Algunas reflexiones sobre el terrorismo internacional

Publicado: Jueves, 11 de Agosto de 2005 11:32 por en TERRORISMO
abuhamza.gifRedacción.- Los atentados de julio en Londres han reavivado el tema del terrorismo internacional. Inmediatamente después de cometidos, nos planteábamos en infokrisis las similitudes de estos atentados con los que se han cometido anteriormente. Existen, ciertamente, unos patrones únicos (lo oscuro de la trama). Queremos ahora examinar este terrorismo para aislar a sus beneficiarios.

[como complemento de este artículo se sugiere la lectura de dos obras de Ernesto Milá: “11-M, los perros del infierno” y “La Gran Mentira”, que pueden ser solicitados a Editorial PYRE (adb@pyrelibros.com) o a este blog (infokrisis@yahoo.es) al precio de 20,00 y 14,00 euros, respectivamente. Así contribuirás al desarrollo de este blog]

¿Una organización terrorista a escala mundial?

Que el islam, como cualquier forma de pensamiento mágico, genera un entorno más o menos amplio de fanatismo, es incuestionable. Que este tipo de fanáticos, crecidos al calor del odio hacia occidente, es capaz de cometer cualquier atrocidad aduciendo tal o cual versículo del “libro”, está fuera de discusión. El islam, no lo olvidemos, es la única religión que no incluye entre sus prescripciones el “no matarás”. Por activa y por pasiva, se prohíbe orinar en la tapia de los cementerios… pero nada se dice sobre la prescripción de no matar. Que, además, en estos momentos, el odio hacia Europa ha crecido entre los sectores islámicos de la inmigración, y, en concreto en España, tenida por algunos de estos fanáticos como “tierra islámica usurpada por cruzados y herejes”, es un síntoma inequívoco que no puede conducir a nada bueno…

Dicho todo esto, la conclusión es clara: el islam es una forma de pensamiento mágico que permite un entendimiento con el terrorismo. No es esta afirmación la que queremos cuestionar. En otros momentos, hemos visto como determinados sectores en los que anidaba un pensamiento radicalizado, eran utilizados por direcciones que nada tenían que ver con esas formas de pensamiento para orientarlos en beneficio de sus intereses. En los últimos años del siglo XIX, la policía barcelonesa, era lo más alejado que podía existir del movimiento anarquista-nihilista; sin embargo, el atentado de la calle Canvis Nous, durante la celebración de la procesión del Corpus, que dio lugar a una represión generalizada contra el movimiento anarquista barcelonés, fue instigado por la propia policía. Setenta años después, el atentado contra la sala de fiestas “Scala”, en la misma ciudad de Barcelona, sirvió para desmantelar completamente y para siempre al anarcosindicalismo catalán… y el atentado contra “Scala” fue, así mismo, inducido por provocadores a sueldo de la policía barcelonesa. Definitivamente, no hay nada nuevo bajo el sol.

Este caso de provocaciones contra un sector radical, inducidas a partir de servicios de seguridad del Estado, ha sido una constante a lo largo del siglo XX, pero hunde sus raíces mucho antes. Se sabe que el llamado “motín del té de Boston” fue ejecutado por un grupo de miembros de la logia masónica de esa ciudad, dirigidos por Joseph Warren, disfrazados de indios pielesrojas. Ese episodio fue el pistoletazo de salida de la independencia de los EEUU.

Paradójicamente, el hecho de que exista un sector radicalizado, dispuesto a cometer los peores atentados, no es garantía de que atentados que, efectivamente ocurren, sean cometidos por esos sectores radicales. Con mucha frecuencia la exaltación y el radicalismo, están reñidos con la capacidad de preparación de un atentado, con la inteligencia para diseñarlo y con la posibilidad efectiva de realizarlo. En los años 70, existían en el panorama político italiano, radicales de derechas que difundían propaganda e ideas extremistas, pero que no tenían ni la intención, ni la voluntad, ni la capacidad para cometer los atentados conocidos como “masacres de Estado” que, efectivamente, se produjeron… cometidos, en su inmensa mayoría, por fuerzas y miembros de la seguridad del Estado.

Otro ejemplo: a principios de los años 80, se cometieron siete asesinatos en el País Vasco; las víctimas eran miembros del entorno abertzale, exetarras y familiares de etarras encarcelados. Los atentados eran firmados por el “Batallón Vasco Español”. Cuando la policía detuvo a las dos personas que cometían esos atentados (Iñaki Iturbide Alcaín y Ladislao Zabala Solchaga) se comprobó que no tenían nada que ver con la persona que reivindicaba los atentados. Ambos ejecutores eran completamente independientes, tanto de quien reivindicaba los atentados como de cualquier otra fuerza política o policial. Sin embargo, en esos mismos días, en territorio francés, el Bar Hendayais era ametrallado y perdían la vida varios simpatizantes abertzales. El atentado era cometido por mercenarios a sueldo de la seguridad del Estado Español que tampoco reivindicaron el atentado. Sin embargo, éste fue asumido, también, por el Batallón Vasco Español. Como puede percibirse, el fenómeno terrorista es de una complejidad extrema y se trata siempre de tender a la objetividad, procurar que todas las piezas encajen y, a partir de aquí, utilizar los métodos habituales de investigación criminal.

Así pues, al examinar el terrorismo islámico, ¿es posible aplicar el mismo esquema interpretativo? A saber: ¿existe, de un lado, un sector islamista radical, que participa en alguna medida en la comisión de atentados cuya paternidad hay que buscar en otro sitio?

¿Existe una secuencia lógica para estos atentados?

Llevamos cuatro años siguiendo el tema del terrorismo internacional, intentando deducir un patrón político que lo mueva. En el fondo, todo terrorismo no es más que una forma de hacer política mediante el ejercicio repetido del crimen. El terrorismo tiende a transformar el crimen en “hecho político”. Esta orientación ha estado presente en todos los movimientos de carácter terrorista, guerrillero y, en cualquier caso, armado. Tarea esta de tratar encontrar una lógica al terrorismo internacional: no la tiene.

Si hay algo que caracteriza al terrorismo internacional es que es un terrorismo absurdo en sí mismo. Organizaciones terroristas de las que nadie ha oído hablar y que, bruscamente, cometen un atentado de extraordinaria envergadura, para ser, a continuación desarticulados en un tiempo record; cuyos miembros carecen previamente de experiencia y militancia política, habitualmente se trata de profesionales brillantes, de los que ni sus compañeros de estudios, ni la gente que tienen próxima, ha conocido jamás sus orientaciones, o bien de delincuentes comunes que tampoco han manifestado jamás la más mínima tentación por lo político o la mística. Estas organizaciones se han fraguado durante años en el silencio –las “células dormidas”-, luego han “despertado”, y han cometido “el atentado” para ser después desarticuladas. La mayoría de sus miembros perecen en la acción o poco tiempo después. A diferencia de los palestinos que, antes de “inmolarse”, realizan un vídeo publicitario explicando los motivos por los que se suicidad, estos otros, desaparecen sin despedirse… Habitualmente hubieran podido conseguirse los mismos efectos, sin sacrificar a los miembros del comando: en Casablanca, mueren 15 terroristas, causando 30 víctimas irrelevantes, que hubieran asesinado igualmente arrojando las bombas por encima de la tapia de la “Casa de España”. En Londres, los terroristas mueren, sin pretenderlo, al colocar las bombas; se dice que eran “defectuosas”. El 11-S, la versión oficial sostiene que los terroristas estrellan los aviones contra el WTC, aun cuando, contrariamente a lo que se dijo al principio, ni uno de ellos estaba en condiciones de ponerse a los mandos de un Boeing. El 11-M, todos mueren en Leganés, donde permanecían contra toda lógica, aun a pesar de que desde hacía días, sabían que la policía estaba buscándolos en ese barrio y en un episodio que la Comisión 11-M apenas se preocupó de esclarecer.

Por otra parte, los atentados se producen en puntos alejados del globo; su comisión carece de secuencia lógica: ¿por qué saltar de Balí a Madrid o de Nueva York a Londres, o de Casablanca a Ankara? ¿o de Arabia Saudí a Buenos Aires? Y todo esto en un plazo de 7 años…

¿Qué sentido tiene para radicales islámicos atentar en Londres, donde, precisamente, tienen su refugio cientos de islamistas radicales llegados de los puntos más alejados del globo, hasta el punto de que la capital británica bien puede ser considerada como el “santuario” del islamismo integrista. Ningún grupo terrorista, por absurdo y estúpido que sea, “quema” el “santuario” en el que puede vivir una vida cómoda y desde donde puede reagruparse y planificar nuevas operaciones.

En el radicalismo islamista no hay ni grandes teóricos, ni grandes analistas políticos, eso es cierto, pero para advertir sobre los riesgos que implican algunos atentados, no hace falta ser una eminencia gris. Golpear en Londres es lo más absurdo que un terrorista islámico podría hacer. Y sin embargo…

Atentar en el WTC podría tener como objetivo doblegar el orgullo norteamericano… pero ese atentado facilitó el casus belli para la guerra de Afganistán, esto es, para que el integrismo islámico perdiera su único baluarte mundial. Atentar el 11-M en España podría tener como lógica, forzar un cambio de gobierno y obtener la retirada de las tropas españolas de Irak, con el consiguiente desmigajamiento de la coalición; pero esto lo sabemos ahora, antes, un “analista” islámico hubiera debido jugar con muchas variables diferenciadas para poder establecer ese diagnóstico: las bombas del 11-M, en sí mismas, no bastaban para forzar el cambio de gobierno, era preciso, además, que la SER desde el primer momento diera la noticia de que era un atentado islámico mientras que el gobierno Aznar, engañado, sostuviera en las 48 horas siguientes, que era ETA; era preciso, además, que los SMS se pusieran en marcha. De no haber mediado estos elementos, Aznar se sentaría en la Moncloa todavía como Blair lo está en Downing Street. Los atentados de Casablanca, no sirvieron, desde el punto de vista islámico, absolutamente para nada: desprestigiaron la opción moderada que tenía grandes posibilidades de avanzar en las elecciones municipales siguientes, mientras el islamismo extremista carecía de organización política. Y en cuanto a los atentados de Balí, apenas sirvieron para otra cosa más que para acentuar la vigilancia y el tejido de acuerdos de cooperación mutua entre EEUU y los países del sudeste asiático. ¿El atentado de Londres? Al igual que los del 11-S, tuvieron como primera consecuencia un reforzamiento de la legislación antiterrorista con notorias restricciones a las libertades y a los derechos públicos… para islamistas y para no islamistas. Blair hoy, como Bush ayer, jamás hubieran podido aprobar leyes que, en la práctica, permitían disparar primero y preguntar después, de no haber sido por los extraños atentados con firma islámica que se produjeron en sus respectivos países.

¿Qué sentido, además, puede tener matar a trabajadores, muchos de los cuáles eran inmigrantes y, frecuentemente, inmigrantes islámicos, cuando tanto en Nueva York, como en Madrid, Casablanca, Balí o Londres, era posible asesinar a responsables políticos ligados a iniciativas neocapitalistas y globalizadotas, desde luego antiislamistas? ¿para qué matar a pobres diablos si se podía lograr un impacto semejante atentando contra élites gubernamentales y capitalistas de esos mismos países, con solamente, rectificar ligeramente el tiro. Incluso el terrorismo anarquista de finales del XIX prefirió apuntar contra la oligarquía catalana reunida en el Liceo para lucimiento de escotes enjoyados de sus damas y punto de encuentro para cerrar lucrativos negocios en los entreactos, antes que en las estaciones ferroviarias que ya existían por entonces. De hecho, el atentado anarquista real (bomba del Liceo), se distingue del atentado anarquista de pura provocación (bomba de la procesión del Corpus) en que en el primero mueren oligarcas y sus familias, mientras que en el segundo las víctimas son extraídas del pueblo llano. Dime a quien matas y te diré a quien sirves. Ni siquiera en esto hay coherencia en el “terrorismo islamista”.

El terrorismo internacional como desencadenante

Está claro que en esta extraña trama de “terrorismo internacional”, el islamismo radical entra en algún punto de la quiniela. Las fotos tomadas en los pasillos del metro de Londres indican que, efectivamente, las bombas fueron colocadas por gente procedente de países islamistas, así pues, hay que deducir que, efectivamente, eran islamistas. Pero una cosa es poner la bomba y otra muy distinta idear el atentado. Hasta ahora, hay que reconocer que los motivos del terrorismo islamista no están nada claros. No es solamente un activismo antinorteamericano, el que lo mueve, tal como se pensaba en los primeros años en los que emergió la figura de Bin Laden y de Al Qaeda, sino otros muchos intereses: el atentado de Casablanca, no era antinorteamericano, tampoco el de Ankara, mucho menos el de Bali, ni los de Londres. Solamente los de Madrid tenían cierta lógica… a condición de que fueran acompañados por mensajes SMS y mentiras orquestadas por PRISA.

El terrorismo internacional en la zona de Oriente Medio y Asia Central es de otra matriz, muy distinta a la que se produce fuera de esas zonas. Puede entenderse que haya una reacción suicida de jovenzuelos palestinos ante cincuenta años de ocupación sionista. La falta de perspectivas genera desesperación y deseo de autodestrucción y, mucho más, si el islam promete al “guerrero muerto en la guerra santa”, una vida opípara y bajamente sensualista en el más allá. Así mismo, se entiende que en Afganistán e Irak, menudeen los atentados suicidas: son países en estado de guerra, la resistencia contra el invasor, en estos casos, no es de naturaleza diferente a la que apareció en la Europa ocupada por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. En la guerra moderna, ni invadidos, ni invasores, tienen límites a su brutalidad. Pero ¿existe alguna justificación, incluso desde el punto de vista islámico, para el terrorismo internacional?

No hay perder de vista otro dato: todas las operaciones terroristas islámicas desde el WTC hasta Londres, han traído flacos servicios a la causa que decían defender. Los ataques del 11-S fueron la excusa para la liquidación del régimen afgano, los de Casablanca contuvieron la ofensiva islamista moderada del Partido de la Justicia y el Desarrollo, los atentados de Londres tuvieron como consecuencia el endurecimiento de las condiciones de vida de los islamistas refugiados en Londres.

En todos estos casos, incluso en el caso del 11-M, el terrorismo islamista es utilizado siempre como desencadenante de algo: una invasión, un recorte a las libertades públicas, una retirada de tropas, etc. Más que terrorismo internacional habría que hablar de “terrorismo reactivo” en el sentido de que tiende a provocar reacciones y, unánimemente, esas reacciones son contrarias a los intereses… del islam radical.

Al Qaeda y el terrorismo “de red”

El tiempo va pasando. El 11-S podíamos creer que Bin Laden se escondía en las cuevas de Tora-Bora y que, en pocas semanas sería capturado o ejecutado sobre la marcha. Han pasado, desde entonces cuatro largos años y media docena de atentados terroristas, firmados por el entorno Al Qaeda. En todos estos atentados sin excepción, el nexo que los une a Al Qaeda, es excepcionalmente débil y cuestionable y no sería admitido como prueba en ningún tribunal regular: una llamada telefónica realizada desde un número vigilado y considerado como de Al Qaeda (o de un simpatizante, o de un desconocido al que se le atribuye esa militancia), a otro número, basta para establecer el vínculo entre el centro terrorista y sus “células dormidas”. Veremos si la Audiencia Nacional es capaz de dictar una sentencia condenatoria contra la “célula española de Al Qaeda”, a la vista de lo magro de las pruebas presentadas por la fiscalía. El 20 de septiembre tendremos la sentencia que, sea cual sea, será recurrida. Por nuestra parte, hemos seguido el proceso diariamente a través de la prensa y podemos afirmar que, incluso las pruebas circunstanciales presentadas por el fiscal, son de una endeblez supina y que, a la vista de las mismas, resulta una enormidad pensar que un juez se haya atrevido a procesar a un grupo de individuos y acusarlos, nada más ni nada menos, que de las 3000 víctimas del WTC…

Han pasado cuatro años desde el WTC, Bin Laden sigue sin aparecer y sin dar signos de vida, la investigación en EEUU sobre el 11-S está empantanada, se ha presentado incluso una denuncia colectiva de familiares de víctimas y notables contra la administración norteamericana por mentir sobre los atentados. Hasta 2002, Bin Laden realizaba esporádicamente alguna intervención en medios de comunicación. Desde 2003 permanece mudo y en paradero desconocido. ¿Una clandestinidad efectiva? Improbable: no es un solo servicio de seguridad el que lo busca, sino los de todo el mundo, quienes hemos estado en la clandestinidad en alguna época de nuestra vida, sabemos que estas situaciones se pueden prolongar un tiempo, no eternamente. Ahí está el ejemplo de Saddam Hussein para certificarlo.

En cuanto a Al Qaeda se la ha definido como “la red”. Brillante e imaginativo, pero inexacto e improbable: la red ¿de qué? ¿cuántos grupos pertenecen a esa red? ¿cómo se constituye esa red? ¿cómo decide la estrategia? ¿cómo opera? ¿cómo establece dónde y cuando golpear? ¿cuántos la forman? Los “expertos” norteamericanos contestan con largas parrafadas, en obras imaginativas pero en las que es fácil establecer dónde empieza la ficción y donde terminan los pocos datos objetivos, incuestionables y demostrados. Pero, nada, absolutamente nada de cierto, puede responderse. De ETA o del IRA se sabe absolutamente todo de cualquiera de sus períodos. Del terrorismo internacional, a cuatro años del atentado al WTC sigue sin saberse absolutamente nada cierto.

La ficción de las “células dormidas” es insostenible: una célula terrorista para operar eficazmente, precisa entrenamiento, “gimnasia” terrorista (esto es, pequeños atentados que van curtiendo a los integrantes de la célula), actividad constante y permanecer en guardia constantemente… no estar ”dormidas”. En 1991, el sector de Terra Lliure vinculado a Catalunya Lliure, había decretado una “tregua”. Cuando los jerifaltes de CLl solicitaron al “grupo armado” que reanudara los atentados, éstos le contestaron diciendo que ya no estaban por la labor. Efectivamente, una “célula dormida”, en la práctica, es una “célula liquidada”. Las organizaciones terroristas se mantienen mediante el ejercicio del terrorismo, no mediante la promesa de un terrorismo futuro e hipotético. Por lo demás, no están claros, ni siquiera en los libros publicados por los “especialistas” sobre Al Qaeda, cuáles son los canales de transmisión de órdenes, quien determina que una célula “dormida”, “despierte”, quien marca los objetivos, ni cuáles son los canales jerárquicos interiores.

Walter Laqueur, uno de estos especialistas en terrorismo internacional, hace poco escribió en el “Dossier La Vanguardia” dedicado al terrorismo: “Llevo 20 años estudiando el fenómeno del terrorismo internacional y contra más tiempo pasa, menos lo comprendo”. La frase, por sí misma, es elocuente y demuestra el drama del analista sincero: cada remesa de datos que recibe de los organismos de inteligencia, le alejan de la comprensión del problema, nunca tantas hojas impidieron ver un bosque tan escuálido.

Terroristas islámicos, ejecutores inconscientes y criminales con cerebro de mosquito carcomido por el pensamiento mágico, manipulados por distintos centros de poder, frecuentemente, y también, por aventureros de pocos escrúpulos. No existiría un solo centro manipulador, sino una multiplicidad de intereses encarnados por distintos centros que utilizaban el radicalismo islámico como fuerza de choque barata e inconsciente para sus provocaciones. Quizás esta sea la hipótesis de trabajo más ajustada a la realidad. En el fondo, el terrorismo islámico reviviría en los albores del siglo XXI, el drama del terrorismo anarquista de finales del XIX: existían efectivamente, terroristas anarquistas, químicamente puros, pero la inmensa mayoría de atentados atribuidos a este sector, en realidad no pasaban de ser provocaciones realizadas desde distintos sectores (incluso por parte de confidentes infiltrados en el anarquismo que querían cotizar al alza sus informaciones). ¿Por qué se eligió a los anarquistas para estas provocaciones? Por lo mismo que hoy se ha elegido a los islamistas radicales:

1) En primer lugar, porque existen verdaderamente aquí y allí, rescoldos de un terrorismo islamista real y autónomo (Palestina, Irak, Afganistán).
2) En segundo lugar, porque el fondo de la ideología islamista radical contiene un germen terrorista innegable: la “guerra santa” y la ausencia del “no matarás”.
3) En tercer lugar, porque los sectores islamistas radicales (como los anarquistas de ayer) tenían poca educación política, gustaban utilizar el verbalismo revolucionario más radical (por la boca muere el pez), a pesar de ser incapaces de llevarlo a la práctica.

Los especialistas en “antiterrorismo” harían bien en modificar sus esquemas interpretativos del fenómeno. Mirar la vista atrás y comparar este nuevo terrorismo, con el que ya apareció en otras épocas. Advertirán, inicialmente, que en el terrorismo internacional, nada es lo que parece y, en segundo lugar, que no hay nada nuevo bajo el sol.

[como complemento de este artículo se sugiere la lectura de dos obras de Ernesto Milá: “11-M, los perros del infierno” y “La Gran Mentira”, que pueden ser solicitados a Editorial PYRE (adb@pyrelibros.com) o a este blog (infokrisis@yahoo.es) al precio de 20 y 14 euros, respectivamente. Así contribuirás al desarrollo de este blog]

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

[en caso de querer realizar algún comentario, enviarlo por email a infokrisis@yahoo.es y será incluido, salvo que se trate de las habituales estupideces propias de los estúpidos que siembran con su baba este blog en los últimos días]

Comentarios  Ir a formulario