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Infokrisis.- El nuevo ciclo electoral, que no se esperaba hasta noviembre de 2007, ha terminado adelantándose. La convocatoria del referéndum sobre el "nuevo estatuto" y la anunciada convocatoria de elecciones autonómicas catalanas para otoño, anticipándose un año, van a suponer dos pruebas de fuego para el gobierno ZP. Vamos a analizar la importancia de estos dos procesos políticos.

El Referéndum y sus posibles resultados

En tanto que ley fundamental de una comunidad autónoma, un “estatuto de autonomía” es válido, solamente, si existe un amplio consenso en torno a su fisonomía. De lo contrario, cualquier variación en las simetrías electorales, forzarán cambios en el articulado. Puede entenderse que los padres de la Constitución intentaran por todos los medios favorecer el consenso, aunque mucho menos el que se alcanzara un punto de acuerdo por la vía de la ambigüedad. En política, la ambigüedad favorece el acuerdo cercano y garantiza el conflicto a medio plazo. Las aguas del consenso constitucional trajeron los lodos de las reformas estatutarias.

Si la Constitución define a España como Nación, desde luego no es de recibo que otra comunidad nacional se abrogue el mismo título de “nación”. Jamás en la historia política de la humanidad ha existido una nación compuesta por dos naciones (tres si sumamos la peripatética “nación andaluza” cuyos antecedentes históricos son aún menos visibles que los catalanes, por no decir completamente inexistentes. Los términos no son neutrales: una Nación es un proyecto histórico, implica un destino y una misión. Las naciones no surgen por una votación constitucional, ni se extinguen por otra. Pero de esto ya hemos hablado en otras ocasiones. La inclusión del término “nación” en el preámbulo del “nuevo estatuto”, es algo peor que un error, es una chapuza. El resto del Estatuto evidencia la desmesurada ambición de la clase política catalana por controlar recursos económicos cada vez mayores. Lo más sorprendente e inmoral es que una clase política bajo sospecha –este estatuto puede ser llamado con propiedad el “Estatuto del 3%”- haya sido capaz de redactar una ley que va a afectar a todos los catalanes y que va a ser imitado por otras autonomías.

El “nuevo estatuto” ni hacía falta, ni se ha tramitado pensando qué ocurriría con su aplicación, sino que el punto de encuentro ha derivado, no de la resolución de las contradicciones y los conflictos, sino de su superación, una vez más, mediante redactados ambiguos en los que cada cual puede entender lo que le interesa. El texto, fundamentalmente intervencionista, intenta regular por ley todas las actividades que se den en Catalunya. En lugar de dar vía libre, este estatuto aspira a “modelar” a la población residente en Catalunya según los designios nacionalistas. En resumen, este “nuevo estatuto” es contrario a la necesidad y a la tendencia histórica de repliegue del Estado a las funciones mínimas esenciales para el bienestar público. Stalin se hubiera sentido extremadamente conforme con este texto.

Tal es la chapuza que los catalanes irán a votar en junio.

Cuando se somete a votación un texto de este tipo, el éxito de la convocatoria depende de tres factores: la campaña asfixiante de los medios de comunicación, la actitud de los partidos y la predisposición del electorado.

Los medios de comunicación catalanes hace años que han perdido de vista lo que es la “independencia”. Comen de la mano de la Generalitat, la cual les desvía generosa publicidad institucional. Si son radios, les obliga no solamente a eso, sino a introducir “cuotas lingüísticas”. Si son TV’s, la obligación de emitir en catalán no está escrita, pero es la única garantía de recibir la subvención correspondiente. No van a ser, desde luego, los medios de comunicación catalanes los que hagan campaña contra el “nuevo estatuto”. Es más, van a ser los primeros en animar al electorado a perder unas horas votándolo. La creación del Consejo Radiovisual de Catalunya ha sido la puntilla. Los censurados han aprobado plenos poderes para el censor. En este terreno, salvo la COPE, el resto de medios tiene una respuesta unánime. Todavía recordamos cómo la redacción catalana de El Mundo, dirigida por Alberto Montagut, reducía la carga antisocialista de su diario en Catalunya durante los días del GAL.

La posición de los partidos políticos es más variada. Los partidos mayoritarios, PSC y CiU, votarán a favor. Los situados a la derecha y a la izquierda, ERC y PP, votarán no. La propuesta de Carod de votar nulo en el referéndum, con objeto de no evidenciar una identidad de posición con el PP y de manifestar un nivel de oposición “distinto” a la derecha, fue enmendada por las bases de ERC, mucho más toscas, que obligaron a rectificar la decisión inicial y votar no.

En cuanto a la reacción del cuerpo electoral hay que considerar dos factores. El primero es la indiferencia con la que la inmensa mayoría del pueblo catalán ha asistido a la discusión sobre el “nuevo estatuto” y la falta de interés con que siempre ha acogido todo lo referente al mismo. El segundo es la tendencia natural de la población a inhibirse en este tipo de consultas. El Estatuto de Nuria ya tuvo un alto nivel de abstención (en torno al 38%), cuando sí existía una “demanda social” por un Estatuto de Autonomía. Esa demanda ha estado hoy completamente ausente.

El resultado de estos tres factores va a ser: una abstención que rondará la mitad del cuerpo electoral y, de los votantes, entre una cuarta y una quinta parte votarán no; posiblemente, el número de votos nulos sea también más elevado en relación a otras consultas similares. Esto llevará a la situación de que el “nuevo estatuto” corre el riesgo de ser aprobado por entre un 32 y un 35% del total cuerpo electoral. Parece muy difícil que un estatuto con este soporte social tan débil pueda ser aplicado con convicción y rigor. Es más, un resultado de este tipo contribuiría a confirmar lo que puede suponerse: que existe una brecha entre los intereses de la clase política y de la ciudadanía.

La peor de las hipótesis para CiU y el PSC (especialmente para éste) es que el referéndum no dé un número suficiente de “síes” (menos del 80% de los votantes) en el marco de una abstención masiva (más del 40%). En esas circunstancias, estos dos partidos van a situarse en posición de desventaja en la carrera electoral. Porque los grandes beneficiarios de unos resultados como estos, serían el PP y ERC.

El otro escenario sería el más ventajoso para las opciones mayoritarias: una asistencia a las urnas relativamente masiva (más del 60% de electores), con un número de “síes” alto (más del 80% de los votantes). Un resultado de este tipo implicaría el fracaso y la incomprensión de los mensajes del PP y de ERC y comprometería sus resultados en las elecciones autonómicas.

Las dudas sobre el futuro

CiU, el partido de la burguesía catalana, ha demostrado ser el más hábil en esta situación. Artur Mas ha evidenciado a las claras que le interesa muy poco el referéndum porque, de momento, ya se ha lanzado a la carrera electoral. CiU no puede ocultar su voluntad de obtener un resultado que le permita gobernar sola. Quiere mayoría absoluta y manos libres para aplicar el Estatut. Pero si no obtiene esa mayoría absoluta, el acuerdo entre ZP y Mas, con toda probabilidad, hace que la única coalición aceptable sea entre CiU y el PSC. Un PSC, por supuesto, liberado del lastre que supone Maragall y su plataforma cívica. CiU tiene muy claro lo que quiere y quién va a ser su cabeza de lista.

No ocurre lo mismo con el PSC. Por no saber, el PSC no sabe siquiera quién va a ser su candidato. No es evidente que Maragall vaya a repetir y, si lo hace, parece claro que nunca en la historia de la democracia, un partido va a presentar a su candidato con tan poca fe. Si el PSC decide presentar de nuevo a Maragall, no es porque tenga la más mínima esperanza en que salga elegido, sino porque no hay otro candidato de sustitución.

Nadal, seguramente el candidato más honesto que puede presentar el PSC, está quemado por el hundimiento de El Carmelo. En cuanto a Montilla, considerado durante ocho años como el sucesor natural de Maragall, está hoy liquidado y rematado por el papel jugado en la OPA de Gas Natural sobre Endesa. No hay más. En el momento de escribir estas líneas, justo cuando se ha dado a conocer la composición del gobierno monocolor del PSC, todavía no se sabe si Maragall repetirá como cabeza de lista de este partido. Nos tememos que sí lo será. Si el PSC duda, Maragall tomará la delantera, intentará un show que lo revalide en el puesto y que haga inapelable la decisión de ser el número 1. Pero eso no implicará que mejoren las posiciones electorales del PSC, sino todo lo contrario. De ser así, el apoyo del “aparato” del PSC será tibio y todos los demás partidos harán campaña contra Maragall –muy fácil por lo demás- al que acusarán del esperpento continuado de estos últimos dos años y medio.

O mucho nos equivocamos, o a fin de año volveremos a tener un gobierno de CiU sentado en la Generalitat, ya sea en solitario o con un PSC capitidisminuido que habrá jubilado a Maragall tras el previsible descalabro electoral. El misterio consistirá en saber si ERC ha logrado mantener sus posiciones, avanzarlas, o bien se ha hundido electoralmente. Y en cuanto al PP, sus resultados supondrán la confirmación o la defenestración de Piqué. En este sentido, el destino de ERC está mucho más vinculado al resultado del referéndum que el del PP. En el fondo, ERC ha variado extremadamente sus posiciones: fue el impulsor del “nuevo estatuto”, fue la fuerza política que más trabajó por su elaboración y aprobación, luego se sintió traicionado por ZP y optó por el voto nulo y luego por el no, pero en el senado y en el congreso nacional, sus diputados apoyaron el Estatut… toda esta serie de rectificaciones va a ser muy difícil que la puedan explicar al electorado catalán. Da la sensación de que solamente en Gerona ERC conseguirá unos resultados iguales o quizás superiores a los del 2003. En las otras tres provincias catalanas, va a ser mucho más difícil que igualen cifras.

Por lo que se refiere al PP de Piqué, se le puede reprochar tibieza en su oposición al “nuevo estatuto”. Piqué siempre ha tenido pánico al aislamiento. No ha advertido que, frecuentemente, el aislamiento político garantiza el crecimiento e imprime carácter a una opción política, mientras que eludirlo supone pan para hoy y hambre para mañana. La postura de Piqué ha sido tibia, pero, al menos, lo defendido por el PP ha sido coherente y constante: el “nuevo estatuto” no era necesario, lo aprobado en Madrid tiene poco que ver con lo que salió de Barcelona y se mantienen algunos elementos de inconstitucionalidad. Además, durante dos años y medio, el gobierno de la Generalitat ha estado paralizado por la elaboración del Estatut y la tarea de gobierno ha pasado a segundo plano. Este mensaje claro, puede hacer que el PP mejore algo su situación en Catalunya. Por otra parte, la disidencia antiestatut que ha emanado de los sectores “españolistas” del PSC y que se ha concretado en la opción “Ciudadanos por Catalunya” que tiene a Albert Boadella como principal exponente, puede contribuir a aumentar la ruina electoral del PSC y, si logra entrar en el parlament, hacer que el PP no esté aislado en materia autonómica y lingüística.

¿Alguna otra opción? El magma rojo-rosa-verde representado por ICV-EUiA, bastante tendrá si logra mantener sus actuales posiciones. Lo irrelevante de esta opción, hace que desde su fundación se vaya replegando sobre sí misma y cuente con un espacio político cada vez más reducido. Si logran algún resultado apreciable, quedarán fuera de cualquier opción de gobierno. De hecho, estas elecciones catalanas, si tienen lugar en una situación similar a la actual y, salvo que se produzca un cataclismo al conocerse los resultados del referéndum (por ejemplo, un número de “noes” desmesurado, superior al 30%), todo induce a pensar que CiU lo tiene fácil para regresar al Palau de la Generalitat. Tras Pujol, Mas. Para ese viaje no hacían falta alforjas.

© Ernesto Milá Rodríguez – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 13.05.06

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