aparición en Adyar. Dado que el hinduismo ortodoxo apenas casaba con sus planteamientos, los teosofistas buscaron estrechar lazos con todos estos grupos disidentes del brahamanismo. En 1877 la Blavatsky pretendía fraguar una "alianza ofensiva" con el "Ariha Samaj" en la cual la Sociedad Teosófica fuera considerada como una sección del movimiento indio.

         La Blavatsky consideraba que el "Brahma Samaj" como "iniciador del colosal trabajo de purificar a las religiones hindúes de las escorias que le han infundido siglos de intrigas de sacerdotes". El coronel Olcott, otro de los líderes teosofistas, definió a Saraswati como "Uno de los más nobles Hermanos vivientes" y pronto le presentó a la Blavatsky hasta 1882 cuando la alianza se rompió dramáticamente; Saraswati tachó a la Blavatsky de farsante y declaró que "nada sabía de la ciencia oculta de los antiguos Yogas, y que sus, mal llamados por ella, "fenómenos" no eran debidos más que al mesmerismo, a preparaciones hábiles y a una diestra prestidigitación"...

SRI RAMAKRISHNA Y SU LINAJE

         Pero la matriz de estos tres grupos era muy similar. Tras los excesos del "Brahma Samaj", la politización laica del "Ariha Samaj" y las mistificaciones del teosofismo, las cosas volvieron un poco más a su curso. Los nombres de Ramakrishna, Vivekananda y Aurobindo formaron un linaje revitalizador, cuyo impacto en Occidente prosiguió a lo largo de todo el siglo XX y se manifestó tanto en la contracultura como en el movimiento "New Age". El "Brahma Samaj" y el "Aria Samaj" habían preparado el alumbramiento de este linaje espiritual. Y así es, en efecto, coincide el universalismo, a pesar de que se retorno a los Vedas, el tronco principal coexiste con interpolaciones llegadas del cristianismo, del budismo y del islamismo.

         Ramakrishna nació en 1834. Aurobindo, tributario de su maestro, dijo de él que "con su nacimiento una Nueva Era comenzó". Se admite unánimemente que alcanzó las más altas cimas de la espiritualidad. Fue sacerdote de Kalí, diosa de la destrucción, asumió la castidad como forma de ahorrar y reconducir energía sexual en la búsqueda de la trascendencia.

         Su discípulo más próximo fue Swami Vivekananda, un hombre cuyo aspecto denotaba energía y vigor, lo contrario que Ramakrishna que sugería interiorización y sencillez. A los veinte años se integró en el "ashram" de éste. Entre 1886, murió su maestro, y 1902, cuando Vivekananda se retiró, su tarea fue fundamentalmente pastoral. Se le considera el primer gurú oriental que viajó a Occidente. Los Estados Unidos fueron teatro principal de su prédica y allí estableció la "Misión Ramakrishna".

         Pero entre maestro y discípulo existieron diferencias notables. En síntesis podemos decir que el maestro estaba más cerca del hinduismo ortodoxo de lo que lo estuvo su discípulo. Probablemente por esto Vivekananda aceptó participar en el "Parlamento Mundial de las Religiones" simultáneo a la Exposición Mundial de Chicago de 1893. Aquello olía a teosofismo y protestantismo; los católicos se abstuvieron. El evento fue importante porque constituyó una de las primeras muestras de ecumenismo moderno y sincretismo tan a gusto de los movimientos de Nueva Era.

         René Guenon, cuando escribió al respecto dió la opinión autorizada del hinduismo ortodoxo sobre Vivekananda: "...desnaturalizó completamente la doctrina hindú del "Vedanta" con el pretexto de adaptarla a la mentalidad occidental; los tesofistas lo miraron siempre como uno de sus aliados, llegando a denominarlo: "... uno de sus Hermanos de la raza primitiva" y "... príncipe entre los hombres". La seudo-religión inventada por Vivekananda obtuvo un cierto éxito en Norteamérica (...) por supuesto no tiene de "Vedanta" más que el nombre, pues no podría establecerse relación alguna entre una doctrina puramente metafísica y un moralismo sentimental y consolante que no se diferencia de las prédicas protestantes sino por el empleo de una terminología algo especial".

MIRRA ALFASSA Y "AUROVILLE"

         A pocas millas de Pondicherri en el Estado de Madrás, al sur de la India, se fue alzando en los años sesenta y setenta, la comunidad actual se extiende por 20 kilómetros cuadrados sobre los que viven 811 "aurovillianos". En su mayor parte los colonos proceden de EE.UU., Francia, Alemania y, por supuesto, la India. La ciudad, cuyo nombre literalmente quiere decir "Ciudad del Amanecer", está divida en cuatro barrios y un punto central, el Matrimandir, una esfera en la que se construirá una gran sala de mármol; al norte de extiende la zona cultural, la industrial hacia el Este, la zona internacional al sur y la residencial en la parte Norte. Entre cada espacio están ubicados los servicios, almacenes de manufacturas allí producidas, alimentación y transportes. Su estructura es en espiral como algunas antiguas ciudades europeas.

         El punto de partida de Auroville hay que buscarlo en 1965 cuando algunos discípulos de Sri Aurobindo, con Mirra Alfassa al frente, empiezan a labrar el proyecto que luego será asumido por la Junta General de la UNESCO y otros organismos de cooperación internacional. Iniciado el proyecto el 29 de febrero de 1968, cinco mil personas, procedentes de 120 países, asistieron a la inauguración de la "Ciudad del Amanecer".

         Sri Aurobindo había nacido en 1872 y fue educado en Inglaterra; estudio en el King’s College de Cambridge pero redescubrió la cultura hindú en donde participó en los movimientos reivindicativos para la libertad de la India. Encarcelado, tuvo la experiencia de lo que Arthur Koestler llamaba "conciencia oceánica" y decidió penetrar en las ancestrales técnicas de los yoguis. Había leído el "Bhagavad Ghita", la obra que cambió su vida. En 1910 abordó esta vía en la que persistió hasta el final de sus días constituyendo otro de los referentes espirituales de la contracultura y, en menor medida, de la Nueva Era.

         Aurobindo propone un "yoga integral", nacido de la fusión de los demás Yogas, como medio para activar la parte trascendente en cada uno de nosotros. Unos años después conoce a la persona con la que compartirá el resto de sus días, Mirra Alfassa, nacida en París en 1878, de madre egipcia y padre turco, existencialista en su juventud, muy amiga de Max Theon, un sujeto sorprendente. Theon era el representante en Francia de la Hermandad Hermética de Luxor; grupo tenido como antecedente de las sociedades ocultistas de finales del siglo pasado y desde luego la matriz de muchos grupos posteriores. Sin duda, Max Theon es, con mucho, el más inquietante y desconocido de todos estos personajes; en 1900, tras la disolución de la H.H.L., fundó el "Movimiento Cosmista" que curiosamente tuvo el mismo nombre que otro aparecido en Rusia en la misma época, relacionado con el satanismo.

         Esta relación es bastante preocupante y constituye, desde luego, la sombra más intrigante que se cierne sobre Aurobindo. Su mujer, "Madre", en efecto, llegó a ser una gran amiga de Theon, quien la introdujo en el mundo del ocultismo y de lo paranormal, un mundo muy, pero que muy alejado, de la verdadera espiritualidad hindú... pero no tan alejada de algunas tendencias "newagers" y "acuarianas". Theon murió en 1926, es imposible establecer hasta qué punto sus ideas influyeron sobre "Madre" y sobre el propio Aurobindo.

         Cuando Aurobindo se retiró en 1926 para dedicarse a la práctica del yoga, "Madre" fundó el Centro Universitario Internacional y de ella partirá la idea de construir la "Ciudad de la Luz".

         En sus últimos años "Madre" inició investigaciones que estaban más próximas del ocultismo europeo que de la tradición hindú. Investigó lo que llamaba el "yoga de las células" que entendía como un proceso alquímico de transformación de la materia y del espíritu. Sus ideas fueron compiladas por Satprem, su secretario, un francés bohemio que se hizo cargo de la Fundación Aurobindo y del Instituto de Investigaciones Evolutivas que fundó en 1977  tras la muerte de "Madre" en 1973. Contaba 95 años.

         Precisamente la muerte de "Madre" sumió a Auroville en una profunda crisis y abrió una larga retahíla de pleitos y procesos que obligaron a intervenir al Parlamento Indio. Roger Anger, el arquitecto, dimitió, harto de luchas intestinas, incomprensión e intolerancia en aquel lugar que tenía que ser el paraíso de la Nueva Era. En 1988 el Parlamento Indio incluyó a Auroville en su "Plan Quinquenal" y redactó la Ley de Fundación. Shiv Shanker, ministro de Recursos Humanos pronunció una alocución ante la cámara baja hindú en la que aludió a "Sri Aurobindo y Madre resaltaron la necesidad de expandir el internacionalismo, tal que Oriente y Occidente se relacionen en beneficio mutuo. Para acelerar este proceso, se creyó necesario establecer un pequeño campo experimental, donde gentes de diversos puntos del mundo se pudieran reunir y comprometer en actividades investigativas, culturales, educativas, científicas y de todo tipo, orientadas hacia la unidad humana". A partir de este evento se redacto una legislación interna para asegurar la gobernabilidad del lugar. En Auroville no existen normas sociales; el matrimonio no existe, por ejemplo, tal como había declarado Mirra Alfassa en 1968. Se gobierna por consenso, no existen órdenes ni reglamentos, tan solo "recomendaciones" emanadas por la "Asamblea de Residentes"; los apoyos internacionales son buscados y canalizados por un "Consejo Directivo" del que depende el Consejo Consultivo Internacional y las relaciones con los grupos internacionales de apoyo.

*     *     *

         Este linaje hinduista es fundamental para comprender la distorsión existente entre el hinduismo originario y las fuentes en las que beben los sectores pro-hinduistas de la New Age. Estos grupos, tienden a considerar, las técnicas hindúes que les han llegado fragmentariamente, como una forma de psicoterapia y es frecuente que alternen en sus centros la realización de cursos de yoga con "bioenergética", "rebirthing", "sanación espiritual", "vivation", etc. que en algunos casos, se sitúan más cerca de las tesis de Wilhem Reich y en otros del viejo espiritismo, dos líneas que no tienen absolutamente nada que ver con el hinduismo originario y tradicional.

 

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Un admirable texto de Jorge Luis Borges: La Rosa de Paracelso

Infokrisis.- Para coronar nuestro pequeño estudio sobre la Rosa + Cruz hemos decidido reproducir un pequeño cuento de Jorge Luis Borges titulado La Rosa de Paracelso que expresa con singular colorido y brillantez la dinámica de los linajes rosacruz originarios. Borges no era particularmente un iniciado, sino, como máximo un erudito que conocía algunas aspectos del fenómeno rosacruz del Renacimiento y que siempre se sintió atraído por la Cábala y por aspectos del misticismo. Su obra no es, repetimos, la de un Rosa + Cruz, sino la del escritor brillante que ha iluminado los momentos de lectura que desde joven le hemos dedicado.

 

Jorge Luis Borges

LA ROSA DE PARACELSO

 

En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano, Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo.

Atardecía. El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares.

Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo. Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor cuando golpearon la puerta. El hombre, soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de las hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado.

Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra.

El maestro fue el primero que habló.

-Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente -dijo no sin cierta pompa-. No recuerdo la tuya. ¿Quién eres y qué deseas de mi?

-Mi nombre es lo de menos -replicó el otro-. Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.

Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas y de oro. Lo hizo con la mano derecha. Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa.

La rosa lo inquietó.

Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:

-Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo.

-El oro no me importa -respondió el otro-. Estas monedas no son más que una parte de mi voluntad de trabajo. Quiero que me enseñes el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra.

Paracelso dijo con lentitud:

-El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.

El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:

-Pero, ¿hay una meta?

Paracelso se rió.

-Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso.

Sé que "hay" un Camino.

Hubo un silencio, y dijo el otro:

-Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos caminar muchos años. Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino.

-¿Cuándo? -dijo con inquietud Paracelso.

-Ahora mismo -dijo con brusca decisión el discípulo.

Habían empezado hablando en latín; ahora, en alemán.

El muchacho elevó en el aire la rosa.

-Es fama -dijo- que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.

-Eres muy crédulo -dijo el maestro-. No he menester de la credulidad; exijo la fe.

El otro insistió.

-Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.

Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.

-Eres crédulo -dijo-. ¿Dices que soy capaz de destruirla?

-Nadie es incapaz de destruirla -dijo el discípulo.

-Estás equivocado. ¿Crees, por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada? ¿Crees que el primer Adán en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?

-No estamos en el Paraíso -dijo tercamente el muchacho-; aquí, bajo la luna, todo es mortal.

Paracelso se había puesto en pie.

-¿En qué otro sitio estamos? ¿Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ¿Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?

-Una rosa puede quemarse -dijo con desafío el discípulo.

-Aún queda fuego en la chimenea -dijo Paracelso-. Si arrojaras esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.

-¿Una palabra? -dijo con extrañeza el discípulo-. El atanor está apagado y están llenos de polvo los alambiques. ¿Qué harías para que resurgiera?

Paracelso le miró con tristeza.

-El atanor está apagado -repitió- y están llenos de polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada uso de otros instrumentos.

-No me atrevo a preguntar cuáles son -dijo el otro con astucia o con humildad.

-Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos, y que el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que nos enseña la ciencia de la Cábala.

El discípulo dijo con frialdad:

-Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de la rosa. No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.

Paracelso reflexionó. Al cabo, dijo:

-Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas: Deja, pues, la rosa.

El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:

-Además, ¿quién eres tú para entrar en la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ¿Qué has hecho para merecer semejante don?

El otro replicó, tembloroso:

-Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los muchos años que estudiaré a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más.

Creeré en el testimonio de mis ojos.

Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el  pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.

Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza:

-Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.

El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.

Se arrodilló, y le dijo:

-He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Señor exigía de los creyentes.

Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo, y al cabo del Camino veré la rosa.

Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco.

¿Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?

Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retomó al salir. Paracelso lo acompañó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.

Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió.

 

 

El fenómeno Rosa + Cruz (IV de IV). Anexos: el fenómeno rosacruciano

Infokrisis.- Lo esencial del tema ya está tratado. Algún lector notará que "falta algo". Él ,que se ha afiliado a asociaciones rosacruces, notará que lo que hemos explicado en estas páginas no es exactamente lo que a él le han contado en esos grupos. No es de extrañar que así sea, nosotros nos hemos referido al "fenómeno Rosa + Cruz" y él, habrá participado del "ambiente rosacruciano". Entre la Tradición y el ocultismo apenas hay relación. La Rosa + Cruz pertenece al mundo de la tradición, lo rosacruciano, en cambio, apenas son variaciones sobre el ocultismo decimonónico. 

 

Anexo

El rosacrucianismo contemporáneo

 

Hemos dudado mucho antes de abordar este capítulo. En primer lugar por que nuestro objeto de estudio es el movimiento “rosa cruz” y no los grupos actuales que, con mayor o menor razón, se definen como “rosacruces”. En segundo lugar, por que no queremos, de ninguna manera, asumir la responsabilidad de “aconsejar” a los lectores sobre quien encarna hoy de manera más nítida los valores de la “Rosa Cruz Originaria”. Finalmente, por que, un capítulo de esta naturaleza exige entrar en las polémicas que estos grupos mantienen entre sí y que, de ninguna manera nos competen. Tampoco quisiéramos limitarnos a una enumeración de grupos, desprovista de cualquier elemento crítico.

Hay una última circunstancia que nos dificulta la elaboración de este capítulo: la sensación de que no son todos los que están. Podemos enumerar la docena larga de grupos que se disputan el legado de la “rosa cruz” y que son fácilmente accesibles, mediante webs en Internet, a través de anuncios en la prensa o con carteles anunciando sus conferencias. Pero, siempre subsiste la sensación de que hay algo más que permanece en las profundidades, fieles a la regla del anonimato que acompañó a la “Rosa Cruz Originaria” y a sus representantes y fieles al principio según el cual el maestro aparece cuando el discípulo está preparado para reconocerlo. No podemos descartar completamente que algunos linajes derivados de la “Rosa Cruz Originaria” -entrados en estado de latencia a partir de la Paz de Westfalia, cuando se urdió la leyenda de que los “verdaderos rosa cruces” marcharon a “la India”- hayan podido subsistir hasta nuestros días. Es difícil e incluso, altamente improbable, pero no puede descartarse del toro. Tales linajes iniciáticos no darían noticias sobre sí mismos, no se anunciarían en revistas de alta tirada, ni venderían cursos por correspondencia: simplemente transmitirían una influencia espiritual y prolongarían un legado originario a quien supiera entenderlo, reconocerlo y asumirlo.

Por eso repetimos una y otra vez que, en este terreno, lo interesante para quien quiera descender del plano de la curiosidad histórica o anecdótica, al plano de la práctica de la enseñanza “rosa cruz”, deberá aprender a caminar solo. Y sólo cuando haya avanzado unos pasos y haya sido capaz de situarse en el atrio del Templo del Saber, en ese preciso momento, aparecerá el vínculo con la “fuente”, con la Rosa Cruz Originaria. El discípulo sabrá reconocer al maestro.

Lo dicho hasta ahora implica de forma evidente que albergamos cierta desconfianza hacia los movimientos que hoy se autotitulan “rosa cruces”. Estos movimientos canalizan, sin duda, el interés de una parte de la población por el movimiento “rosa cruz” y, se supone que, por tanto, sus fundadores han investigado y se han formado al calor de los textos “rosa cruces”. Desgraciadamente, ni siquiera esta afirmación es rigurosamente cierta. La lectura de los distintos textos de estos grupos evidencia muy a las claras que, algunos, carecen incluso de la formación histórica mínima exigible a quien pretenda asumir el nombre de la “rosa cruz”. Y, en este sentido, podemos decir que al leer los textos de algunos de estos grupos hemos sentido verdaderamente náuseas. Dejaremos que el lector califique a cada uno como se merece. El orden en el que presentamos a estos grupos es indiferente. Hemos procurado hacer referencia, solamente a los grupos de cierta entidad, eludiendo los grupos menores y las escisiones locales o nacionales (que han sido, por cierto, muchas).

Vale la pena recordar, finalmente, que reconocemos que en el interior de estos grupos se encuentran verdaderos buscadores interesados en reconocer y seguir lo que hemos dado en llamar “vía rosa cruz”. A ellos les decimos que persistan en su búsqueda, que si hay algo que vale la pena en la vida es lo que los antiguos “rosa cruces” llamaban “la persecución del Oro”. Simplemente, les advertimos que el camino que conduce a la verdadera espiritualidad “rosa cruz” es estrecho y difícil, y solamente sabrán que han llegado al final cuando experimenten la indeleble sensación de que una rosa ha estallado en su pecho y ha desparramado su color rojo de fuego por los cuatro brazos de la cruz. De su cruz. Cualquier otra cosa es apenas una satisfacción intelectual –luego, egótica- limitada.

Y ahora, sin más, enumeremos a los grupos en cuestión de manera lo más esquemática posible:

LECTORIUM ROSICRUCIANUM

Fundada en agosto de 1924 en la ciudad holandesa de Haarlem, con el nombre de Escuela Espiritual Gnóstica de la Rosacruz de Oro. Los fundadores son A.W. Leene y su hermano Jan, más conocido con el seudónimo de “Jan van Rijckemborgh”. Falleció en 1938 y fue sustituido por H. Stok-Huizer, de nombre iniciático Catharose de Petri.

En cierto sentido el Lectorium es una escisión del grupo rosacruciano de Max Heindel. Con el paso del tiempo tuvieron una doctrina muy diferenciada de la matriz inicial de la que partieron. Los dos puntos centrales de su escuela son el énfasis puesto en el catarismo como antecedente histórico y en su rechazo a una práctica individual en beneficio de la irradiación espiritual generada por la escuela suficiente para sustituir las prácticas egóticas. Insisten y recomiendan la lectura de las obras clásicas del rosacrucianismo.

El núcleo central irradió especialmente tras la Segunda Guerra Mundial y consiguió implantarse en Europa Occidental. En España cuentan con núcleos en las principales ciudades. Su método de captación consiste en convocar conferencias públicas a las que siguen lecturas en sus locales de “cartas rosacruz”, escritas por los fundadores.

Prohibición de utilizar prendas de cuero en las ceremonias de la escuela, vegetarianismo, prohibición de alcohol y drogas y, prohibición de ver la TV. Adversarios del espiritismo y de cualquier tipo de práctica espiritual individualizada que tendería a reforzar el Ego.

FRATERNIDAD ROSACRUZ

Fundada por Max Heindel (1865-1919) de origen danés. Emigra a EEUU y vive el terremoto de San Francisco de 1906. Afirmó estar en contacto con los “Hermanos Mayores” o “Superiores Desconocidos”. En 1908 conoció a Rudolf Steiner y a la sociedad Antroposófica. Afirmó haber sido elegido para ser el “Gran Instructor” de nuestra época.

Es una mezcla de antroposofía steineriana y de teosofía blavatskiana. En realidad es difícil encontrar la influencia del rosacrucianismo antiguo. Afirma que el cosmos está formado por “cuatro reinos”, seres humanos, animales, vegetales y minerales, según tengan más o menos “cuerpos”. El hombre en la Tierra evoluciona a través de los tiempos. Nos encontramos en el momento de una gran mutación, evolucionarán más quienes practiquen la concentración y la retrospección, considerados básicos para el desarrollo espiritual.

En 1911 pudo adquirir unos terrenos en las cercanías de Los Angeles que se convirtieron en la sede central de la Escuela. La Fraternidad cuenta con pequeños grupos activos en diversos países. Sus actividades consisten en invitar a cursos de rosacrucianismo que, en la práctica son una lectura comentada de la obra de Heindel “Concepto Rosacruz del Cosmos”. Tras la conclusión de estos cursillos se entra en el círculo interior.

La Fraternidad Rosacruciana fue dirigida por la esposa de Heindel, tras morir éste y actualmente está dirigida por un colectivo de siete personas, elegidas mediante voto secreto entre los miembros de la escuela iniciática.

Antigua y Mística Orden Rosa Cruz

Fundada en EEUU por Spencer Lewis quien afirmó haber sido iniciado en el Donjon de Toulouse, al tiempo que se le daban a conocer documentos rosacrucianos antiguos. En 1915 fundó la Antigua Orden Rosae Crucis.

Según sus fuentes son necesarios seis años para concluir los estudios y pasar por diversos grados. Afirman tener sus orígenes en el Egipto antiguo durante el reinado de Thutmosis III (siglo XVI a. JC). Consideran como grandes maestros de su escuela a Pitágoras, Salomón, Solón, Plotino, Newton, Descartes, Bacon, etc. Lo cierto es que si puede establecerse alguna filiación directa es con los rosacruces americanos del siglo XVIII. Sostienen una mezcla de ideas rosacrucianas clásicas (composición ternaria del ser humano: cuerpo, alma y espíritu) con una visión teosófica del cosmos (universo dividido en 7 mundos) y espiritista (énfasis puesto en la reencarnación).

Están presentes en casi 150 países con una fuerza desigual; afirman ser seis millones en todo el mundo. Su actividad hasta hace poco consistía en vender cursos rosacrucianos por correspondencia; en la actualidad han dado prioridad a la constitución de grupos locales (Grandes Logias) con reuniones y ceremonias comunitarias.

En los últimos años AMORC atravesó distintos problemas internos que comprometieron incluso su propiedad sobre el “Parque rosacruz” de California. AMORC mantiene anexa a la Orden Martinista Tradicional destinada a profundizar los estudios ocultistas. En España una disidencia ha constituido la “Hermandad de la Rosa Cruz”.

FRATERNIDAD ROSACRUZ ANTIGUA

Arnold Krumm Héller (1876-1949), de nombre iniciático “Huiracocha”. Hijo de padres alemanes, emigrados a Méjico. Médico y naturalista. Participó en las actividades de la Iglesia Gnóstica con el grado de Arzobispo.

Su doctrina es una especie de gnosis adquirida a través del “conocimiento”. Sostienen una doctrina esotérica que pretende basarse en los escritos gnósticos de la antigüedad romana. Auguran la Nueva Era de Acuario que será una “era de conocimiento”. Para ellos existe una contradicción entre el cristianismo primitivo (gnóstico) y el catolicismo. La primitiva doctrina de Cristo se mantuvo secreta y siguió transmitiéndose subterráneamente hasta llegar a la fraternidad fundada por Huiracocha.

La sede central de la organización se encuentra en la Sierra de Santa Marta, allí se reúne el Supremo consejo de los 12 Apóstoles, a los que corresponde mantener la llama de las enseñanzas de Heller.

Krumm Héller participó en distintas organizaciones ocultistas de principios de siglo; durante un período de su vida estuvo próximo a la Ordo Templis Orientis de Aleister Crowley. Heller vivió durante un período de su vida en Barcelona donde ejerció como médico naturista. A pesar de la extrema debilidad actual de su organización y de ser prácticamente desconocido para las nuevas generaciones, Heller ha influido en otras organizaciones, especialmente en los neo-gnóstico de Samäel Aum Weor.

 

Esto es todo lo que, creemos, que vale la pena decir sobre estos grupos. Corresponde al lector interesado, buscar a través de Internet un encuentro personal y directo y juzgar por sí mismo.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

El fenómeno Rosa + Cruz (III de IV). La práctica R+C

Infokrisis.- La práctica rosacruz es lo que justifica la existencia de una doctrina rosacruz y de una organización del mismo nombre. La práctica rosacruz se manifiesta a través de dos técnicas: la meditación y la alquimia. En este tercer capítulo explicamos algunas líneas básicas de la alquimia rosacruz y de las técnicas de meditación propias de esta corriente espiritual. Así mismo se pasa somera revista a una tercera manifestación de la práctica rosacruz que tiene a la medicina como desembocadura.

 

Capítulo III

La práctica Rosa Cruz

 

Estas enseñanzas son teóricas y no dicen gran cosa respecto al proceso iniciático o a las prácticas necesarias para convertir la doctrina en técnica operativa. Pero la doctrina “rosa cruz” no es una mera teoría desvinculada de cualquier forma de práctica. La existencia de una forma de ascesis se percibe ya en los templarios y en su ceremonia de admisión en el “capítulo secreto” de la Orden.

Se pedía al candidato que escupiera a la cruz. Este gesto no debía de ser entendido como una blasfemia sino como el rechazo a una religiosidad que era mero culto exterior y la exteriorización del deseo de ir más allá. A esto seguía la ceremonia propiamente dicha, la iniciación. De esta ceremonia se sabe muy poco, apenas testimonios fragmentarios y, a menudo, incomprensibles, dan cuenta de ella. Se trataba de una ceremonia de orientación gnóstica en la que el templario recibía el “bautismo del fuego”. Esto puede deducirse de las actas de acusación de los inquisidores cuando afirmaban que los templarios adoraban a un ídolo llamado “Baphomet”. En realidad, no se trataba de un ídolo sino de un ritual: el “baphos” (bautismo) “metheos” (fuego). Esto producía un renacimiento interior, tal como el que hemos explicado anteriormente. De ahí que los templarios fueran, así mismo, acusados de “quemar recién nacidos”. Como en todas las formas de gnosis de lo que se trataba era de transmitir una “influencia espiritual” de maestro a discípulo. Sobre el desarrollo de la ceremonia en sí, no sabemos absolutamente nada. Quienes pasaron por ella, nunca hablaron sobre su contenido. Y lo mismo puede decirse de las ceremonias practicadas por los verdaderos “rosa cruces”.

Ahora bien, se sabe que, con posterioridad a la ceremonia, el templario era encerrado en una pequeña cámara, aislado del mundo exterior, y allí debía “meditar”. En las capillas templarias esa cámara solía estar situada sobre el “árbol de la vida”, una columna central de la que partían los nervios de la bóveda circular, remedando una palmera oriental. Así pues, se sabe que, de alguna manera, el templario actualizaba en su interior la fuerza espiritual que acababa de recibir. Así pues, las técnicas de meditación entraban en juego.

Por otra parte, a partir de Paracelso y de los “rosa cruces” del siglo XV, se empieza a percibir que el movimiento está íntimamente relacionado con la tradición hermética y la práctica de la alquimia. En el siglo XVII y XVIII, proliferan las escuelas de alquimia “rosa cruz” que alcanzan sus más altas cotas con Michel Maier[i] y Karl von Eckhartshausen[ii]. En ambos se percibe que no estamos hablando de alquimia en estado puro, sino de una mezcla entre una forma de mística que toma los metales y sus combinaciones en un sentido alegórico de las diferentes transformaciones del alma y una práctica química en el laboratorio. La inspiración procede, indudablemente, de los textos alejandrinos y de la tradición alquímica medieval.

Así pues, vamos a intentar resumir estos dos canales a través de los cuales se exterioriza la práctica “rosa cruz”: la práctica interior y la práctica en el laboratorio. Bien entendido que, en el fondo, los textos alquímicos nos están hablando, al mismo tiempo, de dos cosas: práctica interior y práctica sobre los metales[iii]. Cuando los manifiestos rosacrucianos cargan contra los “sopladoras”, no están previniendo contra la práctica de la alquimia en el laboratorio, sino contra la insensata persecución de oro mediante la práctica de la alquimia de laboratorio divorciada de la práctica interior. Así pues, vamos a dividir esta parte de nuestro estudio en dos partes: 1) el sistema de meditación “rosa cruz” y 2) la alquimia “rosa cruz”. Ambas formas de práctica corresponden a dos tipos humanos diferenciados: el primero se adapta a los caracteres contemplativos y el segundo a aquellos en los que el gusto por la acción priva sobre la contemplación.

1. El sistema “rosa cruz” de meditación

En sí mismo y tal como ha llegado hasta nosotros a través de textos rosacrucianos tardíos (von Eckharshausen, por ejemplo), es relativamente simple y se diferencia muy poco de otros sistemas de meditación procedentes de horizontes geográficos y temporales muy alejados.

Básicamente, el sistema consiste en tomar conciencia de los tres elementos que están presentes en la naturaleza humana, el cuerpo físico, el espíritu y el alma. No hay ninguna dificultad en comprender a que se están refiriendo cuando aluden al “cuerpo físico”, está formado por cuatro elementos, fuego (sangre y músculos), tierra (huesos), aire (pulmones) y agua (humores corporales), a lo que se une la “vitalidad” a modo de “quintaesencia”. Este cuerpo físico no se diferencia del de cualquier otro ser vivo y animal superior, sino por que dispone de otros dos elementos, más sutiles: un espíritu (el flujo mental, los pensamientos, las voliciones) y el alma (que es el “átomo crístico” al que nos hemos referido al aludir a la doctrina “rosa cruz”).

Ahora bien, estos tres elementos están relacionados jerárquicamente: el más “bajo” es el cuerpo, el más alto, naturalmente, el alma y entre ellos, existe el espíritu compuesto por una materia más sutil e intermedia entre los dos anteriores. Pero el “alma natural” se siente atraída por el cuerpo físico tal como Newton concibió que dos masas astrales se atraen, una a otra. Además, este proceso tiene otras dos consecuencias indeseables: contra más atracción experimenta el espíritu hacia el cuerpo físico (esto es, hacia el mundo material), más se aleja del alma y, en segundo lugar, contra más atracción experimenta, más tiende a “densificarse”. Desde el punto de vista “rosa cruz”, en el momento del nacimiento, el “espíritu” no existe como tal. Es, solamente, a partir de los primeros días de vida cuando el recién nacido se va sumiendo en el mundo de la dualidad y aprende a distinguir direcciones, medidas, pesos, valores y, más adelante, moralidad y ética.

A partir de ese momento, el espíritu, aparece primero y tiende a densificarse progresivamente. En el momento de la muerte, cuando se produce la ruptura del compuesto humano, cesa de existir el cuerpo físico, como la leña termina agotándose en una hoguera, mientras que el espíritu, como las brasas de esa hoguera, siguen existiendo, durante un período más o menos largo. La extinción de tales brasas era lo que los egipcios conocían como “segunda muerte” y les horrorizaba mucho más que la muerte del cuerpo físico que, en el fondo, suponía apenas un instante de crisis.

La larga agonía del “espíritu”, desprovisto de un cuerpo físico sobre el que hipostatizarse, está contemplada en la teología católica con el nombre de Purgatorio y es también el Hades de la mitología clásica[iv]. A medida que el “espíritu”, deja de tener como soporte el cuerpo físico, va perdiendo energía y fuerza e inicia un proceso de autodisolución perfectamente estudiado en el Libro Tibetano de los Muertos y en el Libro de los Muertos egipcio, hasta finalmente, ir perdiendo progresivamente el principio de individuación y convertirse en lo que René Guénon llamó “larvas psíquicas”[v].

La constante densificación del espíritu, tiene, además como consecuencia el que el ser humano ignora o vive de espaldas al tercer elemento de su síntesis: el alma. Como ya hemos visto, el alma es el resto último de nuestra naturaleza originaria que, desde la Caída adámica, de impregnar la totalidad de nuestra naturaleza, terminó reduciéndose a un “átomo crístico” latente y olvidado. A diferencia del catolicismo, los “rosa cruces” creen que el hecho de que el ser humano disponga de un alma “eterna e inmortal” no es importante. Dispone de ella, si, pero vive de espaldas a ella. De hecho, ni siquiera tiene conciencia de que exista: la atracción que el espíritu experimenta hacia el mundo material, le hace ignorar su naturaleza más profunda.

Pero existe una solución radical para reconocer y reconquistar nuestra naturaleza originaria: ir disolviendo, poco a poco, nuestro espíritu, eliminar progresivamente la influencia que ejerce sobre él el cuerpo físico, y, finalmente, “rectificarlo”, hasta conseguir que exista una posibilidad de contacto entre el cuerpo físico y el alma. Entonces el ser humano habrá desplazado el eje de su existencia, de lo contingente a lo trascendente. Tal es el plan de “trabajo” interior que nos proponen los textos “rosa cruces”.

En la práctica el proceso se desarrolla en varias fases. La primera de todas ellas consiste en tomar conciencia de los procesos que se desarrollan en la mente y que nos separan de nuestra verdadera naturaleza. Dichos procesos son, fundamentalmente, tres:

1) vivimos en un estado de conciencia disminuido en el que apenas tenemos conciencia de nosotros mismos. Raras veces a lo largo del día tenemos conciencia de ue existimos. Nuestro ego es cambiante e inestable, ni siquiera es único: “Mis yos son legión”, está escrito en el Evangelio. Esta multiplicidad es propia del cerebro dual que utilizamos en la vida cotidiana y que impide nuestra identificación con la unidad.

2) vivimos un proceso de identificaciones que nos inducen a ser cualquier cosa, salvo nosotros mismos. Ignoramos quienes somos en realidad, pero no nos cuesta identificarnos con el protagonista de una película, deseamos tener la fortuna o el físico de nuestro amigo, deseamos ser algo muy diferente a lo que somos, nos identificamos incluso con cualquier cosa que momentáneamente nos atraiga y, ese camino nos lleva a una alienación de la personalidad: no somos nosotros mismos, sino que pasamos a ser aquello con lo que nos identificamos.

3) vivimos en la dinámica del devenir en lugar de en la del “ser”. Frente a la quietud del “ser” que ha encontrado su centro, conoce su naturaleza, habitualmente estamos inmersos en la corriente del devenir, del flujo constante de acontecimientos y experiencias egóticas que nos dan una percepción irreal de nosotros mismos. En una rueda, el cubo permanece fijo, pero el círculo exterior se mueve a velocidad endiablada. En ese símbolo el “ser” se sitúa en el centro de la rueda, mientras que el “devenir” se identifica con la periferia y con el movimiento de la rueda.

Así pues, para tomar conciencia de nosotros mismos, la “rosa cruz” propone detener, en primer lugar, el proceso de identificaciones constante que se genera automáticamente y nos sitúa fuera de nuestra propia conciencia; en segundo lugar, saltar de la corriente del devenir a la estabilidad del ser; y, finalmente, nos propone el camino del “despertar”. Todos los esfuerzos que realicemos tendrán ese objetivo: el “despertar”, noción que se confunde con la del avivamiento del “átomo crístico” o de la “conciencia del corazón” a las que hemos aludido[vi].

Para ello es preciso detenernos, sentarnos y meditar. El primer ejercicio de meditación es simple. Basta con observar los procesos de nuestra mente. Sentados en una posición cómoda, intentaremos no pensar en nada. Al cabo del rato podremos observar como, sobre la pantalla que es nuestra mente aparecen mil y una ideas contradictorias que se van superponiendo unas a otras y que indican el estado de agitación natural de nuestro cerebro. No hay que preocuparse, simplemente se trata de observarlas y luego dejar que se vayan superponiendo y eliminando unas a otras. Mientras eso ocurre, se recomienda regularizar la respiración. No se trata de que ocurran maravillas en estos pocos minutos que dedicaremos inicialmente a la meditación, se trata, simplemente, de realizar un trabajo preparatorio que nos sitúe en el atrio del Templo del Saber. Bastará para ello realizar unas respiraciones profundas utilizando el diafragma como fuelle, el aire entrará y saldrá de manera natural de nuestro interior.

Algunos recomiendan realizar un simple ejercicio de visualización previo: al iniciar las respiraciones, imaginaremos que una corriente de luz blanca, extremadamente pura, penetra con el aire que se introduce en nuestros pulmones, recorre las fosas nasales, desciende hasta los pulmones y de ahí a los alvéolos pulmonares, desde donde se expande por todo nuestro flujo sanguíneo y llega a todos los rincones de nuestro cuerpo. Visualizaremos este proceso que nos permitirá vernos invadidos por la Luz. Luego expulsaremos el aire de nuestro organismo mediante la presión natural ejercida por el propio diafragma contra los pulmones. Es ese proceso visualizaremos el aire que abandona nuestras fosas nasales como un humo negruzco y sucio que se aleja de nosotros. Bastará con realizar en tres ocasiones este proceso de visualización en inspiración y expiración, para situarnos en una actitud favorable para lo que sigue.

Y la siguiente fase es también muy sencilla. A lo largo de unos minutos –pocos, apenas 5 en los primeros momentos y hasta 30 en fases más avanzada- intentaremos, simplemente, no hacer nada, simplemente dejar que nuestra mente se serene. La posición más recomendable es, sin duda, la de sentarnos en una posición cómoda. Procuraremos mantener la columna vertebral erguida. Casi inmediatamente nos daremos cuenta de que la columna tiende a relajarse y a inclinarse. En las primeras ocasiones rectificaremos la posición conscientemente, pero al cabo de una semana, no más, notaremos una sensación nueva: no hará falta que nuestra voluntad rectifique la posición de la columna, hay algo en nosotros, algo que todavía no conocemos, que opera tal rectificación autónomamente, sin que medie el concurso de nuestra voluntad. Es señal de que vamos avanzando.

En esa posición no deberá preocuparnos la abundancia de imágenes mentales, sugestiones, recuerdos, fantasías, que invaden nuestra mente. Basta con no hacer nada. Tienden a desaparecer al cabo de unos minutos. Podemos iniciar estos ejercicios en una hora en la que podamos inhibirnos de nuestras preocupaciones, preferentemente en un estado de neutralidad interior (sin que experimentemos sensación de apetito, y cuando ya hayamos hecho la digestión), basta con cinco minutos iniciales, incrementados en un minuto diario hasta poder dedicar a estos ejercicios de meditación, entre 30 y 60 minutos al día.

Para aumentar la estabilidad de la mente, se recomienda tomar un punto de referencia. Por ejemplo, una parte del cuerpo o también la sensación que produce el aire al entrar y salir de la nariz. Lo importante es que nos agarremos a esta sensación para situarla en el lugar central de nuestra mente e impedir que cualquier otra sea ocupada por ella. Se trata de dejar a la mente atada para que aflore, de la serenidad interior, una nueva forma de percepción.

Cuando experimentemos una sensación de estabilidad difícilmente descriptible y notemos que cada vez aparecen menos sugestiones capaces de desestabilizar y alterar la neutralidad de nuestros pensamientos, será hora de intentar otro ejercicio.

Empezaremos a tomar conciencia de nosotros mismos. Bastará para ello que, después de la preparación previa, con las visualizaciones que recomiendan los textos, y tras unos minutos de estabilización de la mente, pasemos revista a las distintas partes de nuestro cuerpo. Podemos empezar con el pelo. Nos sorprenderá advertir que habitualmente no notamos el pelo; hasta que notemos sensación de que tenemos pelo, no deberemos pasar a nuestra frente. Allí deberemos tomar conciencia de que “tenemos frente”, deberemos experimentar la sensación de “notar nuestra frente” y, sólo cuando lo hayamos hecho pasaremos a las orejas, y así sucesivamente hasta completar una ronda por todas las partes de nuestro cuerpo.

Estos ejercicios, inicialmente, son agotadores y evidencian porqué el cerebro consume unas energías que nos van fatigando a lo largo del día. El cerebro consume más energía que cualquier otra parte del organismo. De hecho, basta con dormir unas horas –es decir, basta con reducir al mínimo la actividad cerebral- para reponer energías. Y, por eso mismo, intentar calmar al dragón desbocado que supone nuestro cerebro requiere paciencia, constancia y determinación. Pero eso no podrá impedir que, realmente, en los primeros días, acabemos fatigados. Se trata, simplemente, de domar un caballo salvaje, o al “dragón” al que aludían los alquimistas.

Estamos todavía en una fase de preparación que nos ayudará progresivamente a tomar conciencia de nosotros mismos, serenar nuestra mente e inhibirnos de los procesos cerebrales. En la práctica, lo que estaremos haciendo es desactivar el poder condicionador del cerebro que cierra el paso a nuestra verdadera naturaleza. En tanto que órgano dual, solamente puede darnos acceso al mundo dual. Pero el mundo de la verdadera espiritualidad, está en otra parte. Para acceder a él, para presenciar sus maravillas, precisamos de otros órganos. Von Eckhartshausen escribe: “Varias fuerzas pueden dormir en nosotros para las cuáles no tenemos órganos y que, por consiguiente, no pueden actuar. Estas fuerzas durmientes no pueden ser despertadas, es decir, que podemos organizarnos a nosotros mismos, de modo que estas fuerzas se vuelvan activas en nosotros. El órgano es una forma en la cual una fuerza actúa (...). Organizarse para la acción de una fuerza quiere decir, simplemente, dar a las partes una forma o situación tal que la fuerza pueda actuar en ellas (...). Del mismo modo que, para un hombre que no tiene órganos, ojos para la luz, la luz no existe en realidad, mientras que aquellos que tienen este órgano gozan de ella, así, muchos hombres no pueden gozar de algo de lo cual otros pueden gozar. (...) Sólo aquello para lo cual tenemos un órgano se vuelve sensible para nosotros”[vii].

De ahí que el sistema “rosa cruz” tiende a transferir la conciencia (que habitualmente anida en el cerebro y que nos permite asimilar y entender el mundo dual) al “corazón”. No se trata de un giro poético, sino de avivar la “intuición intelectual” que abre el paso a una comprensión brusca, súbita e iluminadora. Repetimos: se trata de transferir la conciencia del cerebro al corazón. Sólo de eso. Es evidente que no se trata del “corazón”, mero órgano de bombeo del flujo sanguíneo, sino del despertar del “átomo crístico” al que hemos aludido. Es él quien “percibe” en esta nueva etapa de nuestra vida.

La primera fase de la meditación, debe tener por fin, el aminorar el lazo que une el flujo cerebral con el cuerpo físico. Sin esta fase previa no puede avivarse la “inteligencia del corazón”, ya en la segunda fase[viii]. Si tenemos en cuenta que los procesos de nuestra personalidad egótica se generan en el cerebro, a medida que vayamos restando protagonismo a la mente, disminuiremos la dependencia completa de nuestro ser del mundo de la dualidad. Irá creciendo, casi sin advertirlo, la “inteligencia del corazón”, el nuevo órgano que nos permitirá introducirnos en el mundo de la espiritualidad.

Si recordamos el Evangelio, sabremos que Juan Bautista es, finalmente, decapitado. Él es el primero de una larga serie de mártires que aparecen en los pórticos de nuestras catedrales, con la cabeza cortada y bajo el brazo, inexplicablemente sonrientes. Y es que, el episodio de la decapitación de Juan Bautista, supone la extinción de la conciencia dualista.

Por eso, cuando los antiguos “rosa cruces” declaraban que las letras R y C, serían “su único símbolo de reconocimiento”, estaban reproduciendo en ellas, el episodio de la muerte de Juan Bautista. Las letras R y C, iniciales de la “rosa cruz”, son también las dos letras griegas que forman el monograma de Cristo y también el símbolo de la decapitación: “Los Rosa Cruces son unos “decapitados”; tienen la Inteligencia del Corazón y es por ello que se reconocen entre sí. Ya que, en efecto, la letra R (resh) es en hebreo el jeroglífico de la cabeza (ר), mientras que la letra C (Qôf) es el jeroglífico del hacha (ק) de la cual ha conservado hasta la forma”[ix].

Creemos que con lo dicho hasta aquí se entiende el concepto de meditación “rosa cruz”. Ir más allá excedería el marco de esta obra e, incluso, no sería pedagógico. Resulta imposible multiplicar, sin antes aprender a sumar. Baste decir que el “despertar de la conciencia del corazón” es la fase inicial e imprescindible de la práctica “rosa cruz”. Pasemos ahora a la alquimia “rosa cruz”, no sin antes realizar una pequeña alusión a la medicina de la fraternidad.

2. La medicina “rosa cruz”

No cabe la menor duda de que algunos “rosa cruces” practicaron formas de alquimia tradicional que sintonizaban perfectamente con sus teorías. Esto sale a la superficie con el lanzamiento de “Las Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz” de Andreae, en el que se nos habla, simplemente, del proceso alquímico y de las fases de los trabajos bajo la alegoría de un “matrimonio”. Pero también estaba presente en la Rosa Cruz Histórica y en figuras como Arnau de Vilanova.

La biografía de Arnau de Vilanova no deja lugar a dudas de que se interesó por la tradición hermética y la alquimia[x]. Un maravilloso cuadro de Josep María Sert expuesto actualmente en la "Sala de la Ciencia Catalana" del Ayuntamiento de Barcelona, nos muestra a Arnau tomando el pulso a un enfermo y acariciando con la otra mano la panza de una retorta alquímica. Sert se hizo eco de la tradición que ligaba indisolublemente el nombre de Arnau de Vilanova al noble arte de la alquimia. Michel Maier, alquimista y rosacruz alemán del siglo XVII en su tratado "Symbola aureae mensae" cita un texto de Johan Andreae en el que alude a una transmutación de plomo en oro realizada por el mismo Arnau de Vilanova: "En vida nuestra, hemos recibido en la curia Romana al Maestro Arnau de Vilanova, médico y teólogo supremo (...). Era también gran alquimista que había fabricado varillas de oro, las cuales no presentaron ninguna dificultad a dejarse someter a todas las pruebas". Giovanni Francesco Mirandola, añade en su "Tratado sobre la Fabricación del Oro", que las láminas fundidas por Arnau nada tenían que envidiar al oro extraído de las minas de Aruzzo. Estos testimonios prueban que existió una tradición renacentista que consideraba a Arnau como uno de los grandes alquimistas medievales, si bien es cierto que entre el centenar largo de obras firmadas por Arnau de Vilanova de las que se tiene constancia, muchos son tratados de alquimia, si bien es cierto que buena parte de ellos son apócrifos[xi].       

Arnau es importante en la historia de la alquimia; no en vano fue el primer "filósofo por el fuego" que dividió la "obra filosofal", necesaria para alcanzar la transmutación de los metales, en fases o "regímenes", costumbre que luego seguirían todos los alquimistas posteriores a él. En el capítulo titulado "Práctica de la obra" incluido en su libro "El camino de los caminos" escribe: "... todos los cuerpos deben ser llevados a la materia prima para hacer posible la transmutación"; y en las páginas siguientes define por vez primera las cuatro etapas de este proceso: disolución, limpieza, reducción y fijación, estando cada uno de estos "regímenes" sometido a un elemento: agua, tierra, aire y fuego, respectivamente.

En el curso de sus escritos alquímicos Arnau cita frecuentemente a Morieno y Geber, alquimistas árabes, lo cual coincide perfectamente con su conocimiento de la cultura islámica. Sus tratados, escritos en Montpellier, sobre "Del húmedo radical" y la "Filosofía Natural", son incuestionablemente suyos y evidencian su saber hermético y su conocimiento de la práctica operativa en el laboratorio alquímico. Se le tiene como descubridor de algunos compuestos químicos. Poco antes de morir escribió una fórmula que decía conducir inefablemente a la piedra filosofal: "Coge tres partes de limaduras de plata pura, tritúralas con una parte de mercurio hasta que resulte de ello una materia pastosa; cuécelo a fuego lento con una mezcla de vinagre y sal y sublímalo todo", fórmula para la obtención del bicloruro de mercurio. Así mismo se le tiene por descubridor del ácido sulfúrico, el nítrico y el clorhídrico... En aquella época no existía la química tal como la entendemos hoy. Otro tanto puede decirse del ejercicio de la medicina[xii], fronteriza con la magia y el hermetismo, un campo en el que Arnau destacó con luz propia.

El concepto que tenía Arnau de la ciencia médica entroncaba directamente con el saber hermético de su tiempo. Percibía en todas las cosas un "spiritus" que se manifestaba de distintas maneras, algo así como la fuerza vital que nos mantiene en pié y activos. Ese "spiritus" equivale, en su concepción, a una forma de energía capaz de ser transmitida de un ser a otro, mediante un proceso de sanación o bien susceptible de ser mermada por distintos factores que generarán enfermedad. La posibilidad que el "médico" tiene de influir sobre el "spiritus" deriva de la estructura misma del cosmos. El hombre no puede influir sobre lo que es superior a él -Dios, los ángeles, etc.- pero sí sobre aquellas fuerzas "elementales" que se sitúan debajo suyo en la escala jerárquica. Captar y reconducir la fuerza de estos principios "elementales" de la naturaleza es la tarea del médico. Esta concepción fue completada con otra derivada de su admirado Galeno. Arnau era contrario a la prescripción sistemática de fármacos; consideraba que aquel fármaco que servía para una persona era inocuo con otra. El tratamiento de la enfermedad debía ser personalizado; cada médico tenía necesariamente que establecer un vínculo personal y único con su paciente, si quería hacer honor a su juramento hipocrático. El tratamiento debía ser pues personalizado y esto por tres motivos que hacen de Arnau, un adelantado a su tiempo. En primer lugar por que cada déficit de "spiritus" responde a una problemática concreta que tiene que ver con el sujeto como tal, con su comportamiento moral, su estilo de vida y su actividad; toda enfermedad es, pues, la manifestación de un desarreglo más profundo. En segundo lugar, porque el médico debe penetrar en el conocimiento de la enfermedad a través de la "experiencia"; esto le ha valido a Arnau el ser considerado como un precursor del empirismo, pero más bien, cuando se refiere a "experiencia" Arnau aludiendo a la "intuición mística" esto es a prescindir de todo apriorismo y situarse con una mixtura de amor, caridad, unión con Dios y vacío interior, ante el paciente, estado de conciencia en el que aparecerá la "intuición mística". Finalmente, Arnau es un precursor de los tratamientos psicológicos: considera que la fuerza de voluntad y la convicción del paciente en su curación, le conducirán inexorablemente a ella. Para Arnau la curación puede ser, en el fondo, autocuración.

Arnau, médico de poderosos, no utilizó su influencia para alcanzar fama y poder, sino antes bien, aprovechó su privilegiada situación para difundir sus ideas espirituales sobre el fin de los tiempos y la necesaria reforma de la cristiandad.

La medicina “rosa cruz” que aparece por primera vez con Arnau y alcanzó su paroxismo con Paracelso[xiii], parece derivar de la alquimia. Es, en realidad, una forma de espagiria (alquimia que utiliza vegetales en lugar de minerales). En las obras de Paracelso esta línea “rosa cruz” queda perfectamente descrita. La medicina tenía un importante papel en la “rosa cruz” que salió a la superficie en el siglo XVII. En el Capítulo III de la “Fama Fraternitatis”, por ejemplo, se mencionaban los “signos de reconocimiento” que facilitarían el que unos “rosa cruces” reconocieran a otros de su hermandad; el primero de todos tenía que ver con el ejercicio de la medicina: Prohibición de ejercer profesión alguna excepto la curación de enfermos a titulo benévolo”[xiv].

La Alquimia Rosa Cruz

Paul Sédir ha negado la importancia de la alquimia en el fenómeno “rosa cruz”. No estamos de acuerdo. El hecho mismo de que entre algunos de los precursores más conocidos, como Arnau, Llull y Paracelso, la alquimia se encontrara entre sus preocupaciones centrales o el que Andreae describiera en sus “Bodas Químicas” las distintas fases de los trabajos en el laboratorio y, finalmente, el que Michel Maier construyera las mejores láminas de alquimia en sus trabajos, todo ello resulta altamente significativo para contradecir las palabras de Sédir[xv]. Finalmente, el mito que el “Elías Artista”[xvi] ocupa dentro de la temática “rosa cruz” es igualmente ilustrativo del interés de este fenómeno por la alquimia.

Además, a partir del siglo XVII, buena parte de círculos alquimistas están vinculados, de una u otra manera, a las distintas corrientes “rosa cruz”, algo que no ocurría en períodos anteriores. Es fácil suponer el motivo. La doctrina “rosa cruz” con sus incursiones constantes en el hermetismo alejandrino y con una práctica interiorizada que enfatizaba la “metanoia” (recuérdese: el cambio radical de conciencia) como si se tratara de una transmutación, que utilizaba una serie de símbolos relativos a la “luz” (por tanto, al oro resplandeciente), debía, finalmente, interesar a los adeptos al Arte Regio, es decir, de la alquimia. Para colmo, los antiguos alquimistas, encontraban un eco de su operatoria con el Azufre, el Mercurio y la Sal, en la trilogía “rosa cruz” compuesta por Cuerpo, Espíritu y Alma.

En este sentido, los alquimistas que aparecen a partir del siglo XVII, son, sin excepción, sospechosos de tener algún vínculo con la “rosa cruz”, o bien de estar inspirados por ella, tanto por los clásicos de la alquimia. Es probable que la fusión entre “rosa cruces” y alquimistas se empezara a operar con Cornelio Agrippa, ya en el siglo XVI, hasta Althotas, maestro del Conde de Cagliostro, Gichtell, discípulo de Böheme, Glauber, Helvetius, Henkel, etc. Y, por supuesto, Newton, que brilló con luz propia.

La alquimia, era, desde luego, algo más que una química simbólica o el precedente de la química. Era, fundamentalmente, una “ciencia sagrada” y, en tanto que tal, un sector de la “rosa cruz” que siempre se situó en la vanguardia del saber científico de su tiempo, se interesó por ella.

Quizás sea este el lugar adecuado para señalar los dos rostros del noble arte de la alquimia: de un lado, sobre una serie de minerales que los libros canónicos consideran próximos al oro y, de otro, sobre el propio alquimista. Estas dos facetas de la alquimia son inseparables y constituyen el mayor misterio del Arte desvelado en la séptima plancha del "Liber Mutus", aquella en la que Saturno aparece devorando a su hijo en medio de un brasero, mientras que en la parte inferior pueden verse los dos operadores, hombre y mujer, concentrados ante el atanor. La alquimia amputada de su parte operativa se convierte en mística y si, por el contrario, se le restan los aspectos de trabajo del alquimista sobre sí mismo no pasa de ser metalurgia supersticiosa.

Los textos herméticos están repletos de alusiones veladas y símbolos que suponen dramatizaciones de estados interiores y experiencias espirituales del alquimista, como de procesos químicos que suceden en el interior del “huevo filosofal” (recipiente de vidrio con la materia prima y el “primer agente”, situado en el interior del atanor). Para poder sistematizar –en la medida de lo posible- una exposición de la alquimia “rosa cruz”, será preciso fijar una serie de términos, algo todavía más necesario en la medida en que los nombres no corresponden a los conceptos que tenemos ahora de los metales aludidos:

-           Azufre: no tiene nada que ver con el producto químico del mismo nombre. Representa el “principio masculino” y activo. Corresponde al principio trascendente presente en los seres humanos y en los metales. Es el alma de la que antes hemos hablado. El color amarillo del Azufre hace que sea tomado como símbolo del “sol” o del “alma”[xvii].

-           Mercurio: tampoco tiene nada que ver con el metaloide del mismo nombre, aunque existe una estrecha relación entre sus propiedades físicas y lo que representa simbólicamente. Se le considera el “principio femenino” (tiene el color de la Luna, el astro femenino caracterizado por sus constantes cambios) y pasivo (carece de luz propia y refleja la luz que le llega del sol). Es el símbolo del espíritu al estar en permanente mutación y carecer de forma propia. Corresponde al “espíritu” de la meditación “rosa cruz”.

-           Sal: es el equivalente al cuerpo físico y a sus partes constitutivas. Su notación es Ө, un círculo con una línea horizontal en el interior, indicando caída. El “cuerpo” físico, como la “sal” de los alquimistas es el elemento característico del estado de la humanidad con posterioridad a la caída adámica.

Ahora bien, será preciso, a partir de ahora, tener presente todo lo que hemos dicho en la introducción a la práctica de meditación de la “rosa cruz”, por que ahora, vamos a tener que repetir casi lo mismo, solo que apoyados por el simbolismo químico y la práctica en el laboratorio. Veamos.

El alquimista “rosa cruz” prestará particular atención a la idea de “caos”. Tras una memorable transmutación habida el 15 de enero de 1648, Richthausen fue nombrado "Barón del Caos"[xviii]. Los alquimistas en su laboratorio no pretendían otra cosa que ordenar el Caos, reproduciendo la obra de la Creación, tal como fue descrita en los primeros versículos del Génesis, cuando "la tierra era algo sin forma y vacío; la oscuridad cubría el abismo y sobre las aguas se movía el Espíritu de Dios"[xix].

Fulcanelli, en "Las moradas filosofales", abunda en este supuesto explicando que "los cuatro elementos están encerrados, confusos y desordenados"  y añade que "los antiguos lo compararon al caos de la Creación, donde los elementos y los principios se encontraban confundidos, entremezclados y sin posibilidad de reaccionar unos sobre otros"[xx]. Este alquimista contemporáneo -aun cuando no tuvo nada que ver con la “rosa cruz”, maneja frecuentemente textos de hermetistas de esta corriente- cita, finalmente, un texto clásico, atribuido a Basilio Valentino, para recordarnos como representó simbólicamente su materia bajo la figura del mundo que contenía en sí los elementos de nuestro globo hermético o microcosmos,  reunidos "sin orden, forma, ritmo, ni medida".

La acepción común de Caos, confusión, desorden, vale también para el hermetismo. La diferencia radica en que éste Caos está presente en el microcosmos del hermetista al iniciar sus trabajos como lo estuvo en el Cosmos al comienzo de la creación. En su interior se contienen los cuatro elementos (Fuego, Tierra, Agua, Aire), los tres mundos (Divino, Intermedio y Material, o bien Azufre, Mercurio y Sal) y los dos principios (Activo y Pasivo, o si se prefiere, Sol y Luna, Oro y Plata, etc.) que conforman la Unidad.

Hortulano anota al respecto: "La piedra surge de una masa confusa que contiene en sí a todos los elementos" y  añade: "...lo mismo que el mundo ha surgido de un caos confuso, la piedra ha surgido también de la misma forma"[xxi].

La labor hermética, en su primera fase, ha sido llamada también "el arte de la separatoria", pues de separar los distintos elementos que confluyen en este caos, y ordenarlos según una ley de armonía, es de lo que se trata. En esa confusión inicial se encuentra nuestra Materia Prima.

Son varios los textos que enigmáticamente subrayan que este caos es neutro, "activo" y "pasivo", dicen de él que "es macho y hembra a la vez". "El Cosmopolita", tras definir el caos como "mezcla y  confusión", dice de él que "constituía la materia del Universo antes de obtener forma" y explica que se trata de "un compuesto agitado de agua y fuego vivificante" añadiendo que es la "materia que contiene a todas las formas en potencia"[xxii].

La "Novena Clave" de Basilio Valentino[xxiii] muestra, en su parte inferior, a un hombre y una mujer, cuyos cuerpos están en posición horizontal y las piernas en línea vertical, componiendo una cruz griega evocadora del modelo “rosa cruz”, en cada uno de los extremos de la cual encontramos los símbolos de los cuatro elementos y en la parte superior, tres serpientes.

En el único Caos genesíaco están contenidos los cuatro elementos de la naturaleza, las tres partes del ser humano y los dos principios, activo y pasivo. La sucesión numérica 1 + 2 + 3 + 4 = 10, define la totalidad del ciclo de lo manifestado. Nos limitaremos ahora a examinar la dualidad. Principio activo, expansivo, masculino, dominante y principio pasivo, compresivo, femenino, dominado, están inmersos en este caos, contrarrestándose uno a otro; de ahí el carácter neutro del conjunto.

En la "Novena clave" del ya mencionado libro de Basilio Valentino, los personajes no están coronados y sus cuerpos se encuentran en oposición, desnudos y sin otros atributos que los que corresponden al "fuego" y al "agua", a lo masculino y a lo femenino. La obra de la creación -el arte de la separatoria- todavía no ha comenzado. Habrá que remitirse a la "Sexta Clave"[xxiv] del mismo texto para comprobar como el elemento masculino y el femenino, separados y presentados ahora como el "rey" y la "reina", cooperan en la realización de la obra. Son múltiples los textos que repiten el simbolismo de la pareja real. El caos está ya ordenado y la primera fase de la obra, consumada.

El Caos primordial suele representarse en los viejos tratados de Alquimia “rosa cruz” con la imagen de un círculo vacío. Este círculo, a la vez principio y fin, activo y pasivo, contenedor de todas las cosas y del poder de la generación, se simboliza también mediante el Ouróboros, la serpiente que se muerde la cola, recurso de origen gnóstico. Junto a estas representaciones se suele añadir la leyenda "Todo en uno". El vocablo "Universo" deriva de Uno. El "uno" era la totalidad, y la totalidad se concebía como sagrado y se contemplaba como tal; no en vano, en inglés "wholly" (totalidad) deriva de "holly" (sagrado).

Pero el caos primitivo también ha recibido otros apelativos, todos ellos igualmente ciertos y precisos, pues no en vano, lo que es el "Todo" puede ser llamado de casi todas las formas. Unos lo han llamado "nuestro Saturno": Saturno, dios maléfico por excelencia, astrológicamente está asociado al planeta del mismo nombre y al plomo. Su opacidad hace que se le atribuya el color negro y ello abre la posibilidad a decenas de asociaciones: el caos es la "gallina negra", también el "Dragón negro", las "rosas  negras", las tinieblas y la noche, poéticamente se ha aludido a él llamándole "sombra cimeria"[xxv]; pero quizás sea más simple adjetivarlo solo con la palabra "muerte"...

La lectura prolongada de los textos canónicos de la alquimia demuestra que son voluntariamente engañosos y hábiles en confundir al observador poco avisado. Cuando un hermetista nos habla de Caos, no podemos hacer mucho caso de la palabra en sí, debemos ver que atributos le siguen o preceden, debemos, en fin, examinar el contexto en el que se incluye y la intención precisa de cada autor, en cada momento concreto. Así pues, si bien en algunos autores, la palabra "Caos" aparece aislada y sin más precisiones, en otros textos se acompaña de una indicación no desdeñable, "Caos primitivo" -caos que entra en el orden de explicaciones que hemos expuesto hasta ahora-, en otros, "Caos de los filósofos"[xxvi]. Entre ambos conceptos existe una diferencia fundamental. Así mismo, el "caos de los filósofos" expresa una idea que aparece también bajo diferentes apelativos, aparentemente contradictorios, pero perfectamente acordes con los conceptos simbólicos del Arte: si se le llama "Saturnia vegetal", y no simplemente Saturno, es por que en él se ha individuado un principio animado -el vegetativo-, si se le conoce como "Tierra Santa" y no como "Tierra" es para expresar en aquella una actividad que está ausente en ésta. Otros textos dicen de él que es el "hijo" o "Niño de Saturno", es decir, una emanación del primer caos. También lo han apodado "leche de la virgen", para aludir a su poder generador y fructificador. Trabajar sobre el "Caos primitivo" es preparar el "Caos de los filósofos". Filaleto dice de éste último que "de él se saca el Mercurio tintóreo que contiene el oro místico"[xxvii].

El "Caos primitivo" existe como tal en la mayoría de los humanos. El hermetista y sólo él, lo advierte en sí, dentro de sí, en torno a sí. Y decide afrontar el milagro de la obra hermética: toma conciencia de ese caos, medita sobre él, se instruye sobre su composición; de sufrirlo quiere pasar a dominarlo; poco a poco, va percibiendo que todo lo que precisa -la energía desconocida que opera la transmutación alterando la estructura atómica de los elementos- está incluido en ese mismo caos y empieza a distinguir sus partes, primero con dificultad, luego elige la que le interesa, la destaca de las otras. El "Caos primitivo", inconsciente, es sustituido por el "caos de los filósofos", consciente y verdadera materia prima.

En el caos están comprendidos todos los aspectos del cosmos, desordenados y mezclados, entre ellos el oro. Fulcanelli explica: "El oro filosófico, cubierto de  impurezas, rodeado de espesas tinieblas y cubierto de tristeza y duelo, debe ser considerado como la verdadera y única materia prima de la obra, al igual que sucede con el Mercurio, de donde ese oro invisible, miserable y desconocido, ha nacido"[xxviii]. A continuación, citando a otros maestros del arte, pasa a recordar los epítetos que lanzan contra la envoltura que rodea al oro filosófico: Valentino le llama estiércol y abomina de él,  otros lo califican de "baba del dragón", "vil y preciosa" al  mismo tiempo. Lo describen como "de color negro y olor cadavérico", "bodrio grasiento y pimentado que recubre su solución".

En el Caos reside la semilla del oro, tal es la firme convicción que ha animado a los hermetistas de todos los tiempos. Al hablar de la caída de Adán ya hemos referido como el "espíritu de Dios" se fue retirando progresivamente hasta quedar reducido a una chispa en el interior del ser humano, que éste no percibe en condiciones normales y que se ve incapacitado para pasar de la potencia al acto. Tal es el principio activo, inhabilitado por las impurezas que lo bloquean. Este proceso de retracción de la llama divina a su mínima expresión en el microcosmos humano, se repite también en la materia. Algunos minerales, en sus yacimientos, contienen en potencia, la "naturaleza" del oro: es preciso, también, purificarlos. Pero, de la misma forma que, no en todo lo que tiene vida animal, late la chispa divina, tampoco en todo mineral está presente la cualidad áurea. Unos minerales, enseñan los alquimistas, están más próximos al oro que otros. Perderíamos el tiempo si intentáramos realizar comparaciones tomando como referencia los números atómicos de los distintos elementos; estos carecen de importancia para la obra hermética y sólo han entrado en consideración por investigadores modernos a la búsqueda de una explicación racional y científica para la transmutación metálica; en cambio, las indicaciones de los artífices son relativamente claras y el mismo Fulcanelli las resume "[la estrella de seis puntas] subraya las propiedades de esta sustancia que el Creador  marcó con su sello". Pues bien, solamente existe un mineral que, tras ser fundido, se solidifica, sin experimentar el efecto de retracción que es normal para los otros; éste, al enfriarse, rompe su superficie con una figura geométrica perfecta, la estrella de seis puntas. Se trata del bisulfuro de antimonio, también conocido como "régulo [=reyezuelo] de antimonio". Extraído de la mina, el bisulfuro de antimonio, contiene también el "espíritu de vida" anunciada por esta peculiar estrella que aparece en su superficie. Todos los hermetistas que se han referido a ella, lo han hecho comparándola a la estrella de los "Magos de Oriente" que señaló el nacimiento del Niño-Dios.

Como hemos visto, la alquimia “rosa cruz” nos habla de la triple constitución del ser humano e identifica cada una de sus partes -cuerpo, alma y espíritu- con alguno de los metales emblemáticos del Arte. El cuerpo físico, soporte del Ego y receptáculo de la personalidad es asimilado, en su materia grosera, al Plomo. El espíritu, en tanto que bagaje mental y volitivo, equivale al Mercurio, pues más que ningún otro metal, es cambiante, carece de forma, el suyo es el tono de la luna y su cualidad, la variación y la movilidad extrema. En cuanto al alma, presencia divina en estado de latencia en el interior del cuerpo, su carácter ígneo y su calidad abrasiva, lo asimilan al Azufre, pero también al Oro por la luminosidad que despide.

La obra hermética y concretamente la llamada "Vía Húmeda", la más frecuente, consiste en operar sobre el “Mercurio”, transformándolo, estabilizándolo primero y fijándolo luego. Así la tendencia del Mercurio a identificarse con los elementos materiales y lunares de la naturaleza -esto es, mutables- se invierte; debilitado en su poder y neutralizado en su capacidad de seducción, muere. Lo que renace luego es otro Mercurio más próximo a la naturaleza del Azufre y con el que se puede combinar para restablecer, tras la ruptura inicial de las partes –por eso la alquimia fue llamada el "arte de la separatoria"-, una nueva unidad, pero así como la anterior estaba orientada hacia lo bajo, esta lo será a los mundos superiores.

La primera fase de los trabajos, “la obra al negro”, consiste en romper la “continuidad del mixto”: separar la Sal del Mercurio (el cuerpo del espíritu) y operar sobre éste. En el momento en que se logra “separar” ambos elementos se produce en el recipiente alquímico el color negro. El alquimista, siente que le falta el suelo bajo los pies en una experiencia similar a la muerte. Todos los textos clásicos explican que esta parte de la obra es la más difícil y todo lo demás “es juego de niños y trabajo de mujeres”.

A partir de ese momento se trata de “rectificar el Mercurio”, y convertirlo de su forma “lunar” en una forma “solar”. La alquimia “rosa cruz” da como notaciones de estas dos formas del mercurio estos símbolos: en el primero, el del Mercurio “originario”, sobre la cruz de los cuatro elementos, figura el círculo del caos y, sobre ambos, el símbolo lunar; en el segundo, el del Mercurio “rectificado” o “andrógino”, sobre la cruz de los cuatro elementos y el símbolo del caos, aparece el signo de Aries, el primer signo del Zodíaco y “jefe de la manada”. Esta purificación del Mercurio se realiza –en la “vía húmeda”- mediante la repetición constante del “solve et coagula” que los hermetistas definen enigmáticamente como “disolución del cuerpo, coagulación del espíritu”. De forma más clara, toda la operación consiste en separar el espíritu del cuerpo, es decir, el Mercurio de la Sal, y una vez en estado libre, irlo depurando progresivamente y “quemándolo”. No olvidemos que el Mercurio “originario” es, fundamentalmente, energía mental. Por medio de algún procedimiento desconocido que no explica ningún texto alquímico, esa energía era transferida del espíritu, aislado y separado del propio alquimista, al recipiente hermético y era esa energía la que generaría –en la segunda fase de los trabajos- la “obra al blanco” en la que el compuesto mineral que bulle en el interior del atanor ha adquirido una coloración blanquecina y lechosa que ha dejado atrás el “negro más negro que el negro” de la primera fase de los trabajos. Lo que se obtiene entonces es el famoso “Mercurio rectificado o andrógino” que será utilizado en la fase siguiente en el crisol para operar la transmutación metálica.

Ahora, de lo que se trata es de recomponer la unidad del compuesto originario. Para ello, en primer lugar, es preciso multiplicar la “fuerza” de la mezcla anterior. Esta se hará reconstruyendo la unidad entre el “mercurio rectificado” y el Azufre. El grado de pureza de aquel, hará que éste lo reconozca y, en virtud del principio hermético según el cual “lo semejante se une a lo semejante”, estará en condiciones de formar una nueva síntesis en condiciones de operar algunos efectos físicos sorprendentes, atribuidos a la “Piedra Filosofal”.

La transmutación del plomo en oro será la “prueba del nueve” de que los trabajos han alcanzado la culminación. Así mismo, el alquimista verá renovado su ser y alcanzará la “vida eterna” o la “eterna juventud”. Estamos ante símbolos, naturalmente. La depuración del Mercurio (esto es, del espíritu), le evitará lo que los egipcios llamaban “segunda muerte” y lo reintegrarán en la trascendencia, directamente, en el momento del agotamiento de su cuerpo físico.

Tal es, en síntesis, el proceso de la alquimia “rosa cruz”. Esta técnica, iniciada con Arnau de Vilanota y continuada con los grandes alquimistas del Renacimiento y del los siglos XVII y XVIII, ha estado unida, inevitablemente al movimiento “rosa cruz”. Degeneró y, acaso se perdió, cuando el movimiento “rosa cruz”, así mismo, degeneró. Al lector atento, no se le escapará el paralelismo entre meditación “rosa cruz” y alquimia “rosa cruz”. Son dos caminos que llevan al mismo fin, dos vías para dos caracteres humanos diferentes. Cuando los “rosa cruces” aludían a “alquimia” estaban refiriéndose a práctica en el laboratorio con productos químicos, en absoluto a una vaga “alquimia espiritual”. Para referirse a una práctica interiorizada sin contacto con los carbones del laboratorio, existía la meditación “rosa cruz”. Será bueno, no confundir uno con otro procedimiento. Confusión que es frecuente en los medios rosacrucianos contemporáneos.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - htpp://infokrisis.blogia.com


Notas a pie de página:

[i] “La fuga de Atalanta de Michel Maier”, op.cit.,

[ii] “La Nube sobre el Santuario”, Karl von Eckhartshausen, Visión Libros, Barcelona 1978, como muestra de un libro de especulaciones místicas y “Tratado práctico de Alquimia Rosa-Cruz” de Karl von Eckhartshausen, Ediciones Roca, SA, México DF 1986, como muestra de un texto clásico de alquimia operativa.

[iii] Indudablemente la mejor exposición sobre la alquimia clásica y el hermetismo tradicional que podemos recomendar sin ningún tipo de reserva mental a nuestros lectores es “La Tradición Hermética” de Julius Evola, (op.cit.), con sus dos partes: la simbólica y la práctica.

[iv] Este tema impulsó a algunos grupos neo-rosacrucianos del siglo XIX a plantearse la posibilidad de mantener el espíritu en vida, después de la muerte del cuerpo físico. En el interior de la Goleen Dawn, por ejemplo, se trabajó el tema de la “magia póstuma” que nuestro amigo Luis García Chapinal ha tratado brillantemente en su obra “Vampirismo, entre la realidad y la leyenda”, Luís García Chapinal, Éride Editorial, Madrid 2000, especialmente el Capítulo VIII “Bram Stoker, Drácula y la Goleen Dawn: como se gestó la figura del Príncipe de las Tinieblas”, págs. 145-156. Así mismo el Capítulo I (“Comprensión del vampirismo de acuerdo a dos mitos: energía vital e inmortalidad”), es recomendable en el mismo orden de ideas.

[v] Véase a este respecto “El Error Espirita”, de René Guénon, Editorial, CS Ediciones, Buenos Aires 1989.

[vi] Von Eckhartshausen escribe citando el Evangelio de San Lucas (Cap. II:34): “El ojo interior del hombre es la razón, potentia intellectiva mens. Si ese ojo interior del hombre es iluminado por la luz divina, es entonces el verdadero sol interior, por el cual todos los objetos vienen a nuestro conocimiento. Mientras que la luz divina no ilumine este ojo, nuestro interior vive en las tinieblas. La aurora de nuestro interior comienza cuando esta luz se levanta. Este sol del alma ilumina nuestro mundo interior intelectual, del mismo modo que el Sol exterior ilumina el mundo exterior. Así como, a la salida del Sol exterior, los objetos del mundo visible se nos vuelven poco a poco visibles, así, a la salida del sol espiritual, los objetos espirituales del mundo espiritual o razonable vienen a nuestro conocimiento. Así como la luz exterior nos ilumina por el camino de nuestra peregrinación, la luz interior nos ilumina por el camino de la salvación (...) ¡Qué gran destino tiene el hombre en su interior!”. “La Nube sobre el Santuario”, op.cit., págs. 13-14.

[vii] “La nube sobre el Santuario”, op.cit., págs. 14-15.

[viii] A este respecto Von Eckhartshausen escribe: “La simplicidad coloca al corazón en una situación conveniente para recibir con pureza el rayo de la razón; y éste organiza al corazón para la percepción de la Luz” (“La Nube sobre el Santuario”, op.cit., pág. 15. Hay que decir que la alusión a la “razón” no supone la aceptación del concepto cartesiano, para Von Eckhartshausen no hay más razón que la que procede de la “inteligencia del corazón”.

[ix] “La Gnosis de san Juan”, op.cit., pág. 82-83.

[x] En un manuscrito que el bibliógrafo francés Poirier atribuye a Arnau se describe el proceso de rejuvenecimiento que deben seguir aquellos adeptos que han alcanzado la eterna juventud; estos afortunados alquimistas deberán periódicamente untarse "dos o tres veces por semana con el meollo de la cañafístula. Cada noche antes de acostarse pondrán en la cabeza un sinapsismo compuesto por azafrán oriental, pétalos de rosas rojas, esencia de sándalo, acíbar y ámbar, todo ello disuelto en aceite de rosas a lo que se añadirá un poco de cera". Esto puede parecer extraño e ingenuo, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta que algunos de los tratados alquímicos atribuidos a Arnau suponen una renovación en las concepciones herméticas y orientaron el trabajo futuro de generaciones de alquimistas hasta llegar a Fulcanelli. Este, en efecto, considerado como el gran alquimista del siglo XX, cita en sus dos obras -"Las moradas filosofales" y "El misterio de las catedrales"- textos de Arnau.

[xi] Los teólogos católicos actuales tienden a considerar que cualquier obra firmada por Arnau, por el mero hecho de tratar de alquimia, es automáticamente apócrifa. Pero esto dista mucho de ser evidente; en las obras incuestionablemente escritas por Arnau se perciben igualmente ecos de la vieja alquimia, aunque traten de medicina o escatología; por lo demás, algunas, como "El camino del camino" o el "Gran Rosario", siendo aceptados como escritas por él, tocan directamente aspectos alquímicos. En "El camino del camino" puede leerse en la introducción: "Aquí da comienzo este tratado somero, breve, sucinto y útil para quien quiera comprenderlo. Los indagadores hábiles encontrarán en sus páginas una parte de la piedra vegetal que han ocultado con celo de otros filósofos". El libro fue remitido a Benedicto XI en 1303.

[xii] Bonifacio VIII fue el gran protector eclesiástico de Arnau de Vilanova, mientras gobernó la cristiandad. A pesar de haber atacado al papado con una violencia irrespetuosa inusitada para la época, Bonifacio VIII lo salvó de las garras de la Inquisición y se limitó a llamarlo a Roma y reprenderlo, suave y amorosamente. No en vano Arnau le había curado de una litiasis renal crónica. Llegado a Roma en agosto, Arnau confecciona un talismán que ostentaba el signo del león, correspondiente a ese mes. Mientras lo "magnetizaba", iba recitando salmos y versículos de la Biblia; colgado el amuleto en la región lumbar del Papa, tardó muy poco en hacer efecto y disolver sus cálculos renales. El Papa olvidó las altivas palabras que Arnau pronunciara meses antes: "La infalibilidad del Papa está tan garantizada como la de sus diagnósticos"...

[xiii] En esta pequeña obra no estamos en condiciones de exponer los principios de la medicina de Paracelso que, sin embargo, están resumidos en su “Catecismo Alquímico”, subtitulada “De los Planetas y los Metales, La Piedra Filosofal y La Estrella Flamígera”, Aureolus Philippus Theophrastus Bombastus von Hohenheim, Editorial Edicomunicación, Barcelona 1993.

[xiv] A título de curiosidad, mencionamos el resto de signos de reconocimiento: “2. Prohibición de obligar a llevar hábitos especiales reservados a la hermandad: Por el contrario, deberían adaptarse a las costumbres locales: 3. Obligación para cada hermano de presentarse el día C. en la morada del Espíritu Santo, o de explicar los motivos de su ausencia; 4. Obligación para cada hermano de buscar una persona de valía que pudiera sucederle en caso necesario; 5. Las letras R. C. deberían servirles de sello, sigla y emblema; 6. Durante un siglo la hermandad tenia que permanecer secreta”.

[xv] «Histoire des Rose Croix», Paul Sédir, Editions Traditionelles, París 1973.

[xvi] En 1608, el alquimista Banedict Figulos, en la Thesaurinella chymica aurea tripartita, dedica al emperador Rodolphe II, protector y amante de la alquimia, una elegía al también alquimista Jean-Baptiste de Seebach, en la que profetiza la llegada de “Elias Artista” y dice: “Entonces Cristo establecerá sobre la Tierra una nueva era”. En cuando a Paul Sédir, escribe en su obra “Histoire des Rose Croix”, op.cit., Capítulo II: “Elías Artistas” es el Ángel de la Rosa Cruz. Nadie puede saber que es, incluso aquel sobre el cual descansa. Todo lo que puede decirse es que es una fuerza atractiva y armonizante y que tiende a reunir a los individuos en un solo cuerpo homogéneo”. Y Stanistas de Guaita explica: “Elías Artista es infalible, inmortal, inaccesible, a las imperfecciones como a los ridículos de los hombres de carne y hueso que se ofrecen para manifestarlo. Espíritu de luz y de progreso, se encarna en los seres de buena voluntad que lo evocan. (...) Elías Artista no es la Luz, pero, como San Juan Bautista, su misión es dar testimonio de la Luz de gloria, que debe irradiar de un nuevo cielo sobre una tierra de nuevo iluminada”. Desde el punto de vista alquímico, “Elías Artista” es el primer agente que modifica la estructura de la materia prima.

[xvii] René Guénon en “La Gran Tríada” (Editorial Obelisco, Barcelona 1986, pág. 102) recuerda que en griego, la palabra “theion”, que designa el Azufre, al mismo tiempo significa “divino”. Y añade: “[el Azufre] es esencialmente un principio de actividad interior, que se considera que irradia a partir del centro mismo del ser”.

[xviii] Citado por Atorene en “El Laboratorio Alquímico”, Luís Cárcamo Editor, Madrid 1989, pág. 89.

[xix] Génesis, I: 5.

[xx] “Las Moradas Filosofales”, Fulcanelli, Editorial Plaza & Janés, Barcelona 1969, págs. 150 y 386.

[xxi] Citado por Julius Evola, en “Tradición Hermética”, op.cit., pág. 40-41.

[xxii] “Carta Filosófica” de El Cosmopolita, texto incluido en la recopilación “Cuatro Tratados de Alquimia”, op.cit., págs. 24-28.

[xxiii] “Alquimia y ocultismo”, selección de textos de Víctor Zalbidea, Victoria Paniagua, Elena Fernández del Cerro y Castro del Amo, Barral Editores, Barcelona 1973, pág. 193.

[xxiv] “Alquimia y ocultismo”, op.cit., pág. 181.

[xxv] “La Tradición Hermética”, op.cit., pág. 140.

[xxvi] “Cuatro Tratados de Alquimia”, op.cit., págs. 24-28.

[xxvii] Una muy buena traducción de esta obra puede leerse en “La Tabla Redonda de los Alquimistas”, Manuel Algora Corbi, Editorial Luis Cárcamo, Madrid 1980, “La Entrada Abierta al Palacio del Rey Cerrado”, págs. 231 y sigs.

[xxviii] “Las moradas filosofales”, op.cit., pág. 473.

 

El fenómeno Rosa + Cruz (II de IV). La doctrina de la Rosa + Cruz

Infokrisis.- El Segundo Capítulo de esta obra está dedicado a la doctrina Rosa + Cruz Algunos posiblemente se sientan decepcionados y otros confundidos. No es lo que les habían explicado en el marco de los distintos grupos ocultistas con los que han tenido contacto. En efecto, estos grupos son sin excepción herederos del ocultismo del siglo XIX e incluso algunos (la corriente de Max Heindel) muy próximos doctrinalmente al teosofismo. Las fuentes para realizar esta parte han sido dos: los textos inequívocamente rosacruces publicados a principios del siglo XVII y los contactos personales con linajes procedentes del tronco originario de este movimiento.

 

Capítulo II

La doctrina Rosa Cruz,

o la reconstrucción del Ser Humano tras la Caída

Entramos en una nueva complicación que el lector ya habrá presentido. Dada la multiplicidad de formas del movimiento “rosa cruz”, va a resultar extremadamente difícil ofrecer un resumen pormenorizado de la doctrina de esta corriente espiritual. Para realizarla tomaremos como base un texto que llegó a nuestras manos hace más de veinte años, fotocopiado y que permanece inédito. El libro se titula “La Gnosis de San Juan”, subtitulado “Introducción a la interpretación esotérica y tradicional del cuarto Evangelio”, firmado por “Fr.A. Arakilah”. Hay que explicar como llegó este texto hasta nosotros. En 1983 estábamos en lo más intenso de nuestra personal búsqueda espiritual, bastante desesperados por lo demás, por lo que íbamos encontrando en el camino. En esa época nos habíamos interesado por el budismo tibetano (al que, tras penetrar, comprobamos que era perteneciente a un horizonte antropológico y cultural demasiado alejado de nosotros), el zen (por el que, finalmente, optamos, pero que, entonces, nos parecía excesivamente simple y exótico), sufismo (íntimamente ligado al Islam que siempre permaneció ajeno a nuestra espíritu) y la tradición occidental (que veíamos representado por distintas “sectas”, algunas de las cuales se autodefinían como “rosa cruces”). Esta búsqueda nos llevó a responder a un anuncio que leímos en la revista “Integral”. Inicialmente no teníamos muy claro que se escondía detrás de aquel anuncio. Se aludía, vagamente, a los interesados por los temas “espirituales”; pero cuando recibimos la contestación, resultó que se trataba de un linaje “rosa cruz”. Ya conocíamos a algunos de los grupos rosacrucianos actuales, así que no pudimos por menos de experimentar cierto escepticismo. Sin embargo, al cabo de cruzar unas cuantas cartas y de recibir algunos de los documentos –siempre mecanografiados y fotocopiados de manera muy tosca- percibimos en este material un aroma diferente. Sería complicado (y, por lo demás, improcedente) explicar por qué nos alejamos de este linaje “rosa cruz” y la imposibilidad de contactar hoy con este linaje espiritual, el hecho es que, de entre todo el material que hemos examinado, estamos convencidos de que esta obra, es la que responde con más precisión al espíritu de la “Rosa Cruz Originaria” y es a él al que vamos a referirnos constantemente en este capítulo. Por otra parte, el autor reconoce explícitamente pertenecer a un linaje “rosa cruz”[i].

El contenido del texto destila una modestia y una claridad en la que fácilmente se identifica un lenguaje espiritual sincero y alejado de las complicaciones del ocultismo propio de los grupos y sectas rosacrucianas. Por otra parte, a diferencia de estos grupos, se evita realizar un sincretismo “excitante” entre creencias egipcias, alquimia de baratillo, grandes nombres históricos y ocultismo contemporáneo. Por el contrario, se va a lo esencial: interpretación esotérica del Evangelio de San Juan, tradición hermética alejandrina y khábala hebrea. Es decir, los elementos específicos que otorgaban su carta de naturaleza a la Rosa Cruz Originaria.

Hemos repasado una y otra vez este texto, lo hemos comparado con nuestras investigaciones históricas y con lo que las sectas y grupos rosacrucianos actuales nos han ofrecido y hemos concluido que, el texto en cuestión tiene un rigor y una precisión que merece ser conocida por el lector, si de lo que vamos a hablar es de “doctrina rosa cruz”. Si se prefiere hablar de “especulaciones rosacrucianas”, el lector tiene accesibles en el “mercadillo espiritual” productos de todo tipo e incluso síntesis esclarecedoras[ii]. Y, por supuesto, siempre queda la posibilidad de contactar con los grupos rosacrucianos actuales; todos ellos disponen de páginas web y resultan fácilmente contactables. Dicho lo cual, iniciemos nuestro apasionante viaje a través del mensaje de la Rosa Cruz Originaria.

El punto de partida

En la Introducción Fr. Arakilah cita un fragmento de la ”Imitación de Cristo”: “Ha que buscar la verdad en la Santa Escritura y no la elocuencia. Toda escritura tiene que ser leída con el mismo espíritu que el que la dictó”. La “rosa cruz” parte de la idea de que existe un sentido oculto contenido en los evangelios que no ha sido interpretado por la ortodoxia romana. Sin embargo, ese secreto no puede percibirse con los sentidos físicos ni con la racionalidad, sino que para penetrar en él es preciso utilizar la “Inteligencia del Corazón”[iii], una forma de intuición, desarrollada a través de la práctica del esoterismo, que permite una comprensión brusca y global del objeto de estudio. Es lo que en la Edad Media, y hasta Descartes, se llamó “intuición intelectual”. En su introducción, Fr. A. Arakilah, cita a Paul Le Cour[iv], para quien el cristianismo tendría un origen alejandrino y, por tanto, estaría próximo a las doctrinas herméticas que florecieron en el siglo II y a las que ya hemos aludido al tratar de los magos renacentistas. Sin embargo, las influencias hebreas en los Evangelios son, así mismo, visibles. El propio San Pablo se encargó de disipar equívocos cuando escribió “Pues Él es nuestra paz, que hizo de los dos pueblos (judío y pagano) uno, derribando el muro de la separación”. Así pues, los conceptos de la khábala judía y del hermetismo alejandrino están presentes en esta obra, como lo estuvieron en la Rosa Cruz Histórica.

Ahora bien, ¿qué es lo que permite desarrollar la “intuición espiritual” que nos dará una visión completa y “veraz” de los Evangelios? Lo dice Angelus Silesius y lo cita Fr. A. Arakilah: “Aunque Cristo naciera mil veces en Belén, y no dentro de ti mismo, tu alma estará perdida, en vano mirarás a la Cruz del Gólgota, a menos que dentro de ti se haya levantado”. Y esto nos introduce en el punto de partida de la doctrina “rosa cruz”: el despertar del “Cristo Íntimo” en cada uno de nosotros, permite experimentar la “experiencia crística”, descrita en los evangelios como un recorrido iniciático que, finalmente, permite la muerte del “hombre viejo” y la resurrección del “hombre nuevo”, renovado y que ha desplazado el eje de su existencia hacia la verdadera espiritualidad. Tal es la intención de la obra de Fr. A. Arakilah y de “nuestros aclarados Maestros del Sodalicium Christi, sin los cuales esta obra no hubiera visto la luz”[v].

Antes de penetrar en el texto, el autor considera necesario precisar algunos conceptos a los que se va a referir constantemente. Son pocos y sencillos de entender[vi]:

-           “Alma Natural”.- Es el “ángel malo” de la doctrina cristiana y se relaciona con el lado “izquierdo del Árbol Sefirótico” constituido por bien y mal (por la dualidad del Árbol de la Ciencia) cuyo fruto probó Adán y generó la Caída, es decir, la entrada en el “reino de la dualidad”. El Alma Natural está anclada en el Devenir constante. A partir de la Caída el Alma Natural se asoció al “ego”, es más, crea el “ego”.

-           “Alma Divina”.- Es el “ángel de la guarda” de la doctrina cristiana. Se relaciona con el lado derecho del Árbol Sefirótico, donde reside el Árbol de la Unidad y de la Vida. Este Alma Divina es pues el verdadero Redentor, por el cual, el hombre puede sustraerse del dualismo.

-           “Ego”.- Conciencia producida por los vehículos groseros y sutiles del ser humano, bajo el impulso del Alma Natural. Esta conciencia desaparece, con la destrucción de los vehículos que la producen, ya que es mortal. El ego es el medio mediante el cual el Alma Natural encuentra su alimento. El ego está dirigido por ella y por sus leyes. Y es triple: ego mental (dirige las actividades del pensamiento y la voluntad), ego emocional (dirige emociones y sentimientos), ego instintivo (dirigido por impulsos y experiencias pasadas).

-           Triple Santuario”.- El ego tiene tres templos a través de los cuales despliega sus actividades. El “santuario del corazón” (sede de las emociones y sentimientos egóticos), el “santuario de la cabeza” (lugar de la actividad mental dualista), y el “santuario del vientre” (sede de la instintividad).

-           “Corazón Espiritual”.- no tiene nada que ver con el corazón físico situado a la izquierda de nuestro torso[vii]. El corazón espiritual se sitúa a la derecha, es el lugar simbólico de la Presencia Divina en el Hombre (o en el Universo), llevando en él mismo, la imagen del hombre inmortal, simbolizado por el pentagrama. El corazón espiritual, es el Belén del Cristo Interior, la caverna iniciática del Alma Divina, el Corazón Sagrado de Nuestro Señor que se trata de avivar y despertar.

Lo esencial de la doctrina “rosa cruz” es el análisis sobre el proceso de formación del Ego y sus repercusiones: La situación originaria de la humanidad era la “condición edénica”, pero “tras la Caída (...) se explica el desvío de la mirada del alma Natural, hacia ella misma, antes que hacia el Alma Divina”[viii], pero este proceso puede invertirse: “Cuando el Alma Natural, residiendo en la izquierda, reconoce al Alma Divina y se vuelve hacia ella, entonces el Alma Natural se vuelve Portadora de Luz”[ix]. La Escritura llama “Luz” al Árbol de la Vida, de ahí brota el agua de la resurrección. En cambio, califica de “tinieblas”[x] al Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Situar la vida propia y las propias aspiraciones en el Árbol de la Ciencia, es decir, en la dualidad contingente, implica estar sometido a la muerte, a la temporalidad y al dolor.

Existe un viejo símbolo hermético, el Árbol Seco que alude al Árbol de la Vida, y nos dice que tras la Caída adámica, el Árbol se secó y así se le representa en la puerta de muchos edificios góticos. La misma “leyenda áurea” cuenta que con las ramas de éste árbol se construyó la cruz en la que murió Cristo. Ahora bien, este Árbol Seco, muestra siempre alguna hoja verde en sus ramas envejecidas. Este símbolo nos indica que el Árbol está seco, pero no muerto y que sus ramas podrán reverdecer –concluye la leyenda gibelina- cuando un “Emperador llegado de Occidente cante misa bajo sus ramas”, enigmática alusión a la doctrina de la “doble espada” (espiritual y temporal) que el gibelinismo otorgaba a la figura del Emperador.

Mientras en el período edénico primordial, el ser humano era espiritualidad pura (se identificaba con la lujuriosa floración verde del Árbol de la Vida), a partir de la Caída, esta espiritualidad queda reducida a un mínimo “átomo de vida”. Algunos “rosa cruces” sitúan éste átomo concretamente en el lado derecho del torso, simétrico al corazón físico y otros lo sitúan en el centro, justo tras el esternón, en el extremo del ventrículo derecho. Otros “rosa cruces” han llamado a éste “átomo” el “Cristo Íntimo” o el “átomo crístico”, por eso Fr. A. Arakilah escribe: “Cristo está en nosotros, consciente de nosotros; pero nosotros no estamos en Cristo, consciente de Él”[xi].

Toda la práctica rosacruz intenta reavivar esta “chispa”, último eco de nuestra naturaleza originaria y constituye una migración del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal al Árbol de la Sabiduría, del lado izquierdo del Árbol Sefirótico al lado derecho, de la inteligencia del cerebro (“conocimiento racional”) a la inteligencia del corazón (“intuición intelectual”). La renuncia al Ego y la desintegración del Ego con los medios inevitables a los que recurrir[xii].

No se trata de que el Ego “evolucione” y “mejore”, sino de que muera dejando de ser el centro de nuestra personalidad y el eje de nuestra existencia. Fr.A. Arakilah describe perfectamente los siete rasgos que caracterizan al Ego: “busca conservarse, busca aumentar, quiere ser Dios a su manera, busca la mediocridad y las doctrinas fáciles y tranquilizadoras, es dualista, cree que puede ser inmortal y que posee posibilidades de realización, solamente conoce lo que es de su naturaleza y lo centraliza todo este conocimiento”[xiii].

Imaginemos la mejor de las hipótesis: un individuo toma conciencia de la necesidad de destruir los deseos ególatras y para ello se dedica al servicio al prójimo y a la práctica de la caridad. Desde el punto de vista ético y moral, este individuo actúa correctamente, pero desde el punto de vista espiritual todas estas virtudes le servirán de poco en su proceso de realización interior. En el fondo, lo que está haciendo es intentar “mejorar” como persona, es decir, intentar “mejorar” su ego, cuando de lo que se trata, en realidad, es de eliminar el Ego. Otra posibilidad: la práctica constante de la oración para pedir algún don a la divinidad; error, la oración, en tanto que se utiliza como una forma de diálogo con Dios para solicitar algo (las famosas “novenas” o las “peticiones” mediante ex votos y promesas), refuerza, engorda y densifica el Ego. Así pues refuerza nuestra Alma Natural. Contra más crece nuestra Alma Natural, más imposibilita y bloquea las posibilidades de que el “Cristo Interior” crezca. La verdadera Caída, en el fondo, no es más que la búsqueda del bien egótico.

La palabra “Caín” se escribe en hebreo ןיק y procede de la raíz וק (qôf-nun) que puede encontrarse en las palabras qânâh (“adquirir”), qinyâh (“posesión”) o qînâh (“envidia”). Caín es el ser humano del lado izquierdo que busca aumentar y centralizar todo alrededor de sí mismo. Caín es el “viejo hombre”. Por lo que se refiere a Abel לה, podemos decir que es el hombre original (ה), el pentagrama (la letra ה tiene como valor numérico 5) que está en el corazón espiritual. En efecto, לה contiene la palabra לב, leb que significa “Corazón”. Abel es pues, el “Cristo Interior”[xiv].  

Entender este concepto es fundamental y está en el origen de la experiencia templaria, cuyo lema es significativo: “Nada para nosotros, Señor”. La renuncia al Ego en cualquiera de sus aspectos, precede a la destrucción del Ego. Sólo la destrucción del Ego permite introducirse en el camino de la verdadera espiritualidad y en el camino que lleva al objetivo propuesto por San Pablo: “Y ya no vivo yo, es Cristo quién vive en mí”[xv].

Esto explica el secreto absoluto en el que se ha movido el movimiento de la Rosa Cruz Originaria y por qué no existen prácticamente ninguna fuente de información sobre él. En la medida en que dejar constancia de la propia existencia, alardear de méritos o virtudes, o de filiaciones prestigiosas, engorda el Ego individual, en torno a los “verdaderos rosa cruces” existe siempre un halo de misterio, anonimato e impersonalidad. Tanto es así que podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que contra más evidente es la filiación “rosa cruz” de tal o cual personaje histórico, tanto más falsa es su pertenencia a dicha hermandad. No hay verdadera espiritualidad “rosa cruz” sin anonimato. Donde hay otra cosa, allí puede haber un paquete de buenas intenciones y sincera búsqueda espiritual, pero no, desde luego, nada que tenga que ver con la Rosa Cruz Originaria.

El hombre viejo representado por Juan

Juan Bautista es una imagen recurrente en la doctrina “rosa cruz”. Es el símbolo del “viejo hombre” que reconoce su impotencia y sus limitaciones para acceder a la verdadera espiritualidad[xvi]. Es el símbolo del sincero buscador espiritual. Fr.A. Arakilah dice de él: “Es el testigo de la Luz, pero también es muy consciente de no ser más que tinieblas. Juan es el símbolo del verdadero discípulo (...) Toda la misión de Juan está orientada sobre esta actitud de arrepentimiento que hace disminuir al “hombre viejo””[xvii].

Juan Bautista precede al advenimiento de Cristo, pero no es Cristo, ni puede llegar a serlo. Para que renazca es preciso que muera antes. Ha conocido el Árbol del Bien y del Mal, ha intentado “progresar”, llevar una vida justa y moral, pero es perfectamente consciente de que no le basta, por eso exclama: “Ya el hacha está puesta en la raíz del Árbol; todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego”[xviii]. Así pues, su única misión es la “morir místicamente” para dejar sitio a Otro. Juan ha advertido que “el ego no puede conocer más que al ego”, pero jamás conocerá a Dios. Para que eso sea posible hará falta que, como dice el propio Juan Bautista, el anunciador, “Él crezca y yo mengüe”.

Este sentido interpretativo queda confirmado por la palabra que define el primer aspecto del Verbo, “Emmanuel” (“Dios con nosotros” o “Dios en nosotros”), nombre de Jesucristo[xix], que directamente nos remite al “Cristo Interior”. Pero el Verbo tiene un segundo aspecto, trascendente y que traspasa la creación. Es “El Elión”, el “Altísimo”. La Khábala hebrea muestra que ambos nombres tienen el mismo número (197)[xx]. Esto explica que “Jesús no cesa de afirmar que está con el Padre, mientras que en otros lugares, declara ser uno con el Padre (...) En calidad de El Elión, Cristo es Unidad pura, en calidad de Emmanuel, Él es Multitud calificada. En Cristo, lo Múltiple se reconcilia con el Único”[xxi], algo imposible de comprender racionalmente, pero perceptible en el simbolismo de la esfera. Como se sabe la esfera tiene en su superficie un número infinito de puntos, pero, a su vez, su centro está formado por un punto, origen de infinitos radios. Así pues, lo infinito está presente tanto en el centro de la esfera como en su superficie exterior. De ahí que este símbolo se haya propuesto en muchas ocasiones como símbolo del alma o del mismo Dios. Emmanuel está en el centro, El Elión en la superficie, por eso existe diferenciación entre Jesucristo y el Padre, pero también por eso mismo, existe Unidad entre ambos.

La Caída nos sumió en un mundo de tinieblas (las tinieblas se expresan en los Evangelios en plural: “La luz luce en las tinieblas”[xxii], sin embargo, la Luz es siempre singular, único, pequeña diferencia gramatical que nos confirma en el conflicto ontológico entre Unidad y Dualidad, entre Árbol de la Vida y Árbol del Bien y del Mal. El Ego vive en la dualidad y solamente puede concebir la realidad mediante percepciones duales (arriba-abajo, bueno-malo, positivo-negativo, día-noche). Esta dualidad hace que el ser humano viva “entre tinieblas”. Sin embargo, la destrucción del Ego, disuelve, paralelamente estas tinieblas y sume al ser en la Luz. El objetivo a alcanzar está descrito en la Segunda Epístola de Pablo a los Corintios: “Porque Dios, que dijo: Brilla la Luz del seno de las tinieblas, es el que ha hecho brillar la luz en nuestros corazones para hacer resplandecer la ciencia de la gloria de Dios en el rostro de Cristo. Pero llevamos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no parezca nuestra”[xxiii] y en la Primera Epístola  añade: “De suerte que el que es de Cristo se ha hecho criatura nueva y lo viejo pasó; todas las cosas de han hecho nuevas”[xxiv].

Ahora bien, a pesar de que las tinieblas están presentes en el mundo, también lo está la Luz divina[xxv]. ¿Cómo es posible que esa Luz no se haya retirado del mundo, si el mundo la niega y la ahoga? Y Fr. Arakilah responde, haciéndose eco de la gnosis metafísica ya evidenciada desde los textos alejandrinos: “porque el “viejo hombre”, aunque llamado al abandono en la muerte iniciática, sirve sin embargo, de soporte en la edificación del Nuevo Hombre (...) El “viejo hombre” puede ser un molde de la actividad redentora, que se beneficia de la paciencia Divina. Con todo, cuando el proceso de redención comienza, el “viejo hombre” está dirigido hacia la cruz, para morir”[xxvi].

El alumbramiento del “Cristo Interior”

La segunda parte de “La Gnosis de San Juan” es particularmente densa y compleja, pero contiene los elementos esenciales de la doctrina “rosa cruz”, en nuestra opinión, expuestos de la forma más próxima a su pureza originaria. Fr.A. Arakilah parte del hecho de que el Evangelio de San Juan elude referirse al nacimiento de Cristo y empieza con su bautismo. Recuerda luego que San Juan fue aquel discípulo que en la Última Cena, colocó su cabeza en el seno de Cristo, y concluye: “el Evangelio del discípulo predilecto del Maestro, debía comenzar pues por el relato de la aparición de esta Inteligencia del Corazón, relato apenas disimulado por el simbolismo del Bautismo en las aguas del Jordán”[xxvii]. Se entiende que esta “inteligencia” está situada más allá de la conciencia ordinaria. De hecho, de lo que se trata es de transferir la conciencia, del “santuario de la cabeza” (el cerebro) al “santuario del corazón” lo que, efectivamente, supone abrir un órgano nuevo de percepción (la “intuición intelectual”), no dependiente del cerebro en donde anidan buena parte de los resortes del Ego. De ahí que sea normal que el Evangelio de San Juan empiece con el Bautismo de Cristo (que tiene que ver con el “santuario de la cabeza” y sitúe a su autor en el regazo de Cristo en la Última Cena, es decir, en el “santuario del corazón”.

Como se sabe, Cristo nació en una de las dos puertas solsticiales, en la noche del 24 al 25 de diciembre. Estas “puertas” tienen un simbolismo solar evidente[xxviii]. De hecho, Cristo es llamado en ciertas celebraciones litúrgicas como “Sol de Justicia”. La fiesta navideña ha conservado el símbolo del “Árbol de la Vida” en los abetos navideños (con forma de flecha que apunta hacia el cielo, esto es, a la trascendencia).

Resulta imprescindible realizar una breve referencia al “Árbol Sefirótico”. De hecho, el Árbol de la Vida y el Árbol del Bien y del Mal suponen un desdoblamiento bíblico del Árbol Sefirótico propio de la tradición hebrea. Desde este punto de vista tradicional, el Árbol Sefirótico está formado por un lado izquierdo y derecho que corresponden al Árbol del Bien y del Mal, y por una columna central que corresponde al Árbol de la Vida. Resulta significativo que en la descripción que se realiza del nacimiento de Cristo, el Niño esté situado en el centro, mientras que existe una simetría entre el buey y el asno, esto es entre el bien y el mal. Esto simboliza que “aquel que recibe la Luz Crística está más allá del dualismo del Árbol de la Ciencia, alimentándose espiritualmente, sólo del Pan Viviente que viene de la “columna del medio”[xxix]. Así mismo, es significativo, que mientras que, también en los laterales de la escena, se sitúan los adultos –María y José- en el centro se encuentra el recién nacido. De ahí también que se haya comparado a Cristo como el “grano de mostaza, el más pequeño entre los granos, llamado a crecer para transformarse en un bello árbol”[xxx].

Cristo nació en una caverna y, al morir, su cuerpo fue depositado en otra, existe un claro paralelismo entre su nacimiento y muerte. Pero murió en una montaña. El símbolo de la montaña es el triángulo con un vértice hacia arriba, mientras que la caverna tiene como símbolo el triángulo invertido con el vértice hacia abajo[xxxi]. Ambas figuras componen la estrella de seis puntas, conocida también en la magia renacentista como “la corona del mago” en la que la suma de sus vértices nos da la totalidad de los aspectos del cosmos, representados por los arcanos mayores del Tarot (1+2+3+4+5+6=21).

Pero el triángulo invertido evoca la forma del corazón. El nacer de Cristo en la cueva es el símbolo de la activación del “corazón espiritual”. Por eso Pablo sentencia que es preciso “revestirse de Jesucristo”. Pero también en el Apocalipsis, Juan escribe: “Y al que venciere le daré la estrella de la mañana”[xxxii], esta estrella se representa como una estrella de cinco puntas. En hebreo, como hemos visto, la palabra corazón se dice Leb y su valor numérico es 5[xxxiii]

Ahora bien, según el Zohar, la Rosa se representa con “cinco pétalos fuertes”[xxxiv]. De ahí que los antiguos “rosa cruces” tuvieran  como símbolo un pentagrama inscrito en el Sol, pues no en vano “el corazón espiritual es el centro del ser verdadero, como el sol es el centro de nuestro sistema solar”[xxxv]. De hecho, en hebreo, corazón se llama “leb” y en caldeo sol es “bel”[xxxvi].

Existe un viejo cuadrado mágico en el que la cifra central es 5, y tiene en los vértices números pares (4, 2, 8 y 6) y en las casillas centrales las impares (9, 7, 1 y 3):

8

3

4

1

5

9

6

7

2

 

Existe una conocida representación del Sagrado Corazón que nos lo muestra rodeado de llamas y rayos alternadamente. Los rayos solares se relacionan con el aspecto Luz y las llamas, obviamente, con el aspecto Fuego[xxxvii]. En la síntesis humana, para la activación del “corazón espiritual” es preciso arrancar del elemento fuego que tanto los místicos como los poetas han situado en el corazón físico, situado a la izquierda, sede del ser emocional.

Para realizar esta purificación es preciso apelar a la doble potencia del “corazón espiritual” expresado por los ocho rayos alternativamente irradiantes y llameantes que lo forman y que encuentran su origen en el cuadrado mágico de grado 3 que hemos visto. Mientras el 5 central es, tanto el símbolo del Sol como el del “corazón espiritual”, los números pares son la alusión al poder destructor del Fuego y los impares al poder iluminador de la Luz. No en vano el ocho es el número que sigue a la serie agotada precedentemente (días de la semana, planetas mitológicos) y corresponde a la letra eta del alfabeto griego y a la letra heth del alfabeto hebreo. Ahora bien, estas letras “tienen el sentido ontológico de muerte, sobre la cual se reconstruye, y de resurrección[xxxviii].

El símbolo del nacimiento de Cristo es entendido por la “rosa cruz” como inicio del despertar espiritual y de la construcción del Hombre Nuevo. En este contexto, el Ego ya no puede actuar, es preciso que aparezca un principio completamente nuevo sobre el que se base tal despertar. La gnosis cristiana llamaba a este principio “la Gracia”, una influencia espiritual trasmitida por iniciación de unos a otros adeptos. Se trata de una fuerza superior a lo humano -¿cómo podría superarse la condición humana con solo las propias fuerzas humanas?- que atenúa progresivamente la influencia del Árbol del Bien y del Mal y nos sitúa en el costado del Árbol de la Vida, cuyo “rocío”, según la Rosa Cruz Originaria, debemos “beber” para que la Luz penetre en nosotros[xxxix]. Quienes han recibido esta iniciación forman la verdadera Ekklesia, es decir, “la Asamblea de los que han sido puertos aparte” (esto es, retirados de los influjos del Árbol dualista).

La activación del “corazón espiritual”, como hemos dicho, purifica el “santuario del corazón”; Fr. A. Arakilah explica: “el ego va desistiendo de lograr lo imposible; esta forzado al silencio por un deseo nuevo: el del Hombre Originario que aspira a irradiar en su templo (...). entonces, una doble potencia emana de nuestro corazón espiritual. La primera de estas potencias corresponde al corazón radiante, a la Luz y a los rayos rectos del sol hermético. Esta potencia es análoga a la radiación infra-roja de nuestro sol físico, tendiendo a edificar y construir vida. En cuando a la segunda potencia, está relacionado con el corazón llameante, el calor y los rayos ondulados del corazón hermético. Semejante a los rayos ultra-violetas de nuestro sol, esta potencia tiende a destruir la vida”[xl]. Pues bien, este concepto se sitúa en el centro de toda la enseñanza “rosa cruz” y creemos que vale la pena ampliarlo, pues, no en vano es, el “germen de la inmortalidad”.

Existen tres formas de activar el “corazón espiritual”. O bien puede ser producida “por el contacto que el aura espiritual de la Fraternidad Crística[xli], establece con el discípulo”, bien por la práctica de la llamada “oración del corazón” (lab-ora, de lab, corazón, de donde deriva la palabra Lab-oratorio, el lugar alegórico en el que los alquimistas realizaban sus transmutaciones metálicas) o bien mediante una transmisión de maestro a discípulo. En esta última forma encuentra justificación la existencia de una “escuela rosa cruz”, cuya única función sería procurar que el discípulo “despierte”. Y, por esto mismo, se entiende también que para que exista una transmisión de la experiencia “rosa cruz”, no es preciso que exista una organización cristalizada, sino que basta con la existencia de “linajes iniciáticos”.

Ningún “verdadero rosa cruz” hablaría de que está poseído por la misión de “enseñar” la vía[xlii]; la doctrina “rosa cruz” no se enseña: toda enseñanza va dirigida al cerebro y a la racionalidad y, es imprescindible, que ésta sea mantenida a parte: la relación de un “rosa cruz” con su discípulo será similar a la de un maestro Zen con su alumno: mediante koans intentará que se produzca en él una iluminación brusca, una comprensión radical de la vía. Por eso mismo, los textos “rosa cruces” originarios son inexistentes y, solamente, a partir de Andreae puede hablarse de una literatura específicamente “rosa cruz”. Nunca un “verdadero rosa cruz” enseñará un saber erudito y enciclopédico, ni le instará a desarrollar “poderes psíquicos”, ni mucho menos le llenará la cabeza con nociones humanistas y sensibleras (el “amor universal”, el “cultivo del bien”, etc.). Con este tipo de “enseñanzas” se pueden obtener, como máximo, individuos con cultura ocultista enciclopédica que lo saben todo del último mago del pasado, pero nada sobre sí mismos, personas cuya bondad les sitúa en lo que Nietzsche consideraba “humano, demasiado humano”, o “paragnostas” capaces de mover un pequeño objeto con su sola fuerza mental... algo que podrían hacer igualmente extendiendo un brazo. El discípulo debe tener una predisposición interior para reconocer al maestro y éste debe de haber experimentado previamente el camino que el discípulo puede recorrer con su solo esfuerzo[xliii]. Por otra parte, sólo cuando el discípulo está preparado para encontrar un maestro, éste aparece. No es la búsqueda ansiosa de un maestro, sino la predisposición interior para aprovechar sus enseñanzas, lo que hace que posible el encuentro y la transmisión[xliv].

Fr.A. Arakila termina la segunda parte de su obra, expresando con un lenguaje moderno, lo que los “rosa cruces” de antaño expresaban con un lenguaje más velado: “La doble fuerza del sol espiritual se experimenta como una potencia atractiva en su aspecto infra-rojo y como fuerza repulsiva en su aspecto ultra-violeta. La acción infra-roja opera en el discípulo bajo la forma de una inquietud, de un llamamiento fuertísimo, implicando una adhesión completa al costado derecho; siendo el primer aspecto de la Fe. En cuanto a la acción ultra-violeta, ataca y destruye la vida egótica. Este es el segundo aspecto de la Fe. Cuando la doble acción del corazón espiritual se efectúa en armonía, la expansión del cuerpo glorioso no encuentra ninguna resistencia. Pero cuando el candidato a la iniciación crística reacciona positivamente a los rayos infra-rojos y no acepta abrirse a los ultra-violetas, numerosas dificultades pueden surgir y quizás penetrar en los acontecimientos dolorosos de la vida cotidiana (...). Es necesario recordar que el ultra-violeta es la fuerza disolvente del Divino, purificando los tres santuarios del cuerpo de toda presencia egótica. El Ego debe ser implacablemente destruido por esta emanación del Fuego Divino”.

A este proceso se la ha dado distintos nombres en la historia del esoterismo: es la “muerte iniciática”, el “descenso de Orfeo a los infiernos”, es el ritual de la “endura” cátara[xlv]. Recuerdo la impresión que me produjo cuando me preguntaron por qué deseaba entrar en una desconocida fraternidad “rosa cruz”. Respondí que “por que intentaba mejorar”. Fue entonces cuando me respondieron: “aquí no se viene a mejorar al ego, sino a destruirlo”. En ese momento, entendí cuál era la vía de la “rosa cruz”. Y la cuestión siguiente era: “¿estás dispuesto a sacrificar tu ego?”. Y no se trataba de una alegoría. Realmente, el ego no tiene lugar en el camino de la verdadera espiritualidad[xlvi].

¿...Y después? Más allá del Ego

El adepto ha logrado despertar su “átomo crítico”, su “corazón espiritual”, ha aceptado la necesidad de la muerte de su Ego. Ahora es todo su ser el que va a sufrir una transmutación. Los Evangelios dan inexplicables detalles sobre la vida de Juan Evangelista. Dicen, por ejemplo, que vive en el “desierto”, que está revestido con una túnica de piel de “camello”[xlvii], similar a la ropa, tosca y vulgar, con la que se revistieron Adán y Eva, cuando fueron expulsados del Paraíso[xlviii], o la túnica de piel con la que Esaú se revistió[xlix]. El símbolo del “desierto” es tomado como lugar de exilio. El Evangelio de San Juan reconoce la grandeza de Juan Bautista: está dispuesto a seguir el camino iniciático, pero sigue siendo “humano, demasiado humano”, por eso se dice en San Mateo: “En verdad os digo que entre los nacidos de mujer no ha aparecido uno más grande que Juan el Bautista. Pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él”[l].

El “rosa cruz”, en el fondo, se siente exiliado en este mundo, está en este mundo, pero no es de este mundo. Siente nostalgia de su estado originario, es consciente de que su naturaleza presente no puede reintegrarse en el estado perdido con el episodio de la caída edénica y que debe renunciar a ella. Por eso habla de “muerte iniciática” que preludie el advenimiento del “hombre nuevo”.

Ahora bien, a diferencia del cátaro o de algunas sectas cristianas primitivas, ese rechazo a su naturaleza material y esa nostalgia, no se traducen en un odio hacia la condición humana. En el fondo, esa condición humana, es el punto de apoyo para –con ayuda del impulso iniciático recibido- superarla[li].

Las alusiones que encontramos en el Evangelio y en la literatura “rosa cruz” sobre lo que implicará esta renovación integral del ser, sin múltiples y significativas. Se habla, por ejemplo, en el episodio de la Transfiguración de que “sus vestidos se volvieron blancos como la luz”[lii]. En otro episodio bíblico se explica como obtuvo Jacob la bendición de su padre: “Se acercó y le besó; y en cuanto olió la fragancia de sus vestidos, le bendijo: ¡Oh, es el olor de mi hijo como el olor de un campo al que ha bendecido Yaveh!”[liii]. Esta idea de la transmutación de los vestidos, de cambiar un tejido tosco, de piel, peludo, por un vestido hecho de “luz”, que exhala fragancias, el “vestido de bodas”, que forma el “cuerpo de gloria”, es central en toda la literatura “rosa cruz”. Define en términos simbólicos para quien no ha experimentado ese estado, pero extremadamente precisos para aquel que lo ha atravesado, la transformación que sufre el adepto cuando ha conseguido reavivar el “átomo crístico”. Juan Bautista sigue siendo el símbolo del “hombre viejo” que acepta su muerte iniciática, aspira a la “metanoia” (el cambio radical de conciencia).

Tras el despertar del “Cristo Íntimo” sigue la formación del “cuerpo glorioso” o del “vestido de Luz”, esto es, el renacimiento del Hombre Nuevo (el hombre originario, el estado edénico anterior a la Caída).

El rechazo a los “poderes”

Tanto en la “Fama” como en la “Confessio”, llama la atención constatar la hostilidad deparada hacia los “pretendidos alquimistas”. Así, por ejemplo, en la “Confessio” se dice: “Al término de nuestra confesión, deseamos recordar diligentemente que conviene proscribir la mayoría, si no todas, las obras de los falsos alquimistas que, por gusto, pasan el tiempo en abusar inútilmente de la santa y gloriosa Trinidad, en engañar al público con figuras rocambolescas y propósitos oscuros y ocultos, esquilmando el dinero de los simples. Nuestro tiempo conoce una proliferación de libros de esta clase. El enemigo del bien del hombre los mezcla al buen grano con la esperanza de menguar el crédito de la verdad. La verdad es neta, simple y desnuda; la mentira por el contrario es fastuosa, imponente, majestuosa, rodeada con la rara aureola que prestan la sabiduría divina y la sabiduría humana. ¡Hombres sutiles! Evitad y huid de estas obras; volveos hacia nosotros que no queremos en absoluto vuestro dinero y que, por el contrario, os ofrecemos graciosamente nuestros grandes tesoros. Nosotros no corremos tras vuestros bienes inventando tinturas de charlatán, deseamos haceros participar de los nuestros. No os hablamos por adagios, queremos iniciaros en una interpretación, en una explicación, en una ciencia de los secretos que sea clara, simple, absolutamente comprensible. No buscamos vuestra acogida, vuestra hospitalidad, os invitamos a nuestras casas que son más que hoteles y palacios del rey. Sabed que no actuamos según nuestro capricho; quien nos incita y nos exhorta a ello es el espíritu divino, y así lo ha dispuesto nuestro padre bienamado en el testamento inviolable que nos ha dejado, obligándonos a ello las condiciones y las intenciones del siglo”[liv]. Y más adelante, se insiste en este orden de ideas: “En cuanto a los presuntuosos, a los que ciega el brillo del oro, o más bien que pese a su presente piedad corren el riesgo de verse fácilmente corrompidos por la atribución imprevista de tantos bienes, y de ser incitados a hundirse en la ociosidad y a lanzarse a una vida lujuriosa y de excesos, les rogamos que no turben con su barahúnda intempestiva nuestra calma recogida y espiritual”[lv]. Y, finalmente, en el Capítulo I de la “Fama Fratternitatis”, su autor dejó escrito: “Hoy no faltan en Alemania los hombres de ciencia: magos, cabalistas, médicos y filósofos. ¡Dios quiera que deseen actuar por amor al prójimo y que la gran mayoría no desee acapararlo todo para sí!”[lvi].

Todas estas alusiones son significativas y establecen la diferencia entre el esoterismo tradicional y el ocultismo contemporáneo. O, lo que es lo mismo, la diferencia entre lo que los “rosa cruces” llamaban la “verdadera espiritualidad” y lo que hoy se ha llamado la “seudo-espiritualidad” o el “espiritualismo contemporáneo”[lvii].

La búsqueda de los llamados "estados alterados de conciencia" se ha convertido en una constante de buena parte de los movimientos neo-espiritualistas surgidos desde finales del siglo XIX y principios del XX. La cuestión radica en si tales "estados" evidencian algo más profundo que modificaciones del psiquismo a los que puede llegarse mediante técnicas muy simples (hiperventilación, alteración de la química del cerebro, etc.) que nada tienen que ver con la verdadera espiritualidad, o si, por el contrario, conducen a la experiencia mística y al conocimiento del eje central de nuestro ser. Tanto en estados alterados de conciencia como en la experiencia mística, el sujeto sufre una ruptura con el nivel de conciencia ordinario. Ambas experiencias son, en su fenomenología, relativamente similares; la principal diferencia estriba en la vía que conduce a cada una de ellas. Los estados alterados pueden experimentarse con cierta facilidad dentro de un sinnúmero de sectas, grupos religiosos, o bien, aisladamente; se trata siempre de estados inducidos por algún elemento alógeno, exterior al sujeto: frecuentemente a través de una reacción bioquímica sobre la sangre, obtenida a través de sustancias que libere neurotransmisores, o bien mediante una saturación o sobrecarga de los sentidos físicos (bailes frenéticos y ruido sincopado, principalmente, propios de los ritos vudú).

La experiencia mística, por el contrario, es autógena. No le viene injertada al sujeto desde fuera de su organismo, sino que es el propio sujeto quien la controla, en lugar de ser controlado por ella. Alguien que consuma drogas difícilmente podrá alcanzar el estado de arrobamiento producido por el cannabis o la sensación de distorsión de la realidad objetiva del LSD, cuando no disponga de tales substancias; sin embargo al místico y al asceta, le bastará con una decisión de su voluntad para entrar en un estado de completo abandono y unión con lo trascendente.

La duda surge cuando, desde distintos sectores de la "New Age", portaestandarte del neo-espiritualismo contemporáneo, se proponen "técnicas de control mental" en las que, al no haber intervención exterior, parece que se permanece en un terreno próximo a la mística. Sin embargo, también aquí se permanece alejado de la verdadera espiritualidad. Otro factor que entra en juego...

La divisoria entre verdadera y falsa espiritualidad puede establecerse a partir del análisis sobre el papel del Ego. Todas las escuelas místicas coinciden en una terrible apreciación: el Ego no tiene entrada en la verdadera espiritualidad; añaden que la existencia del Ego sustrae al hombre la posibilidad de una experiencia trascendente y de comunión con lo Absoluto. Así pues, el Ego debe morir allí donde se quiere afrontar la experiencia mística. Toda iniciación mistérica, desde la más remota antigüedad, implica un proceso dialéctico de muerte del "hombre viejo" (del Ego) y renacimiento del "hombre nuevo".

Por el contrario, el neo-espiritualismo derivado de movimientos ocultistas nacidos a mediados del siglo XIX, pretende lo opuesto: crecimiento del “hombre viejo”. No es raro que se aluda al "crecimiento personal" (esto es, crecimiento del Ego) o se intenten satisfacer las necesidades de emociones fuertes de los adeptos mediante unas teorías sumamente confusas de las que los libros de Helena Petrovna Blavatsky y de quienes la han seguido (desde Anni Besant hasta Alice Ann Bailey) son paradigma, o bien mediante experiencias inducidas por auto-hipnosis (a lo que muy frecuentemente se reduce el "desdoblamiento astral").

Es curioso que muchos textos tradicionales que describen la experiencia mística y el camino para alcanzarla, insistan en la necesidad de "ignorancia" por parte del sujeto. Recuérdese el título de aquel texto clásico inglés del siglo XIV, "La nube del no-saber", o los consejos de Cristo llamando a la simplicidad y sencillez de quienes le seguían (que no tendrían entrada en el reino de los Cielos de no ser como niños). Así mismo los textos del Buda o la "Imitación de Cristo" son extremadamente sencillos en su comprensión, carecen por completo de sofisticaciones y se diría que están reducidos al núcleo de lo que es meramente esencial. Por el contrario, los textos ocultistas suelen ser espesos, repletos de divagaciones, en ocasiones de contradicciones, abundan en datos inútiles que no sirven en absoluto para potenciar ninguna experiencia interior, sino solamente para satisfacer una fatua necesidad de saber más que los demás, esto es, de engorde del Ego. Muy poca importancia puede tener para un teósofo el conocer la -por lo demás muy discutible- "teoría de las razas matrices" de la señora Blavatsky o la estructura -todavía más discutible- de los "cuerpos superiores" de la persona, en la que deberá creer como mero acto de fe.

Si, allí donde existe Ego no existe espiritualidad, deberemos aceptar que todo lo que "engorda" el Ego -incluso la erudición- arrincona la espiritualidad. Los grandes metafísicos de la Edad Media condenaban con singular dureza lo que llamaban "orgullo intelectual" de algunos de sus contemporáneos, condena que puede inscribirse en este contexto.

Llegado a este punto resulta evidente que buena parte del ocultismo contemporáneo, algunas formas de religiosidad y buena parte de los movimientos vinculados a la "New Age", sufren una confusión entre los "psíquico" y lo "espiritual". La primera muestra de esta confusión procede del espiritismo. Los discípulos de Allan Kardec han llegado a considerar los fenómenos que suceden en sus sesiones como manifestaciones de entidades superiores y trascendentes, cuando en realidad pertenecen a un nivel mucho más bajo. Lo psíquico es el soporte inmaterial de la personalidad; al producirse la muerte, con la desaparición del soporte físico, la energía mental queda liberada y sufre el mismo destino que las brasas de una hoguera, que se mantienen al rojo tiempo después de que la llama se haya extinguido, extinguiéndose, a su vez, en un período más o menos breve. Pues bien, en el mejor de los casos, los espiritistas entran en contacto con este tipo de entidades.

En cuanto a los "poderes psíquicos" (clarividencia, precognición, telekinesia, etc.) tampoco son muestras de verdadera espiritualidad sino consecuencia directa del conocimiento de ciertas leyes de la naturaleza y, consiguientemente, de la manipulación y el aprovechamiento de fuerzas sutiles que actúan en ella. Pertenecen más al terreno de la magia que al de la espiritualidad.

Lo espiritual pertenece a un nivel diferente. Los "poderes" obtenidos son consecuencia de sus prácticas, en absoluto el objetivo principal que persigue el sujeto. La verdadera espiritualidad no busca la obtención de poderes, sino la extinción del Ego y la unión con lo Absoluto. La técnica fundamental que utiliza es la práctica de la meditación es decir el logro del vacío mental mediante el no-hacer. A esto se unen visualizaciones y técnicas de evocación e inhibición del Ego (repetición de mantras, contemplación de formas geométricas o yantras, adopción de posturas rituales, mudras).

Toda técnica espiritual se propone hacer vivir al sujeto el aquí y el ahora, lograr que fije y serene su conciencia en el momento presente. El zen es probablemente la doctrina que más lejos ha llegado en esta dirección ritualizando cualquier tipo de actividad cotidiana: existe una forma zen de andar, hacer el amor, trabajar, combatir, tirar con arco, realizar arreglos florales, etc. La serenidad interior y la fijación en actividades cotidianas hace que la mente dispersa y contradictoria se unifique, ahorre energía, se estabilice, gracias a lo cual afloran estratos más profundos del Ser...

La verdadera espiritualidad no busca otra cosa que decir con el Buda: "¿Que es lo que he ganado con años de meditación? No he ganado nada, lo he perdido todo". Puede entenderse así por qué los textos clásicos del misticismo recomiendan estar en guardia, velar, permanecer vigilantes ante las trampas del Ego: desde este punto de vista vale la pena ser conscientes de que un estado alterado de conciencia puede constituir una trampa, algo inducido a través de trucos y tan simple de alcanzar como un buen sueño si se dan todas las circunstancias requeridas; pero eso, con todo lo que puede tener de novedoso y sorprendente para el sujeto sumergido en la conciencia ordinaria, está tan alejado de la espiritualidad como el Caos.

Cuando la verdadera espiritualidad declina, entonces aparece, a modo de caricatura, lo que Spengler llamó "segunda religiosidad" y es entonces cuando se imponen las supersticiones. El ciclo de la falsa espiritualidad, en definitiva, el de la superstición.

Fr.A. Arakilah, recupera las argumentaciones de la “Fama” y la “Confessio” en su exposición. Explica: “La sed de poder da hoy día al ocultismo, un crédito particularmente elevado”. Desde la antigüedad aparecieron personas y sectas que aprendieron a controlar y dominar las leyes de la naturaleza sutil y se dedicaron al cultivo de la magia, no como un medio para alcanzar un fin de conocimiento del mundo sutil –tal como habían hecho los magos renacentistas- sino en beneficio propio. Esta tendencia se ha generalizado en nuestros días y el neo-espiritualismo contemporáneo, los movimientos terapéuticos de sanación, newagers, aspiran solamente a dar “seguridades” al ser humano, esto es, hablan al Ego, generan un “engorde” progresivo del Ego. Afirman que es preciso “crear buen karma” y evitar el “karma negativo” y se sitúan, mucho más en un plano moralista y ético –en el mejor de los casos- que en un plano espiritual y, mucho menos, “rosa cruz”[lviii]. En el fondo, el concepto “karma” está completamente ausente de la doctrina “rosa cruz”. Dentro de los parámetros en los que se mueve esta doctrina, el “karma” no sería más que una muestra del Ego, y un verdadero “rosa cruz” cuando se le formulara la pregunta de “¿qué hacemos con el karma?”, respondería: “karma bueno, karma malo, lo importante es que desaparezca”. O dicho con las palabras del propio Fr.A. Arakilah: “Al pájaro de la jaula no le importa saber si los barrotes de su jaula están hechos de oro o de plomo, sino que todo lo que busca es la libertad (...) el comportamiento ético y moral ayuda ciertamente a la aparición del comportamiento espiritual; pues lo espiritual está por encima de la moralidad. Sin embargo, el gran error de nuestra humanidad es la de considerar que los actos del “viejo hombre”, su humanitarismo, su altruismo, es lo mejor que se puede hacer en materia de espiritualidad. Pero, en verdad, sólo existe espiritualidad verdadera a un nivel estrictamente Divino; de modo que la iniciación nunca será alcanzada si el “viejo hombre” persiste en creer el valor de sus actos, atribuyéndoles una calidad espiritual que en realidad no tienen”[lix].

El proyecto de reforma político-social RC

Creemos que con estas nociones hemos penetrado en el núcleo central del pensamiento de la Rosa Cruz Originaria. Estas nociones, bastante simples por lo demás, nos serán imprescindibles en el capítulo siguiente, a la hora de describir las “prácticas rosa cruces”. Quedaría solamente por hablar de lo que podríamos llamar “proyecto material” de la orden. En efecto, al igual que los templarios propusieron una reforma de Occidente y se mostraron, desde San Bernardo, partidarios del “doble poder” -es decir, de reconocer en el Imperio un poder espiritual y material- cuando intentaron reorganizar la sociedad europea posterior al primer milenio, y luego, cuando los “Fieles de Amor”, se convirtieron en una milicia gibelina, descaradamente partidaria del Imperio y opuesta a las aspiraciones del Papado; cuando los magos renacentistas aspiraban a llevar el orden cósmico que percibían en la danza regular y ordenada de las estrellas a éste mundo; así mismo, los “rosa cruces” que afloraron a principios del siglo XVII tenían también un “proyecto político”.

El movimiento “rosa cruz” de esa época estaba literalmente horrorizado por la Guerra de los Treinta Años y por sus consecuencias. Ya hemos dicho que, al concluir el conflicto, con la Paz de Westfalia, los “verdaderos rosa cruces” abandonaron la escena. El propio Andreae, después de formar parte de los círculos luteranos, rectifica y da marcha atrás, percibe el error en el que han caído: “la aversión rosacruciana hacia la Iglesia Católica, determina uno de los más grandes equívocos y una de las más peligrosas desviaciones, la misma desviación que llevó a los príncipes teutónicos a traicionar la sagrada idea del Imperio en el punto mismo en que se emanciparon luteranamente de Roma”[lx].

El proyecto de reforma “rosa cruz” –que efectivamente existió- incorporaba elementos que estaban ya presentes en los movimientos que les habían precedido. Ciertamente, Andreae y la “rosa cruz” que emergió en el siglo XVII, habían optado por el luteranismo, pero, esta opción no era unánime. Formulaban una crítica al “los blasfemos de Oriente y Occidente”, aludiendo con ellos a islámicos y católicos. No ocultaban su intención de “pulverizar la triple diadema del Papa”, reivindicando para sí mismos una superior autoridad espiritual. Aludían, así mismo, a que su jefe era un “Imperator” y anunciaban que Europa estaba preñada y había de parir un poderoso hijo; además, hablaban de un “Imperator Romano, Señor del Cuarto Imperio”[lxi].

Tanto en la “Fama” como en la “Confessio” y, particularmente, en un texto poco conocido “Allgemeine Reformation der gantzen weiten Welt”, se desprende la idea de que los “rosa cruces” del siglo XVII tenían la sensación de que el fin del mundo se aproximaba y que a ellos les cabía la misión de llevar a cabo un restablecimiento general del Orden. En la “Confessio” pueden leerse estas dos referencias escatológicas: “Ciertamente Dios ha decidido de manera expresa conceder y otorgar una última vez más al mundo, cuyo fin sobrevendrá en breve, una verdad, una luz, una vida y una magnificencia parecidas a la que perdió y despilfarró en el Paraíso Adán, el primer hombre, arrastrando a sus descendientes a la miseria de la repudiación y el exilio” y “Actualmente, el mundo está a punto de alcanzar su estado de reposo antes de caminar con premura hacia un nuevo amanecer una vez acabado su período y su ciclo. Jehová, nuestro Señor, es quien invierte el curso de natura”[lxii]. El proyecto “rosa cruz” tiene mucho que ver con esta sensación escatológica de “última oportunidad” y “fin del mundo”. Las “tribulaciones” apocalípticas solamente podrán evitarse remodelando el “la Tierra” en función del “Reino de los Cielos”.

Cuando Andreae y sus compañeros describen en la “Fama” la sede de la “rosa cruz” y de su Emperador aluden a ella como la “ciudadela solar”, la “montaña en el centro del mundo”, a la vez “lejana y cercana”, el “Palacio del Espíritu en el fin del mundo, en la cumbre de una alta montaña, rodeado de nubes”, las mismas palabras utilizadas en los relatos del Grial para describir Montsalvatsche, el Castillo del Grial. En la “Lettre de F.G. Menapius 15 juilliet 1617”, se completan estas ideas: “Los Rosacruz viven en un castillo construido sobre roca, circuido, en su parte alta, por nubes y en su parte baja, por las aguas y en cuyo centro hay un cetro de oro y una fuente de la que mana Agua de Vida”[lxiii]. Y en otro texto alemán de la época se explicita: “En medio del mundo se yergue un monte lejano y cercano (...) El camino que conduce al mismo puede encontrarse sólo con el propio trabajo”[lxiv].

El tema de la restauración del Rey legítimo es fundamental en esta literatura. Cuando en “Las Bodas Químicas de Christian Resenkreutz” se describen en siete jornadas, los siete grados iniciáticos, en el último son consagrados los “Caballeros de la Piedra de Oro” (eques aurei lapidis). Se describe un viaje hasta la residencia del Rey “perdido”. Y dice Andreae: “Muchos quedan sorprendidos de que haya resucitado, pues están persuadidos de que les correspondía a ellos despertarlo”. Y Evola, comentando este fragmento, dice: “Tenemos aquí una alusión a la idea de que el principio de la realeza, en su esencia metafísica, existe siempre y no se ha de confundir con una mera creación humana ni con la acción de quien puede propiciarse una manifestación de la misma en la historia”[lxv]. Rosenkreutz, junto al rey resucitado, lleva, finalmente, la misma insignea que los templarios y la nave de Parsifal: un estandarte blanco, con una cruz roja. Entonces, los “Caballeros de la Piedra de Oro”, juran fidelidad al rey ¡utilizando la fórmula templaria! “Nada para nosotros, Señor, sino para mayor gloria de su santo nombre”[lxvi].

Lo que podemos llamar el “proyecto de la Rosa Cruz Originaria”, revalidaba el proyecto templario, basado en los siguientes puntos:

1) reconocimiento de la primacía del Imperio sobre el Papado.

2) consideración del Rey o Imperator como detentador del doble poder, espiritual y material.

3) establecimiento del “Cuarto Imperio” (tras el romano, el carolingio y el germánico) como expresión de la idea de Orden.

4) impulso a una sociedad jerarquizada en función de la única jerarquía asumible por ellos: la “jerarquía espiritual”.

Pero la Guerra de los Treinta Años y la Paz de Westfalia impidieron que este proyecto pudiera concretarse. Cuando aparecen los dos manifiestos “rosa cruces” en París, el de Frankfurt, la “Confessio”, la “Fama”, las “Bodas Químicas” y la “Allgemeine Reformation”, la sociedad tiene otras cosas en qué preocuparse. En sobrevivir, por ejemplo. Así pues, los rosacrucianos sacaron de su experimento una respuesta negativa, lo cual los indujo “a partir hacia la India”.

El “Árbol Seco”, de la Leyenda Áurea, seguiría seco; muerto no, pero si seco. No existía, a partir de la Paz de Westfalia, nadie –ni persona, ni organización- dotado de una verdadera fuerza espiritual, capaz de recuperar la antorcha del viejo proyecto templario. La vieja Leyenda Áurea no tuvo una conclusión favorable: el “Árbol Seco” permanecería seco por que ningún “Imperator” llegado de Occidente y conquistando por la espada la Ciudad Santa, cantaría misa bajo sus ramas.


(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es  http://infokrisis.blogia.com

Notas a pie de página:


[i] “Nosotros mismos nos hemos limitado a recoger la Antorcha de nuestro dulce y bienaventurado Maestro”. “La Gnosis de San Juan”, Fr. A. Arakilah, ejemplar fotocopiado, colección personal, sin más referencias, pág. 9.

[ii] A este respecto existen una serie de obras muy accesibles y recomendables en las que el lector encontrará referencias a los distintos grupos rosacrucianos hoy existentes. Citamos sólo a título de ejemplo: “Escuelas Esotéricas de Occidente”, Mariano Vázquez Alonso, Ediciones 29, Madrid 1994, especialmente el Capítulo II, titulado “Escuelas Tradicionales”, págs. 105-223. Entre otros grupos se habla con detalle del Lectorium Rosicrucianum (pág, 105-118), la Fraternidad Rosacruz (pág. 151-166) y AMORC (págs. 167-178). Otra obra, así mismo, esclarecedora es el texto “Los maestros espirituales contemporáneos”, Patrick Ravignant, Editorial Plaza & Janés, Barcelona 1978. En dicha obra se trata de los personajes más influyentes del ocultismo occidental, algunos de los cuales ya hemos mencionado en el contexto de esta obra sobre el movimiento “rosa cruz”, en tanto que precedentes de lo que hemos llamado “rosacrucianismo contemporáneo”. De este se habla en la parte final: sobre Josephin Peladan y la Rosacruz (págs. 285-288), Max Heindel (pág. 288-291) y Spencer Lewis (págs. 292-294).

[iii] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 9.

[iv] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág 11. Alude a la obra de Paul Le Cour, “L’Evangele ésoterique de Saint Jean”, Dervy-Livres, 1980.

[v] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 12.

[vi] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., págs. 14-16.

[vii] “Así que todo lo que emana del lado izquierdo, es una mezcla de bien y de mal”, Zohar I, 18ª. Sobre el simbolismo de la derecha e izquierda, véase también la exégesis zohárica de la separación de las aguas, Zohar I, 17ª.

[viii] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 21.

[ix] “La Gnosis de san Juan”, op.cit., pág. 21.

[x] Andreae  en el Capítulo IV de su “Fama” escribe: “¿Será preciso que retrocedan y cesen todo el servilismo y falsedad, toda la mentira y tiniebla que subrepticiamente se han infiltrado en todas las artes, en todas las obras, en todos los imperios humanos, para desarreglar la gran esfera de este mundo y concurrir a su oscurecimiento casi total?”

[xi] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág 22.

[xii] Esta idea de la necesaria destrucción del Ego está presente en corrientes muy diversas, desde el Budismo y su rama Zen, hasta en algunas corrientes del ocultismo contemporáneo, como por ejemplo, en la doctrina del “cuarto camino” de Georges Ivanovich Gurdjieff. Véase a este respecto tres obras fundamentales: “Gurdjieff”, Louis Pauwels, Editorial Edicial, Buenos Aires 1990, “G.I. Gurdjieff y la guerra contra el sueño”, Colin Wilson, Editorial Urano, Barcelona 1984 y “Gurdjieff” Christian Bouchet, Editorial Pardes, Puiseaux, Francia 2001.

[xiii] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 24.

[xiv] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 26.

[xv] Epístola de San Pablo a los Gálatas, II: 20.

[xvi] Por eso en el Evangelio de San Juan (I: 15) el Bautista pronuncia una frase críptica: “El que viene detrás de mi, ha sido antepuesto a mí, porque era primero que yo”, imposible de interpretar en otra clave diferente a la “rosa cruz”. Y el propio Jesús dice en el Evangelio de San Juan (I: 26): “en medio de vosotros está el Uno (el “Cristo íntimo”) que no conocéis; el que viene después de mi (el “hombre viejo”)”. [citado en “La Gnosis de san Juan”, op.cit., pág. 69]. La “actitud juanista”, en ese momento es de humildad y renuncia, reconocimiento de sus limitaciones y de su pequeñez: “No soy digno de desatar la correa de su sandalia” (Evangelio de San Juan, I: 27).

[xvii] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 28.

[xviii] Evangelio de San Juan, III: 9.

[xix] Evangelio de San Mateo, I: 23.

[xx] El procedimiento khabalístico consiste en sumar las letras del nombre y encontrar su valor numérico, entendiendo naturalmente que se asigna a cada letra hebrea un número. Así pues “Emmanuel” es Ayín (70) + mem (40) + nun (50) + vav (6) + alef (1) + lamed (30), en total 197, mientras que “El Elión” es Alef (1) + lamed (30) + ayín (70) + lamed (30) + iod (10) + vav (6) + nun (50), en total 197.

[xxi] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 31.

[xxii] Evangelio de San Juan, I:5, citado en “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 34.

[xxiii] II Epístola de San Pablo a los Corintios, IV: 6-7.

[xxiv] I Epístola de San Pablo a los Corintios, I, V: 17.

[xxv] Evangelio de San Juan, I: 5 y I: 10.

[xxvi] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 35.

[xxvii] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág 41.

[xxviii] A este respecto vale la pena leer el artículo de René Guénon titulado “Las puertas solsticiales”, incluido como capítulo XXXV de su libro “Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada”, op.cit., págs. 201-205. Así mismo, en la misma obra, Capítulo XXXVII (“El Simbolismo solsticial de Jano”), págs. 211-215 y Capítulo XXXVIII (“Acerca de los dos San Juan”), págs. 215-218, abunda en la misma temática.

[xxix] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 44.

[xxx] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 44.

[xxxi] Véase a este respecto “La Montaña y la Caverna”, “Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada”, Cap. XXXI, págs. 186-189.

[xxxii] Apocalipsis de San Juan, II: 26-28.

[xxxiii] Leb = lamed + beth = 30+2 = 32; 3+2 = 5. “La palabra “corazón” (Leb) encuadra, por otra parte, a los cinco libro de Moisés, puesto que la primera palabra del Génesis (Bereschith), comienza por la letra beth, mientras que la última palabra del Deuteronomio (Israël) finaliza con la letra lamed”. “La Gnosis de san Juan”, op.cit., pág. 45-46.

[xxxiv] Zohar, I:1ª. Lo sorprendente –comenta Fr.A. Arakilah- es que el valor numérico de la palabra “la rosa” (Shoshanah) en hebreo es 666 (ha-shoshanah: he (5) + shin (300) + vav (6) + shin (300) + nun (50) + he (5) = 666. Y se pregunta: ¿Sería por esta razón que en 1598, Heinrich Khunrath, hermano nuestro sub rosa, representó en la quinta figura de su precioso tratado “Amphiteatrum Sapientiae aeterna solius verae Christiano Kabbalisticum” una rosa de Luz llevando en su centro la forma del hombre crucificado?” (op.cit., pág. 46-47).

[xxxv] “La Gnosis de san Juan”, op.cit., pág. 47.

[xxxvi] René Guénon en su artículo “El corazón irradiante y el corazón en llamas”, incluido en la compilación “Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada”, op.cit., Capítulo LXIX, págs. 363-367, apura esta temática.

[xxxvii] René Guénon toca este simbolismo en varias de sus obras, concretamente en “Aperçus sur l’ésotérisme chretien”, Editions Traditionnelles, París 1988, recopilación de textos en la que también pueden leerse algunos artículos que entran en el contexto de este libro, relativos al templarismo (Capítulo III, “Los guardianes de Tierra Santa”, pág. 43-54), a los Fieles de Amor (Capítulo IV, “El lenguaje secreto de Dante y de los fieles de Amor”, págs. 71-80, y Capítulo V, “Nuevas notas sobre el lenguaje secreto de Dante”, págs. 81-88 y Capítulo VI, “Fieles de Amor y Cortes de Amor”, págs. 89-98) y, finalmente, el texto que nos interesa Capítulo X, “El Sagrado Corazón y la leyenda del Santo Grial”, págs. 117-126.

[xxxviii] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág 54-55. Fr.A. Arakilah recuerda que “Jesucristo, arquetipo del Nuevo Hombre resucitado, lleva en su Nombre griego, la expresión perfecta del resurrecionismo: “Jesous”: jota (10) + eta (8) + sigma (200) + omicron (70) + epsilon (40) + sigma (200) = 888. Y puede entenderse que los cabalistas cristianos del Renacimiento identificaran en buena medida a Jesucristo con Hermes Trimegisto, el “tres veces grande”. En otras representaciones, el sol irradiante tiene 16 rayos. En la lámina VIII del “Mutus Liber”, por ejemplo, aparece Mercurio dentro de un Huevo; unas águilas vuelan alrededor de él con ramos de olivo en la boca; sobre ellos, un sol irradiante con dieciséis rayos, alternativamente ondulados e irradiantes. “Mutus Liber”, incluido en la obra “Cuatro Tratados de Alquimia”, presentados y traducidos por Julio Peradejordi, Visión Libros, Barcelona 1979, pág. s/nº. Finalmente, el número 8 tiene relación con las ocho puntas de la cruz templaria.

[xxxix] En “Mutus Liber” muestra en su IV Plancha (“Cuatro Tratados de Alquimia”, op.cit., pág. s/nº), a los dos alquimistas extendiendo unas mantas sobre el campo, acompañados por un Toro y un Carnero (alusión astrológica al inicio de la primavera y a los meses de Aries y Tauro). Del cielo parte un flujo que va a parar a las mantas. Es evidente que se trata del rocío. En la misma escena el “hombre” y la “mujer” estrujan estas mantas sobre un recipiente depositando el rocío de la noche. Algunos alquimistas han entendido que para abordar el trabajo alquímico era preciso disponer de rocío de primavera. André Barbault, en su obra “El Oro de la Milésima Mañana” (Editorial Sirio, Málaga 1986, págs. 228), explica como él mismo realizó este procedimiento con detalle.

[xl] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., págs. 57-58.

[xli] Un eco de esta enseñanza, como veremos en la última parte de nuestro estudio, se encuentra entre las enseñanzas del “Lectorium Rosicrucianum”, fundado por los hermanos Leene en 1924. El más joven de ellos adoptaría el nombre de Jan van Rijckenborgh. Para el “Lectorium” la única forma de despertar el “Cristo Íntimo” para por un abandono completo del Ego, beneficiándose de la “irradiación espiritual de la Escuela”. El afiliado no debe hacer otra cosa más que experimentar de la manera más intensa posible, esta irradiación.

[xlii] Andreae escribe a este respecto en el Capitulo V de la “Fama”: “Sin embargo, pretendemos rotundamente que nuestros arcanos y nuestros misterios no alcanzan nunca al común de los hombres pese a que la Fama, editada en cinco lenguas, sea conocida de todos. Sabemos bien, por una parte, que los espíritus vulgares, necios y estúpidos, la desprecian, o bien no se preocupan lo más mínimo por ella; que no es una solicitud humana la que nos ayuda a apreciar y reconocer la dignidad de los postulantes a nuestra fraternidad, sino la regla de nuestras iluminaciones y revelaciones. En consecuencia, aunque los gritos y el clamor de los indignos sean mil veces repetidos, aunque se ofrezcan y se presenten mil veces a vosotros, Dios ha querido que nuestros oídos no escuchen a ninguno, y, además, su nube nos ha tomado bajo su sombra para que ninguno de nosotros, sus servidores, pueda ser forzado ni obligado. Nadie, a menos que posea los ojos del águila, puede vernos ni reconocernos”.

[xliii] Fr.A, Arakilah cita una frase del Conde de Cagliostro que viene a propósito: “Una Voz que está dentro de vosotros, habiéndose callado desde hace mucho tiempo, responde al llamamiento de la mía” (“Le Maître Inconnu Cagliostro”, Marc Haven, Editions Dorbon Airé, 1912). Y Fr.A. Arakilah añade: “La palabra surge realmente del interior” y más adelante, renunciando a una explicación racional, concluye: “pero sólo aquel que ha vivido estas cosas, puede comprender nuestras palabras”, “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 60.

[xliv] En el Capítulo XIV de la “Fama”, Andreae, escribe a este respecto: “Quien quisiera encontrarnos perdería su vida en pesquisas y averiguaciones antes de lograrlo, antes de acceder y llegar a la felicidad deseada de la fraternidad de la Rosa-Cruz”.

[xlv] Sobre las relaciones entre el fenómeno “rosa cruz” y el catarismo, hay que precisar que ambos fueron dos formas de gnosis, pero de signo completamente diferente. El catarismo era una herejía del cristianismo y, se ha discutido mucho, sobre si más que herejía debería ser considerada como una religión completamente diferente. La Rosa Cruz Originaria, derivada del templarismo, por el contrario, era un movimiento católico que difería de la Iglesia solamente en que mantenía la necesidad de unir al exoterismo de ésta, un esoterismo, esto es, una interpretación interior de los Evangelios. La historia nos dice que los templarios no dudaron en combatir a los cátaros y el máximo inspirador teórico de la Orden del Temple, San Bernardo de Claraval, autor de la “Regla de la Orden” y de la “Loa a la Nueva Milicia”, predicó en Occitania contra los herejes cátaros. Así pues, fuera del hecho común de que ambas doctrinas fueron gnósticas –es decir, doctrinas del “conocimiento”- no tenían nada en común.

[xlvi] Como hemos dicho antes, la enseñanza de Gurdjieff contenía como premisa inicial la necesaria destrucción del Ego. No todos sus discípulos habían asumido lo que este tema representaba. Louis Pauwels en “Gurdjieff”, op.cit., pág. 485 y sigs., explica que René Minet, famoso surrealista que se aproximó con René Daumal al entorno de discípulos de Gurdjieff, no había podido soportar esa exigencia previa de renuncia al ego. Minet recuerda que Gurdjieff les decía: “... comience por penetrarse de la idea de que usted no es nada, no, ni siquiera un grano de arena en el desierto, nada, absolutamente nada” (...) “Usted puede serlo todo. Usted puede ser. Únicamente, cuidado a la derecha, cuidado a la izquierda, atención, más atención, siempre atención, no se identifique con sus sensaciones, usted es como el niño que aprende a caminar, ¡más despacio!, ¡siga a la niñera!”. Minet añade: “La niñera era yo; yo también, ¿cómo no equivocarme?”. En un momento dado, ya no puede soportar la exigencia de la muerte de su personalidad. Puede decirse que Minet se asombró al vacío de la iniciación y atendió a su exigencia de muerte del “hombre viejo” previa a la exteriorización del “hombre renovado”, pero no pudo aguantar, como él mismo reconoce: “tirar por la borda todo aquello que mejor nos caracterizaba. Nuestros gustos, nuestros más tenaces sufrimientos, nuestros apegos más caros, al mar. Francamente, era mucho. Demasiado (...). Yo me atrevía a preguntar: Pero, de todos modos, mis grandes hombres: Rimbaud, Lautrémont, Breton, sí, también Breton, los conservo ¿no es cierto?”, “¿Conservarlos? ¿quiere hacer el favor de mandarlos a paseo? ¡todo es falso relumbrón!”. Por fin rompí. Me rehusaba a que me desvalijaran completamente. Y volví al fango. Se entiende que no oliera bien, pero olor por olor, prefería todavía el mío al del recién nacido. Por lo menos, estaba acostumbrado a él” (extraído de “Dalí, entre Dios y el Diablo”, Ernesto Milà, Editorial PYRE, Barcelona 2002, págs. 50-52). Como puede verse, lo que en principio parece simple –asumir un concepto, “la muerte del ego”- en el momento de llevarlo a la práctica, produce una angustia existencial muy difícil de superar.

[xlvii] Evangelio de San Marcos, I: 6.

[xlviii] “Hízoles Yaveh Dios al hombre y a su mujer túnicas de pieles y los vistió”, Génesis III: 21.

[xlix] Fr. A. Arakilah, recuerda que en el Zohar, Esaú “es la imagen del Mal, el hombre del costado izquierdo del Árbol Sefirótico” (“La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 65). Cuando el Génesis relata el nacimiento de los hermanos rivales, explica: “Salió primero uno rojo, todo él peludo como un manto y se llamó Esaú” (Génesis, XXV:25). Los textos herméticos “rosa cruces”, insisten con mucha frecuencia en este tema del “hombre peludo” u “hombre de los bosques”. Fulcanelli, en “Las Moradas Filosofales” (Plaza & Janés, Barcelona 1969, pág. 253), se explica el significado del “hombre de los bosques” cubierto de pelo, oscuro y envuelto por la floración caótica y desordenada del bosque. Así mismo, en la puerta de San Ivo en la Catedral de Barcelona, puede verse, en el lado izquierdo, a un guerrero peludo combatiendo contra un caballero. Todas estas alusiones simbolizan lo mismo: la naturaleza humana, tosca y brutal, perdida en medio del caos.

[l] Evangelio de San Mateo, XI: 11.

[li] Esta idea clásica en la literatura rosacruciana está presente en el estudio de Fr.A. Arakilah cuando escribe: “el vestido de carne, aunque no puede entrar en el Reino de los Cielos, debe servir de soporte para la realización del cuerpo inmortal” (“La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 64) y cita un texto bíblico en su apoyo: “y desde mi carne, yo veré a Dios” (Libro de Job, XIX: 26).

[lii] Evangelio de San Mateo, XVII: 2.

[liii] Génesis, XXVII: 27.

[liv] “Confessio Fratternitatis”, Capítulo XII.

[lv] “Confessio Fraterninatis”, Capítulo XIV.

[lvi] “Fama Fratternitatis”, Capítulo I.

[lvii] En este terreno es preciso moverse con prudencia. Existen excesivas corrientes dentro del “espiritualismo contemporáneo” y no todas ellas tienen ni la misma calidad, ni la misma intencionalidad. En general, el ocultismo contemporáneo es muy accesible, existen organizaciones y libros en cantidad suficiente como para que todo aquel que pretenda informarse pueda hacerlo. Ahora bien, también es cierto que las posibilidades de realizar valoraciones erróneas aumentan asindóticamente a medida que la excursión por ese territorio se desarrolla. Por nuestra parte, lo único que podemos hacer es recomendar algunos textos orientativos: “Rostro y Máscara del Espiritualismo Contemporáneo”, Julius Evola, Editorial Diana, México DF 1970; “El Teosofismo”, René Guénon, Editorial Obelisco, Barcelona 1988; “El error espirita”, René Guénon, CS Ediciones, Buenos Aires 1994.

[lviii] Resulta significativo el crédito que han llegado a alcanzar los movimientos rosacrucianos dentro de la “New Age”. En la obra “Nueva Era”, subtitulada “La guía de la Era de Acuario”, de Eileen Campbell y J.H. Brennan (Editorial Robin Book, Barcelona 1991), existe un sinnúmero de referencias al rosacrucianismo, a la khábala y a la mística cristiana (pág. 243 y 244, especialmente). Y esto es tanto más significativo, en cuanto que el movimiento de la “New Age”, en el fondo, no es más que el receptáculo de todas las tendencias de lo que podemos llamar “neoespiritualismo contemporáneo”.

[lix] “La Gnosis de San Juan”, op.cit., pág. 70-71.

[lx] “El Misterio  del Grial”, op.cit., pág. 238.

[lxi] “El Misterio del Grial”, op.cit., pág. 234-237.

[lxii] Respectivamente, “Confessio Fraternitatits”, Capítulo VII y Capítulo I.

[lxiii] Citado por J. Evola en “El Misterio del Grial”, op.cit., pág. 235.

[lxiv] Citado por J. Evola en “El Misterio del Grial”, op.cit., pág. 235.

[lxv] Citado por J. Evola en “El Misterio del Grial”, op.cit., pág. 237-237.

[lxvi] Citado por J. Evola en “El Misterio del Grial”, op.cit., pág. 234.

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El fenómeno Rosa + Cruz (I de IV) Datos Históricos sobre la Rosa + Cruz

Infokrisis.- Nos ha sorprendido encontrar pocas referencias históricas y muchas menos doctrinales sobre el movimiento de la Rosa + Cruz. Prácticamente, todo lo que se puede encontrar en la red -al menos en lengua castellana- está publicado por los distintos grupos que hoy se reclaman herederos de la Rosa + Cruz. En la práctica a estos grupos les cabe, más bien, el calificativo de "rosacrucianos" estando más próximos del ocultismo contemporáneo que de la tradición Rosa + Cruz. Por lo tanto, publicamos en cuatro entregas un resumen de la historia, de la doctrina y de las prácticas de la Rosa + Cruz, en un intento de restituir a esta Tradición el espacio que le es propio.

De la Rosa a la Cruz

A quienes buscan interpretar el simbolismo evangélico más allá de lo que les han enseñado en las iglesias.

A los viejos “rosa cruces”, anónimos e incógnitos que, sin duda, están entre nosotros.

 

Introducción.

“Desde el punto de vista histórico, el rosacrucianismo ha de considerarse como una de las corrientes secretas que siguieron a la destrucción de la Orden de los Templarios, algunas ya existentes en germen antes de este acontecimiento, pero que se definieron y organizaron sobre todo después, como continuadoras subterráneas de la misma tendencia”[i].

El fenómeno “rosa cruz”[ii] puede ser considerado como la última emanación esotérica surgida en Occidente. Lo que vino después fue “ocultismo”, no “esoterismo”. Vale la pena recordar que la “rosa cruz” es un movimiento esotérico, no ocultista. Hay que encuadrar al fenómeno “rosa cruz”, pues, dentro de lo que se ha llamado Tradición Esotérica o Gran Tradición.

Esa Gran Tradición no es más que un mar que va arrojando olas a las costas. Cada una de estas olas puede ser considerada como un sistema de acceso a la trascendencia, una “revelación”. En su forma exterior –exotérica- cada uno de estos sistemas tiene la forma de “religión”. A cada religión exotérica, corresponde una doctrina “esotérica”. La palabra “esoterismo” deriva de “sother”, término griego que indica “lo que está escondido”. Exoterismo y esoterismo, a la postre, son las dos caras de una misma moneda. En el fondo puede decirse que las religiones tranquilizan al ser humano y le dan respuestas a los problemas de la existencia, contenidas en los Libros Sagrados de cada religión. Estos libros, inevitablemente, han sido escritos por “inspiración carismática”, es decir, en un estado de conciencia diferenciado. Por eso se dice que son “libros revelados”. Estos libros son susceptibles de distintos niveles de interpretación. El exoterismo los interpreta como relatos morales que encierran enseñanzas religiosas. El esoterismo, va más allá, e intenta ver en esos relatos, experiencias interiores del alma, procesos iniciáticos y caminos de acceso a la trascendencia. Mientras el exoterismo religioso se expresa mediante la fe, el culto y la teología, el esoterismo aspira a “tomar el cielo por asalto”, quiere suscitar la “experiencia interior” y dispone de una doctrina metafísica.

Pues bien, la “rosa cruz” es una forma de esoterismo cristiano inspirado en los Evangelios. Frecuentemente se dice que “todo lo que asciende, converge”[iii] y eso explica por qué, en el período de las cruzadas, algunos guerreros europeos llegados a Tierra Santa, se entendieron pronto con sus enemigos, los iniciados en el esoterismo islámico. De ese entendimiento (y de otros factores que ya estudiaremos en su lugar) nació el esoterismo templario y de éste, el fenómeno “rosa cruz”. Esta pequeña obra trata sobre la “rosa cruz” y pretende abordar el tema desde un enfoque muy concreto: la “rosa cruz” en tanto que heredera del esoterismo templario, forma gnóstica católica y última manifestación de la Gran Tradición en Occidente.

El libro se subtitula “La Rosa Cruz en su Historia, en su Doctrina y en su Práctica” y, efectivamente, vamos a abordar estos tres aspectos del fenómeno. Pero, en todo esto, existe un problema...

Los tres obstáculos para la investigación

Hoy resulta extremadamente difícil estudiar el fenómeno Y el grupo de ideas y organizaciones etiquetadas bajo el nombre de “rosa cruz”. Tres razones obstaculizan la tarea del investigador:

-           en primer lugar el que la Rosa Cruz Originaria[iv] fue un movimiento secreto, surgido en un período en el que, tal como demostró la persecución contra el templarismo, la Iglesia puso particular énfasis en reprimir cualquier otro sistema iniciático surgido fuera de los sacramentos administrados por ella. Como explica el gran esoterista René Guénon[v], la característica de toda organización secreta seria, consiste en “no dejar rastros de su existencia”. Es evidente; de lo contrario, no sería “secreta” y si existieran datos sobre ella y persistiera en autotitularse “secreta”... no sería “seria”. En este sentido, la “rosa cruz” originaria, se configuró como “sociedad secreta” y, en consecuencia, resulta extremadamente difícil, encontrar rastros documentales con anterioridad al siglo XVI[vi].

-           En segundo lugar, el fenómeno “rosa cruz” no se remonta más atrás del siglo XIV, sin embargo, reaparece en períodos muy posteriores e incluso se prolonga hasta nuestros días. Estamos hablando, pues, de una horquilla temporal de casi ochocientos años. En ese tiempo no ha existido UNA sola organización “rosa cruz”, sino una multiplicidad de formas derivadas del fenómeno originario. Algunas de estas formas están muy próximas de la pureza y de las intenciones originarias, otras son simplemente asociaciones creadas en tiempos muy recientes y cuyo interés es relativo. Pero, incluso, dentro de este tipo de asociaciones, existen aquellas que, efectivamente, intentan entroncar con los ideales de la Rosa Cruz Originaria, mientras que otras, no tienen absolutamente nada que ver con ella. Y aún hay más: al estudiar el fenómeno histórico de la “rosa cruz” se percibe que existe una evolución en sus posiciones, incluso en períodos muy remotos. La “rosa cruz” del siglo XIV no es la misma que la que emerge posteriormente, durante el Renacimiento. Y la que aparece en Alemania en el siglo XVII, tiene poco que ver con la que sale a la superficie en Inglaterra o Italia. Estamos hablando, pues, de fenómenos muy diversos.

-           Finalmente, existe una confusión que René Guénon ya puso de relieve[vii] entre el movimiento “rosa cruz” originario y los grupos hoy existentes que se reclaman “rosacruces”. En tanto que grupos organizados –no seremos nosotros quienes les atribuyamos la ominosa calificación de “sectas”- tienen sus propios intereses orgánicos y, el primero de todos ellos, consiste en aureolarse de un aroma fantástico y misterioso, capaz, por sí mismo, se suscitar la incorporación de nuevos miembros. Así, hemos podido enterarnos por ellos de la quimérica idea según la cual el “fenómeno rosa cruz” se originó en el Egipto faraónico[viii], por no hablar de que John Valentín Andreae, autor de los manifiestos rosacruces del siglo XVI, que algún insensato[ix] ha incluido entre la fantasiosa relación de “Grandes Maestres del Priorato de Sión”, organización, por lo demás, inexistente fuera del cerebro enfermizo de su inventor, Pierre Plantard. Esto ha creado una endiablada situación en la que resulta muy difícil distinguir entre la mistificación y la realidad histórica.

A nadie se le escapa que ante un tema tan absolutamente intrincado y complejo, menudea la posibilidad de caer en errores y confusiones. Evitaremos al máximo esta posibilidad, asiéndonos a puntos de referencia que puedan ser considerados lo suficientemente “sólidos” y “seguros”.

Los puntos de referencia “seguros”

Seamos claros desde el principio: si lo que el lector está buscando una novela de capa y espada a lo “Código Da Vinci”, o similar al “El Enigma Sagrado”, se ha equivocado de texto. Y no por que la historia del movimiento “rosa cruz” que vamos a presentar no sea, en sí misma sorprendente –frecuentemente, la realidad es mucho más espectacular que la ficción literaria- sino por que vamos a procurar limitarnos a los datos históricos contrastables, extraídos de obras de incuestionable rigurosidad; vamos a estudiar el simbolismo y las ideas del movimiento “rosa cruz”, partiendo de los textos más antiguos que han llegado hasta nosotros y vamos a evitar el tomar como fuentes documentales a las organizaciones actuales que se reclaman “rosacruces”, al ser todas ellas, excesivamente recientes y carecer sin excepción de una filiación indiscutible[x]. De todas formas, la última parte de esta pequeña obra de referencia está dedicado a la casi una docena de grupos que, a partir de ahora, llamaremos “rosacrucianos”.

Es obligatorio aludir a los manifiestos “rosa cruces” que aparecen en el siglo XVII en Alemania. La “Fama Fraternitatis”, la “Confessio”, las “Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz” y las “Cartas Rosacruces”[xi], saldrán a relucir con frecuencia en estas páginas. Fueron elaboradas por el círculo “rosa cruz” que emergió en Alemania a principios del siglo XVII. Las “Bodas Químicas” de Andreae, puede considerarse como el primer texto “rosa cruz” específicamente dedicado a la alquimia, y sintetiza las enseñanzas de los maestros previos, desde Llull y Arnau de Vilanova, hasta Paracelso.

Tenemos particular preferencia por algunas obras escritas por especialistas en el esoterismo, poco imaginativos, serios y rigurosos, como Julius Evola y René Guénon que han tratado el tema “rosa cruz” en algunas de sus obras. El primero trató el tema en dos obras fundamentales: “El Misterio del Grial”[xii] y “La Tradición Hermética”[xiii]. La tercera parte de “El Misterio del Grial”, titulada “La Herencia del Grial”[xiv], encuadra el fenómeno “rosa cruz” en el contexto histórico que le es propio. Alude a las relaciones entre cátaros, templarios, rosacrucianos, “Fieles de Amor” gibelinos, alquimistas y hermetistas y, finalmente, francmasones. En esta obra hemos adoptado éste planteamiento, al resultar, sin duda, el más serio, conciso y concreto.

En cuanto a “La Tradición Hermética”, se trata de un libro en donde Evola resume las doctrinas y procedimientos alquímicos. Existen muchas obras sobre hermetismo y alquimia, pero solamente unas raras excepciones son claras, comprensibles y bien documentadas. Esta obra es una de ellas, tanto por lo que se refiere al estudio del simbolismo específicamente “rosa cruz”, como a la operatoria de la alquimia tradicional. Especialmente su Capítulo 22[xv] tiene una conexión directa con el tema de la “rosa cruz”.

En cuanto a las obras de René Guénon, la “rosa cruz” es tocada en la obra ya citada, “Apreciaciones sobre la Iniciación”, y en “El Esoterismo de Dante”[xvi]. En la primera, Guénon trata en diversos capítulos sobre la iniciación “rosa cruz”[xvii]. En la segunda, el autor realiza una aproximación al fenómeno histórico del movimiento “rosa cruz” en la Edad Media.

Junto a las obras de estos dos autores, utilizaremos también algunas elaboradas por investigadores que contienen importantes referencias documentales y distintos libros sobre la historia del ocultismo: “La meta secreta de los rosacruces”[xviii] de Jean Pierre Bayard, “La Hermandad de la Rosa Cruz”[xix] de A.E. Waite, “Historia del ocultismo”[xx] de Frederic Köning, “Historia de la magia”[xxi] de Richard Cavendish, “Historia de las Doctrinas Esotéricas”[xxii] de Jean Riviere y “Historia del ocultismo”[xxiii] de Guérin-Ricard. Hay otras muchas, por supuesto, y alguna irá siendo mencionada en las notas a pie de página, pero estas, sin duda, son las más significativas. Sobre algunas de estas obras hay que decir que es preciso tomarlas con ciertas reservas. La totalidad de los datos que contienen no están suficientemente contrastados y existen contradicciones o errores manifiestos. Pero, aún así, estas obras suponen “muletas” para caminar en este vidrioso tema.

Con relativa frecuencia deberemos de acudir al universo simbólico para aclarar conceptos. Dos diccionarios de símbolos de singular brillantez, nos acompañarán en esta excursión: el “Manual-diccionario de Esoterismo”[xxiv] de Hervé Masson y el “Diccionario de Símbolos”[xxv] de Jean Chevalier y Alain Gheerbrand. El rigor de ambas obras está fuera de toda duda y nos supondrán una guía imprescindible en el capítulo dedicado al simbolismo “rosa cruz”.

Finalmente, utilizaremos algunas obras clásicas del ocultismo decimonónico. Hay que decir que a lo largo de todo el siglo XIX, reapareció el movimiento “rosa cruz” y algunos ocultistas franceses y anglosajones estuvieron en condiciones de recoger y ofrecer a sus lectores datos sobre el fenómeno. Así mismo, todos estos textos nos servirán también para hacernos una idea de cómo se gestó el “rosacrucianismo” contemporáneo.

¿Qué nos proponemos con este estudio?

Antes hemos dicho que no aspirábamos a componer una historia “clónica” del rosacrucianismo. En realidad, lo que nos proponemos es una tarea de “revisión” de lo que fue el movimiento “rosa cruz” e intentar determinar en lo que se ha transformado. Esto nos adentrará en una apasionante aventura histórica en los últimos siglos de la Edad Media. Nos llevará luego a conocer la proliferación de las sociedades secretas en el Renacimiento y en los años de la Reforma Protestante y de la Contra Reforma Católica. Nos será necesario adentrarnos en la masonería para entender como algunos grados masónicos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, son grados procedentes de los movimiento “rosa cruces” de la época. Luego deberemos adentrarnos en el ocultismo surgido a mediados del siglo XVIII y así llegaremos a nuestros días. Será un intento de definición histórica, desnudo y esencial, despojado de todo aquello que suponga mistificación.

En una segunda parte abordaremos la doctrina “rosa cruz”. Un movimiento se justifica por su doctrina y en el caso de la doctrina “rosa cruz”, aún más, en tanto que es el eco de otro tiempo y nos conducirá a la comprensión de lo que supone la “tradición hermética”. En este sentido, la doctrina “rosa cruz” es posible que diga algo a los lectores de estas páginas. Quizás les ayude a reflexionar y a reconocer que lo que, en rigor, podemos llamar “vía rosa cruz”, sigue siendo válida para el hombre moderno.

En tanto que la doctrina “rosa cruz” se define mediante símbolos, era absolutamente necesario dedicar un capítulo a esta materia. Los símbolos son “expresiones sensibles de ideas”[xxvi]. Las ideas rosacruces se expresan, pues, mediante una floración simbólica sin precedentes, extraídos de los Evangelios, pero aplicados –y esto es lo interesante- no a un contexto religioso o teológico, sino de realización interior.

Hemos considerado necesario agregar una parte “operativa”. Las ideas “rosa cruces” no tienen sentido sino es con una intención aplicativa. La “alquimia rosa cruz” que, efectivamente, existió, intentaba transformar el “plomo opaco en oro resplandeciente”, es decir, lograr la “metanoia” (cambio radical) de la conciencia en el ser humano. Pero existían también otras prácticas ligadas al movimiento “rosa cruz”. No cabe la menor duda de que fueron tales prácticas, unidas sin duda, a una predisposición interior, las que permitieron a uno de los integrantes del círculo “rosa cruz” de Provins, Michel de Nostradamus, realizar sus más atrevidas y exactas predicciones[xxvii].

Lo que, finalmente, nos proponemos es introducir al lector en un mundo nuevo, al que llamaremos “el mundo de la tradición”. Ese mundo se remonta a los orígenes. Una vía para el acceso y la comprensión de ese mundo, es precisamente, el movimiento “rosa cruz”. Julius Evola dice al respecto: “Mas allá de la variedad múltiple de sus formas, la civilización premoderna, o como también podemos denominarla, tradicional, significa algo específicamente distinto [a la civilización moderna]. Se trata de dos mundos, uno de los cuales se ha diferenciado hasta el punto de no conservar apenas ningún punto de contacto con el anterior. Con lo cual, para la gran mayoría de los modernos también quedan cerradas las vías de una comprensión efectiva de este último”[xxviii]. Este planteamiento es fundamental para abordar nuestro tema. El movimiento y las ideas “rosa cruces” forman parte del ciclo de la civilización “pre-moderna”. Para comprenderlo en su plenitud será preciso trasladarse desde la modernidad a la pre-modernidad. Hoy, las ideas “rosa cruces” están en la modernidad, pero no son de la modernidad, sino un eco –en buena medida desfigurado- de otro tiempo y de otro momento de civilización.

El movimiento “rosa cruz”, expresa sus ideas con un lenguaje simbólico y, a la postre, implican una forma de metafísica. A primera vista, los símbolos y las ideas utilizadas, pueden parecer extravagantes, alegóricas y, en ocasiones, opacas. Basta con liberarse de los prejuicios impuestos por la modernidad, para que caiga un velo y podamos entender lo que supuso y supone aún el movimiento “rosa cruz”.

Para acceder al núcleo central del pensamiento “rosa cruz” será preciso realizar una mutación interior. El pensamiento moderno no nos dará acceso a la doctrina “rosa cruz”. Pero si logramos traspasar esta primera barrera, es posible que, casi sin darnos cuenta, una segunda mutación tenga lugar en nuestro interior. Es lo que los antiguos “rosa cruces” llamaban “metanoia”, el cambio radical de conciencia.

Ernesto Milà

14 de febrero de 2006.

 

Capítulo I

La Orden Rosa Cruz en la Historia

Es preciso explicar, ante todo, de qué estamos hablando. Hasta ahora hemos colocado nuestro tema, la “rosa cruz”, entre comillas, indicando con ello cierta provisionalidad. Referirse a la “rosa cruz” es, para unos, aludir a una sociedad secreta de carácter esotérico que pertenece al pasado; para otros es una realidad del presente, encarnada en la docena de asociaciones que utilizan el símbolo de la rosa y de la cruz; pero, a poco que se examina con cierta profundidad esta temática, parece evidente que las “organizaciones rosa cruces” originarias tenían unas características muy diferentes a las modernas y que, es presumible, incluso, que en buena medida, más que de “organizaciones”, se tratase de “linajes iniciáticos”.

Los distintos momentos históricos de la “rosa cruz”

Así pues, hay que distinguir entre varios elementos que tienen lugar en este libro, pero que, en el fondo, son objetos de estudios diferentes:

-           tenemos una Rosa Cruz Originaria de la que no se sabe absolutamente nada, pero cuya existencia es posible reconstruir a partir de dos elementos: 1) los textos aparecidos en el siglo XVII en Alemania que afirman que, doscientos años antes, existió una Orden Rosa Cruz[xxix] fundada por un personaje casi mitológico. Esto nos remite al siglo XV y 2) la naturaleza del esoterismo cristiano de ese período, derivado de supervivencias del gnosticismo templario del siglo XIII. Como se sabe, en el interior del templarismo se gestó una gnosis que resultó perseguida por la Iglesia Católica, en tanto que herética. Tras ser disuelta la Orden del Temple, los contenidos esotéricos que sostenía el “Capítulo Secreto” de la Orden (una especie de círculo interior para iniciados que querían ir más allá del culto exterior) se dispersaron en distintas asociaciones: de un lado los partidos gibelinos que actuaron en el Sacro Imperio; de otro, los “Fieles de Amor” y distintas asociaciones trovadorescas; fragmentos de las enseñanzas templarias llegaron, así mismo, a Escocia en donde fueron acogidas en los Gremios de Canteros, donde lugar, cuatrocientos años después, al Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Es previsible que algunos iniciados en el templarismo, se retiraran de la vida pública y constituyeran en torno suyo “linajes iniciáticos”, sin relaciones orgánicas entre sí y sin voluntad siquiera de constituir un grupo estructurado. A todos estos grupos, surgidos, del estallido del esoterismo templario, le llamaremos “Rosa Cruz Originaria”.

-           Aparece, posteriormente, una “rosa cruz” renacentista que abarca a los que se ha dado en llamar “magos cabalísticos” (Marsilio Ficino, Pico della Mirandola, Cornelio Agrippa, Tomasso Campanella y Giordano Bruno). Este grupo, casi completamente formado por individuos nacidos en la península itálica, incluye a individualidades excepcionales. Todos son “humanistas” y, a pesar de que resulta imposible, establecer que pertenecieran a ninguna sociedad secreta, es evidente que su floración en el mismo horizonte geográfico y en la misma época, denota la existencia de un centro iniciático. Ninguno de ellos reconoce la filiación “rosa cruz”, pero en todos ellos, está presente la idea de reconstruir un esoterismo cristiano, practicar la magia hermética y el khabalismo cristiano. Algunos han leído a Arnau de Vilanova y a Raymond Llull, y en el fondo, experimentan la sensación de ser sus continuadores. Otros se sienten hombres de ciencia (como Giordano Bruno), los hay que han descubierto el neoplatonismo (como Marsilio Ficino), y quienes se han aficionado a las lecturas herméticas alejandrinas (Pico della Mirandola). Se les puede acusar de “desviaciones”, pero todos ellos se sienten “católicos”. No podemos demostrarlo, pero tenemos la íntima convicción de que toda esta generación de hombres brillantes tiene su origen en los linajes supervivientes del templarismo y los “Fieles de Amor”[xxx] gibelinos. Este grupo tiene una continuación que sale a la superficie entre 1614 y 1616, cuando Johan Valentín Andrea publica sus dos manifiestos: “Fama Fratternitatis” y “Confessio”. A este período podemos llamarlo “Rosa Cruz Histórica”.

-           A partir de ese momento y en los dos siglos siguientes, es cuando aparecen los “movimientos rosa cruces” propiamente dichos. No puede hablarse de un movimiento unificado, sino de distintas organizaciones (la “Milicia Crucífera Evangélica”, la “Casa de la Rosa Cruz” y un largo etcétera) y de personalidades relevantes que actúan individualmente. Esto hace que las contradicciones empiecen a aflorar y que no se trate de un movimiento unitario, con objetivos e ideas comunes, sino de una multiplicidad de siglas e individualidades, algunas de las cuales están más próximas a la pureza originaria del ideal “rosa cruz”, mientras que otras han derivado hacia especulaciones personales, desviadas de tales orígenes. A este conjunto, podemos llamarle “Rosa Cruz Moderna”.

-           Finalmente, existen las asociaciones que, actualmente, se autotitulan “rosa cruces” y que han sido constituidas a lo largo del siglo XX. También aquí se trata de “productos” de muy distinta calidad. Estos grupos pueden incluirse sin dificultades dentro del “ocultismo” contemporáneo más que dentro del “esoterismo”. Mientras que el esoterismo es la búsqueda de lo que está escondido, utilizando para ello textos clásicos que derivan desde la más remota antigüedad, el “ocultismo” es la “afición por lo oculto” que cristaliza en una serie de especulaciones personales de pensadores del siglo XIX y XX. Tales asociaciones son las que Guénon ha llamado “rosacrucianas”.

En este primer capítulo, nosotros vamos a aludir a las tres primeras corrientes, dejando la última para el capítulo final.

Pero ¿qué es la Rosa Cruz?

Si ya empezamos a saber quienes son “los rosa cruces”, es mucho más fácil saber que es “la Rosa Cruz”. Digámoslo ya: es una experiencia interior transmitida por un iniciado a otro iniciado. Así pues, en rigor, deberíamos más bien, hablar de “experiencia rosa cruz” más que de “grupos rosa cruces”. En realidad, un “grupo rosa cruz” es tal, solamente en la medida en que es capaz de suscitar en el corazón de sus afiliados, la “experiencia rosa cruz”. Se alcanza esta “experiencia” mediante una práctica a la que aludiremos en su momento.

René Guénon insiste en este orden de ideas: “Los verdaderos Rosacruces jamás han constituido una organización con formas exteriores definidas”[xxxi]. Pero, Guénon introduce un elemento nuevo e interesante: “el término Rosacruz es propiamente la designación de un grado iniciático efectivo, es decir de un cierto estado espiritual, cuya posesión, evidentemente no está ligada al hecho de pertenecer a una determinada organización definida”[xxxii].

Hará falta explicar que es una “iniciación”: es el hecho de recibir, mediante un acto ceremonial y ritual, una fuerza particular que permite, mediante el esfuerzo, penetrar en un estado espiritual concreto. O dicho de otra forma: existe el mundo físico y el mundo metafísico, el mundo de la materia y el mundo del conocimiento trascendente. Ambos mundos están separados, pero existe la posibilidad de penetrar en el mundo superior, partiendo del inferior, mediante el hecho de la iniciación[xxxiii]. La iniciación es un “rito”. El rito es una operación mediante la que el receptor recibe una fuerza o un poder que le capacita para alcanzar un punto concreto en su conquista de la espiritualidad pura o en su comprensión de la trascendencia. Con las solas fuerzas humanas, sería imposible alcanzar el mundo que está más allá de lo humano. La iniciación nos proporciona esa fuerza.

Pero el camino de la espiritualidad es como el ascenso por una escalera: hace falta recorrer peldaño tras peldaño. Así pues, no existe UNA sola iniciación, sino una multiplicidad de ceremonias de iniciación que dan un acceso progresivo a la trascendencia. Una de ellas es la propia del “grado rosa cruz” del que hablaba Guénon. ¿Cuál es ese grado y en qué consiste? Para entenderlo, deberemos realizar, nuevamente, una distinción previa.

Existe una diferencia, conocida ya desde el mundo clásico, entre los llamados “pequeños misterios” y los “grandes misterios”. Los primeros son los que dan al individuo el pleno dominio y la perfección de su naturaleza humana[xxxiv]; los grandes misterios son los que permiten que el ser humano se identifique con la trascendencia.  

Pues bien, el “grado rosa cruz” se sitúa en el límite de los “pequeños misterios”. Marca la restauración del “estado primordial”, cuando el ser humano estaba en contacto con la trascendencia. El tema está desarrollado en el relato bíblico de Adán y Eva. El “estado edénico” es el estado propio del “grado rosa cruz”, el que facilita una reintegración en el estadio primordial de la creación, anterior a la “Caída” adánica.

Pero ¿por qué este grado deriva de dos símbolos, la rosa y cruz? Podemos anticiparlo, aun cuando solamente el hecho de haber atravesado esta experiencia iniciática, permite comprenderlo en su totalidad. En el ámbito de la cultura europea tradicional, el símbolo del ser humano materializado es la cruz griega, formado por cuatro brazos iguales. Cada uno de estos brazos simboliza un “elemento”: Fuego, Tierra, Agua y Aire que en su devenir constituyen la realidad contingente y el devenir. En el ser humano, estos elementos están presentes, en la Sangre (Fuego), en los Huesos (Tierra), en los Humores corporales (Agua) y en los Pulmones (Aire)[xxxv]. En su movimiento, estos elementos forma el devenir cotidiano y constituyen la “rueda solar” o la “esvástica” que tiene un solo punto fijo: el centro de la cruz. La cruz es, pues, el símbolo de la naturaleza material del ser humano y de la naturaleza misma del cosmos. Cuando los “rosa cruces” dicen que el ser humano está “crucificado” a la materia, quiere decir que sus sentidos le dan acceso solamente a la realidad material, pero no a aquello que está más allá de ella. El ser humano posterior a la Caída está crucificado a la materia y él mismo, cree ser solamente materia.

¿Y la rosa? La rosa aparece en los símbolos rosacruces en el centro mismo de la cruz. Gráficamente, está representada como un estallido de rojo ígneo y situada sobre la cruz. Así pues, la rosa domina a la cruz. La rosa es símbolo del despertar espiritual. La doctrina rosacruz –que ya expondremos más detalladamente- parte de la idea de que, tras la Caída, el ser humano pasó de vivir en la espiritualidad, a vivir separado de la espiritualidad. Ésta se redujo a la mínima expresión y, por eso la existencia del ser humano es triste y cortada de su raíz originaria. Pero la espiritualidad –el alma- no ha desaparecido, sino que está en estado de latencia. Mediante prácticas y ejercicios de ascesis adecuados, o mediante la práctica de determinados procedimientos alquímicos, se logra revitalizarla.

Quien ha pasado por esta experiencia, afirma experimentar la sensación de que una rosa inmensa y roja, eclosiona en el centro de su pecho, y no como símbolo sino como percepción real. Es el signo del triunfo en la experiencia del “despertar” espiritual o del “despertar” interior. A partir de ese momento el ser humano, ya despierto, puede afirmar con propiedad que ha llegado hasta el límite de sus posibilidades humanas. Ha quedado reintegrado en el estadio primordial; o dicho de otra forma: ha remontado la “Caída” adámica[xxxvi].

La síntesis de este proceso es la rosa (el principio espiritual activado y convertido en el centro de la vida del individuo) sobre la cruz (el principio material del ser humano, a partir de ese momento subordinado al espíritu). Por eso, también, el título de esta obra es “De la Cruz a la Rosa”, lo que implica un tránsito simbólico, la conquista de un estado primordial.

La “Rosa Cruz Originaria”

Se sabe muy poco sobre el fundador mítico de la corriente “rosa cruz”. Y todo lo que se sabe es a través de los panfletos aparecidos entre 1614 y 1620. En la “Fama Fratternitatis” –de la que hablaremos más detenidamente en el siguiente parágrafo- se describe la existencia de un personaje al que se le prestan rasgos históricos, Christian Rosenkreutz, que habría nacido en 1387 y muerto en 1484 a la edad de 106 años. Es evidente que se trata de un personaje simbólico. Guénon dice a propósito suyo: “es muy dudoso que haga falta ver allí un personaje histórico, por más que algunos lo hayan dicho, sino que sobre todo aparece como la representación de lo que puede llamarse una entidad colectiva”[xxxvii].

Christian Rosenkreutz, según la “Fama” era huérfano, de origen alemán y perteneciente a la nobleza. Fue criado en un convento en donde aprendió griego y latín. Acompañado por uno de los hermanos del convento, recorrió el mundo cuando apenas tenía 16 años. Pasó por Damasco, Jerusalén y Tierra Santa, Arabia, Egipto, Marruecos y España, desde donde regresó a su patria. El relato explica que en Asia Menor fue iniciado en los “misterios de la ciencia oculta contenidos en el Liber M” (el Libro del Mundo). Hasta aquí estamos ante el típico viaje iniciático que tantas veces es utilizado en la historia del esoterismo como perífrasis simbólica de un proceso de transformación espiritual.

Tras regresar a Alemania, se retiró intentando asimilar todas las enseñanzas aprendidas en el curso de su periplo. Ayudado por otros tres discípulos, fundó la primera Sociedad Rosacruz. Luego, en 1348, preparó su tumba para que fuera descubierta 120 años después.

Algunos elementos simbólicos del relato deben ser tomados en consideración. La primera parte del viaje de Rosenkreutz tiene que ver con Tierra Santa y se sitúa en el período inmediatamente posterior al templarismo y a las cruzadas. No es, desde luego, un hecho casual. La segunda parte del recorrido –de Fez en Marruecos a la España de la Reconquista- indica también el carácter de “cruzada” y “guerra santa” de su aventura. Hay que tener presente que Jacques de Molay y los altos dignatarios templarios fueron ejecutados en 1314, mientras que, según el médico “rosa cruz”, Michel Maier, da como fecha de la fundación del primer grupo de esta tendencia en Alemania, la fecha de 1413[xxxviii]. El paralelismo es evidente y deliberado: se trata de establecer una filiación entre la “rosa cruz” y el templarismo; algo que ha permitido decir a Guénon: “después de la destrucción de la Orden del Temple, los iniciados en el esoterismo cristiano se reorganizaron, de acuerdo con los iniciados en el esoterismo islámico, para mantener, en la medida de lo posible, el lazo que aparentemente había sido roto por la destrucción [del Temple]; pero esta organización debió hacerse de forma más oculta, de alguna manera invisible, y sin apoyarse en una institución conocida exteriormente y que, como tal, hubiera podido ser destruida una vez más -de ahí el nombre “Colegio Invisible” dado alguna vez a la colectividad de los “rosa cruz”-. Los verdaderos rosacruces fueron los inspiradores de esta reorganización, o, si se quiere, fueron los poseedores del grado iniciático al que hemos aludido”[xxxix].

Se acepta unánimemente que el esoterismo templario se basa en una reinterpretación gnóstica del Evangelio de San Juan, que es, justamente, lo que asumieron luego los verdaderos “rosa cruces”. Esta reinterpretación fue posible cuando, durante las cruzadas, los monjes-guerreros del Temple, entraron en contacto con representantes del esoterismo islámico. De ahí el énfasis y los detalles puestos en la biografía de Christian Rosenkreutz por situarlo en zonas islamizadas, incluido su tránsito por España y Marruecos[xl]. El contacto entre los iniciados de Oriente con los monjes-guerreros llegados de Occidente, hizo reverdecer la gnosis pitagórica y neoplatónica que se habían perdido en el derrumbe del Imperio Romano y con el vértigo de las invasiones germánicas[xli].

Las ideas esotéricas habían permanecido en el khabalismo judío, que registraba actividad tanto en la Provenza francesa como en España y en la tierra originaria de Rosenkreutz. Ciertamente, permanecían algunos conocimientos esotéricos fragmentarios, derivados de las doctrinas alejandrinas, llegadas a través de Bizancio; pero, en el 1453, Constantinopla cayó en poder de los turcos y ese foco se dispersó. Se tiene constancia de que emigrados bizantinos se asentaron en Bohemia poco después, justo cuando aparecen las primeras organizaciones “rosa cruz” en Europa Central y se ha insinuado que pudieron tener alguna responsabilidad en el avivamiento de los focos clandestinos de esta corriente.

El hecho es que se tiene constancia, a partir del siglo XV, de la vaga existencia de grupos inspirados en doctrinas “rosa cruces”, en prácticamente toda Europa: existía una sociedad rosacruciana en Italia hacia 1410, otra en Flandes en 1430, otra en Alemania en 1459[xlii]. En 1484, cien años después de la muerte mítica de Rosenkreutz, se tiene noticia de la existencia de un grupo organizado en Augsburgo de Suabia, dirigido, entre otros, por Aegidius Gutman[xliii]. Así pues, contrariamente a lo que algunos historiadores han venido afirmando, la existencia de “núcleos rosa cruces” parece estar históricamente demostrada antes de la irrupción de Johan Valentín Andreae.

De hecho, en el 1200, aparece en el mejor momento del templarismo francés, el “Romance de la Rosa”[xliv] escrito por Jean de Meung y Guillaume de Lorris. Las grandes religiones de la época quedaban satirizadas y las alusiones a la tradición hermética y a la alquimia, eran demasiado evidentes, como para considerar a la obra un mero divertimento. A partir de este “Romance”, la rosa quedó ligada a la caballería medieval. No existen alusiones anteriores a la “rosa”, salvo en los escritos cristianos y en sus alusiones a la virgen como “Rosa Mística” o a la “Rosa de Sarón” que aparece en el “Cantar de los Cantares”.

No hay alusiones anteriores a 1200 y al esoterismo de la rosa. Sin embargo, en Oriente Medio y entre el esoterismo islámico tales referencias abundan. Abdl Ul Kadir Gilani compara las cicatrices a las rosas a las cuales atribuye un sentido místico[xlv].

No parece descabellado afirmar que la gnosis templaria incorporó el símbolo de la rosa a su patrimonio y que, de ahí, pasó, tras la hecatombe de 1314, a los círculos que dieron vida al movimiento “rosa cruz”. Pero hubo otro elemento a tener en cuenta en esa época: la irrupción del cabalismo cristiano de la mano de Arnau de Vilanova y de Raymond Llull, pero esto merece un parágrafo aparte.

Los “cabalistas cristianos”  

Arnau de Vilanova se decía ciudadano de aquello que se llamó “la catolicidad”. Su drama consistió en que su figura, no solamente se adelantó a su tiempo; Arnau, efectivamente, prefigura a los hombres del Renacimiento en su polifacetismo, en el interés que tuvo por todas las ramas del saber. Es heredero de la gloriosa tradición esotérica anterior, personificada en figuras como San Alberto Magno, Roger Bacon, Joaquín de Fiore, Avicena o Galeno, a quienes leyó y tradujo.

Se tienen pocos datos sobre la vida de este hombre que fue llamado en rigor "Médico de Reyes y Papas". El mismo nos dice en su "Espejo Médico" que nació en Vilanova de Filoca, cerca de Daroca, en 1240, cuando hacía poco que el territorio había sido conquistado por Jaime. La zona había sido repoblada con cristianos venidos de las tierras de Lleida.

A los veinte años fue a estudiar a Montpellier y logró graduarse en la Escuela de Medicina célebre de esa ciudad. Los judíos establecidos en Avignon, Narbona y Montpellier, habían ejercido la ciencia médica mucho antes de establecer la escuela en 1201. Arnau permaneció allí hasta 1270 y tuvo como profesor a Antón Martí quien "sembró en su espíritu la semilla del hebreo", al decir de sus propias palabras. Por esas fechas, Arnau había acumulado una notable biblioteca compuesta por libros de inspiración joaquinita, platónica y aristotélica sin que faltaran obras de Santo Tomas, textos de medicina y otras ciencias.

Pasó a ser médico de Pedro II de Aragón al que tratará de distintas dolencias hasta 1289, fecha en que vuelve a Montpellier donde residirá los diez años siguientes componiendo buena parte de su obra; en ese tiempo tradujo a Avicena y Galeno. También escribe obras de carácter profético que empiezan a ser miradas con desconfianza por los inquisidores que ven indicios del pensamiento de los begardos, fatricellis y otras herejías medievales.

En 1297 publicará su "Introducción a Joaquín de Fiore" y se hará portaestandarte del profetismo cristiano y del milenium apocalíptico que debería originarse con la llegada del anticristo que Arnau anuncia a fecha fija. El estudio de la cábala hebrea y su contacto con antiguos alumnos del Studium Hebraicum de Barcelona y Montpellier le induce a intentar la sistematización de una cábala cristiana a partir del análisis del nombre secreto de Dios, "Yhavhé".

Su actividad como médico de Jaime II le dará gran prestigio entre la corte catalano-aragonesa y, de médico de palacio, pasará a ser consejero del Rey. A finales del siglo XIII escribirá para Jaume II un "Tratado sobre la Prudencia de los Estudiantes Católicos" y otro para contribuir a la educación del hijo del Rey.

En 1298 Felipe el Hermoso, rey de Francia, lo envía en una embajada al Valle de Arán. Aprovecha su estancia en París para difundir sus ideas escatológicas sobre la llegada del anticristo. Esto le valdrá un primer proceso del que sólo le salvará su cargo de embajador y la inesperada influencia a su favor de Nogaret, el canciller del rey Felipe el Hermoso; este hombre, que ha pasado a la historia con el nombre de "el chacal" por haber expoliado y destruido a la Orden del Temple, preferirá alinearse con Arnau y salvarle la vida. Gracias al apoyo de Nogaret, pudo apelar a Roma contra la sentencia de la Sorbona y ser recibido por el papa Bonifacio VIII al que sanará de sus enfermedades crónicas.

Lo vemos en el 1302 en Cataluña polemizando con los dominicos de Gerona. Al año siguiente se ve forzado a escribir varios opúsculos contra los dominicos de Marsella que también le acusan de herejía, impiedad y contactos excesivamente estrechos con el cabalismo hebreo y los sabios islámicos. Estos ataques le obligan a pedir la protección del nuevo papa Benedicto XI del que será su médico, pero no podrá evitar que muera al poco tiempo, según algunos rumores, envenenado por un "espiritual", Bernardo Delicieux.

Marcha a la corte de Federico III de Sicilia, al que la cristiandad tiene por gran protector de los franciscanos "espirituales". Los disidentes franciscanos, en su intento de predicar una vida pura y ascética, huyendo de oropeles y vanidades, no hacían si no mirar hacia el interior de sí mismos y rechazar lo que representaba la Roma papal: el sacerdocio, la mediación entre Dios y el Hombre y el formalismo sobre lo real y auténtico. No en vano encontramos en la prédica de Francisco de Asís elementos tan absolutamente relacionados con una concepción del mundo antitética a la sostenida por la Iglesia que no podía sino terminar alineándose con las posiciones del Imperio frente al Papado. La catolicidad está en esta situación cuando Arnau establece su programa de reforma de la cristiandad. Es significativo que el eje de su programa gravite en el aspecto guerrero –y, en definitiva, Imperial- y caballeresco: no será el sacerdote, sino el guerrero al servicio del Imperio, quien reconquiste los Santos Lugares en una nueva cruzada. Arnau considera que sólo la derrota del Islam puede crear un clima favorable para una vigorización y un fortalecimiento de la catolicidad. Sus escritos quieren ser el tambor que llama a la “Guerra Santa”.

Clemente V, su amigo será elegido papa poco tiempo después, cuando ya se ciernen sombras amenazadoras sobre los templarios y las concepciones tradicionales de la humanidad medieval. Dos años después, en 1309, concluida la primera parte del drama templario, todos los reinos de Occidente han tomado medidas para disolver la orden en sus territorios; ese año, Arnau llega de nuevo a la corte de Sicilia con la esperanza de poder formular el paradigma de una nueva política cristiana para toda la catolicidad, capaz de sustituir el plan templario.

Sus adversarios verterán sobre él las calumnias más abyectas, dirán que ha calumniado a Jaime II ante el Papa. El rey lo cita en Málaga y le retira su confianza; aquí se iniciará el principio del fin. Envejecido y enfermo decide desplazarse de nuevo a la corte de Sicilia en donde le soplan vientos más favorables, pero fallece ante los baluartes de Génova, en el navío que lo traslada. Era el año del Señor de 1311.

Vale la pena repasar algunas ideas de Arnau que nos demostrarán la existencia de una veta ideológica desconocida que recorrerá la Edad Media, iniciada con el profetismo de Joaquín de Fiore y que culminaba en el movimiento “rosa cruz”, pasando por Templarios y Fieles de Amor. El intento de elaborar un profetismo derivado de los textos bíblicos, unido al cabalismo cristiano y a la alquimia, serán las tres características que adornarán al movimiento “rosa cruz” cuando salga a la superficie trescientos años después. De ahí que podamos afirmar, sin riesgo, que el propio Arnau de Vilanova perteneció a los incipientes círculos que representaban los valores “rosa cruz”, tal como serían conocidos públicamente trescientos años más tarde.

Hacia finales del siglo XI Joaquín de Fiore había escrito tres textos proféticos que fueron agrupados en lo que se ha dado en llamar "El Evangelio Eterno". En su conjunto se trata de un intento de interpretación de las profecías contenidas en el Apocalipsis. Joaquín de Fiore describe un ciclo de 2160 años compuesto por nueve siglos de "incubación" completados por 1260 años (42 generaciones de 30 años cada una), esto es, el período que va desde el año del nacimiento de Cristo hasta el 2160. Estas profecías culminaban con la "segunda llegada de Cristo" o "advenimiento de la Era del Divino Paráclito" y tuvieron gran repercusión en su momento.

Por extraño que parezca, en cierta forma, las profecías de Joaquín de Fiore se cumplieron y el año 1260 estuvo marcado por distintas convulsiones: se extendieron la cábala y la brujería que obligaron a los papas a tomar medidas promulgando bulas condenatorias y endureciendo la actividad de la Inquisición. Los dominicos impusieron sus conceptos escolásticos. En torno a esa misma fecha aparecen varios falsos mesías judíos y en distintos puntos del Islam surgieron autotitulados "Imanes ocultos". Es precisamente, en esa época, también, cuando Valentín Andreae sitúa la figura de Rosenkreutz. A poco que se examine la intención de Andreae se percibirá que atribuye a este personaje un carácter rectificador de la crisis medieval del siglo XIV.

La Era del Divino Paráclito se inaugurará 900 años después de esta fecha. El tiempo comprendido entre 1260 y el 2160 estará cubierto por "cinco períodos de prueba" (un tema que luego recuperarían los Hermanos del Libre Espíritu y otras herejías medievales). De Fiore estableció un paralelismo entre los cinco períodos que precedieron la llegada de Cristo (asirio-babilónico, persa, griego, helenístico y romano) y los que se sucederían a partir de 1260. No dudó que el exilio de los papas en Avignon equivalía a la cautividad del pueblo judío en Babilonia.

Arnau de Vilanova tomó este pensamiento escatológico y lo rectificó, uniéndolo a un proyecto de reforma espiritual de la cristiandad. Esto ocurrió entre 1297 y 1305, cuando Arnau compuso su obra "Del tiempo de la llegada del Anticristo"; se preocupó de justificar la necesidad profética en los textos evangélicos con objeto de evitar la acusación de herejía: era lícito, desde el punto de vista evangélico, estudiar las Escrituras "para descubrir los planes de Dios", al mismo tiempo que es bueno conocer las características del fin de los tiempos y saber cuando llegan, para estar preparados.

Lo que le mueve en esta investigación escatológica es la consideración de que el miedo al fin de los tiempos inducirá a la mayoría al arrepentimiento y al ejercicio de la caridad, mientras que, paralelamente, creará un clima apto para aceptar la reforma de la cristiandad. Los teólogos que lo condenaron en el Concilio de Tarragona adujeron el versículo de San Pablo en "Los Hechos de los Apóstoles": "No conoceréis ni el día ni la hora"; pero Arnau alegó en su defensa que San Pablo, si bien excluye una investigación racional, no descarta una revelación sobrenatural.

El punto de partida de Arnau es la respuesta que da Jesús a sus discípulos remitiéndolos a las profecías de Daniel, cuando estos le preguntan sobre el fin de los tiempos. A partir del material profético contenido en el "Libro de Daniel", Arnau infiere la existencia de un ciclo de 1290 "días" -que entiende alude a años- desde la destrucción del Templo de Salomón y el inicio de la Diáspora, hasta la venida del anticristo. Dado que el Templo fue destruido por los legionarios de Tito en el año 70 de nuestra era, hay que sumar a los 1290 "días", estos primeros 70 años, lo cual nos da como fecha de la llegada del Anticristo el año 1360.

El anticristo no vino, pero Arnau tuvo razón en prever grandes convulsiones para ese año: toda Europa se vio recorrida por cofradías de flagelantes que se azotaban para expiar sus pecados; su inspirador, Conrad Schmid, conocía la obra de Arnau. La sociedad medieval, a partir de esas fechas, fue resquebrajándose y ya nada pudo evitar la aparición del humanismo y el tránsito cada vez más acelerado hacia el mundo moderno y, por consiguiente, acarrear la ruina de la catolicidad. Las luchas entre partidarios del imperio y del papado arruinaron a las dos instituciones y abrieron el camino a la reforma protestante, muy alejada de la idea que Arnau se forjaba de la necesaria reforma de la Iglesia.

Luego estaba la cuestión del khabalismo. Arnau de Vilanova fue el primero en trasladar el khabalismo judío a la cristiandad e interpretar el misterio de la Trinidad cristiana en clave cabalística. A partir de Arnau se formó la escuela de khabalistas cristianos que tuvo entre sus más conocidos representantes a los grandes humanistas del Renacimiento: de Giordano Bruno a Marsilio Ficino y de Pico della Mirandola a Tomasso Campanella.

Arnau se explaya abundantemente en las nociones de khábala cristiana en su obra "Alocución sobre el significado del Tetragramaton". Tetragramaton quiere decir, literalmente, "cuatro letras". Los judíos tenían 72 nombres para llamar a Dios, sólo uno era sagrado y no podía ser pronunciado más que por el Gran Sacerdote y sólo en determinadas ceremonias. Estaba formado por cuatro letras que, según los khabalistas, hacían comprender la totalidad de lo creado representado por el Árbol Sefirótico.

Aquí existe un punto de confluencia entre pitagorismo y khabalismo hebreo. La "tetratkys" pitagórica (suma de los cuatro primeros números 1 + 2 + 3 + 4 que da como resultado 10, esto es un ciclo completo), tiene su equivalente en las cuatro letras del nombre sagrado de Dios (iod, he, vau y he) que, dispuestas una sobre otra, esquematizan el Árbol Sefirótico compuesto por las 10 séfiras o "emanaciones de Dios".

El Tetragramaton, encierra para Arnau, el misterio de la Trinidad: aunque el nombre oculto de Dios esté compuesto por cuatro letras, en realidad sólo son tres puesto que He se repite. Iod, la primera letra, en leerse -el hebreo se lee de derecha a izquierda- significa el punto que genera una línea: el "principio principiante sin principio" que hay en Dios Padre. He, al estar compuesto por un ángulo que une dos lados, contiene en sí mismo, el lazo de unión entre el principio y lo que se origina a partir de él. Iod es el "principio procedente del principio". Así pues, en el nombre de Dios existe un "principio sin principio" concebido por El, que genera por simple aspiración (en latín He equivale a la H, letra muda, sin sonido, pero con aspiración; de ahí la importancia del aliento en algunas ceremonias mistéricas). Las tres personas de la trinidad son pues "el verdadero y perfecto Padre, el perfecto Hijo y el elemento que los une". El principio de la generación es el Padre, el principio generado el Hijo, y la unión de ambos procede de su común amor.

Mediante la khábala cristiana, Arnau de Vilanova, intenta lograr la conversión de los judíos al cristianismo persuadiéndolos de que los misterios de la religión católica ya se encontraban implícitos en los textos del antiguo Testamento.

El khabalismo alcanzó gran fuerza y repercusión en el Languedoc y la Provenza francesa pasando luego a la península ibérica en donde irradió a partir de la Escuela de Gerona, entre el 1200 y el 1260. Su método consiste en el análisis de los nombres y las letras de cada palabra mediante unos valores numéricos que se atribuyen a cada signo y unos patrones de análisis basados en la ley de las correspondencias.

Sobre la biografía de Arnau planea el misterio de sus contactos con khabalistas judíos muy famosos como Abulafia, de quien algunos biógrafos  -Joaquín Carreras entre ellos- sostienen que se conocieron. Abulafía alcanzó la iluminación meditando sobre las páginas del sagrado "Sepher Yetsira" y fue a Roma con la quimérica idea de convertir al Papa. Abulafia estuvo intelectualmente próximo a los "espirituales", franciscanos disidentes. En su biografía se cita que tuvo contactos con un "místico católico" al que logró convertir al cabalismo; algunos sostienen que ese místico no era otro que Arnau. Ubertino da Casale (uno de los líderes "espirituales" franciscanos, que aparecerá como co-protagonista de la conocida novela de Umberto Eco "El nombre de la rosa") aceptará la interpretación del Tetragramaton de Arnau y la incorporará a su obra que gozó de gran prestigio y favor en la Corte de los Reyes Católicos, más de un siglo después[xlvi]. Esta interpretación será asumida por la tradición “rosa cruz” que, siguiendo a Arnau, realizará una “fusión” entre cábala, textos bíblicos, profetismo, doctrinas alejandrinas y tradición hermética.

La aparición de los apócrifos arnaldianos, la condena de su obra y la quema de buena parte de sus libros, hicieron que, a principios del siglo XVI, su figura quedara muy difuminada y se perdiera entre las brumas de la leyenda. En los últimos tiempos se ha pretendido hacer de Arnau una especie de avanzado de la ciencia médica moderna y se ha intentado despojar a sus escritos de todo lo que supusiera colusión con la magia, la cábala y la alquimia; se ha minimizado incluso su profetismo escatológico, reduciéndolo a una aportación anecdótica en el seno de su obra epistemológica y antropológica.

Pero todo esto supone olvidar que Arnau fue perseguido precisamente por eso que hoy se niega que estuviera presente en su obra. No fue perseguido por obtener derivados del mercurio sino por su práctica de la alquimia[xlvii]; no fue perseguido tanto por su apelación a la experiencia como por su voluntad de penetrar en los secretos del futuro mediante la interpretación profética; curó por procedimientos muy distintos de lo que hoy se entiende por "método científico", curó con una mezcla de magia, intuición espiritual y terapia psicológica. Su teología y su antropología deben más a Joaquín de Fiore y a la cábala herética que a la escolástica o el tomismo. Su pensamiento fue completado por otra personalidad sorprendente que puede ser considerada, así mismo, como precursora del fenómeno “rosa cruz”.

Es inevitable hablar de Raymond Llull o Raimundo Lulio, inmediatamente después de haber dedicado unas páginas a Arnau. Son casi almas gemelas. Llull también es precursor del fenómeno “rosa cruz”. Si destacamos su biografía es para situar históricamente otra característica de éste movimiento: se trata de una forma de esoterismo cristiano, pero no ligado a la Iglesia Católica (a “Roma”). Los “rosa cruces” originarios, entendían que el papado era hijo del “sacerdocio según Pedro”, mientras que ellos concebían una forma diferente y superior de consagración sacerdotal, el “sacerdocio según Melkisedeck”. La Biblia alude a Melkisedeck como “rey, sacerdote y profeta”. Pues bien, en la Edad Media se habían generado dos linajes “iniciáticos”: el dependiente de la Iglesia que administraba los sacramentos y la iniciación sacerdotal, y el Imperio que aspiraba a detentar la “doble espada” (espiritual y material). El emperador se configuraba en la doctrina gibelina como “emperador y pontífice” y se situaba sobre el papado. Mientras la Iglesia generó estructuras monásticas y órdenes religiosas que apoyaban su opción, el Imperio impulsó órdenes guerreras, estructuras gremiales y el fenómeno de la caballería y la metafísica del Grial. La Edad Media, a partir del siglo XIII se caracteriza por el enfrentamiento, progresivamente más virulento, entre la Iglesia y el Imperio.

El fenómeno “rosa cruz”, en tanto que derivado del templarismo, el gibelinismo y los Fieles de Amor, pertenece a la segunda “veta”, la Imperial; de ahí que su catolicismo no sea el romano. Más adelante insistiremos en este orden de ideas.

Las actividades desarrolladas por Llull a lo largo de su vida dejaron innumerables huellas en documentos y registros reales e inquisitoriales, que permiten trazar la biografía de este hombre que concitó adhesiones y despertó recelos e incluso odios eternos. A pesar de la abundancia de fuentes, algo brumoso e impreciso, como un hálito de misterio, envuelve la vida de este hombre providencial que se ganó por derecho propio su presencia en estas páginas. En más de un aspecto la vida de Llull evoca la de Nicolás Flamel, el célebre alquimista parisino. Veremos como las trayectorias de ambos se cruzan en un punto de gran tradición en la Europa Medieval, Santiago de Compostela.

Llull había nacido en Mallorca entre el 1233 y el 1235. El "Directorio de los Inquisidores" dice de él que era "catalán, mercader, oriundo de Mallorca, era laico, fantasioso, impérito, había escrito unos cuantos libros en lengua catalana vulgar, porque era totalmente ignorante de la gramática". Quien le dedicó estas líneas -el inquisidor Nicolau Eimerich- evidentemente no le tenía mucha simpatía. Lo único que hay de cierto en estas informaciones es su lugar de nacimiento y la profesión de sus padres que pudieron darle una desahogada situaciones económica. Como San Ignacio de Loyola, durante su juventud fue un aventurero de pocos escrúpulos, perseguidor de mujeres y amante impenitente.

Emprendió su "camino de Damasco" al quedar prendado por la belleza de una noble genovesa, Ambrosia de Castello a quien asedió con tenacidad. Es célebre su irrupción a caballo en una iglesia para depositar a los pies de su amada un madrigal. Tras este episodio, Ambrosia aceptó recibirlo en sus habitaciones y, teniéndolo con él, empezó a desnudarse, pero no para satisfacer los ímpetus del joven Llull sino para mostrarle su seno carcomido por las úlceras de un cáncer. El mismo Llull contó el episodio explicando como retrocedió horrorizado. En sus oídos quedaron grabadas las palabras de la dama: "Miralos bien Raimundo; contempla la fealdad de este cuerpo que ha conquistado tu afecto. ¿No harías mejor consagrando ese amor a Jesucristo?". Puede añadirse a modo de curiosidad que Pedro I de Castilla vivió un episodio similar cuando María Coronel le mostró una enfermedad análoga. Verosímilmente se trata de un episodio mítico que Llull o Pedro I, dramatizan de la misma manera, al igual que Flamel o Dante, lo hacen en la alegoría de Perrenelle o Beatriz: el símbolo de la pareja, los dos aspectos, masculino y femenino del Cosmos. 

Llull se retiró a meditar y pensó que el ejercicio de la lírica trovadoresca podría calmar su angustia; pero no logró serenarse con la poesía. En el siglo XIII, el movimiento de los trovadores, no era un movimiento exclusivamente poético o artístico, sino, en buena medida, un formidable movimiento de oposición política al papado, puesto al servicio de la concepción gibelina del Imperio. Se ha repetido hasta la saciedad que los trovadores hablaban un lenguaje secreto, que para ellos, el “Amor” era la inversión de “Roma”, la ciudad de los papas y que hay que ver en ellos y en otras organizaciones clandestinas gibelinas, adictas al Imperio, el núcleo que generaría, casi sin solución de continuidad, el movimiento rosacruciano. La experiencia trovadoresca fue sólo una etapa momentánea y puntual en la vida de Llull. Era joven cuando afirmó haber tenido la visión de una cruz; la rechazó; aun hubo de aparecer tres veces más la visión para que comprendiera su vocación. A partir de ese momento Llull decide entregar su vida "a señores que no se corrompan jamás". Dios era el único de estas características...

Quiso ratificar esta decisión mediante una acto que demostrase lo muy atrás que había quedado su disipada vida anterior. Y marchó a Santiago de Compostela. Llull sitúa este viaje en 1267, cuando contaba treinta y tres años... Demasiado simbolismo para no tomar esta peregrinación como una alegoría simbólica y que bastan para otorgarle la categoría de "noble viajero". Y es aquí donde la vida de Nicolás Flamel y la de Llull se cruzan.

Fulcanelli, quien sin duda ha hecho la exégesis más brillante del relato alegórico de Flamel, nos explica que hay que entender por "Compostela". El nombre derivaría de los vocablos latinos "compos", el que ha recibido, el que posee y "stella", estrella. Fulcanelli sostiene que el relato de la peregrinación que Llull, Flamel y otros maestros del arte hermético legaron a la posteridad, no es sino la descripción alegórica de las operaciones necesarias para alcanzar la piedra filosofal. Escribe Fulcanelli: "Pues bien, nosotros certificamos -y puede confiarse en nuestra sinceridad- que Flamel jamás salió de la bodega donde ardían sus hornos. Quien sabe lo que es el bordón, la calabaza y la merella del sombrero de Santiago, sabe también que decimos la verdad. Sustituyendo por los materiales y tomando modelo del agente interno, el gran adepto observaba las reglas de la disciplina filosófica y seguían el ejemplo de sus predecesores. Raimundo Lulio nos dice que realizó, en 1267, inmediatamente después de su conversión, el peregrinaje a Santiago de Compostela. Todos los maestros, pues, han empleado la alegoría, y esos relatos imaginarios que los profanos tomarían por realidades o ridículos cuentos, según el sentido de las versiones, son precisamente aquellos en que la verdad se afirma con la mayor claridad. Basilio Valentino termina su primer libro, que sirve de introducción a las "Doce claves", con una escapada al Olimpo (...) Bernardo Trevisano dice, en cuarenta páginas, muy poca cosa, pero el interés de su "Libro de la filosofía natural de los metales" procede las escasas páginas que componen su célebre "Parábola" (...) Cada autor escoge el tema que le agrada y lo desarrolla según su fantasía (...) Todas las efigies de Flamel lo presentan como peregrino (...) La llegada a Compostela implica la adquisición de la estrella". Y termina Fulcanelli: "El peregrinaje de Flamel es una pura alegoría, una ficción muy hábil e ingeniosa de la labor alquímica a la que se entregó aquel hombre caritativo y sabio". Lo mismo vale con Llull.

Tanto en el caso de Llull, como en el de Flamel, el desencadenante de su peregrinación es una mujer, Ambrosia para el alquimista catalán, Perrenelle para el parisino. Los nombres de ambas "mujeres" son extraordinariamente significativos. Perrenelle, esposa de Flamel, quiere decir textualmente "la piedra estaba en ella" (Pierre-en-elle), no hay ninguna duda que se aludía a la “piedra filosofal” de los alquimistas y en cuanto a Ambrosia apenas disimula el nombre que para los alquimistas era el néctar o quintaesencia que daba la inmortalidad. El tema de la muerte aparece en ambos. La muerte es la putrefacción de la materia, la misma que Llull observa en el seno de su amada, que tiene su equivalente en la muerte del "maestre Canches", el iniciador que acompaña a Flamel en parte de su viaje.

Ambos relatos son, pues, una misma experiencia -dramatizada en términos de peregrinación- de búsqueda y obtención de la piedra filosofal. Por eso tenemos la seguridad de que Ramón Llull practicó el noble arte de la alquimia, y no tanto por sus decenas de tratados propiamente herméticos -que pueden o no ser de su paternidad- como por aquellos otros que, reconocidos por todos los especialistas como lulianos, nos hablan en lenguaje simbólico y hermético.

Si Arnau de Vilanova había empezado hablar de fases en la elaboración de la "piedra filosofal", a partir de Lulio empieza a hablarse de "multiplicidad de caminos" para acceder al objetivo final de la ciencia hermética: la transmutación metálica. Un camino rápido y fácil llamado "vía seca" y otro largo y dificultoso, "vía húmeda", aparecen a partir de entonces. En el primero se trata de seguir una disciplina interior y un ascesis purificador que destruya todas las infecciones que la unión del espíritu (el Mercurio) con el cuerpo (la Sal) haya podido provocar en el Azufre (el alma). En la vía seca, por el contrario, se trata de entrar directamente en contacto con al Azufre para que, a partir de éste, se reavive el espíritu (el mercurio) prescindiendo de cualquier otra consideración; por eso los hermetistas aluden a esta posibilidad como un "lavado mediante el fuego". Todo induce a pensar que Llull siguió la vía seca. La vía difícil.

Otras innovaciones en haber de Llull -atribuidas por la Tradición Hermética- son la ideación de un recipiente de destilación llamado "pelícano" y la utilización del "sello hermético" para cerrar los vasos en el interior de los cuales se cuece el compuesto filosofal. Estas aportaciones son descritas minuciosamente en su "Elucidación del Testamento" uno de los tratados alquímicos que se le atribuyen.

En otro tratado, llamado "La Clavícula", describe todo lo necesario para la realización de la Gran Obra, lamentablemente, siempre en lenguaje alegórico o simbólico: "Hemos llamado Clavícula a esta obra porque sin ella es imposible comprender los demás libros nuestros, cuyo conjunto cubre el Arte entero y porque nuestras palabras son oscuras para los ignorantes", son sus primeras frases. Y advierte también en la introducción "Tened cuidado de revelar este secreto a los malos, no lo comuniquéis sino a vuestros amigos íntimos, aunque no deberíais revelarlo a nadie, porque es un don de Dios que con él hace un  regalo a quien le parece bueno. El que lo posea, tendrá un tesoro eterno". El tesoro existe, son los “lulios” o “nobles de la rosa”... Aun corren entre los coleccionistas unas monedas acuñadas, según se dice, con oro obtenido por Llull en una memorable transmutación en la Torre de Londres. Resulta extremadamente significativo que las monedas acuñadas con el resultado de una transmutación metálica realizada por Llull reciban el nombre de “nobles de la rosa”[xlviii].

Es incontrovertible la existencia de estas monedas y la presencia de Llull en Inglaterra. Todo lo demás está envuelto en la leyenda. Ciertamente buena parte del centenar de tratados alquímicos atribuidos a Llull es manifiestamente falso y entre las suspicacias que despertó en el Gran Inquisidor Nicolau Eimeric no figura la práctica de la alquimia, pero si se alude, en cambio, a la nigromancia. Efectivamente, la acusación aparece en el tratado de Eimeric titulado "Fascinació de los lul.listas" escrito con posterioridad a la muerte de Llull. En otra obra análoga, el "Directorio de los Inquisidores", se acusa a Llull de haber divulgado obras "obtenidas mediante arte diabólica, porque no le había sido comunicada por los hombres, ni por el estudio humano; ni por Dios, porque Dios no es doctor de los herejes ni de los errores". Tanto la acusación de nigromancia, como la alusión a las artes diabólicas, eran frecuentemente eufemismos que los inquisidores utilizaban para evitar hablar del noble arte de la alquimia que inmediatamente suscitaba el favor popular y la posibilidad de apoyos de la nobleza. Es, pues, posible que la Inquisición tuviera constancia de las tareas herméticas de Llull pero prefiriera procesarlo por lo que consideraba eran errores doctrinales y, por tanto, de mayor peso.

Llull tardó siete años en apaciguar su espíritu, luego emprendió su viaje, real o imaginario, a Santiago como inicio de una serie de desplazamientos por las grandes ciudades del mundo conocido. En 1265 regresa a Palma de Mallorca con un bagaje cultural envidiable. Entonces se aprestó a profundizar en el hebreo y el árabe, idiomas en los que llegó a expresarse con toda soltura. Decir hebreo, inevitablemente, llevaba a la cábala.  

Nuevamente encontramos un episodio en la vida de Llull en el que es imposible dilucidar la parte que corresponde a la realidad y lo que existe de simbólico. Un esclavo árabe de su propiedad se reveló; blasfemó de Cristo e hirió a Llull. Luego se suicidó. Existen muchas leyendas y alegorías herméticas que tienen como protagonista a un "esclavo fugitivo", tenido como símbolo del espíritu sometido a la tiranía de la materia. La rebelión del esclavo supone el intento de liberación del espíritu y su muerte es, de hecho, su triunfo, el equivalente al "opus nigrum" hermético, la primera fase de la obra filosofal. Tras este episodio, Llull, ya convertido en terciario franciscano, se retira al monte Randa.

En el monte Randa, situado en el centro geométrico de Mallorca, se encuentra hoy el santuario de Nuestra Señora de Cura. Allí, dice la tradición, se encontraba la cueva en donde Llull se retiró en 1273 durante ocho días y tuvo su primera iluminación de la que saldría "Ars Magna". Concentrado en sí mismo y en su propia interioridad, de repente alzó la vista hacia el árbol que le cubría con su sobra y pudo ver en las hojas las letras ordenadas que compondrían su obra capital. Retirado en el mismo lugar por otros cuatro meses, volvió a tener sus visiones angélicas y con ellas la revelación de toda la ciencia de su tiempo. Estas visiones le acabarían otorgando el título de "Doctor Iluminado"[xlix].

Intentará que el Papa Honorio IV aprobara su sistema de formación de misioneros, pero el día en que puso pié en Roma -3 de abril de 1287- el papa acababa de morir y Llull prefirió retirarse a París. Fue en la Sorbona donde disputó con Duns Scoto del que llegaría a ser gran amigo. El canciller de la Universidad, Bertaud de Saint Denis le permitió enseñar sus teorías y ser considerado, desde entonces, "Magister Raymundus". De esa época data el "Libro de las Maravillas". Luego en Montpellier escribió el "Arte Inventiva" y el "Arte Amatoria". Buena parte de esta producción parece de corte oriental; ya por entonces Llull era un perfecto conocedor de la literatura árabe; había leído los textos sufíes y la poesía musulmana y encontró en ellas inspiración y técnicas precisas. Resulta significativo, como ya hemos dicho, que el templarismo restableciera los contactos con el mundo árabe durante las cruzadas y que fuera a través suyo que se restableciera una forma de gnosis [doctrina del conocimiento] en Occidente. El interés de Llull por Oriente abunda en esta tendencia y es revalidada por la leyenda de Christian Rosenkreutz y sus viajes a Oriente. 

Llull, igual que Arnau de Vilanova, se sintió atraído por las doctrinas del "Evangelio Eterno" escrito por Joaquín de Fiore en la última década del siglo XIII. Pasó por Montpellier donde enseñaba Arnau. Contrariamente a Arnau, Llull no cree en la venida inminente del Anticristo -contra el que, por lo demás, escribe un opúsculo- pero, ambos coinciden en la necesaria reforma de la cristiandad que, como veremos, pasaba por la organización de una nueva cruzada y de la conversión de los infieles. Difunde estas tesis en los medios universitarios y entre los franciscanos "espirituales". Pero, poco a poco, se va convenciendo de que en esto existe mucha teoría y que es preciso predicar con el ejemplo.

Tras una crisis interior decidirá desplazarse a Barbaria (Túnez) para predicar entre los infieles su "Arte". Estaba convencido de la infalibilidad de su método, obtenido por revelación divina. Algunos historiadores sostienen que Llull buscaba desesperadamente el martirio. No lo conseguiría ni en este viaje ni en otros dos posteriores. A la expedición a Túnez seguiría otra en 1301 a Chipre y Armenia y una siguiente a Bugia. No hubo martirio, ni tampoco resultados positivos; los años siguientes serían igualmente parcos en éxitos... tanto para Llull como para la cristiandad.

El siglo XIII no terminó bien para la cristiandad. San Juan de Acre se había perdido y la pérdida de Tierra Santa constituyó un verdadero trauma para la cristiandad. El período que va de 1291 hasta 1307, poco más de quince años, está marcado por la búsqueda de un culpable de la derrota. Los reyes, por lo demás, habían perdido de vista, en su gran mayoría, los objetivos heroicos y el espíritu de las cruzadas, les interesaba mucho más ordenar sus reinos, empezaban a rivalizar con la nobleza feudal e iniciaban un proceso de concentración de poder que debería culminar un par de siglos después con la constitución de los primeros estados nacionales. Los reyes eran los primeros en necesitar un culpable a quien señalar y si, por lo demás, podían requisar sus fondos y llenar sus menguadas arcas, mucho mejor.

Durante estos quince años, particularmente en Francia, la Orden de los Caballeros Templarios fue el chivo expiatorio que atrajo todas las censuras y a la que se responsabilizó de las desgracias sufridas por la cristiandad. Pero tampoco la Orden de los Caballeros Teutónicos, ni los Hospitalarios se vieron libres de críticas e igualmente resultaron acosados por papas y reyes. Sin embargo, iban a ser los templarios, las verdaderas víctimas de este triste episodio que prefigura la historia moderna de Europa.

En los primeros años del siglo XIV se hizo evidente que la política templaria entraba en contradicción con la de Felipe el Hermoso rey de Francia. Este, por lo demás estaba endeudado desde 1300 con la Orden de la que había recibido un préstamo de cien mil libras para costear su corte. Más adelante, Felipe debió refugiarse en la Torre del Temple de París, hostigado por sus súbditos. En esos años los templarios se habían manifestado partidarios de limitar el poder real en beneficio de las instituciones feudales, religiosas y corporativas. Felipe comprendió pronto que su suerte estaba ligada a la de estos caballeros cuya tutela jamás lograría sacudirse, así que optó por la vía radical. Decidió exterminarlos con la complicidad Clemente V, pues tampoco el papado veía con buenos ojos el poder templario y se había hecho eco de los rumores que corrían sobre extrañas ceremonias y ritos iniciáticos aprendidos en Tierra Santa por el contacto con sectas musulmanas.

Desde 1179 llegaban acusaciones del clero contra la orden, pero su valor en el combate y la copiosa sangre templaria derramada en defensa de la cristiandad había acallado todas estas fabulaciones. Pero a principios del siglo XIV se vivía otro clima muy diferente. En esos momentos Llull aparece en escena. Escribe una amorosa misiva al papa Nicolás IV titulada "De qué manera se podrá recuperar Tierra Santa" que contiene una propuesta audaz ya que no original. En efecto, desde mediados del siglo XIII, Federico II, "Stupor Mundi", había propuesto un plan de unión de las tres principales órdenes militares. Llull lo recupera cincuenta años después y considera que solamente tal fusión podría crear una punta de lanza lo suficientemente aguerrida como para que la cristiandad pudiera poner pies en Tierra Santa, sin riesgo de un renovado descalabro. El Temple, los Hospitalarios y Teutónicos deberían aliar sus fuerzas en la "Orden del Espíritu Santo". 

El interés de Llull por el templarismo y las órdenes ascético-militares demuestra hasta que punto su presencia era viva en España. En los últimos cuarenta años, toda una historiografía francesa ha considerado la Orden del Temple casi como algo propio, un producto galo cuya presencia en el resto de Europa fue poco más que episódica. Nada más lejos de la realidad. El templarismo es un producto del ecumene europeo. Si bien es cierto que en Francia la Orden tenía algo más de arraigo que en otros países, la contribución española a las armas templarias no fue en absoluto desdeñable. Si en el Este los templarios corrieron a defender Tierra Santa y buena parte de su sentido y protagonismo está en las cruzadas, en el Oeste tenía lugar un combate de dimensiones igualmente épicas entre dos concepciones del mundo distintas, el Islam y Europa. El choque tuvo lugar en tierras de España; fue la epopeya de la Reconquista. Aquí el templarismo y los hospitalarios se emplearon a fondo. No puede extrañar, por tanto, el interés de Llull por el templarismo y por el resto de órdenes militares, como hijo de la catolicidad, nacido en uno de los reinos de Hispania, pedía eficacia en la lucha contra el Islam, no sólo en Tierra Santa, sino en su propia tierra.

Llull se desplazó a Chipre para entrevistarse con Enrique II, rey de los Santos Lugares que permanecía en esa isla, último reducto de sus efímeros dominios. No obtuvo nada de lo que pedía, ni apoyo para su proyecto, ni tan siquiera permiso para marchar en busca del misterioso reino del "Preste Juan" en la ruta hacia Oriente. En Famagusta fue recibido por el Gran Maestre del Temple, Jacques de Molay, quien, tras acogerle, le negó igualmente cooperación. Molay no pensaba que su orden pudiera ser liquidada solo tres años después, se veía maestre de la orden más poderosa de su tiempo con 30.000 combatientes, 9.000 encomiendas y miles de toneladas de metales preciosos en sus arsenales.

Ramón Llull no se rinde. Está persuadido -no en vano ha sido influido por Joaquín de Fiore- que la cristiandad está a punto de derrumbarse, que es preciso preparar las estructuras para el advenimiento del Reino del Divino Paráclito, ese Espíritu Santo, cuyo nombre quiere que sea el de la Orden Militar nacida de la fusión de las otras tres. Llull marchará a entrevistarse con Jaime II de Aragón en 1305; para él ha escrito "Liber de Fine" que el rey remitirá a Clemente V. Débil y temeroso, el papa tiene conocimiento de la conspiración que Felipe el Hermoso está urdiendo contra los templarios y pretende encontrar una salida en la fusión de las órdenes militares. La lectura del documento de Llull inspirará una misiva a los maestres de las tres órdenes en donde les sugerirá seguir el consejo de Llull. Pero la carta quedará sin respuesta durante muchos meses y cuando De Molay se digna contestar, la negativa, educada y correcta en su forma, es radical en su fondo. El 13 de octubre de 1307 la suerte está echada para los templarios que son detenidos en todas las encomiendas situadas en territorio francés.

Pero tampoco este descalabro para la caballería medieval indujo a Llull a la pasividad o la renuncia a su proyecto; antes bien, volvió a escribir al Papa para pedirle la celebración de un concilio que tratara sobre la disolución de la Orden y reconsiderara, a la luz de los nuevos acontecimientos, su proyecto de reconquista de Tierra Santa y fusión de las órdenes militares. Llull, sin entrar en la legitimidad de las acusaciones de Felipe el Hermoso contra la Orden, admite que los intereses templarios se han trasladado a Occidente, después de la pérdida de Acre y Jerusalén y considera que aquí entran en contradicciones con las distintas monarquías nacionales en formación. La única solución al problema consiste en unificar esfuerzos, aprovechar el legado templario y sus riquezas, para impulsar una nueva cruzada. Ingenuamente escribe al rey de Francia su memorial "Liber de natali pueruli parvuli Christi Iesu", pidiendo apoyo para su proyecto. Pero el rey Felipe quiere la destrucción de la Orden y la apropiación de su oro. Llull intentará salvar su proyecto por última vez en 1311 en el Concilio de Viena.

Morirá un año después de que Jacques de Molay y los altos dignatarios del Temple fueran quemados en una pequeña isla del Sena, tras Notre Dame de París, cuyas torres jamás acabarían los canteros medievales como protesta por la ejecución de quienes tanto les ayudaron.

Hasta aquí los datos biográficos y las teorías de Arnau de Vilanova y Raymond Llull. Vale la pena recordar lo que ya hemos dicho anteriormente: el fenómeno “rosa cruz” en esa época, no existía como organización. La semilla sembrada por el templarismo iba, sin embargo, fructificando e incorporando a personas no incluidas en la orden. Poco a poco, la “experiencia rosa cruz”, iba asentándose sobre un bagaje esotérico progresivamente más completo y sofisticado. En esta elaboración, las figuras de Vilanova y Llull, brillan con luz propia. Tras ellos, seguirá toda la generación de humanistas cristianos del Renacimiento italiano, que han pasado a la historia con el nombre de “magos renacentistas”. A ellos vamos a referirnos a continuación como elementos de transición entre la “Rosa Cruz Originaria” y la “Rosa Cruz Histórica”.

Los “magos renacentistas” y su filiación Rosa Cruz

Los humanistas del Renacimiento, partieron de un error manifiesto; en efecto, consideraban que sus dos libros de cabecera, el "Asclepius" y el "Corpus Hermeticum", habían sido escritos por el mismísimo Hermes Trimegisto[l]. La antigüedad de estos textos, sin embargo, no se prolongaba más allá del siglo III de nuestra era y forman parte, no tanto de la cultura egipcia, como de la helenística. Hay en estos textos interpolaciones de estoicismo romano, del judaísmo khabalístico, de la teología persa, creencias egipcias y el platonismo del "Timeo". La mayoría de estos tratados describen operaciones de magia y las concepciones metafísicas en las que se basaban, a través de diálogos.

Los humanistas del Renacimiento estaban convencidos que los libros habían sido "revelados" por el dios egipcio Toth (el Hermes griego, de ahí que se les llamara "tratados herméticos"). Para los renacentistas, Toth fue un personaje real, un sacerdote egipcio, sumamente sabio e inspirado que escribió los tratados[li]. Este error generó, paradójicamente, lo mejor del Renacimiento, lo que se ha llamado “humanismo mágico”[lii].

En 1460, Cosme de Medicis entregó un manuscrito procedente de Macedonia al filósofo neoplatónico, Marsilio Ficino, para que lo tradujera[liii]. Se trataba de 14 de los 15 libros que componen el "Corpus Hermeticum". Ficino dedicó la obra a Cosme y, en la introducción, reveló la reverencia que ambos sentían hacia aquel texto egipcio (y por tanto anterior al mundo clásico y al judaísmo): "En la época en que nació Moisés, florecía Atlas el astrólogo, hermano del físico Prometeo y tío materno de Mercurio el Viejo, cuyo sobrino fue Hermes Trimegisto"...[liv]

Ficino opinaba que la filosofía de Platón tenía su origen en el "Corpus Hermeticum" y veía en ella la perfección divina. En síntesis, la obra era un tratado, más mágico que hermético. Mediante el conocimiento de las leyes que rigen el macrocosmos, el sabio tendrá la posibilidad de dominar y controlar las fuerzas sutiles que reinan en la naturaleza inferior y ponerlas a su servicio. El "Picatrix", uno de los tratados, explicaba la posibilidad de crear talismanes utilizables en magia simpática y astral[lv].

Se creía que el nombre de "Trimegisto" (literalmente, “tres veces grande”) procedía de tres personajes diferentes que fueran llamados Hermes: uno sería Enoch, el otro Noé y, finalmente, el último el propio Hermes, rey de los egipcios. Era lógico que, finalmente, los magos renacentistas, la mayoría cristianos, fueran a parar a la khábala hebrea que daban como tradición común a Enoch y Noé y la unieran a la incorporaran a sus experiencias mágicas.

Marsilio Ficino, a partir de su traducción de los textos herméticos, se convierte a la nueva fe que, para él, es la más antigua que ha visto la humanidad y, por tanto, la más auténtica y originaria. Junto a la apertura de una escuela neo-platónica, Ficino fue el primer en practicar la magia astral[lvi] descrita en el "Corpus Hermeticum"; conoció tardíamente la khábala que, en el contexto de su obra, ofrece sólo un interés marginal. Diferente será el caso de Pico della Mirandola, contemporáneo suyo, quien además de la magia hermética se inició en la khábala práctica o magia khabalística[lvii].

La técnica de Pico consistía en invocar a los ángeles, arcángeles y sefirots (nombres o poderes de Dios), a través de procedimientos mágicos. Pico creía que los textos herméticos habían sido escritos directamente por Moisés, a quien la tradición hebrea atribuye, por su parte, la paternidad de la khábala. Buen conocedor de Arnau de Vilanova, Pico comparte con él la idea de que la khábala confirma la veracidad del cristianismo. Escribe: "hay una lengua sagrada cuyo significado ultrapasa la medida de la capacidad humana", se refiere a los caracteres hebreos imprescindibles para el estudio del khabalismo. De hecho, éste no es más que un sistema de meditación sobre unas formas (las letras hebreas), a cada una de las cuales se les atribuye unas equivalencias en los planos material, espiritual y divino. Mediante el estudio y el total abandono de uno mismo, despertará una "intuición intelectual", que generará una iluminación interior, o bien, la asunción de poderes por parte del mago o khabalista. Pico concibe la magia khabalística como el conocimiento final de las leyes de la naturaleza, que, por tanto, concede poderes sobre ella.

De la misma forma que Arnau de Vilanova ya tuvo problemas con la Inquisición, el papa Inocencio VIII encontró heréticas algunas de las tesis de Pico. En julio de 1487, tras varias sesiones de la comisión papal, con el propio Pico presente, la Santa Sede emitió una bula de condena, declarando heréticas sus tesis y prohibiendo su publicación. Debió retractarse e hizo acto formal de sumisión. Más tarde huyó a Francia y estuvo encarcelado durante un tiempo.

En 1492, la subida al trono pontificio de Alejandro VI ("el papa Borgia") mejoró su situación. El nuevo papa, defensor de la astrología y la magia, salió en defensa del mago khabalista, el cual fue declarado libre de toda culpa. Pinturicchio, diseñó varios frescos en las habitaciones del papa, de indudable inspiración hermética, que Alejandro VI consideró homenaje a los perjuicios causados a Pico. El khabalismo cristiano triunfó en el Vaticano con Alejandro VI. Al menos temporalmente.

El Renacimiento fue, no sólo una filosofía, sino, sobre todo, un movimiento artístico. Pintores como Boticelli (véase su cuadro "La Primavera") o Durero ("La Melancolía", "El Caballero, la muerte y el diablo" o "La tentación de San Jerónimo"), Piero della Francesca, El Parmigiano, etc.[lviii] estuvieron influidos por la cábala cristiana que conocieron bien tal como demuestran sus obras. Cornelio Agrippa, uno de los inspiradores de Durero, puede considerarse, en rigor, un cabalista-cristiano y rosacruz.

Agripa introduce un nuevo elemento en el debate mágico del Renacimiento, el pitagorismo[lix]. Advierte la unión entre khabala y matemática y explica que es necesario que "el mago conozca la filosofía natural y la matemática y que también tenga ciertos conocimientos sobre mecánica, para hacer cosas maravillosas"[lx]. Agripa define en estas pocas líneas el carácter polifacético que tuvieron los grandes renacentistas, Leonardo da Vinci, particularmente.

Cien años después, Tomasso Campanella y el alquimista John Dee, demostraron que en el siglo XVI, la escuela de cabalismo cristiano se mantenía viva y activa y que buena parte de sus miembros había derivado hacia la alquimia. Dee y Campanella fueron cristianos ejemplares y del primero se dice que logró fabricar la piedra filosofal. En cuanto a la "Ciudad del Sol" de Campanella, anuncia ya el futuro heliocentrismo que desarollarán Copérnico, Galileo y Giordano Bruno. De Jhon Dee no cabe duda de que estuvo en contacto con los primeros grupos rosacruces ingleses[lxi]. Lo mismo puede decirse de Cornelio Agrippa y la rosacruz alemana. Los humanistas italianos, por su parte, seguirían constituyendo linajes iniciáticos autónomos.

El hermetismo enseña que el Sol, corresponde en la magia simpática, al Oro y, por tanto, siendo este inalterable y grado máximo de perfección, corresponde al Sol el lugar de centro de la creación en torno al cual todo gira. Copérnico publicó su tratado "De revolutionibus orbium celestiun" en 1543 y menciona el "Corpus Hermeticum" para dar autoridad a su tesis e incluso menciona a Hermes Trimegisto. Una lectura rápida de este texto indica que no es el interés científico lo que mueve a Copérnico, sino su interés por el Sol, interés derivado de los tratados herméticos. Por lo demás Copérnico se declaró conocedor y partidario de Marsilio Ficino[lxii].

Giordano Bruno es, sin duda, la figura más representativa del espíritu renacentista. Expulsado de los dominicos por hereje, viajó por toda Europa, escribió sus obras en Inglaterra y, encontrándose en Venecia, la inquisición romana reclamó su entrega. Procesado, fue quemado vivo en 1592. Bruno, es el primer khabalista de la corriente hermética que rompe con el cristianismo. En su obra "Cavala del cavallo pegaseo", expone su visión de la magia y la teología hermética. Antiaristotélico y neoplatónico afirma que "no es posible tener conocimiento alguno acerca de las cosas sobrenaturales, excepto a través de sus reflejos en las cosas naturales". El mismo, se autocalifica en más de una ocasión como "mago" y, a pesar de lo que han intentado explicar los racionalistas y positivistas del siglo XIX, su interés por la magia no fue sólo un producto de sus últimos meses en cautividad, sino que durante toda su vida, se interesó y practicó la magia khabalística[lxiii]. Las dos obras que escribió sobre estos temas, fechadas en 1590 (“De magia”) y 1591 (“De vinculis in genere”), no fueron descubiertas hasta hace 100 años. Bruno veía en Cristo a un mago. Escribía: "Si el hombre puede obtener poderes por medio de experiencias herméticas) por qué Cristo no pudo haber obtenido los suyos con métodos análogos".

El mismo Pico della Mirandola creía poder probar la divinidad de Cristo, sirviéndose de la magia y la khábala, siguiendo en esto a Arnau. Bruno conocía los comentarios khabalísticos del Génesis, pero su particular polémica con la Santa Sede, agrió su visión del cristianismo. La conclusión que ofreció en su libro "De immenso et innumerabilis" es que, tanto el cristianismo, como el khabalismo hebreo, han surgido de la tradición egipcia. Luego, de lo que se trata es de realizar una "contrarreforma" inspirada en Egipto; es decir, un retorno a las fuentes originarias del cristianismo. Pero existían otras interpretaciones.

A pesar de que el movimiento rosacruciano jamás fue unitario y que, ya a partir del siglo XVII, pueden percibirse en él tendencias contradictorias, finalmente no es más que un intento de interpretar los evangelios a la luz de la tradición hermética y de otras aportaciones no específicamente cristianas.

Es preciso aludir a un último humanista renacentista del que se sabe que era alquimista y “rosa cruz”, Teophrastus Bombastus von Hohenheim Paracelsus, el famoso “Paracelso” cuyo nombre aparece por derecho propio en “La Confessio”, uno de los primeros manifiestos rosacrucianos, su nombre aparece citado expresamente[lxiv]. El nombre de “Paracelso” es, obviamente, simbólico, significa “Elevado en materia espiritual”. En Würzburg conoció al abad Tritemius[lxv], otro de los nombres ligados a los linajes “rosa cruces” previos a la salida a la superficie del movimiento. De hecho, Cornelio Agrippa y Paracelso, fueron discípulos suyos. A pesar de ser abad de Spanheim, Tritemius, dejó varias obras trufadas de innegables contenidos herméticos. Su alumno, Paracelso, aprendió pronto árabe, caldeo, griego, hebreo. Fue versado en la khábala hebrea. Durante toda su vida ejerció la medicina y cuidó la salud de las grandes personalidades de su tiempo; su biografía nos lo pinta como un personaje extremadamente bondadoso y caritativo. Se conocen a la perfección sus obras, reunidas tras su muerte por su discípulo Huser, el cual imprimió una R mayúscula y una rosa en la carátula de los trescientos sesenta y cuatro escritos que encontró firmados por Paracelso[lxvi]. Paracelso reconoce la deuda contraída con los humanistas mágicos del Renacimiento (especialmente con Pico y Bruno), reconoce que su inspiración parte de Llull, agradece a Tritemius y Agripa sus consejos y Jacob Böheme fue, finalmente, su discípulo.

La influencia de Paracelso en los “rosa cruces” posteriores se evidencia en el énfasis puesto en los manifiestos rosacrucianos atribuidos a Andreae por la práctica de la “medicina natural”.

Se atribuye a los discípulos de Paracelso y, concretamente a Simón Studion[lxvii], el haber constituido una de las primeras organizaciones en las que cristalizó el pensamiento “rosa cruz”, la Milicia Crucífera Evangélica. Esta organización propugnaba, al parecer, una profunda reforma social y su emblema era la rosa y la cruz. Pero, estamos ante una organización equívoca y, acaso inexistente. Las fuentes sobre las que se alimentan todas las informaciones sobre este grupo parten todas de un mismo texto publicado doscientos años después, el “Witembergisches Repertorium der Litteratur" (1782-83), al que siguió otro texto, “Uber den Wahren Ursprung de Rosenkreuzer un des Freymaurer Ordens” (1823) escrito por von Murr, que completa las afirmaciones contenidas en el primero[lxviii]. Todas estas referencias destacan un hecho absolutamente increíble: que el católico Paracelso, habría inspirado una asociación... protestante.

¿Quién era Simón Studion? Waite explica que fue preceptor en Ludwisburg en donde tenía una librería y se preocupaba de coleccionar piedras preciosas. Fue, también, anticuario. Von Murr, explica que en el año 1686 estuvo en Hannover donde asistió a una “asamblea de carácter religioso, de la cual surgió el movimiento de la Milicia Crucífera Evangélica”[lxix]. Ahora bien, Murr era francmasón y su libro se preocupa de trazar una veta continua que partiendo de los Templarios, llegue a los francmasones, pasando por los rosacruces. Dado que entre el final del Temple y la aparición de Andreae, pasan casi 300 años, se ve obligado a imaginar asociaciones intermedias que aseguren la continuidad del legado templario. Le es más fácil partir de las especulaciones sobre los discípulos de Paracelso que reconocer que en ese período no existen datos suficientes que permitan pensar que existieron asociaciones “rosa cruces” dignas de tal nombre.

En el “Repertorium” se cita que en 1502, una cruz y otros instrumentos de la pasión de Cristo cayeron en Herrenberg y cita a algunos testigos. Entre ellos figuraba Tobías Hess, del que se sabe que era amigo de Johan Valentín Andreae[lxx], el cual le dedicó una de sus obras. Esto permitió a von Murr afirmar que existía una línea de filiación entre la Milicia Crucífera y Valentín Andreae.

Lo que sí es rigurosamente cierto es que, cuando sale a la superficie, estamos ante un movimiento que ha tomado partido –o a generado- el luteranismo. En “Memorias de los Extraños Desengaños Populares” de Charles Mackay, se reconoce que los “rosa cruces” eran luteranos, algo que el abate Gaultier, de la orden de los jesuitas, aprobó. Kauzer, por su parte, afirma que las iniciales FCR, significaban, tanto Fraternidad Rosa Cruz, como Fraternidad Religiosa Calvinista[lxxi].

Es posible que la “Fama Fraternitatis” fuera publicada en vida de Studion y que, como piensa Waite, él mismo fuera uno de los redactores, pero los testimonios a este respecto son muy débiles como para poder tenerse en cuenta. Por lo demás, en las escasas fuentes sobre la Milicia Crucífera no encontramos mucho material que sugiera que se trató de una continuación de los linajes iniciáticos surgidos del templarismo[lxxii]. Hay que recordar, cuál era en ese momento, previo a su salida a la superficie, las distintas aportaciones del fenómeno “rosa cruz”. 

Los primeros rosacruces advirtieron que los textos evangélicos, como los relatos bíblicos, en general, podían leerse utilizando tres claves: de un lado, el sentido estricto y literal del que se desprendía un contenido moralista; de otro, un sentido simbólico enunciado a través de signos, parábolas y enseñanzas que trascendían, con mucho, la interpretación meramente moralista y religiosa que solían hacer los sacerdotes en sus predicaciones; finalmente, existía un sentido más profundo, metafísico e iniciático, que se desprendía en el Antiguo Testamento de la khábala hebrea. Pero, la khábala es la llave que conduce a un estado diferenciado de conciencia que permite ver el cosmos como totalidad. “Estudiar la khábala” implica, necesariamente, introducirse en ese estado de conciencia profunda. Aquí radicaba el sentido metafísico de la enseñanza bíblica. En la medida en que los rosacruces intentaban encontrar el sentido oculto a los evangelios, era normal que, antes o después, terminaran interesándose por las fuentes en las que se habían escrito esos textos, es decir, en el ámbito de judaísmo khabalístico.

Los humanistas del Renacimiento aprovecharon los trabajos realizados por los precursores del cabalismo cristiano, en especial, Llull y Arnau; al mismo tiempo, algunos se sintieron capaces de desarrollar y practicar el hermetismo, inherente también a estos dos precursores; les ayudó el descubrimiento de los textos atribuidos a Hermes Trimegisto. Fue así como penetraron en la “magia natural”. Es, a través suyo, como esta temática se filtra en las asociaciones rosacruces aparecidas con posterioridad.

De hecho, hasta aquí, el movimiento rosacruciano, aún incipiente y sin, prácticamente, cristalizar en ninguna organización estable (o, al menos, conocida), había ido desde el siglo XIV, englobando los materiales que luego constituirán los rasgos específicos del movimiento sacado a la superficie por Johan Valentín Andreae. La magia alejandrina extraída de los textos atribuidos a Hermes Trimegisto, la alquimia tradicional, el cabalismo cristiano de Llull y Arnau, la interpretación esotérica de los evangelios, una cosmogonía derivada de todas estas influencia, fragmentos de la gnosis templaria, de la caballería gibelina y de los Fieles de Amor, fueron los materiales particularmente complejos y, hasta cierto punto, contradictorios, sobre los que, finalmente, cristalizaría lo que hemos llamado “Rosa Cruz Histórica”. Esta irrumpiría en el siglo XVII de la mano de Johan Valentín Andreae.

La “Rosa Cruz Histórica”

Se ha interpretado la reforma de Lutero como una primera versión de la “venganza templaria” que luego encontraría su segunda fase en la “Revolución Francesa”. Lo cierto es que existen algunos comportamientos equívocos en el reformador alemán[lxxiii]. Es evidente que se trataba de un monje agustino, carnal y sensualista, que no había podido soportar el voto de castidad y, a partir de este pequeño drama personal, encadena sus ideas que culminan el 31 de octubre de 1517, cuando cuelga en la puerta de la capilla del castillo de Wittenberg un cartel con sus noventa y cinco tesis contrarias a Roma. Pues bien, el sello de Lutero estaba constituido por una rosa sobre la que se situaba un corazón con la cruz[lxxiv].

Sea como fuere, es significativo que el movimiento “rosa cruz” solamente arraigó en países protestantes. En el fondo, el propio Jhoann Valentín Andreae (1586-1654), era pastor protestante y su propio tío, Jacob, había sido llamado “el segundo Lutero” y fue rector de la universidad protestante de Tubingia. Viajó por toda Europa y adquirió una cultura enciclopédica. Tuvo distintos cargos religiosos de singular importancia, muriendo como pastor luterano del duque de Würtemberg. Si hay algo de lo que no cabe la menor duda es que la carrera de Andreae tuvo que ver con la reforma luterana. Falta saber si el movimiento “rosa cruz” de la época había variado su orientación, pues, en efecto, una generación anterior, estaba relacionada con los ambientes católicos, a través de Tritemius y Paracelso que seguían la línea, así mismo católica, de Llull, de los Fieles de Amor y del templarismo; el hecho de que la doctrina de estos grupos y personas fuera, en cierta medida hostil a Roma y, el Papado desconfiara de ella, no implica que, en su fondo -hasta Andreae- era difícil dudar del catolicismo de los linajes “rosa cruces”.

Este es el punto crucial de la polémica: para unos, la “Rosa Cruz Originaria” fue un movimiento católico que defendía la existencia de una gnosis en el interior de ese marco religioso. Este movimiento aspiraría a ser una forma “esotérica” del “exoterismo” católico. Pero, con Andreae –y con los inspiradores de Lutero- aparece otra línea interpretativa: los gnósticos católicos, perseguidos y represaliados desde la destrucción del Temple (1314), hasta la ejecución de Bruno, habrían terminado rompiendo con Roma y constituyendo otra corriente religiosa en el proceso que se ha llamado “Reforma”.

Existe una tercera interpretación que, en el fondo, es la que sostienen Julius Evola y René Guénon en varias de sus obras: lo que hemos dado en llamar “Rosa Cruz Originaria” (los linajes iniciáticos surgidos del templarismo y que fueron ampliando y perfeccionando su bagaje doctrinal, tal como hemos visto, a lo largo de los siglos XIV, XV y XVI) terminaron sufriendo un proceso de infiltración y degeneración progresiva, una parte de la cual ya se percibe en los escritos de Andreae que, por otra parte, siguen teniendo interesantes referencias a la doctrina originaria.

En lo personal, compartimos esta tercera teoría de la degeneración progresiva del movimiento “rosa cruz” que se hará todavía más palpable en períodos futuros, tal como veremos. Esta teoría explica, así mismo, la multiplicidad de organizaciones y tendencias rosacrucianas, sus diferencias, su mayor o menor grado de identificación con los orígenes de la orden originaria y las polémicas que las han acompañado en todas las épocas.

Es importante destacar que Andreae reconoció haber sido el autor de “Las Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz”, pero niega ser el autor de la “Fama” y la “Confessio” y hay, necesariamente, que creerle. De hecho, Andreae, hacia el final de su vida, explica que todo ha sido una broma ideada por él[lxxv]. Pero resulta difícil creerle. La tradición “rosa cruz” establece que en 1648 “los rosacruces abandonan Europa”[lxxvi]. Es el tiempo de la paz de Westfalia que pone fin a la Guerra de los Treinta Años. Los “estados nacionales” sellan su existencia y rompen definitivamente la idea de la “unidad imperial” de Europa.

Es en ese momento, cuando emerge la leyenda según la cual los últimos rosacrucianos abandonarían Europa para trasladarse a la “India”[lxxvii]. La alusión a la “India” ha de interpretarse como un país simbólico; el Indostán está, por lo demás, situado, desde el punto de vista de Europa, en el Este, en el lugar por donde nace el sol, así pues, supondría un remontarse a los orígenes. Por otra parte, era en la India en donde se situaba el mítico reino del Preste Juan al que fueron a parar también los caballeros del Grial.

En análisis de los contenidos de los manifiestos rosacrucianos que aparecen en el siglo XVII evidencian que el movimiento proponía una reforma social en profundidad, similar –y no por casualidad- a la que habían intentado los templarios cuatrocientos años antes. Tras el lanzamiento de los manifiestos rosacrucianos, se evidenció que el intento había fracasado. La Paz de Westfalia rompió la unidad del Sacro Romano Imperio y selló la fractura de Europa en “estados modernos”, frecuentemente enfrentados por rivalidades nacionales. Así pues, no había nada que hacer, era imposible reconstruir la idea “imperial” tomando como base a alguna de las fracciones surgidas del estallido del Sacro Imperio. Lo prudente, entonces, era retirarse a la clandestinidad[lxxviii]. A partir de la Paz de Westfalia, dejan de aparecer nuevos manifiestos rosacrucianos. Andreae afirma que su obra ha sido una “broma”, casi lo que hoy llamaríamos “un experimento sociológico”. La leyenda afirma que los “verdaderos rosacruces” se retiraron a la “India”.

Todos estos elementos nos inducen a establecer una teoría integradora: los linajes surgidos del estallido del templarismo, se habían terminado reorganizando clandestinamente en el siglo XVI y completando su doctrina; a principios del XVII, deciden salir a la superficie y liderar un proceso de cambio social. Es entonces cuando emerge lo que hemos llamado “Rosa Cruz Histórica”. Ingenuos, a pesar de la brillantez de las mentes que impulsaron el movimiento, no advirtieron que los signos de los tiempos discurrían en otra dirección. Pasadas apenas tres décadas, reconocen su fracaso y regresan de nuevo a la clandestinidad. Pero, en ese momento, ya se han creado las fronteras en Europa que influyen decisivamente en el futuro del movimiento: aparecerá una “rosa cruz” alemana, otra “inglesa”, otra “francesa” y, con esta división, aparecerán las contradicciones y el alejamiento progresivo de la pureza originaria.

Paradójicamente, tras la aparición del escrito de Neuhaus sobre la marcha a la “India” de los “verdaderos rosa cruces”, la corriente, lejos de desaparecer, multiplica su presencia cada vez más, hasta llegar al siglo XIX, cada vez más alejada de las ideas originarias y progresivamente más cerca del ocultismo contemporáneo.

No es ahora cuando vamos a entrar en el contenido de los manifiestos rosacrucianos del siglo XVII, esto se realizará en el capítulo siguiente. Vamos a intentar seguir las vicisitudes de la “Rosa Cruz Histórica” a partir de la aparición de los citados documentos.

En 1619, Andreae alude a “juegos intelectuales”, lo que induce a pensar que “Las Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz” eran una ficción novelesca. Sin embargo, desdiciendo esta teoría, un año después funda su “República Cristianopolitana”, cuyas iniciales RC desdicen cualquier frivolidad. En otra de sus obras afirma: “Ahora he abandonado la Fraternidad, pero jamás abandonaré la verdadera fraternidad cristiana, que, bajo la cruz, huele las rosas y evita las mancillas del mundo”[lxxix]. Estas frases parecen confirmar nuestra teoría: Andreae, terminó considerando un error haber sacado a la superficie la orden y se desvinculó públicamente, a partir de cierto momento (1620), de lo que pudieran hacer o decir los manifiestos rosacrucianos que, sin control, aparecieron hasta 1640, pero, en todo momento, siguió vinculado a la “verdadera fraternidad cristiana” que describe (“bajo la cruz, huele a rosas”) de manera muy evidente.

Existen rastros de que algunos manifiestos rosacruces habían circulado antes de 1614, cuando se hace público el primer documento. Se han dado las fechas de 1602 y 1603, cuando Andreae apenas tenía 16 años para urdir una broma de tal magnitud. Otros, como Bayard, han supuesto que los manifiestos fueron escritos por su tío Jacob antes de 1601, fecha en que falleció y su sobrino se habría limitado, por afán de notoriedad, a publicarlos, vinculándose a ellos[lxxx]. Las “Bodas Químicas” fueron publicadas en 1616, cuando Andreae tenía 30 años. No es necesario pensar que fueron escritas por Jacob, cuando el propio Andreae, demostrará a lo largo de su vida, ser un prolífico autor. Un año después, en 1617, publica “Invitación a la Fraternidad de Cristo” y en 1619 su “Descripción de la República de Cristianápolis”, en donde demuestra estar muy versado en las doctrinas esotéricas. Las “Bodas Químicas” no son, pues, un accidente en la producción intelectual de Andreae.

Existe la seguridad de que Andreae dio marcha atrás en su intención originaria. Hacia el final de su vida, se adhirió a la Confesión de Augsburgo, rechazando toda herejía luterana y protestante. El duque Eberhard de Würtemberg le hizo predicador y consejero y, finalmente, en 1650, fue nombrado abad de Bebenhausen y, posteriormente, de Adelsberg donde permaneció hasta su muerte en 1645. Este final confirma la tesis del desengaño de Andreae ante el luteranismo y el efecto perverso provocado por los manifiestos rosacrucianos que se habían adherido a la Reforma protestante. En realidad, a partir de Andreae, podemos hablar ya de una “Rosa Cruz Originaria”, regresada a la clandestinidad y que no volverá a dar señales de vida en los siglos posteriores y una “Rosa Cruz Histórica” constituida por personalidades notables, multiforme y plurinacional[lxxxi], pero, progresivamente más desvinculada de los ideales de la “Rosa Cruz Originaria” que, recordémoslo, no aspiraba a otra cosa que ser el aspecto esotérico del exoterismo católico.

A partir de entonces, algunos de los nombres que generalmente se vinculan al movimiento rosacruciano -Descartes fundador del racionalismo lógico, Francis Bacon creador del método empírico y Newton inventor de la física mecanicista- se convierten en los principales teóricos del tan cuestionado actualmente "paradigma mecanicista" que rompió con la sociedad tradicional en la que el rosacrucianismo, la khábala y la tradición hermética y las “ciencias sagradas” tenían su lugar.

Paracelso y Tritemio, dan muestras de conocer la khábala y la temática rosacruz, más de cincuenta años antes de que aparecieran por vez primera los manifiestos de Andreae. Y otro tanto ocurre con el discípulo de Paracelso, Jakob Böheme, Gichtel y Kumrath. La corriente rosacruciana, cristiana y khabalista, alcanza sus más altas cotas con Miguel Maier y se agota con Robert Fludd quien conocía a la perfección la obra de Arnau de Vilanova sobre el Tetragramaton.

Lo que si resulta evidente a partir de la publicación de los distintos manifiestos rosacrucianos del siglo XVII es que Alemania se ha convertido en uno de los focos de difusión de las ideas de esta corriente. Vamos a intentar establecer qué ocurrió en Alemania después de la aparición de los escritos atribuidos al círculo de Andreae y qué individualidades notables emergieron como representantes de los distintos linajes “rosa cruz”. Se trata de una historia muy difícil de reconstruir. Da la sensación de que cuando aludimos a las personalidades notables –Heinrich Khumrath, Michel Maier, Von Ratichs Brotoffer, etc.- estamos hablando de individuos que no pertenecen a ninguno de los grupos organizados, sino que siguen manteniendo la antigua tendencia a crear “linajes iniciáticos”[lxxxii], desvinculados de cualquier organización estable. Pero estas existieron y hacia mediados del siglo XVIII terminaron aportando una parte de la inspiración a la Orden de los Iluminados de Baviera que puede ser considerada como una de las desviaciones extremas a las que llegó el iluminismo rosacruciano germánico.

Partamos de la fecha clave de 1614, fecha en la que unánimemente se acepta que se imprimió la primera edición de la “Fama Fratternitatis”[lxxxiii], si bien parece comprobado que fue escrita en 1610, tal como declara Adam Haselmeyer, quien escribió un “Responso” a la primera edición de la obra. Haselmeyer era notario público y juez imperial ordinario, así pues no hay motivo para dudar de su declaración. La “Fama” habla del mítico fundador de los “rosa cruces”, “el más divino e iluminadísimo Padre, es nuestro Hermano C.·.R.·.C.·., el jefe original de nuestra Fraternidad”.

La publicación de “Fama” y de los demás manifiestos rosacrucianos causó un extraordinario revuelo en su tiempo. Su lectura evidenciaba que no se trataba solamente de literatura mística, sino que los rosacruces de esa época aspiraban a realizar una profunda reforma socio-política. Algunos textos daba la sensación de que reivindicaban no sólo una alta metafísica, sino el derecho al ejercicio del poder. Quizás se tratara de esa profunda reforma propuesta por el templarismo, abortada por la persecución de Felipe el Hermoso y el desmantelamiento del feudalismo.

Entre 1604 y 1648, resulta sorprendente la cantidad de escritos emitidos por los grupos rosacrucianos o que tratan sobre ellos. Evola afirma que parece tratarse de una “sugestión colectiva”: “aún no sabiéndose nada preciso sobre ellos, los rosacrucianos se convirtieron en un mito y dieron origen a la literatura más variada, en pro y en contra, hasta que, en determinado momento, el interés otrora tan vivo, desvaneciese con la misma rapidez con que se había despertado”[lxxxiv]. Durante esos años de tormenta, emerge el nombre de uno de los más afamados “rosa cruces”, el médico alemán Michel Maier (1568-1622). Estaba en contacto con Robert Fludd y se dice que fue esta relación le permitió introducir la doctrina rosacruciana en Inglaterra. Fue médico personal de Rodolfo II, nombrado por él, en agradecimiento, conde palatino. Maier escribió veintiún libros sobre hermetismo y alquimia, la mayoría ilustrados con gravados extremamente bellos y sugerentes, repletos de simbolismo alquímico. Una de sus obras, “Atalanta Fugiens”, está formada apenas por láminas a las que apenas ha añadido un breve texto alegórico[lxxxv].

Maier había conocido a Fludd en el curso de un viaje por Inglaterra en 1620. En varias de sus obras, alude, como antes había hecho Andreae, a la naturaleza iniciática del viaje. Percibe que el mundo es más complejo de lo que nos permiten comprobar nuestros sentidos físicos y propone el desarrollo de sentidos nuevos cuyo punto de partida sea el “corazón”. Maier, tras sus numerosos desplazamientos por Europa, regresó finalmente a Praga y recibió honores como médico. A pesar de que en ningún momento lo afirmara, es sin duda, uno de los cofrades de Valentín Andreae y, por supuesto, uno de los que más trabajaron para la difusión de los ideales rosacrucianos. Hasta su muerte defendió a la “Fraternidad Rosa Cruz” de los ataques venidos de todos los frentes y se preocupó por recalcar los aspectos místicos y herméticos del movimiento. Ahora bien, en ningún documento fehaciente, se logra demostrar que perteneciera a la misma organización que emergió con los manifiestos rosacrucianos y los libros de Andreae.

Uno de los personajes a los que Maier debe su inspiración es a Heinrich Khumrath. Nacido en 1560, Khumrath ejerció durante toda su vida como médico inspirado en las obras de Paracelso. Su tratado “Anfiteatro de la Sabiduría Eterna”, ilustrado con planchas herméticas, repletas de inscripciones latinas, griegas y hebreas, es, a menudo indescifrable. Andreae criticó las obras de Khumrath en la primera edición de la “Confessio”, sin embargo, en las ediciones siguientes, ésta crítica desaparece, lo que deja lugar a pensar que, inicialmente, Khumrath no estaba vinculado al grupo de Andreae y, posteriormente, ambos se conocieron y trabajaron juntos en el mismo proyecto.

En lugar alguno Khumraht reconoce sus implicaciones con el movimiento “rosa cruz”, sin embargo, las planchas que acompañan sus escritos y el contenido de estos, delatan esta filiación. La atrae particularmente la khábala que aplica a los evangelios, ha descubierto a los magos renacentistas, en especial a Pico, conoce la alquimia y la tradición hermética y, finalmente, es discípulo de Paracelso; en él están, pues, presentes todos los elementos ideológicos que constituían el patrimonio doctrinal del movimiento “rosa cruz”.

Llegados a este punto, podemos establecer dos líneas de filiación que, finalmente, terminan confluyendo. De un lado la que parte Tritemius, sigue con Paracelso y llega hasta Khumraht; probablemente, esta línea incluye a Alberto Durero, cuya trilogía de gravados místicos (“La Tentación de San Antonio”, “El caballero, la muerte y el diablo” y “La melancolía”) evidencia su vinculación con alguna sociedad secreta de la época, que solamente podía ser el movimiento “rosa cruz”. Pues bien, esta primera línea tiene un origen católico. Es directamente heredera de Lulio y Arnau de Vilanova, de los magos renacentistas y del cabalismo cristiano.

De otra parte, aparece la Reforma luterana y en el interior de la misma se genera la segunda corriente del movimiento “rosa cruz”, en principio autónoma y sin ninguna relación con la corriente anterior. Seguramente, el inspirador de Andreae es su tío Jacob, el cual pertenece al entorno de Lucero. En torno a Andreae aparecen las figuras notables de Comenius y Michel Maier. Si el primero mantendrá contactos con René Descartes y lo introducirá en el movimiento “rosa cruz” francés, el segundo exportará la hermandad a Inglaterra a través de Robert Fludd. En Inglaterra, otro de los linajes rosacrucianos pasa por Francis Bacon de quien hablaremos más adelante.

Ambos linajes, el católico y el protestante, finalmente, terminan por confluir, o al menos algunos de sus elementos lo hacen a partir de la figura central de Khumrath que, tras la aparición de la “Confessio”, toma contacto con Andreae. Los dos linajes han terminado unificándose. Pero, poco después algo ocurre en el interior de la organización –seguramente informal y que seguía manteniendo la tradición de los “rosa cruces” originarios, de mantener linajes iniciáticos clandestinos, más que de formar organizaciones estables- cuando el propio Andreae se desvincula y se convierte al catolicismo.

Es posible que, como dice Evola en el texto que ya hemos citado, Andreae y los dirigentes ocultos de la “rosa cruz” consideraran que había sido perjudicial salir a la superficie y que la situación política surgida con la Guerra de los Treinta Años impidiera cualquier forma de reforma político-social en profundidad. Es entonces cuando se urde el mito de la “marcha hacia la India” de los “últimos rosa cruces”. Bruscamente, cesan de aparecer nuevos manifiestos rosacrucianos, buena parte de los cuales habían sido lanzados por gentes que ni siquiera tenían relación con el núcleo “rosa cruz”. Pero, a partir de entonces se produce una situación endiablada: quienes desaparecen de la escena son los “verdaderos rosa cruz”, se refugian nuevamente en la clandestinidad y en el trabajo interior, creando linajes iniciáticos desvinculados de cualquier acción exterior. De ellos no vuelve a saberse absolutamente nada... y miente quien diga lo contrario. Lo más probable es que, el tiempo y las catástrofes sufridas por Europa entre el siglo XVII y el XX, hayan eliminado cualquier rastro de estos linajes iniciáticos. Si alguno ha logrado sobrevivir, desde luego, no ha dado jamás que hablar, ni nunca ha vuelto a manifestarse como Hermano Rosa+Cruz. Sin embargo, el otro linaje –simbólicamente, el que renunció a “marchar a la India”- siguió operando y creando nuevas organizaciones. Entre ellos participaron hombres de singular valía (Bacon, Descartes, Newton, etc.) que sentaron las bases del moderno paradigma mecanicista, del racionalismo y de la mecánica astronómica. En un segundo momento, estas grandes personalidades del mundo científico y filosófico, desaparecieron y fueron sustituidas por eruditos carentes de la misma creatividad que terminaron ingresando en la francmasonería. A partir de ese momento estamos ya ante la “Rosa Cruz Moderna”. Vale la pena, antes de penetrar en el detalle de esta transformación, ampliar lo que ya hemos apuntado sobre la participación de personalidades rosacrucianas en la formación del paradigma científico mecanicista que ha alimentado durante trescientos años a la ciencia occidental.

Los tres creadores del paradigma científico mecanicista

Francis Bacon, René Descartes y Isaac Newton, tales son los fundadores del paradigma mecanicista de la ciencia moderna. Los tres estuvieron ligados a movimientos rosacrucianos. Hasta finales del siglo XX, la ciencia se apoyó en sus principios: método científico, racionalismo y mecánica celeste.

¿De qué manera puede entenderse el “humanismo mágico” dentro de la perspectiva renacentista? La inspiración del renacimiento jamás fue científica, al menos tal como conocemos hoy la ciencia. En realidad, el renacimiento supuso exactamente “el renacimiento de las artes y las letras”, en absoluto de ideales científicos. No hubo espíritu crítico racionalista en el renacimiento, sino, como ha indicado Alexandre Koyré, resumiendo los ideales en la época, se pensaba entonces que “todo era posible”, incluida la magia y la alquimia. Destruido el tomismo y la ontología aristotélica medieval, desapareció el suelo bajo los pies de los humanistas del renacimiento. Hubo que esperar a que apareciera la figura de Francis Bacon para remediar esta situación. Y es curioso que mientras lo mejor del renacimiento que ha pasado a la historia, tenga que ver con doctrinas místicas y mágicas, sea, precisamente, un miembro del entorno rosacruciano británico, quien asentara un nuevo método de investigación. Existe en todo esto una contradicción que no pasará desapercibida al observador atento: se siguen confirmando la existencia de dos líneas en el fenómeno rosacruciano: una tiende al universo mágico y otra avanza hacia el racionalismo. Bacon fue el padre de la moderna investigación científica.

Expone sus teorías sobre el empirismo en su obra “Novum Organum”, publicada en 1620 (período que coincide con el lanzamiento de los manifiestos rosacrucianos). En esta obra, Bacon convoca a una investigación filosófico-natural que aspira a conseguir la “restauración” (instauratio) del saber y consecuentemente del poder que sobre la naturaleza gozó Adán en el paraíso y que la humanidad había perdido como consecuencia del pecado original. Y dice: "El hombre, por su caída, perdió su estado de inocencia y su imperio sobre la creación, pero una y otra pérdida puede, en parte, repararse en esta vida, la primera por la religión y la fe, la segunda por las artes y las ciencias". Bacon intenta una “reconciliación” entre ciencia y religión. El punto de partida de su obra es el rechazo de la lógica aristotélica.

La lógica aristotélica proponía una vía de investigación que parte "de las sensaciones y de los hechos particulares para elevarse rápidamente a las proposiciones más generales", pero Bacon propone partir de las sensaciones y de los hechos particulares, para obtener “de ellos proposiciones, ascendiendo de un modo continuo y progresivo la escala de la generalización hasta llegar a los principios más generales".

Pero, a pesar de esta aspiración científica, Bacon sigue moviéndose en un universo mítico, propio del humanismo mágico del renacimiento. Concibe, por ejemplo, que la putrefacción como algo causado por espíritus volátiles que tienden a alejarse de los cuerpos para gozar de los rayos solares. De igual manera, Bacon alude a los influjos lunares, al mal de ojo o a la fabricación del oro. Su obra esta repleta de contradicciones insuperables.

En 1623, Sin Francis Bacon publicó un relato novelado que tendría gran influencia en la formación de un estado de ánimo favorable a la colonización del Nuevo Mundo. En efecto, "The New Atlantis" relata la aventura de unos nave­gantes a la que vientos adversos desplazan de su ruta y hacen recalar en una isla gobernada por filósofos-científicos. El libro, de pocas páginas, está escrito en un lenguaje escatológico, con citas frecuentes a los Evangelios. No hay documentos objetivos de la filiación rosacruciana de Bacon[lxxxvi], pero es rigurosamente cierto que el símbolo de la hermandad -la rosa superpuesta a una cruz- aparece en la portada de "La Nueva Atlantis". La utilización del símbolo de esta Hermandad en la portada es elocuente, pero, espúrea. La trayectoria de Bacon indica hasta qué punto estaba alejado de la Rosa Cruz Originaria[lxxxvii].

En "The New Atlantis" describe una sociedad secreta llamada "Casa del Templo de Salomón" situada en la cúspide jerárquica de su Estado ideal. En la portada de su libro Bacon incluye una filacteria con la leyenda "Tempora patet occulta Veritas", "con el tiempo aparecerá la verdad oculta", alusión, tanto a la prohibición de llegar más allá de las columnas de Hércules, como a las manifestaciones periódicas de la Rosa Cruz cuyas manifestaciones y desapariciones en la historia están sujetas al ciclo de 108 años.

La llegada de los navegantes a la Atlántida en la obra de Bacon es seguida de un rito iniciático de purificación: "después del día de vuestra llegada, debeis permanecer internados por tres días", alusión inequívoca a los tres días de muerte y resurrección de Cristo. Al desembarcar los marineros tienen que jurar que "no sois piratas, ni habéis derramado sangre, legal ni ilegalmente, en los últimos cuarenta días", el mismo período de purificación de Jesús en el desierto. No es raro que los expedicionarios a la vista de este programa declaren: "Dios se ha manifestado, sin duda, en este país". Y otro proclama: "estábamos enterra­dos en lo profundo, como Jonás lo fué del vientre de la ballena y ahora estamos entre la muerte y la vida, pues estamos más allá del viejo mundo y del nuevo". Para Bacon, la Atlántida es un estado intermedio entre la vieja Europa y la nueva América, que considera muerte y vida respectivamente. La referencia al vientre de la ballena equivale a la cámara de meditación, oscura, negra y cerrada, en donde tiene lugar la muerte iniciática en todos los ritos esotéri­cos. El nombre del rey del país atlante que vivió 1900 años antes de la redacción del texto, tenía por nombre Solamona, "nosotros le tenemos por el legislador de nuestra nación. Este rey tenía un gran corazón". La misma cualidad se reconocía a Salomón; esta cualidad, unida a la correspondencia existente entre el corazón y el sol, como centros ambos del sistema solar y del hombre, se refleja en el mismo  nombre del rey: Solamona, Solis-Amon, nombres del astro rey en latín y egipcio. Esta "solaridad" se repite en el ciclo de 12 años, período en el que la sociedad iniciática de la Casa de Salomón, envía expediciones al mundo para informar sobre los asuntos que suceden fuera de la Nueva Atlántida.

Finalmente muestra las excelencias de la vida subterránea: "Tenemos cuevas espaciosas y profundas, las más profundas están perforadas a seiscien­tas brazas, y algunas están excava­das y hechas bajo grandes colinas y montañas (...) Están por igual apartadas del sol y de los rayos celestes y del aire libre. A estas cuevas les llamamos la Región Inferior". El lugar, no parece ser maldito como lo es la región inferior en casi todas las tradiciones; es, antes bien, el lugar en utilizado "para curar algunas enfermedades y para la prolongación de la vida de algunos eremitas que escogen vivir aquí, bien provistos de todas las cosas necesarias"...

Bacon se dedicó a la actividad política y fue miembro de la Cámara de los Comunes. Nombrado consejero privado de la Reina Isabel I y de Jacobo I, ejerció como fiscal de la Corona, pero en 1621 fue acusado de haber recibido regalos de los litigantes y condenado finalmente en 1621. En su puesto de Canciller consiguió que se promulgaran leyes que protegieran a los colonos. Con su libro quiso conjugar distintos niveles de necesidad: de un lado, impulsar la colonización del Nuevo Mundo para contrarrestar el formidable impulso de los navegantes españoles; de otro, definir la sociedad ideal, profundamente democrática y basada en principios espirituales. A partir de la publicación de "The New Atlantis" que la colonización inglesa cobra un impulso definitivo y los peregrinos del "Mayflower" (1620) se ven definitivamente reforzados[lxxxviii].

Descartes es el segundo grande de la cultura que aparece vinculado con la “rosa cruz”. René Descartes, como Bacon, es contemporáneo del sarpullido de manifiestos rosacrucianos. Se sabe que admiraba a Comenius, con quien se reunió en varias ocasiones, y que se sintió atraído por el contenido de tales documentos. Entre 1617 y 1621 viaja con el príncipe de Nassau por el sur de Alemania, justo cuando afloraron los primeros manifiestos rosacrucianos[lxxxix]. No cabe la menor duda de que Descartes estuvo en relación con estos círculos y que participó en su actividad. Los racionalistas ultramontanos han sostenido que el propio Descartes desmintió estas vinculaciones e incluso, uno de sus primeros biógrafos, Adrien Baillet ha dicho[xc] que Descartes viajó por toda Alemania intentando encontrar a los “rosa cruces” para desenmascararlos, pero que no dio con ninguno de ellos. Difícil de creer, puesto que el propio Descartes les dedica una de sus obras, “Polybii Cosmopolitani thesaurus Mathematiens”: “Dedico esta obra de nuevo a los sabios del mundo entero y muy especialmente a los Muy Ilustres Hermanos Rosacruces de Alemania”[xci]. ¿Quién puede dudar, a partir de este dato, de que, efectivamente, la relación existió?

Había nacido en 1596 en La Haye, cerca de Poitiers. Fue alumno de los jesuitas hasta 1616, luego estudio medicina y derecho, carreras que jamás ejerció. Durante su período como voluntario en el ejército de Mauricio de Nassau, no participó en operaciones importantes, ni reconoce acción bélica alguna; se suele pensar que se alistó para “conocer mundo” y, efectivamente, pudo desplazarse por los Países Bajos, Alemania, Polonia y Hungría. Regresa a París en 1622, pero luego marcha a Italia en donde permanece hasta 1624. Había conocido en Breda a Isaac Beeckman que sostenía tesis corpuscularistas basadas en las matemáticas; entre Beeckman y el maestro calculista alemán J. Faulhaber, lograron imbuirle el interés por la matemática.

Fue en esa época cuando tuvo su “revelación”; entre sueños descubrió su destino, el ser el elegido para desarrollar una “ciencia maravillosa”. En 1622 ingresa en el círculo de “los libertinos”, una sociedad de pensamiento que se preocupará de aumentar la reputación de su nuevo miembro. A estas alturas ya había resuelto algunos complejos problemas matemáticos, pero su vida no era la propia de un estudioso. Protagonizó algún duelo, hasta que finalmente decidió instalarse en los Países Bajos donde llevó una vida tranquila y aislada[xcii], hasta 1649 cuando falleció, un año después de que concluyera la Guerra de los Treinta Años. 

En 1637 había publicado el “Discurso del Método”. Sus aportaciones como científico abarcaron dos campos: en matemáticas simplificó las notaciones algebraicas y en geometría creó la geometría analítica; además, desarrolló el sistema de coordenadas, a partir suyo llamadas, cartesianas. En 1641 publicó las “Meditaciones Metafísicas” y, de manera póstuma, "La búsqueda de la verdad mediante la razón natural".

En la introducción del “Discurso del Método”, explica cuales son los móviles que persigue: se trata de mejorar la vida con ayuda de un conocimiento auténtico. Su punto de partida es el clásico “sólo sé que no se nada”. A partir de aquí desarrolla su sistema para alcanzar la verdad en cuatro “preceptos”: el “precepto de la evidencia” (no admitir nunca algo como verdadero sin conocer con certeza que lo es), el “precepto del análisis” (dividir las dificultades que tenemos en tantas partes como sea posible, para solucionarlas mejor), el “precepto de la síntesis” (establecer un orden de nuestros pensamientos incluso entre aquellas partes que tengan un orden significativo, apoyándonos en la solución de las cuestiones más simples para resolver problemas complejos) y el “precepto de la comprobación” (hacer revisiones amplias para estar seguros de no haber omitido nada).

Fue considerado el filósofo de la duda y estableció tres niveles principales de duda: dudar de algunas percepciones sensoriales, dudar de la similitud entre vigilia y sueño y dudar del error que un “ser superior” (o un azar, o una causa natural) pudiera suscitar sobre nosotros. La única certidumbre es su famosa proposición ego cogito, ego sum”, "Pienso, luego existo". A partir de aquí, Descartes es considerado como el padre de la filosofía moderna.

Sin embargo, no está exento del lenguaje críptico propio de los magos renacentistas. Al final de la Meditación Primera, por ejemplo, Descartes había aceptado tres razones para plantear la “duda radical”: el genio maligno, la hipótesis de un azar desafortunado, la hipótesis de una causalidad natural adversa; reconoce que el destino es tejido por las Moiras y la fatalidad dictada por el Hado.

A pesar de resultar bastante claro que Descartes fue iniciado en los misterios del movimiento rosacruciano, su doctrina asesta un golpe definitivo a cualquier forma de esoterismo y de pensamiento mágico. Si la única certidumbre es el “pienso, luego existo”, y ni siquiera los sentidos físicos pueden asegurarnos una correcta percepción de la verdad, cualquier forma de espiritualidad, es manifiestamente falsa. René Guénon es perfectamente consciente de lo que supone Descartes en la historia del pensamiento[xciii]. La doctrina que deriva de sus propuestas, el racionalismo, “es la creencia en la supremacía de la razón, en forma de un verdadero dogma, negando lo supraindividual, o sea la intuición intelectual pura, lo cual significa la exclusión de todo verdadero conocimiento metafísico”[xciv] y uno de los “guenonianos”, Biolcati, añade: «A través de las etapas de decadencia atravesadas por Occidente, la desviación y la anulación de lo intelectual fue llegando progresivamente a muy bajos niveles. Por ejemplo, en la filosofía moderna Descartes pretendió limitar la inteligencia a la razón. En efecto, con el racionalismo se identificaron ambas cosas, logrando la razón nada más que "claridad y distinción". A su vez con el empirismo no pudo ir el pensamiento más allá del dominio de la materia y de los fines prácticos. El racionalismo, sin embargo, no pudiendo elevarse a la verdadera intelectualidad, por lo menos llegó a una verdad relativa. En cambio el intuicionismo contemporáneo va más allá, rebajando la intelectualidad a tal punto que las facultades más elevadas no serían más que representaciones de la realidad sensible. Por fin, para el pragmatismo ya no queda ningún lugar para los niveles superiores, al asimilar la verdad a la utilidad, con lo cual se suprime totalmente el intelecto humano. Para esta última orientación del pensamiento ya no importa la verdad en un mundo donde no hay posibilidades de conocimiento real, sino únicamente aspiraciones a lo exterior y a la pura mecanicidad»[xcv].

Guénon alude al “error racionalista”, consistente en limitar las facultades intelectuales a la razón. En varias de sus obras, explica que existe otra posibilidad de acceder a la verdad, en la que, precisamente, se basaban la khábala hebrea, la tradición hermética, la gnosis cristiana y cualquier otra teoría del conocimiento metafísico: la intuición intelectual. Descartes la desprecia como equívoca, sin duda por que no la ha experimentado, lo que permite pensar que, o bien, su relación con el rosacrucianismo fue temporal o bien no supo captar los principios de la fraternidad, o bien el contacto se interrumpió sin que se pudiera completar la totalidad de la enseñanza. Pero existe, de nuevo, una tercera teoría: la fracción rosacruciana con la que contacto Descartes suponía, ya, un grado elevado de alejamiento de los principios de la Rosa Cruz Originaria.

Titus Burckhardt, resume las posiciones de Descartes recordando que “no conoce otra materia que la corpórea, ni otro modo de ser del espíritu que, el conceptual; ello reduce tanto el espíritu como el alma.  Por el contrario, según las doctrinas cosmológicas y metafísicas de los pueblos antiguos, el universo, el cosmos, consta de numerosos niveles existenciales que, de acuerdo con la naturaleza humana, pueden subdividirse en tres esferas, la del cuerpo, la del alma (o psique) y la del espíritu, más que si se examinan a fondo, constituyen una multiplicidad casi ilimitada. En la esfera corpórea se incluye todo lo que está sujeto a la materia (en el sentido corriente del término), al número, al espacio y al tiempo; la esfera psíquica se substrae de tales condiciones, sin que por ello se vea libre de otras, también limitativas, pero menos separativas, sólo el espíritu puro, que como tal es incomparablemente superior a la mera razón, se libera por encima de todas estas condiciones existenciales; está, por así decirlo, “hecho de conocimiento”, y no está sujeto ni a la forma ni al cambio”[xcvi].

En el fondo, la racionalidad es algo que siempre ha existido; lo que ocurre es que por encima de la comprensión racional, existe una “intuición intelectual, que puede ser considerada suprarracional, de la misma forma, que bajo la racionalidad, existe, pura y simplemente, la irracionalidad; suprarracionalidad es un concepto completamente diferente de irracionalidad. Descartes ignora el primero que es, precisamente, la acepción originaria de la “metafísica”.

El tercer gran nombre asociado al movimiento rosacruciano es Isaac Newton. Newton nace en 1643, dos décadas después de la eclosión de los manifiestos rosacrucianos. Hoy se reconoce que su obra, al menos una parte, está fuertemente influida por las concepciones mágicas que informaron al movimiento rosacruciano. Entre sus méritos se cita el ser científico, filósofo, alquimista y matemático.

Desde luego, su obra más importante es “Philosophiae Naturalis Principia Matemática”, en donde describe la ley de la gravitación universal. En este trabajo establece las leyes de la mecánica clásica que rigen los movimientos de los cuerpos sólidos.

Es fácil establecer cuál fue el principio del que partió Newton para enunciar sus leyes sobre la gravitación universal. Uno de los textos herméticos alejandrinos, la famosa “Tabla Esmeralda”, inicia su texto con esta frase, “Lo que está arriba es como lo que está abajo” que fue suficiente como para inspirar a todo el humanismo mágico renacentista. Es evidente que lo que el desconocido autor de este texto hermético intenta decir es que existe una correspondencia entre el mundo físico y el metafísico, entre lo que “está aquí abajo”, que no es sino un reflejo de lo que ocurre “allí arriba”. Las llamadas, “ciencias sagradas”, se basaban precisamente en la correspondencia entre el mundo físico y el mundo metafísico. Ahora bien, Newton, hurtó este principio de su parte metafísica y lo recondujo a la explicación de los fenómenos físicos y, así pues, establece que las “leyes naturales” que gobiernan el movimiento de los cuerpos celestes (lo que “está allí arriba”, que ya no es el mundo metafísico, sino el mundo muy físico descubierto por la astronomía), son idénticas a las leyes a que se someten los cuerpos sólidos presentes en la Tierra (es decir, “aquí abajo”).

Con razón se ha atribuido a Newton el calificativo de ser el científico más grande de todos los tiempos. Realizó investigaciones en campos muy diversos: estudio la luz y los fenómenos luminosos, estableció que el prisma tenía la cualidad de descomponer la luz y que ésta estaba compuesta por partículas; fue capaz de descubrir la ley de conducción térmica para hallar la tasa de enfriamiento de objetos expuestos al aire; estudió igualmente la velocidad del sonido en el aire y propuso una primera teoría científica sobre el origen de las estrellas. También avanzó posiciones en el cálculo matemático, que le fueron necesarias para desarrollar sus leyes físicas.

Era hijo de campesinos puritanos y se graduó en el Trinity Collage, obteniendo calificaciones mediocres. En de 1659, después de completar su formación con estudios realizados de manera autodidacta, sobre los temas que le interesaban, leyó la obra de Descartes sobre la geometría. Rápidamente fue superando a sus profesores y su fama llegó hasta la Royal Society que recibió, entre otros descubrimientos, un telescopio de su invención.

No puede ser considerado como una “buena persona” en el sentido coloquial de la expresión. Polemizó de manera violenta con quienes ponían reparos a sus teorías, en especial con Gottfried Leibnitz y John Locke. Cuando pasó a presidir la Royal Society, fue descrito como “dictador cruel y vengativo”. Se conoce una lista de cincuenta y ocho pecados que escribió a los diecinueve años en el cual se encuentra “Amenazar a mi padre y a mi madre con quemarlos y a la casa con ellos”. Además sufrió, a partir de 1693, crisis psicológicas, depresiones y estados paranoides.

Hoy se especula con que tales estados eran provocados por algún tipo de intoxicación que había afecto a Newton durante sus experimentos alquímicos. Odiaba a la medicina oficial de su tiempo, por lo que él mismo creaba en el laboratorio, mediante procedimientos alquímicos, las medicinas que requería cuando estaba aquejado por alguna enfermedad. Buena parte de su tiempo, lo dedicaba al arte de la alquimia. Sus escritos no dejan lugar a dudas: estaba interesado y trabajó para encontrar la “piedra filosofal” (que permitía la transmutación del plomo en oro) y el “elixir de la vida” (que daba la eterna juventud). No dudaba en definirse como “arriano”. Consideraba que la doctrina de la trinidad era falsa y terminó enfrentándose a la Iglesia. Participó en política y se opuso a Jacobo II, siendo miembro del Parlamento cuando éste fue destronado, pero esta actividad apenas es una anécdota en la vida de Newton que jamás destacó en sus intervenciones parlamentarias. Mucho más cómodo se sintió enviando a la horca a los falsificadores de moneda en tanto que Director de la Casa de la Moneda. En sus últimos años, abandonó completamente sus estudios científicos y se dedicó a estudiar temas religiosos y alquímicos.

Desde siempre se había sabido que Newton se interesó por la alquimia, lo que hasta 2005 se ignoraba era hasta qué punto esta temática ocupaba un papel central en sus especulaciones. Un manuscrito depositado en la Royal Society, redescubierto ese año, desvelaba cuál era su orden de prioridades. Se trataba de unas notas que se conocieron después de la muerte de Newton, en 1727, pero que nunca fueron catalogadas debidamente y que se perdieron tras ser subastadas en julio de 1936 por Sotheby’s y vendidas a un particular. Casi setenta años después, el documento ha vuelto a la luz, debidamente identificado por el Proyecto Newton del Imperial College de Londres. El manuscrito contiene notas de Newton sobre alquimia y la mayor parte del texto se refiere al trabajo de otro alquimista del siglo XVII, el francés Pierre Jean Fabre. Pero también recoge, de su puño y letra, lo que seguramente, serían sus propias ideas sobre alquimia. Fabre, por cierto, había publicado en 1632 “Alchimia christiana” y en 1634 “Hercules Pischymicus”. Ambas obras pueden ser consideradas, especialmente la primera, como textos específicamente rosacrucianos o de alquimia rosacruciana. Newton firmó sus trabajos alquímicos con el seudónimo “Ieova Sanctus Unus” (Jehova único santo), en el que reafirmaba sus convicciones anti-trinitarias, pero, además, era el anagrama de su propio nombre latinizado Isaacus Neuutonus - Ieova Sanctus Unus.

Parece ser que sus dos maestros en este arte fueron Isaac Barrow y Henry More, ambos profesores en Cambridge. Él mismo, fue autor de “Theatrum Chemicum” y “The Vegetation of Metals”. En 1680 inició la redacción de su “Index Chemicus” y dice años después, en “De Natura Acidorum”, intentó aplicar sus teorías sobre la gravitación, a las moléculas. Tradujo el “Triunfo Hermético” de Limojon de Saint-Didier y lo acompañó con unas notas de su puño y letra, “Praxis”. Así mismo escribió un pequeño tratado sobre la “Tabla Esmeralda”, así titulado y “Ripley Expounded”, sobre la obra del alquimista inglés George Ripley (1415-1490). Creía que solamente existía “Dios Padre” y que la Trinidad había sido un fraude. Al igual que otros rosacrucianos de la época, acusó a la Iglesia de ser la “Bestia” del Apocalipsis. No es raro que fuera sancionado por las autoridades del centro en el que impartía clases, que para mayor desconcierto, era el “Trinity collage”. También opinaba que Moisés había sido alquimista y mago.

Pues bien, estos tres científicos y filósofos, aparecen vinculados a grupos rosacrucianos y son los responsables del paradigma mecanicista que ha conformado el “mundo moderno” en sus tres últimos siglos. Un mundo que es, precisamente, la antítesis del mundo tradicional[xcvii] en el que la gnosis templaria y sus derivaciones tenían su razón de ser. Y esto es lo que nos confirme en nuestra tesis ya expuesta, según la cual, a partir de principios del siglo XVII se produjo una mutación en el interior de los círculos rosacrucianos europeos y un alejamiento progresivo de lo que hemos dado en llamar “Rosa Cruz Originaria”. La desviación será todavía más evidente a partir del siglo XVIII y mucho más en el XIX.

La “Rosa Cruz Moderna”

Desde nuestro punto de vista, la calificación de “Rosa Cruz Moderna” implica una pérdida de la personalidad de la organización en virtud de dos hechos: la integración de la mayoría de núcleos rosacrucianos en la naciente masonería, a la que aporta su propio simbolismo y distintos grados, especialmente en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado y en el Rito Escocés Rectificado, y, de otro lado, por la integración creciente de quienes quedaron fuera de la masonería, al ocultismo.

Desde el punto de vista temporal, el inicio de la aproximación entre “rosa cruces” y francmasones se inicia en el último tercio del siglo XVII, cuando se está gestando la aparición de la Gran Logia Unida de Londres en 1717 y se consolida en las décadas posteriores, hasta el punto de que, no sin cierta razón, la francmasonería ha podido presentarse como encarnación de los valores rosacrucianos.

En cuanto a la segunda tendencia, tiene que ver, especialmente con determinadas especulaciones místicas que se desarrollaron en el siglo XVIII y que condujeron, a lo largo de todo el siglo XIX, a la formación de distintos grupos ocultistas, todos ellos vinculados a individuos notables. Este capítulo terminará con la historia de estos grupos, la Orden Khabalística de la Rosa Cruz y del Santo Grial de Stanislas de Guaita y la Rosa Cruz Católica de Josephin Peladan, derivada de la anterior, ambas en el ámbito francófono y la Hermandad Hermética de Luxor y la Golden Dawn (Aurora Dorada) en el ámbito anglosajón. Todo lo que aparezca con posterioridad a estas cuatro organizaciones pertenece a lo que hemos dado en llamar “Rosa Cruz Contemporánea” que esbozaremos en el último capítulo de esta obra.

Veamos la primera tendencia que supone una confluencia entre francmasonería y rosacrucianismo.

El 24 de junio de 1314 se produjo la victoria del Rey Bruce de Escocia, sobre las tropas inglesas de Eduardo II, yerno, a su vez de Felipe el Hermoso de Francia. Los templarios escoceses combatieron a favor de Bruce. Justo ese año había sido ejecutado Jacques de Molay y los altos dignatarios del Temple en París. Bruce constituyó con los templarios escoceses la Orden de san Andrés del Cardo[xcviii]. El cardo, como se sabe, es el emblema de Escocia. En cuanto a San Andrés, su distintivo es la cruz en forma de X que es, a la vez, enigma, y la notación hermética del crisol, el horno abierto de los alquimistas. Así pues en Escocia, no se produjo una ruptura con el templarismo, ni mucho menos la persecución que tuvo lugar en Francia.

A partir del siglo XVII, la masonería estuardista tenía como grado supremo el de “Maestro Escocés de San Andrés”. Sin embargo, sólo unas décadas después, este grado aparecerá asociado a un nuevo grado llamado “Rosa Cruz” o “Caballero del Águila y del Pelícano, Masón de Heredom y Caballero de San Andrés”. La joya del grado es un pelícano que alimenta a sus polluelos. Sin embargo en el primer documento en que aparece este grado está escrito como “Roze Croix”, con “z” en lugar de con “s”, indicando con ello que hace alusión al término hebreo “rosen koroz” (príncipe heraldo). “Rôz” (rosah), en hebreo significa “secreto”.

En 1593, Jacobo VI de Escocia funda la Rosa Cruz Real con 32 caballeros de la Orden del Cardo, cuando es Gran Maestre de los masones operativos de Escocia (es decir, de los masones que practicaban los oficios de la construcción[xcix]). Cuando Jacobo II hubo de marchar al exilio francés, resucitó la Orden de San Andrés en 1687. Los acompañantes de Jacobo II, expandieron en Francia la masonería, llamada “jacobita”, formada por masones “aceptados” (que habían sido “aceptados” en las logias operativas de constructores, pero sin practicar ninguno de los oficios de la construcción). Esta masonería escocesa constituida en territorio francés, cristalizó en la Orden de los Maestros Escoceses de San Andrés y dio origen a la Gran Logia de Francia.

Todo este proceso se va acentuando con la formación de los distintos ritos masónicos. En la actualidad, el marco simbólico es altamente significativo del sincretismo masónico que ha englobado a distintas organización durante toda su historia y ha incluido el simbolismo que era patrimonio de las mismas. Así pues, en el Rito Escocés antiguo y Aceptado, diversos símbolos y grados proceden del rosacrucianismo: “Caballero de Oriente y de la Espada”, “Caballero del Sol”, “Caballero de las Dos Águilas”, “Príncipe Adepto”, “Dignatario del Sacro Imperio”, “caballero Kadosh” (equivalente a “Caballero Templario”) y a “Príncipe Rosacruz”. Es perceptible una ambición particular por parte del Rito Escocés en extraer sus leyendas y símbolos de la tradición templaria. Siete de sus treinta y tres grados originarios son de origen templario; el 30º lleva específicamente el nombre de “Caballero Templario” en gran número de logias. El grado supremo, el 33º, tiene como joya una cruz teutónica con las iniciales JBM (Jabopus Burgundius Molay, último Gran Maestre templario). La “palabra de tránsito” de este grado es precisamente “De Molay”[c].

Como hemos visto antes, la masonería escocesa afirma haber recibido su legitimidad de una orden anterior, el llamado “Rito de Heredom”, o “rito de los herederos”, aludiendo a la herencia templaria. Y es aquí donde la leyenda se remite al Rey Bruce que acogió a los templarios perseguidos. Más significativo es todavía el hecho de que el Grado 30 de la masonería de rito escocés, tiene como lema “El desquite de los templarios”. La leyenda que acompaña al grado afirma que los templarios encontraron cobijo en las sociedades secretas inglesas y desde allí crearon este grado para reorganizar su orden y llevar a cabo la “venganza templaria”. El texto del ritual dice concretamente: “La venganza templaria se abatió sobre Clemente V no el día en que sus huesos fueron entregados al fuego por los calvinistas de Provenza sino el día en que Lutero levantó a media Europa contra el Papado, en nombre de los derechos de la conciencia. Y la venganza se abatió sobre Felipe el Hermoso no el día en que sus restos fueron arrojados entre los desechos de Saint Denis por una plebe delirante, ni tampoco el día en que su último descendiente, revestido del poder absoluto, salió del Temple, convertido en prisión del Estado, para subir al patíbulo, sino el día en que la Constituyente francesa proclamó, frente a los tronos, los derechos del hombre y del ciudadano”[ci]. En el desarrollo dramatizado del ritual, uno de los participantes afirma: “La libertad se halla por encima de la Iglesia”, a lo que el Gran Maestre oficiante proclama: “La libertad se halla por encima de la Iglesia”.

A mayor abundamiento en el “Manuel del Caballero Rosa Cruz” se describe una historia de la orden hasta su confluencia con la masonería. Se dice, por ejemplo: “En la segunda mitad del siglo XVII, el rosacrucianismo y la masonería se van enlazando tan íntimamente, y se ejerce tal intercambio entre el simbolismo de la una y de la otra parte, bajo la influencia del espíritu filosófico humanista dominante que, a principios del siglo XVIII, los dos movimientos se han fundido prácticamente y la masonería se prepara para ser heredera de las tradiciones rosacruces y de las corrientes humanistas de la época”. Y más adelante se explica: “El hecho de que, ya antes del siglo XVIII, reuniones masónicas y rosacruz se verificaban en Londres en un mismo edificio, favoreciendo notablemente ese intercambio e influencia recíproca, que encontramos luego claramente expresada en los rituales y demás elementos del simbolismo y finalmente sancionadas por las ideas e ideales que animan e inspiran las Constituciones de la Orden”[cii].

Según algunos testimonios masónicos, Anderson y Desaguliers, los primeros impulsores de la masonería especulativa fundada en 1717, estaban en contacto con Newton, que sería uno de los responsable de la “rosa cruz” inglesa, y con Christopher Wren, el famoso arquitecto que reconstruyó Londres tras el gran incendio de 1658. Según estas fuentes, Wren habría tenido como inspirador a Comenius. Éste, por su parte, habría sido fundador de la Orden de los Hermanos Moravos, cuya inspiración procedía de los manifiestos “rosa cruces” y de las especulaciones de Jacob Böheme[ciii]. De todas formas, aunque el vínculo entre Wren y Comenius no ha sido históricamente comprobado, si parece cierto que éste estuviera próximo a los grupos rosacrucianos que emergieron con la publicación de los manifiestos del siglo XVII.

T. B. Clavel, el gran historiador de la masonería, reconoce, así mismo, la inclusión de elementos rosacrucianos en el acervo de la masonería. Explica, por ejemplo: “Los hermanos de la Rosa Cruz poseyeron establecimiento en todos los puntos de Europa; y, cuando apareció la francmasonería, a muy poco, introdujeron sus prácticas en ella. En Alemania duraron hasta 1750 en que cesaron sus reuniones por muerte de su jefe, llamado Brun”[civ]. Luego explica que los rosacrucianos establecieron “logias herméticas” en las que fundamentalmente se trataban temas alquímicos, hasta que, estas logias se llenaron de charlatanes y estafadores. Dice, Clavel: “La sociedad de los Rosa Cruz, organizada en su mayor parte por una especie de comandita compuesta de estafadores, llegó a ser formidable en Alemania y se dividió, a semejanza de la constitución jesuítica, en diferentes cuerpos, gobernados cada uno de por sí por un jefe particular, y todos sujetos a una suprema autoridad general. Sus grados, en número de nueve, se llamaba: celados, teórico, práctico, filósofo, adepto joven, adepto mayor, adepto exento, maestro del templo y mago”[cv].

De esta “Hermandad Rosa Cruz” alemana, se constituyó en 1777, la Orden de la Rosa Cruz de Oro, compuesta por tres grados y que tuvo un éxito particular en Alemania y los países nórdicos. Uno de sus jefes era el barón de Westerode. Otra disidencia se estableció en Austria e Italia a partir de 1780 bajo la denominación de “Hermanos iniciados de Asia”. Sus inspiradores fueron el barón Ecker d’Eckoffen, el profesor Spangenberg y el conde Wrbua[cvi]. Este grupo había desterrado la alquimia de sus prácticas, pero aspiraban a encontrar el elixir de la inmortalidad mediante la espagiria (especie de alquimia realizada con vegetales que tuvo mucho que ver con la medicina de Paracelso). Ante este caos, poco a poco, los rosacruces alemanes fueron entrando en las logias masónicas y el mismo proceso se produjo en Inglaterra.

Un estudio pormenorizado demuestra que la corriente rosacruciano-khabalista se introduce en las logias masónicas inglesas con Robert Fludd a principios del siglo XVII. Por esa época las logias masónicas en ese país estaban constituidas por artesanos "operativos", es decir, que ejercían el oficio de la construcción. Fludd fue, ante todo y sobre todo, khabalista y cultivó, como consecuencia de ello, las ciencias exactas en las que destacó.

Bayard considera que Fludd fue el “primer organizador de la francmasonería rosacruciana inglesa”[cvii]. En 1617, Robert Fludd escribió un “Tratado apologético defendiendo la integridad de la sociedad de los rosacruces” y, Bayard sospecha que el texto “Summun Bunum”, firmado con el nombre de Joachim Frizius, en el que se describen los principios esenciales de una comunidad regida por los ideales masónicos, fue escrito, así mismo, por Fludd. El texto data de 1629 y la masonería inglesa se funda en 1717. Durante ese tiempo, fue aumentando en las “logias operativas”, la presencia de masones “aceptados”, muchos de ellos discípulos de Fludd. Éste, por su parte, tiene los rasgos propios del humanista del Renacimiento. Dominó la khábala hebrea, se interesó por la filosofía, la medicina, la alquimia y la cosmogonía. Acompañó sus libros con dibujos que han pasado a ser la quintaesencia del pensamiento esotérico.

Los grupos rosacrucianos aportaron, pues, a la masonería, buena parte de su simbolismo y de sus principios. De hecho, en materia de hermetismo y alquimia, todo lo que hoy se respira en las logias, procede del legado rosacruciano. Sin embargo, no todos los rosacruces confluyeron con la masonería. Tanto antes de 1717 como después de esa fecha, siguió existiendo un movimiento rosacruciano autónomo que sufrió distintas suertes y que contiene elementos de muy distinta calidad. Hemos dicho que este movimiento termina dando vida a las distintas corrientes del ocultismo contemporáneo.

Podemos partir de la llamada “Rosacruz de Oro del Antiguo Sistema” para adentrarnos por esta veta que concluirá en los movimientos rosacrucianos de finales del siglo XIX y principios del XX.

Tras Fludd se produce la crisis del movimiento rosacruciano inglés y su fusión con la masonería a partir de 1717. Lo que aparece después de él, respira otro espíritu; no el de la tradición del khabalismo cristiano, sino el del racionalismo mecanicista que tuvo en las filas neo-rosacrucianas a sus principales exponentes, tal como ya hemos visto. Los símbolos son los mismos, las alusiones al "rosacrucianismo" no faltan, pero el observador atento, puede percibir un cambio de orientación. Es el final del khabalismo cristiano; lo que vendrá a continuación será "ocultismo", literalmente "culto a lo oculto"; algo muy alejado del "culto a la verdad" que buscaron siempre Arnau, Campanella, Bruno, Ficino, Pico y los “rosa cruces”.

El siguiente peldaño descendente.

El siglo XIX es el siglo de la “gran confusión”. La convulsión social que supuso la Revolución Francesa y la industrialización de Europa, trastocaron la estabilidad del antiguo régimen y arrojaron al mundo de las ideas, nuevas teorías y avances científicos, acompañados de unos márgenes de confusión, progresivamente crecientes. Es en el siglo XIX cuando aparece el fenómeno que se ha dado en llamar “ocultismo”. Éste ya había despuntado en el siglo anterior a través de algunas figuras ambiguas y confusas, como Giuseppe Balsamo, Conde de Cagliostro o el personaje, aún más difícil de definir, como fue el Conde de Saint-Germain. En ambos casos, resulta difícil separar lo que hay en ellos de realidad y de ficción. Ambos responden a la característica que acompaña siempre a los “rosa cruces”: el enigma, las dudas sobre su verdadera personalidad y un amplio margen para la indefinición. Aparecen en esa época distintas organizaciones, no menos ambiguas y confusas, algunas de las cuales se reclaman de la “rosa cruz”, si bien la mayoría no debió tener con los linajes de esta fraternidad, más que una relación tangencial, o bien se trató, como ya hemos advertido anteriormente, de elementos desgajados o degenerados de linajes anteriores. En ocasiones, los destinos de estos grupos ocultistas vuelven a cruzarse con los de la masonería, en la que ocupan una situación marginal. Son la “Rosa Cruz de Oro”, la “Rosa Cruz del Antiguo Sistema”, la “Orden de los Elegidos Cohen”, la “Orden de los Iluminados de Baviera” y el martinismo de Louis Claude de Saint-Martin y, finalmente, el Rito Escocés Rectificado. A partir de estos grupos, de los que nos vamos a limitar unos pocos datos de mera referencia, aparece el rosacrucianismo contemporáneo a finales del siglo XIX:

-           Orden des Goleen und Rosen Kreutzer, fundada en Francfort, de la que sabemos gracias a Samuel Richter, quien publicó sus constituciones en 1714 con el nombre de “Sincerus Renatus”. Resulta difícil saber si la orden fue una emanación de la mente de Richter o existió en realidad. La lectura de los cincuenta y dos artículos de la orden produce una irreprimible sensación de vulgaridad, cultivo del secreto y de lo oculto e imaginación tan desbordante como naïf[cviii]. Se dice, por ejemplo, “Está prohibido imprimir libros sobre nuestro secreto” y más adelante: “Se ordena no provocar éxtasis ni ocuparse de las almas de los hombres y de las plantas” o “Está prohibido darle la piedra a una mujer preñada, pues abortaría”. La obra de Richter aparece un siglo después de los manifiestos “rosa cruces” de Andreae y sus compañeros[cix]. La caída de nivel es evidente. Lo más probable es que tras el nombre de “Rosa Cruz de Oro” no existiera absolutamente nada, o como máximo algún grupo de espontáneos lectores de los manifiestos del siglo anterior, con el cerebro inflamado por las promesas de la fraternidad. O quizás, simplemente, en el mejor de los casos, restos de algún linaje iniciático anterior, en plena confusión mental.

-           La Rosa Cruz de Oro del Antiguo Sistema. Se trata un grupo “rosa cruz” circunscrito a la masonería. “En 1777, la Logia de los Tres Globos, de Berlín, tuvo por gran maestre al duque Federico Augusto de Brunswick, logia que reformó los rituales y creó la Rosa Cruz del Antiguo Sistema”[cx]. Este sistema masónico estaba inspirado en textos indudablemente “rosa cruces” (los escritos de Michel Maier y de Heinrich Khunrath)[cxi]. Al decir de sus fundadores, simbólicamente, conservaban los secretos de Moisés, Salomón y Hermes. Mencionaban a Llull entre sus miembros y pretendían ser una élite dentro de la francmasonería. Aludían a transmutaciones metálicas, pero entre sus miembros parece que se dieron casos de estafa y algunos explotaron la credulidad de las gentes. También es importante recalcar que Federico Augusto de Brunswick tenía particular predilección por la “masonería templaria” y en el Convenio de Wilhelmsbad (1782) aceptó la creación del grado de Caballero Benefactor de la Ciudad Santa. En esta asamblea, de todas formas, los “Rosa Cruces del Antiguo Sistema” vieron como sus tesis eran rechazadas. Da la sensación de que la “Orden de los Elegidos Cohens” (de la que hablaremos a continuación) realizaba entrismo en la masonería a través de aquella organización. En cualquier caso, lograron asentarse en Europa del Este. En Alemania, la Orden no soportó ni la competencia con los Iluminados de Baviera, ni los fracasos de sus experiencias en transmutación de los metales y las acusaciones de estafa. En 1779, contaban con 26 círculos y unos cuantos cientos de simpatizantes, que se decantaron progresivamente por la intervención en cuestiones políticas, a pesar de que en sus rituales subsistieron constantes referencias a la alquimia. A finales del XVIII la corriente había periclitado.

-           La Orden de los Elegidos Cohen. Fundada por Martínez de Pasqually[cxii] hacia 1754 en el Sur de Francia, es importante por que de algunos de sus últimos representantes surgirán los movimientos rosacrucianos franceses de finales del XIX. Estaba configurada, más como una orden masónica o paramasónica, que como “rosa cruces”, si bien es cierto que el último grado de su jerarquía era el de “Caballero Rosa Cruz” y que las enseñanzas que lo acompañaban tenían bastante que ver con los textos rosacrucianos. Estudiaban khábala, magia, sufismo, hermetismo. Literalmente, el nombre  de la orden, dos palabras judías, quiere decir “Sacerdotes Elegidos”. Tuvo como adherente a Jean Baptiste Willermoz que fundó luego el Rito Escocés Rectificado para católicos. Logró extenderse por Francia y Alemania y, finalmente, gracias a Louis Claude de Saint Martin, terminó convirtiéndose en una corriente masónica que ha subsistido hasta hoy, si bien dividida en distintas fracciones.

La trayectoria de todos estos grupos indica cierto grado de ambigüedad. A partir de 1717, con el crecimiento desmesurado de la masonería, tienden a confluir con ella y, como hemos visto, logran integrar algunos “grados rosa cruces” en determinados ritos. La masonería penetrada por estos grupos se percibe como muy diferente a la que conocemos hoy: está centrada en investigaciones alquímicas, practica la khábala y formas de misticismo. Ciertamente, algunas de sus obras de referencia proceden de la tradición “rosa cruz”, pero existe una teorización propia realizada mediante hombres notables (Saint-Martin, Willermoz, Martínez de Pasqually) y la incorporación de extraños místicos que nada tienen que ver ni con la masonería ni con el rosacrucianismo (Swedemborg[cxiii]). A partir de las especulaciones de algunos de estos personajes, irrumpe lo que podemos llamar el “ocultismo contemporáneo”.

La larga marcha hacia los movimientos rosacrucianos actuales

Este fenómeno tiene tres puntales sobre los que apoya su actividad:

1) la difusión de obras de un contenido místico confuso, fuera de cualquier marco iniciático, lanzando libros a la calle que cada cual puede entender a su manera;

2) el gusto por lo oculto como denominador general y

3) la aparición del “gurú” en torno al cual se organiza cada una de las corrientes ocultistas.

Hasta entonces, las obras esotéricas no se habían difundido masivamente. Los libros escritos por Andreae aspiraban a recoger en su organización a los simpatizantes, y las obras de Michel Maier no prometían nada, simplemente aspiraban a que el “buscador de la verdad” tuviera canales en los que inspirarse. Pero, a partir de finales del XVIII, aparecen organizaciones que “prometen” alcanzar cualidades sobrehumanas prácticamente sin esfuerzo, por el mero hecho de pertenecer a la asociación o de seguir rituales desprovistos de todo fundamento metafísico. Lo que hasta ese momento eran “linajes iniciáticos” u “organizaciones esotéricas”, pasan a ser “sectas ocultistas”. Y, como es natural, unas son más rigurosas que otras, algunas son pura estafa, mientras que otras generan un marco, más o menos adecuado, para realizar búsquedas espirituales. Este proceso se produce en Francia, Inglaterra y Alemania, especialmente. También en EEUU aparecen organizaciones de este tipo. Dos fundamentalmente: la Hermandad Hermética de Luxor y la Hermandad de Eulis. El rosacrucianismo británico decimonónico cristalizará en la Sociedad Rosacruciana de Inglaterra (SRIA) primero y luego en la Hermandad Hermética de la Aurora Dorada (la “Golden Dawn”) de la que emergerá la inquietante figura de Aleister Crowley. En Francia, los círculos martinistas, darán vida a la Hermandad Kabalística de la Rosa Cruz y a la Rosa Cruz Católica de Stanislas de Guaita y de Josephin Peladan, respectivamente. Finalmente, en Alemania, la Sociedad Teosófica generará una disidencia local capitaneada por Rudolf Steiner, fundador de la Sociedad Antroposófica que reconocía una herencia rosacruciana. Una vez más, intentaremos resumir las vicisitudes de estos grupos, para situarnos luego, ante los actuales movimientos rosacrucianos, etapa final de nuestro estudio.

-           Hermandad Hermética de Luxor. Se trató de un grupo norteamericano que recogía distintas influencias, formado por personalidades solventes. La palabra “Luxor” era tenida como formada por lux (luz) y aur (fuego), un simbolismo que entronca directamente con el rosacruciano. Su sede estaba en Boston y en su interior se practicó la magia ceremonial sobre la base de los textos herméticos alejandrinos. La sociedad se rompió en varias fracciones y no tuvo relación con los grupos rosacrucianos que emergieron en EEUU a lo largo del siglo XX. Su enseñanza consistía en una práctica de la magia ceremonial, basada en la khábala hebrea. El grupo afirmaba tener una inspiración rosacruciana, aunque es más fácilmente perceptible entrever una relación con las corrientes martinistas de la masonería continental.

-           Hermandad de Eulis. Organización disidente de la Hermandad Hermética de Luxor, fundada por Pascal Beberly Randolph, mestizo y amigo íntimo del presidente Abraham Lincoln. Nacido en 1825 viajó por todo Occidente y aprendió los rudimentos de sufismo musulmán y del tantrismo budista, que interesaron a minorías antes de que la contracultura y la Nueva Era las colocaran entre sus preferencias. Randolph afirmó haber sido instruido por "una doncella de sangre árabe y tez morena" que le enseñó "la magia blanca del amor". Su madre fue vidente y él desarrolló también estas facultades desde su más tierna infancia. Durante la guerra civil dirigió una compañía de negros. Lincoln lo nombró educador de esclavos liberados en Louisiana. Se afilió a la "Hermandad Hermética de Luxor". En 1858, poco antes de estallar el conflicto entre el Norte y el Sur de los EEUU, fundó la "Fraternidad de Eulis" como círculo interior y esotérico de la "Fraternitas Rosae Crucis". Randolph sostenía una curiosa visión maniquea de la fisiología humana que prefigura muchos de los puntos de vista de la Nueva Era sobre la sexualidad; explicaba que en el cerebro radicaba la parte negativa del cuerpo y en los genitales la positiva; a través de esta parte positiva el hombre podía entrar en contacto con la fuerza primordial del universo y los aspectos creativos de la vida: emoción, belleza, energía... A través del amor creía poder vivir la experiencia directa del contacto con Dios; dado que la mujer estaba más cerca de la esencia divina que el hombre, había que unirse a ella. Después de la muerte de Randolph, Maria de Naglowska reunió sus escritos que fueron publicados con el título de "Magia Sexualis". El libro se iniciaba con una frase programática: "El sexo es la más grande y principal fuerza mágica de la naturaleza". Con Randolph y la Naglowska se está en un terreno muy alejado del rosacrucianismo e incluso de los elementos doctrinales propios de estas tendencias. De todas formas, la Naglowska sostenía el misterio de la Trinidad y lo interpretaba de manera muy personal, intentando realizar una interpretación esotérica de los evangelios similar a la exégesis rosacruciana.

-           Sociedad Rosacruciana de Inglaterra.- También conocida como Societas Rosicruciana in Anglia y por sus siglas SRIA, fundada en 1867 por Robert Wenworth Little con la intención de promover el estudio de las doctrinas rosacrucianas y masónicas. Pronto, la entidad pudo disponer de sólidas bases en Londres, York y Bristol y, de ahí, saltar a la Europa continental, Escocia y EEUU. Esta asociación solamente admitía a francmasones a partir del grado de Maestro. Así pues, se trató de una asociación paramasónica que orientaba a sus adeptos hacia el estudio del pensamiento “rosa cruz”, más que de un grupo rosacruciano en sí mismo. Esta asociación no tendría mucha importancia, de no ser por que en su interior se gestó otra que ha dado más que hablar: la “Golden Dawn”.

-           Orden de la Aurora Dorada.- De nombre completo “Golden Dawn in Outer”, que, según sus fundadores debía ser una orden más operativa que la SRIA que, en el fondo cultivaba un mero espiritualismo difuso. Impulsada por Wynn Westcott y Mac Gregor Mathers, estos afirmaban haber recibido su legitimidad de Anna Sprengel, representante de uno de los linajes rosacrucianos alemanes periféricos a la masonería. La orden estaba jerarquizada en once grados que correspondían cada uno de ellos a una sephira. La Golden Danw adquirió cierta relevancia en la timorata sociedad victoriana de su tiempo, pero en su interior se produjo una polémica entre sus dos fundadores a causa de Aleister Crowley, un nuevo afiliado que no iba a limitarse a un papel subordinado, sino que aspiraba a tener un nombre propio en el ocultismo contemporáneo. La sociedad se rompió y periclitó rápidamente. A pesar de su origen y de la naturaleza de sus estudios sobre la khábala, este grupo está mucho más próximo al ocultismo contemporáneo que a la Rosa Cruz Originaria.

-           Ordo Templis Orientis.- En 1895, Karl Kellner, ocultista vienés fundaba una de las muchas órdenes neo-templarias que florecieron en el siglo pasado: la Ordo Templis Orientis (O.T.O.). Kellner había incorporado los elementos de magia sexual teorizados por Randolph. Hasta 1905 la orden apenas tuvo importancia, pero ese año Theodor Reuss sucedió a Kellner y incorporó a un hombre sorprendente: Aleister Crowley. Aleister Crowley, mago y satanista inglés (1875-1947) conocía perfectamente los trabajos de Randolph y había sido iniciado en los ritos de la famosa secta secreta británica "Golden Dawn" a la que perteneció buena parte de la intelectualidad victoriana de fin de siglo. Crowley incluyó técnicas de magia sexual en las instrucciones para la iniciación en los grados 7ª, 8º y 9º de la OTO. En ellos se proponía un culto al falo, asimilado al sol, y se daban consejos sobre "onanismo mágico", cópula hétero y homosexual, formas de unión con íncubos y súcubos, etc. La idea de todo este compendio es que en el momento del orgasmo puede ser descargada una energía susceptible de ser dirigida para obtener algún beneficio. El mismo Crowley utilizó "cópulas mágicas" para obtener dinero, establecer el emplazamiento de la Abadía del Thelema o lograr buena salud. El partener puede ser o no informado de la utilidad mágica de su unión erótica. Crowley atribuía al esperma emitido en estas cópulas poderes especiales y con él se consagran pentáculos y talismanes. Recuperó la idea del homúnculo o ser artificial creado en el laboratorio alquímico, que según él, podría ser formado con esperma emitido en el curso de estas prácticas. Crowley consideraba el coito como una forma entre otras -junto a la droga y el alcohol- de entrar en trance y obtener un contacto con una forma divina degradada (así fue como interpretó la "aparición" del espíritu "Alantrah" tras su relación con Roddie Minor o el espíritu "Ab ul Diz", manifestado tras el coito con Mary d’Este Sturges). Pero también, escribe Crowley, "la excitación sexual es solo una forma degradada de éxtasis divino"; al producirse es posible identificarse con alguna divinidad concreta. Crowley lo hará repetidamente con la "Gran Bestia 666" descrita por San Juan en El Apocalipsis, mientras que sus parteners serán "la mujer escarlata" mencionada en el mismo texto. En el ritual de la misa gnóstica establecido por Crowley la consumación del rito se produce cuando la sacerdotisa masturba al oficiante[cxiv]. Tras morir Crowley, sus organizaciones se fueron disolviendo pero no desaparecieron del todo. Un grupo de seguidores de Pasadena constituyó la Logia Ágape que aseguró la pervivencia de los rituales iniciáticos establecidos por Crowley. El papel de sus herederos fue importante en algunas componentes de la contracultura y posteriormente en movimientos "New Age". Un grupo de altos grados de la Logia Ágape abrió una librería ocultista frente al campus de Berkeley; muchos de los líderes de la contracultura se instruyeron allí en los aspectos ocultistas del movimiento[cxv]. Como era de prever, Crowley se fijó en la “rosa cruz” e incluso intentó remontar a ella la filiación de su grupo. Sostenía, por ejemplo que el emblema de la hermandad tenía un simbolismo sexual: la cruz era el falo y la rosa la vagina. Así pues, la “rosa cruz” sería el símbolo de la unión sexual...

-           Orden Khabalística de la Rosa Cruz. Con Stanislas de Guaita (1861-1897) estamos en pleno ocultismo contemporáneo. Él mismo es discípulo de Gerard Encause (alilas “Papus”) quien restauró el martinismo, casi desaparecido desde los tiempos de la revolución francesa. A partir de “Papus”, martinismo y rosacrucianismo caminan juntos en los medios ocultistas. “Papus” había sido iniciado en la “Hermandad Hermética de Luxor” y por el “Maestro Philipe de Lyon”. Fue el primer presidente de esta orden, en la que también participaron la mayoría de ocultistas notorios de la época: Charles Barlet (sucesor de Guaita como Gran Maestre de la Orden), Emmanuel Lalande (“Marc Haven”, casado con la hija del “Maestro Philipe de Lyon”, miembro del consejo supremo de la “Orden Martinista”), Yvone Leloup (“Paul Sedir”, discípulo del “Maestro Philipe”, miembro de la Orden Martinista y de la Hermandad Hermética de Luxor, finalmente, abandonó todas las asociaciones ocultistas y se refugió en el cristianismo). La OKRC, subsistió tras la muerte de Guaita, siendo dirigida sucesivamente por “Barlet”, “Papus” y “Teder” (Charles Detré)[cxvi]. A la muerte de éste se produjo un cisma a causa de la controversia sobre los requisitos masónicos de afiliación. Los dos grupos entraron en “coma” a partir de ese momento hasta que Robert Ambelain, reunificó los residuos de estos grupos siendo sustituido tras su muerte en 1992, por Gerard Kloppel, Gran Maestre Mundial del Rito de Menphis-Misraïm.

-           Orden de la Rosa Cruz del Templo del Grial. Tras su ruptura con Guaita, Peladan fundó en 1890 esta orden, también conocida como “Rosa Cruz Católica”. Peladan afirmaba haber sido iniciado por su padre (el cual habìa recibido iniciación del donde de Lapasse, el cual afirmaba haber sido iniciado por el conde de Cagliostro), afiliado desde 1840 a las logias neotemplarias de Toulouse. Su hermano estuvo relacionado con los “rosa cruces” de Toulouse. Éste grupo había surgido de logias masónicas martinistas de orientación católica, surgidas de la reforma de Willermoz. Al parecer, en la primera parte del siglo XIX, estas logias adoptaron posiciones monárquicas, legitimistas y rosacrucianas y de ahí surgieron varios linajes que periclitaron hacia mediados del siglo y resucitaron con la orden fundada por Peladan. Por su parte, Peladan era, ante todo, un esteta exaltado que se hacía llamar “Tzar Peladan”. Fue un famoso escritor en su tiempo y en su asociación fueron iniciados intelectuales decadentistas y artistas entre los que figura el músico Eric Satié y el pintor Santiago Rusiñol. Peladan estaba muy influido por el templarismo y la doctrina del Grial, achacaba a Guaita el haber constituido una orden que tenía poco que ver con el catolicismo de la hermandad originaria, en el que él se encuadraba. Su orden, organizada en forma de “Salones Rosa Cruz” tuvo auge gracias a las personalidades que lo acompañaban, pero periclitó con la muerte de Peladan en 1918, cuando ya había pasado su hora. Las orientaciones de esta sociedad parecen tener mucho más relación con la Rosa Cruz Originaria, si bien, se mezclaban en ella consideraciones estéticas propias del decadentismo de la época y algunas filtraciones ocultistas convencionales. Es importante señalar que el secretario personal de Peladan fue Georges Monti y que con ella se relacionó el cura de Rennes-le-Château, Berenger Sauniére[cxvii].

A la vista de todos estos desarrollos puede percibirse lo lejos que estamos ya de la Rosa Cruz Originaria. En realidad, todos estos grupos –insistimos, de mejor o peor calidad, pero siempre alejados de la idea originaria- cultivan el “secreto”, “lo oculto”, la ambición por desarrollar poderes psíquicos y una erudición sobre temas misteriosos, y constituyen un fenómeno radicalmente diferente a la “rosa cruz”. Esta última asociación ya nos pone en contacto con el ocultismo contemporáneo y con las distintas asociaciones que hoy asumen el nombre de “rosa cruz” de las que daremos un sucinto resumen en el último capítulo de esta obra.



[i] Julius Evola, “El misterio del Grial”, Plaza & Janes, Barcelona 1978, pág. 229

[ii] Suelen utilizarse distintas notaciones para nombrar al mismo fenómeno: “Rosacruces”, “R.·.C.·.”, R+C, etc.; hemos optado por aludir a él en la forma “rosa cruces” o “rosa cruz”, entrecomillados y en minúscula. R.·.C.·. suele ser la forma en la que se distinguen los grados “rosa cruces” dentro de la masonería y “R+C” es la forma en la que los grupos ocultistas aluden a sí mismos, utilizando una notación empleada por algunos grupos históricos de esta corriente. “Rosacruces” es una contracción que parece designar a los miembros de un grupo concreto; pero la “rosa cruz” es algo más que eso. Como veremos, es preciso distinguir lo que es la “rosa” y lo que es la “cruz”. En cuanto al uso de minúsculas, aludiría a la modestia y discreción propia de los verdaderos rosa cruces.

[iii] La frase es objeto de disputa: se ha atribuido al teólogo católico y paleontólogo, Teilhard du Chardin, pero también puede encontrarse en Frithoj Schuon, discípulo de René Guénon y es el “leit motiv” de su obra “De la Unidad Trascendente de las Religiones”, (Editorial Taurus, Biblioteca de Estudios Tradicionales, Barcelona 1981), si bien la frase citada como tal.

[iv] Vamos a utilizar, a partir de ahora, el término “Rosa Cruz Originaria” para definir al conjunto de personalidades y grupos más identificados con lo que consideramos que es la pureza originaria del movimiento. Utilizaremos, por el contrario, el término “grupos rosacrucianos” para adjetivas a las formas posteriores, en buena medida degradadas que aparecieron más tarde.

[v]  René Guénon, “Apreciaciones sobre la iniciación”, CS Ediciones, Buenos Aires 1993, Capítulo XIII, “Sobre el secreto iniciático”, página 135 y sigs.

[vi] Anónimo, “Las sociedades secretas”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1966, pág. 199 y sigs.

[vii] René Guénon, “Apreciaciones...”, op.cit., Capítulo XXXVIII, “Rosacruz y rosacrucianos”, pág. 369 y sigs.

[viii] Tal es la argumentación con la que se inicia el folleto explicativo de la asociación llamada “Antigua y Mística Orden Rosacruz” que argumenta que su fundación data de los tiempos del faraón Thutmosis III (1504-1447 antes de JC). Véase, por ejemplo, Mariano Vázquez Alonso, “Escuelas Esotéricas de Occidente”, Ediciones 29, Madrid 1994, pág. 168.

[ix] Véase “El Enigma Sagrado”, Michel Baignet, Richard Leigh y Henry Lincoln, Editorial Martínez Roca, Barcelona, 1985, pág. 120. La lista no fue elaborada por los autores, sino extraída de un documento apócrifo, “Les Dossier Secrets”, atribuido a “Henri Lobineau”. Hay que decir que “Lobineau” era uno de los alias utilizados por Pierre Plantard y que, en cualquier caso, los autores de “El Enigma Sagrado”, aún dudando de la veracidad de la mayoría de datos publicados en este documento, no dudaron en articular en torno suyo su famoso best-seller que ha tenido una continuación al haber sido inspirador de novelas de capa y espada tan diversas como “El Código Da Vinci” de Dan Brown o “El péndulo de Foucault” de Humberto Eco.

[x] Tal como resaltaremos en la última parte de esta obra (Anexo), las organizaciones actuales rosacrucianas, suficientemente conocidas, son construcciones modernas, con pocos puntos de enlace con movimientos anteriores al siglo XIX. Dicho de otra manera: en caso de seguir existiendo, los linajes de la Rosa Cruz Originaria parece extremadamente dudoso que tengan absolutamente ninguna relación con los grupos que actualmente se reclaman de la “rosa cruz”, independientemente de que sus contenidos estén más o menos próximos a la doctrina originaria de la asociación. Vale la pena recordar que en el terreno iniciático, es importante que exista una “filiación regular”. Se entiende por “filiación regular” a la posibilidad de remontar una “cadena iniciática” a sus fundadores, sin interrupción. La “iniciación” es la transmisión de una influencia espiritual depositada en una sociedad o en un linaje. Para que haya “iniciación”, debe existir “iniciador”. Para qué una organización o un linaje puedan ser considerados “iniciáticos” debe de estar muy claro de dónde han recibido ese “influjo espiritual”, es decir, cuál es su fuente. Es este el momento adecuado para aclarar que cuando nos referimos a “organización iniciática”, entendemos a un conjunto de personas provisto de ritos, grados, marco orgánico y estructura comunitaria; mientras que cuando aludimos a “linajes iniciáticos” nos referimos a una cadena de transmisión personalizada de maestro a discípulo que se prolonga durante generaciones.

[xi] Estas obras fueron editadas en castellano a principios de los años 80 por dos editoriales pero se encuentran agotadas, nosotros hemos utilizado las versiones de estas obras que han sido colocadazas on line en Internet y pueden consultarse fácil, grauita y rápidamente en hhtp://leo.worldline.es/troman/rosacruz/rcbooks/index.html .

[xii] “El Misterio del Grial”, Julius Evola, Plaza & Janés, Barcelona 1976.

[xiii] “La Tradición Hermética”, Julius Evola, Martínez Roca, Barcelona 1977.

[xiv] “La Tradición Hermética”, op.cit., Capítulo titulado “La Herencia del Grial”, pág 181 y sigs.

[xv] “La Tradición Hermética”, op.cit., Primera Parte, Capítulo 23 “La espada y la rosa”, pág. 118.122.

[xvi] “El esoterismo de Dante”, Editorial Dédalo, Buenos Aires 1969.

[xvii] Especialmente en los capítulos V “De la regularidad iniciática” (pág. 53 y sigs.), XI “Organizaciones iniciáticas y sectas religiosas” (pág. 109 y sigs.), XXXVIII “Rosacruz y rosacrucianos” (pág 369 y sigs.), XXXIX, “Grandes misterios y pequeños misterios” (pág 379 y sigs.)

[xviii] “La Meta Secreta de los Rosacruces”, Jean Pierre Bayard, Editorial Robin Book, Barcelona 1991. En realidad, la mayor parte de datos de esta obra –al menos, los más interesantes- proceden del libro de Paul Sédir “La rose-croix”, no traducido al castellano y hoy descatalogado en Francia.

[xix] “La Hermandad de la Rosa Cruz”, A.E. Waite, Luís Cárcamo, Barcelona 1988.

[xx] “Historia del Ocultismo”, Dr. Frederic Köning, Plaza & Janés, Barcelona 1979.

[xxi] “Historia de la magia”, Richard Cavendish, Ediciones Lidium, Buenos Aires 1977.

[xxii] “Historia de las Doctrinas Esotéricas”, Jean Riviere, Editorial Dédalo, Buenos Aires 1976.

[xxiii] “Historia del Ocultismo”, L. de Gérin-Ricard, Plaza & Janés, Barcelona 1967.

[xxiv] “Manual Diccionario de esoterismo”, Hervé Masson, Roca, México DF 1970.

[xxv] “Diccionario de Símbolos” de Jean Chevalier y Alain Gheerbrand, Editorial Herder, Barcelona 1991.

[xxvi] “Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada”, René Guénon, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires 1969, Cap. II, “El Verbo y el Símbolo”, pág. 8.

[xxvii] En el contexto de esta obra hemos preferido no aludir al “profetismo rosa cruz” y no mencionar a Nostradamus. Baste decir que, tanto él, como su maestro Giulio Cesare Scaligero, como el círculo al que perteneció, constituyeron un linaje “rosa cruz” específico. Todo en la vida de Nostradamus denota la pertenencia a una sociedad secreta de carácter “rosa cruz”: su profesión de médico, su dominio de las ciencias tradicionales, su visión profética, su práctica de la khábala, etc. Es más, no albergamos la menor duda, de que fueron las “prácticas rosa cruces” las que le posibilitaron realizar las formidables proyecciones de su mente sobre el futuro.

[xxviii] “La Tradición Hermética”, op.cit., pág. 31.

[xxix] “La Hermandad de la Rosa Cruz”, A.E. Waite, Editorial Humanitas, Madrid 1988, pág. 21.

[xxx] Los “Fieles de Amor” constituyeron una milicia combativa, con armas y acuerdos secretos. Luigi Valli los define como “hombres de acción, de lucha, de guerra, de partido”. El grito de guerra templario “¡Viva Dios Santo Amor!”, identificaba el “Santo Amor” con Dios. Es evidente el paralelismo que permite afirmar que los “Fieles de Amor” fue uno de los movimientos surgidos del templarismo. Se trataba de una cofradía de trovadores y poetas que expresan su fe mediante símbolos, evitando correr la misma suerte que el templarismo. El propio Dante, uno de los miembros de esta cofradía, en la “Divina Comedia” usó como símbolo central el sello del Gran Maestre de los Templarios, el águila y la cruz. René Guénon escribe en “El esoterismo de Dante”, op.cit., pág. 45: “Hay en el museo de Viena, dos medallas de las cuales una representa el Dante y la otra al pintor Juan de Pisa. Ambas llevan en el reverso las letras F.S.K.I.P.F.T. que deben ser interpretadas así: Fidei Sanctae Kadosch Imperialis Principatus Frater Templarius. Esta Asociación de la Fe Santa, de la que el Dante parece haber sido uno de sus jefes, era una tercera orden de filiación templaria cuyos signatarios se denominaban Kadosch, es decir, santo o consagrado (...). No faltaba razón a Dante, cuando al fin de su viaje, tomaba en La Divina Comedia por guía a San Bernardo, quien había establecido la regla del Templo, como si quisiera indicar con ello que la espiritualidad del santo era el único medio ofrecido a los caballeros para alcanzar el grado superior de la jerarquía espiritual". Por lo demás, en la Divina Comedia, son evidentes los símbolos esotéricos. Asín Palacios mostró que dos fuentes de esta obra son el “Libro de la Escala” y el” Libro del Viaje Nocturno”, dos obras de espiritualidad islámica. Los “siete cielos” del poema equivalen a los siete peldaños iniciáticos de los Fieles de Amor y que fueron definidos por De Barberito (ver “El misterio del Grial”, op.cit., pág. 211). La "Dama" de los Fieles era la Inteligencia Trascendente o la Sabiduría Divina. El Cuore Gentile de los mismos Fieles era el corazón noble y purificado de relaciones mundanas. Los Fieles de Amor debían escribir en verso, lengua de los ángeles y de los dioses. El propio Bocaccio, que formaba parte de la cofradía, se ha referido a la trascendencia esotérica en un cuento del Decamerón; en efecto, por boca de Melquisedek (símbolo de la iniciación real en contraposición a la iniciación sacerdotal derivada de San Pedro) explica que “del Judaísmo, Cristianismo e Islam, nadie sabía cuál era la verdadera fe”, frase a la que se suele dar un contenido crítico hacia el cristianismo, pero que, en realidad, intenta trascender a la mera fe exterior. A este respecto, recomendamos la lectura del Capítulo 26 de “El Misterio del Grial”, op.cit., págs 209-216.

[xxxi] “Apreciaciones sobre la iniciación”, op.cit., pág. 370.

[xxxii] “Apreciaciones sobre la iniciación”, op.cit., pág. 370.

[xxxiii] “Rivolta contro il mondo moderno”, Julius Evola, Edizioni Mediterranee, Roma 1988, pág. 21-22.

[xxxiv] “Apreciaciones sobre la iniciación”, op.cit., pág. 370-371.

[xxxv] “La Tradición Hermética”, op.cit., pág. 65-67.

[xxxvi] “Dios ha decidido de manera expresa conceder y otorgar una última vez más al mundo, cuyo fin sobrevendrá en breve, una verdad, una luz, una vida y una magnificencia parecidas a la que perdió y despilfarró en el Paraíso Adán, el primer hombre, arrastrando a sus descendientes a la miseria de la repudiación y el exilio”. Capítulo VII. Confessio.

[xxxvii] “Apreciaciones sobre la iniciación”, op.cit., pág 371-372.

[xxxviii] “Historia de la Magia”, François Ribadeau Dumas, Plaza&Janés, Barcelona 1975, pág. 209.

[xxxix] “Apreciaciones sobre la iniciación”, op.cit., pág. 372-373.

[xl] Puede resultar paradójico que templarios y órdenes ascético-militares islámicas reconocieran puntos de convergencia espiritual y, al mismo tiempo, combatieran entre sí. La aparente paradoja se resuelve teniendo en cuenta que ambos grupos iniciáticos distinguían entre “pequeña guerra santa” y “gran guerra santa”. La primera era la lucha física contra el adversario, armado con las mismas armas, la guerra en sí misma. En cuanto a la segunda se la consideraba como la lucha contra el propio adversario interior. Julius Evola realizó una exposición muy clara de estos conceptos en “Metafísica de la Guerra”, Julius Evola, Ediciones Alternativa (obra fotocopiada), Barcelona 1985, pág. 7-9.

[xli] “Diccionario de esoterismo”, op.cit., pág 577.

[xlii] Esta relación se repite en las historias clónicas de la “rosa cruz”. Originariamente fue publicada en la obra “Unparteiische Sammlungen Zu Historie der Rosenkreuzer” de Semler y fue rescatado en la obra de A.E. Waite “La Fraternidad Rosa Cruz”, op.cit., pág. 45.

[xliii] “Historia de la Magia”, op.cit., pág. 209.

[xliv] Existe una famosa escultura del Conde de Provenza Raymond Berenguer V, en la Iglesia de Saint-Jean de Malle, en Aix-en-Provence, en donde se le puede ver con una rosa en la mano y la espada al cinto.

[xlv] “Diccionario de Símbolos”, op.cit., pág 892.

[xlvi] No en vano, el Cardenal Cisneros, como veremos, se sentía próximo a la corriente "espiritual" y joaquinita y mandó imprimir las obras de Ubertino da Casale, al tiempo que enviaba a los últimos franciscanos "espirituales" a predicar en el Nuevo Mundo, recién descubierto por Colón.

[xlvii] Se ha atribuido a Arnau la interpretación khabalística de la notación INRI. Mientras que, para algunos –Fulcanelli entre ellos- INRI es el anagrama de “Igne Natura Renovatum Integra” (sólo el fuego renueva íntegramente a la naturaleza), para Arnau estaría formado por cuatro letras hebreas:

I (Iod) que simboliza el principio creador activo y la manifestación del principio divino que fecunda la sustancia.

N (Naïn) simboliza la sustancia pasiva, que se adapta a todas las formas.

R (Rasit) simboliza la unión de los dos principios y la perpetua transformación de las cosas creadas.

I (Iod) simbolizando de nuevo el principio creado divino, para significar que la forma creadora que emana de ella, se remonta sin cesar para volver siempre con ella.

[xlviii] Para Lenglet de Fresnoy, autor de la muy celebrada "Historia de la Filosofía Hermética", Llull se desplazó a Londres en 1312 llamado por el rey Eduardo de Inglaterra. Se encontraba obsesionado por la idea de una nueva cruzada y partió a las islas británicas con la idea de que, tanto el rey de Inglaterra como el de Escocia, financiaran el proyecto. Ambos monarcas alegaron falta de medios económicos para justificar su negativa a participar en la operación. Llull prometió facilitarles la suma que pidieran y para ello instaló en la Torre de Londres su laboratorio hermético. A los pocos días estuvo en condiciones de operar la transmutación obteniendo una extraordinaria cantidad de oro con la que se acuñaron unas monedas, los "Nobles de la rosa". Lenglet de Fresnoy añade que "Todos aquellos que han examinado esas piezas, tan curiosas y buscadas en Inglaterra, reconocen que son incluso de un oro más perfecto que el de los Jacobos y otras monedas antiguas de oro de este tipo. Hay incluso una inscripción que los distingue y que muestra que las piezas fueron hechas por una especie de milagro". La inscripción dice así: "De la misma forma que Jesús había pasado invisible por entre los fariseos, así el oro alquímico pasa inadvertido entre vosotros". La crítica racionalista resta verosimilitud a esta transmutación. Niegan que la acuñación se produjera bajo el reinado de Eduardo II, sostienen que fue posterior. La mayoría de los munismáticos sostienen que dichas monedas se acuñaron 150 años después del tránsito de Llull por las islas británicas. En cuanto a la objeción que Eduardo II le para mostrar su imposibilidad de apoyar la cruzada predicada por Llull, se admite que era cierta y que incluso el místico le aconsejó un método para superar esta deficiencia: promulgar un nuevo impuesto que gravara el consumo de lana... Es posible que la transmutación tuviera lugar, pero la acuñación se realizara 150 años después. Como también es posible que Llull diera consejos económicos a la corona.

[xlix] El rey Jaime de Mallorca se interesó por esta obra y facilitó los medios para la puesta en marcha del Colegio de Miramar, escuela de misioneros y traductores especializados en llevar la palabra de Dios a los países dominados por el Islam. Trece franciscanos fueron sus primeros alumnos. Llull pretendió que instituciones de este tipo fueran creadas por toda la cristiandad, convencido -como Arnau en su momento- de que era posible convertir a los musulmanes al cristianismo mediante la argumentación.

[l] “Giordano Bruno y la tradición hermética”, Frances A. Yates, Ariel Filosofía, Barcelona 1983, pág. 16.

[li] “Giordano Bruno y la tradición hermética”, op.cit., pág. 18.

[lii] Llama la atención a este respecto el hecho de que algunos grupos rosacrucianos actuales, sigan cayendo en este mismo error y atribuyan a “Egipto” el origen de su movimiento. En Egipto no reconocemos nada que pueda ser asimilado o comparado al movimiento “rosa cruz”. El error deriva de la persistencia en atribuir los “textos herméticos” atribuidos a Hermes Trimegisto, el Toth egipcio, su autoría.

[liii] El relato completo de cómo se produjo este descubrimiento y la entrega de los textos a Ficino puede leerse en “Giordano Bruno y la tradición hermética”, op.cit., pág. 30. El manuscrito originario que tradujo Ficino se encuentra actualmente en la Biblioteca Laurenziana con la referencia “Laurentianos, LXX, 33 (A)”.

[liv] Extraído de la introducción o “Argumentum” que Ficino colocó en el inicio de su traducción del “Pimander”.

[lv] Existen varias ediciones de esta literatura, accesibles para el público español, el que agrupa los textos más interesantes es, sin duda, “Textos Herméticos”, Editorial Gredos, Madrid 1999, ISBN 8424922468/84-249-2246-8 o “Los Libros de Hermes Trismegisto”, Edicomunicación, Barcelona 1987, ISBN: 84-7672-151-X. Así mismo, en la web http://servisur.com/cultural/hermes/ se incluyen algunos textos herméticos y, especialmente, en http://www.educa.rcanaria.es/usr/elvigia/verano2005/Hermetismoenlared-ocio.htm, donde se ofrece un conjunto de vínculos con otras webs.

[lvi] “Giordano Bruno y la tradición hermética”, op.cit., Capítulo IV “La Magia Natural de Ficino”, págs. 63-89.

[lvii] “Giordano Bruno y la tradición hermética”, op.cit., Capítulo V “Pico della Mirandola y la Magia cabalística”, págs.105-141.

[lviii] Véase a este respecto, nuestra obra “Dalí, entre Dios y el Diablo”, Ernesto Milà, Editorial PYRE, Barcelona 2001, págs. 134-138.

[lix] A este respecto pueden consultarse los dos volúmenes del Conde Matila C. Ghyka “El Número de Oro”, Vol I y II, Editorial Poseidón, Buenos Aires 1968., especialmente el Capítulo II, págs. 39-92.

[lx] “Giordano Bruno y la tradición hermética”, op.cit., pág. 157. El capítulo VII, págs. 156-170)  de esta obra está consagrada a Agrippa y de él hemos extraído las citas sobre este autor que aparecen en las siguientes páginas.

[lxi] Entre otros, “Diccionario de Alquimia, Cábala y Simbología”, J. Félix Alonso, Trigo Ediciones SL, Madrid 1995, pág. 147.

[lxii] “Giordano Bruno y la tradición hermética”, op.cit., Capítulo XIII, pág. 240.

[lxiii] Frances A. Yates en su libro consagrado a Bruno que tantas veces hemos citado, consagra en su interesante obra ocho capítulos a recorrer el interés del sabio renacentista por la filosofía hermética (Capítulos XI y XII) y por la cábala (Capítulo XIV), inapelables para demostrar su vinculación a los círculos mágicos y herméticos de su tiempo.

[lxiv] En la “Confessio”, se describe la tumba de Christian Rosenkreutz y se dice: “Hay libros de distintas clases y, entre otros, el Diccionario de las palabras” de Paracelso y el pequeño mundo de su fundador”. Así mismo, vuelve a ser citado en el Capítulo II de la “Fama”, otro manifiesto rosacruciano. En esta ocasión se dice que “no se adhirió a nuestra fraternidad”... y no podía ser de otra forma: de hecho, los manifiestos rosacrucianos y la organización de Andreae aparecen (1614-160), cuando Paracelso ya ha fallecido (1541).

[lxv] Sobre el abad Tritemio y sus relaciones con la Rosa Cruz, puede leerse el completo estudio “El enigma de la Rosa Cruz”, Nouveau Piobb, ATE, Barcelona 1977. Especialmente el Capítulo II, titulado “Juan Tritemio y la Rosacruz”, pág 39-64.

[lxvi] “La meta secreta de los rosacruces”, Jean Pierre Bayard, Robin Books, Barcelona 1991, pág. 76.

[lxvii] “Diccionario Esotérico”, autores varios, Editorial Kier, Buenos Aires 1968, pág. 307-308.

[lxviii] A.E. Waite, toma ambos textos como referencia, para componer el Capítulo II de su obra “La Hermandad de la Rosa Cruz”, op.cit., pág. 45-58, sin añadir algo más que algunas especulaciones personales.

[lxix] “La Hermandad de la Rosa Cruz”, op.cit., pág. 48-49.

[lxx] “La Hermandad de la Rosa Cruz”, op.cit., pág. 52.

[lxxi] Datos extraídos de “La Hermandad de la Rosa Cruz”, op.cit., págs 49, 52 y 53.

[lxxii] Para acabar de arrojar un poco más de confusión al cesto, en 1905 apareció en EEUU la obra “La Orden Milicia Crucífera Evangélica”, escrita por alguien que decía ser su “Supremo Gran Maestre” y firmaba con el nombre de “Conde de Saint Vicent”. El autor establece una diferenciación entre la Rosa Cruz y la Milicia y afirma que se trató de dos organizaciones diferenciadas y sin puntos en común. En la lectura del texto quedaba implícito que, sea como fuere, se acababa de reconstituir la organización –si bien el autor, afirmaba que jamás se había disuelto- y él era su “Gran Maestre”. Cuando en 1934 tenga lugar el Congreso de Bruselas de la Federación Universal de Órdenes y Sociedades Iniciáticas (FUDOSI), entre las catorce organizaciones afiliadas se encontraba la Milicia Crucífera Evangélica...

[lxxiii] Esto ha permitido a Guénon escribir: “Lutero parece no haber sido más que una suerte de agente subalterno, sin duda bastante consciente del papel que debía representar; estos diversos extremos, por otra parte, jamás han sido completamente dilucidados”. Publicado en Études Traditionnelles, julio-agosto de 1950. Recopilado en Symboles de la Science Sacrée (op.cit., págs. 103-106) como capítulo XVII.

[lxxiv] El propio Lutero describe así su escudo y justifica los símbolos que hay en él: “En mi escudo hay una cruz negra, dentro de un corazón, para recordar que la fe en Cristo crucificado nos salva, porque con el corazón se cree para alcanzar justicia. Ahora bien, aunque la cruz es negra, mortificante y destinada a causar dolor, no obstante no cambia el color del corazón, no destruye la naturaleza humana; es decir, no mata, sino que deja con vida, pues el justo por la fe vivirá; por la fe en el Salvador. Ese corazón está sobre una rosa blanca, para indicar que la fe causa gozo, consolación y paz. La rosa es blanca, no roja, porque el blanco es el color ideal para los ángeles y espíritus bienaventurados. La rosa está sobre un fondo azul, para indicar que tal gozo de la fe es un fervoroso comienzo del futuro gozo celestial, que ha sido anticipado en parte, auque no revelado plenamente, y que es sostenido por la esperanza. Y alrededor del fondo azul hay un anillo de oro, significando que tal bienaventuranza en los cielos es eterna y más preciosa que todas las alegrías y tesoros. Cristo, nuestro amado Señor, por su gracia nos da la vida eterna. Amén”.

[lxxv] “La Meta secreta de los Rosacruces”, op.cit., pág. 66.

[lxxvi] “El Misterio del Grial”, op.cit., pág. 231.

[lxxvii] Evola en “El Misterio del Grial” establece el origen de esta tradición. Se trata del escrito de Neauhaus “Avertissement peiux et trés utile des Frères de la Rose-Croix à sçavols s’il y en a? quels sont?  d’où ont pris ce nom? Et à quelle fin ont espandu leur remommée? » (París, 1632), pág. 237.

[lxxviii] “Todo permite pensar que los rosacrucianos no constituyeron nunca una organización material “implicada” en el plano político y, por tanto, susceptible de ser localizada y herida, y que permanecieron efectivamente invisibles, más allá del mito que los tomó como tema (por lo demás, una de las designaciones de su grupo fue precisamente el de “Corporación de los Invisibles”). Parece ser que los rosacrucianos sacaron de su experimento una respuesta negativa, lo cual los indujo a “partir”. No se excluye que contribuyera a ello el hecho de comprobar la deformación de que ciertas ideas, a causa del ambiente, estuviesen destinadas tanto a sufrir como a causar efectos opuestos a los deseados. En la promiscuidad que presentan las obras de un Valentín Andreae, así como en la de otros autores que tratan de los rosacrucianos, queda clara, por ejemplo, una sensible tendencia a utilizar, en sentido protestante e iluminista, la aversión rosacruciana hacia la Iglesia Católica, determinando así uno de los más graves equívocos y una de las más peligrosas desviaciones, la misma desviación que llevó a los príncipes teutónicos a traicionar la sagrada idea del Imperio en el punto mismo en que se emanciparon luteranamente de Roma”. Julius Evola, “El Misterio del Grial”, op.cit., pág. 237 y 238).

[lxxix] Citado por Bayard en “La Meta Secreta de los Rosacruces”, op.cit., pág. 67.

[lxxx] “La Meta Secreta de los Rosacruces”, op.cit., pág. 68.

[lxxxi] En este sentido, resulta significativo que A.E. Waite, en su estudio “La Hermandad Rosa Cruz”, op.cit., se vea obligado a parcelar su tema de estudio en realidades nacionales. Podrá hablar pues, del “Rosacrucianismo inglés” (Capítulo X), de la “Rosacruz Alemana” (Capítulo XIV), de “La Rosacruz en Rusia” (Capítulo XIX) o de la “Rosa Cruz Americana” (Capítulo XXII)

[lxxxii] Es significativo que los “linajes iniciáticos” hayan sido “autorizados” por Michel Maier, el cual consagrado su Themis aurea a la exposición de las seis leyes adoptadas por los “rosa cruz”: 

1°) Que nadie entre ellos, cuando viaje, declare otra profesión más que la de cuidar gratuitamente a los enfermos,

2°) Que nadie sea forzado, a causa de su filiación, a revestir un traje especial, sino que se acomode a los hábitos del país donde se encuentra;

3°) Que cada Hermano acuda cada año, en el Día C, al Templo del Espíritu Santo, o declarar por carta las causas de su ausencia;

4°) Que cada Hermano deba elegir con cuidado a una persona hábil y apta para sucederle tras su muerte;

5°) Que la palabra R.C. sea reservada al sello, a la palabra de paso y a la firma;

La cuarta ley es la que consagra la legitimidad de los linajes “rosa cruz” y consolida la “cadena iniciática”. Por lo demás, el resto de las leyes encierran un significado, en buena medida, alegórico, pero es esta cuarta ley la que da la pista de que hay que buscar a los herederos de la Rosa Cruz Originaria en este tipo de linajes, más que en organizaciones estables. Estas leyes han sido reproducidas por Paul Sédir en «Histoire des Rose-Croix», Editions Traditionelles, París 1973.

[lxxxiii] “La Hermandad de la Rosa Cruz”, op.cit., pág. 112.

[lxxxiv] “El Misterio del Grial”, op.cit., pág. 232.

[lxxxv] Existe una versión de esta obra al alcance del público: “La fuga de Atalanta, de Michel Maier”, de Santiago Sebastián. Ediciones Tuero, Madrid 1989. La obra de Maier está precedida por un estudio sobre la alquimia y las artes.

[lxxxvi] Hay pocos datos y muy contradictorios sobre las relaciones de Francis Bacon con grupos rosacrucianos; las fuentes no son excesivamente fiables y están viciadas de partida. Wym Westcott, Mago Supremo de la Sociedad Rosacruciana Masónica, en su "Data the history of Rosa Crucian" afirma que Bacon fue rosacruz y autor de las obras firmadas por Shakespeare. De ahí derivaría el mensaje esotérico de algunas piezas del dramaturgo. Esta tesis se compone de dos partes: la primera -la filiación rosacruz de Bacon- no viene avalada por documentos objetivos, pero sí por símbolos. En cuanto a la segunda -identidad entre la personalidad de Bacon y Shakespeare- parece hoy totalmente descartada a la luz de la crítica literaria. W.F.C. Wigston publicó entre 1888 y 1892, cuatro grandes volúmenes sobre Bacon en los que trataba su filiación rosacruz. Afirma que perteneció a una "Sociedad Corporativa" que fundó él mismo y que luego se transformaría en "Hermandad Rosa Cruz". Las pruebas no son muy convincentes, pero sí dejan intuir que Bacon recibió algún tipo de influencia oculta. Capítulo aparte es si la "sociedad secreta" en la que participó presuntamente era rosacruz o no.

[lxxxvii] No hay más que examinar la aportación de Bacon a la ciencia moderna para advertir hasta qué punto se  oponía al espíritu de la Rosa Cruz originaria. Bacon fue partidario del absolutismo, mientras que la teoría rosacruz del poder proponía un Estado Orgánico y Comunitario; Bacon fue el iniciador de la ciencia experimental moderna y del empirismo, contra el aristotelismo. Estos dos aspectos, lo separan, no solo de la tradición antigua, sino que lo colocan como uno de los fundadores ideológicos del mundo moderno. El nombre de Francis Bacon ha sido reiteradamente recuperado por los estratos más bajos del ocultismo contemporáneo. Desde sus orígenes la Sociedad Teosófica se apropió de su figura. Una prominente teosofista, Annie Besant -sucesora de Helena Petrovna Blavatsky al frente del a secta- llegó a escribir que Bacon fue una reencarnación del alquimista Thomas Vaughan, el último superviviente de la Casa de Rakocsky, es decir, el Conde de Saint Germain, también de Christian Rosenkreutz y de otros varios. Lamentablemente para la Besant, Vaughan nació en 1622, mientras que Bacon moriría cuatro años después... Otra teosofista apelaba a la "lectura de los registros Akhásicos" (especie de memoria colectiva del mundo en la teoría teosofista) para autentificar estos datos. Esta corriente le hace miembro de una misteriosa Orden del Casco, inspirada en Palas Atenea, la diosa griega de la guerra. Dicha orden no sería sino una de las primeras formaciones esotéricas que desembocarían en el rosacrucianismo británico. Los datos que proceden de corrientes teosóficas son, en general, discutibles, pero la obra de Bacon tiene referencias explícitas que muestran su inequívoca alguna brumosa sociedad de pretensiones iniciáticas.

[lxxxviii] Las notas sobre Bacon han sido extraídas de la obra en fase de publicación “Lo que está detrás de Bush. Una historia mística de los EEUU”, Ernesto Milà, Editorial PYRE, Barcelona 2006.

[lxxxix] “La Meta secreta de los Rosacruces”, op.cit., pág. 101.

[xc] “La Vie de Monsieur Des Cartes", Adrien Baillet, 2 volúmenes, 1691, depositado en la Biblioteca del Arsenal sin más datos.

[xci] Citado por Bayard en “La Meta secreta de los Rosacruces”, op.cit., pág. 101.

[xcii] Su divisa era “vive bien quien bien se esconde”, bene vixit qui bene latuit.

[xciii] En varias de sus obras, Guénon aprovecha para realiza una profunda crítica a Descartes. Las referencias más notables pueden encontrarse en “El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos”, René Guenón, Editorial Ayuso, Madrid 1976, todo el capítulo XIII de esta obra está consagrada al racionalismo “Los postulados del racionalismo”, págs. 96 a 101, y también en los Capítulos II, IV, XIII y XIV; “Principios del Cálculo Infinitesimal” (no publicado en edición convencional en castellano), René Guénon, Editions Traditionelles, París 1949; “La crisis del mundo moderno”, René Guénon, Ediciones Obelisco y en tres artículos publicados en la revista religiosa “Regnabit”: el publicado originalmente en junio de 1926 (texto de una comunicación del autor a la jornada de estudios del 6 de mayo de 1926 organizada por la Sociedad de la Irradiación Intelectual del Sagrado Corazón. Retomado en este volumen y en Símbolos de la Ciencia Sagrada, op.cit.,), el publicado en Regnabit, abril de 1926 y el publicado en Regnabit, enero de 1926.

[xciv]El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos”, op.cit., pág. 97.

[xcv] “La Edad Crepuscular”, V. A. Biolcati, Ediciones Obelisco, Barcelona 1987, pág. 28.

[xcvi]Ciencia Moderna y Sabiduría Tradicional”, Titus Burckhardt. Editorial, pág. 7.

[xcvii] Esta antítesis está examinada hasta la saciedad y con una brillantez poco usual en tres obras fácilmente accesibles: “La crisis del mundo moderno” de René Guenon, Editorial Obelisco, Barcelona 1984, “El reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos”, Editorial Ayuso, Madrid 1971 y “Rivolta contro in Mondo Moderno”, Julius Evola, Edizioni Mediterránee, Roma 1990.

[xcviii] En Escocia, la Orden del Cardo representa el más alto honor al que puede aspirarse y es la segunda en importancia después de la Orden de Garter. Según la leyenda, data del año 809 cuando el rey Achaius formó una alianza con Carlomagno. También se afirma que Jacobo III de Escocia haya fundado la orden, en tanto que promotor de los cambios en el simbolismo real en Escocia, incluyendo la adopción del cardo como la insignia real de los Stuarts. Jacobo II de Inglaterra, restableció la orden en 1687 para recompensar a los pares escoceses. La toga de aquella época aún existe y tiene más de 250 motivos de cardo y ramitos de ruda conocidos como “La Hierba de la Gracia”,  antiguo símbolo de los Pictos. La orden estaba formada por el rey y 12 caballeros en alusión a Jesús y sus 12 apóstoles. Tras la abdicación Jacobo II en 1688, la orden quedó inactiva hasta su restablecimiento por la Reina Anne en 1703. Los primeros reyes de la casa Hannover también utilizaron la orden para reconocer a los nobles escoceses que apoyaron la causa Hannover. La orden volvió a resurgir cuando George IV lució el cardo durante su visita a Escocia en 1822. En 1987 se les permitió a las damas formar parte de la orden. En la actualidad la sede de la orden se encuentra en la Abadía de Holyroodhouse. En la actualidad está encabezada por la Reina Elizabeth. El lema es “Nemo me impune lacessit”, Nadie me daña impunemente.

[xcix] Datos extraídos de “El Secreto Masónico”, Robert Ambelain, Ed. Martínez-Roca, Barcelona 1987, págs. 140-144

[c] “El Misterio del Grial”, op.cit., págs. 245 y 246.

[ci] Citado por Evola en “El misterio del Grial”, op.cit., pág. 246-247 y extraído del “Ritual del XXX Grado del Supremo Consejo de Bélgica del Rito Escocés antiguo y Aceptado, pág. 49-50.

[cii] “Manual del Caballero Rosa Cruz”, Magister, Editorial Edicomunicación, Barcelona 1988, págs. 68 y 69.

[ciii] “Diccionario Esotérico”, op.cit., pág. 115: “Comenius (Komensky), Jhon Amos (1592-1670). Educador y clérigo checo. Adquirió fama por sus profecías y sus concepciones humanísticas siguen estrechamente la tradición rosacruz”.

[civ] Citado por T.B. Clavel en “Historia de la Francmasonería”, Ediciones Edicomunicación, Barcelona 1988, págs. 125.

[cv] “Historia de la Francmasonería”, op.cit., págs. 127.

[cvi] “Historia de la Francmasonería”, op.cit., págs. 126-127.

[cvii] “La Meta Secreta de los Rosacruces”, op.cit., pág. 93.

[cviii] Las constituciones de esta orden son reproducidas en “La Meta Secreta de los Rosacruces”, op.cit., pág. 110 y sigs.

[cix] Seguramente la exposición más completa y detallada del libro de Richter y de los principios de la Rosa Cruz de Oro puede leerse en la obra de A.E.Waite, “La Hermandad de la Rosa Cruz”, op.cit., a la que dedica todo el Capítulo XIV, págs. 359-372 y a ella remitimos al lector interesado en la erudición.

[cx] “La Meta Secreta de los Rosacruces”, op.cit., pág. 122-123 y “Historia de la francmasonería”, op.cit., págs.110-122.

[cxi] Este grupo tiene cierto interés por que es el primero que menciona como fundador de la “Orden” a un sacerdote alejandrino, “Ormus”. Este tal “Ormus” vuelve a reaparecer en los movimientos rosacrucianos del siglo XIX y emerge, finalmente, como fundador del inexistente “Priorato de Sión” sobre el cual se han edificado diferentes best-sellers, desde “El código Da Vinci” hasta “El Enigma Sagrado”. Véase a este respecto: “El Enigma Sagrado”, op.cit., págs. 150, 170, 182, 327 y 219. Así mismo, un relato completo sobre la fundación del rito y sobre “Ormus” y los “ormusianos”, relatado por René Le Forestier en su obra –inaccesible al público español- “Franc-Maçonnerie templière et occultiste”, puede leerse en “Tradición Oculta, masonería egipcia, rosacruz y caballería”, de Gerald Galtier, Oberon, Madrid 2001, pág. 119-120.

[cxii] Con Martínez de Pasqually, vuelve a aparecer un personaje real aureolado de misterio y secreto. “En vano los historiadores han sondeado sus archivos pues no han encontrado nada preciso sobre sus orígenes ni sobre su fin y han amontonado sobre este problema múltiples conjeturas de las cuales ninguna es, hablando con propiedad, definitiva” (“La Meta de los Rosacruces”, op.cit., pág. 129. Era español y alicantino e ingresó en la masonería el 20 de mayo de 1738. Su familia se instaló en Francia a una temprana edad. Quizás era de origen judío, si bien había recibido el bautismo. Su padre se había afiliado a la masonería jacobita. Fue discípulo de Emmanuel Swdenborg, el místico sueco, e inyectó en su grupo las ideas de éste. Tendría como discípulo de Louis Claude de Saint Martin, quien fundó la corriente martinista.

[cxiii] Emmanuel Swdenborg (1688-1712), científico, filósofo y místico-vidente sueco. Su doctrina espiritual está basada en “la manifestación de Dios en su persona” y en su supuesta capacidad de comunicarse con los espíritus y los ángeles, ejerció mucha influencia entre los pensadores de todas las tendencias de su tiempo. Su obra originó la creación de la denominada Iglesia de la Nueva Jerusalén. “Diccionario Esotérico”, op.cit., pág. 438.

[cxiv] A lo largo de su vida Crowley tuvo no menos de cuarenta amantes y de una decena de compañeras fijas, sin contar los varios cientos de prostitutas que utilizó casi diariamente. A esto hay que añadir una decena de amantes masculinos. Su virilidad parece haber estado por encima de la media. El explicaba este cambio constante de parteners por su búsqueda incesante de "su doble opuesto". Muchas de sus amantes terminaron con problemas psíquicos: Rose Kelly y Maria Teresa Ferari de Miramar, Pearl Brooksmith, Anni Jaeger y Dorothy Olsen acabaron en el manicomio su relación con Crowley. Según los psiquiatras ya estaban predispuestas para la esquizofrenia; Crowley, sin embargo, interpretaba estos casos como incapacidad de estas mujeres para operar "la transmutación mágica de las fuerzas evocadas".

[cxv] Jack Parsons fue despedido del colegio donde enseñaba por haber difundido entre sus alumnos los textos más viciosos de Crowley. Traumatizado por esta fulminante decisión se declaró "auténtico anticristo" y adoptó el siniestro nombre de "Belarion". Poco después murió en la explosión de su laboratorio químico, no sin antes redactar un "credo gnóstico" y otras obras en las que quedaba clara su voluntad de continuar los principios de magia sexual enunciados por Crowley: "No hay más dios que el amor y todas sus vías son amor y no hay más vías hacia dios que el amor. La vía hacia dios no está solo en el amor a Dios sino también en el amor al hombre" así empezaba su "Credo Gnóstico" que por fin proclamaba las excelencias del coito: "Celebremos cantando y danzando, la amistad y la unión carnales".

[cxvi] Sobre esta Orden existe un amplio estudio en “La Hermandad de la Rosa Cruz”, op.cit., Capítulo XXII “Una Orden Khabbalística de la Rosa Cruz”, págs.509-520.

[cxvii] Georges Monti fue secretario de Peladan en el momento de formación de la Rosa Cruz Católica. En los salones Rosa Cruz se conocieron las personas que setenta años después darían que hablar en torno al “affaire” de Rennes-le-Château: allí estaban Emma Calvé la cantante de ópera que intimó con el cura de Rennes, Émile Hoffet, el oblato infiltrado por el Vaticano a quien conoció Sauniére y, por supuesto, Monti, de nombre iniciático “Marcus Vella”, también llamado “conde monti”. Había nacido en 1880 en Toulouse y a lo largo de su vida recibió todas las iniciaciones que fue capaz de conocer y perteneció a las más diversas sociedades secretas, entre ellas a la masonería y a la Rosa Cruz de Baviera, un grupo paramasónico local. Antes de la II Guerra Mundial, Monti fundó en París el Grupo de Estudios Esotéricos, sobre el mismo esquema que la Rosa Cruz Católica de Peladan en la que apareció, por primera vez, un joven casi imberbe, Pierre Plantard que, durante la guerra fundaría la asociación Alpha-Galatas y en los años 60 crearía todas las piezas que luego otros utilizaron para encajar el misterio de Rennes-le-Château cuyo origen se encuentra en el círculo formado en torno a Peladan hacia finales del XIX. A este respecto, véase “El misterio de Rennes-le-Château”, Gerard de Sède, Martínez Roca, Barcelona 1991, págs. 153-159. Todo este asunto tiene muy poco que ver con el fenómeno “rosa cruz” y mucho con el ocultismo y la producción de best-seller actuales y es por esto que nos hemos limitado a reseñarlo en estas páginas.