El modelo para la creación del "Icono Al Qaeda"

Publicado: Domingo, 14 de Noviembre de 2004 20:14 por en MIS BLOGS
Icono.gifRedaccion.- Acaba de aparecer la 2ª Edición de La Gran Mentira de E. Milà. Esta segunda edición, completamente remodelada nos sitúa ante el gran enigma de la modernidad: ¿de dónde surge el terrorismo internacional? ¿cuáles son sus características? ¿de qué fuentes mana? ¿por qué no ha incorporado las modernas tecnologías de guerra AQB? ¿dónde termina la manipulación del terror?. [Respuestas a los comentarios al final del artículo].

Esta obra puede solicitarse al precio de 12,00 € en http://www.tiendapyre.com o enviando un email a infokrisis@yahoo.es Presentamos un capítulo de esta obra: El modelo para el icono Bin Laden y Al Qaeda.

EL MODELO PARA LA CONSTRUCCIÓN DEL ICONO BIN LADEN

El mal en los años 30 tuvo un nombre: Fumanchú, un chino que dirigía una banda internacional de delincuentes. Había sido precedido por dos personajes, igualmente tan poco recomendables como atractivos desde el punto de vista literario y cinematográfico: Moriarty, la réplica al exuberante detective Sherlock Holmes, afamado criminal de los arrabales de Londres, capaz de contar con el apoyo y la complicidad de criminales de todo el mundo, o bien el doctor Mabuse, médico alienista y cerebro pervertido que encarnó, mejor que cualquier otro, el aspecto mas angustioso y malvado que preocupaba al expresionismo alemán.

Moriarty, Fumanchú, Mabuse, son «genios del mal» que cuentan con una estructura organizativa criminal. Su imagen, su leyenda, sus crímenes, circularon abundantemente por la sociedad europea que precedió a la Segunda Guerra Mundial. Se filmaron varias películas que alcanzaron indudable éxito y aparecieron decenas de folletones que completaban las historias originales. Hubo otros muchos. Lex Luthor, por ejemplo, réplica de Superman, era un genio del mal, pero no contaba con una estructura criminal propia, sino solamente con un cerebro tan privilegiado como malvado. Así mismo, otros personajes novelescos no lograron prolongar su existencia, derrotados en la primera entrega por el héroe o superhéroe de turno. Nada importante.

Hubo de llegar un hombre extraordinario, Ian Flemming para aportar algo más interesante. Flemming había nacido en 1908 en Londres. Su padre, diputado conservador y militar, murió en la Batalla del Somme en 1916. Tras la guerra, Ian viajó a Alemania y Suiza en donde aprendió idiomas. Fue destacado como corresponsal de Reuter en Moscú y agente de bolsa y cambio en Londres hasta que se inició la II Guerra Mundial. En ese momento ingresó en la Inteligencia Naval. Tras el conflicto fue periodista de éxito y se estableció en Jamaica. Allí creó el personaje de «James Bond, el agente 007 del servicio secreto británico».

Años después, Flemming confesó que se había inspirado en un personaje real, el comandante Patrick Dazel. Dazel conoció a Flemming durante la guerra, en la que formó parte de un equipo de operaciones especiales en Noruega. Fleming lo describió como «un hombre que llevaba la aventura escrita en las venas». Entre sus hazañas más recordadas, figura el salvamento de un grupo de ciudadanos de Narvick. «Ignorando las ordenes de sus superiores, evacuó a hombres, mujeres, niños y ancianos antes de que el enemigo bombardeara el pueblo; sabía que el pueblo iba a ser atacado. Lo único que lo salvó de una corte marcial fue que el rey de Noruega le agradeció personalmente su hazaña», explicó el hijo de Flemming tras la muerte de su padre. Dalzel era un mujeriego impenitente. Años más tarde, regresó a buscar a una joven de la que se había enamorado en el lugar; la encontró y se casaron. Su carrera se había desarrollado en la inteligencia militar y en la división de operaciones especiales. Estaba habituado a trabajar con lanchas rápidas y submarinos, tal como luego hizo Bond en las novelas. Dazel trabajó con Ian Flemming durante 2 años tras las líneas enemigas, pero siempre negó que fue el modelo para el agente 007. Murió con 90 años en 1997. El hijo de Flemming le rindió tributo revelando que había sido el modelo para las novelas de su padre.

Flemming escribió un ciclo de 12 novelas sobre el agente 007 James Bond, Casino Royale (1953), Desde Rusia con amor (1957), Doctor No (1958), Goldfinger (1959), Thunderball (1961) El hombre de la pistola de oro (1965), etc. Tomó el nombre del ornitólogo James Bond que escribió uno de sus libros preferidos. Flemming explicó: «Decidí que mi agente secreto tuviera una personalidad lo más anónima posible. Me pareció que ese nombre, breve y poco romántico pero masculino era justo lo que necesitaba». Sólo en los Estados Unidos, hasta el momento de la muerte del escritor, se vendieron catorce millones de ejemplares. Luego se tradujeron a otros idiomas y fueron ampliamente aceptadas por un público devoto de este tipo de literatura. Flemmming, falleció en 1964 de un ataque al corazón, a la edad de 56 años, y con más de una veintena de novelas a sus espaldas.

Las novelas de Flemming son simplistas en su desarrollo: el principio del bien está representado por Bond y los demás agentes británicos. Pero el principio del mal está representado por una serie de personajes que comparten un común denominador: son socios de una multinacional del crimen que trata de adueñarse del mundo. Se llama SPECTRE, siglas de Special Executive for Counter-Terrorism, Revenge and Extortion. SPECTRE (o SPECTRA en la versión española) está compuesto por distintos escalones organizativos: jefes, subjefes, amantes, espías y mercenarios ejecutores. SPECTRA tiene su sede en lugares inaccesibles, a menudo exóticos, extremadamente ocultos y alejados de cualquier centro de civilización. Desde ahí, los malvados «mueven los hilos». Estos centros de control están dotados de moderno material tecnológico (lassers, armas ultrasofisticadas, sistemas informáticos de control, etc.). Todos los dirigentes de SPECTRA son, además de cerebros criminales, hábiles negociantes, suelen participar en operaciones especulativas bursátiles, mantienen redes económicas y de empresas que son la cobertura para sus actividades criminales. Y todos ellos, sin excepción, buscan proveerse del arma definitiva que les otorgará el dominio del mundo. Están en todas partes, se les encuentra en el Caribe, en Brasil, en medio del mar, en el sudeste asiático, en Rusia, China o en plataformas situadas en el mar o bajo las aguas. Resulta difícil evitar la comparación de todas estas características con Bin Laden y Al Qaeda. Por que Al Qaeda, en efecto, es esa organización criminal internacional, que aspira al control mundial, situada en un lugar inaccesible –una red de cuevas en las montañas de Tora Bora, en una zona indefinida en la frontera afgano-pakistaní– desde la que «mueve los hilos» rodeado de sus fieles y –se supone– apoyado por un despliegue tecnológico que, como se ha dicho, le permite rentabilizar sus inversiones en las bolsas de los cinco continentes. Al Qaeda es SPECTRA.

En cuanto a la figura de Bin Laden, la serie de James Bond presenta todos sus rasgos en la amplia serie de personajes que son, en el fondo, distintos matices de la figura del mal absoluto. El primer malvado digno de tal nombre fue el Doctor No en la película del mismo título. Pero el malvado que más veces apareció en la serie, uno de los socios de SPECTRA, fue Ernst Stavro Blofeld (Solo se vive dos veces, 1967, 007 al servicio de su majestad británica, 1969, y Diamantes para la eternidad, 1971) al que dieron vida (y por orden cronológico de película) los actores Donald Pleasence (probablemente la mejor representación de ese malvadopersonaje), Telly Savalas (el Kojak televisivo) y Charles Gray. Robert Shaw en Desde Rusia con amor (1963); Gert Froebe, un convincente Goldfinger (1964); Yaphet Kotto (Kananga) de raza negra cuyo objetivo es llenar de droga gratuita las calles de todas las ciudades de Estados Unidos (Vive y deja morir, 1973); Kurt Jürgens (Stromberg) en La espía que me amó (1977); Michael Londsdale (Hugo Drax) en Moonraker (1979); Julien Glover (Kristatos) en el papel de un riquísimo armador griego (Sólo para tus ojos, 1981); Louis Jourdan (Kamal Khan) en Octopussy (1983) y así sucesivamente. Dos jefes de SPECTRA alcanzaron cierta notoridad: Chisthopher Lee, encarnando a Francisco Scaramanga, socio de SPECTRA, aureolado con tres pezones y protagonista de El hombre de las pistolas de oro (1974), Chistopher Walken que dio vida a Max Zorin, magnate de la informática ansioso por provocar el caos mundial, en Panorama para matar (1985).

Todos estos jefes y socios de SPECTRA están rodeados de un harén de mujeres hermosas y feroces guardaespaldas como Odjob (armado con un sombrero de ala afilada, Goldfinger), la neurótica Grace Jones (Panorama para matar), Nick Nack (un enano traidorzuelo al servicio Scaramanga) y, especialmente Richad Kiel (el malvado «Tiburón» con su dentadura de acero, La espía que me amó y Moonraker). Es precisamente este aditamento femenino lo único que falta en el entorno de Bin Laden.

En total, la serie consta de 20 títulos y 12 libros. Se ha prolongado durante 40 años, un caso único en la historia de la cinematografía: nunca una serie había podido abarcar un espacio de tiempo tan amplio. A lo largo de estos 40 años, el mensaje de la serie no ha variado a pesar de que siempre hayan variado los horizontes geográficos sobre los que se desarrolla la trama. A recordar, necesariamente, la pelea espectacular en el teleférico del Pan de Azúcar de Río de Janeiro en Moonraker, persecución con un Renault 11 por París en Panorama para matar, la India en Octopussy, en Japón de Sólo se vive dos veces, en Amsterdam de Diamantes para la eternidad, en Thailandia de El hombre de la pistola de oro, Grecia en Sólo para tus ojos, Viena en Alta Tensión, e incluso España en Sólo para tus ojos y el museo Guggenheim en una de las últimas entregas, El mundo no es suficiente.

Tres generaciones de hombres y mujeres del siglo XX han consumido prácticamente todas las películas de 007. Para estas generaciones, en especial en EEUU, donde la serie, con mucho es donde ha tenido más éxito, la idea de una organización internacional creada para hacer el mal (el «terrorismo, la venganza y la extorsión», principios que forman parte del anagrama de SPECTRA), estaba ya insertada en su psicología profunda. Ya hemos visto que todos los caracteres de SPECTRA, literarios y cinematográficos, coinciden sin excepción con los atribuidos a Al Qaeda. Y en cuanto a la personalidad de Bin Laden (personaje exótico, cultivado, profesional brillante, organizador infatigable, malvado impenitente, negociante de éxito y especulador bursátil) son los mismos que han sido extraídos de la síntesis de los distintos socios de SPECTRA (Blofeld, Scaramanga, Doctor No, Goldfinger, etc).

El único elemento que se ha incorporado a la personalidad de Bin Laden es su rasgo de fundamentalista islámico que deriva directamente de su tarea reclutadora de islamistas durante la primera campaña de Afganistán contra los soviéticos. Es preciso recordar que Bin Laden era en aquella época un «soldado de la CIA» y que reclutó islamistas en tanto que la resistencia antisoviética se estableció, no sobre las bases de la liberación nacional (Afganistán era y es un conglomerado de tribus en el que la idea de «nación» está completamente ausente), sino sobre los principios religiosos del Islam. Bin Laden, organizó a todos estos reclutas, estableció sus canales de aprovisionamiento y sus bases de entrenamiento en la frontera pakistaní y, finalmente, los contabilizó y enumeró en una base de datos informatizada… en árabe: Al Qaeda, esto es «la base».

Probablemente, alguien pensó algún día que el nombre de Al Qaeda respondía a una ignota base de entrenamiento de comandos terroristas, pero no, era simplemente una «base de datos». Un 40-65% de los combatientes de la legión árabe que luchó contra los soviéticos, pereció en Afganistán o, posteriormente, en los distintos episodios de la guerra civil que siguió hasta la expulsión del gobierno que dejaron los rusos en Kabul, luego en la guerra civil entre la Alianza del Norte y los talibán, posteriormente en la guerra de Chechenia, y en las guerras balcánicas en donde restos de esta unidad, se dice, que combatieron contra los rusos y los serbios respectivamente. Así pues, difícilmente pudieron sobrevivir muchos combatientes a todas estas guerras.

Si tenemos en cuenta que el reclutamiento de voluntarios islámicos para luchar en Afganistán se produjo entre 1984 y 1988, es decir, hace entre 16 y 20 años, y que la edad media de los reclutados estaba en torno a los 24 años, los supervivientes de aquellos episodios –que no deben ser muchos dada la brutalidad expeditiva con la que soviéticos en Afganistán, rusos en Chechenia y serbios en Bosnia, atacaron a sus oponentes– deben contar hoy una media de edad muy superior a los 40 años. Nadie, por fanático que sea, resiste tanto tiempo la tensión del conflicto, la guerra, los bombardeos y las vicisitudes posteriores de la clandestinidad.

Por lo demás, si «la base» estaba en poder de Bin Laden, es seguro que estaba también en poder de sus mentores, esto es, de la CIA. Y resulta absolutamente increíble pensar que en 20 años, la CIA no ha logrado identificar, localizar, neutralizar y/o liquidar a los antiguos miembros de Al Qaeda que siguen en activo y que, según la mitología oficial, constituyen el núcleo duro de la organización y del que han partido las presuntas o reales «células durmientes».

Seamos claros: la lógica indica que si Al Qaeda tuvo alguna vez alguna realidad autónoma de la CIA y de las guerras afganas, de eso hace ya mucho tiempo y el desgaste inexorable de sus militantes debe haberla convertido en algo insignificante y, en cualquier caso, en absoluto operativa. Por lo demás, resulta muy evidente que las pinceladas con las que se ha descrito al personaje y a su creación coinciden demasiado con los rasgos de los oponentes del agente 007 y que SPECTRA es, indiscutiblemente, la prefiguración de Al Qaeda.

Ciertamente, la superabundancia de títulos de la serie 007, ha hecho que anidara en la mentalidad del espectador, la idea de que existe una poderosa red de hacedores del mal, dirigida por un malvado. Las terroríficas descripciones de Al Qaeda y la maldad de Bin Laden encontraban en el subconsciente del espectador una resonancia: en efecto, ahí estaba almacenada la trama inverosímil de la serie cinematográfica que fue reactualizada mediante una serie de informaciones incipientes que se fueron publicando a partir de 1996. En el subconsciente del espectador, lo ficticio se convertía en «real» y lo «real» pasaba a ser retroalimentado por los rasgos de lo ficticio: ¿por qué no iba a existir una organización terrorista para realizar «terrorismo, venganza y extorsión»? de hecho ya existía: era SPECTRA y, por lo demás, Ian Flemming se inspiraba en personajes y situaciones reales que, sólo, alteraba ligeramente. Así pues, Bin Laden ponía en peligro la humanidad, como Blofeld que pretendía hacer otro tanto, apropiándose de un arma definitiva. ¿Acaso Bin Laden no estaba intentado construir armas biológicas en Kandahar? No, pero los medios de comunicación intoxicados por el Pentágono y las agencias de seguridad de EEUU, habían decretado que sí. Se publicó que Bin Laden-Blofeld-Kamal Khan, habían adquirido una bomba nuclear que podían hacer estallar en cualquier momento o bien gases neurotóxicos. Efectivamente, en la serie de 007, esto se había apuntado… a partir de ahí, la ficción latente en el subconsciente se superpuso a la realidad y se hipostatizó en el icono del mal: Blofeld pasó a ser Bin Laden y todo lo que Fleming y los guionistas de la serie, atribuyeron al primero y fue visto por millones de espectadores, pasó, a través de un proceso de «verosimilización», a ser patrimonio del segundo. La realidad y la ficción se convirtieron en inseparables. El icono ficticio, mero reflejo distorsionado de la realidad, tomó el relevo de la realidad vaga del personaje Bin Laden (un «soldado de la CIA», cuya familia había hecho buenos negocios petroleros con la familia Bush…). Esta realidad se relegó al olvido y se ocultó. Pero está ahí y es absolutamente incompatible con el icono Bin Laden, antiamericano impenitente, cerebro del mal que mueve los hilos desde un lugar inaccesible y exótico. Hoy sabemos que la totalidad de informaciones de la CIA sobre las «armas de destrucción masiva de Saddam Hussein» eran falsas. Pero todavía no se sabe cuántas (en nuestra opinión, igualmente, todas) informaciones de la CIA sobre Bin Laden y Al Qaeda son falsas.

Las cuevas de Tora-Bora son lugares insanos e inhabitables. De hecho, todo Afganistán es lo más inadaptado para guiar desde allí una guerra tecnológica tal como se ha dicho en el terrorismo internacional. En un país en el que no existe operativa ni una sola máquina de diálisis, un teléfono móvil es casi un tesoro, hay pocos y fácilmente localizables por un simple scanner y, no digamos, por la red internacional de escucha Echelon. En el supuesto de que Bin Laden hubiera estado alguna vez en aquella zona, habría sido descubierto y aunque no lo hubiera sido jamás, desde allí nunca, absolutamente nunca, hubiera podido dirigir –él, un hombre aquejado de una dolencia renal degenerativa que precisa de varias sesiones semanales de diálisis– más allá de un rebaño de cabras.

Redimensionar lo que se ha dicho y escrito en torno a Bin Laden y Al Qaeda, tamizarlo y reinterpretarlo, supone caer en la cuenta de la «imposibilidad metafísica» que supone su existencia. En efecto, en el fondo, creer en la existencia de Al Qaeda o en el papel de Bin Laden es un acto de fe. Algo irracional.

© Ernesto Milá – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es
© Editorial PYRE – pyre38@yahoo.es

RESPUESTA A "EL ESTUDIANTE"

[POR RAZONES TÉCNICAS NO PUEDO COLOCAR DONDE CORRESPONDE LA RESPUESTA A TU EMAIL. A LA ESPERA DE SITUARLO EN EL LUGAR QUE CORRESPONDE LA COLOCA CONTINUACIÓN]

NOTA: Por cuestiones técnicas, incorporo momentáneamente la respuesta al comentario de El Estudiante:

Una cosa es que exista terrorismo islámico y otra que exista una organización que lo coordine universalmente. El atentado del 11-M no tiene nada que ver con Al Qaeda. Ni el de Casablanca. Ni el de Balí. Lo que "alguien" ha hecho ha sido lo siguiente: lanzar un icono; tras este icono es evidente que, inicialmente, existía algo: un puñado de excombatientes de Afganistán.

A partir de ahí el icono ha causado una especie de efecto contagio como cuando la TV da noticias de suicidios o de incendios forestales y estos aumentan...

Me he leído creo que toda la literatura sobre Al Qaeda, redactada por "especialistas", miles de datos secundarios y ninguna sobre lo esencial: los grupos islamistas que apoyaron la conferencia de Jartum en la que la mitología oficial pretende que se creó Al Qaeda eran casi irrelevantes. Grupos que se dan como vinculados a Al Qaeda -el Grupo Salafista de Argelia- no lo están ni han estado jamás. Los grupos realmente terroristas islámicos (GIA, Hamás Hezbolláh, Frente Moro, etc.) no han tenido ninguna relación con Al Qaeda.

En cuanto a Al Zarqaui... te recomiendo consultes las webs de la resistencia iraquí. Ten en cuenta que los americanos intentan aislar a la resistencia atribuyendo siempre una vinculación con Al Qaeda. En realidad, es cierto que puede haber "efecto contagio". Pero también es cierto que si miras con detenimiento las webs de la resistencia te darás cuenta de que lo esencial de la resistencia armada organizada y con estrategia propia se ubica en torno al Ejército de El Mahdi y, sobre todo, en torno al Alto Mando de la Resistencia formado por antiguos miembros de la milicia de Baas y por núcleos de élite del antiguo ejército. Entonces ¿quien degüella rehenes y lo cuelga en Internet? No desde luego estas dos formaciones sino núcleos de bandidos a medio camino entre la delincuencia y la resistencia que una vez se hacen con un rehen intentan "venderlo" y si no lo consiguen lo asesinan.

De verdad, estoy familiariazado con la temática antiterrorista: un grupo ficticio se reconoce de uno real como una manzana auténtica se reconoce de una de escayola.

Recuerda que Bin Laden no daba comunicados en primer plano ante una cámara desde principios de 2002... la única vez que ha vuelto a las andadas ha sido cuatro días antes de las elecciones americanas... para confirmar la línea de argumentación de Bush: América es objetivo terrorista...

Hasta esa emisión siempre tuve la duda de si el antiguo soldado de la CIA, Bin LAden, era un exaltado enloquecido o bien un cooperador necesario que facilitaba a Bush los "casus belli". Hoy no tengo la menor duda de que Bin Laden es cooperador necesario (antes de haber visto Farenheit 9/11).

Alguien preguntará: ¿cómo es posible que una gran mentira de este calibre se haya podido difundir? Muy sencillo: bájate de la sección de descargas el libro gratuito "¿Quién está detrás de Bush", léete el capítulo sobre el inspirador de los neoconservadores norteamericanos y verás que la élite del poder actual en EEUU defiende el concepto de "noble mentira", lo justifica y lo utiliza.

Bin Laden es la "noble mentira" de la administración norteamericana para crear una situación de tensión en el mundo que les permita seguir manteniendo su status hegemónico.

Un último punto: el principio de toda investigación criminal es "a quien beneficia el crimen". Mira el impacto de todos los atentados de Al Qaeda y ya me dirás si alguno ha beneficiado al islam. En lugar de "a quien beneficia el crimen" el princiipio utilizado por la administración americana para investigar es "quien beneficia el crimen". Y esto se hace a través de testimonios personales. Todo lo que se sabe sobre Al Qaeda y el 11-S procede de un tal Ramzi Binalshib... detenido en Pakistán en 2002... cuyo paradero se desconoce y que el gobierno americano se niega a mostrar incluso a la magistatura de Hamburgo que veía el caso de la "célula de Hamburgo" de Al Qaeda. En términos jurídicos se dice: "testimonio único, testimonio nulo". Eso es Al Qaeda.

Un abrazo

ernesto milá

Comentarios  Ir a formulario