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Infokrisis.- Llegamos al tercer y último jalón de nuestra respuesta; acaso la que debería detenerse en más precisiones a la vista de los errores contenidos en el artículo que comentamos. Seguramente se nos escapará alguna puntualización, pero estamos seguros de que, al menos en sus líneas generales, habremos ayudado a plantear la cuestión de fondo: la necesidad de un debate profundo y vinculante sobre Europa en el seno de la "derecha radical"...

 

Sobre la importancia de algunas siglas y autores…

Nos resulta extremadamente sorprendente el que Miguel A. Simón atribuya tanta importancia a autores tales como Oswald Mosley, “Ulik Varenge” (Francis Parker Yockey) o a grupos como el Movimiento Social Europeo, la Oficina de Enlace Europea o el Partido Nacional Europeo. Es evidente que las fuentes de las que ha bebido el autor exageran la importancia de estos grupos y personas. Decir, por ejemplo, que de la obra de Yockey “Imperium” se vendieron miles de copias en inglés, parece exagerado a tenor de que su influencia sobre el conjunto de los partidos de loa “derecha radical” inglesa (desde el National Front hasta el BNP actual o a la revista Scorpion) es completamente imperceptible. Que sepamos, el libro de Yockey no se ha traducido ni al italiano, ni al alemán ni al francés, y, por lo demás, la edición española publicada por CEDADE en los años 70 no debió de vender más de 800 ejemplares (como máximo). En cuanto al “Frente Europeo de Liberación”, que todos los “investigadores” dan como vinculado a Yockey, era sencillamente inexistente (como, por lo demás, el "Frente Europeo de Liberación" vinculado a Giorgio Fredda, cuyo folleto "La desintegración del sistema" tuvo más importancia en un sector del neofascismo de los 60 y principios de los 70) y nunca hemos conocido a nadie que perteneciera a él, ni siquiera que conociera a alguién que hubiera militado en él. Y este dato, aún siendo subjetivo, es significativo, porque podemos alardear de haber conocido personalmente a lo esencial de esta familia política y, además, en profundidad.

Y ya que hablamos de libros, personajes y tirajes, la importancia que el autor atribuye a Mosley en el movimiento europeista de postguerra es desmesurada. Mosley, encarcelado durante la mayor parte de la II Guerra Mundial, vio su movimiento se deshacía en ese período y jamás volvía a recobrar, ni remotamente, la importancia que tuvo en los años treinta. Su “Union Mouvement” subsistió hasta finales de los sesenta, pero extremadamente debilitado y sin jugar un papel importante en ninguna de las iniciativas intereuropeos (por cierto, para coleccionistas de curiosidades: el emblema del "Unión Mouvement" no desapareció del todo, extinguida la formación, su emblema pasó a ser patrimonio del movimiento "squater"... de los "okupas", vaya). En cuanto a sus libros, en la actualidad Ediciones Nueva República publicó hace un par de años, un libro de Mosley, cuyas ventas no creemos que hayan superado los 200-250 ejemplares, atestiguando la baja “demanda” de este autor. Y en cuanto a “Mi Vida”, publicada en castellano hacia 1977, con una tirada de 5000 ejemplares, constituyó una de las peores ventas de la editorial según nos confesó su editor Luis de Caralt, su editor. Algo, por lo demás, innegable, dado que durante los siguientes diez años, la obra se resistía a desaparecer de los anaqueles de las librerías de saldo.

Todos estos datos son elocuentes sobre la irrelevancia de estos autores y líderes políticos, muy a pesar de que “investigadores” del tres al cuarto –como las fuentes que utiliza Simón y excluimos a Casals- así lo indiquen. Ni Yockey, ni Mosley fueron tomados en consideración dentro de la “derecha radical”, como elementos de debate y ni un solo grupo relevante y con mínima influencia asumió sus ideas jamás. Si, claro, en España, estos autores aparecían en las revistas de CEDADES… pero, redimensionando todo esto con el paso del tiempo, se percibe que siempre CEDADE fue un grupo reducido cuya importancia estribó en que mucha de la gente que se “inició” allí, al cabo de pocos años abandonaba la organización y pasaba a otras iniciativas en las que la componente neo-nazi no fuera tan obvia, o incluso, terminaban rompiendo con su pasado y alimentando a otros sectores de la “derecha radical” [llegado a este punto, aprovecho la ocasión para desmentir el que yo haya sido en algún momento de mi vida miembro de CEDADE tal como ha publican regularmente “investigadores merluzo”, repitiéndose y copiándose unos a otros].

Simón y varios autores más se han dejado seducir por el fetichismo de las siglas. Siglas como “Nuevo Orden Europeo” nunca tuvieron apenas realidad organizativa, tan solo eran núcleos de militantes (en muchos casos ni siquiera destacados, sino con un grado de marginalidad, frecuentemente, extremo) que se reunían una vez cada dos años y aprobaban una serie de textos, frecuentemente reiterativos o incluso excesivamente rígidos (a recordar el llamado “Manifiesto Social Racista”, especie de catecismo del grupo). Pero, ni el NOE, ni el MSE, ni la OEE, ni el Partido Nacional Europeo, lograron realizar ni una sola movilización como tales mientras existieron, ni realizaron actividad política digna det al nombre..

Dado que no hay nada nuevo bajo el sol, en la actualidad, cuando un partido de la “derecha radical” española intenta “homologarse”, lo primero que recurre es a formar una “alianza” con los partidos de moda en ese momento en Europa. Simón menciona, por ejemplo, el “Frente Nacional Europeo” (risas y sonrisas)… del que, nos dice Simón que forma parte el grupo griego “Aurora Dorada” (nombre de una sociedad ocultista inglesa de finales del XIX…), La Falange (esto es, uno de los seis grupos falangistas existentes en la actualidad) y el NPD… Simón no explica, sin ir más lejos, que este grupo solamente existe en la mentalidad calenturienta de algunos dirigentes de ese grupo falangista y que la irrelevancia que el NPD da a este proyecto, contrasta con la utilización casi abusiva de su sigla. Luego está el caso de los residuos de Democracia Nacional que todavía siguen considerándose miembros de “Euronat”… lamentablemente para ellos, el problema es que el impulsor de “Euronat” (Le Pen) ya no lo considera relevante y lo ha dejado extinguirse. Ejemplos de este tipo podrían multiplicarse.

Uno de los pocos momentos organizativos en los que ha existido un intento de coordinación mínimo en la “derecha radical” fue cuando Giorgio Almirante puso en marcha su “Eurorecha”. Vale la pena recordar algunos de los extremos de aquella operación porque fue la primera ocasión en la que aparecía en el horizonte la necesidad de formar una red de cara a la constitución del Parlamento Europeo. Lo primero que recordamos de aquello es que los tres partidos que lo impulsaron eran tan diferentes entre sí que parece increíble que pudieran pensar en coordinarse. El grupo francés, Forces Nouvelles, era un pequeño partido surgido del núcleo dirigente del disuelto Ordre Nouveau, opuesto de manera furibunda a Le Pen y a su Front National con el que hasta hacía poco habían colaborado. Su peso electoral fue siempre exiguo y en 1982 ya estaba casi completamente desintegrado. En cuanto a Fuerza Nueva… ¿qué puede decirse de Fuerza Nueva? Blas Piñar, en aquellos momento, más que un partido político, tenía unas milicias juveniles paramilitarizadas, sin la más mínima educación política, ultracatólicos más papistas que el Papa y con una visión de la política española, cuanto menos, “bizarra”. Resulta un misterio saber como Blas Piñar y señora llegaron a sentarse junto a Giorgio Almirante (entonces recientemente divorciado) y señora. Recuerdo que en una de las visitas de la delegación italiana a España, un militante de Fuerza Nueva preguntó al secretario general del Fronte della Giuventú, el entonces joven Gian Franco Fini, -y citamos textualmente- “¿Si confiaban en el apoyo del Espíritu Santo?”. Fini se limitó a responder que confiaban más en la gestión del Secretario General del Partido. Eso le llevó a presidente del Senado; por su parte, el apoyo del Eespíritu Santo no fue suficiente para evitar la disolución de Fuerza Nueva. En realidad, lo que estaba ocurriendo es que Almirante rememoraba sus años mozos y se dejó seducir por las masas oceánicas de la Plaza de Oriente y las formaciones seudoparamilitares de Fuerza Joven. De toda la experiencia, lo mejor que sacó Almirante fue la espada damasquinada toledana regalada por Blas, mientras que su esposa se beneficiaba de una lujosa mantelería lagarterana obsequio de doña Carmen Gutierrez de Piñar. Pero, evidentemente, todo esto estaba muy lejos de la “realpolitik”. A pesar de que Simón menciona que la “eurodestra” terminó con la muerte de Almirante en 1988, le aseguramos que se había extinguido mucho antes: Fuerza Nueva se disolvió en 1983 y el Parti des Forces Nouvelles no existía desde dos años antes. Y podemos atestiguarlo porque estuvimos en contacto directo en París con el núcleo dirigente de Forces Nouvelles en esos años [el núcleo dirigente de Forces Nouvelles pasó a publicar la edición francesa de la revista de geopolítica Confidentiel, de la que Adriano Tilgher ex secretario general de Avanguardia Nazionale, fue el impulsor de la edición italiana, y yo, modestamente, de la edición española y de sus prolongaciones, argentina y chilena. Quedaría solo recordar, por aquello de la “memoria histórica” que “Confidentiel” (subtitulada "Política – Estrategia – Conflictos") tenía redactores portugueses, ingleses, y, por supuesto, de las nacionalidades en donde existía edición, estaba publicada por el Institute de Recherches et Etudes Europeenes, cuyo presidente era SAR Sixto Enrique de Borbón].

Así pues, en el “ámbito organizativo”, las iniciativas son mucho menores de lo que el autor cree. De hecho, solamente las que han tenido lugar por partidos con representación en el Parlamento Europeo son dignas de mención. En este sentido, tampoco basta con leer los periódicos, recurrir a bases de datos de noticias o a libro de “investigación” escritos por profesionales del antifascismo.

Las distintas tendencias de la “derecha radical”

Errores en los datos presentados se repiten a lo largo de todo el artículo. No creemos que vale la pena repasar lo que, de por sí, es completamente anecdótico. De hecho, en la parte final del artículo aparece un elemento sobre el que vale la pena decir algo: las distintas tendencias ideológicas en las que está dividida la “derecha radical” europea. También hay aquí alguna confusión.

Sostiene el autor que “a efectos heurísticos” es posible identificar las siguientes concepciones diferenciadas de Europa en el seno de la “derecha radical”: 1) Europa Nación, 2) Europa Imperial, 3) Europa como unión de naciones, 4) Europa de las etnias y 5) Europa “blanca”… No podemos sino disentir. La cosa es mucho más sencillas. Veamos.

La idea de una “Europa Nación” fue, solamente, seguida por Jean Thiriart en el período de Jeune Europe. Luego, a partir de finales de los 60, ya no volvió a insistir en este concepto que sustituyó por el de “Eurasia”. Thiriart, presidente de la Asociación Mundial de Optometristas, viajó a Rusia, Países Árabes y China en ese período y renunció al “Ni Washington ni Moscú, anulemos Yalta”, sustituyéndolo por el “Frente a Washington, Eurasia”. El cambio de perspectiva es notable. Desde entonces, ningún grupo con implantación real, clase política dirigente coherente y estrategia definida, ha utilizado la expresión “Europa Nación” (salvo quizás pequeños grupos de jóvenes radicales a nivel de consignas). Que sepamos, hoy, ningún grupo político europeo, sostiene ese concepto.

¿Europa Imperial? Confusión a la vista. Thiriart tituló su libro “Europa, un Imperio de 400 millones de hombres”. Así pues, la Europa de Thiriart, era “imperial”. De hecho, en la lectura de su obra, uno de sus capítulos (el VI) se titula “Misión universal de la europeidad”. Y, dentro de este capítulo, los cinco primeros parágrafos rezuman “voluntad imperial”, en cuanto al sexto se titula “Europa ¿tercera fuerza o fuera principal?”… Así que la “Europa Imperial” era también cosa de Thiriart. Lamentablemente, Yockey también aludía al “Imperium” (aún cuando su orden de ideas era muy distinto al de Thiriart) y, Evola, por su parte, hacía referencia a la Idea Imperial con otros contenidos completamente diferentes a los de Thiriart y Yockey. En el Capítulo XVI de “Los hombres y las ruinas”, Evola alude directamente a la idea europea. El capítulo se titula “Forma y condiciones previas de la Unidad Europea”. Dicho capítulo está ausente de las ediciones de esta obra publicadas antes de 1962, y es una incorporación en respuesta a las iniciativas de Thiriart: Evola dice a Thiriart, Europa debe ser “imperial”, pero un “imperio” no es una acumulación de poder centralizador, sino “un concepto espiritual”. Para un ateo impenitente como Thiriart, “lo espiritual” no dejaba de ser una zarandaja sin mucho valor. Pero hay que añadir algo más sobre este tema.

Evola es un teórico del “pensamiento tradicional”, en la línea de René Guénon. No es un político, a pesar de que su obra haya constituido la piedra angular de la “derecha tradicional” de la postguerra. En lo personal, podemos autodefinirnos como “evolianos”, aun a riesgo de reconocer la imposibilidad absoluta de traducir el corpus doctrinal evoliano a términos políticos. Y, aún en el caso de que lograra realizarse por una hábil labor de síntesis doctrinal, el resultado enajenaría el voto y haría incomprensible el mensaje. Las ideas presentadas por Evola dan fuerza al militante, le confieren un patrón de análisis para la historia, el mundo, la sexualidad, la vida misma y sus orientaciones existenciales, para entender la raíz primera de los fenómenos de la modernidad… pero no para realizar agitación y propaganda política. A pesar de que es rigurosamente cierto que Almirante dijo de Evola que “era nuestro Marcuse, pero mejor” (frase que cita Simón en su artículo), lo cierto es que el MSI de Almirante jamás incorporó ideas de Evola a su programa político. Estas permanecieron en el ámbito del Fronte della Giuventú y de los grupos extraparlamentarios Avanguardia Nazionale y MP Ordine Nuevo. Por lo que respecta a Almirante… tampoco coincidía con Thiriart en su visión de una Europa Nación. En realidad, Almirante y el MSI que modeló eran ¡profundamente proamericanos!, hasta el punto de que consideraban que solo los EEUU podían proteger a Europa del “comunismo”. Y lo mismo podía decirse de Le Pen en esa época.

¿”Europa como unión de naciones”?.. Si, esa es la única concepción de Europa actualmente en vigor, aunque bajo otro rótulo: “La Europa de las Patrias”. Tal es la idea incluida en el programa del Front National que incluso Fini comparte.

¿”Europa de las etnias”? El “etnicismo” tuvo cierta importancia a finales de los años 60 (existían varios gropúsculos en Francia subtitulados “etnicistas” e incluso la Nueva Derecha irrumpió como “movimiento etnicista”) y no ha desaparecido completamente del panorama de la “derecha radical”. Parte de la base de que sobre el territorio europeo existen distintas “etnias” sobre las que es posible articular una futura unidad política europea. Es evidente que el único partido que puede ser tildado de “etnicista” en el momento actual es el Vlaams Belang. Encontraríamos muchas dificultades para encontrar otro… El que el Front National sea antijacobino explica el por qué en sus manifestaciones aparecen las banderas de todas las regiones de Francia, pero salvo la corriente "Terre et Peuple", el resto del Frot no es -hablando con propiedad- etnicista.

¿”Europa Blanca”? Nadie, absolutamente nadie, ha formulado esa idea salvo círculos extremadamente reducidos y aislados, poco representativos y casi anecdóticos, a no ser que consideremos a neonazis y skinetes en estatuto de "serios" y "representativos" (lo cual es mucho conceder). Ahora bien, no vale la pena engañarse y eludir el problema central.

La cuestión de fondo es que gracias a la estúpida irresponsabilidad de babosos a los que les ha sido imposible alcanzar un grado mayor de estupidez dado que no se entrenan suficientemente, no por falta de cualidad ni de méritos, Europa se encuentra hoy asediada por la marejada de la inmigración.

Tiene gracia que sobre este tema, el artículo de Sistemas apenas realice referencia alguna, olvidando que la “derecha radical” cabalga sobre la lucha contra la inmigración, en defensa de las clases trabajadoras europeas y de la identidad europea. Esa lucha no estaba presente ni en la “eurodestra”, ni en el Nuevo Orden Europeo, ni en Joven Europa… Pero el tiempo crea nuevas necesidades y la marea de menesterosos que llegan a Europa ha revitalizado a las formaciones de la derecha radical. Está claro que andinos, musulmanes y subsaharianos, parecen tener muy poco que ver con Europa y su presencia genera muchos más problemas de los que resuelve. Miserables babosos como ZP, Caldera, la Chelo Rumi, la Leyre Pajín, o Zerolo, no solamente son incapaces de dar soluciones a los problemas “fáciles” del país, sino que ni siquiera entienden como se gestan problemas como el de la inmigración. Cada pueblo tiene lo que se merece y el gobierno surgido de las bombas del 11-M es, evidentemente, no es más que un combinado explosivo de oportunismos progres de la peor especie junto a sobredosis de estupidez y receptáculos de todo tipo de negligencias. Ahora bien, es el gobierno vencedor en las elecciones… así que esto es lo que hay: un gobierno de atontados e ineptos para un pueblo que votó conmocionado por unas bombas de las que, por cierto, no se sabe ni quien las colocó.

Con clases políticas como la que nos gobierna, el “efecto llamada” crece a velocidad asindótica. Las encuestas demuestran que la inmigración masiva es percibida cada vez más como una amenaza. Así pues, la “derecha radical” actual “venderá” antiinmigracionismo y es inevitable que articule sus campañas sobre este tema: así pues, ninguna de las clasificaciones realizadas por Simón es exacta: los votantes de Le Pen no se plantean una “Europa de las etnias”, ni mucho menos una “Europa blanca” (a Simón le costaría trabajo integrar estos dos datos: hemos visto en los congresos del FN a representantes de los dom-tom -departamentos de ultramar- de raza negra y los sondeos demuestras que buena parte del voto lepenista... corresponde a inmigrantes de primera generación, frecuentemente argelinos, asustados por lo que se les viene encima con la marea descontrolada de inmigración).

Lo que los seguidores, militantes, cuadros y votantes de la “derecha radical” se plantean AQUI Y AHORA, NO INHILO TEMPORE  es COMO CONTENER A LA INVASIÓN QUE ESTÁ SUFRIENDO EUROPA y que, no solo, desvirtuará sus raíces, sino que, dada la diferencial demográfica a favor de los recién llegados, en apenas 30 años, hará que la religión más seguida en Europa sea el Islam (cuando parecía que, finalmente, nos acercábamos tras la caída del comunismo a un período de racionalidad política y en la que el pensamiento mágico quedaba desterrado) y este tipo de grupos étnicos, ante los que existe una brecha cultural y antropológica, estén igualados con los grupos étnicos europeos. Esa “Europa” es, cualquier cosa -incluso como una mierda, pero sin el “como”- pero no es la “Europa” que “hizo al mundo”…

Así pues, dejémonos de clasificaciones taxonómicas más o menos artificiosas y vayamos a lo esencial: el motor de la “derecha radical” es su lucha contra la inmigración masiva y este es el objetivo en el que coinciden las tendencias más representativas. Es una “oposición” (a la inmigración masiva), la que permite afirmar y revisar “qué es Europa”. A fin de cuentas, una de las pocas cosas sensatas que ha dicho ZP en sus dos años y pico de gobierno (por llamarlo de alguna manera) es que la inmigración es un “problema europeo”. Claro está que lo ha dicho para evitar tener que tomar decisiones; la coartada europea es una bendición para ZP: el “marrón” lo delega en la UE, en la misma UE a la que sigue enviando más y más inmigrantes que entran en Europa por la puerta de más fácil acceso, la España de ZP.

Contrariamente a lo que piensa Simón en su artículo, las diferencias entre los partidos verdaderamente representativos de la “derecha radical” europea, son pocas, casi inexistentes y están condenados a entenderse en el marco del Parlamento Europeo. Si Haider o Le Pen no colaboran más estrechamente, AN ha preferido dar la espalda a este sector, no es por razones programáticas o ideológicas, sino, pura y simplemente, electorales: Le Pen prefiere evitar ser acusado de “neonazismo” por su alianza con Haider y éste, evita ser presentado ante su electorado como el “amigo del racista francés”. Fini, por su parte, prefiere no tener nada que ver con los eventuales “resbalones” de Le Pen, Griffit, Dewinter o Haider… Y todo esto es comprensible. Por lo demás, que nadie se llame a engaño: desde que existe Internet aproximar y contactar grupos de este tipo es lo más fácil del mundo… Por lo demás, ¿quién asegura que no hay ningún contacto entre todos ellos?

El debate pendiente: Europa

La “derecha radical” tiene un debate pendiente sobre la “dimensión nacional” de su acción política. Por nuestra parte, nos declaramos “europeistas” y, si se nos apura, podemos definirnos incluso como “euroasiáticos” en la orientación política internacional (necesidad de asegurar la buena armonía en la masa geopolítica euroasiática cuyos actores principales son la UE, China y Rusia) y “eurosiberianos” en cuanto al eje de alianzas preferencial: Europa-Rusia continental, frente al mundo marítimo encabezado por la thalasocracia americana. Ahora bien…

El debate sobre Europa es un debate pendiente en la “derecha radical”. Hasta ahora, la realidad es que todos los partidos que han logrado insertarse con desigual importancia en sus respectivos países, han sido y son, especialmente, nacionalistas y, por ello mismo, antieuropeístas. Pero las nacionalidades actuales en toda Europa (y no digamos en España, el increíble país menguante) ya no están en condiciones de responder a los desafíos del tiempo nuevo. Estos partidos todavía no han logrado “pensar a nivel europeo y actuar a nivel nacional”. Para ellos, todo lo que sale de sus fronteras les sume en el más profundo desinterés. Hasta hace poco pensábamos que Europa era la “dimensión nacional” mínima para asegurar un mundo multipolar y estable. La crisis del petróleo ha sumado otro elemento a tener en cuenta: asegurarse fuentes energéticas. En la actualidad, estamos persuadidos de que el eje eurosiberiano es el eje político por excelencia y el único que puede garantizar el futuro de Europa. Este debate está hoy en curso en reducidos foros de cuadros políticos, con presencia de diputados y dirigentes de los partidos de la “derecha radical”… pero, a decir verdad, la idea europea todavía no ocupa un lugar prioritario en ninguno de los programas de estos partidos.

Y ya va siendo hora de que el debate se amplíe y tenga traducciones programáticas. De lo que, por nuestra parte, no cabe la menor duda es que las “naciones de papá” agonizan y ya no tienen lugar en el mundo del siglo XXI en tanto carecen de dimensión mínima para asegurar su supervivencia.

La lucha contra la inmigración masiva, es decir, contra el movimiento de la periferia europea para llegar al centro de la civilización, va a tener como consecuencia, la necesaria reaproximación de los partidos de la “derecha radical” en un programa común sobre este tema y en iniciativas unitarias. Eso o desaparecer. Y lo que es peor, los sucesos de mayo de 2005 en Perpignan y de noviembre del mismo año en toda Francia, evidencian que tenemos ante la vista una guerra civil racial, social hoy y religiosa, además, mañana. Y Europa luchará unida contra los émulos de Tarik y Muza del siglo VIII, o perecerá entre el barro como pereció el último rey visigodo.

A este respecto resulta sorprendente que Simón no haya comentado en su artículo una palabra pronunciada en español por todos los partidos de la “derecha radical” en este momento, una palabra cuya carga histórica evita el que sea traducida a otros idiomas, una palabra que resume cuáles son –mejor que ningún ensayo- los objetivos de la “derecha radical” en Europa. Esa palabra que hemos oído pronunciar con todos los acentos posibles de Europa es RECONQUISTA. Y en eso estamos…

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

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