El retorno del terror: otra vez el fantasma de Al Qaeda

Publicado: Domingo, 10 de Julio de 2005 15:11 por en TERRORISMO
atentado2.gifRedacción.- Hacía más de un año que no se hablaba de Al Qaeda, sino era relacionado con Al Zarqawi y la resistencia iraquí. Estaba cantado que, antes o después, Al Qaeda iba a actuar y ha elegido Londres el día después de la nominación olímpica. Sabemos lo que seguirá: reivindicaciones de los grupos más extraños e inexistentes, una serie de detenciones que se vincularán directamente a otros atentados (Madrid, Casablanca, Balí, Torres Gemelas, etc.)… pero nunca sabremos quién ideó el atentado y, como máximo, habrá algunas detenciones de “presuntos” terroristas. Una historia que empieza a ser demasiado repetitiva.


El fantasma de Al Qaeda emerge de nuevo

Bin Laden cumple este año el 10 de “clandestinidad”. Desde hace meses, nadie habla de localizarlo. Ya no se dice ni que está escondido en las cuevas de Tora Bora, ni en la zona fronteriza afgano-pakistaní, ni nadie se aventura a hipotetizar dónde podría encontrarse. Como mínimo, resulta sorprendente que el terrorista más buscado del mundo, físicamente inconfundible, no haya sido visto por nadie en los últimos 5 años… Más que sorprendente es completamente imposible.

Algunos responsables de servicios secretos europeos empiezan a dudar (algunos lo han dudado siempre y han reconocido las ideas y venidas de Al Qaeda como una típica operación de servicios secretos) de la existencia real de Al Qaeda y de que una persona llamada Bin Laden siga con vida, dirigiendo los tentáculos de una organización terrorista de la que todo lo que se sabe son datos fragmentarios, parciales y, en su inmensa mayoría, hipotéticos.

Se ha dicho que Al Qaeda es una “red terrorista”, que existen células por todo le mundo, solo en Londres se encontrarían 200 miembros de la organización y en España se han detenido en torno a 200 supuestos terroristas islámicos. Cifras parecidas se pueden encontrar en Francia, Italia o Alemania. Mucho ruido y pocas nueces: porque, esto nos da unos 1000 terroristas a nivel europeo, demasiados como para cometer tan pocos atentados. La razón de ser de una organización terrorista es cometer atentados. En la actualidad ETA no debe tener más de docena y media de terroristas activos, organizados en comandos operativos, sin ninguna experiencia en fuego real. Y que, de tanto en tanto, cometen atentados con facilidad. Piénsese lo que podría hacer un millar de terroristas de los que, además se dice que son excombatientes de la resistencia antisoviética en Afganistán, de las guerras del Cáucaso o de los Balcanes, es decir, con experiencia de fuego real. Y, sin embargo, este contingente, fiero, fanático, dotado de fondos inagotables, sin necesidad de recurrir al “impuesto revolucionario”, apenas es capaz de cometer un atentado al año… Imposible, impensable, inadmisible.

Londres, refugio del islam radical mundial

En un informe elaborado por el Comodoro Riciardelli, del “Cóndor Nacional”, reproducido en infokrisis, se resalta un hecho, aparentemente sorprendente: Londres es la tierra de promisión de los radicales islámicos de todo el mundo. Los vínculos entre los nombres conocidos que participaron en los atentados del 11-M, son, aparentemente, numerosos. Allí se encuentran refugiados los dirigentes del FIS argelino, entre otros.

Londres ha sido hasta ahora, el “santuario” del terrorismo internacional, es decir, el lugar en donde el terrorista se siente seguro. El principio de todo terrorista es no cometer atentados en el “santuario” que pudieran hacer peligrar su seguridad. ETA, por ejemplo, en sus años dorados, jamás cometió atentados en Francia. Los neofascistas exiliados en España durante los años 70, pactaron con el gobierno de Carrero Blanco, no abordar actividades políticas o terroristas en España, a cambio de poder permanecer en nuestro país. El “santuario” es “sagrado”. Solamente un loco, un irresponsable podría cometer atentados en el “santuario”. O bien, un provocador.

A diferencia de los servicios de seguridad del Estado español, los servicios de seguridad ingleses, curtidos en la lucha contra el IRA y liberados hoy de la presión del independentismo irlandés, vigilaban de cerca de todos estos núcleos fundamentalistas islámicos y los ha penetrado capilarmente. Resulta difícil pensar que un multiatentado de las dimensiones del que ha tenido lugar en Londres, puede pasar completamente desapercibido para unos servicios de seguridad extremadamente eficaces y que cuentan con un buen número de pakistaníes que ya cuando llegaron hace más de 30 años al Est End londinense, tenían una amplia experiencia en tareas de información e inteligencia. Por otra parte, el hecho de que en Londres exista la mayor concentración de islamistas radicales de todo el mundo, no quiere decir que la seguridad del Estado no los siga de cerca.

Si la paternidad intelectual de los atentados del 11-M se desconoce todavía, y otro tanto cabe decir de los atentados del 11-S, dudamos mucho de que pueda saberse de dónde partió la idea de cometer los atentados de Londres. Como máximo saldrán a la superficie los nombres de los peones de brega. Siempre hay imbéciles dispuestos a reconocer que ellos han participado en un atentado por el hecho de que han dejado un sobre con la reivindicación. Así pues, digámoslo claramente, pasa el tiempo, pasan los años y todavía no se sabe ni quien es, ni para quien trabaja Bin Laden, ni donde está. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, ni los atentados de Casablanca, ni los de Madrid, ni Washington, se tiene la seguridad de cómo se desarrolló el proceso de preparación y comisión de los crímenes. Hará falta saber el resultado del juicio contra Abú Dadah y la improbable “célula española” de Al Qaeda, para saber si un tribunal admite las débiles pruebas que lo responsabilizan de las dos mil y pico víctimas del WTC o si, como parece, con esas pruebas, ni Abú Dadáh, ni cualquier otro, podrían ser condenados por un tribunal regular.

No se sabe nada de Al Qaeda; al menos, no se sabe nada de esencial. Todas las informaciones, analizadas de cerca, adquieren un tinte surrealista difícilmente defendible. Veremos si los atentados de Londres siguen el mismo patrón. Apostaríamos a que sí…


El islamismo radical entra en la quiniela…

Desde el 11-S de 2001, comparando la naturaleza de estos atentados, a otros cometidos anteriormente, siempre hemos estado persuadidos de que hay que reformular todas las teorías sobre el terrorismo internacional y a ello dedicamos la 2ª Edición de nuestro libro La Gran Mentira. Resulta innegable que:

1) Existe un islam radical y fundamentalista que admite el terrorismo y lo considera una estrategia de la “guerra santa” predicada por Mahoma.
2) Existen formas de conflicto y guerra “caliente” en países árabes en donde el suicidio ritual (la “inmolación”) en el curso de un atentado terrorista, es una práctica común (Palestina e Irak).
3) Existen otras tácticas terroristas que no requieren la “inmolación” de los terroristas (por ejemplo, en Europa Occidental o en Marruecos, donde existen posibilidades de causar destrozos… sin necesidad de perder vidas de los propios terroristas.
4) Lo que se sabe de los terroristas detenidos, impide establecer una sociología del terrorismo islámico: aparecen tanto técnicos y profesionales liberales, como lumpen y delincuentes comunes… la mayoría no tienen una militancia previa en organizaciones islamistas y muchos ni siquiera muestran un interés por el islam.
5) Ni un solo tiene preparación política necesaria para establecer un plan de acción terrorista. Son políticamente ignorantes, frecuentemente no superan el nivel de fanáticos de pocas luces.
6) A la vista de todo esto, da la sensación de que existen dos niveles: uno conocido, que tiene como actores reconocidos a islamistas radicales o presuntos tales; y otro nivel de ideación de los atentados y programador político de los mismos, del que no se sabe absolutamente nada seguro.

Por qué un atentado ahora. Por qué en Londres

Los atentados de Londres eran esperados, pero sorprende que se hayan producido justamente en estos días. Si se atentó en España, con más razón debía de atentarse en Londres. Pero, claro, todo esto si aceptamos que ambos atentados están relacionados con Irak y con la cumbre de las Azores. Y afirmar esto resulta muy aventurado.

“El Egipcio”, detenido en Roma y extraditado fugazmente a España para responder sobre el 11-M, afirmaba que había estado trabajando en la preparación de los atentados, desde 2001… esta declaración es grave, por que desvincula el crimen del 11-M de la guerra de Irak. En 2001, España no había dado absolutamente ningún paso en dirección de aproximarse a EEUU en su campaña de agresión a Irak. Así pues, si “el Egipcio” tiene algo que ver con los atentados, su preparación es previa a Irak.

Por otra parte, entre el Islam marroquí –al que pertenecen la inmensa mayoría de los detenidos e “inmolados” en Leganés- sostiene que Al-Andalus es tierra del Islam ocupada por infieles y paganos. Su aspiración –crecida con la inmigración marroquí en España- no es otra que recuperar Al-Andalus para el islam. Y esto tiene también muy poco que ver con Irak.

¿Tiene algo que ver con Irak el atentado de Londres? ¡Quien puede saberlo! Todo lo que es hablar sobre los atentados firmados con la rúbrica Al Qaeda, es trabajar sobre hipótesis de difícil confirmación. No sabemos, exactamente, quien fue el autor intelectual de los atentados de Madrid, Washington, Londres, París, Casablanca o Balí… sólo sabemos que la versión oficial tiene excesivos agujeros negros como para dudar razonablemente de ella. Ni siquiera sabemos si existe un único centro de ideación de los atentados, o si existen varios centros que programan los mismos y utilizan a distintas bandas de islamistas o delincuentes magrebíes o árabes.

Se ha interpretado el atentado de Londres como una respuesta de la galaxia Al Qaeda a la cumbre del G-8. Erróneo. El G-8 se ha reunido durante más de diez años en países, igual o más comprometidos con la política exterior norteamericana y, con defensas antiterroristas mucho menores, que además, no era “santuario” del islamismo radical. Canadá, por ejemplo. Se ha interpretado que era una respuesta a la euforia londinense por la adjudicación de las olimpiadas del 2012. Erróneo. Un atentado de estas características no puede improvisarse en el plazo de 18 horas, hacen falta, como mínimo, unas semanas de preparación. Y, por otra parte, Londres, distaba mucho de ser la favorita en la competición por los juegos. Así mismo, se ha interpretado que el atentado era una respuesta a la presencia de tropas inglesas en Irak. Error. Era mucho más fácil golpear a otros países europeos de segunda fila (Polonia o Italia), o del Tercer Mundo que apoyaron la intervención norteamericana y mantienen tropas en Irak o Afganistán. Londres, en el fondo, era un objetivo difícil: el MI-5 y el MI-6, trabajan juntos y sin fisuras, junto a Scotland Yard, en la lucha antiterrorista, desde las ofensivas del IRA en los 70-90. Por lo demás, ya hemos aludido a la infiltración que la seguridad británica ha realizado en los grupos integristas islámicos que se cobijan en el santuario londinense.

El atentado ha sido en Londres por que Londres estaba, por muchos motivos, en la cabecera de los diarios y a grandes titulares: el inicio de la presidencia de Blair en la UE y su papel de liderazgo mundial asumido por el líder laborista, ha sido el principal detonante… ¿es éste el verdadero motivo? Sinceramente, lo dudamos. Hay otro mucho más esencial.

El 7 de julio en Londres, ha reavivado el 11-S para los norteamericanos y el 11-M para los españoles o el 8 de mayo para los habitantes de Casablanca. Se trata de atentados que se capitalizan y refuerzan unos a otros. En este contexto es mejor aludir a un “terrorismo globalizado” que a un terrorismo de Al Qaeda. Si eliminamos del análisis todos los datos facilitados por la CIA y los Departamentos de Estado y de Justicia norteamericanos, sobre la existencia de Al Qaeda, nos quedan unos crímenes desnudos que han servido para generar iniciativas políticas que, de otra manera, serían difícilmente presentables ante la opinión pública: la invasión de Irak, la invasión de Afganistán, el Acta Patriótica, en EEUU; la criminalización de Islam moderado y la persecución indiscriminada contra islamistas radicales (pero no terroristas); la subida al poder de ZP y la consiguiente retirada de tropas españolas de Irak con el inicio del desmigajamiento de la “coalición internacional”, etc.

Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, el terrorismo no es siempre un factor de inestabilidad, sino que muy frecuentemente, desde el siglo XIX, contribuye a reforzar la estabilidad del Estado. La transición española, por ejemplo, hubiera sido impensable sin que ocurrieran fenómenos terroristas de envergadura desconocida hasta entonces en nuestro país. La “semana trágica”, el secuestro de Oriol y Villaescusa, el asesinato de cientos de guardias civiles, policías y ciudadanos por parte de ETA y el GRAPO, o de una extrema-derecha manipulada hasta la saciedad, una larga serie de episodios terroristas de origen desconocido, permitieron que unos demagogos establecieran el axioma de “contra terrorismo, democracia”. De no haberse producido la semana trágica de diciembre de 1976, sin duda el PCE hubiera tardado más en ser legalizado, los últimos mohicanos del franquismo hubieran presentado una resistencia mayor y, finalmente, el proceso se hubiera alargado. En realidad, la transición no fue un período modélico y exportable, sino un caos constante en el cual la democratización avanzó, no tanto por la presión de fuerzas sociales, como por episodios traumáticos de terrorismo. “Cuando llueve es preciso situarse bajo el paraguas”… Cuando arrecia el terrorismo insensato, criminal y asesino, realizado por no importa quien, la población y las distintas fuerzas sociales tienden a ponerse bajo la protección del Estado protector de toda violencia y defensor del orden constitucional.

Este fenómeno no es nuevo. Desde finales del siglo XIX, era evidente que el terrorismo anarquista no debilitaba al Estado, sino que enajenaba simpatías a quienes lo ejecutaban y, consiguientemente, tendía a reforzar los vínculos de confianza entre la población y el Estado. Este proceso ha sido analizado hasta la saciedad desde la misma época en la que se desencadenó. Al Qaeda parece no haberse enterado.

Ahora bien, si unos cuantos extremistas islámicos, con el cerebro carcomido por una interpretación sectaria, zafia y rigorista de El Corán, sin capacidad, ni inteligencia, ni preparación técnica, ni medios, simples delincuentes comunes o locos con el cerebro recalentado por una locura seudoreligiosa, están dispuestos a cometer unos cuantos atentados, basta con que una central de inteligencia diseñe y marque las situaciones puntuales en las que el activar atentados criminales, para lograr nuevas correlaciones de fuerzas que beneficien a los intereses de su promotor intelectual.

A partir de ahora y en las próximas semanas…

Una vez promovido el atentado, la película de los hechos va a ser, más o menos, como sigue:

1) Se producirá una retahíla de “alarmas” (siempre infundadas) que anunciarán nuevos atentados; así se multiplicará el efecto del atentado inicial. No hace falta colocar más bombas, ni matar más gente, basta, simplemente, difundir informaciones falsas sobre colocaciones de explosivos.

2) Se detendrá a unos cuantos activistas de base, o delincuentes vinculados a medios fundamentalistas islámicos cuyos perfiles ya figuran en las bases de datos de la seguridad inglesa.

3) Se unirán los nombres de estos detenidos a otros nombres que ya han aparecido en atentados precedentes. Así se logra revitalizar el impacto que cada uno de estos atentados previos, genera en la opinión pública.

4) Estos vínculos nunca terminarán de estar del todo claros. Se basarán en listados de llamadas telefónicas y en pruebas absolutamente circunstanciales, buena parte de las cuales se referirán a individuos en paradero desconocido o, simplemente, muertos.

5) Se preferirá pensar que los atentados han sido cometidos materialmente por islamistas llegados de fuera del Reino Unido, antes que ejecutados por islamistas nacidos en las islas británicas. Así se evitará la aparición de una oleada de racismo y xenofobia anteislámica.

6) Los juicios sobre este atentado jamás se verán, ni se trabajará desde bases nuevas y sólidas para aislar el foco ideador del terrorismo islamista; se preferirán titulares que atribuyan el hecho, sin muchas pruebas, a una célula islamista improbable que aparecerá en el imaginario colectivo de la sociedad británica como único responsable. Y carpetazo al tema, hasta el próximo atentado, seguramente en Italia o Alemania.

A medida que se vayan sucediendo estos episodios, que, inevitablemente siguen a todo atentado con “el sello Al Qaeda”, la opinión pública se irá sobresaltando y situando bajo el paraguas protector del Estado. Un nuevo dejà vû, en definitiva.

El instante del atentado: fundamental

En este tipo de atentados de origen desconocido –los que llevan el “sello Al Qaeda”- es importante fijarse en la fecha en qué ocurren. El 11-S siguió en pocas semanas a la ruptura de conversaciones entre el gobierno norteamericano y los talibanes por el oleoducto que debía conducir el petróleo del Cáucaso hacia los puertos del Indico. El 8 de mayo en Casablanca, precedió a las elecciones generales en las que los islamistas del Partido de la Justicia y el Progreso (islamistas moderados) debería haber reeditado el éxito obtenido pocos meses antes en las elecciones locales. El 11-M venía justo antes de las elecciones con la verosímil intención de provocar un vuelco electoral. Los atentados de San Fermín en Londres, se producen, así mismo, en un momento clave para la sociedad británica.

Es sólo unos días antes del crimen cuando el nacionalismo británico se revitaliza recordando los doscientos años de la victoria de Trafalgar, con una celebración desusada y excesiva. Luego siguen los episodios a los que ya hemos aludido y que refuerzan el liderazgo mundial de Blair (reunión G-8, presidencia de la UE, concesión de los JJOO, todo ello tras la victoria electoral laborista de marzo). Y, finalmente, el 10 de julio se conmemoraba –así mismo, de manera desmesurada- el final de la II Guerra Mundial. Todo esto genera un cuadro particularmente deseable para cualquier especialista en operaciones psicológicas: este atentado, llegado en el momento en que todos estos episodios mencionados se cruzan, contribuirá a reforzar la unidad británica, la identidad del pueblo inglés, considerada como radicalmente diferente a cualquier otra. Reforzará, en definitiva, el nacionalismo británico y operará un efecto multiplicador sobre los episodios mencionados.

El pueblo y el gobierno británico, no se han desmoronado con el atentado (a diferencia de lo que ocurrió el 11-M, cuyo efecto fue capaz de operar un cambio de gobierno y una retirada apresurada de tropas… para que no volvieran a ocurrir atentados similares), sino que se ha reforzado con alusiones esperadas sobre los bombardeos de Londres en 1940-41.
Este atentado ha contribuido, como pocas iniciativas, a reforzar la identidad inglesa. Un amigo londinense me decía por teléfono, pocos minutos después de que los teletipos dieran las primeras noticias del atentado: “Hoy creo que no podré volver a casa, deberé quedarme en el Withehorse Hotel” (un conocido burdel londinense). Y tras esta muestra de humor británico me manifestaba su orgullo de ser inglés.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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