11-S. LA GRAN MENTIRA. (IX de XV). La improbable

Publicado: Lunes, 27 de Septiembre de 2010 21:31 por Ernesto Milá en 11-S. La Gran Mentira

Infokrisis.- Si Atta era un terrorista formado en las escuelas de Al Qaeda, desde luego, no había aprendido bien las lecciones de cómo pasar desapercibido. Nunca ningún terrorista en la historia ha dejado tantas pistas, salvo quizás Lee Harvey Oswald en los meses inmediatamente anteriores al asesinato de Kennedy. Poco a poco se han ido sabiendo detalles de la vida de Atta que inducen a pensar que hay elementos poco claros que permiten pensar que Atta es el “terrorista imposible”.

V

LA IMPROBABLE “PISTA ESPAÑOLA”

LA INCREÍBLE ENTRADA DE ATTA EN EE.UU.

El 19 de octubre, desde Miami, las agencias difundieron la noticia de que a Mohamed Atta estuvo a punto de no poder entrar en Estados Unidos al volver de un viaje a España. El funcionario del Servicio de Inmigración que revisó su pasaporte el 10 de enero, sospechó cuando éste le dijo que tomaría lecciones de vuelo durante su permanencia como turista en el país. La noticia fue difundida por  The Miami Herald, obteniéndola de fuentes próximas a la investigación que desde luego no explicaron como un peligroso terrorista, en un alarde de sinceridad, explica el elemento central de su preparación para el atentado del 11-S. ¿No era más lógico que callara su preparación como piloto especialmente a un funcionario que no tenía posibilidades de saber cuáles eran los motivos de su entrada en EE.UU.? Por que lo más sorprendente es que Atta tenía una visa de turista y no un visado “M” de estudiante. Interrogado a este respecto por un segundo funcionario le explicó que estaba esperando un "ajuste de estatus". Las explicaciones parecieron satisfactorias y se le permitió el ingreso. Aparentemente, este segundo funcionario tampoco advirtió que la anterior visa de turista del egipcio de 33 años, había expirado el 2 de diciembre del 2000 ¡nueve meses antes! y que había sobrepasado su previa estancia en el país. Si se le hubiera prohibido la entrada, podría haber sido detenido en el Centro de Procesamiento de Krome, en Miami, o deportado en el próximo vuelo a Madrid de donde provenía. Para quien conoce la rigurosidad de los aduaneros norteamericanos resulta imposible pensar que esto pudo ser así. Por lo demás, resulta contradictorio que terroristas tan hábiles como para poder derribar el WTC, fueran tan absolutamente patosos a la hora de cuidar sus visados, máxime cuando un terrorista sabe que debe dar que hablar lo menos posible, especialmente en las aduanas.

El incidente protagonizado por Atta en su entrada en Miami no fue el único encontronazo que tuvo con la autoridades norteamericanas. EFE, recopilando material publicado en EE.UU., presentó otros dos “tropiezos” del terrorista que se suman a la fatal cadena de casualidades que impidió su detención. El 27 de diciembre, un funcionario de la Administración de la Aviación Federal amenazó -sin cumplir la advertencia- con interrogar e investigar a Atta y a otro de los sospechosos, Marwan al-Shehhi, tras haber abandonado éstos una avioneta alquilada en una pista de acceso del aeropuerto de Miami, debido a una avería. El 28 de mayo, pese a una orden favorable, la policía no arrestó a Atta al no presentarse éste a una citación judicial por conducir sin permiso de conducir válido.

Los servicios aduaneros norteamericanos, molestos por que se les achacara negligencia en la detección de las irregularidades cometidas con Atta en su entrada al país, tacharon de "incorrectas" las noticias difundidas por la prensa y desmintieron todos los extremos relativos a los fallos en la verificación del status de Atta en EE.UU. El Servicio de Inmigración dejó claro que Atta llegó al aeropuerto internacional de Miami (Florida) el 10 de enero de 2001 y presentó un visado de turista válido. Los inspectores de inmigración lo interrogaron en esa ocasión.

Su historial fue verificado por el INS (servicio de inmigración), el Departamento de Estado y de otras instituciones de justicia, aseguró. Agregó que los inspectores de inmigración de Miami descubrieron que Atta fue un estudiante pero que tenía un visado válido y que estaba pendiente su cambio de situación de visitante a estudiante.

Pero la última entrada de Atta en Estados Unidos encierra otro hecho absolutamente grotesco. El 10 de enero del 2001 no sólo entró en el país un Mohamed Atta ¡sino dos! La noticia procede también del Miami Herald. Las cintas magnéticas de las aduanas, muestran que uno de los Atta fue autorizado a permanecer en el país hasta el 9 de julio y el otro hasta el 8 de septiembre. ¿Dos personas con nombre idéntico que entran en el país el mismo día? Imposible. ¿O hay que pensar en los dos Lee Harvey Oswald que utilizaron documentación con el mismo nombre, uno fotografiándose en los EE.UU. con un rifle y el otro dando que hablar en el consulado americano en la capital mejicana? Para la investigación, el verdadero Atta, salió del país el 7 de julio, dos días antes de que expirara su viaje. Viajó de Miami a Madrid, para volver el 19 de julio por el aeropuerto de Atlanta. Los medios de comunicación américa, informados siempre por “fuentes anónimas de la investigación” informaron 72 horas después de los atentados que, es posible que Atta se entrevistara en España con un agente de origen iraquí para ultimar los atentados del 11 de septiembre.

El 1 de octubre el Miami Herald señaló que los 19 sospechosos de haber participado en los atentados de Nueva York y Washington entraron y salieron fácilmente a Estados Unidos. Según los datos obtenidos por el periódico, nueve de ellos tenían visas de turistas o empresarios y uno de estudiante. No se obtuvieron informaciones sobre los nueve restantes pero las autoridades presumen que al menos algunos de ellos ingresaron ilegalmente al país.

Mohamed Atta, Marwan Alshehhi y Ziad Jarrah, quienes vivieron simultáneamente en Hamburgo, tenían aparentemente visas de turistas de múltiples entradas que les permitían entrar y salir de Estados Unidos a su antojo.

Alshehhi obtuvo visa en Dubai, mientras que Jarrah y Atta la lograron en Berlín, donde actualmente se presume que fue planificado el ataque contra las Torres Gemelas del World Trade Center y el Pentágono que ha costado más de 6.000 vidas. El trío viajó más frecuentemente que los otros supuestos secuestradores, desplazándose fácilmente entre Estados Unidos, Madrid, Amsterdam, Casablanca y Munich. Atta llegó a Estados Unidos en un vuelo de Czech Airlines desde Praga el 3 de junio del 2000, luego de obtener su visa el 18 de mayo. Las autoridades de emigración le otorgaron permiso de permanencia hasta el 2 de diciembre del 2000, pero el presunto secuestrador sólo abandonó el país el 4 de enero del 2001. A pesar de ello su visa no fue revocada y se le permitió regresar a Estados Unidos el 10 de enero luego de un viaje a España.

Nawaf Alhamzi, uno de los presuntos secuestradores del vuelo 77 de American Airlines que fue estrellado contra el Pentágono, consiguió visa más de un año después de que la CIA emitiera una alarma sobre él a causa de su conexiones con actividades terroristas. Ingresó a Estados Unidos el 15 de enero del 2000 procedente de Hong Kong con una visa obtenida en Yida (Arabia Saudí) en abril de 1999. Su compañero Jalid Almihdhar consiguió una visa de negocios en Yida, donde también las obtuvieron Walid Alshehri, Abdul Alomari, Said Alghamdi y Ahmed Alhaznawi.

Al menos cuatro de los presuntos secuestradores pueden haber usado una identidad falsa. Según diplomáticos de la embajada de Arabia Saudí en Washington, dos de ellos podrían haber usado pasaportes robados a ciudadanos de su país. Salem Alhamzi, uno de los sospechosos del secuestro del avión que fue lanzado contra el Pentágono, podría haber usado los documentos de un ciudadano saudí del mismo nombre, quien denunció el robo de su pasaporte en El Cairo, hace tres años. Por su parte, Alomari podría haber usado la identificación de otro saudí, quien denunció el robo de su maletín en Denver en 1995

El 19 de septiembre, Bert Rodríguez, entrenador del Fitness Centers, en Dania Beach, al norte de Miami, dijo que agentes del FBI lo entrevistaron en relación con el entrenamiento suministrado a Ziad Jarrahi, uno de los sospechosos de secuestrar el vuelo 93 de United Airlines.  Jarrahi "vino aquí y me pidió que lo entrenara. Era muy agradable, de hablar suave y muy modesto. Sus rasgos físicos, piel blanca, pelo corto y el acento, lo hacían parecer de origen alemán. Nunca me imaginé que era árabe". Le comentó que estudiaba negocios y estaba tomando clases de vuelo, pidió ser entrenado en técnicas de defensa personal con cuchillos y armas, pero tranquilizó al entrenador diciéndole que llevaría armas de plástico a las sesiones. Recibió clases durante cuatro meses y dejó de asistir a las mismas en agosto. ¿Un terrorista peligroso elegido para una no menos arriesgada misión que pide recibir clases particulares de defensa personal? Decididamente, los planes de formación terrorista de Al Qaeda dejan mucho que desear.

Más sorprendente fue la noticia difundida desde Miami el 3 de octubre  por el The Miami Herald, según la cual Atta solicitó y recibió un pasaporte de la exótica y absurda Conch Republic (República de la Conchas), una comunidad de Cayo Hueso (Florida) que proclama su independencia. Justo un año antes del atento, en septiembre del 2000, Atta obtuvo en septiembre de 2000 este documento. , que aparentemente ha sido utilizado al menos por uno de los "funcionarios" de la "república" para entrar a Estados Unidos y algunos países del Caribe. La supuesta nación emite dos tipos de pasaportes que imitan los de cualquier país. Solo que, al tratarse de un país sin existencia real al no estar reconocido por las Naciones Unidas ni por ningún otro Estado, en lugar de entregarlos, los venden. La versión corriente, con tapas de azul marino, que cuesta 109 dólares, y la versión diplomática, de color rojo, para "dignatarios" dispuestos a pagar 1.200 dólares. Resulta absolutamente increíble que un terrorista busque este tipo de pasaportes para cruzar fronteras, dado que los servicios aduaneros de todo el mundo están alertados ante este tipo de iniciativas fraudulentas. Días pues, el mismo diario de Florida aclaró que los agentes del FBI “aún no están seguros de que se trate de la misma persona”. Peter Anderson, secretario general de la Conch Republic, dijo que el grupo está cooperando ampliamente con el FBI y que durante la primavera (boreal) del 2000 el grupo recibió una gran cantidad de solicitudes de personas con nombres árabes y desde países como India, Pakistán y los Emiratos Arabes Unidos. El pasaporte de la "república" que posee Anderson está sellado cinco veces con timbres que aparentemente pertenecen al Servicio de Emigración de Estados Unidos.

LOS DOCUMENTOS IMPOSIBLES

Un nuevo golpe de tuerca en la operación de guerra psicológica se realizó el 28 de septiembre cuando el  The Washington Post publicó un reportaje dramático sobre la preparación de los atentados. El diario indicó hoy que los investigadores un manuscrito de cinco páginas en árabe, en el equipaje de Mohammed Atta. Se supo que Atta había viajado con Abulaziz Alomari desde Portland, Maine, a Boston y allí ambos tomaron el vuelo 11 de American Airlines, que secuestraron y estrellaron contra una de las Torres del World Trade Center de Nueva York. Lo más sorprenden es que, precisamente el equipaje de Atta y no otros,  no fue transferido al vuelo 11, y los investigadores encontraron, entre otros artículos, el manuscrito que comprende plegarias, exhortaciones y algunas instrucciones prácticas para la víspera del encuentro con la muerte.

"Verifica todos tus artículos, tu maleta, tus ropas, cuchillos, tu testamento, tus documentos de identificación, tu pasaporte, todos tus papeles", señala el manuscrito. Los rigurosos periodistas añadían una nota a estas líneas: “los investigadores no están seguros de si el autor de la nota fue Atta”... La “honestidad” quedaba a salvo. Luego seguía un consejo infantil para terroristas que llevaban cinco años fraguando la operación: "Verifica tu seguridad antes de salir. Asegúrate de que nadie te sigue"  y, finalmente, se añadía un consejo de urbanidad  absolutamente banal: "Asegúrate de que estás limpio, tus ropas limpias, tus zapatos también". 

Pero donde el texto aparece más tópico es en los párrafos en donde se “demuestra” que los terroristas eran fanáticos integristas islámicos. Se incluyen oraciones islámicas e insta a los comandos a que acepten la muerte y sean optimistas. Y más adelante: "Todos odian la muerte, temen la muerte" o "Pero sólo los creyentes, que saben de la vida después de la muerte y la recompensa después de la muerte, serán los que busquen la muerte", excesivamente tópicas. Bajo el título "La última noche", el manuscrito recuerda a los lectores que en esta noche "enfrentarán muchos desafíos". Dice concretamente: "Debéis encararlos y comprenderlo totalmente... Obedeced a Dios, a su mensajero, y no luchéis entre vosotros, porque esto os debilita, permaneced firmes. Dios está con quienes se mantienen firmes". El manuscrito contiene breves instrucciones con tono de oraciones, como la que sigue al subtítulo "Al entrar al avión": "Oh Dios, abre todas las puertas para mí. Oh Dios, que respondes a las plegarias y las preguntas de quienes te preguntan, te pido tu ayuda. Te pido tu misericordia. Te pido que ilumines mi camino. Te pido que levantes el peso que me agobia".

Pero las casualidades no terminan aquí. Porque no sólo el texto pudo conocerse gracias a un error en el envío del equipaje, sino por que el FBI encontró una copia de un documento casi idéntico entre los restos del vuelo 93 de United Airlines que se estrelló en una zona rural de Pensilvania. La existencia de copias del texto sugiere que sirvió como lectura a varios de los terroristas suicidas en las últimas horas antes de su ataque. "Purifica tu corazón y límpialo de todos los asuntos terrenales", puede leerse en este segundo documento.

Dado que, el comportamiento de los terroristas en los años anteriores a los atentados, no fue en absoluto “ortodoxo” en relación al integrismo islámico, sino más bien todo lo contrario, la misteriosa pluma que redactó este segundo documento escribió: "Ha pasado el tiempo de la diversión y de derroche, ha llegado la hora del juicio". Salvo este párrafo, necesario a la vista de que Atta y sus compañeros solían hacer una vida relativamente disipada, el texto vuelve otra vez a las indicaciones místicas: "Tienes que convencerte de que las pocas horas que te quedan de vida son muy pocas", prosigue el texto. "A partir de allí empezarás a vivir una vida feliz en el paraíso infinito".

La agencia EFE, preguntó a John Voll, del Centro para la Comprensión entre Cristianos y Musulmanes en la Universidad George Washington, qué opinaba sobre todas estas frases e instrucciones: a excepción de las instrucciones sobre cuchillos y ropas limpias, "todo lo demás puede encontrarse en algunos manuales de devoción medievales". El documento "parece escrito por alguien que vive en un contexto devoto, y está arraigado en un amplio discurso espiritual islámico", agregó. Jonathan Brockopp, profesor de estudios islámicos en Bard College, señaló una incoherencia entre el tono espiritual y devoto del texto, y la misión final de los terroristas, que incluyó la muerte de inocentes y el suicidio de los atacantes. Aunque el Islam exhorta al martirio en defensa de la fe, "hay una distinción importante entre el suicidio y el martirio, porque los mártires no buscan la muerte", dijo Brockopp.

"Un mártir busca la gloria de Dios y quiere ser instrumento de Dios", agregó. "No busca, necesariamente, la muerte". Uno de los párrafos del manuscrito contiene la declaración de fe; "Dios, en ti confío". Y agrega: "me pongo en tus manos, y pido con la luz de tu fe que ha iluminado a todo el mundo y aclarado todas las tinieblas de este planeta, que me guíes hasta que gane tu aprobación. Esa es mi meta final".

¿Qué puede pensarse de todo esto? Dos anomalías permiten conocer los testamentos espirituales de los terroristas. Una maleta que no está donde tenía que estar y unos papeles que figuran, precisamente, entre lo poco que se salvó del accidente del Vuelo 93 sobre Pensylvania. No hace falta haber pasado un curso de “operaciones especiales” para saber que, una casualidad quizás pudo darse, dos es imposible y mucho menos en este terreno. No hay ninguna razón para que los terroristas fueran acompañados de estos escritos. Por un lado se les exhorta a cuidar si alguien los sigue, pero por otro nadie les explica que si, casualmente, son detenidos, estos escritos constituirían una prueba abrumadora de que intentaban realizar un atentado terrorista. Por lo demás, el escrito sirve para justificar algo que iba a ser imposible ocultar durante la investigación: el comportamiento poco islámico de Atta y los demás. Imaginemos gente que hace cinco años ha tomado la decisión de morir por el Islam, pero durante esos cinco años, el lugar de llevar una vida de preparación ascética... decide pasárselo lo mejor posible. Esto sin contar la contradicción que supone esta vida, con “la que vendrá” en el Paraíso de Alá, que el Islam considera como el verdadero gozo.

En torno a la persona de Atta existe tal cúmulo de “casualidades” que es imposible pensar que no se trate de un montaje, burdo a poco que se le examine de cerca. El hecho de que el pasaporte de Atta se encontrara semicalcinado en las inmediaciones del WTC no es el mayor disparate que se difundió. Quien vio el atentado y el estallido de los aviones con sus miles de galones de combustible, sabe perfectamente que de aquel infierno de fuego y carburante ardiente, nada de lo que iba en el interior del avión debió salvarse. Y, de hecho, nada se salvo, ni siquiera las cajas negras con los registros de las conversaciones e incidencias de los vuelos, absolutamente nada... salvo el pasaporte de Atta que, milagrosamente, fue encontrado por los equipos de rescate. ¿Y qué pensar de las maletas de Atta encontradas en el interior del vehículo que le llevó al aeropuerto en donde, entre otras lindezas, se encontró un ejemplar del Corán, un ejemplar que no pudo quedarse en casa de Atta, o que podía haberlo acompañado en el vuelo, sino que debió de estar en el vehículo para que, desde el primer momento, no hubiera ninguna duda de que los autores del atentado eran integristas islámicos. De hecho ¿qué otra persona podría dejar un Corán en el interior de un vehículo, sino fuera un peligroso terrorista islámico.

"Prepárate para enfrentarte a tu dios. Prepárate para ese momento", es una de las frases escritas en la nota, según el semanario “Neeswek” que recibió estos datos de una “fuente anónima”. Junto con la nota, las autoridades investigan un paquete que Atta envió el 4 de septiembre a Mustafá Ahmed, de los Emiratos Arabes Unidos. Las autoridades sospechan que Ahmed fue la persona que financió directamente los ataques terroristas del 11 de septiembre, según “Neeswek. "No sabemos con certeza qué contenía el paquete", señaló la fuente anónima. "Mustafá puede ser la clave en las finanzas de Osama bin Laden. Estamos investigándolo de cerca", agregó la fuente. La revista agrega que las autoridades creen que otros secuestradores enviaron dinero a Ahmed o a algunas otras personas en el Medio Oriente en los días previos al ataque. "Estaban devolviendo lo que les quedó", explicó un agente de inteligencia. "Ellos estaban partiendo a un lugar en el que el dinero no era de mucha utilidad", agregó el agente. Las autoridades creen que toda la operación que terminó en los atentados del 11 de septiembre costó unos 200.000 dólares, aunque los terroristas pudieron haber tenido acceso a cerca de medio millón de dólares. ¿Devolver lo que les quedó del dinero cuando Atta poco antes estaba derrochando ese mismo dinero en espectáculos tan poco islámicos como los de streep-tease? Por lo demás, nunca, nadie ha sabido mucho más del tal “Mustafá Ahmed de los Emiratos Árabes Unidos”.

Esta parte del episodio es tan absolutamente incoherente que demuestra, por sí mismo, que algo no encaja en la versión oficial. Es mucho más fácil pensar que alguien lanzó el pasaporte quemado de Atta en las inmediaciones del WTC después de cometido el atentado, que alguien colocó la maleta de Atta sin facturar en la terminal de equipajes del aeropuerto y, seguramente, esa persona colocó dejó también el coche aparcado con el Corán en su interior. Como también es más lógico pensar que otra persona colocó el segundo documento hallado en las inmediaciones de los restos del Vuelo 93. A la vista de lo incoherente del contenido de los documentos, hay que pensar que no pudo ser elaborado por terroristas que llevaban preparando concienzudamente el atentado, sino por alguien interesado en que, desde el primer momento se reforzara la “pista islámica”. ¿Quién pudo asumir todas estas tareas para cuya elaboración hace falta un “equipo” bastante amplio? La falsificación y dispersión de documentos no puede ser sino obra de uno de los veinte servicios de inteligencia que actúan en los Estados Unidos.

© Ernest Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es  http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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