La Gran Europa: un proyecto

Publicado: Miércoles, 11 de Abril de 2012 10:31 por Ernesto Milá en GEOPOLITICA
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El proyecto de la Gran Europa

(un proyecto geopolítico de un mundo multipolar por venir)

Alexander Dugin

1. Tras el declive y la desaparición del bloque socialista en Europa del Este a finales del siglo pasado, disponer de una nueva visión geopolítica del mundo se ha convertido en algo necesario. Sin embargo, la inercia del pensamiento político y la falta de imaginación histórica entre las élites políticas de Occidente ha dado lugar a que triunfe una visión simplista: las bases conceptuales de la democracia occidental, una sociedad de economía de mercado, y la dominación estratégica de los Estados Unidos en todo el mundo se han convertido en las únicas soluciones planteadas a todos los desafíos emergentes y en modelo universal que debería ser imperativamente aceptado por toda la humanidad.

2. Una nueva realidad está surgiendo ante nuestros ojos: la realidad de un mundo organizado en su totalidad por el paradigma americano. Un think tank neoconservador influyente en los modernos EEUU se ha referido a él abiertamente con un término específico: "imperio global" (ocasionalmente " imperio benevolente" utilizado por R. Kagan). Este imperio es unipolar y concéntrico en su verdadera naturaleza. En el centro se encuentra el "Norte rico", la comunidad atlántica. El resto del mundo -el área de los países subdesarrollados o países en vías de desarrollo, considerada periférica- se supone que debe seguir la misma dirección y el mismo curso que ha emprendido mucho antes el país considerado como del corazón de Occidente.

 

3. En esta visión unipolar, Europa es considerada como un suburbio de EEUU (presentado como capital del mundo), y como cabeza de puente del Occidente americano en el gran continente euroasiático. Europa se ve como simplemente una parte del Norte rico, no como un actor con capacidad de decidir, sino como un socio de menor rango sin intereses propios y sin ninguna función específica. Europa, en tal proyecto, es percibida como un objeto y no como un sujeto, como una entidad geopolítica privada tanto de una identidad y de una voluntad autónomas, como de soberanía real y reconocible. Gran parte de la especificidad del patrimonio cultural, político, ideológico y geopolítico europeo se considera como perteneciente al pasado: todo lo que alguna vez fue considerado como útil ya se ha integrado en el proyecto global de Occidente, que sigue siendo descalificado y considerado como irrelevante. En este contexto, Europa está geopolíticamente privada de su propio ser y de su independencia. Se encuentra próxima sobre el plano geográfico, a regiones y civilizaciones no europeas, Europa puede entonces perder su forma cultural y política.


4. En todos los casos, la democracia liberal y la teoría del libre mercado no representan más que una parte del patrimonio histórico europeo y no se contemplan otras opciones y alternativas propias de los grandes pensadores, científicos, políticos , ideólogos y artistas europeos. La identidad de Europa es mucho más amplia y más profunda que unos cuantos fast-foods ideológicos simplistas del complejo del imperio global con su mezcla caricaturesca de ultra-liberalismo, ideología de libre mercado y democracia y cuantitativa. En la época de la Guerra Fría, la unidad del mundo occidental (a ambos lados del Atlántico) tenía como base más o menos sólida la defensa mutua de valores comunes. Pero ahora el reto ya no tiene ninguna actualidad, la vieja retórica ya no funciona. Debe ser revisada y precisa de nuevos argumentos. Desde hace mucho tiempo no hay más enemigo común, claro y realista. La base positiva para un mundo occidental unido en el futuro, está casi totalmente ausente. La opción social de los países y de los estados europeos, está en completa contradicción con el opcional de ultra-liberal anglosajona (sostenida hoy por los Estados Unidos).

5. Actualmente, Europa tiene sus propios intereses estratégicos que difieren completamente de los intereses de Estados Unidos así como del planteamiento del proyecto global de Occidente. Europa tiene su tropismo especial hacia sus vecinos del sur y el este. En algunos casos, el interés económico, las soluciones energéticas y la defensa común no coinciden en absoluto con los de América.

6. Estas consideraciones generales nos llevan a nosotros, los intelectuales europeos profundamente preocupados por el destino de nuestra Patria, Europa, y de nuestra historia cultural, a la conclusión de que necesitamos desesperadamente una visión alternativa del mundo futuro, donde por el contrario, el papel y la misión de Europa y de la civilización europea sean diferentes, más grandes, mejores y más seguras que en el marco del proyecto del imperio global con sus características imperiales demasiado evidentes.

7. La única alternativa viable en las actuales circunstancias es buscar anclajes en el contexto de un mundo multipolar. La multipolaridad puede garantizar a cualquier país y civilización del planeta el derecho y la libertad de desarrollar su propio potencial, para organizar su propia realidad interna, de conformidad con la identidad específica de su cultura y de su pueblo, así como para proporcionar una base fiable para las relaciones internacionales justas y equilibradas en el concierto de las naciones. La multipolaridad debería basarse en el principio de equidad entre los diferentes tipos de organizaciones políticas, sociales y económicos de estas naciones y Estados. El progreso tecnológico y la creciente apertura de los países deberían promover el diálogo y la prosperidad entre todos los pueblos y naciones, pero al mismo tiempo, para no poner en peligro sus identidades respectivas. Las diferencias entre las civilizaciones no tienen necesariamente que culminar en un inevitable choque a diferencia de la lógica simplista de algunos escritores americanos. El diálogo, o más bien el “polílogo”, es una opción realista y viable que todos deberíamos compartir en este sentido.

8. En lo que respecta directamente a Europa, y en contraste con otros planes para la creación de algo "grande" en el viejo sentido imperialista del término -sea el proyecto para un Gran Oriente Medio o el programa pan-nacionalista para una Gran Rusia o una Gran China- proponemos, para concretar y aproximarnos a un mundo multipolar, una visión equilibrada y abierta de la Gran Europa como nuevo concepto para el futuro desarrollo de nuestra civilización en sus dimensiones estratégicas, sociales, culturales, económicas y geopolíticas.

9. La Gran Europa consiste en el territorio contenido dentro de los límites que coinciden con los límites de una civilización. Este tipo de frontera es algo completamente nuevo, como lo es el concepto de Estado-civilización. La naturaleza de estas fronteras supone una transición gradual, no una línea abrupta. Este Gran Europa debería estar pues abierta a interacciones con sus vecinos del oeste, al este o al sur.

10. Una Gran Europa en el contexto general de un mundo multipolar se concibe como rodeada por otros “grandes” territorios, apoyando sus unidades respectivas sobre la afinidad de las civilizaciones. Podemos así postular la aparición eventual de una Gran América del Norte, de una Gran Eurasia, de una Gran Asia-Pacífico y, en un futuro más lejano, de una Gran América del Sur y de una Gran África. Ningún país, fuera de los EEUU, en el estado actual de cosas, carece de medios suficientes para defender su verdadera soberanía, al no contar más que con sus propios recursos internos. Hoy, nadie puede ser considerado como un polo autónomo capaz de contrarrestar el poder de atlantista. La multipolaridad reclama un proceso de integración a gran escala. Se la podría llamar una “cadena de globalizaciones” –pero una globalización sin límites concretos- coincidiendo con las fronteras aproximadas de las diversas civilizaciones.

11. Nos imaginamos a esta Gran Europa como a una potencia geopolítica soberana, con su propia identidad cultural fuerte, con sus propias opciones sociales y políticas –basadas sobre los principios de la tradición democrática europea- con su propio sistema de defensa, incluidas las armas atómicas, con su estrategia energética y accesos a los recursos minerales, elaborando sus opciones de paz o guerra con otros países o civilizaciones con una total independencia -todo ello apoyado en una voluntad europea común y en un proceso democrático en la toma de decisiones.

12. A fin de promover nuestro proyecto de la Gran Europa y el concepto de multipolaridad, hacemos un llamamiento a las fuerzas de los diferentes países europeos, así como los rusos, americanos, asiáticos, para apoyar activamente nuestra iniciativa más allá de sus opciones las políticas, las diferencias culturales y sus opciones religiosas, para crear en cada uno Comités para un Gran Europa u otros tipos de organizaciones que compartan este enfoque multipolar, rechazando la unipolaridad, el creciente peligro que constituye el imperialismo norteamericano, y desarrollen un concepto similar para las demás civilizaciones. Si trabajamos juntos, afirmando con fuerza nuestras identidades diferentes, estaremos en condiciones de fundar un mundo mejor, equilibrado y justo, un Mundo más Grande, donde cualquier forma digna de cultura, de sociedad, de fe, de tradición y de creatividad humana encontrará su lugar adecuado y correcto.


(c) Traducido por Ernesto Milà y extraído de VoxNR

 

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