En torno a la construcción del movimiento nacional y popular

Publicado: Viernes, 04 de Marzo de 2005 06:51 por en ORIENTACIONES
Brujula8.jpgRedacción.- Presentamos unos apuntes improvisados sobre las necesidades de la construcción del movimiento nacional y popular y sobre la situación política del momento. Estos apuntes, realizados desde la independencia de este weblog, tienen como finalidad estimular un debate, breve pero necesario, mucho más político que doctrinal o teórico que viene apremiado por una situación política que podemos calificar de dramática. Este es el análisis que podemos ofrecer a nuestro ambiente político.

1. Un momento en el que puede ocurrir cualquier cosa: la inestabilidad

Estamos viviendo la situación política, seguramente, más inestable, desde la transición, incomparablemente más grave que en los momentos más sórdidos del felipismo, con sus tramas de financiación ilícita, sus redes de corrupción institucionalizada y sus crímenes de Estado. El poder está detentado por un gobierno débil, cobarde e incompetente, el gobierno de las “chicas Vogue” y de los “chicos Zero”, el gobierno de ZPlus, títere de PRISA, sin personalidad, carácter, ni preparación, ni ideas.

En estos momentos, ZPlus es rehén:

- de su ignorancia política (que le llevó del servilismo aznariano a los EEUU, al furgón de cola en la UE),
- de sus compromisos previos (que le llevan a proponer una ley de TV digital inaceptable para cualquier empresa que no sea PRISA),
- de los tópicos progresistas insulsos (gobernar sólo para minorías, homosexuales, feministas, inmigrantes),
- de su propia indefinición (que le lleva a adoptar medidas contradictorias, a apelar al “diálogo” con la esperanza de que otros aporten ideas),
- del bajo nivel de la clase política dirigente del PSOE (que no creía en la victoria electoral y cuyos mejores elementos se retiraron a la empresa privada),
- de su red de alianzas (que va desde ERC e IU hasta considerar la posibilidad en el País Vasco de gobernar con el PNV y HB…),
- de las contradicciones surgidas por la torpe elección de apoyos parlamentarios (en el pasado referéndum mientras ZPlus apoyaba el SI, sus socios, gracias a los cuales se mantiene en el poder, votaron NO),
- de su propia debilidad de carácter (que le lleva a evitar posturas claras y tajantes, y a cubrir esta debilidad con la apelación al “talante”.

En tales circunstancias, el gobierno ZPlus no logrará estabilizarse. Para colmo, el tripartito catalán se puede disolver en cualquier momento. En estos momentos, Carod empieza a valorar que, ha sido el gran beneficiairio (junto con el PP de Piqué) de la crisis de El Carmelo y de la crisis del 3%. ERC, hasta ahora, ha apoyado a ZPlus, con la intención de obtener un techo estatutario igual o superior al vasco. Para eso sería necesaria una reforma constitucional y, de ahí el interés de ZPlus en obtener el apoyo del PP. Pero las relaciones entre ZPlus y Rajoy están rotas desde el martes: con lo cual la reforma de la constitución es inviable. Así que ERC ya no puede obtener muchas más ventajas de ZPlus de las que ya ha conseguido, es lógico que Carod se plantee dejarlo abandonado en la cuneta. De hecho, a él, a Carod, le preocupa poco lo que ocurra en “Madrid”, tan solo le interesa mejorar su posición en Catalunya y ahora es el momento en el que podría lograr el “surpasso” en relación a CiU y eliminar definitivamente a este concurrente nacionalista. Maragall, se encuentra ahora en su peor momento personal y político y en unas elecciones autonómicas, recularía en relación a los resultados obtenidos en 2003. Así que no puede extrañar que Carod intente forzar en las próximas semanas la ruptura del tripartito y la convocatoria de nuevas elecciones.

Si se rompe el tripartito catalán, ZPlus se encuentra en situación de completa inestabilidad. Así que, de persistir la crisis catalana, ZPlus se verá obligado a convocar elecciones anticipadas, con la esperanza de aprovechar la ventaja que en estos momentos tiene sobre el PP. En un año, esta ventaja puede haberse invertido y ZPlus, por otra parte, recibe cada vez más presiones del interior de su partido para que corte todo vínculo con ERC. Ahora, las cifras económicas son malas… pero no catastróficas. Dentro de un año, será imposible maquillarlas y la sociedad habrá experimentado en su propia piel las consecuencias de la recesión, el recrudecimiento de la economía especulativa y los efectos más radicales de la deslocalización empresarial y de la globalización.

2. La debilidad del PP y su necesidad de “centrarse”.

En los próximos días, desde el gobierno ZPlus vamos a asistir al más innoble, miserable y rastrero intento de manipular el recuerdo de los muertos del 11-M, sobre cuyas tumbas, ZPlus se encaramó al poder. El gobierno va a aprovechar el Primer Aniversario de la masacre para agudizar su campaña anti-PP e intentar rebasarlo definitivamente en la intención de voto. Será después, a la vista de los resultados, cuando se desencadene el proceso que hemos descrito anteriormente: ruptura del tripartito catalán, elecciones anticipadas en Catalunya y disolución posterior del parlamento español.

Tanto esta campaña como en el resto de episodios políticos que van a desarrollarse de aquí a fin de año (aceleración de la “cuestión vasca” y del “nou Estatut” catalán, reforma constitucional) se van a desarrollar contra el PP. La intención de ZPlus es presentar al PP como el partido de la crispación y la intolerancia, es una nueva edición del “te lo digo para que no me lo digas” en el que el PP se va a convertir en el pim-pam-pum de los nacionalistas y de ZPlus y su banda.

El PP intentará evitar esta situación, “centrándose”. Aunque esta presión no se produjera, el PP se vería forzado a auto-centrarse, dado que sigue siendo rigurosamente cierto que es en el centro del espectro político en donde se deciden las elecciones. Los asesores de imagen y los técnicos de la campaña recomendarán al PP que evite alusiones a Aznar, que cese en su defensa de la política exterior aznarista y que evite posturas maximalistas y radicales, en beneficio de un “talante de centro-derecha” quintaesenciado por el alcalde de Madrid, Ruíz Gallardón.

Y el PP se “centrará” en la medida que puede hacerlo, gracias a que “sin enemigos a la derecha”, su parroquia no tiene otra opción que aceptar la línea impuesta por la dirección que, inevitablemente lleva, o bien a la mayoría absoluta (improbable en las próximas elecciones), o bien a ser rehén de cualquier calderilla nacionalista.

3. El desenmascaramiento del socialismo.

Ya no nos acordábamos de lo que era el “socialismo obrero español”, que, finalmente, ni era socialista, ni era obrero, ni era español. Con ZPlus, el “talante” parece disculpar cualquier olvido en materia social. Hoy, más que nunca, las clases trabajadoras, la pequeña burguesía urbana, los propietarios agrícolas y el pequeño comercio, están puestos contra las cuerdas y son los que van a pagar la crisis y los platos rotos. El primer año de gobierno de ZPlus ha supuesto una disminución en la capacidad adquisitiva de las clases medias y un aumento brutal de los beneficios de las grandes empresas y de los consorcios bancarios. Ese es el socialismo de ZPlus y la mejor muestra de la falacia de su “talante”: beneficiar a los poderosos… a costa de expoliar a los humildes.

El apoyo decidido de ZPlus a la Constitución Europea, verdadero canto al liberalismo salvaje y a la globalización sin principios éticos, morales, ni sentido del límite, ha sido muestra suficiente de su “sensibilidad social”. Simplemente, no existe. O quizás si…

Por que es gracias al sacrificio de la pequeña empresa, en lo que ha fiado su regularización masiva de inmigrantes ilegales. No son las grandes empresas las que tienen contratados a ilegales, sino miles de pequeñas empresas y explotaciones agrícolas y, desde luego, las redes del trabajo negro, cada vez más en manos de extranjeros vinculados a redes mafiosas que enrolan a los inmigrantes en sus explotaciones clandestinas con salarios de miseria a cambio del pago por haberlos traído a España. ZPlus y ese gran indigente cerebral de Caldera, han hecho que el peso de la regularización recayera sobre los pequeños empresarios. Estos han respondido en la primera semana de regularización, despidiendo a 12.000 inmigrantes ilegales… teniendo en cuenta que en esa primera semana, presentaron papeles 10.000 ilegales, calcúlese los efectos de la regularización masiva y del consiguiente efecto llamada que ha provocado.

La factura no la pagará el Estado: la pagaremos todos los españoles y será una factura no solamente económica, sino sobre todo, social: barrios enteros convertidos en guetos, un gasto social insoportable para el Estado que se sustraerá de partidas presupuestarias que nos beneficiaban a todos, enfrentamientos étnicos especialmente entre distintos grupos de inmigrantes, millones de inmigrantes viviendo de la caridad pública, sin trabajo, sin recursos, obligados a realizar cualquier cosa, incluido el robo, para sobrevivir y, finalmente, un aumento del gasto público para mantenerlos (y consiguientemente, de la presión fiscal sobre las clases medias, ya que ZPlus no se atreve a limitar los beneficios de las grandes empresas), va a ser el resultado de esta política etnocida y criminal.

Esto sin olvidar que, hasta ahora, ZPlus ha gobernado para los maricones, las feministas, los travestís y demás minorías, con la intención de convertirlas en bolsas de votantes adictas. Esto ha llevado a primar el divorcio sobre la natalidad, los matrimonios gays sobre las ayudas a las parejas jóvenes con capacidad de reproducción, a practicar un aborto prácticamente ilimitado en un momento de crisis demográfica extrema, y a evitar, finalmente, nuestro hundimiento demográfico fiando el grueso de nuevos nacimientos, a las comunidades inmigrantes, prolíficas hasta lo increíble.

Esto va a generar que en 20 años, la “multiculturalidad”, unido a la centrifugación cultural provocada por los nacionalismos periféricos, haya convertido a la cultura española, sin lugar a dudas, una de las más sólidas y tradicionales de Europa, en un recuerdo del pasado. La cobardía de ZPlus en este terreno es, literalmente, odiosa: favorecer la enseñanza del islam en los colegios públicos, mientras, paralelamente, se obstaculiza por todos los medios, la enseñanza de la religión tradicional de nuestra patria, es, pura y simplemente, una traición cultural. A ZPlus le cuadra el adjetivo de “etnocida” por que, ninguno más que él, desde luego, ha trabajado –consciente o bobaliconamente- para la desintegración de España como nación, como sociedad, como cultura y como conjunto étnico.

Da la sensación de que ZPlus ha querido agradecer al islam más radical, fanático y asesino, el favor realizado el 11-M, con las bombas que causaron la muerte de 192 personas, sobre cuyos cadáveres y sobre las manipulaciones de PRISA, ZPlus pudo encaramarse en el poder. Y es en agradecimiento a este “favor” que ha podido predicar con sus modales de telepredicador de tres al cuarto, el “diálogo de las civilizaciones”, ha rendido pleitesía al sátrapa que gobierna en Rabat e inunda nuestro país con haschish e inmigrantes ilegales, ha favorecido la regularización masiva de inmigrantes en buena medida magrebíes, y en un 50% favorables a Bin Laden… ZPlus cree que cediendo mezquitas, aceptando la enseñanza del islam, multiplicando declaraciones “pro-islámicas”, logrará evitar el terrorismo islámico en España. Se equivoca: ese terrorismo está operando sobre nuestro suelo y conspira contra la sociedad española, alberga quiméricos y criminales planes de recuperación para el islam de “Al-Andalus” y no alberga ninguna intención de entablar ese hilarante “diálogo de las culturas” que solo toman como lo que es: una muestra de debilidad y cobardía.

Y las víctimas de ese terrorismo, ya han sido –no hay que olvidarlo- las clases trabajadoras, no los altos funcionarios del Estado, sino los grupos sociales más modestos y, por tanto, más vulnerables.

4. De la centrifugación del país a la trituración de la sociedad.

El panorama que tenemos ante la vista es, literalmente, dramático. A los nubarrones traídos por la colusión entre la debilidad de ZPlus y la voracidad de nacionalistas e independentistas, se une la crisis social que hemos definido en los dos puntos anteriores. A la centrifugación del Estado-Nación, se une la trituración de la Sociedad.

Este proceso puede prolongarse todavía unos años, pero no lo dudemos, no será eterno y cada día que pasa tiende más a sus consecuencias extremas. Ambos procesos desintegradotes nos afectan a todos: afectan a las clases medias, afectan a los trabajadores, afectan a los sectores católicos, afectan a las familias, afectan a los que se sienten españoles antes que “ciudadanos” de tal o cual autonomía, afectará a los pequeños propietarios agrícolas y afectará a los vecinos de los barrios periféricos de las grandes ciudades.

El eje “desintegración nacional-trituración social” es el verdadero enemigo a combatir, un eje promovido, creado y sostenido por un gobierno débil y cobarde, incapaz de mostrar redaños ante las ambiciones independentistas, incapaz de asumir algo tan simple como la victoria sobre el terrorismo etarra (“vencer” parecer algo totalitario y crispador, y lo que se tercia es “dialogar”, “ceder” y “pactar”) y, por supuesto, incapaz de imponerse a los grandes consorcios bancarios y mediáticos.

Este ese “desintegración nacional – trituración social” sólo es posible a causa de la mala calidad de la democracia española. No vivimos en un “Estado democrático”, sino, más bien en una “plutocracia partitocrática”: quien gobierna es el dinero, ZPlus y su banda, no son más que sus títeres adocenados, que sirven con fidelidad perruna lo que ordena su amo. Cuando los grandes consorcios dicen “perro ladra”, entonces ZPlus habla e insiste en el “talante” como forma de gobierno, recuerda por siempre jamás “que retiró las tropas de Irak” (sin prever obstáculos puestos por EEUU, ni pedir contrapartidas al “núcleo duro” de la UE), y que nos “reintegró en el tren de la EU” (cuando en realidad estamos en el furgón de cola, disminuidos políticamente y con el flujo de fondos estructurales cortado).

Llama la atención que cuando, ZPlus propone un “nuevo modelo constitucional”, éste se limite a sellar en la constitución la desintegración nacional, mediante la introducción del concepto de “Catalunya Nación”, “País Vasco Nación”, ¿”Andalucía Nación?”, “¿Canarias Nación?” la conversión del Senado en Cámara de las Autonomías… Esto es, una cesión babosa y cobarde a las exigencias nacionalistas. Unido, por supuesto a algo tan absolutamente irrelevante en este momento como es “el derecho de la mujer a la sucesión a la corona”…

5. Por qué es posible evitar la desintegración nacional

Los equilibrios de fuerzas políticas no han variado mucho desde la transición. Vivimos en un sistema bipolar imperfecto, en el que los partidos nacionalistas e independentistas tienen un peso decisivo. Durante 25 años, gobernara quien gobernara, han sabido utilizar ese peso decisivo, bien para apoyar a mayorías minoritarias, bien constituyendo un apoyo parlamentario de una mayoría absoluta que precisaba eludir la imagen de rodillo. Sea como fuere, en estos últimos 25 años, gobernara UCD, el PSOE o el PP, el nacionalismo siempre ha rondado las esferas del poder, sin comprometerse con él: es decir, intentando obtener todas las ventajas, pero sin aparecer como responsable de sus tragedias.

Este proceso ha llegado hoy a su límite: el gobierno más débil de todos cuantos hayamos conocido, está sometido, no a la presión de un nacionalismo moderado (CiU), sino de un independentismo, el de ERC, sin duda el más radical, obtuso y aventurero que haya aparecido en el parlamento español (mucho más que el PNV). El proceso de centrifugación nacional y trituración social está a punto de culminar.

Y en estas circunstancias, es lícito preguntarse, si es posible hacer algo, o si lo mejor es emprender el camino del autoexilio por náusea hacia lo que está sucediendo en España.

La estrategia para evitar este proceso perverso y criminal solo puede basarse en los siguientes objetivos:

- crear una fuerza parlamentaria con entidad suficiente como para sustituir al nacionalismo y al independentismo como pieza decisiva en la gobernabilidad del país,

- alimentar esta fuerza con los votos procedentes de dos sectores: clases populares damnificadas por la política de ZPlus y partidarios de la unidad del Estado y de la pervivencia de la cultura española con todo lo que implica.

Una fuerza de este tipo debería tener como principal objetivo programático: evitar que los nacionalismos y el independentismo inmovilizaran la capacidad de respuesta del Estado, restaurara la autoridad del Estado y reimplantara el sentido común en las instituciones. Ese sentido común está hoy ausente cuando Maragall, el nacionalismo y el independentista piden la “co-oficialidad” del catalán en todo el Estado y el catalán como “única lengua oficial en Catalunya”, este sentido común está ausente cuando ZPlus, el bobo irresponsable que nos gobierna, alardea de la “riqueza del español, y del catalán, y del gallego, y del euskera”, el mismo día en el que el presidente del Parlamento, estalla ante los abusos del representante de ERC en la utilización del idioma, utilización que llega al absurdo de leer un texto en catalán y luego… proceder a traducirlo al castellano. La estupidez, instalada en las instituciones a causa de las simetrías políticas que impiden, tanto al PP como al PSOE, ser claros tajantes y decir “BASTA” a los nacionalismos, puede ser fácilmente reversible. Basta para ello con un grupo parlamentario que entre en el congreso.

Está claro que, inevitablemente, este pequeño grupo parlamentario, no logrará imponer, en un primer momento, la totalidad de su línea política pero sí puede reimplantar el sentido de Estado, el sentido de pertenencia a una Cultura, el sentido de defensa de nuestra Sociedad, el sentido de Justicia Social, tanto en las instituciones como en la sociedad. Por que es rigurosamente necesario que los españoles experimenten el orgullo y la dignidad de pertenecer a una de las naciones que han hecho la historia de Occidente y pertenecer a un linaje de pueblos que han hecho la Civilización.

Está claro que un grupo parlamentario, inevitablemente reducido en su primera irrupción, no va a estar en condiciones de imponer un nuevo sistema económico o una nueva política internacional: pero si puede contribuir a hacer valer su peso bloqueando los efectos más perversos de la globalización, obteniendo a cambio de su papel en la gobernabilidad del Estado, medidas necesarias e inaplazables, en apoyo a las clases populares, medidas tendientes a contener la inmigración masiva, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, la liquidación del Estado del bienestar o logros tan simples como la equiparación del régimen de Autónomos de la Seguridad Social al resto de los trabajadores.

No se puede dirigir el Estado, pero si condicionar la marcha del Estado e imponer una gobernabilidad del Estado que no priorice la centrifugación por encima de la integración nacional, la defensa de la sociedad por encima de la trituración de la sociedad.

Es evidente que habrá que apoyar a unas u otras opciones que no persiguen exactamente los mismos intereses y que, en buena medida, han generado esta plutocracia partitocrática de mala calidad democrática. Pero también en esto hay grados: la bellaquería, corrupción, irresponsabilidad, doble lenguaje y falta de escrúpulos de la que han hecho gala, el felipismo primero y ZPlus después, no tiene precedentes en la España moderna. Si se ha llegado a esta situación ha sido en gran medida por la actitud “progresista” del PSOE.

Este partido que ni es socialista, ni es obrero, ni es español, paradójicamente, ha sido votado por gentes que aspiran a un régimen de justicia social, que en las zonas más conflictivas de España han defendido la integridad del Estado contra el separatismo y que se sienten profundamente arraigados en su patria. Votantes y afiliados, mucho más que dirigentes y cuadros. Estos ciudadanos y electores han sido constantemente traicionados en su confianza y en sus aspiraciones por la banda de ambiciosos sin escrúpulos, corruptos y corruptores, que se han atrincherado bajo las siglas “PSOE”.

La nueva formación que proponemos, debe de tener como objetivo prioritario liberar a estos sectores ciudadanos de la tiranía del PSOE. Muchos de estos antiguos votantes ya se han refugiado en la abstención; en el País Vasco siguen votando al PSOE, creyendo que este partido garantiza su permanencia en España, cuando, en realidad, la actual dirección del PSC, es el heredero del pujolismo, en sus aspiraciones nacionalistas y en su nivel de corrupción. En Catalunya, un 40% de los votantes del PP surgieron de zonas, tradicionalmente votantes de la izquierda, hartas de la política nacionalista del PSC y de IU; luego, el giro aznarista a favor de la invasión y ocupación de Irak, hizo que esta bolsa de votos, volviera a la abstención, evidenciando, por lo demás, que la falta de sensibilidad social del PP, jamás logrará atraer de manera estable a franjas significativas del electorado socialista.

Pues bien, mientras persista esta situación en la que lo único que se disputa es el centro político, mientras los votantes descontentos del socialismo ni estén motivados a votar a la Izquierda Hundida, ni mucho menos al PP, seguirán manteniéndose las actuales simetrías políticas sin excesivas variaciones y el devenir de España estará en manos siempre del nacionalismo y del independentismo: es decir, de la no-España o de la España-rota.

Pero, si una formación política de nuevo cuño, trabajando especialmente dos ejes (patriotismo y derechos sociales), estuviera en condiciones de recuperar a los damnificados por la globalización, a las clases populares decepcionadas con la política socialista y a quienes son conscientes de que la inmigración masiva ha introducido un elemento adicional de desestabilización social y económica; si una formación de carácter nacional y popular, esto es, transversal, consiguiera implantarse en los cinturones industriales de las grandes ciudades (refractarios al nacionalismo, decepcionados por el socialismo, donde se encuentran las bolsas de abstención y los problemas sociales reales), y lograra alcanzar en pocos años entre un 5 y un 7% de votos, el esquema político quedaría alterado por completo: el papel del PSOE empequeñecido, los nacionalismos e independentismos ya no serían imprescindibles para la gobernabilidad del Estado. En esas circunstancias se habría evitado el riesgo principal y, a partir de ahí, se trataba solo de garantizar la gobernabilidad a cambio de racionalizar la vida política y proceder a una política de saneamiento democrático del país: investigación sin piedad y sin perdón de las bolsas de corrupción, aumento de las cotas de representatividad, aprobación de una Ley de Lealtad Constitucional que debería introducir la figura del juramento de lealtad a la unidad del Estado de todos los cargos públicos, incluidos los funcionarios autonómicos, esto es, considerar el independentismo como un delito contra el Estado.

6. Pero ¿es posible trabajar en esa dirección?

Vamos a ser claros, una vez más: en la actualidad, no existe ni un solo partido en cuyo interior estén presentes todas las condiciones objetivas que puedan garantizar un despegue. A cada formación le falta alto y ninguna tiene, por sí misma, capacidad suficiente para llegar mucho más lejos de donde se encuentra en la actualidad.

El “providenciaismo” basado en pensar que, brusca e inesperadamente, para una formación dada, desaparecerán las dificultades, fluirán los fondos y los afiliados y las reuniones de entre 100 y 500 personas se transformarán en concentraciones de masas, es, rigurosamente, ingenua. Las cosas no ocurren por casualidad, para que haya éxitos políticos deben de existir:

- condiciones objetivas: que dependen de las circunstancias políticas. Estas son: extendido deseo de cambio, divorcio entre el país real y el país oficial, desprestigio de la clase política, esclerosis del sistema, problemas reales y acuciantes que golpeen a un sector de la sociedad. Estas condiciones en gran medida, existen y se han ido cristalizando a partir de 1999 (inicio de la inmigración masiva), han aumentado a partir de 2003, y se han agudizado a partir del 14-M de 2004.

- condiciones subjetivas: son las que dependen del movimiento que se propone generar un cambio. Implica la existencia de un liderazgo que proyectar sobre la sociedad, la existencia de una red que sea una referencia para la ciudadanía y que esa red esté en condiciones de inspirar confianza. Ninguna de estas condiciones existen en ninguna de las fuerzas que aspiran a liderar las opciones nacionales y populares que avanzan en otros países europeos y que en España son todavía más necesarias.

- condiciones voluntaristas: dependen de la voluntad de intervención de núcleos de personas y de militantes de estos partidos. Para que una red política sea eficaz no basta solamente con medios, sino con un núcleo de cuadros políticos que sean capaces de aprovechar esos medios. Por otra parte, aún existiendo esos cuadros, se trata de que se muevan por el interés social y nacional, no con la perspectiva de sustituir a los actuales beneficiarios de la corrupción. En este terreno, existen núcleos dispersos de cuadros, desorganizados pero con voluntad de integrarse en una lucha política de carácter alternativo.

Tal es el dramático panorama: existen condiciones objetivas, no hay condiciones subjetivas y si, en cambio, existe algo de voluntarismo. Ese voluntarismo es lo que puede, puntualmente, modificar las condiciones subjetivas, mucho más cuando, como hemos dicho, los distintos partidos que se mueven en el área nacional y popular, ninguno está, ni remotamente próximo a alcanzar una masa crítica suficiente como para facilitar su eclosión política.

Esto lleva, necesariamente, por pura lógica –si es que la lógica puede aplicarse en esta área- al imprescindible acercamiento entre las formaciones más sólidas, más conscientes y con las ideas y las formas más claras.

Ahora bien, hay que hacer una precisión: las condiciones objetivas no duran eternamente. Estas condiciones son como los frutos: primero están verdes (como han estado hasta 1999), luego maduran a velocidad creciente (como han madurado entre 2000 y 2005)… y, finalmente, se quedan pochos y se pudren (como se pueden pudrir previsiblemente cuando culmine la política de centrifugación nacional y trituración social: cuando una nación se rompe –como se rompió Yugoslavia- ya queda poco por hacer, cuando una sociedad estalla, quienes ayer podían operar en su defensa, se ven obligados a defender solo lo suyo y lo de su familia…

En otras palabras: queda poco tiempo para hacer algo. Si se espera mucho más allá de seis meses, no va a ser posible presentar candidaturas en las elecciones municipales de 2006, ni mucho menos estar presentes con garantías en las elecciones, previsiblemente, anticipadas que pueden convocarse según evolucione la situación en las próximas semanas. No se trata de dramatizar, pero si de ser claros: ahora o nunca, quiere decir que si hoy, actuar es posible con garantías de éxito (en tanto existen condiciones objetivas favorables), mañana, actuar puede convertirse en completamente inútil o bien para conseguir un enderezamiento habrá que emplear unos esfuerzos muy superiores a los actuales que, desde luego, no estarán a nuestro alcance.

Cada fuerza puede creer, mesiánicamente, que ella es la elegida, que será ella la que en las próximas elecciones, destacará sobre las otras… para, en la noche del recuento darse cuenta de que su ventaja sobre los demás es mínima y que se permanece por debajo del 1%, esto es, en plena indigencia política. En política no existen ni los providencialismos, ni los mesianismos, ni la lotería: se recibe aquello que se siembra.

Una situación en la que el gobierno puede caer en cualquier momento, en la que el tripartito catalán puede disolverse como un azucarillo y arrastrar a ZPlus en su caída, es una situación que requiera VALOR, ENERGIA, DECISION, PACTO, DINAMISMO, ACCION… y, por supuesto, CELERIDAD. Por que, repetimos, lo que ahora es posible (existen condiciones objetivas y las condiciones voluntaristas pueden modificar las condiciones subjetivas), mañana puede dejar de serlo.

Programa, imagen, objetivos, estrategia y coordinación son los puntos a pactar. Es evidente que, en una primera fase, el frentismo sería inevitable. Como también es evidente que si las cosas van bien, ese frentismo daría lugar a una formación unitaria. Está, así mismo, claro que determinadas formaciones políticas deben plantearse de una vez por todas, renunciar definitivamente a su lastre histórico y optar, o bien por la unidad con los que se reclaman de la misma opción, o bien integrarse en una formación con mayores expectativas y posibilidades. Por que, lo que está claro es que mirar al próximo pasado enturbia la percepción del presente y la proyección sobre la sociedad. Y está claro también que, debe existir una mínima solvencia personal y política en las formaciones que participen en la operación.

7. Los plazos y los precipicios.

Suponiendo que las elecciones municipales tengan lugar en mayo de 2007, quedan dos años para preparar candidaturas e insertarse en la política ciudadana de un par de docenas de ciudades y pueblos en los que, con algo de esfuerzo, sería posible obtener resultados alentadores. A partir de esos resultados sería posible –en caso de que no hubiera elecciones anticipadas- estar en la recta de salida de las próximas elecciones generales en condiciones muy favorables. Está claro que si hay disolución de las cámaras, a lo largo de 2005, va a resultar extremadamente difícil aproximarse al 1% (en torno a 130-150.000 votos). Y está todavía más claro que, ausentes en las elecciones vascas, se va a perder una primera ocasión de testear el ambiente.

Dos años, es un plazo razonable para desarrollar una estrategia tendente a obtener resultados en las municipales.

Ahora bien, puede ocurrir que las esperanzas en el crecimiento de cada partido, haga que se albergue la idea de que, solos, pueden alcanzar los objetivos fijados. Ya hemos pasado por eso: el tiempo transcurre a velocidad de vértigo y los deseos no pueden confundirse, en ningún caso y menos en política, con realidades. La política está construida por realismo y voluntad de poder. El realismo sin voluntad es la impotencia. La voluntad sin realismo es inconsciencia.

Consideramos que el límite temporal razonable para llegar a acuerdos, compromisos y estrategias unitarias es entre el verano y el otoño de 2005. Más allá de esta fecha, lo que se haga, ya chocará con la inmediatez del proceso electoral e impedirá calar hondo en el electorado. Así pues, todo lo que no se haga entre hoy y el mes de septiembre, no servirá para gran cosa. En esas circunstancias, será inevitable reconocer el fracaso de las iniciativas en marcha, el sinsentido de mantenerse activos en pequeños partidos condenados a la esterilidad y, retirarse al ámbito personal… esta misma weblog no encontraría muchos problemas en transformarse en un blog cultural, de maquetismo naval, submarinismo o paracaidismo… y olvidarse de cualquier veleidad política. El realismo implica que cuando se fracasa, hay que reconocer el fracaso. Simplemente.

© Ernesto Milà – infokrisis –infokrisis@yahoo.es

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