Una necesidad: la revisión sobre el 11-M (III de IV)

Publicado: Domingo, 04 de Septiembre de 2005 11:17 por en TERRORISMO
11m.gifRedacción.- El 22 de agosto, “El Mundo” ampliaba las informaciones que ya había apuntado un par de meses antes. Utilizando precavidamente los interrogantes se preguntaban: “¿Un policía preparó las bombas?”. Una pregunta tan provocadora solamente podía estar avalada por un documento definitivo… emitido por la propia policía. El 23 de agosto, “El Mundo” reprodujo completo el documento en cuestión.

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La extraña trayectoria de Ayman Kalaji

Ayman Maussili Kalaji, a pesar de la procedencia que indica su nombre, es un policía español. Casi diríamos, un notable policía español. Su portentosa biografía es resumida por la Unidad Central de Información, en un informe elaborado tras los primeros datos que filtró “El Mundo” en el pasado mes de mayo. El informe fue remitido al juez Del Olmo… el cual, a pesar de la gravedad de los datos contenidos, no hizo absolutamente nada. Todo induce a pensar, en este momento de la investigación que Ayman Maussili Kalaji es una pieza clave en toda la trama que llevó a los atentados del 11-M. Esta es su vida.

El informe de la UCI, se preguntaba en negrilla: “¿Quién realizó la soldadura de los cables en el vibrador de los teléfonos móviles para que enlazaran con los detonadores?”. Luego afirman que los registros domiciliarios realizados en los domicilios de los terroristas, no han llevado a encontrar el material necesario para esa operación. Y, bruscamente, el informe se refiere a Kalaji: “Esta persona tiene los conocimientos suficientes”. ¿Qué lleva a la UCI a sospechar de quien, en el fondo, es otro funcionario policial? Muy sencillo: una mezcla de datos objetivos, la revisión del historial pasado de Kalaji y algunas de sus relaciones presentes. ¡Por que Kalaji había militado en un grupo terrorista islámico en los años 70, había reconocido ser la persona que liberó los móviles utilizados en los atentados y, para colmo, tenía relación con Moutah Almallah Dabs miembro de la célula terrorista sospechosa de colocar las bombas el 11-M…! Nada más y nada menos, tenemos a un policía colocado justo en el centro de la trama. ¿Conspiranoia? Difícilmente, porque las relaciones de Kalaji con la trama son todavía más estrechas.

Un pasado sospechoso…

Kalaji se encuentra hoy de “baja psicológica”… que estamos pagando los contribuyentes. Una extraña enfermedad para un tipo duro con vida aventurera. Su último destino, a sus 46 años, era el Grupo de Menores de la Jefatura de Policía de Madrid, pero sus primeros trabajos fueron a cuenta del Frente Democrático de Liberación de Palestina en los años 70, cuando Kalaji era Nadim Dib Salem, sirio, dirigente de este grupo marxista-leninista especializado en atentados contra intereses “imperialistas” en Oriente Medio. Él mismo afirmó haber cometido atentados en Líbano y Siria y contra los intereses israelitas. También atentó contra las Falanges Libanesas. Realizó varios cursos de instrucción “política y militar” (esto es, terrorista) y fue uno de los “instructores imprescindibles” de los comandos del FDLP en el Sur de Beirut. Fue miembro del Partido Comunista Sirio. Cuando se inició la guerra del Líbano en 1976, Kalaji fue enviado por el FDLP a Beirut promoviendo manifestaciones y acciones de protesta contra la invasión siria, alcanzando notoriedad en la zona. En 1978, a raíz de los acuerdos firmados entre las partes implicadas, Kalaji se incorpora al ejército sirio siendo nombrado en 1979, segundo jefe de la Base de Mísiles Tierra-Aire Wahdet El Sawarii, al sur de Beirut. Una de sus funciones en esa época era la instrucción de terroristas del FDLP…

¿Cómo “El Mundo” ha podido reconstruir el historial remoto de Kalaji? Muy sencillo: gracias a un informe elaborado por la UCI que llegó a la redacción del diario. Y ¿cómo pudo conocer la UCI el historial de Kalaji? Más sencillo todavía: el propio interesado lo había contado cuando pidió asilo político en nuestro país en 1980. En 1983 le fue concedida la condición de “refugiado político” y en 1990 ingresó en la Policía Nacional. Entre 1983 y 1900 realizó trabajos de traducción para la propia policía. Así pues, en apenas tres años, el terrorista se convierte en funcionario.

La familia que investiga unidad permanece unida

Kalaji se casó en España… con una policía, y así mismo, su hermana, cuando llegó a nuestro país, desempeñó también tareas de traducción para la policía. Una familia, amamantada con cargo a las ubres del Estado. No es, desde luego, la única, pero en el caso de los Kalaji hay ciertos elementos anómalos.

Desde el principio, Kalaji participó en investigaciones de envergadura, como, por ejemplo, la traducción de las intervenciones telefónicas que se realizaron en la investigación sobre el ciudadano sirio Monzer Al Kassar. Destinado a Mallorca, estuvo luego en Tarrasa y fue, finalmente, requerido por Baltasar Garzón en 1995. Buenos destinos para un policía que empezó a ser conflictivo, como mínimo, a partir de 2001. Ese año estuvo inculpado en un procedimiento penal por estafa. Había utilizado fraudulentamente tarjetas de crédito. El juez lo absolvió indicando en la sentencia que pudo haber actuado ignorando el origen robado de las tarjetas. Extraño para un policía brillante cuyos destinos causaban envidia a los compañeros.
Durante ese tiempo, había contraído matrimonio con Soledad Ruiz Sánchez, otra policía que, cuando ocurrió el 11-M estaba destinada, mira por donde, en la comisaría de Alcalá de Henares. “El Mundo” afirmó que Soledad había participado en el operativo de retirada de la furgoneta Renault Kangoo, vehículo en el cual se habían retirado las mochilas bombas antes de introducirlas en los trenes. La UCI negó ese extremo. En cuanto a la hermana, Lina Muslo Kalaji, no es policía… pero es traductora de la UCIE desde 1989, presentada por su hermano. La propia UCI reconoce que Lina ha participado en la traducción de diferentes operaciones policiales, especialmente en las operaciones Datil y Primavera, que llevaron a las desarticulaciones de presuntas células terroristas islámicas. Lina participó en las traducciones de diversas conversaciones grabadas a “El Tunecino” de cuya peligrosidad “advirtió a sus superiores”.

Por cierto, hay que recordar que Al Kassar, sirio como Kalaji, que durante un tiempo fue seguido por orden de la Audiencia Nacional por sus actividades en relación con el tráfico de armas, terminó siendo amigo del alma y protegido de Rafael Vera, hoy en la cárcel, pero en régimen de semilibertad, aquejado por una increíble “depresión”.

Resulta absolutamente increíble que tres personas vinculadas a la misma familia tengan que ver con diversos aspectos de la investigación: a pesar de que la mujer de Kalaji no estuviera directamente implicada en la retirada de la furgoneta –como dice la UCI- sí es cierto que está destinada en la comisaría de Alcalá y tiene acceso a la información dada por quienes sí participaron en la operación destinados en la misma comisaría, de paso, amigos y compañeros suyos. En cuanto a la hermana, dispone de una atalaya que le permite conocer a los islamistas más radicales (o más bocazas). Y en cuanto a Kalaji, el informe de la UCI reconoce que tiene el perfil de un fundamentalista religioso, liberó los teléfonos móviles utilizados en el atentado y, para colmo, el informe de la propia UCI reconoce que es muy probable que realizara las soldaduras de los cables al vibrador de los móviles para conectarlos con el detonador… Lo ha publicado “El Mundo”, si, pero lo ha dicho la UCI en su informe. Quien no ha dicho absolutamente nada después de recibir el informe es el juez del Olmo.

Una segunda carta del director: reabrir la comisión

El 28 de agosto de 2005, domingo, Pedro J., aprovechó para lanzar una segunda carta al director titulada “¿Y si lo hizo un policía?”, subtitulada “Segunda exposición razonada a favor de la reapertura de la Comisión del 11-M”. En dicha carta, que ocupaba página y media del diario, Pedro J. aprovechaba para extraer conclusiones de los documentos publicadas en los días anteriores y realizar amenazas no muy veladas, por cierto.

Decía, por ejemplo, Pedro J.: “Pero si [el gobierno] no es capaz de diseñar algún tipo de cortafuegos convincente, la sombra de la masacre va a estar apareciéndosele en cada esquina del nuevo curso político que comienza. Y, al margen de que el que avisa no es traidor, no lo digo tanto por el renovado empeño con que tras las vacaciones nuestro periódico va a redoblar sus pesquisas, como por el caudal de motivos que el levantamiento del secreto del sumario sigue proporcionando a la oleada de escepticismo, estupor y sospecha que con una mayor intensidad de lo que yo nunca imaginé está impregnando la base de la sociedad española”.

Pedro J. ha percibido que estamos ante un nuevo “Caso GAL”, solo que si éste tuvo como “víctimas” a una treintena larga de terroristas y colaboradores, es decir, asesinos que son, a su vez, asesinados (el que juega con fuego termina quemándose y el mejor lugar de un terrorista es la cárcel o el ataúd), el “Caso 11-M” tiene 192 víctimas, todas absolutamente inocentes. Tras el “Caso GAL” lo que había era el saqueo de los fondos de Interior por parte de todos los escalones que participaban en la trama. En el “Caso 11-M” lo que cobra cuerpo cada vez con mayor nitidez, es un golpe de Estado para alterar el normal desarrollo de las elecciones. Gracias al 11-M tenemos de presidente a un cretino –sin más, a un perfecto deficiente mental- que está convencido de que el terrorismo se combate con el “diálogo de civilizaciones”…

Por cierto, al portavoz oficial del gobierno, “El País” (y muy frecuentemente, quien marca la línea del gobierno) le cupo el dudoso honor de salir en defensa del buen nombre de los implicados. Según “El País”, todo lo relativo a las sospechas de “El Mundo” sobre que fuera Kalaji quien soldó los cables a los móviles, era una falacia. “El País” sostenía que la propia UCI atribuía dicha responsabilidad a “El Chino”. Y, efectivamente, era cierto, existía un informe interior de la UCI en el que se transmitía esa idea… sólo que –y esto lo olvidaba mencionar “El País”- el informe era 24 horas anterior al que insinuaba la responsabilidad de Kalaji. Y, por lo demás, el primer informe sobre “El Chino” (un delincuente común sin ninguna preparación como terrorista), solamente se basaba en que las huellas de este delincuente marroquí se encontraban en la carcasa de una de las tarjetas. “El Chino” no tenía condiciones para hacer otra cosa que trapicheos de poca monta con hachís o con todo lo que fuera traficable. Ni se le encontró material para soldar (soldador de estaño, rollo de estaño, como mínimo) a él ni a ningún otro de los implicados. No, las bombas no las ensambló “El Chino”, entonces ¿quién lo hizo? Nadie, a estas alturas puede acusar a nadie, pero si exponer los hechos. Las acusaciones le corresponden al juez Del Olmo, pero este permanece mudo. No es raro que “El País” se limite a preguntar: “¿Y si lo hizo un policía?”.

Realmente no sería tan anómalo que un policía participara en primera línea en las actividades del “terrorismo internacional”. Cuando se produjo el primer atentado contra las Torres Gemelas (ver nuestra obra “La Gran Mentira” ed. PYRE, 2ª Edición), se supo que la CIA había dado el permiso de entrada en el país al responsable intelectual del crimen y que la propia célula terrorista tenía a un confidente del FBI infiltrado. A este confidente le correspondió comprar los explosivos (con dinero entregado por el propio FBI) y armar la bomba… Como puede verse, no hay nada nuevo bajo el sol).

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[Para completar la lectura de este artículo se sugiere la lectura de “11-M: los perros del infierno” de Ernesto Milá, que puede ser pedido a Editorial PYRE, adb@pyrelibros.com, al precio de 20 euros más gastos de envío. Así contribuirás al desarrollo y mantenimiento de esta web].

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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