El debate sobre el Plan Ibarreche: ZP en Babia

Publicado: Miércoles, 02 de Febrero de 2005 01:03 por en ORIENTACIONES
3164_01-Chess.jpgRedacción.- De todas las voces que se oyeron ayer en el Congreso de los Diputados, solo una no estuvo a la altura de su cargo: la del Presidente del Gobierno que, una vez más, ha confirmado lo que otros sospechamos desde que fue elegido secretario general del PSOE: carece de talla de estadista. Ibarreche hizo campaña ante su electorado y Rajoy se consolidó como el líder de la oposición y el futuro presidente.

Donde no hay no puede sacarse nada. Una cosa es ir a la sede de las NNUU y leer un papel escrito por otros y otra participar en un debate parlamentario con la agilidad precisa para responder los desafíos lanzados por el otro interlocutor. ZP no ha dado la talla, su alocución ha sido pronunciada con palabras torpes y vacilantes, sólo ha pensado en no ofender a ERC ni a IU. Carod, en los pasillos de las Cortes, ya lo había dicho: “puede decir lo que quiera, pero según lo que diga tendrá que disolver el parlamento”.

Pero lo peor no es quel a política nacional esté secuestrada por ERC… sino que el presidente de gobierno carece de la envergadura necesaria para en estadista. Una sombra, ínfima, desdibujada, que apenas sabe repetir la vieja historia del “gran acuerdo histórico” que terminará con todos los problemas, como anteayer vendió la estupidez del “diálogo de civilizaciones”, y como ayer dijo –con gran estremecimiento de todos los concejales socialistas de urbanismo- que todo el suelo público sería para “viviendas protegidas”… cuando la propia ministra del ramo ya habló de la imposibilidad de cumplir el programa socialista en el este terreno, ni convirtiendo los pisos de 50 metros cuadrados en “soluciones habitacionales” (cajas de cerillas).

Sin talla, sin ideas propias, más allá de cuatro vaguedades sobre el “talante”, el “diálogo”, infantilista en sus opiniones y juicios, desconociendo que en política lo que cuenta no es el buen rollito, sino la energía, el carácter, el temperamento, la creatividad, la fuerza y el vigor y que es solamente así como la historia ha demostrado que se afronta el día a día, Zapatero, es como una especie de monaguillo coriáceo sellado en la silla gestatoria de San Pedro.

Hoy, ZP ha vuelto a demostrar que solamente le interesa una cosa: seguir donde está, contra viento y marea, aunque se hunda el Estado, aunque España entre en un proceso de “centrifugación” (FG dixit), aunque haya que ceder mucho más allá de lo que un Estado puede ceder para seguir considerándose Estado… cualquier cosa antes de que Carod saque la lleve y le recuerde quien tiene las llaves de su permanencia en el poder. Vergüenza y oprobio a la cobardía encarnada por ZP, al oportunismo aventurerista de considerar que puede pactarse la desintegración del Estado. Vergüenza a los electores que le votaron. Vergüenza a los afiliados socialistas que lo eligieron como al “mejor” entre los suyos.

Al menos el lendakari vino a hacer lo que todos sabíamos que venía a hacer a Madrid: iniciar su campaña electoral, realizar un nuevo ejercicio de victimismo y presentarse como si los diputados “madrileños” no comprendieran su buena voluntad y sus legítimas aspiraciones. El lendakari aspira a monopolizar el voto de los tontos y lo va consiguiendo, elección tras elección: esos electores vascos que no se dan cuenta de que allí hay una situación insostenible, que no existe posibilidades de ejercer libertades cívicas para quien no es nacionalista, que con un 50% de votos, el alucidado viene a hablar del “pueblo vasco”, que siendo rechazado de plano en Alava y Navarra, y, no digamos en los departamentos vasco-franceses, sigue hablando de “Euzkadi” como de una entidad territorial única que abarca las “provincias de Euzkadi Norte”, las de “Euzkadi Sur” y Navarra… El 18% de los vascos han abandonado el territorio en los últimos 25 años. La inversión se ha estancado a pesar de los incentivos y el sector mayoritario de la patronal ya ha condenado el “Plan Ibarreche” que, desde que se hizo público, no ha suscitado ni una sola adhesión más allá de los altos muros del PNV-EA y del jueguecito macabro de HB. Todo lo contrario, sectores de la sociedad vasca se han movilizado contra el plan, junto a la mayor parte de la patronal, ha suscitado el encono de Alava y Navarra, la indiferencia de “Euzkadi Norte” e incluso algunos destacados nacionalistas han preferido cambiar de partido antes de seguir manteniendo posiciones inviables e insostenibles.

El lendakari hizo su papel y, ciertamente, consiguió contentar a su parroquia. ZP intentó tender la mano, mostrarse comprensivo, mostrar voluntad de diálogo, ofrecer su mejor sonrisa de carnero degollado, su gesto más tierno… como Ibarreche. La diferencia es que el primero es consciente de la debilidad del segundo y va a intentar que un éxito electoral –casi estamos persuadidos de que esta misma semana se convocarán elecciones anticipadas- refuerce su posición y termine por doblegar a un ZP que si las urnas no le son extremadamente favorables, cansado y deprimido, seguirá con su política de la “renuncia preventiva”.

A Ruvalcaba le correspondió defender un talante un poco más definido en el debate de ayer. Es el tradicional juego de las partes: ZP tendiendo la mano, Ruvalcaba azote parlamentario… Cada uno jugó su “papel”, el problema es que la política no es una obra de teatro, sino la administración de un Estado y el gobierno de una Nación.

El choque queda aplazado hasta la noche en que se conozca el resultado de las elecciones vascas: habrá que ver quién sube más, si el PSOE o el PNV. Si es el segundo, el referéndum está cantado antes del verano. Si es el primero… intentará gobernar con el PNV, como ya lo hizo durante ocho años. En esas condiciones, el PNV se contentará con arrancar unas cuantas ventajas más y seguir medrando en el poder que, en gran medida, conservará íntegro: reagrupamiento de los presos vascos, relegalización de HB, excarcelaciones de los asesinos de ETA, arrancar al definición estatutaria de “Euzkadi” como una “nación”, etc.

Por que a ZP le interesa mucho más aislar al PP, que salvar la unidad del Estado, confirmar la integridad de la Nación o mantener el “Pacto Antiterrorista”. Cualquier cosa con tal de poder mantenerse en el poder.

Los argumentos del lendakari han sido pobres, en ocasiones surrealistas, sin calado político, argumentos de taberna, con el cerebro enfebrecido por los vapores etílicos, aptos solo para las vísceras, pero no para la razón. De su pobre concepto de democracia es muestra evidente la noción de que el “ámbito de decisión vasco” puede anteponerse al parlamento español, como si la comunidad de vecinos de mi inmueble se declarara independiente por decisión soberana de su “ámbito de decisión”, esto es de la asamblea de vecinos.

Cualquier “estadista” hubiera podido recordar al lendakari lo que es la democracia, en qué principios se basa y cuáles son las reglas del juego. No, desde luego, ZP, preocupado por no ofender a ERC. Afortunadamente estaba Rajoy. Su discurso ha sido, técnicamente, irreprochable. Se le puede agradecer cierto sentido del humor en su exposición y, sobre todo, carácter, firmeza y claridad. Llama la atención que haya sido precisamente el líder de la oposición el que haya ejercido las funciones que hubieran debido corresponder al presidente del gobierno. Seguramente, muchos electores habrán empezado a pensar que el 14-M se equivocaron de voto.

El Estado de las Autonomías, ni se ha cerrado, ni podrá cerrarse mientras persistan las actuales circunstancias. Es hora de empezar a ir reconociendo que ese modelo de Estado ha fracasado y que 17 autonomías son demasiadas para administrar el país. No sólo los nacionalistas e independentistas opinan que ese modelo Estado ha fracasado, también nosotros lo creemos.

¿Por qué, precisamente, toda descentralización consiste en reforzar el poder de las comunidades autónomas? Es mucho más efectivo reforzar las competencias de las diputaciones y de los municipios, de los consejos regionales… los “estatutos de autonomía” satisfacen especialmente a los nacionalistas, es decir, a los “minijacobinos” que no quieren otra cosa que reproducir los tics del Estado Central en sus zonas de influencia. Os habrán contado que Catalunya es una “autonomía”, no os lo creáis, Catalunya es la periferia de Barcelona. No hay un centralismo más burocrático que el de Barcelona, ni comarcas más olvidadas que el Campo de Tarragona o las comarcas deprimidas de Lérida. Diferente hubiera sido si hubieran aumentado las competencias de los ayuntamientos y las diputaciones.

Digámoslo ya: nadie en los bares ni en las conversaciones informales de la calle, se interesa por una reforma de los Estatutos, ni en Catalunya, ni en el País Vasco, ni mucho menos en Andalucía o Canarias. Nadie, solamente una clase política que aspira a mayores cuotas de autonomía… económica, a recaudar impuestos, a romper la caja única de la Seguridad Social y a aumentar los déficits regionales. En esto, la Generalitat de Catalunya ha sido maestra en el arte del despilfarro. No son las autonomías las que hay que reforzar, sino los niveles menores de la administración.

ZP se ha dejado arrastrar por los nacional-socialistas de su propio partido (Maragall) y por las exigencias de quienes le apoyan (ERC). Ha sido llevado a un terreno que no es el suyo, sino el de los nacionalistas e independentistas y en donde no hay acuerdo posible entre los que deberían gestionar el Estado y quienes aspiran a romperlo para gestionar en beneficio propio cualquier fragmento.

Y lo peor es que no hay solución:

La solución federal –dejando aparte que no es evidente que sea viable- es rechazada por los nacionalistas que no pueden soportar que Catalunya sea considerada en plano de igualdad con La Rioja o Murcia.

El federalismo “asimétrico” –que regresa a la vieja historia de las “autonomías históricas”- no es menos inviable: el “café para todos” se impone automáticamente en cuando alguna autonomía pretende moverse (véase el caso de Canarias que estos días reivindica un techo autonómico superior al vasco).

El Estado de las Autonomías –actualmente existente- es un cadáver en putrefacción que huele ya en algunos de sus miembros. Está, literalmente, muerto. Murió al no poder ejercer una verdadera autonomía de las partes y trasladar los procesos de centralización del aparato central del Estado, a las comunidades autónomas.

El jacobinismo, carece de defensores, nadie procura romper la tiranía de lo políticamente correcto, afirmando la preponderancia de la unidad del Estado sobre cualquier otra entidad. Si no hay defensores, es que no hay solución en ese terreno.

¿Entonces? Entonces, insistimos, no hay solución. Hay dos problemas: uno es el nacionalismo, el otro la debilidad hecha poder (ZP). Mientras el nacionalismo no entre en la cloaca de la historia, el único lugar que legítimamente le corresponde, y mientras un presidente asustadizo, carente del más mínimo sentido de Estado, de la más mínima talla como gobernante, siga siendo presidente, éste país seguirá sin pausa y a velocidad creciente, instalado en la centrifugadora.

Batir al nacionalismo, expulsar del poder a ZP… son los puntos previos para cualquier solución. No hay posibilidades de encontrar nuevas fórmulas de articulación nacional, ni de reforma constitucional, mientras el nacionalismo y el independentismo jueguen un papel –por mínimo que sea, en la gobernabilidad del Estado- y mientras no haya sentado en La Moncloa un verdadero estadista.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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