Lo que se pide al gobierno

Publicado: Miércoles, 21 de Diciembre de 2011 18:04 por Ernesto Milá en NACIONAL
20111221180456-jura5-tn512x289.jpg

No da la sensación de que Rajoy vaya a introducir cambios radicales en España en un momento en el que lo que se necesitan son, precisamente, cambios radicales. Habrá que ver si en los próximos meses –y eso es lo que nos tememos hasta que no conozcamos la lista del nuevo gobierno- Rajoy hará como Zapatero ha hecho durante siete largos y angustiosos años: ir a remolque de la situación, evitar los anuncios de catástrofes salvo cuando ya están encima y poco queda por hacer y tomar la iniciativa solamente en cuestiones secundarios.

Ayer, Rajoy anunció que disminuiría un curso más la ESO y aumentaría un año el Bachillerato. Brillante. Si es así como se piensa reformar el sistema de enseñanza que hace aguas desde la pre-escolar hasta los masters de postgrado, no podemos hacernos excesivas ilusiones de que la luz que se ve al fondo sea la de un túnel que, antes o después, terminará, sino la que se ve desde el fondo de un pozo del que una vez dentro ya no se puede salir.

Es cierto que hacer falta una “reforma” de la enseñanza, aunque quizás lo más justo sería decir que lo que hace falta es una revolución en la enseñanza. “Dar una revolución” supone dar un giro completo hasta regresar a los orígenes. Nuestro sistema de enseñanza nunca fue tan catastrófico como ahora (hubo un tiempo en el que el modesto bachillerato de seis años más dos reválidas y un preuniversitario daba un importante bagaje cultural a aquellas generaciones que hacía que ni siquiera se precisase una prueba de acceso a la universidad a modo de control de calidad y criba de alumnos). Es preciso volver a los orígenes y reconocer que las distintas reformas y doctrinas educativas que se han ido barajando y sustituyendo desde 1973, han sido un fracaso completo. Contra antes se reconozca este fracaso que se inició ya con Franco vivo y que, desde entonces se ha ido agravando, mejor. Reconocer quiere decir, superar. Y superar quiere decir hacer tabla rasa y partir de nuevo en pos de un sistema educativo capaz de… educar.

La propuesta de Rajoy de un año más de Bachillerato es casi una broma que no estamos muy seguros de si responde a exigencias reales de la enseñanza, o si más bien está motivada para entretener a los alumnos durante un año más y evitar que aparezcan masivamente en las listas del paro. Lo que sí tenemos muy claro es que esa pequeña reforma no va a servir absolutamente para nada y ni siquiera merece al calificativo de “parche técnico”. Es simplemente una chapuza, la primera que hemos oído de los labios de Rajoy y que, sin duda, no será la última.

A ese gobierno se le van a pedir muchas cosas. Y no siempre serán iguales. Todo dependerá de quién lo pida. Por ejemplo, la patronal pide despido libre, menos impuestos, crédito barato, reducciones de salarios que no es precisamente lo que piden los sindicatos y no digamos la calle. La alta finanza internacional pedirá –y sin duda obtendrá- que se le pague lo que alegremente se le pidió prestado, se privatice todo lo privatizable y no encuentre trabas para aumentar sus dividendos. Y luego está la población que tiene intereses muy diversos, pero, sin duda mucho más modestos: encontrar tranquilidad y un lugar bajo el sol.

La estrategia de Rajoy, inevitablemente, consistirá en atenuar las tensiones entre la patronal y los sindicatos, como Zapatero, evitar lo más posible meterse en medio de las disputas entre ambos y satisfacer las exigencias de la alta finanza internacional. ¿Por qué? Porque si no lo hiciera, los consorcios mediáticos (cada vez más imbricados e interpenetrados por los “señores del dinero”) destrozarían su imagen en un abrir y cerrar de ojos. Lo hacen todos los días.

Hace una semana tuvo lugar en Moscú lo que podemos calificar como minúscula manifestación de protesta por los resultados electorales del domingo anterior que dieron la victoria a Vladimir Putin. Según los propios organizadores a la manifestación asistieron “40.000 personas”, lejos ciertamente del porcentaje que debería reunir una manifestación de protesta en una ciudad de 15 millones de habitantes, pero lejos también de los 5.000 asistentes que dio la policía de Moscú. El que una manifestación minúscula haya sido aireada por la prensa internacional (esto es, por los consorcios que guían la globalización) es significativo de cómo se informa y del valor de los medios de comunicación hoy en día. Por eso Rajoy sabe que debe satisfacer en primer lugar a los “señores del dinero” o de lo contrario difícilmente sobrevivirá al primer año de su gestión.

¿Y quién satisfará a la población? No se puede estar en misa y repicando dice el viejo refrán español. Satisfacer a los “señores del dinero” implica pagar la deuda con el sudor, el sufrimiento y las privaciones de la población. Puestos a sacrificar a alguien, Rajoy tiene claro que ni se sacrificará a sí mismo, ni se arriesgará a una disputa con los consorcios multinacionales de inversión. Y total, sabe que los electores ni son exigentes, ni siquiera están preparados para saber lo que les conviene, ni mucho menos organizados para combatir ninguna ofensiva que se lance contra ellos.

Nunca estuvo tan claro a quien servirá Rajoy ni que intereses antepondrá. Pero también, en lo que a nosotros se refiere nunca estuvo tan claro quién es el enemigo: la globalización, sus impulsores, la alta finanza internacional, los consorcios financieros, la banca y quien sitúe sus intereses por encima de los de la población. Zapatero lo hizo y por eso lo consideramos enemigo. Rajoy lo está haciendo ahora y por eso no hay otra percepción que podamos tener de él que la de enemigo.

© Ernesto Milà – Infokrisis@yahoo.eshttp://www.identitaria.eshttp://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Comentarios  Ir a formulario