Libia y la inmigración

Publicado: Domingo, 03 de Mayo de 2015 21:28 por Ernesto Milá en INMIGRACION
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Info|krisis. Libia y la invasión migratoria a Europa.- El gobierno italiano de izquierda presidido por Matteo Renzi del Partido Democrático es el eslabón más débil del norte del Mediterráneo. Con una orientación “soft” similar al antiguo zapaterismo español, el gobierno italiano ha “rescatado” a 150.000 inmigrantes del mar en apenas un año, la mayoría procedentes de Libia. Se calcula que han muerto en la aventura en torno a otros 2.000 inmigrantes más. Y es que la debilidad mata. Si la UE hubiera asumido una política de contención de la inmigración no se vería lastrada por cientos de miles de inmigrantes superfluos cuya única función es disminuir el valor de los salarios, y tampoco habrían fallecido miles de personas en la aventura de cruzar el Mediterráneo. Veamos la génesis del conflicto.

Libia: una nación y un Estado evaporados

La fatalidad ha hecho coincidir en una especie de “tormenta perfecta” tres elementos: la volatilización del Estado Libio, la aglomeración en aquel país de decenas de miles de personas que aspiran  dejar atrás los focos de tensión de Oriente Medio y la presencia en el poder de un gobierno timorato y de izquierdas en Italia absolutamente incapaz de contener una riada migratoria que supera con mucho la que España ha venido soportando desde 1996. La convergencia de estos tres elementos está en el origen de la inflación de muertes que se están produciendo en las costas del sur de Italia.

¿Quién está llegando? Por una parte subsaharianos que quieren llegar a los escaparates de consumo occidentales y que se hacen eco de la imagen de “Europa tierra donde todo se regala” que les han pintado sus paisanos residentes en el viejo continente. De otro, gentes que huyen de los conflictos del Próximo y Medio Oriente, sirios, kurdos, iraquíes, palestinos, y especialmente libios en el momento actual, familias enteras que vienen a Europa convencidos de que se vive mejor en los centros de internamiento para inmigrantes ilegales que en la calle en libertad en sus países de origen. Y, finalmente, islamistas radicales que aspiran a llevar la yihad a Europa o que dan por acabado su compromiso con la “guerra santa” y quieren empezar de cero una vida nueva. A estos grupos pertenecen los inmigrantes musulmanes que arrojaron por la borda a 12 inmigrantes por el mero hecho de que eran cristianos… No es, en cualquier caso, la inmigración que Europa necesita.

No es que se trate de una “conspiración”, es que la evaporación del Estado Libio facilita las bases en el Sur del Mediterráneo para el “corredor migratorio” hacia Europa. Y, a todo esto, ¿Qué ha ocurrido en Libia en los últimos cuatro años?

La guerra civil libia prosigue en 2015

Vale la pena recordar la película de los hechos. En febrero de 2011, en Bengasi y en otras ciudades del país se produjeron insurrecciones que desembocaron en ocho meses de conflicto, al término de los cuáles se desplomó el régimen del coronel Mohamar El Gadafi. Desde el origen del régimen de Gadafi a principios de los años 70, aquel país había visto reforzada su identidad nacional. Fue, a partir de ese momento, cuando “Libia” empezó a existir como nación. El régimen de Gadafi dotó de una mínima “conciencia nacional” a un territorio del Magreb que nunca había tenido la idea de pertenecer a un mismo Estado. El hundimiento del régimen libio entrañó, no solamente la desaparición del último líder panarabista, sino también y sobre todo la evaporación de esa “conciencia nacional” y, con ella del mismo Estado. Lo que existe hoy en Libia –tal como podía preverse desde el inicio de las llamadas “revoluciones verdes”– era la sustitución de una dictadura por el caos y la guerra entre facciones rivales.

Cuando se iniciaron los incidentes en Bengasi que culminaron en la guerra civil (que todavía se prolonga), el único objetivo que guiaba a las distintas acciones insurgentes era la oposición  a Gadafi. Caído éste, se evidenció que no había ni rastro de “oposición democrática”, ni objetivos nacionales, ni siquiera interés en lo que podía ocurrir después. En el lugar del Estado aparecieron entidades tribales o fracciones religiosas, todas ellas armadas y disponiendo de milicias que campaban libremente sin que ninguna sombra de poder pudiera disciplinarlas.

El país de las cien fracciones

Obviamente, la “revolución” no estalló espontáneamente y, sin duda, la intervención de la OTAN y, especialmente de Sarkozy, constituyó un nuevo error de cálculo en las políticas “occidentalistas” hacia el mundo árabe. Lo que determinó la caída de Gadafi fue, esencialmente, el haberse querido mantener equidistante entre los EEUU y Rusia, a diferencia del régimen sirio que se ha apoyado en Rusia para su lucha contra la insurgencia islamistas en su territorio. A la hora de la verdad, el gobierno ruso se desentendió del destino de aquel que había rechazado su mano tendida antes del conflicto. El nacionalismo de Gadafi fue su tumba.

Hoy nadie gobierna en libia. La existencia de un Congreso Nacional General, el parlamento elegido el 6 de julio de 2012 es tan solo nominal. Existen decenas de fracciones, cada una con pequeñas milicias armadas de entre 250 y 500 hombres, en pugna por el control de los puertos y de las fronteras, de las calles y plazas de las ciudades, aeropuertos, y de los campos petroleros o de las carreteras que conducen a los puertos.

A groso modo, este enjambre de grupos puede ordenarse en dos fracciones: los “laicos” y los “islamistas”. La primera está formada por antiguos funcionarios del gobierno de Gadafi y por oficiales que desertaron en los primeros momentos de la guerra civil. La segunda está compuesta por todos los grupos partidarios de instaurar la sharia inmediatamente. Y luego cabría hablar de poblaciones de origen beduino, débilmente islamizadas, que actúan por su cuenta con cierta propensión a aliarse con clanes “laicos”.

En los pequeños pueblos, las rivalidades son siempre con la tribu vecina, pero en las grandes ciudades que registraron, desde el inicio del régimen de Gadafi, llegada masiva de población procedente de la periferia del país, se han acumulado gentes de orígenes muy diversos que no han roto todavía con sus tribus de origen y que constituyen fracciones rivales dentro de los barrios, especialmente en Bengasi, aumentando todavía más la sensación de caos.

El general Haftar y los islamistas

La lucha contra los islamistas corre a cargo en este momento del general Jalifa Haftar, un ex oficial de Gadafi que desertó en 1983 para exiliarse en EEUU, regresando en 2011 como “hombre de confianza” del Departamento de Estado. En mayo de 2014, Haftar pasó a la ofensiva con la llamada “Operación Al Karama” (Dignidad) para erradicar a los islamistas. La primera acción fue el bombardeo de las posiciones de las distintas fracciones musulmanas en Bengasi. La élite de su ejército está formada también por antiguos oficiales desertores del régimen de Gadafi y brigadas reclutadas entre las tribus saadíes (beduinas) y los autonomistas de la Cirenaica.

De la misma forma que en 2011, existió una unidad coyuntural para derrocar a Gadafi, ahora Haftar (y sus patrones del Departamento de Estado) intentan consolidar una inestable coalición de milicias “laicas” que oponer a los grupos islamistas que, por su parte, también intentan concluir una coalición, Amanecer de Libia con fuertes puntos de apoyo… ¡en las zonas de las que parten las pateras hacia el Lampedusa, Pantelaria, Sicilia y el sur de Italia! Concretamente, la parte noroeste del país (Trípoli, Mistara, Zuara, Zauiya, Homs), son zonas de enfrentamiento al igual que la costa central, desde Misrata hasta Bangasi en todo lo que constituye el Golfo de Sirte.

Es evidente que en estas zonas embarcan solamente quienes son “aprobados” por los “señores de la guerra” locales y, si tenemos en cuenta que amplias franjas de la costa están controladas por islamistas entonces puede entenderse la inquietud que ha aparecido entre el gobierno italiano sobre el “material humano” que va llegando y el pánico que se ha apoderado al saber que los islamistas llegan a cobrar el “peaje” para el embarque a cristianos… que luego (como si se tratara de una “ley de fugas” o como un remedo del episodio del “Túnel de Usera” durante la guerra civil española) los arrojan al mar por otros islamistas…

Libia: un país, dos gobiernos

Tal como podía esperarse en 2011, la “democracia” no ha aportado nada. En las elecciones que tuvieron lugar el 25 de junio de 2014 (casualmente poco después del inicio de la ofensiva del general Haftar) apenas votó el 18% del censo electoral (incluidos los falsos y los electores que votaron varias veces). Las elecciones fraudulentas dieron lugar a un parlamento que no representaba a nadie… y que se instaló en Tobruck, feudo del general Haftar. Al inaugurarse las sesiones de este parlamento de ficción, un 30% de los diputados ni siquiera se dignó asistir.

Mientras, este remedo de organismo representativo elegía como “jefe de gobierno” a un títere del general Haftar, la coalición islamista Amanecer de Libia, reunida en Trípoli el pasado agosto de 2014 designó a su propio “gobierno de salvación nacional”. Hoy, Libia es el “país de los dos gobiernos y los cientos de fracciones”.

Desde el inicio de la segunda fase de la guerra civil (agosto de 2014) se han producido más de 7.000 muertos. Los frentes están mal definidos (se lucha en barrios e incluso dentro de bloques de viviendas) y el número de desplazados se eleva a medio millón… una parte importante de los cuales ven en Europa su tabla de salvación.

En cuanto a la Organización del Estado Islámico (OEI), los yihadistas libios que fueron a combatir en sus filas en Siria y que retornaron al iniciarse la ofensiva del general Haftar, han tomado el control del puerto de Derna (en el noreste del país, próximo a la frontera con Egipto) imponiéndose sin muchas dificultades sobre las fracciones islamistas locales y extienden su influencia sobre Sirte. La OEI ha sabido imponerse y sobrevivir en el clima de guerra civil.

Errores europeos y “principio de prudencia”

Es fácil intuir que Libia se ha convertido –gracias a la inconsciencia del Departamento de Estado, a los informes erróneos de la CIA sobre las posibilidades de instaurar una democracia en aquel país, a las ambiciones seudo-napoleónicas de Sarkozy y a la incapacidad de la OTAN– en un país en la que ninguna fracción, ni islamistas, ni laicos, puede triunfar sobre la otra, pero tampoco pueden pactar una paz después de lo ocurrido en los últimos cuatro años. Así mismo, una intervención extranjera en un país con las características de Libia (desierto inmenso y aglomeraciones urbanas en la costa) es impensable y contribuiría a agravar la situación. Y lo que es peor: el avispero libio se está extendiendo a todo el Magreb. El 15 de febrero la aviación egipcia bombardeó las posiciones de la OEI y el 5 de marzo pasado, el general Haftar y su gobierno fueron reconocidos por Marruecos… generando la ira de los islamistas locales. Esto sólo ha hecho que empezar.

El gobierno italiano –de acrisolado “humanismo” y debilidad demostrada– debe irse preparando para acoger a decenas de miles de nuevos inmigrantes que afluirán en oleadas mientras Europa se niega a aprobar una política de contención decidida de la inmigración. Libia es víctima de los errores políticos de “Occidente”… pero Europa no puede abrir las puertas al aluvión de desplazados que ha generado una guerra civil desencadenada por los EEUU, Sarkozy y la OTAN. Así pues, lo primero que debería dirimir el Parlament Europeo son los niveles de responsabilidad del Sarkozy y de la OTAN y luego… cerrar fronteras. La crisis libia no se resolverá admitiendo 500.000 inmigrantes procedentes de aquel país en Europa, lo único que se logrará es que entre tanta inmigración se filtren yihadistas de la OEI y extender –aún más– el problema a Europa. El “principio de prudencia” indica la política a seguir… A fin de cuentas, los errores los han cometido gobiernos europeos, pero desde el punto de vista de Europa, de lo que se trata ahora es de proteger a la población europea.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernestomila@yahoo.es - Prohibida la reproducción de ese texto sin indicar origen.

 

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