Infokrisis.- Realizadas a prisa y corriendo, es evidente que estas notas precisan de un trabajo de pulido, ampliación y afinado para que adquieran una mayor coherencia orgánica. Lamentablemente, la endémica falta de tiempo nos impide garantizar cuando podremos realizar ese trabajo. Sin embargo, en su estado actual creemos que son los suficientemente explícitas como para fijar algunas posicione sy para definir los puntos de partida y las desembocaduras a las que aspiramos a llegar. Seguramente se trata de unificar los contenidos de este documento con otro que elaboramos hace cinco años sobre Identidad y Arraigo (que si no recordamos mal está también incluido en infokrisis).

 

II Parte: la práctica del patriotismo

 

5ª Tesis: El patriotismo es cosa de todos

- El aire es cosa de todos, pertenece a todos y todos podemos utilizarlo. No existe un “partido del aire” o un “partido del aire con a olor a limón”. El patriotismo es una virtud cívica normal, tan normal como el aire que respiramos.

- Algo que es de todos, que pertenece a todos y que en situación normal, todos deberíamos experimentar –el patriotismo-, no puede confundirse con una bandería. La etimología de las palabras ayuda a comprender su significado: la bandería es lo propio de quien se coloca detrás de una bandera. El nexo etimológico entre bandera y bandería es el mismo que existe entre bandería y banda, cuya última etapa es la consideración del bandido, es decir, del que pertenece a una banda… o bandería. Un bando es siempre “facción, partido, parcialidad” y así lo define el diccionario de la RAE. El patriotismo no puede ser patrimonio de una fracción de la población sino que, como el aire, es algo que pertenece a todos los hijos de una misma patria y en la que deben reconocerse.


6ª Tesis: El patriotismo no es ni puede ser un rasgo de identificación política


- Las banderías constituyen un término que se aplicó entre los siglo XV y XIX a las luchas fraccionales (son famosas en Catalunya las luchas entre las banderías de los nyerros y los cadells o las luchas entre partidas de bandidos de las que habla Cervantes en El Quijote. El equivalente moderno y comprensible de las banderías serían los partidos políticos.

- De ahí que exista una contradicción flagrante cuando alguien define su bandería (hoy partido) como “partido patriota”. A eso se le llama en   “oxímoron” (ὀξύμωρον). Un oxímoron es la combinación de dos términos en sí mismos contradictorios: si el “partido” es parte, fracción, bandería no puede ser “patriota” en la medida en que lo patriótico es algo común a todos y relativo a la totalidad de una comunidad.

- La patria no puede estar al albur de la lucha entre las partes ni tiene sentido que unos la utilicen contra los otros. Cuando una sociedad llega a este extremo, esa sociedad ha perdido la noción de lo que es el patriotismo. Si el patriotismo goza hasta ahora de buena salud en países como los EEUU es, en la medida en que los dos grandes partidos están identificados con él sin matices y distinción. Sólo en donde ha sido utilizado por un sector de una comunidad nacional para atacar a otras, ha entrado en crisis.


7ª Tesis. La falta de patriotismo deriva del racionalismo extremo, extrema negación de lo humano

- No todos viven el patriotismo con la misma intensidad, desde formas relajadas hasta formas extremas y afectadas de patriotismo, existe toda una gama de matices del mismo instinto. Eso es normal en la medida en que la diferencia es la ley que preside lo humano. No es raro pues que algunos tengan el patriotismo a flor de piel y otro lo experimenten solamente en situaciones extremas. Sin embargo hay límites.

- Por un lado la negación de todo patriotismo que practicaría, la izquierda anarquista o los impulsores del humanismo universalista para los que lo “natural” es un gobierno universal y el sentirse “hijos de una sola tierra” pues la “raza humana nació sin fronteras”… Se trata de una falacia e incluso de una deformación del espíritu: la “raza humana” nunca ha existido, ha existido el género humano, dividido éste en “razas” y éstas en “pueblos”, en “tribus” y “comunidades”. Cada uno de estos elementos ha tenido y tiene sus rasgos de identidad innegables. Por otro lado, las fronteras siempre han existido. Suelen ser el producto de condicionamientos geopolíticos (los accidentes naturales que suelen definir las fronteras siempre han existido ahí: los Pirineos, el Rhin, los Andes que separan Argentina de Chile como un tiralíneas) o geohistóricos (fronteras resultantes de tratados, pacto, alianzas dinásticas, etc). En realidad, nunca las fronteras son gratuitas, siempre tienen una razón de ser y contienen a unos pueblos que se han desarrollado hasta alcanzar unos rasgos de identidad precisos. Quienes sostienen estas curiosas doctrinas anarquistas son individuos que –como se produce en cierto sentido también en el otro flanco del espectro político, en la extrema-derecha- confunden Nación, Patria y Estado. Para la extrema-izquierda la “nación” es una creación de la burguesía (lo cual es rigurosamente exacto) que ésta utiliza contra la clase obrera gracias al aparato coercitivo al Estado. ¿Y la Patria? Para la anarquía “patria” y “nación” suponen poco más o menos lo mismo. El anarquismo solamente arraigó en sectores del movimiento obrero con ansias de revancha social o bien en intelectuales extremadamente ilustrados perdidos en un universo de teorías intelectuales y de un racionalismo extremo (cuyo límite fue el positivismo de principios del siglo XIX)… que, simplemente, les hizo perder la instintividad.

- Si para Descartes todo lo real es racional y sólo lo racional es real, resulta evidente que la instintividad que es el espacio propio del patriotismo, carece de realidad tangible. Si, para colmo, el materialismo atribuye solamente realidad a lo material, niega necesariamente la existencia y la comprensión del patriotismo. Sin embargo, dentro del marxismo, el patriotismo reapareció una y otra vez y sus teóricos terminaron reconociendo la diferencia entre el “nacionalismo burgués” y el “patriotismo proletario”. El propio comunismo debió de renunciar a la existencia de una “Internacional” sometida siempre a tensiones nacionales. La disidencia chino-soviética tuvo también que ver con esto y hoy mismo, el comunismo cubano es un régimen que trata de excitar y manipular el patriotismo de la población.

- La modernidad, por otra parte, ha creado una capa aislante entre el ser humano y la tierra que le ha visto nacer; esta “capa” le impide experimentar el sentimiento patriótico y está formada precisamente por las actitudes materialistas y por el individualismo que surgido de la revolución francesa, fue diluyendo la sensación de “comunidad”. El tipo humano individualista, finalmente, terminó por perder progresivamente la percepción de sus sanos instintos, refugiándose en lo privado. De ahí que la actual patología de civilización registra como uno de los rasgos más sorprendentes la inhibición del individuo de todos los instintos que podrían asegurar su supervivencia: dificultades para la procreación (negativa a experimentar el instinto de reproducción y los rasgos de la sexualidad normal), negativa a considerar que una comunidad debe defenderse (negativa a experimentar el instinto de agresividad) y negación del instinto territorial (atenuación creciente del patriotismo).


7ª Tesis: Las desviaciones, exageraciones y sobre actuaciones dañan al patriotismo

- El patriotismo sobreactuado genera una serie de desviaciones que ayudan poco al patriotismo y tienden a caricaturizarlo, derivando en formas degeneradas de patriotismo. Se entiende por “sobreactuación” una afección continua, obsesiva y enfermiza que, como cualquier obsesión, bloquea al sujeto y hace que cualquier otro aspecto de la realidad quede subordinado, asfixiado y ahogado por el patriotismo. En general esta sobreactuación supone una adulteración de la conciencia patriótica y una aproximación al nacionalismo. En tanto que “individualismo de los pueblos”, el nacionalismo no concibe que cada cual pueda vivir el nacionalismo de una manera diferente. El nacionalista ve rivales, enemigos, adversarios ante los que oponer el propio nacionalismo e imponerlo. El patriota, en cambio, sabe que el ciudadano de otro pueblo debe experimentar la misma sensación de apego a la tierra natal que él y, por tanto, le resulta fácil establecer puentes y percibirlo incluso como amigo, encontrando puntos de contacto con él, especialmente si existe una contigüidad antropológica y cultural en lugar de una brecha entre las dos comunidades. La relación entre patriotas españoles y portugueses no puede ser la misma que entre españoles y marroquíes. Los griegos ya se burlaban de aquellos que sostenían que la Luna brillaba mejor en Atenas que en Esparta.

- Las sobreactuaciones del patriotismo revisten, fundamentalmente, tres formas: chauvinismo, jingoísmo y tribalismo.


o    El chauvinismo en Francia, patrioterismo en España, es una percepción narcisista de la propia comunidad considerada como “lo más plus” en cualquier aspecto. Está hecho a partes iguales de paranoia (la sensación de que la Nación está amenazada continuamente por peligros imaginarios), mitomanía (la construcción de una “historia nacional” amputada de todos los aspectos problemáticos) y delirio de grandeza (que frecuentemente surge como respuesta y sublimación de complejos de inferioridad o frustraciones).

o    El jingoísmo es otra forma de patriotismo exaltado y agresivo que justifica aventuras y guerras de conquista en el exterior. En este sentido, por ejemplo, George W. Bush fue un “jingoísta”, término de origen acuñado en el siglo XIX. Es un término propio del mundo anglosajón que se aplica especialmente al expansionismo militarista. Nació en el contexto del imperio británico e incluía una idea de superioridad racial y cultural que fue defendido tanto por laboristas como por conservadores. En esa época, los ingleses retroalimentaban esta idea con las posiciones hostiles de los demás imperios europeos. El término procede de una canción de music-hall cantada durante la guerra de Crimea: “No pelearemos más que por Jingo”.

o    El tribalismo, por su parte, sugiere que todas las manifestaciones de un pequeño grupo social (una tribu) son superiores a los de cualquier otro. El tribalismo aparece especialmente en comunidades de carácter minúsculo que experimentan una sensación de inseguridad al ser fronterizas con otras más grandes. A partir de ese momento intentan exaltar sus “rasgos diferenciales” hasta extremos exagerados y hacen todo lo posible por aumentarlos aún más.


- Estas tres “desviaciones”, en realidad, corresponden más al nacionalismo que al patriotismo y aparece especialmente con los Estados-Nacional, el liberalismo, el individualismo, las burguesías nacionales y la economía liberal en su fase industrial. Todas son formas sobreactuadas de la tendencia natural a ser hijos fieles de la patria que a cada uno nos corresponde por origen.

8ª Tesis: Politizar el patriotismo supone matar al patriotismo


-    El patriotismo puesto al servicio de un partido político mata siempre al patriotismo y lo hace patrimonio de parte tal como hemos anotado anteriormente. Frecuentemente esta forma se caracteriza por colocar una coletilla al patriotismo: patriotismo constitucional, patriotismo entendido con la adhesión a una persona física, patriotismo social, etc.


o    El patriotismo constitucional es el slogan improvisado por el PP durante el período de Aznar para oponerse a los focos secesionistas, especialmente al vasco. Son dos términos que no pueden tener nada que ver: el patriotismo no está ligado a ninguna forma política, pueden sentirlo –y de hecho lo han sentido- los soviéticos que luchaban en lo que llamaron “gran guerra patriótica” contra los alemanes, lo han sentido los romanos durante sus fiestas y celebraciones y lo han sentido los conquistadores españoles desde Pizarro hasta Cascorro. Las constituciones son un fenómeno relativamente recientes (no más de cuatro siglos) y se trata de normas que aspiran a ser perennes pero que en la práctica suelen durar apenas algunas décadas, hasta que otra la sustituye. Resulta imposible unir lo permanente (el patriotismo) a lo impermanente (un texto constitucional).

o    El patriotismo entendido como la adhesión a una persona física es una de las formulaciones más habituales y modernas que reviste la politización del patriotismo y que se suele encontrar en su larga degeneración hacia el nacionalismo. Cuando Jordi Pujol se sentía atacado por el escándalo de Banca Catalana, intentaba galvanizar a la población catalana, excitando el nacionalismo y explicando que “atacaban a Catalunya”. El zapaterismo considera igualmente que cualquier cosa que no sea apoyarlo en su gestión autista y desintegradora supone una “falta de patriotismo”. Y, por supuesto, el franquismo jugó, especialmente en sus últimos años la trasposición de la figura de Franco a la de España: la prensa de septiembre de 1975, por ejemplo, acusaba a quienes se manifestaban contra Franco a causa de los fusilamientos de 5 terroristas de ETA y del FRAP, de “atacar a España”. En realidad esta tendencia supone una continuación de la idea anterior a la Revolución Francesa según la cual la figura del Rey era considerada como el símbolo de toda la comunidad. Atacar la figura del Rey suponía atacar al Reino y, por tanto, la población lo consideraba como el ataque a algo propio. Caídas las monarquías tradicionales, quedó siempre el recurso de identificar abusivamente a cualquier líder con la totalidad de la patria.

o    Por su parte, el patriotismo social es el resultado de los intentos de construir un envoltorio nuevo para la extrema-derecha, tratando de acentuar el carácter social de esta. El término aparece como sustitutivo de otros habituales en los años 30 que venían a indicar lo mismo: nacional-sindicalismo, nacional-socialismo, nacional-fascismo. Después de una década de utilizar esta combinación de patriotismo social quizás sea hora de reconocer que no ha suscitado el efecto esperado, ni que ha calado en la mentalidad de la población. ¿A causa de qué? En principio porque se trataría de una tautología, algo que se afirma a sí mismo dos veces: en tanto que identificación de todo un pueblo con sus raíces, el patriotismo es, por sí mismo, social y presupone que todos los habitantes de un mismo territorio constituyen parte de una comunidad que, en tanto que tal, forma un todo con sus líderes y estos tienen la obligación de velar por el orden social, la seguridad y los derechos de la población, dado que solamente así, esa comunidad seguirá unida y prosperará. Cuando un patriotismo no es, por sí mismo, social, deja de ser patriotismo y se convierte en  impulso oligárquico, esto es, en identificarse, no con las raíces de un pueblo y de una tierra, sino con los intereses de las aristocracias económicas. Aludir al patriotismo social es olvidar que todo patriotismo es, por definición, social y deja de serlo en el momento en que una oligarquía pretende “administrarlo”.


- De ahí que el patriotismo no pueda ni deba de ser utilizado jamás como bandera política so pena de desvirtuarlo e instrumentalizarlo al servicio de una determinada bandería. Cuando los ciudadanos de una comunidad dejan de verse como miembros de esa misma comunidad y empiezan a discutir sobre los matices de su patriotismo, es que esa comunidad ya ha perdido el instinto patriótico y está descendiendo por los escalones que llevan del patriotismo al nacionalismo y de éste, como reacción (a causa de las tragedias que ha generado en sus formas jingoístas, chauvinistas, patrioteras y tribalistas, en los siglos XIX y XX, siglos de las guerras y luchas nacionales) lleva o bien a la negación del patriotismo o bien a su sustitución por formas de internacionalismo.


9ª Tesis: No es el patriotismo el que define una opción política sino la idea de “identidad”


- Es evidente que hay partidos políticos que defienden mejor o con más énfasis que otros el ser, el mantenimiento y la vigencia de una de una Nación-Estado. Sin embargo sería peligroso considerar que esos partidos son “patrióticos”. Serán más “patrióticos” que otros, a condición de aceptar que en todos los partidos existen, en mayor o menor densidad “patriotas”.

- Esta discusión es particularmente virulenta en la extrema-derecha y alcanza hasta el límite de lo absurdo: ningún partido –sostienen- defiende la unidad de la patria y la integridad del Estado… salvo los partidos ultraderechistas. Lamentablemente este planteamiento no explica el porqué España sigue siendo una unidad cuando estos partidos en su conjunto apenas arrastran 40-60.000 votos en toda España… Contrariamente a lo que se tiene tendencia a creer en la extrema-derecha en todos los partidos políticos existen formas de patriotismo y personas que defienden la integridad y la prosperidad de la patria (mucho más cuestionable es que sus direcciones hagan otra cosa más que defender sus intereses).

- Si la extrema-derecha enfatiza en esta idea –evidentemente deformada- es porque desesperadamente busca un “rótulo” ideológico que pueda sustituir a las viejas doctrinas de los años 30 y cree haberlo encontrado en el patriotismo. Pero algo que está presente en mayor o menor medida en todas las fuerzas políticas difícilmente puede ser un paradigma creíble para definir lo propio. La extrema-derecha suele sacar banderas nacionales a la calle… olvidando que el PP saca muchas más. Luego, por tanto, al error que consiste en que a un intento de politizar el patriotismo, se une un segundo error consistente en tratar de rivalizar con el PP cuyas manifestaciones incomparablemente más multitudinarias que las de extrema-derecha registras una alta densidad de banderas nacionales.

- En su búsqueda de un paradigma que defina su doctrina, la extrema derecha ha equivocado el tiro y ha confundido los términos. En efecto, para diferenciarse del PP y de su patriotismo constitucional, tiende a sobreactuar en un terreno en el que no puede competir.

- El patriotismo es un instinto y el nacionalismo un producto de las Revoluciones Liberales del  siglo XVIII y XIX. El primero es, como hemos dicho, cosa de todos y el segundo apenas es una proyección de la ideología liberal, esto es, de otra familia política. Así pues hay que recurrir a otros términos que tengan utilidad política y que no estén en contradicción con los propios orígenes.

- La idea de “identidad” y de “identitario” es probablemente la que mejor se adapta a las exigencias de una lucha política en Europa en el siglo XXI. Y esto por varios motivos:

-  La Identidad puede ser definida como un conjunto de señas de identidad que caracterizan a un pueblo. Así pues, se sitúan en un terreno diferente al patriotismo. Mientras que éste es un fenómeno no político, un instinto inmaterial y una virtud cívica, la sensación, el orgullo y la certidumbre de pertenecer a una comunidad, lo identitario se apoya en un sustrato antropológico y cultural, en experiencias históricas pasadas y en tradiciones surgidas con el devenir del tiempo. Y este sustrato se puede percibir desde distintas perspectivas. El patriotismo es lo propio del lugar donde se ha nacido. Sin embargo, si nos referimos a la identidad veremos que existen distintos niveles de identidad: uno es el que afecta a la comarca o la región en la que hemos nacido; otro es el que afecta al Estado al que pertenecemos y otro, finalmente, es el que afecta a la dimensión europea. Estos tres niveles de identidad, lejos de estar en contradicción, tienden a complementarse y son algo que ha aparecido frecuentemente en la historia de Europa: región – nación – Europa.


o    La región o la comarca, lo que en España se llama la “patria chica” y en Francia la “patria carnal”, el lugar donde nacemos ¿alguien con un mínimo de inteligencia podría negar que nos sintiéramos apegados al entorno del que hemos surgido? Es más: quien no aprecia la tierra en la que ha nacido no puede considerarse patriota de Patria alguna pues, no en vano, era tierra es parte de la Patria.

o    La nación se ha formado a partir de un largo proceso histórico y ha sustituido al “Reino” siendo hoy una realidad porque los procesos históricos nunca dan marcha atrás y, tanto el Reino como las estructuras feudales que lo constituyeron quedaron atrás y tampoco volverán. La nación es la realidad a través de la cual se organiza el Estado.

o    En cuanto a Europa es el depositario de tres cargas culturales: el mundo clásico greco-latino, la catolicidad medieval y el mundo nórdico-germánico que a raíz de los desplazamientos de poblaciones llegadas del Norte y del Este hacia el Sur y el Oeste, tendieron entre todas de dar al continente un grado de homogeneidad etno-cultural. Desde que a partir de 1945 y durante la Guerra Fría se evidenció que, ante determinados problemas ya no podían resolverse a través de la dimensión nacional, fue preciso recurrir a la convergencia europea. Si está fracasando es porque, impulsada por plutócratas, olvidó recordar estas bases históricas y culturales.


-    Al contrario que el patriotismo que es, incuestionable y depende solamente de lo vivo que tengamos la instintividad, lo identitario es propiamente un eslogan político: nadie discute ni nadie puede hacer una bandera política de la patria bajo la que están enterrados los antepasados y en la que nacerán los hijos. La patria no se discute, la patria se asume como un hecho natural común a todos. Sin embargo con la los procesos identitarios son susceptibles de poder ser interpretados según distintas fórmulas políticas: ¿es hora momento de revisar los estatutos de autonomía? ¿hay que reducir el número de autonomías en España? ¿cuál debe ser el futuro del Euro o de la Unión Europea? ¿Qué valores clásicos producto deben resaltarse con más vigor? ¿existe o puede existir una defensa europea común? Todas estas cuestiones son susceptibles de distintas interpretaciones y cada uno es libre de adoptar las que convienen a su proyecto político: unas tenderán a diluir la identidad nacional, otras a aumentarla, unas serán centrífugas, otras centrípetas, unas enfatizarán más la idea europea, otras la denostarán. Así es la política: choque de voluntades, de proyectos, de identidades. La patria está en otro sitio.


10ª Tesis: El patriotismo en el siglo XXI es un baluarte contra la globalización


- Paradójicamente, el Estado-Nación nacido del liberalismo de finales del XVIII y principios de XIX, ha sido superado y hoy es atacado por los descendientes de quienes lo fundaron. En efecto, la burguesía liberal formada en aquellas épocas veía en el capitalismo el instrumento para multiplicar sus beneficios, en la democracia el sistema político para afirmar su hegemonía respecto a las aristocracias y a las monarquías y en el Estado-Nación su marco de aplicación. Pero para el gran capital y para la oligarquía financiera fundada en estos últimos 250 años, la realidad es otra: a causa de los procesos de acumulación de capital y de financiarización de la economía, a causa de la insensata búsqueda continua de beneficios, el modelo Estado-Nación ya no servía para las nuevas élites económicas que idearon la globalización como etapa posterior al Estado-Nación.

- Hoy, el principal enemigo de cada Estado-Nación no es la Nación vecina, sino la globalización. Y es fundamental retener este principio, porque si el sistema mundial sobrevive a la gran crisis iniciada en 2008, solamente podrá hacerlo a costa de las naciones y de los pueblos, imponiéndose sobre ellos. Desde este punto de vista todo lo que debilita a la globalización  (proceso económico) y la mundialización (proceso político-cultural) puede y debe ser utilizado como recurso.

- Y esto solamente puede hacerse a costa de depurar al Estado-Nación de las tendencias hacia el “nacionalismo” y de las tendencias más extremistas del “individualismo de los pueblos”. Y hoy más que nunca. Habitualmente los grandes procesos de acumulación de capital se han producido a raíz de guerras y conflictos nacionales, exacerbadas por los nacionalismos. Hoy, la oligarquía económico-financiera internacional, tratará otra vez de provocar el estallido de guerras localizadas capaces de animar la producción industrial de nuevo y de generar extraordinarios beneficios para salir de la actual crisis. No es pues nacionalismo lo que conviene, ni exaltaciones chauvinistas, ni mucho menos irrupción de tribalismos dentro de las Naciones-Estado.

- Lo que contiene es: de un lado tender a la formación de bloques económico-políticos con la dimensión viable para sobrevivir como espacios de economía autosuficientes sin injerencias de la alta finanza internacional. Y de otro lado, estimular el patriotismo y las señas de identidad de los pueblos.

-  Un pueblo con personalidad propia es un pueblo que jamás será doblegado por la globalización. Una comunidad de pueblos con tecnología, recursos y población, es una comunidad que sobrevivirá y estará en condiciones de emanciparse del proceso globalizador.

-  El patriotismo es, en este contexto, sin duda, uno de los puntales esenciales de esta recuperación de la libertad de los pueblos ante el yugo globalizador. Un patriotismo depurado de las sífilis nacionalistas y de las sobreactuaciones chauvinistas o patrioteras, capaz de unir en un proyecto esencial a la voluntad de los ciudadanos, quizás no sea suficiente para batir la globalización, pero si es necesario. Por que, a fin de cuentas, si la globalización se caracteriza por una nivelación y una pérdida de la identidad de los pueblos y de las naciones, el patriotismo es la garantía de recuperar el contacto con nuestros orígenes y el trampolín sobre el que afirmar nuestra identidad.


© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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