Taras congénitas de la extrema-derecha española (I de II)

Publicado: Martes, 01 de Septiembre de 2009 11:16 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES

Infokrisis.- Servidor se ha definido como un antiguo ultra investido a fuerza de fracasos por la voluntad de entender a qué diablos se debe esa incapacidad de la extrema-derecha española para alcanzar un éxito siquiera parcial o modesto por vía política. Finalmente he entendido el motivo: la extrema-derecha española lleva en su código genético una serie de estigmas que se remontan a los años 30. No es un azar el que los grupúsculos ultras actualmente existentes sean incapaces de afrontar una situación que, como la crisis económica actual, a punto de transformarse en gigantesca crisis social (5.500.000 parados en diciembre no son como para tomárselo a la ligera) y conseguir un estadio de desarrollo que le permitiera aprovechar una coyuntura que jamás le volverá a ser tan favorable. No es el azar: es que las taras de la extrema-derecha están implícitas en su origen. Vale la pena repasar cómo se transmitieron desde los años 30 hasta el presente.
Las carencia del "pre-fascismo" español

A diferencia de cualquier otra derecha radical europea, la española partió sin bases profundas, acaso porque en España no hubo "generación del frente". En Europa, prácticamente en todos los países, se vivió entre 1914 y 1918 la exaltación de la aventura bélica y del patriotismo exaltado, la camaradería de las trincheras, la sensación de que nunca se experimentaría esa sensación de hermandad al regresar a la vida civil y el hastío por la política que contrastaba con la elementareidad de la aventura bélica que Jünger -pero no sólo Jünger, sino también Marinetti o D'Anunzio o el propio Drieu- supieron describir.

Lo más parecido a una guerra que vivió la generación de los años 30 en España fue la de Marruecos. Era demasiado evidente que en aquel conflicto lo que se defendían eran los intereses mineros del conde de Romanones y del Marqués de Comillas. Los quintos murieron en defensa de unos intereses que se identificaban muy lejanamente con los patrióticos. Por eso la guerra de Marruecos (en sus varias etapas) fueron extremadamente impopulares entre las clases trabajadoras y la burguesía media: ellos aportaban los muertos, la aristocracia económica administraba las victorias militares. Solamente "Luys Santa Marina" (Luis Narciso Gregorio Gutierrez) en "Tras las Águilas de César" intentó convertir la experiencia bélica en Marruecos en un elemento de inspiración y propulsión de un fascismo español. Pero este autor único e irrepetible y la fundación del Tercio de Extranjeros no fueron suficientes como para que aquí se diera un movimiento parecido al "Casco de Acero" alemán, a los "Cruces de Fuego" del Coronel La Roque o a los Fascios di Combattimento italianos, fundamentalmente constituidos por ex combatientes que querían llevar los valores militares y la experiencia del frente a la vida civil.

Por otra parte, mientras en países como Francia existió un movimiento intelectual de carácter antiliberal, patriótico y pre-fascista que fue hegemónico hasta los años 30  -Action Française- o un movimiento Völkisch en Alemania que formó el basamento intelectual del nacional-socialismo, en España no hubo nada de todo eso. Como máximo podría hablarse de la Generación del 98 surgida de la crisis finisecular del XIX o de los "regeneracionistas" de la misma época. Solamente entre 1931 y 1936 existió la revista "Acción Española" en la que colaboró una pléyade de intelectuales de derechas. Pero, dejando aparte la presencia episódica de alguna pluma como la de Ramiro Ledesma, el conjunto de la revista fue monárquico y católico.

Precisamente el enfoque de "Acción Española" era indicativo del "retraso" de la teorización política de la derecha radical en España: la revista, a pesar de tener a Ramiro de Maezy y a Vegas Latapié como inspiradores ideológicos, siempre reconoció un tributo a Charles Maurras el fundador de "Action Française", pero a diferencia de éste, la revista nunca cristalizó en un movimiento político activista y, por lo demás -y esto es lo más significativo- la revista irrumpe en España cuando ya en Francia, Maurras empieza a ser superado en un proceso que culminará con los hechos de febrero de 1934 en la plaza de la Concordia, ante la Asamblea Nacional Francesa, cuando el ya viejo líder reaccionario no estuvo en condiciones de reaccionar. Cuando aparece en España "Acción Española", inspirada en Maurras, éste, en su país, ya está considerado como "anticuado" y "superado" por una nueva generación de jóvenes.

Las tres primeras conclusiones que se imponen para explicar lo que fue el "fascismo español" son:

1) Sin experiencia bélica intensa y asumida gustosamente y no a través de levas forzosas y quintas, no hay posibilidades de arrancar un fascismo combatiente. Máxime cuando en España estaba claro que en Marruecos nuestros quintos morían en defensa de intereses de la alta burguesía.

2) En España no hay una escuela de pensamiento de "derecha radical". La generación del 98 es otra cosa y el regeneracionismo otra muy diferente que nada tenía que ver con los vientos que soplaban en Europa.

3) El único semillero ideológico de cierta importancia -"Acción Española"- llega con 35 años de retraso a España, cuando la corriente matriz en Francia ya estaba superada por disidentes de la talla de Drieu y la mayor parte de los "no conformistas de los años 30".

Algunas carencias del "pre-falangismo" español

De marzo a octubre de 1931 aparecieron 23 números de "La Conquista del Estado", la primera revista de las que lanzaría Ramiro Ledesma en apenas cinco años. La lectura de todos esos números, así como de la revista teórica "JONS" entre mayo de 1933 y agosto de 1934. Habitualmente se ha escrito mucho sobre la evolución de José Antonio Primo de Rivera, pero muy poco sobre la de Ramiro Ledesma, mucho más oscura y tortuosa. Ramiro empieza admirando al fascismo, pero sobre todo al nacional-socialismo. Se une a los 25 miembros de las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, de Onésimo Redondo, católicos ultramontanos atraídos especialmente por el antisemitismo alemán que Onésimo había conocido bien durante su estancia en aquel país. Fueron pocos, muy pocos, aun después de la unificación: se han dado distintas cifras (35 activistas en Valladolid y 10 en Madrid) y no parece que en su mejor momento las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas hubieran pasado de ser entre 200 y 250 militantes. En cuanto a la difusión de la revista "JONS" era mínima (seguramente no superior a 1.000 ejemplares). La actividad del grupo político tampoco fue relevante en ningún momento.

No se entiende muy bien como decidieron unirse: quizás porque eran conscientes de su debilidad, pero, a decir verdad, Ramiro Ledesma era especialmente antiliberal, ateo, sindicalista, mientras que Onésimo Redondo era tradicionalista y católico seguidor de Menéndez Pelayo y Ramiro de Maeztu. Onésimo era "agrario" y Ramiro "urbanita". Claro que había coincidencias (patriotismo, anticomunismo, justicia social…) pero no hay que minusvalorar las diferencias que impiden el pensar que la unión hubiera podido prolongarse por mucho tiempo. La actividad política fue mínima: un mitin en Cáceres, algunas colocaciones de pasquines en universidades, el famoso asalto a las oficinas de los Amigos de la URSS, un militante muerto en Daimiel, incidentes en la universidad de Valladolid y algunas acciones puntuales de activismo callejero. Las "milicias jonsistas" no pasaron de 100 activistas en su mayoría estudiantes y adolescentes.

Había otros muchos grupos activistas, incluso más numerosos: especialmente el Partido Nacionalista Español que puede ser considerado como "pre-fascista". Fundado en 1930 por el doctor Albiñana, el lema no era específicamente fascista sino ultra: "Religión, Patria y Monarquía". Su nacionalismo se definía como "agrario", se le ha definido como "fascistoide" y Ramiro Ledesma lo tenía simplemente como "reaccionario". Su zona de influencia era Burgos, provincia por la que Albiñana fue diputado entre 1933 y 1936. No eran "facistas", pero lo cierto es que en Burgos, el 18 de julio de 1936, no existían falangistas en activo y la colaboración civil con los militares golpistas fue protagonizada por los Legionarios de Albiñana uniformados con camisa azul celeste y gorro cuartelero.

Médico de profesión, fue miembro de la Academia de Medicina y destacó por sus trabajos de investigación. Se estableció en México en donde ejerció su profesión y verá de cerca la "guerra cristera" de la que derivo una simpatía desmedida por la causa de los católicos mexicanos. Terminó siendo expulsado de México por el presidente Elías Calles. De retorno es elegido diputado en 1933 realizando un trabajo notable por su distrito electoral que lo recompensó con la reelección. En sus numerosas intervenciones en Cortes destacó como un ultra católico, tradicionalista, anticomunista y antimasónico exaltado. Si hubo alguien que mereciera el calificativo de "ultra derechista" durante la II República, ese fue el doctor Albiñana.

Había otros partidos y círculos ultras. En Barcelona existió el Frente Anticomunista que se reunía en Piscinas y Deportes. También aparecieron émulos del nacionalsocialismo alemán que jamás superaron la etapa subgropuscular y, sobre todo, existieron militantes "libres" que asistían tanto a "fregados" de las JONS, luego de Falange, como de las JAP o del PNE.

Las tres conclusiones que podemos establecer de este breve repaso a los grupos pre-falangistas, son bastante desoladoras:

1) En lo que se refiere a JONS, cabe preguntarse si Ramiro y Onésimo discutieron a fondo sus posiciones o, simplemente, se unieron conscientes de que eran demasiado pocos para tener alguna repercusión política (de hecho, jamás la tuvieron), aparcando sus evidentes y profundas diferencias ideológicas.

2) El doctor Albiñana y su Partido Nacionalista eran reaccionarios en el sentido más puro del término. Católicos ultramontanos y nacionalistas radicales, además de monárquicos sin monarquía. A diferencia de JONS, el PNE si tuvo una provincia-vivero (Burgos) y a su líder permanentemente sentado en Cortes y que, además, se tomó su trabajo en serio.

3) La entidad numérica de todos estos grupos fue minúscula. En lo que se refiere a las JONS unificadas por encima de las diferencias, no debieron superar nunca los 200 afiliados. Su actividad pública fue escasa y la difusión de sus revistas mínima.

La irrupción de Falange Española

Cuando el 29 de octubre de 1933 se funda Falange Española parece que, finalmente, ha arrancado lo que sería en rigor la versión carpetovetónica del fascismo. La mayoría de sus primeros afiliados así lo creen y nadie se llama a engaño. Hay guiños de ojos respecto a la sigla "FE" que serían las iniciales de "fascismo español". Casi todos son jóvenes, adolescentes y veinteañeros. La inmensa mayoría carece de experiencia política y aunque algunos forman parte de las élites culturales de su época, apenas han escrito artículos políticos, tal como refleja la impericia de la mayoría de artículos publicados en el semanario "FE". Es normal que recurrieran a Ramiro Ledesma, que llevaba varios años publicando revistas, tenía en torno suyo a un par de centenares de activistas y él mismo reconocía que la fundación de FE había dejado "clavadas" a sus JONS. Era normal que ambos movimientos terminaran confluyendo: Ramiro Ledesma tenía un embrión de teoría política semidesarrollada, símbolos, nombre a la ideología y José Antonio Primo de Rivera era socialmente más relevante, conocido y podía movilizar más medios.

José María de Areilza, Conde de Motrico, amigo de ambos, actúa como intermediario. Pero las negociaciones son duras: Ramiro pretende que los primeros falangistas se integren en las JONS. Luego, en febrero de 1934, se alcanza un acuerdo que apenas durará un año, rompiéndose a principios de 1935. Ramiro ignoraba que Renovación Española aportaba 10.000 pesetas mensuales a José Antonio con la condición de que FE no tomara partido contra la monarquía. En esa época, también, el gobierno de Mussolini financia a la Falange con la misma cantidad.

Sin embargo, el partido no deja de ser grupuscular. Crece, pero crece poco y nunca alcanza la masa crítica suficiente como para poder intervenir en política. Cuesta pensar lo que hubiera ocurrido si no se hubiera producido el alzamiento del 18 de julio de 1936. Era evidente, en ese momento, que entre febrero de 1936 y julio del mismo año, algunos contingentes notables de las Juventudes de Acción Popular estaban engrosando las filas de Falange. Pero también es cierto que ésta ya se encontraba en clandestinidad y que en esas condiciones era muy difícil crecer. Lo más probable es que, de no haber ocurrido la guerra, cuando los ardores juveniles se hubieran atemperado, los falangistas hubieran terminado por confluir con Renovación Española y con Calvo Sotelo. Sin embargo, en sus primeros meses negaron el alta de Calvo Sotelo en el partido y cuando llegaron las elecciones de febrero de 1936, la intención inicial era formar parte del "Frente Nacional" (coalición de las derechas), pero Gil Robles explicó que las exigencias de José Antonio eran de tal calibre que resultaba imposible satisfacerlas. Fue entonces, en una segunda etapa, cuando se vieron obligados a presentarse solos a la competición electoral alcanzando 45.000 votos, perdiendo José Antonio su acta de diputado.

Desde las primeras semanas de vida de Falange, el partido se vio envuelto en un rosario de acciones violentas, especialmente contra las Juventudes Socialistas y los comunistas. Al cabo de poco tiempo ya era difícil saber qué atentado vengaba a qué otro y quien fue el que disparó primero. Las opiniones sobre cómo se inició esta oleada de violencia varían: para unos, la responsabilidad fue de los jonsistas y en especial de Ramiro Ledesma que solía realizar declaraciones violentas y radicales desde el principio de su trayectoria política. Para otros fue José Antonio Primo de Rivera que, una vez iniciada la espiral, no supo dar marcha atrás, ni valorar el que sus efectivos jugaban con inferioridad numérica y, por tanto, iban a sufrir más la violencia. Otros afirman que fue la existencia de una izquierda agresiva, antidemocrática y antifascista la que estaba predispuesta a la violencia, lo cual resulta innegable e interactuó con la personalidad de los dos líderes del fascismo español que, en la práctica carecían de experiencia política y cometieron obvios errores de conducción. Sea como fuere, la oleada de violencia contribuyó a sumergir a la falange en una vorágine de episodios violentos, constante que no favoreció su crecimiento más allá de sectores juveniles.

¿Por qué la violencia no contrajo a las experiencias alemana e italiana y sí a la española? Es fácil explicarlo: por el fenómeno bélico previo que no se dio en España. Mientras en los otros países, la opinión pública estaba habituada a la violencia y mientras quienes desarrollaron estas campañas tenían cierta iniciativa estrategia (las SA fueron desde el principio miles de ex combatientes de las Tropas de Asalto habituados a las tácticas de combate, mientras que los jóvenes falangistas eran en su mayoría adolescentes escasamente organizados), en España el recurso a la violencia solamente podía ejercerlo quien disponía de iniciativa estratégica: en otras palabras, socialistas y comunistas. 

Todo esto hizo que el grupo de Ramiro nunca lograra despegar: ni en el período de La Conquista del Estado, ni en el período de unificación con Falange, ni en el período final de "La Patria Libre". Y en cuanto a Falange, sus tres años y medio de existencia fueron demasiado intensos en cuando a lo que a activismo se refería como para poder "cuajar" electoralmente. Podemos aventurar lo que hubiera ocurrido después: en el mejor de los casos, los éxitos limitados de la Falange hubieran llevado a reconsiderar algunas de sus posiciones más radicales y, finalmente, hubieran terminado encontrándose con Calvo Sotelo y una parte sustancial de las JAP y de Renovación Española. Si tenemos en cuenta que la "izquierda falangista" posterior se basó en los textos de José Antonio ante el Tribunal Popular de Alicante para encontrar algunas frases de "alto voltaje" social, por nuestra parte tenemos tendencia a creer que José Antonio, hubiera ido madurando políticamente y, no precisamente hacia la izquierda (por donde la Falange nunca creció de manera apreciable), configurándose como un partido fascista al modo del rexismo belga. La presencia de Calvo Sotelo hubiera podido hacer que la CEDA se fuera desmigajando elección tras elección y... la falange despegar de su etapa grupuscular. En cuanto a Ramiro, despechado y sin posibilidades de unirse al tronco mayoritario del fascismo español hubiera proseguido esa tendencia a configurarse como una "izquierda nacional" que jamás le rindió el más mínimo beneficio político y que, en ningún lugar de Europa, logró cristalizar. Es incluso probable que hubiera terminado abandonando su carrera política y dedicándose a la filosofía. Son especulaciones, pero basadas en experiencias históricas habidas en otros países en la misma época.

La experiencia de la Falange enseña:

1) Que cuando un movimiento está rodeado por una aureola de violencia, nunca termina arrancando y siempre, eternamente, se configura como formado por chicos jóvenes.

2) La "pureza revolucionaria" que llevó a la no admisión de Calvo Sotelo y el radicalismo de los primeros momentos se tradujo en una dimensión grupuscular en los tres años siguientes y en la imposibilidad de Ramiro Ledesma en cinco años de salir de la etapa subgrupuscular.

3) Las contradicciones entre la "pureza revolucionaria" y las fuentes de financiación contribuyen a restar credibilidad a la opción: las declaraciones de algunos falangistas sobre la "independencia" de Falange de Italia fascista o de los grupos de derecha (como Renovación Española) contrastan con algunos maximalismos ideológicos. Lo importante en los primeros pasos de una lucha política es la elección de una estrategia correcta: Falange nunca la tuvo, hasta la elección de la estrategia golpista a mediados de 1935.

© Ernesto Milà - Infokrisis - Infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.globia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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