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Infokrisis.- Vuelco demográfico, paro falta de perspectivas para la población, gobiernos autoritarios, inmigración masiva, simulacros de democracia, gigantescas bolsas de pobreza, debilidad de las clases medias, ascenso del islamismo como primera fuerza política… tales son los rasgos principales de la nueva situación en el Mediterráneo Sur.
En las elecciones generales de 2002, en Marruecos, el islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo, pudo alcanzar la mayoría absoluta. Sin embargo, el majzén (entorno de la Casa Real) impuso que el PJD solamente se presentara en la mitad de las circunscripciones; además, los resultados fueron falseados para convertir al islamismo en la “tercera” fuerza política, tras los socialistas y el Istiqlal. Esta es la “democracia” que ha loado Zapatero en su visita a Rabat…
En Argelia, la prohibición de opciones islamistas, tras la guerra civil, no ha hecho desparecer la opción religiosa. Y en Egipto, las elecciones de 2005, han consagrado a los Hermanos Musulmanes como la segunda fuerza política. Así mismo, el islamismo está ascendiendo en Libia y Túnez. Todo esto configura una situación en la que el islamismo es, sin discusión, la primera fuerza político-social del Mediterráneo Sur.
El Mediterráneo Sur y la Unión Europea
Las antiguas metrópolis europeas siempre intentaron mantener los puentes con sus excolonias. Esto facilitó que la Unión Europea tuviera a los gobiernos del Magreb –al “Magreb oficial”- como interlocutores válidos. Esta tendencia fue reforzada por la sensación de que el islamismo político, aparecido a finales de los años 70 amenazaban la estabilidad del mundo árabe.
La UE y los EEUU, desde entonces, han tendido a apuntalar a los gobiernos anti-islamistas. Francia apoyó el golpe militar de Argelia en 1993, impidiendo la celebración de las elecciones que debían de haber dado una amplia mayoría absoluta al FIS. Esa opción y los elogios desmesurados de Zapataro o Bush, al régimen marroquí -cuya democracia, piadosamente, puede ser calificada como de “mala calidad”-, indican que el “primer mundo” se entiende mejor con los gobiernos actuales que con la opción islamista.
El Mediterráneo Sur “real”
En todo el Norte de África, desde el Atlas a Suez, el islamismo se ha impuesto –con mucho- como fuerza política y social preponderante. Ignorar esto es arriesgarse a apoyar regímenes corruptos, a punto de derrumbarse y albergar hostilidad a la fuerza político-social que, gobernará el Mediterráneo Sur antes de diez años.
La Unión Europea se ha equivocado de interlocutores. A fuerza de tratar con los Hassan II, los Mubarak, los Bouteflika y demás, ha olvidado que, si bien en un tiempo, gozaron de la confianza de su pueblo, hoy ya no la tienen.
Los gobiernos de África del Norte han fracasado en su gestión, se han convertido en formidables concentraciones de corrupción institucionalizada, al margen de cualquier ética y moral. Esa es la única realidad.
El hecho de que Mohamed VI sea el principal empresario agrícola de Marruecos o que el propio rey haya decidido crear una nueva institución financiera, son suficientemente elocuentes de los niveles de enriquecimiento de la clase dirigente (ligada al majzén marroquí, al ejército argelino o al entorno de Mubarak) que contrastan con la miseria creciente de los países que gobiernan. ¿Son estos dirigentes corruptos los interlocutores válidos de Europa? Permítasenos dudarlo.
¿Un voto de confianza al islamismo moderado?
Si se prescinde del “terrorismo islámico” y de la cada vez más nebulosa Al-Qaeda y leemos los programas políticos que están defendiendo en el 2006 los partidos islamistas del Mediterráneo Sur, deberemos de concluir que algo ha cambiado desde los llamamientos del FIS en 1993 a la “yihad”. Da la sensación de que, el “islamismo político” (a no confundir con el “islamismo terrorista”) ha aprendido la lección de sus errores de hace 10 ó 20 años. La moderación del PJD e incluso de la organización del jeque Yassin, Justicia y Caridad, son elocuentes.
Sabemos que los actuales líderes de África del Norte son corruptos y están progresivamente más aislados. Es lícito pensar que los líderes islamistas, guiados –nos guste o no- por un código ético derivado del Corán y, particularmente, estricto, podrían aportar un retorno a la moralidad en la vida pública. Si tenemos en cuenta que organizaciones islamistas radicales como Justicia y Caridad, realizan una tarea a favor de las clases más desfavorecidas, deberemos concluir que merecen un voto de confianza o, como mínimo, nuestra neutralidad.
El Islam frente a Europa
La duda procede de algunos conceptos incluidos en la religión islámica que pueden resultar peligrosos para la Unión Europea. La idea de la yihad, por ejemplo, o la marginación de la mujer. O la predicación del Islam en tierra europea y, particularmente, del Islam radicalizado entre las comunidades inmigrantes.
Quizás sea el momento de establecer zonas de claridad entre las dos orillas del Mediterráneo: la historia del Norte está ligada al cristianismo, la del Sur al Islam. El Mediterráneo separa culturas, estilos de vida y principios. Pretender, eliminar estas diferencias de un plumazo, supone crear focos de tensión. En este mundo globalizado, existen fronteras, y es bueno que existan. El problema viene cuando estas fronteras se convierten en permeables y aparecen bolsas islamistas radicales en Europa; el cuadro de errores se completa iluminados europeos aspiran a exportar al Sur un sistema político ajeno a las tradiciones del Islam.
El “diálogo de civilizaciones” debería basarse en realidades más que en ficciones idealistas; y la única realidad es que las dos orillas del Mediterráneo son diferentes. Bastaría con pactar con el islamismo político, una recíproca no intervención: ni exportación del Islam al Norte, ni intromisión en cuestiones internas del Sur.
Nos guste o no, en la próxima década, el Mediterráneo Sur estará dirigido por los islamistas hoy en la oposición. Lo peor que podría hacer Europa, es intervenir en lo que se va a convertir en un avispero, retrasando lo inevitable.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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