Catalunya: ensoñación independentista y olvido de la realidad

Publicado: Miércoles, 02 de Enero de 2008 00:28 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Infokrisis.- El reciente partido amistoso entre las selecciones catalana y vasca, así como el acuerdo firmado por exponentes políticos de estas dos autonomías y de la gallega para estimular la creación selecciones nacionales, ha causado cierto revuelo. Vale la pena redimensionar este conflicto creado artificialmente y plantearse realmente si el independentismo puede llegar a ser un grave peligro o apenas es un sobresalto puntual superpuesto a los problemas reales, que no son pocos, que está sufriendo el Principat.

La marcha hacia nacionalismo

Catalunya tiene un problema. Y un problema grave. Ese problema está latente en buena parte de la clase política catalana y apenas presente en sectores de la población. La clase política catalana alberga la creencia de que solo elevar el techo autonómico constantemente “da votos” y, desde hace décadas existe una loca carrera para demostrar mediante los hechos y las palabras que se es más catalanista que cualquier otro.

Esa discusión se produce solamente entre los miembros de una clase política completamente irresponsable solamente capaz de colocar el producto “catalanismo” en su oferta electoral, sin duda para tapar sus vergüenzas que no son pocas y su moralidad más que dudosa. A decir verdad, nosotros, que estamos estos días en Catalunya, no hemos percibido en la calle esta discusión y los hechos demuestran que la “cuestión nacional” importa muy poco. Si está presente es porque los medios de comunicación se hacen eco de los delirios de la clase política catalana.

El resultado es que los porcentajes de abstención que se dan en Catalunya no tienen parangón con los que se dan en cualquier otra autonomía del Estado y que son siempre crecientes (a diferencia de otras autonomías en donde son oscilantes). Los asesores de imagen y los jefes de campaña de los partidos, se empecinan en ofrecer como única oferta el “más nacionalismo”, consiguiendo desanimar cada vez a sectores mayores de la población ajenos por completo a los intereses nacionalistas. Así pues, el ruedo político catalán, cada vez está más cerrado en sí mismo y en su pequeño mundo nacionalista.

El nacionalismo catalán está dividido en tres sectores:

- el oportunista del PSC, guiado por un acomplejado Montilla que intenta hacer olvidar su origen andaluz y su mala pronunciación catalana, siendo cada vez menos socialista y más nacionalista. Hay que decir, que Montilla solamente aspira a gestionar él y su pequeño círculo, el “pastel catalán”. Con él, una vez más, el patriotismo es el último refugio de los bribones.

- el moderado de CiU, con el tándem Durán Lleida y Artur Mas, dos caras de la misma moneda, con aspiraciones a ser ministro de un gobierno “español”, y por tanto, obligado a hacer ejercicio de prudencia y moderación, y Artur Mas, el doblemente fracasado aspirante a ocupar la Generalitat que para evitar un goteo de votos hacia el radicalismo independentista, periódicamente da rienda suelta a gesticulaciones ultracatalanistas. No nos engañemos: no existen diferencias objetivas entre este sector y el oportunista; ambos tienen una única ambición: detentar las llaves de la “caja”. Nada más.

- el radical de ERC y la calderilla independentista, diferente de los otros dos, en el sentido de que están dirigidos por una banda de fanáticos alucinados, muchos de ellos verdaderos casos patológicos, capaces de cualquier loca aventura para alcanzar la quimera independentista. Además de ERC, existe una docena larga de grupúsculos y círculos independentistas de muy escasa entidad y que no serían nada sin la cobertura de TV3 y del resto de medios que comen de la mano de la Generalitat.

El hecho fundamental es que el papel de ERC está sobredimensionado por las simetrías de la política catalana que en los últimos cinco años han hecho de este partidillo la pieza clave de la “gobernabilidad” (si es que puede llamarse gobernabilidad a lo que se ha venido produciendo en Catalunya desde que Maragall llegó al poder).

Salvo en la provincia de Girona, el papel de ERC es extremadamente tenue en Lleida, pequeño y en Tarragona y desigual en Barcelona, estando ausente en buena parte del cinturón industrial y con presencia en algunos barrios de la ciudad de Barcelona y de la “Catalunya profunda”.

Por otra parte, la situación interior de ERC es movediza. Así como Carod-Rovira es un pobre alucinado que se cree sus ensoñaciones independentistas y lo suficientemente inconsciente como para hundir a Catalunya si eso acelerara el proceso secesionista, otros jerarcas de ERC han sido troquelados sobre el mismo material averiado que la clase política de CiU o de PSC, albergan como ellos las mismas ambiciones, practican su mismo relativismo moral y su “independentismo” es solamente una excusa para satisfacer esas mismas ambiciones. El problema es que son bastante más “tontos”, si por tontería en política hemos de entender la ignorancia de los mecanismos de la política y la ausencia casi absoluta de prudencia y sentido de la realidad.

Es evidente que en el momento en el que ERC tenga el primer “pinchazo” electoral, el liderazgo de Carod Rovira será cuestionado por buena parte de la base. No es nada que no haya ocurrido antes en ERC. Durante el período en que fue liderado por Ángel Colom y Pilar Rahola, este proceso ya se repitió. Si en aquella ocasión no se produjeron apenas tensiones interiores fue porque el tándem dirigente ya había decidido abandonar el partido… cuando los bancos dejaron de financiar a ERC ante el pinchazo electoral obtenido en las municipales de 1995 y lo único que podía rentar fondos era la formación de un Grupo Mixto en el Parlament de Catalunya, cosa que Colom y la Rahola hicieron con una frialdad desaprensiva que los define.

Fuera de ERC existe la constelación de grupúsculos independentistas sin mayor interés humano ni político. Ahora bien, éste sector tiene una finalidad precisa: amedrentar a los ciudadanos desinteresados por la temática nacionalista. De ahí que sean muy raras las voces discordantes, a pesar de que la opinión pública catalana experimenta un vértigo innegable ante el independentismo. El nacionalismo radical genera miedo en sus oponentes y el moderantismo propio de la sociedad catalana (nacionalista o indiferente al nacionalismo) no está dispuesto a “jugársela” para expresar su opinión. Dicho en otras palabras: allí donde el nacionalismo tiene cierta implantación, termina –directa o indirectamente- coartando la libertad de expresión.

Resumimos la situación de la política catalana:

  1. Todos los partidos están implicados en una loca carrera para convencer a la opinión pública de que son más nacionalistas que cualquier otro.

  1. Esta loca carrera interesa muy a la sociedad catalana, preocupada por los mismos problemas que preocupan en cualquier otro lugar del Estado (aparte de la crisis de las infraestructuras, claro).

  1. El PP carece de personalidades relevantes tras la “patada para arriba” de Vidal Quadras para constituirse como alternativa a la marea nacionalista y, en cuanto a Ciutadans, parece difícil que logre arrancar algún día.

  1. El elemento común en todos los sectores del nacionalismo catalán es la ambición; y la estrategia para satisfacerla el alzar cada vez más el listón nacionalista. A lo que hay que unir en ERC una mayor dosis de irresponsabilidad e infantilismo político.

El problema real de Catalunya

Desde el principio de este comentario hemos insistido en que el nacionalismo y el independentismo son meras ensoñaciones a partir de las cuales se generar “sugestiones” en la población, por parte de unas clases políticas desaprensivas que permiten, por un lado acaparar votos y por otro inducir al silencio y a la abstención a los oponentes. En 2004, cuando los empresarios catalanes preguntaron a Carod-Rovira: “¿Después de la independencia qué”, el político catalán fue muy claro: no le interesaba nada lo que pudiera ocurrir después, solamente le interesaba una Catalunya independiente. Otro tanto puede decirse de los jerarcas del PNV. Ni Catalunya ni el País Vasco son viables económicamente y, por eso llamamos ensoñaciones a los proyectos nacionalistas.

Ahora bien, Catalunya tiene problemas, pero desde luego, ninguno de los problemas reales de Catalunya tienen que ver con el nacionalismo o con la ampliación de los techos autonómicos.

El problema de Catalunya es muy simple: consiste en que se reconozca a nivel institucional la realidad social de la autonomía, a saber, que existen dos identidades que derivan de la lengua vehicular utilizada, la castellanoparlante y la catalanoparlante.

Desde principios de los años 50 llegó a Catalunya casi un millón de inmigrantes andaluces, extremeños y gallegos principalmente. En los últimos 40 años, la tasa de natalidad de este colectivo fue muy superior a la catalana, generándose la existencia de dos comunidades lingüísticas perfectamente diferenciadas y que no conocían problemas de expresión. Estos problemas han aparecido solamente a nivel institucional cuando la Generalitat se ha negado a reconocer la realidad sociológica catalana y ha utilizado los mecanismos institucionales para minimizar la importancia de la comunidad castellano parlamente. Pero, incluso en esta situación, a nivel de ciudadanía, sigue sin existir un problema lingüístico.

Ahora bien, en una reciente encuesta de El Mundo quedaba demostrado que los apellidos más difundidos en Catalunya ya no son catalanes, sino de origen castellano. El primer apellido catalán está en las profundidades de la lista. El hecho de que el presidente de la Generalitat se llame Montilla es, en cualquier caso, significativo.

Pero el problema no es este. Entre la comunidad castellanoparlante y la catalanoparlante no existen brechas lingüísticas, religiosas, antropológicas o culturales. Lo que existe es una contigüidad y la prueba es la ausencia de conflicto real más allá de la presión realizada por las instituciones nacionalistas. Ahora bien, desde 1996 han llegado a Catalunya 1.250.000 inmigrantes con los que SI existe esa brecha antropológica, religiosa, lingüística y cultural.

La doctrina oficial de la Generalitat es que basta enseñarles el idioma catalán para hacer de ellos buenos catalanes… Nueva ensoñación. En primer lugar porque entre un magrebí y un catalán lo que existe es una inevitable brecha antropológica sin apenas puntos en común. Y en segundo lugar porque para integrarse en la sociedad catalana, hace falta tener voluntad de hacerlo y ésta está ausente por completo en la comunidad magrebí o en la paquistaní por citar un ejemplo.

A esto hay que añadir que Catalunya se está viendo abandonada, no solo por catalanes que hemos elegido –como es mi caso- otras zonas del Estado más cómodas en todos los sentidos para residir, sino por los inmigrantes que llegaron en los años 50-70, hoy jubilados y que regresan a sus regiones de origen, más baratas que Catalunya y mucho más cómodas que cuando las abandonaron.

Eso hace que la desproporción entre autóctonos (castellanoparlantes o catalanoparlantes) y la población inmigrante de origen extranjero se vaya reduciendo poco a poco. Hacia el 2.030, en torno a 20 años antes que en el conjunto del Estado, entre el 40 y el 50% de la población residente en Catalunya será de origen no europeo, y de éstos, aproximadamente un 75-80% serán de origen magrebí o paquistaní. Siguiendo con estas proyecciones, prácticamente, apenas un 15% de la población de Catalunya tendrá apellidos catalanes… ¿será viable la existencia, no sólo de un Estat Catalá, sino incluso de un nacionalismo catalán en estas circunstancias? Lo dudamos.

Lo dudamos y también lo sentimos en cierta medida porque lo que correrá el riesgo de desaparecer no será sólo una opción política, el nacionalismo y el independentismo, que pagarán su ceguera política, su ambición enfebrecida y su estupidez, sino por que creemos que la tradición, la etnia y las costumbres catalanas hubiera merecido otra suerte en el ámbito del Principat.

Se suele olvidar que Barcelona fue capital del Reino Visigodo, que la Catalunya actual formaba parte de la Septimania romana y que muy frecuentemente, la ciudad ocupó un papel de primer orden en el orden previo a la invasión islámica. Se olvida que en Barcelona existe un Barrio Gótico de raigambre medieval y una catedral cuya gárgola del unicornio mira hacia el Este, y marca el lugar en el que surge el Sol. Se olvida que “Catalunya” (y, por extensión el Reino de Aragón y las Españas) se forjaron en la lucha contra el Islam y que aquí, en Navarra o en Galicia, así como en el Duero, en Cantabria y en Galicia, la consigna durante ochocientos años fue solo una: RECONQUISTA

Frecuentemente las realidades se convierten en símbolos: hoy en la Plaza de Sant Jaume, el Palau de la Generalitat a un lado y el Ajuntament de Barcelona al otro recuerdan el Fort Apache, rodeado por los indios. Sólo que no son aborígenes norteamericanos los que viven en el Casco Antiguo, sino un 70% de población extranjera que rodean las sedes de las dos instituciones emblemáticas de Catalunya. ¿Realmente es el “autogobierno” el máximo problema de los catalanes o más bien es el agotamiento de la natalidad catalana, la llegada masiva de inmigración con una tasa demográfica disparada y una delincuencia galopante, los verdaderos problemas que encuentra el sufrido ciudadano catalán? Unido, naturalmente, a la crisis de las infraestructuras, a una enseñanza absolutamente degradada, a una clase política irresponsable y desaprensiva y a una crisis económica que, afecta tanto en Sans y Hostafrancs como en Bobadilla o en Cangas…

No sobrevaloréis el papel de los Carod, Montilla o Mas, a fin de cuentas se los van a comer magrebíes y paquistaníes con kebab y shawarma, a pesar de no comer jalufo.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

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