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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Los Gays vistos por un hétero (IV de VII). El andrógino platónico y las raíces teóricas de la homofilia postmoderna

Se ha citado frecuentemente a Platón y a su diálogo "El Banquete" como la mejor exposición del mito del andrógino a efectos de explicar el origen de la atracción heterosexual. No es así. Al menos no es exactamente así. Esto queda para muchos otros antes y después de Platón, pero en el ateniense la cuestión resulta completamente alterada cuando se lee la letra pequeña. En "El Banquete", da la sensación de que Platón explica cualquier tipo de atracción erótica, heterosexual u homosexual. Pero se trata, sin duda, de la interpretación más superficial y pedrestre que puede realizarse sobre el tema, sólo posible por quien ha aislado el texto platónico del contexto que le es propio: el de la filosofía clásica no exenta de fugas hacia el misticismo y el mundo mágico que luego, en el período alejandrino, serán todavía más claras con el neoplatonismo. Aun a riesgo de que les aburramos, hagan un esfuerzo por seguirnos en la aventura intelectual de definir el origen de la pulsión erótica.

Unidad superior a dualidad


El texto de Platón es suficientemente conocido: en "El Banquete" (parágrafos XIV y XV) recoge, a través de un diálogo entre Aristófanes y Diotima, un mito que era anterior a él y que probablemente fue establecido en el origen de la Grecia Dórica. Hay que remontarse al texto concreto, para apreciar su verdadero sentido. Citamos los párrafos más significativos por que paja, lo que se dice paja, no falta: "En primer lugar, tres eran los sexos de las personas, no dos, como ahora, masculino y femenino, sino que había, además, un tercero que participaba de estos dos, cuyo nombre sobrevive todavía, aunque él mismo ha desaparecido. El andrógino, era entonces una cosa sola en cuanto a forma y nombre, que participaba de uno y de otro, de lo masculino y de lo femenino, pero que ahora no es sino un nombre que yace en la ignominia".

Viene luego el famoso párrafo en donde describe el carácter "luciferino" o "prometeico" (es decir, la tendencia a revelarse contra el dios) de estas razas: "Eran también extraordinarios en fuerza y vigor y tenían un inmenso orgullo, hasta el punto de que conspiraron contra los dioses. Y lo que dice Homero de Esfialtes y de Oto se dice también de ellos: que intentaron subir hasta el cielo para atacar a los dioses". Evidentemente, las estructuras míticas son siempre muy parecidas y toda esta temática está muy próxima de la concepción bíblica de la "caída", sustituyendo el manzanazo de Eva por la "conspiración" y el "asalto al cielo" por la torre de Babel.

Sigue describiendo Platón el castigo por la osadía de estas razas: "Zeus y los demás Dioses deliberaban sobre qué debían hacer con ellos y no encontraban solución. Porque, ni podían matarlos y exterminar su linaje, fulminándolos con el rayo como a los gigantes, pues entonces se les habrían esfumado también los honores y sacrificios que recibían de parte de los hombres, ni podían permitirles tampoco seguir siendo insolentes". A lo que sigue la decisión "salomónica": "Ahora mismo, dijo, los cortaré en dos mitades a cada uno y de esta forma serán a la vez más débiles y más útiles para nosotros por ser más numerosos"

Simbólicamente, la esfera es el sólido más perfecto por que todos los puntos de su superficie distan lo mismo del centro y, por lo demás, si en el centro hay infinitud de puntos, lo paradójico es que en la superficie de la esfera, proyección exterior de esos puntos centrales, existan esos mismos infinitos puntos. El cero y el infinito parecen unidos en la esfera. Para el griego antiguo la esfera era el símbolo de perfección divina y de la superación de las contradicciones, en tanto que cuerpo más móvil que existe, mientras que el cubo lo era de estabilidad: lo que en la esfera remite al universo sutil de los dioses, el cubo (la piedra cúbica de los masones) remite al universo más estable y material. 

Y ahora vienen las conclusiones de Platón: "Una vez que fue seccionada en dos la forma original, añorando cada uno su propia mitad se juntaba con ella y rodeándose con las manos y entrelazándose unos con otros, deseosos de unirse en una sola naturaleza, morían de hambre y de absoluta inacción, por no querer hacer nada separados unos de otros". Por si no hubiera quedado claro, Platón, por boca de Aristófanes, añade: "Desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de los unos a los otros innato en los hombres y restaurador de la antigua naturaleza, que intenta hacer uno solo de dos y sanar la naturaleza humana. Por tanto, cada uno de nosotros es un símbolo de hombre, al haber quedado seccionado en dos de uno solo, como los lenguados. Por esta razón, precisamente, cada uno está buscando siempre su propio símbolo. En consecuencia, cuantos hombres son sección de aquél ser de sexo común que entonces se llamaba andrógino son aficionados a las mujeres, y pertenece también a este género la mayoría de los adúlteros; y proceden también de él cuantas mujeres, a su vez, son aficionadas a los hombres y adúlteras. Pero cuántas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que están inclinadas a las mujeres, y de este género proceden también las lesbianas. Cuántos, por el contrario, son sección de varón, persiguen a los varones y mientras son jóvenes, al ser rodajas de varón, aman a los hombres y se alegran de acostarse y abrazarse; éstos son los mejores de entre los jóvenes y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza. Algunos dicen que son unos desvergonzados, pero se equivocan. Pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y masculinidad, abrazando a lo que es similar a ellos. Y una gran prueba de esto es que, llegados al término de su formación, los de tal naturaleza son los únicos que resultan valientes en los asuntos políticos. Y cuando ya son unos hombres, aman a los mancebos y no prestan atención por inclinación natural a los casamientos ni a la procreación de hijos, sino que son obligados por la ley, pues les basta vivir solteros todo el tiempo en mutua compañía".

El texto platónico mezcla conceptos metafísicos, morales y religiosos en una inextricable mixtura que, en su conjunto, produce sonrisas y la sensación de que antes de Platón hubo pre-filósofos que lo tenían todo más claro y en cuyas fuentes mamó el ateniense. A fin de cuentas, tal como la plantea Platón, la doctrina del andrógino explica, a través de un mito, ingenuo, sino infantil, que las dos medias naranjas, forman una sola. O mejor dicho, dos medias naranjas forman una sola, dos medios limones uno solo y dos medios melocotones uno solo...

Si bien es cierto que Platón contemplaba la existencia de tres entes primordiales (el andrógino, el masculino y el femenino), en la perspectiva de la metafísica griega, no existía entre ellos igualdad: el ente andrógino -es decir, el compuesto por hombre y mujer, andros y gynos- se le concebía superior a los otros dos. O si se quiere: los entes masculino y femenino se presentaban como netamente inferiores al modelo andrógino. Y añado: si la mayoría de comentaristas del universo mítico no citan estas otras dos "esferas" (la masculina y la femenina) no es como resultado de una conspiración para ocultar lo que todo el mundo sabe, a saber, que la homosexualidad no fue particularmente perseguida en el mundo clásico, sino... porque era completamente irrelevante. En la estructura de un mito, no todo lo que se cuenta es esencial; al igual que en los sueños hay que estar en condiciones de aislar lo esencial de lo accidental, lo prioritario de lo secundario, el grano de la paja, con perdón. Sueño que vuelo y que paso junto a una castañera... lo esencial es el arquetipo simbólico del vuelo; en cuanto a la castañera, carece de interés onírico, su imagen quizás sea un residuo inconsciente de una castañera real que haya visto ese mismo día. En el mito del andrógino ocurre otro tanto: lo esencial es aquello que se repite en otros mitos y en otras latitudes, a saber, el poder atribuido a seres que tenían los dos sexos.

Pero se trataba de símbolos. De hecho, cuando en Grecia y Roma nacía un niño con rasgos andróginos, era sacrificado por sus mismos padres sobre la marcha. Mircea Eliade dice al respecto: "El hermafrodita concreto, anatómico, estaba considerado como una aberración de la Naturaleza o como un signo de cólera de los dioses y, por consiguiente, era suprimido en el acto". No era la realidad objetiva, sino el símbolo lo que otorgaba interés al mito. Cuando se confunde símbolo con realidad, lo que se ha producido es una degradación del primero, el espíritu ya no es capaz de percibir la significación metafísica de un símbolo e intenta interpretar un mitologema como si se tratara de un relato novelado en el que cada descripción es esencial a efectos de comprender el conjunto.

Además, Platón no fue el único en tratar el mito el andrógino. Otros muchos antes y después lo hicieron y solamente en el relato platónico se alude a las esferas "masculinas" y "femeninas" que Zeus separó. En uno de los textos alejandrinos más conocidos, el "Discurso Perfecto" del seudo Hermes Trimegisto, éste revela a Asclepio que "Dios no tiene nombre, o mejor dicho, que los tiene todos, puesto que es conjuntamente uno y todo. Infinitamente lleno de la fecundidad de los dos sexos, alumbra todo lo que se propone procrear.

¿Qué? ¿Pretendes decir, oh Trimegisto, que Dios posee los dos sexos?

Si, Asclepio. Y no sólo Dios, sino todos los seres animados y vegetales".

Y en el "Bereshit rabba", se dice "Adán y Eva fueron hechos espalda, contra espalda y unidos por los hombros; después Dios los separó de un hachazo, dividiéndoles en dos". Mucho más antiguas son las referencias que encontramos en la tradición oriental indo-aria desde el origen común de Ormuz y Arhimán en la tradición irania, hasta los conceptos  tardíos del tantrismo tibetano, pasando por las cosmogonías hinduistas que, sin apenas excepciones, aludían a dos principios opuestos -la "coincidentia oppositorun"- que se habían desgajado de la totalidad primordial. Podríamos multiplicar los ejemplos que nos llevarían a afirmar categóricamente que, no es sólo en Platón, sino en toda la literatura sapiencial donde se alude al mito del andrógino. Incluso en la literatura presocrática. La diferencia es que Platón coloca algunos elementos de su propia cosecha: lo relativo a las "esferas homofilas".

Platón, con toda esta historia, explica la atracción homosexual y lésbica, efectivamente, pero tanto en Platón como en absolutamente toda las demás fuentes, el complejo dual hombre-mujer, masculino-femenino, positivo-negativo, está presente como conjunto integrado, superior a positivo-positivo, negativo-negativo, masculino-masculino, femenino-femenino, etc. En tiempos de Platón no existía la noción de polaridad electromagnética. Hoy si se conoce. Los polos opuestos se atraen, los polos del mismo signo se repelen.

Textos iranios, hindúes e incluso bíblicos, anteriores a Platón, mantienen mucho más nítidamente la pureza del símbolo. En la propia Biblia, Adán, originariamente, es un ser andrógino en la medida en que sólo en un momento de su vida, a través de una costilla, queda generada Eva. Antes del episodio, Eva estaba incorporada a Adán. Es el mismo mito del andrógino explicado con otros códigos poéticos. Ni en la Biblia ni en otros textos sapienciales de la antigüedad, se habla de otros "seres" que puedan equipararse a los otros dos entes platónicos que dieron lugar a pares de homosexuales y lesbianas. Excepción rima con Platón... autor al que, al parecer, sus gustos y refinamientos, pesaron en la elaboración de su metafísica, al menos en este punto. Imperdonable. Y lo que es peor: creó confusión.

El símbolo del andrógino había servido hasta Platón para explicar el origen de la dualidad y su presencia en el mundo, como caída a partir de la totalidad originaria. El dios único, el Uno que gobernaba el Todo, al crear el mundo, genera el Dos, lo positivo y lo negativo, lo masculino y lo femenino, el sol y la luna, el bien y el mal. Así la teoría del andrógino tiene su lugar en un dualismo cosmogónico que tiende a explicar la totalidad del mundo manifestado, no fuera de él. Pero insertando al tercer "sexo", se sitúa fuera de la metafísica. Platón degrada esta temática, la incorpora de manera fragmentaria y confusa, difícil de entender si no se conocen los códigos simbólicos del mundo clásico y, por extensión, del mundo antiguo indo-europeo; y, para colmo, incorpora especulaciones de su propia cosecha sobre temas que le interesaban (la homosexualidad, por ejemplo). No es raro que la mayoría de sus comentaristas eludan la letra pequeña del mito platónico por lo poco que puede aportar a una concepción metafísica y a la fama del filósofo.

El origen de la atracción sexual


Tradiciones de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur, coinciden, con una extraña unanimidad, en afirmar que el primer ser que vio la luz, carecía de diferenciación sexual: era, masculino y femenino a la vez. Los griegos, como hemos visto, lo llamaron Andrógino. Igualmente, todas las tradiciones, consideran que la "caída" -el pecado original del cristianismo- que debió afrontar la humanidad derivó de la diferenciación sexual. De lo que se consideraba estado de perfección originario, se descendió un peldaño que llevó a la separación de sexos. Así pues de lo que se trataba era de recuperar la pureza primitiva y reintegrar el ser andrógino en la unidad primitiva y, para ello, se establecieron distintas vías: sexualidad, magia, hermetismo, mística, alquimia, sistemas mistéricos e iniciáticos...

Antes hemos aludido al tema de Lucifer, arrojado a los infiernos por encabezar la revuelta contra Dios. En Lucifer, como en las demás jerarquías celestiales, existe una completa ambigüedad sobre su identidad sexual. Ángeles, Arcángeles, Serafines y Querubines, son seres andróginos y como tales han sido representados por la iconografía cristiana. Sin embargo, cuando se hace referencia a seres diabólicos a se establecen diferenciaciones sexuales: los textos canónicos, los sumarios de la Inquisición, insisten en que Satanás, tiene sexo, existen íncubos y súcubos, diablos tentadores masculinos y femeninos. Se hacen curiosas especificaciones como, por ejemplo, que el diablo tiene el semen frío o que su miembro produce un intenso dolor en las mujeres que posee. Las "diablesas", por el contrario, esconden su fealdad mediante todo tipo de tretas y, a la postre, lo único que les importa es robar el semen del varón en la oscuridad de los lechos, en ocasiones, mientras la esposa del sujeto tentado ha asistido a algún aquelarre de brujas o a la celebración del sabat en compañía del diablo masculino. Esta idea del diablo como ser andrógino está presente en la Edad Media europea, tal como puede verse en el arcano XIV del Tarot, que representa la imagen del Maligno mostrando caracteres masculinos y femeninos a la vez y manteniendo encadenados a una pareja de amantes.

Los ejemplos de casos de androginización simbólica no faltan en la historia. Se sabe, por ejemplo, que los chamanes indios de América suelen vestirse de mujer para celebrar sus ritos. Maria Sabina, una famosa chamán mazateca, en el curso de sus ceremonias y ritos con ayahuasca, se comporta en todo momento como varón. El travestismo de los sacerdotes era habitual en el mundo clásico europeo: los sacerdotes de Atis llegaban incluso a castrarse, mientras que algunos emperadores (Calígula, Nerón, Cómodo y Heliogábalo) asumieron los rasgos de bisexualidad andrógina, como elementos legitimadores de su autoridad, algo que no fue entendido por algunos historiadores de su tiempo (Dion Casio, Diodoro de Sicilia y el propio Juvenal) que tomaron el símbolo por realidad. Esta práctica se transmitió a los emperadores bizantinos cuya autoridad se cimentaba en dos principios opuestos, masculino uno, Cristo, y femenino el otro, la Iglesia. En la Iglesia de Occidente, algunas santas son representadas con barba y el signo andrógino de la Tau (trazo horizontal, femenino y pasivo, trazo vertical, activo y viril).

San Pablo, que conocía perfectamente los sistemas simbólicos griegos y romanos, introdujo ecos desfigurados del mito del andrógino en su versión particular del cristianismo y así en la Epístola a los Gálatas (3:28) afirma que "el bautismo borraba las diferencias entre el hombre y la mujer". Los cristianos gnósticos, veían un reflejo de la síntesis andrógina en la unión entre Cristo y María Magdalena. Luego, en lo más oscuro de la Edad Media floreció el mito de la Papisa Juana, elevada al trono de San Pedro, que dio a luz en el camino hacia la coronación. Para la mentalidad de las órdenes de caballería, el Sacro Imperio era la manifestación masculina y la Iglesia la plasmación femenina del principio de autoridad. El Emperador, en la concepción gibelina, era la síntesis de ambos principios y, por tanto, asumía una cualidad andrógina, como siglos antes habían asumido los emperadores mesopotámicos, que ascendían al trono vestidos de mujer. Como último eco de esta tendencia, en pleno siglo XVI, Francisco I, Rey de Francia, fue representado con unos atributos bisexuales que no correspondían a sus tendencias eróticas objetivas precisamente.

Entre las tradiciones orientales ocurre otro tanto. Existe una representación del "Buda de la nueva era" que incluye atributos masculinos y femeninos y, tanto en Oriente como en Occidente, se repite la leyenda de que el hombre que pasa bajo un Arco Iris, cambia automáticamente de sexo, pues no en vano, representa un puente entre el mundo humano y el divino. Un mito ruso afirma que ni Dios ni el Diablo fueron creados por nadie, pues, desde el principio de los tiempos, existían unidos. En "El Discurso Perfecto" de Hermes Trimegisto puede leerse: "Dios no tiene nombre, o mejor dicho, los tiene todos, puesto que es conjuntamente uno y todo". Afroditas barbudas, imágenes de Venus calvas, representaciones ambiguas de Dionisos, concepciones tántricas de la unión de Shiva con su esposa Shakti, entendidas como proceso de androginización, y un largo etcétera, no son ejemplos aislados, sino que evidencian una línea de tendencia, según la cual, el misterio del andrógino está en el origen de lo sagrado y la experiencia de lo sagrado pasa por la recuperación del estado andrógino. Llama la atención que en el siglo XII y hasta el XV, aparecieran en Occidente verdaderos caballeros andantes y trovadores que rendían culto a la dama. En la mayoría de los casos se trataba de una mujer inaccesible para ellos. Dante, por ejemplo, rindió culto a una mujer muerta que apenas había visto en vida, brevemente, en dos ocasiones, Beatriz, y otro tanto hicieron los grandes poetas gibelinos, Guido Cabalcanti o De Barberino. Los trovadores y caballeros, adoptaban como "dama del alma" a esposas de notables, reyes y nobles, que jamás hubieran consentido una relación erótica, carnal o platónica, muchas veces ni siquiera conocían a la dama que ofrecían sus victorias y gestas, sus poemas o canciones. La posibilidad de poseer efectivamente a esa "dama" quedaba siempre excluida de antemano. Y sin embargo, tanto la caballería como el trovadorismo fueron fenómenos realmente vivos en la humanidad medieval europea.

Los trovadores, en su lenguaje cifrado establecían que lo esencial de su concepción del mundo era el AMOR, entendido en su sentido etimológico, como "ausencia de muerte" ("a", partícula negativa, "mor-moris", muerte). A principios de siglo, una serie de eruditos y estudiosos del medievo europeo (Luig Valli, fundamentalmente) empezaron a intuir que, probablemente los caballeros y trovadores, cuando aludían a la "Dama" no se referían a una personalidad real, ni aludían a una mujer concreta, sino a un principio superior.

Julius Evola, en su "Metafísica del Sexo" escribe: "Era en la imaginación donde vivía y residía esencialmente esta mujer; en consecuencia, era sobre un plano sutil donde el caballero hacía actuar su amor, su deseo y su exaltación". La "dama del alma", la "princesa lejana", la "mujer inaccesible", pertenecían a la propia interioridad del trovador y del caballero, formaban parte de su ser más íntimo, que se trataba de seducir y conquistar. Lo que unos y otros hablaban con "versos extraños" (decía Dante en la "Divina comedia") era de conectar con su parte femenina: con su alma, la "mujer del conocimiento" o la "Santa Gnosis", entendida como un principio de iluminación, de salvación y de conocimiento trascendente.

Los caballeros y trovadores consideraban que existía una parte femenina en su interior, que correspondían a su alma y que, ésta no era más que el aspecto femenino de Dios. Pero el alma no era tenida como un principio pasivo o efectivamente existente por sí mismo, sino que era preciso activarlo y entrar en contacto con él y eso lo lograban a través de distintos procedimientos: la lucha y la gesta caballeresca, realizadas con total abandono de sí mismo y pureza de corazón, el canto continuado al amor identificado en la persona de una "dama" mediante cuyo servicio renunciaban a todo egoísmo, etcétera.

El mito del andrógino resistió el Renacimiento y, aunque progresivamente, arrinconado, sobrevivió en pequeños círculos de hermetistas y entre algunos literatos y pintores. En el siglo XVII, Jacob Böheme, recuperó el tema de la androginia de Adán; él y Johann Gichtel, hablaron de la vertiente masculina y femenina de la divinidad, traducidas en el ser humano, en alma y espíritu. Ellos y los rosacruces alemanes del siglo XVII, en su exégesis esotérica de los textos bíblicos, sostenían que la "Virgen Sofía" era la parte femenina de Adán que luego encarnó en la Virgen María, la cual, sin ayuda de hombre alguno, llevó en su vientre a Cristo en una equivalencia invertida al Adán que llevó en un tiempo anterior a la "caída", a Eva en sus entrañas. Todos ellos concebían el aspecto femenino de la divinidad como una luz irradiante, blanca, extremadamente intensa que les iluminaba interiormente en estados de éxtasis profundo. Con el paso de los tiempos, todas estas teorías, perdieron su significado y pasaron a interpretarse en clave exclusivamente psicológica.

Previamente la androginia había suscitado cierto hechizo erótico en figuras famosas del mundo de la cultura y las artes. Elémire Zola, en su estudio sobre la androginia, recuerda los escritos de Johann Winckelmann y su "anhelo de volver a la androginia"; alude a los versos del poeta inglés Cowley y a los casos de feministas que no dudaban en vestirse con ropas masculinas, o adoptar posturas y gestos ambiguos (desde Wilde hasta Colette). Balzac dedicó a la figura del andrógino una de sus grandes novelas, "Serafita", ser ambiguo, rodeado de amores imposibles, que es visto como hombre (Sefaritus) por una mujer y como mujer (Serafita) por un hombre. Balzac explica que los padres de Serafita habían sido discípulos del místico sueco Emmanuel Swedemborg quien también tocó el tema andrógino en sus divagaciones angélicas.

Todas estas aproximaciones al andrógino suponen una degradación del tema: si hasta la Edad Media y el Renacimiento se había tratado de algo sagrado, a partir de entonces pasa a ser un tema profano en el que, progresivamente, se penetra en el plano del esteticismo, previo paso para caer en el psicologismo. Había que llegar a Carl Gustav Jung para que se produjera el tránsito final. Jung, ve, en "Psicología y Alquimia", a la androginia como una proyección mental del sujeto a través de la cual quiere resolver las contradicciones inherentes a lo cotidiano. Freud, antes que él, había establecido que la situación de androginia, previa a la sexualización, corresponde a los primeros años de vida y al estado prenatal en el que el sujeto carece de problemas y conflictos, estado que se recuerda como edénico y que se aspira a recuperar.

Todas estas variaciones del mismo tema implican una degradación del símbolo que, todavía iba a banalizarse más en una etapa posterior. Marx decía que la historia se repite dos veces, primero como tragedia y luego como comedia. Así debía de ser también en el caso del andrógino. Al dramatismo del mito de la caída, de la separación sexual, de la división de sexos, debió seguir, ya en nuestros días, la parodia de la reconstrucción de la unidad andrógina en curiosas variantes de la sexualidad: travestismo, transexualismo, con sus modernas derivaciones, progresivamente exóticas ("drags") u operaciones radicales de cambio de sexo, incomprensibles para la mayoría.

La cultura sexual de nuestros días deriva directamente de las pautas generadas a partir de la revolución sexual de los años sesenta. Sobre la base de las teorías de Erich Fromm y Wilhem Reich, aparecen una serie de movimientos de liberación sexual; el lanzamiento de la píldora anticonceptiva y, por tanto, la posibilidad de una sexualidad no ligada necesariamente a la procreación, la relajación de las costumbres, la aparición de fenómenos aparentemente tan banales como la minifalda, la coeducación o la integración de la mujer en el mercado del trabajo. Son los años 60... La mujer, hasta entonces educada y formada -especialmente la mujer burguesa- para seducir al hombre, abandona ese arquetipo erótico-social y empieza a competir con el hombre en los terrenos que hasta entonces le habían sido propios. Se diría que, a partir de ese momento, la polaridad de las relaciones hombre-mujer, empieza a relajarse especialmente en algunos sectores que no se sienten seducidos por el nuevo tipo de mujer.

Esto coincide con un momento de avance de las técnicas de cirugía estética y con el aislamiento de las hormonas que contribuyen a la sexualización. Personas nacidas con problemas en el proceso de sexualización, o simplemente, con problemas psicológicos de identidad, aprovecharon estos avances para hacer realidad sus fantasías, apelando a la cirugía y a la ciencia allí donde la naturaleza no les había dado aquello que buscaban: la identidad sexual perfectamente definida.

Travestidos y transexuales hacen algo más que parecerse a mujeres: extremizan, hasta la caricatura, los caracteres y rasgos de la feminidad, desde los eróticos hasta los psicológicos, aquellos que la sociedad tuvo como arquetipos de la hembra. Es difícil encontrar un travestido o un transexual que vista como una mujer común y corriente, casi, unánimemente, recurren a maquillajes y prendas extremas, e incluso a dotarse de unos rasgos sexuales desmesurados (en labios, pómulos, senos, fundamentalmente). Esto genera el interés de aquellos varones que se han visto decepcionados por el nuevo modelo sexual femenino y de ahí el interés de sectores crecientes de la población masculina por el transexualismo o el travestismo.

La homosexualidad en la Historia

Las relaciones homosexuales en el mundo antiguo, no estaban particularmente mal vistas. Se practicaban tanto en Roma como en las ciudades griegas. Fueron, incluso, exaltadas. También es cierto que hasta el siglo XII no existió una prevención respecto a la homosexualidad. Fue a partir del siglo XIII y del XIV cuando fue imponiéndose tal actitud. Y, finalmente, con la aparición del modelo de familia burguesa y patriarcal, la homosexualidad quedó estigmatizada y, mucho más, como hemos visto, a partir de la irrupción de la revolución sentimental.

El historiador norteamericano, John Boswell, homosexual,  muerto a causa del SIDA, catedrático de historia Harvard, en su libro "Las bodas de la semejanza" (cosecha del 94) sostiene que la iglesia bendijo, desde el siglo III al XIII, a parejas homosexuales en lo que entonces se llamaron "ritos de hermanamiento". Boswell encontró contratos que firmaban dos hombres, para unirse por afecto, idénticos a los que se firmaban en las bodas heterosexuales. Pero la tesis de Boswell falla en el momento en que en esos contratos no se alude a relaciones sexuales. Más parece que se trata de la formalización de "pares", hombres del mismo rango y las mismas lealtades, que juran actuar juntos en compromisos o combates.

En uno de estos documentos procedente del siglo XI, puede leerse: "Nosotros, Pedro Didaz y Munio Vandiles, pactamos y acordamos mutuamente acerca de la casa y la iglesia de Santa María de Ordines, que poseemos en conjunto y en la que compartimos labor; nos encargamos de las visitas, de proveer a su cuidado, de decorar y gobernar sus instalaciones, plantar y edificar. E igualmente compartimos el trabajo del jardín, y de alimentarnos, vestirnos y sostenernos a nosotros mismos. Y acordamos que ninguno de nosotros dé nada a nadie sin el consentimiento del otro, en honor de nuestra amistad, y que dividiremos por partes iguales el trabajo de la casa y encomendaremos el trabajo por igual y sostendremos a nuestros trabajadores por igual y con dignidad. Y continuaremos siendo buenos amigos con fe y sinceridad, y con otras personas continuaremos siendo por igual amigos y enemigos todos los días y todas las noches, para siempre. Y si Pedro muere antes que Munio, dejará a Munio la propiedad y los documentos. Y si Munio muere antes que Pedro le dejará la casa y los documentos". Nada permite pensar que Pedro y Munio retozaban en  el catedra o se profesaban un amor homofílico.

Boswell, intenta convencernos de que el cristianismo primitivo admitía la homosexualidad y para ello cita textos del antiguo y del Nuevo Testamento aptos sólo para quienes quieren ser convencidos. Cita el caso de los mártires San Baco y San Sergio, dos oficiales romanos martirizados a finales del siglo III. Un icono posterior, los representa como si se tratara de un matrimonio. Pero el ejemplo no es convincente. De hecho, lo que muestra es que el paganismo logró prolongar su influencia a través del cristianismo, transplantando algunos de sus dioses (el ambiguo Baco, dios de la orgía, el exceso y el vino, con su sexualidad ambigua) al martirologio cristiano.

Ahora bien, es rigurosamente cierto que durante la Alta Edad Media apenas hay leyes que prohibieran la homosexualidad. Carlomagno, lamentaba la presencia de monjes sodomitas, algo que para él atentaba contra el voto de castidad, pero no parecía más grave que si esos mismos monjes hubieran copulado con ricashembras. Lo mismo vale para los benedictinos que en su regla preveían que pudieran caer en los pecados de la carne. Y, claro, como en un monasterio, solo existían varones, de lo que se trataba era de imposibilitar la ruptura del voto de castidad... con varones. Para ello se establecía que los monjes durmieran todos en un dormitorio común con la cama del abad en el centro, una luz encendida permanentemente. Todo, para evitar la tentación. Y si llega, cualquier cosa para procurar que no se materializara. No se impedían las cartas de amor entre los monjes, pero no está claro si están inflamadas de pasión erótica o simplemente de admiración por las virtudes de tal o cual cofrade.

Nada impedía que existieran las relaciones homosexuales llevadas al terreno de lo íntimo, a nadie se le castigaba con la hoguera, el descuartizamiento o la castración... pero tampoco existía ningún tipo de ventaja legal o fiscal que equiparase matrimonios heterosexuales a uniones homosexuales.

A partir del siglo XV, la homosexualidad sería condenada moral y jurídicamente. Toca ahora extraer algunas conclusiones de la teoría del andrógino... tal como Platón NO la formuló.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - PYRE - http://infokrisis.blogia.com - infokrisis@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

Los Gays vistos por un hétero (V de VII). El calambrazo de la sexualidad

Se dice que el ojo humano es la gran construcción de la evolución. Será por que el que suscribe es miope, hijo y nieto de miopes y padre, a su vez, de miopes, que me parece que, con nuestra familia la evolución, en este terreno, no ha hecho precisamente maravillas y estas, sin embargo, han correspondido a la óptica de la esquina. No nos engañemos: el gran logro de la evolución es el orgasmo.

Los orgasmillos o el bien morir


Células nerviosas y plantas productoras de hormonas que, bajo determinadas circunstancias, están en condiciones de generar una sensación invasiva de suspensión de todas las funciones vitales, acompañada por gozo y armonía sin fin, eso si que es una maravilla de la evolución y no mi miopía. El pensamiento lógico puede ser reproducido por los algoritmos de una máquina que razona tan rápidamente como la mente humana más ágil y brillante. Pídanle a una máquina que tenga algo parecido a un orgasmo y, como máximo, se le fundirá el transformador. Y eso es lo maravilloso: que el orgasmo parece trasladarnos en vida más allá de la vida, hasta un punto límite que parece fronterizo e incompatible con la vida -las frases de los amantes a este respecto son elocuentes: "me muero", "me matas", "estoy muerto", "matame"- o una experiencia de éxtasis trascendente. Puede entenderse la insistencia con que la mística española del Siglo de Oro y el mismo Eclesiastés o el Cantar de los Cantares, tenían fugas tan evidentes hacia lo erotísimo.

No tengo idea de cómo pueda ser el orgasmo homosexual pero, a la vista de las confidencias de unos y de otros, me maquino que igual de potente que el hétero. Por alguna descripción, me da que tiene tendencia a ser más genital que global, pero es posible que me equivoque, vosotros sabréis como son vuestros orgasmos homosexuales, que servidor tiene suficientes con los suyos.

No tengo la menor duda de que el orgasmo es un estado psicofísico inducido por la excitación de determinadas células nerviosas, que genera descargas hormonales y convulsiones musculares; mayor o menor según se den unas u otras condiciones de la mente. No siempre es de la misma intensidad y no siempre depende de la habilidad y el savoir faire del, o, de la amante. Es curioso, pero incluso los mismos amantes no tienen habitualmente orgasmos de la misma intensidad. Diríase que no hay una ley física que determine la duración y la intensidad del orgasmo y que éste depende muy poco de la voluntad consciente de la pareja. Si por ellos fuera, calambrazo diario y estrellitas día sí día también. Es fácil explicar el orgasmo heterosexual en clave de mito y a la luz de de la ciencia de los Volta y los Amper. Verán ustedes de donde sale esta teoría de la polaridad sexual.

En realidad, Platón no iba mal enfocado con la historia del andrógino, sólo que lo complicó todo en su afán de intentar dar una explicación a las relaciones homosexuales y lésbicas. Si exceptuamos esa coletilla, ausente, como hemos visto, en toda la literatura anterior y posterior sobre el mismo tema, veremos que, en el fondo, la separación de los sexos y su atracción irresistible parecen tener casi una base electromagnética. Se sabe aquello de que los polos opuestos se unen y los polos del mismo signo se repelen. Luego entraremos en la inclusión del hecho homosexual dentro de esta teoría. Limitémonos ahora a llegar hasta las últimas consecuencias lógicas e inevitables de esta concepción.

Las civilizaciones tradicionales, anteriores a Platón y, en cualquier caso, pre-modernas, tenían una curiosa cosmogonía que partía de una base conceptual: no veían el mundo como nosotros, sino como símbolo. Y, en tanto que tal, reconocían pares simbólicos equivalentes, derivados de la totalidad originaria. No importa qué cosmogonía examinamos, siempre, en el origen de los tiempos, previo a la creación, existía el  Caos. Llegado a un punto, el Caos era ordenado por el "principio generador". El Caos tenía como símbolo el círculo que se cierra sobre sí mismo y dentro del cual bullen indiferenciados todos los elementos. Ese caos ordenado, daba como resultado el mundo manifestado. Pero ese mundo creado estaba sometido a la ley de la dualidad y de la contradicción: es entonces cuando aparecía el Bien y el Mal, lo alto y lo bajo, lo positivo y lo negativo, el Sol y la Luna, lo Masculino y lo Femenino, el Oro y la Plata, el Fuego y el Agua. Y, con alguno de estos pares establecieron relaciones de equivalencia simbólica; por ejemplo: a un lado, Positivo, Sol, Masculino, Oro, Fuego y, al otro, Negativo, Luna, Femenino, Plata, Agua que, obviamente implicaban derivaciones culturales y sociales.

En realidad, estos dos pares ordenados de polaridades tienen su equivalente en el género humano en dos tipos fisiológicos bien determinados: hombre y mujer. La importancia que las civilizaciones tradicionales daban a la división de roles sexuales era una prolongación de su visión dualista del mundo y de la vida. El hombre arcaico, además de sobrevivir, observaba el mundo que le rodeaba. Aquellos milenios oscuros de los que apenas sabemos gran cosa debieron ser épicos: la lucha por la supervivencia de un lado, por conquistar el alimento, engendrar, proteger a la prole, reponer fuerzas, volver a conquistar el alimento y así sucesivamente, debieron permitir liberar tiempo para observar el mundo. Nuestro cerebro, que permanece idéntico en capacidades, volumen y circunvoluciones cerebrales, desde hace miles de años, empezó a tomar conciencia de sí mismo y del mundo y a preguntarse el por qué de todo: por qué existe el Mal en el mundo, por qué es preciso luchar por la vida, por qué hay día y hay noche; y empezó a valorar las respuestas en orden a lo que veía en torno suyo: hombres y mujeres que se atraían unos a otros, hombres que luchaban por la vida y mujeres que alumbraban nueva vida y se encargaban de su cuidado. Y en ambos vio una maravillosa simbiosis y una necesaria complementareidad. Alzó su mirada y vio Sol y vio Luna. Vio Tierra y vio Agua. Y en cuanto empezó a saber trabajar los metales, vio oro y vio plata. Eso fue el origen de todo. ¿Simplista? Quizás ¿Erróneo? No lo creemos.

Les seré sincero: las manzanas también caen en Tasmania. La frase que no es una boutade: para que la teoría de la gravedad de Newton sea cierta, no era suficiente que una manzana cayera desde lo alto de una rama, sobre un tipo en una tarde del siglo XVII en un lugar concreto de Inglaterra, sino que en todas las épocas las manzanas fueran cayendo en cualquier lugar del planeta. Incluido en Tasmania, aquí y ahora. Y eso quiere decir que una teoría es tanto más fiable, cuantas más veces se haya constatado en la historia el fenómeno que la inspira, y es tanto más cuestionable, cuantas menos veces se haya manifestado. Y nos parece que está fuera de toda duda que, desde los albores del paleolítico, el género humano siguió las pautas marcadas por la evolución y organizó a la sociedad en dos sexos cada uno con sus funciones específicas derivadas de su particular rol biológico.

Por eso, deberemos de convenir que la definición de Hombre y Mujer como sexos opuestos y complementarios es una tautología. En efecto: todo lo opuesto, en gran medida, es complementario. ¿Y lo gay? Pregúntenselo a Platón que sugiere que es complementario de sí mismo. Y luego, intenten encajar dos piezas de machihembrado por el lado que no procede y ya me dirán...

Aceptar lo anterior es reaccionario, políticamente incorrecto, "regre" y, hasta cierto punto, inconveniente. Significa, en principio, negar 150 años de teorización feminista. Eso es, efectivamente, lo que estamos haciendo. Nuestro amigo Pol Ubach en un encantador volumen de esta misma colección - "¿Aún votas, merluzo?"- explicando la génesis del sistema democrático, venía a decir: si bien es rigurosamente cierto que el origen de las democracias formales actuales está en la odiosa teoría política luterana y calvinista, el resultado final no ha sido malo. Una mala teoría ha dado lugar a un sistema aceptable. Las ideas feministas del último tercio del XIX y de todo el siglo XX, han sido, cuanto menos, cuestionables o manifiestamente falsas, pero han servido para rescatar a la mujer de un plano absolutamente secundario en el que el concepto de familia burguesa la había sumido. Nuevamente, una mala teoría ha hecho triunfar una causa justa.

Pero la cuestión es plantearse a estas alturas, en las que nadie niega el derecho de la mujer a la igualdad, a dónde puede llevarnos. Me da la sensación de que es hora de lanzar algunas advertencias. Si nos atenemos a algunos rasgos de la crisis social actual, veremos que derivan directamente de la aplicación de los principios emanados del feminismo.

Polaridad rima con sexualidad


Las relaciones heterosexuales se conciben como la unión de dos polaridades diferentes de signo opuesto que se atraen irremisiblemente y que corresponden a los dos sexos fisiológicos. Esta concepción debería tener un corolario: contra más fuerte es la polaridad, más atracción genera. Pero este concepto de la sexualidad no sirve para explicar las relaciones homosexuales. El problema, a fin de cuentas, es de punto de partida: si se parte de la base de que existe un sustrato, casi diríamos "electromagnético" en la sexualidad o si, por el contrario, se basa en el libre albedrío de los sujetos que tendrían una innata tendencia a unirse entre sí al margen de su sexo físico, el problema, desemboca en que la educación y las costumbres sociales siempre, inevitablemente favorecerán a una u otra concepción. Una vez más aparece aquí la necesidad de tener claro un concepto de "normalidad" en torno al cual ordenar los valores sociales. Por que, desde nuestro punto de vista, tras haber definido el paradigma de normalidad la conclusión es que el Estado y la sociedad deben favorecer las relaciones heterosexuales. Favorecer unas, no implica prohibir las otras, pero tampoco hacerles el caldo gordo para ganar unos cuentos miles de votos o por simple profesión de fé "progre".

Sexo físico y sexo mental

¿Qué problema subyace en las relaciones homosexuales? Que sacan a la superficie un elemento interesante, antes lo hemos apuntado: existe un sexo corporal y un sexo mental. No siempre coinciden. Así pues hay dos polaridades a considerar: cuando coinciden, estamos ante tipos heterosexuales, cuando difieren, esto es, cuando sexo físico y sexo mental no coinciden, aparece la posibilidad homosexual. Dando por supuesto que el cerebro es completamente independiente de la fisiología (que no lo es). Por que la química del cerebro opera maravillas y haría falta saber si las secreciones de angrógenos -hormonas de la sexualidad masculina- son del mismo nivel e intensidad en heterosexuales y en homosexuales. Por que a la postre somos un sustrato biológico gobernado por neuronas, las cuales, a su vez, se ven influidas por determinadas secreciones hormonales. Es decir, que somos química. Tenemos libre albedrío... si, pero hasta cierto punto, por que resulta muy difícil deslindar donde termina un impulso generado por sobreabundancia o miseria hormonal y donde empieza y termina nuestra libertad de opción.

Si aceptamos lo anterior, con todos los matices que se quiera, las conclusiones pueden llegar a ser pasmosas y corren el riesgo de conmover los cimientos sobre los que se ha edificado nuestra sociedad en los últimos 30 años. Observen sino. Coeducación, por ejemplo. Nadie la cuestiona -ni nosotros tampoco, claro-, pero... servidor es hijo de la educación diferenciada. Gracias a la educación por separado, para mí y para los de mi generación, la mujer era un "misterio". Tras la salida del colegio de los Escolapios, íbamos a ver a las alegres muchachas que salían del vecino colegio de las Damas Negras. Para nosotros la mujer era algo que nos atraía por lo que de misterioso adivinábamos instintivamente en ella. Mirábamos a aquellas chicas y las comparábamos con la estatuaria clásica; a los 10 años nos dimos cuenta de que a la mujer no le colgaba nada entre las piernas. Por algún motivo los senos revestían una particular atracción para todos nosotros. Éramos niños, apenas habíamos cumplido 10 años y, ya entonces, la sexualidad ejercía sobre nosotros una irresistible atracción.

Nadie nos había dicho que las chicas debían gustarnos, pero nos gustaban. Durante años acumulábamos una tensión erótica que luego pagaba la primera novieta. Había pasión contenida durante años en aquel primer beso y no se relajaba con el primer coito. El misterio acentuaba la polaridad y, ésta, multiplicaba la atracción. Los niños con los niños y las niñas con las niñas, es hoy un principio más que superado y la coeducación es incuestionable. Lo que quiere decir que no es políticamente correcto, cuestionarla. Servidor tiene tendencia a cuestionarla, como un pour parler. Fue el misterio el que acentuó nuestra atracción por la mujer. Veamos el caso opuesto, donde el misterio es inexistente.

No hay nada más antierótico que una playa nudista. Salvo cuatro degenerados, tres exhibicionistas y dos mirones, los nudistas de estricta observancia no suelen empalmarse en las playas. Un bañador cubre entre un 5 y un 20% del pellejo, así que llevarlo o no llevarlo, ni libera en exceso, ni oprime hasta lo insoportable. Así que me parece irrelevante mostrar o no lo poco que queda a cubierto con un bañador. Ahora bien, el nudista no tiene secretos, es la negación misma del misterio. La tensión erótica, entre hombre y mujer, queda literalmente pulverizadas en cualquier playa nudista. Conclusión: si usted considera más importante ligar bronce hasta en la raja del culete antes que sentirse irresistiblemente atraído por el otro sexo, no lo dude, lo suyo son las playas nudistas; ahora bien, si usted quiere tener una relación sexual intensa, necesariamente en ella deberá existir algo de misterio. Y si quiere un consejo, en ese caso no visite una playa nudista o el misterio se desvanecerá.

Entre un sexo y otro hay un misterio

El "misterio" es lo que hace que dos seres humanos se interesen, el uno por el otro. El erotismo es lo que nos diferencia de las especies animales. La mera existencia del concepto implica la necesidad de cierto grado de pudor. El pudor, no es otra cosa que el mantenimiento del misterio de cada sexo hacia el otro, a fin de aumentar la atracción entre ambos seres. Pero hoy, el pudor es una idea condenada. De hecho, me temo que si realizáramos una macroencuesta entre gente menor de 40 años, sobre lo que es el pudor, la respuestas podrían sorprendernos y mucho más el porcentaje de aciertos.

¿Pudor? ¿para qué? No, desde luego, por una cuestión moral o por restricciones de tipo religioso, sino, fundamentalmente para mantener el misterio masculino y el misterio femenino, para acentuar la polaridad, para lograr una atracción más continuada e intensa entre los sexos, para evitar banalizar el sexo, para situarlo en el lugar que ha ocupado desde el origen de la especie, como dispensador de placer y generación. Juntos y por separado: placer por el placer y placer para la generación.

Está claro que determinadas formas extremas de pudor implican -como los niveles extremos de exhibicionismo- la existencia de problemas de la mente. Como siempre, la vía media es la más adecuada. La moderación, es la madre de todas las dichas. No se trata de defender una moral sexual restrictiva y pacata, sino de asegurar una sexualidad que pueda seguir dando placer y que sea compatible con el mantenimiento de la especie. El placer puede ser cotidiano, incluso varias veces al día; la generación debe ser responsable y consciente. Esto implica niveles de educación sexual. Yo la tuve a los 12 años, gracias a un escolapio cubano exiliado por Castro. No me sorprendió lo que me explicó, por que me confirmó en lo que hablábamos los chicos entre nosotros ya desde los 10 u 11 años. El despertar de la sexualidad es algo maravilloso... pero si se tiene demasiado cerca al otro sexo, el misterio tiende a diluirse; entonces, la polaridad mengua: la calidad y la intensidad de la atracción también. Conclusión: para mantener la tensión sexual es preciso una educación diferenciadora y un cultivo del "misterio" de cada sexo... contrariamente al modelo, igualitarista.

Si el niño convive seis o siete horas con niñas, y viceversa, y ambos reciben la misma educación en base a los mismos principios establecidos por el dogma de la coeducación, se cierran las puertas a la diferenciación cultural entre los sexos. Diferenciación que existe en base a la misma diferenciación fisiológica y a los distintos niveles de secreciones hormonales masculinas y femeninas. Pero, aunque la coeducación y el progresismo, cierren la puerta a la diferenciación de sexos, ésta entra por la ventana.

Las niñas suelen estudiar más. No pueden competir con los niños en juegos que impliquen grandes esfuerzos y prefieren competir en el terreno de los estudios. Habitualmente, son más aventajadas y, desde luego, porcentualmente, no cabe la menor duda de su superioridad en aplicación. Los niños, por el contrario, son conscientes de su fuerza y la evidencian precisamente por que intuyen que ese rasgo diferencial no está, habitualmente, al alcance de las chicas. Además, para diferenciarse de ellas, suelen recurrir al gamberrismo más exaltado. Creen que así adoptan una identidad propia, alejada de las chicas. Por lo demás, las chicas maduran mentalmente antes y los chicos tardan algo más. También, físicamente, las chicas experimentan un "tirón" previo al de los chicos. Pero luego su crecimiento se detiene, justo cuando el de ellos arranca. ¿El resultado? Un mayor rendimiento de las chicas en los estudios. ¿Su efecto social? Una mayor presencia de la mujer en determinadas profesiones liberales y cuerpos funcionariales, y, consiguientemente -junto a otros factores-, un descenso en la demografía y un aumento en la edad en la que se tienen hijos. Y quizás, incluso, cierta inestabilidad creciente en las parejas. Por que hoy el "hasta que la muerte nos separe" ha pasado a ser una frase hecha en la que nadie cree y en la que muy pocos piensan. Y, sin embargo, servidor sostiene que no hay nada más grande que un abuelo y una abuela que se han soportado durante toda una vida, con sus grandezas y sus miserias, con sus alegrías y sus problemas y que, finalmente, tras cuarenta o cincuenta años de vida en común, siguen amándose hasta el punto de que la muerte de uno suele acarrear, en menos de un año, la del cónyuge. Créanme que siento felicidad y satisfacción al ver estas parejas paseando por la calle y temo que sea cosa de otro tiempo.

El drama de nuestra época que espero me lo explique algún sexólogo progre, consiste en que, nunca como ahora, han estado ausentes trabas y barreras para el ejercicio de la sexualidad, es decir, nunca como ahora han saltado por los aires las barreras del pudor y se ha vivido un clima tal de libertad sexual y, "parajódicamente", nunca como hoy, ha existido un nivel tan elevado de patologías, disfunciones sexuales y perversiones lacerantes; y, finalmente, nunca como ahora, los niveles de duración de las parejas (básicos a la hora de la generación y educación de los hijos) son tan breves. Algo falla, compañeros. Las concepciones progres de las que se ha alimentado nuestra civilización en los últimos cuarenta años, no han llevado a algo "mejor" respecto a lo que fue la familia burguesa y las concepciones burguesas clásicas... sino a algo "diferente". Mejor en algunos aspectos... y peor en muchos otros.

Algo no funciona

Hoy hay aumentado los crímenes sexuales y de la violencia doméstica; existe también un problema de infertilidad, superior a cualquier otra época. Hace unas décadas, los afrodisíacos eran una rareza, hoy, el Viagra se vende en farmacias y está al alcance de cualquiera que le pida la receta a  su médico. A fuerza de banalizar la sexualidad y poner cualquier forma de erotismo al alcance de todos en todo momento, incluso con encender simplemente un ordenador o a la hora de ver buena parte de la publicidad televisiva, lo que se ha logrado es despojar al erotismo de cualquier halo de misterio. Con esto se ha logrado la persecución acelerada de la "novedad". Y esto es peligroso en materia de erotismo. La búsqueda de la novedad termina acelerando la propia sexualidad y llevándola por caminos cada vez más excéntricos, como si persiguiéramos una meta móvil que corre a la misma velocidad, delante nuestro.

El erotismo está hoy fuera de cualquier control. Lo importante no es la "liberación sexual", sino la "liberación del sexo". Por que el sexo, devenido obsesión, no es la mejor de las perspectivas, créanme. Y no albergo la menor duda de que pedófilos, mirones, masturbadores compulsivos, internautas erotómanos adictos al chateo unos y al sexo extremo otros, consumidores acelerados de líneas eróticas, ayer 906 y hoy 801, turismo erótico, sin olvidar los "baby cocoon" (adultos atraídos por el uso de inofensivos pañales que les permiten orinarse encima experimentando así el dudoso gustirrinín de un calorcillo húmedo) y demás lindezas, son rarillos, autoexcluidos de la idea de normalidad, que campan en zonas fronterizas entre el principio del placer y la chaladura. Y cada vez son más. Hoy todos los fenómenos sociales son fenómenos de masas.

Enséñese a controlar la sexualidad en las clases de educación sexual. Enséñense estándares de normalidad y de anormalidad. Enséñese que hay vida fuera de la sexualidad. Enséñese, finalmente, que la sexualidad ha sido considerada en todas las épocas como un gran misterio y que es bueno que así haya sido. Recuérdese que cuando ha dejado de ser un misterio y se ha banalizado, la explosión de las neurosis y sociopatologías de base sexual se ha enseñoreado en la sociedad. Lo dicho, que estamos ante una perspectiva que no es como la echar cohetes.

Pues bien, es en este marco sociopatológico en el que hay que insertar la eclosión de la "cuestión homosexual" que vivimos hoy. No en mundo idílico y "normal".

(c) Ernesto Milá - infokrisis - PYRE - http://infokrisis.blogia.com - infokrisis@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Los Gays vistos por un hétero (VI de VII). La cuestión gay existe...

Todas estas discusiones molestan profundamente a algunos exponentes del movimiento gay. He consultado textos emitidos por distintos sectores del mismo en los que se niegan a participar en debates y discusiones que toquen la "cuestión homosexual". Afirman que lo que hay que considerar anómalo es la "homofobia" . Y hasta aquí podemos estar de acuerdo, a condición de definir que queda incluido en esa palabreja. Por que, si de lo que se trata es de condenar la "fobia a lo igual" (homofobia) está claro que es condenable y, más que condenable, tratable por cualquier psiquiatra. Ahora bien, si por homofobia se entiende cualquier postura que no comulgue con las reivindicaciones del movimiento gay, lo lamento pero ustedes, caballeretes, lo que intentan hacer es blindarse ante cualquier oposición y tratar de establecer un patrón de normalidad definido y diseñado por ustedes mismos. Un capricho, vamos.

Mundo gay y mundo de la moda

Literalmente, "conspiración" significa "respirar juntos". Pues bien, hay una "conspiración" universal de progres, modistos y diseñadores gays para convertir la sexualidad en algo ambiguo. La cosa no es nueva. Viene de lejos, desde que en los años 60 empezaron a aparecer algunas modelos que no respondían al esquema que hasta entonces se había tenido de la mujer: senos y caderas marcados, formas redondeadas y andares seductores. A partir de entonces. las pasarelas se llenaron de modelos huesudas, a menudo esqueléticas, con una alta carga de "ambigüedad". Desde entonces, esa tendencia se ha acentuado y resulta inseparable de las ideas aportadas por el contingente homosexual que se mueve en el terreno del diseño y de la moda, que puede calificarse como "amplio". No es que los diseñadores homosexuales hayan "conspirado" en el sentido que los antisemitas atribuyen a los judíos, reuniéndose en truculentos cenáculos para deliberar la forma más contundente de conquistar el mundo. Los homosexuales han "conspirado", en el sentido de "respirar juntos" un mismo tipo de aspiraciones que, probablemente, hayan surgido directamente de su visión de la sexualidad. Han intentado trasladar a la moda -consciente o inconscientemente- su visión de la sexualidad: por que es inevitable que aquel al que le atraen los hombres, vea en la mujer un competidor... y que termine -consciente o inconscientemente- tendiendo a atenuar los rasgos femeninos del cuerpo de la mujer, esto es, desfeminizando a la mujer, convirtiéndolo en un ente ambiguo, rebajando su capacidad de atracción.

Desfeminizar a la mujer y masculinizar al hombre, tal es el programa, que permite lograr unos estándares estéticos que satisfacen a quien está desvirilizado y/o feminizado, sino en su cuerpo, si en su mente. El resultado ha sido peripatético. Una parte muy sustancial de las modelos que desfilan en las pasarelas, no son mujeres "normales"; no es que estén mejor o peor, es que no responden, ni en sus andares ni en sus gestos, ni en su atuendo, a la feminidad. Diríase que algunos diseñadores practican una especie de odio a la forma femenina, prefieren humillar a la mujer convirtiéndola en un espantajo ridículo y en el símbolo mismo de la esterilidad. Esto se completa con una moda masculina "audaz" (o agilipollada, que todo tiene su calificación precisa y desinhibida) en la que abundan las transparencias o las faldas. Feminización del varón. Masculinización de la mujer. Bonito panorama el generado por la clique de diseñadores. Triste horizonte para los heterosexuales. Y que quede claro, no es que acusemos al "mundo gay" de una conspiración consciente, sino que los principios del mundo gay aplicados al diseño y a la moda, producen este panorama.

El peor fantasma del mundo gay

Hay una pesadilla inconfesada entre los gays: la persistencia de un cierto tipo de varón que no ofrece concesiones a la ambigüedad. Arturo Fernández, por ejemplo. Un tipo simpaticote, heterosexual de estricta observancia, tronchamozas sin machismos avasalladores, elegante, educado y que se cuida; a menudo, resulta, encantador para el otro sexo. O mi padre, un tipo con perfil y porte de senador romano, andares decididos y armoniosos, ingenioso en la conversación, serio cuando se le exigía y ocurrente cuando se terciaba. Le gustaban las mujeres con acusados rasgos de feminimidad, pero no tenía inconveniente en bailar con la más fea si eso ayudaba a alguna mujer a superar algún complejo. Valiente pero no agresivo. Hombre de su tiempo que evolucionaba con su tiempo pero que siempre mantuvo valores constantes inamovibles a lo largo de toda su vida. Es importante esto de admirar al padre y recordar a la madre como una gran mujer.

Hay que reconocer algo al mundo gay. Gracias a ellos algunos varones se cuidan más físicamente. No hace mucho, se consideraba "una mariconada" que el hombre utilizara algún tipo de afeite o cosmético. Dicen -y me lo creo- que los after-shave fracasaron hasta que a alguien se le ocurrió que su aplicación debía generar un picor en la barba recién rasurada. Soportar el escozor era "cosa de hombres". El after-shave que irrumpió tardíamente en los cincuenta, salvó a muchos varones de ver sus mandíbulas cuarteadas y perpetuamente irritadas por la cuchilla de afeitar. Pero hacía falta ir algo más allá. En los 60 y 70, prácticamente, los únicos hombres que cuidaban su físico y su piel eran gays o poco menos. La cosa, en cualquier caso, no estaba bien vista, ni la mayoría de los varones lo considerábamos necesario. A mi me sorprendía que un amigo gay que se aproximaba a la cincuentena tuviera la piel tersa como la de una criatura. Utilizaba un sinfín de potingues y eso le ha permitido llegar a los sesenta y bastantes con el cutis de adolescente. Yo mismo sostuve que era impropio que el hombre se cuidara de su físico, algo superfluo. Resabios de un machismo que, efectivamente, era inherente a la sociedad tardofranquista. Hoy mi opinión es otra: gracias al mundo gay, el hombre se cuida algo más. Y es bueno que así sea. Las emanaciones de gas, humos, tabaco, aire viciado en locales climatizados o no, terminan destrozando nuestro pellejo. Así que hay que cuidarse e hidratar la piel, que ya nos la deshidratará la vida. Pues bien, el uso de cosméticos para el varón ha penetrado a través del mundo gay. Reconocimiento sincero.

Pero, claro, alguien concibió que había que aprovechar estos avances para reciclarlos en el ciclo de la ambigüedad. Hacia marzo de 2004, la prensa mundial lanzó a un nuevo tipo masculino: el "metrosexual". Definido como heterosexual (pero no fanático), asumía rasgos hasta ahora reservados en la modernidad a la mujer: se pinta las uñas, cuida extraordinariamente su físico, utiliza pendientes y cultivaban, en general, su parte femenina. Culto a la ambigüedad. Alejamiento de la polaridad.

Evidentemente, los "metrosexuales" están mal definidos o son, sencillamente, inexistentes. Se toma un personaje mediático como quintaesencia del modelo y se lanza el "producto" (lo "metrosexual"), siendo conscientes que algunos sujetos responderán e imitarán al modelo. De ahí se infiere un nuevo modelo masculino, en realidad inexistente, pero cuya función no es afirmar una nueva identidad sexual, sino mostrar a un varón desvirilizado.

No tengo idea de dónde habrá salido todo esto de lo "metrosexual", pero no me cabe la menor duda de que, a la postre, atenta contra el "eterno masculino", en la medida en que atenúa la polaridad sexual. En la práctica el "metrosexual" interesa más al homosexual que a la mujer, a pesar de que el modelo haya sido pergueñado con una tendencia hétero.

El ideal de masculinidad, no queda definido por Santiago Segura en su "Torrente", sino por esos varones elegantes, educados, encantadores y que se sienten atraídos por el otro sexo y generan una atracción similar en la mujer. Lo hétero se ve atacada en todos los frentes. "Torrente" es el paradigma del estándar heterosexual decadente, abotargado, estúpido, machista hasta la náusea y, de paso, con alguna pulsión homosexual, con complejo de castración que resuelve acariciando revólveres de calibres anacondíacos. "¿Lo veis? Ese es un heterosexual de estricta observancia?", nos dicen ¿Cómo evitar rechazarlo? Pero no es el estándar, sino la caricatura.

Alejado de la caricatura, se encuentra el peor fantasma del mundo gay, una virilidad heterosexual, agradable y atractiva, que se ha intentado contrarrestar con el lanzamiento mediático de un tipo humano ambiguo e inexistente, el "metrosexual" del que, muy probablemente, a la hora de que usted lea estas líneas, ya no quedará ni el recuerdo, sólo la referencia en las hemerotecas. Pero la virilidad está en otra parte.

¿Hay diferencia entre lo masculino y lo femenino?

Si hay diferenciación sexual y de género, la teoría de la polaridad entre los sexos tiene visos de verosimilitud. Si no hay diferenciación, tal teoría es más falsa que un euro con el perfil de Franco. Y hay diferenciación, para quien quiere verla.

Para quien está empeñado en demostrar que tal diferenciación es inexistente, el trabajo es doble: por una parte, justificar la negativa en base a fatalidades de pretensión científica (las veremos) y, luego, procurar que las modas atenúen las diferencias que pudieran existir. Si, de paso, se crea una situación de terrorismo intelectual en la que, quien plantea la diferenciación de roles sexuales, sea considerado machista, homófobo, fascista, reaccionario, sino hijoputa, se tiene la actual situación: traga o serás estigmatizado. En el fondo, los movimientos de reivindicación sexual tienen un límite, franqueado el cual se llega a la frontera que separa lo solemne de lo ridículo, lo justo de lo tiránico, lo razonable de lo desmadrado. Buena parte del movimiento de liberación gay, tiene una innata tendencia a situarse en ese punto. Si, por que las diferenciaciones sexuales y de género existen; negarlas es negar la gravedad. La puedes negar, claro está, pero no evitarás que todo lo que arrojes al aire, caiga sobre tu cabeza.

Nos permitirá el lector que en esta parte hablemos con cierta frecuencia del movimiento feminista. En el fondo, ya lo hemos dicho, el feminismo está emparentado con el movimiento de liberación gay. Los pasos por los que éste transita han sido, en buena medida, trazados por aquel. El movimiento feminista de los años sesenta -la mamá del movimiento gay- llegaba a negar incluso la existencia misma de la mujer. Como lo oyen: igual que si un clérigo negara la existencia de la religión. Algunos lo han hecho, pero no deja de ser absurdo. Así las alegres muchachas del feminismo llegaron a negar cualquier determinismo biológico. La eximia feminista, Giséle Halimi, decía en 1974: "La idea de que el comportamiento humano está dictado por cromosomas es una estupidez". Olvidaba, por supuesto, que los cromosomas sino "tienen" sexo, lo determinan. Simone de Beauvoir en "El Segundo Sexo" había escrito: "No se nace mujer, se deviene mujer". Y su marido, Sartre, la quería tanto que estaba dispuesto a elaborar una teoría existencialista capaz de demostrar esta peregrina idea de su cónyuge bienamada. Decía Sartre, en síntesis: "el hombre inventa a la mujer", nosotros no somos más que lo que los otros quieren ver en nosotros. "El otro no existe"; nosotros le damos vida. La negativa es una forma de afirmación: no hay sexos... luego no hay problema.

La existencia de los sexos no puede ser puesta en duda por la biología. Cuando las Halimi, las Beauvoir y los Sarte, soltaban sus genialidades, la ciencia ya sabía que bajo el sexo latía una base biológica indiscutible. En las especies animales, bastaba variar la cantidad de andrógenos a las que se exponía un feto para provocar un comportamiento macho o hembra en el recién nacido. Cuando Kate Millett, líder del feminismo USA de los 60, decía que "Los estereotipos sexuales están desprovistos de toda base biológica", ante ella, como diría el poeta, era de gran elegancia el bostezar.

Tras las argumentaciones del feminismo radical de los 60 (hoy afortunadamente periclitado y en el basurero de la historia de las ideas) se podían encontrar auténticas barbaridades que tenían como fondo latente, el miedo a la maternidad o la inadaptación psicológica para asumir el hecho biológico de la maternidad. Y esto les llevaba a paradójicas posturas de puritanismo sexual. Las feministas minimizaban hasta la obsesión la diferenciación biológica hombre-mujer (que no es electiva sino que nos viene impuesta por el hecho mismo de nacer y por los andrógenos de los que nos hemos alimentado en el útero) en beneficio de la perspectiva social (que si podemos elegir y depende sólo de nosotros). Eso implica negar la sexualidad en sí misma, en tanto que una de sus facetas es la reproducción, algo visiblemente desagradable para el feminismo.

Esta idea viene acompañada de otra no menos original: el mito de la "bisexualidad". En el nacimiento -decían las ínclitas feministas de la contestación- el sexo está "superficialmente decidido, es la educación familiar y las relaciones sociales quienes finalmente lo modelan". Respuesta incorrecta: es la presencia de tales o cuales hormonas lo que determinan el sexo y con el sexo las predisposiciones innatas en una u otra dirección. El doctor Gérard Zwang afirma: "La condición humana no se vive en tanto que hombre o mujer. Desde el momento mismo de la fecundación, los roles están hechos. Algunos se recrean hablando de la bisexualidad de cada ser humano. Tal concepción no supera el nivel científico de las conversaciones de salón (...) La herencia sexual somática no puede ser rechazada. Las actitudes hombrunas de algunas mujeres y las actitudes femeninas de algunos hombres, no pueden cambiar en absoluto la polaridad genésica". Y sigue nuestro doctor: "En cuando a los transexuales que se hacen mutilar los senos o los genitales, que se colocan mamas y se hormonan, se trata de graves enfermos mentales" (protestas dirigidas a Alain de Benoist que es quien extrae la cita en su libro "Vu de Droite" página 343). Benoist, por cierto, añade de su propia cosecha: "No es ni el azar ni las estructuras sociales las que hacen que un recién nacido, niño o niña, lo siga siendo toda su vida. Es el andamiaje cromosomático de las células que lo constituyen. Señalemos además que, si existiera verdaderamente bisexualidad biológica, solo el hombre podría pretenderla, pues es el único portador de dos cromosomas sexuales X e Y, mientras que la mujer no tiene más que dos gonosomas X)".

Luego están las secreciones endocrinas, por si no hubiera suficiente diferenciación. También aquí hay diferencias hormonales. Y luego están las resistencias al esfuerzo y al dolor, las patologías, e incluso -añade Benoist- el funcionamiento del hipotálamo. Y concluye: "La actividad de los medicamentos y de los tóxicos varía con el sexo. Basándose en diferentes paraencimas o en las encimas, puede hablarse incluso de un "sexo bioquímico". Para algunas sustancias, resulta evidente la diferencia sexual de actividad y, paralelamente, una diferencia sexual de metabolismo". ¿Ha dicho "diferencias del hipotálamo"? Efectivamente, el endocrinólogo Gilbert-Dreyfus lo explica: "Algunas funciones del hipotálamo, aglomerado de fibras y núcleos nerviosos que forma parte integrante del cerebro, se ejercen de manera diferente de un sexo a otro. Los cerebros del hombre y de la mujer y  su modo de pensamiento, no son ciertamente idénticos y considero falsa la afirmación según la cual no hay cerebro masculino ni cerebro femenino sino un solo y único cerebro, el de la especie humana".

La presencia de una tasa de andrógenos más elevada en los muchachos que en las chicas, se evidencia a través de una mayor agresividad en el sexo masculino. Si de lo que se trata es de hacer dos sexos iguales y de borrar cualquier rastro de diferenciación sexual, hay que actuar desde la formación del feto en el útero materno. Hoy podría hacerse. La cuestión es si debería hacerse y las consecuencias de tal modificación. Y, finalmente, ¿a quién podría ocurrírsele una idea tan peregrina?

El varón se caracteriza por potencia, resistencia, energía, combatividad, instinto de caza, de dominio y conquista, voluntad de poder, características surgidas del fondo de los tiempos que permitieron que las sociedades de cazadores sobrevivieran. Si lo hicieron fue por un estricto proceso de selección natural y de distribución de roles. El que el "primer mundo" viva  un período de relativa paz y estabilidad, no quiere decir que el futuro sea un mundo "sin historia". Los períodos de paz y estabilidad son accidentes en la historia. Afortunadamente el nuestro es un accidente que nos tiene a nosotros como protagonistas. No sabemos lo que durará, sólo podemos intuir que no será eternamente y que, antes o después, habrá que reemprender la lucha por la vida y quizás en unas circunstancias muy dramáticas. Y muy posiblemente lo que nos ayude a salir de un nuevo bache (que quizás no sea bélico -o si- pero puede ser ecológico o climático) será de nuevo el instinto del cazador. Elimínalo y terminarás eliminando también las posibilidades de supervivencia de la especie.

¿Y la mujer? Sensibilidad, ternura, intuición, receptividad, instinto materno. La mujer tiene acentuados todos los rasgos psíquicos y físicos que tienden a la conservación de la especie, desde luego, mucho más que el varón. La mujer se fatiga más rápidamente que el varón, pero es capaz de soportar una tensión psíquica mucho mayor. A pesar del tremendo esfuerzo que supone la maternidad, la mujer tiene tendencia a vivir más que el varón. Y para colmo, resiste mejor el dolor. Benoist escribe unas líneas inspiradas al respecto: "Teniendo como principal papel biológico dar la vida y favorecer su preservación, la mujer inclina a la tradición (concebida como repetición de lo que ya se ha probado) y a la educación (concebida como aprendizaje de un modelo y de su replicado). El hombre, por el contrario, tiende a la innovación, incluso cuando ésta comporta un riesgo (...) La superioridad biológica de la mujer en lo que respecta a la resistencia y a la vitalidad es tan conocida como la del hombre en lo que respecta al empleo puntual de la fuerza, el récord y el esfuerzo localizado. En la mujer, es lo continuo lo que fundamenta la superioridad; en el hombre es lo discontinuo".

Luego están las diferencias en materia de inteligencia. Sí, en materia de inteligencia, por que el coeficiente intelectual de las mujeres tiene menor variabilidad que el de los hombres. O dicho de otra manera: en las mujeres existe una gran concentración de Q.I. en la franja media, en los hombres, sin embargo, está mucho más repartido. Esto explica que una parte sustancial de los idiotas sea varón... pero también de los genios. Y esta es una de las causas de que las clases de recuperación, tengan un mayor número de chicos que de chicas. Nada de todo esto se explica en absoluto por la influencia del medio ambiente. Así que hay diferencias. Arianne Stassinopoulos escribe: "El cromosoma macho Y engendra una mayor variedad genética en todos los estadios del crecimiento, y el desarrollo masculino es más lento, concediendo más tiempo a la aparición de las variaciones". No existen diferencias de inteligencia entre los sexos, lo que ocurre es que están dotados de manera diferente.

El conde Keyselring llega incluso a afirmar "que la masculinidad o la feminidad de un ser humano es algo más profundo que su cualidad de ser humano en general" y luego pasa a definir a los hombres como "más individualistas" y a las mujeres como "más altruistas". De ahí establece la complementareidad necesaria entre ambos temperamentos. La mujer busca la duración en cualquier actividad, mientras que el hombre tiende a la intensidad.

Todo esto está muy bien. Parece que hemos logrado establecer que existen sexos y que los sexos no son iguales en rasgos. Ignoro por qué alguien puede dudarlo. Bien ¿y cómo es que aparece el movimiento de liberación de la mujer? Como siempre, hay causas diversas; una de ellas, la efectiva situación de inferioridad social de la mujer en la que algunas formas de la sociedad burguesa la habían recluido. Pero hay otros motivos. Especialmente por que fue en el mundo norteamericano en donde el movimiento adquirió su máxima irradiación. En EEUU se considera, gracias al calvinismo y al puritanismo, que el éxito económico es el reflejo de una justeza moral: un rico es superior moralmente y se ve recompensado por Dios con su fortuna. Tal visión deriva de la absolutización de los valores económicos que, a la postre, se convierte en fuente de legitimidades morales. La mujer americana vivía este orden de ideas dramáticamente: ella estaba a la sombra de su marido, luego no brillaba con luz propia y, por tanto, no existían posibilidades de que pudiera evidenciar su moralidad mediante el triunfo económico. Era en EEUU donde la mujer quiso igualarse al hombre para alcanzar algo que a algunas les importaba mucho más que el cuidado del hogar o los hijos. A partir de ahí, el proceso de americanización de la cultura mundial, unido a la situación objetiva de las mujeres, se extendió a todo el mundo y con él, el movimiento de liberación de la mujer.

Los sexos existen... y en distintos planos

Ya hemos apuntado algo que puede parecer sorprendente: el sexo es una calidad fisiológica... pero no sólo fisiológica. También existe un sexo de la mente. Existe una forma de ver las cosas "masculina" y otra "femenina". Es posible que esa forma de ser, derive de secreciones hormonales que generen distintas capacidades físicas y cada género busque adaptarse de la mejor manera posible para el cumplimiento de sus funciones. Sea como fuere, a un sexo físico, corresponde un sexo mental. En los casos de homosexualidad, transexualismo, es evidente que "algo" ha ocurrido: el sexo físico no corresponde al mental, esto es, a la forma de ver el mundo y de comportarse en él. Ha existido, por tanto, un "problema" de sexualización. A partir de aquí, aparece toda la "cuestión homosexual": como producto de un defecto de sexualización. El caso más extremo y visible es el del transexualismo; no es que se sientan atraídos por su mismo sexo, es que se sienten miembros del otro sexo.

En nuestra óptica, el sexo de una persona está definido por sus genitales y por su cerebro. Aparecen así dos tipos: hombre y mujer. Y luego se genera una serie de combinaciones: sexo masculino, mente femenina; sexo femenino, mente masculina; sexo masculino que desea convertirse en femenino; sexo femenino que desea convertirse en masculino. Y de ahí derivan las distintas identidades sexuales: heterosexualidad (individuos atraídos por personas de sexo contrario al propio), homosexualidad (individuos atraídos por personas de su mismo sexo: Gay: hombre homosexual y Lesbiana: mujer homosexual) y, como no, bisexualidad (individuos que pueden experimentar atracción sexual por otros de su mismo sexo o de sexo contrario). Y, finalmente, transexualismo (identificación sexual con el sexo contrario al que tiene genitalmente).

Sin embargo, el movimiento de liberación gay niega la mayor. En un texto de la fundación Triángulo puede leerse: "El proceso sexual, que pasaría por fases biológicas, sociales, hormonales y un largo etcétera, tendría básicamente dos modos de sexuarse: hombre y mujer. Hablaríamos pues de que un individuo se comienza a identificar sexualmente, bien como hombre, bien como mujer. Independientemente de cuáles sean sus genitales". ¿Independientemente de sus genitales? En absoluto. Pero luego, el mismo texto, se insiste algo más adelante: "Así, mi sexualidad será la construcción subjetiva y personal de mi manera peculiar de ser hombre o mujer, y las peculiaridades de esa sexuación, a partir del aprendizaje, la socialización, la cultura... que da riqueza a esa sexualidad (deseos, fantasías, gestos, sentidos...)". Obsérvese que no aparece ninguna referencia a la fisiología o a los procesos hormonales. Para el movimiento gay, una cosa son los "dos modos de experimentarse sexuado, ser hombre o ser mujer", y otra la "dirección del deseo" que experimenta cada ser sexuado y ese puede ser homosexual o heterosexual. Para nosotros, en cambio, los dos sexos físicos albergan y definen dos formas de percibir el mundo y de situarse en relación al mundo. Al sexo físico corresponde un sexo mental por que, éste, no es independiente de la fisiología, pertenece a nuestra herencia innata. Y este conjunto hace que la orientación del deseo sea hacia lo que es complementario, no hacia lo que es similar. El deseo no es completamente libre de la fisiología... está predeterminado por ella. Y cuando esta predeterminación no se cumple es que ha existido un problema en el proceso de sexualización.

Desde esta perspectiva, la homosexualidad no sería una libre opción, sino la resultante de un problema, acaso socio-cultural (ausencia de padre, peso excesivo de la madre en la educación del hijo), acaso fisiológico (disminución de andrógenos motivada por algunos aditivos contenidos en los alimentos). Interpretaciones al porqué alguien se siente atraído por individuos de su propio sexo, hay varias. Todas ellas son discutibles para el movimiento de liberación gay que explica su opción defendiendo su derecho a la libertad del deseo, algo que nadie discute, pero sí es susceptible de matización.

Somos biología y química. Somos el extremo límite de la evolución: disponemos de células extremadamente sofisticadas, capaces de generar vida intelectiva, proporcionando al ser humano conciencia de sí mismo. Pero el substrato del ser humano es químico y biológico. A lo que se une una componente antropológica insertada en los individuos desde los albores de la humanidad, cuando la lucha por la existencia y por la supervivencia del clan, generó la especialización en base a las características sexuales.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - PYRE - http://infokrisis.blogia.com - infokrisis@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Los Gays vistos por un hétero (VII de VII). En los senderos de la mitología gay

Vale la pena ver como un gay se ve a sí mismo y como ve al mundo; así el mundo sabrá como tiene que mirarlo y como es visto. Y no creo que al "mundo" (me refiero al mundo heterosexual, es decir a la mayoría) le guste conocer los matices de la "mirada homosexual", pero, en cualquier caso, resulta curioso.

Si ustedes quieren ahorrarse la lectura del siguiente capítulo, se lo resumiré diciendo que el mundo gay practica una desconfianza endémica hacia el mundo no gay, teñida frecuentemente de hostilidad y enmascarada con conceptos de respeto, tolerancia mutua, igualdad y buen rollito. Hay que decir que el movimiento gay es heteróclito y abarca un amplio espectro que va desde los discretos que permanecen apalancados bajo la protección del entablillado del armario, hasta los intolerantes que consideran que la sociedad gay no tiene nada que aprender ni porque equipararse con la heterosexual y que es ésta la que debe seguir el ejemplo de aquella.

Pero, en general, para el movimiento gay militante, cualquier tipo de objeción -por pequeña que sea-, toda reserva mental que albergue un hétero hacia los aspectos más extremistas de las reivindicaciones del mundo gay es susceptible de ser considerada como un acto hostil; finalmente, en este capítulo, sacarán, en conclusión, la sospecha de que el mundo gay sólo puede tener la iniciativa en una sociedad que ha perdido el paradigma de normalidad, es decir, una sociedad en situación de 3D: "Decadencia, Desintegración y Derribo".  

La buena conciencia del exilio

Todos vivimos, en mayor o menor medida, una situación de exilio psicológico. Y los gays, podemos creerles, aún más. De hecho su reflexión sobre el mundo empieza (y con cierta frecuencia termina) con ese lamento. Habitualmente veo a una mujer, me gusta y sé que si tengo aplomo y habilidad, puedo iniciar una maniobra de aproximación. Y esto en un 96-97% de la población. Un gay ve un culito respingón que le atraiga y sabe que puede optar a él, sólo en el 3-4% de los casos. Mal asunto. Esta, y no otra, es la fuente de todas las tragedias del movimiento gay: desear algo que en el 96-97% de los casos le está vedado. Y la situación no mejorará; aunque las reservas que en otro tiempo haya tenido la sociedad hacia la homofilia, desaparecieran completamente y se instaurara el reinado de la tolerancia,  el 96-97% seguiría siendo hétero y dando calabazas a otras pretensiones. Esto es algo que intuyen los representantes más extremistas del movimiento gay y por eso claman por la segregación: son los héteros quienes deben de asumir los valores y comportamientos de la sociedad gay. No al revés  Algo, evidentemente, inviable. Estos seguirán viviendo exiliados por siempre jamás.

Hace años me tocó escribir un libro sobre el catarismo. A decir verdad, el tema ni me apasionaba, ni siquiera me interesaba, pero esto es Catalunya y un pedido es un pedido, así que, le dediqué al tema un par de meses. Hubo algo en la espiritualidad cátara que ahora me recuerda exactamente al mundo gay. Ya verán porqué lo digo. El caso es que el libro empezaba con algo, aparentemente, tan poco cátaro como el cuento de la bella y la bestia (o el bestia). Cito de la introducción de aquella obra: "La Bella y la Bestia" es algo más que una cuidada película de dibujos animados. ¡Quién diría que este cuento para niños, encierra la perífrasis simbólica de la doctrina cátara! La Bestia, es ese ángel prisionero de Satán que, tras la "caída", se ha visto arrojada a un cuerpo desagradable y horrendo. La única forma de que el ángel caído pueda recuperar su estado de belleza natural es mediante la redención por el Amor. Y ese amor debe venir de una dama pura.  Sería difícil resumir con más sencillez la temática que popularizó el catarismo hace  más de setecientos años: el mundo es imperfecto y malvado por que faltan en él caridad y amor. Bastará con introducir estas virtudes en el corazón de los hombres para que rediman sus almas prisioneras del Maligno y encerradas en esas oscuras mazmorras que son nuestros cuerpos físicos. Tal es, en síntesis, la "respuesta cátara" al problema de la existencia humana".

Fin de la cita. El homosexual se ve a sí mismo como exiliado en un mundo -el heterosexual- que no es el suyo. Eso le hace sentirse diferente. De hecho, se tiene por un "ángel caído" -arrojado al mundo hétero, procedente de la Arcadia homófila (o del Paraíso ideal, previo a la irrupción de Eva) y poblado por una mirífica y venturosa realidad hecha de esencias puras que bastará introducir en el mundo heterosexual para hacer de él un lugar habitable. Dentro de ese mundo hétero se tiene por un "bicho raro". Es "el diferente" en una proporción de 96 a 4. Diferente, si. Para liberarse de esta presión, bastará que una "dama pura", el movimiento de liberación homosexual, bese en la frente a la Bestia simbólica, para que recupere su verdadera dignidad. La moraleja es: "solamente es habitable para un gay, un mundo gay; como es el mejor de los mundos, hagamos del universo heterosexual, una proyección del mundo gay". Lo que, finalmente, equivale a decir: borremos la carga genética, anulemos la acción de las hormonas, neguemos la biología y la fisiología, la reproducción y la perpetuación de la especie. Simplificando, claro. Simplificando, pero no mintiendo. ¿Comprenden el drama del mundo gay? No es pequeño.

Cuando estaba componiendo aquel libro, el catarismo se me presentó como una forma de "espiritualidad gay" (en el fondo estaba ligado al "gay saber" medieval, aun cuando no tuviera nada que ver con la homosexualidad). Sería muy presuntuoso decir que el catarismo alumbró algún tipo de cultura propia, pero sí es cierto que en el suelo sobre el que floreció, había irrumpido un tipo de civilización en el cual la mujer ocupaba un aspecto preponderante (fue en Occitania en donde prendió el culto a la Dama y se organizaron las "Cortes de Amor", fue allí donde floreció el movimiento de los trovadores) y se generó un refinamiento de las costumbres que contrastaba con la rudeza de los vecinos del norte (esos francos malcarados) y con los vecinos del sur (aragoneses hijos del trueno, navarros y vascones sobrados de fuerza y vigor). Ese refinamiento, terminó evocándome algunos ejes del mundo gay  aun cuando es, evidentemente, un estereotipo pensar que todos los gays de nuestro tiempo son refinados, cultos, educados y responden a un esquema de sofisticación extrema. También en este sector los hay más bestias que un arado y más bastos que "la Veneno" sin maquillar. Que de todo tiene que haber.

La civilización occitana intentó ser, como el mundo ideal gay, un areópago de sensualidad. Fuera de ella, los cátaros se sentían en el exilio, arrojados a un mundo construido por el dios del mal, de la misma forma que los gays se han sentido exiliados en el mundo hetero. Para ellos el dios del mal es  heterosexual. En el fondo, catarismo y temática gay son dos formas de mitología. Es decir, de irrealidad. Por que, desde que el mundo es mundo, no ha existido un período de paz y amor fuera de las utopías de mentes calenturientas y no porque haya sido construido por un dios malísimo. Así mismo, las sociedades, gracias a que son heterosexuales, han logrado subsistir en el tiempo.

Suele decirse que el exiliado "sabe más" que aquel que vive en su propia patria durante toda la vida. Al menos, aquel tiene formas alternativas de ver las cosas. Error: la "superioridad" del exiliado es ficticia, a menos que no evidencie una alta capacidad de adaptación y asimilación. Para adaptarse, el gay dispone del armario, esto es, la propia intimidad, el "ambiente" y, antaño, el gueto. En el ambiente no hay duda de quien es quien y de qué es lo que busca cada cual. En el ambiente no hay exilio posible, hay comunidad. La alternativa es: o la tranquilidad del ambiente, intocable, inamovible, o la inseguridad de la sensación de exilio. El mundo que pretenden -el homofilo universalizado- es inconcebible, mientras haya hombres y haya mujeres. Además, si el homosexual se siente a sí mismo como exiliado, es lógico que busque la compañía de otros exiliados, es así como nace el ambiente o la comunidad homosexual. Los jugadores de ajedrez nos sentimos más a gusto entre nosotros, antes que con impenitentes forofos del ping-pong.

El problema empieza en el momento en el que el movimiento gay se niega a permanecer en los cuarteles de invierno del ambiente, hecho de calor y humanidad homófila, e irrumpe en el coto heterosexual. El "ambiente"  no tiene forzosamente connotaciones negativas; en realidad, más que de "ambiente" cabría llamarla "reserva de caza", que eso es lo que es. Es, simplemente, un lugar seguro. Allí se tiene todo lo que uno precisa y busca; hoy, resulta claro, que no hay ningún tipo de riesgo, ni redadas, ni bandas homófobas que realicen razias periódicas. ¿Salir del "ambiente"? ¿intentar la absurda idea de extenderlo a toda la sociedad? Mal asunto, fuera vas a sentir la marginación.

Hoy, a ningún gay se le escapa que no es en el "ambiente" en donde corre el riesgo de sentirse marginado (en el sentido de estar acomplejado), sino fuera de él. Y es que todos tenemos nuestros guetos. Yo sé que no puedo tirarme en paracaídas sobre una gran ciudad (y me gustaría), debo hacerlo donde me lo permitan, en el gueto de los paracaidistas. Y esa prohibición la experimento como una privación. Necesaria,  pero privación. Me gustaría ver mi ciudad desde una perspectiva aérea cambiante y no desde la ventana inamovible de mi apartamento. Mucho más si la privación se tiene en el terreno de los hábitos sexuales en donde el Estado debería estimular aquello que es "mejor" en función del paradigma de "normalidad": la familia heterosexual con capacidad de procreación. Lo que no sea eso -que corresponde a las necesidades de supervivencia de la especie y al nivel óptimo de adaptación fisiológica- puede considerarse exiliado  por que, finalmente, en cierto sentido, lo está. Y es inevitable que aparezca esta sensación.

Claro está que la sostenibilidad de ese planteamiento se realiza a condición de que seamos capaces de introducir otro parámetro: la tolerancia. La actual sociedad heterosexual, ya ha aceptado el polimorfismo sexual; así que la tolerancia, como el valor al soldado, se le supone. Esa tolerancia es, desde luego, más "democrática" que una sociedad en la que los homosexuales (una minoría del 3-4%) impongan sus conveniencias sobre la sociedad heterosexual (96-97%). Especialmente, si sus conveniencias, van en contra de las necesidades de la especie (la reproducción, sin ir más lejos) o la fisiología impone sus reservas. Así que el exilio no es malo, a menos que nos sintamos extraterrestres arrojados a un planeta hostil. Algunos gays, evidentemente, sienten esta sensación. Es inevitable que la tengan, pero nosotros no podemos hacer gran cosa más para reconfortarlos. Cada cual su cruz y cada Sebastián con su manojo de flechas. Y a llevarlo bien.

Piratas y viajeros o los iconos ideales

No es raro que el mundo gay haya incorporado la imagen del exiliado en sus creaciones, la del viajero impenitente, el marinero o el pirata. El marinero es el icono gay por excelencia; algo que no se corresponde con la realidad. La vida en los barcos suele ser casta y si la travesía es larga, aquello termina siendo un paraíso masturbatorio; en efecto, los marineros se embarcan con su colección de revistas porno en la maleta, como máximo. Por otra parte, la mayoría está casado o con novia y se da la misma proporció homófila que en la sociedad. Ahora bien, si es rigurosamente cierto que el barco es un espacio claustrofóbico que, en teoría, debería favorecer la llamada "homosexualidad situacional". Pero no hay tal, es un mito urdido por media docena de novelitas, en las que el navío tripulado por hombres, sólo hombres y nada más que hombres, y rodeado de oscuras y turbulentas aguas, refugio de todo tipo de horrores y monstruos, es una de las metáforas más potentes sobre el gueto gay en el mundo hétero.

Algunos dibujantes gays han idealizado la imagen del marino: lo han visto como un tipo musculoso, de formas reventonas, con las costuras del pantalón a punto de estallar, especialmente a la altura del bajo vientre y los cuartos traseros con una turgencia casi insultante para el común de los mortales. Lo dicho, no hay tal. Cuando el marino salta a puerto tras semanas en alta mar, se abalanza sobre los burdeles -y no precisamente en busca de chaperillos- o corre directamente al hogar familiar en donde su Penélope le espera con simétrico recalentón.

Con el icono del pirata, la cultura gay cree reforzar la idea de la libertad que siempre ha aureolado a esas gentes del mar. Pero tampoco. Si, son marinos, todos hombres y están solos. Luego, concluyen los hacedores de iconos gays, son necesariamente, homófilos. Como en todo, excepciones, las hay, como aquellas dos piratas lesbianas y la sodomización de los prisioneros que siguió a algunos abordajes. En realidad, buena parte de los piratas eran analfabetos sino analfabestias, el alcohol y el sadismo, así como la tensión del combate, imponían prácticas de humillación para con los vencidos. La sodomía una de ellas.

Pero también aquí hay que recordar la importancia histórica de los burdeles caribeños, a tiro de piedra de los muelles abigarrados de la zona, que eran tomados al asalto tras el desembarco. Prostitutas de todas las razas, colores, especialización, calidades y precios, pugnaban por despojar a los piratas de su parte del botín y estos accedían gustosos o lo entregaban como producto de la melopea consuetudinaria. Ante esto, el hecho de que el pirata rechace códigos y se sienta libre hasta que sus pies pendan en el vacío y su cuello se estreche por la soga, pasa a un plano exclusivamente literario.

Los espacios de "homofilia situacional"

Sostienen los gays que hay espacios y circunstancias que favorecen la homosexualidad. En síntesis, la idea es que en determinados ambientes cerrados, la larga convivencia entre hombres, sin presencia de mujeres, hace que, cuando las hormonas se revuelven, la única posibilidad de satisfacer las necesidades sea con  hombres. Internados, cuarteles, cárceles, barcos, unidades militares, grupos de trabajadores aislados, órdenes religiosas, etc, serían estos "espacios sociales que favorecerían la homosexualidad situacional".

El concepto no termina de caer bien al mundo gay: implica que se es homosexual cuando no se puede ser otra cosa;  a falta de pan buenas son tortas, a falta de mujeres, cualquier agujero es bueno; el gay pasa a ser así plato de segunda ronda; algo que su consabido orgullo no puede consentir.

El movimiento activista gay alimenta una manifiesta hostilidad hacia los gay que se resisten a salir del armario, hacia quienes han cambiado de acera, hacia los bisexuales y, por supuesto, hacia los homosexuales situacionales que al cambiar la situación, cambian de agujero. Hablamos del "movimiento activista gay", no del gay que, por lo general, suele ser más tolerante. Da la sensación de que para el movimiento gay activista, todo lo que supone cierta "amplitud de miras" o posibilidad de variación de las propias tendencias, sea anatemizado. En realidad los "homosexuales situacionales" no serían gays ni serían nada;  bueno si, serían unos calientes mentales a los que, en determinadas circunstancias, con las hormonas revueltas, no les importaría por qué agujero entrar, ni el género de cuerpo al que se frotan. Una vez restablecida la normalidad y dejado atrás el espacio situacional, vuelven a la heterosexualidad. Si hay alguien que cambie su homosexualidad por heterosexualidad  sea anatema, dicen los popes del radicalismo gay.

Las reservas del movimiento activista gay hacia estas variantes de sexualidad, se basan en que la definición de espacios de homosexualidad situacional tiende a explicar y justificar las relaciones homosexuales y, por tanto, a disculparlas: "El cabo primero se fijó en el grumete cuando salimos de puerto y lo enculó cuando cruzábamos el ecuador, claro, ¡llevaban un mes embarcados¡, pero al llegar a Río se fueron los dos a un burdel en busca de mulatitas y pillaron ladillas". La frase "¡llevaban un mes embarcados!", es la clave: suena a disculpa. Posiblemente si hubieran llevado tres meses de dieta marinera, alguien habría pensado ya en disculpar excesos mayores: "hicieron un trío con el telegrafista". Y al cabo de seis meses: "Y luego jugaron a atar al cabo primera al palo mayor y lamerle todos el pezón y algo más que el pezón,  por riguroso turno jerárquico". Si, pero es que luego, se repite la coletilla inevitablemente: "pero al llegar a Río se fueron todos a un burdel en busca de mulatitas y pillaron ladillas"  entonces termina la fantasía abruptamente: han realizado prácticas homosexuales, por que no han podido hacer otra cosa. No eran "maricones", en sentido estricto, es que estaban requemados por el aislamiento y, en los burdeles de Río, se han olvidado de los peludos traseros de la tripulación. Y, ni aún así, situaciones como la descrita, suceden en los navíos.

Para el movimiento activista gay, la homosexualidad no puede ser transitoria: de la cuna a la tumba. Salir del armario es una forma de quemar las naves que impidan toda vuelta atrás. Ahora se entiende mejor ese énfasis en salir del armario: es una forma de compromiso de por vida. Pero ni siquiera la fórmula es segura: he conocido travestís que un día se vestían de sofisticadas mujeres y al día siguiente de rudos varones, desoperándose lo operado. Ignoramos si la Junta de Andalucía financia las operaciones de cambio de sexo en sentido inverso, dicho sea de paso y sin ánimo de ironizar.

Es una falacia el que la homosexualidad abunde, de manera significativa, en esos "espacios homófilos". Ciertamente, en ellos se manifiestan con facilidad tendencias bisexuales, pero, empíricamente, podemos afirmar que distan mucho de ser significativas. Y en cuanto al sacerdocio o el monacato, no se olvide el voto de castidad que vale tanto para la carne como para el pescado.

El llamado "pánico homosexual" sería aquella reacción que experimentarían algunos varones al comprobar, bruscamente, que estaban hechos para otra realidad y no precisamente la heterosexual manten hasta entonces, más parece una fábula piadosa. La teoría explica que, a partir de ahí, aparecen homosexuales que no ejercen como tales y que son los más violentos homófonos. Es posible. Alguno hemos conocido, si. De hecho, en otro lugar ya hemos dicho que el homosexual que vive una doble vida (casado para disimular su opción y visitante del gueto para ejercerla) sufre una situación esquizofrénica que finalmente termina rompiéndolo. Por hablar también podríamos hablar de "pánico heterosexual", cuando un homosexual descubre bruscamente que eso de "chercher la femme", tan poco es tan desagradable y que incluso procura cierto gustirrinín.

Es cierto, así mismo que el pánico homosexual es una consecuencia del rechazo que en otro tiempo sufrieron los gays. Recalcamos "en otro tiempo", por que de eso, ahora, poco, casi nada, y lo poco que queda de ese residuo, está penado por la ley. Existe toda una línea de tendencia en la literatura gay. Didier Eribon, por ejemplo, en su libro "Reflexiones sobre la cuestión gay" realiza un paralelismo entre homosexualidad y judeidad. Eribon ve en ambos un común denominador: "En el principio fue la injuria", viene a decir. Ambos, judaísmo y mundo gay fueron objeto de exclusión y persecución, en el fondo, tienen la misma madre, a las "Reflexiones sobre la cuestión judía" de Sartre, Eribon responde con su libro. Pero pueden añadirse algunas cosas que Eribon elude.

Por ejemplo, que casi siempre hay un motivo objetivo para la exclusión. En el caso del mundo gay, ese motivo es el paradigma de normalidad que requiere toda sociedad y de la cual aún quedan restos en la nuestra. En el caso del judaísmo es su vocación de "pueblo elegido". Nadie puede aspirar a ser el pueblo elegido, sin causar cierta reserva mental en el entorno. Y para colmo, nadie puede anunciar el monoteísmo, en tierra de politeistas, sin terminar en Babilonia ejerciendo de esclavo en un tiempo en que de los derechos humanos no existía ni el concepto. Si unimos la diáspora, el talmudismo, la khabala, la dinastía de David, el mesianismo y su mito del "Rey del Mundo", judío por supuesto, la habilidad del judaísmo para algunos campos de la actividad humana, y corriendo el tiempo, el Estado de Israel, cierta intolerancia notoria hacia los palestinos y el lobby judío de EEUU como instigador de la invasión de Irak  la comparación con el mundo gay resulta altamente desalentadora. Por que en el principio seguramente fue la "injuria", pero la injuria se construyó sobre un terreno abonado. En realidad, más que injuria, debiéramos hablar de "exageraciones". El antisemitismo es el hijo de una exageración. Se tiene miedo de algo que se considera diferente  y agresivo. Se considera agresivo por que se coloca en situación de superioridad: "Yo soy el pueblo elegido y tu eres cualquier otra cosa menos elegido".

Hay un solo espacio situacional por excelencia: el gueto ampliado. Llámesele Chueca o Gay-Eixample, aquello si es un verdadero espacio situacional. Buena parte de los que circulan por allí y de los nuevos vecinos, un porcentaje no despreciable de comercios de nuevo cuño, pertenecen a miembros del colectivo gay. Eso si son espacios situacionales y no el cuartel, o el internado y por una sencilla razón: han sido generados para fortalecer la identidad gay, mientras en los otros, el hecho de que haya sólo hombres y mujeres no implica necesariamente que haya atracciones sexuales. Lo digo y lo repito: en la cárcel no existe más homosexualidad que la de quienes entraban homosexuales y, como máximo, algún toxicómano que precisaba la paperina del día y sabía donde obtenerla y haciendo qué cosa. En el cuartel, pajas, las que quieran, revistas porno, a toneladas, ¿homosexualidad? no más que en la sociedad. ¿El monasterio? El voto de castidad excluye determinadas prácticas, ciertamente algunos monjes de la antigüedad se convirtieron en sodomitas; pero  también aquí cabe hablar del 3-4% de cuota gay y de quienes no tienen voluntad suficiente para cumplir sus votos. Y lo de que la vieja canción del marino que vino en un barco de nombre extranjero, sea un icono musical gay, no quiere decir que todos los buques sean tripulados por un porcentaje de sodomitas (que la palabra tiene su gracia torera) superior al normal.

Lo que ocurre es que un escritor gay, cuando sube a un barco, se obsesiona con los cuerpos que ve día sí y día también,  hasta que termina la travesía, y le resulta difícil concebir que a otros le resulten indiferentes y eso es lo que refleja en la novela que escribe acto seguido. Y si, probablemente unos cuantos escritores gays -tampoco excesivos en relación al total de escritores heteros,  nuevamente el 3-4% parece razonable- tienen más repercusión en el mundo de la cultura que las costumbres sexuales de la marinería. Los mitos literarios salen de observaciones subjetivas pero brillantes y son eso, mitos. Como los espacios situacionales homófilos. Créanme, no hay otro de estos espacios más que las zonas gays de las grandes ciudades, no se engañen.

La virilidad más viril

La literatura y los ensayos sobre el mundo gay es bastante monocorde. Suele insistir en el famoso Batallón Sagrado de Tebas (Beocia), una unidad militar que existió efectivamente, fundado hacia el 378 aC, compuesto por 150 parejas de amantes, esto es, 300 combatientes. Era la punta de lanza del ejército tebano que, finalmente, se hizo masacrar en la Batalla de Queronea el 338 a.C., contra las falanges macedónicas de Filipo II. El que dos años después del combate sería nombrado rey, Alejandro Magno, se curtió en aquel combate dirigiendo con furia y bravura la caballería macedonia. Recuérdelo Hollywood.

Se consideraba que una unidad formada por parejas de amantes sería extremadamente segura para sus miembros. Estos, estarían unidos por lazos que superaban la mera camaradería de armas; ningún combatiente sería abandonado en el campo de batalla y el destino de uno sería el de todos. Así fue en Queronea y tiene gracia que fuera precisamente un Alejandro Magno, ciertamente bisexual, el decir de los cotillas de la época, quien los pulverizó. El ejemplo del Batallón tebano muestra que los gays son, frecuentemente, peleones.

Pero la existencia del Batallón Sagrado de Tebas, o de las míticas amazonas, o las alusiones a lo que el mundo gay llama "homofilia situacional", suponen curiosas muestras de la iconografía gay. Nada más liberal que un gay. Pero nadie practica más culto a los uniformes o incluso al "fascismo corporal" que el gay. Y, para colmo, ningún ambiente tiene más fantasías de humillación y castigo y unos niveles de sadomasoquismo tan elevados como el mundo gay. Como si la inocencia suprema se uniera a la perversión más elaborada. Angel y Bestia. Bello y Bestia, una vez más.

Algunos ejércitos como el español (o lo que queda de él) han visto como determinados oficialillos salían del armario. Mal asunto por que, en las FFAA, los chistes de maricones todavía suscitan risotadas. El ejército es considerado por el mundo gay como otro de esos espacios "situacionalmente homofilos".  Error. En el Ejército no hay mas homosexuales licenciados de los que entran en filas. Esa visión de las duchas militares, con decenas de cuerpos jóvenes, desnudos, brillantes y musculosos en un ambiente brumoso por el vapor, es tan errónea como el de las prisiones de las películas americanas, consideradas como coto de caza de homosexuales. Maricones los había, como en las FFAA, pero no más ni menos que en la sociedad. De un 3 a un 4%, nada apreciable. Verán: cuando un gay ve una ducha militar o carcelaria, puede ser -de hecho es- que se ponga a cien. Cuando un militar o un preso van a la ducha, es muy curioso, pero procuran no observarse, mantienen un pudor evidente y si sus miradas se cruzan o se fijan en algún detalle anatómico, cruzan comentarios irónicos: "¿se te ha puesto gorda cuando se le ha caído el jabón al pistolo?" o aquel otro inefable: "no le deis la espalda a éste que os ensarta como a una vulgar aceituna". Y todos ríen, pero nadie se ve con el miembro gordo de Petete acoplado. Nadie, salvo el 3 al 4% de mundo gay estadísticamente presente. Los soldados y los galeotes, en el fondo son jóvenes, hace sólo unos años que han dejado el "pedo-caca-culo" y les gusta bromear sobre algo por lo que, paralelamente, cuando se acaba la juerga, sienten pudor. El ejército, el presidio, son sociedades de hombres. Männerbünde, que decían los germanos.

En estas Männerbünde, los hombres se sienten a gusto: precisan de ellas. Y lo que no entiende el movimiento gay es que no las precisan para manifestar una sexualidad homofílica, sino por que está en su instinto.

Los hombres siempre han experimentado la necesidad de reunirse entre ellos. Mucho más que las mujeres. Y siempre se han llevado mejor entre los de su sexo, que las mujeres entre ellas.  Hay actividades a los que a los hombres bien integrados en la sociedad y en la pareja, desean estar solos entre ellos. Las mujeres quedan excluidas de algunas actividades. Ni una sola ricahembra en las partidas de poker de los jueves por la noche, ni una sola en las tenidas masónicas y muy pocas en los partidos políticos a pesar de las cuotas socialistas, forzadas, y por tanto, falsas. El "vínculo masculino" es una realidad, pero no en el sentido erótico-homofílico que le atribuye el movimiento gay. Me he sentido muy bien con mis camaradas, hemos corrido riesgos, realizado charadas, recorrido los tres santuarios de cierta virilidad (el cuartel, el burdel y el penal), incluso en ocasiones hemos compartido la misma prostituta o cada uno con la suya en camas contiguas. ¿Machismo? ¡Venga hombre! Costumbres de hombres, toscas si se quiere; luego, esos mismos hombres aman a sus mujeres, son tiernos con ellas, les encantan sus hijos y respetan la norma social. Entre ellos, también abundan los cultos, los sofisticados y los profesionales de envidiable reputación. Y, entre ellos, a ninguno se le ha ocurrido, dedicarle al otro una mirada de deseo  Y estoy seguro que algún gay que lea estas líneas se dirá: "Imposible. Cuando un hombre está cerca de otro hombre, demasiado cerca, prende la llama". Pues no. La llama prende para quien es homosexual, homófilo, gay y demás.

Un libro de Lionel Tiger, "Entre hombres", califica a las relaciones habituales entre hombres como "innatas, irreversibles y predeterminadas". Tiger explica que los lazos intermasculinos son particularmente fuertes y sitúa el origen de tales lazos en períodos prehistóricos cuando los cazadores debían apoyarse unos a otros para lograr sus fines. Desde entonces, hasta hace poco, estos vínculos no han hecho más que reforzarse. Fíjense en los internados masculinos, otro espacio situacional homófilo, y compárenlos con los femeninos. En estos reinan las rivalidades, los celos y un individualismo en todos los ámbitos. En los internados masculinos el espíritu de corps, la camaradería, los deportes de equipo, se manifiestan casi automáticamente. Entre las mujeres internadas (no sólo en colegios "para señoritas" sino también en cárceles) aparecen pronto lazos de ternura, sensualidad y, paralelamente, de celos. Por lo general, la amistad entre mujeres no es duradera. En realidad, el amor es algo intenso, pero la amistad implica duración. Ni siquiera la homosexualidad masculina y el lesbianismo tienen la misma matriz ni las mismas características.

Si hay más hombres que mujeres en política es por que la masculinidad tiene una relación evidente con el instinto territorial, el dominio y la voluntad de poder. Tiger, a este respecto añade: "Los hombres dominan la política, el lazo intermasculino es esencial". Duverger se preguntaba hace veinte años por que las mujeres, disponiendo de derecho a voto, históricamente, no lo han ejercido jamás en beneficio propio. Hubo de llegar el PSOE y su sistema de cuotas para forzar cambios en la sociedad, dando por supuesto que esos cambios, forzosos, son buenos. Es más, habitualmente sucede que los partidos que más sostienen la causa de la mujer, tienen un menor nivel de voto femenino. Y luego está la guerra considerada como "cosa de hombres". Bien, es natural, también en las especies de mamíferos superiores y primates, los machos son más violentos que las hembras. A ellos les compete ganar el alimento mediante la caza, así que ya les conviene ser más fuertes y agresivos que la hembra. Si fuera al revés, sería a ellas a las que les competería ir a la aventura de la caza y a ellos cuidar a los niños.

Hay decenas de estructuras que refuerzan los lazos intermasculinos: la historia apenas ha contemplado, salvo a título de excepción, la presencia de sociedades secretas femeninas; las masculinas son la regla, ayer y hoy. Las corporaciones, gremios y hermandades laborales, han sido también "cosa de hombres". Y en la mayoría de clubs sociales, la mujer es minoritaria o está ausente. Todo esto no puede extrañar: son los restos de las Männerbünde indoeuropeas, las sociedades específicamente masculinas. La la proximidad entre hombres, no contribuye a aumentar la homosexualidad. Al menos mientras el paradigma de normalidad está claro y sea indiscutible.

Pero llega un tiempo en que el paradigma cae y es sustituido por otro, viable o no. Es entonces cuando -como ocurre con el ejército norteamericano- el hecho de que a uno se le caiga el jabón en la ducha, es lo más intranquilizador que le puede ocurrir. Lo "normal" no es eso: la excitación por ver un culo masculino en posición de ser  tomado por asalto excita sólo a un 3-4% de la población masculina, al resto le sugieren bromas, indiferencia, pudor o groserías. El mundo masculino no es como lo ven los gays desde su prisma hipersexualizado.

Las sociedades de hombres no elevan a la categoría de modalidad erótica el espíritu de corps, la camaradería, la solidaridad entre sus miembros, la proximidad y el roce entre los cuerpos desnudos, brillantes y deslizantes. A un gay, parece que sí. Pero no son los gays quienes han construido esas instituciones: las Männerbünde, las FFAA, las sociedades secretas  no se han construido para ser observadas con la "mirada gay", ni son reductibles a ella. Son otra cosa que nada tiene que ver con la homofilia, son una necesidad social. No es raro que los activistas gays desprecien a las FFAA. Dice Albert Mira en su "Diccionario para entendernos": "El militar de oficio no se distingue por su sofisticación intelectual: no se trata de una cualidad que el entorno pueda alentar". Y dos líneas después da su solución: "Quizás de lo que se trate sea de homosexualizar el ejército antes de reclutar en sus filas a homosexuales". Error. El problema no es dotar a las FFAA de una connotación erótica o sexual,  sino de que cumplan sus fines y esto se realiza mediante la práctica del entrenamiento despersonalizador (borrar el yo individual para permitir la aparición del espíritu de cuerpo), de la disciplina (enseñar a que los automatismos y las reacciones instintivas y reflejas actúen ante determinados riesgos y circunstancias sin pasar por el cerebro), la jerarquía (la existencia de centros de imputación perfectamente definidos y de cadenas de mando tangibles y precisas), el sentido del honor y lealtad (para con los camaradas de armas, para con las misiones encomendadas, para con el valor superior de la Patria y la Comunidad a la que se jura defender hasta la muerte). El ejército no es un espacio homófilo si es que damos a la palabra homófilo connotaciones sexuales. El ejército es una institución habilitada para la defensa nacional. No es malo recordarlo. Como es bueno recordar que una carnicera está ahí para servir filetes, no para que admiremos las carnes incorporadas a su anatomía. Uno no puede ir de obseso por la vida. Y toda esta historia de los "espacios situacionales", da la sensación de que pertenece a ese tipo de visiones panhomófilas que se corresponden poco con la realidad.

Innegablemente, el movimiento gay se sitúa en las vanguardias de las vanguardias del progresismo más vanguardista, esto es, antimilitarista y pacifista. Innegable, igualmente, la fascinación que experimenta buena parte del mundo gay por los uniformes y el mundo militar. Innegable, finalmente, que en estos ambientes haya tantos gays como en cualquier otro: entre el 3 y el 4%. Poco importan los motivos de esta atracción. El caso es que lo que, para el estamento militar, tiene un sentido muy pragmático (la necesidad de uniformidad refuerza la propia identidad, da espíritu de cuerpo, iguala, etc), pero para el mundo gay tiene otro muy diferente (resaltar las formas masculinas, reclamo fetichista, fuente de inspiración homoerótica, y así sucesivamente).

Y es que en el mundo gay no faltan las contradicciones que, finalmente, terminan superándose gracias a la ley del deseo. La cosa se ve todavía de manera más desmesurada en la fascinación que ejerce la estética nazi en las prácticas sadomasoquistas gays. Da la sensación de que quien luce un uniforme nazi está investido de un poder absoluto y es capaz de las mayores crueldades, que ejercen sobre algunos gays una irresistible atracción. Un número no desdeñable de sadomasoquistas gays, tienen al nazismo como la oprobiosa dictadura que hizo lucir a los homosexuales alemanes de la época el ignominioso triángulo rosa,  pero al mismo tiempo es también, para otros, el modelo al cual les gustaría entregarse. En el mundo real, ser antinazi y desear ponerse en manos del nazi más malo del Reich, ser antimilitarista y correr tras un cuerpo de uniforme, son actitudes incongruentes, contradictorias. En el mundo gay, por el contrario, delatan mucho sobre la psicología profunda del homosexual, un terreno excepcionalmente vidrioso y en el que el riesgo de generalizar se paga. Así que no vamos a hacerlo, pero estas contradicciones nos muestran que el mundo gay tiene dos lógicas, mientras en el mundo real sólo puede utilizarse una. La ley del deseo y la ley de la racionalidad siempre están presentes en toda naturaleza humana y mucho más en las relaciones eróticas; la diferencia estriba que en el mundo gay la ley del deseo se sitúa por encima de cualquier otra, como resultado de un proceso de pansexualización de la vida. Un querido amigo gay, bromeaba un día, cuando le reprochaba que hablaba demasiado de sexo: "¿cómo puedo dejar de hablar de lo único?". Hay vida fuera del sexo, aunque algunos no lo crean.

Está claro que en el mundo hétero también aparece este tipo de procesos de pansexualización  pero es que el sexo no constituye el factor de identidad del mundo heterosexual, el sexo sólo es factor de identidad para los "movimientos de liberación sexual" (feministas y homosexuales). Ni tiene sentido, ni puede hablarse de "cultura heterosexual", pero si parece necesario hacerlo de "cultura homosexual". Esta, y no la otra, se define por la actitud de sus mentores hacia la sexualidad. En ciencia esto es absurdo, pero no en humanidades. Historia, por ejemplo. Es frecuente que un historiador gay, ligado al movimiento activista, tienda a demostrar, por encima de todo, la universalidad de la homosexualidad, su perennidad en el tiempo y su impacto en la cultura. Tiene gracia que la figura del pobre carbonario Luigi Settembrini haya sido rescatado para el panteón gay, no por su trabajo en pro de la unificación de Italia, sino por haber escrito una más que mediocre novelita protagonizada por dos gays. Cuando ocurren estas cosas no hay perspectiva histórica que valga; se cae en el subjetivismo mas despatarrante. Mal asunto en cualquier caso. Y no digamos los antropólogos gays dispuestos a invertir ingentes medios y tiempos en estudiar cualquier tradición local de homosexualidad o travestismo en la más alejada y extinguida tribu de Papuasia, para luego, en una pirueta discutible, elevarla a la categoría de normalidad universal. Y en literatura, a ciertos gays les interesará más tener elementos que hagan sospechar de la virilidad de Cervantes o de Shakespeare, que su obra en sí, como a un conspiranoico estará más interesado por la militancia masónica de Ildefonso Cerdá y mucho menos por sus octógonos del Eixample barcelonés.

¿Alguna conclusión? Me da la sensación -y repito, "me da", a mí, "la sensación", esto es, una impresión subjetiva y no cuantificable en estadísticas- que la componente erótico-sexual tiene un peso excesivo en la ecuación personal de los gay (al menos de los que he conocido y que considero mis amigos, o que son mis compañeros de trabajo). Esta es la madre de todas las contradicciones gays.

Mundo de la libertad, jauría de la opresión

Resulta inseparable la relación entre el mundo gay y la subcultura sado-masoquista. De hecho, en algunos ambientes son sinónimos. El icono gay por excelencia es San Sebastián, santo y mártir. Empecemos por aquí.

No coincidimos con la opinión según la cual la fascinación por el martirio de San Sebastián surge de un proceso de identificación del gay con el sufrimiento que le experimenta vivir en una sociedad heterosexual que le oprime. El martirio de San Sebastián está repleto de símbolos fálicos: los dardos que penetran en su cuerpo como penes erectos, extrayendo gemidos de intensidad similar a los alaridos provocados por la misma penetración anal, la desnudez absoluta con el elemento erótico del andrajo humillante que cubre los genitales, el cuerpo atado a un árbol que se adivina a punto de caer agotado y sin fuerzas, desfallecido por las penetraciones de los dardos-fálicos que, finalmente logran derrotar al heroico mártir. Y así sucesivamente. Algunos gays dominantes experimentan la sensación de placer al pensar que son ellos quienes lanzan sus dardos sobre el indefenso aspirante a la santidad. Otros se identifican más bien con el sufriente y con su rostro en el que reconocen el sufrimiento que termina estallando en placer. Los primeros han sublimado su agresividad en una escena mística y dicen "quiero penetrar". Los otros, expían un ignoto complejo de culpabilidad ofreciéndose como víctimas para quien quiera poseerlos y dicen: "quiero ser penetrado". ¿Alguien ve algún elemento que permita pensar que todo esto son metáforas sociales y no deseos ocultos, morbosos y definitorios de la propia sexualidad?  Intentar ver otra cosa, es una gratuidad apabullante, un deseo "perverso"...  y no es que la "perversión" sea, en principio, algo rechazable; en absoluto: el sexo, lo hemos dicho, es polimorfo y lo perverso, como lo guarro, tienen su lugar junto a la ternura y el coito más convencional junto al consabido "polvo salvaje". Aquí cabe todo, a costa de que cada aspecto de ese todo, corra el riesgo de evidenciar lo que se lleva dentro  dentro de uno mismo, no dentro de la sociedad.

En el fondo, el sado-masoquismo, considerado en cualquiera de los dos extremos del látigo, es una posibilidad del sufrimiento por amor. En tanto que el amor implica un cierto grado de renuncia a sí mismo y entrega a otro, el amante activo no puede evitar considerar a su compañero o compañera como algo de su propiedad con el que puede hacer lo que quiera. Así mismo, el amante pasivo está orgulloso de percibir que sus sufrimientos, humillaciones y temores, excitan a su partener. Todos contentos.

Las relaciones sadomasoquistas forman parte de otro frente de contradicciones del mundo gay: implican una relación jerárquica de dominante a sumiso, de poder a servidumbre, de amo a esclavo, de donante fogoso a receptor tímido, de humillador a humillado  a nadie se le escapa que una relación de este tipo, sine qua non en cualquiera de las prácticas sado-masoquistas, es, como mínimo, la negación de cualquier concepción "progresista", ámbito en el cual se sitúa el movimiento gay. Cabría hablar de fascismo, o mejor aún, de algo reaccionario (y nunca mejor dicho porque cada azote, efectivamente, hace reaccionar a cualquiera de las dos partes).

En 1933, el movimiento gay alemán, el más extendido de Europa en aquella época, fue barrido por los nazis. La película "Cabaret" evidencia con unas pocas pinceladas los rasgos de aquella época. Parece que en torno a 100.000 homosexuales fueron encarcelados, si bien habría que matizar que algunos lo fueron, no por su opción sexual, sino por su militancia política. Dentro de las SS hubo purgas de nazis y su jefe, Himmler ordenó que se condenara a muerte a cualquiera de sus miembros en caso de ser sorprendido en actos homosexuales. Nada raro, si tenemos en cuenta que el propio Himmler hacía prometer, por disciplina, que el SS no fumaría en determinados períodos. Si incumplía la promesa podía ser expulsado, pero si quería salvar su honor debía suicidarse. Así iban las cosas en las SS. No iba de broma la  "Orden Negra". Hubo, efectivamente, miembros de las altas jerarquías nazis homosexuales. Ernst Röhem y su amante, el conde Spretti, eran de estos. El partido nazi había surgido de movimiento völkisch que sobrevaloraba el aspecto físico, la fortaleza, la gimnasia, el deporte, la vida natural  y el nudismo. En el fondo, el primer régimen que permitió el nudismo en Europa fue el nazismo y en las grandes películas de Lenny Riensfestald sobre las olimpiadas del 36 -propaganda oficial del régimen- este culto al cuerpo humano está pero que muy presente. En ese sentido, el nazismo fue ¿progresista? Desde luego lo fue mucho más que la coetánea sociedad postvictoriana británica o el estalinismo para quienes todo lo que no fueran miriñaques, refajos, fajas de ballena en un caso y el mono obrero o el delantal de la campesina, en otro, eran obscenos. Mientras, los nazis cultivaban el culto innegable al cuerpo, presente desde el cine de la Riensfestald hasta las esculturas apolíneas de Arno Breker.

Henos aquí ante la enésima contradicción del ambientillo gay. El fascismo corporal. Hoy el fascismo ha desaparecido, pero el movimiento gay goza de buena salud y algunos de sus miembros han incorporado ciertas apreciaciones estéticas del fascismo, entre otras, esa admiración desmesurada por el cuerpo humano y por su perfección.

El gay suele ser esclavo de la moda. Y la moda dicta en estos momentos que si se quiere triunfar en ese terreno, es preciso disponer de un cuerpo perfecto cubierto. Se observa la belleza no para maravillarse con ella, sino para ser como ella. Aquí radica la madre de todas las frustraciones. Hay mujeres que salen del quirófano sólo para lucir la última modificación de su anatomía a la curiosidad pública y hay gays que apenas salen del gimnasio si no es para mostrar el último musculito que han logrado desarrollar.

El ideal de belleza gay que se ha ido imponiendo en los últimos años, es el producto de esteroides, anabolizantes y endiabladas combinaciones de pesas y potitos proteínicos, y tiene un nombre: el "mariarmario", en oposición al gay afeminado que también tiene su espacio hoy devaluado. Desgraciadamente, para ellos, no todos los gays llegan a las performances físicas del "mariarmario": el estándar es el estándar como modelo ideal; sólo que algunos se lo han tomado como realidad. Y de esos, sólo unos pocos lo alcanzan. El resto se sienten frustrados y acusan a los primeros de "fascismo corporal".

Mucho nos tememos que el mundo gay ha pasado de sufrir el ostracismo, la marginación y la persecución por parte del mundo heterosexual, para pasar a ser discriminado y sometido por los miembros de su propia comunidad sexual. Son los gays los que han creado su propio mundo. Son ellos los que han querido ser un "mercado" y establecer unos estándares de belleza. Y eso ha tenido sus costos. El que buena parte de los gays no lleguen a tales estándares y sientan una sensación de frustración al ver a los "mariarmarios" como inalcanzables, no mejora mucho su situación. Pero, cuidado, que no recaiga la responsabilidad de esta sensación de incomodidad sobre el mundo heterosexual. Si hay un culpable éste es el mundo homófilo y sus estándares de deseabilidad, inaccesibles para quien no está dispuesto a machacarse en un gimnasio.

El mercado gay y los gays en el mercado

En el fondo, la "mariarmario" difiere del gay tradicional, lo mismo que el calamar gigante de las profundidades abisales cántabras se diferencia calamar Frudesa del super. Ha cultivado su cuerpo con esmero, inversión y sacrificio; durante años, lo ha anabolizado primorosamente, cada uno de sus músculos está fibrado y resalte sobre una camiseta ajustada, con el vientre a modo de tableta de chocolate. Pero del "mariarmario", lo esencial no es su físico, sino la conversión que ha hecho de sí mismo: no intenta perseguir a otros gays, sino convertirse él mismo en objeto de deseo. Entre Apolo y Helios, el "mariarmario" es Apolo, el sol en sí mismo, inmóvil, inaccesible, centro del universo homófilo, deseoso de que todo gravite en torno suyo y le tenga por centro. Los demás, como máximo, deben contentarse con moverse a la velocidad de Helios sobre el carro de Faeton; si quieren cumplir su destino, deben ir corriendo o se les escapará. Si Apolo es el sol en sí, Helios es el sol sometido a la ley de los ascensos y descensos, del ir y del venir, del azar, la casualidad y la contradicción y el conflicto. Se ha modelado a sí mismo para atraer otras miradas. Es un reclamo publicitario de si mismo que pide ser degustado con la vista. De ser un gay que deambula por el ambiente, se ha convertido en un producto que ostenta el estándar de la perfección gay: el cachaskán o musculitos. Lo que otros han llamado "fascismo corporal", él lo encarna.

El hecho de que algunos gay se hayan cosificado hasta transformarse en productos de mercado, evidencia sólo la tendencia extrema de un sector cuyas señas de identidad, más que sexuales, remiten a determinadas marcas, mucho más que a ciertas prácticas eróticas. El gay que no consume productos gays, no existe. Ese si que es un matao. Ese si que tiene una sensación de exilio insuperable y si que anhelaría ser marinero en un barquichuelo perdido en el proceloso mar del consumo.

Nuestra hipótesis de trabajo es que el cambio de percepción del mundo heterosexual hacia el mundo gay se ha producido, no por acciones reivindicativas, sino por la acción de determinadas oficinas de marketing y estudios de mercado. Por que los gays tienen un perfil ideal como "máquinas de consumo": solteros y sin hijos, esto es, con posibilidades de dedicar dinero al consumo, y además están presentes en determinados círculos que conforman el denostado gueto o el creciente "ambiente", hacia allí puede dirigirse una publicidad, barata y concentrada. Tienen publicaciones propias y un alto grado de socialización, con lo cual las modas se extienden a gran velocidad; como la pólvora. Mercado ideal donde los haya. ¡Pobres gays!, han pasado del ostracismo a la cosificación, casi sin etapas intermedias. Es el precio de la "liberación". A las mujeres no les ha ido, en el fondo, mucho mejor: gracias a su lucha reivindicativa, han pasado, además de sus problemas en el hogar -cada cual con los suyos- a ser explotadas en el trabajo -como cualquier otro trabajador-, algo considerado como un gigantesco avance social. Virgensita, virgensita, que me quede como antes, que dirían algunas.

Los gays persiguen los Kalvin Klein como los toretes a las vaquillas. Fueron los primeros, irrumpieron en el mundo gay anglosajón a finales de los 70. Vender calzoncillos era lo suyo y elevaron el marketing del calzoncillo a la categoría de arte. Y Levi’s, tal para cual. Si un gay de estricta observancia no se embute los Levi’s a la altura suficiente para dejar ver la marca Kalvin Klein de lo que lleva debajo, es como si fuera desnudo o vendido, desprovisto, en cualquier caso, del equipo reglamentario de supervivencia en el medio homófilo. Las necesidades del mercado han forzado la "liberación gay", esto es, el descubrimiento de un nuevo segmento de mercado y su reforzamiento, en tanto que consumidores más sumisos y sometimiento a modas que se extienden como regueros de pólvora. Un 3-4% del mercado es un puntazo. A fin de cuentas, va a resultar que la tan cacareada "identidad gay" es solamente una forma de consumo

¿Conclusión? Hoy por hoy, la "identidad gay" no es una interpretación de la historia (exigua en relación a lo que sería la historia de la heterosexualidad, de existir, o la historia universal), unos valores (contradictorios, en tanto que identificados con el progresismo, pero que vivencialmente tienen manifestaciones reaccionarias frecuentes), o unos objetivos (a los que aludiremos a continuación),  sino sólo un mercado.

Me cuentan -y me lo creo por que el que me lo cuenta los conocía- que antes de dedicarse a realizar el buen negocio de la revista "Zero", sus mentores vendían programas de astrología a través de revistas como "Mas allá" y "Año Cero". Del "Cero", al "Zero", sólo cambia una letrita de nada, pero esa letrita ensancha el mercado de manera insospechada. Hoy, ya nadie se sorprende de que alguien diga haber visto un extraterrestre y mucho menos a un fantasma; causa mucha más sorpresa que un picoleto salga del armario, o que un sacerdote haga otro tanto, o que en el número anterior haya sido un militarote y todo el país esté pendiente de la triunfal salida del armario de un magistrado del supremo, de un supernumerario del Opus Dei o de un tragasables, por poner algunos ejemplos. A nadie le importa, si luego el fulano que ha salido del armario, se ha hundido psicológicamente, ni si se ha quedado en la calle al evidenciar una inadecuación absoluta para el cargo que ocupaba. Si, por que tiene castaña que "salga del armario" un sacerdote cuyo oficio exige el voto de castidad  y la castidad no tiene sexo, ni homo, ni hetero. Genial, estuvo el curita, pero no tanto, desde luego, como los alegres muchachos de "Zero". Dale al consumidor un producto hecho a su medida y vive feliz, que para infelices ya tenemos a los consumidores preocupados por afrontar la factura.

Cuestión de objetivos, ¿cuestión de objetivos?

Miren, no me gustan las discriminaciones, ni me gusta que alguien sea discriminado por que sea es así o asá. Cuando yo era pequeñín los niños algo afeminados sufrían mucho. Aquello no me gustaba y quizás hoy me siento algo responsable por  haber permitido en mi presencia algunas de aquellas burlas crueles. Pero, ya saben, siempre hay alguien más grande que tú y no todos tienen de su lado al primo de Zumosol. Era evidente que, se había formado una subcultura machista que, en principio resultaba desagradable para el otro 50% de la sociedad, luego para el 3-4% e mundo gay y, finalmente, para los que apreciábamos la virilidad pero difícilmente podíamos compartir la cutrez del machismo, su desvalorización de la mujer y la ofensa y violencia contra los más débiles.

El problema, de todas formas, no es que durante siglos se esperara que los seres humanos actuaran de determinada manera atendiendo a su sexo  sino que determinados seres humanos han actuado según un arquetipo subjetivo que no era el que correspondía a su sexo. Si la agresividad y el instinto de defensa y protección son uno de los rasgos de la masculinidad, el machismo lo convirtió en bravuconería y violencia gratuita. En donde la masculinidad situaba la cortesía, el machismo era su anulación y la traslación de la agresividad contra la mujer. Si la masculinidad suponía el cumplimiento del deber y el instinto de complementareidad y protección hacia el otro sexo, el machismo pasó a convertirse en misoginia. A medida que la crisis de los valores de la masculinidad (en la medida en que, fuera del marco familiar, no existía asignatura ni lugar alguno en donde se transmitieran o se recordara su existencia) se fue acentuando, el machismo quedó como el dueño del terreno.

Creo que uno de los rasgos de la masculinidad es el pensamiento objetivo: intentar percibir el mundo como es en realidad. Es bueno que así sea, por que el otro 50% de la sociedad, la mujer, introduce elementos de corrección, subjetivos e intuitivos, pero no por ello menos necesarios. La objetividad, en cualquier caso, lleva a la tolerancia o, al menos, tiende a alejar de cualquier pensamiento apriorístico. En una sociedad como la griega en donde el filósofo presocrático se preguntaba constantemente cómo era el mundo y cual era su papel en él, surgió una sociedad extremadamente tolerante que, a diferencia de la actual, disponía de un marco jerárquico preciso (tolerancia y jerarquía sólo se excluyen en el pensamiento progre). Con el ascenso del machismo, por el contrario, lo que progresó a su vez fueron los rasgos intolerantes y, con ellos, la misoginia. El machismo no es el hijo bastardo de la virilidad y de la masculinidad, sino su antítesis. Una sociedad machista debía finalmente lanzar al ostracismo a todos los que no se identificaban con el arquetipo: incluidos heterosexuales disidentes del modelo, y, por supuesto, mujeres y homosexuales.

Bien, pero el modelo machista ya ha sido derrotado; subsiste en retirada (el machismo es también un mercado poderoso), auxiliado en Europa por oleadas de inmigrantes llegados de universos mentales superados en nuestro continente pero que gozan de buena salud en América Latina y el mundo islámico, ha hecho que reverdeciera su poder. Sea como fuere, la derrota del modelo machista es una derrota, ante todo cultural.

Entre finales de los años 70 y el límite del milenio, en veintipocos años, la situación de los gays cambió radicalmente. Las reivindicaciones que tenían entonces han sido asumidos hoy por la sociedad. Los gays no van a la cárcel por el hecho de serlo. No les ha ido mal, especialmente, en Europa. Pero hemos llegado a un momento en que ir más lejos de esa frontera conduce a pocos lugares y todos ellos conflictivos. ¿Por qué? Por que son excesivamente excéntricos en relación al núcleo del paradigma de normalidad, ¿recuerdan?. Por eso. No por que se vean atenazados por una ola de machismo impenitente, ni perseguidos por un poder homófono inaprensible.

Daba la sensación de que lo que pretendía alcanzar el movimiento gay era un clima de tolerancia. Pues no. El gay acepta mal la tolerancia del mundo tolerante. Aspira a mucho más. Dice Albert Mira: "Retóricamente, [la tolerancia] se trata de algo con lo que los homosexuales no podemos conformarnos. Se nos pone en una situación en la que se nos ofrece un mínimo de dignidad a cambio de nuestro silencio. El discurso de  tolerancia mantiene, como presupuesto, que el heterosexismo es una posición de poder desde la que se puede decidir sobre la vida y la muerte y que, al menos por el momento, se nos perdona". Menos mal que unas líneas más adelante reconoce "buena fe" a los tolerantes  Pero luego, vuelve a estropearlo con la coletilla: "Desde el punto de vista del activismo gay, se trata de una primera fase que se superó hace mucho tiempo y de un modelo retórico heterosexista que todos tenemos que contribuir a superar". Llama la atención a Mira que los tolerantes enarbolen alguna restricción a cambio de decoro, silencio, y cosas así. Es frecuente oír eso de "yo soy tolerante con los gays, pero...", faltaría más. Ese modelo no termina de convencer al activismo gay. Y no se entiende el porqué

Durante los últimos treinta años, la sociedad liberal ha ido recuperando el terreno perdido y reconociendo los derechos de homosexuales y feministas. Esto hubiera funcionado a la perfección, en tanto que justo y necesario, pero para ello hubiera sido preciso reconstruir paralelamente el mentado paradigma de normalidad. En lugar de eso, se puso la piqueta de demolición a la sociedad machista generada en el XIX y en los dos primeros tercios del siglo XX, y se fue imponiendo la idea de que aquí vale todo. En lugar de la recuperación de una nueva idea de "orden", lo que se ha llegado es a una especie de caos total y a la pérdida de todo punto de referencia. La confusión llega al terreno semántico: "familia", los gays reivindican el derecho a ser considerados una familia, pero ¿lo son? ¿qué es lo que define a la familia? Son pareja, indudablemente, pero ¿familia? ¿Y en base a qué criterio, unánimemente aceptado, se define hoy la familia? Pues de eso se trata:  el criterio, ha saltado por los aires.

Cuando en la base no existen cimientos sólidos, toda la construcción ulterior estará edificada en el vacío. Nietzsche escribió aquello de "Si Dios ha muerto todo está permitido", frase que podemos parafrasear: "Si el paradigma de normalidad ha caído, esto es Jauja". Cualquiera puede pretender que lo suyo es lo normal o, por excéntrico que sea, reivindicar para sí una normalidad transformada en carnaval. Que la TV está informando durante tres días consecutivos sobre el día del orgullo gay del 28 de junio: normal. Que en los chous de telebasura el gay se convierte en el friki más solicitado: normal. Que diseñadores de moda homosexuales intentan desfeminizar a la mujer y feminizar al varón para llevar a la realidad su forma de ver la sexualidad: normal. Pues bien, todo esto es normal, cuando todo el año es Carnaval. Esa época ha llegado, es la nuestra.

La tolerancia es el nivel máximo al que puede aspirar un movimiento gay que recuperase un mínimo sentido de la mesura. El mundo no es gay. Jamás lo será. El día que el mundo fuera gay, ahí, justamente, terminaría lo que se inició en el paleolítico. A fuerza de forzar las reivindicaciones, el mundo gay no percibe que va a ir acentuando las resistencias y que su fuerza deriva únicamente de su carácter como bolsa de votos y como mercado, y en nada más. 

La decisión de la Junta de Andalucía de pagar las operaciones de cambio de sexo indica hasta qué punto la izquierda puede llegar a ser oportunista si de lo que se trata es de capturar alguna bolsa de votos. A nadie se le escapa que a lo largo del año, no son muchos los que se sientan en el quirófano, apenas unas decenas, para cambiar su sexo (si es que el sexo puede cambiarse), a nadie se le escapa tampoco que son muchos más los que precisan asistencia psiquiátrica o guarderías, o simplemente aspirina gratuita, sin ir más lejos. Y esa misma Junta de Andalucía, que generosamente acomoda en el quirófano a los aspirantes a transexualizarse, niega derechos sanitarios básicos, ¿por qué? Sondeos estadísticos y de opinión, le confirman que esa concesión, hará transmigrar a miles de votos gay a sus caladeros, mientras el voto de un psiquiatrizado o de la madre de un niño con plaza en guardería, no está tan claro que se oriente automáticamente hacia el socialismo. Queríais tener dignidad y la habéis logrado: os han cosificado, vuestro voto es tan cautivo como el de los beneficiarios del PER; entre esto y que otros os consideran un mercado, sólo un mercado y nada más que un mercado y como tal mercado, os muñen, lo lleváis claro, compañeros.

Dentro de poco os concederán la adopción de hijos y os igualarán en todo a las parejas heterosexuales  otra gran victoria que os situará ante la puerta de nuevos problemas que no prevéis: ¿cuántos chaperillos se casarán con carrozonas para divorciarse al día siguiente por "incompatibilidad de caracteres" y pedir una suculenta pensión? Y ¿de qué manera influirá la adopción de hijos en la brevedad proverbial de vuestras uniones? ¿o va a resultar que es un mito la fugacidad de las relaciones gays? ¿hay algún estudio serio sobre la repercusión de tener padres del mismo sexo sobre los hijos? Seguramente no, es fácil preverla...

Digámoslo ya: en el fondo, la legalización de los matrimonios gays, os importa un higo, la cuestión no es formar matrimonios, sino romper los últimos restos del paradigma de normalidad. Una vez, más dice ese reservorio de conocimientos sobre el mundo gay que es Albert Mira, nos dice: "Activistas radicales gays consideran que la homosexualidad debe mantener su carácter transgresor y el matrimonio es un paso hacia la integración no deseable: una vez se nos considere casables podemos acabar presos de nuestro propia normalidad". Mira define el matrimonio como "institución heterosexista" y termina: "En realidad, lo realmente revolucionario sería que el matrimonio homosexual estuviera permitido por la ley y, al mismo tiempo, los homosexuales fuesen lo suficientemente lúcidos como para resistir sus vanas tentaciones. Frente al concepto de matrimonio, que resulta una estructura tradicionalmente opresiva, podemos proponer el de pareja de hecho, que presenta límites más flexibles". En otras palabras, el movimiento gay está reivindicando algo en lo que ni siquiera los sectores significativos del mismo creen. A Mira le asusta que el mundo gay entre en una situación de "normalidad". Habla de algo que a muy pocos le interesa ya ("lo revolucionario"). La gente busca introducir la normalidad en sus vidas, pero un sector no desdeñable del mundo gay siente vértigo de situaciones de normalidad que evidencien a la postre de manera estadística e incontrovertible aquello que hoy se intuye: la fragilidad de las parejas gays, su constitución en función de una pasión (breve) y su ruptura a causa de otra pasión sustitutiva (igualmente breve), el excesivo peso de la sexualidad en el mundo gay, el que éste marco (y no sólo la necesidad de un padre y de una madre común a todas las especies biológicas superiores) no sea el más adecuado para la adopción, la educación y la crianza de hijos y así sucesivamente. Lamentamos informar que un hijo no es un Calvin Klein que se compra por que está de moda y que uno se lleva puesto cuando cambia de pareja.

En una página gay en Internet podía leerse el resultado de una encuesta realizada mediante correo electrónico en septiembre de 2000; fue respondida por 185 personas gays o autodefinidas como tales. Dentro del grupo encuestado (pequeño realmente, pero hasta cierto punto significativo), el promedio de duración de la pareja (el 39% está en pareja actualmente, y el 81% lo estuvo alguna vez) es de 2 años y medio. Y la mayoría ya se considera en pareja a partir del primer mes...  Sorprende la brevedad de la relación. Quizás el problema es que las parejas heterosexuales duran bastante más por término medio e incluso un porcentaje no despreciable cumple a rajatabla el "hasta que la muerte nos separe" (¿o es que no han visto esas parejas de ancianitos heterosexuales que van siempre juntos a todas partes y el día que falta uno, falta al poco el otro?). Pero, a todo esto, se pregunta el comentarista de la encuesta, "¿[por qué] estructuramos nuestras parejas como una copia de las parejas heterosexuales?". Y es verdad: ¿por qué las parejas homosex, deberían de tener las mismas características que las héteros? Efectivamente, a relaciones sexuales diferentes corresponden modelos diferentes de familia  entonces ¿a qué ese interés en lograr una legislación equiparable? Si el modelo es diferente, la legislación (en el caso de que fuera posible legislar la inestabilidad) también debería serlo. No se puede cuestionar el modelo heterosexual de pareja y acto seguido reivindicarlo, asegurando, al mismo tiempo, que no se va a seguir. Vamos, si se puede hacer  lo que ocurre es que no es serio... ¿Adoptar un niño para vivir dos años de promedio "en familia"? Lo lamento, no es serio. Es mucho peor: es inaceptale.

Dos estrategia para un solo movimiento

El movimiento gay suele realizar una distinción, cuanto menos, sorprendente. Al decir de sus representantes más conspicuos, no sería lo mismo salir del armario y definirse como gay que hablar de lo que se hace en la cama. No es lo mismo pero tampoco son conjuntos disjuntos,  sino superponibles. Cuando alguien se define como homosexual, inmediatamente está explicitando cuáles son sus prácticas sexuales, lo pretenda o no, y lo quieran o no oír sus interlocutores. Claro está que una declaración de homosexualidad no implica explicitar los numeritos que se montan en la cama, pero, como dicen los franceses, "va de soi"; como tampoco decir "soy heterosexual" equivale a confesar que uno tiene a bien practicar hasta e depósito legal del Kama-Sutra. Si decir, "soy catalán" equivale a que el interlocutor piense "este tipo es un agarrao" (apriorismo y esquematismo que a servidor, en tanto que catalán, no puede sino hacerle sonreír), automáticamente, imagínense lo que implica decir "soy gay"  y el otro, automáticamente, pensar, incluso para intelectuales sofisticados, "este tipo da por el caca". No es algo deliberado, ni siquiera insultante, es la asociación inevitable entre una definición -la de homosexualidad- y la práctica característica -la sodomía-. Cuando el redactor de la CNN redactó la noticia sobre los encuentros furtivos de la Levinsky y el Presidente en el Despacho Oval, era inevitable que imaginarnos a la Levinsky bajo la mesa presidencial y a Clinton hablando con Chiraq hasta el estallido final y las manchas de semen en el traje de la becaria. El redactor de la CNN no puso la descripción ni los detalles, pero estos eran inevitables, subyacentes. No veo por qué con los gays debería de ser diferente. La vida privada no se exterioriza, por algo es privada,  pero no puede evitarse que con un par de pinceladas tengamos el esquema completo sobre los posibles hábitos del sujeto. 

¿A qué viene todo esto? La "visibilidad" es el conocimiento público de que tales o cuales personas son gays. Quienes se "dejan ver" en tanto que gays, habitualmente no suelen hablar de sus prácticas eróticas, no era necesario, subyacen. De ahí que algunos gays sigan prefiriendo la oscuridad del armario y mantener con celo el secreto de su secreto. Están en situación de "invisibilidad". Pero esta discusión sobre la visibilidad o invisibilidad, tiene importantes desembocaduras prácticas, pues de ahí nacen dos visiones globales sobre el papel y el destino del movimiento gay. Hay distintas "estrategias".

Existen dos visiones profundamente diferenciadas e irreconciliables sobre el papel del movimiento gay. Unos aspiran, simplemente, a normalizar la situación del colectivo gay en la sociedad. Alcanzados unos derechos, eliminada cualquier discriminación, se trata, a partir de ese momento de "difuminarse" en la sociedad. Cuando se alcanza el estatus que se pretende, ya no tiene sentido seguir manteniendo un colectivo activista que vele por unos derechos ya conseguidos. El techo reivindicativo de este sector es lograr igualar las uniones gays a las heterosexuales y obtener el derecho a la adopción por parte de las parejas gays. Así pues, con ZP todo esto ya se ha alcanzado. En ese momento, deberían emitir el último parte de guerra: "La guerra ha terminado". Ya no tendrá sentido mantener identidades de ningún tipo ni programas reivindicativos. El gay será un ciudadano homologable a cualquier otro. 

Frente a este sector, que podría calificarse como "moderado", se encuentran las reividicaciones del sector "radical", para el cual los gays no deben esperar nada de la sociedad heterosexual. Estos sectores emiten un diagnóstico ciertamente descorazonador: la sociedad burguesa está inadecuada para los tiempos modernos, precisa restablecer un nuevo paradigma de normalidad  en el que las experiencias gays tienen mucho que aportar. Nos dicen, a fin de cuentas, ustedes, heterosexuales, deben de aprender de nosotros, homosexuales. ¿Y eso? Por que la sociedad moderna es una sociedad fundamentalmente injusta y para este sector del movimiento gay, la lucha social por sus derechos y reivindicaciones y el acoso y derribo de la sociedad burguesa y de sus manifestaciones políticas, económicas y sociales, son las dos caras de un mismo combate. Esta tendencia sobrevalora las aportaciones del movimiento gay y es evidente su matriz mayosesentayochesca, con su radicalismo inherente y falta de sentido de la realidad. Ni el modelo de relaciones gays ha demostrado ser "superior" al modelo de familia burguesa, ni su alternativa desemboca en otra cosa viable que no sea el gueto, el "espléndido aislamiento".

Uno de los motores estratégicos de ambas líneas de trabajo es lo que en términos gays se llama "estrategia de apropiación", consistente en reforzar la propia identidad gay intentando escarbar en la historia, la literatura, el arte, ampliando los estudios sobre la homosexualidad a fin de rescribir una historia de las ideas magnificando el influjo, incidencia y la universalización de lo gay. Esta tendencia, frecuentemente, cae en exageraciones y presuposiciones no del todo bien fundamentadas. El resultado de todo esto es una permanente siembra de dudas: ¿Miguel Angel Buonarrotti? Presunto gay, ¿Miguel de Cervantes? Otro que tal. ¿Shakespeare? Casi seguro gay  ¿Marañón? Analiza el problema por que él mismo se ve aquejado de "pánico homosexual". Cuando faltan datos sobre la heterosexualidad, es decir, cuando se ignora a ciencia cierta con qué mujer folgó algún grande del arte o de la literatura, existe toda una escuela historiográfica gay especializada en la "apropiación" (frecuentemente indebida) de biografías.

Realmente, el hecho de que Miguel Angel o Marañón pudieran ser gays no altera en absoluto el valor de sus obras. Y otro tanto ocurre con el jefe de las SA hitlerianas, Ernst Röhem. O con Manuel Azaña. Entonces ¿para qué la estrategia de apropiación? Simplemente para hinchar el activo gay y reforzar esa impresión de que siempre han existido vanguardias culturales y artísticas ligadas a esta modalidad. Al igual que los nacionalistas, algunos investigadores gays experimentan la historia como un cuerpo gomoso que puede estirarse a voluntad hacia donde interese. Dime como te quieres servir de la historia y te diré quien eres. Si te interesan más los hábitos eróticos de Miguel Angel que la admiración de su "David", mal asunto, por que valorarás más la sexualidad del artista que su genio. Y, muy frecuentemente, es mejor olvidarnos del lado personal de algunos artistas y concentrarnos en su obra. Picasso, era un vampiro que destrozaba a las mujeres que caían en su entorno. Y respecto a Jhon Lennon, mejor escuchar su música, por que algunos aspectos de su vida son literalmente odiosos. Y lo mismo habría que decir de otros muchos heterosexuales impenitentes. Así que no rompamos los encantos, que la gente de valía suele ser famosa por su obra, no por los polvos que se pega. Y con los homosexuales ocurre otro tanto. Dejemos los aspectos tórridos y tortuosos de Lorca intentando petar el culo a Dalí, ampliamente descritos por el interesado, y centrémonos en la inigualable musicalidad de su poesía. Admiremos la beat generation en lugar de hurgar en los camastros donde camparon sus exponentes, solos o en compañía de otros. "Aullido" es grande al margen de las performances homoeróticas de su autor. Y otro tanto cabe decir de los simbolistas del XIX francés. Primero el arte del artista, ¿sus filias y sus fobias?, no gracias. De hecho, el mejor arte era el arte medieval  anónimo. La creación no pertenecía al creador, sino a quien la admiraba.

El estereotipo estroboscópico

Un estereotipo es un modelo elevado a la categoría de norma. Catalanes tacaños, andaluces descojonantes, gallegos reservados, bilbainos fanfarrones, estos son los estereotipos regionales. Maricas afeminados, lesbianas amarimachadas, heterosexuales tronchamozas, feministas intemperantes, viejos verdes, arquetipos sexuales, injustos todos. La realidad se simplifica en función del rasgo que se considera dominante. O que alguno, en un momento, ha considerado dominante. Una simplificación implica falsificación, sino utilización abusiva de un solo rasgo. Hay andaluces esaboríos y hay lesbianas más femeninas que la "Barbi enfermera", otra simplificación. El estereotipo es rechazable en cuando resalta solamente un rasgo que se considera negativo o vejatorio. Es un paradigma, pero, más bien, malintencionado.

El mundo gay ha albergado una profunda hostilidad hacia las simplificaciones estereotipadas de maricas: en el centro de todas las críticas está el personaje de "Pepelu", el comparsa de Pepe Navarro en sus noches televisivas de los noventa. "Pepelu" era afeminado, lloriqueante, debilucho o simplemente superficial, y en cuanto a su sucesor en la temporada siguiente, "Crispín Jander", era el peluche estereotipado, coquetuelo él, desvergonzado, a ratos histérico, de hablares edulcorados y cotilla redomado. Igualmente rechazable. El mundo gay es hostil a los estereotipos de sí mismos, pero no evita estereotipar a los de la acera de enfrente. De hecho buena parte de las consideraciones gays se basan en la aplicación de estereotipos a diestro y siniestro: "fulanito está contra la adopción de niños por parejas homosexuales; luego, fulatino es un homófono redomado", "menganito quiere que lo miren por que se ha machacado durante dos meses en el gimnasio, menganito es un verdadero fascista corporal", "zutanito vino en un barco de nombre extranjero; menudo chaperío en el barco de las narices"  y todo así.

El estereotipo es el recurso más habitual del cotilleo, y el cotilleo es la forma de transmisión de los estereotipos tanto en el mundo gay como en el hétero. El cotilleo puede afectar a los que están lejos ("George Clooney es gay y se lo hace con Matt Diamont") y a los próximos ("el tipo de la mesa de al lado seguro que entiende, no ves como me mira"). No es, desde luego, un síntoma de libertad, sino de vacuidad: se habla de otros, para evitar fijarnos en nuestras propias miserias. Gays y no gays. La Pantoja, Carmina mártir, la saga de los Pajares y aquella otra de "Ambiciones", como si Rajoy es gay, Maragall se ha bebido hasta el agua del florero o, para los cultos y sofisticados, Fernando Pessoa o Manuel de Falla fueron gays. Todo, bastante peripatético. Hay dos formas de cotilleo: la gay y la hétero, también aquí los senderos se bifurcan.

La única realidad es que yo evidencio que me sobra tiempo o que no sé que hacer con él cuando contemplo la telebasura cardíaca en el caso hetero y evidencio un complejo sádico o masoquista al compartir alegrías y desesperos de tal o cual famoso, famosillo, famosote o famososo; o los gays que quieren paliar su soledad del 3 al 4%, viendo gays a diestro y siniestro.

Claro está que frecuentemente se cae en la calumnia o en la difamación y, frecuentemente, para hacer daño a alguien que se odia y que no pertenece a la propia comunidad. España entera se conmovió de un lado, pero experimentó un interés morboso de otro, cuando circuló el bulo de que Miguelito Bossé estaba que se moría de SIDA, e idénticas pasiones se levantaron cuando se sacaron del ataúd cadáveres radiofónicos, no precisamente exquisitos, para sugerir que eran lesbianotas jodidas y bordes. Gays y héteros suelen estar unidos por estereotipos arrojadizos que, frecuentemente, se lanzan unos a otros como los niños lanzan nieve y los escatológicos arrojan a paletadas excrementos contra el ventilador. Nadie es perfecto.

El cotilleo daña prestigios, erosiona credibilidades y, habitualmente, ni siquiera corresponde a la realidad. Es como una mierda, pero sin el como. Basta extender un rumor insistentemente para pulverizar el prestigio de alguien. Al margen de las opciones de la víctima y del difusor. Ha habido gays que han arrojado sobre castos varones el rumor sobre su homosexualidad. Y héteros que han hecho otro tanto sobre adversarios, presuntos o reales. Y en ambos casos todo ha partido de un rumor que ha ido difundiéndose plagado de detalles que lo amenizaban y, de paso, le daban credibilidad.

El rumor siempre es un arma arrojadiza que hace daño. Es difícil encontrar a alguien que haya sobrevivido a una campaña sistemática de rumores. Lo de menos es que el rumor sea falso o auténtico. Lo esencial es que ataca por la retaguardia, justo donde la persona está indefensa. Los intelectuales gays sostienen que el rumor y la maledicencia son patrimonio de los medios heterosexuales homófobos. En absoluto. Aquí no se salva ni dios. Rumor, cotilleo son cosa de todos. Haría falta ponerse de acuerdo en los porcentajes. El CIS en esto calla y cuando el CIS calla, este país anda como perdido. Da la sensación, eso sí, que en esto del cotilleo televisivo, mujeres y gays tienen una ventaja lo suficientemente grande como para que los periodistas varones heterosexuales reclamen su cuota. Es decir, aquí cotilleamos todos  pero unos más que otros. Y los gays, figuran entre los mas y los mejores.

Y es que el gay, con el tiempo, ha adquirido el hábito de compartir un secreto y, por tanto, una habilidad especial para conocer los secretos inconfesables de terceros.

Siempre es necesaria una cierta dosis de secreto. El secreto implica pudor y el pudor contribuye a mantener el encanto de lo misterioso. Si no hay secreto, no hay misterio; carente de misterio una relación se torna rutinaria y monocorde. Sin morbo. Así pues, el secreto no es necesariamente negativo. Lo que ocurre es que el mundo gay aborrece del secreto porque une a él la sensación de persecución y ostracismo. Hay un secreto que supone compartir algo grande y un secreto que culpabiliza. Cuando alguien "está en el secreto" es que tiene acceso a información que da poder. Sin embargo, cuando un gay habla de su secreto, lo hace con amargura. Y es entonces cuando busca salir del armario para que la palabra gay recupere su etimología originaria. Y es curioso que el mundo gay insista (acaso como fruto de esa cotillería endémica que le invade) en que sus integrantes  revelen su secreto: sólo se es plenamente gay y se vive tal estado con una felicidad casi beatífica cuando se ha revelado el secreto,  esto es, cuando se ha salido del armario. El esquematismo impuesto por el mundo gay a los suyos es de un maniqueísmo abochornante: "¿sale del armario?: gay bueno", "¿no sale del armario?: gay escurridizo". En ambientes militantes, se admira al primero, se desprecia al segundo. De hecho, los que permanecen en el armario son objeto de todo tipo de cotillerías extendidas por los miembros de su propia opción sexual. En buena medida muchos gays son víctimas de los propios rumores expandidos por antiguos amantes, como actos pasionales de venganza por una relación rota. E incluso en determinadas profesiones en donde la presencia gay es abrumadora, basta una escena de celos o una ruptura virulenta para que alguna de las partes, siempre la más débil, se vea condenada al ostracismo. Sí, se dirá que quienes han sido víctimas durante años del ostracismo y la marginación, son propensos a emplearla en su propio medio. Se dirá y incluso se comprenderá. Pero no por ello dejará de ser enfermizo. Ocurre también en el mundo hétero, pero no por
ello deja de ser odioso.
El secreto es justo, es necesario, es conveniente. El secreto avala el misterio. El misterio hace la pasión más extrema. Esto vale para el mundo hétero; no, al parecer, para el gay. Difícilmente puede haber secreto y misterio entre un hombre y otro hombre. Nos conocemos demasiado bien como para saber desde muy niños lo que llevamos entre las piernas y los pliegues de las meninges. Es como el día que nos decidimos a ver "Titanic": no es difícil saber como acaba. El barco, va y se hunde. El único misterio es saber qué protagonista se salva en tal o cual versión cinematográfica. Puede existir un gozo estético, pero nunca habrá una gran tensión emocional. Gozo visual, gozo estético. Falta algo. Estos ejemplos inducen a pensar lo mirífico del misterio y del secreto preservado de la luz pública. Lo que equivale a reforzar las paredes del armario. Nuestra intimidad no está hecha para sacarla a la plena luz del sol. Al final, de hacerlo así, ocurre como a las telarañas, que se disuelven ante el sol. Y yo no quiero que mi sexualidad se disuelva; la quiero viva hasta que ya no tenga fuerzas, la quiero mía, privada, con mis morbos y mis secretos, con mis perversiones y mis guarradas, con mi ternura y mi cariño, con el de mi compañera, con el consenso con ella, eternamente, en la búsqueda del placer. Nadie tiene por qué compartirlo, nadie tiene por qué penetrar en ese armario donde me encuentro, ni apuntar la linterna en su interior. En mi armario particular estamos mi compañera y yo.

No experimentamos la necesidad de realizar una confesión en la medida en que cumplimos el paradigma de normalidad: somos pareja heterosexual con hijos biológicos. ¿Salir del armario?  Eso es para quienes están alejados del centro del paradigma de normalidad.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - PYRE - http://infokrisis.blogia.com - infokriss@yahoo.es - Prohibida la reproducción sin indicar origen

Apuntes para una estrategia ante la superdepresión (I de III). CUESTION DE OBJETIVOS Y ESLABONES DÉBILES

Infokrisis.- Interrumpiendo las Ultramemorias y, a raíz de la reflexión iniciada tras conocerse los resultados de las elecciones europeas, hemos elaborado una serie de documentos de análisis sobre la situación y los enfoques del “área”, el último de los cuales son estos breves apuntes sobre estrategia. Con ello, cerramos esta serie –bastante árida por lo demás- ofreciendo para el debate estas notas. Estos apuntes serán perfilados en los próximos días y deben ser considerados ahora como notas indicativas de las líneas de tendencias a perfilar.

CUESTION DE OBJETIVOS Y ESLABONES DÉBILES

1. Objetivos

La estrategia es el plan general de trabajo para la conquista de los objetivos políticos. El objetivo es aquella meta que se marca un movimiento político en función de la cual se enuncia el plan estratégico. Hoy, en este momento, a la hora de elaborar un plan estratégico es preciso plantearse qué objetivo se persigue. Para enunciarlo deberemos tener en cuenta:

1) La inalterabilidad del panorama político español en los últimos treinta años (el país ha sido dirigido invariablemente por el centro-derecha y por el centro-izquierda, solos o con el concurso de los dos eventuales aliados nacionalistas, PNV y CiU) se ha debido a que durante la transición el sistema político fue concebido como sostenido sobre los grandes columnas: PP y PSOE.

2) A lo largo de estos últimos treinta años, ambas columnas se han erosionado y han perdido la imagen positiva que podían tener, sin embargo, no han aparecido fuerzas políticas con entidad suficiente como para disputarles espacio. Los casos de corrupción, los ataques recíprocos, la degradación del sistema representativo, la ineficacia en la gestión de las crisis y el triunfalismo en los momentos de auge –sin que sepan exactamente a qué se deben los primeros y por qué se producen los segundos- ha hecho que cada opción se imponga a la otra, no tanto por méritos propios, como por demérito del adversario.

3) Dados los vínculos de la partidocracia con los consorcios mediáticos y dada su subordinación a los centros de poder económicos (plutocracia), parece difícil poder desbordar a los partidos allí en donde son amos de la cancha de juego, controlan el marcador y a los árbitros y ellos mismos, a fin de cuentas, son los que en 1978 marcaron las reglas del juego. Es inútil pretender vencerlos en este terreno.

4) Para desbordarlos, la política no es el terreno más adecuado. Recordamos, el caso de Le Pen a mediados de los años 80, cuando logró una cómoda presencia parlamentaria en la Asamblea Nacional: bastó que los partidos mayoritarios se coaligaran para modificar las reglas del juego y hacer imposible la presencia de diputados del Front. En Italia se han producido casos similares en una y otra dirección. Quien controla el poder y está aliado con los medios controla las reglas del juego: prestigia y desprestigia a su antojo y abre y cierra puertas a voluntad. No es en el terreno de la política, pues, en donde encontraremos el eslabón más débil de la cadena protectora del statu quo surgido en 1978.

5) Consideramos que la Constitución y el Estado de las Autonomías están prematuramente avejentados: han muerto de partidocracia y plutocracia, se han visto aquejados por un déficit democrático que hace que, cada vez más, el parlamento elegido en las urnas tenga menos que ver con las necesidades de la sociedad y la marcha de la misma. Los niveles de abstención oscilan entre el 35 y el 55% del cuerpo electoral y la participación política es mínima. No existen nexos de unión entre el diputado elegido y sus electores. Ni entre el programa aplicado por el partido vencedor y sus promesas electorales. La ley d’Hont, las listas cerradas y bloqueadas, el acceso a los medios de comunicación, el que solamente se distribuyan fondos públicos para los partidos que han obtenido cargos electos, todo ello contribuye a perpetuar una clase política parasitaria, ante el desinterés creciente de la sociedad y su divorcio de las esferas representativas.

Así pues, el problema que se plantea es ¿cuál es el eslabón más débil para derribar todo este entretejido de intereses empresariales, políticos y mediáticos?  ¿Por dónde puede romperse el sistema político español con más facilidad? ¿En dónde los equilibrios son más inestables y esa inestabilidad puede transformarse en ariete para derribar a la “banda de los cuatro” (PSOE, PP, PNV, CiU)?

- El “eslabón más débil” hoy no es la partidocracia: goza de buena salud, el crecimiento de UPyD parece haber alterado ligeramente los equilibrios pero, de momento, resulta muy difícil saber hasta dónde querrá llegar Rosa Díez en su cuestionamiento de la partidocracia e incluso si rechazará las voces de sirenas que le inducirán sin duda a integrarse como un partido más. La experiencia de estos últimos 30 años demuestra que por intolerables que sean los niveles de corrupción, por altísimo que sea el absentismo de la población, por pronunciado que sea el divorcio entre la clase política y la población, mientras ésta controle los mecanismos de poder con el apoyo de los consorcios mediáticos y del poder económico, aquí no cambiará la correlación de fuerzas políticas que se vienen prolongando desde la transición.

- El “eslabón más débil” hoy no es el “capital”: mientras el poder político no sea más que una proyección del poder económico y mientras la clase política siga comiendo de la mano del capital, éste jamás será cuestionado. Utilizando las más variadas teorías económicas, siempre se defenderá la hipótesis de que cuando el capital está creciendo hay que dejarle crecer porque así nos beneficiamos todos, mientras que cuando el capital está en crisis, el dinero público debe de apoyarlo para evitar su hundimiento. Repetimos: no estamos en una democracia formal, sino en una plutocracia real y los meses de experiencia de esta crisis demuestran que tanto el PP como el PSOE han estado de acuerdo en apoyar a los sectores que, precisamente, han sido quienes la han precipitado: patronal de la construcción y banca, especialmente, pero también patronal de hostelería y del automóvil. Y mientras el sistema esté configurado como lo está hoy, el capital siempre condicionará a la clase política y le seguirá dando de comer.

- El “eslabón más débil” hoy no son los “movimientos sociales” como opina la izquierda radical que en su búsqueda de una “clase revolucionaria objetiva” la ha buscado entre las minorías sexuales, entre los defensores del aborto libre, del ecologismo político, entre divorciados y okupas, o incluso entre anti taurinos, entre “antifas”, entre movimientos anti-racistas… Los “movimientos sociales” son, por definición, minoritarios y especialmente centrados en una temática muy específica, más allá de la cual, carecen de visión de conjunto. Frecuentemente se trata de fenómenos marginales sin impacto directo en la sociedad. Por otra parte, el basamento teórico de todos estos movimientos es demasiado simple, casi primitivo, como para poder jugar un papel relevante. Muchos de ellos, por lo demás, lejos de ser muestras de la disidencia social, no son sino elementos reforzantes de la partidocracia, muchos están configurados como ONGs fuertemente subvencionados y que de no existir tales ayudas públicas haría años que habrían desaparecido.

- El “eslabón más débil” no es, contrariamente a lo que algunos optimistas tienen tendencia a pensar, Internet. Si bien es cierto que ahí la información circula libremente y que el peso de los grandes consorcios mediáticos es menor, existiendo por tanto, más posibilidades para acceder a una información libre, no es menos cierto que para una correcta utilización de Internet en ese sentido es preciso estar dotado de espíritu crítico y que los distintos programas educativos aprobados en los últimos 35 años desde la Ley General de Educación de Villar Palasí, hasta las incesantes y anuales reformas educativas actuales, el denominador común ha sido una creciente amputación de la capacidad crítica de los alumnos. Por otra parte, Internet, en su estadio actual de desarrollo, solamente puede ser considerado como un “medio auxiliar” para desencadenar un proceso desestabilizar del sistema político, no como el medio por excelencia.

- El “eslabón más débil” no son los medios de comunicación. La apelación a la “libertad de información” no es más que mera parafernalia para encubrir el hecho fatal de que los profesionales de la información se deben a sus empresas y estas a los capitales que las mantienen. Frecuentemente, algunos medios prefieren incluso no publicar noticias que harían aumentar el número de sus lectores, a cambio de publicidad institucional. El papel de la mayoría de medios de comunicación ante los 192 muertos del 11-M indica hasta qué punto se han alcanzado niveles desaprensivos y hasta qué punto se está dispuesto a ignorar que la mayor masacre de la historia de España no tiene paternidad reconocida. Los medios de comunicación no están interesados en promover campañas demoledoras contra ninguno de los grandes partidos, aunque en sus redacciones lleguen constantemente informaciones sobre corruptelas. Los periodistas están hoy maniatados por los intereses de sus empresas y éstas tienen solamente un objetivo: apuntalar el sistema partidocrático cuando éste lo requiera.

-El “eslabón más débil” no es la juventud: si a finales de los años 60 algunos pudieron llegar a creer que la juventud sustituiría al proletariado como clase objetivamente revolucionaria, ni entonces ni ahora tenían razón. La juventud no es un grupo social homogéneo. Sus intereses son múltiples y contrapuestos. En los últimos treinta años, los jóvenes se han despolitizado progresivamente y han realizado un repliegue hacia lo individual. Los bajos salarios, la precariedad laboral, el hecho de que ni siquiera un título universitario garantice trabajo ni dé acceso a  un nivel de vida digno, ha hecho que de los jóvenes, en general, uno de los sectores más pasivos de la sociedad. Realmente, ni siquiera es un nihilismo activo lo que muestra la juventud, sino simplemente una apatía y un desinterés incluso a la hora de encarar sus propios problemas… en este sentido cabe decir que los programas de estudio de los últimos 30 años han cumplido su objetivo: modelar a la juventud como grupo social fundamentalmente pasivo y ajeno a los problemas políticos y sociales de su tiempo.

- El “eslabón más débil” no son los “poderes fácticos” como lo fueron durante la transición. Magistratura, policía y fuerzas de orden público, fuerzas armadas, no tienen ya ninguna iniciativa en la sociedad, ni intención de influir como en otro tiempo. Simplemente se han reducido a ser clases funcionariales cuyo salario es pagado por el Estado al que le deben fidelidad gobierne quien gobierne. De hecho, la novedad es que los otrora “poderes fácticos” se han convertido en dóciles subordinados de la clase política: las fuerzas aéreas sirven para poco más que para custodiar el espacio aéreo lituano o para trasladar en la flota de Falcon 800 a los mandamases de turno como si de nuevos ricos se tratara; la marina no es más que un agrupación de barcos dirigidas hacia aquí y hacia allí según las conveniencias del gobierno que ni siquiera es capaz de asignarles misiones claras y otro tanto ocurre con nuestras fuerzas terrestres, presentes en todo el mundo…  habitualmente allí en donde los intereses de la defensa nacional no están en juego. En cuanto a la magistratura, los “jueces estrella” y su afán de protagonismo han sustituido a la percepción que se tuvo de ella como poder. Y en cuanto a las fuerzas de orden pública, su papel ni su opinión se tienen en cuenta a la hora de elaborar las líneas básicas de la seguridad ciudadana. Las clases funcionariales jamás son “eslabones débiles” sino, seguramente, constituyen los tramos más sólidos de la cadena.
Si todos estos sectores no son los “eslabones débiles” del sistema plutocrático ¿en dónde pueden radicar los puntos de fractura?: En las clases trabajadoras.

Será preciso redefinir lo que entendemos por “clases trabajadoras”, algo que tienen poco que ver con el concepto marxista (derivado del papel ocupado en el proceso de producción). En nuestra opinión este concepto engloba a dos sectores:

- la clase obrera tradicional compuesta por obreros manuales empleados en fábricas y

- las clases medias que ocupan desde puestos de mando intermedios, profesiones liberales, autónomos.

Y hay dos buenos motivos para considerarlos como “eslabón más débil”:

1) La clase obrera tradicional está hoy más que nunca amenazada por tres fenómenos implacables:

- el paro (la solución más fácil ante la crisis de las empresas es reducir personal, luego, estimular el paro)

- la competencia desleal de la inmigración que acepta trabajar al precio de dumping laboral: puestos a contratar, un patrono prefiere sobre todo contratar a trabajadores que están dispuestos a rendir el doble por la mitad del salario: los inmigrantes.

- la deslocalización empresarial que reduce globalmente la demanda de mano de obra transfiriendo hacia el “tercer mundo” la contratación de la fuerza de trabajo.
Mientras persistan las actuales circunstancias económicas (depresión – globalización) estos tres factores jugarán fatalmente contra la clase obrera tradicional

2) Las clases medias, a pesar de su heterogeneidad (valdría la pena aquí releer a Max Weber y a su teoría de los diferentes “status” de este grupo social (status político, status económico y prestigio social) se ven amenazadas actualmente por cuatro fenómenos implacables e inseparables de la actual fase de la depresión:

- descenso de sus ingresos globales al ralentizarse la actividad económica, este descenso llega incluso a situarlas ante el fantasma del paro y, especialmente, de la “proletarización”.

- aumento de la presión fiscal directa e indirecta en la medida en que aumenta el endeudamiento a causa del gasto público. La opinión de los economistas “liberales” consiste en afirmar que si se aumenta la presión fiscal sobre las clases favorecidas se produce un retraimiento de la inversión (por tanto más paro), mientras que si se aumentan los impuestos al consumo, el Estado aumenta ingresos y la presión pasa más desapercibida… especialmente porque se aplica sobre las clases medias.

- sensación de que su preparación y capacidades no se corresponde con sus niveles de renta procedentes del trabajo y que otros sectores sociales mucho menos preparados tienen acceso con más facilidad a los grandes mercados de consumo. A partir de esta constatación se genera en las clases medias un resentimiento creciente ante la estabilidad defendida por el sistema político-económico.

- cambio en su percepción ante el futuro, introduciendo en sus vidas el factor inseguridad en unas capas sociales que, por definición, buscan garantías y seguridades ante el futuro. Este elemento introduce en las clases medias un factor de incertidumbre que se resuelve, frecuentemente con actitudes de desconfianza que puede llegar hasta el rechazo visceral ante su situación.

Así pues, en nuestra opinión:

Los eslabones más débiles del actual sistema socio-económico son las clases medias y la clase obrera. En situaciones de auge económico, el espejismo del consumo y del crédito les hubiera seguido engañando sobre sus posibilidades de futuro, pero en una situación de quiebra del sistema surgido de Bretton Woods, y, especialmente, ante la perspectiva de una larga y dura depresión, estas clases seguirán siendo, mientras dure la depresión, los eslabones más débiles y esto implica que puede ser ganadas para una tarea de desestabilización del sistema político surgido en 1978 y ya hoy completamente agotado.

El grupo social “target” es precisamente éste: clases medias y clase obreras, lo que hemos definido como “clases trabajadoras”. Por primera vez en la historia sus intereses son coincidentes y las amenazas que deben afrontar son exactamente iguales.

El objetivo es: lograr que el desgaste de la partidocracia y de sus mecanismos de poder sea tal a lo largo de toda la fase de “crisis social” (que, véase el anterior documento sobre el “frente político social”) que cuando, la prolongación de la depresión, precipite la “crisis política”, el potencial de frustración y la necesidad de cambio de las clases trabajadoras (clase media más clase obrera) sea el ariete con las dos columnas sobre las que se sostiene el actual sistema político español.

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Apuntes para una estrategia ante la superdepresión (II de III). ASPECTOS ESTRATEGICOS

A partir de este objetivo ya es posible definir un esbozo de estrategia. Esa estrategia se basa en dos elementos: Irrumpir en el “frente social” y Trabajar “en red”. Veamos lo que significa cada uno de estos conceptos.

1) Irrumpir en el “frente social”: implica hacerlo a través de los sindicatos. Habrá que definir el por qué realizamos esta afirmación y por qué creemos que es el único frente que, en el momento actual, puede aportar rendimientos. El “frente sindical” es particularmente vulnerable a causa de motivos acumulados en los últimos veinte años:

- La estabilidad del “frente social” se concreta por la falta de combatividad de unos sindicatos cuyas burocracias dirigentes, más que castradas, han sido compradas al peso. A esas burocracias es a lo que, a partir de ahora, llamaremos “mafia sindical”.

- Actualmente, los “sindicatos de clase” no tienen nada que ver con los que existieron en el pasado: no están formados por “obreros”, sino especialmente por mandos intermedios que disponen de contratos de trabajo fijos y apenas buscan nada más que horas sindicales y abandonar los tajos por puestos en la burocracia sindical. La baja afiliación sindical y el hecho de que nadie en las fábricas y tajos ignore que la mayoría de cargos sindicales tienen objetivos personales que no tienen nada que ver con las reivindicaciones obreras. En cuanto a los ingresos, ya no proceden de cuotas, sino de subsidios, cursos de capacitación laboral y subsidios de los distintos niveles de la administración y solamente en última instancia y casi a título anecdótico de cuotas de afiliados. Así funcionan las “mafias sindicales”.

- Desbordar y romper las mafias sindicales solamente puede hacerse desde el mundo sindical, no desde el mundo político, ni mucho menos desde la denuncia. Por otra parte, lo que a nosotros nos puede interesar no es tanto denunciar a la “mafia sindical” en sí mismo, como transformar esa denuncia en fuerza de agitación contra el sistema político-económico.

- ¿Es posible romper el poder de la “mafia sindical”? Sí, sin duda: la posición de CCOO y de UGT se va a hacer progresivamente insoportable, especialmente a partir del último trimestre de 2009 y primero de 2010. La posición de unos sindicatos que “recomiendan” el voto para quien les paga, el PSOE, ¡con 4.000.000 de parados generados por ese mismo PSOE! es algo completamente insostenible a corto plazo. De ahí que cualquier ofensiva contra los sindicatos mayoritarios desde dentro del mundo sindical tenga a su favor la difícil posición de las burocracias sindicales.

- El PSOE quiere tranquilidad en el frente sindical para poder aplicar lo que entiende por “reformas”: reforma del mercado laboral y reforma del sistema de pensiones. El PP haría exactamente lo mismo. Si hasta ahora no han operado estas reformas, no se ha debido a la oposición de los sindicatos, sino al hecho de electoralmente tendría un coste para ellos insoportable. Las aplicarán justo después del próximo proceso electoral. ZP (y el PP) utilizan a las “mafias sindicales” en su calidad de “agentes sociales” para cubrir el hecho incontrovertible de que las reformas a las que aspiran apuntan contra las clases medias y la clase obrera. En realidad hay que defender la idea de que las ”mafias sindicales” no son “agentes” de nada, se representan a sí mismas y no pueden seguir hablando en nombre de los trabajadores solamente porque el poder que los subsidia ha decidido que así debe ser.

Así pues, todo esto implica que existe la posibilidad de intervenir en el mundo sindical reforzando a los sindicatos independientes a través de los cuales se puede:

1) Denunciar el origen de la crisis económica y el hecho de que el gobierno apoya a los responsables de la crisis y acalla a los trabajadores comprando al peso a las “mafias sindicales”.

2) Denuncia de la falta de ideas y de alternativas para salir de la crisis. Ni el PP es un “proyecto alternativo” al del PSOE, ni viceversa. Ambos partidos están a favor de la “reforma del mercado laboral” y de la “reforma del sistema de pensiones”.

3) Denuncia de la política suicida iniciada por el PP y amplificada por el PSOE en materia de inmigración y defensa de la “preferencia nacional”, esto es, del derecho a los trabajadores españoles a tener la prioridad en el acceso a subsidios y puestos de trabajo.

4) Denuncia de la práctica del “pan para hoy hambre para mañana” iniciada por el gobierno mediante el aumento del gasto público.

Si esta denuncia se realiza a través de partidos políticos formales, jamás llegará a los trabajadores: estamos ante una sociedad despolitizada, que ha vuelto la espalda no solamente a los partidos políticos que gobiernan, sino a la política en general. Por tanto, un mínimo criterio de proximidad y economía de medios induce casi automáticamente a:

- actuar en el mundo sindical siguiendo la ley básica del método de masas: llevar lo particular a lo global, llevar la denuncia de la crisis económica y de la situación precaria de las clases trabajadoras a la crisis global del sistema (primero crisis económica, luego depresión, más tarde crisis social y, finalmente, crisis política). Dicho con otras palabras: denuncio las precarización de las condiciones laborales para demostrar que mientras persista la partidocracia, las “mafias sindicales” y la plutocracia, la situación no tendrá remedio. Luego para cambiar las condiciones de precariedad laboral será preciso cambiar las reglas de juego político.

- aprovechar la estructura de los sindicatos independientes como arietes contra el “sindicalismo oficial” y, por tanto, para romper el eslabón más débil del sistema político-social español. Nosotros no disponemos de fuerza suficiente para crear sindicatos propios, pero sí estamos en condiciones de injertar a unos cuantos cientos de trabajadores en los sindicatos independientes y realizar la denuncia de las “mafias sindicales” a partir de esas tribunas, sin el riesgo que supone el que esas mafias se atrincheren en los eslóganes fáciles que hemos oído y que engloban las calificaciones de “xenófobos, racistas, ultras, etc.”. Quienes denuncian a las “mafias sindicales” son otros sindicatos conocidos y con tradición propia, por tanto inatacables.

- si lo que se pretende es realizar una denuncia y romper la hegemonía de los sindicatos en el medio social, habrá necesariamente que trabajar en el medio social a través de otros sindicatos que puedan jugar el papel de alternativa y a los que podemos aportar una perspectiva más amplia más que el simple “sindicalismo” reivindicativo o de gestión. Lo que proponemos no es llevar una pancarta el 1º de mayo, sino el realizar una denuncia de las mafias sindicales allí en donde esa denuncia puede ser más eficaz, y hacerlo desde una estructura irreprochable: otros sindicatos. Una denuncia a la mafia sindical a partir de partidos de extrema-derecha no tendría capacidad de penetración: esos mismos argumentos incorporados al arsenal de los sindicatos independientes puede hacer saltar por los aires el eslabón más débil del sistema político-social español.

2) Actuar “en red”: entendemos por “actuar en red” cuando lo hacemos a través de distintas mallas de relaciones interconectadas unas con otras, dotadas de un mismo plan estratégico pero disponiendo de autonomía táctica.

Ejemplo de actuación “en red”: distintos camaradas trabajando en el interior del Club de la Harley, o de las Hermandades de la Legión, o de Hermandades Católicas, de los sindicatos independientes, o de círculos culturales, etc, etc, son, en sí mismas, redes de afinidad creadas en función de afinidades, actividades o proyectos. A través de estas redes pueden vehiculizarse y popularizarse “temas” y, al mismo tiempo, articularse respuestas a los problemas de hoy.

Hasta ahora, el error de la extrema-derecha ha consistido en concentrar esfuerzos en el mantenimiento de aparatos políticos propios de influencia muy limitada, olvidando que sus militantes, en tanto que personas, pertenecen a distintas “redes”: los clientes del bar que se frecuenta, el equipo de fútbol que se apoya, el club social al que se pertenece, la APA de la que se es miembro, el sindicato que se apoya, la propia familia, el propio vecindario, etc. Con solamente un millar de militantes es posible extender el campo de aplicación a varios miles de simpatizantes sobre los que se puede operar difundiendo ideas. Y esto es eficaz, siempre y cuando se den dos circunstancias:

- cuando exista un nexo central en toda la actividad de las distintas redes que remita a los mismos puntos: pérdida de identidad nacional, impacto negativo de la inmigración, lucha contra la globalización, etc. Este “nexo central” es el constituido por las formaciones políticas patrióticas actualmente existentes y que necesariamente deben converger en un máximo de tres siglas.

- cuando el aparato central del partido político esté en condiciones de realizar un nivel de actividades y de difusión de documentos y planteamientos que cada elemento situado en cualquier red social ser capaz de adaptarlos a las necesidades, la lógica y los planteamientos de su red.

Es en este terreno en el que, al menos en la fase en la que la depresión desencadena la crisis social, puede refugiarse la “actividad patriótica”. Sostenemos que en esta fase: la acción social debe constituir el “vector principal” de actividad y este vector debe desarrollarse, fundamentalmente en el mundo de los trabajadores, pero existen, así mismo, “vectores secundarios”.

El “vector patriótico” es, desde luego, uno de ellos. Secundario, pero reconducible a partir del principio de “preferencia nacional” y a la idea de “patriotismo social”. Solo así, la acción patriótica puede insertarse –en esta fase- en un contexto mayor y más eficaz.

Si circunscribimos la “acción patriótica” a problemas inexistentes o que nadie percibe como tales (la “unidad nacional” que muy pocos cuestionan y que no tiene posibilidades de romperse por los motivos que ya hemos expuesto) será completamente estéril, pero si en esta fase de la depresión insistimos, a través de fundaciones, partidos, anillos de internet, revistas, etc, en la “preferencia nacional para los trabajadores españoles” y en la defensa de la industria española frente a la deslocalización querida y traída por la globalización, estamos realizando una alta tarea patriótica… en el medio económico-social, el más permeable hoy por hoy. En cambio si nos concentramos en la defensa de la unidad nacional en el plano político nos enfrentamos al vacío más absoluto en tanto la inmensa mayoría de la población ni contempla esta posibilidad, ni la tiene como el centro de sus intereses.

El trabajo en red, tiene además otras contrapartidas ventajosas:

- Permite que los pequeños partidos actuales sigan existiendo.

- De un lado sus militantes tenderán a colaborar en el interior de redes comunes, habituándose a una sinergia que vaya más allá de los altos muros de su propia sigla.

- De otro se insertará en la política real que nunca se realiza en el interior del local del propio partido, sino en medios sociales muy diversos en los que se pretende ganar peso.

- Finalmente, este estilo de trabajo permite que militantes y direcciones de distintos grupos impulsen fundaciones y ONGs comunes en torno a temas en los que el fraccionamiento solamente entraña debilidad y dispersión de fuerzas.

Por ejemplo: una fundación patriótica impulsada en común puede desarrollar campañas unitarias a favor de la españolidad de Canarias, Ceuta o Melilla. No son, desde luego, “vectores principales” del trabajo, pero sí puede servir para movilizar simpatías de sectores sociales que experimentan estos problemas con singular intensidad.

Otro tanto cabe decir de los problemas del aborto, o de la solidaridad con pueblos oprimidos o con la acción de círculos culturales, etc. Son formas “redes” que pueden habituar a trabajar juntos a militantes de distintas organizaciones a la vista de que las posiciones a adoptar ante esos temas serán –seguramente en la mayoría de los casos- idénticas.

Resumen:

Es lo que llamamos: la estrategia de los dos vectores apuntando contra las dos columnas del sistema basada en:

- Vector principal: trabajo en el medio sindical denunciando a las “mafias sindicales” y movilizando a los trabajadores contra las políticas económico-sociales del PP y del PSOE.

- Vector segundario: trabajo en red en otros sectores, facilitando la penetración en los ambientes sociales más diversos y la colaboración entre militantes de distintas fuerzas.

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Apuntes para una estrategia ante la superdepresión (III de III). ALGUNOS ASPECTOS TÁCTICOS Y ANEXOS

Las tácticas son las distintas formas de aplicación del plan estratégico. Aquí no estamos en condiciones de apurar todos los aspectos tácticas de la cuestión pero sí de apuntar unos pocos. Las tácticas concretas que se sugieren son tres: 1) Desembarco en sindicatos independientes. 2) Empleo de temas de agit-prop de carácter social y 3) Sinergia entre acción política y acción sindical. Podemos desarrollarlos brevemente:

1) Desembarco en sindicatos independientes

Esto implica:

- Desviar a unos cuantos cientos de militantes políticos hacia los sindicatos independientes.
- Aumentar el nivel de agitación y combatividad de estos sindicatos.
- Insistir particularmente en la movilización y en la protesta de los parados ante las oficinas del INEM y ante las sedes de los sindicatos domesticados.
- Hacer un eje central de la denuncia a los sindicatos domesticados y a la “mafia sindical”.
- Superar el concepto de “sindicatos reivindicativos” y de “sindicatos de gestión” por el de “sindicatos de autodefensa” que actúan en cuatro dirección: contra las mafias sindicales, contra los intentos del PP y de PSOE de imponer “reforma de las pensiones” y “reforma del mercado laboral”, contra los problemas generados por la globalización (inmigración – deslocalización) y contra los problemas concretos de cada sector laboral.

2) Ejes de agitación y propaganda sobre temática social:

- Preferencia nacional.
- Repatriación de los inmigrantes  en paro.
- Medidas de proteccionismo económico y reindustrialización del país.
- Necesidad de una planificación económica a nivel europeo.
- Defensa de las clases medias y de los trabajadores.
- Urgencia por establecer un nuevo orden económico internacional en el espacio euro-ruso basado en la emancipación absoluta del mundo financiero anglo-sajón origen de todas las crisis.

3) Sinergia entre acción política y acción entre los trabajadores:

- Patriotismo social como única forma de concebir el patriotismo ante la depresión.
- Redes propias en medios sindicales.
- Lucha contra la corrupción y su matriz, la partidocracia
- Lucha contra las carencias democráticas impuestas por la plutocracia
- Lucha contra las mafias sindicales y denuncia de su acción deletérea contra los trabajadores
- La defensa de las clases medias y los trabajadores precisa de nuevos instrumentos políticos y de un nuevo marco democrático ausente de la constitución de 1978.
- No se propone un “partido de clase”, sino un partido de las gentes honestas, de los que no han generado la crisis, pero sobre cuyas espaldas el Estado carga el peso de la crisis

Resumen: ¿De qué se trata, en definitiva?

a) De despertar a las clases medias y a los trabajadores, conseguir que perciban la naturaleza y el alcance de sus enemigos naturales: la globalización, el capital financiero, las mafias sindicales, la partidocracia y la plutocracia.

b) Renovar estructuras sindicales creadas en el siglo XIX para combatir hoy las consecuencias extremas del liberalismo económico.

c) Completar la actividad hoy limitada de los sindicatos independientes induciendo mayores dosis de militantismo y exteriorizando más su actividad.

d) Desgastar a la partidocracia demostrando como actúa en el mundo sindical, impulsando y subsidiando mafias.

e) Mientras dure la crisis social y la depresión, trabajar en el medio sindical, para estar en condiciones de dar la batalla en el plano político cuando la crisis social se transforme por efecto de la depresión, en crisis política. Esto hoy no puede hacerse dada la debilidad de nuestros aparatos políticos.

Errores posibles:

1) Creer que se va a hacer “sindicalismo”: nuestros militantes van a denunciar sobre todo el papel de las burocracias y de las mafias sindicales. Se va a protestar contra el gobierno y se va a intentar movilizar al mayor número de gente, pero no pueden agotarse la actividad en meras reivindicaciones laborales.

2) Creer que con sindicatos propios se lograría algo parecido: crear estructuras sindicales es costoso y precisa experiencia sindical acumulada que hoy no existe. Es mucho más simple aprovechar estructuras sindicales ya existentes y con tradición propia intentando reavivarlas.

3) Olvidar que el fin de la actividad en el medio sindical, no debe agotarse en ese medio sino que es preciso conducirla hacia el político. Y eso pasa a través de acciones constantes de protesta contra las políticas gubernamentales y sus voceros en el medio obrero.

4) Intentar convertir a los sindicatos en partidos patrióticos: los sindicatos son asociaciones obreras que jamás podrán ir mucho más allá de las protestas sociales. Una cosa es el “partido patriótico” y otra muy distinta el militante de estos partidos que realiza un trabajo en el “vector social”.

5) Olvidar trabajar en “vectores secundarios”, fiándolo todo en exclusiva a la acción en el medio sindica, cuando es preciso estar presente mediante la “actuación en red” en otros frentes secundarios, pero en los que nuestra presencia puede ser real y efectiva.

Algunas ideas-fuerza a utilizar:

a) “El Estado tiene dinero, pero lo administra mal. Hay que forzar al Estado a que invierta en políticas sociales y menos en gastos suntuarios y despilfarro”.

b) “Es posible bajar impuestos y aumentar las coberturas sociales para españoles: repatriando inmigrantes en paro”.

c) “Ni un solo euro para quienes han generado la crisis: banca, patronal de hostelería, cajas de ahorro, patronal de la construcción…”

d) “Que paguen los que crean la crisis: impuesto sobre la contratación de inmigrantes e impuesto sobre la deslocalización empresarial”.

e) “UGT y COOO = mafias sindicales amamantadas desde el poder, se representan a sí mismos, no son mis “agentes sociales””.

f) “Preferencia nacional para coberturas, ayudas y puestos de trabajo”

g) “Aligeramiento del gasto público: menos funcionarios, menos autonomías, menos Estado”

h) “No hay más patriotismo que el social, todo lo demás es el último refugio de los bandidos”

i) “La corrupción es a la partidocracia, lo que la Luna a la Tierra: viajan juntas”.

j) “Defensa de la familia y de la maternidad, ayudas sociales para las parejas jóvenes, reducciones fiscales, facilidad para viviendas dignas: todo lo que niega ZP”

k) “Hoy, asumir la autodefensa de la sociedad: mañana exigir responsabilidades por la imprevisión ante la crisis”

Apuntes sobre la cuestión geográfica:

Existen algunas zonas de “interés preferencial” para operar:

a) Zonas en las que la inmigración está por encima del 5%. Salvo algunas zonas de Galiza y de la Meseta Castellana y algunas zonas de Aragón, prácticamente en todo el Estado la inmigración está hoy por encima del 7%. Donde no hay apenas inmigración nuestro margen de maniobra se reduce notoriamente.

b) Las zonas de inmigración no son homogéneas: existe una fuerte concentración en la zona mediterránea, especialmente en Catalunya, en Andalucía y en Madrid y su cinturón industrial.

c) Dos ejes en los que se organizan estas zonas: el eje principal es el eje Extremadura-Valencia, el eje secundario es Cantabria-Sevilla. Madrid queda en el Centro. Los cuadrantes del Este peninsular registran más concentración de inmigrantes y los síntomas de crisis son más graves.

d) Catalunya tiene una situación particular: la parte positiva es que allí existe una fuerza hegemónica en el movimiento anti-inmigración, la parte negativa que en Catalunya existe el mayor número de inmigrantes, con la mayor concentración de inmigrantes en paro y con el mayor número de inmigrantes islámicos. Por todo ello, lo dicho aquí merecería ser abordado de otra manera en Catalunya.

e) Se trata de concentrar esfuerzos en función de la ecuación: posibilidad de trabajo = paro x inmigración + nº de militantes que debería dar un resultado superior a “350” para considerar que existen buenas condiciones para realizar trabajo político como el aquí expuesto. P.ej.: una localidad con 20% de paro, 15% de inmigración, 60 militantes movilizables, da 20x15=300 + 60 = 360, luego será una zona favorable para el trabajo político de nuestra área. En las zonas donde se den estas cifras habrá que concentrar esfuerzos.

f) “Zonas de Combate”: Ceuta, Melilla y Canarias, reivindicadas por Mohamed VI y sometidas a una penetración demográfica constante por parte de ciudadanos marroquíes. Estas zonas se convertirán en verdaderos hervideros en los próximos años y especialmente cuando Mohamed VI aumente la presión reivindicativa.

Necesidades subjetivas:

1) Simplificar el discurso político, evitar hacer de él un discurso para “iniciados” repleto de una jerga indescifrable para quien no pertenece a nuestro ambiente ni a nuestra tradición política.

2) Elaborar un discurso político eminentemente agitativo y desterrando todo aquello que no tenga capacidad de transformarse en elemento de agitación. Desterrar por completo las sofisticaciones ideológicas e insistir en las claves político-sociales.

3) Que el discurso elaborado corresponda a problemas reales experimentados por determinados grupos sociales, esto facilitará su capacidad de penetración en esos medios.

4) Que exista un “frente interior” tranquilo: es decir, que cesen los zarpazos, aguijonazos, malentendidos y macutazos que han ido desgarrando al “área” y sumiéndolo en una permanente pelea interior a navajazos. En este sentido es preciso elaborar una lista negra de chalados, indeseables, resentidos e intoxicadores obsesivos (o de los que comparten todos esos rasgos que los hay).

5) Que se disponga de medios económicos suficientes como para abordar tanto el “vector principal” como los “vectores secundarios” y sea posible mantener unos niveles de agitación y propaganda adecuados.

6) Que se disponga de documentos de trabajo, circulares internas, monografías, revistas, portal propio en Internet, editoriales y revistas propias.

7) Que el “área” pase de ser un magma en el que bullen docena y media de siglas divididas en tres áreas, a tener una voz y una entidad única que inevitablemente tendrá que ser un partido con tendencias o con “distintas sensibilidades”, pero dotado de un proyecto único.

8) El eje de este partido no puede ser otro más que las fuerzas anti-inmigración, las cuales registran distintos niveles de dinamismo, pero unos planteamientos muy similares en todas. La coordinación entre este sector es esencial para cualquier otra operación posterior.

9) A la vista de la creciente reducción del ambiente falangista a una dimensión esquelética y a la vista de su visible inadecuación formal para una lucha política en el siglo XXI, creemos que sería cuestión nuevamente de que los falangistas se replantearan su transformación en una Fundación para la Preservación del Pensamiento Joseantoniana y, a partir de ahí, inhibidos de las necesidades de la lucha política, se estructuraran como una “red” que trabajara coordinadamente con otros sectores del “área”.

10) En lo que se refiere al sector católico, estas últimas elecciones le habrán demostrado el techo de los planteamientos exclusivamente basados en temas como el aborto y de los temas específicamente católicos. Tales temas, sin embargo, son susceptibles de estar representados en el programa de un frente más amplio (reconocimiento a la tradición católica presente en la historia de España, oposición al aborto, defensa de la familia, necesidad de una ética y una moral etc.) a condición de reconocer la necesidad de una repatriación de los inmigrantes en paro, la necesidad de políticas que protejan la identidad europea y la necesidad de políticas sociales y económicas anti-liberales.

11) Sea cual fuere la forma organizativa de un partido que represente a los esencial del área en el futuro, éste deberá tener dos características:
- ser un partido con tendencias y
- construirse por fases, gradualmente.

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Del "frente político nacional" al "frente político social" (I de III)

Infokrisis.- ¿Es el patriotismo una bandera de combate? Entre los supervivientes de la extrema-derecha, el patriotismo es la única referencia común a la docena y media de siglas y a los casi 200 blogs que encarnan estas ideas en plena modernidad. Cuando, hace una semana sacábamos a colación nuestra teoría de los “tres sectores” en los que está dividido el área ultra (la azul, la identitaria y la católica) se nos olvidó decir que el patriotismo era, al menos en principio, el denominador común. Ahora solamente queremos añadir algunas variaciones sobre este tema.

1. Un problema de definición

Es evidente que el problema de esta área política es su misma definición. De hecho, pocos se reconocen como “de extrema-derecha”, casi ninguno acepta que se le llame “ultra”. “Identitario” es una palabra que, en principio, debería extender a algo positivo el eje político fundamental de este otro sector, la lucha contra la inmigración masiva y la pérdida de identidad de los pueblos de Europa. Y en cuanto a los “católicos” es evidente que los partidarios de esta religión tienen comportamientos políticos muy distintos que varían desde la extrema-izquierda guerrillera hasta la ultra-derecha montaraz. Con los falangistas ocurre otro tanto, como máximo aludir a esta categoría, indicaría a los que hacen del pensamiento de José Antonio Primo, el eje de su ideología. Pero es evidente que términos como “ultras”, “extrema-derecha”, “azules”, “católicos”, “identitarios” no sirven para definir exactamente al “área” ni mucho menos para darle personalidad.

Así mismo, los neologismos nacidos en los últimos treinta años han contribuido a aumentar la confusión: “nacional-populares”, “social-patriotas”, “social-cristianos”, “nacional-revolucionarios”, son nombres que definen pocos contenidos exactos y que, como máximo, son convenciones adoptadas por los grupos concretos que los han asumido, para resumir su enfoque de los problemas, pero, a decir verdad, fuera de los altos muros de estos grupos, nadie es capaz de acotar exactamente en qué consiste tal o cual planteamiento ideológico. ¿Qué es un “nacional-revolucionario”? ¿Es lo mismo que la “izquierda nacional” o es una forma que tienen algunos nacional-socialistas de eludir esta catalogación y asumir otra menos comprometida? En cuanto a los “social-cristianos”, calificación que utiliza AES, haría falta conocer en qué consiste su “doctrina social” para establecer si le cuadra o no el nombre. En lo que se refiere a “nacional-populares” o “populistas” ocurre tres cuartos de lo mismo en un país en el que el calificativo de “popular” está íntimamente ligado al PP.

Debo reconocer que he tenido algunos experiencias casi traumáticas en esto de los nombre (aunque no estemos en las “Ultramemorias”, vale la pena sacarlo aquí a colación). No utilizo el nombre “nacional-populares” o “populistas” desde que oí a Martín Beaumont dar una conferencia en una universidad de verano de DN sobre este tema. Si era aquello –“dar la razón al pueblo”- yo, desde luego, estaba en otra onda. Lo mismo me ha pasado con el término “nacional-revolucionario” que desde hace más de 25 años no utilizo cuyos contenidos varían según el interlocutor. Lo mismo me ha ocurrido con términos como “izquierda nacional”: algunos consideran que han inventado la pólvora utilizándolo, cuando el FSR ya se definía así hace 45 años. No hay nada nuevo bajo el sol, claro, pero en esta área, el sol es turbio e ilumina poco.

Si queremos aludir al “área”, es inútil fijarnos en neologismos y palabras-paradigma. Llevan directamente a errores de percepción. Vale la pena fijarnos solamente en los contenidos para intentar establecer a qué tipología política, unánimemente aceptada por politólogos y analistas, pudiera corresponder. Y aquí aparece el gran problema.

2. El patriotismo como elemento de reconocimiento del "área"

Un análisis más o menos detallado de las principales componentes organizativas del “área” (excluidos, naturalmente, rarezas y exotismos unipersonales) indica que el “patriotismo” es el elemento último de reconocimiento y el verdadero polo de agregación de este sector político. El “área” sería aquel sector político que vive con singular intensidad el patriotismo y, a partir de ahí, de esa base común, le superponen una serie de elementos añadidos: el falangismo, el catolicismo o el elemento identitario.

Pero esto desplaza el problema a otros horizontes: hay distintos conceptos de patriotismo y distintas formas de entenderlo. En principio, se tiende a confundir “patria” con “nación”, conceptos que no solamente no son lo mismo, sino que, hasta cierto punto son contrarios. Lo que hoy es la “nación”, ayer era el “reino”, si éste estaba ligado a la hegemonía de la aristocracia, la nación está vinculado históricamente al ascenso de la burguesía. La “nación” es un hecho que históricamente se afirma con la revolución francesa y con la inmediatamente anterior emancipación de las colonias de Nueva Inglaterra que dará origen a los EEUU. La “nación” es, pues, algo relativamente reciente que pertenece al ciclo de la “historia moderna”. Si bien, el concepto de “nación” se utilizaba ya en período romano (derivado de “natio”, el lugar donde se nace), tenía también un contenido étnico (conocida es la famosa frase d Varrón: “Son muchas las naciones que habían los diversos lugares de Europa”, Europae loca multae incolunt nationes). También para los romanos, una cosa eran las “nationes” y otras la “civiltas” o ciudadanía romana. Hasta la revolución francesa el término “nación” se siguió empleando en una acepción étnica: naciones eran las partes de un Reino o de un Imperio. Todo esto tiene poco sentido hoy: a efectos políticos, en España, “nación” es lo que dice la constitución española de 1978 por la que nos regimos. En su Artículo 3 se responde al marco de aplicación: la “Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Así pues, para los redactores de la constitución “nación” y “patria” es lo mismo. Más adelante, en cambio, se reconoce la diferencia entre nación, nacionalidades y regiones, cuando se dice que la constitución “reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. Pero la constitución es una norma para hacer posible la convivencia, lo que no implica necesariamente que sus contenidos sean “rigurosos”, sino sólo que son “oportunos” para alcanzar el fin propuesto.
 
La patria, sin embargo, es otra cosa. La “patria” es la “tierra de los padres”. En otros países europeos se utiliza el término “patria carnal” para designar el lugar donde se ha nacido, o, aunque no se haya nacido allí, el lugar donde uno se siente ligado por vínculos afectivos o culturales. Así como “nación” tenía, inicialmente, con Roma, un sentido exterior a la “Civilta romana”, el término patria estaba asumido sin reservas. De hecho, el concepto de “patria” nos ha sido legado por Roma y, por tanto, solamente está presente en el mundo derivado de la cultura-greco-latina. El concepto está ausente del mundo anglosajón que prefiere utilizar la idea de “country” que, equivaldría más a la de “país”.

Los tratadistas políticos han especulado en voluminosos trabajos sobre estos conceptos excitando al aburrimiento y manteniendo la confusión. Cada escuela tiene su forma de ver las cosas y, poco importa a nuestros efectos. La extrema-derecha, y es ahí a donde queremos llegar, no distingue exactamente entre “nación”, “nacionalidad”, “patria”, si bien considera al “país” como una calificación con poca vibración y mucho equívoco sostenida por la izquierda.

En tanto que “extrema-derecha”, este sector vive y afirma el patriotismo con singular intensidad, con la misma que es capaz de transformar el sentimiento de pertenencia a una nación en “nacionalismo”, esto es, afirmación intensa de los valores nacionales sean cuales sean.

Los problemas se multiplican porque:

1) Es preciso definir los contenidos del “nacionalismo”: ¿Cuál es el destino y la misión histórica de una nación? Es evidente que este concepto varía de un período de tiempo a otro: la misión de la España Imperial de 1492 al siglo XVIII es muy diferente al regeneracionismo que aparece en la crisis finisecular del XIX y, por supuesto, no puede ser el mismo que debería ser definido en la actualidad.

2) Establecer cómo conviven “nación” y “nacionalidades”
(y en este sentido los partidos nacionalistas periféricos han actuado exactamente igual que la extrema-derecha confundiendo también, sólo que deliberadamente, “nación” y “nacionalidad” y haciendo extensiva  aquella a  unidades a las que sólo le correspondería ésta).

3) Para colmo, el proceso de Unidad Europea (que no es sino la reconstrucción del espacio originario ocupado por los pueblos indoeuropeos) crea otro estadio. Ya no existen solamente las naciones-Estado, ni solamente las nacionalidades-regiones, sino la Unión Europa. Existen tres niveles de definición de nuestro origen personal: somos “ciudadanos” españoles, somos europeos y hemos nacido en alguna nacionalidad o región del Estado Español.

Los contenidos del nacionalismo o del patriotismo español (vamos a aceptar que nacionalismo y patriotismo sean lo mismo –que no lo son- simplemente para no introducir más elementos que no harían sino complicar la exposición) están hoy mal definidos. Nadie se ha preocupado de poner al día los contenidos de ese nacionalismo. Desde el 98 la reflexión sobre la misión y el destino de España se ha detenido y no existen pensadores de altura, ni una sola escuela de pensamiento que haya estado en condiciones de definir estos dos puntos esenciales sobre los que se asienta la idea de “Nación”. Para los pensadores católicos, España y la nación española están íntimamente vinculados a la defensa de la catolicidad… pero lo que fue en un tiempo, ya no puede ser hoy por motivos todos de peso: el propio Vaticano no está para admitir estos planteamientos, la Iglesia ha perdido fuelle en los últimos siglos y el catolicismo español es, sin duda, hoy, uno de los más débiles de Europa.

En la extrema-derecha, atribuir a Catalunya, Euskalherria o Galiza, el título de “nacionalidad” es casi una herejía… por mucho que sea la constitución quien lo atribuye y que, al menos en este punto, no va del todo desencaminada. Al no ser capaces de distinguir las sutilezas semánticas y los contenidos distintos de “nación” y “nacionalidad”, la adhesión extrema a la primera desliza casi necesariamente a una rechazo, no menos extremo, a la segunda.

Finalmente, Europa sigue generando rechazo en parte de la extrema-derecha. En este terreno se confunde el rechazo a la burocracia de Bruselas, a la falta de proyecto para “hacer Europa”, con la necesidad de Europa que subyace desde el punto de vista geopolítico, económico, energético e histórico. Una cosa es “Europa” y otra muy distintas la “Unión Europea”.

Valga todo esto para decir que el “patriotismo” de la extrema-derecha es excepcionalmente complejo porque no está bien definido. Cabría decir que la extrema-derecha española no ha tenido el valor del pueblo alemán que entre las estrofas de su himno colocó el “Alemania sobre todos” como forma casi taquigráfica de definir su patriotismo. ¿Qué es pues el patriotismo para la extrema-derecha? Lo mismo que el nacionalismo. Y ¿qué es el nacionalismo para la extrema-derecha? El “España sobre todos”.

3. Los problemas del patriotismo español


La extrema derecha tiende a pensar que solamente en sus filas existen verdaderos patriotas. Si fuera así, y a la vista de las dimensiones de este sector político, habría que pensar que es de por sí milagrosa la existencia misma de España en la actualidad. Con los 75.000 votos que han conseguido las 7 formaciones de extrema-derecha, es evidente que no se sostiene una Nación. Así pues, deberá haber “patriotas” en otras partes del espectro político.

De hecho, la “nación” y la “patria” son temas que pueden utilizarse políticamente pero con ciertas limitaciones: son “cosa de todos”, por tanto, es peligroso utilizarlas como bandera de un sector político y, mucho más, si es hiperminoritario. A nadie se le escapa que decir que solamente hay patriotas en la extrema-derecha es una enormidad: los hay en el PP (que no ha dudado en salir con banderas españolas a las calles) y los hay en el PSOE (de hecho, el felipismo celebró en 1992 los mayores fastos de exaltación nacionalista con tres eventos: Expo-Sevilla, las Olimpiadas y el Centenario del Descubrimiento). Y es normal que así sea. A fin de cuentas la “nación” y la “patria”, como decía, son cosa de todos. Si se convierten en “bandera” de una parte, mal asunto. Y mucho peor, si esta parte es minoritaria.

Durante los primeros años de la transición, la Confederación de Combatientes, distinguía entre “temas políticos” y “temas patrióticos” y afirmaba que determinadas conmemoraciones debían realizarse con criterios no políticos. Así, por ejemplo, el 12 de Octubre sería un día “patriótico”, no político, en tanto que lo que se reivindica es la afirmación comunitaria de una nación. Diferente es que se proponga la adhesión al concepto que tal o cual fuerza política se hace de esa nación, con lo cual el concepto para a ser político y se configura como punto del programa de un partido.
 
Así pues, el problema de fondo deriva de que la extrema-derecha asume el patriotismo con singular intensidad, mientras que otras fuerzas políticas lo hacen de manera más tibia. Esto se complica todavía más dado el particular sistema político español que, hasta ahora, ha hecho que los gobiernos de centro-derecha y centro-izquierda que no disponían del apoyo de una mayoría absoluta, debieran contar con el voto de minorías parlamentarias. Hasta ahora, el PNV, ERC, CiU, etc, formaciones nacional-regionalistas han dado su apoyo a cambio de obtener prebendas para sus autonomías. Esto ha dado la sensación de que “España se rompía”. De hecho llevamos 30 años con el “España se rompe”, desgarrado por los tirones de los nacionalismos periféricos.

A esto se une, además, que estos partidos nacionalistas periféricos tienen, como formas de nacionalismo que son, contenidos emotivos y sentimentales, esto es irracionales, en las que lo visceral ocupa un factor importante y, en el caso del PNV, incluso lo tribal. La endeblez de ERC, por ejemplo, partido que nunca ha tenido fuerza social relevante en Catalunya en los últimos 30 años, pero que se ha visto favorecido unas veces y perjudicado otras, por las oscilaciones del electorado, dirigido por una clique de inmaduros, aventureros y, frecuentemente, de obtusos, ha multiplicado insultos y ofensas a la nación española. La tendencia de todo este nacionalismo es culpar a España de cualquier cosa e imponer una falsificación de la historia que es lacerante para el sentido común. Y todo esto apoyado por los presupuestos públicos de sus autonomías respectivas, pues, no en vano, los partidos nacionalistas lo que hacen desde el poder es nacionalismo.

Todos estos insultos a España y a los españoles, llegados de la miseria intelectual del nacionalismo, cuatro pitos en partidos de fútbol en donde lo importante es pitar a algo que se mueva, han sido tomados por la extrema-derecha española como ofensas y han responsabilizado de ellos a “catalanes” y “vascos”. El desenfoque es evidente. A partir de ese momento, quien no manifestaba idéntica beligerancia en defensa de España, era considerado, como “tibio”, “traidor” o simplemente “vendido”.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com