Alternativas desdibujadas

Publicado: Lunes, 04 de Mayo de 2015 08:30 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Info|krisis.- La semana que empieza ha dejado atrás dos noticias que influirán decisivamente en el futuro de los nuevos partidos que aspiraban a luchar contra “la casta”. Por una parte, Podemos está viviendo su primera gran crisis con la dimisión de Juan Carlos Monedero y la brecha cada vez mayor abierta entre la cúpula y las bases. De otra, Ciudadanos ha perdido la virginidad definitivamente, al haber establecido un pacto de gobierno con el PSOE en Andalucía. Estos dos elementos van a jugar decisivamente en el papel de estas dos formaciones en las semanas que van a seguir contribuyendo a diluir su papel de “alternativa a la casta” y a afirmarlas más bien como “prolongación de lo que existe”.

La “nueva banda de los cuatro” en apoyo a la “vieja banda de los cuatro”

Hace apenas tres meses, Podemos era el “primer partido” del país; hoy ya no lo es. Hace un mes, Ciudadanos ocupaba el mismo papel. Mañana, seguramente, no lo será. Apenas quince días atrás, las encuestas anunciaban un “empate” entre las intenciones de voto de estos dos partidos y las del PP y el PSOE. En las próximas semanas, no albergamos la menor duda de que Ciudadanos iniciará un declive que reducirá sus expectativas de voto en las elecciones municipales y autonómicas. ¿El culpable? Juan Marín y los pactos que a los que ha llegado en Andalucía para apoyar la elección de Susana Díaz como presidenta autonómica.

Era evidente que, antes o después, la “nueva banda de los cuatro” (formada por ERC, Bildu, Podemos y Ciudadanos), como cualquier otro que aspire a “nadar” en política, iba a “mojarse” y a tener que demostrar ante la opinión pública la pasta de la que estaban hechos sus dirigentes. Sabemos, por ejemplo que las preferencias de Bildu, como las de ERC, consisten en formar un “frente soberanista” con los nacionalistas moderados. Era algo que estaba implícito en su condición de “nacionalistas radicales” y que, por tanto, no ha sorprendido.

Mucha más sorpresa ha causado la problemática interna que se ha desarrollado en el interior de Podemos entre los “posibilistas” y los “radicales” y que tiene también su reflejo en Ciudadanos, partido dirigido en Andalucía por un pequeño aventurero de la política que tiene prisa por “tocar moqueta” y congraciarse con el que, sin duda, es –a corta distancia del gobierno autonómico catalán– la vanguardia de la corrupción del “Estado de las Autonomías”. Si esto hubiera ocurrido en Aragón o en Cantabria, nadie su hubiera sorprendido del puente tendido de Ciudadanos hacia el PSOE, pero en Andalucía la cosa ha sido doblemente sorprendente por dos razones:

-          En primer lugar porque los votos de Ciudadanos proceden del PP… y nunca lo hubieran entregado a esta formación de saber que iban a ser destinados a apuntalar a Susana Díaz en el poder y al “régimen” socialista andaluz muy tocado tras el procesamiento de Cháves y Griñán por el escándalo de los EREs.

-          En segundo lugar porque supone un toque de atención para millones de electores de toda España decepcionados con la derecha liberal y que habían visto en Ciudadanos, un nuevo experimento “centrista”, incontaminado y virginal.

Las prisas de Marín en trenzar un acuerdo con el PSOE que le garantizara que el tiempo que vaya a permanecer en política le aportará suficientes beneficios para desaparecer sin problemas (en cuatro años veremos lo que queda de Ciudadanos en Andalucía), perjudican gravemente la credibilidad de Albert Rivera (salvo en Cataluña en donde el partido sigue creciendo gracias a que el PSC se mantiene instalado en una improbable “tierra de nadie” entre soberanismo y estatalismo, y la actitud de Ciudadanos allí se basa, no tanto en el centrismo, como en ventear el antinacionalismo como reclamo electoral). Pero en el resto del Estado, la actitud de Ciudadanos va a repercutir muy negativamente en la bolsa de votos que hasta ahora se prometía Rivera.

Podemos: de la gloria al fraccionamiento

Peor van las cosas en Podemos. De la fascinación que ejercía sobre el electorado se ha pasado a verlo como un partido dividido interiormente, con una cúpula fracturada y con un rumbo inestable. No es que los ataques del PP y del PSOE hayan erosionado a Podemos. De hecho, se trataba de ataques destinados a interrumpir el flujo de adhesiones a este partido procedentes de las propias filas de la socialdemocracia o de los decepcionados del PP. El hecho de que estos partidos alardearan de que Podemos había recibido subvenciones procedentes del gobierno venezolano apenas le ha causado problemas: la mayor parte de la ciudadanía han pensado que, mejor que reciban dinero de fuera, antes que nutrirse como la “vieja banda de los cuatro” de las arcas públicas del Estado Español, es decir de los impuestos pagados por todos nosotros.

Lo que verdaderamente ha generado la pérdida de fuerza de Podemos ha sido:

-          De un lado el que los medios de comunicación de izquierdas han optado por promocionar a Ciudadanos, un partido destinado a nutrirse de votos procedentes de  la derecha, sin pensar que parte de esos votos, antes, se habían orientado a la bolsa de Podemos.

-          Las distintas orientaciones estratégicas entre las fracciones que componen la dirección de Podemos y que oscilan entre insertarse como un “partido reformista” más (Iglesias, Bescansa, Errejón) y los que optan por una estrategia “alternativa” (Monedero y la Izquierda Anticapitalista que recientemente visto expulsados a 60 de los suyos en Andalucía).

En muchas poblaciones, los candidatos que Ciudadanos va a presentar en las próximas elecciones municipales, hace solamente un año, tras las elecciones europeas, figuraban entre los afiliados a Podemos. Querían integrarse en un “partido de protesta” fuera el que fuera, sin importarles mucho su orientación. Simplemente no querían nada que ver con “la casta”, ni con sus siglas. Parte de los votos que llegaban a esta formación procedían de los votantes de centro-derecha hartos de verse decepcionados una y otra vez por el PP.

Era paradójico, pero no por ello menos real: un partido de extrema-izquierda recibía votos “centristas” procedentes del PP. Ahora, con la elevación de Ciudadanos a “gran partido nacional”, esos votos han cambiado de orientación y, de manera mucho más natural, van a parar a esta formación que, después de años de autoconsiderarse como de “centro-izquierda”, finalmente han asumido una ubicación “centrista” mucho más oportunista, pero también más adecuada a los contingentes de votos que les van a parar. Esto ha supuesto una primera merma para Podemos.

La segunda ha sido todavía mayor: Monedero no era uno más entre los fundadores de Podemos, era el ideólogo, el estratega, el hombre de los contactos. Y ha dado el portazo. Partidario de forzar la situación y de no transigir con la “vieja banda de los cuatro” (PP, PSOE, PNV, CiU), la derecha apuntó bien sus baterías contra él: con Monedero fuera del partido, Podemos pierde su carácter “alternativo” para convertirse en un partido más o menos reformista, moderado y cuyos miembros no tienen muy claro hacia dónde aplicarán las reformar en caso de participar en alguna coalición de gobierno.

Syriza como [mal] ejemplo para Podemos

Ahí está el caso de Syriza, otro elemento que también ha contribuido a sembrar las dudas sobre la viabilidad de proyectos similares. Después de meses de amenazar con romper con la UE y con el euro si no se condonaba parte de la deuda, de tantear a Rusia como alternativa de reemplazo, de proclamarse una y otra vez anticapitalistas, finalmente, el gobierno griego ha terminado por destituir a Varufakis, su propio ministro de economía como negociador con la “troika” de Bruselas. Syriza ha elegido su camino: aplicar, poco a poco, las reformas que exige la UE, procurar no causar sobresaltos al Euro; y, finalmente, no alterar el panorama internacional. Bienvenido Syriza a la socialdemocracia…

El ejemplo Syriza es, por el momento, bastante decepcionante para los que en España reivindicaban un espacio y una orientación similares. De hecho, Syriza y Podemos son cada vez más parecidos (salvo por el pequeño detalle de que Syriza tiene como socio de gobierno a un partido antiglobalización de derecha y en España una combinación de este tipo sería altamente improbable a la vista de que Podemos sigue preso con el viejo esquema de las “dos Españas”) y el camino emprendido por Syriza en Grecia es, justamente, el que aspiran a adoptar los moderados de Podemos en España. Pero Syriza “no ha podido” en Grecia, nada hace pensar, por tanto, que Podemos “sí pueda” en España.

Monedero no estaba dispuesto a ser domesticado por el sistema y por eso ha optado, finalmente, por irse. Su salida no ha generado inquietudes en la dirección, pero si ha ampliado la distancia entre ésta y una parte importante de sus bases. Los buenos resultados obtenidos en Andalucía por Podemos y por Ciudadanos para lo único que han servido es para ver claramente de qué manera iban a gestionarlos. Ahora sabemos que Ciudadanos se ha vendido rápidamente y seguramente por poco. Por su parte, Podemos en Andalucía se ha ido desdibujando en las semanas posteriores.

La “nueva banda de los cuatro”: los mismos problemas y alguno más…

La impresión que dan los dos partidos nacionales de la “nueva banda de los cuatro” es que sus dirigentes son excesivamente bisoños, meros aficionados sin mucho conocimiento de la política y de sus mecanismos, carecen de proyecto, de preparación, de experiencia, no solamente de gestión, sino incluso de capacidad para elaborar programas políticos viables que cambien algo. Veremos, incluso, cómo reaccionan cuando tengan la oportunidad de percibir comisiones y de aceptar corruptelas.

No somos muy optimistas al respecto: cuando un proyecto político está desdibujado, las ambiciones personales son demasiado concretas como para que existan argumentos éticos y morales suficientes para no contaminarse con el universo político corrupto de la “vieja banda de los cuatro”. Simplemente esas ambiciones pasan a primer plano por encima de cualquier otra consideración.

La historia, Marx dixit, se repite primero como tragedia y luego como comedia. ¿Vamos a olvidar que el PSOE de 1979 estaba formado por antiguos idealistas procedentes de toda la extrema-izquierda española, curtida en la clandestinidad durante los últimos años del franquismo (maoístas del Partido del Trabajo, de la Organización Revolucionaria de Trabajadores y de la Organización Comunista de España (Bandera Roja), trotskistas de la Liga Comunista, marxistas-revolucionarios de la OICE, Organización de Izquierda Revolucionaria de España)? De hecho, vale la pena recordar que el primer caso de corrupción que apareció en el PSOE fue el de Didac Fábregas, el antiguo secretario general de la OICE que debió emigrar a Cuba en 1984 por haber desviado a espuertas fondos públicos a su bolsillo.

Los jefes de la “nueva banda de los cuatro” son de “bajo perfil”: Rivera solamente se mueve bien en el tema antisoberanista, en todos los demás da una pobre impresión; Pavel Iglesias, agotada la temática “anticasta” tampoco aporta precisamente “ideas geniales” y, en ocasiones, ejerce un peripatetismo acaramelado.

Podemos y Ciudadanos, al insertarse de manera creciente en la política real, están perdiendo buena parte de los apoyos con los que inicialmente partieron. Su trayectoria este último año delata un fenómeno demasiado evidente: el de la volatilidad de estas opciones capaces en pocas semanas de pasar de las cimas de la gloria o los umbrales de la inanición política. A esto se une el “bajo perfil” de sus direcciones, incapaces de suscitar entusiasmo más allá del impulso inicial (una estrategia basada no tanto en los aciertos propios como en los errores de la “vieja banda de los cuatro”), gente que en medio de una crisis económica generalizada, ven en la política una salida personal para evitar acabar sus días como aburridos profesores no numerarios o como tristes reponedores de super. Sería incluso aceptable de no ser porque no es eso lo que proclaman al electorado...

En realidad, la “vieja banda de los cuatro” y la “nueva banda de los cuatro” no parecen muy diferentes una de otra: como máximo, una es el recambio generacional de la otra, pero sus valores, sus actitudes, sus duplicidades, no son muy diferentes… por tanto, hay que pensar que sus respuestas ante la corrupción, su oportunismo sin principios y su falta de escrúpulos, serán seguramente similares en ambos casos. El hecho de que a Ciudadanos haya ido a parar lo que de más oportunista hay en este país (con Juan Marín al frente) y que, como en Podemos, se hayan reunido allí los segundas filas de los grandes partidos, apartados por los ajustes de cuentas internos, o simplemente marginados de la política a la vista de su falta de solvencia intelectual y moral, no deja mucho lugar al optimismo.

El problema no es hoy que la “vieja banda de los cuatro” haya sumido a este país en la crisis más profunda y prolongada de su historia, sino que la “nueva banda de los cuatro” en los próximos dos años demostrará que no está de ninguna manera capacitada para sacarnos de la sima. De la “gran decepción” a la “nueva decepción”, tal es lo que va de los “viejos” partidos a las “nuevas” opciones. Y, eso sí, en un clima de inestabilidad política creciente.

(c) Ernesto Milá - info|krisis - ernestomila@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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