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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

El Club de la Lucha (II de II). Nada nuevo bajo el sol





Infokrisis.- Quizás será por el gripazo que nos tiene todavía atenazado y que ha imposibilitado el que nuestro celebro funcionara normalmente este fin de semana, pero al terminar estos comentarios sobre El Club de la Lucha, no hemos quedado plenamente satisfechos. Hay algo en esta película que creemos que todavía se nos escapa, por lo tanto no puede extrañar que en los próximos días lo modifiquemos. El hecho de que precisamente nuestra hija esté en estos mismos días preparando un trabajo sobre esta película, centrándose especialmente en el desdoblamiento de personalidad, nos obligarán, sin duda, a completar y rectificar estas notas, en cualquier caos, provisionales.

3. El primer tercio de El Club de la Lucha: nada nuevo bajo el sol

Aparentemente, la interpretación de la película es bastante simple y puede llegarse a ella a través de una serie de escenas clave dispersas a lo largo de los 138 minutos de proyección. Edward Norton, el narrador, “Jack” es un probo empleado de seguros con unos ideales cool a la altura de su trabajo: unos calzoncillos de marca, muebles suecos, el último equipo de hi-fi, etc. Nota que falta algo en su vida y, lo que es peor, es insomne. Solamente recuperará la capacidad del descanso cuando se convierta en adicto a los grupos de autoayuda. Abrazado “Bob Paulson” (interpretado por Meat Loaf), un gigantón, al que le han extirpado los testículos y el tratamiento le ha causado un aumento desmesurada en el volumen de sus mamas, ambos lloran desconsoladamente, y ese llanto parece tener un efecto catárquico y liberador que, a partir de ese momento puede dormir de nuevo. No importa que simule sus dolencias para poder integrarse en los múltiples grupos de autoayuda. Sin darse cuenta se ha convertido en adicto a estas sesiones: “Si no decía nada, todos presuponían los peor, cuanto más lloraban ellos, más lloraba yo”. “Jack” busca la calidez humana que echa en falta en su vida convencional y a encuentra en estos grupos terapéuticos de autoayuda.

En esta primera parte, el director y el guionista se toman mucho cuidado en caricaturizar la vida de “Jack”: todo en ella es falsedad e “imagen” (contracción voluntaria de nuestra personalidad que, en el mejor de los casos, es un reflejo de la misma y en el peor una pura construcción ficticia). La vida social,  en gran medida, es una mentira, todos vivimos más o menos con algunas mentiras en torno nuestro. Esas mentiras sirven en la medida en que son tranquilizadoras y contribuyen a crear un “entorno amigable” para la vida: son puntos de referencia, nuestros y de los que nos observan, para poder situarnos en el mapa de la sociedad, medirnos, clasificarnos y archivarnos como amigos o como enemigos. En una película de Alberto Sordi, éste asiste a un funeral pero, a pesar de sus esfuerzos, no logra llorar por el difunto. Bruscamente, se imagina que él es el muerto y entonces le asalta el más desconsolado de los sollozos. Una mentira imaginada ha hecho que actúe como espera que lo haga alguien que acude a un velatorio. De no haberlo logrado, se habría convertido en foto de maledicencias: Sordi optó por salvaguardar su imagen.

Al mismo tiempo esas mentiras constituyen la cobertura más habitual al nihilismo. El consumo ayuda a evitar el recordatorio de que el hombre es un “ser para la muerte”. Todos los usos sociales, todas las convenciones, todas las falsas esperanzas (consumo, religión, política, hobbys, modas) tiene como objetivo ofrecernos clavos a los que asirnos para evitar descubrir el sinsentido de la vida. Se puede perder la fe, pero queda el consumo, entonces aparece una nueva fe; se puede eludir el hecho nada tranquilizador de que cada día que pasa es uno más de nuestra vida, pero siempre queda dar un sentido a la vida, trabajando para consumir. Así se cubren los tiempos muertos en donde podría asaltarnos la certidumbre de que en este valle de lágrimas, palmamos todos. Hablar sobre el último Tommy Hilfigher nos evita discurrir sobre el futuro. Atribuir algún valor superior a los Calvin Klein sobre los antiguos calzoncillos de felpa hasta los tobillos, nos mantiene entretenidos. El nihilismo que siempre planea en torno nuestro, parece diluir toda su carga intranquilizadora siempre que nuestra vida circule lo suficientemente rápida como para que la irrupción del nihilismo quede taponada en cada momento.

Por eso “Jack” duerme: las desgracias de otros, experimentadas en los grupos de autoayuda, sus catarsis liberadoras le ayudan a sobrevivir hasta que conoce a dos personas que cambiarán su vida. Una de ellas es “Marla Singer” (interpretada por Helena Bonham Carter, actriz a la que los papeles de colgada y toxicómana le van como un guante). “Marla” y “Jack” se cruzan en muchos grupos de autoayuda, ella también es una adicta. Bruscamente, el efecto benéfico de estas catarsis se disipa en “Jack”: sabe que hay otra persona en el grupo que miente como él y que, a su vez sabe, que él también está mintiendo. A partir de ese momento, la relación entre amos será tormentosa y hostil: “si tuviera un tumor lo llamaría Marla”, llega a decir “Jack”  en un momento dado de la película.

Pero en el curso de uno de los muchos desplazamientos, “Jack” conoce a un tipo excepcional “Tyler Durden”. “Tyler” es el anti “Jack”. Allí donde éste es trabajador, comedido, educado, cuidadoso con su imagen, “Tyler” es un completo desmadrado, trabaja –fabricando jabón- para vivir y reside en un destartalado inmueble en una zona abandonada, próximo a una zona de residuos tóxicos. Desde el primer momento, “Tyler” señala cuál es el problema de la modernidad: el consumo. Consumir genera en el consumidor una fuga de sí mismo. Deja de ser él, para identificarse con el objeto consumido. Se aliena, en una palabra.

A llegar a su primoroso apartamento, “Jack” encuentra que se ha producido una explosión. Los bomberos están interviniendo y su mobiliario yace esparcido y quemado en las calles. Bruscamente lo ha perdido todo y no todo está cubierto por el seguro. Se encuentra en la calle y decide llamar al único teléfono que tiene en ese momento: el de “Tyler”. Irá a vivir con él y se establecerá en una cochambrosa habitación de su inmueble. Pero ocurrirá algo más.
 
Al salir del bar donde se han encontrado, “Tyler” le pide a “Jack” que lo golpee. Acaba de nacer el “club de la lucha” que da nombre a la película.

Hasta aquí hay que reconocer que lo insólito de los personajes y las situaciones aportar poco: no es la primera vez que se realiza una crítica a la sociedad de consumo, ni que los grupos de autoayuda aparecen como lo que son, coberturas al nihilismo. Ciertamente, el modo en que el relato o la película describen estos escenarios es original, pero no hay nada que no haya sido ya denunciado desde los años 50 por los beatnicks, de los que la contestación de los 60 fue su heredero universal y, a su vez, el movimiento de la new age, con todas sus historias orientales de chakras, meditaciones interiorizadas y concentración sobre mandalas, o terapias de autoayuda.

Ciertamente, a las generaciones que no han leído ni a Kerouac, ni a Ferlinghetti, ni a Ginsberg o a Borrourghs, a los que no les ha caído entre las manos el último escrito situacionista o el último documento con pretensiones intelectuales de la contestación de los años 60, toda esta crítica al consumismo y a la alienación derivada puede parecerles “rompedor”, pero, en realidad, llueve sobre mojado. Para la Generación X, toda esta temática puede parecer nueva, pero para los amantes de la literatura o para los que tenemos edad suficiente para recordar que nuestra vida intelectual empezó a mediados de los 60 y, ya por entonces leímos las obras de la Beat Generation, sigue sin haber nada nuevo bajo el sol. Cuando Palahniuck hace decir a “Tyler”: “La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy cabreados”, tiene toda la razón pero no ha dicho algo que no estuviera escrito a fuego en toda la obra de la beat generation. Y cuando unos minutos después, insiste: “Lo que posees acabará poseyéndote”, parece que esté repitiendo el estribillo utilizado por Allen Ginsberg en su Aullido. Así mismo, el consejo de “Tyler” a “Jack”, “Deslízate”, no es más que el paradigma de En el camino escrito por Kerouac medio siglo antes.

Los escritores de la Generación X se han beneficiado de la mala memoria del público y del deseo de las empresas editoriales de ofrecer algo nuevo en cada instante. No es que la literatura beat sea exactamente igual a la de la Generación X (de hecho, es muy superior), es que mientras para éstos la creación literaria es un mero ejercicio de lo aprendido en un “taller de escritura”, independientemente de su vida personal, la producción de la Beat Generation era el reflejo de su propia vida. No es que escribieran sobre drogados y toxicómanos, es que ellos mismos lo eran, no es que describieran vidas permanentemente “en el camino” (y frecuentemente abandonadas en la cuneta del camino), es que todos ellos estaban realizando ese tránsito. Escribían sobre lo que vivían, a diferencia de la Generación X que realiza una crítica al consumismo, desde el consumismo mismo. Difícilmente la Generación X podría aportar algo a la crítica al consumismo y a la modernidad, cuando ellos mismos, sin excepción posible, son un subproducto de ese mismo consumismo.
 
En realidad, si se trata de novedades literarias, la Generación X no ha aportado nada excepcional. Los años 80 estuvieron marcados por otra subcultura que aportó bastante más: el cyberpunk que encuentra en el relato Neuromante de Willian Gibson, Premio Nébula, su mayor expresión y en películas casi olvidadas (El Cortador de Césped, especialmente, pero también la menos ambiciosa Jhonny Mnemonic o al primer producto ya lejano Videódromo) una expresión mucho más original y acorde con el tiempo de las redes y la fibra óptica. Al menos el cyberpunk supo conjugar “alta tecnología con bajo nivel de vida”, algo que es hoy el paradigma de nuestra época. La Generación X, en cambio, se limita a cambiar el televisor Vanguard de tubo catódico por el Calvin Klein o la I-phone, y las primeras neveras de compresor en la que ya habían reparado los beatnicks por las videoconsolas, el I-pod. Pero, sustancialmente, no hay ningún cambio radical por haber dejado atrás la bencedrina y funcionar a base de Prozac.

Si la tecnología del chip es la verdadera innovación de nuestro tiempo, el cyberpunk ha estado mucho más pendiente de ella que la Generación X que, cuando realiza incursiones, demuestra su más supina ignorancia tecnológica. El propio Palahniuck, en sus novelas, consciente de que la informática es el signo de los tiempos, introduce algunos elementos que pasan desapercibidos y extrapola datos científicos… que luego resultan ser falsos (como la fórmula para la fabricación de la dinamita con la que vuela la casa de “Jack”.

El elemento realmente nuevo aparece hacia el final del primer tercio de la película con esta primera pelea a la salida de un sórdido bar de barriada. Aquí estamos ya en otro nivel.

4. La lucha: entre la homofilia y la sensación de vivir

No parece probable que Palahniuk haya leído a Drieu la Rochele y en concreto su “Fuego Fatuo”. Podría haber visto la película filmada por Louis Malle en 1963, pero parece improbable, es una película que apenas se proyectó en EEUU y demasiado “difícil” para el público de aquel país. Por lo demás, la película es sólo relativamente fiel a la novela. Se trata de uno de los escritos más decadentes de Drieu. Escrita en 1931 apenas supera las 150 páginas y fue traducida al castellano con cincuenta años de retraso. Drieu describe las últimas jornadas de un suicida, “Alain”. Se ha dicho que la figura de “Alain” estaba inspirada en dos suicidas del dadaísmo (Jacques Rigaut, Arthur Cravan, Julien Torma, Jacques Vaché, etc.). 

“Alain” está harto de chocar con personas. Se ha vuelto incapaz de experimentar sensaciones. No se siente vivo. En la última escena, naturalmente, “Alain” se suicida, sin embargo, el guionista dejó escapar la última frase de la novela de Drieu que da sentido a las 149 páginas anteriores: “Una pistola, de acero, un objeto: chocar finalmente con un objeto”. Luego sigue el estampido en la sien. 

En El Club de la Lucha, “Jack” vive una situación inversa: tras conversar con “Tyler” advierte que su vida está repleta de objetos cool. Necesita algo más para vivir: calor humano. Creen encontrarlo en los grupos de ayuda, pero la presencia de “Marla” refleja su propia mentira. Luego, la primera pelea con “Tyler” le lleva al choque primario con otros como él. Sería inútil negar que en las descripciones que Palanhiuck da de los combate y del entorno en el que se producen, existe un trasfondo homófilo. Las propias reglas de club de la lucha insisten en que debe lucharse con el torno desnudo y descalzo. Las descripciones del olor a sudor y a cuerpos que destilan humanidad, los hombres revolcándose unos sobre otros, los rostros tumefactos y ensangrentados, parecen extraídos de un cómic gay sadomasoquista en el que Palanhiuck delata demasiado a las claras sus preferencias sexuales.

Contrariamente al “Alain” de Drieu que se siente vivo solamente cuando sus manos empuñan la Luger con la que se suicidará, los miembros del Club de la Lucha se saben vivos porque sangran, sudan, deben recibir puntos en las cejas o en los pómulos, al día siguiente están tumefactos, pero mientras ha durado la lucha, la exaltación del combate, del ruido seco de los puñetazos, se han sentido vivos. A fin de cuentas, los objetos y la lucha por construir una “imagen” les había desprovisto de naturalidad. El primitivismo de un combate les devuelve la sensación de vivir.

Pronto, las peleas son ritualizadas y “Tyler” crea un “código”: son las reglas del Club de la Lucha, sencillas, simples, directas, como el Credo de la Legión o el código de los marines, como las creencias del samurái, posibles de sintetizarse en unas pocas líneas, suficientes para dar un sentido a la vida. En torno al código va creciendo la “secta”. Pronto, afluyen decenas de hombres al club que aparece al inicio del último tercio de la película como una sociedad secreta de amplio seguimiento: mecánicos, camareros, guardias de seguridad, oficinistas, policías y ejecutivos se han ido uniendo al club en las grandes ciudades de los EEUU. Todos consideran a “Tyler Durdan” una figura mítica. “Jack” a todo esto, empieza a albergar cierto resquemor hacia “Tyler”.

“Tyler”, empieza a actuar por iniciativa propia y sin consultarle. Antes, se ha hecho amante de “Marla”. Ninguna de las dos cosas son del agrado de “Jack”. Pero “Tyler” ha elaborado un proyecto en el que aspirará a dar un salto cualitativo a las actividades del club. Ya no se tratará solamente de recordar que se está vivo, sino de atacar a la sociedad. Es el “Proyecto Mayhden”. Inicialmente solo se trata de bromas, casi de happenings y performarnces, pero más adelante se pasa a los atentados terroristas. En uno de ellos, muere de un disparo “Bob”, el culturista anabolizado al que le amputaron los testítulos y que “Jack” ha conocido en los grupos  de autoayuda. “Bob” se había ido a vivir en la destartalada mansión de “Tyler” convertida en el centro de la sociedad secreta.

Para ser admitido en ella hay que estar aguardando durante tres días a la puerta, soportando los improperios, las negativas y los desplantes de quienes ya están dentro. Es evidente que aquí, Palahniuck se ha inspirado en los viejos monasterios zen, abiertos solamente a quien estaba dispuesto a dejar el Ego a la puerta. De hecho, dentro del centro del “Proyecto Mayhem” nadie tiene nombre ni personalidad propia. Este es quizás uno de los elementos más interesantes de la trama que delatan el que Palahniuck tiene algún conocimiento de la temática zen (por otra parte, el propio “Jack” en su lugar de trabajo escribe pequeños poemas zen que envía por internet)… pero también aquí se trata de elementos que no son nuevos en la narrativa norteamericana. Una vez más, el precedente ya se encontraba en la beat generation y, concretamente, en el Jack Kerouac de finales de los cincuenta y principios de los sesenta.

Sea como fuere lo importante es que el “círculo interior” del Club de la Lucha, el “Proyecto Mayhem”, tiene como primer y gran objetivo la abolición de la personalidad, el desmantelamiento del ego. Y “Tyler”, para lograr este objetivo, sigue las mismas pautas que en los cuerpos de élite: corte del pelo al cero, insultos continuos al ego y disciplina ciega y absoluta. En un momento dado de la película, “Tyler” exclama: “No somos nuestro trabajo. No somos nuestra cuenta corriente. No somos el coche que tenemos. No somos el contenido de nuestra cartera. No somos nuestros pantalones... Somos la mierda cantante y danzante del mundo”. Y como si repitiera el “viva la muerte” legionario, luego exclama: “Tienes que saber, no temer, saber que algún día vas a morir, y hasta que no entiendas eso, eres inútil”. Más tarde dirá: “No eres un bonito y único copo de nieve, eres la misma materia orgánica en descomposición que todo lo demás, todos somos parte del mismo montón de estiercol...”, en una palabra, lo que está haciendo “Tyler” es desmontar el Ego de sus hombres, borrar su personalidad de “ hombres viejos” (el “nada importa su vida anteror”, legionario). No se trata siquiera de lograr militantes “perfectos”, sino “anónimos”: “La autoperfección es simple masturbación”, sentencia. Solamente cuando “Bob Paulson” muere en el curso de un tiroteo, sus camaradas recuerdan su nombre porque ya no está con ellos, se ha convertido en un mártir de la causa: morir y renacer, tal es la ley dinámica de todo proceso iniciático.

En el curso de estas operaciones (happenings o performances), los activistas del “Proyecto Mayhem” empiezan a tener sensación de su fuerza. Vislumbras que ellos no son los poderosos, pero que la vida de los poderosos depende de ellos:  “Perseguís a la gente de quien dependéis, preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambulancias y os protegemos mientras dormís.. Así que no te metas con nosotros”, le dice a un opulento capitalista que han secuestrado, recuperando la eterna dialéctica del amo y del esclavo. De todas formas, se trata de un pobre consuelo inexplotado, una frase que no tendrá continuidad en la película.

5. El desdoblamiento de personalidad como efecto final

Se sabe lo que ocurre luego. “Tyler” desaparece y “Jack” lo va a buscar. Poco a poco se va dando cuenta de que ambos son la misma persona. “Tyler” no existe, es solamente una proyección imaginaria de la personalidad agresiva y siempre reprimida de “Jack” el probo funcionario de seguros. El problema que se le plantea a “Jack” es cómo detener la loca carrera del “Proyecto Mayhem”, pues adivina, que “Tyler” ha preparado atentados terroristas con coche bomba en varios edificios de la ciudad. Se entrega a la policía, al mismo policía que investiga la explosión en su casa (explosión que ha causado el propio “Tyler” como un intento de romper con la dinámica conformista de su otra personalidad).

“Jack” da indicaciones precisas a la policía sobre donde se han fabricado las bombas, pero tres de los policías que lo interrogan también son miembros del Club de la Lucha y tienen instrucciones específicas para el caso de que se diera esa situación. “Jack” logra huir y localiza uno de los edificios en los que una furgoneta situada en los bajo y cargada con nitroglicerina estallará derrumbando todo el edificio. Ya no hay nada que hacer. No tiene tiempo material para evitar las explosiones, así que lo único que puede hacer es acabar con “Tyler”. Y sabe que solamente suicidándose él logrará matar a su alter ego. El disparo que se asesta en la boca provoca, en efecto, la muerte de “Tyler”, y heridas en la mandíbula a “Jack”. Desde la atalaya del edificio en el que se encuentra con los militantes del Proyecto Mayhem y con “Marla”, ve el desplome de los edificios de oficinas, víctimas de las explosiones. Son los edificios en los que se encuentran las sedes de las compañías emisoras de tarjetas de crédito. Fallando el dinero a crédito, el caos que aspiraba “Tyler” a organizar sería insuperable.

Las explosiones recuerdan el hundimiento del WTC el 11-S de 2001. Y no deja de tener gracias porque la película fue filmada dos años antes. En la última escena, subliminal, compuesta por un solo fotograma, aparece una enorme y colosal poya, como las que “Tyler” solía colocar en medio de las películas infantiles para epatar al público: “No saben lo que han visto, pero lo han visto”.
6
La última parte de la película supone un canto a la psiquiatría freudiana. Hoy, la psiquiatría cuestiona en gran medida la herencia de Freud y sus teorías ya no tienen vigencia terapéutica, sin embargo, Freud experimenta una postrera victoria en el mundo del cine en donde decenas de filmes (empezando por los productos de Hichcock a finales de los 50 y principios de los 60, Recuerda, Psicosis, etc., y terminando pos las decenas de películas de trasfondo psicológico con asesinos en serie, psicópatas, mentes desdobladas, e incluso en el ciclo de El Exorcista aparece una tentación freudiana) aluden a la temática tan querida por el psiquiatra vienés. En la novela de Palahniuck las componentes freudianas son muchos más visibles, pero también aparecen como pinceladas en la película de Fincher: el deseo de mostrar poyas erectas que demuestra tener “Tyler”, el papel deletéreo que juega “Marla” en relación a “Jack”, las constantes alusiones al complejo sádico-anal que salpican la película, incluso los guiños que Palahniuck hace hacia sus preferencia gays es susceptible también de ser interpretada en clave freudiana.

Tampoco en esto la película ni la novela aportan gran cosa. Como máximo, se trata de una película en el que la esquizofrenia es abordada de manera más original y directa, pero nada que no haya aparecido en anteriores películas. Recordamos, por ejemplo, Identidad de John Cusak y Ray Liotta, Mr. Brooks de Kevin Cotner y Demi Moore, etc. Así pues, tampoco en esto, la película es original.

Y esto es lo realmente sorprendente, ahora que llegamos a la recta final de estas notas: ni la película en su temática, ni la novela que sirvió de base tienen un argumento excesivamente original que permita explicar el extraordinario éxito que gozan hoy. No es muy habitual que una novela pase inicialmente desapercibida y luego arranque vertiginosamente, como tampoco es normal que en su primera semana de exhibición la película tuviera una recaudación récord pero que luego se hundiera en taquilla. ¿A qué se debe pues el éxito de la película?

En todo éxito hay muchos elementos que deben estar presentes como condición necesaria. El primero de todos es la interpretación: el casting e la película es extraordinario y cada uno de los protagonistas, incluso muy secundarios, son susceptibles de ser recordados. Inútil decir que el trío protagonista: la sombría “Marla” que ya había aparecido en papeles de toxicómana y drogadicta o bien de bruja, creando siempre un efecto angustioso esperado; Edward Norton de aspecto frágil que tiene su contrapartida en el primitivismo de Brad Pitt que borda la interpretación remitiendo en algunos momentos a su papel electrizante en El Ejército de los 12 Monos, e incluso Meat Loaff que, por una vez, se ha alejado de los focos de los festivales de rock duro y borda una interpretación tan difícil como extraordinariamente creíble. Sin olvidar la fotografía hecha de contrastes y que, a medida que avanza la película se va oscureciendo más y más.

Pero, aún así, con todo esto resulta difícil entender porqué una película que no tiene grandes elementos originales y un guión en donde existe casi una ausencia total de elementos nuevos, se convierte en una “película de culto”, emblemática de toda una generación. Quizás en estos radique su éxito: en haber estado en condiciones de encarnar la ausencia de valores de la Generación X y el fenomenal lío en donde está metida una generación que empezó jugando con las canicas y la pídola y cuando no había cumplido los 12 ya manejaba una Play-Station o una Atari. Una generación de completos despistados, perdidos en un mundo que no entienden y ante el cual se ven imposibles de actuar. También para esta generación el sentirse vivo es importante, vivo más allá del consumo, vivo más allá de lo cool, vivo más allá de la imagen, una generación sumergida en el individualismo más absoluto y que aspiraría a protagonizar una tarea “heroica” y comunitaria, algo realizado codo a codo junto a otros hombres, acaso una tarea común que les redimiera de su triste destino de consumidores integrados y productores alienados. No hay Proyecto Mayhem: no hay nada, ni estructuras, ni partidos, ni principios, en los que se pueda dejar la piel sin algún tipo de reserva mental.

El éxito o el fracaso de una película y, en buena medida, de una novela, dependen de que el público siga un proceso de identificación con los protagonistas y con sus circunstancias. El hecho de que la temática de la última parte de la película remita a la personalidad múltiple es una ventaja: quien ha creído identificarse con “Jack”, sabe que no es solamente un tipo tímido y sensible interesado por los muebles nórdicos, sino que también en sus venas late un hombre agresivo y determinado a triunfar. Al mismo tiempo, quien, en las primeras escenas de la película se ha identificado con el desenfado, la grosería provocadores y los modales toscos de “Tyler”, tiene la ocasión de ser, al mismo tiempo, un persona responsable, amante de la ley y protectora de sus amigos. Los trastornos de la personalidad son una forma recurrente de satisfacer a todos los públicos. Y en esto radica el éxito que ha tenido la película para muchos: permite ver aquello que uno está tentado de ver.

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción sin indicar origen

Acaba de salir IdentidaD nº 15 - Suscríbete o pídela en tu kiosco

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Infokrisis.- Acaba de aparecer un número 15 de IdentidaD, la revista contra lo políticamente correcto y el nuevo orden mundial. La puedes encontrar en tu kiosco habitual o bien suscribirte en Revista Identidad. Así mismo puedes apoyar esta iniciativa -Identidad es la única revista en su género que se publica en España- adquiriendo los libros de Ediciones IdentidaDque puedes encontrar en Portal Identidad. Así mismo podrás encontrar los sumarios de los números atrasados y pedir los que te interesen.

Sumario:

Nada que añadir (noticias breves). Pág. 2

Carta de la redacción. Pág. 2

Editorial: Ante la gran crisis económica nacional. Combate de boxeo con tongo
Poder y oposición parecen simular mientras el país se cae en pedazos. Pág. 3

Tras la “reforma Caldera”, la “reforma Corbacho”. Pág. 4
Otra reforma, otro error
Como las cinco anteriores, la nueva reforma de la Ley de Inmigración contribuirá a agravar el problema
Recuadros fuera de texto:
- Los responsables tienen rostro y cargo. Pág. 4
- No es una reforma: es un suicidio. Pág. 5
- Contra la realidad: buenismo. Pág. 5
- Un barrio como ejemplo: el Puche en Almería. Pág. 6
- Lo que faltaba pa’l duro: Fin de la moratoria de búlgaros y rumanos. Pág. 6
- Barcelona: Barrios insostenibles en tiempos de crisis. Pág. 7

En un año con tres elecciones y a dos años de las municipales
La feria de las deslealtades. Pág. 8
La “banda de los cuatro” tras el voto inmigrante

La loca carrera por mejorar sus resultados
Cómo falsear el cuerpo electoral… Pág. 9.

Así se crea el dinero: moneda sin La Gran Estafa. Pág. 10
La constatación de la realidad económica obliga a definir las bases de una nueva economía

El Islam contra Europa. Pág. 12
10 argumentos para rechazar la islamización de Europa
Recuadro fuera de texto:
- Toma de Granada 2009
- La ensoñación multicultural prosigue. Pág. 13

Dossier: EEUU sociedades secretas. Pág. 15 a  26
El poder que controla al poder

I Parte
El biblismo como ideología de Estados Unidos                            
I Parte
La masonería y el nacimiento de Estados Unidos                        
III Parte
Skull & Bones: en las fuentes más siniestras del poder oculto   
IV Parte
Barak Obama: el primer presidente de colores                            
V Parte
Una telaraña cubre el mundo. Las redes el poder mundial       
V Parte
Masonería fotogénica: la escuadra y el compás en el cine   
    

Noticias
. Pág. 27
- La noche de San Silvestre en París un año más
- Obama:Los neo-con siguen  planeando  sobre  Washington
- Letonia: Se vende país
- Suiza: ¿Tribunales islámicos?
- EEUU: siguen cayendo bancos

Bielorrusia resiste a la globalización. Pág. 28

Portugal:Ideas incómodas, censura ilegal. Pág. 28

La dilectización del castellano frente a la aberración del “andalú”
El castellano en  Andalucía
Es hora de reivindicar la Andalucía real. Pág. 29
- Las desgracias nunca vienen solas
         
Crisis alimentaria aquí y ahora
El fantasma del hambre a la vuelta de la esquina.
De momento, los alzas en el precio de los alimentos son elocuentes. Pág. 31
Recuadros fuera de texto:
- También el agua... 32

Chip implantados con tecnología RFID
Soy humano: no “soy una cobaya”. Pág. 35

Pueden producir cáncer y su control es inseguro

Los jóvenes, los más afectados
La crisis llegó a Barrio Sésamo. Pág. 37
Ex JASP “jóvenes suficientemente preparados” contra las cuerdas

Ano nuevo Libros Nuevos. Pág. 38


Opinión: Vladimir Volkoff contra lo políticamente correcto. Pág. 40

El Club de la Lucha (I de II): el canto a la Generación X





Infokrisis.- Tiene gracia que una película que inicialmente no causó un excesivo impacto –mesurable éste a través de la taquilla– haya terminado siendo una película de culto, quizás la que goza de mayor favor de un público devoto desde Blade Runner a principios de los 80. De tanto en tanto la industria del cine genera productos que superan con mucho la media miserable propia de nuestra época. Somos perfectamente conscientes de que El Club de la Lucha es una película susceptible de varios niveles de interpretación. Lo que intentaremos en las páginas que siguen es una desde nuestro particular punto de vista que no acabe en la misma película, sino que alcance a su matriz, la novela de Chuck Palahniuk sobre la que se construye el argumento original. Ambas, película y novela, son una canto a la Generación X.

1. ¿Quién es Palahniuk?

A este pregunta solamente puede contestarse con una afirmación: Palahniuk es un tipo complicado; de vida y experiencias inusuales, las retrata en su obra. En general, los textos suyos que hemos leído nos han resultado extremadamente fáciles de seguir, con argumentos sorprendentes con huellas de homofilia que, a fin de cuentas, también están presentes en El club de la Lucha. A efectos de estas notas es absolutamente irrelevante si Palahniuk es o no homosexual, algo que en EEUU ha desatado vivas polémicas.

Mucho más interés tiene su pertenencia a la autotitulada Sociedad de Cacofonía, organizada en “capítulos” locales como cualquier otra organización filantrópica o hermandad universitaria. A decir verdad, la Sociedad de Cacofonía no es ni una cosa ni otra sino que se define como una “red creada al azar por espíritus libres unidos en la búsqueda de experiencias al margen de la sociedad establecida”. Se cuenta de este grupo excéntrico que fue formado en 1986 por supervivientes del fenecido Club del suicidio de San Francisco. En los raros escritos que hemos podido encontrar en Internet se nos muestran como herederos del dadá y de los situacionistas de postguerra. Su concepto central es el “viaje a la Zona” que querría indicar el tránsito por la vida contingente. Ese tránsito lo aprovechan para realizar algo parecido a “happenings” o “performances” que a menudo no pasar de ser travesuras con mucho o poco sentido del humor.

La provocación es algo relativamente habitual en las subculturas americanas. Durante las guerra del Vietnam los hippies llegaron a rociar con gasolina a perros callejeros y prenderles fuego. Esta acción -definida por el psiquiatra André Stephane como manifestación de un complejo sádico-anal- era realizada a efectos de provocación: quien pasaba de largo era insultado por su indiferencia ante el sufrimiento y quien se detenía e increpaba a los hippis, se le llamaba hipócrita ya que era capaz de salir en defensa de un chucho, pero no de los miles de niños abrasados por el napalm en Vietnam. Quince años antes, los beatniks ya habían practicado provocaciones de este tipo que fueron transferidas Holanda y estuvieron en la base de la contestación local a mediados de los 60: el “movimiento provo” de Amsterdam, o “provocatorio”, que estuvo en el origen de la contestación en aquel país.

Las provocaciones de los cacofónicos se realizan con entera libertad de creación y ni siquiera otros miembros de la sociedad tienen la obligación de estar presentes. Hace cinco navidades un miembro de la sociedad vestido de Papa Nöel cantó Villancicos obscenos ante grandes almacenes. Que sepamos Palahniuk no ha explicado los motivos de su presencia en la sociedad, pero la lectura de sus novelas indica que le interesa la “vida asociativa”, el círculo que comparte (o cree compartir) idénticos ideales capaces de homogeneizar a gentes llegadas de lugares muy diversos. El Club de la Lucha es una de esas estructuras que parecen inspiradas en los cacophonist, hasta el punto de que incluso el episodio del Proyecto Mayhend que aparece es la traslación de las bromas cacofónicas al relato. En Superviviente, la trama gira en torno al último superviviente de una secta religiosa cuyos miembros se han suicidado e intenta.

En cierto sentido, algunos rasgos de Palahniuk recuerdan al John Kennedy de La conjura de los necios. Los protagonistas suelen ser outsierds, completos fracasados, individuos necesitados de autoestima cuyo encuentro y convergencia, va urdiendo por sí misma la trama. No busquen mucha lógica, sentido común y racionalidad en estos autores.

En la propia vida de Palahniuck el sentido común parece estar frecuentemente ausente. Había nacido en el seno de una familia tan poco convencional que se educó sobre una casa móvil. Graduado en periodismo, como la mayoría de licenciados en esta carrera, tras trabajar como becario no pudo reciclarse en la profesión y terminó siendo mecánico de diesel. De algo le tenía que servir la carrera, así que aprovechó para escribir unos cuantos manuales de automoción. Hacia 1991 entendió que ni los diésel ni los camiones eran lo suyo así que se dedicó al voluntariado social: hospicios, sanatorios para terminales, reuniones de apoyo (otro elemento del que dejará constancia en El Club de la Lucha).

Siguió un taller de escritura del que saldrá una primera novela (Insomnia) que jamás verá la luz y una segunda (Monstruos invisibles) que solamente será publicada cuando alcance la fama. Los editores, cuenta, la habían encontrado excesivamente deprimente. La protagonista es una modelo de irradiante belleza que queda horriblemente desfigurada tras un accidente. El tema es una nueva percepción de la balleza que recuerda el principio atribuido a Lenin de que la “ética es la estética del futuro”. A esta siguió una primera versión de El Club de la Lucha como relato corto que luego se fue ampliando hasta convertirse en una verdadera provocación contra el editor que, contra todo pronóstico, accedió a publicarla. Apenas se mantuvo unas semanas en venta y seguramente hoy sería completamente desconocida de no ser porque David Fincher, director de Alien 3 o La habitación del pánico, siempre interesado en explorar el lado oscuro de la condición humana, se fijó en la obra de Palahniuck y la llevó al cine. Aun así, la película no tuvo inicialmente el éxito esperado. Solamente cuando apareció en DVD y cuando empezó a difundirse por los circuitos P2P alcanzó el rango de “película de culto”. Esto arrastró a la novela del olvido y en poco tiempo se reeditó en tiradas importantes.

A partir de ese momento, Palahniuk fue reforzando su fama como escritor herético. Lo que ocurrió luego nos importa poco a efectos de estas notas. Desde entonces ha publicado ocho novelas alcanzando el primer bestseller con Asfixia. En 1999, el éxito se convirtió en tragedia cuando su padre y la amante de éste fueron asesinadas por el amante obsesivo de ésta que incendió los cuerpos. En su novela Nana, Palahniuck novela estos hechos y clama por la pena de muerte para el asesino.

Volvió a reincidir como “cacophonist” titulado cuando en 2003 publicó Diario: una novela. En la gira promocional leyó un relato breve que forma parte de su libro Fantasmas en el que aludía a los accidentes que pueden producirse durante la masturbación. Unas 35 personas –presuntamente la mayoría eran cacophonists- se desmayaron en el curso de la lectura. Al año siguiente logró que 60 personas cayeran redondas –o simularan desmayarse- ante la lectura de aquellas mismas páginas. Es el happenings orientado hacia la promoción editorial.

Hoy se considera a Palahniuc el “autor de los marginados y autodestructivos”. Como en otros autores –el propio Vázquez Montalbán obedecía a este comportamiento- tras un humor negro revestido de constantes ironías, no puede ocultar una tremenda amargura y desencanto hacia la sociedad de su tiempo. Su estilo se ha definido como “mininal”: descripciones extraordinariamente precisas, frases compuestas sólo de sujeto, verbo y predicado, descripción del ambiente que hace innecesario añadir adjetivaciones, uso de “muletillas” o frases que se repiten en todos sus libros y obsesivamente dentro de cada uno. Nada, de todas formas, debe impedir que el lector de sienta impactado después de cada página. La obra generalmente destila un aroma nihilista que el autor niega. Para él se trata simplemente de una inspiración romántica. Los dos calificativos que se repiten para definir a su obra son “impactante” y “perturbador”. De hecho, las novelas horrorizan frecuentemente por sus descripciones descarnadas que adereza con leyendas urbanas para describir un “horror” al que Josep Conrad ni siquiera se aproximó en las páginas más duras de El Corazón de las Tinieblas.

Es importante destacar que buena parte de la fama de Palanhnuck está cimentada en Internet. En la web del autor, él mismo imparte un taller de escritura en el que participan miles de internautas. Es un autor que nunca ha desdeñado estar en contacto –permanentemente a través de la red- con su público.

2. ¿Qué es la Generación X?

Todos estos elementos biográficos y el contenido y temática de sus obras no son exclusivos de Palahniuck sino que abarcar a toda una constelación de nuevos escritores norteamericanos que evocan a los beatniks de los años 50 en su estilo e ideales  (mucho más que en su forma de vida) y que ha sido llamada “Generación X”. Se dice que con Obama, la Generación X ha llegado al poder. Pura exageración.

Sí existe una Generación X tanto en EEUU como en Europa. Es la nacida entre 1970 y 1980, aunque no exista unanimidad, para otros sus fechas de nacimiento se situación entre 1975 y 1980. Quienes han nacido en esta época tienen sus recuerdos de infancia ligados a la familia tradicional y a los dos canales de TV y en blanco y negro. El color solamente entró en sus vidas a lo largo de su infancia, al mismo tiempo que la familia tradicional se iba desmantelando.

Es la primera generación que habrá jugado con videoconsolas y que habrá conocido una vida en laque la informática ocupa cada vez parcelas más amplias. Cuando cumplían los 30, los viejos televisores de blanco y negro, repletos de canales muertos, ya habían dejado atrás incluso a los televisores de tubo catódico en color y habían sido sustituidos por pantallas de plasma y LTC.

Es también la primera generación que habrá vivido un distanciamiento abismal entre los valores proclamados cínicamente por los medios de comunicación y las doctrinas oficiales y los valores realmente vividos por la sociedad y por los gobiernos: materialismo, insatisfacción, alusiones constantes a la libertad y al derecho de autodeterminación por encima de normas, reglas y estándars, todo para ser una sociedad atemorizada, que –especialmente en América- está dispuesta a renunciar a sus libertades si eso vale para salvarse la piel de la hidra terrorista que, por cierto, nadie sabe exactamente qué pretende, qué es, ni dónde se oculta.

La Generación X es la primera que habrá crecido sin una educación orgánica o, lo que es lo mismo, educada por un sistema educativo que se cae en pedazos y al que cualquier obra de apuntalamiento y reforma descubre más y más fallos estructurales. Ya sea por conspiración, por dejadez o por incapacidad, los gobiernos ha abjurado de su tarea educativa y transformado las escuelas en algo parecido al almacén con cuya panorámica termina la primera entrega de India Jones y el Arca Perdida.

El problema es que, paralelamente a su renuncia a educar (bieneducar, se entiende), el Estado ha decretado que la enseñanza es obligatoria, lo que, a fin de cuentas equivale a decir que el destino programado por el Estado para sus ciudadanos del futuro es el analfabetismo estructural. Sabrán leer lo justo para rellenar la declaración de Hacienda y pagar sus impuestos, competencia de los buenos ciudadanos o de la grey esquilmada para alimentar a los pastores. Pero no sabrán mucho más. Su vida transcurrirá entre miedos de todo tipo: hoy a una crisis económica que les imprimirá a fuego la imagen de la miseria en sus imaginarios, ayer unos ataques terroristas ante cuya ceguera todos somos vulnerables, mañana seguramente una guerra civil, racial y social, ante la que muchos alertan y que los Estados hacen lo posible por materializarla. Quién sabe. De hecho, la Generación X, crecida en todo este caos, no sabe gran cosa. Se suele decir que “andan confundidos”, pero se olvida que oros estimulan y lanzan la confusión en beneficio propio. Las palabras de la Biblia: “Es necesario que haya el escándalo, pero ¡ay de quien crea el escándalo!” se han trastocado: “Es necesario que haya crisis para que quienes se alimenten de la crisis sigan explotando a los explotados”.

Muchos de ellos nacieron en hogares cuyos padres habían aprendido que el trabajo es capaz de generar consumo y éste da algún tipo de satisfacción, así que animaron a sus hijos a que estudiaran para ser consumidores (a la generación que nacimos en los años 50 se nos decía que debíamos estudiar para ser “hombres de provecho”). Estudiaron duro, obtuvieron títulos universitarios, a los que siguieron largos períodos como becarios. Creyeron que tras acabar su “formación” (¿cuántos periodistas titulados han tenido que servir cafelitos a toda la sección del diario o han realizado las más ingratas tareas en redacciones y emisoras de racio?) podrían emanciparse y algunos lo hicieron. Luego resultó que expulsados del ciclo del becario nunca más pudieron ejercer la profesión a la que habían dedicado cinco años de estudio y dos de becaría. Quienes se fueron del hogar paterno e incluso se casaron, retornaron años después, divorciados y con la sensación de fracaso.

De este fracaso, del aura de fracaso que rodea a la Generación X han nacido escritores notables que han sabido transformar el fracaso en bestsellers. Denostados inicialmente por las grandes editoriales finalmente el mundo del libro ha tenido que abrirles las puertas. La literatura la hacen los hombres de cada época y ésta nuestra es la época de la Generación X. Lo acepta todo, mientras todo venga envuelto en los celofanes de la modernidad, pero no se cree nada. Tampoco se siente con energías para revelarse (Panahliuck es un tipo delgaducho, físicamente débil, arquetipo del gay que suele aparecer en las series americanas; véase a este respecto la serie My name is Earl que ha hecho reir a los X de uno y otro lado del océano, simplemente porque es la historia de uno de ellos en clave de humor y marginalidad).

Douglas Coupland fue el autor de la novela que dio nombre a una generación, mientras Kurt Cobain le daba a la guitarra con los mismos temas. Eran jóvenes pero estaban hartos de la vida. Cobain, sin ser miembro del Club del Suicidio optó por ahí y en cuando a Coupland, con barba cana y completamente calvo, cumple los 50 este año. Otros siguen en activo, como Irvine Wesh, autor de Trainspotting, así mismo llevada al cine y considerada así mismo como “perturbadora”, pero no tanto como para ser considerada así por quienes leímos a Bouguhs, Ginsberg, Lamantia o nos pusimos On de road (En el camino) con Jack Kerouac o seguimos durante un tiempo el Zen en el arte del mantenimiento de la motocicleta. Cada generación cree que ha descubierto lo cayó en desuso en la anterior, pero que la que había precedido a ésta tenía ya como lugar común. El ladrón de Chicles de Coupland (vendido en España por El Aleph), del “último Coupland”, no es diferente a ninguna novela garabateada en la Playa Norte de San Francisco en los años 50, como tampoco es muy diferente al naturalismo del siglo XIX: a cada época su género y el naturalismo del último tercio del XIX no podía ser igual al de los primeros años del XXI. En período de Balzac, el telégrafo era tenido como obra diabólica, hoy nadie se sorprende por el último hallazgo tecnológico.

En España hay todos los escritores X que se quiera, pero les falta experiencia de la vida. Parecen haber forjado su experiencia viendo las películas de Almodóvar y lo más avanzado que concibes es Alaska y sólo porque salió orinando en el primer Almodóvar. Me han aburrido profundamente los Ray Loriga, los añas y no digamos Lucía Etxebarría (a quien tuve que leer recomendada por un maquetista gay que literalmente me obligó a leerla a punta de pistola). Mi impresión es que no se enteran mucho de lo que pasa más allá de su círculo de amigos y que la lectura de El País, de los informativos de la CNN y de la SER al levantarse, les ha terminado afectando las neuronas.

Si la Generación X, en general, aceptó su incapacidad y resignación para cambiar las cosas tras el suicidio de Kurt Cobain, aquí en España, su suicidio ha sido intelectual y alcanzó su límite antropológico con el marco costumbrista delimitado por Almodóvar, por “los de la ceja”, por las manifestaciones contra la guerra de Irak y por la firma de declaraciones a favor de la integración de los inmigrantes o de la eutanasia, con la misma facilidad con que dos generaciones atrás se depositaba una limosnita a través de la ranura que mostraba la cabeza de un indio de escayola. La generación X va a repartir bocadillos en una misión humanitaria al Tercer Mundo como hace dos generaciones se iba con la misma candidez y desenfoque a las misiones católicas en China, en la India o en Tombuctú.

Créanme: no hay nada completamente nuevo bajo el Sol desde que presocráticos y platónicos, establecieron sus posiciones o desde que finalizaron las especulaciones upanishadicas. Claro que El Club de la Lucha aborda todo esto desde una perspectiva original y por ello más agradable. La película y la novela si son algo, pues, son la expresión de la concepción del mundo de una generación.

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - prohibida su reproducción sin indicar origen.

¡Bajo las alfombras voladoras! por Gabriele Adinolfi

Infokrisis.- Desde que el líder iraní Ahmadinejad asumió atraer hacia sí los focos merced a fanfarronadas de cuño anti-israelí, he hecho notar que el tema no está claro del todo claro. La mía no era una toma de posición anti-iraní, sino una invitación a no dejarse arrastrar emocionalmente por esquemas diseñados en escritorios. Esquemas dualistas, teológicos y abstractos que, de ordinario, sólo sirven para reforzar a la oligarquía dominante. Sea la que sea. No volveré a hacer el elenco de todos los elementos que atestiguan el cínico realismo iraní y la sustancial conducción «soviética» de las relaciones con los diferentes «Gran Satán»: sería superfluo. Intento subrayar el hecho de que el Irán, al igual que todos los sujetos que quisiéramos antagonistas de la Superpotencia (de China a Rusia) se ocupa de lo suyo y que su clase dirigente no me parece tan diferente de las nuestras. Cierto, razonando como tifosi la cuestión aparece bajo una luz diferente. Un líder que dice que Israel no debe existir y que el Holocausto quizá sea una invención puede parecer, a quien habite aquí, un caballero que ha lanzado un valiente reto a lo politically correct. Lástima que en aquellas partes las cosas estén a la inversa que en las nuestras. Decir lo que ha dicho Ahmadinejad significa acariciar el cabello de la opinión pública de su zona de influencia: si hubiese hecho afirmaciones finianas se habría colocado fuera de juego el solo. No sé si –a la inversa– un Ahmadinejad europeo se habría puesto a exaltar a Israel, pero estoy seguro de que todos los Fini, los Prodi, los Zapatero, los Blair iraníes y árabes habrían utilizado, allí, las palabras de Ahmadinejad porque, al menos a corto plazo, son los que resultan. Mucho más cuando el Irán debe hacerse perdonar por el mundo árabe el papel sanguinario jugado en la imposición en Irak del gobierno títere de Jalal Talabani in perfecto acuerdo (objetivo cuanto menos) con Londres, Washington y Tel Aviv.

No es ésta una afirmación anti-iraní sino anti-autohipnótica: lo que es algo muy diferente. Tanto es así que afirmaba, y continúo afirmando, que en caso de que el Irán se encontrase verdaderamente amenazado por el partido atlántico, lo defendería; prescindiendo de sus ambigüedades, de sus evidentes carencias y del hecho de que su sistema nos guste o no. Y a mí no me gusta.

Superar la auto-hipnosis era el núcleo de mi discurso. Una auto-hipnosis tan fuerte que no se ha querido ver (o se apresura a negar, a pesar de las afirmaciones oficiales de Jalal Talabani y del propio Ahmadinejad) el papel imperialista y objetivamente pro-occidentalista jugado por el Irán en Irak. La Italia de Berlusconi y la España de Aznar han sido mucho menos activas en el desmembramiento iraquí y, sin embargo, han sido crucificadas por las mismas minorías «antagonistas» que «no ven» e incluso «justifican» el aparato represivo iraní. «Yo no veo, no siento, no hablo»: éste es el mensaje de los tres monitos que no son sino los débiles y fanatizados celotes de cualquier sanedrín; y subrayo cualquier.

Con esta filosofía no se va a ningún lado y sobre todo no se nos sitúa en ningún lugar que en no sea en el virtual, falto de consistencia.

Terza Posizione y el marco internacional.

Las primogenituras valen poco. Tanto es así que el mundialismo fue descubierto por la derecha revolucionaria desde 1944, ha sido denunciado de manera documentada por la derecha radical a partir de los años ochenta, pero después ha sido la izquierda la que se ha apropiado de la etiqueta no global. Lo que demuestra que las cosas se mueven y que la dinámica prevalece sobre el copy right.

No obstante, a pesar de ello, las anticipaciones explícitas de ciertos temas atestiguan y demuestran un espíritu y una mentalidad y es bueno recordarlas.
Terza posizione fue original pero no inventó nada. En su imaginario cuadro revolucionario internacional retomó y adaptó anticipaciones de Jean Thiriart, de Lotta di Popolo y del Grece francés (la Nouvelle Droite) que, a su vez, procedían del proyecto de las Waffen SS y en cierta medida de Alessandro Pavolini y de Filipo Anfuso. No inventó nada pero dio una sacudida, hizo época y abrió una era.
 
Probablemente fue el primer movimiento que tomó posición junto a la revolución iraní desde los albores. Y lo hizo sosteniendo, a la vez, a la izquierda nacional latinoamericana (los sandinistas, los montoneros) y todos los movimientos independentistas alrededor del mundo. Había en aquel cuadro, como en todos los que se construyen sobre un escritorio, una buena dosis de irrealismo y de idealismo. Se eludía en él, por ejemplo, toda la relación mafiosa que liga más o menos a todos los grupos independentistas armados al tráfico de drogas y al partido de las multinacionales. Lo que convierte en irrealizable cualquier convergencia política objetiva no encaminada a intereses inconfesables; por tanto nuestro sueño no podía realizarse en absoluto. Nuestro ideal utópico poseía de por sí al menos tres fundamentos importantísimos.

El primero: anticipaba los tiempos definiendo la unidad sustancial del sistema como la complicidad objetiva de que ligaba entre ellos a los diferentes sujetos rivales (sobre todo a la URSS y los EE.UU).

El segundo: insistía en la virtualidad e inconsistencia del frente anti-imperialista si no se realizaba a al vez una centralidad europea sobre la que habría hecho necesariamente palanca.

El tercero: el esquema no se fundaba sobre al presunta alianza entre las clases dirigentes de regímenes sedimentados sino sobre la sinergia de movimientos sociales y revolucionarios en posesión de voluntad de poder. Era, por tanto, una utopía vitalista y enérgica, una especie de Che Guevarismo a gran escala.

Con la derrota de nuestra generación, aquellas anticipaciones «terceristas» han sufrido un proceso de cristalización ideológica y han perdido en buena parte, si no en su totalidad, los fundamentos positivos que las caracterizaban, y de manera especial su energía vital y su entusiasmo.

El post/tercerismo


No haré aquí un recorrido por las motivaciones psicoanalíticas, como la huida del fascismo y del sello del malvado o el deseo de ser «aceptados», pulsiones éstas que han caracterizado la cristalización ideológica del post/tercerismo.

Quiero recordar que, a causa de las prevenciones ideológicas, a fuerza de anti-occidentalizar, los post/terceristas han empezado a convertirse en antieuropeos y a avergonzarse de hablar de Europa. Al menos de Europa tout court. Y han tomado por oro fundido toda forma de «antagonismo» verdadero o aparente que se desarrolla en los escenarios de Matrix entre Big Brother y los diferentes sujetos menores. Tanto es así que hay quien se siente filo-integrista islámico creyendo incluso en la existencia de Osama bin Laden; hay hasta quien acepta (sea también volviéndolo al revés; pero es la mismísima cosa) el choque de civilizaciones, ignorando (o mejor, no queriendo ver) que gran parte del Islam está al lado de los Estados Unidos.
Y está, por fin, quien sueña y delinea un frente antagonista que, en nombre de la geopolítica, debería coaligar a todas las potencias en peligro (China, India, Irán, Rusia, mundo árabe).

Para que salgan las cuentas, entonces, no ignora el hecho, también para volver a la excusa inicial de este escrito, de que Irán es aliado objetivo del Big Brother en Irak. No se subraya que, Alemania y Francia, a saber, las dos potencias regionales que deberían asegurar el nacimiento del eje París-Berlín-Moscú, desde el 2001 hasta hoy no han hecho sino remar en sentido contrario. No se señala que Rusia, bajo asedio constante, ha acabado por acomodarse en varios sectores estratégicos sea con los EE. UU. sea con Israel.

Cuando se posee una visión «ideologizada» de la realidad no es posible mirarla críticamente; pero si no se le mira críticamente se está condenado a permanecer siempre cornudos y apaleados.

Y éste es el primer mensaje que he intentado hacer circular. En este mensaje está también la clave de lectura que explica mi total cambio de apreciación de una revolución, la iraní, que en 1979 estaba por hacer, en desde 1986 ha empezado a mostrar un exceso de cinismo (a mi juicio constantemente confirmado) y que en su actuación me parece haber producido un régimen más utilitarista, moralista y reaccionario que revolucionario.

Los otros mensajes enviados

El segundo mensaje que he intentado enviar es que no hay ninguna certidumbre de que la situación actual mejore. Es plausible (pero no seguro) que la gestión política del sistema capitalista multinacional del Crimen Organizado no logre mantener un vector unipolar (los EE. UU.). Lo que puede significar tanto la aparición de una nueva bipolaridad (EE. UU.-China), cuyos efectos serían devastadores, o una distribución multipolar de la gestión de algo de lo que, en cualquier caso, difícilmente, supondría un modificación en forma y alma.

En una perspectiva semejante (que sólo la «convergencia de las catástrofes» tiende a negar) debemos prepararnos para atravesar el desierto. Razón por la cual he expuesto en mi Quel domani che ci appartenne cuáles, en mi opinión, deban ser los medios y los campos de intervención para actuar. No estoy predicando resignación: todo lo contrario; estoy predicando la fuga de las ilusiones que son fuente de desilusión y desaliento.

El tercer mensaje es, por último, «ayúdate, que el cielo te ayuda». Recuperemos, al menos por nuestra parte que somos europeos, una visión eurocéntrica. Convirtámonos nosotros mismos en sujetos; a todo nivel: en el barrio, en la ciudad, en el país en el continente. Los sujetos, a saber, la personas que actúan, crean, realizan y en la misma manera que crean y concretizan se distinguen en y por la cualidad.

Lo que disgusta al castrante sentenciar de las vírgenes ideologizadas que escupen veneno sin cesar, predicando, en el nombre de la correspondencia a sistemas abstractos y «perfectos», la total inercia y la impotencia absoluta. Éstas, de hecho, no actúan sino que calumnian porque quisieran impedir todo lo que está más allá de sus propias conversaciones ácidas en circuito cerrado ¡Cómo se asemejan a aquellos que Nietzsche definió como tarántulas! Pues bien, no nos dejemos engatusar con su mezquino e ineficaz veneno y construyamos puentes hacia el porvenir.
 
Sólo los sujetos pueden relacionarse con otros sujetos: quien no es sujeto es sujetado. Esto vale tanto para la vida como para la política a cualquier escala, sea nacional o internacional. Narra Plutarco que los espartanos respondieron a un ateniense que se declaraba filo-lacedemonio: ¡Mejor harías en ser filo-patriota!

Eurasia o Eurosiberia y otro

Había prometido la semana pasada que aportaría estas ulteriores clarificaciones. Eran obligatorias. Así como he escrito en mi último libro que no estoy en contra de las nuevo-vétero vanguardias que hablan de Eurasia (o de Eurosiberia, hipótesis que me parece más realista); más bien las he señalado –y lo confirmo– entre las pocas cosas buenas que se ven entre las que poseen una etiqueta y una visibilidad de superficie; porque lo sumergido, gracias a los cielos, es bastante rico y prometedor.

Si parte de aquellas nuevo-vétero vanguardias se han sentido afectadas en primera persona por éste mi vehemente andar contracorriente, yerran. Sin embargo, tienen razón al sentirse punzados todos aquellos que se han construido un prisma ideológico «antagónico» porque es precisamente de todos estos prismas que precisamente de lo que estoy plenamente convencido siendo la mía, una exhortación a todos de abandonar certezas preconstituidas mediante idealizaciones figurativas exóticas (palabra de la que, para evitar equívocos, Garzanti ofrece la siguiente definición «que procede de países lejanos, especialmente de aquellos no europeos»).

Intento decir que no existe ninguna razón para ennoblecer al Irán a costa de cerrar los ojos ante esta y la «rebaba» para defenderlo, es en la medida en la que se le vea como posible víctima de la gran trituradora; así como no hay necesidad de estar del lado de la gran trituradora para poder constatar la no demasiado espléndida desnudez de la teocracia de aquella zona.
Esto resulta indispensable (en ambos casos; porque el esquema, una vez que se ha invertido, permanece idéntico) a aquellos que no piensan ante todo caminar con sus propias piernas. Irán o no, la cuestión de la hipótesis europea o eurosiberiana (la eurásica me parece en realidad fantasiosa) no se pone en cuestión aquí. Son años los que vengo repitiendo que entre los modelos agregadores y movilizadores ésta posee precisamente una función indispensable. Pero como todo proyecto, es secundario respecto al sujeto.
Si se quiere legar a ser esta o aquella cosa se debe ante todo existir. Y éste es el núcleo de la cuestión. Se ha dejado de existir, y cuando se desea hacerlo se tiene la indecente tendencia a imaginarse como el reflejo telemático de un sujeto lejano.

Ser sujeto, aquí y ahora, hic et nunc, es por el contrario, la conditio sine qua non.

Insisto sobre esto y por esto –porque el sujeto posee ojos de águila y corazón de león– repito que es un deber, e incluso bello, ver tras el velo cuánta suciedad se esconde detrás de ídolos construidos a distancia. No para «deslegitimarlos», porque pueden incluso ser considerados «aliados» (y obsérvese que falta todavía de quién: a saber, nosotros).

Si insisto es para estimular a que se adquiera independencia de juicio para ser lo contrario de tifosi del «proceso del lunes». Lo que obviamente desagradará a muchos que se han construido una existencia «antagonista» haciendo de críticos de fútbol, pero total: bajemos al campo y empecemos a dar balonazos.

(c) Gabriele Adinolfi

Por qué Irán no es creíble ni fascinante. Gabriele Adinolfi

Infokrisis.- Los blogs expresan opiniones personales de sus propietarios. Por lo tanto, lo normal es que un blog sea escrito por su padre reconocido. Fieles a este principio, han sido raros los artículos que hemos reproducido en infokrisis debidos a la pluma de otros autores, sin embargo, el artículo que nos envía traducido un querido amigo, merece ser reproducido para evitar confusionismos. Sería difícil expresar nuestra toma personal de posición sobre esta cuestión más clara y argumentadamente que lo hace nuestro amigo y camarada Gabriele Adinolfi. Reproducimos pues éste texto que suscribimos plenamente.


Por que Irán no es creíble ni fascisnante.

Gabriele Adinolfi


¿Irán es ese enemigo de Israel y de los EE. UU que todos creen? ¿O en qué medida repite un guión, tal y como en el pasado fue el caso de la Unión Soviética? Intentemos entenderlo, fiándonos no de las palabras sino de los hechos.

Los jueguecitos detrás del escenario

1.    En 1979 en plena revolución islámica los iraníes capturaron muchos rehenes americanos. En junio de 1980 el ayatollah Jomeini se inclina por la liberación de los rehenes. En octubre, en el hotel Enfant Plaza de Washington, McFarlane, James Baker, futuro secretario de Estado americano y el director del espionaje israelí Ari Ben-Menashe, se reúnen con el representante iraní Omshei. Después de este primer encuentro, desde el 17 de aquel mes en París, en el Hotel Ritz, se reúnen por tres días los representantes israelíes, los americanos (entre ellos los jefes del espionaje Bush y Casey) y los iraníes. Los israelíes ruegan en diversas ocasiones a los iraníes que retarden el mayor tiempo posible la liberación de los rehenes. Quieren que Carter sea vencido por Reagan, hombre por el que el sionismo ha apostado. La liberación de los rehenes permitiría, por el contrario, al presidente saliente ser reelegido; pero este hombre es odiado por Tel Aviv porque su acuerdo en Camp David con el presidente egipcio Sadat les ha obligado a retirarse del Sinaí. Es importante hacer notar que la venganza israelí contra el sucesor de Nasser será consumada poco tiempo después por los “Hermanos Musulmanes” mostrándose así como tontos útiles para el Mossad.

Después de los tratos secretos con «el Gran Satán», los iraníes deciden postergar la liberación de los rehenes permitiendo a Reagan ser elegido, exactamente como los israelíes habían pedido.

2.    Al mismo tiempo (23 de septiembre) ha estallado la «Guerra del Golfo» entre Irán e Irak. Se cree que Irak ha sido lanzado por los EE. UU contra Irán. La opinión pública sin embargo no está al corriente de que Irak está intentando equilibrar las diferencias nucleares con Israel y que, para impedir esto, la aviación israelí ha abatido el 27 de junio de 1980 el DC9 de la compañía Itavia en tránsito por el cielo de Ustica. En Tel Aviv se creé que en aquel vehículo se encuentra el uranio enriquecido para Saddam. Dejando aparte esta tragedia impune que tendrá un corolario en la masacre israelí(1) de la estación de Bolonia, nos damos cuenta de que precisamente mientras Bagdad está ocupado en la guerra contra Irán, la central nuclear iraquí de Osirak es destruida el 7 de junio de 1981 por la aviación israelí. A la luz de esto es lícito preguntarse: ¿el motivo de la Guerra del Golfo era verdaderamente el debilitar a Irán como nos han siempre dicho, o más bien frenar el único serio adversario de los israelíes –Siria aparte– después de la desnasserización de Egipto, o ese Irak que incluso bombardeará Tel Aviv nueve años más tarde?

3.    En 1986 estalla el escándalo del Irangate. Se descubre que los americanos han abastecido armas a Irán (al margen de a Irak) durante la Guerra del Golfo mientras los israelíes han desempeñado el cargo de abastecedores y de mediadores. Se tenga bien claro que, durante todo el conflicto, los americanos tendrán relaciones con ambos contendientes, los israelíes sólo con Irán. Arrastrados por el escándalo, los americanos dirán que las armas se habían cedido a Teherán a cambio de los rehenes. Pero es una falsedad clamorosa visto que los rehenes americanos habían sido liberados el 20 de enero de 1981 mientras los misiles se habían vendido a los iraníes al menos hasta 1985... Téngase en cuenta, en passant, que el escándalo del Irangate había estallado gracias a unas revelaciones del semanal libanés pro-sirio Al Shiraa que de esta manera entendía denunciar la no fiabilidad iraní.

4.    Por lo demás, analicemos la operatividad iraní en este cuarto de siglo, dotándonos de una mínima objetividad, no puede eximirse de poner de relieve cómo ha sido enteramente dirigida hacia una política que mira la hegemonía regional. Incluso en la Palestina ocupada, los iraníes han desempeñado el papel de polo catalizador que se ocupaba de debilitar la autoridad palestina y la causa nacional (que como tal no es ni considerada desde una óptica teocrática). Difícil reconocer una función positiva para Palestina en la política iraní; mucho más libre claro es ver un co interés con Israel en el desmenbramiento de este pueblo martirizado.

5.    Si el cinismo y el oportunismo iraní en Palestina es en todo caso motivo de análisis, resulta escandaloso cuando hablamos del Irak de hoy. El presidente fantoche de Bagdad, aquel talibán con la fuerza de un apoyo popular inferior al 9% que habría «liberado» el país, ha sido respaldado públicamente por el líder iraní Ahmadinejad(2) que les ha asegurado el apoyo político. Pero todavía hay más: los iraníes adiestran los escuadrones de la muerte chiitas de la SCIRI que torturan, masacran y abastecen de apoyo militar y policial a los invasores americanos y a los departamentos especiales israelíes. Claro está no participan en esta ignominia todos los chiitas del Irak, pero cierto es que lo hacen aquellos enlazados directamente con Teherán. En particular los secuaces de los ayatollah Al Sistani y Al Hakim que han entrado en masa en las fuerzas de policía que obedece al ocupante.
 
6.    Desde hace pocos días la noticia que Bush pretende abrir relaciones diplomáticas con Irán. Tales relaciones, en cualquier caso, habían continuadas bajo mano, en tanto que importantes exponentes de la administración americana, como Douglas Feith y Michel Ledeen –que estuvo entre los principales organizadores de pistas confusas por la masacre de Bolonia– han sido indagados en su patria por relaciones ambiguas con una potencia «enemiga».

No es un discurso «contra» Irán.

Con todo esto no quiero decir que Irán sea el fantoche de Israel o el aliado de los Estados Unidos. Sostengo que, ni más ni menos de cuanto sucedió con la Unión Soviética, se comporta como una cínica potencia que persigue sus propios intereses, instrumentalizando y traicionando la fe de los demás cuando es necesario. Un día, quizá, ya no le será más concedido a Teherán jugar de manera desenvuelta y no se excluye que la situación se convierta en ese momento explosiva; a causa de Turquía, la rival local: o del avance americano hacia Asia Central o, finalmente, porque Israel no tolera que existan sujetos demasiado fuertes en el área: ha reforzado el Irán en clave anti-palestina y anti-iraquí pero ahora es posible que quiera debilitarlo.
Cuando se verifique una crisis importante será natural, por parte de todo hombre libre, tomar partido por el pueblo y por la nación iraní; ni más ni menos de como debería suceder para Corea del Norte o para cualquier otro país amenazado.

Atribuir a Irán significados que desempeña en la comedia política, pero que no corresponden en ningún caso con la práctica, es, en cualquier caso, un deformante vicio de lectura, frecuentemente determinado por un transfer que no estaría mal psicoanalizar. El discurso sobre las necesidades psicoanalíticas por buena parte del áreas guetizadas nos llevaría muy lejos y lo afrontaremos en otro lugar.

Aquí atengámonos al significado político real (no subjetivo) de algunas tomas de posición fanáticamente partisanas. El extremismo islámico, en todas sus formas, es cualquier cosa menos ir en contra a las potencias dominantes. La absolutización monárquica y/o teocrática ha servido para desintegrar ese fenómeno socialnacional, laico, inspirado en los modelos del Eje y para hacer degenerar en tal manera la causa árabe, debilitando contemporáneamente a Europa. Los principales aliados de los EE. UU. son Arabia Saudita, Kuwait, Jordania, Marruecos, Emiratos Árabes y Pakistán, países, todos ellos, con una fuerte imagen islámica. Libia desempeña la función de falso opositor y de payasesco vasallo; del Irán ya lo hemos dicho.

En cuanto al así llamado «terrorismo islámico» hay que recordar que ha sido encuadrado, organizado y quizá incluso en buena medida concebido por los EE. UU. y por Israel; generalmente con la participación del Pakistán y de las mafias bosnias. Al Qaeda es una criatura de las superpotencias; el terrorismo checheno es subvencionado por la alta financia en clave anti-rusa. Los mismos Hermanos Musulmanes han sido utilizados en Egipto para la más grande gloria de Israel; el FIS en Argelia ha sido durante tiempo sostenido por los EE. UU. Incluso Hamas en Palestina tiene extrañas protecciones anglo-americanas y goza de una aurea de impunibilidad en su fábrica de suicidios(3).

No es un discurso «contra» el Islam

Si prestamos atención: no es una razonamiento anti-islámico. Soy un partidario encarnizado del derecho (es más, del deber) de cada pueblo de mantener y cultivar costumbres y creencias propias cada uno en su casa. No creo por lo tanto en el «conflicto de civilizaciones» que considero un escamoteo israelí-americano que tiene que ser rechazado. Rechazado, no invertido. Por lo que respecta al Islam, tengo una pasión por el comandante Massoud y no sólo porque ha sido asesinado. Tengo una gran consideración por la obra de islamización socioexistencial que el jeque Yassín está llevando a cabo en Marruecos y que viene obstaculizada por el monarca local, pretendido descendente del Profeta, que junto a todos los monarcas musulmanes es uno de los pilares americanos en el mundo árabe. Manifiesto, por el contrario, una aversión política y humana por el llamado terrorismo islámico que, mediante su gran aliado pakistaní, EE. UU e Israel han concebido, alimentado y desencadenado en todas sus formas (Al Qaeda como la guerrilla chechena). Creo que ha sustituido el lugar del enemigo/fantoche comunista y que permite a EE. UU mantener y hacer prosperar su dominio. Desde aquí parto en mi condena política por la función instrumental del integrismo; así como de aquí nace mi desconfianza total hacia el regimen de Teherán.

Quiero decir con esto que la gestión política mundial procede desde hace sesenta años según formato bien preciso. Es así cómo se mueven los americanos. Estos formatos no se renuevan nunca: hay una «Tesis» (el comunismo invasor, las potencias del mal, el terrorismo organizado), con una «Antítesis» (el anticomunismo, el conflicto de civilización) y una «Síntesis» que no es otra cosa que la meta preestablecida a Nueva York (y en subordinación a Washington). Aceptar la «Antítesis» quiere decir ayudar a quien dirige; rechazar la «Antítesis» aceptando la «Tesis» (en este caso la valencia revolucionaria del terrorismo islámico o aquella del regimen de Teherán) nos lleva al mismo resultado. La totalidad se mueve sobre la falsa línea de la «estrategia de la tensión». Es necesario siempre escoger una tercera posición.

Se debe entender cuál es el verdadero juego, partiendo del axioma que nada es como se presenta. Conociendo los formatos con los que los americanos han actuado desde hace sesenta años, comprender la realidad más allá de la ficción no es tan arduo.

Pero no confundamos inquisición y Tradición

En conclusión, el mío no es ni tan sólo un discurso anti-iraní. Que no pruebe ninguna simpatía, estima o atracción por su sistema es otra cosa, pero sus propios asuntos no son cosa mía; afortunadamente no soy un globalizador ni tengo intención de serlo. Si a ellos les gusta un régimen puritano, prohibicionista, fanático y corrupto son muy libres de tenerlo. Si necesitan de «guías espirituales» que prometen el paraíso o la vida eterna para poder marchar erectos; si, en definitiva, deben caminar con prótesis, que lo hagan libremente, mientras no busquen, ellos como cualquier otro «teócrata», cortarnos las piernas. Si no les gusta el vino, el cerdo y el Eros, son muy libres de pertenecer a OTRA civilización respecto a la mía y a OTRA visión del mundo. Y yo soy libre de defenderla de ataques de los demás, como defendería a otros de sus ataques.

No estoy en todo caso dispuesto a caer en la superficialidad de los extremistas (los «adolescentes» de la revolución) porque son radicales (o sea arraigados) y no me gusta que me tomen el pelo ni emborracharme con habladurías rimbombantes. Por esto intento de levantar la «persiana» para ver que hay; y siempre por este motivo insisto en gritar «el rey está desnudo».

Añado que rechazo la exaltación de un régimen teocrático que serpentea aquí y allá en cierta parte del «precipitado» político post/neo/fascista. En primer lugar porque aborrezco todo genero de teocracia y cualquiera que instrumentalice la idea y el nombre de (cualquier) Dios para el propio poder, para imponer a los hombres reglas que lo aprisionan y que le impiden precisamente alcanzar la búsqueda de Dios dentro de sí mismos. Pero ése es un discurso que nos llevaría demasiado lejos.

Finalmente, que es más importante, rechazo el rencor reaccionario que se enmascara detrás de intentos revolucionarios (el antiamericanismo, la defensa del Tercer Mundo) sólo para exaltar un andamio estatal formado de prohibiciones, inquisiciones y represiones.

Quien confunde la «revuelta contra el mundo moderno» con la exaltación del oscurantismo –de cualquier genero de oscurantismo– nada tiene que ver con la tradición histórica, política, cultural que a mi interesa, que nace en la noche de los tiempos, que se hace consciencia activa en la Hélade y Civilización en Roma y después de una larga convivencia con la banalidad retorna prepotentemente a proponerse en versión heroica en el «siglo breve» de la primera mitad del Novecento (4) .

Gabriele Adinolfi

Notas:

(1) El actual debate en curso acerca de quén fue el ejecutor de la masacre de Bolonioa (Kramm, la «súper logia» de Montecarlo, los servicios secretos) no atañe a los «mandantes» y las organizadores de la operación. Los cuales son patentes, visto que reivindican por escrito las propias responsabilidades, como ha hecho el Mossad, que considera que fueron precisamente los halcones sionistas quienes sugirieron y organizaron las «desorientaciones» pertinentes.

(2)Todo el vocifería hecho sobre la afirmación pública de Ahmadinejad a propósito de la negación del derecho de Isreal a la existencia es bastante sospechosa. No sólo porque Ahmadinejad no se habría expresado exactamente en esos término, sino porque esta tesis es un estribillo desde siempre en gran parte del mundo árabe. Si se han encendido los reflectores sobre estar afirmaciones significa que EE.UU y/o Isreale han decidido presenar a la opinión públcia occidental a Irán como el enemigo (es indicar a los extremistas su Golstein de Gran Hermano). Si esto es sólo una farsa, o, por el contrario, precede a un cambio rela de las relaciones, no podemos decirlo a fecha de hoy.

(3) En los territorios ocupados, o más bien bajo control israelí, existe una fundación que se ocupa de la ayuda psicológica y práctica de los parientes de los guerrilleros suicidas. Esta fundación, está dirigida por Hamas, y financiada con capital anglo-americano. De ahí salen regularmente los nuevos «suicidas». Israel, que tiene el poder de hacer lo que quiere en cualquier parte, que no respeta vidas, leyes o formas en algunas partes del globo, no es capaz, sin embargo, de erradicar esta institución no de impedir que sea aprovisionada de fondos...

(4) Siglo XX (N. del T.)

La leyenda de la muerte de Hiram y la regularidad masónica

Infokrisis.- De entre todas las leyendas que circulan en los medios masónicos a efectos didácticos e iniciáticos, la figura y la muerte de Hiran es, sin duda, la central. Revisar el contenido, las implicaciones y el nacimiento de este tema, son fundamentales para encuadrar el papel histórico e ideológico de la masonería.

    A pesar de unos pocos testimonios que remontan la leyenda de Hirán al siglo XVII , se acepta unánimemente que ésta se incorporó a la masonería especulativa entre 1720 y 1723 y lo hizo, no sin suscitar ciertas resistencias . En una rama de la masonería operativa francesa, los "Hijos del Maître Jacques", se cita al legendario arquitecto del Templo de Salomón que resulta asesinado por unos rivales; pero no se llama Hirám, sino "Maître Jacques" y, por lo demás, nace y muere en Francia y, en absoluto, resucita.

    No hay duda que el pastor Anderson cuando recibió el encargo de compilar los antiguos usos y costumbres de la masonería operativa, destruyó muchos documentos en lo que se ha calificado como auténtico auto de fe. A partir de ese momento se hizo muy difícil reconstruir cuales eran las leyendas y tradiciones del período anterior. Es posible que Anderson y Desaguliers aprovecharan algunos residuos que encontraron en estos documentos y con ellos construyeron la leyenda de Hiram, o es posible incluso que, tomaran a este personaje secundario en la mitología de los masones "operativos" y lo magnificaran a efectos didácticos.

    La masonería actual utiliza la leyenda de Himan en la ceremonia de iniciación al tercer grado, el de Maestro. Como mínimo hasta 1730 esta iniciación no era obligatoria. Prichard escribió ese año: "No hay un masón de cada cien que pague los gastos exigidos por "The Master's Part" [el grado de maestro], si no es por interés" . En 1738, la leyenda ya se había extendido por las logias y algunas la representaban; de ésta forma, poco a poco, fue difundiéndose por la nueva masonería especulativa. Si sabemos ahora como llegó la leyenda de Hiram, veamos la importancia que tielne en la teoría masónica.

    A lo largo del siglo XVIII se fue elaborando la doctrina masónica. Los tres primeros grados -a decir verdad, los únicos importantes- "aprendiz", "compañero" y "maestro", corresponden a los "tres mundos", el mundo físico, el mundo intermedio y el mundo espiritual. Los dos primeros grados, son una preparación para la verdadera e importante iniciación conferida en el tercer grado, el de maestro. La iniciación al grado de Aprendiz confiere el dominio sobre el mundo material y en cuestiones de realidad corporal. El grado de maestro, da acceso al mundo espiritual y supraindividual y, finalmente, el de compañero debería de dar el dominio sobre el plano psíquico . Sin embargo, en la actualidad el grado de "compañero" está reducido a un mero trámite entre el grado de "aprendiz" y el de "maestro" y se encuentra vaciado de contenidos. Se trata, sin embargo de un grado en el que el adepto debería aprender a controlar su propio mundo interior y su psiquismo. A nadie se le escapa que se trata de un grado conflictivo; la propia leyenda de Hiram hace que éste sea muerto, precisamente, por tres "malos compañeros", es decir por tres compañeros que no han logrado dominar ese mundo psíquico o astral. La leyenda es como sigue.

    Contrariamente a la visión bíblica que quiere que el verdadero arquitecto del Templo de Salomón fue Dios quien comunicó a David los planos y dimensiones a través del profeta Natán, la leyenda masónica sostiene que Salomón recurrió al Rey de Tiro, el cual le envió a Hiram, un maestro fundidor. Hiram separó a los obreros en tres clases a fin de que cada uno pudiera recibir una paga proporcionada a su mérito y a sus talentos; cada categoría recibió signos, palabras y toques diferentes y se reunían en tres puntos concretos del Templo. Los aprendices recibían el salario en la Columna Jakin, los compañeros en en la Columna Boaz y los maestros en la Cámara Media. Tres compañeros descontentos quisieron forzar a Hiram para que les diera la palabra y el signo de los maestros. Uno le golpeó con un martillo en el hombro izquierdo, el segundo con un nivel en el hombro derecho y el tercero le propinó un mazazo sobre la frente. Los tres compañeros escondieron el cadáver; al cabo de siete días Salomón ordenó a nueve maestros que lo buscaran. Quienes lo hicieron por Occidente vislumbraron un resplandor en lo alto de una colina. Allí encontraron el cadáver de Hiram; plantaron una rama de Acacia para impedir que se perdira; cuando fueron a enterrar el cadáver, tras tocar dos dedos y la muñeca, vieron que estaba corrompido, entonces un maestro grito "¡Mak Benah!" palabra que pasó, a partir de ese momento, a ser la palabra sagrada del tercer grado .

    En el Rito de Emulación se insiste en que "El Grado de Maestro os invita a reflexionar sobre el terrible tema y os enseña a concebir que para el hombre justo y virtuoso la muerte es menos temible que la mentira y el deshonor". El Rito Escocés Antiguo y Aceptado interpreta el mito de la muerte de Hirám en términos morales: el maestro Hiram simboliza la Justicia, el Genio y el Arte, mientras los tres malos son perífrasis simbólicas de la Ignorancia, el Fanatismo y la Ambición .

    En la iniciación al grado de Maestro, el candidato representa a Hiram. Está móvil y silencioso, tendido sobre un féretro. Cerca de él la coreografía masónica sitúa la rama de acacia y el triángulo de oro Está cubierto por un tapiz negro y una tela ensangrentada. El Venerable de logia que oficia la ceremonia rememora el descubrimiento del cadáver de Hiram por los nueve maestros masones. Deposita la rama de acacia sobre la tela. Luego, dirigiéndose a la asamblea, explica la necesidad de abandonar las antiguas palabras y signos de reconocimientos y propone difundirla entre los maestros. El Venerable, ayudado por los vigilantes levanta la tela ensangrentada y el tapiz negro. El Segundo Vigilante toma al candidato por el dedo índice de la mano derecha rememorando el descarnamiento de la mano del arquitecto legendario; pronuncia la palabra Jakin, el Primer Vigilante hace otro tanto, tomando el dedo medio y diciendo Boaz. El Venerable toma la muñeca derecha, pasa la mano izquierda bajo el hombro derecho, manteniendo el pie derecho junto al pie derecho del candidato, rodilla contra rodilla y pecho contra pecho; lo levanta ayudado por los Vigilantes y dice: "Ha recibido la Vida en el seno de la Muerte". Es entonces cuando el aspirante recibe la palabra del Maestro, "Mak Benah", la primera parte en un oido y la segundo en el otro. Ya en su sitial, el Venerable termina: "Hermanos, que nuestra alegría sea grande en este día; aquel que era parecido a los muertos ha renunciado a los vicios que podían corromperle y ha recibido una vida nueva".

    Se trata de un psicodrama susceptible de muchas lecturas. La moralista es la que parece más evidente y la más aceptada en el interior de las logias. La dualidad muerte-resurrección se tiene como una renuncia a los vicios que corrompen la naturaleza humana. La interpretación espiritualista, que sostienen algunos sectores masónicos surgidos de los medios esotéricos del siglo XVIII u ocultistas del XIX, apenas se vislumbra por ningún sitio. El tema iniciático central muerte del hombre viejo y resurrección de un ser renovado solamente es lícito si antes, los dos primeros grados, han cumplido su función: dominio y control sobre el cuerpo y dominio y control sobre el psiquismo. A partir de este punto, alcanzado durante la iniciación como Compañero, se abre la puerta a la comprensión del tercer grado: de lo contrario, la representación de la tragedia de Hiram no deja de ser una representación teatral necesaria para escalar los más altos grados de la masonería, pero desprovisto de un contenido objetivo de apertura de la conciencia a niveles más profundos. Y si esto es así, la masonería dista mucho de ser una organización iniciática, sino que apenas es otra cosa hoy que un club adaptado a un cierto tipo de necesidades sociales. Y esto lleva, dramáticamente, a otro punto: la cuestión de la regularidad masónica.

    Todo esto plantea una cuestión sorprendente y decisiva para juzgar a la masonería. La iniciación -virtual o efectiva, si hemos de aceptar la discusión en los términos planteados por René Guenon- que transmite una organización es válida, si la organización es "regular". La regularidad queda definida por los ritos, organización y origen. Para que una organización sea regular sus ritos no deben haber sido alterados, desde su fundación, al menos en lo esencial. Para ser válidos, los ritos contienen un elemento "no-humano", que los hace indiscutibles y, por lo mismo, intocables. El rito no es una creación consciente de la naturaleza humana, sino algo que trasciende a esa misma naturaleza humana y que, por tanto, no puede haber surgido de ella. De aquí deriva la eficacia del rito: el rito es considerado por las organizaciones iniciáticas como inefable, comparable a la de una ley física o una fórmula química, tal que si se cumplen todas las condiciones normales requeridas en la experiencia, se produce el efecto determinado. Si se altera alguno de los elementos, el resultado esperado varía. En la cuestión de los ritos, cualquier alteración ha sido considerada, desde la más remota antigüedad, como un sacrilegio. Los sacerdotes romanos si cometían un error, aun involuntario, en el desarrollo de un rito, debían realizar sacrificios expiatorios extremadametne complejos. En la actualidad, la iglesia tradicionalista y conservadora sostiene un contencioso con el Vaticano a raíz de la reforma litúrgica posterior al concilio. Si para el Vaticano se trata solo de una simple reforma, para los sectores conservadores, la reforma ha alterado hasta tal punto los contenidos del rito que lo ha hecho ineficaz.

    Y hay que plantearse hasta qué punto, la alteración de los ritos de la masonería operativa, la invención de nuevos temas, la creación de una superestructura de grados (33 en el Rito Escocés, 95 en el Rito de Menphis), la aparición constante de nuevos ritos (especialmente a lo largo del siglo XVIII y principios del XIX) y, finalmente la alteración misma de los mismos, no los ha convertido en ineficaces y las organizacines que los impartes, en irregulares. Robert Ambelain lo plantea descarnadamente: "A fuerza de distribuir certificados de regularidad o de negarlos, la Gran Logia Unida de Inglaterra, sucesora de la Gran Logia de Inglaterra, la cual había nacido a su vez de la Gran Logia de Londres y de Westminster, que fue inicialmente la Gran Logia de Londres, ha terminado por creerse la única regular" .

    El razonamiento de Ambelain se basa, no solo en la alteración evidente de los ritos de la antigua franc-masonería operativa, sino en la condición de Anderson y Desaguliers como profanos que no habían recibido ninguna iniciación y, por tanto, no tenían autoridad para conferirlas. Tanto Anderson como Desaguliers eran clérigos protestantes y ocupaban en la logia el cargo de capellanes que, como los médicos, solamente asistían a las tenidas cuando sus servicios eran requeridos, estaban allí en razón de su cargo y no en virtud de una admisión regular. De los ocho primeros masones que constituyeron cuatro logias en 1714 ni uno solo parece haber sido iniciado regularmente. "La nueva Gran Logia de Londres se otorgó, como él mismo subraya, la autoridad que no poseía, sobre todo teniendo en cuenta que había sido fundada por profanos, no iniciados en las formas rituales y regulares" . En septiembre de 1715, algunos masones operativos pretendieron asistir a una asamblea de la Logia constituida por Anderson y Desaguliers y sus siete compañeros. Tras serles impedido el acceso a la reunión, dieron cuenta de los hechos a la Logia operativa de Londres. Esta declaró ilegal la nueva formación que cambió inmediatamente de nombre pasando a llamarse "Logia Antigüedad", expandiéndose por otros barrios londinenses hasta la fusión de 1717 .

    Luego, todo lo que deriva de este histórico arranque de la masonería especulativa, a excepción de las logias estuardistas que se habían formado en los regimientos exiliados en Saint Germain en Laye en torno al pretendiente, tienen un carácter irregular y sus ritos de iniciación son inválidos... El hecho de que la masonería fundada en 1717 y cuyas bases se habían establecido en 1714 y aprobado finalmente en 1723, consiguiera imponer su autoridad y criterio sobre las antiguas hermandades operativas, se basó solo en una cuestión de número, más que de autoridad de origen. La virulencia con que Ambelain carga contra la masonería inglesa le lleva incluso a decir que "ni siquiera se trata de una obediencia bastarda, puesto que los bastardos poseen la sangre y la raza que les reconocían las leyes de la nobleza"... palabras muy duras para alguién que ostenta una alta dignidad masónica y martinista.

Notas a pie de página:

1. Goblet d'Alviella en su estudio sobre "Los orígenes del grado de Maestro en la Franc-masonería" (Edicomunicación, Barcelona, 1991, pág. 69-70) reconoce que "la leyenda de Hiram, tal como se representa en nuestras Cámaras del Centro, parece haber sido ignorada por la francmasonería operativa". Alviella cita el manuscritu "Regius" (1390), uno de los documentos más importantes, que se disponen sobre la masonería operativa, no habla ni de Hiram, ni del Templo de Salomón. El manuscrito "Dowland" menciona solo al rey de Tiro y el "Cooke" lo considera hijo del Rey de Tiro. Alviella reconoce que que, durante el siglo XVII, el personaje de Hiram se situaba completamente en segundo plano: "Si Hiram Abif hubiese figurado, en ese período en las ceremonias o las tradiciones del oficio, las Constituciones manuscritas de la época no guardarían como lo hacen un silencio uniforme e ininterrumpido sobre la existencia real o legendaria de un personaje tan preminente en la historia y la leyenda posteriores de la Orden".

2. En 1725 en uno de los anexos publicados al texto "The Grand Mystery discovered" se denunciaba que en algunas logias londinenses "se cuentan extrañas y necias historias a propósito de un árbol que habría salido de la tumba de Hiram, con hojas maravillosas y un fruto de una calidad asombrosa, a pesar de ignorar cuándo ni dónde falleció y sin saber sobre su tumba más que sobre la de Pompeya" (citado por Goblet d'Alviella, op. cit., pag. 72).

3. Goblet d'Alviela, op. cit., pág. 71.

4. Este tema ha sido brillantemente desarrollado por nuestro amigo Alexandr Duguin en su libro "Rossia, zagadka Evrazii", traducido con el título "Rusia, el misterio de Euro-asia", Editorial Grupo Libro 88, SA, Madrid 1992, traducción de Arturo Marián Llanos, págs. 190-2

5. Existen múltiples versiones detalladas de esa leyenda, nosotros hemos seguido la expuesta por Pierre Mariel en su libro "Rituales e iniciaciones en las sociedades secretas", Espasa Calpe, SA, Madrid 1978, págs. 35-42. También puede encontrarse una versión más detallada en "El Secreto Masónico", Robert Ambelain, Editorial Martínez Roca, Barcelona 1987, págs. 39-51. Si se desea consultar un texto masónico, puede recurrirse a "Francmaçonnerie, Ritual du Grade de Maûtre" por J.-M. Ragon, edición original Teissier, París 1859, págs. 9-15, recientemente reeditado en edición facsímil por Les Rouyat, Ventabren 1976.

6. "Dictionnaire de la Franc-maçonnerie", elaborado bajo la dirección de Daniel Ligou, Presses Universitaires de France, París 1987, vocablo "Hiram", pág. 577.

7. Robert Ambelain, "El secreto masónico", op. cit., pág. 219.

8. Op. cit., pág. 222.

9. Ambelain, op. cit., pág. 121-122.

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