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Infokrisis.- La tercera entrega sobre la catástrofe política catalana no puede sino estar dedicada a la parte positiva. Nos podemos plantear a qué votar, a quién votar y para qué votar. Quien esto escribe, por primera vez en su vida, no votará. Si ser catalán es "vivir y trabajar en Catalunya", nosotros hemos dejado de ser catalanes. Lo que no quiere decir que nos abstengamos de opinar y aconsejar sobre Catalunya.


Nuestro apellido es catalán como pocos. Catalán, oriundo de Francia. Nuestros antepasados fueron provenzales que llegaron para repoblar Catalunya. No tuvieron el más mínimo inconveniente en probar su nobleza en las Órdenes de Santiago, Calatrava, Montesa y Alcántara. En el siglo XV se asentaron en el Penedés y allí –mira por donde- cultivaron viñas. Como tantos otros catalanes de pura cepa, cuando tocó buscar fortuna en las América, los hijos segundos de los Milá fueron a Cuba junto a otros apellidos ilustres catalanes, los Güell, los Xifré, los Vidal-Quadras, etc. Así que podemos enarbolar pruebas de catalanidad, como mínimo, tan acrisoladas como las del que más.

Pero el clima de ensimismamiento de la política catalana, la provincianización operada en el “país” desde los primeros años del gobierno de Pujol, la asfixiante aparición de un nacionalismo que ha elaborado una nueva “historia de Catalunya” a su medida y al servicio de sus necesidades y, sobre todo, esa negativa a reconocer que sobre el suelo de Catalunya, históricamente, han convivido dos identidades; nos ha inducido a domiciliar nuestra residencia fuera de Catalunya. Desde fuera del Principado, el drama de la política catalana se percibe más como sainete que como tragedia. Cada pueblo tiene los políticos que se merece y Catalunya no iba a ser una excepción. El bajo perfil de los políticos catalanes corresponde a la crisis de Catalunya. No se es “nación” a fuerza de repetirlo una y mil veces, se es nación cuando se es capaz de definir un “destino” y una “misión”. Y de eso la clase política catalana no tiene ni puñetera idea. Si esa es la “talla” de los políticos catalanes, es que Catalunya se ha equivocado.

Vale la pena preguntarse cómo Catalunya puede orientar su voto para que este período de crisis, mirarse el ombligo y ensimismamiento, termine cuanto antes y Catalunya pueda participar en España y dentro del marco de la UE en una “misión” y un “destino”.

¿Votar?

El voto es un derecho democrático, aun cuando sirva realmente para poco y el voto aislado sea como un grano de arena en la playa. No hay que sobrevalorar el hecho de votar. Votar es expresar la opinión cada cuatro años y elegir mandatarios. Toda la teología creada sobre la “soberanía popular” como sustitutivo del “derecho divino” es fatua e inútil.

En un referéndum, el voto es quizás más importante para el futuro que en cualquier otra consulta. Se va a elegir la norma de convivencia de la sociedad catalana y las relaciones de Catalunya con el resto del Estado y con la Nación Española. Así pues votar, en este caso, es una obligación moral. La abstención es una opción demasiado sencilla, es la opción de los apáticos y de quienes son incapaces de concebir algo más allá de su propia individualidad. Una opción rechazable por insolidaria y antihistórica.

Excluyamos el votar SI en el referéndum. El sentido de la historia va en la dirección de crear formas mayores de organización política. A partir de finales de la Segunda Guerra Mundial, con el "boom" de las comunicaciones y los transportes y, posteriormente, con la irrupción de la era de la informática, el mundo se ha hecho progresivamente más pequeño; y la complejidad de la investigación científica y de la producción de tecnologías de vanguardia, hace que las naciones deban aproximarse unas a otras, formando bloques geopolíticas de nuevo cuño. Hoy resulta evidente que, una dimensión nacional como las de las naciones europeas, ya no está en condiciones de sobrevivir sin aproximarse entre sí, o bien, sin plegarse a los deseos de superpotencias. España es hoy uno de los puntales de la Unión Europea. Y lo que se trata de defender es la proyección de esa Unión como entidad geopolítica independiente y con voluntad de convertirse en uno de los ejes de un mundo multipolar. La UE es una “unión de Estados Nacionales”. Todo lo que contribuye a reforzar esa Unión puede ser considerado como positivo, lo que contribuye a debilitar a cada una de las naciones que la componen y, por tanto, alejarnos del objetivo final, la constitución de una Federación Europea, es negativo. La historia no da marcha atrás: los tiempos de las taifas y de la formación de los condados catalanes, de la corona de Aragón o los avances de Castilla, quedaron atrás cuando abordaron de común acuerdo un proceso de convergencia, primero, y de unidad después. Hacer saltar por los aires ese proceso histórico supone hacer girar hacia atrás la rueda de la Historia. Cuando un proceso centrífugo de este tipo, además, está pilotado por una clase política indigna del más mínimo crédito y culpable de saquear las arcas del Estado, ese estatuto es un engendro depravado que no puede apoyarse en ningún caso. El SI es una opción a excluir y, a medida que se acerque la fecha del referéndum iremos dando argumentos más concretos contra el “nuevo estatuto”.

El voto que aconsejamos está entre el NO y el voto NULO. Para elegir entre uno u otro deberemos tener en cuenta lo dicho en la parte II de esta trilogía de artículos sobre la política de Catalunya. Un aumento excesivo del NO implicaría aumentar el papel político de ERC y, en menor medida, del PP. A ERC se le puede achacar su independentismo irrealizable. El independentismo es el nacionalismo llevado al límite, al margen de cualquier consideración pragmática, de la lógica y del sentido común. Por su parte, al PP se le puede achacar falta de claridad, haber renunciado a la movilización popular en Catalunya y una ambigüedad calculada para evitar su aislamiento del resto de partidos políticos catalanes. Finalmente, el hecho de que el PP y ERC coincidan en su NO al estatuto añade un nuevo elemento de duda y ambigüedad, que desaconseja hacer causa común con estos partidos, votando NO.

El único argumento a favor del NO sería minimizar el apoyo al estatuto e invalidarlo al ser apoyado por menos de un tercio del cuerpo electoral real, entre “noes” y abstenciones. Que ese estatuto no va a resolver ninguno de los problemas catalanes parece demasiado evidente y que, por el contrario, va a aumentar las contradicciones entre Catalunya y España parece también claro. Así que la forma más clara de oponerse es decir NO. En la urna, todos los “noes”, vengan de donde vengan, tienen el mismo resultado. Por lo tanto es una opción a contemplar.

El voto nulo es otra posibilidad. Abandonada por ERC, ha quedado libre como forma de expresar una oposición activa al nuevo estatuto. Tiene la ventaja de que no implica identificación con ninguna fuerza política y que resta porcentaje al SI. Además, permite una campaña pedagógica en el curso de la cual no se corre el peligro de contribuir a aumentar el peso de ninguna opción.

Rechazo del SI, opciones entre el NO y el voto NULO y recomendación de ejercer el derecho al voto, son las opciones que podemos establecer de cara al referéndum.

¿Por qué votar en las autonómicas?

Tras el referéndum, las elecciones autonómicas. No debería de ser así. De hecho, si la existencia de un gobierno se convierte en inviable, lo que procede es primero resolver la cuestión de la gobernabilidad y, luego, someter el texto del estatuto a referéndum. Especialmente porque el texto estatutario ha sido promovido por un gobierno que ha caído. Otra posibilidad hubiera sido convocar el referéndum y las elecciones en la misma fecha, pero esto tenía el inconveniente de que cogía a los partidos en una situación de imprevisión. Se optó por la solución que más convenía a Maragall: primero referéndum, luego elecciones. Así tenía tiempo para reforzar su posición y la legítima aspiración de que si la consulta sobre el estatuto fuera un éxito de participación y del SI, el “president” lo podía enarbolar como un éxito personal para forzar su reelección como candidato del PSC.

La decisión está tomada, así que de poco vale lamentarse o discutir. En cinco meses tendremos elecciones autonómicas en Catalunya. Si ahora mismo se convocaran elecciones generales en España, el “voto útil” causaría estragos y polarizaría la intención del voto hacia el PP y hacia el PSOE. En ese contexto, a nivel nacional, ninguna opción nueva va a tener posibilidades de irrumpir cuando se convoquen elecciones generales en el 2008. Los partidos nacionalistas y los partidos marginales, como IU, quedarán ampliamente laminados en las generales y cualquier intento de irrupción de opciones nuevas, será asfixiado por el “voto útil”. Pero esto no ocurre en las elecciones autonómicas catalanas. Si en el Estado lo que existe es un bipartidismo imperfecto, en Catalunya existe un sistema multipartidista en estado puro. No hay “voto útil” que valga y cada cual puede votar en conciencia a la opción que considere más acorde con sus aspiraciones, ideas o pretensiones.

Por cierto, desde infokrisis ¿qué podemos exigir y a qué podemos aspirar?

En primer lugar a un encaje entre la política catalana y la política española, basado en tres principios: la lealtad de Catalunya hacia España, la pertenencia de la “nacionalidad” catalana a España (la “nacionalidad” es un espacio geográfico en el que existen rasgos históricos, antropológicos y culturales comunes) y, finalmente, la existencia en Catalunya de dos identidades. Catalunya es una autonomía “pluriidentitaria” que forma parte de la Nación (unidad dotada de “misión” y “destino”) y del Estado (encarnación jurídica y organizativa de la nación).

En segundo lugar, que las políticas sociales son mucho más importantes que las políticas autonómicas y que la gestión de un gobierno autonómico no es otra que resolver los problemas que aparecen en su campo de aplicación. En este sentido, hay que recordar el principio de solidaridad interterritorial: Catalunya no puede desvincularse y desentenderse del desarrollo y las necesidades de otras partes de España, especialmente porque el desarrollo catalán ha sido posible gracias al trabajo de millones de inmigrantes llegados de otros puntos del Estado a los que se les ha impedido conservar incluso su propia identidad.

En tercer lugar, un partido catalán tiene la obligación de situar en toda su gravedad el problema de la inmigración, máxime cuando las políticas de la Generalitat en relación a la inmigración han sido una completa y total locura. En el período de Pujol se trataba solamente de impedir la llegada a Catalunya de inmigrantes iberoamericanos hispanoparlantes, y se cometió la estupidez de priorizar la inmigración magrebí. Por algún extraño motivo a algún “cerebro” de la Generalitat se le ocurrió que los magrebíes aprenderían antes catalán que los iberoamericanos. Hoy, el 65% de la inmigración marroquí en España está ubicado en Catalunya, donde, por lo demás, no se ha podido evitar que a los magrebíes siguieran los andinos… Hoy la inmigración es el gran problema de Catalunya junto al encarecimiento de la vivienda y a la delincuencia, ligada en una medida asfixiante a la inmigración.

Ningún partido político mayoritario de Catalunya ha dicho nada mínimamente razonable en relación a la inmigración. Como máximo la obligación de todos los inmigrantes de conocer el catalán… algo inútil para ellos, dada la alta movilidad laboral que los lleva de un lugar a otro de la geografía nacional. Así pues, una opción “aceptable” será aquella que contemplase decisivamente la aplicación de medidas para cortar la inmigración masiva en Catalunya… y en el resto del Estado.

Finalmente, en Catalunya es preciso restar a la Generalitat sus pretensiones de intervenir en todos los ámbitos de la vida social, y, sin embargo, restaurando el principio de autoridad. Ese principio está en trance de desaparecer en Catalunya. Ocupaciones sistemáticas, movimientos antisistema de radicalismo agresivo y violento, una criminalidad en aumento más que en cualquier otro lugar de España, una policía autonómica novata y rebasada en todos los terrenos, un incivismo creciente en la sociedad, violencia en las escuelas, bandas latinas operando a sus anchas, formación de guetos en todas las zonas industriales, masificación en las cárceles, baja calidad de los medios de comunicación dependientes de la Generalitat, intervencionismo en los medios con la amenaza de no renovar las licencias de emisión en caso de actitud hostil, una inmoralidad creciente…, son algunos de los problemas sociales que es preciso resolver en Catalunya o en caso contrario esos problemas acabarán con la sociedad catalana.

Pues bien, no hay ningún partido cuyo programa esté dispuesto a coger el toro por los cuernos y afrontar decididamente todos estos problemas. Así pues, se conoce la frase de los Hermanos Marx: “En la casa de al lado hay un tesoro” dice Groucho. Zeppo le contesta: “Pero si al lado no hay ninguna casa” y Groucho concluye: “Es igual, construiremos una”. De lo que se trata, pues, es de crear una nueva opción política.

¿A quién votar?

Esa nueva opción no puede salir de partidillos pertenecientes a otro tiempo que, si no han conseguido arraigar en zonas mucho más favorables para ellos (Madrid, Castilla, Navarra), mucho menos lo van a hacer en Catalunya. Estas opciones “nacionales” o “nacionalistas españolas” nunca han tenido gran arraigo en Catalunya, en situaciones mucho mejores. Parece difícil que hoy logren arraigar mínimamente, toda vez que cuentan con menos cuadros y militantes que nunca. Ni democracias nacionales, ni falanges, ni partidos de este tipo tienen la más mínima posibilidad de sumar más de 2000 votos en todo el territorio catalán y bastante esfuerzo tendrán con encontrar nombres suficientes para estructurar candidaturas que cubran las cuatro provincias. No es sobre esas bases sobre las que se podrá estructurar una alternativa de futuro.

En este momento solamente existe una opción en embrión que progresivamente va arraigando en los municipios y que, seguramente, hubiera podido demostrar su ímpetu si las elecciones autonómicas hubieran tenido lugar DESPUES de las municipales. En efecto, “Plataforma per Catalunya”, en los últimos dos años, ha ido trenzando un tejido cada vez más tupido de delegaciones locales que permite pensar que tras las próximas municipales podrá contar con un grupo de concejales cada vez más numeroso. En nuestra opinión, se trata de apoyar y reforzar a la “Plataforma per Catalunya”, trabajar para completar los planteamientos de esta organización y procurar que sea, efectivamente, el embrión de un gran partido catalán alternativo.

Si el gran problema de Catalunya es el que deriva de la presencia masiva de un millón de inmigrantes con los daños colaterales que eso comporta, entonces no hay más remedio que reconocer que la “Plataforma per Catalunya” hoy es la opción más realista y por la que vale la pena, no sólo apostar, sino comprometerse; así como procurar que en otras zonas de España surjan opciones similares. Cuando el “modelo de partido” se ha hecho inviable, el “modelo plataforma” es la única vía aceptable. Deseamos a la “Plataforma per Catalunya” un avance sustancial en las próximas elecciones municipales y un despegue en las autonómicas de otoño. Y animamos a la creación de organizaciones similares en otras autonomías.

© Ernesto Milà Rodríguez – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 13.05.06

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