Reflexiones sobre la crisis de la idea de España (I)

Publicado: Lunes, 19 de Mayo de 2008 17:28 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES

Infokrisis.- Los problemas internos del PP han resucitado la sensación de que el PP quiere relativizar su patriotismo y dejar de enfatizar la “unidad nacional” abriéndose a los nacionalismos. Así pues, está claro, la “unidad nacional” peligra y ha llegado el momento de abandonar cualquier otro tema de agitación para concentrarse en la defensa de “España”. Pero ¿realmente es así? ¿O se trata más bien de un error en la evaluación de la situación?

 

1. Tranquilizarse, que la “unidad de España” no corre más peligro del que ha corrido hasta ahora

Efectivamente, parece que María San Gil alberga las mayores dudas sobre la futura línea política del PP que saldrá aprobada en el próximo congreso. Eso se la hecho perder toda la confianza en Rajoy. Está en su derecho, pero lo que ha ocurrido ahora no es algo que no haya ocurrido antes en el PP.

Baste recordar que cuando Aznar venció las elecciones de 1996, mientras los alegres muchachos de las Nuevas Generaciones coreaban aquella consigna de “Pujol enano, habla en castellano”, Aznar, sonriente en la tribuna de Génova los miraba y pensaba ya en cómo pactar con esos mismos nacionalistas denostados por las bases. Y lo hizo.

En aquella legislatura, Aznar se atrevió a decir la cursilada increíble de que “en familia hablaba catalán” sólo para agradar a los nacionalistas y aún hizo más: accedió a desplazar de la dirección del PP catalán a Aleix Vidal-Quadras a petición de Pujol. En efecto, con Vidal-Quadras en la dirección del PP se corría el riesgo de que creciera demasiado y fuera lamiendo, elección tras elección, al electorado del cinturón industrial de Barcelona defraudado por la política de catalanización llevada a cabo por CiU y decepcionada por la política aun más catalanista del PSC y la todavía más de IU.

Accediendo a las exigencias de Pujol, Aznar pudo mantenerse durante cuatro años en el poder y obtener luego una mayoría absoluta que le permitió desembarazarse de tan molesta compañía.

Así pues, si Rajoy opta como línea política por pactar con nacionalistas no habrá hecho nada que no hubiera hecho antes Aznar, ni nada que Fraga –el inefable “padre de la constitución”- no hubiera previsto antes. Porque, en efecto, la constitución pactada en 1978, estaba diseñada de tal manera que los dos partidos mayoritarios bendecidos por la Ley d’Hont deberían necesariamente recurrir al concurso de los partidos nacionalistas periféricos para poder gobernar en caso de que no tuvieran mayoría absoluta.

¿Qué novedad hay pues en la nueva situación creada en el interior del PP? Absolutamente ninguna. Es la vieja historia de siempre. Centro-derecha y centro-izquierda están OBLIGADOS a contar siempre con los nacionalistas periféricos si quieren gobernar de manera estable cuando no tiene mayoría absoluta.

2. El “debate ideológico” en la derecha

Ni Rajoy renuncia a la defensa de la unidad de España, como no lo hizo ayer Aznar y como no entraba en las previsiones de Manuel Fraga en 1978. A un partido como el PP lo que realmente le interesa por encima de cualquier otra cosa es el ejercicio del poder. ¿O es que vamos a pensar que los miles de concejales y cargos electos del PP están ahí por una “convicción doctrinal” y para “servir al pueblo”? Están ocupando cargos públicos como los de cualquier otro partido mayoritario, sabedores de que los buenos negocios se realizan a la sombra del poder. Nada más.

Resulta absolutamente grotesco que Esperanza Aguirre aludiera a que su interés era suscitar un “debate ideológico” en el seno del PP… ¿Debate ideológico? ¿de qué? En el PP no existen corrientes ideológicas –como tampoco en el PSOE- lo que existen son familias de intereses. Estas familias, a efectos de encontrar justificantes presentables para dar carta de naturaleza a su existencia, aluden a “ideologías”. Mala cosa sería si aludieran sólo a “Yo estoy con Espe por que con ella trinco y, en cambio, no soy del círculo de amigos de Gallardín…”. En lugar de eso, parece más “elegante” plantearlo como una lucha de “liberales” contra “centristas”...

En los partidos democráticos españoles el debate ideológico no interesa a nadie. Lo único que interesa es que los ponentes de línea política en cada congreso sean capaces de establecer un programa capaz de hacerles tocar poder. Nada más. Unas veces aciertan y otras se equivocan, pero se trata solamente de eso: de establecer unas líneas que atraigan al mayor número de votantes. ¿Y la ideología? Bien gracias… en el baúl de los recuerdos de otro tiempo.

La diferencia entre la anterior etapa de Rajoy (2004-2008) y la actual es muy simple: en este cuatrienio, Rajoy siguió exactamente las indicaciones llegadas desde grupos mediáticos que marcaban la línea de su partido. Creyó que insistiendo en la participación de ETA el 11-M durante dos años, creyó que movilizándose un fin de semana sí y otro también contra la política antiterrorista del gobierno y que centrándose en los destrozos ocasionados por la ausencia total de convicciones de ZP en materia de vertebración del Estado, iba a llegar al poder. No ha sido así. Todo esto no fue suficiente como para olvidar la pesada herencia del aznarismo (ver artículo en Infokrisis: “Aznar y su puta guerra de Irak”).

Con todos estos temas a la espalda, Rajoy llegó con el pie cambiado al 9-M. En ese momento, ya nada de todo esto interesaba. ZP había dejado atrás todas sus “cagadas” políticas –repetimos conscientemente lo zafio de esta expresión: “cagadas políticas” porque llamar “ingeniería social” a todos los proyectos que ZP puso en marcha en sus dos primeros años de legislatura es demasiado cursi para almas nietzscheanas como la nuestra- y bastó un muerto socialista cuatro días antes de las  elecciones para que el electorado olvidase que durante casi tres años, la política antiterrorista de ZP fue un auténtico desastre nacional. Bastó que en el último año, los anuncios estatales de TV fueran firmados por “Gobierno de España” para que el destrozo organizado por ZP en materia de vertebración del Estado, quedara olvidado para el electorado y relegado a un oscuro recuerdo muy secundario.

Cuando llega el 9-M, el PP no ha previsto que ZP se presentaría con otro programa electoral que sería la negación de todo lo que había hecho hasta entonces y que el gran problema de la campaña sería la situación económica… para la que el PP no estaba en condiciones de insistir mucho en la medida en que hasta ese momento ¡el PP había elogiado reiteradamente la política Solbes como “continuista” en relación a la practicada durante ocho años por el PP!

El PSOE no lo pudo hacer peor, pero lo realmente sorprendente es que en esas condiciones, en ningún momento de la legislatura, ni siquiera en los momentos más duros del debate sobre el “estatut de Catalunya” y del atentado a la T4, el PP pudiera adelantar en intención de voto al PSOE. El PSOE lo hizo mal. Pero el PP no pudo hacer peor su tarea de oposición.

Para un partido como el PP, en el que la ideología es una mera coreografía a efectos de aproximarse al poder, y en donde no hay gran cosa de profundo, el único problema lo acaba de plantear Gallardón en ABC: el PP perdió porque no se supo presentar como un partido centrista. Y tiene toda la razón. El centro es la ambigüedad: gana quien es lo suficientemente ambiguo para que todos quieran ver en una sigla aquello a lo que aspiran.

En el momento en el que el PP recupere el “centro político” y credibilidad como partido centrista, volverá al poder. Así pues, el debate ideológico en la derecha –como en la izquierda- no es más que una discusión sobre lo que puede dar más o menos votos. Nada más.

3. El PP y los nacionalismos periféricos

Aznar pactó con el PNV y con CiU. Negoció con ellos los presupuestos de 1997-1999. Y el PP lo volverá a hacer todas las veces que haga falta. Esto no gusta especialmente a los militantes del PP que viven en las autonomías más conflictivas, especialmente en Catalunya y Euskalherria. Especialmente a los que más se han comprometido en sus opiniones políticas antinacionalistas o bien que han sido puestos en el índice por los nacionalistas, como le ocurrió a Vidal-Quadras.

En nacionalismo catalán y vasco no van a pactar con nadie que les impida proseguir el proceso de “construcción nacional” que han iniciado desde hace treinta años. El nacionalismo no es algo radicalmente diferente al resto de los partidos mayoritarios. De hecho, algunos solemos aludir a la “banda de los cuatro”: dos partidos nacionalistas y dos partidos estatalistas.

Salvo algunos fanáticos del PNV que estarían dispuestos a una Euskalherria deshecha pero independiente, la inmensa mayoría de nacionalistas son pragmáticos: les importa mucho más trincar que enzarzarse en “construcciones nacionales” que son apenas una simple excusa para el saqueo de los fondos públicos. Hoy mismo, en Catalunya se sigue subvencionando la edición de libros en catalán… ¿todos? No, solamente los libros editados por los amigos del poder, no por cualquiera. Ser nacionalista no es más que una forma de velar por los propios intereses individuales poniendo la idea de “construcción nacional” al servicio del propio bolsillo.

Los partidos nacionalistas intentan proseguir una política de “construcción nacional”, no tanto por fidelidad a sus raíces ideológicas como por pensar que en un marco “nacional” creado ad hoc, pueden crecer más y mejor.

Seríamos ingenuos si pensáramos que los partidos nacionalistas son diferentes a los dos partidos estatalistas: la misma es la naturaleza de su clase dirigente, los mismos son sus intereses, la misma es su mentalidad pequeño-burguesa consistente en reducir la política a un mecanismo para obtener mayores beneficios con el mínimo esfuerzo, etc.

Las luchas entre los distintos partidos de la “banda de los cuatro” no son en absoluto por convicciones políticas sino por intereses personales. Quien gana lo obtiene todo ¿o acaso sabéis de algún político que haya tenido que trabajar después de abandonar el cargo?

4. ¿Estamos asistiendo a la desintegración de España?

Desde las elecciones no hemos vuelto a ver los anuncios signados como “Gobierno de España”. Y ahora sólo faltaba que el PP abandonara la “trinchera patriótica” justo en los momentos en los que CDC intenta “refundar el nacionalismo catalán” convirtiéndolo en independentismo atenuado puro y simple e Ibarreche se apresta a convocar elecciones anticipadas si fracasa su plan soberanista. Todo esto son malas señales para el patriotismo español que percibe estos movimientos como un nuevo impulso centrífugo.

Y, efectivamente, es un impulso centrífugo… atenuado. Todos los planetas giran en torno al sol con un movimiento centrífugo… que es atenuado por la atracción gravitacional del sol. La mayoría de nacionalistas periféricos cultivan las declaraciones de independentismo altisonante como tributos de cara a su electorado. Su cálculo consiste en alcanzar techos autonómicos suficientemente avanzados como para depender lo menos posible del Estado –controlando, lo más importante, los recursos económicos de la autonomía- pero sin llegar a escindirse completamente en cuyo caso deberían asumir costes adicionales (en defensa y exteriores, fundamentalmente) que reportarían más gastos que beneficios.

Si realmente algún partido político tuviera intención de llevar al límite sus reivindicaciones nacionalistas extremas (la independencia), ya lo habría hecho. Pero falla el marco jurídico europeo. La UE es una “unión de Estados nacionales”, no de regiones libres y autónomas y difícilmente los países de la UE darían el visto bueno a secesiones en uno de sus países miembros para que el proceso se repitiera luego en el interior de cada uno de ellos.

La “unidad de España” no está en peligro, porque nadie está interesado en asumir unos costes tan excesivamente altos como los que implicaría las secesiones autonómicas en cadena que se producirían. Hay muy poca gente tan estúpida como Carod-Rovira, perfectamente conscientes de que un proceso secesionista, literalmente, hundiría económicamente a Catalunya… y aún así, anteponer su fanatismo independentista propio de conversos al bienestar de los catalanes: entre una Catalunya rota y una Catalunya vinculada al Estado Español, Carod prefiere lo primero sin inmutarse... Hay en ello algo enfermizo. El independentismo catalán y vasco es propio de adolescentes o de neuróticos afectados por un complejo de culpabilidad personal (por cualquier motivo) que les lleva a redimirse considerando que siempre hay alguien “más culpable” que ellos: España. El independentismo no es un fenómeno político, sino psiquiátrico. No evidencia una voluntad de “construcción nacional”, sino un déficit de conocimientos políticos y de cultura general. El verdadero problema es otro.

Hoy no es la “unidad de España” lo que está en peligro. El verdadero peligro es la unidad del régimen surgido de la Constitución de 1978. Y no es lo mismo.

La crisis es la de la Constitución de 1978 que en su misma redacción encerraba los mecanismos de su propia disolución y de su crisis. En el momento en que una ley fundamental crea un marco jurídico en el que lo importante no es ser representativo de las distintas corrientes de opinión, sino garantizar que permanentemente el poder va a seguir en las manos de la “banda de los cuatro”, y en lugar de garantizar mecanismos de honestidad y transparencia política, de lo que se preocupa es de un sistema de pesos y contrapesos, de equilibrios tendentes a crear un marco mucho más PLUTOCRATICO y PARTITOCRATICO que democrático, es evidente que un sistema así concebido, antes o después entrará en crisis por que las ambiciones de los gestores de la periferia sentirán que pueden obtener más beneficios aumentando la burocracia autonómica y reduciendo al mínimo imprescindible la burocracia estatal.

¿Es posible que la crisis de la Constitución haya arrastrado la crisis de la idea de España? No, ambas son dos crisis de naturaleza diferente. Un Nación es anterior y superior a su marco jurídico que es, por definición, temporal y modificable. La crisis del Estado de las Autonomías y, por tanto, de la Constitución, va por un lado, pero la crisis de la idea de España discurre en otro plano y es anterior a la propia Constitución.

5. Pero ¿está en crisis la idea de España?

Claro que está en crisis. ¿Cómo no iba a estarlo? La crisis de la idea de España es una crisis de inadecuación al tiempo nuevo. El nacionalismo español actual es idéntico al que se respiraba tras el desastre del 98… ¡pero la sociedad ya no es la misma! Desde el 1898 el nacionalismo español no ha sido reactualizado. Salvo la “generación del 98” nadie ha vuelto a reflexionar sobre

         - el papel de España en la modernidad

         - la identidad española

         - sobre la historia de España

         - sobre el modelo de Estado

El nacionalismo español hace gala cada vez más de una profunda inadecuación al tiempo nuevo, un tiempo que no dará marcha atrás, sino que cada vez más se alejará de la situación de 1898 y del primer tercio del siglo XX. En esas condiciones ¿qué atractivo tiene la idea de España para las nuevas generaciones?

Hay que reconocer que en los años 70 existieron algunas reflexiones bienintencionadas sobre la vertebración de España en el futuro. De estas reflexiones surgió la idea del “Estado de las Autonomías” que no debía ser inevitablemente negativa. Pero tras 20 años de Estado de las Autonomías hemos visto como éste se saldaba con un fracaso absoluto. El Estado de las Autonomías nunca ha sido una realidad estable: siempre se ha visto sometido a tensiones crecientes (generadas por los intereses de las clases políticas autonómicas y por su rapacidad sin límite ni mesura) y hoy puede considerarse como un fracaso histórico sin precedentes.

Pero el reconocimiento de este fracaso no implica volver a unos modelos anteriores completamente superados e inadecuados en el siglo XXI. Hoy sabemos que muchos conceptos sobre el origen étnico y cultural de España que han dominado en el siglo XX son completamente falsos. Hoy los avances de las ciencias humanas, del análisis genético de las poblaciones, de la historia, nos permiten establecer un marco mucho más preciso sobre la Identidad Española que el que podíamos tener hace 15 ó 20 años. Hoy, más que nunca, es posible iniciar sobre la base de elementos nuevos, una revisión de la historia de España, de nuestro origen y de nuestras necesidades de la sociedad española que nos servirá para establecer un nuevo marco del patriotismo español en el siglo XXI, insertado en otras realidades imprescindibles: la realidad europea, especialmente.

© Ernesto Milà – Infokrisis infokrisis@yahoo.es -  http://infokrisis.blogia.com

 

 

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