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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Renovación Española y Acción Española, la “derecha fascista española” (I de VI) Fascismo uno y trino

Infokrisis.- Iniciamos una serie de entregas sobre el fascismo español y concretamente sobre lo que hemos llamado “la derecha fascista española”. La falta de tiempo y otros compromisos harán que esta serie se prolongue algunas semanas y no estemos en condiciones de establecer cuando concluirá. Sin embargo, sí podemos adelantar la estructura de la serie:

  1. Introducción: El fascismo uno y trino
  2. Charles Maurras en España
  3. Acción Española: autor intelectual de la sublevación franquista
  4. Renovación Española y el Bloque Nacional
  5. Falange Española y el “fascismo de derechas”
  6. Después de la guerra civil.

1. Introducción: Fascismo uno y trino

Sesenta y cinco años después de la desaparición del fenómeno histórico del fascismo subsisten las preguntas sobre lo que realmente fue esta doctrina política. El fascismo histórico, a fin de cuentas, sigue presentándose como un caleidoscopio en el que es posible ver distintas realidades compartiendo el mismo espacio.

Mussolini y los fascistas de la época eran los primeros en decir que el fascismo es más acción que teoría y así fue en realidad, pero el hecho de que en sus filas formara buen número de intelectuales y gentes que procedían de distintos sectores políticos, hizo que existiera una inevitable reflexión teórico y –lo que era peor- que cada cual diera al fascismo la orientación que mejor cuadraba con sus intereses, su historia pasada y, por qué no, con sus obsesiones y lastres originarios. El hecho, además, de que la opinión de los exponentes del fascismo cambiara a lo largo de los años, dificulta aún más la percepción de lo que fue en su conjunto el fenómeno.

Podría decirse a modo de simplificación que existieron tres variedades de fascismo que, a efectos de simplificación nos obliga a utilizar una clasificación espacial:

1) Un fascismo de “derechas”, habitualmente monárquico y conservador pero que incorporaba orientaciones nuevas surgidas en la primera postguerra europea y no se limitaba a ser la expresión de los intereses de las clases habitualmente conservadoras. Atraídos por el dinamismo anticomunista y por el deseo de orden, este fascismo exaspera la exaltación nacionalista propia de la derecha y, a diferencia de esta, tiene una vocación de “partido de masas”.

2) Un fascismo de “izquierdas” que hace especial énfasis en las ideas de “revolución social” y que enfatiza la “lucha contra el capital” (frecuentemente con la coletilla de “contra el capital judío”). Se siente anticomunista pero no en nombre del conservadurismo, sino por la sensación de que el materialismo dialéctico no es la respuesta a los problemas del momento y la oscura percepción de que más allá de la materia hay algo irreductible a ella.

3) Un fascismo “centrista” que se considera a sí mismo como una síntesis de tradición y revolución, que procura ser realista desde el punto de vista político y que se va acomodando a las distintas circunstancias cambiantes de la política. Es una forma de adaptacionismo mucho más que de eclecticismo.

Estas tres tendencias se perciben claramente en Italia (Farinacci por la izquierda, Mussolini por el centro y Roberto Rocco por la derecha), otro tanto ocurre en Alemania (con los Strasser y el propio Goebels en la izquierda, Hitler, Borman y Goerin en el centro y Himler a la derecha) y, por supuesto, en España.

El extraño caso del fascismo español

Sin embargo en el caso español se produce un fenómeno que complica aún más las cosas. Cuando estalla la guerra civil las distintas organizaciones que podrían asimilarse a los fascismos europeos todavía no han consolidado una organización única, son, en general, débiles y se encuentran divididas en las tres tendencias habituales de todo fascismo. En este sentido, el caso español es parecido al francés, en donde un sector de los Cruces de Fuego del coronel La Rocque podrían ser considerados fascistas al igual que las Jeunesses Patriotiques et Sociales o la misma Cagôule, el sector de Doriot, a pesar de su procedencia comunista, terminó siendo la componente centrista –a la que incluso, podían añadirse varios de los “no-conformistas” de los años 30-, mientras que una serie de grupos, a partir de Le Faisceau de Georges Valois y luego el Parti Fasciste Révolutionnaire de Philippe Lamour o el Parti Républicain Syndicaliste, fueron la componente de izquierdas.

El caso francés se explica por los precedentes. El fascismo francés de derechas tenía su origen en Action Française y el de izquierdas en las concepciones sorelianas y proudhonianas (tesis de Zeev Sternhell) en determinados socialistas que durante la guerra se volvieron nacionalistas. La falta de un liderazgo único, o más bien, la existencia de distintos liderazgos, unido a ese origen, los resentimientos de Francia en relación a Alemania (y el hecho de que el “enemigo secular” de Francia se orientara a partir de los años 30 por el fascismo) y a la aparición de una cohorte de intelectuales celosos de su independencia, fueron los elementos que explican la dispersión del fascismo francés, sus distintas orientaciones e incluso la riqueza ideológica del fenómeno.

En España se dieron otras circunstancias completamente diferentes: en primer lugar la ausencia de excombatientes y de un sentimiento patriótico y de solidaridad forjado en los campos de batalla. En segundo lugar el aislamiento español generado a partir de 1898 que todavía se prolongaba en los años 20 y que hacía que buena parte de la población permaneciera ajena a los nuevos movimientos europeos y manifestara desconfianza en relación a ellos. Así mismo, la solidez del anarcosindicalismo y la estabilidad de las principales fuerzas políticas de derechas e izquierdas (que tuvieron sus problemas internos –especialmente la derecha y los socialista- pero que no supusieron grandes rupturas ni debates ideológicos en profundidad), y, finalmente, la falta de una tradición previa –a diferencia de lo que ocurría en Francia en donde los ensayos pro-fascistas precedieron incluso al movimiento histórico del fascismo italiano-… todo esto, en conclusión hizo que el fascismo español previo a 1936 apenas pudiera despuntar.

Dentro de ese amplio espectro existieron también las tres corrientes del fascismo internacional: un fascismo de izquierdas que estaría representado por Ramiro Ledesma y su pequeño grupo de las JONS (que apenas pasó nunca de las 200 personas, en su mayoría bachilleres, estudiantes y dependientes), Falange Española como representante del “fascismo centrista” (y en el que, escarbando las opiniones de José Antonio Primo se pueden encontrar frases extremadamente conservadoras y también otras de indudable cariz “social”) y, finalmente, un “fascismo de derechas” encarnado especialmente en la figura de Calvo Sotelo y en la organización Renovación Española, mientras que la revista Acción Española y el grupo de intelectuales que se encontraban detrás, más que la expresión de las ideas de Charles Maurras en nuestro país o como un proto-fascismo, podría ser considerada como puntal de ese “fascismo de derechas” que siempre existió en Europa. Este estudio está consagrado precisamente a esa componente de derechas.

Las dificultades que encierra son evidentes: entre la derecha liberal española y la derecha fascista de los años 30 existen espacios comunes, zonas grises en las que es difícil determinar dónde está la frontera. Ramiro Ledesma sería el representante de esa mínima izquierda fascista española (aunque los fondos con los que publicó sus últimas revistas procedían, según ha explicado José María de Areilza, de “industriales vascos de Neguri”), José Antonio Primo el representante del “centrismo” fascista y Calvo Sotelo de la “derecha”.  Y esta es la clasificación “espacial” de la que partimos para nuestro análisis sobre la “derecha fascista española”.

Habitualmente, ha quedado para la historia que el “fascismo español” lo compusieron José Antonio Primo y sus colaboradores en primer lugar, luego Ramiro Ledesma (figura prácticamente solitaria) y, en ocasiones incluso se ha considerado al Doctor Albiñana y a su Partido Nacionalista como el representante de un protofascismo o de un fascismo de derechas (que ciertamente lo era). Pero también hay que valorar el elemento “cuantitativo”. Ramiro Ledesma siempre estuvo acompañado por ínfimas minorías de gente extremadamente joven. Su valor como teórico no venía acompañado de un carisma que le facilitase la atracción, no sólo de masas, sino de pequeños núcleos de colaboradores. En lo que se refiere a Falange Española seguramente estuvo en una relación militante de 500 a 1 en relación al grupo de Ramiro Ledesma, pero al estallar la guerra civil era todavía un grupo incipiente y ya en clandestinidad del que resultaba muy difícil saber cómo habría evolucionado con el tiempo. Todo esto palidecía frente a la “derecha fascista española” representada por Renovación Española, Calvo Sotelo y la revista Acción Española, conjunto que disponía de incomparablemente más efectivos, de diputados en Cortes y, lo que es más importante, de un nutrido grupo de intelectuales conservadores que miraban con simpatía al fascismo.

De ahí que estimemos que el error de los estudios sobre el “fascismo español” hayan consistido en centrarse sobre Falange Española y el grupo de Ramiro Ledesma, cuando en realidad el eje central debería haber sido… la “derecha fascista”. Si no lo fue se debió a distintas circunstancias: de un lado el que en la “unificación” franquista participaran solamente de un lado “FE-JONS” y de otros la Comunión Tradicionalista. La “derecha fascista” pareció quedar disuelta (aunque de hecho se integró en el movimiento franquista directamente y tuvo –como veremos- un peso indudable en el aparato franquista) en ese magma. Por otra parte, buena parte de los estudios sobre el “fascismo español” han sido elaborados por gente procedente de la izquierda o por liberales de derecha que habitualmente se cebaban en el hecho de que la doctrina nacional-sindicalista jamás estuvo concluida, ni presentada en forma de doctrina orgánica. La tesis era que “el fascismo español optó por los puños y las pistolas antes que por las ideas”. Además, buena parte de la “derecha fascista español”, tras el marasmo de la guerra civil, de la postguerra europea, volvió a reciclarse como “derecha-derecha” y quería hacer olvidar sus coqueteos con el “fascismo español”.  En general, los supervivientes volvieron a confesarse monárquicos (“juanistas” en varios casos) o bien a sentar las bases doctrinales del franquismo cuando su período “fascista imperial” (1939-1943) quedaba ya lejos.

Por todo ello existen pocos estudios consagrados a Renovación Española y menos aún a Acción Española y la mayoría de los que existen sitúan a este sector dentro de la derecha-derecha y no en el área del “fascismo español”. Lo que nosotros hemos intentado hacer es justamente desplazar el eje del “fascismo español” a este sector, a la “derecha fascista española” que, en nuestra opinión, constituye lo esencial del fenómeno fascista en España, tanto numérica como intelectualmente.

© Ernest Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.



Un cursillo dado en 1972 a un grupo de militantes…

Infokrisis.- Hemos rescatado del olvido (y de la humedad) este texto que tiene casi 40 años. Es la transcripción de un cursillo sobre concepción del hombre y evolución de las ideas que se dio en Badalona a los miembros de la Asociación Juvenil “Jaime I”, una de las “tapaderas” que utilizaba el PENS en aquellos momentos. Se publicó como “Anexo Cultural” a la revista “¿Utopía?”, órgano de ese círculo. A pesar de que el cursillo se debió dar en el último trimestre e 1972, se imprimió ya entrado 1972 y contaba de 20 folios en holandés, impreso por ambas caras. El PENS estaba en aquel momento prácticamente disuelto y se había iniciado la etapa de tránsito que nos llevó a un período de espera y de reflexión, así como de formación y preparación.

Se trata de un documento curioso en la medida en que demuestra preocupaciones por encontrar las justificaciones últimas de nuestra lucha política. Existen tres componentes de mayor a menor: conceptos de filosofía convencional, ideas que en aquellos momentos empezaba a difundir la Nouvelle Droite y, finalmente, elementos extraídos de la obra de Julius Evola. Con esto se hizo la síntesis que, finalmente, es este cuaderno. Repasadas sus páginas casi cuarenta años después (cuando ni siquiera teníamos 20 años) vemos que muchas de las ideas eran juveniles, el tratamiento a menudo pedante, muy lastrado por la jerga de la época, algo acomplejado por el alud de las filosofías y doctrinas de izquierda que dominaban la universidad y la cultura) pero hemos decidido no tocarlo en la medida en que constituye un testimonio de aquella época.

Era curioso que un grupo de jóvenes (que jamás superó las 30 personas) se plantearan problemas ideológicos o doctrinales en lugar de limitarse a repetir los “textos clásicos”. En este sentido hay que reconocer que en los años siguientes asistiríamos a una caída en el nivel de la militancia y de los cuadros. Repetimos: este es un texto curioso, no un texto para tomarse hoy al pie de la letra. A nosotros, en aquel momento, nos sirvió para seguir “pistas” que luego nos llevarían a madurar mucho más posiciones que, a la postre, resultaron muy similares a las aquí expuestas.

 

Documento 1973 – Asociación Juvenil “Jaime I”

Los presentes apuntes son un extracto de las charlas y coloquios realizados durante el invierno de 1.972‑73 con ocasión del II Curso Intensivo de Formación de Mandos. En ellos se advierte, con un mínimo indispensable de claridad y precisión, las causas auténticas que subyacen bajo los bloques ideológicos del presente, así como su presencia permanente a través de la Historia de la Cultura Occidental

En todo momento se ha tenido presente la imposibilidad material de condensar en unas cuantas horas, y mayormente dada la distinta formación de los concurrentes, los pormenores analíticos de las distintas filosofías así como su incidencia y grado de relación en el transcurso de la Historia. Se ha querido, por encima de todo, dar una visión sucinta que mejore tanto la mayor comprensión de la ideología como las distintas formas en que se presenta la de sus enemigos.

El enemigo ha desplegado en lo ideológico una ofensiva formidable. Su ataque es profundo, amplio, y lo que es más importante, perfectamente articulado. Desde las Ciencias de la Naturaleza hasta la Teología todo nos da una visión del hombre y de la Historia que está de acorde con sus propósitos estratégicos y sus ‑últimas necesidades tácticas. Los libros y ensayos, los artículos, las obras de teatro, los reportajes, se suceden unos a otros con tanta intensidad que ni siquiera para un hombre de cultura universal sería posible un rechazo efectivo, rápido y sin titubeos.

¿Cómo puede el hombre de la calle, y mayormente los Mandos –nuestros mandos‑ encontrar un atisbo de claridad en una selva inexpugnable de hipótesis y teorías, en la que se esconde hábilmente la Doctrina del enemigo? ¿Cómo actuar frente, por ejemplo, a las argumentaciones del llamado Movimiento Ecológico, o a una nueva interpretación del freudismo, o a un revisionismo moderno de la Fenomenología del Espíritu de Hegel? Hasta el presente el joven resolvía todo esto de una forma simple y rudimentaria: a través de la Editorial; cuando esto no era posible se valía ‑únicamente de su instinto político para renovar el linaje ideológico de una exposición.

El Curso, a nuestro entender, presenta la ventaja de poder, en cualquier momento y con un bagaje cultural mínimo, de dar la filiación de un hombre o de un pensamiento científico, político o religioso. Parte, eso si, porque está en la médula de la ideología tradicional, de una concepción dualista de la Historia y del Universo. Paralelamente a la lucha permanente entre la materia y el espíritu, se encuentra la oposición secular entre los pueblos de tradición espiritual y los meramente sensuales y materialistas. La Historia es, por su parte, la confrontación entro el hombre surgido y confundido con el Reino Animal, y el hombre que aspira a lo Perfecto, a la Divinidad.

 No era esta la ocasión para hacer hincapié en la siempre compleja cuestión de la raciología, ni para profundizar en cuestiones que han sido ya tratadas en anteriores cursos. De todas maneras, se volvió a insistir en el tema central de toda nuestra problemática; a­ saber, 'existencia de un pueblo y una raza muy antigua, que, por motivos desconocidos, efectúa un movimiento migratorio entre, el 1.600 y el 1.200 a. JC dando origen a las principales Civilizaciones históricas conocidas. Así, los arios, los asirios, los hititas, los persas, los griegos y los pueblos itálicos. Todos ellos tenían en común­ una serie de características que son justamente las que nos permiten preciar su Unidad dentro de la diversidad del indefectible que nos marca los distintos encuadres geográficos o históricos. La filología descubrió hace tiempo que todas aquellas lenguas, junto con las germánicas y sajonas, venían de una lengua común: la indoeuropea. Las características étnicas, por encima de los mestizajes y de las mutaciones que habían de aparecer forzosamente en un grupo tan extenso y tan incomunicable entre sí, nos llevan también a un prototipo único. Finalmente, su mitología, sus dioses, sus organizaciones sociales, su forma de entender la vida y la muerte, nos hablan de una unidad forzosa hundida en la noche de los tiempos.

El problema histórico empieza ante la certeza y el hecho evidente de que unos pueblos seminómadas, eminentemente guerreros, como los que penetraron por el valle del Indo sobre el 1.500 a. JC, no podían llevar de por sí todo el bagaje filosófico y cultural que presuponen los Vedas, los libros sagrados del hinduismo. El estudio de los mismos, ha maravillado a los investigadores de los más dispares rincones del mundo. Su exégesis ni siquiera está comenzada y alguna de sus técnicas psicológicas sólo hasta en los últimos años no empieza a ser descifrada por la Ciencia de Occidente. Todo nos lleva a suponer la existencia de una Cultura perdida de la cual nosotros sólo hemos podido recoger escuálidos fragmentos.

En este punto se abrió un camino interesantísimo que, al parecer, empezó a ser trabajado en el II Reich por el equipo de Rosenberg. Ante nosotros desfilaron los mitos, las antiguas leyendas germánicas y las del Mundo antiguo, tan parecidas en muchos puntos a aquellas. La idea del origen divino del hombre, del paraíso perdido, de la pri­mera caída, se aparecen bajo un nuevo aspecto, lleno de sugerencias e intuiciones. El pensamiento tradicional adquiere un nuevo matiz y se revigoriza y lo que es más importante se inserta y se articula con la mística que debe de informar necesariamente a todo movimiento restaurador.

El hombre en el pensamiento tradicional

Habría que empezar definiendo que se entiende por Pensamiento Tradicional. Mejor dicho, que grado de parentesco guarda con el denominado Tradicionalismo Católico, del cual, por regla general, estamos todos mejor informados. El conferenciante sostuvo una teoría que para muchos había de resultar nueva, a saber: que todas las religiones del os pueblos indo-europeos eran muy parecidas entre sí y que esta similitud no podía interpretarse sino por un factor común –un factor idiosincrático- y también por la existencia de unas fuentes originales únicas.

Las relaciones entre el Islamismo y el Cristianismo se aparecieron bajo un ángulo diferente, sugestivo e interesante y también el parentesco de estos dos bloques, aparentemente opuestos, con el Brahamanismo de los arios de la India. La problemática religiosa en incidencia con la militancia política, y aún las mismas disensiones religiosas (inexistentes en el presente como lucha armada), cobraban un planteamiento radicalmente distinto.

Si las grandes religiones de los arios Auden a esquemas fundamentales idénticos, y el concepto de la Divinidad, del Hombre, de la Vida y del Universo coinciden en su consideración metafísica, las variaciones que a través del tiempo y de la geografía haya podido experimentar esta doctrina Unitaria, carecen de sentido a la hora de levantar comunitariamente un programa de RENOVACIÓN. Poco importa ser católico, cristiano, musulmán o brahamánico. SI ES MUCHÍSIMO MAS LO QUE NOS UNE QUE LO QUE NOS SEPARA y si realmente vamos a enfrentarnos a una ideología (la liberal) que es antítetética a este factor común antes aludido, presente en todas las religiones de la raza blanca, y que de ahora en adelante conoceremos con el nombre de PENSAMIENTO TRADICIONAL.

El Hombre, en el Pensamiento Tradicional tiene siempre una Naturaleza doble (espiritual y material), ha sido creado por Dios y está sobre la Tierra para atender a este desarrollo interior que le permitirá, tras la muerte, regresar al Ser Divino. El Brahamanismo ha elaborado sobre esta doble naturaleza del hombre sutilezas y consideraciones que con mucho no llegan a elaborar ninguna otra de las grandes religiones. El espíritu de la India, la misma estructura semántica de la lengua sánscrita, permiten especulaciones metafísicas a las que nosotros sólo muy difícilmente nos podemos asomar. Pero fundamentalmente se dice lo mismo que en la religión judeo-cristiana y que en el Islamismo.

La Vida es entendida coro la búsqueda permanente del Hombre Integral. El desapego del hombre a la materia y este recogimiento interior en el que sobreviene el reencuentro con el propio ser y con lo Divino. Sólo en este estado se librará el âtman, en la concepción brahmánica del sâmsara (cadena de reencarnaciones) y podrá fundirse ‑con Brahma, el Ser Divino. Algunos consiguen este estado de "ilumina­ción" en vida, y tanto el proceso por el que se llega a este estado interior, como la descripción del mismo nos lo identifican con los estados de gracia y éxtasis de nuestros m1sticos en Occidente.

En el Cristianismo y en el Islam, la vida se entiende como­ una peregrinación, un viaje al término del cual, el alma ennoblecida regresará a Dios. La concepción ascética de la Vida entre los cristia­nos tiene su paralelismo con la "Pequeña Guerra" del Islam. Todo es una lucha constante para abandonar la periferia de la rueda del Mundo y llegar hasta su eje, donde se resuelven todos los contrarios, se complementan las oposiciones, y se encuentra esta ausencia de movi­miento, esta paz “beatífica" del hombre santo, del espíritu preparado para entrar en el Paraíso.

El HOMBRE TRADICIONAL es un ser rico en posibilidades que deberá desarrollar a lo largo de un proceso interior que durará toda­ su vida, y la Vida del Hombre y SU HISTORIA SOBRE LA TIERRA son esta ­lucha y este afán por encontrarse a SI mismo.

 El hombre en el pensamiento materialista

Normalmente tales filosofías materialistas han aflorado siempre como una consecuencia final del Monismo, es decir como la doctrina que niega la existencia de dos naturalezas distintas en el seno mismo del hombre. Es la conclusión natural de la no valoración exacta del hombre en el Reino Animal. Su aparición es una constante en la Historia del Pensamiento filosófico y científico, y lo encontramos desde Grecia, con Leucipo y Demócrito, hasta en el centro de todas las discusiones naturalistas que conmueven las Escuelas y Universida­des en los siglos XVII y XVIII.

Para el materialismo, esencialmente, pues en todo ello hay ­notables matices y distintas valoraciones, el hombre, es básicamente, un primate con un cerebro superior. Pero el centro de la discusión no está en el hecho especulativo en sí, sino en las consecuencias inme­diatas que de ello se va rápidamente a extraer. As1, por ejemplo, cier­tos biólogos modernos están, al menos en la exposición, dentro del materialismo sensu stricto, pero en todo el replanteamiento de la ­cuestión está presente la idea original de que el hombre es algo substancialmente distinto en la Naturaleza, y por lo tanto, de sus predo­cesores inmediatos inferiores. Inversamente puede darse el caso, como está ya sucediendo en algunos teólogos jóvenes postconciliares, que aunando a una concepción dualista del hombre, se encuentren todos los errores habituales del materialismo.

La cuestión sigue siendo pues, entre si se considera al hombre sujeto de una ascesis, o, por el contrario, abandonado a una con­cepción sensualista de la vida. De si su naturaleza, por su ORIGEN DIVINO, o su nivel de desarrollo por su GRADO DE EVOLUCION son tales que harán de la vivencia un ejercicio de desarrollo de las facultades latentes, o bien un simple hedonismo, un abandono a las más llanas necesidades del organismo.

 La libertad en el pensamiento tradicional

Ortega y Gasset decía que la libertad fue siempre en Europa la "franquía para que el hombre pudiese ser lo que realmente es". Es­ta es, en efecto, la noción de libertad en la Sociedad afecta al Pen­samiento Tradicional.

Si la vida del hombre es desarrollo, camino hacia la pleni­tud de su propia manera de ser no habrá más alternativa que conferir los elementos indispensables para que esto pueda ser así y no de otra manera. La libertad se nos aparece pues como un medio y no como un fin. La Vida del Hombre es una trayectoria y la libertad es la posibilidad inalienable de ser recorrida.

En el Pensamiento Tradicional el concepto de libertad se opone a la simple franquía para el ejercicio de la volición individual que es la característica más destacada de la sociedad liberal. Lo que el individuo quiera o no quiera ser, carece en absoluto de importancia, puesto que se está en la advertencia de que el hombre puede ir muchas veces en contra de su propio destino. La libertad mal ejercida o ejercida fuera de lugar se resuelve contra el hombre mismo pudiendo, incluso, llegar a dar en la pérdida absoluta e integral de toda libertad. El repertorio de libertades que afectan al hombre tradicional y por ene a su Sociedad, viene en función de las distintas categorías de responsabilidad. El “poder hacer tal cosa” viene en función del “para poder elevarme hasta” de la noción ascéntica, y el posterior ejercicio del fuero conseguido se condiciona lógicamente al haber alcanzado el nivel de responsabilidad que se quería alcanzar.

La libertad en el sentido tradicional configura al Derecho ­y a todas las Leyes que tienen que regir una colectividad. Así, siempre por encima de las normas interiores que ningún hombre puede perder, las leyes del Estado parten del hecho de la desigualdad de los hombres y de los ciudadanos.

En este punto surgió una pregunta interesante, que por el interés que suscitó reproducimos en toda su extensión. Se refiere a cuál podría ser la posición de una Sociedad en el sentido tradicional ante el hecho, hoy frecuente y juzgado natural, de las relaciones amorosas entre dos jóvenes.

El instructor consideró, en primer lugar, la oportunidad de la pregunta y el grado de ilustración que tenía para todo el discurso habido hasta el momento. Según nuestra manera de pensar ‑contestó‑, la juventud es una etapa de la Vida del Hombre, una etapa especialmente­ sensible y eminentemente de formación. Quizás, entre todas, la que debería tener menos derechos y más obligaciones. Se considera pues, que, el ejercicio de una libertad, que años más tarde puede llevar al hom­bre hasta su plenitud espiritual ‑esta es la importancia que en nues­tro mundo conferimos a los sentimientos‑ es en determinadas etapas de la Vida algo completamente negativo y por ello censurable y prohibido.

Uno de los presentes consideró necesario hacer la distinción entre ­una relación puramente platónica y otra que implicase una relación­ sexual importante. Que no es que se juzgase "antinatural" la fuerza que tiende a juntar a dos personas del sexo opuesto en un lazo, si se quiere, puramente afectivo, sino que lo que pasa es que el deseo, o la necesidad de la Naturaleza, es anterior a la maduración exigible en el Hombre para ello. Unas relaciones fuera de tiempo, el ejercicio de los sentimientos fuera de su lugar cronológico, frustrarán al­ hombre como tal y lo incapacitarán para, en el futuro, encontrarse a­ sí mismo en tan importante esfera de la vida. La Naturaleza humana, se concluyó, es helicoide, un resorte metálico, que debiésemos necesariamente desarrollar para poder apreciar su longitud; en el esfuerzo, que tiende siempre al recogimiento, a volverse sobre sí mismo, a volver a las formas sencillas de lo primitivo.

Individualismo y colectivismo. Génesis del espíritu revolucionario

Cuando un pueblo es joven y se está haciendo, es cuando tiene mayor influjo sobre él el pasado. Pensar, querer, sentir, es para­ estos hombres circular por cauces preformados, repetir en sí mismos un inveterado repertorio de aptitudes. Cuando un hecho nuevo se pre­senta, a nadie se le ocurre reformar la estructura de lo constituido, lo que hace es dar en él cabida al factor nuevo. LO ALOJA EN EL BLOQUE INMEMORIAL DE LA TRADICION.

El mundo clásico, como el medieval, tenla tal concepción ­del Mundo y de las cosas. El Universo no era caótico, y albergaba en ­su centro a la Tierra, y en el eje de la misma al hombre. Las leyes de la Sociedad reflejaban esta confianza del hombre para consigo mismo ­esta concepción canónica de la Vida misma. El hombre se encuentra íntegramente sumido en este estado de cosas y justamente la perfección es ­el grado de acercamiento a la regla específica tradicional.

La Sociedad tradicional es pues de base comunitaria. Hay un pasado que nos orienta para seguir el presente y alcanzar el futuro, y esto presupone la universalización de las normas y de las leyes. La persona tiene sentido pero el individualismo no.

El individualismo repudia lo recibido, aspira a producir un ­pensamiento nuevo. Ahora bien, esta ideación tiene que sostenerse por su eficacia convictiva, no por su grado de afinidad con el pasado que es precisamente lo que se niega. Su atributo principal debe de ser su Perfección intelectual, es decir LA RAZON. Cuando una circunstancia histórica produce un tipo de hombre que reacciona contra la comunidad, surge inmediatamente el individualismo y el racionalismo. El hom­bre cree entonces poseer una facultad casi divina que es capaz de re­velarle de una vez para siempre la esencia última de las cosas. Paralelamente, a través de la Razón, intentará obtener un Orden Social defi­nitivo, alcanzado deductivamente.

El individualismo devenido racionalista, construirá un futuro ideal por medio del intelecto puro, el cual deberá suplantar el pa­sado y el presente. Esta es en última instancia la definición más am­plia y substancial de la IZQUIERDA.

Históricamente, la Revolución Francesa fue posible por la agitación de un estado de ánimo que era consecuencia inmediata de un ra­cionalismo, que venía preparándose desde el siglo anterior. Y el mode­lo Constitucional se entresaca de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, es decir de unas colonias inglesas que precisamen­te se separan "por querer vivir su vida", por estar total y absoluta­mente desvinculadas de la idea secular del Imperio Británico.

Descartes y el racionalismo

La filosofía de Descartes (1596‑1650), nace justamente, en ­una época cuya coyuntura histórica, en la que por una parte los espíritus más selectos de la época sienten la necesidad de liberarse del blo­que mental del Medievo, y en la que, por otra, se asiste a un desarrollo espectacular de las Ciencias experimentales. Es la época de Copér­nico, Galileo y Kepler, de sus luchas con la Iglesia Católica, con to­da la socuela de consecuencias que ello comporta.

Descartes fue Rosacruz, es decir uno de los grados de la Ma­sonería y ello, al parecer, influyó esencialmente en su obra. El 10 de noviembre de 1619 se operó en él la “Invención Maravillosa” en que había de consistir su Método, es decir, exactamente un año después de haber conocido al hombre que más incidió sobre su vida intelectual, el matemático Isaac Bekman.  

Descartes declara dudosa y, por tanto, desdeñable toda idea ­o creencia que no haya sido construida por la pura intelección o "ra­zón”. Si la verdad es una, absoluta e invariable ‑afirma‑ no puede ser atribuida a nuestras personas individuales que son distintas entre sí, corruptibles y mutables. Debe de existir un sujeto abstracto, común a todos los hombres, sin variaciones y peculiaridades individuales, que ­sea capaz de aprehender la verdad. Esto sujeto os la Razón.

¿Cómo explicar la muchedumbre de opiniones y de gustos que ­según las edades, las razas, los individuos, han dominado la Tierra durante el transcurrir de la Historia? Para el Racionalismo, la Historia con sus incesantes peripecias, carece de sentido y es propiamente la historia de los estorbos puestos a la ranzón para manifestarse. Así di­ce en la meditación cuarta: "Todo lo que la razón concibe, lo concibe ­según es debido y no es posible que yerre. Mis errores nacen simplemente de que siendo la voluntad mucho más amplia y mucho más extensa que el entendimiento, no se la contiene en los mismos límites sino que se la extiende también a cosas que no entiende, a las cuales, siendo de suyo indiferente, se descarrían con suma facilidad y escoge lo falso como verdadero y el mal por bien: esta es la causa de que nos equivoquemos y pequemos”.

Decía Ortega y Gasset que la actitud específica del pensamiento moderno que nace con Descartes es la DEFENSIVA INTELECTUAL. Se comienza siempre no por el intento audaz de atrapar la verdad, sino por la precaución de excluir previamente el error. El Racionalismo es, a la filosofía lo que la suspicacia y la cautela al espíritu burgués de la época.

Una sociedad desvinculada con un pasado con el que quiere romper y aun del que se avergüenza, deslumbrada por la metodología de las ciencias experimentales y girando sobre un tipo e hombre del cual el burgués es el espécimen más representativo, tales son los ingredientes finales de los que va a nacer y aposentarse el racionalismo de los siglos XVII y XVIII.

La sociedad liberal

 La Historia de la Sociedad liberal, su génesis, sus vicisi­tudes, presiden durante casi 150 años los distintos acontecimientos de la política europea. Desde los primeros escritos de los enciclope­distas hasta la Constitución de 1.789 es una secuencia continua de personajes de opiniones distintas y aun opuestas, los que van preparando el camino de la Revolución Francesa. Una comprensión profunda de tal acontecimiento, nos obligarla también al análisis de los principales encoclopedistas, así como de los pormenores de su obra (Voltaire, Rouseau, Diderot, D’Alembert, Buffon, Holbach, Montesquieu, Baubeton, Condorcet, etc).

El liberalismo es pues la consecuencia lógica del racionalismo. Podría decirse que el segundo es la metafísica del primero. Es pues el sistema que considera el Derecho como un producto de la voluntad humana, en cuanto supone que la RAZÓN INDIVIDUAL es absolutamente libre. No ya pues más verdades que las que la razón descubra ni más derecho que el decretado en cada momento histórico por la mitad más uno de la población.

El individuo en sí, es decir aquella unidad biológica que se encuentra de pronto en el mundo y que va a intentar vivir su vida con un máximo de felicidad y un mínimo de esfuerzo, es lo básico y definitivo en el orden social liberal. Ahora bien, como resulta que las limitaciones de la naturaleza humana obligan al hombre a vivir en comunidad, se infiere que en la base misma de la sociedad subyace el pacto con un reparto concreto de servicios mutuos, que van a permitir al hombre subsistir con un máximo de comodidad en su lucha perenne contra el medio ambiente. A este cuadro simple de proposiciones se añade entonces la solución racionalista, el pensamiento “more geométrico” a la hora de coordinar y dirigir un conjunto de hombres multitudinario y heterogéneo.

En efecto, sentado de entrada cuál es el ORIGEN y el FIN  de toda sociedad, y habiéndose refutado y olvidado los cánones tradicionales, no hay más remedio que erigir otros nuevos que valgan para todos. Mejor dicho, hay que configurar el Derecho según este sujeto universal, común a todos los hombres, que no es otro que el ente racional cartesiano. Para la sociedad liberal que HA DEDUCIDO MATEMÁTICAMENTE lo que el hombre es y lo que el hombre quiere, no hay más remedio que erigir unas leyes que MATEMÁTICAMENTE sirvan a este SUJETO UNIVERSAL que está en el fondo de todos los hombres. Es sobre esta concepción que debe de entenderse la idea roussoniana del “sufragio universal”.

El concepto de la decisión y la resolución social sobre la voluntad del cincuenta por ciento de la población más uno, está, anclado profundamente en esta visión individualista que afecta a todo el sistema liberal. En efecto, previsto el desacorde de pareceres, se opta por la DECISION GEOMÉTRICA de cubrir con el ropaje de garantías y facilidades que se representa el cuerpo social, a la facción mayoritaria de la población. ¿Por qué no se matiza sobre quién o quiénes forman esta parte? Porque en la concepción liberal, todos los hombres son iguales, porque no hay distinción posible ni concebible entre unidades biológicas que a lo único que aspiran es a vivir su vida.

Veamos ahora algunos de los puntos de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano del 4 de Agosto de, 1.789:

- "Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional, comprendiendo que la ignorancia, el olvido o el despre­cio de los derechos del hombre son la causa de la infelicidad pública, y de la corrupción del Gobierno, han resuelto exponer en una declaración solemne los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, a fin de que esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social, les recuerde sus derechos y deberes; a fin de que los actos del poder legislativo y del poder ejecutivo, pudiendo en todo instante ser comparados con el objeto de toda institución política, sean mayormente respetados, y a fin de que las reclamaciones de los ciudadanos, fundadas desde ahora en principios simples e incontestables, tiendan siempre al mantenimiento de la Constitución y a la felicidad de todos. En consecuencia, la Asamblea Nacional recono­ce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Sor Supremo, los siguientes derechos del Hombre y del ciudadano:

1º.- Los hombres nacen libres o iguales en derechos y las distinciones sociales no pueden fundarse más que en la utilidad común.

Sic. O sea que las clases o categorías sociales, la jerarquía, el mando, etc., dejan de tener sentido en sí mismas y se apoyan únicamente, en su razón de ser en el beneficio. La distinción, aunque sutil, es importante porque viene a decir lo siguiente: “el privilegio de fulano o de zutano no es porque responda a un orden natural, o a una concepción orgánica de lo social, sino porque de esta manera esta probado y DEMOSTRADO que las cosas irán mejor, que el beneficio común será precisamente el esperado”. No tendrá sentido, por ejemplo, mantener una población científica con privilegios especiales sobre el resto de la población, sino que se puede DEMOSTRAR que esto vaya a beneficiar al cuerpo socia; entendámonos, se trata de un beneficio que las gentes entienden que es tal, y en caso de duda puedan dilucidar por el sufragio universal, pues está claro que la actividad científica revierte siempre, de una forma u otra, sobre la sociedad.

2º.- El objeto de toda sociedad política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

4º.- La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no daña a otro: por tanto el ejercicio de los derechos naturales del hombre no tiene otros límites que aquellos que aseguren a los demás miembros de la sociedad, el goce de los mismos derechos. Estos límites solo pueden ser determinados por la ley.

5º.- La ley no tiene derecho a prohibir sino las acciones nocivas a la sociedad. Todo lo que no esta vedado por la ley no puede ser impedido, y nadie puede ser constreñido a ejecutar lo que ella no ordena.

Sic. Está pues claro, que lo que realmente importa es el orden, la estabilidad y la persistencia del cuerpo social. Parece como si estuviéramos delante de un simple reglamento de régimen interior, que a lo único que aspirase es a mantener el silencio  el buen estado de los servicios en todo el establecimiento.

6º.- La ley es la expresión de la voluntad general. Todos los ciudadanos tienen el derecho de concurrir a su formación personalmente o por representantes.

Sic. Esta es la última consecuencia del pensamiento liberal. La misma modulación del conjunto de normas que van a fijar los límites de las libertades individuales van a ser los mismos interesados, la población en sí. Y como en caso de duda el proceso resolutivo es el sufragio universal, se sobreentiende que el radio de acción del ciudadano respecto a los demás, va a aestar fijado no sobre “lo que debe ser”, sino sobre “lo que quiera que sea”, determinado por la mitad más uno de la población.

12º.- La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita una fuerza pública; esta fuerza es, por tanto, instituida en beneficio de todos y no para la utilidad particular de aquellos a quienes es confiada.

Sic. Todo parece, pues, o recuerda a una asociación burguesa cuya característica esencial es la defensa interior ante su propia codicia, y la exterior frente a los demás. En la esencia misma del liberalismo, como en la de su filosofía madre, el racionalista, está presente una aguda DEFENSA E INQUIETUD.

LA SOCIEDAD LIBERAL ES UN CONJUNTO DE HOMBRES UNIDOS NO PARA QUE LES PASE ALGO, SINO SENCILLAMENTE PARA TODO LO CONTRARIO: PARA QUE NO LES PASE NADA. ES LA DIFERENCIA CUALITATIVA ENTRE EL GUERRERO Y EL COMERCIANTE.

Distinciones entre el Estado grecolatino y el Estado germánico

Sería un error suponer que el espíritu indoeuropeo fue lo suficientemente compacto y unitario para dar formas de convivencia política que, en lo substancial eran lo mismo en todas partes. A nuestros pensadores queda la noble tarea de precisar las afinidades y diferencias entre el mundo clásico y el mundo germánico. De precisar hasta qué punto llegaron a ser antagónicos y de si, en realidad, en el espíritu organizador de Grecia y Roma no empezaron a manifestarse ya los primeros síntomas de una decadencia.

En Roma se parte de un Estado municipal, de una idea colectiva e impersonal. El Estado es anterior a la persona. Para organizar la vida de un pueblo lo primero que hay que hacer es construir el aparato del Estado. En los pueblos germánicos –por el contrario- el Pueblo consiste en unos cuantos hombres enérgicos que con el vigor de su puño y la amplitud de su ánimo saben imponerse a los demás y, haciéndose seguir de ellos , conquistar territorios, hacerse “señores de tierras”.

Par el romano, el hombre terminó naciendo con derechos. Para el germano los derechos tenían que sr ganados y después de ganados, defendidos. Al germano le interesaba más el derecho a la autoridad que no el derecho a la propiedad. No quiere cobrar en sí, sino mandar, juzgar y tener leales. El Medievo es la continuación natural del germanismo; en él los reinos están formados por feudos, que no son nada más que la concreción social, vital y jurídica de los viejos caudillajes.

El mundo greco-latino es democrático, pero profundamente antiliberal. A su vez, el mundo germánico es antidemocrático pero liberal.  Esto viene a significar que por encima del Reino, de la idea comunitaria que subyace en as naciones incipientes o, incluso, en las ya formadas, está el feudo, es decir el castillo y su señor, y con ellos las tierras conquistadas con la fuerza de la espada, la adhesión indubitable de los súbditos que están bajo su protección, y la convicción profunda de que el principio y fin del derecho, la ordenación de la vida económica y social descansan en él.

La comprensión del fenómeno feudal es básica para entender diez siglos de la historia europea. El mismo fenómeno de la Reforma protestante y de la Contrarreforma se articulan en él, puesto que el primitivo cristianismo como ya apuntábamos en las primeras páginas, se vio enseguida configurado por el espíritu imperial y estructuralista de Roma.

La problemática está hoy latente, quizás más que nunca, la hora de erigir la Gran Europa, y es justamente a nosotros, a los jóvenes, a quienes nos toca la síntesis moderna entre el sentido de la independencia germánica y el espíritu absorbente y sincrético de Roma. ¿Hasta qué punto los mismos son dos facetas distintas y complementarias?

La aparición de la filosofía crítica. El pensamiento moderno

Para nosotros, el estudio de la filosofía que empieza con Kant encuentra su significado en el intento de comprender más perfectamente a Hegel y de poder hacer, consecuentemente, una réplica más eficaz al materialismo histórico de Marx. Sin embargo, tal intento escapa obviamente de los límites del Curso, ni siquiera a título de introducción. Está fuera de nuestras posibilidades, no tan sólo la exposición de la Crítica de la Rezón Práctica y de la Paz Perpetua, de Kant, sino también el obligado paseo por el pensamiento de Fichte y de Schelling, sin el cual ni la lógica ni la Fenomenología del Espíritu de Hegel pueden ser perfectamente comprendidas.

Kantismo y neo-kantismo. Hegelianismo y hegelianismo de izquierdas. El pensamiento de Nietzsche en oposición al de Hegel en la filosofía postkantiana. También Schopenhauer y, ¿por qué no?, Dilthey. Es todo un mundo, el mundo de la filosofía en el que hay que sumergirse para no emerger probablemente por ninguna parte. Y, sin embargo, pesa sobre nosotros la doble obligación intelectual del estudio de tales doctrinas en sí, y del estas preparados en un campo en el que el enemigo ha trabajado especialmente. La acusación de Marx contra Proudhom (Miseria de la Filosofía) de no haber comprendido la dialéctica de Hegel debe ser un aviso para nosotros en el sentido de darnos cuenta hasta qué punto el prestigio de la obra del filósofo alemán es un factor importantísimo a tener en cuenta.

Ni hay más remedio que abordar la sinopsis de la filosofía crítica desde otro unto de vista. Intentando, si es que ello es posible, ver qué grado de parentesco tiene esta filosofía con la época en que está enmarcada. No se quiere decir con ello que adoptemos una actitud parecia a la de Marx, en creer que las formas de pensamiento de cada época son las de su clase dominante, que las utiliza de esta manera para defender sus privilegios, sino simplemente, que la filosofía es en última instancia el hombre, es decir, el filósofo y que éste vive necesariamente inserto en su tiempo. El cartesianismo es, Descartes, y Descartes es un desafecto al espíritu tradicionalista del Medievo, inserto y desarrollado sobre la misma madera del hombre que pudo permitir el crecimiento y la expansión universal del burgués.

Kant lleva hasta sus últimas consecuencias, el estilo de filosofía que empieza en el Renacimiento. Desaloja de la Metafísica los problemas ontológicos y se queda con los epistemológicos. El kantismo, no se preocupa de qué es o de cuál es la realidad, de qué son las cosas o de qué es el mundo, sino de cómo es posible el conocimiento de la realidad. Más que saber, lo que realmente importa a Kant es no errar. El kantismo se halla pues inserto, como el cartesianismo o el pensamiento de Hume, en la suspicacia imperante en la época. La solución que da Kant a los problemas permanentes de la filosofía, son fruto de varios factores entre ellos, por ejemplo, cabría considerar los métodos de trabajo y de estudio de que dispuso, así como la propia tradición intelectual germánica en la que se había educado. A nosotros nos interesa únicamente destacar que el pensamiento de Kant, como el de Descartes son la última consecuencia de un tipo de hombre en el que la falta de confianza en la intuición y en las facultades trascenentes del espíritu, ha llegado hasta sus últimas consecuencias. No es lugar aquí para hacer un análisis de su filosofía; el hombre de Kant surge de una época vacía de afirmaciones contundentes. Su idiosincrasia es radicalmente opuesta a la del hombre clásico que se creyó siempre en el centro del universo, descendiente directo de los dioses, y en una confianza absoluta tanto en su capacidad de dominar la verdad, como la Historia o la Naturaleza.

Hegel y Marx

La interpretación que hace Hegel de la Historia es consecuencia directa de su tríada lógica (tesis, antitesis, síntesis), y el pro­tagonista de la misma es el Espíritu en el sentido que da él mismo a esta palabra.

El principal atributo del Espíritu de Hegel es conocerse, a sí mismo, introspeccionarse. En virtud de esta actitud, reflexiva sobre sí misma, el Espíritu es capaz de mandar sobre sí mismo y darse, a su vez, una ley. Esta actitud creadora de marcarse unas normas de conducta, de imponerse una autodisciplina, en en lo que consiste la auténtica Libertad.

Cuando el hombre vive fuera de sí, pendiente continuamente de su lucha por la subsistencia, el proceso reflexivo no es posible y el espíritu no se manifiesta. El Espíritu aparece en el mundo con el Estado, y la Historia del Estado no es nada más que el progreso en la conciencia de la libertad, el contenido de la Historia Universal.

El espíritu nacional, lo que podemos entender también con el nombre de Pueblo, no es nada más que una versión del Espíritu en un momento y lugar determinado. Un estilo de vivir la Vida, una interpreta­ción que de sí mismo hace el Espíritu.

Los pueblos, con el tiempo, alteran las condiciones contra las que habían luchado en un principio y, a su vez, se alteran a sí mismos, transformándose. En este proceso se manifiesta el desarrollo,­ total del espíritu nacional, y le corresponde en su culminación un ni­vel de Libertad, un grado de perfeccionamiento.

Nos encontramos ante una forma de Estado, y posibilitado por ella, una forma de interpretar la Vida. Este es el nivel que ha alcan­zado el Espíritu en esta peregrinación terrenal por la Naturaleza.

Otro pueblo, en otro tiempo y en otro lugar, empezará su historia, y al final de ella nos encontraremos con otra forma de Estado y con otra forma de desarrollo espiritual concreta. En esta otra manera de ser el Espíritu, y en qué consiste el espíritu nacional de este pueblo, se pondrá de relieve el nuevo peldaño alcanzado por el Espíritu en su subida.

La manera de interpretar la historia que tiene Hegel, presu­pone que el presente es una consecuencia forzada de pretérito, y que este a su vez, es el condicionamiento absoluto del futuro. Nada de lo que pasa podría pasar de otra manera. En el final de los tiempos se vaticina un Estado máximo, con un espíritu nacional tal (leyes, artes, ciencia, etc.) y un nivel de perfeccionamiento en que el Espíritu habrá alcanzado su plenitud definitiva.

Para Marx, que se apropia inmediatamente de la Lógica de Hegel, el protagonista de la Historia no es este ente obscuro y de difí­cil interpretación que el filósofo alemán llamaba Espíritu, sino sencillamente la Naturaleza. Y por Naturaleza se entiende básicamente la naturaleza humana, el hombre biológico. El espíritu nacional de Hegel es sustituido por las relaciones económicas o por la estructura econó­mica si se quiere entender mejor. Ellas son las que determinan las condiciones sociales, la estructura social, y ésta, a su vez, las leyes, el arte, la ciencia, la religión...

Según Marx, la Historia viene presidida por el grado de equilibrio o de relación entre las fuerzas de la producción y las condi­ciones de la propiedad. En un momento dado las primeras contribuyen a levantar el edificio social y ocon6mico en que se parapeta una clase, pero luego lo hacen estallar y se entra en un período de revolución so­cial.

Un ejemplo clásico en Marx es el del monopolio. Para é1, el monopolio moderno no es una consecuencia de la libre, concurrencia ‑co­mo había asegurado Proudhon‑ sino la síntesis del monopolio feudal y ‑de la concurrencia liberal‑burguesa que surgió como antítesis del pri­mero. La estructura social y económica feudal habla originado el mono­polio feudal, el cual subsistió hasta el día en que se implantó la concurrencia libre de la burguesía naciente, esto dio lugar, con posterioridad a dos fenómenos distintos pero paralelos: la destrucción de la estructura económica feudal y la abolición de los privilegios feudales, y el asentamiento de las bases que llevaban a1 monopolio moderno.

En el presente, según Marx, como consecuencia final de la rueda hegeliana que preside 1as relaciones económicas, se va a una con contracción cada vez mayor de capitales y empresas en manos de unos po­cos. Los antiguos artesanos y los pequeños propietarios serán arruinados e irán a engrosar las filas del proletariado. Posteriormente, se darán dos hechos: una progresiva carestía de la clase obrera, frente a un simple enriquecimiento de 1a dominante, y una creciente sensibilización de las gentes que llevará a la revolución social y a un nuevo estado de cosas.

El nuevo estado de cosas será el estado obrero, la dictadura del proletariado. La reconquista de una mayoría de desposeídos de, la riqueza minoritaria de los posesores. La estructura económica inicial será la del totalitarismo comunista que forjará consecuentemente unos nuevos valores y un nuevo tipo de hombre, el hombre comunista. Final­mente desaparecerá el Estado y devendrá el comunismo socialista absoluto.

Análisis final del marxismo

Hay que considerar en primer lugar el carácter intrincado y obscuro en que fue escrito "El Capital". Por otra parte, el materialismo histórico fue ya recordado y circunscrito por el mismo Engels en su tiempo. No puede probablemente hablarse de “marxismo”, tanta es pues la proliferaci6n de interpretaciones distintas y aun opuestas que se han hecho del pensamiento de Marx.

Los vaticinios de Marx no se han cumplido. La revolución so­cialista se hizo en un país agrario y feudal y la crisis de las socie­dades industriales capitalista no han desembocado, por otra parte, en/el caos pre‑revolucionario de la dictadura del proletariado. Lenin ya dijo en su época que la última fase del Capitalismo era el Imperialis­mo y que por ello su agonía sería lenta. Marcuse últimamente ‑agente de la C.I.A., según se ha dicho‑ expuso con toda claridad la problemática de la sociedad. de consumo ante la dialéctica marxista.

La interpretación materialista de la Historia del marxismo es para nosotros insostenible. Sus predicciones económicas indemostrables. Es el pensamiento consecuente de una mente materialista; del que ve en el hombre única y exclusivamente un ente biológico y del que pretende por lo tanto un bienestar puramente vegetativo. EL MARXISMO DEBE DE INSCRIBIRSE DENTRO DEL CONTEXTO REVOLUCIONARIO LIBERAL.

Antes de que Marx elaborara totalmente su teoría, su posición ideológica estaba definida y sabia de antemano que quería encon­trar en la Historia. El Marxismo es el socialismo de siempre galvanizado POR EL METODO FILOSOFICO Y LA CIENCIA de la época. Su finalidad no es otra que el probar "científicamente” que lo que va A SER del mundo es lo que RACIONALMENTE debe ser y que invariablemente, nosotros, seres racionale, deseamos en el fondo que sea

 Identidad entre el liberalismo revolucionario y el comunismo utópico

Se basan en un mismo concepto del hombre, y por lo tanto pretenden sensiblemente lo mismo. La diferencia esta en el procedimiento e, históricamente, la aparición masiva del segundo sobreviene frente al funcionalismo pésimo del Estado liberal.

Hemos visto la génesis del pensamiento revolucionario liberal. Podr1a decirse, incluso, que esta revolución no ha terminado, que es permanente y que se manifiestan en todas aquellas partes en que se reproducen las causas iniciales de la desafección. Así, por ejemplo, vemos que la apetencia liberal se da mayormente en los individuos y en las sociedades profundamente trastornadas por la problemática socio-económicas de la época. ¿Cuál es el tipo de hombre, en nuestros días más

fuertemente atraído por el espejismo de las concepciones liberales?­ ¿No es acaso, el inmigrante, el hijo de inmigrantes, el que ha dejado atrás ‑en una palabra‑ la tierra de sus antepasados, con sus modos, su lengua, sus costumbres? No puede esperarse que lo que nace después de una huida precipitada y dolorosa, originada por la desesperación de la vida familiar y con el arrambamiento de los mitos y tabúes religiosos y morales, esté precisamente incluido dentro del modo de ser tradicional. En este hombre o en esta mujer que, frecuentemente, con su trabajo, con su duro trabajo, se convierte de la noche a la mañana, en el principal soporte económico de la familia, y que fuera ya de su pueblo natal, en un ambiente distinto, no se cree ya con la obligación de dar explicaciones a nadie, es justamente donde reside el prototipo liberal.

Un pueblo de inmigrantes, como es o como fue el de los EEUU de América en el siglo XVIII, formado en buena parte por los desheredados y por los delincuentes de las principales ciudades europeas, no podía ser de ninguna manera, al menos por mucho tiempo, un afecto a la Monarquía y al Imperio encarnados, para ellos en la Gran Bretaña. Se huye, como en el caso de nuestro inmigrante, de todo lo que tenga re­lación con el pasado, con un pasado que es compendio de oprobios y humillaciones, y se abraza incondicionalmente todo lo que gira sobre el hombre y una libertad y felicidad que no se ha tenido nunca y que aho­ra se empieza a vislumbrar.

El hombre y la sociedad tradicional se mantienen y perseveran en aquellas condiciones sociales que permiten la continuidad. Mayormente en las sociedades agrícolas y también en las grandes familias industriales o artesanas. Cuando el hombre no tiene motivos objetivos ni emocionales o sentimentales para huir  y renegar del medio en el que ha nacido y se ha criado; cuando la infancia y el mundo de los mayores es recordado con cariño y admiración, cuando se está orgulloso del pasado de la familia, del pueblo o de la Nación y sobre este respecto fundamos nuestra actuación y levantamos nuestro futuro, entonces están sentadas las bases de una sociedad en el estilo tradicional. El Comunismo, que no es nada más que “el socialismo más la electricidad”, en el decir de Lenin, no es nada más que una de las facciones del socialismo que nace y se desarrolla en el siglo pasado, coincidiendo con el auge de la civilización industrial. Es el socialismo llamado científico y por ello el más convincente, puesto en manos de una raza para servir así a sus propósitos personales.

¿Qué es lo que subyace en la mentalidad de los hombres afectos, en general, al comunismo, sea éste el utópico o el marxista-leninista de los últimos tiempos? Respuesta: el deseo y la necesidad de REORGANIZAR LA SOCIEDAD LIBERAL  para mejor conseguir la utopíaa de aquel paraíso terrenal antropocéntrico que apuntaba tímidamente en la REVOLUCION FRANCESA.

El fin es la Libertad en el sentido de poder hacer lo que el hombre quiera y no lo que realmente deba. El placer, la felicidad, el gozo temporal según la concepción materialista de la vida.

El pensamiento tradicional en el siglo XX

Debemos entender pues, dentro de él todo los intentos surgidos en los últimos cincuenta años que han INTENTADO SUPLANTAR EL HOMBRE LIBERAL-MODERNO por el ARQUETIPO TRADICIONAL EUROPEO. Esta visión renovadora ha cristalizado en los distintos países europeos en otros tantos Movimientos que, salvadas las diferencias geográficas y el “impasse” de los tiempos históricos, han venido a ser siempre las ramas fructíferas de un gigantesco  árbol que sacaba toda su savia y toda su fuerza del magma biológico común a todas las etnias continentales.

Toda raza es portadora de una forma concreta de entender la Vida, la cual es básicamente propia, minguar y por lo tanto irreductiblemente intransferible. La Cultura que esta raza llega a crear es algo que con mucho trasciende a es minúscula facultad de nuestro ser que llamamos Razón. Sólo una concepción del hombre fragmentaria y parcial, como la que tiene el Racionalismo de nosotros, puede incurrir en el error de suponer la viabilidad de una Cultura Universal aplicable a todos. Por el contrario, el Pensamiento Tradicional, nacido de una concepción integral del hombre, vincula la Cultura a la Raza y ésta a su vez a las estructuras sociales que permitirán desarrollarla.

Consciente o inconscientemente movimientos tales como el Fascismo italiano, el Nacionalsocialismo (que no llamaremos alemán pues este país fue tan sólo uno más de los veinte en que existió), el Rexismo belga, Falange Española, la Guardia de Hierro rumana… son los INTENTOS ESPONTÁNEOS (la llamada Internacional Negra sólo existió en la mente de los comunistas) de RECONQUISTAS PARA UNA MANERA DE SER LOS ADELANTOS DE LA ERA MODERNA. No son como algunos pretenden “soluciones” económicas y sociales a los problemas del siglo XX, sino las fórmulas dispares de una Revolución que intenta eliminar  el PROCESO DEGENERATIVO al que nos vemos abocados desde hace 150 años y RESTURAR EL ORDEN PERDIDO, EL NUEVO ORDEN.

Hoy más que nunca podemos ver que el Comunismo NO ES UNA REVOLUCION sino el apéndice y el corolario de la revolución liberal (que no sería tal revolución –dice textualmente el conferenciante- sino una especie de mutación espiritual nacida de un proceso dispersivo, con analogías inclusiva en la Naturaleza viva). NO INTENTA NADA NUEVO y es en última instancia el PENSAMIENTO REACCIONARIO POR EXCELENCIA. Todas sus argumentaciones –inclusive la de las “motivaciones” de los que les llevan la contraria- se apoyan en una visión paupérrima de la Naturaleza del hombre. El “paraíso” que pretende como summun de la felicidad sobre la Tierra –al margen de que sea o no posible- es de una pobreza  y una sociedad incontenibles. No puede, pues, extrañarnos que las obscenidades de un Hebert durante la Revolución Francesa se repitan en los anarquistas de hoy (y de mañana, y de siempre), pues está en definitiva en la base de todo el proceso esta retracción de la Materia sobre sí misma, a la que antes aludíamos, esta exaltación del TAMAS, como dice el brahamanismo, que se revuelve y REACCIONA contra las fuerzas espirituales del Hombre.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

¿Idilio entre Hitler y Stalin? (V de V). Geopolítica del conflicto

Infokrisis.- Con lo dicho hasta aquí resulta evidente que, dentro de la IC los partidos comunistas locales eran meras piezas que aceptaban disciplinadamente las decisiones emanadas del centro moscovita sin pestañear. Hacerlo hubiera supuesto, no solamente que verían cortados los cuantiosos fondos que recibían de Moscú, sino que, a partir de las primeras purgas, una caida en desgracia de sus dirigentes, podia suponer, acto seguido, una eliminación física de los mismos.

El papel de los partidos comunistas

Pero si los PPCC nacionales eran satelites disciplinados de la IC, ésta a su vez tenía su centro de gravedad en el Kremlim. Ya incluso en los tres primeros congresos de la IC con Lenin vivo, el peso del Partido bolchevique ruso era determinante. Stalin, con su formulación de la teoría del “socialismo en un solo país”, aumentó todavía mas la dependencia de los Partidos Comunistas de todo el mundo que bajo su mando y hasta el final del regimen no fueron nada más que peones de la política exterior soviética y para cumplir ese papel recibían subvenciones y formación de dirigentes.

Nunca ha existido dependencia tan extrema de unos partidos politicos a un centro de gravedad radicado en el extranjero que la que se dió entre los PPCC y Moscú.

Durante años, los comunistas alemanas, por ejemplo, habían rechazado la idea de un “frente popular” con los que ellos llamaban “socialfascistas” (la socialdemocracia). En la “Historia del Partido Bolchevique” de Daniel Broué, se explica que “el partido comunista alemán no es la organización de los obreros alemanes dispuestos a preparar la transformación del régimen, a pesar de que estos sean o hayan sido en su mayoría miembros de él; de hecho, constituye una organización de propaganda en manos de la burocracia estatal rusa, ésta es la razón de que sus errores puedan explicarse con facilidad (…). De forma más general, está claro que los intereses de la burocracia de Estado rusa, no coinciden con los de los obreros alemanes. Lo que para estos tiene un interés vital es detener a la reacción fascista o militar: para el Estado ruso, lo importante es sencillamente impedir que Alemania, sea cual fuere su régimen interior, se vuelva contra Rusia al aliarse con Francia (…). La «defensa de la URSS» exige la búsqueda de aliados en los países capitalistas: los partidos comunistas de cada país subordinan toda su acción a este imperativo y abandonan toda política de clase basada en el análisis de las relaciones sociales para servir exclusivamente como punto de apoyo a la diplomacia rusa”.

El propio Dimitrov, líder de la Internacional, será todavía más explícito en 1937 al afirmar que: «La línea histórica de demarcación entre las fuerzas del fascismo, de la guerra y del capitalismo por un lado y las fuerzas de la paz, la democracia y el socialismo por otro, viene dada cada vez más claramente por la actitud hacia la Unión Soviética y no la actitud formal que se adopta hacia el poder soviético en general, sino la que se adopta ante una Unión Soviética que ha proseguido su existencia real desde hace casi treinta años, luchando infatigablemente». A partir de ese momento, la razón de ser de los partidos comunistas no es la lucha por el comunismo, sino el apoyo a los esfuerzos de la diplomacia soviética y del Ejército Rojo.

Tras la disolución de la Komintern en 1943, cuando los aliados lo exigieron a la URSS a cambio de enviar ayuda military en la guerra contra el III Reich, los Partidos Comunistas de Europa Occidental seguirán existiendo hasta 1989 cuando cae el Muro de Berlín, casi medio siglo después, como opciones aparentemente independientes de Moscú, opciones políticas de la clase obrera y de los intelectuales inspirados en el marxismo… cuando en realidad no eran nada más (ni nada menos) que quintacolumnas de la política exterior soviética (y solamente eso). De hecho, lo que hacía que un partido comunista fuera considerado amigo o enemigo de Moscú lo daba su actitud en relación a la política exterior del Kremlin. Tras la disolución de la IC las relaciones con Moscú prosiguieron discretamente. Hoy sabemos que, aun a pesar de abjurar públicamente de su sovietismo, tanto Carrillo como Dolores Ibarruri, llevaban a la URSS en el corazón e incluso los países del Este siguieron financiando al PCE hasta el mismo momento del desmantelamiento del bloque soviético. El más “liberal” de todos estos regímenes, el de Ceaucescu, siguió subvencionando al PCE hasta el momento en que su líder fue fusilado tras la revuelta palaciega el día de navidad de 1989.

Durante la Guerra Fría los partidos comunistas occidentales jugaron un papel particularmente odioso. No solamente callaron ante las masacres de obreros en Berlín, Hungría, Polonia o Praga, sino que siguieron fielmente siendo los perros fieles de Moscú incluso hasta un tiempo aun reciente en el cual un movimiento pacifista clamó contra el despliegue de los misiles tácticos americanos en Alemania y contra la entrada de España en la OTAN. Lo primero daba superioridad estratégica a la OTAN en Europa Central, lo segundo le daba profundidad. Ambas opciones suponían un menoscabo a la estrategia soviética. Los eslóganes pacifistas de la época no podían olvidar que en aquel momento existía una confrontación Este-Oeste y que todo lo que supusiera debilitar al Oeste era un apoyo estratégico al Este. Sin embargo, las posiciones de unos y otros eran discutibles.

Si bien la opción soviética parecía absolutamente rechazable en tanto que identificaba comunismo con el gobierno dictatorial que imperaba en el Este, si era cierto que esta opción contemplaba el apoyo a una potencia continental frente a la potencia atlantista que no era, en la práctica, sino una proyección de Washington. Y Washington se identificaba con la libertad de opinión, la democracia y el progreso. El drama radicaba en que la primera opción era moral, política y socialmente intolerable, a pesar de que su diagnóstico geopolítico fuera acertado. La segunda opción, la atlantista, condenaba geopolíticamente a Europa a ser la punta avanzada de los intereses americanos y, desde luego, la zona que más daños sufriría en una confrontación “caliente” con el Este… pero su superioridad, política y económica era incuestionable.

Sin embargo, desde el primer cuarto del siglo XX apareció en Rusia había aparecido una línea geopolítica que intentaba conciliar los intereses de Europa y los de la propia URSS y que tuvo un peso excepcional en las decisiones de Stalin en política exterior.

La línea geopolítica ruso-alemana

El Gran Duque Nikolai Sergievich Trubetskoi, filólogo y lingüista, era también cabeza más visible de un grupo de geopolíticos entre los que destacaban P.N. Savitski, geógrafo y economista, G.V. Florovski, historiador y teólogo, G.V. Vernadski, historiador y geopolítico, etc. Frente a ellos se encontraba el general Karl Haushofer máximo impulsor de la geopolítica en el lado alemán. Durante los años 20, en el curso de intercambios epistolares, reuniones formales e informales, ambos grupos llegaron a la conclusión de que era necesario lo que llamaban “gran alianza geopolítica euroasiática” o también “Eje Alemania-Rusia-Japón”.

Ambos grupos estaban en contacto permanente, a pesar de los recelos que inspiraban en sus respectivos países. Con su trabajo aislaron los elementos comunes que estaban en el trasfondo de la historia de Europa en los últimos 1500 años. Analizaron la idea imperial romana en la que percibieron su dimensión geopolítica. Examinaron detenidamente como la idea imperial romana logró pervivir en Bizancio y a través del Sacro Imperio Romano-Germánico. Mientras que Haushofer (que fue Embajador alemán en Japón) ponía especial énfasis en el papel geopolítico nipón en el que advertía una determinación a ser actor protagonista de los desarrollos políticos en Asia, los rusos enfatizaron el papel de Gengis-Khan y las características de su imperio terrestre. Haushofer creó una Escuela Geopolítica en la Universidad de Munich y escribió diversas obras que popularizaron sus ideas y le dieron cierta relevancia entre un sector de dirigentes nacionalsocialistas a través de su “Revista de Geopolítica” y del manifiesto “Exodo hacia Oriente”.

En realidad Haushofer, era el inspirador de una tendencia del NSDAP (pero que no se circunscribía solamente a este partido sino que abarcaba a los sectores de la “revolución conservadora”) que anteponía la unidad de las fronteras geográficas a la unidad de la “sangre y el suelo”. Para Haushofer el racismo germánico carecía de sentido y no pasaba de ser un mito utópico y romántico. Así mismo para los geopolíticos rusos adoptaban idénticos parámetros: el paneslavismo que suponía una subordinación al elemento étnico-racial, era sustituido por el eurasismo que gravitaba en torno al concepto “suelo”.

El trabajo de estos dos grupos fue extraordinariamente relevante para el desarrollo de la geopolítica que, hasta ese momento, había sido teorizada casi exclusivamente por ingleses y que servía a los intereses del imperialismo británico. A partir de aquí existen dos concepciones geopolíticas: la “continental” y la “oceánica”. La primera fue sostenida por el grupo alemán y por los exiliados rusos que hemos citado.

Los presupuestos de la geopolítica

Se suele atribuir al inglés Hilford McKinder el padrinazgo de la “geografía política” y al sueco Rudolf Kjellen quien utilizó por primera vez el nombre de “geopolítica”, el nacimiento de esta ciencia, una rama de las ciencias políticas, que estudia el impacto de los accidentes geográficos en la historia y en los azares políticos de los pueblos. Pero fue, desde luego, el General Karl Haushoffer quien, logró darle un rango universitario en los años 20. A Haushoffer se deben los primeros mapas en los que, además de los detalles geográficos, se incluyen signos y dibujos que aportan más datos sobre la población y la economía de las zonas geográficas. Haushoffer y sus colaboradores a través de la Revista de Geopolítica abordaron el estudio de la historia de la humanidad en la clave de su ciencia y llegaron a parecidas conclusiones a las de McKinder y Kjellen. Todos estos nombres establecieron las leyes objetivas que rigen la geopolítica en un trabajo que puede considerarse portentoso, por que a sus conocimientos profundos de geografía añadían un extenso saber histórico y etnológico.

El punto de partida de esta escuela geopolítica es la antítesis entre las civilizaciones que dan más importancia a su expansión terrestre sobre la marítima y aquellos otros que hacen justamente lo contrario. Esto determina “enfoques terrestres” y “enfoques marítimos” que repercuten en la psicología, las orientaciones, las instituciones y las estructuras de los distintos pueblos.

El análisis histórico llevó a los geopolíticos de los años 20 y 30 a conclusiones sólidamente establecidas: en la historia antigua ya aparecieron estas contradicciones entre ambos enfoques. La Grecia Clásica los registró en la oposición entre Atenas (potencia marítima) y Esparta (potencia terrestre). La antítesis volvió a repetirse entre Cartago y Roma. En tiempos recientes resurgió en la rivalidad entre Inglaterra y las potencias continentales (especialmente Francia y Alemania). La última reedición de este conflicto histórico fue la lucha entre EEUU y la URSS durante la “guerra fría”.

Los geopolíticos afirmaban que las potencias marítimas han vivido siempre del comercio y han hecho de la economía su destino. No es raro que cualquier otro elemento haya girado en torno a esa, para ellos, única realidad. Esto se ha traducido en una primacía de la economía sobre la política y en la formación de democracias comerciales en las cuales el bien común se reducía al progreso económico. Cartago llevó sus elefantes a las puertas de Roma para que la herencia de Fenicia siguiera viva y pudiera monopolizar el comercio mediterráneo. Hace ciento cincuenta años, el Ejército Colonial Inglés estaba allí donde lo requerían las necesidades de la Compañía de Indias, verdadera médula del Imperio Británico. Y por eso mismo no puede extrañar que hoy los marines norteamericanos estén cerca de los yacimientos petrolíferos de todo el mundo…

En cuanto a las potencias terrestres siempre han atribuido una preponderancia a la política sobre la economía. Inevitablemente derivan en formas institucionales que atribuyen al Estado un papel por encima de cualquier otro elemento, incluida la economía. Todo se sacrifica en aras de que el Estado pueda cumplir su “misión”. Y esta dependerá del contexto histórico: Catón, tras mostrar unos higos frescos ante el Senado Romano y explica que han sido traídos de Cartago, explica que los adoradores de la Gran Diosa, no tienen lugar en la romanidad y llama, contra cualquier criterio de oportunidad política o económica a la destrucción de la ciudad de Tania y Astarthé. Antes, para Esparta lo único que contaba era la firmeza y decisión del ejército. Dos mil quinientos años después la URSS seguirá las mismas pautas aun corriendo el riesgo de sacrificar el bienestar de la población a las necesidades armamentísticas. Y es que en las potencias terrestres el Estado lo es todo y está por encima de los súbditos. Desde este punto de vista, resulta curioso, reconocer que, tanto el régimen stalinista, como el nazi, aun tratándose de ideologías completamente diferentes coincidían en atribuir al Estado la máxima prioridad. No en vano, ambas eran formas de potencias terrestres. Por su parte, los “aliados occidentales”, particularmente Inglaterra y EEUU tras la retórica de la defensa de la democracia, en realidad, lo que estaban afirmando era la prioridad del librecomercio.

A partir de este sencillo criterio, los geopolíticos desarrollaron un pensamiento que justifica todos los movimientos de las superpotencias durante la Guerra Fría y en los episodios que han seguido.

Dos líneas geopolíticas en el nazismo y el estalismo

De no haber existido la teorización de McKinder, probablemente, el Imperio Inglés hubiera tenido otra fisonomía. De hecho, la expansión que planificó la Inglaterra Victoriana y las guerras en las que se comprometió se adaptaban perfectamente a las doctrinas del fundador de la geopolítica. Inglaterra, a lo largo de todo el siglo XIX basó su política en impedir la formación de un eje eurasiático París – Berlín – Moscú, impidiendo a Rusia el acceso a los mares cálidos del sur y basando su poder en una flota capaz de llegar a cualquier teatro de operaciones en el plazo más breve posible.

En las dos guerra mundiales los ingleses acudieron a los pueblos que tenían sometidos para reclutar tropas indígenas que les ayudaran en su lucha. Por su parte, durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes y japoneses pusieron particular énfasis en proclamar la liberación de los pueblos sometidos al yugo colonial inglés. No era extraño que los movimientos anticolonialistas de los años 30 y 40 tuvieran frecuentemente un carácter filofascista, desde el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Víctor Paz Estensoro en Bolivia, hasta el BAAS Sirio, pasando por el movimiento anticolonialista hindú de Subba Chandra Bosse.

Cuando terminó la contienda, tal como previera Oswald Spengler en Años Decisivos, las colonias pidieron su emancipación pretextando haber ayudado a la lucha contra el Eje o bien dando vida a fuertes movimientos nacionalistas. Para colmo, Moscú supo explotar la doctrina de la “liberación nacional” en beneficio propio: mientras los países del Tercer Mundo permanecieron ligados a metrópolis coloniales, resultaba difícil que los comunistas estuvieran en situación preponderante, pero, una vez lograda la independencia, Moscú se lanzó a la conquista de los nuevos Estados.

Todo esto debilitó extraordinariamente a Inglaterra que vio como en el plazo de 15 años, entre 1948 y 1963 perdía la casi totalidad de su imperio colonial. En el mismo tiempo, Francia perdió Indochina y Argelia; Bélgica dio la independencia al Congo. En 1968, a la vista de la debilidad del poder colonial y de lo caro de mantener ejércitos en latitudes extremadamente alejadas, los ingleses decidieron retirarse de sus posiciones al Este de Suez. Conservarían las colonias, pero sin bases militares y si estas existían las alquilarían a los EEUU De hecho, en ese tiempo, el poder oceánico norteamericano ya había sustituido al inglés.

La clave de ese poder radicaba en su privilegiada situación geográfica. Al abrigo de los ataques exteriores, el territorio de los EEUU permaneció ajeno a los dos conflictos mundiales. No solamente se convirtió en lo que Churchill llamó la “el arsenal de la democracia”, sino que, además de facilitar armas, bagajes y hombres, mantuvo su territorio al margen de los destrozos de ambos conflictos. La producción industrial del período bélico produjo un crecimiento extraordinario de la economía norteamericana que, al término de la Segunda Guerra Mundial, se permitió financiar la reconstrucción de Europa, obteniendo extraordinarias ventajas comerciales y arancelarias ampliando las ya obtenidas al término de la Primera Guerra Mundial. Antes de este conflicto, los mercados europeos permanecían protegidos por arenceles que gravaban las importaciones norteamericanas. Tras ambos conflictos, EEUU se convirtió en líder en esos mismos mercados. Las dos guerras mundiales resultaron a la postre extraordinariamente rentables para EEUU que perdió un número limitado de soldados, vio su territorio metropolitano indemne y, finalmente, se convirtió en una potencia económico-militar que jamás habría sido sin su implicación en esos conflictos.

Es indudable que la Segunda Guerra Mundial hubiera tenido otras características si los geopolíticos alemanes y rusos de los años 20 y 30 hubieran sido escuchados por sus respectivos gobiernos. De hecho algunos sectores del stalinismo y del nazismo asumieron sus ideas; pero no todos.

Se tiene tendencia a pensar que ambos regímenes, en tanto que totalitarios, tenían un criterio único y monolítico sobre todos los problemas. Y no era así. El pacto germano-soviético fue el síntoma de que la línea geopolítica prevaleció en un momento dado, pero el ataque alemán a Rusia –denostado por Borman, Ribentrop y otros jerarcas nazis- indica que existieron diferentes enfoques en el régimen nazi. En cuanto a los disidentes del partido nazi, el Frente Negro de Strasser y los “revolucionarios conservadores” como Jünger o Moeller van den Bruck, los “nacional-bolcheviques” como Nietkisch, figuraban entre los partidarios de la entente con el Este.

En el interior de la URSS, desde los primeros momentos de la revolución bolchevique –que fue facilitada por Alemania con el fin de debilitar a Rusia y poder retirar tropas del frente oriental y lanzarlas contra los aliados occidentales- existió siempre una corriente favorable a una entente con Alemania, gobernase quien gobernase. Eran criterios geopolíticos los que se imponían, los cuales prevalecieron por encima de los criterios ideológicos. Si partimos de esto es mucho más fácilmente comprensible toda la problemática que hemos abordado sobre la línea de la IC en relación a Alemania: debilitamiento de la República de Weimar especialmente en el momento en que a su frente se encontraban líderes partidarios del acercamiento a Francia e Inglaterra y favorecimiento de las Corrientes que abogaban por un acercamiento de Alemania a la URSS. Es en este concepto en el que hay que encuadrar los elogios de Radeck a Schlageter o la libertad concedida por Hitler a Dimitrov.

Este mismo esquema no se ha utilizado en Occidente para dar un sentido a las purgas stalinistas contra la “oposición de izquierdas” y contra el mariscal Tujachevzky y los medios militares más ideologizados. Ya hemos aludido a que la purga en el ejército rojo se debió al interés de Stalin de cortar cualquier oposición… al pacto germano soviético que en esos momentos se estaba negociando. En cuanto a los procesos de Moscú presididos por Vishinsky se trataba de reprimir a la “oposición de izquierdas”… o a sus restos o, major dicho, a los que podían resucitarla en algún momento. Trotsky ya estaba en ese momento exiliado y proponía un antifascismo militante que excluía en la práctica cualquier tentativa de cooperación geopolítica con Alemania.

El stalinismo, por su parte, no hizo gala de un antifascismo efectivo hasta que los tanques alemanes iniciaron la “Operación Barbarroja”. Incluso durante la Guerra Civil Española la actitud del gobierno de la URSS consistió en apoyar a la República para ganar influencia en España (especialmente en caso de que la victoria hubiera sonreído a este bando) y restársela a Francia e Inglaterra, pero no apoyar hasta el extremo de empeorar las relaciones con Alemania e Italia. Sólo cien días después de iniciado el conflicto, la URSS –miembro, no se olvide, del Comité de no-Intervención- envió los primeros cargamentos de ayuda a España, cuando Alemania e Italia venían haciéndolo desde el 18 de Julio.

Por otra parte, para Stalin se trataba de no perder peso en el movimiento comunista internacional: y para eso era necesario que, de alguna manera, estuviera presente en España. Eso, o de lo contrario, los partidos comunistas de todo el mundo no hubieran entendido la actitud del Kremlim, que, por otra parte, cuando se produjo la llegada de voluntarios internacionales vio que era el momento de ajustar cuentas con disidentes trotskystas y anarcosindicalistas. Si Stalin participó en la Guerra de España de manera limitada –especialmente mediante el envoi de consejeros militares y de la NKVD- fue también porque en esos momentos se estaban produciendo las purgas y la acusación que pesaba contra los acusados era la de ser “agentes fascistas”… hubiera sido difícil dar credibilidad a esas purgas inhibiéndose del conflicto en España.

El Kremlim optó por una política de equilibrios: ayudar a la República para prolongar la Guerra (Stalin calculaba que mientras Alemania e Italia mantuvieran la Guerra en España no estarían en condiciones de afrontar más aventuras bélicas en otros escenarios), para disponer de un satelite en Europa Occidental (la Francia del Frente Popular y la Inglaterra liberal se habían inhibido del conficto –aparte de unos aviones viejos y desarmados que envió León Blum en los primeros días- lo que daba a la URSS la calidad de “primer apoyo para la República) y sin tensar excesivamente las relaciones con Alemania (con quien Stalin a partir de 1933  intentó siempre mantener una alianza estratégica).

A partir de la firma del acuerdo germano-soviético los partidos comunistas de Europa defendieron una línea pacifista y antimilitarista que contribuía a reforzar la posición alemana especialmente a partir del 3 de septiembre de 1939 cuando Francia y el Reino Unido declararon la guerra a Alemania. Los comunistas no participaron en movimientos de resistencia antifascista en los países ocupados hasta que no se produjo la invasión alemana en Rusia y, por lo demás, esta línea no era mas que la prolongación de la adoptada por el partido comunista alemán –el más importante de Europa Occidental- que la situó en segundo plano en relación a la lucha contra el “social-fascismo” (la socialdemocracia).

Hoy se sabe que desde 1923, la Internacional prohibió las actividades insurreccionales en la Alemania nazi y a partir de 1937 dejó de estar interesado en crear obstáculos al III Reich en política interior. La existencia de dos líneas geopolíticas paralelas en Moscú y Berlín no ha sido completamente estudiada por los historiadores, a pesar de que contribuye a explicar hechos inexplicables que se han atribuido a la “paranoia” y “megalomanía” de Hitler y Stalin.

Así mismo, en el seno del régimen nazi y del stalinista, existían los enfoques opuestos a las líneas defendidas por los partidarios del enfoque “terrestre”. En efecto, en la Rusia Soviética existían partidarios de la alianza con el mundo anglosajón (el mismo Lenin veía en los EEUU un modelo a seguir), mientras que en la Alemania Nazi, la excusa del anticomunismo se traducía en una voluntad geopolítica de aliarse con Inglaterra y expanderse hacia el Este (línea seguida entre otros por el Almirante Canaris –que de paso, según se ha demostrado, era agente inglés, y de Rudolf Hess quien voló a Inglaterra para solicitar un acuerdo que permitiera atacar a Rusia. La realidad era que las ideas paneslavistas y pangermanistas, basadas sobre el elemento “sangre” impedían la concretización de un eje Berlín-Moscú que hubiera asegurado la hegemonía de un bloque “terrestre” frente al mundo “oceánico” anglosajón.

El eje Berlín - Moscú –que hubiera necesariamente implicado a Francia, constituía una pesadilla para el mundo anglosajón. Así, cuando Hitler atacó a Polonia, seguro de que Rusia no se vería amenazada, se encontró con que el ataque constituyó una excusa por parte de Inglaterra para declarar la guerra. Inglaterra arrastró a Francia en la aventura, mientras que a su vez, Inglaterra estaba empujado a hacerlo por parte de los EEUU que veían en un Nuevo conflicto bélico la solución para reactivar la economía, paralizada desde 1929 y que el New Deal de Roosevelt no había conseguido hacer funcionar normalmente.

En la práctica el Pacto Germano-Soviético había desencadenado todo el proceso, mucho más que el ataque a Polonia. Hitler había demostrado en sus seis primeros años de gobierno una voluntad de construir un espacio centro-europeo de influencia germánica que no suponía una amenaza para el Reino Unido. El mismo Pacto Germano-Soviético llegó en un momento en el que Alemania no manifestaba reivindicaciones sobre Francia. Cuando estalló la guerra –no hay que olvidar que la II Guerra Mundial tuvo su origen en la reivindicación alemana de un corredor que uniera Prusia al resto de Alemania y que resulta incomprensible que Francia y Alemania se pusieran de parte de Polonia en lo que era un conflicto localizado que no debía necesariamente desembocar en una guerra mundial- los alemanes vieron, ante todo, una posibilidad de desquite contra Francia por la victoria de ésta en la Primera Guerra Mundial y las duras condiciones impuestas sobre todo por el vecino país en la Paz de Versalles. Hoy los historiadores no dudan que el ejército alemán pudo aniquilar completamente al grueso de las tropas inglesas que se retiraban en Dunkerke y, sin embargo, les permitió una retirada más o menos ordenada. Pocos meses después la aviación inglesa destruía a la flota francesa en los puertos del norte de África en un ataque que cercenaba para siempre las aspiraciones hegemónicas francesas en los mares. Estos hechos no pueden explicarse sin tener en cuenta la lucha larvada que aparecía en una y otra parte entre contrarios a la política de alianzas llevada hasta ese momento.

Cuando se produjo el ataque alemán a la URSS, el III Reich cometió el mayor error de su historia: de un lado inició una guerra en dos frentes, contraria a cualquier criterio de optimización estratégica; de otro, en su locura expansionista, Hitler creyó que con sus propias fuerzas, Alemania estaba en condiciones de forjar un bloque continental. Hitler inició la guerra contra la URSS sin plantearse los objetivos finales; un general alemán de la época se preguntaba si la misión de sus tropas era perseguir a los rusos hasta Vladivostok. Stalin se vio obligado a pactar con el mundo anglosajón, que, hasta ese momento (y, posteriormente, después de la guerra) lo consideraba como su enemigo natural. En Alemania, la lucha entre los “ideólogos” y los “geopolíticos” se había saldado con la Victoria de los primeros: la URSS, para ellos, no era el “aliado geopolítico”, sino el “enemigo ideológico” y había que aniquilarla…

El mundo soviético estuvo fracturado interiormente casi desde sus mismos orígenes. Ya hemos aludido a la importancia de los geopolíticos rusos en los años 20 y 30. También hemos dicho que se trataba de zaristas exilados en Francia, ¿cómo influyeron en el stalinismo? A través de la GRU. En efecto, el GRU, los servicios de inteligencia del Ejército Rojo, albergaron en sus filas, a antiguos oficiales zaristas pasados a las filas bolcheviques. Fue gracias al GRU que pudo firmarse el Pacto Germano-Soviético y quien impulsó la primera purga de la vieja guardia leninista que, casi desde el principio de la revolución, había tenido una orientación favorable a Inglaterra y EEUU que se tradujo en términos prácticos en una mejora de relaciones con estos países e incluso en cierta colaboración económica. Si no se recurre a la explicación geopolítica, resulta imposible entender las distintas purgas stalinistas que no fueron sino la eliminación progresiva de las distintas corrientes que, aun siendo comunistas tenían una orientación política favorable a los intereses anglosajones. Stalin, finalmente, debió pactar en Yalta con los adversarios declarados de “eurasia”, es decir de la idea que defendía: Inglaterra y EEUU. Y, a partir de ahí, comenzó la Guerra Fría.

Un resumen y una conclusión

No existió un “idilio” entre Hitler y Stalin, existieron, eso sí, chispazos de cooperación entre ambos regímenes (pacto germano-soviético), solidaridades recíprocas (Radeck por Schlageter, Hitler liberando a Dimitrov) y algunas acciones tácticas comunes (huelgas de los transportes berlineses dirigidas por el KPD y el NSDAP). Contrariamente a lo que suele pensarse, tanto el campo soviético como el III Reich no eran monolíticos. En su interior bullían muchas tendencias contrapuestas.

En tanto que regímenes autoritarios, en general estas tendencias fueron reprimidas y aplastadas en beneficio de la línea official. Hay que reconocer, sin embargo, que el stalinismo actuó de manera mucho más contundente contra su “oposición interior”. Stalin, en diversos momentos, apunto contra los más variados enemigos en los que percibía especialmente oposición a su política del “socialismo en un solo país”. Con Stalin los intereses del comunismo terminan por identificarse solamente con los de la URSS y en el límite, con su propio liderazgo personal de tal manera que todos los que realizaban alguna objeción por pequeña que fuera terminaban siendo reprimidos. Su novedad consistió en que no solamente desaparecieron los disidentes, sino los funcionarios que reprimieron a los disidentes hasta el punto de que hoy se ignora el destino de muchos de ellos.

En la Alemania nacionalsocialista, en cambio, esta repression aun existiendo no fue tan tenaz e incluso, Haushoffer gozó de crédito y confianza oficial hasta el atentado del 20 de junio de 1944 y otro de los funcionarios del partido contrarios a la intervención contra la URSS, Martín Bormann (que era mucho más que el gris funcionario que fue presentado por los aliados en la postguerra, no se olvide que su pasado fue activista hasta el punto de participar en la ejecución del traidor que había vendido a los franceses a Schlageter y que siempre fue partidario de una entente con el Este) ocupó hasta el ultimo momento un cargo de maxima responsabilidad en el gobierno del Reich.

Ambos países terminaron enfrentándose, de no haberlo hecho, de haber existido verdaderamente un “idilio” entre Hitler y Stalin, no habría existido la II Guerra Mundial (el conflicto con Polonia habría quedado como un conflicto localizado), ni se hubiera generado una alianza contra natura entre los países liberales y la URSS, jamás hubiera tenido lugar la Guerra Fría y muy probablemente el mapa de Europa se habría simplificado. A decir verdad, es possible que de no haberse producido la II Guerra Mundial y el formidable choque entre el III Reich y la URSS, incluso el capitalismo hubiera desaparecido o nunca hubiera alcanzado el nivel globalizador que tiene ahora.

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¿Idilio entre Hitler y Stalin? (IV de V). Tras el incendio del Reichstag: ¿Hitler por Dimitrov?

Infokrisis.- El 30 de enero de 1933 Hitler era nombrado jefe de gobierno, si bien la derecha moderada siguió siendo mayoritaria en el nuevo gabinete. Con esta medida el canciller Hindenburg pensaba poder neutralizar al NSDAP y, como él decía, “amestrarlo”. Un mes después, en la madrugada del 28 de febrero el Reichstag de Berlín ardía. Se ha atribuido habitualmente la responsabilidad de este incendio  a Hitler y a Goering, sin embargo, lo cierto es que en su momento se aceptó casi unánimemente y con muy pocas excepciones que el episodio había sido realizado por extremistas de izquierda y que el ejecutor material fue Marinus van der Lubbe, un comunista holandés.

Van der Lubbe se había desvinculado del KPD en 1929 adhiriéndose a la fracción más radical de la extrema-izquierda, los “consejistas” (marxistas revolucionarios no leninistas) dirigidos por Anton Pannekoeck (1). Cuando Hitler llegó al poder, van der Lubbe pensó que el proletariado alemán se sublevaría y fue a Alemania a participar en esta quimera. Al comprobar de cerca el apoyo de masas del NSDAP optó por el terrorismo. Dos días antes de incendiar el Reichstag había intentado hacer otro tanto con el Palacio Imperial. Dado que sufría problemas en la visión no logró abandonar a tiempo los corredores del Reichstag y fue detenido allí confesando inmediatamente su acción. Dada la militancia comunista de van der Lubbe, la policía berlinesa registró la sede del KDP encontrando material de propaganda que instaba a la revuelta (2). Resultaron detenidos varios miles de activistas comunistas (3).

Es difícil establecer si van der Lubbe trabajaba de común acuerdo con el KPD o con alguna de sus fracciones o simplemente con los "pannekoekistas". Hay que recordar que en 1933 la fracción de éste partido partidaria de un enfrentamiento directo y violento con el NSDAP había dado muestras de reactivarse frente a la línea oficial de la IC. En 1932, en efecto, Neumann y Remmele rectificaron algunas de sus posiciones y declararon que “el fascismo no podía ser identificado con la democracia burguesa ni considerado como una simple variante del capitalismo, sino que era un movimiento dotado de personalidad propia, representando la “dictadura del Lumpenproletariat””(4). Durante el verano de 1932, Neumann se entrevistó en Moscú con Stalin siendo destinado luego a Madrid para asesorar al PCE. Su colega Remmele, que había permanecido en Berlín, llamó al KPD a responder con las armas a la voluntad del NSDAP de organizar una manifestación en los barrios comunistas de Berlín. Moscú prohibió esa contramanifestación comunista. Poco después, la IC siguió prohibiendo al KPD que se manifestara junto a los socialdemócratas.

Es posible que grupos comunistas de dentro y fuera del KPD, decepcionados con la línea establecida por el partido y por la IC, decidieran actuar por su cuenta recurriendo a tácticas terroristas que, por lo demás, no eran impropias del KPD de la época. El mismo Arthur Koestler en sus memorias (5) comenta como el mismo dio cobertura a grupos de pistoleros del KDP que iban a asesinar a militantes del NSDAP y su testimonio es excepcionalmente claro sobre el clima de violencia de la época que en buena medida estaba generado por el mismo KPD, como hemos visto, para impedir estabilizar a los gobiernos alemanes pro-occidentales.

Después del hundimiento del III Reich se ha dado por supuesto que Hitler y Goering mintieron al atribuir la responsabilidad del atentado a los comunistas sin embargo, nadie ha sido capaz de establecer a través de que personas y circuitos los propios dirigentes del NSDAP incendiaron en Reichstag, ni siquiera después de la guerra cuando fueron capturados buena parte de los dirigentes de los servicios policiales de la época y muchos de ellos colaboraron gustosamente para eludir sus propias responsabilidades.  

A esto se une el que el propio KPD acusó a van der Lubbe de ser un “maníaco medio ciego y pederasta” y Dimitrov, dirigente de la IC, detenido y acusado del atentado (aunque el tribunal, como veremos reconoció su inocencia y lo liberó) llegó a decir que van der Lubbe debía ser condenado a muerte por el atentado. Igualmente, en el Reino Unido se aceptó esta versión (6). El hecho de que tres altos dirigentes de la IC de origen búlgaro fueran detenidos y procesados junto a van der Lubbe pero resultaran absueltos, indica que el proceso se realizó con garantías judiciales. Uno de ellos, Dimitrov, sería luego mitificado por el agit-prop soviético. Y si Dimitrov fue reconocido inocente a pesar de ser uno de los dirigentes de la IC, hay que pensar que las pruebas contra van der Lubbe eran abrumadoras y el mismo tribunal lo condenó a muerte en función de la legislación de la época.

Dimitrov, el "héroe de la Internacional Comunista"

En efecto, Dimitrov fue uno de los agitadores comunistas que operaron durante la insurrección en Bulgaria en 1923, fracasada ésta continuó luchando por su causa desde Moscú (7).  Había militado inicialmente en el Partido Socialdemócrata Búlgaro y era un verdadero proletario. Representó al Partido Comunista de Bulgaria del que había sido fundador en el II Congreso de la IC donde conoció a Lenín y a la vieja guardia bolchevique. Desde 1923, fue el típico revolucionario profesional. Escaló al Comité Ejecutivo de la IC como jefe del Buró Balcánico y luego del Buró de Europa Occidental. Era, de todas formas, un agitador desconocido especializado en operaciones clandestinas y él mismo estaba habituado a vivir en clandestinidad y utilizar distintos alias, aludiendo todo protagonismo y publicidad. Se encontraba en Berlín durante el incendio del Reichstag y fue detenido en la oleada represiva contra el KPD que siguió. De él dijo Hannah Arendt que “En Alemania no queda más que un hombre y este hombre es búlgaro” (8).

Inicialmente la policía alemana le consideró instigador del incendio del Reichstag, pero tanto en los interrogatorios como en el curso del juicio, Dimitrov rechazó las acusaciones: “Es exacto que soy un bolchevique, un revolucionario proletario. Es también cierto que, en mi calidad de miembro del Comité Central del Partido Comunista Búlgaro y de miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, soy un dirigente y un elemento responsable. Es por ello precisamente que no soy ni un aventurero, ni un terrorista, ni un conspirador, ni un incendiario” (9), dijo en su alegato final.

El proceso a Van der Lubbe, Dimitrov y sus compañeros se celebró con todas las garantías jurídicas y Dimitrov, que se mantuvo firme en sus posiciones marxistas-leninistas resultó absuelto y repatriado a la URSS junto a otros dos funcionarios búlgaros de la IC detenidos con él. Sin embargo, uno de los dirigentes del KPD que luego alcanzaría fama al desertar a los EEUU, Richard Krebs (a) “Jan Valtin” (10) sostuvo que la absolución de Dimitrov fue un “enjuague” pactado entre la Gestapo y la GPU y lo explica en su famosa obra La Noche quedó atrás (11).

Dudas sobre Dimitrov (I). “Jan Valtin”

Krebs-Valtin critica lo que define irónicamente como “heroísmo” de Dimitrov ante la Gestapo y afirma que su liberación “no fue más que el resultado de un plan cuidadosa y hábilmente preparado” (12). Valtin arma esta tesis argumentando que durante su estancia en Copenhague como funcionario de la IC pasaron por sus manos documentos secretos elaborados por el Secretariado Occidental de la IC. Explica: “Meses antes de comenzar las audiencias en Alemania se habían iniciado negociaciones secretas entre Moscú y Berlín para el intercambio de Dimitrov y sus dos ayudantes búlgaros por tres funcionarios germanos que habían sido detenidos por la GPU como espías en territorio ruso. Dimitrov había de ser salvado antes de ser vencido por las torturas de la Gestapo, no para favorecerle, sino para salvar el servicio secreto del Soviet y del Komintern, cuya labor íntima conocía tan perfectamente” (13).

Valtin no demuestra muchas simpatías por Dimitrov al que acusa de haber denunciado a la Gestapo a dos de los colaboradores bajo su mando que intentaron suicidarse al ser detenidos. También le acusa de haber entregado a su amiga Annie Krueger. Explica: “Fue en esa época cuando la GPU comenzó con sus amenazas a la Gestapo: “Dejen a Dimitrov en paz. Todo lo que se le haga a él, lo haremos a sus espías en Moscú”. Las negociaciones para el intercambio de presos empezaron por intermedio del consulado soviético en Copenhague y la hermana de Dimitrov a la cual la Gestapo, por extraño que parezca, había concedido un salvoconducto para entrar y salir de Alemania. El acuerdo entre Moscú y Berlín fue concertado la víspera del proceso. Pero Dimitrov por razones obvias, fue retenido en Alemania hasta el fin del gran “espectáculo de Leipzig” [ciudad en la que se celebró el proceso por el incendio del Reichstag]. Él, el astro entre los presos de la Gestapo, gozó en la cárcel de privilegios que eran desconocidos para la masa de presos más oscuros. Se le entregaron periódicos, se le permitió fumar en su celda y recibir correspondencia” (14).

Dudas sobre Dimitrov (II) Ruth Fischer

Durante años, el testimonio de Valtin fue el único que apuntó en esa dirección ("testimonio único, testimonio nulo"...) hasta que apareció la obra de Ruth Fischer (15) Stalin y el Comunismo alemán donde puede leerse (16): “Mientras el proceso se hallaba en marcha, me encontré en París con dos testigos importantes: Wilhelm Pieck y Maria Reese, una diputada comunista por el Reichstag e íntima amiga de Torgier. Ambos me contaron, independientemente uno del otro, la misma historia, a saber, que Dimitrov antes de levantarse para pronunciar su valiente discurso final en la sala del tribunal, conocía ya el acuerdo secreto entre la GPU y la Gestapo para ponerle en libertad. En este convenio estaban incluidos los otros dos búlgaros, pero no Torgier y van der Lubbe”. El testimonio parece decisivo a la hora de apoyar el aportado por Jan Valtin. Pero las cosas no están tan claras.

El azar ha querido que justamente dos días antes de escribir estas líneas se publicara en Internet una información que aporta un dato para dudar del testimonio de Fischer. En efecto, con fecha 29 de julio de 2010 (esto se escribe el 1 de agosto…), aprovechando la desclasificación de algunos documentos secretos en los EEUU se ha sabido que Ruth Fischer era una “agente clave del servicio de inteligencia norteamericano” con el nombre de “Alice Miller” en la red conocida como “La Charca” (17)… Si esto es cierto –y la desclasificación de los documentos secretos ofrece pocas dudas- el testimonio de Ruth Fischer (como, por lo demás el de Jan Valtin) no puede ser tomado con excesiva credibilidad. Ambos fueron acogidos en los EEUU y operaron en calidad de agentes anticomunistas en un momento en el que el peor desprestigio para la causa comunista era admitir que existían connivencias entre la Gestapo y la GPU.

Dudas sobre Dimitrov (III). Rudolf Diels

Otras fuentes cincundantes al KPD dudan de la veracidad de estas informaciones. A Margarette Buber-Neumann, por ejemplo, le cuesta creerlo y resalta sólo como reproche que era un “mujeriego” (18). Y en cuanto a la persona que lo interrogó, Rudolf Diels (19), Oberführer de las SS y primer jefe de la Gestapo entre 1933 y 1934 solamente pudo certificar la culpabilidad inequívoca de van der Lubbe y la orden que recibió de la Cancillería de poner en libertad a Dimitrov. La versión de Diels es también extraña. Presenta la liberación como una “mala pasada” jugada por Hitler a Goering (el gran adversario de Dimitrov en el proceso por el incendio del Reichstag). Fue el mismo Diels quien propuso el canje de los tres agentes alemanes detenidos por la GPU por el líder soviético, que el Führer rechazó. Pero la explicación que da de este episodio es extraña. Pone en boca de Hitler estas palabras: “No quiero ninguna compensación. Puedo permitirme el lujo de regalar a los rusos a ese tipo sin avisarles y sin recibir nada a cambio. Me gustaría ver la cara que ponen los rusos cuando llegue mañana por la tarde a Moscú” (20). ¿Qué interés podría tener Hitler en liberar a Dimitrov si no fuera por el cumplimiento de un pacto secreto?

Parece difícil admitir el testimonio de Diels que, salió indemne de todos los procesos a pesar de haber sido jefe de la Gestapo en Berlín durante la gran redada de 1933 que siguió al incendio del Reichstag. ¿Colaboró con los ocupantes a cambio de inmunidad? No puede descartarse, pero lo que si es cierto es que en Nuremberg, prestó su testimonio a favor de Goering y negó que tuviera cualquier implicación en el episodio del Reichstag.

Dimitrov con posterioridad a 1934

Dimitrov, efectivamente, retornó a la URSS y fue promovido a secretario general de la IC en 1934. Los delegados asistentes al VII Congreso de la IC pudieron aplaudirle. El delegado del KDP entregó un libro a Dimitrov durante el acto de clausura del congreso: “Fuiste tú precisamente quien gracias a tu conducta en el proceso de Leipzig diste un ejemplo al KPD”. H. Saña quien cuenta el episodio termina: “Las actas del congreso anotan: ‘Aplausos tempestuosos, vítores, vivas de los delegados’” (21).

En dicho Congreso Dimitrov anatemizó al fascismo: “La variedad más reaccionaria del fascismo es el fascismo de tipo alemán, que se intitula impúdicamente nacionalsocialismo sin tener nada en común con el socialismo. El fascismo hitleriano no es solamente un nacionalismo burgués, es un chovinismo bestial. Es un sistema gubernamental de bandidismo político, un sistema de provocación y de torturas con respecto a la clase obrera y a los elementos revolucionarios del campesinado, de la pequeña burguesía y de los intelectuales. Es la barbarie medieval y el salvajismo” (22)… es, en definitiva, el sistema que lo puso en libertad y lo exoneró del incendio del Reichstag tras un juicio justo o bien tras una componenda entre la Gestapo y la GPU. Se ve la pasta de la que estaba hecho: acto seguido Dimitrov acusó a los “socialfascistas” (el SPD) de ser los responsables del advenimiento de Hitler al poder.

Dimitrov, tras la disolución  de la IC en 1943, se concentró en las tareas propias del comunismo búlgaro. Retornó a su país tras la retirada alemana y la ocupación soviética en 1944 y tomó la dirección del Partido Comunista Búlgaro. En 1946, conservando la ciudadanía soviética fue nombrado primer ministro de Bulgaria creando la República Popular de Bulgaria. En 1949 enfermó siendo trasladado a Moscú en donde falleció en el sanatorio de Barvikha. Su brusco fallecimiento fue “sospechoso” a ojos de occidente. Enterrado en un mausoleo construido al efecto en Sofía, en 1999 fue trasladado al cementerio central de la ciudad cuando el ayuntamiento acordó la destrucción del monumento…

Algunas conclusiones

Los documentos históricos no son concluyentes: es cierto que Dimitrov durante su prisión en la Alemania hitleriana vivió un régimen particularmente cómodo, es cierto que el tribunal lo exoneró del incendio del Reichstag, pero siempre subsistirá la duda de si fue liberado en función de un juicio justo o bien de una componenda entre el nuevo régimen y la GPU.

¿Estamos ante otro episodio del idilio entre el NSDAP y el PCUS que revalidara los elogios pronunciados por Radeck con ocasión del fusilamiento de Schlageter? Mas parece que en aquel momento, extirpada la quinta columna de la URSS en Alemania, Hitler tuviera necesidad de ganar tiempo y empezar a generar una buena relación con éste país que terminaría concentrándose en el Pacto Germano Soviético firmado cinco años después.  O simplemente que se inhibió dejando que los tribunales alemanes dictaran sentencia a la vista de las pruebas presentadas. Y las pruebas de la implicación de Dimitrov en el atentado del Reichstag eran simplemente inexistentes. Otra cosa es que la propaganda hitleriana no aprovechara un episodio que no desencadenó (no existen pruebas que demuestren mínimamente la implicación de Hitler o Georing) para extirpar al KPD, cuerpo extraño a la nación alemana dirigido desde fuera del territorio alemán en beneficio de los intereses de otra potencia.

 

Notas a pie de página

(1)  Pannekoek fundó en 1919 el Partido Comunista Holandés apoyando las posiciones del Spartakus Bund de Rosa Luxemburgo. En 1921, Pannekoek había sido expulsado de la IC como “desviacionista de izquierdas”. Siempre criticó el autoritarismo leninista a los que oponía los Consejos Obreros en quienes debería residir la democracia proletaria. Pannekoek fue el primero en advertir que el stalinismo terminaría desembocando en un capitalismo de Estado” y negó a la URSS el carácter de “Estado socialista degenerado” que le atribuían los trotskystas. Aparte de su actividad política, fue un notorio astrónomo. Uno de los cráteres de la Luna lleva su nombre así como el asteroide 2378. En la España de la transición grupos como el Movimiento Ibérico de Liberación o la Organización de Izquierda Comunista compartían las tesis “marxistas revolucionarias y consejistas” de Anton Pannekoeck.

(2)  El 1 de marzo, pocas horas después del incendio el KPD emitía un comunicado de su Comité Central en el que rechazaba toda responsabilidad en el incendio: “Las noticias de prensa afirmando que en el Reichstag tuvo lugar una conferencia comunista, así como la afirmación de que el detenido van der Lubbe es miembro del PC de Holanda, no corresponden a la realidad”. Hoy está fuera de toda duda la militancia “pannekoekista” de van der Lubbe.

(3)  Entre los detenidos figuraba Ernst Thälmann… Durante décadas la responsabilidad de esta “caída” fue atribuida por los propios comunistas a Walter Ulbricht del que Thälmann era rival político. Durante su detención, Ulbricht (que luego sería presidente de la República Democrática Alemana) boicoteó los intentos de liberación de Thälmann. Buber-Neumann y su marido, acusaron en repetidas ocasiones a Ulbricht de ser el autor de la delación.

(4)  H. Saña, op. cit., pag. 29-30.

(5)  Sus memorias en cinco volúmenes fueron publicadas en España por Alianza Editorial, en el segundo volumen, pág. 199 se explica este episodio.

(6)  Datos obtenidos de http://es.wikipedia.org/wiki/Marinus_van_der_Lubbe y de Metapedia http://es.metapedia.org/wiki/Marinus_van_der_Lubbe

(7)  Para una biografía accesible y bastante completa de Dimitrov véase http://fr.wikipedia.org/wiki/Georgi_Mikhailov_Dimitrov

(8)    Hannah Arendt, Eichmann à Jérusalem, page 306 de l’édition Folio, page 338 de l’édition Folio Histoire.

(9)  Dimitrov, Oeuvres choisis, págs. XIV-XV, París 1952.

(10)  Richard Julius Hermann Krebs (a) “Jan Valtin”, marino de profesión y miembro del KPD actuó como revolucionario profesional y espía al servicio de la URSS en los años 20 y 30, durante un tiempo como agente doble infiltrado en la Gestapo. En 1938 huyó a EEUU y publicó distintas obras autobiográficas y novelas.

(11)  La noche quedó atrás es, sin duda, el relato de su vida que más fama tuvo en los años 50 y 60, siendo objeto de varias ediciones. La versión española fue publicada en 1966 por el editor falangista Luis de Caralt en la editorial del mismo nombre. El episodio del incendio del Reichstag y del procesamiento de Dimitrov se trata en el Capítulo XXVII, págs. 275 y sigs. A pesar de ser una obra particularmente estimada por los especialistas en nuestra opinión no puede tomarse completamente en serio la tesis que sostiene sobre la colusión entre la Gestapo y la GPU. El libro, en algunos momentos, denota una excesiva “sintonía” con la obsesión anticomunista de la época gestionada desde los EEUU. Recientemente, Seix Barral ha publicado una nueva edición de esta obra en 2008. Falleció el 1 de enero de 1951.

(12) Jan Valtin, La noche quedó atrás, pág. 334-335.

(13) Jan Valtin, op. cit., pág. 335.

(14) Jan Valtin, op. cit., pág. 335.

(15) Rut Fischer fue dirigente del KPD desde su fundación hasta su expulsión en 1927 en tanto que seguidora de Zinoviev. Al año siguiente contribuyó a la formación del Leninbund y colaboró con la “oposición de izquierdas” hasta 1930. Junto con Hugo Urbahns dirigente del PC Austríaco en la década del 20, fueron expulsados por los stalinistas en 1927 porque, como seguidores de Zinoviev, habían defendido a la Oposición Unificada rusa de carácter trotskysta. En 1928 ayudaron a fundar la Leninbund, que colaboró con la Oposición de Izquierda hasta 1930. En 1933 huyó a París y en 1941 a los EEUU. En 1949 declaró contra su hermano en el Comité de Actividades Antinorteamericanas.

(16) Stalin and German Communism, Harvard University Press, 1948. Jahren, págs. 375-376.

(17) Herschaft, Randy, and Cristian Salazar (29 July 2010). Before the CIA, there was the Pond". Associated Press. Yahoo News. La información originaria puede leerse en https://www.cia.gov/library/center-for-the-study-of-intelligence/csi-publications/csi-studies/studies/vol48no3/article07.html

(18) Buber-Neumann, op. cit., págs. 143-146.

(19) Rufold Diels fue testigo de la defensade Hermann Goering en el proceso de Nuremberg, precisamente para rechazar las acusaciones de haber tramado el incendio del Reichstag. Interrogó personalmente a Marinus van der Lubbe. Los procesos de desnazificación no le encontraron culpable de ningún delito pudo publicar dos volúmenes de memorias en 1949 y 1954. Después de la guerra trabajó para el gobierno de Baja Sajonia y murió en un accidente de caza en 1957.

(20) Rudolfs Diels, Lucifer ante portas: von Severing bis Heydrich, Zurich 1949, págs. 268-270.

(21) H. Saña, op. cit., pág. 55.

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¿Idilio entre Hitler y Stalin (III de V). Karl Radeck: la Internacional Comunista por Schlageter

Infokrisis.- Lo que se ha dado en llamar “la revolución alemana” y que en realidad no fue más que la “insurrección de los bolcheviques alemanes” en noviembre de 1918 y que se prolongó –con altibajos- hasta la “acción de marzo” en 1921 constituyó un error histórico para el movimiento comunista de aquel país seguramente debido a la inexperiencia revolucionaria de los núcleos espartakistas de aquel momento. Pero cuando, la Internacional Comunista desplazó a Karl Radek en aquel país, las cosas no mejoraron y los fondos destinados para el KPD (los más grandes entregados a partido comunista alguno: 42.872.832 marcos alemanes en 1922) apenas lograron crear situaciones de inestabilidad en la República de Weimar que nunca estuvo verdaderamente en peligro a causa de los comunistas y siempre logró desembarazarse de ellos gracias a la efectividad en el combate de los Freikorps.

La administración y del destino de estos fondos, así como la “tutela” del KPD corrió a cargo de un funcionario de la IC, Karl Radek. Radeck “tocó los cielos” junto a Lenin para acto seguido caer en desgracia con Stalin. En una película tomada durante unas sesiones del II Congreso de la Tercera Internacional, las imágenes nos muestran a Radeck felicitando a Lenin tras el discurso de apertura. En la cinta original se veía a Radeck adelantando las manos para estrecharlas con las de Lenin, pues bien, esta escena fue adulterada –como otras muchas- durante el período de Stalin: la imagen de Radeck fue borrada, pero era imposible hacer otro tanto con las manos especialmente cuando estrechaban a las de Lenin. Parece como si Lenin estuviera saludando a un fantasma. Y así era en realidad.

Karl Radeck: un judío internacionalista en Alemania

Hijo de judíos –lo que era habitual entre la primera generación bolchevique- Radeck había nacido en Lemberg, la parte de Ucracia que pertenecía al Imperio Austro-Húngaro. Su verdadero nombre era Karol Sobolsohn. Forjó sus primeras armas en política en el Partido Obrero Socialdemócrata en 1898 y participó en la revolución de 1905 en Varsovia. Exiliado en Suiza donde conoció a Lenin apoyó a los bolcheviques y era uno de los pasajeros del tren alemán que condujo a Lenin hasta San Petersburgo, sin embargo solo ingresó en el Partido tras la revolución de Octubre, siendo destinado luego a Alemania en donde ocupó un papel central entre 1918 y 1920.

Permaneció durante un tiempo en prisión en Alemania gozando de un regimen de extrema comodidad y pudiendo recibir en su celda a personalidad de la política alemana y de su propio partido. Una vez puesto en libertad regresó a Moscú en donde dirigió la IC antes de enfrentarse con Stalin que, finalmente, lo expulsó del partido en 1927.

Radeck era partidario de acelerar la construcción del comunismo y, en especial, de enfatizar el desarrollo de las plantas industriales, mientras que Stalin se mostraba más favorable a hacer del país una potencia agrícola. Cuando en 1929, Stalin apostó decididamente por la industrialización, Radeck intentó mejorar sus relaciones con él y pidió su readmission dentro del partido, pidiendo perdón por su actitud anterior (1) y, a partir de ese momento se convertiría en uno de los principales propagandistas de Stalin y en uno de sus consejeros más importantes en política exterior. Escribía a menudo artículos de fondo en la prensa soviética y nadie dudaba que su pluma reflejaba las opiniones del propio Stalin. Sin embargo, nada pudo impedir que su nombre fuera incluido en el acta de acusación de la pugna iniciada en septiembre de 1936.

Stalin lo tenía por alguien débil de carácter y tornadizo, sin excesiva fuerza de voluntad y que por tanto aceptaría fácilmente los delitos más disparatados a poco que se le presionara. Sin embargo, Radeck se negó de plano a firmar las confesiones que la NKVD le puso delante, exigió ver personalmente a Stalin a lo que éste se negó durante tres meses hasta que finalmente, de manera inesperada, apareció en la Lubianka y tuvo una conversación con él con Yezhov (2) como testigo. Tras la conversación Radeck finalmente aceptó firmar la “confesión”, pero rechazó el primer documento propuesto por la NKVD y redactó la acusación contra él de su puño y letra.

La acusación del llamado “Proceso de los 17” o “Segundo Proceso de Moscú” sostenía que siguiendo las instrucciones de Trotsky fue organizado un centro paralelo compuesto por los acusados en 1933 con el fín de “dirigir las actividades criminales antosoviéticas que tenían por objeto minar el poder military de la URSS, ayudar a agresores extranjeros a poderarse de territorios de la URSS y diezmar ésta, acelerar una Guerra invasora contra la URSSS, derribar el poder soviético y restaurar el capitalismo y el poder de la burguesía en la URSS” (3). Se sostenía que Trotsky, a través de Radeck había tomado contacto en determinados países extranjeros para preparar la caída de Stalin y haber transmitido secretos militares a otras potencias. Y, por supuesto, se les acusaba sabotear bienes del Estado y preparar la comisión de distintos atentdos contra dirigentes del partido y del gobierno.

El proceso, como los anteriores, fue presidido por Vishinsky y trece de los acusados, fusilados. Radeck salió relativamente bien parado con solo 10 años de cárcel. Colocado bajo arresto en su finca, incluso se ha dicho que con posterioridad llegó a escribir algunos editoriales sin firma en Izvestia (4), aunque también ha circulado la version de que murió en 1939 en el curso de una riña con otro preso de la misma forma que tras la desestalinización se publicó que había sido ejecutado por Laurenti Beria (5).

Se ha atribuido a la paranoia de Stalin la celebración de estos procesos-farsa que ocuparon todos los años 30 y salpicaron incluso al movimiento comunista internacional, lo que quizás sea simplificar las cosas, tal como veremos mas adelante. Más parece que las purgas de Stalin se iniciaron desde el momento en que el líder soviética había decidido pactar con Alemania y necesitaba hacer público ese pacto solamente después de haberse asegurado que no tendría consecuencias nefastas en su política interior (de ahí las purgas contra viejos bolcheviques y contra los altos mandos del Ejército Rojo -en las que se suele olvidar que Buena parte de las pruebas fueron fabricadas por Reinhard Heydrich- que podían oponerse a esta política.

¿Hubo nacional-comunismo?

El caso de Radek es particularmente curioso por las orientaciones que intentó dar al movimiento comunista alemán lo que ha permitdo a algunos hablar de experimento “nacional-comunista” (6).

Ya en Hamburgo en 1919 aparecieron en Hamburgo, en plena “revolución alemana” algunos personajes más nacionalistas que internacionalistas dentro del magma de organizaciones de izquierda que proliferaron en Alemania después de la Guerra. Se ha aludido a Heinrich Laufenberg y Friedrich Wolfheim como “nacional-bolcheviques”, cuando lo cierto es que ingresaron en el KPD del que fueron expulsados unos meses después para formar el Partido Comunista Obrero de Alemania (KAPD) el 3 de abril de 1920. Los miembros del KAPD procedían de la “Oposición de Izquierdas” del KPD que o habían sido expulsados o se habían retirado del partido cuando la IC apoyó la línea de Paul Levi y el llamado “Ejército Rojo del Ruhr” fue desarmado. Laufenberg y Wolfheim eran influyentes en la Oposición de Izquierdas de Hamburgo y se unieron al Nuevo partido. Desde el principio consideraron al modelo bolchevique como una “dictadura de partido” y no del proletariado. Al “centralismo democrático” leninista oponían la “democracia de los consejos obreros” que luego Anton Pannekoeck recuperaría y daría forma.

A pesar de que los estatutos de la IC solamente permitían la existencia de una sola sección nacional en cada país, el KAPD fue admitido como “miembro simpatizante” y, como tal, participó junto al KPD en la llamada “acción de marzo”. Los sucesivos fracasos del comunismo alemán harían que este partido fuera reduciendo efectivos e influencia, sufriendo escisiones y luchas fraccionales que le llevaron en apenas un año a perder el 50% de sus 80.000 militantes iniciales (7). Contrariamente a lo que han sugerido algunos “nacional-comunistas” surgidos del entorno de Jean Thiriart (8), ni Laufenberg ni Wolfheim tuvieron gran peso en la dirección del KAPD, ni siquiera defendieron con énfasis sus posiciones “nacional-comunistas”. Así mismo ha sostenido que “Tras la victoria del nacional-socialismo en 1933, ciertas estructuras nacional-bolcheviques llegaron con todo a subsistir en el aparato político e intelectual del III Reich. En particular el Fichte-Bund, creado en Hamburgo siguiendo la línea del K.A.P.D., llegará a integrarse y a sobrevivir en el seno del III Reich. Dirigido por el profesor Kessemaier de Hamburgo, este movimiento universitario e intelectual tuvo muchos paralelos en Europa. Entre ellos, un joven de Lieja salido de las filas de la extrema izquierda comunista, un tal Jean Thiriart". Estos círculos tienen también como referencia inevitable a Ernst Nieksch (9) cuyos contactos con la “revolución conservadora” fueron esporádicos y siempre se consideró un “prusiano de izquierdas”, sector político en el que militó hasta su muerte como partidario de la República Democratica Alemana.

En realidad, el “nacional-comunismo” es una interpretación actual. Era normal que en la Alemania posterior a noviembre de 1918 en donde la característica principal fue el radicalismo político y el que movimientos radicales pudieran configurarse como movimientos de masas, hubiera representantes de todas las tendencias posibles en el espectro político… incluidos nacional-comunistas y/o nacional-bolcheviques. Harina de otro costal es si esas tendencias eran más bien individuos que sostenían opiniones personales con unos pocos partidarios o si se trataba de un movimiento organizado ligeramente significativo. No lo fueron, en absoluto, contrariamente a lo que tienen tendencia a pensar los “nacional-comunistas” y “nacional-bolcheviques” actuales, en realidad coleccionistas de meras rarezas y exotismos de tiempos pasados.

Karl Radeck y la “línea Schlageter”

En realidad, el único personaje relevante al que remotamente le cabría el calificativo de “nacional-bolchevique” fue Radeck y en un momento concreto de su experiencia alemana. En efecto, al producirse la invasión del Rhur y, tras un período de encarcelamiento que pasó Radeck en la Alemania weimariana, retornó a Moscú y tomó la palabra en una reunión de la IC en donde deparó unas encendidas palabras a la figura de Albert Leo Schlageter en lo que pudo ser considera en la época como una mano tendida a los nacionalistas radicales. No se trató, como veremos de una declaración única, sino que en esa época otros exponentes del comunismo alemán realizaron declaraciones similares. Pero no hay que ver en ello –como hacen los actuales nacional-bolcheviques- más que un episodio táctico, en absoluto un cambio de orientación ideológico, una renuncia al internacinalismo proletario en beneficio del nacionalismo alemán, ni mucho menos una renuncia a los principios del marxismo-leninismo que en esos momentos gobernaban la IC.

El 20 de junio de 192, Radeck pronunció un famoso discurso en el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista con un título que algunos han calificado como “heideggeriano”: “Leo Schlageter, el viajero de la nada”.  Radeck en el curso de ese discurso distingue entre “nacionalistas buenos” y “nacionalistas malos”. Los segundos serían los nostalgicos del Kaiser, los reaccionarios irredentos e incapaces de asumir la realidad de los tiempos nuevos, anticomunistas impenitentes que habían combatido por Weimar contra el bolchevismo y que se habían adentrado en Curlandia contra el comunismo y contra la URSS. Luego estarían los “nacionalistas buenos” que luchaban contra el “capitalismo y el imperialismo” en Alta Silesia y en el Ruhr… como Schlageter a quien califica de “valeroso soldado de la contrarrevolución”.

Mientras los freikorps y los nacionalistas alemanes se obstinaran en dudar quien era su enemigo real, Schlageter y sus camaradas serían “los viajeros de la nada” (título de una famosa novela de la época), pero en el momento en el que percibieran que su enemigo era el “capitalismo y el imperialismo” pasarían a ser los “viajeros de un porvenir mejor para la humanidad”. Radeck añadió: "La mayoría del pueblo alemán se compone de hombres que trabajan y que se consagran a la lucha contra la burguesía alemana. Si los ambientes patrióticos de Alemania no se deciden a hacer suya la causa de esta mayoría de la nación y a constituir así un frente contra el capital de la Entente y el capital alemán, entonces el camino abierto por Schlageter será el camino de la nada".

Otras declaraciones de comunistas alemanes en la época (10) iban en direcciones parecidas: Ruth Fischer, por ejemplo, judía, explica que en aquel momento se consideraba que si los nazis estaban en contra de los judíos, de los jesuitas y de los capitalistas es porque estaban en el terreno de la revolución socialista aunque ellos mismos no fueran conscientes de ello… Así mismo, la propaganda conservadora hablaba de las “secciones bistec” (pardas por fuera, rojas por dentro) refiriéndose a las Secciones de Asalto del NSDAP (11) y en la literatura nazi de la época abundan las descripciones de mitines de cervezería en la que un grupo de comunistas que habían acudido a boicotear la reunión eran ganados pára el NSDAP (12). El propio Hitler en Mi Lucha explica que un comunista podrá ser un buen nacionalsocialista, pero un socialdemócrata no lo será jamás.

Algunos se han obstinado en ver en todo esto la aparición de una “línea Schlageter” en el KPD. Louis Dupeux escribe, por ejemplo: "En el año 1923 [se produjo] una nueva gran oleada de nacional-bolchevismo, en el sentido vago y vulgar del contactos entre nacionalistas y comunistas. El orígen de esta oleada, en realidad muy pendenciera, es la línea de Schlageter en medio de la cual el Partido Comunista Alemán (K.P.D.) intenta "ganarse las clases  medias en vías de proletarización" usando deliberadamente el tema patriótico. En el curso de esta campaña se pudo ver a los líderes del partido comprometidos e incluso buscar el debate con los elementos calificados como "fascistas" o  "fascistizantes". Los socialdemócratas y los partidos "burgueses" relanzaron de nuevo la vieja acusación de  convergencia de los extremos... el heraldo de la nueva línea era Radek" (12b).

En realidad, el fantasma del “nacional-comunismo” era inexistente e históricamente siempre lo fue.: nunca contó detrás con efectivos humanos suficientes como para poder ser considerados como una tendencia, se trató siempre de individuos que sostenían posiciones personales, siempre marginales. Sin embargo, es rigurosamente cierto que Radeck durante su encierro en Alemania practicó una política de mano tendida hacia las organizaciones nacionales y unos meses después elogió a Schlageter… pero no hay que confundirse: Radeck era, de entre todos los fundadores de la IC y, como buen judío, uno de los internacionalistas más conspicuos, sin duda el más “auténticamente apátrida” (13). Durante su estancia en Alemania, acompañado permanentemente de su pipa, perteneció hasta 1918 a los “bolcheviques no leninistas” (junto a Félix Dzerzhinsky fundador de la CHEKA), Bujarin (purgado luego con él) y Alexandra Kollantai. Luego entró en el redil leninista del que ya no saldría jamás. En su doctrina el nacionalismo no ocupaba otro lugar que el de una “ideología pequeño burguesa” cuyos partidarios eran, por buenas que fueran sus intenciones, “viajeros de la nada”… Lo que no entendió Radeck, fue que la concepción del último Lenin tendía a que la URSS mediante la centralización alcanzara un nivel de desarrollo económico semejante a los EEUU, mientras que Stalin –que llegó a la misma conclusión en 1929- aspiraba a algo más desde que llegó al poder: a una alianza con Alemania contra los aliados occidentales…

Dominique Venner comenta a est respecto: "Incluso los comunistas celebraron la memoria de Schlageter, presentándolo como un héroe perdido. La política exterior soviética buscaba por esa época una alianza con Alemania contra Polonia, Francia y el Oeste en general. La idea de una alianza entre las naciones favorecía una posible revolución nacional-bolchevique en Alemania" (14).

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Notas a pie de página

(1)   H. Saña lo califica como persona “de carácter débil y voluble” y más adelante como “mercenario de la pluma” al servicio de Stalin que incluían “panfletos y artículos indecentes contra Trotsky, mezclados con apologias serviles a favor de Stalin” (op. cit., pág. 113.)

(2)   Yezhov fue uno de los grandes cómplices de Stalin en las purgas que asolaron la URSS en los años 30 en tanto que jefe de la NKVD y él mismo terminó siendo purgado después de un enfrentamiento con Molotov en 1938, cuando ya se estaba fraguando el Pacto Germano-Soviético. Resultó arrestado en abri de 1939 y se ignora la fecha y las circunstancias de su muerte. Hoy se le considera como el “autor intellectual” de las purgas stalinistas y responsible de cientos de miles de fusilamientos. Véase el artículo en ingles de Paul Callan (21 de junio de 2008). «Stalin's poison dwarf». Daily Express.

(3)   Citado por H. Saña en op. cit., Vol II, pág. 114.

(4)   Walter Duranty, Stalin and Co., William Sloane Associates, New York, 1949, pág. 10.

(5)   Dato publicado sin referencia en http://es.wikipedia.org/wiki/Karl_Radek

(6)   Véase el artículo www.pcn-ncp.com/lenine.htm

(7)   Una sucinta, pero suficiente, información sobre el KAPD puede encontrarse en http://es.wikipedia.org/wiki/Partido_Comunista_Obrero_de_Alemania

(8)   http://www.pcn-ncp.com/alternNB.htm. El Partido Comunitario Nacional Europeo que se reconoce en el pensamiento del fundador de Joven Europa, Jean Thiriart, defiende un “nacional-comunismo” que encuentra sus orígenes en el “comunismo hamburgués” de 1919. Este grupo ha sido el que ha sostenido la idea de que Laufenberg y Wolfhaim fueron los antecedentes originarios de su tendencia.

(9)   Una biografía de Ernst Niekisch puede leerse en http://www.arrakis.es/~fsln/niekisch.htm, con todas las reservas pertinentes, pues es una de las Fuentes de las que ha surgido la leyenda de que Laufenberg y Wolfheim dirigían el KAPD.

(10) Ruth Fischer en sus memorias, op. cit., pág. 210.

(11) Dominique Venner, Baltikum, Ciarrapico Editores, Roma 1981, pág. 227

(12) Goebels en Mi lucha por Berlín cuenta varios de estos episodios y George L. Mosse en La cultura nazi, op. cit., pág. 148 y sigs. Trae a colación un texto de la época en la que se narra uno de estos episodios.

(12b) La existencia de esta línea ha sido analizada por Louis Dupeux, en su tesis presentada en la Universidad de Paris I en 1974 titulada : Strategie Comuniste et dynamique conservatrice sur les differents sens de l'expression "National-Bolchevisme" en Allemagne, sous la Republique de
Weimar (1919-1933)", Ed. Libreire Honoré Champion, Paris 1976, pág. 207

(13) http://www.worldlingo.com/ma/enwiki/es/Albert_Leo_Schlageter

(14) D. Venner, Baltikum, op. cit., pág. 251.

¿Idilio entre Hitler y Stalin? (II de V). Alberto Leo Schlageter: camino del Rhur

Infokrisis.- Tras la firma de los acuerdos de Versalles en 1919, Alemania se comprometió a pagar indemnizaciones cuantiosas a los aliados, especialmente a Francia. El acuerdo, inicialmente apoyado por el Reino Unido, tal como previó, John Maynarnd Keynes, terminó siendo lesivo para la economía de este país a la vista de los vínculos de importaciones y exportaciones que lo unían con Alemania. Francia, sin embargo, se mostró intolerante a este respecto y no solamente exigió el pago de las cuotas anuales sino que amenazó con ocupar la cuenca industrial del Ruhr cuando en 1923 se produjo un retraso en los pagos. La crisis del Ruhr fue, sin duda, el momento más grave que vivió la República de Weimar. Y en ese clima enfebrecido volvieron a emerger los Cuerpos Francos que habían salvado a la República de la amenaza bolchevique en sus comienzos. Y allí apareció la figura de un veterano de los combates del Freikorps: Albert Leo Schlageter.

Hiperinflación contra Weimar

Las jugarretas de la geopolítica quisieron que Francia fuera especialmente rica en hierro, mientras que Alemania lo era en carbón. El hierro sin carbón es completamente inútil, mientras que con el carbón pero sin hierro jamás podrá fabricarse acero. Alemania y Francia estaban llamadas a cooperar a partir del inicio de la era industrial (1), el problema fue que durante más de un siglo cada una aspiró a ser hegemónica sobre la otra. En 1923, cuando se produce el impago de las indemnizaciones bélicas por parte de Alemania, Francia todavía aspiraba a ser potencia hegemónica en la Europa continental y para eso precisaba el carbón alemán que, mayoritariamente se extraía de la zona del Ruhr en donde, además, estaban situados los altos hornos y la flor y nata de la industria pesada alemana. De ahí el interés francés en ocupar el Ruhr. La ocupación era “legal” en función de las cláusulas del Tratado de Versalles y jamás fue condenada por la Sociedad de Naciones, prolongándose desde 1923 hasta el 25 de agosto de 1925 (2).

No es que Alemania se negara a pagar las indemnizaciones, sino que le resultó completamente imposible. El país vivía un período de hiperinflación que condicionaba el valor de su moneda y, consiguientemente, los tipos de interés, el valor de los cambios y el pago de la deuda.

El valor de la moneda alemana se mantuvo estable hasta mediados de 1921, pero en mayo de ese año, el Reino Unido exigió el pago de 2.000.000.000 de marcos oro anuales lo que suponía una cuarta parte del valor de las exportaciones alemanas. Alemania, aún así, pagó en agosto, pero su moneda perdió respaldo, viéndose obligada a imprimir “marcos de papel” lo que hizo que aumentara desmesuradamente el dinero circulante y se iniciase una rápida devaluación. En esas circunstancias se produjo la ocupación del Ruhr. La huelga general que siguió y que se prolongó durante varios meses en esa región agravó todavía más este proceso al disminuir los ingresos del Estado que imprimió más y más papel-moneda para pagar sueldos y  subsidios… con lo que la inflación aumentó de forma cada vez más acelerada.  

El dólar pasó en noviembre de 1921 a costar 330 marcos, estabilizándose en 320 en los meses siguientes. A lo largo de los seis primeros meses del año se intentaron varias conferencias internacionales para resolver el problema que obviamente se planteaba: Alemania no disponía de los 132.000.000 de marcos-oro que debía pagar y, era evidente que, antes o después, se llegaría al colapso en las entregas. Todas estas conferencias fracasaron y Alemania optó por comprar moneda extranjera para pagar la deuda y, a su vez, pagarla con deuda pública alemana… lo que generó aún más devaluación de la moneda nacional.

A partir de junio de 1921 la inflación se transformó en hiperinflación y seis meses después, el dólar, de valer 320 marcos se cotizaba a 8000. Dado que el marco carecía de valor, la única forma de afrontar los pagos, según el gobierno francés, era mediante entregas en especies, carbón en particular y, finalmente, decidió ocupar el Ruhr que tuvo como respuesta la huelga general primero en toda Alemania y luego en el Rhur. La hiperinflación se aceleró de nuevo hasta el punto de que en noviembre de 1923 se vio obligado a poner en circulación una nueva moneda que sustituyera al marco de papel. Cuando se había llegado a ese punto, una jarra de cerveza costaba 4.000 millones de marcos…

La nueva moneda, el rentenmark, consiguió estabilizar y remitir la situación, pero tuvo extraordinarias consecuencias para el futuro de Alemania: aumentó la inestabilidad social, supuso especialmente una agresión contra las clases medias que en pocos meses se proletarizaron, difundió el desánimo sobre la capacidad de la República para guiar al país y generó un estado de ánimo contra las instituciones financieras que aprovecharon los extremos del arco político. El propio Hitler reconoce que la ocupación del Ruhr tuvo “enorme trascendencia para el desarrollo de la S.A. Esta ocupación, que no nos vino de sorpresa, engendró la fundada esperanza de que, al fin, terminaría la política cobarde de las sumisiones y que, con ello las ligas de defensa asumirían un rol perfectamente definido. Tampoco la S.A., que ya por entonces abarcaba en su organización muchos miles de hombres jóvenes y fuertes, debía quedar privada de prestar su concurso a este servicio nacional. En la primavera y durante el verano de 1923, se operó la transformación de la S.A., en una organización militar de combate” (3).

Para Francia la guerra no había terminado

Es muy posible que Raymond Poincaré, primer ministro francés, no estuviera tan interesado en lograr el cobro de las reparaciones como en romper la economía alemana para siempre amputándole su región más rica y mejor provista de industria y de recursos naturales.  De hecho, estratégicamente, la ocupación se realizó aislando el Ruhr del resto del Estado. Si ese era el objetivo cabe decir que se alcanzó ampliamente. La huelga general se mantuvo hasta septiembre de 1923, aparecieron actos de resistencia de los patriotas alemanes que generaron verdaderos problemas a las fuerzas de ocupación,  se produjeron 400 muertos y la “resistencia pasiva” que proclamó el gobierno alemán, en muchos casos se transformó en resistencia armada. Incluso el mismo “pusth” de Munich protagonizado por el NSDAP en 1924 tuvo su origen inmediato en la ofensa al honor nacional alemán que supuso la ocupación del Ruhr (4).

Para colmo, la ocupación del Ruhr y la actitud francesa son inseparables de los procesos secesionistas que se desarrollaron en distintas zonas dee Alemania en aquellos momentos. El 24 de octubre de 1923, en las primeras semanas de ocupación del Ruhr, se proclamó en Bonn la “República Renana”. Armados por no se sabe quien, los separatistas renanos ocuparon distintas ciudades y pueblos, requisando víveres y alimentos provocando enfrentamientos armados y decenas de víctimas en un movimiento que recuerda extraordinariamente el que se desarrolló en Kosovo a finales de los años 90. En efecto, era en ambos casos fue imposible precisar la divisoria entre el “movimiento político” y la criminalidad común. Al percibir que el separatismo renano tenia una componente no desdeñable de delincuencia común, el 28 de diciembre de 1924, Francia e Inglaterra dejaron de apoyarlo, con lo que se difuminó completamente (5).

Albert Leo Schlageter mitificado

Si hasta aquel momento los Freikorps habían respondido con las armas a la insurrección bolchevique, si habían combatido en Curlandia contra las tropas rusas en defensa de los alemanes del Báltico donde los socialdemócratas les habían atraído con falsas promesas de entregarles tierras, si lucharon contra los polacos en Alsa Silesia, si hartos de salvar a la República de Weimar finalmente conspiraron contra ella durante el “pustch” de Kapp, si habían impartido una justicia expeditiva allí en donde la justicia había renunciado a actuar, era obvio que no iban a desertar ante la ocupación de la tierra alemana del Rhur. Allí los Freikorps animaron un movimiento de resistencia contra la ocupación que desoyó las consignas de “resistencia pacífica” del gobierno del canciller Cuno. Allí será, durante la ocupación francesa cuando un jovencísimo Ernst von Salomon, que luego sería considerado como mejor escritor de su generación, conoció al alférez Edwin Kern con el que participaría en el asesinato contra el ministro de asuntos exteriores de Weimar Walter Rathenau. Allí llegaría un joven estudiante que había servido ya en la Primera Guerra Mundial y que luego habia participado en los combates de Alta Silesia y en el “pustch” de Kapp, Alberto Leo Schlageter, miembro del Freikorps Havenstein y, desde 1922, militante del NSDAP.

Schlageter fue honrado diez años después de su muerto por Martin Heidegger que con encendidas palabras glosó su figura: Heidegger lo calificó de “joven héroe alemán” (”junge deutschen Helden”) que alcanzó “la más grandiose de todas las muertes” (”den schwersten und grössten Tod”). Explicando la hazaña de Schlageter, Heidegger añade: “No murió en el frente de combate como líder (“Führer”) de su batería de artillería de campaña, no murió en el tumulto de un ataque, no murió en una rabiosa acción defensiva… no: él se paró inerme y sin defensa ante los fusiles franceses. Pero él se mantuvo de pie y sostuvo la cosa más difícil que un hombre puede enarbolar. Todavía pudo tener un rápido final lleno de júbilo, una Victoria ganada y que la grandeza del despertar de nuestra Nación brillara adelante. En lugar de esto… Oscuridad, Humillación, y Traición (”Finstern, Erniedrigung und Verrat”). Solo, girando sobre su propia fortaleza interna, tenía que colocar ante su propia alma una imagen del futuro despertar del Pueblo (“Aufbruchs des Volkes”) honorificado y engrandecido de tal manera que podría morirse creyendo en ese futuro. ¿De dónde sacó esa dureza de la voluntad (”Härte des Willens”), que le permitió soportar la cosa mas difícil de todas? ¿De donde sacó esa claridad del corazón (”Klanheit des Herzens”), que le permitió vislumbrar lo que era más grandioso y más lejano y remoto? ¡Estudiante de Freiburg!, ¡Estudiante Alemán!…Cuando en tus marchas y excursiones pisas las montañas, los bosques y valles de la Selva Negra, la pequeña Patria (“Heimat”) de este héroe, aprende: que las montañas entre las que el joven hijo de campesinos creció son de piedra primitiva, de granito. Y ellas han estado mucho tiempo trabajando endureciendo la Voluntad. El sol de otoño de la Selva Negra se pone bañando las cordilleras y bosques en la más gloriosa y clara luz. Ella ha nutrido por mucho tiempo la Claridad del corazón (”die Klarheit des Herzens”). Cuando él estuvo de pié, parado indefenso frente a los fusiles franceses, la mirada interna del héroe sobrevoló sobre los orificios de las armas para alcanzar la luz del día y las montañas de su hogar para decir que se puede morir por el Pueblo Alemán y su Imperio (“das alemmanische Land für das deutsche Volk und sein Reich zu sterben”) con el paisaje campestre germánico ante sus ojos. Con una Voluntad dura y un corazón claro, Albert Leo Schlageter murió su muerte, la muerte más difícil y la muerte más grandiosa de todas. ¡Estudiantes de Freiburg, permitan que la fuerza de las montañas maternas de nuestro Héroe fluya dentro de sus voluntades! (”lass die Kraft der Heimatberge dieses Helden in deinen Willen strömen”).¡Estudiantes de Freiburg, permitan que la fuerza del sol otoñal de los valles maternos de nuestro héroe ilumine sus corazones! Preserven a ambos dentro de Ustedes y llévenlos, dureza de la voluntad y claridad del corazón, a sus camaradas (“Kamaraden”) de las universidades alemanas. Schlageter caminó estos lugares como un estudiante de Freiburg. Pero la ciudad no podía contenerlo por mucho tiempo. Él se obligó a ir al Báltico; él se obligó a ir a la Alta Silesia; él se obligó a ir al Ruhr (“er müsste ins Baltikum, er müsste nach Oberschelesien, er müsste an die Ruhr”). Él no se permitió escaparse a su propio Destino (”seinem Schiksal”) de manera que murió en la más difícil y grandiosa de todas las muertes con dureza de la voluntad (”Harten Willens”) y claridad del corazón (”Klaren Herzens”). Honremos al héroe y levantemos nuestro brazo en un saludo silencioso.¡Heil!” (6).

Cuando Heidegger escribía estas palabras, el dramaturgo Hans Jhost en una pieza de teatro sobre el “héroe del Ruhr” y dedicada a Hitler, ya lo había calificado como “el primer soldado del III Reich” (7) y el gobierno alemán estaba edificando un memorial en su nombre. Si el NSDAP tuvo un mártir ese fue Horst Wessel (8), pero si estuvo en condiciones de transferir a uno de los suyos como mártir de la nación, fue sin duda Albert Leo Schlageter quien ocupó esa función incluso hasta bien entrada la II Guerra Mundial (9).

El Albert Leo Schlageter real

Lo sorprendente de la aventura de Schlageter es que, a diferencia de otros mitos modernos en donde el personaje real está a años luz de la construcción que se ha realizado a posteriori (el Ché Guevara, por ejemplo), en el caso de Schlageter su vida no difiere en absoluto del mito presentado para admiración de la comunidad nacional. De hecho, los “creadores” del mito, no tuvieron mucho trabajo en construirlo: simplemente presentar al personaje tal cual era.

Voluntario en la I Guerra Mundial participó en las batallas de Ypres (1915 y 1917), el Somme (1916) y Verdún (1916), siendo ascendido por méritos de Guerra al grado de teniente y recibiendo la Cruz de hierro de Primera y de Segunda clase. Inmediatamente se desmovilizó en 1919 se unió a la Brigada de Marina von Loewenfeld en donde combatió contra los bolcheviques insurrectos.

De retorno a la vida civil, cursó estudios de ciencias políticas. Pero la experiencia bélica que aún ardía en sus venas apenas le retuvo un año como estudiante, uniéndose luego a organizaciones juveniles nacionalistas. De esa época data su militancia en la Jungdo, la Jungdeutscher Orden, dirigida por el teniente Arthur Mahraun que llegó a contra con 40.000 miembros. La Jungdo estuvo influida por el movimiento de los “Deutsche Vandervogel” (literalmente: “pájaros errantes alemanes”) que lcanzó una fuerza extraordinaria antes de la I Guerra Mundial y que unían el ideal de un retorno a la naturaleza como la mística de la “comunidad del pueblo” formada en torno al ideal racial (10).

Luego, deseoso de comprometerse aún más con la patria, se alistó, en tanto que excombatiente, en los Freikorps. Participó en los combates de Curlandia y del Báltico y en la defensa de Riga como miembro del Freikorps Erhardt, oficialmente llamado “Bund ehemaliger Erhardt-Offiziere” ("Liga de antiguos oficiales de Erhardt"). Luchó contra el KDP en la llamada “acción de marzo” ordenada por la IC (11). Participó en el “putsch” de Kapp y en la lucha contra los bolcheviques en Berlín. En 1922, junto con los miembros de su Freikorps ingresó en el NSDAP y luego se presentó voluntarios para los combates de Alta Silesia contra los polacos

Un año después, al producirse la ocupación del Ruhr constituyó bajo su responsabilidad un grupo de activistas que cometieron distintos atentados haciendo descarrilar trenes de transporte de mercancías hacia Francia. El 7 de abril de 1923, traicionado por Walter Kadow, fue detenido por los franceses y ejecutado el 26 de mayo en Golzheimer. Kadow, posteriomente sería asesinado por Rudolf Höss y Martin Bomann quienes cumplieron cuatro y un años de cárcel respectivamente.

En la última carta que escribió a sus padres el 8 de mayo les decía: “a partir de 1914 hasta la fecha he sacrificado mi fuerza entera al trabajo para mi patria alemana, del amor y de la lealtad pura. (…) No fuí ningún líder, pero intenté ayudar a mi patria. No cometí ningún crimen o asesinato común”. Nadie, en efecto, ni siquiera entre los aliados en la postguerra, se atrevió a llamarle “terrorista”. Tras su fusilamiento, su cadáver fue rescatado de la morgue de Düsseldorf por un comando de sus antiguos camaradas dirigidos por Viktor Luze (que sustituiría a Ernst Röhem al frente de las SA tras la “noche de los cuchillos largos”).

Una vida así, confirmada por miles de documentos y testimonios de la época no cuestanada de mitificar: en sí misma ya es un mito. Fue ese mito el que intentó aprovechar Karl Radeck y el KPD…

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Notas fuera de texto

(1)  Y finalmente lo hicieron tras la II Guerra Mundial cuando se constituyó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, después del fracaso del acercamiento franco-alemán propuesto por Arístide Briand y el canciller Stresseman a finales de los años 20.

(2)  Existen distintas obras sobre la ocupación del Ruhr, la más accesible para el público español es sin duda la de Stanislas Jeannesson, Poincaré, la France et la Ruhr 1922-1924. Histoire d’une occupation (Strasbourg, 1998). Los datos que pueden obtenerse en Internet en lengua española son todavía escasos, destacando, sin embargo, la hemeroteca de La Vanguardia que ofrece las informaciones que circularon en el momento mismo de los hechos.

(3)  De entre todas las versiones de Mi Lucha, hemos extraído este fragmento de la que puede leerse en Internet: radioislam.org/historia/hitler/mkampf/pdf/spa.pdf, pág. 95.

(4)  En la Segunda Parte del Mi Lucha, Hitler se explaya en consideraciones sobre la ocupación del Ruhr en el Capítulo XV titulado significativamente “El derecho a la legítima defensa” (op. cit., págs. 117 y sigs.). Hitler explica que la firma del Tratado de Versalles no disuadió a Francia del objetivo propuesto al inicio de la Primera Guerra Mundial: la desmembración de Alemania (pág. 118, dice textualmente “Ya en el invierno de 1922 – 1923 debióse saber cuál era el propósito que Francia perseguía.”). En el mismo capítulo realiza un lúcido análisis sobre lo que supuso aquel episodio histórico, que demuestra que el futuro Führer, no solamente leía la prensa, sino que además era capaz de interpretar los acontecimientos internacionales en clave correcta (entonces la figura de Keynes no era todavía suficientemente conocida y era preciso ser una agudo observador para percibir que aquel economista tenía razón al alertar al gobierno británico de que estrangular económicamente  Alemania o fragmentarla iría en contra de los intereses económicos de su propio país). Escribe Hitler: “En diciembre de 1922, pareció agudizarse en grado amenazante, la situación entre Francia y Alemania. Francia intentaba poner en práctica nuevas temerarias extorsiones y para ello, necesitaba garantías. Con la ocupación de la cuenca del Ruhr, creíase en Francia romper definitivamente la moral de Alemania y colocarnos, al mismo tiempo, en una situación económica tal, que nos viéramos constreñidos a aceptar hasta las más pesadas cargas. Con la ocupación del Ruhr, el destino le tendió una vez más la mano al pueblo alemán para que se levantara; pues, aquello que en el primer momento, debió presentársenos como una tremenda calamidad, encerraba, en el fondo, una posibilidad infinitamente promisora para poner fin a los sufrimientos de Alemania. Desde el punto de vista de la política internacional, la ocupación del Ruhr significó el primer alejamiento entre Inglaterra y Francia, no sólo por parte de la diplomacia británica que había pactado, considerado y mantenido la alianza francesa con el criterio práctico del frío calculador, sino también en vastos sectores del pueblo inglés, dominaba aquel estado de ánimo. Fue, en particular, en los círculos financieros, donde se mostraba indisimulable desagrado por el nuevo formidable incremento del poderío francés en el continente. En efecto, vista la cuestión en el sentido político-militar, Francia asumía en Europa una posición como no la había tenido antes ni la misma Alemania, y en lo económico, adquirió igualmente fundamentos que le asignaban una situación poco menos que de privilegio junto a su posición de poderoso competidor político. Las minas más importantes de hierro y carbón de Europa, se hallaban en manos de una nación que, a diferencia de Alemania, había cuidado hasta entonces sus propios vitales intereses con decisión y dinamismo y que en la guerra puso de relieve ante el mundo entero la seguridad que le ofrecía su ejército. Con la ocupación de la zona carbonífera del Ruhr, Francia le arrebató a Inglaterra todo el éxito que había obtenido de la guerra, y el dueño de la victoria no fue ya entonces, la sagaz diplomacia inglesa, sino el mariscal Foch y la Francia que él encarnaba” (op.cit., pág. 121). Habrán de pasar 50 años de este episodio histórico para que se reconozca que si la crisis de 1929 se notó mucho menos en Francia que en cualquier otro país Europeo fue precisamente gracias a las indemnizaciones de guerra alemanas (H. Saña, op. cit., pág. 112)

(5)  En Internet puede leerse la traducción de la referencia que apareció en Wikipedia-Alemania sobre la “República Renana” en http://www.worldlingo.com/ma/enwiki/es/Rhenish_Republic/1. A pesar de que se trata de una traducción realizada automáticamente permite advertir la fisonomía del movimiento. El papel de Francia resultó evidente hasta el punto de que algunos miembros del gobierno independentista renano plantearon “independizarse de Prusia” y adherirse a Francia. Uno de los políticos que coquetearon con la República Renana fue Konrad Adenauer (véase su biografía en http://es.wikipedia.org/wiki/Konrad_Adenauer) que luego sería canciller de la República Federal Alemana.

(6)  Traducción de Nicolás González Varela a partir de los discursos de Heidegger en alemán y las ediciones francesas e italianas de los escritos politicos. Recogido en http://fliegecojonera.blogspot.com/2006/10/el-hroe-nazi-schlageter-y-heidegger.html. Es frecuente que en recopilaciones de los escritos de Heidegger publicados en Francia y en Alemania después de la II Guerra Mundial se omita la militancia de Schlageter en el NSDAP y haya circulado la version de que jamás militó en el partido, algo que es completamente falso.

(7)  El fragmento final de esta obra puede leers en el libro  “La Cultura Nazi. La vida intellectual, cultural y social en el III Reich”, George L. Mosse, Ediciiones Grijalbo, 1973, pág. 211-212. Es famoso que en esta obra de Johst se incluye la famosa frase: "Wenn ich Kultur höre, entsichere ich meinen Browning", "en cuanto oigo hablar de cultura le quito el seguro a mi browning", que en ocasiones se ha atribuido erróneamente (y con distintas variantes) a otros responsables del III Reich.

(8)  Hots Wessel fue jefe de una de las Secciones de Asalto y autor de la letra del Die Fahne hoch, himno del NSDAP más conocido por su propio nombre. Había nacido en 1911 en el Bosque de Teotoburgo y su padre fue amigo personal de Hindenburg. Miembro muy joven del partido empezó estructurando grupos de las Juventudes Hitlerianas e ingresó en el NSDAP de Berlín. A pesar de vivir en un barrio modesto (su madre dejó de enviarle dinero cuando se fue a vivir sin contraer matrimonio con una berlinesa) de mayoría comunista solía ir con camisa parda. La portera del inmueble lo denunció a un grupo de choque comunista que lo asesinó, muriendo después de una larga agonía, durante la cual fue visitado en varias ocasiones por Joseph Goebels y por su camarada de las SA, el príncipe Augusto Guillermo de Prusia. Murió el 23 de febrero de 1930. Sus dos asesinos, Albert Hühler y Else Cohn, miembros del KDP fuern ejecutados.

(9) Hasta el momento en el que el NSDAP accedió al poder, había aparecido 15 libros sobre Schlageter. Hilter en Main Kampf lo menciona. Hitler escribe: "En la época de la más terrible humillación impuesta a nuestra patria rindió allá su vida por su adorada Alemania el librero de Núremberg, Johannes Philipp Palm, obstinado ’nacionalista’ y enemigo de los franceses. Se había negado rotundamente a delatar a sus cómplices, mejor dicho a los verdaderos culpables. Murió, igual que Leo Schlageter, y como éste, Johannes Philip Palm fue también denunciado a Francia por un funcionario”. (Mi Lucha, op. cit., pág. 4). Diversas editoriales nacionalistas y próximas al partido habían publicado folletos y comics dedicados a los niños sobre la figura del “héroe del Ruhr”. La obra de teatro que lleva su nombre, escrita por Hanns Johst fue estrenada el 20 de abril de 1933, fecha del primer cumpleaños de Hitler en el poder. Se representó siempre con mucho éxito hasta el final de la Guerra. Además, la figura de Schlageter aparece en pa primera película de propaganda filmada por el Nuevo regimen, “Brutendes Deutschland” de Johannes Haüssler. En todas las ciudades alemanas una calle o plaza céntrica lo recordaba y se colocaron decenas de monumentos en su honor en todo el país. En NSDAP creó condecoraciones con su nombre y el día de Pentecostés de 1933 fue homenageado en la Selva Negra con presencia de 1000 dirigentes nacionales del Reich y de la cultura alemana. Cerca del lugar de su ejecución se elavantó a mediados de 1933 un monumento (una gran cruz sobre dos círculos de piedra) que resultó destruido por los aliados tras la II Guerra Mundial. A todo esto se le llamó “Schlageter-Kult”. Datos extraídos de diversas fuentes en Internet.

(10) Buena parte de miembros de la Jungdo no solamente ingresaron en el NSDAP, sino que se integraron en las SS, entre ellos su ideólogo Reinhard Höhn en 1933.

(11) Se conoce como “acción de marzo” la insurrección comunista en Alemania ordenada por la Internacional Comunista en 1921 y que constituyó un estrepitoso fracaso. En Alemania, desde el año anterior, el KPD se ha unificado con el USPD y cuenta con 500.000 afiliados. La nueva formación obtiene casi el 30% de los sufragios en las elecciones de Prusia en febrero de 1921. Convencidos de su fuerza, la IC ordena la “acción de marzo” que consistía en un episodio insurreccional seguido de una huelga general que debería desatar la “revolución proletaria” en Alemania. El 17 de marzo llegaron las órdenes de la IC a Alemania y al día siguiente el Die Rote Fahne, portavoz central del KPD, llama a la lucha armada. Y añade P. Levi en su carta a Lenin (27.3.1921) “sin decir exactamente por qué objetivos”. El 21 de marzo estalla la huelga general en Alemania central que, sin embargo, no tiene mucho éxito en otras zonas. Sin embargo en el centro del país 40.000 huelguistas resisten a las fuerzas policiales y del ejército durante algunos días. Comunistas independientes cometen atentados  en Dresde y Freiberg. El 1º de abril los últimos grupos comunistas armados se disuelven en medio de una sensación de impotencia y fracaso. La revolución bolchevique a partir de ese momento ya no sera nunca más possible en Alemania. Es possible que la “acción de marzo”, completamente suicida y que desconocía la fuerza real del KPD sobre la clase obrera alemana (el SPD, era mucho más influyente) fuera ordenada desde Moscú para desviar la atención internacional de la revuelta de marinos de Cronsdatd que en esos momentos tenía en vilo a la opinion pública mundial. Heleno Sala (op. cit., Vol I, pág. 201 y sigs.) comenta ampliamente la “acción de marzo” y todo lo que le rodeo. Así mismo, en esta web se relatan las circunstancias del episodio: http://es.internationalism.org/rint93-alemania

¿Idilio entre Hitler y Stalin? (I de V): La Internacional Comunista y la Revolución Alemana

Infokrisis.- La Internacional Comunista (a partir de ahora IC) o Comintern, tuvo dificultades en interpretar lo que suponía el ascenso del movimiento nacionalsocialista incluso hasta más allá de la llegada de Hitler al poder. Uno de los máximos dirigentes de la IC enviado a Alemania, Karl Radeck, deparó algunos calurosos elogios a la figura de Albert Leo Schlageter, uno de los primeros mártires del NSDAP y miembro de los Freikorps, cuando fue detenido y fusilado a raíz de un atentado contra la ocupación francesa del Rhur. Se trató del primer “idilio” entre la IC y el NSDAP al que seguirían las huelgas berlinesas organizadas a exaequo entre el KDP y el NSDAP y, más tarde, el pacto Ribentrop-Molotov en agosto de 1939. En este artículo vamos a intentar exponer el primer episodios y aprovechar para tratar las figuras de sus dos protagonistas: Karl Radeck y Alberto Leo Schlageter. Por su extención, hemos fraccionado este artículo en seis entregas.

I - La Internacional Comunista y la “revolución alemana”

Incluso nosotros mismos, en algún momento, tuvimos tendencia a pensar que el “método marxista” de análisis de la realidad era casi infalible y que en eso residía la superioridad de esta ideología en relación a otras del siglo XIX y XX. En realidad, no solamente no era así, sino que la historia de la IC muestra que todos los análisis que realizaron en los años 20 y 30 fueron erróneos, aun a pesar de contar con información privilegiada procedente de la inteligencia soviética y del aparato de espionaje de los partidos comunistas miembros de la IC. Los errores de bulto fueron especialmente graves en el caso de Alemania y precipitaron una errónea política de la izquierda comunista durante la República de Weimar y, finalmente acarreó la destrucción del KPD tras la subida del NSDAP al poder.

En los cuatro primeros congresos de la IC se vivió un ambiente enfebrecido con la convicción de que en breve estallaría la revolución proletaria en Europa Occidental. Sin embargo, cuando en 1929 estas esperanzas ya quedaban algo lejanas en el tiempo, estalló el crack bursátil del 24 de octubre de 1929 que puso fin al período de relativa estabilidad del capitalismo tras la Primer Guerra Mundial. La IC tardó en analizar lo que había ocurrido con el derrumbe de la bolsa de Nueva York y solamente estuvo en condiciones de hacerlo en el Pleno Ampliado del presidium del Comité Ejecutivo de la IC celebrado en febrero de 1930 (1). En esa ocasión, el entonces secretario general de la IC, Manuilsky, alternó intuiciones geniales con interpretaciones sesgadas e incluso abrakadabrantes impropias de un analista político.

Interpretaciones delirantes de la IC sobre el "fascismo alemán"

Sostenía, esencialmente, la IC que “la crisis capitalista acelera en grado sumo la maduración de la guerra imperiaista entre Gran Bretaña y los EEUU” (sic). La interpretación “economista” de la historia, unida al método dialéctico, llevaba a Manuilsky a estimar que el “imperialismo capitalista” había generado una primera guerra entre los Imperios Centrales y los aliados, de laque habían resultado vencedores estos últimos y apreciaba “contradicciones internas” entre los aliados que habían resultado más favorecidos por el conflicto: Gran Bretaña y los EEUU. Stalin mismo compartía esta apocalíptica creencia de una próxima guerra entre los dos países anglosajones.

En efecto, en su informe ante el XVI Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, el líder ruso afirmó que la contradicción más flagrante entre los países capitalistas era “el antagonismo entre los EEUU e Inglaterra” (2). Y eso lo decía cuando los resultados electorales del NSDAP en Alemania eran ya significativos. Ni Stalin ni ninguno de sus colaboradores percibieron que ambos países estaban unidos por “santas alianzas” entre sus élites dirigentes que se remontaban a mediados del siglo XIX, no percibieron que ya por aquellas fechas existían asociaciones “discretas” con fuertes vínculos a ambos lados del Atlántico que unían a las “dinastías capitalistas” de ambos países. Pero cometieron otro error que fue aun más grave para ellos: no advirtieron que la crisis de 1929 serviría como caldo de cultivo sobre el que emergería el nacionalsocialista y que la combinación entre la venganza francesa de Versalles y la crisis del 29, generaría una formidable respuesta en la sociedad alemana que vio unirse “nacionalismo” y “socialismo”, es decir, políticas patrióticas de reconstrucción y orgullo nacional a ideas de justicia social. Esa era la síntesis que la IC jamás pudo entender presa de su esquematismo ideológico que finalmente llevaría a la tumba al KPD.

La IC no entendió que la protesta de las clases trabajadoras y de la burguesía media y baja, en aquellos países que carecían de tradición democrática (Alemania, Italia, Austria, España, Hungría, Rumanía, Grecia, Polonia) se radicalizaría y llevaría a fórmulas dirigistas y autoritarias, mientras que en los países de tradición democrática, en cambio, se resolvía con la aplicación de principios keynesianos… y finalmente con una guerra estimulada por el eje anglo-sajón que siempre existió contra la única potencia que podía hacerle sombra: el III Reich.

En Alemania el crack del 29 coincidió con la muerte del canciller Gustav Stressemann (3). Poco antes de su muerte, Stresseman había firmado el llamado Plan Young destinado a regular la liquidación de las deudas de guerra de Alemania. En relación al plan firmado anteriormente (el Plan Dawes), Alemania ahorraba casi 700 millones de marcos anuales y era mucho más favorable al permitir cierto desarrollo de la economía alemana, pero el NSDAP lo utilizó como instrumento de agitación: en la interpretación del NSDAP de la época, pagar suponía aceptar la responsabilidad de la guerra.

El NSDAP en la recta final: 1930

Cuando se produce el crack del 29, el NSDAP ya había iniciado su formidable campaña contra el Plan Young movida junto al Partido Nacionalista y a la cadena de prensa de su líder Alfred Hugenberg. Es esta campaña la que permitió al NSDAP contactar con los intereses de los lectores de los medios de Hugenberg que hasta ese momento se orientaban hacia el nacionalismo de derechas. Esta campaña consiguió propulsar a Hitler como líder nacional y la docena de diputados que tenía el NSDAP en 1928 avalados por 800.000 votos, se convirtió en 107 diputados y 6.409.000 votos en las elecciones de septiembre de 1930. Si hasta ese momento el NSDAP era el partido de los excombatientes decepcionados con la vida civil y con Weimar, de los estudiantes que reivindicaban el orgullo de ser alemanes y de pequeñas franjas del proletariado, a partir de ese momento, el NSDAP se convirtió en un partido interclasista.

Es cierto que esta política de colaboración dentro del “frente único nacional” del NSDAP con el Partido Nacionalista costó la escisión de Otto Strasser quien fundó su Unión de los Nacionalsocialistas Revolucionarios, más conocida como “Frente Negro”, pero, en realidad, el NSDAP en esas elecciones se situó en la recta final que dos años y medio después conduciría a Hitler a la cancillería.

Sin embargo, Imprekorr, el órgano de la IC se atrevió a liquidar en pocas líneas el significado de esta primera gran victoria del NSDAP: “Se trata de un partido sin historia [el NSDAP] que ha surgido de pronto en la vida pública alemana, de la misma manera que súbitamente se levanta una isla en el océano debido al efecto de fuerzas volcánicas” (4)… Este texto demuestra por sí misma lo insuficiencia marxista para interpretar el fenómeno nacionalsocialista.

Es evidente que las causas del ascenso del NSDAP en ese período son muy distintas: sólo un mes antes de estallar el crack del 29 Alemania tenía 1.320.000 parados que un año después habían pasado a ser 3.000.000. Estas masas estaban especialmente decepcionadas con la socialdemocracia y con el Centro del canciller Hermann Brüning (5) y, primero por goteo y luego en riada, fueron engrosando el potencial electoral del NSDAP.  Cuando se produce la crisis de 1929, las masas alemanas están decepcionadas por las políticas socialdemócratas. Estas causas “objetivas” eran suficientemente claras como para un comunista las hubiera percibido.

Luego estaban causas “subjetivas” no menos importantes: en la Alemania de Weimar todavía  estaba presente la tradición prusiana que requería un “hombre fuerte” para guiar al país en situaciones de crisis. El patriotismo estaba presente en tanto que Alemania era una nación joven y era mucho más fuerte que el gusto por la democracia.

No fue solamente el NSDAP el que se benefició de la crisis de 1929, también los comunistas mejoraron sus posiciones. El 10’3% de votos que obtuvo el KPD en 1928 se transformaron en un 17% en las elecciones siguientes. El KPD era en ese momento mucho más un “partido de parados” que un “partido proletario”: en efecto, el 78% de sus miembros no tenían trabajo (6), lo que explica que las consignas habituales de este partido –la constante apelación a la “huelga general”- jamás tuvieran eco. Mientras el KPD “robó” votos solamente al SPD en crisis, el NSDAP, en tanto que partido interclasista, estaba dando zarpazos al SPD, al Centrum, a los nacionalistas… y a los mismos comunistas.

¿Errores involuntario o errores calculados?

¿Fueron todos estos errores cometidos por la IC “involuntarios” o pueden explicarse de alguna manera? En realidad hay una explicación que nos sitúa a la IC –que se presentaba como la cúspide del movimiento comunista internacional- más como un instrumento de la política exterior de la Unión Soviética que como una opción ideológica marxista y de izquierdas. Esta interpretación –que consideramos suficientemente demostrada- nos indica a las claras que el comunismo internacional en ese período era ya, solamente, un instrumento en manos del Kremlim… como siguió siéndolo hasta el desplome de la URSS. Es fácil de resumir.

En aquellos años (1929-30), Stalin estaba resolviendo drásticamente sus problemas interiores eliminando cualquier oposición e instaurando una política de acercamiento a Alemania que, en cierto sentido, tenía su inspiración última en el propio Lenin (7). Los deseos de Brüning y especialmente de Stresseman por resolver la cuestión de las indemnizaciones de guerra a Francia (que podía desembocar en una alianza entre Alemania y Francia, hipótesis que asustaba a Stalin y cuyo fantasma eran las buenas relaciones entre Aristide Briand y Stresseman en el marco de una “Europa Federal” aliada del Reino Unido y que era muy bien vista por los dirigentes socialdemócratas) fue la razón por la que durante todo este período y hasta el advenimiento del nacionalsocialismo al poder, los KPD atacara constantemente al SPD tildándolo de “socialtraidores” y “socialfascistas” (8). El propio Stalin presentaba en ese momento a socialdemócratas y fascistas como las dos caras de una misma moneda (8b).

Fue así como cuando surgió la campaña de Hitler contra el Plan Young, la IC, dirigida desde Moscú por “hombres del aparato” soviético, vio una oportunidad para excitar en Alemania los sentimientos antifranceses. La política de Moscú intentaba que Alemania se aproximara a la URSS… y para ello era preciso que se ampliara la brecha con Francia. Tal era el “internacionalismo proletario” que se respiraba en la IC. Resumiendo: la aparición de un fuerte movimiento nacionalsocialista en Berlín favorecía los planes de Moscú en política exterior… a pesar de que perjudicaran al KDP alemán y, no digamos al PCF.

En un interesante libro del dirigente comunista italiano exiliado en París, A. Rossi, se dice textualmente: “Cuando, a partir de 1930, el auge del movimiento nacionalsocialista se hizo evidente y amenazante, Stalin no se inquietó; al contrario, se frota las manos, pues percibe en la crisis interior que crece en Alemania y en la crisis internacional que se va a producir en Europa, posibilidades de maniobras inesperadas hasta ahora” (9) y Heleno Saña cita la conversación entre Salin con el dirigente comunista alemán Neumann contada luego por su esposa también comunista, Elisabeth Buber Neumann: “¿No cree usted, Neumann que si los nacionalsocialista se hacen con el poder en Alemania estarán tan ocupados con el mundo occidental  que nosotros podremos edificar aquí tranquilamente el socialismo?” (10).

Acercar a Alemania al Kremlim, alejándolo del Quai d’Orsay, tal era la política de Stalin en relación a Alemania. No es raro, pues, con estos antecedentes que Litvinov, titular de la Narkomindel (11), felicitara al mariscal Hindenburg por telegrama cuando se logró la retirada de las tropas francesas de ocupación de Renania, remarcando en el mismo la constante actitud soviética por lograr ese objetivo. Francia desde octubre de 1930 había decretado el bloqueo comercial de la URSS…

Tanto el canciller Brüning como el sucesor de Stresseman, Curtius, eran partidarios de mantener buenas relaciones con la URSS. Confiaban en aumentar sus exportaciones a Moscú, hasta el punto de que en febrero de 1931 un grupo de industriales alemanes se desplazó a Rusia y, poco después, se firmaba un acuerdo comercial entre ambos países por un valor de 300 millones de marcos que beneficiaba a la industria alemana en un momento extremadamente difícil para el mercado laboral de ese país. Curtius incluso utilizó esos acuerdos para evitar que la IC influyese en la política interior alemana a través del KPD. Y la URSS, lo hizo: traicionó a los comunistas alemanes para salvar sus acuerdos con el Estado alemán.

En efecto, en el Pleno Ampliado del Presidium del Comité Ejecutivo de la IC (febrero de 1930) se iniciaba lo que se llamó “ofensiva contra las tendencias ultraizquierdistas de la IC” que acarreó la caída en desgracia de Paul Merker, dirigente del comunismo alemán.  Merker era partidario de utilizar la crisis del 29 para desencadenar acciones revolucionarias en Alemania. Pero esta política era incompatible con la política exterior soviética. La URSS en ese momento precisaba maquinaria para poder alcanzar los objetivos fijados en el Plan Quinquenal. Y gran parte de esa maquinaria procedía de empresas dirigidas por capitalistas alemanes. Stalin no estaba dispuesto a tirarse piedras en su propio tejado para satisfacer a los líderes de la “revolución alemana”. Por eso Stalin dijo en su informe ante el XVI Congreso del PCUS: “Nuestra política es una política de paz y de la intensificación de las relaciones comerciales con todos los países” (12).

Así pues, la IC tuvo en primer lugar una errónea percepción de lo que era el NSDAP y la “revolución nacionalsocialista” y en segundo lugar, los intereses de la política exterior de la URSS condicionaron las directrices políticas de la IC en relación a Alemania.

Los intereses de la URSS sobre los de la IC.

La IC y su sucursal alemana el KPD vieron con preocupación el ascenso del NSDAP, especialmente a partir de 1930, pero tenían la sensación de que este partido pronto decepcionaría a quienes lo apoyaban y las masas comunistas y socialdemócratas, esencialmente procedentes del proletariado urbano y de la pequeña burguesía, antes o después volverían a la izquierda. Interpretaban que si estas masas habían cambiado de bando era porque seguían siendo anticapitalistas y, antes o después, comprobarían que el NSDAP no lo era. Cuando se produjo la escisión de Strasser y de la Unión de Nacionalsocialistas Revolucionarios se reafirmaron en esta convicción. Werner Hirsch en un análisis publicado en Imprekorr escribía en un artículo titulado ¿Qué es el Partido Nacionalsocialista?: “Si las masas caen bajo el influjo momentáneo del nacionalsocialismo se debía a que el NSDAP se acerca a ellas bajo el manto de un partido que se hae pasar por anticapitalista, por revolucionario y por socialista” y más adelante añadía: “Los fascistas que acuden al nuevo Parlamento con 107 mandatos tienen que destrozar necesariamente la confianza de sus 6,4 millones de lectores, tienen que frustrar sus esperanzas y mofarse de sus exigencias” (13). El artículo terminaba repitiendo la machacona cantinela de la época: el fascismo es el brazo armado de la burguesía… con su corolario final: cuando las masas trabajadoras lo comprueben, abandonarán al NSDAP y volverán a la izquierda comunista… Nunca, absolutamente nunca, la prensa comunista reconoció que incluso cuadros del KDP y amplias franjas militantes se estaban pasando al NSDAP, y no digamos sectores de la socialdemocracia.

Desde Moscú, la IC presentaba el ascenso del NSDAP como ¡”la primera etapa de una crisis definitiva del capitalismo y de la toma del poder por parte del proletariado!” (14) e incluso Ernst Thälmann, presidente del KPD llegó a escribir en un alarde de ese rígido dogmatismo que finalmente acabó con el marxismo cincuenta años después: “El fascismo es simplemente la antítesis del histórica del auge revolucionario del movimiento proletario” añadiendo al disparate que “una fase superior de la revolución proletaria produce al mismo tiempo una fase superior del desarrollo de la contrarrevolución” (15) y Heleno Saña que cita esta frase añade: “En síntesis Thälman venía a afirmar que el fascismo era una fase lógica e inevitable en el camino hacia la revolución proletaria” (16).

Fue en ese contexto dogmático que mantenía poca relación con la realidad como cobró forma la consigna del comunismo alemán “Golpea a los fascistas donde quiera que se encuentren”, verdadero llamamiento a la guerra civil. La intención del KPD era provocar un clima de violencia que erosionara al gobierno de Weimar. No era una táctica errónea: generar un clima de violencia que decantara a las masas hacia uno u otro lado y liquidar al gobierno de Weimar. La consigna repetida diariamente en Rothe Fahne (17) hasta la primavera de 1931, demuestra por sí misma que el KPD –concretamente los Thälmann y los Neumann- eran los “autores intelectuales” de la violencia política que se abatía en aquellos momentos sobre Alemania, mientras que el NSDAP se limitaba a responder a los ataques y lo hacía cada más duramente en la medida en que sus filas iban creciendo más y más. Con todo, desde el punto de vista técnico, la táctica del KPD era correcta: radicalizar para, a río revuelto, ganar influencia sobre las masas.

Cuando la IC desde Moscú advirtió las implicaciones de esta táctica, la rechazó y no precisamente por humanismo u honestidad. La esposa de Neumann en sus memorias escribe que entre finales de 1930 y principios de 1931, la IC “empezó a criticar la táctica del KPD por sectaria y equivocada y estigmatizó la lucha física contra los nacionalsocialistas como una desviación” (18). Esta línea se comunicó al KPD en el XI Pleno del Comité Ejecutivo de la IC en marzo de 1931 con Neumann y Thälmann presentes. Estos alegaron que si no se hacía frente en la calle al NSDAP el “proletariado alemán podía ser derrotado” a lo que la respuesta oficial de la IC fue delirante: “La disolución del capitalismo puede conducir muy bien a una derrota provisional del proletariado”. Se había llegado al “período de capitulación” ante el NSDAP del que hablara Trotsky desde su exilio (19).

 Lo que jamás entendió Trotsky fue que aunque esta política era suicida para el comunismo alemán, en cambio favorecía el proyecto de Stalin de entenderse con Alemania, gobernara quien gobernara allí. Heleno Saña a quien hemos seguido en su exposición termina: “Si Rusia mantenía las más cordiales relaciones con la Italia fascista, ¿por qué no habría de mantenerlas con una Alemania nacionalsocialista?” (20). Si el pacto germano-soviético de agosto de 1939 causó estupor en los países occidentales, los observadores avisados en cambio lo consideraron una consecuencia lógica de la diplomacia de Stalin en relación a Alemania y la confirmación de que para la IC lo primero no era el “movimiento comunista internacional”, sino la preservación de los intereses de Rusia.

Esta línea política ya estaba implícita en los elogios que prodigó Karl Radeck, dirigente de la IC a la figura trágica de Albert Leo Schlateger durante los aciagos días de la ocupación del Rhur por las tropas francesas.

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este textos sin indicar origen.

Notas fuera de texto

(1) La Internacional Comunista 1919-1945, Heleno Saña. Ediciones Zero, Madrid, 1972, vol. 2, pág. 6.

(2) Resoluciones Políticas del Comité Central del PCUS, José Stalin, Moscú, pág. 6.

(3) Gustav Stressemann falleció el 3 de octubre de 1929, 21 días antes del crack. Fue nombrado canciller durante la ocupación del Ruhr y cuando tuvo lugar el golpe de Estado de Munich del NSDAP. En los años sucesivos y hasta su muerte será Ministro de Asuntos Exteriores. Fue el artífice del Tratado de Rapallo firmado entre la Alemania de Weimar y la URSS que incluía cláusulas secretas que establecían la ayuda rusa párale rearme de Alemania. Recibió en 1926 el Premio Nobel de la Paz junto al ministro de exteriores francés Aristide Briand. Ambos eran pacifistas y partidarios de la reconciliación franco-alemana en el marco de una Europa concebida vagamente como federación.

(4) Imprekorr, 26 de septiembre de 1930.

(5) Brüning intentó una política “nacionalista” moderada que se opuso al plan francés de Aristide Briand (tras el que se encontraba el proyecto europeista del Conde Coudenhove-Kalergi). Al estallar la crisis puso en marcha una desastrosa política de aumento de impuestos y recortes del gasto público. Brüning fue uno de los más conspicuos representantes de la impotencia del Rapública de Weimar que apenas logró cerrar acuerdos con los aliados y que fracasó en su intento de prohibir a las organizaciones paramilitares de extrema-derecha y extrema-izquierda. Cuando Hindenburg ocupó la presidencia de la República, desplazó a Brüning por von Papen para impedir que Hitler fuera nombrado Canciller. En 1934 se exilió a EEUU país en el que falleció en 1970 tras haber fracasado de nuevo al intentar jugar un papel político en la Alemania de la postguerra.

(6) Heleno Saña, op. cit., pág. 12.

(7) No puede olvidarse que Lenin regresó a Rusia gracias a Alemania y que fue el gobierno del Kaiser el que le prestó ayuda para que pudiera derribar al zarismo en la esperanza –realizada, por lo demás- de que una guerra civil en Rusia descongestionaría el frente del Este y beneficiaría a Alemania. Esta colaboración –que obviamente cesó después de 1918 cuando se produjo la guerra civil rusa y se produjeron los enfrentamientos entre freikorps y bolcheviques en Curlandia- se volvió a recuperar en el Tratado de Rapallo y, posteriormente con la firma del Pacto Germano-Soviético en 1939.

(8) Heleno Saña reconoce que: “Los ataques renovados en la Comintern y del KPD contra la socialdemocracia alemana no estaban motivados únicamente por razones ideológicas; en gran parte, eran la respuesta de Moscú a la política exterior sistemáticamente antisoviética del SPD”… y al decir “antisoviética” hay que entender, efectivamente, a la opción pro-occidental de la socialdemocracia. Heleno Saña, op. cit., pág. 14.

(8b) La revista del NSDAP Der Nationalsozialist en 1930 apuntaba a este respecto: “El más grotesco y absurdo de todos los insultos… es calificar a los socialdemócratas de fascistas, honor totalmente inmerecido… Denominar fascistas precisamente a la masa de pequeños burgueses de la II Internacional, a la guardia de protección de los judíos, a los enemigos mortales del fascismo iraliano, para eso se necesita verdaderamente realizar una gran pirueta… ¡Tranquilicémonos! Los comunistas y socialdemócrtas, es decir, los marxistas de todos los matices van a enterarse a su debido tiempo de lo que significar el fascismo”

(9) A. Rossi, Les communistes françaises pendant la drole de guerre, París 1951, pág. 284.

(10) H. Saña, op. cit., pág. 14.

(11) Narkomindel, anagrama en ruso de la Comisaría del Pueblo de Asuntos Exteriores que sustituyó al Ministerio de Asuntos Exteriores Gobierno Provisional Ruso tras la revolución de octubre de 1917. Molotov sería el único comisario de la Narkomindel.

(12) José Stalin, op. cit., pág. 25.

(13) Imprekorr, 12 de septiembre de 1930.

(14) citado por H. Saña, op. cit., pág. 17

(15) ibid.

(16) H. Saña, op. cit., pág. 18

(17) Bandera Roja, órgano central del KPD

(18) H. Saña, op. Cit., pág. 18

(19) La Revolución traicionada, Leon Trotsky, hemos consultado la edición de Internet de esta obra colocada http://www.marxismo.org/?q=node/157. Página 9

Prohibición de las corridas de toros: para tener una visión completa

Infokrisis.- Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, no ha sido el independentismo catalán quien ha impulsado la prohibición de las corridas de toros sino que aquel se ha limitado a apoyar una iniciativa que había partido de un sector muy diferenciado, sin calcular que, a partir de ahora, esa misma iniciativa apuntará contra el independentismo y el nacionalismo. Desde fuera de Catalunya se ha tendido a realizar un análisis simplista y erróneo de lo que ha ocurrido.

Empecemos por decir que un argentino vegetariano es el culpable de que la fiesta de los toros esté prohibida en Catalunya. Hace falta ser canelo para ser argentino y vegetariano pues doy fe de que es en ese país en donde usted podrá comer las mejores carnes del mundo.  Pero esto es lo que hay. Las 185.000 firmas que avalan la iniciativa antitaurina no han sido recogidas por probos militantes de ERC o de los CUPs, ni siquiera por ariscos “maulets” ni por Laporta o por el Reagrupament, sino por gentes completamente ajenas al independentismo y completamente exteriores a la política.

De hecho si esta iniciativa está próxima a algún partido no es, desde luego, a ERC, sino a ICV miembro fáctico de lo que podríamos llamar “internacional progresista”. Quienes han recogido firmas en Catalunya han sido miembros de grupos ecologistas, de defensa de los animales o simplemente antitaurinos, habitualmente chicas sensibles que a falta del amor de su vida dedican su emotividad a la defensa del toro… de lidia.

Una vez puesta en marcha la campaña, ERC y el independentismo la han apoyado con ciertos recelos. Y recelaban por que en Catalunya hay afición a los toros, contrariamente a lo que se tiene tendencia a pesar, quizás no tanto en Barcelona ciudad como en las zonas de Girona o del Baix Ebre en donde la afición es similar a la que puede haber en Valencia o en los madriles.  Esa afición al toro no solamente desemboca en festejos taurinos con cuadrilla, picadores, banderillas y estoque sino a los famosos “correbous”. Y es que Catalunya es Hispanie e Hispaniae es Europa y en Europa desde el segundo milenio antes de cristo estos festejos ya existían, no con toros sino con uros.

Si el PSC y CiU no se han atrevido a pedir a sus concejales que adoptaran las habituales posiciones monolíticas y a la albanesa en la votación y han dado libertad de voto a sus diputados no fue porque les importara mucho el tema (¿a un diputado le importa algo más que salir reelegido?) sino porque muchos de sus electores figuran tanto entre los partidarios de las corridas de toros como de los indiferentes y algún alma sensible incluso entre los detractores. Adoptar posturas decididas en pro y en contra siempre les hubiera traído problemas. Y ya se sabe que los paritdos en período pre-electoral no están dispuestos a hacer nada que les pueda hacer perder un voto.

Ha sido ERC quien ha aprovecha la iniciativa del vegetariano argentino para dar una nueva muestra antiespañolidad, sin duda el único ejercicio que ERC es capaz de hacer en estos meses en donde se aproxima a su alejamiento del poder durante, como mínimo, una generación. Pero ERC ha olvidado algo esencial.

Aprovechando para distinguir entre “corridas de toros” y “correbous” ha salvado la “tradición catalan” de los correbous (que se da en cualquier otro pueblo de la Comunidad Valenciana o de la áspera meseta con otros nombres) de la “tradición bárbara española” de las corridas de toros. Sólo que la campaña antitaurina no pertenece a ERC, ERC se ha limitado, en realidad, a introducirse en una estrategia que no es la suya sino la emanada del argentino vegetariano…

Y éste, tras conocer la votación del parlamento catalán ha afirmado taxativamente que la “campaña antitaurina continuará hasta que dejen de torturarse a animales…” El problema, a partir de ahora, no está en el tejado del españolismo, sino de las tradiciones populares locales. El debate y la discusión sobre los toros  (con un antitaurino no se puede discutir, hay que soportar su avalancha de insultos e improperios y su histeria animalista y cualquier objeción razonada que se le oponga chocará con mas insultos) va a proseguir por muchos años en Catalunya. El tema dista mucho de haberse concluido, con el aliciente de que ahora el enfrentamiento no va a ser entre antitaurinos y protaurinos, sino entre antitaurinos y tradicionales locales catalanas. Una vez más, un partido del tripartito, un partido “progresista” ha creado un problema donde no existía y, lejos de solucionarlo, lo multiplica exponencialmente.  

Hay algo que también vale la pena recordar. La fiesta de los toros estaba en crisis en Catalunya. No de ahora, sino desde hace muchos años, el grueso de los asistentes a los ruedos eran turistas y hoy lo siguen siendo, acaso el 70% de quienes se sentaban en las gradas de la Monumental de Barcelona venían de fuera a presenciar algo que en sus países origen existió centurias atrás bajo formas similares y siempre con el toro o el uro como eje del ritual y que el devenir de la historia ha reducido a la Península Ibérica y el Mediodía francés.

A la crisis de la fiesta han contribuido distintos factores: el precio de las entradas, la crisis económicas, la falta de casta y trapío de la mayoría de ganaderías, y por supuesto, la irrupción de la modernidad que sitúa por sí misma fuera de la historia a todo lo que no es digital y no puede expresarse mediante el lenguaje binario. Los toros, siempre lo hemos dicho “están” en el mundo moderno, pero “no pertenecen” al mundo moderno. La convivencia entre ambos solamente puede resolverse a favor de la modernidad y con la crisis de la tradición.

El vegetariano argentino, cuya vida es una verdadera cruzada “animalista” (no esperéis mucho equilibrio ni racionalidad, ni por supuesto comprensión de las tradiciones europeas de un vegetariano animalista) advirtió  con facilidad que de toda España era en Catalunya en donde existía una coyuntura más favorable para iniciar una campaña antitaurina: a fin de cuentas es en Catalunya en donde en los últimos siete años ha existido un permanente vacío de poder, en donde el tripartito contaba con un partido que en otro tiempo fue de matriz comunista (el PSUC) y que ahora se ha convertido en un melón verde (ecologista-animalista-feminitudo) que, a falta de poder aportar recursos humanos a la campaña (ICV está vacío de militancia) sí al menos la apoyaría entusiásticamente en los medios. Y por lo que se refiere a ERC, nuestro argentino vegetariano detectó que la cortedad de miras de los independentistas lo convertían en un aliado coyuntural. Y entonces decidió concentrar la campaña antitaurina en Catalunya. Esa campaña a partir de ahora pasará a cualquier otra parte del Estado.

Eso es todo lo que ha ocurrido. Ante el parlament de Catalunya en el momento de la votación podían verse banderas esteladas y catalanas entre los antitaurinos, algo incomprensible para quien desconoce las tradiciones antropológicas regionales: en Catalunya hay festejos taurinos como los ha habido en toda España y hace centurias en toda Europa.

Como todo lo que aprueba cualquier parlamento, la victoria de los anti-taurinos es el preludio de nuevos problemas (los correbous) y cualquier decisión adoptada hoy puede ser derogada mañana si conviene a las simetrías electorales. Y, por lo demás, la prohibición de una fiesta no parece la mejor despedida para un gobierno catalán agónico y al que le quedan dos telediarios.

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