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Infokrisis.- El bullying -la agresión horizontal contra otros compañeros de escuela- es, sin duda, una de las formas más odiosas de agresividad infantil y juvenil. De hecho ha costado ya varias víctimas en nuestro país y resulta muy difícil saber si muchos suicidios de adolescentes no se han debido a esto. Repasamos las características del bullying, su definición, las actitudes de unos y de otros y la forma en que se puederesponder a esta forma odiosa de agresividad.

 

La catástrofe de la enseñanza (V de VII)

El maltrato escolar. Bullying.

No hay que confundir los problemas de convivencia y los altibajos en las relaciones personales, particularmente duros en la adolescencia, o incluso las malas relaciones entre compañeros que se repelen mutuamente, con el “bullying”. Para que haya “bullying” se deben dar dos factores:

-        una reiteración en los acosos y agresiones y

-        la presencia de un agresor psicológicamente inestable.

En 1960 el psiquiatra sueco, Heinnemam describió por primera vez el “bullying”, pero nadie dio excesiva importancia a sus palabras. Luego, cuando la violencia empezó a generalizarse en las escuelas norteamericanas, se consideró un mero rasgo distintivo de la particular cultura local, pero se creía que el contagio jamás se produciría en Europa. Sin embargo, desde los años 70 el fenómeno ha ido creciendo paulatinamente en el viejo continente hasta que finalmente, desde comienzos del milenio ha golpeado también en las escuelas españolas.

En el 2000, una primera encuesta sobre el tema realizada en colegios españoles estableció que:

– Los mayores porcentajes de acoso escolar se dan entre los 7 y los 11 años.

– Luego disminuye, y vuelve a aumentar en los últimos cursos de ESO con especial dureza y gravedad.

– Los niños acosan más que las niñas.

– Las niñas de primaria se sienten más desprotegidas y con más miedo, y acusan más los efectos del acoso.

– El acoso masculino se caracteriza más por la violencia directa y física, mientras que el femenino es un acoso más relacional y verbal.

Pero en ese momento el fenómeno distaba mucho de tener el impacto que alcanza en la actualidad.

Frente a la creencia de que el acoso escolar o bullying se manifiesta en la adolescencia y que es propio de chicos, lo cierto es que los primeros casos se presentan a los siete años y las más violentas son las chicas. Las niñas tienden a utilizar mayor violencia contra sus compañeras cuando están en aulas mixtas para adaptarse a un modelo masculino que identifican con la fortaleza. Cuando están solas el acoso se basa en el aislamiento social de la víctima. Las niñas de primaria se sienten más desprotegidas y con más miedo, y acusan más los efectos del acoso.

Se tiene constancia de que los niños de entre 7 y 9 años realizan maltratos a sus compañeros, pero se trata de acciones torpes y difusas, inmaduras, muy diferentes del maltrato “criminal” y sistemático que se inicia a partir de los 9 años. En general el “bullying” afecta a escolares de entre 11 y 16 años.

Desde los años 80 se han ido publicando distintos estudios, en ocasiones contradictorios o realizados con distintas metodologías y que no resistían la comparación. La conclusión a la que ha podido llegarse es que la violencia y el acoso escolar son fenómenos en paulatino aumento. Contra más reciente es la encuesta, más exactas parecen sus conclusiones.

Así, por ejemplo, una encuesta realizada en 2005, en la Comunidad Balear señalaba que 65% de los agresores escolares consume cocaína, el 60% pastillas y el 42% fuma porros. En cuanto al alcohol, sustancia a la que también se muestran proclives, el 38.2% de los agresores escolares bebe cerveza y el 31.6% otras bebidas. En este mismo estudio se indica que los adolescentes que reconocen faltar a clase, sea de modo esporádico (25.4%) o de forma habitual (1.5%), «mantienen una tendencia de agresión creciente, así como un incremento progresivo de consumo de sustancias nocivas». El absentismo también se asocia a las víctimas, el 23% de las cuales faltan a clase por temor a ser agredidas. La encuesta también reveló que el 54% de los agresores admitían tener unas relaciones muy malas con la madre.

La última encuesta de que disponemos data de junio de 2006, y afirmaba que entre el 3 y el 5 por ciento de los jóvenes sufren situaciones graves de violencia escolar, que se producen generalmente entre niños de 10 a 14 años. Estas cifras coinciden, más o menos, con las emitidas por el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, dos años antes. En la Comunidad de Madrid, 12.000 niños madrileños sufrieron acoso escolar durante el curso 2004–2005, el 3’3% del total de los matriculados. El 1% de estudiantes de secundaria de esa región –más de 3.000– sufren agresiones físicas durante el acoso escolar. Estas de agresiones tienen unas características comunes que lo diferencian de una vulgar pelea de patio.

En una encuesta realizada en el 2005 en centros escolares españoles, el 7’6% de los entrevistas se reconocieron agresores de sus compañeros. Desde luego, no todos ellos eran agresores patológicos. Para un tercio de ellos, la sanción a la que dio lugar su acción les disuadió de futuros hostigamientos. La sanción más grave es un mes de expulsión del centro escolar. Un número significativo de alumnos agresores ya ha sido expulsado en varias ocasiones por faltas anteriores y demuestra su absoluta indiferencia por la sanción. En esta misma encuesta el 14’5% de los entrevistas declararon ser víctima de agresiones en el centro de estudios y el 75% de los escolares entrevistados ha sido testigo de agresiones en su centro escolar.

Pero no hay unanimidad, otra encuesta realizada un año anterior aseguraba que el 27% de los escolares de Primaria había sufrido violencia en el colegio. En Secundaria, el 33,8% de los alumnos ha sido insultado y el 4,1%, agredido físicamente. Por lo que respecta a los estudiantes que se reconocen como agresores, un 40,9% ha insultado; un 6,6% ha agredido físicamente; y un 0,3% ha amenazado con armas. La buena noticia era que la mayoría (80,5%) de alumnos encuestados no tiene problemas significativos de violencia en la escuela ni en su tiempo de ocio. La mala que el 16,1%, excluyen y agreden a los demás en los dos ámbitos.

El 48% de los escolares de nuestro país de entre nueve y catorce años ha padecido o padece violencia por parte de un compañero. De ellos, más de la mitad sufre acoso psicológico, y el 18% lo sufre también físico, incluidas heridas de arma blanca (2%) y agresiones sexuales (2,5%).

A partir de finales de 2005, se empieza a poner de moda entre los agresores, realizar actos de violencia y filmarlos con el teléfono móvil. En el patio del recreo del IES Ilipa Magna de Alcalá del Río, un niño de catorce años se dedicaba a dar «collejas» a otros en la cabeza, mientras otro grupo con un teléfono móvil grababa la escena. No es el único caso.

Así pues, no estamos ante un episodio “leve” de violencia en la escuela, sino ante un hecho nuevo extremadamente grave.

¿Eres un agresor? Si lo eres, escucha:

Si eres tú quien tiene tendencia a ejercer la violencia sobre tus compañeros, escucha bien esta advertencia:

1.          Ejercer la violencia sobre los débiles es una de las formas más miserables de comportarse que puede adoptar el ser humano. Si todas las formas de violencia son odiosas y, salvo la legítima defensa, condenables, la violencia individual o colectiva sobre los que no pueden defenderse es particularmente repugnante.

2.          Debes recordar que no tendrás nadie que se solidarice contigo ni que sea capaz de defenderse. Es posible que algunos compañeros hayan ejercido la violencia junto a ti, incluso que te hayan impulsado a ejercerla, pero a la hora de la verdad, cuando os toque dar cuenta de vuestros actos, no esperes que sean ellos los que salgan en tu defensa.

3.          Toda acción injusta encuentra su castigo en esta vida; el acoso escolar es un delito. El maltratador, antes o después, debe dar cuenta de sus actos. Y no hay argumento alguno que logre justificarlo.

Así pues, si tienes la tentación de ejercer la violencia contra algún compañero, más vale que antes medites lo que vas a hacer: ni tienes justificación, ni nadie te defenderá luego, vas a cometer un delito y deberás afrontar un juicio justo. La impunidad total no existe.

Pero hay algo más:

1.          Quizás ignoras lo que es el “bullying”. Es posible que no seas completamente consciente de lo que es la violencia contra tus compañeros, ni cuando empiezas a ejercerla. “Bullying” es cualquier forma de acoso o maltrato.

2.          Quizás ignores lo que siente el compañero acosado y no caigas en la cuenta de lo que representa para la vida de un compañero el sentirse y maltratado por gente como tú. Esos actos pueden pesar como una losa en su vida futura.

3.          Quizás no sepas que si tienes propensión a ejercer la violencia y el maltrato es que estás enfermo. Tienes un problema y debes de afrontarlo antes de que el problema acabe por comprometer tu vida para siempre.

4.          Quizás ignores que hay silencios culpables; no se trata solamente de participar en actos de violencia contra compañeros, sino de estar al corriente de que se producen y callar. No puedes permanecer callado cuando se está maltratando a un compañero.

En las páginas que siguen encontrarás algunas respuestas tanto si eres un espectador de actos de acoso, como si eres un alumno acosado por otros o si tú eres el acosador.

La realidad del acoso escolar

Según el Servicio Secreto de Estados Unidos, el 71% de los asesinatos cometidos en los institutos de bachillerato entre 1974 y 2000 fueron protagonizados por jóvenes que habían sufrido bullying en los seis meses previos. En EEUU, alrededor del 30% de los estudiantes de entre 7 y 17 años afirma haber observado bullying durante el año escolar, y el 23% confiesa haber participado personalmente. Sin embargo, sólo un 13% de profesores dice haberlo presenciado. En abril de 1999, dos adolescentes de la escuela Colombine, de Colorado, armados hasta los dientes, mataron a 12 alumnos y un profesor antes de suicidarse. Tres años después un estudiante del Instituto Gutenberg de Erfurt, asesinaba a tiros a 13 profesores, dos compañeros, una secretaria, un policía y, a continuación, se quitaba la vida. Mas tarde, en Red Lake, Minnesota, Jeff Weise, de 16 años, asesinó a sus abuelos en casa y después se fue al colegio, donde acribilló a balazos a cinco compañeros, una profesora y un guarda; luego se suicidó. Entonces, todos pensábamos que estas cosas solamente ocurrían en EEUU.

Pero el problema ya está entre nosotros. Algunas cifras parecen sorprendentes y la situación solamente es comprensible recurriendo a la frialdad de las cifras:

-         En 2002 la violencia estaba controlada en las aulas, había optimismo en las autoridades educativas. Una macroencuesta anunciaba que en los últimos cinco años no se había deteriorado la convivencia en las aulas. La investigación, llevada a cabo entre 11.034 alumnos de 12 a 16 años y 7.226 familias, mostró que si bien existía cierta violencia en las aulas, ésta era controlada y limitada. Un 12,4% de los estudiantes aseguran haber conocido casos de agresión física entre alumnos y un escaso 2% ha presenciado agresiones a profesores e intimidaciones con amenazas de los docentes a alumnos. Así pues, no había porque preocuparse. Dos años después, todo había cambiado. Hoy, la violencia en las aulas empieza a ser un gran problema y nada impide pensar que, de no hacerse algo radical, en menos de cinco años, paralizará completamente el sistema de enseñanza pública, tal como ha ocurrido en Francia.

-         Hoy, un tercio de los alumnos están implicados de alguna manera en actos de violencia. Algo más de dos millones de españoles pisan cada día las aulas de un instituto. Tienen entre 12 y 16 años. Un tercio de estos alumnos insultan o son insultados, sufren humillaciones y vejaciones o las imponen a sus compañeros, ignoran a los demás o son ignorados. Un 14% echa a faltar sus pertenencias algunas veces o las esconde (12%), casi un 9% es amenazado, un 6,4% ha sido víctima de alguna agresión física. Una encuesta realizada por la Asociación Familiar de Baleares aseguró que el 36% de los adolescentes de esa autonomía afirma haber sufrido acoso en el centro escolar o bullying, un 27 % dice haberlo padecido alguna vez y 8,5% en varias ocasiones o constantemente. La agresión física es la menos habitual (14%), mientras que la más frecuente son los insultos (52%).

-         El acoso en la escuela tiene repercusiones en la vida de agresores y agredidos. Un informe elaborado por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia indica que, en la mayoría de los casos, estas agresiones tienen consecuencias psicológicas en el futuro, especialmente en las niñas (el 60% de las víctimas).

-         Entre 2000 y 2005, los casos de violencia en las aulas han aumentado un 128%, según dijo el secretario de la Fundación "la Caixa", Luis Reverter, durante el acto de inauguración en Málaga de una exposición multimedia para sensibilizar a la población ante los casos de malos tratos en el ámbito escolar o familiar. El 12,4% de los estudiantes asegura haber conocido casos de agresión física entre alumnos, un 2,3% ha presenciado agresiones a profesores, y un 2,1%, intimidaciones de docentes a alumnos.

En un Instituto de Agramunt (Catalunya), un niño de 12 años casi resultó muerto por un corte en la garganta. Dos alumnas del mismo centro, de 14 y 16 años animaron al menor a seguirlas, luego, no se sabe lo que ocurrió. Los padres del alumno lo explican: “Cuando no los veía nadie, una de las chicas enseñó una pulsera a Ricard para entretenerlo, mientras la otra se colocó detrás de él, sacó un cuchillo y le cortó el cuello". El niño contó que después de este ataque, que casi lo deja inconsciente, las dos jóvenes le dijeron que iban a tirarlo al canal.

Ejemplos como estos hay muchos. La violencia en las escuelas ya no es algo que solamente afecta en otros horizontes: está aquí, entre nosotros, asediando nuestras escuelas públicas.

¿Qué es el Bulliyng?

Alguien se ha preguntado ¿por qué llamarlo bullyng (o Bulliyng) cuando en realidad es acoso escolar? Respuesta: por que el bullyng es la forma mediática del acoso escolar. En otras palabras, si dos alumnos agreden a un tercero no hay noticia en tanto que “solamente” se trata de acoso escolar, pero si dos alumnos agraden a un tercero y alguien lo califica de bullyng, entonces sí es noticia. Vivimos en lo que alguien definió como la “sociedad del espectáculo” y nada que no sea espectáculo tiene lugar en los informativos. Sin embargo, a ti te sonará más “acoso escolar”. Del bullyng se habla solamente desde que aquel pobre chico vasco, Jokin de Hondarribia, se suicidó tras ser objeto de repetidos actos de hostilidad por parte de sus compañeros.

¿Qué quiere decir “bullying”? La palabra inglesa indica “matonismo”, pero también “burrada” o “gamberrada”. Pero hay que hacer algunas precisiones.

Para que exista “bullying” deben existir las “3I”:

-         Insistencia. No basta con un solo episodio de agresión o mal trato.

-         Intimidación. No es preciso que sea violenta, puede ser también psicológica.

-         Indefensión. El agredido no está en condiciones de defenderse como en una riña entre compañeros.

No todo episodio de violencia en la escuela puede ser considerado “bullying”. Entre los adolescentes, suelen aparecer cambios hormonales que precipitan situaciones esporádicas de violencia física. Esto es, relativamente, normal y siempre ha estado presente en la escuela. El bullying es otra cosa: no es esporádico, sino reiterado; no precisa violencia física sino que también puede ser psicológica; y no es una lucha entre iguales, sino una forma de abuso del fuerte sobre el débil.

¿Qué formas adopta el “bullying”?

Existen varios tipos de “bullying”. El acoso puede ser:

-          Físico: es el más habitual entre los jóvenes de primaria. Se expresa el acoso mediante patadas, golpes, puñetazos, etc.

-          Verbal: es el que se produce con más frecuencia a todas las edades. Consiste en insultar, burlarse de defectos reales o imaginarios, poner moles y humillar públicamente.

-          Psicológica: se produce de alguna manera en cualquier forma de maltrato escolar. Todo tipo de “bullying” implica consecuencias psicológicas y acarrea efectos psicológicos a corto, medio y largo plazo.

-          Social: se intenta aislar a la víctima y cubrirla con falsedades e infamias. Se intenta los vínculos sociales del agredido para acentuar su aislamiento e indefensión.

En el año 2000, una encuesta realizada por la oficina del Defensor del Pueblo sobre 3000 alumnos de 300 colegios públicos, concertados y privados, establecía las formas de “bullying” que se daban en la escuela española:

Conducta abusiva

Porcentaje

Me insultan

33,8%

Hablan mal de mí

31,2%

Me ponen motes

30,1%

Me esconden cosas

20,0%

Me ignoran

14,0%

No me dejan participar

8,9%

Me amenazan para meterme miedo

8,5%

Me roban cosas

6,4%

Me rompen cosas

4,1%

Me pegan

4,1%

Me acosan sexualmente

1,7%

Me obligan a hacer cosas

0,7%

Me amenazan con armas

0,6%

 

Es posible que tú también, aunque inconscientemente, hayas practicado alguna vez el odioso “bullying”. Así pues debes observar más tus reacciones y reprimir las tendencias a la agresión y a la burla hacia tus compañeros. Es “bullying”.

Agrupando estas modalidades de agresión se tienen las tres formas básicas de “bullying”:

-         Maltrato emocional         : 78% (un 29% reiterado)

-         Maltrato físico                : 59% (un 4’9% con arma blanca)

-         Vandalismo                    : 3,3%

En el maltrato emocional se producen ataques psicológicos al sujeto mediante diversas “técnicas”, fundamentalmente, alguna forma de insulto y de exclusión. En el maltrato físico se cuentan agresiones que implican violencia real o amenazas con o sin armas, individuales o colectivas. El vandalismo supone la destrucción o el daño a objetos y propiedades de la víctima.

Existen otras clasificaciones que también pueden ayudarnos a comprender el tema. Algunos pedagogos indican que hay dos tipos de malos tratos en la escuela (directo e indirecto) y que ambos pueden ser físicos o psicológicos. Así pues, podemos realizar el siguiente cuadro:

Maltrato

Físico

Psicológico

Directo

Golpes, palizas, amenazas

Insultos, motes, vejaciones, burlas

Indirecto

Exclusión social, marginación

Rumores, calumnias, sabotaje, luz de gas

Pero todas estas clasificaciones son relativas y sirven solo para que comprendas mejor el alcance del fenómeno. Es evidente que el compañero que ha sido agredido colectivamente por una banda de matones, seguramente se sentirá excluido del grupo, insultado y, probablemente, calumniado.

En sus formas más extremas, el “bullying” termina con el suicidio de la víctima. Acuérdate de Jokin: finalmente, no pudo soportar la presión –seguramente porque era insoportable– y se arrojó por un precipicio. No ha sido el único caso. En estos casos extremos, están presentes varios elementos, inevitablemente:

-         Que la agresión sea colectiva: no se trata solamente de dos alumnos que chocan o de uno que tiene manía a otro por las razones que sean, sino de una fracción de compañeros la emprenda contra una víctima. La víctima nota la voluntad que el grupo tiene de dañarle y siente que no tiene posibilidades de defenderse. Todo esto contribuye a que ésta sienta sensación de impotencia y aumente su angustia.

-         Que los observadores permanezcan pasivos: estas agresiones colectivas se realizan ante otros, habitualmente compañeros de la víctima. Estas prefieren permanecer pasivas, no quieren buscarse problemas ni enfrentarse a los matones. El silencio es su opción. La víctima entiende que ese silencio supone una aprobación tácita de la conducta adoptada por sus agresores. Su angustia aumenta además de su sensación de aislamiento, exclusión y diferencia.

-         Que los adultos permanezcan pasivos: no siempre los adultos (profesores, padres, compañeros mayores) actúan en estos casos como se esperaría de ellos. En ocasiones porque no dan importancia a los episodios, en otras porque no los ven o prefieren no verlos. También puede ocurrir que, viéndolo, no sepan que hacer. No importa: el resultado es el mismo, la víctima se siente desprotegida por completo, obligada a vivir día a día una situación angustiosa y a la que no ve salida. En esas ocasiones, algunos, empiezan a ver el suicidio como la única vía de escape.

El acosador: quien hace un cesto hace ciento

Cada vez se sabe más sobre el acoso escolar y sobre la personalidad del acosador. Hoy, la violencia doméstica es una lacra. Maridos que golpean a sus esposas, jóvenes que realizan actos de violencia contra sus padres o  abuelos: más que nunca. No es que ahora se hable más de la cuestión, es que parece como si nuestras sociedades se volvieran cada vez más violentas.

Las encuestas son el barómetro de una sociedad. Recientemente una de estas encuestas ha demostrado que individuos que han protagonizado casos de violencia doméstica contra sus esposas o contra sus padres, previamente ya habían sido acosadores en la escuela. Estas encuestas no dejan lugar a dudas: acosador en el colegio, acosador toda la vida.

El Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia invitó a la IX Reunión Internacional sobre Biología y Sociología de la Violencia al investigador David Farrigton, autor de un estudio sobre las tendencias violentas de un grupo de 400 personas de 8 a 48 años. Las conclusiones a las que llegó Farrigton no dejan lugar a dudas:

-         El acosador es multirreincidente: los acosadores de 14 años, siguen siéndolo a los 32, varían sus víctimas, pero el fondo de la cuestión es el mismo: siguen ejerciendo violencia contra otras personas de su entorno.

-         No se descarta una transmisión genética de padres a hijos de este comportamiento. De padres agresivos y maltratadotes derivan hijos con las mismas tendencias. Los acosadores tienen hijos que, también lo son.

-         Existe una componente sexista en el bullying: seis de cada diez víctimas de acoso son mujeres. Esto facilita el que, años después, los mismos acosadores practiquen actos de violencia contra sus compañeras.

¿Que ha podido pasar en la infancia de un chaval para que se convierta en un monstruo odioso?

Existen algunas características que se suelen repetir en la infancia de los abusadores:

-         Han pasado poco tiempo en familia, quizás porque sus padres no han hecho vida familiar o porque su estilo de vida ha favorecido largas ausencias.

-         No ha sabido comunicarse con la familia, le han faltado palabras o quizás ocasiones. En ocasiones se ha sentido aislado dentro del núcleo familiar.

-         Ha sufrido maltratos por parte de sus padres o de sus hermanos, así que conoce lo que es la violencia y quiere hacerla experimentar a otros.

-         Su familia no es “normal”, entendiendo por “normalidad” la presencia de dos cónyuges. Abundan los divorcios, las separaciones, las familias monoparentales.

-         Ha sido educado deficientemente, en ocasiones por padres excesivamente autoritarios, en otras por padres que apenas se preocupaban por él.

Existen algunas características que tienen una mayor incidencia y prefiguran en cierta medida al matón. Estos rasgos comunes son:

-         Falta de empatía con los amigos. No pueden mantener buenas relaciones con sus amigos durante mucho tiempo, antes o después chocan con ellos.

-         Tienen tendencia a mentir y a robar desde muy jóvenes. Esto hace que se genere en torno a ellos un área de desconfianza, miedo y reservas que tiende a aumentar su agresividad.

-         Su promedio de notas es muy deficiente. De hecho la mayoría abandonan los estudios al acabar el ciclo obligatorio, de ahí que en el bachillerato disminuya la violencia y el acoso escolar.

-         Tienen una acusada tendencia a consumir drogas para resolver sus problemas: es habitual que fumen mariguana y cigarrillos y consuman alcohol.

-         Han sido víctimas. Es muy habitual el que ellos mismos hayan sido objeto de malos tratos o abusos físicos o psicológicos.

-         El porcentaje de padres divorciados es notoriamente superior. No todo divorcio termina en hijos con problemas de agresividad, pero si que la mayor parte de hijos conflictivos y propensos a practicar “bullying” son hijos de divorciados.

-         No tienen un buen nivel de autoestima. Habitualmente se trata de chicos y chicas inseguros que pretenden afirmarse ejerciendo la violencia sobre quienes consideran más débiles.

-         Es un egocéntrico: él está por encima de todos y aspira a ser el centro de atención de todos.

-         Es un fracasado escolar: sus notas son malas, su rendimiento escolar mínimo, suele hacer “campana” y termina abandonando los estudios.

-         Es un descontrolado: no tiene capacidad de dominar sus impulsos ni sus instintos. Suele decir y hacer cosas sin pensar.

-         Su autoestima está por los suelos: es consciente de que hay otros mucho mejores que él, mucho más competitivos. Tiene una visión negativa de sí mismo.

Además de estas características sufre distintos trastornos psicopatológicos que pueden agruparse en distintos bloques:

-         Trastornos de conducta: déficit de atención, hiperactividad, actitud negativa y desafiante, falta de adaptación a las dinámicas sociales.

-         Trastornos de adaptación: su adaptación a los demás, sus relaciones sociales y su comportamiento, se alteran con frecuencia.

-         Trastornos del control de impulsos: su carácter es explosivo de manera intermitente. Inesperadamente y sin motivo “salta” y se transforma.

Es probable que después de leer estas características, la imagen del maltratador te parezca de otra manera: no es exactamente como lo imaginabas, un chulo prepotente y “fuerte”, sino un “pringao”, un pobre desgraciado al que la vida le ha destinado a uno de los peores papeles que puede asumir un ser humano: el de acosador y maltratador.

Además de estas características podemos añadir otras de carácter general que nos van a servir para definir la personalidad del acosador, y a las que nosotros añadiremos algunas observaciones personales:

-         El acosador se siente provocado: El acosador no tiene sensación de que está haciendo daño, sino que siempre dice que se defiende de las “provocaciones” de la víctima. No es sólo cinismo, es que el acosador sufre un trastorno psicológico llamado “distorsión cognitiva”, propio de las personalidades psicópatas. El acosador se ve actuando en “legítima defensa”. Si ha acosado a un compañero obeso, dirá que éste le provocaba continuamente incitándole a comer con su mera presencia. El psicópata y el acosador siempre tienen una percepción alterada de la realidad.

-         El acosador no se corrige mediante sanciones: si fuera una personalidad normal bastaría con una sanción para que el acosador rectificara su comportamiento. Pero no lo es. Al creer que le provocan, no basta con que el profesor le llame la atención. Precisa atención psicológica. Lo repetimos: el acosador no es un “matón”, ni un “chulo”, aunque pretenda serlo. Es algo más patético: es un pobre enfermo mental.

-         No hay excusas económicas para el acoso: los problemas económicos de una familia no son determinantes para que en su interior surja alguien que practique algún tipo de acoso o violencia. Hay acosadores entre “hijos de papá”, mimados por la fortuna y por sus padres, y entre gentes de procedencia humilde.

-         Existe una situación similar entre la escuela pública, la privada y la concertada, pero…: si, hay los mismos niveles de acoso en los distintos tipos de escuela, pero sólo en términos absolutos. Si descendemos al tipo de acoso, en la escuela privada, es “más sutil” (psicológico), aunque las cifras de acoso sexual son ligeramente superiores, a la enseñanza pública. En ésta, sin embargo, los episodios de acoso contienen más elementos violentos.

-         ¿Ley del silencio?: Seis de cada diez víctimas cuentan los acosos de que son objeto a los profesores. También es frecuente que los testigos no permanezcan mudos y hablen con sus profesores o familias sobre los casos de acoso que han presenciado. La “ley del silencio” es un mito. El silencio es cómplice. No todos aceptan serlo, ni siquiera una mayoría. El silencio no es aceptable. Contarlo no es “chivarse”, es respetar los derechos humanos de los compañeros que son víctimas.

-         Cuando los padres son cómplices: algunos padres no pueden admitir que sus hijos son verdaderos monstruos. Lo repetimos: el acosador no tiene ninguna justificación y hasta hace poco, hasta que estalló el “caso Jokin”, no existían medios legales para castigarle. Los padres tienen responsabilidades, no pueden delegar toda la educación de los hijos en el colegio. Los padres deben establecer normas y modelos de comportamiento para los hijos. Los padres no son “amigos” o “colegas” de los hijos: son, eso, padres y eso implica la capacidad de fijar normas y supervisar su cumplimiento. Y, sobre todo, si un hijo ha protagonizado un caso de acoso escolar contra un compañero, antes de solidarizarse con él, debe de recabar toda la información posible. Quizás su hijo no es tan bueno ni tan santo como él cree. Quizás su hijo es un maltratador y necesita tratamiento psicológico.

-         Cuando los profesores están obligados a actuar: en el congreso sobre Sociología de la Violencia al que hemos aludido se destacó que la mayoría de profesores no están preparados para resolver este tipo de conflictos. Ni son “gamberradas”, ni “pasarán”, ni son “habituales” entre jóvenes. El “bullying” hay que tratarlo como tal, en absoluto minimizar su importancia. Es más, hay que prevenirlo: los profesores deben reforzar su vigilancia (algunos prefieren la palabra “supervisión”, pero, no nos engañemos: se trata de VIGILAR) en los momentos críticos (durante el patio, al salir de clase) y en las zonas de riesgo (lavabos, pasillos, proximidades del centro). Antes, los profesores no tenían un arsenal de medidas punitivas contra los acosadores; la gran contribución de los pobres chicos que se han suicidado en estos últimos años a causa del “bullying”, ha consistido en sensibilizar a la opinión pública sobre el problema e inducir a las autoridades a adoptar medidas punitivas contra los acosadores. Estas medidas deben ser aplicadas sin dilación por los profesores. Esa es su responsabilidad.

-         Cuando las normas deben ser claras: No hay término medio. A principios de cada curso, los alumnos deben conocer (o recordar) las normas que rigen en el centro y las sanciones para quienes rompan la buena convivencia en el centro. El Ministerio de Educación, en este tema, debe pedir de los profesores un esfuerzo suplementario… pero también, facilitarles el camino. Los que pagamos impuestos tenemos algunos derechos que exigir: normas claras, por ejemplo, sanciones inmediatas para los maltratadores y garantías de que van a recibir tratamiento psicológico obligatorio. Si la sociedad no necesita de los maltratadotes, los poderes públicos están obligados a arbitrar medidas contundentes y enérgicas al respecto.

La víctima: no volverás a estar solo, compañero

Eso es lo que debes proponerte a ti mismo: nunca más permanecerás pasivo ante una agresión. Más adelante te explicaremos algunos métodos de ayuda. Ten en cuenta, desde ahora, que ni tú, ni nadie, puede permanecer pasivo ante la violencia contra los débiles. Si entiendes lo que es la “justicia” sabrás que la “persona justa”, protege a los débiles de cualquier abuso. Por eso, antes de que te digamos algo sobre las víctimas debes proponerte firmemente que la próxima vez que presencies cualquier forma de acoso, harás algo.

En las próximas líneas te vamos a hablar en primera persona. Imagínate que eres tú el acosado, ¡qué desagradable! ¿verdad? Es posible que si piensas como víctima te sensibilices más sobre la cuestión.

1.        ¿Por qué me agreden?: la víctima siempre intenta encontrar una explicación a la actitud hostil de los “matones”, en ocasiones llega incluso a sentirse culpable: “quizás es que hago algo que a ellos no les gusta”. La autoestima cae por los suelos: “será por culpa mía, estoy muy gordo”. La víctima nunca tiene la culpa. Eso es incuestionable. Nunca hay justificación para un acoso, porque nunca la víctima es culpable. Lo sorprendente es que la víctima busca explicaciones. Una encuesta realizada en 2005 –cuando el “Caso Jokin” ya había sensibilizado a la opinión pública– daba tres respuestas habituales: “Me agraden porque la han tomado conmigo” (37’1%), “Es que son agresivos” (27’6%) y “Porque son situaciones normales” (18’1%). Ninguna es válida aunque todas tengan algo de razón: desgraciadamente las agresiones son relativamente normales, implican una hostilidad hacia un individuo y las protagonizan individuos particularmente agresivos. Pero el problema es mucho más complejo. Y, por lo demás, no se trata de explicar por qué te agreden sino de impedir que vuelvan a hacerlo.

2.        ¿Cuál es mi perfil como víctima?: hay unos cuantos rasgos genéricos, algunos son sorprendentes.

o        Un 2’5% de los estudiantes sufre acoso y violencia.

o        Hay más chicas acosadas que chicos: 65% frente a 35%

o        La edad con más riesgo son los 13 años: 40%.

o        La inmensa mayoría son españoles: 95%.

En una encuesta realizada en el 2005 se distingue entre “acoso” (bullying) y “violencia escolar”. Ya sabemos lo que es lo primero, en cuanto a lo segundo se entienden los actos de violencia y peleas en el interior o en las proximidades del recinto escolar. Según esta encuesta las características de los estudiantes agredidos son:

 

 

Características

 

Víctimas de acoso

Víctimas de violencia escolar

Alegre

 

80%

83,6%

Sociable

 

70%

80,2%

Con muchos amigos

 

70%

79,3%

Físicamente fuerte

 

50%

54,3%

Segura de sí misma

 

45%

62,1%

Insegura

 

40%

26,7%

Depresiva

 

35%

16,4%

Con pocos amigos

 

35%

15,5%

Solitaria

 

30%

12,9%

Físicamente débil

 

25%

17,2%

Tranquila

0%

0,9%

3.        ¿Cómo reacciono ante la agresión?

En cuanto a las reacciones:

-         El 50% aguanta y espera que la situación mejore.

-         El 36% responde con insultos a la agresión.

-         El 20% responde con violencia a la violencia.

-         El 20% intenta dar una respuesta igual a la agresión.

En cuanto a la actitud posterior:

– El 82% de las víctimas lo cuanta a alguien (a un amigo 50%, a un profesor 42%, a los padres 32%).

– el 11% habla con el agresor.

– el 18% mantiene la ley del silencio (el 5% piensa que no es importante, el 3’4% tiene miedo, el 2’6% cree que será peor, el 1’7% cree que esto es ser chivato, el 1’7% prefiere arreglárselas solo).

4.        ¿Qué consecuencias tiene la agresión?

El acoso no concluye cuando se llega a casa o se terminan los ciclos formativos. El acoso suele ocasionar trastornos que se prolongan durante muchos años en la vida adulta. En episodios muy graves pueden desembocar en suicidios y en tendencias autodestructivas; en episodios graves pueden llegar a cuadros depresivos clásicos y en la mayoría de los casos generan algunos rasgos propios de la depresión:

Consecuencias

 

Víctimas de acoso

Víctimas de violencia escolar

Nerviosismo

 

55%

35,3%

Tristeza

 

50%

26,7%

Soledad

 

45%

18,1%

Reducción del rendimiento escolar

 

35%

13,8%

Alteraciones del sueño

 

20%

9,5%

Ninguna

 

5%

32,8%

 

Existe un 32’8% de alumnos que afirman que los episodios de agresión y “bullying” no les han afectado de ninguna manera. Pero no se sabe si son sinceros o pretenden minimizar y olvidar el impacto de los malos tratos.

Actitudes equivocadas de los centros

Algunos centros han optado por la política del “aquí no pasa nada” utilizando argumentos del género:

-         “La violencia escolar siempre ha existido”… si, pero no en los niveles actuales, ni el hecho de que haya existido implica que sea “normal” o asumible. El canibalismo también estuvo extendido en la antigüedad, pero no es excusa para que no sea combatido en la actualidad.

-         “Lo mejor es ocultar la violencia para no dañar la imagen del centro”… sí, pero ¿quién piensa en lo que sienten las víctimas de la violencia? Y, por lo demás, ¿en dónde queda la imagen del centro si el estudiante opta por el suicidio como vía de salida?

-         “Los alumnos deben aprender a soportar las dificultades”… si, pero las dificultades reales de la vida, no la diversión gratuita de unos vándalos; como si todos estuviéramos obligados a soportar el delito como “escuela de vida”, si así fuera ¿para que existe la justicia?

-         “Era una broma; no pasa nada, los adolescentes son así”… si, pero los efectos de la “broma” quedan grabados a fuego en algunas víctimas. Y, por otra parte, los adolescentes no son así, prueba de ello es que solamente una minoría es acosadora.

-         “Los empollones nunca han gustado”… falso, las víctimas no son siempre empollones y, además, aunque lo fueran, ¿acaso no deberían ser un modelo para sus compañeros? Es posible que los empollones susciten reservas en sus compañeros, pero una reserva no puede convertirse en hostilidad y menos en agresión.

¿Qué hacer si se es víctima de una situación de “bullying”?

Las fórmulas que te proponemos si te ves sometido a una situación de acoso vienen por orden de prioridad:

1.        Acudir al profesor y plantear lo ocurrido para que tome las medidas académicas oportunas para que no vuelva a repetirse la situación.

2.        Acudir a los padres en caso de que prosigan los acosos y el resultado de las medidas tomadas por los profesores no tengan repercusiones positivas.

3.        Evitar la “ley del silencio” por todos los medios, esperando que pase la crisis y los acosadores se olviden de la víctima. Eso nunca ocurre.

4.        Buscar testigos entre los compañeros que avalen la existencia de malos tratos. En estos casos, el papel del profesor es fundamental para dar confianza a los alumnos que deploran las situaciones de acoso.

5.        Buscar la ayuda institucional. En cada comunidad autónoma existe el Defensor del Menor una de cuyas tareas es tomar cartas en situaciones de “bullying”.

¿Qué hacer si se es hermano o amigo de una víctima?

Habitualmente, los amigos y los hermanos suelen saber antes que los profesores o los padres que existen situaciones de acoso. En estos casos es aconsejable:

1.         Convencer a la víctima de que denuncie el acoso y ponga en conocimiento de la dirección del centro escolar los hostigamientos de que es objeto.

2.         Informar a la familia. Es importante que la familia de la víctima esté al corriente de la situación.

3.         Demostrar que los matones no te intimidan. Respecto a los agresores, hazles saber que no te sientes intimidado ni estás dispuesto a dejar solo a tu amigo o a tu hermano.

4.         Llevar el asunto al Consejo Escolar del centro y obliga a que las autoridades académicas tomen cartas en el asunto.

5.         Buscar apoyos entre los alumnos o entre el profesorado. Contra más avaléis una denuncia por acoso escolar, más posibilidades tiene de progresar.

Lo que jamás debes hacer:

En todos los casos es importante que no olvides las cosas que jamás deben hacerse en estas situaciones:

1.         No uses la violencia. Recuerda que ellos se presentan a sí mismos como víctimas de las provocaciones de los acosados. Si tú respondes violentamente les darás la razón y, además, te harás acreedor de una denuncia por agresión.

2.         No intentas ocuparte solo del problema. Aunque tengas aplomo y seguridad en ti mismo, no olvides que la importancia de una situación de acoso excede tus posibilidades: es un asunto que compete a la comunidad académica. El acosador no precisa sólo castigo, sino tratamiento psicológico; tú no se lo vas a dar.

3.         No responsabilices a la víctima: las víctimas son víctimas y, por el mero hecho de serlo, siempre tienen razón. Ellas no son culpables de la agresividad de otros. Además, las víctimas no pueden solucionar sus propios problemas. Si pudieran no te pedirían ayuda.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

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