Tras los atentados de Londres: ¿libertad o seguridad?

Publicado: Jueves, 14 de Julio de 2005 09:30 por en TERRORISMO
mezquita_primera.gifRedacción.- Como suele ocurrir tras cualquier atentado terrorista, la sociedad europea se plantea medidas para que no vuelva a repetirse el episodio. Y una vez más se ha reproducido el debate sobre “libertad o seguridad”. Falso debate: el debate real es: “¿tiene una doctrina susceptible de deslizarse sistemáticamente al terrorismo derecho a utilizar la libertad de expresión para extender su baba ponzoñosa en Europa?”. No. Esa doctrina es el islamismo radical.

La responsabilidad del Islam en el terrorismo

Nuestra tesis, desde el 11-S del 2001, es: el islamismo radical es un espantajo al que le compete reivindicar y ejecutar atentados, pero no planificarlos. No está claro quien los planifica, cuál es su “autor intelectual”, o mejor dicho, la mente criminal que los programa, pero sí está suficientemente claro, quien los ejecuta y de dónde procede la carga de odio hacia Europa. Procede del islam y si queremos afinar un poco más, del islamismo radical, asumiendo –lo que no está tan claro- que hoy solo una parte del islam está instalado en el radicalismo.

Exceptuando el terrorismo residual de ETA, no hay más terrorismo en el territorio de la UE que el terrorismo islamista. Los analistas no han conseguido todavía establecer un “modelo” de este terrorismo. No deriva de la pobreza como se insinuó cuando se produjeron los atentados de Casablanca. Tampoco llega a Europa en patera. Tanto Mohamed Atta, como los responsables de los atentados de Londres, pertenecían a la burguesía ilustrada y formada en universidades europeas. En el caso de los criminales de Londres, “eran europeos”, asumiendo que “ser europeo” consiste en recibir un pasaporte de cualquier país de la UE, aun no teniendo de “europeo” más que ese documento.

El terrorismo islámico no es tampoco la resultante de una lucha “de civilizaciones” y, por tanto, tampoco puede resolverse mediante el ingenuo “diálogo de civilizaciones” zapaterista. El terrorismo islámico es la resultante de una locura que no puede ser calificada como religiosa, sino, más bien, supersticiosa. “Creer en dios” puede no ser siempre una “religión”. Cuando se examinan algunos de los preceptos y de los temas del terrorismo islámico se percibe fácilmente que se está más próximo de una superstición que de un sistema religioso. Ciertamente, el Islam, con mayúsculas es una religión tradicional, lo que algunos han definido como la “última revelación”, esto es, como una ola que trae “verdades”. Pero este “Islam ideal”, que, incluso engloba doctrinas de alta talla iniciática, como el sufismo, dista mucho del “islam real”, que, tanto en su lugar natural de expansión –el mundo árabe y el desierto- como allí donde ha sido transplantado por la inmigración –el territorio de Europa- se ha radicalizado, defendiendo la “guerra santa” (considerada solamente como la puerta de acceso brutal a un paraíso sensualista situado en un hipotético más allá. No se suicidad por “el ideal” (islámico), se suicidan por para conquistar un paraíso sensual, definido hasta el extremo, en el que el “mártir” renacerá en un mundo donde le serán concedidos siete palacios de jade, con siete harenes cada uno, compuestos por setenta y siete huríes y dispondrá de un estado de erección permanente, manteniendo siempre la edad ideal de treinta y tres años… Este es el concepto islámico del “paraíso de Alá”… ¿religión o superstición?

Pues bien, este islamismo, provisto de concepciones como esta, atiza el odio hacia Europa. No importa que merluzos de la talla de Zapatero, eleven trabajos de COU a la categoría de estrategia de política exterior, y sostengan con una seriedad pasmosa la importancia del “diálogo de civilizaciones”, se trata de que solo existe diálogo cuando dos partes quieren dialogar. Y no está claro que un islam que defiende lindezas como el “paraíso de Alá que reciben los mártires caídos en la guerra santa” quiera dialogar.

De la misma forma que existe terrorismo etarra porque existe nacionalismo vasco, así mismo existe terrorismo islámico porque existe islamismo radical. Y –aquí volvemos a nuestra tesis- contra más radical –esto es acrítica, fanática, descerebrada- es una idea, más susceptible es de ser manipulada por cualquiera.

¿Seguridad o libertad?

Zarkozy ha anunciado que Francia revisará los acuerdos de Schöengen. Blair ha establecido medidas para el control de los servidores de Internet, como hace tres años ya hubo hecho Bush a raíz del 11-S. Todas las medidas que está proponiendo la clase política dirigente europea se basan en una limitación de las libertades públicas a cambio de garantizar una mayor seguridad. Falso debate. El razonamiento es otro.

Si aceptamos que el único terrorismo que existe en Europa es hoy el terrorismo islámico (aparte del foco tan residual como miserable de ETA), se trata de extirpar ese forúnculo purulento que ha nacido en el corazón de la Unión Europea. Si se trata de liquidar el terrorismo… hay que apuntar contra el terrorismo islámico, no contra la totalidad de la sociedad europea. No es mi correspondencia, ni mis llamadas telefónicas, ni mis correos electrónicos, lo que el Estado debe controlar… sino el de los islamistas radicales. No es mi domicilio el que deben estar autorizados a vigilar y controlar, sino las sedes de las mezquitas desde las que se expande odio sin límites a la civilización europea y a los mismos europeos considerados como personalidades aisladas. No es a la Iglesia Católica o a la Anglicana a la que hay que limitar el derecho a la libertad de expresión y controlar que desde los púlpitos se difundan ideas de odio y terrorismo… sino la predicación de los imanes radicales desde las mezquitas.

Lo que la clase política europea pretende es a confundir la parte con el todo, el terrorismo islámico con toda la sociedad europea.

Está claro que quienes tenemos la conciencia tranquila, no tenemos nada que ocultar y, por tanto, podríamos aceptar el control sobre nuestras comunicaciones, seguros de que no nos va a afectar negativamente, pero… La cuestión es otra. La cuestión es de libertades y derechos fundamentales. El derecho a la intimidad forma parte de esos derechos fundamentales, incuestionables. Si se les cuestiona, lo que se está cuestionando es la misma existencia del Estado democrático… de ahí que desde el 2001, venimos advirtiendo sobre el riesgo de involución del régimen de derechos y libertades en el seno de la UE.

No es contra la totalidad de la población europea contra la que deben apuntar las medidas antiterroristas, sino contra el sector que constituye un vivero de terroristas. Y ese vivero tiene un nombre: Islam. ¿Islám radical? Islam a secas. Una somera lectura de “El Corán” indica claramente que es imposible establecer las fronteras entre un “islam radical” y un “islam moderado”; si, en cambio puede establecerse una frontera entre islam y no islam. Basta con mirar el prepucio… sin necesidad de hacer un discurso étnico. Es a ese sector y no a la totalidad de europeos, sino a los islamistas (con o sin pasaporte europeo, nacidos dentro o fuera de Europa), a los que hay que controlar, empezando por las predicaciones en las mezquitas.

Si el islam permite que desde su seno emerjan sectores terroristas, debe de colaborar, así mismo, en la represión de estos ambientes radicales. Hasta ahora no lo hace y ha optado por “los terroristas islámicos son unos hijos de puta… pero son nuestros hijos de puta”. En este sentido, son cómplices por encubrimiento.

La seguridad es el primer derecho humano. Sin seguridad es imposible ejercer cualquier otro derecho. Para que exista seguridad hay que aplastar sin piedad, completamente sin piedad, a los que la ponen en peligro. Y no es la libertad de la sociedad europea la que hay que sacrificar, limitar o poner bajo vigilancia, sino la libertad de los sectores fronterizos con el terrorismo. Mientras el Islam no sea el primer colaborador en la desarticulación de las fracciones más radicales y extremistas, ese islam –moderado o radical- debe ser considerado como el vivero de terroristas y, por tanto, sometido a férreas leyes de control y excluido de los beneficios de la ley de libertad religiosa. No se trata de engordar a la madre de todos los terroristas, sino de esterilizarla.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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