El rostro de Breivik (II)

Publicado: Martes, 09 de Agosto de 2011 20:36 por Ernesto Milá en TERRORISMO

2. Lo que sí creía ser Anders Behring Breivik

A pesar de que Breivik cite a numerosos autores en sus escritos, a poco que uno se adentra en las 1.500 páginas de su manifiesto percibe el caos que llevaba en su interior: mezcla de autores mal asimilados, búsquedas inorgánicas en Internet que no tenían en cuenta el paso del tiempo y el que informaciones exactas hoy se van modificando a medida que avanza la flecha del tiempo, una ausencia completa de evaluación sobre la solvencia de las fuentes y, finalmente, errores metodológicos debidos a su particular ecuación personal con mucho de psicópata y mucho más de paranoico.

Anders Behring Breivik tenía una percepción alterada de sí mismo: tendía a sobrevalorar su ego tal como lo demuestra el que incluyese un amplio capítulo sobre cómo elaboró la bomba; esta egomanía la confirma el hecho de que jamás se sintiera integrado en organizaciones creadas por otros hasta el punto de que en 2002 sintió la necesidad de crear su propia orden neo–templaria. La egolatría es, siempre, uno de los rasgos más acusados de la personalidad del psicópata.

Pero Anders Breivik se veía a sí mismo de una manera muy diferente a cómo lo veían los que le rodeaban. Ya hemos visto lo que no era (la imagen que los medios han pintado de él) falta saber ahora qué visión ideológica había asumido y en función de la cual realizó las masacres de Oslo y de Utoya… y lo que encontramos no tiene nada que ver con lo que las grandes cadenas mediáticas han dicho sobre él. Una vez más, para saber por dónde discurría el pensamiento de Breivik hay que recurrir a la única fuente a nuestro alcance: su manifiesto de 1.500 páginas. Y mientras alguna orientación es obvia (la anti islamista), otras son encuentros imprevistos con familias ideológicas de las que los medios de comunicación se han guardado mucho de mencionar.

a.– Un anti–islamista

La palabra “Islam” es, con mucho, la que más veces aparece en el manifiesto de Breivik, exactamente en 1.465 ocasiones e “Islamic” en 1.358 ocasiones y “Muahmmad” en 232 ocasiones. Estas palabras son siempre citadas hostilmente por distintos motivos. Sin embargo, la palabra “immigration” aparece solamente en 486 ocasiones. Esto da que pensar: para Breivik el problema no es la inmigración masiva que están soportando los distintos Estados europeos, sino el hecho de que buena parte de esta inmigración procede de países islámicos… ¿Y qué ocurre con la inmigración procedente de países no islámicos? Andinos, subsaharianos, romanís, etc..., no parecen importar gran cosa a Breivik: en realidad, carecen de un proyecto político–místico expansionista, no tienen fedayines, ni muhaydines, ni talibanes, ni nada parecido, pertenecen a pueblos muy diversos sin denominador común, así que para él no constituyen absolutamente ningún peligro, o si los considera como tal se trata de un peligro muy secundario, casi irrelevante. Los “hombres negros” solamente son mencionados en cuatro ocasiones y de manera particularmente benévola: en la pág. 633, por ejemplo, considera que el rap es perjudicial incluso para la comunidad negra y en cuanto al hip–hop, explica en la misma página, que “[sus] expresiones y gestos (…) pueden impedir a un joven negro interactuar cómodamente con los compañeros de trabajo y clientes”, por lo que alarmará a los empleadores. Y en la página 1.147 elogia a los negros norteamericanos “que debieron desarrollar juntos la fuerza, la perseverancia y la resistencia para sobrevivir”. Estos párrafos, por sí mismos bastarían para ver en Breivik a alguien carente de prejuicios racistas. El tema racial le interesa pero casi de manera erudita. Es capaz, por ejemplo, de elaborar un listado de “cruces étnicos” (véase página 1.165) pero en absoluto extrae consecuencias y las que extrae son meras divagaciones y en absoluto radicales. Dice, por ejemplo, en esa página que “Cada tribu tiene que hacer absolutamente todo lo posible para que no ser atacada por otra tribu mediante la demografía, la inmigración o la tasa de natalidad”.

Noruega tiene una población inmigrante del 15%, entre 70 y 750.000 personas (incluida la población considerada como noruega administrativamente, pero compuesta por inmigrantes naturalizados), constituida por somalíes, árabes, albaneses, turcos y paquistaníes. Solamente en 2010 entraron 73 852 inmigrantes... El número de inmigrantes en Noruega es parecido al que hay en Cataluña (un 17-18%). La Oficina Central de Estadística Noruega prevé que la cantidad de inmigrantes y nacidos de padres inmigrantes aumentará desde la cifra actual que considera esta misma oficina, 0,6 millones en 2011 hasta 1,7 millones en 2060. En Oslo el número de inmigrantes alcanza el 34% de la población total. El número de islamistas en relación a la población en 2009 era de un 4-5%. Estas cifras, aun siendo tres veces más altas que las que da Wikipedia  (http://es.wikipedia.org/wiki/Noruega ) no explican la paranoia antiislámica de Breivik.

…Ahora bien, no todo el texto ha sido escrito por Breivik, en varias ocasiones éste cita artículos o fragmentos de artículos pertenecientes a un misterioso “Fjordman”: concretamente 37 artículos aparecidos en el blog http://fjordman.blogspot.com cuyo autor en total está citado en 111 ocasiones. La sensación que da es que “Fjordman” es el mentor ideológico de Breivik o al menos alguien en el que confía y al que le debe buena parte de su formación ideológica y de sus opiniones. Fjordman: ¿quién es Fjordman? Tardó poco en ser identificado después de los crímenes de Oslo y Utoya. De hecho, se trató de la persona más buscada en las horas siguientes a los atentados.

El verdadero nombre de “Fjordman” es Peder Jensen Nøstvold, un blogero noruego activo en el movimiento contra la jihad islámica y que sostiene que el multiculturalismo y muy especialmente la inmigración musulmana constituyen una amenaza a la civilización occidental. Pocos días después de la masacre, Jensen concedió una entrevista al informativo digital VG–Nett (que puede leerse en inglés en http://www.vg.no/nyheter/innenriks/oslobomben/artikkel.php?artid=10089390) en el curso de la cual expresa su sorpresa por haber sido citado por Breivik y considerado como inspirador doctrinal de la masacre. Fjordman–Jensen fue interrogado durante horas por la policía. Se trata de una persona de 36 años cuya vida quedará, a partir de ahora, condicionada por el atentado y por la utilización que Breivik hizo de sus textos. Al ser entrevistado (el jueves después de los atentados, es decir seis días más tarde) manifestó que no le quedaba más remedio que entrar en clandestinidad. El periodista que lo entrevistó lo definió como “De voz suave y sencillo, vestido con una camiseta blanca y jeans oscuros. Dice estar horrorizado por haber citado un total de 111 veces en el manifiesto Breivik”.

Jensen explicó que entre 2009 y 2010 recibió varios correos electrónicos de Breivik en los que le comunicó que estaba escribiendo un libro. En uno de estos intercambios de emails, hacia finales de 2009, Breivik le pidió conocerlo personalmente a lo que Jensen se negó. Explica: “No sé por qué quería reunirse conmigo, pero me negué. No por sus puntos de vista extremistas, sino porque no parecía interesante. «Castillos en el aire», me dije a mí mismo cuando volví a leer los correos electrónicos”. Explica luego que se siente obligado a dar una explicación a toda la nación y que la policía confiscó su ordenador en un intento de implicarlo en los crímenes.

Afirmó que solamente había tocado un arma durante su servicio militar obligatorio y que había cursado estudios de cultura y tecnología en la Universidad de Oslo, y ha estudiado árabe en la Universidad de Bergen y en la Universidad Americana en El Cairo. Es, pues, un hombre bien informado sobre la realidad de los países islámicos y su tesis trató sobre la censura y los blogs en Irán. Jamás ha militado en ningún partido político. Había nacido en el seno de una familia de izquierda socialista y durante un período militó en las Juventudes Socialistas.

Explica más adelante que “el punto de inflexión en la vida de Jensen llegó cuando era un estudiante en El Cairo durante los ataques del 11–S”. Explica: "la prensa occidental afirmó que los árabes no estaban contentos con los ataques. Esto no es cierto. Algunos de mis vecinos celebraron el acontecimiento con una fiesta espontánea, y sentían que los ataques habían sido geniales”. Después de esto, Jensen comenzó a enviar comentarios a los principales diarios de Noruega, pero sus opiniones ya anti–islamistas no fueron publicadas por los medios lo que le decidió a lanzar su propio blog utilizando el alias de "Fjordman" en 2005. Desde principios de 2002 hasta mediados de 2003, trabajó como observador para el ministerio noruego de Asuntos Exteriores y formó parte de la Misión Internacional en Hebrón. Sus escritos fueron reproducidos en blogs belgas y austríacos y una selección de ellos fue impresa por la editorial virtual lulu.com. Su blog consta de cientos de artículos sobre los temas más variados "desde la astrofísica hasta la historia del chocolate y la cerveza". Sería difícil ver en estos millones de palabras –dice que ha publicado unos 2.000.000 de palabras y que ha sido leído por millones de personas– rastros de extremismo político. Por supuesto, los textos más polémicos, los que han tenido más lectores y los que se han reproducido en más blogs son los anti–islámicos.

Su reacción inmediata tras los atentados fue malentendida por la policía: pocos minutos después de que se difundiera la noticia del atentado de Oslo definió al primer ministro noruego, Jens Stoltenberg como  “un tonto patético para el islam” y tras conocerse el tiroteo de Utoya  –cuando todavía no se sabía exactamente qué es lo que había pasado ni quién era el responsable– describió a los jóvenes socialistas como una "banda anti israelí y pro palestina”. Solamente más tarde, cuando se enteró de que Breivik lo consideraba casi como su inspirador intelectual, en un reflejo de autodefensa, lo definió como un "psicópata violento".

El blog de Fjordman contiene artículos en inglés y en noruego sobre el Islam, la democracia, el multiculturalismo, la Unión Europea y la cultura occidental. Las tesis que sostiene son las conocidas como “Eurabia”, proyecto que Breivik asume sin fisuras (cita este concepto en 112 ocasiones siempre elogiosamente). La Agencia de Noticias de Noruega definió a Fjordman como “una voz central de extrema derecha anti–islámica en Europa” (lo que, como mínimo parece aventurado… especialmente porque el proyecto Eurabia apunta más a fuerzas conservadoras de derechas como veremos más adelante). En cambio Fjordman negará ser un supremacista blanco, rechazará ser racista si bien sostendrá que solamente los pueblos blancos se aferran al universalismo mientras el resto de pueblos defienden especialmente a su propio grupo étnico. También, como Breivik, se declara antinazi y llega incluso más lejos acusando a los actuales gobiernos europeos de ser “nazis invertidos” al dar por sentado “que los pueblos blancos deben tener menos derechos que otros y pueden ser colonizados y sometidos a limpieza étnica impunemente”.

La idea de Breivik de que lo esencial de la violencia racista en los países occidentales está protagonizada por pueblos no europeos contra los europeos procede de Fjordman, de la misma manera que la idea de que los culpables de esta situación son “los socialistas”. Para ambos –pero los criterios de Breivik pertenecen a su mentor, Fjordman– “Occidente” no ganó la guerra fría en la medida en que todavía sigue existiendo el “socialismo”. Ninguno de los dos realiza una distinción clara entre “socialismo”, “socialdemocracia” y “comunismo”. Fjorman explica en su blog: “Los medios de comunicación occidentales trata a los musulmanes que atacan a la civilización occidental con más indulgencia que a los blancos que tratan de defenderse”. Y añade: “Las posiciones crítica ante la inmigración masiva son sistemáticamente satanizados como racistas, intolerantes, "extrema derecha" o de los fascistas y los nazis... Sin embargo, los grupos musulmanes que apoyan el terrorismo y quiere destruir la civilización occidental se llaman moderados en los medios occidentales”.

Ahora ya sabemos de dónde procedía la obsesión anti islamista de Breivik, poco justificada a raíz de la baja presencia de islamistas en Noruega: procedía de un bloguero situado en la línea de la “Operación Eurabia”. ¿Qué es y que implica este concepto?

Se trata de un concepto que proclama que en apenas unas décadas la cultura dominante en Europa será la islámica a causa de la inmigración masiva que padece el Viejo Continente. Se trata, obviamente de una exageración malintencionada difundida por una autora judía, Bat Ye’or (בת יאור, literalmente “Hija del Nilo” y de verdadero nombre Giselle Littman, nacida en Egipto, apátrida y residente durante muchos años en el Reino Unido y Suiza, que ha pronunciado conferencias en el Congreso de los EEUU y en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU) en un intento de beneficiar propagandísticamente al Estado de Israel y tratar de cambiar la opinión de los países europeos en relación al conflicto de Oriente Medio. La táctica consiste en aprovechar las resistencias que está encontrando la presencia de inmigrantes procedentes de países islámicos en Europa para sugerir a los europeos que ellos están del mismo lado que el Estado de Israel en la común lucha contra los árabes.

El centro de la reflexión de Bat Ye’or es la situación de los “dhimmis” (nombre con el que se conocen a los judíos y cristianos que viven en territorios islámicos). Menciona a Bashir Gemayel, el jefe de las milicias falangistas libanesas pro–israelíes, asesinado en 1982, como creador del concepto de “dhimmitud” que sería la sumisión al dominio islámico de las tierras y de los pueblos. La “dhimmitud” se hace efectiva cuando los no musulmanes pagan un tributo al poder islamista a cambio de recibir protección (“dhimma”). En su último libro, Eurabia: The Euro–Arab Axis, (2005, Fairleigh Dickinson University Press) expone la teoría de la colonización islámica de Europa mediante la inmigración.

En su obra Islam and Dhimmitude: Islam and Dhimmitude: Where Civilizations Collide (2001, Fairleigh Dickinson University Press) relata la destrucción de la comunidad judía egipcia (a la que pertenecía) y realiza una equivalencia entre “dhimmitud” e inseguridad y humillación de los infieles. Termina explicando que la “dhimmitud” es la consecuencia y el objetivo último de la Jihad (la guerra santa). De manera demasiado aventurada explica que la política de la Unión Europea en relación a Oriente Medio es pro–árabe (en realidad es más bien neutralista) desde la primera crisis del petróleo en 1973 que coincidió con el aumento de la presencia de inmigrantes islámicos en ese país. Francia pretendía –según esta interpretación– ganar poder para disminuir el poder de los EEUU, congraciarse con los regímenes árabes y asegurar el suministro de petróleo. El resultado fue una política anti–israelí desde entonces por parte de los gobiernos europeos (cuando en realidad, se trató y se trata de una oscilante política limitada de conciliación entre las dos partes).

Esta concepción de “Eurabia” ha ganado adeptos en la derecha y especialmente en algunos grupos anti–inmigración europeos. Guillaume Faye ha asumido en gran medida esta tesis de la identidad de destino entre Europa, Israel y EEUU. Y en los medios anti–inmigración europeos se suelen leer la treintena de webs y blogs que difunden las tesis de Eurabia. Y esto es peligroso para este sector político, porque Eurabia no es un concepto político o geopolítico: es una operación de inteligencia destinada a hacer aumentar la opinión favorable al Estado de Israel en Europa. Para ello, los blogs “Eurabia” suelen distribuir “información averiada” sobre el Islam y nunca puede saberse si los datos contenidos en ellos son reales o falsos. Así, por ejemplo, las acusaciones que suelen difundir estos blogs sobre la “pedofilia” de Mahoma o sobre prácticas pedófilas realizadas en los países árabes son completamente falsas y demuestran precisamente que se trata de operaciones psicológicas dirigidas desde Israel y probablemente ejecutadas por las agregadurías de prensa de las embajadas judías en Europa. A Israel no le basta que la Unión Europea promueva una política de negociación, estimule encuentros entre las partes enfrentadas en Oriente Medio y mantenga equilibrios entre las partes: Israel practica el principio de “el que no está conmigo está contra mí” y aspira a lo imposible: cambiar la percepción hostil que suele ser habitual en Europa hacia la política judía, frecuentemente intolerante, belicista y agresiva, por una política de solidaridad y apoyo plenos… ¿Y la presencia islámica en Europa? A Israel le importa poco que los núcleos islamistas en Europa crezcan más o menos: lo único que le importa es su causa, la supervivencia del Estado de Israel que precisa, no solo del apoyo de los EEUU, sino también de la Unión Europea. El enfrentamiento entre judíos y palestinos dura ya casi 70 años y ha ido empañando progresivamente la imagen de Israel especialmente en Europa. A diferencia de en los EEUU en donde el judaísmo tiene una influencia decisiva en medios de comunicación, industria del cine, comunicaciones y finanzas, en Europa el rol efectivo de los ciudadanos de origen israelita es mucho menor. Además, el judaísmo europeo está incluso dividido en relación a la percepción del problema de Palestina y carece de capacidad efectiva para que su presión sobre los gobiernos europeos sea decisiva y capaz de influir en la actitud de la Unión Europea en relación a este conflicto. Israel ha utilizado históricamente la cuestión del “holocausto” para congraciarse con la opinión pública europea. Ha bastado cualquier repunte de la conflictividad en Palestina para que los “agentes de influencia” israelitas distribuidos por todo el mundo pasaran a la ofensiva contrabandeando el desprestigio del Estado de Israel en estas cuestiones acentuando la victimización apelando al sentimentalismo y la emotividad europea con recuerdos sobre lo que se ha dado en llamar “holocausto”.

Sin embargo, esto ha logrado mantener solamente una especie de cordón umbilical emotivo, pero muy tenue, entre Europa e Israel que nunca ha ido muy lejos, especialmente porque en materia de política internacional los gobiernos europeos han mantenido la cabeza fría e Israel ha sido considerado como una especie de portaviones norteamericano en Oriente Medio y un foco permanente de conflicto. En momentos en los que Europa ha mantenido deseos de autonomía en relación al “imperio”, se ha acentuado la tendencia a participar en “procesos de paz”, facilitar negociaciones y ayudar a Palestina a que tenga algo parecido a un Estado. Por el contrario, en momentos en los que los gobiernos europeos han sido más partidarios del alineamiento pro–norteamericano, más se han inhibido de participar en iniciativas políticas en Oriente Medio, dejando al binomio EEUU–Israel la resolución del conflicto.

Pero a principios del milenio se puso de manifiesto una nueva variable en la ecuación. Desde el 11–S y más especialmente desde los meses previos al ataque a Irak, la opinión pública norteamericana tiene tendencia a considerar a Europa como “continente en fase de islamización”. De un lado se difunde la idea de que “París es islámico”… (que no está completamente desprovisto de sentido si tenemos en cuenta que el número de menores de 25 años de origen magrebí en París y Banlieu ya es superior al número de franceses de etnia europea y mucho más si tenemos en cuenta que el número de mezquitas aumenta en Europa más que en lugar alguno del mundo). Para colmo Turquía y Marruecos, avalados por algunos Estados europeos (entre ellos España) mantienen sus aspiraciones a ingresar en la Unión Europea y, entre tanto, colonizan los mercados continentales con sus productos agrícolas.

Formulado en forma de “teoría política”, “Eurabia” apenas es un mecanismo ideológico destinado, no tanto a ganar adeptos para la causa israelí, como a aumentar la brecha entre Europa y los regímenes árabes… que, en consecuencia, tiende a beneficiar al Estado de Israel.

Los principios de Eurabia son falsos:

– No es Europa quien ha pactado de espaldas a su aliado, EEUU, con los países árabes, sino EEUU quien ha hecho precisamente eso. Léanse las obras de Alexandre del Valle para conocer los apoyos documentales sólidos que demuestran que EEUU mantiene alianzas con buena parte del mundo árabe, incluso con los regímenes como el de Arabia Saudí más fundamentalistas y ello desde los años 30, siendo una constante de la política norteamericana desde entonces.

– La crisis iniciada con la guerra del Yon Kippur en 1973 sirvió, no para alinear a Europa con el Mundo Árabe, sino para romper y dividir al mundo árabe y lograr que algunos países que hasta  ese momento habían estado alineados con la URSS (Egipto, especialmente) pasaran a situarse bajo la órbita de EEUU.

– No es Europa quien se ha aproximado a Turquía y Marruecos, sino los EEUU los que desde hace más de diez años presionan a estos gobiernos para que entren en la UE y en ambos, en ambos, existen bases militares norteamericanas operativas.

– En cuanto al olvido de las “raíces cristianas” de Europa en el proyecto de Constitución Europea se produjo en un momento en que la socialdemocracia gobernaba en buena parte de Europa, exactamente en doce de los diecisiete Estados de la UE de la época. Hoy, cuando el socialismo gobierna en apenas tres países europeos, ni una sola fuerza política continental de peso apoya la entrada de Turquía en la UE (salvo en España que, como efecto precisamente la presión norteamericana, pues tanto Aznar como ZP la siguen apoyando…). No es “Europa” quien oculta esas “raíces cristianas”, sino la socialdemocracia europea… que hoy está sin duda atravesando una crisis histórica previa a su descomposición continental.

– En cuanto a la compatibilidad entre Islam y democracia, se trata de una doctrina norteamericana puesta en marcha en Afganistán e Irak convocando elecciones democráticas, no la actitud europea que se ha limitado –como máximo– en ir a remolque.

El objetivo de esta operación era: transformar el miedo del europeo medio al islamismo en una visión hostil hacia el binomio inmigración–etnia–religión–islamismo que generase en el objeto receptor del mensaje una situación mental predispuesta para apoyar y “comprender” al Estado de Israel y a su actuación en Oriente Medio por aquello de que “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”, que a fin de cuentas era lo que se buscaba.

Frecuentemente hemos visto como difundían material burdamente falsificado haciendo especial énfasis –no en vano el actual jefe de operaciones psicológicas del Mosad tiene formación freudiana– en las perversiones sexuales del Islam. La habilidad de esta operación psicológica ha consistido en mezclar elementos auténticos, chocantes para la cultura europea (poligamia, harenes, velo, cierto menosprecio por la condición femenina, ablación del clítoris que, a fin de cuentas, es una costumbre pre–islámica extendida en África negra), con episodios pura y simplemente inventados que hacen alusión a la pederastia (hace unos meses estos medios difundieron fotos de una “boda” entre palestinos y niñas de 6 a 8 años… que resultó ser algo muy diferente: un homenaje a los huérfanos palestinos). Lo que se pretende es generar la náusea hacia las “prácticas islámicas”… Y hay que reconocer que para un público poco exigente desde el punto de vista cultural, habitualmente poco informado sobre el mundo islámico y sin conocimientos sobre esa religión, esa operación psicológica ha cosechado algunos éxitos especialmente entre grupos anti–inmigración europeos.

Por todo esto es preciso alertar sobre los riesgos de visitar las páginas rotuladas como “Eurabia”, reproducir su material y elaborar, a partir de estas fuentes, otros artículos. Se trata casi completamente como hemos dicho de “mercancía averiada”. En cuanto a los “análisis” sobre la religión islámica, formuladas desde las páginas web que se reclaman de esta tendencia, todas, absolutamente todas, parten de los laboratorios de operaciones psicológicas del Mosad y ni uno sólo está avalado por departamentos universitarios especializados en historia de las religiones. Se trata siempre de material “interesado”, mera intoxicación informativa. Y este es el gran problema: porque si existe el “terrorismo islámico” en la forma en la que ha sido presentado desde los EEUU ¿qué necesidad hay de desviar la atención hacia la religión y falsear burdamente lo que es la religión islámica como se hace constantemente desde las webs de “Eurabia”? Ninguna… Lo que se busca no es “conocer la verdad” sobre el Islam: sino predisponer a los europeos a favor de quienes combaten verdaderamente al Islam, esto es, el Estado de Israel…

Afirmar, por ejemplo, la pederastia de Mahoma, supone ignorar las tradiciones de las tribus árabes en las que nació Mahoma y a las que transformó en “pueblo”. La pederastia no existe en el Islam más que en cualquier otro horizonte cultural. Por otra parte, a otras latitudes, otras tradiciones y a otros siglos otras costumbres. Si tenemos en cuenta que los países islámicos mantienen un atraso secular de entre 3 y 4 siglos (o 10 en el caso afgano) se entenderá perfectamente que algunas costumbres árabes sean chocantes para un europeo laico del siglo XXI. A finales del siglo XVIII la guillotina era mucho más habitual en Francia de lo que hoy es la lapidación en cualquier estado islámico… Hoy en cambio, la guillotina revuelve las tripas de todo europeo y habrán de pasar unos siglos todavía para que ocurra lo mismo con la lapidación en el mundo árabe.

Por otra parte, quien recuerde que Mahoma “esposó” con una niña de 9 ó 12 años, se arriesga a que le repliquen –entre decenas de ejemplos– que Abraham hizo pasar a su esposa por “hermana” a fin de que copulara con egipcios y poder extraer ventajas, por no hablar de la edad de la Virgen María cuando esposó a San José… Sin olvidar que, tal como ha demostrado Mircea Eliade y tantos otros, los “textos sagrados” no son relatos históricos sino narraciones con fines moralizantes y esotéricos que frecuentemente incluyen conceptos de numerología y claves simbólicas, y así ocurre con el Islam y con cualquier otra religión tradicional.

Eso por lo que a la historia sagrada de cada religión. Y en cuanto a la actualidad de la pederastia, unos pueden recordar a un imán huido de España por ese motivo… y otros pueden recordar los casos de pederastia que han estallado en los últimos años en el ámbito de la cristiandad y entre sus ministro… La objetividad y el amor por la verdad es una de las características propias de Europa: la verdad en Europa lo es todo desde el “Amigo de Platón, pero más amigo de la verdad”.

No, el “frente religioso” no es, desde luego, el mejor para afrontar la polémica de la inmigración. Este “frente religioso” sirve sólo para idealizar a quienes combaten a los islamistas en Oriente Medio: esto es a Israel, “rodeado de pueblos salvajes que practican una religión salvaje” tal como sugiere la “Operación Eurabia”. Y aquí no pretendemos entrar ni salir sobre la naturaleza de ese conflicto lamentable que conocen cuatro generaciones de palestinos e israelitas. 

La idea de Eurabia hubiera pasado casi completamente desapercibida de no haber sido porque la periodista italiana Oriana Fallaci asumió sus tesis con posterioridad a los ataques del 11–S de 2001. En efecto, la periodista que hasta ese momento se había declarado apolítica, pero también antifascista, que junto con su amante Alekos Panagulis, había visto una increíble intencionalidad política en el asesinato de Pier Paolo Passolini, un mero crimen entre homosexuales, que había expresado su feminismo radical en muchas ocasiones y que se había sido al Partido Radical, se convertía en la última etapa de su vida, cuando ya estaba aquejada de un tumor incurable, en despiadada combatiente contra el fundamentalismo islámico. La Fallaci advirtió –en la línea de Bat Ye’or– a principios del siglo XXI que la presión inmigrante sobre Europa suponía la difusión del Islam en el continente. También en sus últimos años experimentó un giro en sus opiniones religiosas: la atea y anticlerical de toda la vida, se redefinió como “atea–cristiana” (véase la coincidencia en este terreno con las opiniones de Breivik, como veremos más adelante) e incluso se entrevistó con Benedicto XVI. Ese giro copernicano a las opiniones que había expresado a lo largo de toda su vida se prolongó entre el 11–S de 2.001 y la fecha de su fallecimiento en 2.006. El leit–motiv de su producción periodística en esos años fue la denuncia de un proceso de islamización de Occidente que habría contado con la complicidad de la izquierda europea: “Eurabia”. Y es aquí en donde la obra de las dos escritoras converge y termina influenciando en las apreciaciones de Breivik y de su mentor, Fjordman.

Pero, Bat Ye’or, mucho más que la Fallaci, condena la política “europea” (y no solo de la izquierda europea) por dos motivos: por considerarla anti–estadounidense y anti–sionista… La obra de Bat Ye’or es pues inseparable de los intereses de la política norteamericana en Oriente Medio y, naturalmente, de los intereses del Estado de Israel. Y, en realidad, mucho más inseparable de lo último que de la primero, pues, por ejemplo, en temas como la entrada de Turquía en la Unión Europea, Bet Ye’Or (y la Fallaci) se declaran radicalmente en contra, mientras que los últimos presidentes de los EEUU y en España tanto Aznar como Zapatero, se han erigido en los defensores de la candidatura turca. Por otra parte, sirve también a los intereses de la política exterior norteamericana pues, efectivamente, teme la aparición de un régimen autosuficiente en Europa y en buenas relaciones con el mundo árabe. Para filtrar esta posición aborda temas “sensibles” en Europa: la incompatibilidad cierta entre Islam y democracia (¿por qué la democracia debería ser un régimen exportable a todo el mundo?) y la defensa de las raíces cristianas de Europa (que serían las mismas que las raíces de los EEUU, “pueblo elegido de la modernidad” y, por tanto, resultante del “pueblo elegido de la antigüedad”, esto es, Israel. Tal es el esquema de Bat Ye’or popularizado y divulgado por la Fallaci. El esquema de Anders Bherin Breivik transformó en pesadillo. Éste conocía a la perfección la obra de Bat Ye’or a la que cita en su manifiesto en 65 ocasiones, directamente o a través de Oriana Fallaci (a la que cita 10 veces). Y, por supuesto, se identifica con el concepto “Eurabia” que cita en 174 puntos… No hay duda pues sobre el “anti–islamismo” que practicaba Breivik y sus implicaciones: defensa de Israel y del sionismo como aliado natural de “Occidente” (Europa + los EEUU) frente a la penetración árabe…

b.– Un defensor del “cristianismo cultural”

El cristianismo aparece en 1.140 ocasiones en el manifiesto de Breivik. Pero no siempre es tratado de la misma manera: existe desde una hostilidad manifiesta en algunos puntos y una admiración desmesurada en otros. Para Breivik el cristianismo es el artífice del mejor momento de la civilización cristiana, la Edad Media, en la que aparece una decidida voluntad de lucha contra el Islam en las Cruzadas y en la formación de órdenes ascético-militares de las que los templarios será aquella con la que realizará una identificación enfermiza.

En la mente simplista de Breivik, completamente agnóstico, el cristianismo es una palanca para impulsar la lucha anti-islámica en Europa que, a la posterior, no es sino la lucha en defensa del Estado de Israel y de los EEUU, pues en su criterio, todo, todo esto es “Occidente”. Israel es citado en 224 ocasiones, Occidente (West) en 434 y los EEUU (USA) en 62 ocasiones…

El manifiesto de Breivik llegó a conocimiento de la opinión pública siguiendo una extraña senda que Massimo Introvigne ha podido reconstruir apenas en parte (véase artículo publicado en http://www.ilgiornale.it/interni/perche_voleva_colpire_litalia_ratzinger/25–07–2011/articolo–id=536757–page=0–comments=1 ). Pocas horas antes del primer atentado de Oslo, el 22 de julio, Breivik envió el manifiesto a un cierto número de personas. Al día siguiente, Kevin Slaughter publicó el manifiesto en su blog ( http://www.kevinislaughter.com/2011/anders–behring–breivik–2083–a–european–declaration–of–independence–manifesto/ ). Pero lo que sorprende es que Slaughter no es un cristiano fundamentalista, ni siquiera un ateo agnóstico, es algo muy diferente a todo ello: es miembro de la Iglesia de Satán fundada por Sandor La Vey en los años 60 y que, según Introvigne, cuenta en Escandinavia actualmente “con el mayor número de adeptos”. Slaughter afirmó no conocer a Breivik ni haber mantenido contactos con él. El 28 de julio publicó en su blog este comunicado: “Ha comenzado a aparecer en la prensa extranjera sobre todo, que Breivik estaba en contacto conmigo. Ha quedado claro en varias ocasiones dónde y cuando encontré este documento en línea. Yo no había oído hablar ni había estado en contacto con Breivik ni conocía este documento antes de sus acciones terroristas en Noruega”. El misterio subsiste pues: ¿Quiénes fueron las personas a las que Breivik envió su manifiesto y porqué es precisamente un miembro de la Iglesia de Satán quien lo difunde en Internet? ¿Cómo llegó el documento a Slaughter?

A Introvigne no se le escapa el hecho de que uno de los elementos que más han llamado la atención en el manifiesto de 1.500 páginas (y que los medios de comunicación de todo el mundo han soslayado y silenciado de manera increíble y al unísono) es la defensa del Estado de Israel partiendo incluso de conceptos muy populares en el siglo XIX en donde a través de los escritos de Chamberlain se consideraba que los judíos (y más concretamente, los galileos) eran “étnicamente afines a los pueblos del Norte de Europa” y lanza un concepto nuevo como autodefinición ideológica: “cultural Christian”, cristiano cultural. Por ejemplo, cuando describe los “Requisitos para convertirse en Gran Maestro Supervisor” de su orden neo–templaria, escribe: “El individuo necesita un historial no necesariamente militar de cristiano cultural conservador y activista (anti–Jihad). El individuo tiene que ser un cristiano europeo, y como tal debe ser compatible con las tradiciones judeo cristianas. En otras palabras, el individuo tiene que oponerse a la islamización
de Europa y al multiculturalismo (…) No debe tener un historial de racismo o de apoyo al conservadurismo racial” (pág. 1.073). “… Hay que apoyar a los conservadores, anti–pacifistas, de los líderes cristianos culturales y asegurarse de que son capaces de influir en las iglesias europeas. No obstante, hay que distinguir claramente. La Iglesia no debe poner ningún límite alguno sobre cuestiones relacionadas con la ciencia, la investigación y desarrollo. Europa seguirá siendo el centro mundial de investigación y desarrollo en todas las áreas, reforzado por una predecible y "inmutable" marco cultural. De nuevo, esto reforzará considerablemente la cohesión de la sociedad europea y por lo tanto contribuirá a la formación de sociedades sostenibles, donde la armonía, el progreso, la libertad y la promoción de la humanidad sean los pilares primarios de la civilización” (pág. 1308).

A la pregunta que se auto formula sobre si ateos u odinistas podrían unirse a su orden neo–templaria a pesar de no ser ni cristianos ni católicos, él mismo se responde: “Si quieren luchar por la cruz y morir bajo la "cruz de los mártires", es necesario que sean cristianos practicantes,  agnósticos o ateos cristianos (cristianismo cultural). Los factores culturales son más importantes que su relación personal con Dios, Jesús o el Espíritu Santo. Incluso los Odinistas puede luchar con nosotros y serán considerados como hermanos en esta lucha, siempre y cuando acepten los principios fundadores de los Caballeros Templarios y estén de acuerdo en luchar bajo la cruz de los mártires. La esencia de nuestra lucha es derrotar a los regímenes marxistas culturales y multicultural de Europa Occidental”, añadiendo: “He estudiado la mitología nórdica y tengo un gran respeto por las tradiciones odinistas. Me considero cristiano, pero el Odinismo es todavía y siempre será una parte importante de mi cultura y la identidad”. (pág. 1.360). Cabría añadir que el término “odinismo” aparece en 6 ocasiones en el documento. Y, finalmente, “Como cristiano cultural, creo que la cristiandad es esencial por razones culturales. Después de todo, el cristianismo es la única plataforma cultural que puede unir a todos los europeos, algo que se necesitarán en el próximo período en la tercera expulsión de los musulmanes” (pág. 1.361).

Los padres de Breivik eran agnósticos pero él eligió voluntariamente ser bautizado y confirmado en la Iglesia Luterana Noruega, para convencerse más tarde de que el protestantismo nórdico es el responsable de la entrada de inmigración islámica: “Creo que los protestantes han perdido “identidad” mientras que la Iglesia Católica mantiene un mínimo de la misma”, escribe. Pero no hay que considerar a Breivik como un “fundamentalista cristiano”, se mire como se mire, es agnóstico y el concepto de “cristiano cultural” es para él simplemente una forma de aprovechar lo que queda de positivo en el cristianismo como palanca para luchar contra el Islam. Su posición ante el cristianismo es ambigua y oportunista: al igual que su mentor intelectual, Fjordman, opina que “tras el Medievo, el cristianismo, cuyos únicos aspectos positivos eran de origen pagano, se convirtió para Europa en una amenaza peor que el marxismo”. Piensa que el Papa ha traicionado al cristianismo al haberse entrevistado con líderes islámicos en el marco del ecumenismo y acusa a Benedicto XVI de “Papa cobarde, incompetente, corrupto e ilegítimo”.

Se tratará pues de convocar un congreso “Cristiano Europeo” del que nacerá una nueva “Iglesia Europea” que será “identitaria y anti–islámica”. Quien se oponga será objeto de las acciones de los “justicieros templarios”, esto es víctimas de atentados terroristas, que les harán “odiados por todos: pero se tratará de una forma de “martirio templario” destinado a despertar conciencias”. Esta idea del “martirio templario” (una verdadera pulsión sado–masoquista propia de una personalidad enfermiza propensa a buscar justificaciones para matar y morir) es una idea que para Breivik resulta obsesiva y se repite en 60 ocasiones a lo largo del texto (“Templar martyrdom”).

Como maestro de la arsenical de perjuicios racistas de Breivik cabe citar el hecho de que en su manifiesto aluda frecuentemente a la situación del cristianismo en África y, en particular en Liberia, un país que le preocupa sobremanera, a causa de su guerra civil y que es citado por esta causa en 11 ocasiones... Pero también alude a Liberia como el país en donde sus “justicieros templarios” han sido entrenados por “extremistas serbios próximos a Karadzic fugitivos en África” (pág. 1.378) añadiendo algo que en estos momentos se ignora si la policía noruega ha podido confirmar: “A través de Internet me puse en contacto con conservadores culturales serbios. Este contacto inicial con el tiempo daría lugar a contactos con varias personas clave en toda Europa y con la formación del grupo que más tarde restablecería la orden militar y el tribunal de los Caballeros Templarios. Recuerdo que me hicieron una selección completa y verificaron mis antecedentes para asegurar que daba la talla deseada. Dos de ellos tenían reservas a invitarme  debido a mi corta edad, pero el líder del grupo insistió en mi candidatura. De acuerdo con uno de ellos, estaban considerando varios cientos de personas en toda Europa para un curso de formación. Me reuní con ellos por primera vez en Londres y luego en dos ocasiones en el Baltikum. Tuve el privilegio de conocer a uno de los más grandes héroes vivos europeos de la guerra en ese momento, un cruzado de Serbia y héroe de guerra que había matado a muchos musulmanes en combate. Debido a la persecución de la UE por supuestas crímenes contra los musulmanes entonces estaba viviendo en Liberia. Lo visité en Monrovia, justo antes de la fundación en Londres el año 2002”… Es difícil saber si este relato corresponde a un hecho auténtico, o si se trata del reflejo de un mitómano a fin de dar la sensación de que dispone de una amplia red de contactos, o simplemente es una extrapolación realizada a posteriori por alguien que pretende beneficiarse del “caso Breivik”, una intoxicación oportuna: no hay que olvidar que los atentados tuvieron lugar el día 22 de julio y que dos días antes, el 20 de julio, había resultado detenido Gozan Hadzic, el último de los prófugos serbios buscados por el Tribunal Internacional de La Haya. Hadzic fue el líder de la efímera República Serbia de Kraína, formalmente perteneciente a la República Croata que fronteriza con Serbia y poblada mayoritariamente por serbios. La inserción de esta historia (o “historieta”) en el mamotreto de Breivik en la que aparece “uno de los más grandes héroes vivos” es inseparable de lo ocurrido dos días antes y el texto parece sugerir que el personaje que dice haber conocido en Monrovia debería ser Goran Hadzic… cuyas responsabilidades en la guerra civil yugoslava quedarían así “actualizadas” y vinculadas a la masacre de Oslo.

Breivik explica que lo que le llevó presuntamente a Liberia fue el “cristianismo” de ese país enfrentado a los islamistas locales (como en otros países africanos) y fue allí en donde habían encontrado refugio los “cristianos” serbios que se habían enfrentado a los islamistas bosnios, albaneses y macedonios. En su obsesión anti–islámica esta perspectiva tiene cierta coherencia en el particular pensamiento de Breivik… salvo que el documento de 1.500 páginas haya sido “podado” en unas partes mientras que en otras se hayan realizado “injertos” antes de su publicación on line. Y si esto ha sido así –y nosotros apostamos a que así ha ocurrido– la mención a los “cristianos” serbios se explica solamente por la detención dos días antes de Goran Hadzic y con toda probabilidad es una interpolación de última hora: en efecto, ambos personajes se retroalimentaban, el hecho de que un “criminal serbio” indeterminado mantuviera relaciones con el “asesino de Oslo” contribuía a enfatizar, dramatizar y multiplicar en ambas direcciones la sensación de horror y el rechazo hacia el terrorismo. Pero esto tiene más aroma de operación de inteligencia y, concretamente, de operación psicológica que de otra cosa.

Anders Behring Breivik, contrariamente a lo que se ha dicho, no era un “fundamentalista cristiano”. Ni siquiera era cristiano. Su concepto de “cristianismo cultural” lo entendía como agnosticismo respetuoso con la tradición cristiana de Europa. Nada más. El hecho de que gustara difundir en Facebook su fotografía con el mandil masónico y que hubiera militado en la Logia Søilene (“Pilares”), que practica el Rito Sueco, muy hostil al fundamentalismo cristiano, indica que Breivik no tenía nada que ver con esta corriente.

El ocio que practicaba Breivik parece bastante siniestro. No se explica como éste “cristiano cultural” pudiera estar obsesionado por el juego de rol  on line World of Warcraft (https://eu.battle.net/account/creation/wow/signup/index.xml?gclid=CPLr3t39uqoCFcUMtAodXT4I5A , cuyo contenido se explica en http://es.wikipedia.org/wiki/World_of_Warcraft ) típico juego de “dragones y mazmorras” que cuenta con 11 millones de jugadores en todo el mundo y juego, en definitiva, que traslada a un mundo mágico repleto de brujas, magos, chamanes, etc, o qué le atrajo de una serie tan siniestra como Blood Ties (en España “Hijos de la Noche”), cuya protagonista, una ex policía de Toronto se une a un vampiro de 480 años de edad.

El hecho de que explique en la página 1.424 que reservó 2.000 dólares para contratar a una prostituta “de alta calidad (…) que contribuirá a aliviar mi mente” antes de la “ejecución de la misión” (alude a los atentados de Oslo y Utoya) “justo antes o después de asistir a la Iglesia Frogner”, o el que considere a Pin Fortuyn (al que cita junto a Theo van Gogh en 9 ocasiones) como uno de los modelos a imitar a pesar de su homosexualidad poco compatible con su “cristianismo cultural”, o la relajación condescendiente con la que aborda el problema del aborto, incluso sus visitas (en caso de ser real el informe de la policía noruega) a la principal página de sexo noruega, sirven para que el vicepresidente de la Alleanza Cattolica, Massimo Introvigne niegue por completo la adscripción de Breivik al espacio “cristiano”.

Escribe Introvigne: “Si Breivik tiene un enemigo, el islam, también tiene un amigo imaginario, con el que no parece que haya tenido grandes contactos directos: el mundo judío que considera como el baluarte anti musulmán más seguro. El terrorista muestra un verdadero culto hacia el Estado de Israel y a su fuerza militas que corresponden a una viva aversión al nazismo”. Breivik llega incluso a sugerir en un foto neonazi de Internet que “el error más espectacular de Hitler ha sido el no entender que los occidentales más puros y nobles son los judíos y que si se hubiera tenido que exterminar a alguien debería haberse hecho antes con los musulmanes de Oriente Medio”. Su ilimitada admiración hacia el Estado de Israel le lleva incluso a recuperar la vieja idea decimonónica, muy difundida en los ambientes masónicos nórdicos de esa época, según la cual “los habitantes de la Europa del Norte son también hebreos, descendientes de las tribus perdidas de Israel: el nombre de los “daneses” alude, por ejemplo, a la tribu de Dan, según explica. El movimiento anglo–israelita se escindió en el siglo XX en dos troncos. El mayoritario, violento y responsable de atentados en los Estados Unidos, sostiene que los europeos del Norte son hoy los únicos “hebreos” auténticos, mientras que los que se hacen llamar hebreos en Israel y en otros lugares, no lo son étnicamente, ya que serían mayoritariamente Khazaríes miembros de un tribu centro–asiática convertida al hebraísmo entre los siglos VIII y IX. De ahí la aversión del “movimiento de la identidad” de origen anglo–israelita contra Israel y sus lazos con grupos antisemitas y neonazis”. En los Países Nórdicos domina la corriente que considera que los judíos son “los verdaderos herederos de la tribu de Judá, a la espera de reunirse con los hermanos anglosajones y escandinavos de las tribus perdidas. Quien mantiene esta visión considera pues a los europeos del norte como hermanos de los hebreos y, lejos de ser antisemita, defiende de una forma muy extrema al hebraísmo y al Estado de Israel” (Introvigne).

Estas ideas delirantes tienen, por supuesto, una vertiente política: suponen municiones para reforzar el vínculo con el Estado de Israel de la misma intensidad que el delirio geopolítico de Bat Ye’or o de Oriana Fallaci. No se trata en absoluto de ideas “cristianas”, ni siquiera nada que tenga que ver con el “fundamentalismo cristiano” (que es otra cosa en sus distintas acepciones, un exceso de fe en la misión de esta religión y un retorno a sus consideradas fuentes originarias). Es una doctrina propia elaborada por Breivik, el “cristianismo cultural” que sitúa a la tradición europea como subordinada a la tradición judía en la que, a fin de cuenta, opina, están los “verdaderos” orígenes de los pueblos nórdicos. Ninguno de los caminos seguidos por Breivik conducen al cristianismo, ni mucho menos al catolicismo… todo, en cambio, lleva al Estado de Israel.

c. Un liberal radicalizado

¿Qué tienen en común Adam Smith, John Stuart Mill, Maquiavelo, Orwell, Thomas Hobbes, John Locke, William James o Ayn Rand? Absolutamente nada, salvo que están todos ellos recomendados por Breivik como alternativas a la “sociología marxista”. Salvo Orwell (antimarxista) y Hobbes (teórico del absolutismo político), el resto, empezando por su enemigo, John Locke, contiene una absoluta mayoría de liberales: el propio Locke es padre del liberalismo moderno, el “utilitarista” Stuart Mill fue incluso miembro del Partido Liberal Británico, Adam Smith maestro de la economía liberal clásica y defensor del libremercado, William James teórico del funcionalismo y de la teoría liberal, para terminar la lista de grandes glorias del liberalismo con la ultraliberal rusa devenida norteamericana Ayn Rand. Si tales son las referencias doctrinales de Breivik (que expresa citando a todos estos nombres en la pág. 373–4 de su manifiesto), no cabe otra certidumbre que la de calificar a Breivik como un “liberal”, con el único añadido de anti–islamista y, en su particular óptica, “cristiano cultural”, esto es admirador incondicional del mensaje de Eurabia y del Estado de Israel.

Aynd Rand está citada en tres ocasiones (en realidad se citan tres párrafos de sus textos y recomienda la lectura de sus dos obras Atlas Shrugged y The Fountainhead,), Stuart Mill en cuatro ocasiones, William James en dos (recomendando la lectura de su obra, Pragmatism), Adam Smith en dos (también recomendando la lectura de sus obras), John Locke en cuatro ocasiones (con especial recomendación de su Second Treatise on Government) y, respecto a Orwell (al que cita en 12 ocasiones recomendando sus obras –en especial Homenaje a Cataluña– y citando fragmentos de las mismas virulentamente anti socialistas), confirman que el pensamiento liberal y anti socialista constituía la más nítida referencia ideológica para Breivik. No hay otra en las 1.500 páginas de su manifiesto. Repito: no hay otra y vanamente la buscaríamos.

Está claro que no puede atribuirse al pensamiento liberal co–responsabilidad en los crímenes de Breivik, pero no es menos innegable que él pensaba en términos de liberalismo. Y de una forma muy concreta de liberalismo: el difundido por la escuela austríaca de economía formada en torno a Friedrich Hayek (al que cita en 10 ocasiones especialmente sus ensayos The Intellectuals and Socialism y The Road to Serfdom).

La rehabilitación del liberalismo a finales de los 70 y principios de los 80 se debió primero a Margaret Tatcher y luego a Ronald Reagan, ambos bebieron en las fuentes de Friedrich Hayek, el cual, a su vez lo hizo en Friedrich von Misses. Esta es la escuela de la que se reclama Breivik. Llama la atención la simplicidad de esta escuela economicista y sus planteamientos esquemáticos que en otro tiempo no hubieran superado un examen de acceso a la universidad. Básicamente sostienen que todo lo que no es el “liberalismo” es “socialismo” y que, para evitar caer en el pecado de socialismo el Estado se tiene que abstener de cualquier interferencia en los “mercados” y reducirse a la mínima expresión imprescindible. De ahí el lema “más mercado, menos Estado”… Para Hayek cuando el Estado realiza una pequeña corrección en los mercados es que el “socialismo” se ha manifestado aun cuando esa corrección haya sido formulada por un partido de derechas. No puede extrañar que Hayek considerara a Keynes y a sus colaboradores como “una panda de socialistas”…

La crisis de 1929 desarzonó a todos estos teóricos del abstencionismo estatal. Misses fue durante muchos años olvidado y Hayek vivió durante casi toda su vida en una especie de “exilio interior”. Sin embargo, el ascenso al poder de Margaret Tatcher supuso la resurrección del zombi liberal. Algo antes, Milton Friedman y los “Chicago boys” habían hundido la economía chilena y generado una oleada de paro sin precedentes que fue más costosa para el gobierno del General Pinochet que cualquier medida represiva sobre la izquierda. En efecto, dando vía libre a las importaciones Friedman y sus compinches lograron que una cerilla fabricada en Canadá recorriera desde las Montañas Rocosas hasta los Andes y terminara prendiéndose en Valparaíso o Santiago entrañando la destrucción de sectores enteros de la economía chilena.

En los 15 años siguientes, “reajustes” como éste se dieron en toda Iberoamérica generando paro, miseria, destrucción de la clase media y establecimiento de sistemas democráticos de baja calidad guiados por títeres al servicio de las oligarquías locales y de la finanza internacional. El resultado a medio plazo ha sido la irrupción de un populismo de izquierdas en buena parte de Iberoamérica y, en especial de la “doctrina bolivariana” que hundía sus raíces en la desesperación de sectores de las clases medias en fase de proletarización y de los proletarios en fase de pauperización.

En realidad, la “pasada por el liberalismo” tuvo tres fases: una fase de impacto brutal sobre las economías locales, una segunda fase en el que “las cifras macroeconómicas” empezaron a registrar alzas y los Estados sacaron a flote sus economías (fundamentalmente como efecto de los beneficios obtenidos por la venta de las empresas de los sectores públicos, muy abundantes en Iberoamérica, mucho más que por su buena gestión), lograron atraer inversión financiera… antes de que todo esto se divisara como flor de un día, los beneficios obtenidos por la venta de empresas públicas tardaron poco en dilapidarse, volvió a hacer falta financiación, pero el Estado ya no disponía de sector público que avalase la petición de créditos y, finalmente, se produjeron fenómenos perversos como el “corralito” o vuelcos políticos como el que tuvo lugar en Venezuela, demostrando una vez más –y por si la historia del siglo XX no lo hubiera demostrado hasta la saciedad– que el “socialismo” es el resultado de los excesos del “liberalismo”.

Desde hace 150 el péndulo se decanta unas veces hacia el “socialismo” y luego vuelve hacia el “liberalismo”. Los liberales no reconocen este proceso dialéctico que une los excesos del liberalismo al nacimiento del socialismo y que luego va del agotamiento de éste a la búsqueda de su opuesto, el liberalismo, iniciando un nuevo ciclo. Los liberales de estricta observancia afirman con una seriedad pasmosa que jamás se ha llevado a la práctica su modelo teórico: siempre, en algún momento, el Estado ha intervenido en la economía falseando el mercado. Es una falacia. Habría que añadir que en determinados momentos, si el Estado no hubiera intervenido para salvar al seudo–liberalismo o neo–liberalismo, el propio sistema económico hubiera desaparecido y la última crisis económica en su primera fase así lo demuestra.

En el fondo, lo que subyace es un dogmatismo presente con tanta fuerza como estuvo presente en el marxismo: un enrocamiento en las propias posiciones concebidas de la manera más extrema y una justificación ante los errores afirmando que se habían producido porque la ideología no se había puesto en práctica sin alteraciones. Como si un marxista dijera que el fracaso del colectivismo se debiera a que nunca se fusiló suficientemente a todos los opositores. Más soft, el liberalismo atribuye sus fracasos al incumplimiento relativo y por la mínima del dogma del abstencionismo del Estado en materia de economía.

Esta última crisis económica, sin embargo, se ha producido dentro de una nueva perspectiva: ha sido una crisis del “sistema”, esto es, del liberalismo que desde el período Reagan–Tatcher abrió el camino a la globalización. Esta ha sido la primera gran crisis de la globalización y este modelo económico mundial es la quintaesencia del liberalismo: un mercado financiero mundial y unos Estados que ya carecen de potestad para regularlo dada la desproporción entre su dimensión y la del mercado… ¿Qué más quieren los liberales? Que el Estado desaparezca definitivamente.

Llama la atención que lo más cerca del liberalismo –al menos a nivel conceptual– sea… el anarquismo. En efecto, ambos predican la desaparición del Estado y su reducción al mínimo. A diferencia del liberalismo, el anarquismo predica también la desaparición del mercado y, en este pequeño detalle es donde radica la diferencia. Los EEUU constituyen sin duda el primer Estado liberal aparecido en la historia y aun hoy su población mantiene una extendida desconfianza hacia el aparato estatal al que frecuentemente atribuyen todos los males. El liberalismo pasa así como una forma diferencia al anarquismo al que, al igual que a éste, le repugna la presencia del Estado.

Y ¿qué es el mercado? Breivik lo tiene muy en cuenta, lo menciona en 118 ocasiones y no precisamente para criticar los resultados indeseables para la sociedad que conlleva su desregulación. El mercado es el escenario en el que discurre el juego de la oferta y de la demanda. Las “leyes del mercado” jamás podrán cumplirse tal como fueron concebidas teóricamente porque los procesos de acumulación de capital generan desequilibrios y asimetrías que falsean la libre competencia. Breivik, en perfecta ortodoxia “hayeckiana”, se declara partidario del capitalismo y del libremercado (pág. 1.355) con una sola reserva. Afirma: “Esto ni siquiera es una lucha entre capitalistas y socialistas, se trata de una guerra cultural entre nacionalistas e internacionalistas. Yo me considero un defensor del sistema capitalista, aunque no el capitalismo globalizador (donde las corporaciones internacionales dictan las reglas)”. Pero si está contra el capitalismo en su fase globalizada es porque facilita el “internacionalismo económico” y, en consecuencia, el cosmopolitismo que abre el camino al socialismo y a sus valores multicuturalistas, esto es, en su óptica… pro–islamistas. La alternativa que plantea Breivik (pág. 1.355) es la de los “bloques económicos homogéneos” (algo que ya había teorizado Guillaume Faye en su obra El Arqueofuturismo (http://www.quedelibros.com/libro/20081/El–Arqueofuturismo.html), pero siempre dentro del concepto de capitalismo liberal sin correcciones por parte del Estado y sin monopolios.

Breivik olvida que cuando un grupo de empresas (un oligopolio o un monopolio) alcanzan una posición hegemónica en el mercado tienden a utilizarlo a su antojo y a evitar que otras empresas puedan posicionarse en el mismo. Y, finalmente, cuando determinadas acumulaciones de capital superan –tal como ocurre hoy– el PIB de la mayoría de países, son los mercados los que imponen su tiranía a los Estados. Hace falta recordar que mientras los mercados son, en realidad, el teatro preferencial de la actividad de inversores y especuladores, el Estado somos –al menos en teoría– todos. Así pues, el liberalismo es el mejor escenario para que los tiranosaurios se coman a los humanoides… Porque si hay una idea que sea ajena al liberalismo es la idea de justicia social… Y si existe hoy una idea necesaria cuando una cuarta parte de la sociedad está rozando el umbral de la pobreza o zambullido en él, es precisamente la de justicia social.

Breivik olvida igualmente que el liberalismo ha generado la globalización y la globalización es la madre de las migraciones humanas y de  las deslocalizaciones industriales. La globalización tiende a que los rasgos de identidad de los pueblos se diluyan: a un mercado mundial, corresponde un melting–pot en donde cualquier producto tienda a poder venderse en cualquier lugar, fabricarse en donde sea más barato.

Y esto ha generado dos fenómenos peligrosos cuya responsabilidad descansa únicamente en el liberalismo: de un lado la deslocalización empresarial, fuga de las plantas de manufacturas a los países en donde el precio de la mano de obra es más barato… que no pueden ser sino países “socialistas”, como China en una curiosa colusión de intereses que atenta contra los trabajadores del Primer Mundo (que ven inevitablemente contraído el mercado de trabajo en sus países) y del Tercer Mundo (que ven cómo la riqueza para sus élites económicas se realiza a costa de salarios de hambre y trabajo semi–esclavo).

Pero hay otro fenómeno generado por la globalización liberal que constituye un verdadero atentado no sólo contra los pueblos sino también y sobre todo contra la historia: el facilitar el desplazamiento de millones y millones de personas hacia Europa para abaratar el coste de la mano de obra. Aznar, en este sentido, fue paradigmático en su política de generar un modelo económico liberal basado en salarios bajos, inmigración masiva, crédito fácil y beneficios rápidos para los inversores con un sector hipertrofiado de la construcción. Borrar los rasgos de identidad de los pueblos, tender a uniformizar (al abaratamiento y a la baja) los mercados de trabajo es algo que no puede hacerse sin insertar en Europa masas de población alógena. Y esto es lo que el liberalismo salvaje ha hecho contando con la ayuda inestimable del humanismo universalista socialdemócrata.

En realidad, el liberalismo es hijo de la burguesía; fue este grupo social el que reivindicó en el siglo XVIII la primacía como clase hegemónica de la sociedad en detrimento de la aristocracia. Hoy, sigue queriendo tener la primacía pero se ha convertido en una aristocracia económica. No aspira a controlar a los Estados directamente sino a través de los mercados.

En la actualidad, para salir de la crisis, el Estado tiene que ampliar sus poderes. De una sima como la que estamos no salimos con los mercados… sino con la planificación. Y eso solamente corresponde a los Estados. El mercado no puede planificar porque está sometido a las leyes de la oferta y la demanda, corregidas y condicionadas por el peso de los grandes capitales financieros y de las gigantescas concentraciones de capital. El “mercado” no tiene necesidad de salir de ninguna crisis, simplemente porque no la percibe: se beneficia de ella (esto es, se benefician quienes controlan los mercados). Pero no ocurre lo mismo con el conjunto de las poblaciones sí. Y para eso hace falta justamente el remedio contrario al que propone el liberalismo: planificación, planificación y planificación. Y mucho más en España en donde desde el franquismo el modelo económico se ha basado en turismo y construcción.

Un somero repaso a la situación de la economía mundial (capitalismo liberal) y del sistema político que le acompaña (democracia liberal) indican muy a las claras que las dos opciones políticas sobre las que se mantiene el sistema político (centro–derecha y centro–izquierda, socialdemocracia liberal y liberalismo conservador) son dos formas de un mismo sistema que se está desintegrando ante nuestros ojos. Si hoy la socialdemocracia solamente gobierna en dos países europeos y si partidos de derecha y de centro–derecha se enseñorean por toda Europa, no es más que porque el “pensamiento único” ha hecho imposible la emergencia de otras opciones. Pero ambos están agotados: la socialdemocracia porque, en su intento de insertarse en el “pensamiento único” y multiculturalismo y en su aceptación del liberalismo, lo ha gestionado de manera atroz mientras ha permanecido en el poder, y el liberalismo conservador, habitualmente identificado con partidos de centro–derecha, de derecha e incluso extremo–liberalismo (caso de Gert Wilders), ha fracasado a causa de su absoluta insensibilidad en materia social. Breivik es un reflejo, precisamente, de esa insensibilidad: en ninguna de las 1.500 páginas de su manifiesto aparece ninguna referencia a los “problemas sociales”.

Incapaz de hacer un análisis histórico sobre el origen del liberalismo y sobre los últimos 200 años de vida europea, Breivik, obsesionado por la presencia del Islam en Europa, olvida que el liberalismo está tan avejentado como el viejo marxismo y huele a tanto alcanfor como su colega el anarquismo. Ideologías surgidas hace 200 años y en el caso del liberalismo, cuya matriz se remonta a 250 años en pleno siglo XVIII, ya no están en condiciones de aportar nada a las sociedades del siglo XXI, como no sean su cadáveres siempre en condiciones de ser triturados y aptos para fermentar como cualquier estiércol, a la tierra. Hoy es el tiempo en el que no se trata tanto de rescatar cadáveres como de abordar la creación de nuevos modelos que trasciendan tanto al liberalismo como a la socialdemocracia.

Creemos que la adscripción de Anders Behring Breivik al pensamiento liberal más difundido en la actualidad (en torno a Hayek con los fundamentos morales que pretendió aportar Ayn Rand) es el único con el que puede emparentarse tras la lectura de sus 1.500 páginas de su manifiesto. Breivik es pues un liberal. Obviamente nada que ver entre su liberalismo y el que practican los habituales liberales que se sitúan en un espacio centrista entre la socialdemocracia y el conservadurismo, frecuentemente predispuestos a pactar con lo segundos. La introducción de los elementos anti–islamistas y pro–israelíes en la ecuación ideológica de Breivik (cuyas referencias en el texto son constantes) unido a su radicalismo surgido de una mente enferma, obsesiva, paranoica y psicópata, son los que hacen que, en rigor, pueda aludirse a un “extremismo liberal” si lo que queremos es definir las coordenadas de su pensamiento.

No hay, y en esto somos terminantes, no hay ninguna otra componente doctrinal en las 1.500 páginas de su manifiesto.

© Ernesto Milà – infokrisis – http://infokrisis.blogia.comhttp://info–krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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