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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

CATALUÑA POST–INDEPENDETA

CATALUÑA POST–INDEPENDETA

La pregunta es obviamente retórica: nadie –nadie con dos dedos de frente y una mínima capacidad de análisis político– puede creer en que Cataluña, hoy o algún día puede ser independiente. La “flamarada” independentista se está extinguiendo a la vista de todos. Las deserciones en el independentismo son de tal calibre que indican el estado de descomposición de una idea: ayer fueron dos consellers presos (por su mala cabeza… no porque en España no existe libertad de expresión) los que gimieron por su libertad a cambio de “reconocer el artículo 155” (como si un robagallinas pudiera ser excarcelado solamente porque afirma seriamente “reconocer el código penal”), el día antes fue López Tena, uno de los cerebros del activismo independeta y el que obtuvo en Osona mejores resultados de participación en los seudo–referendums de 2009–2010, el que, no solamente se desdecía, sino que además, realizaba una crítica inmisericorde y terminal al “procés”, a Mas y a los que han llegado hasta el extremo de obligar al Estado a aplicar el 155. El día anterior, Mas ya no sabía qué hacer para pedir que se le redujera la fianza de 5.000.000 de euros por su responsabilidad en el 9–N y casi llorando argumentaba que “tendría que vender sus casas”… La incorporación de la Forcadell a la lista de ERC, a la que apenas una noche en la mazmorra fría cambió radicalmente sus opiniones políticas, es otra muestra de que el independentismo, casi desea una dulce derrota el 21–D que le permita reconocer ante toda Cataluña lo que toda la Cataluña que tiene dos dedos de frente sabe: “no hay condiciones para la independencia…”. Para ese viaje no hacían falta alforjas. Cada día la prensa catalana –incluso la que hasta anteayer apoyó al “procés”– nos da noticias, muestras y ejemplos de la bajeza moral, la impreparación, el aventuterismo y la irresponsabilidad que ha estado presente en la cúpula del “procés”, factores que, por sí mismos, lo han arrojado al basurero de la historia.

INDEPENDENTISMO: UNA CUESTION RELIGIOSA

Hoy, solamente algunos analistas políticos nacionalistas intentan salvar la cara de los “bonzos” del “procés”: para la mayoría de tertulianos y analistas, para todos los observadores políticos extranjeros, la clase política independentista no estaría en condiciones ni de dirigir una comunidad de vecinos. Después del 21–D, lo más probable es que ERC, PSC y Podemos.cat formen gobierno, en el que, a diferencia de los dos tripartidos anteriores, ERC no solamente no tendrá la voz cantante, sino que será el socio incómodo y acomplejado. Y luego veremos qué ocurre con los procesamientos de los dirigentes de ERC, de los personajillos encausados que figurarán como diputados y que todos ellos deberán enfrentarse con inhabilitaciones a perpetuidad así como con el embargo de patrimonios. El calvario no ha hecho nada más que empezar para los independetas y lo que es peor para ellos: demostrada su debilidad, ya no tienen nada que negociar con el gobierno del Estado (vale la pena recordar que el poder judicial es autónomo y que, en democracia, aunque el gobierno quiera influir, siempre habría un juececillo celoso de su misión que se opondrá).

No es raro que a todos estos barandas del independentismo les haya dado una crisis de fe en plena cárcel: uno de “los dos jordis” estando en misa en la cárcel presenció horrorizado cómo un preso acuchillaba a otro. Éste pánfilo no se ha enterado todavía que la mayoría de presos en las cárceles españolas acuden a misa para poder cambiar drogas con presos de otros módulos. Peor es lo de Junqueras que ha recuperado la fe de cuando era “escolanet” y, según dicen los medios, se pasa las horas muertas rezando en su celda. Razón tenía ayer López Tena en la larguísima entrevista que le realizó ayer El Confidencial, cuando comparaba a los dirigentes independentistas con el colegio cardenalicio y a su “doctrina” como un conjunto de dogmas puestos al servicio de una fe. Ayer mismo, confirmamos esto viendo un vídeo de otro “historiador” independentista en el que decía que la Europa Medieval se lo debe todo a Cataluña, que el primer premio nóbel de la paz fue el Abad Oliva y que los catalanes serán en los próximos mil años, lo que la cultura griega ha sido en el pasado. Éste “historiador” no era tan alucinado como aquel otro mindundi que pontificaba sobre si Colón, El Cid, Teresa de Jesús y el inventor de la sopa de ajo, eran catalanes, pero precisamente, en su circunspección y en sus modales serenos evidenciaba esa “fe religiosa” de la que hablaba López Tena.

NO ES EL FIN DE UNA CRISIS, ES EL FIN DEL INDEPENDENTISMO

Así pues, los independentistas deben felicitarse que la estupidez no sea registrada como delito en el código penal. Pero lo que está claro es que “el mambo se ha acabado”. Estamos asistiendo, no solamente al fin de una ilusión (etimológicamente, lo “percibido por un iluso”), sino a algo mucho más profundo y de mayor calado: el fin del independentismo. De la misma forma que estos días que se cumple el cuarenta aniversario de la muerte de Franco y parece claro que mostrar la solidaridad con el “anterior jefe del Estado” puede ser una muestra de lealtad por encima del tiempo, pero que quien quiera hacer política no puede sino considerar al franquismo como historia, dentro de 40 años el independentismo se examinará en los libros de historia como una locura colectiva que embargó a una cuarta parte de la sociedad catalana. Se verá como arcaísmo y quienes lo han promovido, si tienen algún lugar en la historia, será como responsables de que Cataluña perdiera el ritmo de la modernidad. En las facultades de ciencias políticas se estudiará el fenómeno extraño de cómo una comunidad autónoma ha podido estar paralizada durante casi 15 años desde aquella coña maragallana del “nou estatut”, primeras aguas que trajeron los lodos independentistas. En las escuelas de psicología los estudiantes harán sus tesis sobre la alucinación colectiva que sufrió una cuarta parte de catalanes y se estudiará el fenómeno del contagio. Y siempre habrá, claro está, un abuelete que dirá a sus nietecitos “Yo voté el 1–O y luego toqué la cacerola…”.

¿Asunto resuelto? Relativamente. Lo que queda resuelto es, en primer lugar, la desaparición del nacionalismo moderado, mixtura del antiguo regionalismo y de la histeria nacionalista del “siempre más”. Se ha acabado: Cipollino se encargará de liquidarlo y nos apostamos a que en la próxima campaña electoral, la candidatura que encabeza el triste expresidente, “Junts per Catalunya”, intentará competir en independentismo con ERC. Éstos, por su parte, con la etiqueta ERC–CatSí, aparecerán como más razonables e intentarán asumir en el tripartito que se avecina el mismo papel que realizó Carod–Rovira con Maragall. Mal asunto porque, todo análisis que no parta de la base de que “el mambo se ha acabado y no volverá” es erróneo y solamente contribuirá a dar inestabilidad al gobierno–Frankenstein que salga del 21–D.

Si el nacionalismo moderado ha desaparecido (en realidad, desapareció en las anteriores elecciones autonómicas), lo que inicia su declive ahora es el independentismo. ¿La prueba? Las tres candidaturas indepes ni siquiera han sido capaces de pactar la convocatoria de un nuevo referéndum soberanista en sus programas, ni de incluir el reconocimiento del “gobierno de la república catalana”… Paso atrás, previo a los muchos que quedan por dar.

¿La CUP? La CUP es un cero a la izquierda que se verá presionada a un lado por los más realistas de ERC y por el otro por CatComú–Podem. Y la CUP volverá a ser lo que era: una serie de pequeños grupos locales dirigidos por maestrillos y maestrillas, amargados y amargadas, de rostros sombríos.

PARA INSTALAR LA “NORMALIDAD” EN CATALUÑA HACE FALTA…

Insistimos ¿asunto resuelto? ¿Se ha instalado la “normalidad” en Cataluña? En absoluto. Ahora queda desandar lo andado con las “flamaradas” nacionalistas desde principios de los años 80. Y la cuestión de la enseñanza es fundamental. Si el conato independentista ha sido posible es por el modelo de enseñanza que rige en Cataluña: con su historia de ficción, con su inmersión lingüística, con parte del personal docente ideologizado y que ni siquiera advierte que está adoctrinando. Está claro que con unas elecciones generales que se aproximan, el PP no intentará reformas en profundidad, pero nadie, ni entre su cúpula, ni entre su electorado, olvidará jamás lo que ha ocurrido en Cataluña y las razones históricas por las que ha ocurrido: no puede dejarle las manos libres en la enseñanza a unos iluminados, para los que modelar la historia en beneficio propio es capital.

En realidad, el PSC como Cs, han llegado a similares conclusiones. Va a depender de cuál sea el alcance de la victoria del PP en las próximas elecciones (porque uno de los “efectos colaterales” de la “crisis independentista” ha sido reforzar a Rajoy y hacer que la temática de la corrupción en el PP pase a segundo plano) para que en el terreno educativo PP, PSOE y Cs actúen por consenso. Los nacionalistas más inteligentes, han entendido perfectamente lo que se les viene encima en el terreno de la educación y en estos momentos están movilizándose “en defensa de la escola catalana”… Hacen bien, porque también aquí –aunque nadie se lo haya comunicado– el “mambo se ha acabado”. En realidad, todo va a depender de la posición del PSOE a nivel de Estado y de quien ostente la dirección del PSC: lo cierto es que el sector nacionalista–socialista de este partido, está hoy completamente fuera de combate y reducido a algunos concejales aislados que, probablemente, ni siquiera repitan en las próximas elecciones.

¿Y es todo? El que el Estado reoriente el sistema educativo catalán es una parte importante del problema, pero queda otro igualmente importante: las subvenciones a la sociedad civil. Seamos claros: si existe hoy una “sociedad civil independentista” es porque en los últimos siete años se la ha sobredimensionado a base de inyecciones multimillonarias de fondos. Ni el Omnium Cultural, ni la ANC, ni una ristra de asociaciones menores, hubieran podido mantenerse, ni siquiera formarse, de haber dependido de los que estaban interesados en impulsarlas: como las moscas al pastel, los oportunistas acuden al olor a fondos públicos, y los “hombres de fe” ven reforzadas sus convicciones engrasándolas con unos euracos de aquí y de allá. Si el independentismo ha creído que disponía de fuerza suficiente para alcanzar la independencia se ha debido, sobre todo, a que solamente “veía” cómo se movilizaba la sociedad civil amamantada y subsidiada por la gencat. Si han existido medios de comunicación en catalán, no de ahora, sino desde finales de los años 70, no ha sido gracias a la iniciativa privada sino a las subvenciones de la gencat. Y hoy ocurre lo mismo con la mayoría de digitales en catalán. Ha bastado un mes para que el diario Avui no pudiera recibir los correspondientes fondos girados por la gencat, para que despidiera a parte de su plantilla y el resto de diarios y digitales, hasta ayer independentistas, se han despertado con otra orientación… Y aquí también va a ser imposible que sigan llegando las mismas subvenciones a todo este mundillo. En primer lugar porque está claro lo que han propagado. Seguirán lo que tarde la hucha acumulada en agotarse y nunca más volverán a tener la alegría en la llegada y en el manejo de fondos que han tenido desde que Artur Mas se hizo con la presidencia de la gencat.

INMIGRACIÓN Y REFORMAS A NIVEL DE ESTADO

¿Eso es todo? Todo esto –que es inevitable en los próximos años– por sí mismo, lo único que garantiza es que el nacionalismo catalán, un movimiento que va contra la historia en la época de la globalización y que ya iba contra ella a lo largo de todo el siglo XX, decline y se convierta en un arcaísmo de aquí a 40 años. Pero, por sí misma, la crisis del nacionalismo (independentista o no), no hará que vuelva la normalidad a Cataluña. En primer lugar porque Cataluña forma parte, no sólo del Estado Español, sino de la “Nación Española”. Harán falta reformaS constitucionales para establecer los límites y las relaciones jerárquicas de manera clara a los estatutos de autonomía. Al principio de que “el que más protesta o el que más mata, tiene mayor autonomía” (con cualquier excusa: que si son “territorios históricos”, que si hay una organización terrorista que da palos y otros deben recoger los frutos, que si tal partido nacionalista colabora con la gobernabilidad del Estado…) debe ser sustituido por la exigencia de lealtad a todas las comunidades autónomas (principio de “más lealtad, más autonomía”).  

Está claro, además, que un Estado no es tal si no solamente descentraliza determinadas competencias, sino que cada autonomía le da los contenidos que quiere. Que el Estado debe recuperar las competencias en materia de educación eso es algo que pocos dudan. Que la sanidad debe ser de la misma calidad y ofrecer los mismos servicios en todo el Estado, y por tanto, debe de estar unificada, es otro puntal básico para redimensionar el “Estado de las Autonomías”.

En Cataluña, además, existe un gravísimo problema: la estupidez nacionalista hizo que Pujol orientara inmigración magrebí a Cataluña por la cuestión lingüística. Simplemente, al capo de tutti i capi le molestaba que pudieran llegar “panchitos” hispanoparlantes… que no se esforzarían en aprender catalán. A los magrebíes (orientados por Angel Colom hacia Cataluña, destacado como “embajador” en Marruecos), siguió la llegada de islamistas africanos y de grandes cantidades de pakistaníes igualmente musulmanes. En el momento actual: casi una cuarta parte de Cataluña es de origen extranjero y algo más de un millón son islamistas. En la región catalana se encuentra la mayor acumulación de islamistas de todo el Estado y una de las mayores de Europa. Así pues, la conflictividad está servida.

La inmensa mayoría de este sector está subvencionado… y el día en que las subvenciones disminuyan, la “paz étnico–religiosa–social” habrá terminado. Así de simple. Lo peor es que la policía autonómica no está en condiciones de contener el fenómeno, ni las revueltas que pueden producirse en los próximos años. Porque este es otro problema: ¿policía autonómica? Sí, bien, pero ¿para qué y al mando de quién y para hacer qué? Y, reconozcámoslo: los mozos de escuadra figuran en el platillo de los fracasos de la autonomía catalana. Así que parece inevitable que esta policía reduzca sus atribuciones y se reoriente. ¿O es que vamos a olvidar lo que ha ocurrido en la crisis independentista?

Quedan otros muchos frentes en el post–nacionalismo. El económico es, sin duda, uno de ellos. El social otro (la gencat que tanto debía mirar por la sociedad catalana lo que ha conseguido es una sociedad débil, frágil, atomizada, con unos niveles de fracaso escolar, de jóvenes ni–nis y el mayor consumo de drogas de todo el Estado y de casi toda Europa). Así pues, lo que la desaparición progresiva del nacionalismo va a generar no es la solución de todos los problemas. Los creados estos últimos años no se disiparán inmediatamente y sus efectos seguirán sintiéndose durante muchos años, pero quedarán otros problemas que han ido creciendo desde 2003 y a los que casi nadie ha prestado atención. Lo que ocurrirá, simplemente, será, que se abrirán debates nuevos en la sociedad catalana, cada vez más libres de los prejuicios nacionalistas y del riesgo de nuevas “flamaradas” independetas. Y estos debates serán los mismos que en el resto del Estado.

 

.cat: 21-D

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Lo que está ocurriendo en Cataluña es significativo: el independentismo se está rompiendo y, contrariamente a lo que la lógica y el sentido común hubiera inducido a pensar, no lo está haciendo en función de una decantación entre moderados nacionalistas y radicales independentistas, sino entre una loca carrera por demostrar cuál de las dos candidaturas es “más independentista”, si la de Puigdemont o la de Junqueras. Esto no es una novedad en el nacionalismo catalán, pero si resulta en cualquier caso significativo el que, después de una derrota como la sufrida por todos los partidarios del “procés”, en la que no se ha cumplido ni una sola de sus previsiones, sigan pensando como hace dos meses, como si aquí no hubiera pasado nada.

LO QUE EL INDEPENDENTISMO NO HA ASIMILADO

El cálculo independentista se basaba en cinco premisas que se han demostrado erróneas una tras otra:

1) Que el gobierno Rajoy era débil como para no afrontar la secesión.

2) Que existía una “mayoría social independentista” y que el “unionismo” había desaparecido.

3) Que la secesión no produciría “efectos económicos”.

4) Que los resultados del referéndum del 1-O serían claros y determinantes y

5) Que lloverían los apoyos internacionales.

Nada de todo esto se ha dado en realidad: el gobierno del Estado, sin excesivo esfuerzo, ni dramatismo ha cortado la secesión en seco, simplemente llamando a declarar a unos cuantos consellers; se ha desatado expontáneamente la mayor oleada de “españolismo” en Cataluña que se haya visto, probablemente desde los años 40; el 1-O no demostró absolutamente nada más que lo que había demostrado el 9-N o los seudoreferendums locales de la principios de la década; más de dos millares de sedes sociales de empresas han cambiado de sede social y un millar de sede fiscal; nadie, absolutamente nadie, ni en Europa ni en lugar alguno, se ha interesado por la “república catalana”, salvo outsiders tan remunerados como anecdóticos (desde Julian Assange hasta Pamela Anderson…).

LAS CANDIDATURAS INDEPENDENTISTAS: VERDADEROS MOSAICOS

El “frente independentista” está roto y ha aparecido en su interior un fenómeno nuevo: los partidos independentistas ya no han sido capaces de organizar candidaturas con sus propios  recursos y afiliados sino que han tenido que recurrir a figurones del independentismo. La antigua CDC ha desaparecido por completo: en su lugar emerge una candidatura en torno a “Cipollini” que, estratégicamente, es el mayor error que ha podido cometer hasta hora (pero al que seguirán, sin duda, otros de igual calibre antes de que afronte los problemas judiciales y las multas que tiene por delante). El “president de la república catalana” no se ha dado cuenta de que al encabezar una candidatura de partido deja de ser “president” para convertirse en simple candidato de una formación política que él mismo encabeza… a falta de algo mejor.

En cuando a ERC, la cantidad de militantes que aparecen en su lista y que no son militantes del mismo (un cura, un productor musical, una corredora, el director del RAC1, el hermano de Maragall que no quiere abandonar la primera fila política, una entrenadora de natación sincronizada… odiada además por deportistas que estuvieron a su cargo) crean un problema adicional: se trata de militantes sin compromiso de partido que no se sabe cómo reaccionaran en votaciones o cuando tengan la poltrona… Otro tanto le ocurre a la candidatura de “Cipollini”. Sin olvidar que la gran debilidad del independentismo ha sido precisamente acceder a presentarse a las elecciones: en efecto, desde el mismo momento en el que lo decidieron, desapareció toda sombra de legitimidad del 1-O y la ya de por sí virtual república catalana se esfumó…

A no olvidar que Joaquín Forn (hoy en prisión) ha declinado ir en las listas de “Cipollini”, como también ha hecho Lluís Corominas (presidente del grupo de Junts pel Si), o la exconsellera Maritxell Boarràs (hoy en Bruselas a la vera de “Cipollini”) o Anna Simó (ERC) ayer miembro de la Mesa del Parlament y hoy con ganas como todos los anteriores de hacerse olvidar. En cuanto a la CUP, las exigencias de Teresa Forcades eran muy superiores a lo que ésta estaba dispuesta a dar, o que Anna Gabriel no repetirá ateniéndose a los estatutos de la CUP…

CUAN LOS AMATEURS FATANATIZADOS SUSTITUYEN A LOS POLÍTICOS PROCESADOS

En estas circunstancias, el independentismo hubiera debido de cambiar su “relato”. Dar marcha atrás y renunciar a lo imposible. Pero el problema es que la clase política catalana ha ido degenerando en las últimas décadas por distintas circunstancias: en primer lugar porque, una vez más quedó demostrado que el “nacionalismo” era la “última trinchera de los mangantes”, mera excusa emotiva y sentimental para captar votos de creyentes e incautos, mientras ellos seguían con sus corruptelas: así fue el pujolato y todo lo que le acompañó. La introducción de nuevas fuerzas políticas en el parlamento del Estado hizo, a partir de 2010 que la presencia del “grupo catalán” ya no fuera decisiva y en tránsito del “bipartidismo imperfecto” al “pluripartidismo”, permitió que la fiscalía atacara a CiU en distintos frentes y terminara embargando sedes y patrimonio. La clase dirigente del nacionalismo moderado se perdió allí entre líos judiciales y solamente quedaron… ¡los que, a fuerza de repetirla, se creían la cantinela nacionalista! Estos son los que han dirigido el “procés”: aficionados, tipos emotivos, fanatizados y obsesivos con el nacionalismo y creyentes en los dogmas proclamados durante el pujolato a través de los medios de comunicación oficiales de la gencat

El político, calcula, valora, analiza y, a partir de todo esto, percibe si su ideal tiene o no posibilidades de llevarse a la práctica. El aficionado cree que la razón la asiste y, de manera mística, tiene la convicción de que un “poder superior” (llámese “poble catalá”, llámese “soberanía catalana”, llámese “construcción nacional de Catalunya”) le asiste y le llevará a buen puerto… En el nacionalismo ya no quedan “políticos” sino una extraña mezcla de radicales dogmáticos incapaces de realizar una reflexión estratégica, inútiles para enunciar nuevas tácticas que no supongan una fuga hacia adelante y arribistas que creen que su situación personal mejorará en el marco de la independencia. Eso es todo. Y eso es lo que se va a presentar a las elecciones del 21-D.

LA GUERRA CIVIL NO SERÁ ENTRE INDEPENDENTISTAS Y UNIONISTAS, SINO ENTRE LOS PRIMEROS

Las dos candidaturas indepedentistas van a competir entre sí. Pero lo que quede ya no será, a un lado los votos de CDC y a otro los de ERC, sino una mixtura híbrida en cada bando, repleta de diputados con ideas propias de cómo hay que hacer las cosas y sin compromisos de partido. Desde hace décadas en Cataluña se cree –erróneamente- que el “más nacionalista” es el que se lleva más votos. En esa loca carrera participó incluso el PSC de Maragall convencido de que iban a ser capaces de desbordar al nacionalismo. En la campaña del 21-D veremos a las dos formaciones indepes insistiendo en que ellos lo son más que los otros. Será inevitable que, antes o después empiecen a caer en los reproches mutuos sobre por qué ha fracasado en “procés”

El problema del independentismo es que no ha advertido todavía su fracaso histórico: incluso se niegan a reconocer que los editoriales que cada día publica, no sólo La Vanguardia, sino incluso el Ara, describen una situación mucho menos triunfalista. En estos últimos meses, el sector “unionista” se ha ido reforzando y ganando confianza en sí mismo. Hoy son relativamente frecuentes las manifestaciones de apoyo a la unidad del Estado, incluso en poblaciones catalanas de segunda filas. En ese tiempo, son muchos los nacionalistas e independentistas que están empezando a considerar que alguien les ha estafado, que lo que les proponían como factible ya no lo es tanto y que, nadie, por cierto, les está diciendo nada nuevo. Sin olvidar que en todo el Estado, la actitud de Rajoy ha contribuido a reforzarlo y que las próximas elecciones generales las tiene ganadas por anticipado por mucho que la corrupción haya acompañado al PP.

Porque el gran problema del independentismo es que en las posiciones en las que se encuentra hoy no están en condiciones de elaborar un programa político completo, sino solamente, o bien una reiteración de la vía independentista (impracticable) o bien una renuncia a ella (impensable antes de las elecciones). Lo que vamos a ver en la próxima campaña electoral es un cuadro en el que, no solamente habrá una lucha entre el bloque independentista y el unionista, sino que, además los primeros tendrán una guerra civil en su interior.

Lo único que les unirá a falta de un programa realista es… el victimismo y radicalismo indepe cansino, reiterado, inviable... Que si un tipo que le volaron ojo el 1-O, que si las fotos de una abuela en el suelo, que si otro tipo sangrando, que si las fotos de “los dos jordis” y de los exconsellers presos, que si “Cipollini” está harto de comer patatas fritas con mejillones en las braserías de Bruselas…y poco más. Mientras en el bloque unionista, lejos de existir decepción lo que hay es exaltación (incluso demasiado optimista), en el bloque indepe lo que se ha difundido en algunos sectores es la desmoralización y la sensación de que alguien ha estafado a alguien. Parece claro, quién ganará votos y quién los perderá.

EL PNV PODRÍA ILUSTRAR AL INDEPENDENTISMO CATALÁN

No puede extrañar el silencio del PNV: allí todavía quedan “políticos” que conocen perfectamente lo que puede “hacerse” y lo que no puede “hacerse”. El fracaso del Plan Ibarretxe les enseñó mucho. Nunca más volverán a intentar una aventura parecida que tardó años en solventarse pero cuando lo hizo (con la presencia de Ibarretxe en Madrid y una votación parlamentaria que rechazó su plan…) quedó claro que insistir por el mismo camino sería un suicidio. Eso es lo que no ha comprendido el nacionalismo independentista catalán. Es significativo que en la crisis catalana, el PNV haya permanecido mirando a otro lado, mientras dejaba a Otegui y los exetarras que se pasearan por la tierra de Hipercor jaleados por los independentistas… otro de los grandes errores del “procés”: las malas compañías.

Quienes sostienen que el riesgo de las próximas elecciones es que todo quede igual se equivocan: eso es a lo que aspiran los independentistas. Si se da esa “igualdad” y el independentismo no logra romper la barrera del 50% con amplio margen de votos y diputados, el resultado es simplemente, prolongar los efectos de la derrota, seguir con el 155… lo que implica, en la práctica que el independentismo seguiría sin tener las llaves económicas de la gencat y perder progresivamente su “clientela” subsidiada y la totalidad de sus medios de comunicación no oficiales. Y si lo que, finalmente, se forma, es algo parecido a las viejas fórmulas tripartidas de la década anterior, la derrota no será menor: será un paso atrás que precederá al siguiente. Nadie apoya eternamente en las urnas a las causas perdidas.

El problema para Junqueras (“Cipollini” pasará a ser una anécdota después del 21-D y lo que quede del PDcat terminará por deshacerse de él) será bañarse en las aguas del realismo político o bien arriesgarse a políticas testimoniales. Y estas, como se sabe, siempre tienden a ir reduciendo el propio campo de aplicación. Porque si la independencia es imposible hoy y el nacionalismo sigue insistiendo una y otra vez en ella, por presión de los “amateurs”, lo que se emprende es una vía muerta en la que al del camino lo único que hay es lo que los viejos romanos más temían: “la extinción sin gloria en el Hades”…

Putin está de broma

Putin está de broma

RUSIA NO PERDONA: “CIPOLLINO” Y LA “PARTICIPACIÓN RUSA” EN LA “CRISIS CATALANA”.- España es miembro de la OTAN. Se debe a sus aliados y, en especial, se debe a los EEUU. En realidad, ni España ni EEUU son “aliados”, sino más bien, nuestro país es vasallo del “imperio”. ¿Qué imperio que se precie tiene aliados? Los EEUU y los países de la OTAN se han “portado bien” en la “crisis catalana”: han cerrado filas en torno al gobierno español. Ni un vaso de agua para el independentismo ni siquiera un gesto a favor del mister Proper Romeva que ha ido a diestro y siniestro proclamando que la nueva “república catalana” seguiría con sus compromisos internacionales, a pesar de renunciar a tener un ejército (o bien teniéndolo pero sólo reducido a plantar cara a la Legión, a las COE y a la Brunete). Pero, ya se sabe, los EEUU no hacen nada gratis. La contrapartida consistía en que el gobierno español “creyera” y aceptara que el enemigo secular de la OTAN, Rusia, había conspirado contra España… Y así se difundió en toda la prensa nacional, como hace quince años se difundía con la misma facilidad falsedades como la existencia de “armas de destrucción masiva”.

Era evidente que, por mucho que informaciones de este tipo procedieran de agencias de seguridad y defensa de los EEUU, eran “material averiado”, redactado para conseguir encabronar a la opinión pública española con el “enemigo ruso”, esos malditos cabronazos empeñados en hacernos la vida imposible. Aznar y los grandes del PP de 2002-2004, creyeron “a pie juntillas”, aquella mentiras sobre Irak, construidas para hacer digerible a las poblaciones europeas y a la misma opinión pública norteamericana la invasión de Irak. Es posible, incluso, que Aznar y sus ministros, se lo creyeran de buena fe. Tampoco habían demostrado ser unos grandes analistas, ni siquiera unos observadores atentos de la política internacional: el Departamento de Estado envió a Asuntos Exteriores español dossiers sobre la maldad del gobierno iraquí, el Departamento de Justicia envió a la Audiencia Nacional otros dossiers sobre la existencia de tramas de Al-Qaeda en España (que sólo fueron creídas por Baltasar Garzón en su deseo de obtener apoyos para situarlo en la poltrona principal del Tribunal Penal Internacional, demostrando sus tragaderas y su sumisión al imperio), la CIA y la NSA enviaron dossiers al CNI que éste resumió entregó al gobierno del PP y éste a la prensa y a algunos políticos que aparecieron como “especialistas” (Gustavo de Arístegui) en la cuestión de Oriente Medio. El razonamiento de Aznar y de los suyos era simple: “si viene de EEUU debe ser rigurosamente auténtico y, aunque no lo sea, debemos seguir la corriente”.

Quince años después, la misma farsa se repite: ahora es otro dossier llegado de los EEUU el que responsabiliza a Rusia de la “crisis catalana”. El gobierno ha cometido tres errores de apreciación: 1) Dar credibilidad a un informe interesado, 2) Filtrarlo a la opinión pública y 3) Hacer de Puigdemont un “manipulado” por Rusia, en lugar de un paleto de provincias embriagado con su propio desenfoque de la realidad.

La “crisis de la gencat” es suficientemente grave como para que el gobierno se la tome en serio. Si al frente de defensa se encontrara un especialista en “política de defensa” (y los hay, porque nuestro Estado Mayor figura entre los más capaces del mundo, solo que está supeditado a una ministra que lo ignora todo en la materia) sería evidente que los informes de la inteligencia norteamericana sobre Puigdemont hubiera ido directamente a la basura del ministerio, sin pasar siquiera por la trituradora de documentos. Rusia tiene problemas precisamente a causa del independentismo. Hay otras zonas de Europa en donde podría alimentar movimientos independentistas mucho más combativos y con más posibilidades (en Bélgica especialmente) que en una España cuya opinión pública es muy poco beligerante contra Rusia. A Rusia le interesa hoy, mucho más trenzar vínculos económicos y de amistad con España que figurar como “eterno conspirador”.

Harina de otro costal es que los rusos no sonrían con la “crisis catalana”. Occidente está tomando de su propia medicina: favoreció la desintegración de la URSS y la creación del “Estado bandido” kosovar, desencadenó la “revolución naranja” ucraniana, así pues, conocer lo que supone el desgarro de uno de sus territorios es una buena medicina para no volver a intentar ese proceso en territorios eslavos. Pero, lo sorprendente es que ni Romeva ni sus “diplomáticos” improvisados entre hermanos, cuñados y afiliados de los partidos independentistas se preocuparon por contactar con los rusos. Algo que no ha podido pasar desapercibido para el CNI. Toda la aventura independentista ha sido mucho más pedestre y cuando se ha dicho que no contaban ni con un solo apoyo internacional con ello se indica que ni una sola cancillería se los había tomado en serio.

Luego estaba el precedente histórico. La Italia fascista había mirado con cierto interés la revuelta de Companys y de Dencás en 1934, incluso éste último tenía una relación fluida con el consulado italiano en Barcelona que hubiera reconocido al “Estado Catalán dentro de la Federación Ibérica”… El problema vino cuando el castillo de naipes se cayó a poco de iniciarse la revuelta y apenas mediaron 10 horas entre la proclamación del invento y la salida por las alcantarillas. Con este precedente y con los informes de inteligencia que debían elaborar los funcionarios del FSB destacados en Madrid, Moscú no iba a mover ni un solo dedo por un proyecto llamado a caer finalmente en el descrédito más absoluto.

Pero también era evidente que los rusos iban a reaccionar ante las noticias difundidas por los medios españoles sobre su participación en la “crisis catalana”. Una protesta diplomática hubiera sido excesivo: sería dar crédito y tomarse en serio lo que no era más que un macutazo elaborado en alguna oficina de la CIA. España es vasallo de los EEUU, así pues, era evidente que nuestro país iba a “pagar” el apoyo norteamericano y de la OTAN de alguna manera: torpedeando al “enemigo ruso”. No valía la pena hacer “sangre”. Y los rusos han optado por el sentido del humor. Bien por ellos.

Anteayer la ministra de defensa española, recibió una llamada que hemos oído traducida. Demostrando lo que los rusos aprecian a Puigdemont (y, al mismo tiempo, el que están perfectamente informados de su personalidad y de la naturaleza pueblerina de la crisis catalana) el que decía ser “ministro lituano de exteriores” reveló que el 50% de los turistas rusos que visitan Barcelona son miembros de la inteligencia rusa y que ¡el propio Puigdemont es agente ruso con el nombre de “Cipollino”…! (en italiano “cipollini” es cebollino y, como se sabe, reiteradamente, los independetas han sido calificados como “çeballuts”, cebollinos, así pues, el humorista sabía lo que se decía). Y la Cospedal, con esa actitud de mujer seria y prepotente que utiliza como imagen de marca, pero incapaz de cortar lo que era, evidentemente, una broma, ni siquiera se enteró de la novatada rusa, incluso –al parecer- informó a Rajoy… La alusión a Letonia venía a cuenta de la presencia de una escuadrilla de cazas españoles que desde hace 10 años “protegen” el espacio lituano. Sin olvidar que el teléfono al que habían llamado los dos humoristas, no figura en la guía telefónica. Todo lo cual sumado, no deja lugar a dudas: los humoristas recibieron los datos para su programa de humor de alguna oficina de la inteligencia rusa y supieron aprovecharla.

En esta España que llora el fallecimiento de Chiquito de la Calzada y en la que la clase política independentista parece sacada de una película de los Hermanos Marx con las luchas entre Ruritania y Libertonia, los rusos han estimado que los vasallos del imperio no se merecen siquiera que se les tome en serio. “Cipollini” es una anécdota, el remate a un proyecto político construido por paletos; en cuando a la Cospedal, lo mejor es reírse de ella: a la broma norteamericana sobre la “complicidad rusa” en la “crisis catalana” le han respondido con otra broma, seguramente más inofensiva y menos dramática, muestra en cualquier caso que Rusia no es la “enemiga”, ni mucho menos la instigadora.

EL MAMBO QUE NI EMPEZÓ

EL MAMBO QUE NI EMPEZÓ

A la vista de todo lo que ha ido ocurriendo en los últimos días, incluso los independentistas más inconscientes situados en las bases, a ras de suelo, van percatándose de la envergadura de su derrota y de lo que ha ido ocurriendo desde el 1-O. Simplemente: NADA. Que estén en la cárcel unos “consellers” y algunos aventureros políticos a los que durante años el gobierno del Estado les advirtió que lo que estaban haciendo era ilegal, es el único remanente de la crisis. Y, como todo lo que tiene que ver con la justicia, va lento pero avanzará de manera inexorable con un dramático final para los encausados: penas de prisión, multas, inhabilitaciones a perpetuidad, patrimonio incautado… Todo este berenjenal murió el mismo día en el que fue concebido. Los independentistas, simplemente, pedían lo imposible. Ahora cuando ya no cabe la menor duda de que los que tenían que bailar el mambo se conformaron con detener el AVE en la grotesca “huelga general” que no fue más que la guinda a todo el cúmulo de despropósitos que ha vivido Cataluña en los últimos diez años, es hora de preguntarse qué ha sucedido y cuáles son los problemas reales de Cataluña. Y lo vamos a hacer esquemáticamente.

1. EL FRACASO INDEPENDENTISTA TUVO UNA RAZÓN “OBJETIVA”: NO HABÍA GRUPOS SOCIALES COHERENTES QUE APOYARAN LA SECESIÓN

Mientras el nacionalismo estuvo en manos de la alta burguesía catalana y de sus validos, la cosa no fue del todo mal para Cataluña. Este período duró la primera mitad del gobierno de Pujol. Pero ya en ese momento empezaba a estar claro que los dirigentes nacionalistas cometían el mismo error que ya había caracterizado esa misma corriente antes de la guerra civil: considerar a Cataluña un huerto privado. Su huerto. Y, lo que era aún peor, callar ante la corrupción del clan Pujol (del dominio público desde mediados de los 80). Los cambios en la propia burguesía catalana producidos después del final de la Guerra Fría y con el inicio globalizador, hicieron que este grupo social perdiera coherencia, y abandonara la gencat en manos de segundones, cuñadísimos, funcionarios de partido, mientras –salvo en el sector hostelero- retiraban sus inversiones de Cataluña y se precipitaban a invertir en bolsas internacionales y en cualquier lugar del mundo que ofreciera rendimientos superiores al 5%. Durante el período de los “tripartitos” en la primera década del milenio, se percibió claramente que el poder político en Cataluña estaba cambiando de manos: el ascenso de un partido irrelevante hasta ese momento, ERC, y el que ocupara un lugar motor especialmente en el primer tripartito (con Maragall), así como los errores del PSC, generaron una nueva realidad caracterizada por:

a. declive del nacionalismo moderado, ascenso del independentismo.

b. atomización progresiva del mapa político catalán.

c. irrupción de una extrema-izquierda independentista hasta entonces minúscula.

d. sustitución del discurso nacionalista por el discurso independentista hecho indiscutible.

Cuando un fenómeno político está controlado, dirigido y tutelado por un grupo social homogéneo y coherente, con intereses muy claros, suele funcionar y consolidarse. Por el contrario, cuando distintos grupos sociales, poco representativos, se identifican con una consigna nacida de la crisis económica de 2007 (el “Espanya ens roba”), estamos ante un fenómeno que:

a. resulta incontrolable y en el que las bases arrastran y empujan a las cúpulas.

b. está basado en la ensoñación y el delirio, mucho más que imaginativo y revolucionario

c. es inestable y en el que siempre tienen las de ganar los más radicales.

d. es fugaz en el tiempo y que dura tanto como el sueño del antes o después se despierta

Esto es lo que ha ocurrido: los grupos que apoyan al independentismo (funcionarios del PDcat que creían poder beneficiarse de aumentos salariales en un marco independentista, poblaciones rurales y de la “Cataluña profunda” que siempre han desconfiado de cualquier centro de decisión situado más allá de la alcaldía del pueblo que han entregado su voto a ERC, jóvenes ni-nis y maestrillos de escuela, borrokas y alucinados de la CUP) carecen de coherencia, de voluntad y de proyecto común como para aspirar a obtener FUERZA SOCIAL suficiente para desencadenar un proceso secesionista digno de tal nombre.

2. EL FRACASO INDEPENDENTISTA TUVO UNA RAZÓN “SUBJETIVA”: LOS INDEPENDENTISTAS CARECÍAN DE UNA CLASE POLÍTICA CAPAZ DE LIDERAR UN PROYECTO COMO EL QUE PROPONÍAN

El valor de las clases políticas no se demuestra ni en discursos parlamentarios, ni en campañas electores, ni en debates en los medios de comunicación. Se demuestra agitando en la calle, poniéndose al frente de insurrecciones populares, asumiendo responsabilidades, y dando ejemplo a las masas de cuál es el camino a seguir, insertando su acción en un discurso lúcido, actual y atractivo no solo para los propios partidarios sino para toda la sociedad. En el independentismo catalán nada de todo existe: los líderes son de poca envergadura, sus declaraciones meras respuestas de catecismo, en los debates que aceptaban han hecho, simplemente, el ridículo. Se trata de líderes poco preparados, sin apenas historial profesional, o con curriculums disfrazados en tanto que modestos, o bien, simplemente, que denotan el carácter de pobres aprovechados, panxas contentas, paletos, paniaguados o, simplemente, inútiles de pocas luces… Han cumplido su papel durante unos años, cuando se trataba simplemente de aprovechar los casi ilimitados recursos de la gencat para amamantar todo el proceso independentista, pero cuando se ha tratado de dar el do de pecho, rematar la faena, hacerse valer y desencadenar el proceso independentista contra viento y marea si era preciso, simplemente se han achantado, unos han optado por desaparecer, otros por tratar de eludir responsabilidad, excusarse, dar las razones más ridículas y miserables o, simplemente, salir a escape para evitar asumir responsabilidades. La historia es, ciertamente, la crónica de las acciones de los hombres, pero éstos son lo que son sus líderes: si el proceso independentista ha fracasado es porque sus líderes no han estado a la altura del proyecto que se habían forjado. Proyecto –dicho sea de paso- que resultaba inviable en la práctica en el siglo XXI y que se realizaba según los cánones de los años 30.

3. EL FRACASO INDEPENDENTISTA TUVO UNA RAZÓN “VOLUNTARISTA”: NO HABÍA INDEPENDENTISTAS DISPUESTOS A INMOLARSE

De la misma forma que cuando el gobierno del Estado prohibió la organización abertzale vasca vinculada a ETA, Herri Batasuna, se tenía que la sociedad vasca estallara y se produjeran motines, atentados encadenados y huelgas indefinidas y no ocurrió absolutamente nada, en Cataluña, con una combatividad independentista mucho menor y reducida solamente al fino estilismo en las páginas de La vanguardia, los platós de TV3%, los estudios de CatRadio y el RAC y en webs no menos financiadas por la gencat, las soflamas hacían pensar en que estábamos al borde de una insurrección. Pero quien conocía medianamente a la sociedad catalana, al independentismo y a lo que estaba dispuesto a poner en el asador, todo esto no pasaba de ser manifiestos voluntaristas propias de un “tigre de papel”. Ni en la CUP, ni en los sectores extremos de la CUP, existían ni siquiera pequeñas fracciones de activistas que estuvieran dispuestos a hacer algo más que abollar unas cacerolas, cambiar cada dos meses del balcón la bandera indepe comprada en los chinos y acudir a un par de manifestaciones al año, o saturar los grupos de whatsapp y las propias redes sociales con mensajes independentistas y soflamas amenazadoras que inhibían a los oponentes para evitar romper el círculo de amigos o no generar tensiones familiares. Nadie, absolutamente nadie, estaba dispuesto en el independentismo a ir más allá de lo que es mera gesticulación. Después del 1-O todo se deshinchó a velocidad de vértigo. Nadie empezó a bailar el mambo prometido y el problema para muchos –empezando por la Forcadell o del propio Mas- fue enfrentarse a la cruda realidad judicial que tienen por delante.

4. EL FUTURO DEL INDEPENDENTISMO: ABANDONAR SUEÑOS – DESPERTAR A LAS REALIDADES

Hasta ahora, las instancias dirigentes del independentismo no han sido capaces de hacer una autocrítica sobre su actuación en los últimos años. No importa: el mismo devenir político está haciendo esta autocrítica innecesaria. Les cuesta reconocer el fracaso, pero el fracaso está ahí. La independencia prometida por Carod-Rovira de manera insensata para 2014 ni se ha producido en 2017, ni se le espera. Podemos entenderles: ¿quién no dudaría antes de confesar a sus huestes: “la independencia que os prometimos no era posible, nos calentamos demasiado, perdimos el sentido de la realidad y el proyecto es irrealizable”? Y menos en período electoral. Falta saber si las cúpulas independentistas han aprendido la lección:

- si se han enterado que existe una legislación para todo el Estado que prohíbe determinadas actuaciones.

- si se han enterado de que detrás carecen de mayoría social suficiente para desencadenar un proceso independentista.

- si se han enterado de que en Cataluña no existen condiciones objetivas, subjetivas, ni voluntaristas para la independencia… e, incluso, precedentes históricos para justificarla.

- si se han enterado que, en definitiva, Cataluña tiene otros problemas que no son la independencia.

Ahora bien, todo “nacionalista”, por definición aspira a que su “nación” sea independiente, así que un nacionalismo que no concluya en un independentismo es un contrasentido. Lo que ocurre es que la independencia catalana es –se ha visto suficientemente- inviable, así pues ¿qué sentido va a tener a partir de ahora ser nacionalista? A fin de cuentas, lo que ha ocurrido es que el independentismo ha matado al nacionalismo. Y ahora toca, o bien regresar a un nacionalismo amputado de su deriva independentista, lo que supone, en la práctica, dar la razón a Prat de la Riba, Cambó e, incluso, en cierto sentido a Companys (el menos independentista de los dirigentes nacionalistas de ERC en la república).

En Europa existen precedentes: tras la efervescencia inicial de la Lega Nord en los años 90, lo cierto es que hoy, si el partido ha subsistido no ha sido gracias al “Roma ladrona!”, sino a que ha rectificado sus objetivos: de la independencia a la antiinmigración. El problema para ERC es cómo lograr, a partir de ahora, rectificar sus propuestas y transmitir a las bases lo que algunos dirigentes empiezan a entender: que otro proceso independentista llevaría a una vía tan muerta como la del 1-O y a unas responsabilidades jurídicas, graves, especialmente en un país en el que, constitucionalmente, no existe la posibilidad de una amnistía.

Estamos seguros de que en la próxima campaña electoral, el independentismo se centrará en la “represión” y en la “libertad de los presos” o en la “violencia policial” el 1-O. E incluso con esos argumentos, es difícil que vuelvan a revalidar las posiciones que tuvieron en las elecciones de hace dos años. Rectificar o morir: tal es la alternativa para ERC y, por extensión para el nacionalismo independentista. Y sólo existe un camino: disminuir la carga nacionalista, volver a planteamientos regionalistas, comprometerse en la gobernabilidad del Estado, todo lo cual significa desandar lo andado desde los años 80. El que sea la única vía no quiere decir que sea la que vayan a seguir necesariamente.

5. EL GRAN PROBLEMA DE CATALUÑA: LA ISLAMIZACIÓN Y DESINDUSTRIALIZACIÓN

Desde septiembre los medios de comunicación, el gobierno de la gencat y el del Estado, parecen haber olvidado lo esencial: que hay un terrorismo islámico operativo en España y, concretamente, en Cataluña. Los muertos de las Ramblas y el silencio del Ministerio del Interior ha hecho que pasaran desapercibidos algunos detalles de aquel atentado: ¿es asumible que un imán de Ripoll (norte de Cataluña), se instale en una urbanización del sur de Cataluña, para realizar un atentado a 200 km de distancia, en el centro de Cataluña, en Barcelona y se arriesgue a transportar en una zona infestada de tráfico y con controles policiales unas furgonetas cargadas con un explosivo inestable? Respuesta: NO. El hecho de que solamente sobreviviera a la explosión un recién llegado al grupo terrorista que estaba haciendo la comida cuando se produjo la explosión hace imposible demostrar algo que, sin embargo, sospechan determinados medios de la seguridad del Estado, a saber: que las furgonetas cargadas con los explosivos que estaban fabricando los yihadistas, no tenían como destino final Barcelona, sino la central nuclear de Vandellós, situada a pocos kilómetros de distancia de la urbanización en la que se produjo la explosión accidental y a la que se podía acceder por una carretera secundaria tranquila, sin apenas tráfico, sin controles y completamente lineal. Y no es lo mismo matar a 18 ciudadanos en las Ramblas que lanzar cuatro furgonetas con un explosivos obtenidos a partir de un centenar de bombonas de butano contra una central nuclear que abastece a toda Cataluña e incluso a una parte del Estado

El que el yihadismo en toda Europa actúe de manera anárquica y  desorganizada, sin un centro de decisión y con el Estado Islámico a la desbandada, no quiere decir que algunos de sus líderes no hayan realizado una planificación consciente y maquiavélica de dónde golpear. El “No tenemos miedo” de la manifestación que siguió, apenas conseguía enmascarar el pavor que tienen las autoridades catalanas (y no digamos la población) al yihadismo. Porque, gracias al pujolato, Cataluña se acostó sin inmigración y poco después amaneció con casi millón y medio de inmigrantes, en su mayoría islamistas. Durante estos últimos 15 años, la gencat ha comprado la paz étnico-social-religiosa subsidiando a todo este colectivos hasta más allá de lo razonable, pero ¿hasta cuándo se podrá mantener este régimen de “discriminación ultrapositiva sin generar reacciones en la sociedad catalana?

El nacionalismo, difícilmente puede integrar este problema. De la misma forma que carece de respuesta para la segunda cuestión: la economía. El resultado más visible del “procés” y de su debacle final, ha sido la marcha de 2.000 empresas domiciliadas en Cataluña a otras partes del Estado. Una verdadera  sangría que no está claro que haya concluido. Parece lógico que a la vista de lo que ha ocurrido en los últimos meses a Cataluña le sea muy difícil recuperar lo que se ha ido, captar inversionistas y competir con otras regiones del Estado, menos dadas a sobresaltos y “flamaradas”. A esto se une el proceso de desindustrialización propio del sesgo globalizador y que ha hecho perder el 30% de tejido industrial a Cataluña desde el inicio del milenio. Si existió nacionalismo catalán fue porque existía una alta burguesía pujante que quería imponer sus condiciones al Estado Español. Pero hoy Cataluña solamente atrae más turismo que otras zonas del Estado por su situación fronteriza, pero no por su vitalidad industrial, ni siquiera por su riqueza cultural. Y no nos engañemos: ha sido el nacionalismo el que ha generado esta perspectiva (no en vano, como hemos dicho, la alta burguesía catalana solamente mantiene inversiones multimillonarias en el sector de hostelería…

Falta saber ahora el impacto que tendrá el boicot a los productos catalanes en las semanas de Navidad. De momento, parece que las ventas al resto del Estado se han reducido un 30-35%. Es como para darse un canto en los dientes si tenemos en cuenta que, de haber progresado el proceso soberanista, hubieran podido colapsarse. Lo que no quita el hecho de que el futuro económico de Cataluña, después de quince años de borrachera soberanista y de abandono de las tareas de planificación económica para el futuro de la región en la que han incurrido los sucesivos gobiernos de la gencat, sitúe a toda la región en una zona expuesta, con un polvorín yihadista-islamista que supera el millón de jóvenes airados y beligerantes a favor de “lo suyo”.

 6. CATALUÑA ES ESPAÑA… EN LO MEJOR, EN LO PEOR Y EN LO INFAME

Estamos hablando de Cataluña y de su clase política. Pero no olvidemos que uno de los factores que hacen imposible el independentismo es que el “factor diferencial” entre Cataluña y el resto del Estado es mínimo y reducido, hoy por hoy, a la cuestión lingüística. Por lo demás, siempre hemos afirmado que Cataluña es, con Andalucía, las zonas “más españolas” del Estado y esto debido a que en ambas están presentes los mismos problemas: paro, clases políticas parasitarias y clientelares, niveles de corrupción endémica en las administraciones autonómicas, estancamiento político, bajo nivel de las clases políticas regionales, niveles de inmigración superiores a lo tolerable, niveles de consumo de drogas superiores a otras zonas del Estado, existencia de clases funcionariales hipertróficas, etc, etc, etc.

Nos equivocaríamos si atribuyéramos todo esto a “desajustes regionales”: lo son, pero también están presentes en mayor o menos medida en la misma administración central del Estado. Se puede acusar a algunos dirigentes independentistas de corruptos y a otros de ineptos, a casi todos de oportunistas y a todos de bajo perfil… pero esta misma acusación es trasladable y extrapolable a los de cualquier otra autonomía y a los del mismo Estado.

Por eso decimos que Cataluña es España… en lo mejor, en lo peor y en lo infame. Aquí no se salva ni dios y el hecho de que la salvaguardia de la unidad del Estado se haya encomendado a la constitución de 1978, no quita el hecho de que esa constitución era deficiente (quizás necesaria, pero, al mismo tiempo, deficiente) cuando se puso a votación y hoy no sirve para gran cosa (aparte de aportar tranquilidad en lo que a la unidad del Estado se refiere y a garantizar un régimen de libertades formales) y especialmente cuando esta misma crisis independentista, ha sido el resultado de la crisis política desencadenada a partir de la crisis económica de 2007. El verdadero drama hoy es que, la constitución está obsoleta pero no existe absolutamente ninguna posibilidad de variarla más allá de donde acuerden PP, PSOE y Cs. Y podéis estar seguros de que cualquier reforma será para garantizar que las cosas siguen igual.

7.  SIEMPRE HAY VENCEDORES Y DERROTADOS

No resisto a realizar un último comentario que me parece necesario pero que no merece ser tratado más que como apéndice de lo dicho hasta hora. Que el independentismo haya sido derrotado es una cosa. Siempre hay “niveles de derrota”. Quien desde luego no ha ganado ha sido el “patriotismo identitario”. Éste volverá a estar fuera de las elecciones del 21-D y, por tanto, seguirá sin encontrar su carta de naturaleza: en democracia, si no estás presente en las elecciones, simplemente, no existes.

Después de debacle de PxC hace unos años a raíz del conflicto que se dio en el interior del partido, lo cierto es que los intentos por resucitar la sigla han experimentado una crisis de liderazgo que sigue sin resolverse: no existe ningún líder lo suficientemente enérgico, provocador y carismático para levantar el partido, ni a lo que parece existen ideas suficientemente claras de cómo hacerlo. Así pues, PxC optará de nuevo por tratar de probar suerte presentado unas cuentas candidaturas en las próximas elecciones locales. Por otra parte, la federación Respeto tampoco parece haber estimulado una presencia en Cataluña y optará por hacer lo mismo que PxC en las elecciones locales: pero pasar de 8 concejales y ¿16? A ¿12? ¿a 20?, ni parece la estrategia más prometedora ni la más convincente.

Claro está que PxC puede considerarse del lado “unionista”, es decir, ha estado del lado de los vencedores en el triste desafío secesionista. El problema para esta formación es cómo recuperar el terreno perdido en el “cinturón industrial” de Barcelona, cómo hacer oír su voz a la vista de lo limitado de sus medios actuales. Quizás el descenso de la tensión unionismo-independentismo libere espacios que esta formación pueda utilizar como plataformas, pero esto solamente lo conseguirá mediante un análisis político y la redacción de un nuevo programa estratégico que presentar a la sociedad y con el que contra-atacar.

Si PxC no puede alardear de una “victoria”, sí en cambio puede hacer valer el estar “del lado de los que han vencido”. Peor le ha ido a otros sectores surgidos de este ambiente. Por increíble que pueda parecer, un sector salido del estallido de PxC –minúsculo, ciertamente- se sitúa hoy en el terreno “independentista identitario”. Si lo recordamos es porque es el “enlace” entre la “realidad catalana” y el único partido belga que ha apoyado activamente la presencia de Puigdemont en Bélgica, el Vlaams Belang. Este extremo resulta particularmente triste: la situación en Flandes y en Cataluña son completamente diferentes y no hay absolutamente ningún paralelismo. Simplemente, el corresponsal “español” del VB ha realizado una lectura sesgada de todo lo que ha ocurrido en Cataluña en los últimos quince años y ha concluido que el independentismo identitario flamenco realmente existen puede prestar un apoyo al independentismo identitario catalán absolutamente virtual.

Quien ha informado a los dirigentes del VB se le ha olvidado destacar el hecho más importante y que, sin duda, hubiera recomendado una actitud más prudente para los independentistas flamencos: Puigdemont, Mas, sus apoyos son todos, absolutamente todos, no solamente favorables a la inmigración islámica en Europa, sino los que la han traído a Cataluña y los que incluso hoy la siguen subsidiando. El VB, ignorante de esta realidad, ha caído en el más absoluto de los ridículos apoyando a un pobre paleto exiliado en Bélgica y perdido en su desvarío que sigue pensando que es el “president” de una ficticia “república catalana independiente”, como el chalado que se cree Napoleón en cualquier frenopático.

Es, en cualquier caso, irónico que el único partido europeo que apoya decididamente a Puigdemont sea… el Vlaams Belang y gracias a una información incorrecta facilitadas por su corresponsal español. Y puedo dar fe de que los flamencos son razonablemente dialogantes siempre que se les ponen sobre la mesa argumentos y razones sólidas. Copio y pego de la web del VB: “La señal más clara que puede enviar Bélgica para rechazar este loco proceso político es, además de garantizar un proceso legal correcto, el reconocimiento inmediato de la república catalana y su gobierno democráticamente elegido". O este otro texto igualmente imperdible: “El 90 por ciento de los catalanes votaron el 1 de octubre por la independencia. La elección de un pueblo para su propio destino no es un crimen" (Tom van Grieken, presidente del VB).  Explícales a estos que el mismo Puigdemont al que apoyan entusiásticamente es el mismo que elogia al “islam catalán”… basta leer los twits de los dirigentes del VB y los post que colocan en la web oficial del partido para darse cuenta de que quien debía informarles, no lo ha hecho en función de la realidad, sino de su construcción fantasiosa de que existe una “nacionalismo identitario catalán”, lo que a fin de cuentas abunda en la certidumbre de todo lo que se ha motivo en el terreno independentistas lo ha hecho víctima de ensoñaciones y fantasías delirantes…

 

CATALUÑA: ÚLTIMAS ¿NOVEDADES?

CATALUÑA: ÚLTIMAS ¿NOVEDADES?

La tensión generada por la cuestión catalana, poco a poco, va descendiendo de intensidad. La semana del 5 al 12 de noviembre supuso otro duro golpe para las cúpulas independentistas y un premio de consolación para el independentismo de a pie con la manifestación “de las antorchas” del sábado que sirvió solamente para demostrar que los medios de comunicación van perdiendo cada vez más el interés por este tipo de convocatorias que, dadas las circunstancias, no aportan nada nuevo. Lo cierto es que Puigdemont lleva ya quince días en Bélgica, que Junqueras y los consellers andan una semana en la cárcel, que “los dos jordis” van a cumplir el mes, que la huelga general se quedó en embotellamiento y que los partidos indepes, incluidos los más radicales, han decidido pasar por las “horcas caudinas” y apuntarse a las elecciones del 21-D, no fuera que. Vamos a intentar dar algunas claves de la situación.

1. 21-D: “HORCAS CAUDINAS” PARA EL INDEPENDENTISMO

Se dice (o se decía antes) que “pasar bajo las horcas caudinas” suponía una gran afrenta o humillación para quien tenía que hacerlo, o bien era sinónimo de hacer algo que no se deseaba. La frase procedía del paso de las legiones romanas por los Apeninos en el 321 a.JC por el llamado “paso de las Horcas Caudinas”, un difícil desfiladero. Los lugareños atacaron y las legiones debieron soportar condiciones humillantes (entre otras pasar bajo una lanza horizontal, lo que les obligaba a agacharse o bien salir del trance vestidos solo con túnica). La frase, como todo lo que se refiere a la historia, ha caído en desuso… pero es, justamente, lo que han tenido que hacer todos los partidos independentistas: PDcat, ERC y CUP.

Fijémonos lo que supone:

- el reconocimiento tácito de que la “república catalana” es una ficción y que carece de capacidad para convocar elecciones por iniciativa propia.

- el reconocimiento, por tanto, de que el “procés” ha fracasado y que el lustro perdido en alcanzar ese fin se ha saldado con un fracaso.

- el reconocimiento, igualmente tácito, de que la “Generalitat de Cataluña” es un organismo “colaborador del Estado Español” en la gobernabilidad de una región y no una estructura que pueda hablar de igual a igual con el Estado sino que está subordinado a éste.

- el intento de no quedar fuera del sistema de subvenciones que mantiene con vida al independentismo y que se produciría si estos partidos no acudieran a las elecciones.

Esto es particularmente dramático en el caso de la CUP que ayer se enfrentó a un dilema que hace prácticamente imposible su existencia en el futuro: porque, éste partido, el único animador de los “comités de defensa de la república” va a tener dificultades en explicar cómo sigue sosteniendo que el proceso independentista ha concluido con el DUI y que, a partir de ahora, se trata de “vivir independientes” (como “ha decidido el pueblo catalán” por votación de su parlamento electo… o al menos de los diputados que se quedaron en la sesión) y al mismo tiempo, reconoce la autoridad del Estado Español para convocar unas elecciones en virtud del artículo 155.

Puede decirse que la CUP y el propio Puigdemont han caído víctimas de su maximalismo. Éste les ha cortado la retirada y, sobre todo, ha hecho muy difícil toda marcha atrás tratando de diluir la frustración y la sensación de derrota que están experimentando.

2. JUNQUERAS, PRÓXIMO PRESIDENTE DE LA GENERALITAT

Cuando alguien pasa por las “horcas caudinas” es que ha sido derrotado. Lo que ocurre es que existen “dulces derrotas” y “amargas derrotas”. La que se le viene encima a Puigdemont y a exCiU, hoy PDcat, va a ser una muy amarga derrota. La victoria presumible de ERC que contará con votos llegados de exCiU e incluso de desengañados por el ultrarradicalismo extraterrestre de la CUP (único responsable de los “embotellamientos” que tuvieron lugar en la jornada de protesta por las detenciones de miembros del govern) llevará a Oriol Junqueras a la presidencia de la Generalitat. Será, sin duda, el partido mayoritario.

Ahora bien, eso no quiere decir que todo va a seguir igual. Por muy bajo que sea el sentido de la realidad de Junqueras y de la dirección de ERC, los días de prisión y el calvario judicial que tienen por delante, les debe de inducir –si queda en ellos alguna neurona que no se haya contagiado por cinco años de triunfalismo y de negarse a reconocer la realidad–, a reflexionar. La única consecuencia a la que pueden llegar era aquella a la que muchos habíamos llegado ya hace quince años: la independencia es imposible porque ni existe “mayoría social” a su favor, ni existe una situación internacional en Europa favorable para ella. Así que obstinarse en seguir esa línea es seguir por la vía muerta en la que se encarriló ERC desde finales de los 80. La única salida para ERC es configurarse como un partido de “izquierda nacionalista catalana” en lugar del partido “radicalmente independentista” que es ahora. Eso implicaría renunciar a su pasado. Pero la otra alternativa es la desaparición a largo plazo por incapacidad para alcanzar sus fines.

Estas elecciones conllevarán la desaparición completa del “nacionalismo moderado” que, en este momento está únicamente encarnado por Santi Vila (veremos lo que tarda en abandonar el PDcat). Así pues, sean cuales sean las simetrías electorales, ERC tratará de gobernar con lo que quede del partido de la Colau, algún diputado de PDcat y con el apoyo exterior de lo que quede de la CUP. La ruptura entre la Colau y el PSC indica a las claras cuál que el portento de oportunismo cambiochaquetista de la alcaldesa de Barcelona ha optado por apuntar a la Generalitat, sustituyendo al PSC en el gobierno de coalición que se anuncia para fin de año.

Cualquier otra vía está cerrada: si Junqueras, hombre que actúa más por los empellones que recibe por detrás que por iniciativa propia, persiste en la vía independentista, el artículo 155 seguirá siendo la “espada de Damocles” que impedirá un normal gobierno de la comunidad autónoma catalana. Su alternativa personal es: o seguir avanzando a empujones de los de atrás (y sufrir las consecuencias judiciales), ser un líder con iniciativa propia, o abandonar la política.

3. EL BOLSILLO Y LA EDUCACIÓN ES DONDE LES DUELE

Han pasado apenas dos semanas desde que se aprobó la aplicación del artículo 155. Sería inútil decir que Cataluña está como si no hubiera pasado nada: han pasado muchas cosas. La primera de todas es que los distintos sectores nacionalistas empiezan a ver que ya no disponen de la liquidez suficiente para seguir adelante con su faraónico ritmo de publicidad. La primera víctima es el diario Avui, deficitario desde el inicio de su andadura en los 70 (allí se quemaron buena parte de los fondos de Banca Catalana; en eso y en el apoyo al Omnium Cultural) y que al ver cortados los subsidios ha tenido que despedir a la mitad de su plantilla (49 trabajadores). Cabría preguntarse cómo un medio que en la actualidad es residual, puede contar con un centenar de trabajadores… La respuesta es clara: la teta de la gencat proveía, así que… El problema es que ahora ya no va a ser tan sencilla –mientras Montoro controle los gastos de la Generalitat- entregar subsidios como los que han beneficiado al Avui desde el inicio de su andadura.

La falta cada vez más acuciante falta de fondos se ha manifestado también en el “caso Artur Mas”, cada vez más airado por la falta de colaboración que registra en el pago a la multa de ¡5.000.000 de euros! a la que fue condenado por los hechos del 9-N. Artur Mas creía que podría pagar la multa mediante suscripción pública, a través de la póliza de responsabilidad civil suscrita por la Generalitat o mediante algún “fondo de reptiles” que le costa que existen en poder de Puigdemont… Pero nadie parece dispuesto a dar más allá de un billete de 20 euracos por el iniciador del “procés”. Los fondos que la gencat ha logrado eludir (se habla de 800 millones de euros lo que parece excesivo) no durarán eternamente, especialmente porque

- las campañas electorales son costosas,

- todavía quedan por pagar las fianzas de Junqueras y de los consellers.

- se prevén multas y obligación del retorno de los dineros “desviados” durante el “procés” para eludir la acusación de malversación de fondos.

- los bancos no están muy predispuestos a conceder pólizas de crédito a los partidos indepes por múltiples razones, es más: cuando se serenen los ánimos, lo más probable es que empiecen a apremiar a ERC y al PDcat para que pongan sus pólizas a cero.

No es raro que los más conscientes de ERC no se hagan muchas ilusiones sobre el futuro; les quedan los “premios de consolación”: alguna manifestación como la del sábado que deslumbre por la presencia de antorchas, el ser el partido mayoritario en las próximas elecciones y… poco más. Pero lo cierto es que, en Cataluña, los problemas económicos se viven con singular intensidad y son el único contacto que todavía mantienen los independentistas con la realidad.

En cuanto a la educación, el otro factor que el independentismo considera “intocable”, seguramente lo es. El Estado no parece muy interesado en este momento en atacar en esa dirección, pero tampoco parece que el poder judicial vaya a dejar pasar la utilización de menores como argumento de propaganda. Lo que va a ocurrir –posiblemente en los próximos días- es que se sustanciarán muchas de las denuncias formuladas por padres de familia por “adoctrinamiento” y se investigarán las iniciativas de maestros (buena parte de los miembros de la CUP son maestros de escuela) para utilizar a sus alumnos en acciones de propaganda independentista. Y, al igual que con los mozos de escuadra, alguien tendrá que “pagar el pato”.

4. LA CATALUÑA NO INDEPENDENTISTA

Uno de los efectos colaterales de la crisis independentista ha sido el reconocimiento de que en Cataluña un sector de la sociedad (véase nuestro artículo La Cataluña de los cuatro cuartos), no solamente no es independentista, ni siquiera nacionalista, sino que se siente mucho más apegado al Estado y a la Nación española. Era el pequeño detalle que se le había escapado a los independentistas y que la colocación de Gabriel Rufián en las listas de ERC no bastaba ni remotamente para contrapesar. ¿Cómo queda el “mundo unionista” en Cataluña?

Hay que reconocer que el éxito de la estrategia del Estado en la crisis independentista se ha debido a la flema de Rajoy, pero todo induce a pensar que no será el PP, sino Cs, quien se beneficie del fracaso del intento secesionista. Las encuestan dan a Cs un espectacular ascenso en Cataluña. Se verá recargado con votos procedentes del PSC y por decepcionados de la izquierda podemita y de la Colau (la izquierda catalana todavía no ha comprobado que el situarse en medio, entre indepes y unionistas, no da resultado especialmente en períodos de mucha tensión y de decantación de las posiciones). En cuanto al PP posiblemente se lleve algunos votos del viejo nacionalismo moderado, pero, en cualquier caso, su ascenso será menor que el de Cs.

El PSC es un caso aparte: en esta ocasión comprobaremos lo que queda del partido y si logra recuperar algunos votos fugados a la galaxia podemita. Si lo hace será a condición de realizar una campaña fuerte, agresiva y con propuestas netas… La del “federalismo” en la que se enroca regularmente y que parece que será el leit-motiv en esta ocasión, le augura malas perspectivas. No puede proponerse algo en lo que casi todos convienen que genera más problemas que soluciones.

La campaña del mosaico independentista será victimista y lacrimógena, propia de derrotados que solamente aspiran a que sus líderes no salgan muy malparados de la aventura judicial que tenían al final de la vía muerta independentista. La campaña “unionista” exigirá reconocer las realidades y “gobernar Cataluña”. Hay que permanecer muy cauto ante lo que dicen las encuestas: el “voto oculto” sigue presente especialmente en el sector unionista, pero todo parece indicar que los independentistas tocaron techo en las anteriores elecciones y que presentarse divididos les va a perjudicar. No olvidemos, además, que los márgenes del independentismo están ahora convertidos en un sumidero de decepcionados y confusos, muchos de los cuales se sienten engañados, sino traicionados, por quienes les convencieron de que la independencia era posible y, a la hora de la verdad, han huido a Bélgica y cada día tratan de desandar lo andado.

*      *      *

Esto es lo que se refleja desde el más absoluto desapasionamiento, mirando las calles, hablando con las gentes y valorando cada noticia según el medio que la emite.

 

 

 

Viaje a ninguna parte

Viaje a ninguna parte

VIAJE A NINGUNA PARTE: FIN DE TRAYECTO. Cuando Pamela Anderson es la última carta.- 

 Nuevos datos confirman a medida que van pasando los días que el proceso independentista se está deshinchando a marchas forzadas y para mayor desesperación de sus promotores (tanto de los que están en la cárcel, como de los que se preparan para entrar, como por parte de los que se encuentran en el “exilio” y, en especial, de sus últimos mohicanos, encuadrados en fantasmales “comités de defensa de la república”… Ahora queda prever cómo irán desarrollándose los acontecimientos y qué ocurrirá en las elecciones pre-navideñas. En cualquier caso, todo induce a pensar que –en esta ocasión– España “no se rompe”- lo que dista mucho de haber solucionado el problema. Lo que se ha resuelto es la crisis. Los indicativos de que así se están desarrollando las cosas son varios. Los enumeramos rápidamente.

1) ¿POR QUÉ LLAMAR “HUELGA GENERAL” A LO QUE SÓLO FUE UN  EMBOTELLAMIENTO?

El primer indicativo de que el independentismo ha perdido la perspectiva de sus propias fuerzas es el fracaso, no por anunciado menos estrepitoso, de la “huelga general” del miércoles 8 de noviembre que pasará a la historia como el primer gran batacazo de movilización sufrido por el independentismo. Ya era suficientemente insensato, pretender movilizar a la clase obrera y detener la vida económica de Cataluña con un paro convocado por un sindicato residual, sin apenas representantes sindicales y dirigidos por un triste individuo cuyo nombre estará vinculado a los que, quizás sean los tres asesinatos más repugnantes de la transición (mediante colocación de una bomba al pecho). En realidad, el sindicalismo “oficial” se abstuvo de pronunciarse ante la convocatoria de huelga o bien manifestó su intención de no seguirla. En la práctica, se produjeron alteraciones de la vida ciudadana en Barcelona y en los accesos a Barcelona. Nada más. Y todo se debió, más que a “piquetes”, a los “comités de defensa de la república”, estructurados por la CUP y, sobre todo, al absentismo de los “mozos de escuadra” que hubiera podido normalizar el tráfico pero que optaron por limitarse a ser convidados de piedra. El resultado final de la huelga ha sido más que discreto. Quien esto escribe, tiene noticias desde la lejanía sobre cómo se han desarrollado las cosas en su pueblo de mayoría independentista: nada, ni siquiera el pequeño comercio ha cerrado. La huelga lo que ha mostrado es la capacidad de movilización de la CUP y de sus allegados: mínima. Mensaje que genera este hecho: una cosa es protestar un par de horas por las detenciones de ex miembros de la gencat y “los dos jordis” y otra muy distinta perder una jornada laboral. ¿Lo peor? Que le independentismo radical ha mostrado sus cartas: escasas y que apenas son un castillo de naipes desmontable con facilidad, que el cabreo de los catalanes que deseaban acudir al trabajo y que se han visto, sin comerlo ni beberlo, detenidos durante horas no va a redundar en beneficio de la causa indepe. Finalmente, que La Vanguardia ha optado por ni siquiera mencionar en portada el estruendoso fracaso de la jornada de ayer.

2) LA IMPOSIBILIDAD DE REALIZAR UNA LISTA UNITARIA INDEPE

En las anteriores elecciones autonómicas, ERC cometió un error garrafal: las encuestan indicaban que se produciría el “surpaso” y que sus resultados serían superiores a los de CiU. Sin embargo, el pensar que la independencia era posible implicaba realizar una lista conjunta con otras fuerzas que garantizara una cómoda mayoría parlamentaria capaz de asumir el proceso de desconexión con España. El resultado de la lista unitaria (JuntsxSi) no fue malo… pero no bastó para generar la sensación de que una mayoría social apoyaba al independentismo. En esta ocasión, dos años después, ERC se enfrenta al mismo problema, pero con tres factores nuevos: 1) CDC ha desaparecido y el PDcat es una sombra de lo que fue CiU durante casi 40 años, 2) ERC puede ser el eje del nacionalismo catalán en los próximos años: el “pal de paller” nunca más lo será el viejo “nacionalismo moderado” y 3) El independentismo ha demostrado que se enfrentaba a obstáculos insuperables. Así pues ¿para qué crear una nueva “lista unitaria” que, en primer lugar salvaría de la miseria a Puigdemont y lo salvaría de entrar este mes en el basurero de la historia? ¿para qué compartir con otros y diluirse en medio de otros cuando todo demuestra que la independencia en las actuales condiciones es imposible? ¿Para que soportar a incómodos aliados que, además, van a dar mucho que hablar en los procesos por corrupción que se avecinan? Y en cuanto a “los dos jordis”, en ERC son perfectamente conscientes que sin las subvenciones de la gencat sus organizaciones no son absolutamente nada. Así pues, el indicativo de que los indepes han aceptado su derrota es la inexistencia de una lista unitaria para las próximas elecciones autonómicas.

3) PUIGDEMONT: DE PRESIDENT A CARICATURA

“Los dos jordis” siguen en prisión desde hace unas semanas. Ya ni siquiera se escuchan caceroladas en su favor. No es que Manolo Escobar se haya impuesto en todos los barrios, lo que se ha notado es que cada vez más indepes dan la situación por concluida y no están dispuestos, ahora que el frío comienza, a abrir sus ventanas y dejar que ellos –o sus hijos- estén cinco minutos aporreando la cacerola de turno que ya empieza a estar abollada e irrecuperable. Los ex miembros del gobierno de la gencat están en la cárcel, procesados o en el autoexilio o esperando entrar en la cárcel por turno. Cataluña no ha estallado. No hay rastros de revuelta cívica, ni de paralización de la vida. Ni mucho menos signos insurreccionales. Los mozos y las mozas siguen haciendo lo que hasta ahora: en sus comisarías, recibiendo denuncias, “apatrullando” y poniendo multas. La presencia de Puigdemont en Bélgica está constituyendo una pesadilla para el gobierno belga. Cada día que pasa, con más nitidez, se percibe el carácter de “paleto pueblerino” del ex president que, si no se daba cuenta de la realidad de Cataluña cuando viajaba desde Plaza Sant Jaume a Girona, difícilmente va advertirla ahora a 1200 km de la pastelería familiar. Aludir a que su detención generaría una “guerra civil” es síntoma del nivel de irrealidad que tiene instalado bajo su flequillo. La agonía de Puigdemont en Bélgica va a ser digna de un culebrón. Y queda todavía el pequeño dato –que sin duda será sorprendente– de quién diablos está pagando los 6.000 euros semanales que les cuesta a las criaturas mantenerse en Bélgica. Puigdemont no se ha dado cuenta de que ya no está aforado, que está imputado, que no hay argumentos de peso para que se niegue a venir a España a declarar y que las leyes europeas, da la sensación, de que por mucho que se retuerzan, no le amparan. Los apoyos recibidos han sido mínimos: después de Yoko Ono, la contribución de Pamela Anderson no parece haber sido decisiva y la presencia de Varoufakis en Barcelona no ha ahorrado críticas a Puigdemont y señalar que el proceso independentista tuvo su desencadenante con la crisis económica de 2007

4) CON EL VLAAMS BELANG AL QUITE

No se puede quejar del todo Puigdemont, finalmente ha obtenido el apoyo incondicional del Vlaams Belang, la formación tachada hasta hace poco por los medios de comunicación catalanes de “xenófoba y racista” que, sin duda mal informada, o simplemente alucinada, ha caído en la cuenta de que valía apoyar a este pobre individuo, heredero de un partido que había introducido 1.250.000 inmigrantes en Cataluña y que ha sido el principal elementos de islamización de Cataluña en los últimos años. Hay que decir que el VB, además de su naturaleza de “extrema-derecha” es la única fuerza que todavía hoy sigue siendo netamente independentista en Flandes, el resto de “nacionalistas” han moderado extraordinariamente sus posiciones y sus programas (como el de la Liga Norte italiana), realismo obliga, no van más allá del autonomismo. Tengo que decir que no me cabe la menor duda de que el VB está mal informado al respecto por su corresponsal español que, siempre –y es curioso- siempre, inevitablemente, se equivoca en sus tomas de posición. Pero un partido como éste debería de haberse informado mejor y, sobre todo, informado directamente sobra la situación creada por CDC, el PDcat y Puigdemont y haber advertido que la situación de Bélgica no es la misma que la que existe en España, que las diferencias entre flamencos y valones son abismales y que la historia del país es reciente, mientras que Hispania ya tenía este nombre desde las guerras púnicas y catalán y castellano son dos lenguas  hispano-romances. Pero hay gente que se dejó seducir por el mapa de las regiones de Europa publicado por las SS al final de la guerra mundial y por la frase de que “el siglo XXI será el siglo de las identidades”, cuando, de momento, lo que está resultados es el siglo de la globalización. En cualquier caso, resulta significativo que el único apoyo nítido, claro e incondicional recibido por Puigdemont sea el de este grupo que se parece tanto al PDcat como un huevo a una castaña.

5) LA TRISTE SENSACIÓN DE QUE TODOS SOMOS IGUALES ANTE LA LEY

La primera impresión, cuando entraron “los dos jordis” en prisión era que se había elegido por individuos de poco calado, “panchas contentas”, amamantados por la gencat generosamente, como muestra de cómo podían acabar las cosas. Las fotos de ambos sobre un coche destrozado de la Guardia Civil los había situado ante el colimador de la justicia. Eran elegidos para un castigo ejemplar y punto pelota. Hubo protestas, pero Cataluña no estalló. Llovieron acusaciones de debilidad contra Rajoy. Pasaron los días y, de repente, nos dimos cuenta de que lo que el gallego nos había contado era cierto: la cosa estaba en manos de la justicia. Y la justicia nunca va a velocidad de vértigo. Esto, quizás sea lo más terrible de la situación de todos los ex consellers, del propio ex presidente y del último mozo y moza que se han destacado en el proceso como fautores del delito de “rebelión”: que ahora empiezan a tener la conciencia clara de que las advertencias que durante cinco años les lanzó Rajoy (“lo que hacen es ilegal, así que aténganse a las consecuencias…”) era verdad. Porque una cosa es repetir que “todos somos iguales” y que “la justicia es igual para todos” y otra, el creerse que uno está por encima de la justicia, simplemente porque durante años ha hecho lo que le ha dado la gana, sin que nadie se lo impidiera. El drama de la Forcadell o del propio Puigdemont empieza a cobrar forma de día en día: porque si el proceso independentista es imposible y ellos han llegado hasta donde han llegado, si la constitución no permite amnistías y, finalmente, si es cierto que la justicia es igual para todos… ellos tienen por delante un calvario de prisión, sanciones económicas e inhabilitaciones a perpetuidad, unido al drama de no poder hacer realidad su delirio indepe. Es un drama personal, pero no mayor que el del robagallinas al que un picoleto no particularmente malvado le ha advertido que no vuelva a intentar robar en un corral y él no se creía que un mal día terminaría por darle mazmorra fría. Lo va a tener muy difícil el abogado de los ex consellers para demostrar que España no es un país democrática y que aquí existen limitaciones a las libertades políticas…  

6) ¿QUÉ PUEDE OCURRIR DESPUÉSTA DE LAS ELECCIONES?

Si hacemos abstracción de la encuesta realizada por el “CIS catalán” que puede calificarse de ciencia ficción, lo cierto es que parece claro que ERC subirá, que el PDcat bajará mucho, CUP otro tanto, la coalición Colgau-Podemos cederá votos al PSC y a Cs que experimentará un fuerte tirón y que el PP se quedará poco más o menos donde está. Veremos si el realismo se impone luego en ERC y empiezan a pensar en poner en barbecho (por fases) el independentismo y empiezan a circular por la senda del realismo (que, por cierto, nunca ha estado en sus genes). Lo que parece bastante claro (especialmente si tenemos en cuenta que el “españolismo” tiene una parte importante de “voto oculto” que no aparece nunca en las encuestas, es que en las elecciones anteriores, los indepes llegaron a su techo histórico y que ahora solamente les queda descender. Porque si insisten en el mito indepe pueden encontrarse ante la incapacidad de formar gobierno y ante la posibilidad de nuevas elecciones en seis meses y así sucesivamenteLo peor para el área independentista sería perder el control de la gencat durante sólo unos meses: ver como sus medios de comunicación subvencionados caen uno tras otro, ver como TV3% y Cataluña Radio reorientan sus informativos, ver como la sociedad civil amamantada por las ubres de la gancat se disuelve como un azucarillo por falta de “carburante”. No es que esto sea lo que vaya a pasar el 22 de diciembre… pero sí que es lo que el nacionalismo tiene en perspectiva: la creación de nuevas naciones pertenece al pasado, el que no lo entienda se arriesga a desaparecer, poco a poco, eso sí, pero lenta e irremisiblemente.

 

 

 

1926-1934-2017

1926-1934-2017

TRES PATINAZOS PARA UN MISMO NACIONALISMO. -La última astracanada del pobre Puigdemont es creerse un Macià redivivo y emprender como él, un camino del exilio antes de su triunfo definitivo. Veremos si el gobierno belga acepta el marronazo (que será condenado por toda la UE y corre el riesgo de acabar con el frágil equilibrio interior belga) de admitir en su territorio a un “gobierno catalán en el exilio”, que no es gobierno, que nadie ha exiliado y que más que catalán está compuesto por paletos provincianos (no lo digo yo, sino el Diari de Girona que conoce muy bien a Puigdemont y cuyo artículo Catalunya no és Girona recomendamos leer). La aventura independentista, por tercera vez en noventa años, ha terminado en astracanada. El nacionalismo ha alcanzado un promedio de treinta años entre “flamarada” y “flamarada”. Y no cambia. Pero así como la primera broma en 1926, los “fets de Prats de Molló” pudo terminar mal y, de hecho, hubiera terminado si parte de los aventureros no hubieran sido chivatos de distintos servicios policiales de Francia, Italia y España; así como la segunda broma rondó la tragedia con algunos disparos y 48 muertos; la tercera –la protagonizada por el tándem Puigdemont-Junqueras- ha sido, desde el principio, una simple ensoñación, tan romántica y apasionada como ingenuo-felizota.

Los protagonistas de las dos primeras “flamaradas” fueron Maciá y Companys, ambos mitificados hasta el absurdo y pasados a la condición de intocables por el nacionalismo. Por la misma regla de tres, el nacionalismo catalán, en el 2050 habrá elevado a los altares a Puigdemont y Jonqueras. No en vano tienen los mismos méritos que sus dos precedentes históricos.

CON PRATS DE MOLLÓ EN EL CORAZÓN

Maciá… el “coronel Maciá” (la juventud barcelonesa decía en 1933: “ets mes ranci que la momia d’en Maciá” y tenían razón porque intentaron momificarlo tras su muerte), su trayectoria es la de un metepatas al que otros allanaron el camino que le llevó a la presidencia de la Generalitat a poco de instaurarse la República. Autoexiliado durante la dictadura, en 1926 se le ocurrió tramar un “complot” independentista. Primero buscó apoyos interiores: la CNT agrupaba al proletariado catalán. Trenzó con ellos un acuerdo. Luego, Pepe Bullejos, secretario del PCE, le invitó a conocer Moscú. Allí los esperaba Andreu Nin, catalán y entonces de estricta observancia leninista, dirigente del Komintern. Le presentaron a Zinoviev y este les prometió lo que hiciera falta: armas, municiones, dinero…

Al volver a París, Maciá se encontró con dos problemas: el primero era que la CNT al conocer su pacto con los stalinistas, rompió relaciones con el nacionalismo catalán; el segundo no era menos grave: justo al tomar el tren de regreso, Stalin había destituido a Zinoviev, iniciándose la primera de sus afamadas purgas… Así que de lo hablado, nada. Alguien normal y corriente se hubiera dedicado a su familia y a visitar París. Pero eso suponía no conocer lo que Maciá llevaba dentro: así que tramó la invasión armada de Cataluña, cruzando la frontera con 100 partidarios y otros 120-130 italianos de la Legión Garibaldina, dirigidos por Riccioti Garibaldi. Sí, este Garibaldi era sobrino nieto del “libertador de Italia” y se encontraba igualmente exiliado en París. La Legión Garibaldina era un amasijo de libertarios, ácratas, republicanos, aventureros y algún que otro delincuente que era todo lo anterior, todos malviviendo a la desbandada en París.

Lo que ignoraba Maciá es que la mayoría –empezando por Riccioti Garibaldi- vendían informaciones a la OVRA (la policía italiana), a la Sûreté Française, a la embajada española e incluso la Internacional Comunista tenía a sus agentes infiltrados. Maciá emitió unos bonos firmado por “El gobierno provisional de Cataluña” (¡la manía de un alucinado nacionalista de hablar en nombre de toda Cataluna, como se ve, no es nueva) para financiar la operación. De los 5.000.000 millones emitidos, se vendieron unos pocos miles entre los catalanes radicados en Cuba… Ni uno se vendió en el interior de Cataluña.

Maciá no debía ignorar que, de haber superado la frontera, las “dos columnas” que debían realizar una maniobra de “tenaza” sobre Olot, se hubieran enfrentado a un regimiento de infantería de guarnición allí, un cuartel de carabineros, unidades de la Guardia Civil y el somatén que hubieran movilizado a bastante más de lo que agrupaban a las fuerzas invasoras. Suerte tuvo Maciá de que, cuando se dirigían desde distintos puntos de Francia a Prats de Mollo, todos los miembros de la aventurilla fueron detenidos. “Ens han trahit!”, grito Maciá al conocer las primeras detenciones… pero no dio la orden de detener la operación que acabó con Maciá y sus compañeros ante los tribunales franceses.

De no ser masón el ministro del interior francés de la época, de no quedar el tribunal sorprendido por lo que calificó como “aventura senil” y de no mediar una brillante defensa, Maciá hubiera muerto en prisión. Sobre, el llamado “complot del Garraf” (en el que unos extremistas pretendían poner una bomba en uno de los túneles ferroviarios para que estallara al paso del convoy que llevaba a Alfonso XIII a Barcelona) hay menos que decir: en esta operación hubo casi tantos infiltrados de la policía como en “els fets de Prats de Molló”.

CON EL 6 DE FEBRERO DE 1934 EN EL CORAZÓN

Llegamos al 6 de octubre de 1934, cuando, muerto ya “el coronel Maciá” y reemplazado por “el Pajarito”, Lluís Companys, a éste se le ocurre otra genialidad. Proclamar el “Estado Catalán dentro de la República Federal Española”… Ejem. Companys, a decir verdad no era separatista, o al menos no era tan separatista como Maciá. Lo suyo era el “federalismo”. Sobre lo que ocurrió ese día todavía se sabe lo justo. Se ignora, por ejemplo, porqué los mozos de escuadra permanecieron acuartelados siendo como era el conseller de interior, Josep Dencás, el hombre más dispuesto para la acción de entre los independentistas. De hecho, se ignora incluso porqué Companys eligió a Dencás para el cargo. Dencás, a todo esto, era un habitual de la embajada italiana y aspiraba a que la nueva república fuera reconocida por la Italia Fascista.

Bastó un cañón colocado ante la puerta de la Generalitat para que aquel “Estado Catalán” dentro de una inexistente “República Federal Española”, durara diez horas. Todos acabaron en la trena. Todos procesados. La Generalitat intervenida, un gobernador general –masón por más señas- enviado a Cataluña y hasta la victoria del Frente Popular, los condenados siguieron en la cárcel. Algunos independentistas resistieron algo más de lo normal en la sede del CADCI, el sindicato de dependientes. Y ahí terminó todo. Sin épica, sin heroísmo, sin dignidad. Porque se perdió hasta la dignidad. A partir de ese momento, el nacionalismo ya no levantaría cabeza en los cuarenta y tantos años siguientes, a pesar de que siguiera llevando las riendas de la Generalitat. En la guerra civil se eclipsó. Companys fue incapaz de mantener el orden, rebasado por unos y por otros, no hubo columnas de ERC, ni de Estat Catalán en las vanguardias que lucharon en Aragón contra las tropas franquistas, ni mozos de escuadra dispuestos a separar a anarquistas, trostkystas y stalinistas en la guerra civil dentro de la guerra civil que tuvo lugar en marzo de 1937. No hubo milicias nacionalistas que salvaran la dignidad perdida el 6 de octubre de 1934.

El 6 de octubre de 1934 hubiera sido una segunda broma, de no ser porque murieron 38 civiles y 8 militares. Mientras la resistencia socialista en Asturias fue numantina, el nacionalismo demostró una vez más que tenía la mandíbula blanda. Pero quien creía que diez horas para un “Estado Catalana dentro de la República Federal Español” son pocas horas, y que en ambas ocasiones el ridículo y el bochorno más absoluto acompañaron a la aventura, es que todavía no había visto a Puigdemont y a Junqueras en su particular “cuento de la lechera”.

EL CUENTO DE LA LECHERA EN VERSION INDEPE

“Tenemos una región que no es región, sino que es nacionalidad”, dado que “tenemos una nacionalidad histórica, debe tener un organismo de autogobierno”, “como somos especiales, este organismo de autogobierno debe ser más que el de cualquier otra autonomía del Estado”,para ser más ahora ya no somos nacionalidad, sino nación”, “como toda nación tiene un Estado, la generalitat es el embrión del Estado Catalán”, “y como algo tan excelso como esto es bueno para nosotros, es bueno para Cataluña”, así que “a despecho de leyes, constituciones y sentidos comunes, nos declaramos independientes”… y ya está. El cántaro, finalmente, se rompió. La “flamarada” hizo “llenya”.

Porque este tercer intento ha sido, si cabe –y no cabe mucho- más ridículo que los otros dos anteriores: protagonizado por un individuo sin lustre, ni historial, un perfecto don nadie de provincias, con un título de bachillerato por toda preparación profesional (miren en wikipedia y advertirán pronto que cuando se dice que “tiene estudios de filolofía catalana y de ciencias de la información” quiere decir que se matriculó pero que no terminó ni una ni otra carrera”), con una carrera asentada de aprendiz de pastelero en el negocio familiar, cargos de tercer y cuarto orden en medios amamantados por la gencat, luego alcalde de Girona casi por chiripa y, finalmente, al frente de la gencat, sin tener ni repajolera idea de dirigir un negociado… Ese es Puigdmont.

¿Y ESTOS HAN LIDERADO EL “PRUCÉS”?

No voy a salir en defensa de Rajoy y de Soraya, pero, ciertamente, impresionan más sus títulos universitarios, sus oposiciones triunfantes y su experiencia profesional. En fin, Puigdemont siempre podrá vender “Borrachos de Amer” y “Delicias de Amer” (especialidades de la pastelería familia) en Molenbeck, rivalizando con esos simpáticos pasteleros magrebíes que pueblan aquel suburbio bruselés. Porque otra cosa, la criatura, no sabe hacer. Y doña Marcela Topor, la ciudadana rumana que oficia de amantísima esposa, de pasado incierto (y digo bien porque cuando su marido se hizo cargo de la gencat, se contrató a una empresa para que borrara todo su historial previo en internet, con lo que su inofensiva condición de “actriz” que alega en su biografía no viene avalada por ni una sola prueba tangible y fehaciente), siempre podrá vender platos rumanos con el “gallo de Horezu” el símbolo de la buena suerte en su región, amuleto que le regaló a su marido al ser elegido “president”… y él, paleto de provincias, se lo creyó.

Para dirigir una aventura independentista hace falta más cuajo, más preparación, más liderazgo, más cabeza y más testículos. Puigdemont carece de todo esto. En cuanto a Junqueras, con aspecto de glotón, permanentemente desaliñado, sudoroso, emotivo, propenso al llanto, pero también al engaño, a falsear estadísticas, a creérselas, a embarcar a otros en sus dobles saltos mortales sin red, a tener valor para mentir pero no para reconocer fracasos, hábil en debatir con los amigos, pero permanentemente vapuleado cuando en el debate se introducen elementos ajenos al nacionalismo… es, como mínimo, un personaje mediocre, con el carisma de un tapón de corcho y el lustre de una piedra sin desbastar. Producto de su generación, dignos herederos de Carod Rovira… Mediocres, sin proyecto, sin estrategia, emotividad pura, sentimentalismo a flor de piel. Si menciono aquí a Carod es porque fue el primero en reconocer que a él lo que le importaba era la independencia… después de la independencia podía caer el diluvio universal, eso ya no iba con él.

AQUÍ TERMINA TODO…

Que el “conflicto indepe” ha llegado a su fase final es algo que parece claro. Uno tras otros, consellers, presidenta del parlament, organismos, partidos, se van plegando a la disolución del gobierno de la gencat y a la convocatoria de nuevas elecciones. La increíble “huelga general” que un sindicatillo minúsculo, casi inexistentes, la Confederación Sindical Catalana,  subsidiado por la gencat durante 40 años, había convocado ¡de 9 días de duración!, ha sido desconvocado. ¿La última carta? Instalar un gobierno de la “República Catalana” en el exilio, en Molebeck sin duda, para no decepcionar al “dernier carré” de bonzos indepes.

La partida está decidida. El nacionalismo, por tercera vez en 90 años, se ha inmolado en el altar de la estupidez. Y nos tememos que todavía quedan por ver las escenas finales, los estrambotes de última hora y las lágrimas que quedan por manar del siempre emotivo independentismo ultrancista. ¡Menudo marronazo el que la ha caído al gobierno belga! Pero tres ridículos a cual mayor, son demasiados papelones para menos de un siglo. Yo les recomendaría que, más que a elaborar programas políticos y proclamas ingenuo-felizotas, se dedicaran a guionizar chous del club de la comedia.

¿Qué ocurrirá en las elecciones? El CIS catalán dice que se volverá a repetir el resultado de hace dos años. Luego añadió que el independentismo había subido nueve puntos… Es el CIS catalán. Otras encuestas dan resultados diferentes: catástrofe para el PDcat, subida de ERC, bajada de CUP, del PSC, de la Podemos-galaxy, subida fuerte de Cs y moderada del PP… Lo que está claro es que, aun en la hipótesis –que, desde luego dista mucho de estar confirmada- de que los “nacionalistas” lograran formar una mayoría de gobierno (lo que se haría con votos de la Podemos-galaxy) no estarían en condiciones de seguir manteniendo el mismo tema de la independencia, confirmada su imposibilidad desde todos los puntos de vista. Los efectos de las “flamaradas” indepes durante unos meses, pero Cataluña es una sociedad, a fin de cuentas, realista que, antes o después, advierte los patinazos (prueba de ello son los editoriales de la prensa catalana, incluida la indepe, en la última semana: ni uno solo apuesta por seguir la vía ya fracasada de Puigdemont-Junqueras (que, por cierto, no se hablan desde el viernes 27 de octubre).

PD1.- [no] Podemos

La gracia es que el desastre independentista, de manera absolutamente increíble, ha afectado también a Podemos. Iglesias, que se había comprometido demasiado con el independentismo, ha aprovechado parar bailar la yenka (delante, detrás, un, dos, tres) y desembarazarse de la “Corriente Anticapitalista” que –pásmense- “ha reconocido” a la “República Catalana”. Veremos ahora Podemos-Cat y Cat-en-Comú, como se las apañan y que proponen: “ni 155, ni independentismo”… que es como recordar que gracias a la ambigüedad del PSC en la materia y a propuestas similares, como pasó de ser el primer partido catalán a ser una fuerza residual. ¡Que cruz deben soportar los electores de izquierdas!

PD2.- Los ultras en el imaginario indepe

Un último apunte: la extrema-derecha ha estado prácticamente ausente de la crisis… salvo para los independentistas que la han visto detrás de cada guardia civil, debajo de cada bandera española, detrás de cada casette de Manolo Escobar. Una pegatinas puestas sobre la furgona de TV3% ha sido considerada como una “agresión violenta de ultraderecha” y, por tanto, los 300.000 (¿o era 1.000.000? ¿si unos engordan cifras porqué no las van a engordar otros?) que andaban por ahí, son ultras sedientos de sangre… todo esto forma parte de la ensoñación independentista y de su imaginario colectivo. ¡Nois, ja va sent hora de despertar!

A un mes del 1-O

A un mes del 1-O

LA CRISIS INDEPENDENTISTA A UN MES DEL 1-O.- Llueve en Budapest, así que eso me permite dedicarle unos minutos a darle un vistazo a la prensa internacional para hacerme una idea de lo que está ocurriendo en Cataluña. Existe inquietud en Europa. Die Welt se pregunta si es el inicio de una guerra civil en España. Los diarios ingleses no destacan excesivamente lo que ocurre en Cataluña y solamente la prensa francesa se interesa algo más de lo normal. En Italia, Il Corriere destaca que Puigdemont ha llamado a la “resistencia pacífica” y otro tanto hace Liberation. En cuanto a Le Monde, muestra en portada a jóvenes con banderas españolas. El Diario de Noticias de Lisboa apenas destaca la información sobre el gobierno español y Publico (porque el diario que fracaso en España sigue renqueando en Portugal) lo coloca en primer plano: en interior, una foto del matrimonio Puigdemont-Topor acompaña al titular: “Normalidad en Cataluña” Eso es todo. En Europa, el tema indepe preocupa muy relativamente. Otra muestra de fracaso de “mister Proper”, de su Diplocat y de que la clausura de la las “embajadas catalanas” en el exterior era casi obligado: simplemente no han aportado nada a la causa indepe…

LA INDEPENDENCIA DE LOS PALETOS

A casi 3.000 km de distancia de la patria, todo lo que leo me confirma en que la crisis catalana ha sido una tormenta en una palangana. No podía ser de otra forma. Ni había condiciones sociales para la independencia, ni la política internacional ayudaba, ni mucho menos la economía. Todo era, a fin de cuentas, el sueño de una banda de paletos que, después de 40 años de provincianización de Cataluña, creyeron que eran un Estado en ciernes. Y así se entiende la tocata y fuga.

El paleto se caracteriza porque considera que su tierra es el centro del mundo y que todo gira en torno a ella. Como nadie les recordó que la Generalitat de Catalunya era un organismo colaborador en la gobernabilidad del Estado, ellos –pobres paletos- creyeron que era el embrión de un Estado. Y dieron el salto, sin red. Ahora, los más inteligentes –que alguno queda- estudian cómo no salir descalabrados de la aventura. Las encuestas publicadas hoy no les auguran lo que se dice un éxito en las próximas elecciones. Y lo que es peor: las elecciones borran cualquier efecto que pudiera tener el 1-O.

RAJOY: ENEMIGO QUE HUYE, PUENTE DE PLATA

La aplicación soft del famoso 155 se basa en el axioma militar: “al enemigo que huye, puente de plata”. Rajoy lo que no quiere es una victoria que cree resentimientos, con un reguero de mártires y argumentos para una mayor victimización de la parte derrotada (porque aquí hay vencedores y vencidos y cuando uno se ha propuesto una “República Catalana Independiente” y la bandera española sigue ondeando en la cúpula del Palau de la Generalitat, es que ha sido derrotado en toda línea).

Lo que Rajoy no busca es “derribar el Barrio de la Rivera” –lo que hizo Felipe V tras la caída de Barcelona en 1714- sino simplemente restablecer la normalidad. De ahí su política de “apaissement” (apaciguamiento). En 1934, ver a todos los irresponsables que habían participado en la “independencia de las 10 horas”, con Companys al frente, entre rejas, fue uno de los elementos que generaron la victoria del Frente Popular en febrero de 1936. Los “mártires”, de momento, son dos cretinos integrales, mezcla de chalados y de aprovechados, que resultan insoportables hasta para sus compañeros de celda, “los dos jordis”.

¿NEGOCIACION RAJOY-GENCAT?

Luis del Pino dice que ha habido negociación bajo cuerda entre el gobierno del Estado y la gencat. No lo creo: quizás algún contacto, negociación no. La estrategia de Rajoy ha consistido en dejar pasar el tiempo, atrincherarse en una visión legalista de la crisis, impedir que el problema se “internacionalizada”, garantizando el apoyo de la UE y el aislamiento en Europa de la gencat, golpear psicológicamente al sector más moderado con las ya casi 2.000 empresas que han abandonado Cataluña, detener a segundones para que los “primeros espadas” vieran cuál era su futuro, no dejar impresionarse por manifestaciones en la calle ni por declaraciones dramáticas… cuando el otro sector de la sociedad se manifestaba en contra del independentismo ¡en Cataluña! y evidenciaba que no había fuerza social suficiente para alcanzar la independencia.

La política de Rajoy no era, desde luego, la que querían ver “unionistas”, “españolistas” yo “extrema-derecha”, pero, de momento, ha ido desmantelando sistemáticamente las posiciones indepes hasta el punto de que puede decirse que el doble salto mortal sin red realizado por Puigdemont-Junqueras, en realidad, ha tenido en Rajoy al más preocupado de que no se rompieran la crisma y de recogerlos antes de que se estrellaran en el frío suelo. Rajoy ha evitado desarzonar el intento colocando un cañón delante del Palau de la Generalitt, como ocurrió en octubre de 1934. Pero quienes estaban dentro han huido igualmente por las alcantarillas.

LAS NACIONES SE CONSTRUYEN A SANGRE Y FUEGO

Hay muchas razones por las que Cataluña, no ha sido, ni será nunca independiente. La primera de todas que, aquí y ahora, no hay ni un solo independentistas dispuesto a morir por su causa. El pequeño dato que se les escapaba a los armadores de la empresa, era que las naciones, todas, siempre, se forman y se independizan sobre ríos de sangre. No es retórica: es realidad. En las únicas donde han existido adioses tranquilos es en donde las partes nunca habían tenido conciencia histórica de ser una nación (Checoslovaquia).

Y nadie está dispuesto a morir por la “República Catalana Independiente”… en cambio, a toque de corneta, los banderines de enganche para pedir voluntarios contra la secesión de la gencat, registraría llenos absolutos, no sólo en el resto del Estado sino también en Cataluña. Esa es la pequeña diferencia entre el nacionalismo español (que sigue siendo combativo, esa “bestia” dormida durante décadas y que la aventura de la gencat ha despertado involuntariamente) y los indepes que querían “una revolución de las sonrisas” y una independencia “high quality” con un esfuerzo “low cost”.

Decía Ezra Pound que quien no tiene valor para luchar por sus ideas, o sus ideas no valen nada o él no vale nada. Parafraseándolo podemos decir que aquella nación por la que nadie está dispuesto a dar la vida o no es una nación, o sus “nacionalistas” no valen nada, o ambas cosas.

 NACIONALISMO CATALÁN: NUEVA RUTA O DESAPARICIÓN

A nadie con dos dedos de frente se le escapa que este fracaso (fracaso en diferido, fracaso por partes, fracaso a plazos) de la gencat alterará profundamente el nacionalismo catalán. Lo primero sobre lo que deberían reflexionar es que a partir de aquí se inicia una nueva ruta: ya se ha demostrado que la independencia es imposible, a partir de aquí, o rectifican su programa o van a perder inevitablemente clientela y, lo que es peor, se van a convertir en arcaísmos fuera de la historia. ¿Qué sentido tiene un “nacionalista” cuya “nación” nunca puede alcanzar la independencia sino ser, simplemente, un proyecto frustrado y un ideal inalcanzable? Sin olvidar, claro está, que el día en que el nacionalismo pierda el control de la Generalitat de Catalunya, se redimensionará a su tamaño real: sin subsidios, sin subvenciones, sin 3%, sin el control sobre los medios de comunicación

El futuro del nacionalismo en la época de la globalización es muy negro, pero si a esto se le une un fracaso histórico, cabe preguntarse si el nacionalismo tiene algún futuro más allá de reciclarse como partidos regionalistas que pongan cierto énfasis en lo identitario y poco más.

EL PROBLEMA DEL ADOCTRINAMIENTO NACIONALISTA

A muchos “unionistas” les ha preocupado que Rajoy no pusiera especial énfasis en actuar sobre los dos principales puntales de los indepes en estos momentos: a educación y los medios de comunicación de la gencat. Los funcionarios de los segundos han “amenazado” con no respetar las reglas que les vengan impuestas… Bueno, TV3% tiene apenas un 13% de cuota de audiencia en Cataluña, lo que quiere decir que su audiencia es muy limitada, para “convencidos” (conozco indepes que han hecho voto de ver solamente TV3%...) y con pérdida progresiva de audiencia… así que ¿para qué dar importancia a algo que es pura anécdota?

Lo de la educación es mucho más grave. Desde quince días antes de que se anunciara la aplicación del 155, los sectores nacionalistas más sensibilizados habían iniciado una campaña (especialmente en pueblos) “La escuela catalana no se toca”… Es significativo. Más significativo todavía es que partidos como CUP tienen una mayoría de cuadros que son maestros en la escuela pública. En este terreno, Rajoy ha intentado de nuevo no tocar un punto sensible para evitar que el animalico herido, la gencat, se revolviera: pero dudo que se le haya escapado que si ha existido en 2017 un absurdo proceso soberanista, ha sido después de 20 años de “inmersión lingüística” y de casi cuarenta años de “historia de ficción” y adoctrinamiento en las escuelas catalanas.

¿Que la gencat nacionalista no quiere que se toque la escuela catalan? ¿Qué no quiere lo que sería normal, esto es que cada familia elija la lengua en la que quiere que se eduque a sus hijos? Bien… eso lo único que implicaría es que el Estado debería crear en Cataluña una red de escuelas paralelas con un programa de estudios propio y enseñantes propios. ¿Se atreverá el Estado a tomar una medida así? De momento, no se lo ha planteado nadie, pero resultad evidente que una de las consecuencias de esta crisis es que todas las partes se han quitado las caretas: ahora ya está claro el adoctrinamiento operado en las escuelas de la gencat y el que en lugar de “ciudadanos del Estado”, lo que han intentado ha sido crear “ciudadanos de la república catalana independiente”. Ahora hace falta partir de cero en este terreno: seleccionar profesorado, elaborar planes de estudios y, sobre todo, articular una escuela eficiente desde el punto de vista pedagógico (que la actual escuela de la gencat dista mucho de ser).

Y, posiblemente, también la crisis indepe haya servido para algo: para abrir los ojos a los ciudadanos, recordarles que la escuela española está en crisis y que hace falta reconstruirla. Quizás, el punto de arranque de esa reconstrucción sea Cataluña en donde se trata de partir de cero con nuevos conceptos pedagógicos y nuevos programas de formación.

EL TRISTÍSIMO PAPEL DE LA IGLESIA CATALANA

Uno de los elementos más risibles de esta crisis indepe ha sido el papel de la Iglesia “catalana”. Desde los medios indepes se ha llegado a exigir que la elección de obispos se realice por votación popular de los fieles… Las banderas indepes han colgado de los campanarios y se han producido declaraciones de obispos más independentistas que las de los más radicales de la CUP. El problema es que la Iglesia catalana está en crisis: el seminario de Vich que hace 100 años tenía un millar de alumnos, está desierto. Montserrat es un centro turístico, no el “centro de la espiritualidad catalana”.

Es cierto que el nacionalismo logró sobrevivir durante el franquismo, travestido de regionalismo, en las sacristías (el propio Pujol es un producto de esa ambiente), el problema es que la Iglesia catalana es hasta tal punto débil en este momento que ya no está en condiciones de recoger y reavivar lo que quede del nacionalismo después de esta crisis. No habrá un grupo Cristians Catalunya, como durante el franquismo, para acoger los restos del inevitable hundimiento nacionalista, ni cientos de agrupaciones de boy-scouts parroquiales para seguir el adoctrinamiento…

EL DÍA 21 VOTAMOS ¿A FAVOR DE…? ¡NO! ¡CONTRA QUIEN…!

Habrá elecciones autonómicas anticipadas, que nadie lo dude. Contrariamente a lo que algunos creen, luego ya nada será igual. Los indepes llevan lustros dando la tabarra con su tema obsesivo y monotemático. Cansan y aburren. La “independencia” de una región es algo que ha quedado muy atrás en la historia. Ya no responde a la realidad del siglo XX: la forma en que se hizo la transición, el bipartidismo imperfecto, que hacía imprescindible el concurso de “los catalanes” en la gobernabilidad el Estado a cambio de manos libres e impunidad… todo eso, ha terminado. Sólo hace falta que el electorado lo vaya comprendiendo. No será cuestión de un día o de una legislatura, pero la historia siempre avanza. De la misma forma que los feudos han quedado atrás, la época de los nacionalismos también está superada.

No es raro que los independentistas no crean en esta realidad, porque, como el paleto de pueblo, no atienden a más argumentos que los que se dirimen en el “casino” mientras juegan al dominó, ni su horizonte es más amplio que el que puede divisarse desde su pequeño campanario aldeano. Pero la grandeza del océano existe, aunque la rana de la charca jamás pueda entreverla.