Perpignan: la guerra civil, racial y social a las puertas.

Publicado: Martes, 31 de Mayo de 2005 11:59 por en INMIGRACION
perpig.jpgRedacción.- El Ejido multiplicado por 100, eso es lo que ha ocurrido el pasado fin de semana en Perpignan. La ciudad del Languedoc-Rousillon, ha acumulado un potencial explosivo que, finalmente, ha estallado. Dos muertos, cientos de heridos y de detenidos, tal es el balance de una semana de incidentes. Perpignan.es uno de los 1500 zonas de “non-droit”, en donde ya no rige el “Estado de Derecho” en Francia.

Los enfrentamientos se iniciaron cuando un grupo de gitanos apaleó hasta la muerte a Mohamed Bey-Bachir, de 28 años, franco-argelino el 22 de mayo. Luego se produjo el asesinato de Driss, 43 ans, de origen marroquí.

El cambio de paisaje urbano en Perpignan

Perpignan.es una ciudad similar a Alicante, con un centro histórico-monumental, barrios residenciales periféricos y un barrio, Saint Jacques, habitualmente poblado por gitanos, en general, perfectamente integrados en la sociedad francesa. Esta barrio, tradicionalmente, era el foco de delincuencia. Incluso delincuentes españoles acudían al barrio de Saint Jacques para comprar documentación falsa, vender las tarjetas de crédito robadas en España, o bien comprar armas de todos los calibres. Se trataba del tradicional barrio que, históricamente, era el foco de una delincuencia limitada y controlada, común a todas las ciudades europeas. Nada grave, o al menos, nada que la sociedad francesa no pudiera digerir. Hasta hace poco.

En los últimos años, dos factores han contribuido a desestabilizar Persignan: en primer lugar la elevada tasa de paro que vive toda la región; en segundo lugar, la presencia masiva de magrebíes en el barrio de Saint Jacques y un recrudecimiento de la delincuencia en toda la ciudad, hasta extremos insoportables y no digeribles.

En otros barrios no se hubiera producido un conflicto de esta magnitud. Habitualmente, cuando, comunidades magrebíes irrumpen en un barrio, se produce un “vaciado” de la población europea originaria: lo hemos visto en todos los barrios en donde en apenas cinco años se han formado guetos urbanos en nuestras grandes ciudades. Pero en Perpignan,.el proceso ha sido diferente por la presencia de la comunidad gitana. En efecto, esta comunidad, dotada de un alto sentido tribal y de un espíritu de unidad ante lo diverso, recibió mal al grueso de la población magrebí.

Este conflicto se agudizó cuando los magrebíes dirigieron su hostilidad hacia los gitanes, compitiendo con los delincuentes del barrio en el tráfico de drogas y otros comercios ilícitos. Después de dos años de tensión creciente, finalmente, la tensión estalló.

Perpignan: ciudad sitiada

En el momento de escribir estas líneas, Perpignan tiene el aspecto de una ciudad sitiada. Un millar de policías y de gendarmes están desplegados en las calles. No solamente en Saint Jacques, sino en otras zonas de la ciudad pueden verse comercios incendiados, escaparates destrozados y restos de la batalla campal que tuvo lugar tras el segundo asesinato de un magrebí el pasado miércoles.

La víctima falleció por cuatro disparos a bocajarro. No hay ningún dato que permita pensar que sus cuatro asesinos encapuchados, pertenecían a la comunidad gitana, pero lo cierto es que desde el miércoles hasta la noche pasada (lunes a martes) los incidentes se han reproducido cada noche, al caer el sol, en los barrios con presencia magrebí. Es significativo que desde la noche del viernes, mujeres y niños han ido abandonando la ciudad hasta que se normalizara la situación.

Pero, hace falta preguntarse si la situación se va a normalizar y cuál es hoy la “normalidad” de la que puede alardear la ciudad del Languedoc-Roussillon. Porque hoy, Perpignan es una ciudad de mayoría magrebí.

Esta ciudad se presta extraordinariamente para la revuelta urbana: el centro histórico es el foco en el que convergen pequeñas callejas desde las que resulta fácil hostigar a la policía y retirarse con este enjambre urbano sin posibilidades de ser detenidos. Los jóvenes magrebíes –bautizados desde hace años como “savajeots”- utilizan esta peculiaridad urbana de la ciudad para aumentar la sensación de inestabilidad, saquear establecimientos, incendiar comercios, volcar automóviles, etc. Se han producido casi un centenar de detenciones, pero en el momento de escribir estas líneas la violencia urbana sigue reproduciéndose y ni siquiera las compañías de CRS logran restablecer la calma a su paso.

El mismo día en que Francia decía NO al tratado de la Unión, se realizó el primer balance de los incidentes. La población en estado de schock, las calles bloqueadas, casi un centenar de vehículos calcinados, almacenes céntricos incendiados en número imposible de calcular todavía en este momento. La población ha comprobado como los saqueos de almacenes céntricos no son cosa de revueltas en los arrabales de Buenos Aires o de Caracas, sino que han irrumpido en Europa. Algunas de las escenas que vieron los vecinos de Persignan, literalmente, les helaron la sangre. Algunos nos contaban que tras romper las vitrinas de los almacenes de la Promedade des Platanes, sin duda la más céntrica de la ciudad, se llevaban el botín –equipos de Hi-Fi, televisores de Plasma, carritos de bebé, etc- en carretillas o en coches recién robados. Europa no está habituado a escenas de este tipo… y va a tener que acostumbrarse.

Conclusiones: Persignan = El Ejido x 100

Perpignan, es El Ejido, multiplicado por 100 y en donde las fuerzas de seguridad del Estado no han logrado restablecer la normalidad en una semana. En estos momentos se está construyendo la “gran mezquita” de Perpignan. Vale la pena decir que, por azar, el constructor es un judío practicante. Eso, unido de que los jóvenes que asistían al festival musical “Ida y Vuelta”, consumían, fundamentalmente, rap, salsa y, recientemente, reggeaton, evidencian el panorama “cultural” de la ciudad de los Pirineos franceses.

Perpignan se encuentra a hora y media de Barcelona. Se puede hablar español con la seguridad de que un 50% de la población lo habla perfectamente o lo entiende con facilidad. En la ciudad todavía están presentes emigrantes españoles de los años 60 y 70 que se han quedado a vivir allí, hijos de republicanos exiliados que, en buena medida se han adherido al Front National. A pesar de los esfuerzos de catalanización realizados por la Generalitat de Catalunya, la ciudad sigue siendo muy francesa e, incluso, en buena medida, es el propio Front National el que estimula la publicación de libros en catalán, para luchar contra el tradicional jacobinismo centralista parisino. A decir verdad, no es el nacionalismo catalán el que lidera la catalanización, sino sectores antijacobinos que tienen más que ver con el Front que con el Palau de la Generalitat.

Pero Perpignan es el espejo de lo que no nos espera. Los incidentes se han desencadenado por que los magrebíes han encontrado a una comunidad gitana con un alto sentido de la cohesión vincular entre sus miembros y no han estado dispuestos a dejarse comer el terreno. El hecho de que en Francia, incidentes de este tipo se reproduzcan un poco por todas partes y que en estos momentos el número de zonas “fuera de control” superen los 1500, deja poco lugar para el optimismo.

La población de Persignan ha vivido en estos días una situación que ni siquiera los más mayores recordaban. La II Guerra Mundial apenas se dejó sentir en Perpignan. Hay cinco generaciones de habitantes de Perpignan que no pueden recordar una situación de violencia y de guerra civil caliente como la que ha vivido la ciudad en la última semana.

El gobierno francés hará lo que suele hacer en estos casos y lo que indica el manual de urgencias: inyectar fondos, lanzar llamamientos tranquilizadores y, especialmente, no reconocer la naturaleza del problema. Y es un problema que estos incidentes han revelado en todo su dramatismo: el fondo de la cuestión es que el Estado Francés ha desaparecido en algunas zonas que, en rigor, pueden ser consideradas como “Zonas Liberadas” para las comunidades magrebíes. Allí, el Estado Francés YA NO EXISTE.

Apenas a 125 kilómetros de Perpignan, en una fiesta, aparentemente inofensiva, en la Patum de Bega, se han producido incidentes similares de los que la Generalitat todavía no ha tenido el valor de reconocer exactamente lo que ha ocurrido. Se sabe, eso sí, que buena parte de los detenidos no han nacido en la Península. Esperamos, entre inquietos e interesados, la versión oficial de las autoridades, y nos gustaría confirmar que lo sucedido en Berga, no tiene nada que ver con la insurrección magrebí que ha vivido Perpignan durante la última semana. La versión dada ayer por la consejera de interior, Turá, está muy en la línea del “tripartito” catalán y del gobierno ZPlus: “Los mozos de escuadra no estaban presentes porque en días anteriores se les insultó”…

Puede constatarse un último paralelismo entre lo ocurrido a una y otro lado de los Pirineos: la debilidad del Estado favorece el ascenso de la violencia, ocultar el problema, genera más problema.

Perpignan demuestra que la guerra civil, racial y social, está llamando a la puerta.

© Ernesto Milá – infokrisis –infokrisis@yahoo.es

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