Infokrisis.- Judío húngaro residente en Bolivia, miembro del Opus Dei, converso al islam, voluntario en la guerra serbo–croata al lado de los croatas, amigo del terrorista Carlos Illich Ramírez (a) “Carlos”, formado militarmente en escuelas militares húngaras y en la escuela Derjzhisky del KGB en Moscú, periodista recordado por Manu Leguineche, corresponsal de La Vanguardia, esta biografía debería ser suficiente como para suscitar perplejidad. Y sin embargo alguien así existía: Eduardo Rózsa Flores, muerto el pasado 20 de abril en Santa Cruz de la Sierra cuando su grupo preparaba –al parecer, ¿o quizás no? – un atentado contra Evo Morales por cuenta de la derecha secesionista. ¿Quién da más? Entre los terroristas, la policía boliviana identificó a un cocinero de Elche. Esta es la sorprendente historia del comando terrorista (o de un grupo de irresponsables).

En la guerra servo–croata de 1992–98

Su rostro apareció en 1992 por primera vez en la BBC en el documental Perros de la Guerra que mostraba a mercenarios británicos, con base en Osijek. El encargado de dar órdenes a los mercenarios británicos era Eduardo Rózsa Flores, jefe del Pelotón Internacional de Voluntarios. Tenía entonces 32 años. Poco después sería investigado por la muerte del fotógrafo británico Paul Jenks y de un periodista suizo, Christian Württemberg, en enero de 1992. Württemberg investigaban el tráfico de iconos robados en iglesias serbias y se había logrado infiltrar en el Pelotón Internacional de Voluntarios. Cuando el 13 de enero de 1992, Paul Jenks y su colega Hassan Amino visitaron la base del Pelotón Internacional de Voluntarios para preguntar lo que había ocurrido con Württemberg, el primero resultó asesinado de un tiro en la nuca. Los croatas ocultaron durante mucho tiempo las muertes. Scotland Yard abrió la investigación y debió cerrarla por falta de pruebas, cuando Rózsa ya había sido condecorado por Tudjman y disponía de pasaporte croata. ¿Cómo había llegado hasta allí?

En 1988 Rózsa se relacionó con un prominente miembro del Opus Dei, Ricardo Estarriol, corresponsal de La Vanguardia en Viena. En 1991, Estarriol lo envío primero a Albania y luego a Croacia que vivía una situación pre–bélica. El diario barcelonés publicó sus crónicas durante meses hasta que se comprobó que, además de escribir, se había sumado a las milicias croatas y había sido fotografiado –las fotos y el ego fueron la perdición de Rózsa– frente a un T–62 de uniforme y con armas. Había cambio la máquina de escribir por el AK–47. Justificó esta mutación alegando que le indujo a tomar las armas la muerte de Zarko Kaic, periodista de la TV croata. Manu Leguineche dijo de él que fue “un periodista que tomó partido”.

En realidad, a pesar de llegar como corresponsal de La Vanguardia a finales de agosto de 1991, Rózsa se alistó inmediatamente en la Guardia Nacional Croata en la localidad de Lazlovo (lo que demuestra que había llegado ya con intenciones pre–establecidas), en una zona poblada por etnia húngara. Fue allí donde junto a un norteamericano de origen croata, Johnny Kosie, y un húngaro de la aldea, formaron el núcleo del Pelotón Internacional de Voluntarios. A través del jefe de la milicia local de Osijek, lograron el reconocimiento de las autoridades croatas. La unidad llegó a tener 320 voluntarios procedentes de 20 nacionalidades, especialmente del Este europeo, que iban a afluyendo al conflicto. Todos llamaban a Rózsa “Chico”. La unidad fue disuelta el 31 de julio de 1994.

De la relación con Estarriol quedará su tenue vinculación al Opus Dei que seguramente fue un paréntesis oportunista para ser enviado como corresponsal al conflicto serbo–croata y tener puntos de apoyo en la católica república balcánica. Si sorprendente es su aventura croata, más sorprende aún es su pasado.

Antes de Croacia

Eduardo Rózsa–Flores había nacido en la tierra en la que terminó muriendo: Santa Cruz de la Sierra, en el Este boliviano, el país de los cambas. Su padre, György Obermayer Rózsa, era un pintor húngaro, de ascendencia judía, atraído por la vida bohemia de París a donde llegó en 1948. En 1952, György se integró en una misión científica francesa y recaló en Bolivia donde conoció a Nelly Flores Arias con la que se casó. Siguió siendo comunista durante mucho tiempo y dirigente del Partido Comunista Boliviano. A raíz de la aventura guerrillera del Ché Guevara en Bolivia, György fue expulsado por oposición a la línea de la dirección que implicaba cortar vínculos con la guerrilla guevarista y pasó a prestar apoyo logístico a la guerrilla, asumiendo la tarea de evacuar a los supervivientes hasta Chile. De todo este período quedó en la mente del joven Eduardo Rózsa, la imagen del Ché Guevara como ejemplo e ideal a seguir.

Cuando en 1972, se produjo el golpe de Estado de Hugo Banzer en Bolivia, los Rózsa huyeron a Chile. El joven Eduardo, tenía 13 años. En septiembre de 1973, tras el golpe de Estado de Pinochet, la pareja huyó primero a Suecia y luego a Hungría. En Budapest estudio enseñanza media, realizó el servicio militar como guardia en el aeropuerto Fery Hegy de la capital y luego, por motivos que se desconocen, probablemente porque su padre siempre había trabajado para los servicios secretos del Este Europeo, Eduardo Rózsa fue transferido a la Academia Dzerjzhinsky en la URSS, donde recibían formación básica en inteligencia los agentes del KGB.

La investigación abierta por Scotland Yard a raíz de las muertes de los dos periodistas citados en Croacia, determinó que Rózsa había sido incorporado a los servicios de inteligencia húngaros. En esa época reconocerá haberse encontrado con Carlos Ramírez “El Chacal”, “Carlos”. Fue el último Secretario de la Organización Comunista Juvenil en la universidad húngara de Eötvös Loránd en 1990. Al producirse la transición húngara fue portavoz de la Agrupación Martos Bela un grupo de militares comunistas partidarios del mantenimiento del antiguo régimen… y de ahí al Opus Dei en un triple salto mortal.

Rózsa minimizó estas relaciones indicando que apenas hizo otra cosa que cooperar con los servicios secretos húngaros como estudiante. Sus primeros trabajos periodísticos los realizó para Prensa Latina, agencia de prensa vinculada a la seguridad cubana. En los años siguientes, estuvo presente en los desplomes de los regímenes comunistas de Hungría y Albania y en la secesión de Eslovenia.

A la vista de éste historia, pacientemente reconstruido por la seguridad inglesa, es fácil percibir que, como mínimo, en 1980 y hasta su entrada en Croacia en 1991, Rózsa estuvo vinculado a los servicios de inteligencia del Este Europeo. ¿Qué ocurrió después? ¿Entró en Croacia como agente de la inteligencia rusa? ¿Había cambiado de campo? ¿Era miembro de la inteligencia húngara y cuando se produjo el desplome del régimen comunista se convirtió simplemente en mercenario? ¿Enloqueció simplemente y se dejó arrastrar por el afán de aventura?

Santa Cruz: última etapa

Por la boca muere el pez. El septiembre de 2008, Rózsa abandonó Hungría no sin antes conceder una entrevista al periodista Lázar Gyorki. Explicó como siempre sus excentricidades con todo lujo de detalles, entre otros explicó haber realizado diversas tareas de reclutamiento de jóvenes dispuestos a “liberar Santa Cruz”. Era fácil pensar que estas informaciones publicadas en la prensa húngara serían leídas por la delegación diplomática boliviana en Budapest. Lo que ocurrió luego era previsible: el 16 de abril, los comandos Delta de la policía boliviana irrumpían en los hoteles Asturias y Las Américas, y desarticulaban completamente el grupo deteniendo a todos sus miembros y matando a tres, incluido Rózsa. La prensa boliviana habló de un complot de ultraderecha a la vista de que en los meses anteriores Rózsa había multiplicado sus contactos con organizaciones húngaras de extrema–derecha (concretamente con Jobbik, Székely Legio y Lelkiismeret).

El grupo desarticulado estaba integrado por dos supervivientes al tiroteo, Mario Tadik Astorga (58 años), derechista veterano del ejército boliviano, de ascendencia croata, y Elod Toaso, conocido nacionalista húngaro y experto informático, los dos mercenarios en el PIV, y otros dos muertos, además de Rózsa, Michael Martin Dwyer, irlandés (24 años), que había estudiado en el Galwy–Mayo Institute of Technology de Irlanda, del que se dijo que era aficionado a las armas de fuego y Arpad Magyarosi, experto francotirador rumano perteneciente a la minoría húngara. Dos días más tarde, resultaron detenidos Juan Carlos Gueder y el paraguayo Alcides Mendoza, miembros de la Unión Juvenil Cruceñista, brazo de choque del opositor Comité Cívico de Santa Cruz. Más tarde se sabría la implicación de un ciudadano español residente en Elche.

Pocos días después del tiroteo en Santa Cruz, la Policía Federal de Brasil detuvo a otro miembro del grupo Rózsa en el aeropuerto de Brasilia, el irlandés de nombre islámico Yasser Mohammed, acusado por el Gobierno de magnicidio, según ANF. La detención coordinada por Interpol fue realizada por miembros de la inteligencia brasileña y boliviana. El detenido sería el proveedor de armas del grupo, habría salido de Bolivia para intentar alcanzar Lisboa al estar buscado por tráfico de drogas y blanqueo de dinero. La cocaína es otro elemento a tener en cuenta. Santa Cruz es la capital de los “cocineros” de la coca. Es posible que el atractivo de la aventura para el grupo de mercenarios, no fuera tanto lograr la secesión como hacerse un hueco en el mercado de la droga. A fin de cuentas ellos lo podían conseguir: estaban fuertemente armados, tenían experiencia en guerras irregulares y, sobre todo, ambición.

La investigación posterior intentó demostrar que el grupo había sido contratado por autoridades de Santa Cruz a fin de generar un clima de inestabilidad que posibilitase la secesión de las provincias del Este boliviano. Esa secesión estaba alimentada por la extrema–derecha cruceña que habría contratado a Rózsa, no tanto por afinidad ideológica como por su condición de “mercenario internacional”. Si alguien quiere desestabilizar precisará mercenarios. Lo sorprendente es que en su blog todavía pueden verse los links de las organizaciones cívicas secesionistas cruceñas de extrema–derecha, junto a enlaces con organizaciones palestinas, iraquíes, antisionistas, etc.

A las 6:30 del 21 de abril, la policía boliviana se personó en la Feria de Exposición (Fexpo) de Santa Cruz encontrando un pequeño arsenal compuesto por una escopeta, cuatro fusiles, una carabina, una ametralladora y cierta cantidad de explosivo C–4 en el stand de la cooperativa cruceña de telecomunicaciones COTAS. Algunos medios atribuyeron a COTAS complicidad con el grupo terrorista. En realidad, el stand de COTAS, una empresa de telecomunicaciones que resultó completamente exonerada en semanas sucesivas, estaba instalada en Fexpo, propiedad de la empresa CAINCO cuyo presidente era Carlos Dabdoud, uno de los más activos defensores del separatismo cruceño. Así pues, según la versión oficial, los responsables de financiar al comando y quienes diseñaron el plan desestabilizador serían: Mirko Marinkovic, ex presidente del poderoso Comité Cívico, los directivos de CAINCO (Cámara de Industria y Comercio de Sant Cruz) y varios empresarios cruceños.

Se dijo que el grupo terrorista intentaba hundir un barco que realiza travesías en el Lago Titicaca y en el que se realizan algunas sesiones del consejo de ministros presidido por Evo Morales. Demasiado fantasioso –incluso para Rózsa– para ser cierto.

Puntos negros del tiroteo en Santa Cruz

Pronto empezaron a surgir sospechas sobre lo que había ocurrido. Uno de los muertos en el tiroteo, Michael Dwyer falleció a consecuencia de seis disparos según la autopsia realizada por la policía boliviana, sin embargo, una nueva autopsia realizada en Dublín concluyó que había muerto de un solo disparo en el corazón, como si se tratara de una ejecución sumaria. El embajador de Gran Bretaña en Bolivia, Nigel Baker, aludió a que el informe del gobierno boliviano tiene “demasiados puntos dudosos”.

Por su parte, Andras Kepes, periodista del canal estatal Magyar Televizió, autor de la última entrevista a Rózsa, afirmó a dos diputados opositores bolivianos que llegaron a Budapest para aclarar el asunto Rózsa que la conversación había sido desvirtuada por el gobierno boliviano y los medios afines a él. Kepes les informó que Rózsa tenía solamente la intención de “defender” la autonomía de Santa Cruz, creando una “milicia armada” y que no se trataba de llevar la guerra civil a Bolivia. Los dos diputados se entrevistaron también con miembros de la comunidad islámica húngara quienes les aseguraron que se sumarían a la demanda internacional contra el gobierno de Evo Morales por “ejecución sumaria”. La demanda fue presentada por los familiares de Michael Dwyer y del rumano Arpad Magvarosi.

La investigación se inició a raíz de que el gobierno boliviano se negara a enviar el resultado de las investigaciones sobre el episodio. Irlanda, el país más activo en la investigación, solicitó el 24 de octubre a la cancillería boliviana el informe oficial sobre los presuntos terroristas. Para colmo, Evo Morales, en el curso de una rueda de prensa, aludió a que el comando terrorista había sido financiado por la Fundación Iberoamérica–Europa con sede en calle Hermano Bécquer, 6 de Madrid y presidida por Pablo Izquierdo Juárez, ex diputado del PP y antiguo jefe de prensa de Aznar. Entre 1999 y mediados de 2008, la Fundación había recibido 4.370.477 euros, de los que la cuarta parte estaban dedicados a la “cooperación en Bolivia”. Esto y la presencia de otros dos ex parlamentarios del PP (José Manuel Peña y Joaquín Cotoner), evidencian la vinculación de FIE al entorno del PP o más exactamente a FAES, quien fue denunciada por Hugo Chávez como cómplice de la oposición venezolana. Se trata de una extraña Fundación que desde 2007 está siendo investigada por la UE por supuesto fraude, según información del diario Público. FIE transfirió enormes cantidades de dinero a la Cámara de Comercio de Santa Cruz (CAINCO), uno de los puntales de la oposición contra Evo Morales y a quién éste implicó en la “conspiración Rózsa”.

Diez días después del tiroteo de Santa Cruz, el presidente de la Comisión de investigación sobre el episodio acusó al prefecto cruceño Rubén Costas y al ex presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Branko Marinkovic, de haber ideado el plan de desestabilización del que Rózsa era el ejecutor. Ambos negaron terminantemente las acusaciones. Las pruebas eran bastante tenues: uno de los directivos de CAINCO, Alejandro Melgar había viajado a Madrid en noviembre de 2007 y sería desde Madrid, un año después que el grupo presuntamente terrorista viajó a Santa Cruz en vuelo de Aerosur…

La tesis oficial del gobierno boliviano sostenía que se trataba de repetir en Bolivia la misma estrategia que la aplicada en Kosovo durante la guerra de 1999, practicando el terror sobre las poblaciones. Lo que sí es cierto es que tanto en Kosovo en 1999 como en Bolivia diez años después, el embajador norteamericano era el mismo: Philip Goldberg. Lo cierto que es inmediatamente después de la llegada de Goldberg a Bolivia, el país empieza a padecer una oleada de separatismo en los departamentos del Este, un proceso que recuerda extraordinariamente a la desmembración de Yugoslavia. El hecho de que el multimillonario boliviano de ascendencia croata Branko Marinkovic adoptara una posición decididamente favorable a la secesión de la “Nación Camba” (formada por los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija), contribuía a reforzar esta hipótesis.

Pero había algo raro en todo esto. Alonso, el periodista español que conoció a Rózsa afirma que “Dos amigos de Rózsa, uno en Budapest y otro en Beli Monaster (Croacia), recibieron en el mes de marzo –es decir, poco antes del tiroteo– un video de Rózsa, en el que, según sus receptores, el mercenario se sentía traicionado por los que le habían contratado. Decidió grabarlo para que, en el caso de que lo eliminasen, se supiese cómo y quién había contratado sus servicios para organizar algo desconocido en Bolivia”. Si esto es así, ¿por qué no abandonó inmediatamente Bolivia? ¿Qué les decidió a permanecer en un lugar en el que le “habían traicionado”.

El factor ilicitano…

El pasado mes de agosto el fiscal de La Paz, ordenó a la policía de fronteras comprobar si el ciudadano español Alejandro Hernández Mora, había entrado legalmente en Bolivia. Según la tesis de la fiscalía, Hernández Mora había entrado en el país llamado por su antiguo camarada Eduardo Rózsa para encargarlo de la fabricación de armas y explosivos, en tanto que especialista en la materia. Sería él, pues, quien debería manipular el explosivo C–4 y las varias decenas de detonadores encontrados por la policía boliviana tras la masacre del hotel Las Américas. Hernández Mora pertenecería, pues, a la segunda oleada de terroristas que llegarían cuando el primer grupo hubiera construido una infraestructura en Santa Cruz.

Hernández Mora era un antiguo miembro del Pelotón Internacional de Voluntarios, con el alias de “Malaria”. Antes, había sido antiguo soldado voluntario en el Ejército Español y se relacionó en su ciudad natal con medios del grupo La Falange. Era considerado un tipo inestable y algo freaky y antes de partir para Bolivia colocó un anuncio solicitando trabajo como cocinero (véase el link: http://www.xing.com/profile/Alejandro_hernandezMora en donde él mismo, entre otras habilidades, explica que es “perforador de canteras y minas, barrenero” y en donde dice hablar serbo–croata).

En el momento de producirse el tiroteo de Santa Cruz, el propio Hernández Mora declaró encontrarse en Israel, sin especificar exactamente qué estaba haciendo. Lo sorprendente es que el anuncio en Xing buscando trabajo no se remonta más atrás de junio de 2008. Algo debió ocurrir cuando, en lugar de acomodarse en el sector de la hostelería pudo viajar a Israel donde abundan las empresas de seguridad especializadas en dar entrenamiento a miembros de servicios especiales públicos y privados. Según el acta de acusación, él debería haber fabricado explosivos para detonar en distintos puntos de La Paz creando un “estado de confusión que propiciaría un atentado contra el presidente de Bolivia Evo Morales”, atentado a partir del cual se formalizaría la escisión de los departamentos del Este boliviano.

Hernández Mora admitió en una entrevista a Elchedigital que en enero de 2009, Rózsa se puso en contacto con él para participar en una misión encaminada a derrocar a Evo Morales. Textualmente afirma que le dijo que “Hay mucho dinero por medio, detrás de todo esto hay ganaderos y compañías petroleras”, pero Hernández Mora afirmó haber rechazado la oferta: “estaba muy a gusto sin meterme en más líos”.

El vecino de Elche admitió que Eduardo Rózsa, ordenó al húngaro Óscar Würrtel, que asesinara al periodista suizo Christian Württemberg, cuando éste se enteró de que se había infiltrado como voluntario en las Brigadas Internacionales para realizar un reportaje para la BBC.

¿Hay una explicación al enigma Rózsa?

No hay duda de que Rózsa fue un aventurero, acaso psicópata, de vida agitada y superficial en sus juicios. A partir de esta ecuación todo es posible: Rózsa estaba dirigido solamente por sus vísceras y sus intereses personales y estos variaron a medida que fueron variando las condiciones políticas de  los países en los que residió (Bolivia, Chile, Hungría…). A partir de entonces empezó a actuar por su cuenta, sin respetar a ningún patrón. En tanto que histrión y ególatra, no podía evitar llamar la atención en cualquier país en el que vivió.

Fue comunista y miembro de la inteligencia húngara antes de la caída del comunismo. Quizás fuera rescatado por sus amigos de la Academia Derjzhisky del KGB en donde cursó estudios y fueron ellos quienes le sugirieron que se trasladara al escenario albano-croata en misión de información. La puerta de entrada en la católica Croacia era el Opus Dei y la carta de presentación una corresponsalía de cualquier diario (en este caso La Vanguardia) algo muy habitual para cualquier agente de información. Sin embargo, una vez sobre el terreno, Rózsa se convirtió en incontrolable, dejó de informar: la guerra le atraía más que el espionaje y el saqueo y el botín mucho más que los ingresos en cuentas cifradas. En la guerra olvidaba los trastornos de su personalidad (ver recuadro sobre su perfil psicológico) que no eran pocos. Una vez dado este paso comprobó que podía vivir huyendo de sí mismo en guerras oscuras y en misiones humanitarias en los lugares más recónditos del planeta.

No era un hombre de extrema-derecha, de hecho no tenía ideas políticas: podía trabajar con palestinos, con gobiernos de izquierda, y la definición que le cuadraba y que asumió era la de “nacional anarquista”, paradójicamente se definió también como “patriota internacionalista”. Le atraían las ideas de Alain de Benoist sobre el arraigo y la identidad… a él que era un mestizo de judío, húngaro y boliviano. Buscó contactos con el gobierno venezolano de Hugo Chávez que pronto advirtió su superficialidad y la posibilidad de manipularlo hacia mediados de 2008.

En ese momento, la situación en Bolivia estaba muy tensa. El “creciente boliviano” amenazaba escindirse y la misma posibilidad haría peligrar al gobierno de Evo Morales (el departamento de Santa Cruz es el más rico del país). Se daba la circunstancia de que el multimillonario Branko Marinkovic, cabeza visible de la disidencia, era de padres croatas. Era fácil improvisar una operación de inteligencia en la que alguien convenciera a Rózsa de acudir en defensa de las libertades cívicas de Santa Cruz (era un superficial que entendía poco de política y mucho menos de política boliviana; vivía en Budapest).

Incontrolable como siempre pensó en una nueva aventura: Bolivia era cocaína, Bolivia era la tierra donde el Ché Guevara –su ídolo- había ejecutado su aventura, Bolivia era la tierra de su madre, Bolivia era la posibilidad de montar una guerra que filmar con su cámara (ver recuadro sobre Chico y Guerra Sucia). Movilizó a su grupo, cometió incluso algunos atentados (en la casa del obispo de La Paz). Como era de esperar y como había hecho siempre, se fotografió con algún arma en la cama, explicó a la TV húngara sus planes… y marchó, alegre e inconsciente, hacia su muerte y la de dos de sus amigos.

La operación movida desde Venezuela tuvo éxito: como por azar, los comandos Delta de la policía boliviana lo localizaron en el hotel más lujoso de Santa Cruz y, a pesar de que en la habitación solamente se encontraba una pistola, no dudaron en asaltar la habitación ejecutando a Rózsa y a sus dos compañeros. Pero el objetivo estratégico de la operación no era acabar con un aventurero enloquecido, sino sembrar la desconfianza en la derecha cruceña e inhabilitar su proyecto secesionista… que desde aquel tiroteo no vuelto a agitar la bandera de la secesión. Operación concluida. Era cuestión de tiempo que algún servicio de inteligencia se fijara en la portentosa y desmesurada vida de Eduardo Rózsa Flores y lo utilizara para sus planes.

[Recuadros fuera de texto]

Recuadro I

Un extraño itinerario religioso

A pesar de la ascendencia judía de su padre, Rózsa parece haber sido impermeable a la influencia de la Torah hebraica. De hecho, desde muy pronto optó por la causa palestina, a pesar de que en su blog y en sus escritos siempre matizó esa posición, declarándose en contra del sionismo, pero mirando con benevolencia al judaísmo cabalístico no sionista. Poco puede decirse de su fugaz paso por el Opus Dei a quien reconoció siempre el haber “disciplinado su vida espiritual” y “favorecido en todos los sentidos”. Da la sensación de que con ese paso lo único que pretendía era obtener buenas relaciones para allanar su paso posterior por la católica Croacia. En todo momento Rózsa elogió los escritos de Escribá de Balaguer. Mucho más interesante –y reciente– fue su incorporación al islam.

Rózsa justificó el haberse integrado en la Umma islámica y sus fluctuaciones religiosas aludiendo en una entrevista a que “siempre se trata del mismo Dios” y añadiendo que “estamos hablando de los mismos valores universales y, por tanto, no veo ninguna contradicción”. Sin embargo, en la misma entrevista enfatizó su adhesión al Corán con palabras encendidas: Soy parte de un proyecto universal, iniciado con la revelación del Santo Corán a nuestro querido Profeta, y como tal, intento comportarme, llevar una vida encausada, e intento ayudar a mis hermanos, estén donde estén”.

Según explicó, se convirtió al Islam en una mezquita de Sarajevo en 1995, durante un asedio serbio. “Estaba allí, para hacer entrega directa de un paquete que contenía mapas, fotos, datos recopilados en la frontera húngaro–serbia, sobre el tráfico ilegal de armas que se hacía en esa zona, eran armas que iban a parar en manos de las bandas de serbios salvajes que estaban masacrando a la población bosniaca...Me invitaron a una mezquita, llegué allí poco antes de la oración vespertina. Nunca antes había estado durante la oración en una mezquita, así que me ubiqué en la fila trasera, intenté seguir el ritmo de la oración, y lo que se me ocurrió orar fue una frase muy simple: Dios es Uno, Dios es Uno...Sentí una gran satisfacción y alegría de estar allí, y hasta un poco de orgullo”. Y entonces se produjo su “iluminación”.

Con su habitual facilidad para alcanzar protagonismo allí donde iba, pronto empezó a realizar propaganda a favor del Islam. En Yakarta, habló en una mezquita ante centenares de islamistas presentes. Participó en misiones humanitarias en Sudán, Irak y en otros países. Defendió la inocencia de los implicados en el 11–S al que calificó como “empleados de la administración norteamericana”, añadiendo que “todo lo acaecido después del 11–S sólo ha favorecido o a los grupos de interés que deseaban esa atroz, injusta e inmoral guerra contra Iraq”.

En Hungría estaba considerado como “líder musulmán” siendo vicepresidente y diputado de la comunidad islámica de aquel país. En una entrevista realizada en Venezuela, termina con la exclamación islamista: “Allah Akhbar!”… En 2003 para sellar esas vinculaciones con el islamismo afirmó ser portavoz de un grupo disidente iraquí que se autodenomina el Gobierno Iraquí Independiente.

Islam, opusdeísmo católico, simpatías por el judaísmo no sionista, tales han sido las distintas posiciones religiosas adoptadas por Rózsa. ¿Eran sinceras? ¿No serían más bien excusas que le permitieran adentrarse en distintas zonas conflictivas sin despertar sospechas, presentándose como un rigorista de cada una de estas religiones y, por tanto, como personaje fuera de toda sospecha? Y si era así ¿al servicio de quién?

[Recuadro II]

Eduardo Rózsa Flores: perfil psicológico

Algunos de quienes lo conocieron decían que se veía a sí mismo como un "Patriota Internacional" que perseguía convertirse en héroe y alcanzar notoriedad, protagonismo y gloria. En ese sentido era un megalómano egocéntrico con unos fetiches a los que aspiraba a imitar. El Ché Guevara, sin duda, el primero de todos, pero también a Amir Ibn Al Khatabb, muerto en Chechenia, llamado “el Ché Guevara musulmán” y, cómo no, a Carlos Illich Ramírez (a) “Carlos”. Es posible que hubiera en su carácter cierta inmadurez o una personalidad no completamente redondeada que le llevaba a ensoñaciones, fugas fantasiosas y a cierta mitomanía enfermiza.

El psiquiatra Marcos Domich definió el perfil psicológico de Eduardo Rózsa Flores con estas palabras: “este tipo de casos dominados por el patetismo y la impulsividad y son las personalidades adecuadas para las acciones extremas”. No es raro que en su dramaturgia particular fuera particularmente aficionado a utilizar la consigna atribuida a Cayo Bruto en el instante de asesinar a Julio César: “sic Semper tyrannis” (muerte al tirano), pronunciada también por John Wilkes Wood, asesino de Abraham Lincoln, un actor frustrado.

Era un fanático de las armas: solía fotografiarse acompañado por algún arma o vestido de uniforme. Le costó caro. En noviembre de 2008 se fotografió en el Hotel Buganvillas de Santa Cruz en la cama con un fusil de asalto M–16 y una Uzi judía con silenciador. Había abandonado Hungría tres meses antes. Un psiquiatra freudiano lo tendría muy fácil para calificar el estado mental de Rózsa: en la cama acompañado por un arma de asalto entre las piernas… “complejo de castración”. Blanco y en botella. Algo, desde luego, no funcionaba bien en su sexualidad.

Un periodista español que le conoció en Albania y luego en Croacia, Julio César Alonso, recuerda un oscuro incidente que le costó a Rózsa el ser expulsado del hotel de la prensa tras salir de su habitación un niño con signos claros de abuso sexual y encontrarse en ella cierto número de granadas de mano. Años después volvió a verlo en Osijek en donde el jefe de la milicia le ofreció ametrallar su vehículo para poder acumular laureles como periodista de riesgo. Quien se lo propuso añadió que “El húngaro me ha pagado 50 dólares por disparar al suyo”. El  húngaro, naturalmente, era Rózsa. Horas después cuando lo encontró, efectivamente, con su vehículo ametrallado, Rózsa, en el bar, provisto ya de una metralleta Skorpion, instaba a otros periodistas a “defenderse”. Dos meses después ya dirigía el Pelotón de Voluntarios.

También resulta sorprendente que desde hace 20 años su hermana, residente en Santa Cruz, cortara toda vinculación con Eduardo, el cual siempre permaneció soltero y sin que se le recuerden compañías femeninas.

En cuanto a sus dotes histriónicas también están suficientemente claras. El dramatismo de algunas de sus afirmaciones y gestos, el histrionismo que lo suele acompañar en sus fotografías y declaraciones, unido a los argumentos con los que justifica sus saltos mortales políticos e ideológicos, lo definen como alguien superficial, visceral, para quien el gesto y el exhibicionismo son mucho más importante que los razonamientos o las opciones meditadas.

Había cierto infantilismo en todas sus acciones. Se definía a sí mismo como “nacional–anarquista” e incluso había intentado reagrupar a los exóticos individuos que en todo el mundo se reclamaban de esta corriente. No dudó en presentarse como exponente “nacional–anarquista” y su muerte fue recibida con lamentos en blogs, alguno de los cuales creados por él mismo como http://national–anarchism.blogspot.com/

¿Era Rózsa un psicópata? Algunos de los rasgos de su personalidad así pueden indicarlo (falta de empatía con los demás, facilidad para la mentira y la simulación, superficialidad en los juicios, búsqueda sin escrúpulos de apoyos a los que luego abandona o traiciona, sensación de desprecio hacia los inferiores, capacidad para cometer asesinatos fríamente). Seguramente era también el resultado turbulento del mestizaje entre tres sociedades: la judía, la boliviana y la húngara. Alguien desarraigado que optó por la aventura como forma de vida. Sin escrúpulos. Sin más objetivos que sembrar la guerra y el caos allí donde iba. Sin ideales más allá de seguir a las propias vísceras y sin la discreción suficiente como para poder realizar operaciones clandestinas como las que se propuso en Santa Cruz de la Sierra, última etapa de su aventura.

[recuadro III]

Chico: autobiografía llevada al cine

Es una película notable que ha obtenido varios galardones internacionales. Rodada en 2002 y dirigida por la directora magiar Ibólya Fekete no solamente está inspirada en la vida de Rózsa, sino, además, protagonizada por él mismo. La película entra dentro del exhibicionismo propio de la personalidad de Rózsa: no solamente ha vivido una aventura, sino que además necesita contarla y, por supuesto, embellecerla.

Chico se rodó en Hungría, Croacia, Albania, Chile y en la Tierra Santa. Estaba contratado para el papel de protagonista un actor de origen judío que no gustaba a Rózsa, así que asumió en la película su propio papel. En una de las escenas Chico–Rózsa escenifica su encuentro con Illich Ramírez (a) “Carlos”, añadió: “Quise que se expresara mi opinión sobre el Comandante, y que se intentara derrumbar ese mito negativo que se ha construido sobre su persona y sobre sus actos”. El “comandante” al que se refiere es “Carlos” y la revista en la que se publicó la entrevista es “ICR” (Imagen y Comunicación Revolucionaria) que agrupa a los simpatizantes de “Carlos” en Venezuela. En la película Chico se muestra como un hombre que viaja por todo el mundo, persiguiendo un ideal que encuentra en el conflicto balcánico asumiendo la causa croata. La película intercala escenas de ficción con fragmentos de documentales reales. Obtuvo las mejores críticas y cuenta entre sus galardones con los premios a la mejor dirección y el premio ecuménico en el Festival Karlovy Vary, de la República Checa.

Pero Chico no colmó las aspiraciones cinematográficas de Rózsa que, se creyó en la obligación de filmar una segunda parte, Guerra Sucia, título de uno de sus libros. No pudo rodarla. Los productores a los que acercó el guión, literalmente, se horrorizaron. El periodista español César Alonso, que lo conoció bien, explica que Rózsa “En Hungría consulta con varios técnicos de cine una idea macabra: rodar (grabar) una película real de cómo se puede provocar una guerra. Las imágenes serían reales y los muertos y torturados también. Pero nadie sabía dónde habría de realizarse. El proyecto quedó aplazado primero y desechado después… ¿Del todo? En realidad, la última aventura boliviana de Rózsa tenía todo el aspecto de tener muchas intencionalidades diversas: una de ellas correspondía exactamente con la intención que revela César Alonso sobre el tema de su nueva película, aquella que debería consagrarlo n la cinematografía internacional: un hombre que no dudaba en montar un conflicto y filmarlo desde el primer momento para demostrar la facilidad con la que se pueden organizar guerras y masacres. Quería hacer en cine lo que Orson Wells hizo en radio con la Guerra de los Mundos: convertir la ficción en realidad.

© Ernest Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

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