La cumbre del G-8: África, Palestina y cambio clima

Publicado: Domingo, 10 de Julio de 2005 15:09 por en VARIOS
miseri3.gifRedacción.- La cumbre del G-8 celebrada en Gleneagles ha terminado sin grandes compromisos concretos, pero con algunas decisiones de escaso interés. Los atentados de Londres han quitado protagonismo a este encuentro, pero vale la pena pasar revista a algunos de los temas hablados: lejos de suponer “nuevas políticas”, apenas son otra cosa que un paso adelante en dirección a las desembocaduras finales del neoliberalismo y la globalización. Esta es la crónica de las decisiones adoptadas en la cumbre G-8

Salvar a África… si es que es posible salvarla

Conocemos África bastante bien y conocemos mucho mejor la historia de la independencia africana. Seamos realistas: África es el espejo de un gran, inmenso y absoluto fracaso de civilización. Desde Marruecos a Sudáfrica, desde Costa de Marfil a Somalia. Sin excepciones. Sin islotes de progreso. Sin matices. En todos los terrenos: economía, cultura, viabilidad de las Naciones-Estado, integración de la mujer, ecología, democracia, sociedad, etc. No hay un solo terreno en el que algo haya ido bien en África en los primeros 50 años de independencia. África es una ruina vestida de continente, pero una ruina, al fin y al cabo.

Entre el progresismo europeo, en su masoquismo inacabable, es frecuente atribuir el caos africano a la colonización. En absoluto: las metrópolis europeas dieron la independencia a las naciones africanas en unas inmejorables condiciones para que andasen solas, sin tutela alguna. Pero, seguramente por motivos antropológicos y culturales, al alma africana no está hecho para soportar naciones-estado, sino para la vida tribal. El error de los gobiernos europeos de la postguerra y de los progresistas actuales, consiste en querer implantar democracias “a la europea”, en países que, cultural y antropológicamente, tienen unos rasgos característicos muy acusados y completamente diferentes al terreno sobre el que ha germinado la democracia europea.

La conferencia del G-8 ha llevado 50.000 millones de euros a África en forma de paquete de ayuda adicional. Lo que no es poco, pero que hay que sumar a los 40 millardos de dólares para condonar la deuda de 18 países (14 subsaharianos y 4 latinoamericanos). A lo que hay que añadir otros 50.000 millardos de dólares para desarrollo entregados a partir del 2010… Si a esto se une la reivindicación del 0’7% de ayuda al desarrollo, comprenderemos que pertenecer a una de las élites corruptas que gobiernan en TODOS los países africanos y que son las que, en definitiva, van a absorber estas ingentes bolsas de dinero, va a ser, literalmente, un chollo…

El problema no es inyectar más fondos de un lado y condonar deuda de otro… dinámica infernal que llevará en 20 años a la misma situación: la necesidad de condonar más deuda y de inyectar más fondos. El problema es cómo modificar las relaciones de los países desarrollados y, especialmente, de Europa, con un continente que HA FRACASADO en su aventura de independencia. Porque, la independencia africana ha sido un fracaso absoluto.

África debe, en estos momentos, afrontar cuatro azotes producto de la miseria estructural:

1) Corrupción endémica de sus élites gobernantes, que no tiene parangón ni punto de comparación con la corrupción que generan las democracias europeas. Aquí son una excepción, allí no hay excepciones. La corrupción es una regla. A todos los niveles de la administración y por todos sus miembros. Insistimos: sin excepción.
2) Epidemias, el clima africano, la insalubridad de algunas zonas, la dejadez de las administraciones y de la propia población, la falta de recursos y cierta despreocupación por parte de la población, han hecho de África el foco preferencial de irradiación de todo tipo de epidemias que están diezmando la población africana.
3) El analfabetismo que crea barreras al desarrollo y que hace imposible la estabilidad de una sociedad mientras persista. Ese analfabetismo viene unido a prácticas animistas, reaparición de la antropofagia en algunas zonas de África, aumento desmesurado de las tasas de natalidad e imposibilidad de transmitir conocimientos prácticos sobre agricultura, salubridad y economía.
4) Tribalismo que se ha acentuado con la creación de Estados artirficiales por parte de las potencias coloniales que, por una parte rompen etnias y, por otra, hacen que dentro de un mismo estado se engloben etnias diferentes, con distintos sistemas religiosos, que lejos, de cooperar, intentan imponerse unos sobre otros, generando la cadena de guerra civiles y guerras entre Estados, que vive África desde su independencia.

Si ahora el G-8 ha concedido ciertos beneficios a África (que las élites africanas dilapidarán a medida que vayan llegando) se debe a que, tanto en la costa occidental de África, como en el Golfo de Guinea, como en el tercio sur africano, se han descubierto importantes bolsas de petróleo [ver nuestro artículo sobre el petróleo y Guinea Ecuatorial, como síntoma]. La debilidad de los Estados-Nación africanos hace que este petróleo salga muy barato. Basta la calderilla que llevan en el bolsillo los magnates del petróleo para obtener de las élites dirigentes africanas, contratos preferenciales.

La recolonización de África como única alternativa para los africanos

En estas condiciones, nada de lo que se haga en África será eficaz. Africa y los africanos seguirán muriendo sin que Europa pueda hacer gran cosa. La ruta emprendida desde los años 60, durante la descolonización y confirmada ahora por el G-8, es ineficaz: ni un solo Estado ha logrado salir del subdesarrollo mediante la condonación de la deuda. Condena la deuda hoy y mañana deberás condonar una deuda el doble de grande. Condonar tiene como contrapartida, habituar a la condonación, no estimular al desarrollo.

Todo lo que no sea inyectar disciplina, sacrificio, esfuerzo, juicio, condena ejemplar a las élites corruptas y un poder centralizador que planifique la economía del desarrollo con mano de hierro, no logrará sacar a África de la miseria. Y esto es algo que las élites de gobierno africanas no están en condiciones de realizar. No seamos ingenuos: Bokasa, Macías, Obiang, Mugabe, Mobutu, Amín Dada, Hassan II, no son excepciones en la historia del África independiente: SON UNA CONSTANTE.

Lo políticamente correcto, impide dar soluciones, pero esas soluciones están ahí y los africanos serían los primeros en aceptarlas entusiasmados. Todo lo que no sea “recolonizar” África, supone tirar a la basura los fondos de ayuda. La cuestión a plantear a los africanos es: “¿Desea usted alcanzar los estándares de vida europeos? O bien ¿desea usted persistir en su forma de organización tribal dirigido por gobiernos corruptos?”. Si la opción elegida es la primera… está claro que esa larga marcha a los estándares europeos no puede ser guiada por las élites corruptas actuales… Por lo demás, tampoco existen élites de reemplazo, capaces de sustituir a los oligarquías y dictaduras de hoy. Así pues, la recolonización es la única opción viable.

La Unión Europea debería plantearse una política africana de envergadura. Esta debería de contemplar la posibilidad de que los países africanos que, realmente, aspirasen al desarrollo, pudieran establecer lazos preferenciales con la UE bajo la forma de “Estados Libres Asociados”, con situación parecida a la que une Puerto Rico a los EEUU. De ese acuerdo, la parte central debería ser la asistencia económica y la planificación del desarrollo… y este debería de estar en manos de técnicos y expertos europeos, tal como la carta de libre asociación debería contemplar y establecer. Políticamente incorrecto, pero única opción que queda por probar. A este proceso, de manera provocadora, le llamamos, “recolonización”.

Cuando “África” pide más

Para el “oro” del G-8 apenas ha satisfecho la voracidad de las élites africanas, excepcionalmente presentes en el evento de Gleneagles. Las quejas de los líderes africanos han sido, fundamentalmente cuatro: se quejan de que parte de esa ayuda llegará dentro de cinco años… ellos la necesidad ahora; explican que esta ayuda no es nueva sino que supone una ampliación de proyectos previos ya existentes; que el dinero es entregado con la exigencia de contrapartidas del FMI y del Banco Mundial; y, finalmente, que el G-8 no ha establecido un plazo para la eliminación de subsidios agrícolas en Europa y EEUU…

Estas objeciones son significativas: las oligarquías corruptas africanas quieren más y lo quieren ahora, lo quieren, además, sin condiciones de ningún tipo y, para colmo, pretenden que Europa elimine subvenciones a la agricultura, para que la agricultura africana –subvencionada a partir de ahora- logre inundar con sus productos a Europa… Para colmo, los “humanistas progres” europeos, con Ignacio Ramonet a la cabeza, han pedido que se permita a los estados africanos situar aranceles a las exportaciones europeas para defender una industria nacional, por lo demás inexistente y que debería crearse con las subvenciones aprobadas por el G-8. Una vez más, el masoquismo progre sale a la superficie: se propone para África lo que se niega para Europa.

Pensemos en lo que representaría en este momento, el final de las subvenciones a la agricultura europea: inmediatamente, de un año a otro, millones de hectáreas de toda Europa dejarían de ser rentables y serían abandonadas. Las consecuencias que esto puede tener (no está claro, por lo demás, que dado el analfabetismo que persiste en África, se respetaran los delicados plazos de seguridad en materia de pesticidas, herbicidas, fungicidas y vermicidas, con las consiguientes repercusiones catastróficas en la salud de los consumidores europeos) no se ocultan a nadie: sería el final del campesinado en Europa y supondría un desastre ecológico sin precedentes. Debemos negarnos a lo uno y a lo otro: durante siglos, el campesinado ha sido el alma de Europa, desde los guerreros-soldados que abrieron las marcas del Este, hasta los legionarios romanos que, desmovilizados, se convertían en colonos agrícolas, recibiendo del Estado lotes de tierra, pasando por los hispanos del medievo que reforzaban la obra de la Reconquista mediante la colonización agraria de las tierras conquistadas y la creación de cinturones defensivos en las comarcas liberadas del islam.

Ciertamente, los países desarrollados pagaron 311.000 millones de dólares en subvenciones a la agricultura. La UE en el año 2000 pagó una media de 913 dólares por vaca. Esto contrasta con los 8 dólares dedicados al desarrollo de África por habitante… algo humillante para África. Pero, claro, hay que tener en cuenta que un Estado no es algo diferente de una familia: toda familia gasta en sí misma, preferentemente, aquello que gana… y solamente dedica una parte, inevitablemente menor, a obras de caridad, asistenciales y demás. Pensar que Europa puede dejar de subvencionar a SUS agricultores para favorecer a los agricultores africanos es uno de los tópicos estúpidos humanistas-progres sobre los que cualquier discusión huelga.

África pide más: y es rigurosamente cierto que necesita más para que su población pueda sobrevivir. Hoy, se encuentra en los mismos niveles de desarrollo que en 1970, época en la que las instituciones internacionales, auguraban que en 1990, habría alcanzado los estándares europeos…

La era post-Kioto y las incertidumbres del medio ambiente.

EEUU ha aumentado las emisiones de CO2 un 13% en el período 1990-2003. Supera en un 20% el límite marcado en el Protocolo de Kioto y su emisión de toneladas de CO2 per capita es de 24… Canadá está en unas cifras similares. Los países de la UE, salvo Italia, han bajado, Alemania -18%, Reino Unido, -13%, Alemania -18% y, por su parte, Rusia ha conseguido un espectacular descenso del -35%. Pero el problema radica en que los ocho países más industrializados y con mayor riqueza hoy, no van a ser los mismos en los próximos 35 años: en esa época, China habrá superado ampliamente a EEUU, un 44% frente a un 35% del PIB, mientras la UE tendrá un 12’5%.

Países como India nos habrán superado, con un 27’8 y Brasil habrá superado, con un 6% a Rusia, con un 5’8% y se situará próximo a Japón con un 6’7%... si las proyecciones económicas se cumplen y la marcha hacia el 2035 se realiza sin grandes contratiempos y alteraciones, lo que parece excesivamente optimista, a la vista de las tendencias actuales: conflicto indo-pakistaní por el control de Cachemira; conflictos interiores en la República Popular China cuando el sistema político (comunista) entre en contradicción con el sistema económico (capitalista), crisis social y racial en EEUU, persistencia de la corrupción y la inestabilidad social en Brasil, recrudecimiento de las tensiones fronterizas chino-soviéticas, escasez de combustible (que debería de encarecerse progresivamente desde 2004 hasta su agotamiento total, lo que debería de ocurrir en torno al 2040-2050); o bien a causa de catástrofes naturales que, preferentemente, pueden ocurrir en todo el “arco de fuego” del Pacífico, desde las costas chilenas hasta las australianas, teniendo como puntos sensibles Japón y la falla de San Andrés en las proximidades de la Costa Californiana.

El documento final del G-8 reconoce que estamos ante un “grave desafío por el cambio climático del planeta”. En los dos últimos años se han producido numerosos síntomas que evidencian que el cambio climático no es una especulación. La sequía que estamos padeciendo este verano en España, unido a la tardía aparición de la primavera, al frío persistente que se prolongó hasta más allá de lo que venía siendo tradicional, la intensidad de las lluvias monzónicas, y el aumento ya innegable de la temperatura global, han hecho reaccionar tardíamente a las autoridades mundiales que, hasta ahora han antepuesto desarrollo a defensa medioambiental.

El problema es que reconocer el problema no ha venido acompañado de medidas concretas. El G-8 no llegó a un acuerdo para una reducción de las emisiones de gases a la atmósfera. Se ha avanzado en relación a Kioto. Bush ha reconocido que, efectivamente, la mano humana ha provocado el aumento de temperatura en el globo… pero ha bloqueado la toma de decisiones. Blair ha logrado arrancar una cumbre climática para el mes de noviembre.

Pero cuando esa cumbre se produzca, se tratará solamente un aspecto de la cuestión (la reducción de emisiones tóxicas), pero faltará tratar otra cuestión esencial: cómo resolver la crisis energética. Los países desarrollados han reaccionado tarde al desafío energético. El proyecto ITER (la construcción de un reactor de fusión) todavía no ha despegado y la energía de fisión tardará aun entre 30 y 35 años en ser una realidad… para entonces el precio del petróleo se habrá disparado hasta crear una situación parecida a la sociedad pintada en el ciclo de “Mad-Max” en donde la lucha por unas gotas de petróleo supera a la lucha por la alimentación.

Si se acaba el petróleo… se produce el parón tecnológico. Y si el parón tecnológico se prolonga, la economía mundial se desmadeja. Las “nuevas energías” sirven para pequeñas comunidades, pero son incapaces de abastecer a grandes aglomeraciones urbanas o a los grandes polígonos industriales. El ahorro de energía tiene un límite. La decisión demagógica y poco meditada, impuesta por los ecologistas, de cerrar las centrales nucleares, deberá ser, necesariamente, reconsiderada: mañana, mucho más que hoy, de lo que se va a tratar, es de construir centrales nucleares SEGURAS, no de abolir la energía nuclear mientras no existe un sustituto viable.

Tres mil millones para la Agencia Nacional Palestina

En principio no se esperaba que el G-8 tratara la cuestión de Palestina y de la ANP. Y sin embargo, ha sido uno de los puntos en los que se ha producido más unanimidad y menos discusiones. El G-8 se ha limitado a inyectar 3.000 millones de dólares para reconstruir las estructuras de la administración palestina, destruidas durante el tiempo de la Segunda Intifada y permitir la construcción de algo similar a un Estado Palestino. Y en este terreno, no ha habido discusión, pero hacía falta que se hubiera producido.

Porque, efectivamente, Israel ha destruido, deliberada y sistemáticamente, la infraestructura de la ANP en los cuatro años que dura la Intifada. Un mínimo sentido de justifica implica que el que provoca una destrucción, está obligado a pagar la reconstrucción de lo que ha deshecho. Israel es culpable. Israel debe pagar. Pero, claro, Israel goza de una posición diferente a cualquier otro pueblo. Israel puede cometer exacciones y destrucciones en territorios que no son suyos, reservarse el derecho a atentar selectivamente contra quien juzga que es líder terrorista y conseguir que todas estas acciones le salgan “gratis”. Israel es un caso único en la historia de las naciones modernas.

Pero esos 3.000 millones de dólares no serán suficientes como para reconstruir lo destruido y para mantener un aparato estatal mínimo y digno de tal nombre. Además, nada permite pensar que el conflicto palestino-israelí esté en la recta final, sino todo lo contrario. En el fondo de la cuestión, lo que está en juego son los recursos hídricos de la zona: el agua es básica en el Neguev para asegurar el riego de los cultivos israelíes y el abastecimiento de agua al Estado de Israel. El control de las fuentes del Jordán (que ya generó la guerra de 1967) y de los acuíferos de Gaza, sigue siendo el problema de fondo que hace titubear a Israel cada vez que parece afianzarse el proceso de paz. Ahora no va a ser diferente. Mientras todo este conflicto hídrico no sea resuelto –y nos gustaría saber cómo puede resolverse, incluso si tiene solución- el proceso de paz se asentará sobre bases falsas e inestables. La inyección de 3.000 millones de dólares puede ser equivalente a una cantidad similar la donada por la Unión Europea y, terminar destruida en unos cuantos ataques aéreos y de blindados israelíes, como ha terminado ésta.

Una vez más hay que recordar a los “países ricos” que los fondos cedidos no traen ni aseguran la prosperidad o la paz. Esto solamente puede asegurarlo un control internacional sobre el proceso de paz e imponer al agresor israelí las condiciones propuestas desde hace más de 10 años por Arafat: “paz por territorios”. Y sobre esto, el G-8 no ha emitido ninguna resolución.

El liderazgo de Blair: a partir de ahora mundial.

2005 está resultando un buen año para Blair: ha salido reelegido sin que su posición en torno a la guerra de Irak haya supuesto un obstáculo, es presidente de la UE y se ha impuesto –al menos temporalmente- al eje franco-alemán. Y, finalmente, a partir de la reunión del G-8, ha afirmado un liderazgo mundial indiscutible. Las manifestaciones de los radicales antiglobalización no han empañado ese liderazgo y la madurez dada por la sociedad británica tras los atentados criminales del metro de Londres, tampoco han supuesto una merma de ese liderazgo.

Por que, efectivamente, Blair, a pesar de “salir en la foto de las Azores”, no quedó tan marcado como Bush, tenido por toda la opinión pública, como el instigador de la agresión y, a pesar de tener destacadas tropas en Irak, nadie utilizó este tema como ariete electoral. La capacidad de comunicación de Blair es muy superior a la de Bush y goza de una mayor credibilidad en relaciones internacionales.

Pero, no nos engañemos, si bien los talantes de Bush y Blair son distintos, existe entre ellos una total identidad de criterios. Con Blair, la UE es una parte de “Occidente” que es, a su vez, una extensión de la OTAN y de los conceptos “atlantistas” de la postguerra. Hay dos ejes que operan en el marco geopolítico euro-norteamericano: el eje franco-alemán (extremadamente debilitado por la situación interna de ambos gobiernos) y el eje anglo-norteamericano (extremadamente reforzado por la parte inglesa). Hay que reconocer a Aznar que apostó por el “primo de Zumosol”, es decir, por el que, finalmente, ha resultado ser la opción más fuerte… aunque no la más justa.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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