Gays: no hay unanimidad (como podía preverse...)

Publicado: Miércoles, 27 de Abril de 2005 08:54 por en CULTURA
Mundo-Gay.jpgRedacción.- ZPlus ha impulsado los matrimonios homosexuales, no por principios -¿los tienes? ¿sabe qué es eso de los principios?- sino por cálculo electoral. Por lo mismo ha rechazado la eutanasia que, en teoría, le rendiría menos beneficios. Como suele ocurrirle, se ha equivocado. Ha creado un foco más de crispación que se une a otros muchos que, semanalmente, van apareciendo. A todo esto ¿es la homosexualidad una enfermedad o una "libre opción"?

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La objeción de conciencia

La izquierda no tuvo el más mínimo inconveniente en incluir la posibilidad de objeción de conciencia para servir a la Nación en las Fuerzas Armadas. No sólo puso ningún problema, sino que, además, la estimuló. Protestó y presionó cuando una parte de la clase médica alegó objeción de conciencia para realizar abortos. Tronó contra los “objetores fiscales” que se negaran a pagar impuestos para que su dinero fuera empleado en el “aborto libre y gratuito” y, finalmente, ha reaccionado malamente cuando el nuevo papado ha pedido a los funcionarios católicos que objeten ante los matrimonios homosexuales.

El gobierno reaccionó rápidamente por boca de la presidenta: “los funcionarios públicos están obligados a realizar matrimonios homosexuales”. No explicó, lo que alcaldes y concejales deben pronunciar al acabar la ceremonia: “Yo os declaro ¿marido y marido? ¿mujer y mujer?”. La Asociación Profesional de la Magistratura, fue más precisa: ni alcaldes ni concejales tienen la obligación de casar, pero si los jueces. En los próximos días veremos los argumentos jurídicos que presentan unos y otros, pero, durante unos meses, en este tema se ha abierto un foco de tensión innecesario y grotesco, no solo entre los dos bloques políticos, sino en el interior de cada uno de ellos.

Al PP le salen homosexuales del archivador (un diputado autonómico en Valencia, una asociación de militantes gays del PP en Madrid), pero también, por el otro extremo, aparece la figura del alcalde de Pontons para el que los homosexuales son enfermos. Piqué lo ha expulsado expeditivamente, mereciendo elogios de la comunidad gay.

Al PSOE las cosas no le han ido mucho mejor. Si ayer, las dos Castillas, gobernadas por el PSOE y por el PP, se ponían de acuerdo en oponerse frontalmente a las aspiraciones maragallanas, en lo que se convierte en otro frente de crispación, hoy ha sido el alcalde de la Coruña el que ha evidenciado que no todos los militantes del PSOE piensan lo mismo en el tema de los matrimonios homosexuales.

“Opción sexual” o “enfermedad”

Hay un debate social no superado, que la izquierda da como definitivamente superado. Hacia los años 50, en EEUU, la homosexualidad fue retirada de la lista de enfermedades psicológicas. Hasta entonces, incluso los freudianos de estricta observancia, habían considerado al homosexual como un neurótico extremo. A partir de entonces, por una decisión de la asociación americana de psiquiatría, el homosexual fue llevado al pabellón de los mentalmente sanos.

El ejemplo americano se contagió a Europa en los años siguientes. Luego, la aparición del movimiento de liberación homosexual, durante la contracultura en EEUU y en Europa a partir de la revolución de mayo de 1968, hizo que la cuestión homosexual se identificara, por lo general, con las posiciones progresistas.

Pero la cuestión, a fin de cuentas, es, si en los años 50, los psiquiatras americanos acertaron o no… y si el homosexual sigue siendo un neurótico o no. En nuestra opinión cualquier manifestación extrema de la sexualidad tiene algo de neurótico. Tras toda parafilia existe un problema, más o menos, extremo. Incluso la forma más ingenua e inofensiva de fetichismo, si se convierte en inseparable de la excitación sexual, pasa a ser una neurosis. Lo mismo podría decirse quien solamente se excita con personas de su mismo sexo.

Pero la cuestión es más compleja. Somos materia y la materia de la que estamos compuestos, en el límite de la evolución, ha generado un tipo de células capaces de darnos conciencia de nosotros mismos y generar el pensamiento lógico y la imaginación. El problema es que los impulsos del cerebro y los instintos, son gobernados por hormonas y neurotransmisores. Nuestro comportamiento puede variar si existe un déficit de tales o cuales hormonas o bien un superavit. Esta es la cuestión central.

Si en estos momentos existen más homosexuales que en otros períodos (entre un 3 y un 5% de la población), se debe a muchos factores y en distintos grados: la revolución sexual, la irrupción de cierta forma de cultura feminista, la coeducación, etc, todos los cuales tienen un peso en la ecuación sexual de la sociedad. Pero es indiscutible que existe un elemento nuevo que actúa con un peso decisivo. La alimentación.

Tragamos hormonas femeninas cuando ingerimos agua del grifo potabilizada con determinados aditivos químicos. Nuestros espermatozoides mueren masivamente al contacto con pesticidas y fungicidas cuyos metabolitos ingerimos involuntariamente o cuando se contaminan con productos químicos incluidos en el revestimiento interior de las latas de conserva. Esto explica –y está suficientemente demostrado por la investigación científica, pero ocultado por los consorcios mediáticos- el por qué las chicas tienen su primer período cada vez más jóvenes, o bien… por qué existen mayores tasas de infertilidad y, en otro terreno, de homosexualidad.

La opción homosexual, como la heterosexual, no son libres. Dependen de muchos factores. La “normal” es la opción hétero, simplemente, por que es la que aparece en todas las especies evolucionadas de la naturaleza y la única que permite la reproducción y, por tanto, la supervivencia de la especie. En la opción heterosexual, también hay una componente química y hormonal… pero “natural”, el equilibrio hormonal “normal”, lleva a la heterosexualidad.

Cuando este equilibrio se altera, aparece la homosexualidad, que, contra lo que piensan los homosexuales, ni es libre. Además, por supuesto, de no ser natural. Así pues, sería necesario volver a antes de la decisión de los psiquiatras norteamericanos de eliminar la homosexualidad del catálogo de enfermedades y revisar si esta idea, a la luz de la investigación científica y de los datos objetivos, puede mantenerse, más allá de las pretensiones subjetivas y acientíficas, del colectivo homosexual.

Hay que agradecer, a ZPlus y a Pedro Zerolo, su bienamado asesor en cuestiones anales, que hayan introducido el debate sobre la homosexualidad como enfermedad en una sociedad que, bastantes problemas tiene, para preocuparse del sector industrial de la vaselina.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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