Documentales: filmación sobre los incidentes de Valle Giulia el 1 de marzo de 1968 - El asalto del MSI a la facultad de Filosofía-

Infokrisis.- Cuando esta serie de artículos sobre mayo del 68 se aproxima a su final, hemos decido darle un título genérico: Mayo 68 no fue como nos lo contaron. En esta serie hemos publicado algunas informaciones que nunca antes se habían publicado en lengua castellana. Ahora vamos a seguir en las dos próximas entregas refiriéndonos al movimientos estudiantil en Italia y esto por dos motivos: porque también ahí hay muchas informaciones que han pasado desapercibidas o que se han ocultado y porque, en cierto sentido, el movimiento estudiantil italiano fue mucho más interesante que el francés, en la medida en que estuvieron ausentes algunos de los elementos más problemáticos (en Italia no existieron trotskystas, la participación del neofascismo en la primera fase de la revuelta estudiantil fue muy importante e intensa, se produjeron pactos de no agresión entre maoistas y neofascistas y, finalmente, los documentos que surgieron tenían ausente la vena histriónica que aparece en mayo del 68 en París y que convirtió a la revuelta en un a pasarela de eslóganes más o menos ocurrentes ("imaginación al poder", "prohibido prohibir" y demás).

 

 

1. Una universidad controlada por la extrema-derecha

Hasta el curso 1965-66 los grupos de extrema-derecha habían dominado en las universidades italianas. El 25 de abril de 1964 estudiantes de Avanguardia Nazionale habían atacado a estudiantes de izquierda cuando estos conmemoraban el nacimiento de la República italiana. Esa misma noche asaltan la Casa del Estudiante en busca de tres líderes de izquierda que se han destacado en su odio hacia el fascismo. Logran herir a dos. Los jóvenes de extrema-derecha realizan estos asaltos cantando “All’armi”, una vieja canción fascista italiana que generaba en la izquierda un reflejo pauloviano de pánico. En esta ocasión añaden otro estribillo: “El 25 de abril una puta ha nacido y le han dado el nombre de República Italiana”. La idea de que la república había sido instalada por los vencedores de la guerra y por los italianos que llegaron en los furgones de los vencedores era compartida por muchos que ni siquiera militaban en el MSI o en las formaciones de la extrema-derecha activista. Ese año el grupo universitario Caravella obtiene la mayoría absoluta en las elecciones universitarias.

Pero el año siguiente todo esto va a cambiar. Varios factores contribuirán a este cambio.

La extrema-derecha estudiantil es desviada de su trabajo político en las aulas por Giorgio Almirante quien plantea una ofensiva contra la dirección “moderada del MSI", disputando la presidencia a Arturo Michelini en el congreso de Pescara. Almirante es apoyado por los radicales… pero pacta a espaldas de todos: Michelini conservará la secretaría general del partido y Almirante la presidencia del grupo parlamentario. La decepción entre las bases es general y repercute entre las bases estudiantiles cada vez más alejadas de la dirección del partido.

En ese momento se produce la primera gran fisura entre los jóvenes del MSI (especialmente los jóvenes estudiantes) y la dirección. Esta fisura tendrá una excepcional importancia en los sucesos que tendrán lugar tres años después en la facultad de Arquitectura de Valle Giulia.

Ese año, 1965, se produce el episodio de la colocación de los carteles stalinistas en el marco de la Operación CHAOS. En esos mismos momentos, la prensa de derechas –Il Tempo e Il Messaggero- hablan por primera vez de los “capelloni”, los melenudos que han aparecido en número cada vez mayor por piazza Spagna. Son los primeros hippies. Algo está cambiando en Italia.

En el curso de unos nuevos incidentes, el 27 de abril de 1966, un estudiante de izquierdas, Paolo Rossi ha caído por las escaleras y ha muerto. Los incidentes han sido desencadenados por un extraño grupo dirigido por Randolfo Pacciardi, la Union Democrática por la Nueva República, autotitulado como “partido gaullista italiano”. En efecto, su programa se reduce a dos puntos: anticomunismo y república presidencialista. Su presidente, Pacciardi no procede del fascismo, sino del antifascismo. Ha luchado en España en la Brigada Garibaldi y conoció la cárcel durante el régimen de Mussolini. En 1940 se establece en EEUU dirigiendo la Manzini Society, grupo de carácter masónico y republicano. Es de los que llegan en los furgones de los vencedores. De 1948 a 1953 fue ministro de defensa y uno de los grandes partidarios del ingreso de Italia en la OTAN. Se había vuelto un antiizquierdista integral que en 1960 rechaza que el Partido Republicano forme parte del primer gobierno de centro-izquierda junto a los socialistas. En el 63 es expulsado del partido y funda la UDNR. Sus ideas gaullistas y presidencialistas permiten acusarlo de “golpista”… especialmente porque parece que existió alguna vinculación entre Pacciardi y el Plan Solo, proyecto de golpe de Estado promovido por el general Giovanni De Lorenzo. Era la respuesta militar al centro-izquierda formado por Amintore Fanfani. Se le dio el nombre de Plan Solo, porque “sólo” los carabinieri hubieran debido movilizarse deteniendo a los políticos de izquierdas. Es posible que existieran apoyos de la inteligencia norteamericana que pusiera la red Gladio a disposición, y, sin duda de la masonería italiana. El golpe debía haberse producido en junio de 1964. Durante al celebración de la parada militar del 2 de junio que registró una anómala concentración de tropas en Roma que, al acabar la parada no regresaron a sus acuartelamientos habituales. Al parecer, el plan fue descubierto gracias a elementos de izquierdas que se beneficiaban de informaciones recibidas del KGB que permanecía vigilante sobre los intentos de desestabilización de Italia. El plan fracasó y solamente salió a la luz pública unos años después. De Lorenzo terminó siendo elegido en 1968 diputado del MSI. Pacciardi era uno de los más fervorosos puntales civiles de este golpe.

En la universidad romana, los estudiantes adictos a Pacciardi habían constituido la asociación “Primula Goliardica” que, a falta de dirigentes, fue infiltrada por la extrema derecha hasta convertirse en una de sus siglas más habituales que frecuentemente haría causa común con Caravella y con el FUAN (Frente Universitario de Acción Nacional) vinculado al MSI.

Es precisamente el grupo Primula Goliardica el responsable de los incidentes del 27 de abril de 1966 que causan la muerte de estudiante Paolo Rossi al caer por unas escaleras. Los incidentes durarán hasta principios de mayo. El 2 de mayo los escuadristas del MSI (llamados los “Gorilas de Caradonna”, nombre del jefe del servicio de orden del partido) asaltan la facultad de derecho. Y en este punto ya se percibe que las tornas han cambiado. La extrema-derecha ha dejado de ser la fuerza hegemónica en las universidades romanas y ha aparecido un movimiento estudiantil que, por sí mismo, se enfrente a los 200 activistas movilizados por Caradonna.

Lo que sucederá en los dos años siguientes es extraordinario: muestra la facilidad con la que una generación asume la contestación (incluidos los sectores más activos de la extrema derecha) y luego es ganada por el marxismo.

2. Italia y su complejidad política

Francia ha pasado por ser la cuna del movimiento estudiantil gracias al impacto de las jornadas de mayo, pero fue en Italia en donde las consecuencias fueron más prolongadas e incluso los episodios más duros. Fuera de las barricadas de la calle Gay Lussac en la noche del 10 al 11 de mayo, los incidentes violentos de aquellas jornadas se redujeron a unos cuantos enfrentamientos con la policía y poco más. Habitualmente, la mayor parte de filmaciones sobre episodios de violencia pertenecen a la noche del 10 al 11 de mayo. En Italia los episodios de violencia fueron anteriores a mayo del 68, mucho más violentas y prolongaron sus efectos hasta los primeros años 80. No solamente, el llamado “movimiento del 77” recuperó algunos temas que fueron propios de la primera contestación estudiantil, sino que las Brigadas Rojas prolongaron su vida hasta principios de los años 80, siendo durante mucho tiempo, la guerrila urbana que disputo a ETA el dudoso honor de tener más capacidad para la violencia. Y todo esto es comprensible.

A mediados de los años 60 la Universidad italiana era mucho más arcaica y atrasada que la francesa. Si hasta 1965 los neofascistas tuvieron la mayoría absoluta en la universidad fue precisamente porque realizaban un trabajo sobre todo corporativo que tenía poco que ver con las organizaciones juveniles del MSI. Además, los estudios eran más prolongados en Italia que en Francia. En Italia era frecuente que los estudiantes siguieran a los 30 años en las aulas, mientras que en Francia la media se situaba en torno a los 25. Si en Francia las cátedras estaban en manos de profesores que habían perdido el hilo de la modernidad y los contenidos de las materias que enseñaban iban retrasadas respecto a las innovaciones científicas de su tiempo, en Italia este problema estaba centuplicado. Las cátedras vitalicias estaban frecuentemente en manos de docentes cuyo único mérito era estar próximos al poder político o haberla merecido como recompensa por servicios prestados anteriormente. Habían perdido –si es que alguna vez lo tuvieron- el contacto con la realidad. La educación estaba en manos de Luigi Gui que permaneció seis años en el cargo –entre 1962 y 1968- sin haber abordaro las necesarias reformas. Gui era el típico político sin capacidad de gestión, pero con amistades en las “altas esferas” del centro-izquierda que le valieron permanecer casi sin interrupción en distintos ministerios hasta 1976. Cuando era Ministro del Interior le estalló entre las manos el “escándalo Lockheed” por corrupción y sobornos de esta multinacional norteamericana.

Finalmente, en 1967 se llegó a un intento de acuerdo en el que el ministerio propuso la creación de un título (“laurea”) al cabo de cinco o seis años de estudio, y la creación de un diploma universitario para carreras de tres años. Se mantuvo el sistema de cátedras vitalicias sin embargo los profesores vieron reducidos algunos de sus privilegios. La reforma –una reforma tímida- no satisfizo las expectativas de los estudiantes que iniciaron las ocupaciones de los centros docentes y elaboraron documentos alternativos. La agitación estudiantil, por motivos corporativos, estalla en ese curso en la Universidad Católica de Milán, luego, en noviembre de 1967, se producen los primeros incidentes en Turín. Se forman Comités de Acción propuestos por las organizaciones de izquierda y extrema izquierda. Pero en algunas facultades los neofascistas tienen buena implantación y participan de las protestas.

3. Neo-fascistas en Valle Giulia, con los contestatarios

El 2 de febrero de 1968 los estudiantes ocupan las facultades de Letras, Arquitectura y Estadística de Roma. En ese momento los dirigentes del Grupo Universitario FUAN Caravella se habían desplazado a Sicilia para ayudar a las víctimas del terremoto que había azotado a la región de Belice. Cuando la noticia de la ocupación de la facultad llega a los voluntarios desplazados a Sicilia, un solo miembro de Caravella propone regresar y “liberar la facultad de los rojos”. Sin embargo, el sector mayoritario se oponen a esta tesis. Entre estos se encuentran Adriano Tilgher, Franco Vitrani, Marco Marchetti y Luciano. Por azares de la vida el único activista partidario de una acción anticomunista pasó luego como militante del grupo ultraizquierdista Potere Operaio antes de ser periodista de la RAI3…

Sergio Coltelacci, secretario de Caravella se desplazó a Palermo para valorar la situación y se decidió regresar a Roma después de haber resuelto el problema de las víctimas del terremoto. Los 50 militantes desplazados a Sicilia no regresaron antes de cumplir los trabajos de desescombro que les habían sido asignados. En Roma, el retorno era deseado sobre todo por la autoridad académica que tenía la esperanza de que los neofascistas desalojaran la facultad en cuando vieran alguna bandera roja o algún grito antifascista. Pero entonces vino la sorpresa…

Los estudiantes neofascistas no solamente no desalojaron a los ocupantes, sino que se pusieron de su lado. Participaron en las asambleas, aseguraron la defensa de la facultad de Valle Giulia y de aquellas jornadas salió el documento que contestaba a la reforma universitaria y que se tituló La crisis de la Universidad es la crisis del sistema.

Estos jóvenes habían sido el resultado de la decepción de la juventud misina después del congreso de Pescara. La ocupación de Valle Giulia cristalizó la protesta de aquellos jóvenes decepcionados con la que hasta Pescara había sido su dirección “histórica”. Durante unos años estuvieron divididos en distintas organizaciones (la Constituente Nazionale de Giacomo de Sario, Corrispondenze Repubblicane di Ernesto Roli, Iniciativa di Base de los hermanos Strippoli, Europa Civilta de Loris Facchinetti) pero todos sin excepción apoyaron la participación de Caravella en la ocupación de Arquitectura en la que participaron dirigentes neofascistas muy conocidos en la época: Delle Chiaie, Mario Merlino, Guido Paglia, los hermanos Di Luia, Sergio Coltelacci ,etc.

Cuando el rector Agostino D’Avack convocó al secretario de Caravella para expresarle su sorpresa por la actuación de sus militantes y amenazando con la intervención de la policía la respuesta fue rotunda: “Este vez las castañas del fuego la sacan ustedes solos. No vamos a ser la guardia blanca del régimen”. D’Avanck esperaba evitar que la policía entrara en el recinto universitario y que fueron los estudiantes anticomunistas quienes realizaban la expulsión de los ocupantes.

En los días siguientes, a partir del 24 de febrero de 1968, el propio rector D’Avack permitió que durante tres días los estudiantes elaboraran una contrapropuesta a la ley de reforma universitaria del ministro Gui, en la facultad de Economía. Caravella participó en primera línea y logró que todas sus mociones fueran aprobadas por la mayoría de los estudiantes. En la asamblea que tuvo lugar el 26 de febrero, los estudiantes vinculados a la extrema-izquierda intentaron evitar que las propuestas de Caravella fueran asumidas por la asamblea. Pero los dirigentes de extrema-izquierda fueron finalmente expulsados por los estudiantes y Caravella declaró ocupada la facultad. Tres meses antes de la ocupación de la Sorbona y de los incidentes en Nenterre, los estudiantes de Caravella ya hacían diagnosticado que “no es posible superar la crisis de la Universidad sin antes resolver la crisis del sistema”.

Sorprendentemente, al día siguiente, la prensa no volvió a hablar de la participación de la extrema-derecha en las ocupaciones universitarias. ¿Por qué se produjo esta conspiración del silencio? Los motivos fueron varios. El primero de todos es la simplicidad de las informaciones periodísticas. Desde hacia un año se aludía constantemente en los medios a la presencia izquierdista en la universidad y se había reducido “contestación” a “izquierda”. Explicar que, a partir del congreso de Pescara, los estudiantes neo-fascistas habían entrado en ruptura con su dirección histórica era excesivamente complicado y, por otra parte, a nadie le interesaba: el centroizquierda había atribuido a los neofascistas solamente una función anticomunista. Mientras la realizaban, no había problemas, se tendía a identificar neofascismo con violencia y asunto resuelto. Los partidos “del sistema” quedaban a salvo. Pero ¿qué ocurría si se realizaba una identificación entre “neofascismo” y “contestación”? Podía ser peligroso. A fin de cuenta, el neofascismo había demostrado una increíble capacidad para la violencia y el activismo callejero, existían fuertes bases militantes neofascistas en el sur de Italia que habían rechazado entrar en el juego de los partidos y que no estaban dispuestos a malvivir políticamente como el MSI, permanentemente marginado oscilando entre un 6 y un 8% en cada elección.

El 27 de febrero de 1968 no era la extrema-izquierda, sino Caravella quien convoca manifestación en plaza de los Santos Apóstoles. La plaza está repleta y las alocuciones todas van en la línea de la “lucha contra el sistema” y rechazan asaltar las facultades ocupadas por la izquierda. Luego ocupan la facultad de Farmacia en pleno campus universitario. En esos mismos días pactan con los pro-chinos una entente para impedir a los comunistas del PCI hacerse con el control del movimiento estudiantil. En algunas facultades aparecen carteles firmados por el PCI(m-l), el grupo pro-chino, en los que puede leer: “Prohibida la entrada a los periodista de L’Unità” (órgano del PCI prosoviético), en otras aparecen pancartas con el lema “Basta con el fascismo y el antifascismo”.

En ese preciso momento se estaba aceptando el hecho de que el movimiento estudiantil no podía estar dividido en capillas ideológicas identificadas por banderas rojas a un lado y negras a otro. En aquellas jornadas, en la mente de algunos jóvenes, el odio y el rechazo contra el sistema, ocupaba un lugar mucho más amplio que las querellas entre fracciones de estudiantes.

Finalmente el 29 de febrero de 1968, el rector autorizó a la policía a entrar en la Universidad. No hubo resistencia. Hay manifestaciones estudiantiles en protesta y Caravella logra reunir a más de mil personas. Andan cantando canciones revolucionarias. Por increíble que hoy pueda parecer, no hubo ni un solo choque entre neofascistas y extrema-izquierda. Y no sólo eso: al día siguiente cuando tiene lugar una manifestación unitaria en Piazza Spagna ¡han pactado los eslóganes!. La extrema izquierda gritará “Castro, Mao, Ho-Cchi-Min”, mientras los neofascistas gritarán “Fascismo, Europa, Revolución”. Cada servicio de orden impide que se corren otras consignas y que se den gritos antifascistas o antiizquierdistas. Cuando un joven teniente de paracaidistas que luego será diputado por el MSI, Sandro Saccucci grita “Muerte a los rojos”, le hacen callar. Los miembros del PCI tampoco tendrán mucha fortuna. De los 4.000 asistentes a la manifestación, muy pocos les siguen cuando intentan dirigirla. Poco después la Federación de Jóvenes Comunistas se disolverá.

Finalmente llega la manifestación a Valle Giulia en donde la policía carga contra ellos. Habitualmente, sin servicio de orden sólido, las manifestaciones eran fácilmente disueltas. Pero en esta ocasión es diferente. Los estudiantes no huyen. Caravella dispone de un servicio de orden experimentado y dotado de un motor ideológico que exalta el valor, la aventura, la fuerza, la audacia y la prueba del enfrentamiento físico. Ahí se inicia la llamada “Batalla de Valle Giulia”.

Las fotos de la época no mienten y las filmaciones tampoco. Puede reconocerse sin dificultad a Guido Paglia, Maurizio Giorfg, a Tilgher y Della Chiaie, a Tonino Fiore, a Roberto Palloto y a tantos otros. La extremai-zquerda maoista (el trotskysmo italiano fue siempre residual y no estuvo presente en los grandes enfrentamientos del 68) reacciona de manera diversa. Son sus mujeres las que se lanzan contra la policía e incitan a los suyos a no permanecer atrás. De ahí, por cierto, surgieron amores juveniles entre los neofascistas y las maoístas…

En un posters que publicó la revista Quindice y que adornó las habitaciones de miles de jóvenes marxistas de la época, podía verse una escena de los enfrentamientos en Valle Giulia en la que la mayoría de los que atacaban a los furgones policiales eran conocidísimos militantes neofascistas.

Los jóvenes comunistas del PCI evitaron acercarse a la batalla. Desde las escalinatas, muy a lo lejos, se limitaban a gritar “Policía, fascista”. Los prochinos la emprendieron con ellos. Si la Batalla de Valle Giulia tuvo un perdedor claro, fueron los jóvenes comunistas. Su exclusión fue el producto del pacto revalidado en distintos encuentros posteriores entre maoístas y neofascistas.

El 11 de marzo, Caravella, en un clima de excitación revolucionaria ocupa la facultad de Derecho y los maoistas Filosofía y Letras. El clima entre prochinos y neofascistas se define como “distendido” y “se convive sin problemas”. La policía se sitúa en el campos a distancia. Por la tarde hay un partido de fútbol: maoistas contra neofascitas. La bandera roja y los retratos de Mao ondean en Filosofía. El fascio Vittorio en Derecho. En ambas facultades hay comisiones de estudio que perfilan documentos, dan conferencias. En una facultad se distribuye el Libro Rojo de Mao, en la otra los textos de Julius Evola. En una se sigue gritando a Castro, a Mao y a Ho-Chi-Min, en la otra suena la rotundidad del “Fascismo, Europa, Revolución”.

¿Qué ha ocurrido? Es fácil de explicarlo: los jóvenes de Caravella y tras ellos la juventud neofascista, ha decidido posponer la lucha anticomunista para situar en primer plano la lucha contra el sistema. Es evidente que las cosas no quedarían así y que esta primavera revolucionaria iba a durar poco. Uno de los protagonistas de aquellos sucesos nos explica: “Preveíamos y temíamos una reacción violenta por parte del régimen”. Esta reacción tendría lugar en la semana siguiente.

3. La tragedia de una generación

La reacción tendría lugar en los dos extremos del centro-izquierda: en el PCI por un lado y en el MSI por otro.

El PCI estaba dispuesto a recuperar la hegemonía en la universidad con sus viejos temas de posguerra: los partisanos, el antifascismo… Para el 16 de marzo convocó una manifestación nacional de apoyo a los “estudiantes”. El rector D’Avack autorizó a que la manifestación se desarrollara en el campus universitario. Era una provocación que intentaba romper la unidad de acción del movimiento estudiantil.

Casi al mismo tiempo, el MSI manifiesta también su voluntad de intervenir en la crisis desplazando a activistas para “liberar” a la universidad de Roma. El MSI no puede entender que está delante de un movimiento nuevo que considera superado el antifascismo y que tiene a los comunistas prosoviéticos como verdaderos enemigos. Por la tarde del 15 de marzo está claro que el MSI está movilizando activistas para asaltar la universidad. Esa misma tarde responsables de Caravella y de los prochinos se entrevistan y acuerdan bloquear la intromisión del PCI y del MSI en la universidad.

El 16 de marzo de 1968 ocurre la tragedia para el neofascismo estudiantil. Si desde la muerte de Paolo Rossi habían perdido la hegemonía en la universidad, seguían estando presentes en el movimiento estudiantil. Sin embargo, esa fecha marca la ruptura definitiva de los jóvenes neofascistas con la masa estudiantil. A las 7:00 de la mañana aparecen en Derecho, Césare Mantovani dirigente de los jóvenes del MSI con trescientos activistas llegados de toda Italia. El MSI ha mentido. Ha llamado a sus militantes con la excusa de “ayudar a los camarada de Caravella rodeados por los rojos”… Así pues era preciso un esfuerzo más en nombre del anticomunismo. ¡En Letras, ocupada por los maoístas, el PCI está realizando el mismo discurso en nombre del antifascismo!

Durante una hora los responsables de Caravella intentan evitar que los activistas del MSI asalten la facultad de Letras. Pero es inevitable: han ido allí con ese encargo, no con otro. Entre ellos hay búlgaros reclutados en los campos de refugiados. Mientras duran las conservaciones en la cúpula entre Mantovani y Caravella, varios de los activistas que han llegado con el primero se suman a la ocupación de la facultan: han entendido que por un día “los rojos” no son el enemigo, sino que el enemigo es “el sistema”. La idea de Mantovani es atacar Filosofia y Letras con un pequeño número de activistas, luego replegarse hacia Derecho a esperar la reacción de los izquierdistas para así poder presentar el episodio como una “agresión”.

En junio hay elecciones y la dirección del MSI espera así captar a más voto anticomunista… El episodio nos fue descrito como “suicidio político programado” del MSI en relación a la juventud. A partir de ese momento, ningún joven volverá a entrar en este partido más que por vocación anticomunista.

El plan de Mantovani tiene éxito a medias. Si bien un grupo de misinos intenta el asalto a Filosofía y luego ejerce la retirada, los comunistas se presentan como salvadores de los estudiantes ante la “salvaje agresión”. Los pactos que han posibilitado la coexistencia pacífica entre maoístas y neofascistas durante dos meses, saltan por los aires. Cuando los comunistas del PCI agreden a algunos militantes del MSI en las escaleras del rectorado, los neofascistas de Derecho no pueden evitar intervenir. La solidaridad va más allá de la evaluación política. Y nuevamente allí están los mismo hombres que días antes han rechazado a la policía: Tilgher, Della Chiaie, Aldo Stripoli, Marurizio, Mario, ect.

La contestación fue para los neofascistas un breve sueño de primavera. El sistema restableció la situación. La policía intervino para separar a las fracciones opuestas que combatían hasta primeras horas de la tarde en el campus. Un protagonista del episodio nos cuenta: “El espíritu de Valle Giulia murió allí, la contestación juvenil perdió: la mayor ocasión para una unidad generacional contra la lógica de Yalta y por la conquista de una conciencia nacional. Los partidos se volvieron los amos del terreno. Para muchos allí se sentaron las bases de lo que será la lucha armada: un largo túnel del que muchos jóvenes no saldrán”.

Vale la pena recordar el artículo de fondo del Orologio del 31 de marzo de 1968: “Finalmente la bandera roja se convirtió en dueña de la Universidad de Roma; falta solo que el agua de la fuente de Minerva se tiña también de rojo con anilina, pero los comunistas ahora pueden darse también esta satisfacción.

“Así se demuestra como, haciendo el juego del régimen contra los comunistas, se puede hacer también el juego a los mismos comunistas. El día después “Il Messaggero” podía titular victoriosamente: “sangrientos encuentros en la Universidad de Roma entre elementos extremistas de derecha y de izquierda”, los estudiantes de Caravella desesperados. “Seis meses de trabajo perdido”, este es el comentario más frecuente entre ellos. Pero esto ahora ya no importa. No importa ya que los universitarios fascistas hayan rechazado prestarse a las bajas maniobras del sistema. Este era el significado de los inscripciones en los blancos edificios del Ateneo romano: “Dresde, hiroshima, Hué: el enemigo es siempre el mismo”, “Europa para los Europeos”, “América no, Fascismo si”, estas frases indican el ideal político que nos tiene nada que compartir con nadie y tanto menos con las fortunas electorales de todos los viejos topos del régimen en función de cómodos opositores”.

En el curso siguiente del movimiento estudiantil quedaría poco (si bien en Italia la sigla “Movimiento Estudiantil” fue patentada por Francesco Capanna, un radical cuya única actividad política fue… atacar manifestaciones del MSI). El choque que produjo el asalto del MSI a la universidad hizo que muchos estudiantes de Caravalle evolucionaran en direcciones opuestas. Bruneto di Luia, Enzo Maria Dantini y alguno más constituyeron el embrión de lo que luego sería Lotta di Popolo, a partir del Movimento Studentesco di Giurisprudenza. Tilgher, Giorgi, Fiore, Della Chiaie lanzarían un año después Avanguardia Nazionale. Otros se convirtieron en caricaturas de sí mismos y dieron mucho que hablar: eran los “nazi-maoístas”. La idea de una lucha contra el sistema terminó siendo una dolorosa irrisión.

 

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es  http://infokrisis.blogia.com

 

 

 

 

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