Mariano Cubí y las glorias de la frenología

Publicado: Viernes, 12 de Diciembre de 2008 22:43 por Ernesto Milá en ESOTERISMO

Infokrisis.- Hace poco más de cien años Mariano Cubí nos abandonó; de él  solo queda una estrecha calle en Barcelona y un busto en la tierra que le vió nacer, Malgrat; nada más, ni siquiera el recuerdo de quien fué. Sin embargo, Cubí fue un personaje extraordinario. Vivió un momento en que la ciencia buscaba rigor y método, pero a duras penas podía abandonar el estadio supersticioso. La vida de Mariano Cubí es sorprendente y su obra no menos. La calle barcelonesa que le honra no ha impedido que su memoria se eclipsara del imaginario colectivo de los barceloneses. Con este artículo contribuimos a restituirla.

RETAZOS DE UNA VIDA

El 15 de diciembre de 1801, Mariano Buenaventura Cubí, nacido ese mismo día, fue bautizado en la iglesia de Vilanova de Palafolls, barrio de Malgrat, en las puertas de la Costa Brava. La sacudida napoleónica  obligó a la familia Cubí a buscar climas políticos más benignos y fue así como toda la familia recaló en Mahón un día de 1810. A los tres meses de permanecer en la isla, el pequeño Mariano, de apenas nueve años, dominaba el dialecto local y al año siguiente abordó estudios de francés e inglés. A los 20 años decide probar fortuna yéndose a las "indias". Se embarca en una fragata como profesor de idiomas; llegará a Norfolk en junio de 1921. En Washington enseñará español y luego será contratado por el Colegio de Santa María de Baltimore. Llegará a ser vicecónsul del Vaticano y del Rey de las Dos Sicilias en Baltimore, cargos honorarios, pero que demuestran que ya por entonces estaba vinculado a una élite social.

En 1829 se establece en Cuba y funda el Colegio de Buenavista, primer centro de enseñanza secundaria de la isla. La última huella de su presencia en Cuba desaparecerá en 1959 cuando el castrismo acabe con la "Revista Bimestre Cubana", fundada por Cubí en 1832 y en la que participarán algunos de los pro-hombres de la independencia, como José Antonio Saco. Visita Nueva Orleans, ciudad que mantiene puentes comerciales con Barcelona por el tráfico de algodón.

No está claro si durante su estancia en Menorca conoció a marinos ingleses que le hablaron de la frenología o fue durante su estancia en Baltimore que tuvo conocimiento de esta corriente que, a partir de ahora, iba a condicionar su vida.

FRENOLOGIA: LOS PRIMEROS BALBUCEOS

Sea como fuere, en Nueva Orleans leyó en la prensa anuncios frenológicos y conoció en 1836 al doctor Buchanan quien lo iniciará en esta ciencia. A lo largo de ese año habrá reconocido ya, cerca de 2.000 cráneos en universidades, cárceles y colegios. Su entusiasmo es tal que le bastarán apenas diez días para escribir su "Introducción a la frenología por un catalán".

A medida que van pasando los años siente la nostalgia propia del indiano y decide regresar. Desembarcará el 17 de agosto de 1842 al puerto francés del Havre y, tras visitar París, llegará a Barcelona dos meses más tarde. Pocas semanas después organizará su primer curso de frenología.

Esta primera irrupción no tendrá apenas eco en la prensa. La ciudad vivía momentos delicados. El ejército y la Milicia Nacional se habían enzarzado en una agria disputa que terminó en tiroteo y finalmente en el terrible bombardeo desde Montjuich. Sin embargo, el curso le sirve para renovar al relación con Erasmo Capdevila, otro catalán tan excepcional en la época como desconocido hoy.

Se habían conocido en La Habana; Capdevila estaba versado en "artes mágicas"; sus conocimientos abarcaban desde astrología hasta alquimia, de dietética a ocultismo. Erudito y visionario, su personaje histórico favorito era el desaprensivo Cagliostro a quien atribuía poderes mágicos. Conocía el proceder alquímico y las fases de extracción de la piedra filosofal; ignoramos si llegó a experimentar en laboratorio, si bien la presencia del atanor en su hogar es un indicativo de tal práctica... y de su abandono, pues no en vano hubo de servirle de brasero. Su biblioteca estaba provista con las joyas del ocultismo y reproducciones de grimorios medievales. Pertenecía a la secta secreta de los carbonarios.

El bombardeo de la ciudad coje a Cubí en Igualada visitando a su madre y organizando un segundo curso de frenología al que asistirán 40 alumnos; en Cardona impartirá otro ante 12 alumnos. Cubí utiliza una técnica de marketing, hoy suficientemente conocida, pero de la que fue uno de los introductores en España: publicaba anuncios en prensa y colgaba pasquines convocando una primera conferencia introductoria gratuita, a la que seguía un cursillo de pago... La venta de material -cráneos, compases frenológicos, cerebros de escayola y libros- le reporta beneficios adicionales.

En años siguientes realizará distintos recorridos aprovechando siempre los desplazamientos para organizar cursos y estructurar "Sociedades Frenológicas" locales, de las que él, invariablemente es nombrado presidente honorario y cuyos miembros se someten voluntariamente a un análisis craneal. Recorrerá Villanueva y Geltrú, Mallorca (en donde tiene las primeras polémicas con los partidarios del filósofo católico Jaime Balmes), Figueras, Olot, Gerona, La Bisbal, Torroella, etc. y también las grandes capitales españolas.

Muchos de sus alumnos son miembros de la disuelta Milicia Nacional, punta de lanza del liberalismo más radical, lo cual indica perfectamente cuales son las simpatías y por donde van las afinidades políticas de Cubí. Por cierto que en este período conocerá a Narciso Monturiol y a otros socialistas y comunistas utópicos con los que polemizará. Acepta las tesis de Owen, Saint-Simon y Fourier, pero no las de Cabet y Marx a las que dedicará un escrito anti-comunista. La psicología particular de Cubí -con un Ego excepcionalmente crecido- y su obsesión por la frenología, lo apartaban de cualquier militancia política o social. No era hombre de otra asociación que no fuera la frenológica. Sin embargo sus opiniones políticas y culturales lo identificaban con el pensamiento de las logias masónicas y de los movimientos sociales más avanzados, habitualmente relacionados con estas y con otros grupos conspirativos (carbonarios y comuneros, fundamentalmente).

PERO ¿QUÉ ES LA FRENOLOGIA?


A estas alturas el lector debe estar deseoso de saber qué diablos es la frenología. Muy popular en su tiempo, se desdibujó en el último cuarto del XIX y desapareció completamente al comenzar éste. Etimológicamente la frenología trata de la inteligencia o del alma. Existe aquí una confusión entre lo psíquico y lo espiritual, pero, en cualquier caso, la frenología se refiere fundamentalmente al estudio del psiquismo y de las capacidades humanas, relacionándolas con la forma del cráneo. Tiene solo algo que ver con la fisiognomía, en la medida en que ésta estudia la totalidad de la cabeza, mientras que la frenología se centra solo en el recubrimiento óseo del cerebro.

El principio es la existencia de una concordancia entre lo psíquico y lo somático; lo mental, condicionaría las formas corporales y anida en el cerebro; éste, por su parte, se compone de distintas regiones en donde radican cada una de las facultades de la personalidad. Pues bien, el mayor o menor desarrollo de estas regiones condicionaría la personalidad, y sería la medida de su potencia. Dado que la bóveda craneana tarda en solidificarse, el cráneo se adapta a la forma del cerebro, del que es su recubrimiento exterior y, por tanto, la forma del cráneo evidenciará rasgos de la personalidad.

La importancia sociológica de todo esto no se escapaba para Cubí: la frenología permitía advertir quien tenía predisposición para el crimen o para la ciencia, se trataba entonces de protegerse de unos y allanar el camino a los otros. No es raro que Jaime Balmes y otros teólogos católicos acusaran a la frenología de materialista y determinista.

La frenología apareció en EE.UU. en el último tercio del siglo XVIII y el nombre se debe a un inglés, Forster; Franz Joseph Gall y Spurzheim, sus principales teóricos, utilizaron el nombre de "fisiología cerebral". Para ellos la materia gris del cerebro daría origen a los nervios y alimentaría a la sustancia blanca.

En su afán por encontrar arraigo en sus doctrinas y evitar el enfrentamiento con las concepciones religiosas, los frenólogos buscaron antecedentes entre los padres de la Iglesia, mencionaron a Santo Tomás y San Alberto Magno que habían aludido tenuemente a la localización en determinadas zonas del cerebro del facultades de la personalidad; el obispo Nemesio situaba la memoria en los ventrículos centrales y el entendimiento en los posteriores, mientras San Buenaventura veía estupidez en las cabezas voluminosas e inmadurez en las reducidas... Pero todo ello no pudo evitar el choque con la Iglesia.

LA FRENOLOGIA ANTE EL TRIBUNAL ECLESIASTICO

El 6 de mayo de 1847 Cubí se desplazó a Compostela para impartir un curso. Asistió un centenar de alumnos, entre ellos un sacerdote. El día 16, en La Coruña, supo que se había extendido una orden de arresto contra él por la denuncia de un doctor en Teología, Antonio Severo Borrajo, el cura presente en Compostela...

La denuncia detallaba todo un catálogo de herejías. La acusación más grave era la negación del pecado original que supuestamente habría realizado Cubí (las malas inclinaciones procedían de la forma cerebral, no de la falta de Adán y Eva), esto es, "pelagianismo". Cubí sostenía igualmente que los delitos se cometen por una pasión difícil de dominar, lo que le hacía sospechoso de jansenismo y fatalismo; sostenía que el alma se manifiesta a través de los órganos cerebrales de la misma forma que Dios lo hace mediante los Astros; Borrajo veía en tales afirmaciones huellas de panteismo. Para colmo, en el discurso de Cubí, estaba implícita la defensa de la libertad de pensamiento, que le hacía acreedor de la acusación de protestantismo. Si a eso unimos las extemporáneas frases vertidas por Cubí contra los jesuitas, entenderemos por que la "Junta de Fé" -que había sustituido a la Inquisición- se tomó con tanto interés su caso.

Cubí remitió en su defensa un escrito en el que se declaraba católico, afirma la inmortalidad del alma y sostenía que ésta se manifiesta a través de los órganos cerebrales, aclara minuciosamente algunos conceptos y acompaña el escrito con cartas de sacerdotes adictos a su persona que no veían contradicción alguna entre la doctrina de la fe y la prédica frenológica.

El dictamen del tribunal eclesiástico, estaba muy alejado del fanatismo ultramontano de Borrajo y, en realidad, era una crítica razonada de la frenología. "Su obra -sostiene- es una amalgama de doctrinas incoherentes y opuestas, a la vez razonables y exajeradas, sanas y peligrosas, su obra, tal como está, puede causar daños". Sostiene que Cubí ha fracasado en su intento de armonizar frenología y fé.

Cubí optará por visitar al juez eclesiástico que seguía dudando de su explicación sobre el libre albedrío. La entrevista será cordial y el juez se declaró satisfecho; la causa fué sobreseida. Pero la advertencia ha sido suficiente para Cubí: a partir de ahora moderará extraordinariamente sus postulados; pero no habrá nada en el mundo capaz de apartarlo de la frenología y de otra rama del saber con quien la ha casado: el mesmerismo.

LOS SONAMBULOS DE CUBI

Erasmo Capdevila, el alquimista carbonario, introdujo a Cubí en otra seudo-ciencia que ha pasado a la historia con el nombre de "magnetismo animal". En Baltimore ya había presenciado magnetizaciones y en 1844 tradujo, junto al frenologo Magin Pers, el "Manual práctico de Magnetismo animal" del médico homeópata francés, Alfonso Teste.

La originalidad de Cubí estriva en ligar magnetismo y frenología en un todo orgánico. La frenología permitía saber donde estaban ubicadas las facultades de la personalidad, pero ¿de dónde procedía la energía vital que la animaba? La respuesta la había dado Franz Anton Mesmer, médico y ocultista alemán, miembro de la "Frater Lucis", grupo seudo-rosacruciano fundado en Viena en 1780; franc-masón, fundó luego el Rito de Armonía Universal y, al igual que Cubí, permaneció siempre en el terreno fronterizo entre ciencia y superstición.

Mesmer, en el curso de su periplo por organizaciones seudo-rosarucianas había estudiado la obra de Paracelso y la teoría del "archeos" o principio vital que los individuos recibirían de los astros. Mesmer recupera esta teoría y la amplía: afirma que el universo está cruzado por una fuerza invisible y solo perceptible por el alma, a la que llamará magnetismo. El grado de salud o enfermedad depende del equilibrio o déficit de ese magnetismo. El magnetismo se podía reforzar mediante imanes. Gracias a los toques mágicos y a los imanes era posible magnetizar cualquier cosa, incluso espejos en los que bastabá mirarse para reequilibrar el déficit de fluido vital.

Hoy es frecuente encontrar en el ámbito de la "New Age" a grupos y personas que defienden todavía el magnetismo y la imanterapia, algo de cuya utilidad dudó su descrubridor, Mesmer, hace doscientos años. Al haber tratado a un sinnúmero de pacientes, observó que no era el imán sino el magnetizador el que curaba y estableció que el fluido vital se transmite solo en los seres vivos y a través de estos; llamará a su doctrina "magnetismo animal".

Establecerá su consultorio en la Plaza Vendôme de París a donde  acudirá un público selecto. La terapia era comunitaria; Mesmer daba los "pases mágios" y los pacientes se tocaban con las yemas de los dedos  -en un ritual que prefigura el espiritismo- dentro de unas "cubas terapéuticas" en las que distribuía botellas de agua magnetizada. Pocos minutos después los pacientes empezaban a sufrir "crisis", histeria y agitación colectiva. Muchos pacientes sanaban tras estas "crisis". Mesmer descubrió el poder liberador de las descargas emocionales, para restablecer la normalidad. El resto era efecto placebo.

Un ayudante de Mesmer, en cierta ocasión, tras dar los pases a un paciente, vio como este quedaba completamente dormido; no pudo despertarlo. Sorprendido vio como se levantaba y, con los ojos cerrados, sorteaba los obstáculos de la habitación. Interrogado, sus respuestas eran coherentes. El conde de Puysegur, acaba de descubrir la hipnosis.

Algunos mesmeristas pensaban que los sonámbulos hipnotizados podían adentrarse en el futuro, diagnosticar enfermedades, encontrar objetos perdidos y percibir sensaciones a distancia. Cubí figurará entre los mesmeristas más radicales y hacia 1844 ilustrará sus cursos frenológicos con prácticas de "magnetismo animal". Opinaba que el "fluido vital" se generaba en el sistema nervioso y era distribuido por los ojos, las yemas de los dedos y la hipófisis. Cubí y su amigo Pers, disponían de sonámbulos particulares que magnetizaban a varias leguas de distancia y otros a los que podían hipnotizar con extrema facilidad. Una de ellas desaconsejó a Cubí que fuera a ver a la viuda Xifré. Afortunadamente Cubí desoyó la predicción.

LA CABEZA DE NAPOLEON III Y LA SEÑORA XIFRE

En 1857, a diez años de vérselas ante el tribunal eclesiástico, Cubí, visitó a la esposa de Josep Xifré en Biarritz. Xifré, uno de los hombres más ricos de su tiempo, estuvo estrechamente vinculado a ambientes masónicos y martinistas, hasta el punto de que, al regresar a Barcelona, edificó la "Casa Xifré", -que hoy alberga el popular restaurante "Las Siete Puertas"- adornándola con motivos esotéricos y herméticos.

En la mente Julia Downing, viuda de Xifré -a quién Cubi cita en su diario con las letras invertidas, Erfix- han ido fraguando dos ideas, una casar a Cubí, soltero impenitente, con una amiga suya, y la otra, presentarlo a Napoleón III, de cuya mujer, Eugenia de Montijo, es amiga íntima. Cubí se planta en Biarritz, pero la viuda Xifré fracasa en su empeño de casarlo. Cubí decía de sí mismo que tenía poco desarrollado el órgano cerebral que corresponde al matrimonio, y se contentaba con tener acreditada fama de buen cliente en los mejores burdeles de Barcelona. Más interés tenía conocer a Napoleón III de quien esperaba apoyo para popularizar la frenología en Francia.

En febrero de 1858, será llamado a Palacio. Napoleón III conocía la frenología, pero no tenía de ella muy buena opinión. Las explicaciones de Cubí le convencieron y el Emperador propuso traducir e imprimir a su cargo, el libro de Cubí "La frenología y sus glorias". El Emperador permitió que el frenólogo le reconociera el cráneo, tanto a él como a su esposa.

HIDROTERAPIA E HIGIENISMO

A medida que Cubí envejecía, aumentaba su obsesión por la salud. Ahora que empezaba a tener los primeros achaques de la edad, el higienismo y la hidroterapia pasaron a ser sus normas de vida. Cubí era un apasionado de los balnearios y de las fuentes termales. Atribuía a las fuentes de su pueblo natal cualidades curativas casi milagrosas. Se convertirá en adicto a las aguas sulfurosas y su receta magistral consistirá en la ingesta de cuatro vasos seguidos de abluciones.

En la Barcelona del último tercio del siglo XIX existía un mundo cultural alternativo en el que la frenología y el mesmerismo se daban la mano con la hidroterapia, el higienismo y el vegetarianismo y estos, a su vez, con las doctrinas sociales más avanzadas y la filosofía positivista en unos casos y el ocultismo en otros. Tal era el ambiente "alternativo" de la época, muy similar al actual, en donde, los cursillos de fin de semana, los retiros, la venta de libros y de "gadgets" constituían un negocio lucrativo que, por lo demás, permitía vivir de acuerdo con los propios principios.

ULTIMOS AÑOS

La frenología murió con el siglo. Poco a poco había sido objeto de más y más burlas y sus filas se habían visto repletas -como hoy el movimiento "New Age"- de estafadores y desaprensivos. Cubí, Gall, Spurzheim y los demás frenólogos prominentes no supieron dotar a su sistema de una base científica -acaso porque no existía- y se contentaron con observaciones empíricas. La psicología y la investigación neurológica posterior, acabaron con ellos. La frenología desapareció, mientras que su prima-hermana, la fisiognomía, conseguió perpetuarse, sino como ciencia, si al menos como creencia de rango similar a la quirología. Triste destino para un campo que tuvo pretensiones científicas. Cubí formó 1.700 frenólogos profesionales. Pero la sociedad cambiaba y sus fuerzas empezaban a flaquear.

El domingo 5 de diciembre de 1875, a las cinco en punto de la tarde, una apoplejía se llevó a Mariano Cubí. La frenología había perdido a la última de sus glorias. Nunca más experimentaría un revival. Hubo que esperar setenta y cinco años para que se le alzase un busto en la ciudad que le vió nacer; el acto estuvo presidido por el Alcalde y Jefe Local del Movimiento de Malgrat...

© Ernest Milà – infokrisis – inforksisi@yahoo.es – htpp://infokrisis.blogia.com


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