Habemus papa: un cónclave corto pero elocuente

Publicado: Martes, 19 de Abril de 2005 20:03 por en CULTURA
pope.ratzinger.jpgRedacción.- Los cardenales han cumplido su tarea tal como se esperaba, de manera rápida. El 264º sucesor de San Pedro tiene nombre, historia y rostro: a las 18:40, Justo en el momento en el que aparecía el cardenal protodiácono empezó a llover. Mal augurio, para los que creen en augurios. Y entonces sonó el nombre de Ratzinger, a partir de ahora, Benedicto XVI, “simple y humilde trabajador de la viña del Señor”. El mundo católico puede congratularse.

Continuismo y ortodoxia previsibles

Resulta difícil valorar las ideas organizaditas y el programa de gobierno de un nuevo Papa, tanto como resulta difícil valorar las de un presidente del gobierno. De hecho, un presidente de gobierno considera que los programas y las promesas electorales están, justo para no ser cumplidas. Y, los programas de los papas no se hacen públicos ni trascienden. Así pues, hay que intuir que Ratzinger al frente de la Iglesia realizará una gestión que dejaba prever su tarea precedente.

Ratzinger ha sido definido como conservador. Tiene fama de dialogante, pero no es, en ningún caso, alguien que esté dispuesto a dialogar sobre la doctrina. Es un duro en materia teológica y de fe. Es un Papa europeo, lo cual es elocuente. En efecto, en nuestra opinión, el catolicismo es inconcebible sin Europa y es precisamente en Europa, en donde el catolicismo tiene que recuperar mucho terreno perdido. El catolicismo alemán está en crisis, quizás mucho más amplia que en otros países europeos, incluida España. Es posible que la elección de Ratzinger haya estado dictada por la necesidad de afrontar la crisis del catolicismo europeo.

Los Hans Küng y demás teólogos “progresistas” alemanes, han calificado desde siempre a Ratzinger como “el gran inquisidor”. Sus declaraciones contra la homosexualidad y el aborto, son suficientemente elocuentes. Prefecto de la “Congregación para la Doctrina de la Fe”, Ratzinger no tiene intención de encender hogueras, pero tampoco la de transigir en cuestiones doctrinales. En ese sentido Hans Küng, la teología de la liberación y los sectores “progresistas”, lo van a tener duro. Han sido esos mismos sectores los que difundieron el rumor de que había sido miembro de las Juventudes Hitlerianas.

Hay que recordar que Ratzinger durante su período como profesor generaba entusiasmo entre sus alumnos. Estudiantes de otras facultades y países, acudían masivamente a sus clases. Buen comunicador, sin llegar al dominio mediático de Juan Pablo II, el problema es el margen de maniobra que va a tener.

Los que esperaban un sucesor que flexibilizara las posiciones de la Iglesia ante el sacerdocio femenino, ante la homosexualidad, ante la sexualidad, ante el uso del preservativo, ante el aborto, etc, no van a sentirse muy satisfechos que digamos. Pero el problema no es ese, el problema de fondo es que algo tiene que cambiar en la Iglesia para que sea viable en los próximos años. Y el primer problema de todos es de qué manera va a engrosar su “parque” de pastores. Porque faltan vocaciones, la edad media del clero en Europa es excesivamente alta y la Iglesia crece en Asia y Africa, pero se repliega en el resto de continentes. En Asia tienen excesiva “competencia” por parte de otras escuelas religiosas y África pesa muy poco.

La clave de bóveda del pontificado de Ratzinger tendrá a Europa como centro. Será en Europa donde en el próximo lustro se dirimirá el futuro de la Iglesia. Europa es hoy tierra de misiones. Y no terminamos de ver cómo se podrá recuperar el catolicismo europeo pues es aquí en donde el proceso de laicización y materialización ha alcanzado sus más altas cotas.

Una explosión de entusiasmo para hacer meditar a la clase política

Hay algo en lo que debe meditar la clase política por que es altamente significativo. Decíamos que Europa está laicizada y alejada cada vez más del cristianismo. Los viajes de Juan Pablo II fueron seguidos por masas, pero el propio Papa era consciente de que la gente se sentía más atraído –como él mismo dijo- por el cantante que por la letra y la música. Durante el pontificado de Juan Pablo II, la Iglesia europea se batió en retirada, prácticamente en todo el continente. Ahora, le queda poco para tocar fondo. Y la cuestión es que no terminamos de ver qué medidas puede aprobar el nuevo Papa para superar esta crisis.

Pero, aún así, en esta Europa laica e indiferente hacia el hecho religioso, llama la atención la diferencia con la que los medios de comunicación y la propia población, han seguido el breve cónclave, la muerte de Juan Pablo II y la aparición de Benedicto XVI, en comparación a como ven el nombramiento de un nuevo presidente de gobierno. No hay punto de comparación. Los propios periodistas destacados en el Vaticano apenas podían contener su emoción. No digamos el público que estaba presente en la Basílica de San Pedro. El entusiasmo por el nuevo Papa no tenía nada que ver con los aplausos que prodigan los militantes de un partido cuando su líder es elegido presidente.

En tiempos de crisis como los que vivimos, la política ya no cubre las expectativas de la población. La falta de escrúpulos de la clase política, su oportunismo, su bajeza cultural, sus vaivenes, su capacidad para tolerar las corruptelas, lo previsible de sus opiniones y criterios, hacen a la clase política como particularmente odiosa y despreciable. Se la vota, pero no se la admira, se la soporta porque no hay nada que sea capaz de sustituirla. Pero, a fin de cuentas, la población lo que desea son líderes y en todo líder auténtico, en el fondo, hay también un liderazgo espiritual. Y, en el fondo, a la población le importa poco si ese líder es elegido por sufragio universal o por un colegio de cardenales, es decir, por una élite, y, además, son la inspiración del Espíritu Santo.

Comparen lo incomparable. Comparen a ZPlus con Ratzinger. Estudiante de escasa brillantez intelectual el primero y a su media vida con una bagaje cultural tan denso y profundo como un papel de fumar. Provisto de cuatro tópicos con los que apenas puede enmascarar su analfabetismo cultural. Creado por PRISA y perrito faldero de Polanco. Moco oportunista y voluble, fofo en cualquier gesto, en toda declaración, sin resolución, pendiente de las encuestas para adaptar sus juicios a lo que pide “el pueblo”. Compárenlo con Ratzinger: el campesino de infancia y juventud difícil, esforzado en sus estudios, admirado por quienes le conocieron y fueron sus alumnos, hombre de principios, capaz de defenderlos, no con talantes de pastel, sino con argumentos y silogismos. Convencido de que lo que hay que defender es lo que debe y merece ser defendido, no lo que el más miserable grupo mediático nos impone. Aclamado por una multitud reunida en minutos espontáneamente, y no por SMS. En la cumbre de la Iglesia para hacer valer los principios que ha defendido durante toda su vida, no los que le dicta lo políticamente correcto. Cuyos escritos se sitúan en las altas cumbres de la teología católica. Brillante por sí mismo. Reconocido por sus pares y no llegado al poder por carambola de atentado inesperado, más SMS falaces.

La clase política europea puede temer a Ratzinger. No es que vaya a practicar una política de obstrucción, es que, ha sido elocuente en su homilía previa al inicio del cónclave, sobre la necesidad de recristianizar Europa. Y esto, en buena medida, solamente puede realizarse, denunciando los tópicos de la izquierda progresista. En principio los líderes políticos de Europa deberían palidecer ante sus miserias y ante la comparación tanto con Juan Pablo II como ante Benedicto XVI.

Cuando el recuerdo de Juan Pablo II empezaba a enfriarse

Juan Pablo II fue muy consciente de que no pudo frenar la descristianización de Europa, sellada en el proyecto de la constitución europea. El Papa muerto era muy consciente de que había contribuido en gran medida en acabar con el comunismo, pero había fracasado en limitar los destrozos del capitalismo. No consiguió que el capitalismo rectificara sus posiciones más extremas y reconociera la necesidad de un régimen de justicia social. Esos fueron los grandes fracasos del papado anterior.

En este sentido, el continuismo encarnado por Benedicto XVI, es la mejor opción que podía haber adoptado la Iglesia: se continúa aquello que no se ha concluido.

Cuando escribimos estas líneas, apenas hace una hora que se ha conocido la noticia de la elección del nuevo Papa. En ese tiempo, las reacciones han sido suficientemente elocuentes: el pueblo católico ha aceptado entusiasmado la elección, los que aplaudieron a Juan Pablo II, han aplaudido con el mismo entusiasmo a Benedicto XVI. ¿El resto? La preocupación ha sido notable entre la progresía y entre los sectores progresistas de la Iglesia que no van a tener ni revisión del celibato sacerdotal, ni una “democratización” de la institución, ni una revisión de la doctrina sobre el aborto o la homosexualidad. Ladren, luego la Iglesia cabalga de nuevo.

Ahora bien, el siglo XXI no va a ser como el XX. El proceso de materialización y laicización de la sociedad está demasiado avanzado como para pensar que la batalla del nuevo pontificado se va a librar en un terreno favorable para la Iglesia. Todo lo contrario: la racionalidad nos dice que en los próximos años, salvo que se produzca una situación inesperada, la Iglesia Católica va a afrontar una situación muy difícil, especialmente en Europa. Y no vemos cómo puede remontar la crisis que vive en Europa.

Pero hay algo bueno en todo esto: al menos, los progres, esta noche tendrán la seguridad de que en el Vaticano hay alguien que se va a oponer con fuerza a sus orientaciones. Hay que celebrarlo. La lluvia que hizo su aparición en el momento de aparecer el nuevo Papa es elocuente: mal augurio… si, para el progresismo.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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