Dalí entre Dios y el Diablo: Introducción

Publicado: Lunes, 31 de Diciembre de 2007 16:27 por Ernesto Milá en CULTURA
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Infokrisis.- Iniciamos la publicación de un libro que escribimos en 1994 y se publicó en 2003, estando en la actualidad completamente agotado. Dicha obra nos ha sido solicitada por muchos lectores, pero en la actualidad no existe intención de reeditarla, así pues, decidimos difundirla en sucesivas entregas en nuestro blog. El libro se titula exactamente: Dalí, entre Dios y el Diablo y se subtitula Lo esotérico y lo mágico en us vida y en su obra. La dedicatoria es, también significativa: "A quienes buscan las vías de la Tradición, para que no se extravíen como se extravió Dalí".

 

 

INTRODUCCION

"El Cielo es lo único que mi alma,

presa de lo absoluto,

ha buscado a lo largo de una vida

que a algunos ha podido parecer confusa y,

perfumada por el Demonio"

Salvador Dalí  

"El erotismo, las drogas alucinógenas,

las ciencias del átomo,

la arquitectura gótica de Gaudí y

mi amor por el oro, presentan un común de dominador:

Dios está presente en todo.

En el corazón de las cosas se esconde

la misma magia y todos los caminos conducen a la

misma revelación; todos somos hijos de Dios

y todo el universo tiende a la perfección del ser humano".

Salvador Dalí

El 23 de enero de 1989, a las 10:15 de la mañana, Salvador Dalí falleció en la Torre Galatea (anexo al Teatro-Museo de Figueras). Desde que entonces, decenas de biografías se han preocupado por detallar su vida, mientras que lo esencial de su obra se ha expuesto en todo el orbe a través de decenas exposiciones itinerantes; raro ha sido el año que Dalí no diera que hablar por uno u otro evento cultural. Y, sin embargo, el "expediente Dalí" dista mucho de estar concluido. El pintor de Cadaqués ha sido analizado desde todos los puntos de vista posibles, salvo uno que para él era particularmente importante: el de su relación con el mundo mágico, entendido como conjunto de técnicas y principios relacionados con lo que está más allá de lo sensible; vía doble que, en definitiva, conduce a Dios o al Diablo. Esta es precisamente la intención de las páginas que siguen: un análisis de la vida y la obra de Dalí desde el punto de vista mágico y paranormal.

Nuestro padre supo despertarnos el interés por Dalí. A la edad de diez años, vimos por primera vez en un "No-Do"[1] a Salvador Dalí hablando sobre la "veeer-ti-ca-li-daaaad de las ca-te-dra-les goooó-ti-cas y la ho-ri-zon-ta-li-daaaad del Me-di-te-rrá-neo". Había presentado en el jardín de su casa de Port Lligat un extraño amasijo de desperdicios que él llamaba "Cristo de la basura". El sujeto sorprendía no tanto por lo que decía como por la forma de expresarlo. En cuanto a su arte, debo confesar que apenas reparé en él; a decir verdad el "Cristo de la basura" me causó una sensación de rechazo[2].

Al regresar a casa pregunté a mi padre: “¿Quién es ese Dalí?". "Un genio, un pintor muy bueno... -me contestó- bastante loco, eso sí. En una conferencia en el Ateneo dijo algo sobre "aquell gran porc d’en Guimerá" y debió huir del escenario... yo mismo le perseguí hasta que escapó en un taxi por las Ramblas". A lo largo de su vida mi padre destiló siempre un aroma de serenidad difícil de igualar, así que el tal Dalí debía ser un tipo de cuidado para provocarle una reacción agresiva... No sabía hasta qué punto esto era cierto.

Pasados treinta años, al escribir "El Misterio Gaudí"[3], me topé con un curioso personaje de la intelectualidad catalana, Francesc Pujols, autotitulado "discípulo de Ramón Llull" y fundador de la "primera religión catalana"; conocido de Gaudí e íntimo de Dalí, Pujols era tenido en alta estima por el pintor que lo citaba con frecuencia y al que dedicó un monumento situado en la entrada de su Teatro-Museo de Figueras. El interés por Gaudí y por su misterio, me llevó inercialmente hasta Dalí a través de Pujols. Percibía en ambos algo anómalo que les hacía radicalmente diferentes del resto de artistas de su época y, al mismo tiempo, diferentes también entre sí. Dalí y Gaudí son, a pesar de su inmensa popularidad y de la facilidad con que la memoria recuerda alguna de sus obras, dos grandes desconocidos. Nunca dos personajes fueron tan admirados y al mismo tiempo tan desconocidos en el núcleo central de su personalidad.

Existía un trasfondo esotérico y misterioso evidenciado a través de los símbolos que utilizaba y de sus relaciones personales; esto mismo podía percibirse en Dalí: el análisis de algunas de sus obras, de los objetos que le obsesionaron durante su vida, sus gustos, sus ilustraciones, incluso en la evolución que sufrió con el paso del tiempo, en el surrealismo mismo o en su relación amorosa con Gala, se dejaba traslucir algo que estaba en contradicción con la banalidad exótica que recordaba del Dalí de aquel primer "No-Do". Al examinar la vida de Dalí el observador tiene la misma sensación que asaltaba al pintor siempre que contemplaba "El Angelus" de Millet: había algo oculto, no evidenciado explícitamente en el cuadro, pero cuya presencia podía adivinarse en las actitudes de sus protagonistas. Su aspecto frívolo, excéntrico y exhibicionista, provocador y narcisista, no era la totalidad de Dalí, era sólo una parte de su compleja ecuación personal; había otra, que frecuentemente no llamaba tanto la atención del gran público: su espíritu artístico hundía sus raíces en la mejor tradición clásica, sus intuiciones, expresadas mediante la paradoja y de forma excéntrica, indicaban una "búsqueda" y un impulso hacia la trascendencia, el mundo de la mística, la magia y lo paranormal, como no encontraríamos igual en otro artista de la modernidad.

A medida que avanzaba en mi investigación advertía que el pintor era algo así como un cajón de doble fondo, quizás incluso de triple o cuádruple fondo. Mientras que la trayectoria de Antonio Gaudí era lineal -evolutiva, pero lineal- no ocurría lo mismo con Dalí; los altibajos que se sucedieron a lo largo de su vida y de su obra, en su carácter, en la constitución de su personalidad, en la aplicación de su genio, en sus filias y fobias, hacían de él un ser contradictorio que me reservaba buen número de sorpresas. No albergo la menor duda que Gaudí murió ascendiendo por los senderos de la santidad. Dalí, en cambio, tras las más sorprendentes e intensas experiencias interiores, tras una búsqueda desesperada de la trascendencia, terminará deslizándose por los abismos de la locura, esa misma locura que siempre había querido conocer de cerca y que, finalmente, terminó por devorarlo.

Pocos artistas como Dalí y Gaudí están tan lejos y, sin embargo, tan cerca. Su denominador común, sean cuales sean sus diferencias caracterológicas y artísticas, es el elemento misterioso, irreductible al mundo que les rodeó. El arte de ambos era propio de una época en la que los hombres creaban no con fines utilitarios o esteticistas, sino para reflejar a través de sus pálidas construcciones la grandeza de lo Absoluto y el Orden del Cosmos. Por eso, tanto en la mejor pintura de Dalí como en ciertas construcciones de Gaudí hay geometría, medida, ritmo; vida, en definitiva. En Gaudí, esta trayectoria hacia la elevación de su espíritu se produce de manera lineal, ascendente y progresiva a partir de cierto momento de su madurez, en torno a 1885; en Dalí, por el contrario, la curva de su vida tiene forma de una campana de Gauss: a partir del punto de arranque -caracterizado por una proximidad a la locura inherente a sus años jóvenes- se produce un ascenso y una búsqueda de la perfección en el curso de la cual quedan atrás los cadáveres de las vanguardias que ha conocido y superado -el cubismo, el futurismo, el surrealismo-, su voluntad se dirige a dominar la técnica de los clásicos y ciertamente consigue aproximarse a ellos; en esa época su espíritu alcanza las más altas cumbres -de mediados de la década de los 40 hasta principios de los 60-; el éxito absoluto e indiscutible lo transforma en "Avida Dollars" (anagrama compuesto por las letras de su nombre y apellido, reordenadas, con le que lo apostrofó André Bretón), las voces de sirena de los aduladores, sus obsesiones, su particular problemática sexual, y la falta de una orientación sólida y coherente en su búsqueda de la verdadera espiritualidad, lo derrumban; a mediados de los sesenta inicia la pendiente de su decadencia interior. Ciertamente aun sus pinceles darán forma a cuadros notables, pero la vida del pintor ya no está a la altura de su obra. Sus últimos años son la crónica de una decadencia, del fracaso de su búsqueda personal; en ellos la locura no es un recurso para llamar la atención: es una realidad vivida patéticamente. Esta es la trayectoria de una vida y es la que vamos a intentar reconstruir a lo largo de estas páginas a través del prisma de lo paranormal, misterioso y mágico, el único que puede ayudarnos a comprender el núcleo esencial del pintor.

En las decenas de libros escritos sobre Dalí en los últimos cincuenta años aparecen pocos datos a este respecto y, si llegan a mencionarse no es sino de forma extremadamente fragmentaria, parcial y dispersa; y sin embargo, es cierto, que, tanto él como su esposa Gala, le atribuían una importancia de primer orden. El hecho de que la mayoría de libros que tratan la vida y obra de Dalí hayan sido escritos por críticos de arte o periodistas, hace que, en unos casos, los aspectos artísticos o anecdóticos ahoguen cualquier otra perspectiva, y sus escándalos, gestos histriónicos y publicitarios, atraigan más atención que su cosmogonía y el origen de su técnica pictórica. Por nuestra parte vamos a aludir a otro Dalí, el que, con propiedad puede ser llamado "mágico".

Mágico, a nuestros efectos, es todo aquello que supera los límites de la razón; ahora bien, esta superación puede darse en dos direcciones contradictorias: o bien en un sentido superior, entendido como formas tradicionales de ascesis que conducen a estados diferenciados de conciencia y a la experiencia mística, o en un sentido inferior, infrarracional, donde lo "mágico" frecuentemente se confunde con sugestiones del subconsciente. Los críticos tienen tendencia a reducir lo "mágico" en Dalí a mero irracionalismo, a un desbordamiento de la razón en un sentido inferior que, en rigor, deberíamos llamar "infrarracionalismo"; pero también existen fugas en la otra dirección. Por eso hemos llamado a este libro "Dalí: entre Dios y el Diablo"...

Bajo la denominación de "mágico", comprendida en este doble sentido, pueden agruparse distintos aspectos de la vida del pintor que definirán los jalones que vamos a recorrer: su arraigo en el Empordà y en la idiosincrasia local ("solo soy un campesino del Empordà", había dicho en alguna ocasión) fuertemente impregnadas por las tradiciones rurales, en las que la brujería ocupaba una parte sustancial, su adscripción al surrealismo y las relaciones de este movimiento con prácticas de algunas sectas ocultistas; su interés por el freudismo, considerado como una búsqueda dirigida hacia aquella parte del ser humano, el subconsciente, que consideraba como el mediador entre el mundo físico y el simbólico; su vocación de rescatar las técnicas de la pintura clásica, técnicas que enlazan con ciertos aspectos de la alquimia, el pitagorismo y el hermetismo; el amor mágico que le guió en sus primeros 45 años de relación con Gala; su complejo mundo erótico entendido, en ocasiones de manera mística y en otras de forma hedonista y perversa; sus concepciones políticas coherentes con un cierto nietzscheanismo, y con su visión mágica de la vida; la atracción hacia el Tarot y la Astrología que le condicionó durante toda su vida; sus relaciones con aspectos y personajes enfermizos del arte contemporáneo, atraídos por el satanismo, la magia y la brujería; su aproximación autodidacta al hermetismo y a la alquimia tradicional, la simbología utilizada en su pintura; y, finalmente, su actitud ante la muerte en donde evidencia su fracaso final. Tales son los grandes temas que vamos a tratar y que justifican tanto el título, como la legitimidad de la empresa abordada que discurre por senderos no trillados con antelación.

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© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es



1 "No-Do", "Noticias y Documentales" de obligatoria proyección en los cines durante el franquismo; respondía a los contenidos ideológicos y políticos del régimen.
2 El "Cristo de la Basura" o "Cristo de los Escombros" fue formado por Dalí con restos procedentes de un camión de basura y una barca semihundida que encontró en la bahía de Port Lligat. Dalí compuso los restos de basura y la barca, disponiéndolos en forma de cuerpo tendido entre los olivares y piedras del jardín de su casa de Port Lligat. Fue la primera vez que una imagen de Cristo se representaba horizontalmente; algunos la consideraron blasfema. Quince años después, los elementos atmosféricos -no precisamente benévolos en el Empordà- lo habían desfigurado y la "escultura" volvió al camión de basura.

[3] "El Misterio Gaudí", E. Milà. Ed. Martínez-Roca, Barcelona 1994.

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