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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Libros E. Milá

RHF nº XXVII - Sumario

RHF nº XXVII - Sumario

Acaba de aparecer el nº XXVII de la Revista de Historia del Fascismo correspondiente al mes de diciembre de 2013 que engloba los siguientes temas:

SUMARIO

Antisemitismo

El antisemitismo español en el siglo XX. Casi una sombra

A diferencia del antisemitismo francés de principios del siglo XX cuyo carácter “popular” era innegable, el español en la misma época no dejaba de ser un apéndice del antisemitismo religioso que, desde tiempo inmemorial aparecía en los contornos de la Iglesia Católica. A lo largo del siglo, tal antisemitismo se fue agotando hasta desaparecer prácticamente durante la transición. El período franquista no contribuyó a que se recrudeciera ese fenómeno que a partir de los años 50 ya estaba casi completamente erradicado, salvo distintas y curiosas manifestaciones. En este artículo, después de una breve introducción para tratar de encuadrar al antisemitismo en nuestra historia y darle una morfología, intentaremos reconstruir sus senderos a lo largo del siglo XX.

Fascismos Europeos

Bucard y el francismo. Los “únicos verdaderosfascistas franceses”

Tras el breve intento de Georges Valois de crear un movimiento fascista en Francia y del todavía más episódico intento de PhilipeLamour y de sus Faisceaud’ActionRevolutionnaire, con Marcel Bucard y su Partido Francista llegamos al único proyecto político que logró cristalizar en Francia declarando explícitamente su voluntad de convertirse en la variante francesa del fascismo italiano. Desde su fundación el 29 de septiembre de 1933 hasta el 18 de junio de 1936, fecha en que fue disuelto por las autoridades del Frente Popular, el Francismo, intentó vanamente convertirse en un movimiento de masas. Este estudio abarca este período, dejando para más adelante, el período que se prolonga desde el 2 de mayo de 1941 cuando las autoridades de ocupación autorizan la reorganización del Francismo hasta el 1 de marzo de 1946, cuando Marcel Bucard resulta fusilado.

Neofascismo

Memorias de Stefano delleChiaie. Emtre Chile y Argentina

Una nueva entrega de L’Aquila é ilCondor, escrito por el fundador y líder de AvanguardiaNazionale en la que prosigue la narración de lo ocurrido después de que se viera obligado a abandonar España en diciembre de 1976. En este y en el próximo capítulo, el autor relata sus relaciones en Iberoamérica, especialmente en Argentina, Chile y Bolivia., realizando algunos flashes sobre la situación que en aquellos mismos momentos se estaba dando en Italia. Elautor tiene la virtud de resumir en unas pocas páginas unas peripecias extremadamente densas en experiencias y aventuras.

De otra fuente

EL PROYECTO CONTINENTAL DEL III REICH

La réplica de Hitler al proyecto Churchill-Roosevelt

El presente artículo fue escrito en 1998 para la Revista de Estudios Políticos y supone un interesante estudio sobre el proyecto que el III Reich auguraba para Europa y que en buena medida fue una respuesta a la Carta del Atlántico elaborada por el premier británico Winston Churchill y el presidente norteamericano Franklin Roosevelt. Así concibieron los estrategas del Ministerio de Asuntos Exteriores el Nuevo Orden Europeo que debía construirse una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial: una Europa con hegemonía alemana... en lugar de eso hubo en los siguientes cuarenta años, a partir de 1945, una Europa dividida y sometida a una hegemonía no Europea...

Entrevista

Entrevista al director de la Revista de Historia del Fascismo

Las razones de un proyecto

Este es el número XXVII de la Revista de Historia del Fascismo con el que se coronan tres años de esfuerzos. Editada durante treinta y seis meses y con una aparición que ha logrado ser mensual, se trata de un proyecto personal de Ernesto Milá que puede suscitar algunas dudas. Esperamos que estas preguntas y respuestas contribuyan a aclarar la función, los objetivos y las intenciones de dicho proyecto.

Características técnicas:

215 páginas

15 x 21 cm

Portada cuatricomía color plastificada

Precio venta público: 18,00 euros

Contacto: eminves@gmail.com

Romanticismo Fascista

Romanticismo Fascista

La publicación de Romanticismo Fascista de Paul Sérant por primera vez en lengua castellana, puede ser considerada un hito para todos los que se interesan y estudian los aspectos culturales del fascismo. Detrás del título lo que se oculta es un ensayo sobre los intelectuales fascistas, sobre seis en concreto: Pierre Drieu La Rochelle, Louis Ferdinand Céline, Roberto Brasillach, Alphonse Chateaubriand, Abel Bonnard y Lucien Rebatet. Es, pues, un ensayo sobre literatura fascista francesa. El fascismo francés fue un gigante intelectual y un enano político. Francia fue el país en el que el fascismo nunca tuvo posibilidades de triunfar y en donde los intelectuales que optaron por esta vía representan la quintaesencia de la autenticidad.

El autor

El autor, Paul Sérant, es un gran desconocido en España y, sin embargo, fue uno de los autores más populares en la Francia de los años 50-80. Su verdadero nombre era Paul Salleron. Nació en 1922 y falleció en 2012. Su trayectoria política es extraña. A los 20 años participó en las actividades e la resistencia francesa y trabajó luego para la BBC inglesa.

Sus primeros pasos como ensayista los dio en el terreno del esoterismo consagrando un estudio sobre la vida y la obra de René Guénon (que llevaba el nombre del maestro del tradicionalismo integral) que gozó de merecida fama y que todavía hoy es regularmente reeditado. Las obras que publicó en los años 50 van esa dirección: Le meurtre rituel (1950), Au seuil de l’esotérisme (1952) y L’esprit moderne et la tradition  (1953). Hasta su muerte reconocerá la herencia intelectual de René Guénon e incluso su alejamiento de la “Nouvelle Droite” se producirá por el papel que ocupaba Louis Pauwels en ese ambiente, uno de los intelectuales que peor comprendieron la obra guenoniana.

Será a mediados de los años 50 cuando se empiece a interesar por temática política. Romanticismo Fascista inaugura ese período, cuando ya ha tomado contacto con Maurice Bardéche e iniciado su colaboración con La Défense de l’Occident. Políticamente, Sérant nunca será fascista, sino que se irá aproximando a los puntos de vista de Action Française y del que fuera su jefe e inspirador, Charles Maurras. Con todo, Sérant –a quien se puede aplicar aquello de “amigo de Platón, pero más amigo de la verdad”- no ahorra críticas a Maurras (incluso en esta obra que presentamos ahora).

Uno de sus últimos libros, Les dissidents de l’Action Française fue publicada en 1978 por Éditions Cópernic, el sello editorial de la Nouvelle Droite, a pesar de que Sérant evitaba relacionarse públicamente con esta tendencia causa de su lealtad a Guénon.

En sus últimos años sostuvo posiciones tradicionalistas, nacionalistas, identitarias y regionalistas, a las que les había llevado sus largas excursiones por distintas arenas doctrinales. Precisamente por esta peripecia política hemos decidido traducir Romanticismo Fascista, en la medida en que responde al lema de la Revista de Historia del Fascismo: “Ni apologistas ciegos, ni detractores sistemáticos. Así fue un aspecto del siglo XX”.

La obra

Sérant describe con singular maestría los rasgos del fascismo a través de las obras y de las vidas de seis intelectuales de esta corriente. Pierre Drieu La Rochelle, Louis Ferdinand Céline, Roberto Brasillach, Alphonse Chateaubriand, Abel Bonnard y Lucien Rebatet. La fama de todos ellos excedió en su tiempo las fronteras de Francia. Fueron autores universales, algunos de los cuales hoy siguen gozando de merecida fama literaria y de constantes reediciones: en especial Céline (considerado hoy por buena parte de la crítica, como el mejor autor francés del siglo XX) y Drieu la Rochelle. Ambos tienen buena parte de su obra traducida al castellano, pero, lamentablemente, hasta la aparición de esta obra no se ha podido disponer de ningún estudio crítico sobre ellos, ni sobre todos los demás.

Sérant encuentra en los rasgos del fascismo de todos estos escritores elementos comunes dentro de la personalidad propia de cada uno de ellos. Define esos rasgos como Romanticismo, el dominio en el que la pasión, la vitalidad, la vida y el espíritu tienen la iniciativa sobre la reflexión, la racionalidad, la pasividad y la solemnidad. Es una forma de romanticismo en la medida en que el espíritu domina sobre la materia, la pasión arrebatadora sobre la reflexión serena, el arrebato sobre la serenidad. La forma de observar el pasado, las raíces y la tradición de todos estos autores, tiene mucho que ver con los valores del romanticismo del siglo XIX. Alguien los ha llamado “nuevos románticos”, Sérant se limita a describir su obra, su vida y sus vicisitudes.

Cada capítulo indica un área de investigación. Sérant selecciona, ordena, comenta, analiza, interrelaciona, más de 400 citas de todos estos autores. Y, por supuesto, da su opinión extremadamente esclarecedora y brillante que incluye un juicio extremadamente crítico hacia la resistencia francesa y sus intelectuales.

El libro termina con esta declaración:

“La gran lucha de nuestra época no es pues la que contrapone una ideología a otra, las razas y las potenciales rivales entre ellas. Es la de las pequeñas minorías de seres despiertos que, en todos los pueblos de la tierra, preparan en silencio el renacimiento del espíritu tradicional en las formas adaptadas a las exigencias del mundo actual. Las meditaciones sobre grandes aventuras polí­ticas y espirituales de este siglo es una de las armas necesarias para tal lucha, una lucha, en definitiva, contra uno mismo más que la lucha contra todas las presiones externas. Quizás nuestro ensayo haya aportado su modesta contribución a esta medita­ción tan ingrata como necesaria”.

Sumario

Introducción (pág. 5)

Capítulo I. La decadencia francesa (pág. 11)

Capítulo II. Ni derecha ni izquierda (pág. 29)

Capítulo III. Nacionalistas y socialistas (pág. 55)

Capítulo IV. El jefe y el partido. Raza y la juventud (pág. 89)

Capítulo V. ¿Paganismo o cristianismo? (pág. 109)

Capítulo VI. Francia en Europa (pág. 145)

Capítulo VII. ¿Guerra o paz? (pág. 171)

Capítulo VIII. El instante decisivo (pág. 191)

Capítulo IX. Una revolución abortada (pág. 219)

Capítulo X. Más allá del fascismo (pag. 267)

Conclusión (pág. 293)

Características:

366 paginas, papel ahuesado de 80 grms.

Formato 15 x 23

Traducción del original italiano publicado por Ediciones Ciarrapico

Precio ejemplar: 21,00 euros

Pedidos: eminves@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

RHF nº XXVI

RHF nº XXVI

Acaba de aparecer el nº XXVI de la Revista de Historia del Fascismo correspondiente al mes de noviembre de 2013 que incluye los siguientes artículos:

Sumario:

DOSIER
Arde el Reichstag:
¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?. Del 30 de enero al 5 de marzo de 1933: semanas decisivas

En la noche del 27 de febrero de 1933, cuando aún no se cumplía un mes del nombramiento de Hitler como Canciller, el Reichstag quedaba convertido en cenizas. Aun hoy subsiste en de­bate sobre quién incendió el edificio e incluso el autor material, Marinus Van Der Lubbe, ha sido rehabilitado en 1998. La respuesta del gobierno consistió en presentar una ley especial para la represión de estos actos de terrorismo que tuvo como consecuencia la prohibición del Partido Comunista Alemán (KPD) y sucesivas modificaciones legales que concentraron el poder en manos de Hitler. Presentamos la cronología de los acontecimientos y un análisis crítico del episodio.

NACIONAL-SINDICALISMO
Crónica de una frustración histórica
Las causas que impidieron el arraigo de un fascismo en España

La crónica del «fascismo español», esto es, del movi­miento nacional-sindicalista, es también la crónica de una permanente frustración que se manifestó ya desde los primeros momentos y que lo ha acompañado a lo largo de toda su historia. Debemos, pues, hablar de un «fascismo frustrado» mucho más que de una experiencia histórica consumada. Este artículo tiene dos partes, en la primera se aluden a las distintas causas que generaron esa frustración. En la segunda se describen las biografías de los dos principales exponentes de la «derecha falangista»: Onésimo Redondo Ortega y Julio Ruiz de Alda.

NACIONAL-SINDICALISMO
Dos biografías de la “derecha falangista”
Onésimo Redondo y Ruiz de Alda
(por Eduardo Núñez)

Después de esta introducción presentamos las biografías de los dos dirigentes falangistas más conocidos de su «ala derecha». Se trata de dos biografías sintéticas que nos sirven para situar a los personajes. Al lector le será sumamente fácil, con la introducción que hemos realizado, entender que situemos a estos dos personajes en la «derecha fa­langista». Vale la pena decir que, en el propio José Antonio, se percibe una evolución nítida a lo largo del año 1935 que lo va desplazando del «ala derecha», hacia nuevas posiciones. Esta evolución, por el contrario, no se percibe ni en Onésimo Redondo, ni en Julio Ruiz de Alda.

FASCISMOS INTERNACIONALES
Camisas doradas y el fascismo en México
(por Eduardo Basurto)

En el México insurgente del primer tercio del si­glo XX, tras las guerras cristeras (de las que León Degrelle fue un testigo excepcional) apareció el movimiento de los Camisas Doradas, rama militante de la Acción Revolucionaria Mexicanista, dirigida por Nicolás Rodríguez Carrasco, un movimiento que rechazaba a la democracia parlamentaria y el marxismo. Son considerados como el «partido fascista» mexicano más amplio y con una base más sólida. Su ciclo histórico fue breve pero aquí lo repasamos, desde sus orígenes hasta su extinción en el tiempo en el que la guerra ya había vuelto a prender en Europa.

NEOFASCISMO
Memorias de Stefano Delle Chiaie
Los años del exilio español

Reanudamos la traducción y publicación de las memorias de Stefano Delle Chiaie editadas en Italia con el título de El Águila y el Cóndor. Llega­mos a la dilatada etapa española en la que Delle Chiaie consigue crear, junto con el Comandante Borghese, una «santuario» en nuestro país cuya vigencia se prolongará hasta un año después de la muerte de Franco. Esta etapa es prolija en acontecimientos que están ligados en buena medida a las peripecias de la policía española de la época y que harán que el nombre de Delle Chiaie aparezca con mucha frecuencia en las primeras páginas de los medios de comunicación españoles durante la transición.

Formato 15x21 cm
232 páginas
Portada: cuatricomía, plastificada, con solapas
PVP: 18,00 €
Pedidos superiores a 10 ejemplares: 9:00 €

Número XXV RHF

Número XXV RHF

El número XXV, correspondiente al mes de octubre de 2013 de la Revista de Historia del Fascismo contiene los siguientes artículos

NEOFASCISMO

Lincoln Rockwell y el American Nazi Party

Existieron antes de la guerra formaciones de ca­rácter nacional–socialista en los EEUU, contrarias a la participación de este país en la guerra mundial, de la misma forma que existió un Ku–Klux–Klan y otros pequeños partidos de extrema–derecha, más o menos neo–nazis en los años de la postguerra, sin olvidar la figura de Francis Parker Jockey (a) «Ulik Varenge», mucho más intelectual que activis­ta. Pero no fue sino hasta 1958 cuando George Lin­coln Rockwell fundó el American Nazi Party matriz de la mayoría de grupos supremacistas blancos del panorama actual de los EEUU. Vamos a intentar resumir su historia y el misterio de su muerte como primera parte de un amplio estudio sobre el neofascismo en los EEUU.

NACIONALSINDICALISMO

Ramiro Ledesma: por una visión objetiva (II de II)

Presentamos la segunda parte de este artículo que pretende devolver a la figura de Ramiro Ledesma Ra­mos a su estricta realidad histórica y política. Estas notas no se han escrito con afán polémico sino para evitar que un público poco avisado pueda formarse una opinión equivocada sobre la vida y la obra de Ramiro Ledesma. Siempre hemos defendido la nece­sidad de que la visión que se tiene de los personajes históricos sea «defendible» y coincida (o al menos se aproxime) a la realidad que tuvieron en su tiem­po. Ésta aspira a ser una «revista de historia», no un panfleto que «vende» una imagen pre–determinada de tal o cual político, intelectual o movimiento.

INTELECTUALES

Maurice Bardéche o el origen del neofascismo

Tengo de Maurice Bardéche el recuerdo de un abue­lo entrañable que impresionaba inmediatamente por una porción de su frente hundida a raíz de un accidente de juventud. Era el director de Défense de l’Occident, uno de los alimentos intelectuales de mis primeros años de militancia política. Tuve que leer sus libros para proveerme de argumentos his­tóricos y racionales. Leí también los textos de aque­llos que fueron sus discípulos en los años 70 (en especial, François Duprat). La aventura intelectual de Bardèche se sitúa en el final del fascismo his­tórico, en el arranque del neofascismo y abarca un amplio período que va desde 1945 hasta 1982 cuan­do deja de aparecer Défense de l’Occident. Casi 40 años de historia que vale la pena conocer.

TEXTOS

Socialismo Fascista, por Maurice Bardéche

Este artículo apareció en la revista dirigida por Maurice Bardèche Défense de l’Occident y pos­teriormente fue reeditado por las Éditions du Ja­velot (Waterloo) en 1991 gozando de una amplia difusión en los medios neofascistas de la época. Han sido varias las causas que nos han llevado a reproducirlo. En primer lugar la insistencia con la que algunos medios neo–fascistas –especialmen­te en Francia– aludían al «Socialismo Europeo», sin atribuirle unos contenidos concretos. Bardè­che, en cierto sentido, el padre de las distintas corrientes neofascistas francesas de postguerra, intentó darle unos contenidos en este folleto.

REPORTAJE

La extrema-derecha franco-quebequois. Instantánea de un movimiento en la primavera del 2013 (II de II)

Segunda parte del reportaje realizado sobre la actual extrema–derecha cana­diense. Toco ahora pasar revista a los grupos ca­tólicos en sus distintas variaciones y a los partios nacionalistas francófonos considerados en la so­ciedad canadiense como próximos a la extrema– derecha, desde el histórico (y ya completamente desarticulado) Front de Liberation du Quebec. De hecho, en la actualidad, los medios de comunica­ción consideran que el nacionalismo francófono es el principal vivero de militantes de extrema–de­recha en Canadá.

 

Revista de Historia del Fascismo

Correspondencia y pedidos: eminves@gmail.com

Precio de Venta de cada ejemplar: 18,00 € + 3,00 gastos envío

Suscripción 6 números: 100 euros Suscripción 12 números: 200 euros

Dimensiones 15 x 21 cm – 226 páginas

 

 

J.A. y los no conformistas

J.A. y los no conformistas

La aparición del nuevo libro de Ernesto Milá, José Antonio y los no conformistas. Personalismo y Revolución Nacional a ambos lados de los Pirineos, es una buena excusa para conversar con el autor sobre esta obra.

- Hasta ahora nunca o casi nunca te había interesado en el pensamiento de José Antonio, ¿Por qué lo abordas ahora?

- Leí tempranamente la obra de Primo de Rivera cuando apenas tenía 16 años y me influyó decididamente hasta los 20. Luego amplié mis fuentes de formación doctrinal hacia otros autores: Julius Evola, Jean Thiriart, la Nouvelle Droite, etc. Por otra parte, después de salir del Círculo Doctrinal José Antonio de Barcelona, me convencí de que iba a ser muy difícil revitalizar el movimiento falangista. Fue con la creación de la Revista de Historia del Fascismo cuando volví otra vez a interesarme por el “fascismo español”. M preocupé en primer lugar de los grupos fascistizados como Renovación Española y Acción Española. Fue entre los artículos de esta revista que encontré algunos ensayos de Ramiro Ledesma y de José Antonio y empecé a dedicarle al primero una serie de estudios sobre su vida y su obra. La idea que tenía era que Ledesma era el “único” doctrinario del nacionalsindicalismo y que José Antonio fue, más bien, el propagandista. Pronto me convencí de que el papel de éste en la formación de la ideología nacionalsindicalista era mucho más importante de lo que había creído inicialmente.

- Dedicas tu libro sobre José Antonio y los no conformistas a “los camaradas y amigos que siempre se sintieron falangistas”. ¿Por qué?

A lo largo de los años en los que he realizado actividad política, en muchas ocasiones he mantenido amistades con gente que se declaraba falangista. Yo mismo, durante un tiempo, me he considerado tal. Ha sido frecuente que llegado a un cierto punto, nuestros caminos se separaran, pero en muchas ocasiones esta separación política no ha implicado separación personal. Es a ellos a los que dedico esta obra. Ahora bien, he de reconocer que el movimiento falangista en su conjunto ha tenido una vida agitada en la que la característica central ha sido las luchas fraccionales. En lo que yo vi, las luchas interiores impedían cualquier proyección exterior. Y cualquier lucha interior se justificaba en función de la más mínima discrepancia política. Lo vi también un movimiento demasiado cerrado en sí mismo y que no se había planteado completar el pensamiento de los fundadores, revisarlo, actualizarlo o adaptarlo a la realidad siempre cambiante. Y cuando se intentaba hacer algo de todo esto, surgían las polémicas, las escisiones o incluso los exotismos. El grupo del FES era demasiado rígido en todos los terrenos, el grupo de la “Auténtica” defendía un falangismo que nunca existió y que nunca pudo existir y que, desde luego, no era ni remotamente el que sostuvo el propio Hedilla, luego estaban los falangistas franquistas, los movimentistas, incluso en Fuerza Nueva existía gente que se consideraba falangista. Un caos, en definitiva, en el que era imposible moverse, entenderse y hacerse entender. Por todo ello abandoné el falangismo definitivamente en el año 1976 de retorno del Congreso Nacional Sindicalista de Madrid. Antes de esa época, entre 1972 y 1976 pensaba que el movimiento “nacional-revolucionario español” era Falange… pero ¿cuál de las distintas falanges? Con el tiempo, las cosas fueron a peor. Hace 10 años escribí un texto que se llamaba Las 7 muertes de Falange Española. En aquel momento existía media docena de fracciones falangistas. Hoy, prácticamente, el movimiento está reagrupado esencialmente en el movimiento que detenta las siglas históricas, FE-JONS y que me parece dirigido por un equipo mejor preparado y más capaz que el anterior. Pero a este equipo le va a resultar muy complicado convertir al partido en una fuerza política si se encierra en sí mismo: debería de abrirse a otras fuerzas política y proponer lo que discretamente Ledesma propuso en 1933-34: la creación de un “gran partido” incluso con fuerzas que no eran específicamente nacionalsindicalistas pero con las que existía un cierto grado de coincidencia, el suficiente como para tratar de trenzar una gran fuerza política. Eso o convertirse en un “centro de estudios y formación”, una “fundación”, un centro creador de cuadros políticos y sostenedor de actividades y estudios de carácter político-cultural. Porque solos, lo que se dice, solos, ni FE-JONS, ni ningún otro partido de los considerados “patriotas”, existentes en la actualidad, logrará despegar en un medio progresivamente hostil y degradado como el marco político español actual. Ahora bien, esto ya no me compete a mí sino a todos los que están en la política activa. Reconozco, finalmente, que en tiempo pasado he tenido malentendidos con los ambientes falangistas aun a pesar de mantener amistad con muchos que se reclamaban de esta corriente. Con este libro intento limpiar tales malentendidos y zambullirme en un estudio de la obra de Primo de Rivera desde una nueva perspectiva.

- De hecho, en 70 años, prácticamente el pensamiento de José Antonio ha sido viviseccionado desde todos los puntos de vista, cuesta entender que exista una perspectiva nueva…

- En mi juventud, leí la obra de Jean, Touchard Historia de las ideas políticas (tiene gracia porque cambié este libro con un amigo que se llevó como contrapartida la reproducción facsímil de La Conquista del Estado que había editado Luís de Caralt. Años después, ese amigo, F. Gallego, publicó un interesante estudio sobre Ramiro Ledesma, por cierto) en la que se mencionaba a la revista Ordre Nouveau y se citaban algunos fragmentos de Thierry Maulnier, Robert Aron y Arnaud Dandieu que, sorprendentemente, coincidían con los contenidos del discurso del Teatro de la Comedia. Retuve aquellos nombres y poco después leí Más allá del nacionalismo de Maulnier que había sido publicado en Argentina y que no me impresionó particularmente. La reedición de los textos de Ordre Nouveau y una reciente estancia prolongada en el Canadá francófono me permitieron consultar los documentos de esta corriente; pero fue Arnaud Imatz, quien en una entrevista dada a Patria Sindicalista, recordaba las similitudes entre ambos pensamientos. Ciertamente, me había llamado la atención al leer los textos de este grupo francés, las similitudes que tenían con el pensamiento de Jean Thiriart que conocía bien, pero, a parte de algunas coincidencias de orden general, no recordaba que pudiera asimilarse también al de José Antonio Primo de Rivera. Así que decidí desempolvar los viejos textos de José Antonio y realizar la comparativa. El resultado ha sido esta obra: José Antonio a la luz de los no-conformistas franceses, a los que otros llaman “personalistas”. Que yo sepa, hasta ahora no se habían establecido estos paralelismos entre ambos movimientos, seguramente porque la inmensa mayoría de estudios sobre José Antonio se han realizado en España y por españoles y prácticamente no se han establecido paralelismos con otras corrientes extranjeras y, desde luego, nunca con lo que parece más obvio: con el movimiento de los “no conformistas” franceses.

- Muñoz Alonso, sin embargo, ya aludió al José Antonio personalista…

- Sí, pero muy de pasada y sin explicar exactamente de qué estaba hablando. Podemos decir que Muñoz Alonso realizó un buen aterrizaje aludiendo a los personalistas… pero se equivocó de aeropuerto, porque alude solamente a Emmanuel Mounier como personalista. En realidad, Mounier formaba parte del movimiento de los “no conformistas”, pero lo cierto es que existían otras componentes y precisamente la suya es la que menos tiene que ver con el personalismo joseantoniano, algo que se percibe inmediatamente cuando se estudian las otras dos corrientes “no conformistas”. Lo que ocurrió fue que una cosa era el “personalismo” antes de la II Guerra Mundial y otra lo que sobrevivió a la guerra. Después de 1945, en efecto, el personalismo tiende a identificarse con las posiciones de Mounier que cada vez están más próximas al progresismo cristiano y a los grupos de la izquierda cristiana más próximos al Partido Comunista de Francia y más sensibles a su influencia. Antes de 1945 y, en concreto, durante el gobierno de Vichy, bajo la ocupación alemana, presidido por el Mariscal Pétain, éste se vio apoyado esencialmente por dos grupos: los “maurrasianos”, discípulos de Charles Maurras, fundador de Action Française, y los “personalistas”; pero estos últimos se articulaban en tres tendencias y la de Mounier, prácticamente no tiene coincidencias –más allá de ciertas generalidades- con el pensamiento de José Antonio e incluso el Mounier posterior a la II Guerra Mundial (que es el que generalmente se conoce mejor) se va alejando incluso de las posiciones que había sostenido antes del conflicto. En definitiva: no todo personalismo es mounieriano, ni el personalismo joseantoniano se identifica con el de Mounier.  

- ¿Se puede hablar de una influencia directa de los “no-conformistas” sobre José Antonio, o es a la inversa?

- En el tiempo, lo cierto es que la teorización de los “no-conformistas” se inició en 1929-30 y alcanzó su cénit en 1934. Revisando las fechas en las que aparecían los artículos en las revistas francesas de esta tendencia y las frases de los discursos de José Antonio o de sus escritos, se percibe que si hubo influencia fue de Francia a España, es decir de los “no conformistas” a José Antonio. Si aceptamos que el pensamiento de José Antonio tenía un origen católico y que mientras fue secretario de la Unión Monárquica conoció la obra de Maurras, veremos que tales similitudes son lógicas porque, salvo Mounier, el resto de “no conformistas” franceses habían afilado sus primeras armas en Action Française, en especial la llamada Jeune Droite. Con esta tendencia “personalista”, por cierto, es con la que existen más paralelismos con la obra de José Antonio. Ledesma, por su parte, también tuvo contactos con Philipe Lamour de quien llegó a hablar en su revista justo cuando Lamour formaba parte de esta corriente. En cuanto a la segunda tendencia “personalista”, la de Ordre Nouveau, existen los paralelismos y alguna discrepancia en materia de política interior, pero las conclusiones a las que llegan estos en materia económica son muy parecidas a las del “último José Antonio” especialmente en las referencias a la “plusvalía”. A los pocos meses de publicarse en Francia La revolución necesaria de Dandieu y Aron, José Antonio publica un artículo con ese mismo título en Arriba. Se trata de un artículo esquemático formado por frases breves seguidas de puntos y aparte que da la sensación de ser apuntes de alguna lectura que ha realizado. A pesar de que el libro no se había traducido al español, María Zambrano, amiga de García Valdecasas en la época, había escrito una recensión del libro en La Revista de Occidente. Hay que pensar que si no había leído el libro, ni conocía la recensión –algo difícil porque José Antonio era “orteguiano”-, al menos respiraba una idéntica sintonía con los autores. La lectura del libro y la lectura del artículo de José Antonio tienen un paralelismo innegable.

- ¿Cómo has planteado el libro?

En primer lugar hay un capítulo sobre la evolución, origen y tendencias que integraron el movimiento “no conformista” francés en los años 30. He juzgado oportuno presentar un capítulo de introducción a la historia de los “no conformistas” a la vista de que, salvo la página que Jean Touchard les dedica en su Historia de las Ideas Políticas, no había nada publicado sobre esta corriente en España. Y se trata de una corriente de pensamiento importante desde el punto de vista doctrinal y desde el punto de vista de su participación en el gobierno de Vichy con Pétain. Así mismo, al acabar la guerra, los supervivientes se reciclaron y algunos alcanzaron puestos relevantes en las letras y en la cultura francesa, ingresando en la Academia y colaborando con las mejores editoriales y revistas. En una segunda parte se abordan las similitudes entre el pensamiento de José Antonio y el de los “no conformistas”: se estudian los nexos comunes, esto es, los pensadores que crearon el clima que dio nacimiento a los “no conformistas” y de los que se nutría también José Antonio: Berdiaeff, Maurras, el pensamiento católico de la época con Maritain, Péguy, etc. La crítica que tanto los “no conformistas” y José Antonio hacen al fascismo italiano, el modelo de Estado similar que ambos sostienen, la concepción de la Nación como “misión” y “destino”, la crítica al caos internacional que sorprende por su similitud, el rechazo a las izquierdas y a las derechas presente en ambos, la crítica al individualismo que les conduce automáticamente a posiciones personalistas y las injusticias sociales que ambos rechazan y ante las que se esfuerzan en proponer soluciones muy similares. En la tercera parte se analizan las similitudes entre el régimen del Mariscal Pétain y el del General Franco pues no en vano, ambos contaron con la colaboración de “no conformistas” y de falangistas y ambos aludieron a una “Revolución Nacional” que presentaban como su objetivo final. Hay que disipar un equívoco: ni el pétainismo ni el franquismo fueron “no conformistas” o “falangistas”, pero si que en su seno actuaron un buen número de miembros que se identificaban con estas corrientes. En la última parte, el Anexo Documental, hemos incluido varios textos representativos de las tres corrientes “no conformistas”: la Jeune Droite, L’Ordre Nouveau y la revista Esprit de Emmanuel Mounier. Obviamente no hemos añadido textos joseantonianos por ser suficientemente conocidos en nuestro país…

- ¿Y la conclusión a la que has llegado…?

- Hay varias conclusiones: la primera es que el pensamiento joseantoniano evolucionó considerablemente desde 1930 hasta 1936. Primero se vio influido por Maurras, luego por los fascismos, más tarde entendió que se trataba de realizar una “revolución nacional española” y que, por tanto, fuera de una inspiración general, había que acentuar el arraigo del movimiento nacionalsindicalista a la situación española. Ledesma venía insistiendo en esta idea desde 1932. A partir de ahí, José Antonio realizó una crítica al estatismo mussoliniano que es exactamente igual a la de los “no conformistas”. Eso le llevó al “personalismo” tal como lo entendía especialmente la Jeune Droite y L’Ordre Nouveau, y que se refleja muy bien en el período 1935-36. Ahora bien, ¿cuál es el problema? El problema es que una cosa era la evolución del pensamiento de José Antonio y otro muy distintos las necesidades organizativas de su partido, Falange Española. Esto crea dificultades a la hora de interpretar lo ocurrido en aquellos años.

- ¿Qué tipo de dificultades?

Porque si bien es cierto que José Antonio critica al fascismo mussoliniano y al racismo alemán… por otra parte, no es menos cierto que es invitado a visitar el III Reich y va tal como reconoce durante su proceso en Alicante y que sigue cobrando hasta su detención un subsidio de la embajada italiana. Digamos que la discrepancia a nivel teórico existía, pero que, paralelamente seguía aceptando ayuda italiana. Así mismo, cabe decir que a diferencia de los “no conformistas” que no cristalizaron, ni pretendieron hacerlo, en nada más que en revistas doctrinales, José Antonio, al descender al ruego político debió hacer concesiones a la derecha (con la que intentó pactar antes de las elecciones de 1936) y con los monárquicos de Renovación Española (con los que suscribió el Pacto de El Escorial)… Así, por ejemplo, si bien en Francia los “no conformistas” decían “ni derechas, ni izquierdas”, en España, se mantuvieron contactos más con la derecha que con la izquierda (dedico unas líneas a las relaciones con los sindicalistas de Pestaña que nunca fueron muy lejos). José Antonio visitó el III Reich y la Italia de Mussolini, acudió al congreso de la seudo-internacional fascista de Montreux, aun sin participar oficialmente tomo la palabra, recibió fondos del gobierno italiano, etc. Todo esto es rigurosamente cierto y está suficientemente documentado, así que tiene dificultades quien pretenda negarlo. Lo que si es cierto es que a partir de 1935, José Antonio ya no defiende el “Estado Totalitario” en sus discursos (a pesar de que los puntos fundacionales de Falange fueran inalterables a ese respecto) y que, al menos desde el punto de vista teórico, estaba mucho más próximo de los “no conformistas” que de cualquier otra tendencia. Esta es la conclusión final a la que he llegado.

- Es posible que esta conclusión enfurezca a algunos y no sea compartida por otros…

- … y sin embargo se trata de una conclusión razonada y documentada. Razonada sacando a colación citas escritas en la misma época a ambos lados de los Pirineos, debidamente referenciadas. Hay que distinguir el terreno en el que estamos hablando: José Antonio es una figura histórica y hoy, a 76 años de su muerte, de lo que se trata para el amante de la historia es ver cuál era su pensamiento, cómo evolucionó y cómo se articuló, explicar porqué existen contradicciones entre su pensamiento y su acción política. Al menos eso es lo que me importa. Me ha sorprendido, por ejemplo, constatar que, a pesar de que la tendencia del falangismo haya sido siempre, al menos desde 1937, fundamentalmente antimonárquica, José Antonio no tiene ni una sola frase contra la monarquía. En el teatro de la Comedia alude a la monarquía “gloriosamente fenecida” (a pesar de que la monarquía murió bochornosa y no gloriosamente en 1931) y al final de su vida se niega a contestar a una pregunta del secretario del tribunal que le toma declaración simplemente por que le ha preguntado por sus relaciones “con el Borbón” y le exige corrección al tratar a un ex rey de España. José Antonio no fue antimonárquico, sino más bien no-monárquico, pero nunca hizo de la monarquía una cuestión de principios, o al menos eso no es lo que se ve en las Obras Completas… ahora bien, los falangistas si han sido y son antimonárquicos. Y en este sentido mi posición personal es más parecida a la de José Antonio que a la de los falangistas actuales: creo que la monarquía “hizo” a España y que España no sería comprensible sin la monarquía, a pesar de que en la actualidad no existe rey ni dinastía capaz de asumir el papel histórico de reconstrucción nacional. No hay que olvidar la influencia de Maurras sobre el primer José Antonio.

- ¿Por qué siendo un “adicto” al principio de “autonomía histórica” te interesa la historia…?

- Creo que un movimiento político en el siglo XXI no debe de estar preso de los puntos de vista que formularon sus fundadores casi un siglo antes. Eso y no otra cosa es el principio de la “autonomía histórica”. El mundo ha cambiado extraordinariamente y los desfases entre el marco doctrinal originario y las necesidades políticas del presente, son inevitables y se acrecientas de manera inevitable cada vez más. En los años 30 ni siquiera se intuía cómo iba a evolucionar el capitalismo, el desprestigio en el que caerían los sindicatos, no se intuía ni la existencia de la Unión Europea, ni el tránsito del duopolio mundial durante la Guerra Fría, ni el unilateralismo actual, o la vitalidad del Tercer Mundo, ni, por supuesto, se podía creer que se iba a producir un boom de las comunicaciones y de la microinformática. Y todavía está por llegar la eclosión de la nanotecnología, la criogenia, la ingeniería genética y un largo etcétera de avances técnico-científicos que cambiarán cada 15-20 años nuestro mundo. Un pensamiento enunciado hace casi 100 años tiene dificultades para responder a todos estos retos. No se pueden forzar las cosas y pretender encajar a martillazos la teoría formulada hace décadas con la práctica presente. Quien lo haga, pierde el tiempo. Ahora bien, si que  es legítimo hoy remontarnos a las raíces de nuestro pensamiento político, intentar conocerlo lo mejor posible y tratar de explicar el porqué las cosas fueron como fueron o bien si las cosas fueron como siempre nos las han contado. Eso es lo que me mueve en este momento y eso es lo que he pretendido trasladar en este libro.

 

SUMARIO de 

José Antonio y los No Conformistas 

Personalismo y Revolución Nacional a ambos lados de los Pirineos


Introducción .......................................5

I Parte

Los «con conformistas» .......................................11

Orígenes, tendencia, evoluciones

El clima francés de la época

Mismo espíritu, triple concreción

A. La Jeune Droite

B. L’Ordre Nouveau

C. El Grupo Esprit

Los esfuerzos unitarios

Algunas conclusiones

II Parte

Los no conformistas y J. A. Primo de Rivera .......................................119

Una veta inexplorada

José Antonio Primo de Rivera y los problemas de su doctrina

Berdaieff, primer nexo entre Primo de Rivera y los «no conformistas»

La influencia de Maurras (segundo nexo)

El denominador común: cierta percepción del catolicismo (el tercer nexo)

Ante el fascismo: libertad individual ante todo (cuarto nexo)

Misión y destino de la nación

El modelo de Estado similar

Ni izquierdas, ni derechas

La crítica al caos internacional

La crítica al caos nacional

El caos económico–social

Del individualismo al personalismo

La revolución necesaria, a modo de conclusión

III Parte

La Revolución Nacional .......................................325

La “Revolución Nacional” en ambas vertientes de los Pirineos

Dos evoluciones paralelas

Maurras y la “derecha radical” francesa y española

El factor militar

Donde Francia y España divergen

Franquismo – Pétainismo, hijos de la misma madre

Franquismo – Petainismo

El encuentro entre ambos militares

¿Qué fue de los personalistas?

Anexo. Documentos ..........................................................365

I. La Jeune Droit

A. Manifiesto de «Reacción» (abril de 1930)

B. Mafiniesto del Grupo Siglo XX (Mayo de 1934)

II. «L’Ordre Nouveau»

A. Manifiesto de L’Ordre Nouveau (1931)

B. Posiciones de ataque para L’Ordre Nouveau (1933)

C. Principios para un Orden Nuevo (febrero de 1934)

III. Esprit

Texto anunciando la fundación de Esprit (febrero 1932)


Características libro:

Tamaño: 15 x 23 cm

394 páginas

p.v.p. 21,00 euros (+ 3,00 gastos de envío)

pedidos: eminves@gmail.com


 

 

Entrevista sobre la RHF

Entrevista sobre la RHF

Entrevista al director de la Revista de Historia del Fascismo

La Revista de Historia del Fascismo publicará en octubre de 2013 el número XXV. Editada durante tres años y con una aparición que ha logrado ser mensual, se trata de un proyecto personal de Ernesto Milá que puede llamar a dudas. Así pues estas preguntas y respuestas esperamos que contribuyan a aclarar la función, los objetivos y las intenciones de dicho proyecto.

- ¿Qué entiendes por “fascismo”?

- En rigor, el fascismo es la doctrina defendida en Italia por el Partido Nacional Fascista desde su fundación hasta 1943 y por el Partido Fascista Republicano desde 1943 hasta 1945. Esta doctrina específicamente italiana se caracteriza por un intento de superación del capitalismo y del comunismo, la unión de lo nacional y de lo social, la superación de la partidocracia en beneficio del corporativismo, un impulso totalitario, esto es, un impulso a integrar a la totalidad de la nación dentro del Estado y una exaltación de determinados mitos: el de la juventud, el de la acción, el de la patria, el del imperio, etc.

- Así pues se trata de un fenómeno específicamente italiano…

- El propio Mussolini decía que el fascismo no es un artículo de exportación. De hecho, no ha habido más fascismo, en sentido propio, que el italiano, circunscrito a un período que abarca de 1919 a 1945.

- Así pues, la Revista de Historia del Fascismo ¿trata de esta temática?

- En realidad no, porque antes he definido lo que era el fascismo “en rigor”… pero no es eso lo que se suele entender por “fascismo”. Habitualmente, en el lenguaje político o incluso en el lenguaje coloquial se entiende por “fascismo” a un conjunto de movimientos políticos que aparecieron en los años 20-30 en Europa, América y Asia con características muy parecidas. La primera de todas ellas es que el fascismo es un “movimiento nacional” y por tanto en cada nación tiene unas características concretas derivadas de las condiciones sociales, políticas y culturales de esa nación. Esto explica el porqué “los fascismos” difieren tanto entre sí e incluso porqué, en buena medida, sus doctrinas tienen distintos nombres en cada país. Sin embargo, cuesta poco aislar los elementos “universales” y  reconocer las características propias de esta tendencia.

- ¿Cuáles son estas características?

- La primera de todas es la exaltación de lo nacional; la segunda la exaltación del Estado como encarnación jurídica de la sociedad y como elemento que integra a todos los grupos sociales; la tercera la oposición al liberalismo en todas sus formas lo que da un perfil “social” a todos estos grupos y explica su composición interclasista; la unión de “lo nacional” con “lo social”; la consideración del “imperio” como culminación de lo nacional y del Estado Corporativo como encarnación de “lo social”; un estilo de vida que sitúa la acción por encima de la contemplación, la práctica por encima de la teoría, y, por todo ello, supone una exaltación a la juventud y debe mucho a los valores típicamente militares (disciplina, sacrificio, valor, uniformidad, etc) y también hace que, a diferencia de otros sectores políticos, no retrocedan ante la posibilidad de resolver conflictos mediante la violencia. Las fórmulas políticas pre-existentes son rechazadas en bloque: democracia, parlamentarismo, marxismo en sus distintas variedades. Y, finalmente el cesarismo: no existe movimiento fascista sin un líder indiscutible que asume todas las competencias. Esto es lo que podríamos llamar el “fascismo genérico”, o mejor dicho “el síndrome fascista” que, cuando arraiga, enlaza en cada país con un sentir nacional propio que le aporta algunas características que están ausentes en otros movimiento del mismo tipo en otros horizontes geográficos: el fascismo alemán aporta el racismo, el español la idea de hispanidad, el fascismo rumano la mística religiosa, el fascismo italiano se quiere continuador y culminador del Risorgimento

- ¿Y es de esto de lo que trata la Revista de Historia del Fascismo?

- Efectivamente, de los fascismos entendidos como movimientos de masas que aparecieron en Europa después de la Primera Guerra Mundial y estuvieron presentes hasta 1945 saliendo derrotados en la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, antes de 1919 (la época en la que despuntan los primeros movimientos fascistas) y después de 1945, existen movimientos que anuncian el fascismo o que pueden ser considerados, de una u otra forma, como sus herederos. Estoy aludiendo al pre-fascismo y al neo-fascismo. Y estamos interesados en cubrir todo este arco de tiempo que, en realidad abarca todo el siglo XX. De ahí que el lema de la revista sea: “Ni apologistas ciegos, ni detractores sistemáticos; así fue una época del siglo XX”.

- ¿Desde qué punto de vista tratáis los temas?

- Esta no es una revista “fascista”. En realidad no es la “revista fascista de historia”, sino una “revista de historia del fascismo”, el orden de los factores en esta ocasión SÍ altera el producto: no es lo mismo historiar el fascismo que hacer fascismo. Quienes crean que la RHF es una “revista fascista” se equivocan: es una revista de historia especializada en un tema: pre-fascismo, fascismo y neo-fascismo. No es otra cosa. Y es bueno aclararlo especialmente para evitar confusiones: los fascismos históricos cometieron errores y no vamos a ser nosotros quienes los ocultemos a efectos de mitificación. Tampoco estamos interesados en denigrar a los fascismos: nada tan absurdo (e inútil) como denigrar a un movimiento histórico. La historia, al menos tal como la concebimos desde la RHF no es ni un instrumento de exaltación, ni una piqueta de demolición, sino un útil de exposición, análisis y descripción al margen de cualquier interés doctrinal o político. Por lo demás, consideramos a los fascismos como fenómenos históricos propios del siglo XX y, por tanto, inactuales.

- Sin embargo, tú no eres historiador…

- Efectivamente, y en la RHF no pretende ser una publicación apta solo para especialistas en la historia. Soy periodista y escritor y en ese aspecto de mi vida profesional, escribo sobre los fascismos, resumo, divulgo, planteo problemas y procuro atenerme siempre a criterios de objetividad, veracidad y honestidad. He leído libros escritos por historiadores con título, que son verdaderos panfletos de agitación antifascista, de la misma forma que he leído artículos con pretensiones históricas que no pasan de ser exaltaciones de los fascismos. Nuestra posición no es una ni otra, creo, sinceramente, que la historia de los fascismos es muy amplia y que queda mucho por decir y por revisar.

- Así pues se trata de una publicación “revisionista”…

- El “revisionismo” ha quedado ligado al tema del “Holocausto”. No es este el terreno en el que nos movemos, sino en el de la historia de unos movimientos políticos del siglo XX. El hecho de que las doctrinas revisionistas sean muy especializadas y existan medios, webs, libros, en donde se trata abundantemente, nos evitar penetrar en este terreno. No hemos publicado tampoco artículos sobre el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial que interesa especialmente a los historiadores militares. El “revisionismo” se asocia a la negación de la existencia de las cámaras de gas y a la eliminación sistemática de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, sobre estos temas consideramos que los historiadores alemanes tienen la palabra porque fue sobre su territorio sobre el que se desarrolló este problema. Es, por tanto, un episodio del conflicto bélico, y en nuestra opinión no afecta a “los fascismos”. Ahora bien, nosotros lo que sí hemos publicado son varios artículos sobre el antisemitismo, sus rasgos, su origen, sus variantes, sus precedentes… ¿por qué? porque el antisemitismo aparece en algunos movimientos fascistas y es importante saber cómo ha podido insertarse. Ahora bien, si por “revisionismo” entendemos un replanteamiento de la historia del fascismo en general, sí lo somos: creemos que las distintas corrientes historiográficas que han intentado interpretar el fenómeno se encuentran con el problema fundamental de la diversidad de variedades nacionales y que, todavía, está pendiendo alumbrar una síntesis histórica y una interpretación global al nacimiento y evolución de los fascismos y es a esta tarea a la que la RHF quiere contribuir.

- ¿Existió un “fascismo español”?

- La posición de Ramiro Ledesma y José Antonio Primo de Rivera es clara al respecto: tras unas dudas iniciales en las que miran especialmente a Italia y a Alemania para dar forma a sus movimientos, en su etapa de madurez abandonan esta perspectiva y se dedican a crear un movimiento específicamente español. Dicho de otra manera: la variedad española del fascismo es el nacional-sindicalismo, diferente al fascismo italiano y diferente al fascismo alemán, con características propias y rasgos que indudablemente lo sitúan en esa órbita. Todas las variedades nacionales de fascismo tienen alguna característica propia que los diferencia del fascismo italiano o del alemán. Entendemos perfectamente que algunos falangistas siempre hayan querido distanciarse del fascismo, especialmente después de 1945, pero tendrán que reconocer que si el nacionalsindicalismo tiene similitudes con algún movimiento político de su tiempo es, especialmente y por encima de cualquier otro, con “los fascismos”. Y así ha sido admitido absolutamente por todos los historiadores serios…

- Sin embargo tú acabas de publicar un libro sobre José Antonio y los no conformistas y estos no eran específicamente fascistas…

- En efecto, el movimiento de los no-conformistas era completamente desconocido en España y en el número 22 de la RHF publicamos un extenso dossier sobre su composición, sus ideas y su evolución. A partir de ahí y siguiendo el consejo del historiador francés Arnaud Imatz dedicamos un amplio ensayo a describir las similitudes (… y diferencias) entre los “no conformistas franceses de los años 30” y el pensamiento de José Antonio Primo de Rivera. La dificultad del tema es doble: de un lado el pensamiento del fundador de Falange va evolucionando entre 1930 y 1936, así pues hay que ser extremadamente cauto: el José Antonio de 1930 no es el de 1935. Por tanto, hay que referenciar las citas utilizadas y fijarlas en el tiempo a fin de evitar confusiones. Por otra parte, Primo de Rivera tiene una doble condición: el de doctrinario (que lo era en tanto que tenía una vena intelectual que le llevaba a interesarse por las razones últimas de la lucha política) y el de conductor político. Y así aparecen algunas contradicciones entre lo que pensaba y decía de un lado y la línea que seguía su partido. El José Antonio de 1936 tiende por ejemplo, a disminuir el papel del Estado y está lejos del José Antonio de dos años antes que había redactado el primer manifiesto de Falange en el que se aludía al Estado como “instrumento totalitario”. En esa depreciación del valor del Estado coincide con los no-conformistas, por ejemplo. Sin embargo, esto que parecía alejarlo doctrinalmente del fascismo italiano, en la práctica no es así: Falange Española recibía desde 1935 una ayuda procedente de Italia que está perfectamente documentada. En otras palabras: a pesar de los cientos de obras que se han consagrado al fundador de la Falange y a su pensamiento creo que quedaba espacio para esta que vincula una parte de su pensamiento a los “no conformistas franceses de los años 30”.  

- También te has interesado por la figura de Ramiro Ledesma…

- Ledesma es el otro gran personaje del “fascismo español”, el primero que tuvo claro que en nuestro país esa fórmula política debería arraigar sobre bases muy diferentes a las de Italia o Alemania. Ledesma es el gran olvidado primero para pasar luego a ser el “gran deformado”. A partir de principios de los años 80 se inicia esa deformación que años después se ha convertido ya en una “falsificación”. He leído textos de un infantilismo descorazonador en los que se calificaba a Ledesma como un “nacional-bolchevique”, como un hombre de “izquierda-nacional”, como el “único doctrinario nacional-sindicalista”, etc. Luego se percibe que hay grandes espacios en la vida y en la obra de Ledesma que resultan inexplorados. Y es lo que hemos hecho: nadie, por ejemplo, había tomado El Sello de la Muerte, su novela de juventud, como útil para examinar su psicología en los años de formación del carácter; nadie se había tomado la molestia de examinar la práctica política de Ledesma intentando deducir de ella una estrategia; nadie había examinado tampoco a su círculo de amigos vascos, ni sus orientaciones políticas, ni preguntado porqué financiaron –de manera limitada, justo es decirlo- sus proyectos políticos, ni cuáles fueron los entresijos de la publicación non nata El Fascio, ni la participación de Ledesma en el asunto. Nos queda todavía redactar un ensayo sobre su pensamiento político con el que terminaremos este estudio general que no planteamos realizar desde el principio de la RHF.

- Evola es otro de los autores recurrentes en la RHF ¿por qué?

- La crítica que hace Evola del fascismo es muy interesante y está hecha desde el punto de vista de la derecha tradicionalista. Creo que vale la pena conocerla. Evola, por lo demás, tuvo una actuación no desdeñable en Alemania a partir de 1930 y hasta 1945, conoció a Mussolini aunque nunca se afilió al PNF ni al PFR. Fue el faro y guía de dos generaciones de neofascistas italianos y, a decir verdad, tiene mucha parte de responsabilidad en mi propia formación doctrinal. Estoy agradecido a Evola en lo personal y en lo que se refiere a la RHF creo que seguir su aventura en la Italia de los años 20, en Alemania, sus puntos de vista sobre el antisemitismo, sus relaciones con la administración fascista y sus papel en la educación del neo-fascismo entre 1948 y 1973 es extremadamente interesante y contribuye a aclarar muchos enigmas históricos y a completar el perfil, prácticamente desconocido en España, de este autor y sus relaciones con la política.

- ¿La RHF apoya a algún movimiento político?

- En absoluto, la RHF es completamente independiente de cualquier ideología o movimiento político. Ni, por supuesto, hace publicidad de ninguna ideología, doctrina o programa político. La RHF es hija de mi interés personal por la historia y de mi pasada militancia política. Pero en ningún caso se pretende hacer política, ni mucho menos apologías políticas. Evola, precisamente me enseñó el valor de la objetividad: buscar la objetividad, es decir, buscar el verdadero rostro de las cosas, el verdadero contenido y desarrollo de un movimiento histórico, desprovisto de los glosas de los apologistas y de las denigraciones de los detractores, y mantener la publicación al servicio de la objetividad, es lo que intento en esta publicación.

- ¿Qué temáticas vas a incluir en la revista en los próximos meses?

- En primer lugar acabar las series de artículos sobre Ramiro Ledesma y Julius Evola. Estoy también muy interesado en completar todo lo relativo al “fascismo español” y en este sentido intento contestar a la pregunta de ¿por qué no fue posible un fascismo español? También, en estos momentos, estoy muy interesado en los fascismos Americanos, desde Canadá hasta el Cono Sur. Las relaciones entre los movimientos fascistas y la cultura es otro de los frentes que me interesa cubrir. De hecho antes de fin de año publicaremos un dossier de más de 400 páginas sobre este tema. Creo que no falta temática y, por supuesto, lo que esperamos es poder hacer una revista de cada vez mayor interés para los lectores, que les forme, les informe y les entretenga.

- ¿Otros proyectos?

- Hemos iniciado la publicación de una colección de libros que completen los contenidos de la revista, tenemos intención de utilizar todo el arsenal audiovisual y multimedia que ofrecen hoy las nuevas tecnologías, para divulgar los temas de la publicación. En el fondo, lo que pretendemos es una tarea de aumentar el nivel de conocimientos y la cultura de nuestra población, su afición a la lectura, y muy especialmente a desarrollar un espíritu crítico que hoy está completamente ausente de la enseñanza.

- ¿Vives de esto?

- No, tengo mi actividad profesional completamente diferenciada. Ahora bien, en cierto sentido “vivo” de esto, porque “esto” -la investigación científica de la histórica- es lo que me satisface hacer. Y, creedme, todos necesitamos hacer algo que nos guste al menos durante unas horas al día. “Vivir” en el fondo no es más que esto: ser feliz con lo que se hace.

© Ernesto Milá Rodríguez – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Infokrisis: http://info-krisis.blogspot. com – http://infokrisis.blogia.com – http://revistadehistoriadelfascismo.blogspot.com

 

Entrevista a Ernest Milà

Entrevista a Ernest Milà

Entrevista realizada hace algunos meses con cuestionario realizado por Ediciones Camzo para incluir en un texto de su fondo editorial.

¿Podría resumirnos cuál es el núcleo de su idea sobre la renovación de España?

Es muy simple y se puede resumir en unos cuantos puntos muy esquemáticos:

1) Desde la Generación del 98 no se ha realizado una actualización de los principios del patriotismo español ni se ha realizado una revisión en profundidad de la idea de España. Esto ha generado que esa idea haya quedado envejecida, que sea inadecuada para el tiempo presente y que resulte urgente replantearla.

2) Se suele aceptar que el Imperio de los Austrias es el momento culminante de la historia de España, pero se olvida la falta de sentido geopolítico de Carlos I y en especial de Felipe II que obligaron a España a combatir en dos frentes incompatibles entre sí: en Europa y en la colonización de América.

3) Si apareció este problema fue precisamente por la indefinición histórica de España como potencia marítima (lo que hubiera supuesto priorizar la colonización americana) o como potencia terrestre (lo que hubiera impuesto priorizar y concentrar nuestra presencia en la escena europea.

4) Esta es la primera cuestión que se debe dirimir: ¿qué somos? ¿potencia terrestre u oceánica? Es decir: ¿hacía donde tenemos que apuntar nuestra “misión” y nuestro “destino”? ¿Hacia Europa o hacia América?

5) El patriotismo español estuvo siempre vinculado a la Iglesia Católica y fue de inspiración cristiana. Pero, a partir de los años 60 el catolicismo entró en crisis y el impacto de la fe católica fue descendiendo hasta el punto de que hoy ya es imposible vincular a España a la “defensa de la fe” como pretendía el patriotismo decimonónico.

6) España “fue” antes de la conversión de Recaredo (desde la más remota antigüedad la península fue considerada como un territorio homogéneo y único por todos los pueblos, las Hespérides) y seguirá siendo después de que el catolicismo haya dejado de ser hegemónico en la sociedad española, contrariamente a lo que opina la historiografía patriótica y católica.

7) Una “Nación” según la definición de Ortega y Gasset, recuperada por Primo de Rivera es una “misión” y un “destino”: falta definir con realismo cuál es la “misión” y el “destino” de España en el siglo XXI, pregunta que ha quedado en suspenso desde los años de la postguerra y a la que Ramiro Ledesma apenas aportó un intento de definición en 1935.

8) Es imprescindible no confundir “patriotismo” (impulso de amor e identidad hacia la “tierra de los padres”) con “nacionalismo” (fenómeno esencialmente moderno y decimonónico de matriz liberal). Quien dice “nacionalismo” alude una sociedad liberal, con la burguesía como clase hegemónica, el libremercado como modelo económico y la democracia parlamentaria como forma política. Quien dice “patriotismo” dice identidad, arraigo, tradición. Ser patriota es ser, necesariamente, antiliberal; ser nacionalista, en cambio, implica un cierto grado de ambigüedad.

9) España está hoy sometida a una triple presión: 1) por parte de la Unión Europea, consorcio cerrado franco–alemán generado para garantizar los buenos negocios al capital de ambos países, 2) por la globalización, producto del “empequeñecimiento del mundo” operado tras la II Guerra Mundial y por la concentración de capital y 3) por los micronacionalismos regionalistas. La presión se puede aliviar mediante una reforma constitucional que ponga coto a los nacionalistas periféricos, mediante una renegociación del acuerdo de adhesión a la UE y mediante el rechazo rotundo a la globalización, a lo que representa de pérdidas de identidades nacionales y a lo que acarrea de entrega de los pueblos a la plutocracia y a los “señores del dinero”.

10) Las naciones hoy no pueden ser “cerradas”, deben abrirse “por arriba” a niveles de cooperación internacional y también deben descentralizarse “hacia abajo”. En el primer caso debe prevalecer el “interés nacional” y en el segundo “la unidad del Estado”. Las identidades regionales deben de elegir entre la lealtad al Estado y cooperar en la gobernabilidad del Estado o bien enfrentarse al Estado y arriesgarse a desaparecer.

11) El Estado es la encarnación jurídica de la nación y la estructura de gestión política de un pueblo en el cumplimiento de su “misión” y de su destino histórico. Por eso el Estado debe ser fuerte, sus centros de poder deben ser visibles y sus atribuciones evidentes e indubitadas, y por ello mismo, el delito contra el Estado debe ser considerado como el peor delito. Y por eso, por encima de los partidos debe de existir una vocación y un proyecto nacional que prolongue su vigencia a través de los siglos y al cual los partidos políticos deban de atenerse.

12) En la actualidad España sufre las consecuencias de una transición mal concluida: crisis económica, corrupción generalizada, inmigración masiva, inadecuación de al clase política, ruptura entre la “España real” y la “España oficial”, partidocracia y centrifugación nacionalista, fin del Estado del Bienestar sacrificado en el altar del Estado de las Autonomías. Ninguno de estos problemas puede resolverse en el actual marco constitucional: así pues, es preciso una nueva constitución.

13) La crisis económica, inicialmente un crisis inmobiliaria, se transformó pronto –dada la peculiar estructura económica de España– en una crisis del empleo, luego desembocó en una crisis social, posteriormente en una crisis de deuda pública, cuando ya se había transformado en una crisis política generalizada. No es una simple reforma económica lo que se precisa sino una reforma en profundidad del paradigma organizativo del Estado y de sus mismas estructuras. El parlamentarismo, la partidocracia y el liberalismo económico han fracasado y deben ser relegados definitivamente al baúl de los malos recuerdos

14) La regeneración de España es, ante todo y sobre todo un problema de reforma social: es cierto que el Estado debe proteger y tutelar a la sociedad especialmente de los depredadores (lo que implica enunciar una línea de política social), pero también es cierto que nuestra sociedad tiene una tara congénita que Machado llamó “el macizo de la raza”, es decir, su núcleo central y que hace que nuestro pueblo sea apático, individualista, con muy escaso sentido comunitario, alejado de la tarea del gobierno, despreocupado por ello. Nuestra actual postración no puede achacarse solamente a causas externas: el problema del “macizo de la raza” se remonta precisamente al período de los Austrias y a partir de ahí se prolongó hasta nuestros días agravándose constantemente. La identidad reconquista antes de 1492 se perdió.

15)  Pero no siempre fue así: hubo una España tradicional (lo que llamo “la Vieja España”) en la que nuestro país tenía rasgos de identidad bien definidos que se prolongaron hasta inicios de la Edad Moderna (siglo XVI). Por eso vale la pena estudiar las antiguas tradiciones y la antropología de nuestro pueblo: nos lleva a redefinir una identidad. Y en ella es visible la reaparición del sentido comunitario y tradicional. Así pues, se trata de reconquistar una forma de ser para un tiempo nuevo. Faye llamó a esto “Arqueofuturismo”. Es preciso una tarea educativa sin precedentes para rectificar ese “macizo de la raza”.

He tratado toda esta temática –muy amplia rica y que apenas ha registrado incursiones en nuestro pensamiento político– en tres libros: Identidad, patriotismo y arraigo en el siglo XXI, Reflexiones sobre la crisis de España (por un patriotismo revolucionario) y Teoría y práctica de la familia en España que pueden adquirirse en EMInves o en Amazon.

¿Cree posible avanzar hacia la unidad de lo que se llama en España “el área”, o se está más lejos que antes de intentarlo?

¿Unidad para qué? He defendido desde hace diez años que no existe “el área” sino tres sectores diferenciados en la extrema–derecha: el sector histórico (grupos falangistas, carlistas y distintos círculos neonazis), el sector anti–inmigración (hoy fundamentalmente constituido por PxC y E2000)  y el sector católico (con AES, FyV, MCE, etc.). Y luego una serie de siglas que pueden ser calificadas como restos de serie que carecen de concejales, de votos, de puntos “fuertes” y se limitan a publicar webs, estar presentes en redes sociales sin esperanzas de poder salir de ese nivel.

¿Avanzar a la unidad? Si aceptamos el anterior esquema, aceptaremos también que solamente se puede llegar a la unidad por “sectores”. De estos sectores, el único que me puede interesar es el del sector anti–inmigración e identitario. Y afecta, sobre todo a E2000 y a PxC. Y ahí dejo el asunto porque no me corresponde a mí lanzar puentes ni realizar sondeos. Se trata de los únicos grupos, con mucho, que han obtenido algunos resultados parciales apreciables y cargos electos en algunas ciudades y pueblos.

Si las direcciones de estos dos grupos son lo suficientemente lúcidas como para plantear una coalición de cara a las próximas elecciones europeas, habrán demostrado madurez y entender la situación. De lo contrario, demostrarán ser presas de un afán insensato de llegar en solitario y en primera posición al final de la carrera o de un dogmatismo excluyente que tiene mucho más de ridículo que de otra cosa. Juntos pueden lograr algo, por separado les va a resultar mucho más difícil.

En cuanto al sector histórico y a los católicos, francamente, creo que deberían de pensar con apertura de miras. Pero esa es otra historia que a mí, personalmente, no me corresponde juzgar en absoluto. 

Usted pone énfasis en la formación espiritual del militante y del guerrero, tema que muchos ignoran o desprecian. Hay en ese sentido mucha confusión. ¿Qué le aconsejaría a un joven militante con voluntad de comenzar esa formación seriamente?

El militante debe ser alguien dispuesto a hacerlo todo contando con nada, a entregarse y sacrificar su ego por una empresa que le trasciende y estar dispuesto a seguir su destino. Es, naturalmente, una opción “espiritual” si quieres utilizar esta palabra, aunque yo en realidad prefiero aludir a una identificación “doctrinal” entre el militante y su causa. El militante debería ser un “guerrero político”, pero, no nos engañemos, en la modernidad este concepto suena a pura retórica (y frecuentemente lo es). Con decir que el militante debe ser alguien que ligue su destino personal al de su causa habría suficiente.

Y esto, automáticamente, sirve para enunciar un orden de prioridades: en primer lugar el militante debe saber cuál es “su causa”. No siempre está claro este punto. No siempre el militante es consciente de si lo que pretende es un simple cambio de gobierno, llegar al poder o cambiar el sistema. Y, aun aceptando que lo que pretende es un cambio de sistema, hará falta enunciar cuáles serán las características de ese sistema que sustituirá al actual.

Todo esto precisa formación, formación y formación. Pero no me gustaría ser confundido con un “vendedor de cultura”, como aquellos “gramscistas de derechas” de finales de los 70 y principios de los 80, que eran como un entrenador que decía a su equipo: “para jugar un partido hay que entrenarse”. Y, nosotros, todos, nos entrenábamos, esperando que llegara un día en el que “jugaríamos el partido”; pero los dirigentes de la “lucha cultural” nunca consideraban que había llegado el momento de jugar el partido. Y en eso siguen, mientras Marine Le Pen se está convirtiendo en primera fuerza política… sin que en ese ascenso la “lucha cultural” haya tenido absolutamente nada que ver. Por eso no me gusta considerar la lucha cultural como aislada de las luchas en otros terrenos. Y nunca la recomendaría.

Es más, puede ser incluso perjudicial para el militante: el absorber conocimientos y matices culturales, adquiriendo –en el mejor de los casos– una amplia cultura puede generar un desarrollo hipertrófico de su ego y derivarlo hacia la “intelectualidad”. Drieu decía que intelectual “no es aquel que piensa, sino el que hace del pensar una profesión”. Muchos amigos entrarían dentro de esta definición. No es lo que busco, ni lo que me interesa, ni lo que voy a recomendar a otros.

Lo primero que le recomendaría al militante es que se informara de en qué consiste su opción, que la fuera perfilando, que cada día leyera la prensa diaria (en Internet es fácil hacerlo), y que profundizara en lo que quiere (doctrina), en cómo lo quiere obtener (estrategia y organización) y en comprender cómo es el mundo de su tiempo (mediante el análisis político y la comprensión de cuáles son las líneas maestras de la modernidad) y porqué se producen los fenómenos económicos, políticos y sociales que son el pan de cada día.

Ser militante y ser dirigente son dos conjuntos complementarios: el dirigente debe ser militante, pero el militante no debe ser forzosamente dirigente. Hoy lo que necesita nuestro ambiente político son dirigentes mucho más que militantes. Hay una docena de siglas para militar, forjar las primeras armas y asimilar lo que es la militancia. Pero quede claro que ninguna de estas siglas es perfecta, ni yo voy a recomendar participar en ellas (a pesar de que estoy afiliado de base a España 2000 y veo con buenos ojos la actividad que desarrollan los concejales de PxC en el cinturón industrial de Cataluña), de la misma forma que desaconsejo la participación en grupos residuales que llevan 15 años con dificultades para pasar de 100 a 200 afiliados… en efecto, en ocasiones el “minimalismo” político no es síntoma de calidad, sino muestra de la levedad e irrelevancia de sus dirigentes, de la inadecuación de la doctrina o de sobredosis de despiste ingenuo e infantil puro y simple.   

Usted produce una cantidad admirable de textos. ¿Cree que en España la militancia lee y comprende suficientemente ese tipo de textos?

Habitualmente escribo para aclarar mis propias ideas. El proceso de elaboración de un artículo es importante para buscar información sobre un tema concreto, valorar las distintas posiciones y establecer la que más conviene a la propia concepción del mundo.

Parto de la base también de que en este momento apenas existe militancia política. Y dudo, incluso, de que la poca que hay actualmente movilizada, sea la que conviene e incluso la que se necesita para alumbrar un movimiento político. Para esto hacen falta dirigentes, gente lúcida con capacidad de análisis, voluntad y decisión. No es esto, precisamente, lo que abunda hoy.

Uno de los elementos que más me interesan en este momento es precisamente la experiencia histórica del fascismo. De ahí que mensualmente publique la Revista de Historia del Fascismo que va ya por el número XXIV. Y me interesa, porque el fenómeno fascista ha sido mal comprendido por propios y extraños, especialmente en nuestro país. La pregunta es: ¿cómo diablos en apenas 20 años aparecieron en toda Europa líderes, clases políticas dirigentes y millones de militantes, muchos de ellos de mucha calidad humana y personal, capaces de detener y revertir los procesos de decadencia entonces en curso? La respuesta es: porque existía una élite intelectual que había entendido cuáles eran los mecanismos de la decadencia y sobre esa base un grupo de líderes políticos decidieron reaccionar contra ella.

El que esta élite existiera se debió, sin duda, a fenómenos muy diversos: la experiencia bélica de la primera guerra mundial, que aportó a sus protagonistas la realidad de otro modelo de sociedad, la sociedad guerrera, frente a la sociedad de los mercaderes. Menos influencia tuvieron las crisis económicas. La reacción contra el bolchevismo agresivo fue otro elemento fundamental, así como la afirmación de un clima cultural previo en donde se fueron agregando pequeños elementos (sindicalismo, nacionalismo revolucionario, futurismo, jóvenes conservadores, antisemitismo de matriz social, etc.) que fundidos todos dieron como resultante el fascismo.

Ninguno de estos fenómenos está hoy presente, por tanto es difícil que aparezca un fenómeno como el fascismo histórico. Si a eso unimos cierta ceguera y no pocas dosis de mediocridad entre los dirigentes de los movimientos “neofascistas” españoles, es evidente que, mientras persista la situación, ninguno de ellos va a poder destacar ni mucho menos convertirse en opción de poder.

A la pregunta de si la militancia comprende lo que escribo, cabe recordar lo ya dicho: apenas hay militancia y si escribiera para una militancia inexistente poco o nada estaría haciendo. He trabajado y escrito para grandes editoriales y durante mucho tiempo he logrado vivir de mi producción para estas empresas. Hasta que llegó un momento en el que me sentí cansado y harto de escribir lo que me pedían y que en buena medida no me interesaba en absoluto. Hoy escribo sobre lo que me interesa y en el orden que me interesa, haciendo abstracción de quien me lee.

Al viejo infokrisis (http://infokrisis.blogia.com) que llevo publicando desde hace 10 años y que cuenta con dos mil artículos y una media de 3.000 entradas diarias (reforzado con mi presencia en otros blogs y en varias redes sociales (en este enlace están todos los enlaces que engloban mi trabajo en la red: http://info–krisis.blogspot.com.es/2013/03/mis–otros–blogs.html), acuden una mayor parte de gente que no pertenece a “nuestro ambiente” político y que demuestra que se puede penetrar en otros ambientes a poco que uno sea consciente de lo que hay de eterno y permanente en su concepción del mundo y de aquello otro que está superado, que fue y que no volverá a ser.

En países como Italia existe también la fragmentación y enfrentamientos entre grupos afines, sin embargo existe también una vitalidad que parece no existir en España ¿Se debe esto al carácter español, a la historia reciente, a alguna otra causa que Ud. pueda mencionar?

Se debe a que durante los 40 años del franquismo se produjo un empobrecimiento entre la militancia. El “fascismo español” fue siempre débil precisamente por el excesivo papel que ocupaba la Iglesia Católica durante los años 30–60 y que hizo imposible la existencia de un movimiento político que escapara de su órbita y control como son, en definitiva, todos los fascismos.

He dicho en muchas ocasiones que el franquismo fue un fenómeno polimórfico: fascista imperial entre 1939 y 1942, nacional–católico entre 1943 y 1959 y tecnocrático–desarrollista entre 1960 y 1975. En cada fase hubo una fuerza política preeminente: los falangistas primero, los propagandistas de Acción Católica luego y finalmente el Opus Dei. Cuando murió Franco, había miles de falangistas divididos en media docena de grupos, estaba Fuerza Nueva, estaba CEDADE y había cientos de militantes no organizados. Todos nos vimos superados por la velocidad a la que se desarrollaron los tiempos de la transición y la mayoría se sintió respaldada por los miles y miles de militantes y simpatizantes que acudieron a los actos del 20–N en la transición entre 1976 y 1981. Además, éramos muy jóvenes y sin experiencia para poder controlar el proceso e incluso las organizaciones en las que militábamos.

Creo que fui de los pocos que advertí en 1977 a Blas Piñar sobre el hecho de que diez años después el acto del 20–N terminaría celebrándose en un teatrito. En efecto, hacia 1987 la asistencia había disminuido extraordinariamente y empezó a ser residual e irrelevante. Pero, dado que ni la militancia, ni las direcciones políticas de los grupos existentes, tenían la más remota idea de en qué consistía la práctica política, creyeron que el dogmatismo, la pretendida fidelidad a los ideales, habitualmente máscaras del egocentrismo y de la cortedad de miras, el ambiente, no sólo se estancó, sino que entró en pérdida a partir de 1979 y en franca crisis a partir del 23–F de 1981. Al convocarse las elecciones de 1983 era evidente que el ambiente había entrado en una atomización que todavía dura hoy. Por eso siempre he sido partidario de no repetir los errores: aquella extrema-derecha de la transición fracasó y murió con la transición. Intentar resucitarla supone perder el tiempo y atenerse a un modelo que ni siquiera en su tiempo funcionó.

Todo este lamentable proceso fue el resultado de dirigentes que se habían criado al calor del franquismo y que no ascendían ni por lucidez ni por méritos, sino por fidelidad al mando… un mando que cuando murió el 20–N dejó a muchos incapaces al frente de diarios y grupos que de otra manera jamás habrían ostentado. Ante el caos de Falange Española y de Fuerza Nueva durante la transición es evidente que, poco a poco, se fueron retirando los mejores y los cuadros más capaces y se produjo una selección a la inversa que restó más y más dirigentes y atrajo solamente a militantes jóvenes, inmaduros, sin posibilidades de formarse que en el mejor de los casos difícilmente superaban los dos años en activo. En los dos volúmenes de mis Ultramemorias he intentado aproximarme a las causas del fracaso de la extrema–derecha y ahí remito a los lectores que les interese profundizar en esa dirección.

Teniendo en cuenta el carácter mercenario de las instituciones militares modernas, ¿hasta qué punto podría considerarse lícito el concepto de la "defensa de la Nación" actualmente? ¿Podría comparar a grandes rasgos el carácter militar desde las opuestas perspectivas: Tradicional y Moderna?

Me interesan los temas sobre la tradición guerrera y mucho menos los temas propios de la defensa nacional; explicaré el porqué. Existe una diferencia sustancial entre el “soldado” y el “guerrero”. El primero es aquel que hace del “sueldo” (de la soldada) el eje de su vida. El segundo es aquel que experimenta que en su carácter hay un elemento preponderante que le llama a la acción y que pone al servicio de su comunidad. En ambos casos subyace una característica propia de la naturaleza humana (que tiene mucho de animal… en el mejor sentido de la palabra). Somos biología (pero no solo biología, naturalmente) y esa biología es lo que hace que estén presentes en nosotros los mismos instintos que en las especies superiores: instinto de supervivencia, instinto de agresividad, instinto territorial, etc. En las culturas superiores estos instintos están “modulados”: el instinto territorial se convierte en patriotismo, el instinto de supervivencia en natalidad y eugenesia, el instinto de agresividad en concepción guerrera de la vida que informa a la casta guerrera en las sociedades trifuncionales indo–europeas.

La imagen del “soldado” apareció fugazmente en la Edad Media y muy especialmente se difundió en el Renacimiento italiano junto a los “condottieros”. La Revolución Francesa concedió el “deber” de defender a la patria con las armas en la mano, estableciendo el servicio militar obligatorio. Antes, en las sociedades tradicionales, no hablábamos de un “deber” de empuñar las armas, sino del “derecho” de la aristocracia guerrera a llevar armas y defender a la comunidad. Era la “función guerrera” que completaba el marco social junto a la “función productiva” (el artesanado y el campesinado) y la “función sacerdotal” (la casta religiosa). Sacerdotes, guerreros y artesanos formaban una sociedad orgánica, especializada por una parte y comunitaria por otro.

Las naciones solamente aparecieron a finales del siglo XVIII. Antes existían los “reinos”. No existía nacionalismo, existía un patriotismo (arraigo a la tierra natal) y una fidelidad al monarca considerado como encarnación de la nación). El rey era el primus inter pares entre los aristócratas y, anteriormente, su figura era una síntesis del guerrero y del sacerdote.

Mientras las aristocracias ganaron sus blasones armas en mano, pudo decirse que en esa casta figuraban los “guerreros” dignos de tal nombre. Luego, cuando la nobleza pasó a ser hereditaria y se fueron olvidando sus obligaciones, más no así sus derechos, empezó la decadencia de la función guerrera que quedó sepultada con la Revolución Americana y con la Revolución Francesa en apenas 20 años. Es en este proceso en el que se afirma el concepto de Nación como sustituto del Reino. Antes existían las “nacionalidades” o partes con identidad propia en las que estaban divididos los reinos o los imperios. Las naciones modernas y democráticas se formaron sobre la nivelación de las “nacionalidades”, “patrias carnales” o “patrias chicas”. Apareció así el jacobinismo que uniformizó las naciones y abolió las identidades regionales pre–existentes. Se trató de un fenómeno propio del siglo XIX.

A partir de entonces apareció con Clausewitz el concepto de “defensa nacional”. Para situarlo podemos decir que era un concepto superior al internacionalismo y al pacifismo, pero inferior a lo preexistente: la defensa del Reino y de sus nacionalidades, la lealtad hacia el monarca y la obligación de la casta guerrera. La “defensa nacional” se “democratizó  pasó a ser “cosa de todos”, incluso de aquellos cuyo carácter era más propio del sacerdote o del productor, pero en absoluto del guerrero.

Esto por lo que respecta a la génesis de la modernidad y a la liquidación del concepto tradicional de orden social (un orden trifuncional).

En ese contexto vale la pena realizar una especificación importante. Cuando la “defensa nacional” se democratizó, la mayoría de los valores de las antiguas aristocracias guerreras pasaron a enseñarse en las academias militares y se recluyeron allí. Se les agregó un acompañamiento emotivo y sentimental para que “hicieran juego” con el Estado que las financiaba y que requería su concurso: se insiste, por ejemplo, en que las fuerzas armadas están creadas para respetar el orden constitucional, que su misión es la defensa de la democracia, etc. Pero, a fin de cuentas, la forma de entrenamiento militar (que consiste básicamente en neutralizar el ego para que afluya, mediante la disciplina, un valor mas elevado, el “esprit de corps” y la posibilidad de desafiar a la muerte) es irreductible a la democracia.

Y esto es lo que ha hecho que en la milicia, las virtudes militares estén mucho más acusadas y vivas hoy que en cualquier otro cuerpo social. Tal es la tesis que hemos expuesto en nuestra obra Militia, introducción a la tradición guerra (que hoy puede ser adquirida en Amazon.com y en cuya segunda parte estamos trabajando actualmente), a saber, que para superar la pendiente de la decadencia, es necesario dotarse de valores tradicionales; estos valores están hoy vivos y, como he dicho, se transmiten en las academia militares.

Por tanto, el tránsito de una sociedad masificada y burguesa a una sociedad nuevamente enderezada, solamente puede realizarse mediante la recuperación de unos valores que no sean meramente teóricos, sino que estén vivos y activos, al menos en un sector de la sociedad. Los valores del sacerdocio están lamentablemente lastrados por el concepto que el cristianismo tiene de esta casta, sin embargo, los valores militares sí son susceptibles de ser enseñados en las escuelas y de contribuir a un enderezamiento de la sociedad.

¿Hasta qué punto podríamos considerar ajeno al espíritu popular el concepto artístico institucionalizado con miras a representar la esencia moderna? ¿Podríamos considerar también una intromisión por parte de un elemento étnico exótico en este aspecto?

Se trata de un problema complejo que vamos a intentar resumir. Hasta ahora las aportaciones culturales que nos han llegado de la inmigración están próximas al cero absoluto. En realidad, resulta muy difícil traspasar una concepción cultural de un país a otro. Como máximo se pueden trasladar algunos elementos aislados y adaptados (el jazz, por ejemplo). Todo lo que procede del Tercer Mundo está lastrado por un concepto que desapareció en Europa entre los siglos II y VII: el concepto de tribu. En África y en zonas del mundo árabe, sigue vivo. No, desde luego, entre nosotros.

Si han penetrado en el Primer Mundo formas culturales procedentes del Tercer Mundo, no se debe a la tarea de difusión cultural de los exponentes de este último, como a la búsqueda de originalidad y de “productos nuevos” de los marchantes y “agitadores culturales” del Primer Mundo. ¿Por qué ha ocurrido este proceso? ¿Por qué un cretino aporreando un tambor puede ser considerado como “música”? Simplemente porque la creatividad se ha agotado en Occidente. Ha entrado en crisis. Era normal que así ocurriera.

La intelectualización del arte (es decir, el interpretar una determinada creación artística en función de conceptos ideológicos que nada tienen que ver con ese arte en sí) generó el fenómeno de las “vanguardias artísticas” desde el último tercio del siglo XIX.

Julius Evola, que vivió intensamente el dadaísmo explica que en éste existía todavía un impulso hacia la trascendencia y, por tanto, consideraba el mundo como algo más allá que lo perceptible por los sentidos. Sin embargo, en la vanguardia que lo sustituyó, el surrealismo, esta tendencia ya estaba completamente ausente y, en el mejor de los casos, había sido sustituida por la superstición pura y simple: lo “inmaterial” había sido sustituido por el interés en la interpretación de los sueños en la línea de Sigmund Freud y en la escritura automática propia de los ocultistas de los 30 años anteriores. Ulteriores vanguardias contribuyeron cada vez más a rebajar el listón de calidad.

El arte, para ser tal, debe ser anónimo. No está destinado para engordar el ego del artista, ni aumentar su fama, su popularidad o sus ingresos, sino que debe “sintonizar” con lo absoluto y ofrecer a la sociedad la posibilidad de que, contemplándolo, entre en contacto con la trascendencia. Esa presencia de “lo absoluto” en una creación artística es lo que se llama “inspiración”. Los fines utilitaristas, crematísticos o egóticos hacen que una pretendida “creación artística” no pase de ser la obra puramente contingente de un artista que mira a la materia y que, en tanto que todo lo material puede ser reproducido hasta el infinito, topa con la competencia que otros miles de artistas intentan en el mismo plano. Vence aquel que domina mejor las relaciones públicas, no aquel que está “inspirado”. Cuando a la “inspiración” se une el dominio de la técnica estamos ante la genialidad. Algo que ya queda muy lejos de nuestro tiempo.

El arte se vuelve así masificado, irrelevante y “original”, cuando en realidad debería de ser inspirado, trascendente y “originario”.

En esa búsqueda de la “originalidad” es donde los “artistas” que predican el “mestizaje” y la “fusión cultural”, han intentado penetrar e introducir sus productos averiados. Pero es imposible fusionar la música de Bach con el tam–tam sin obtener un resultado ridículo. Y si alguien cree que es posible, solamente esa misma creencia basta para desacreditarlo como artista y tenerlo por traidor (consciente o inconsciente, simplemente por estupidez) a su propia identidad.

Respecto al fenómeno de las migraciones masivas, ¿hasta qué punto podría resultar alterado el orden geográfico de las distintas culturas actuales capaces de sobrevivir? ¿Podría esta consecuencia dar paso a una futura valoración étnica como primera base cultural?

En los últimos 30 años, Europa ha sufrido migraciones prácticamente ilimitadas procedentes del Tercer Mundo. En España este fenómeno se inició posteriormente, en 1997, pero en apenas 15 años nos hemos colocado a la cabeza de Europa en este terreno. Los problemas que genera la inmigración son claros y se pueden enumerar sistemáticamente: 

1) Hemos asistido al mayor movimiento migratorio de la historia, sin precedentes en ningún otro momento del pasado.

2) Esto ha generado el cambio del sustrato étnico y antropológico de Europa en apenas una generación.

3) Las tasas de natalidad europeas no superan la tasa de reposición, mientras que las de la inmigración las superan entre dos y cuatro veces.

4) Contra más primitivo es el país de origen de los inmigrantes, estos disponen de una mayor tasa de reposición.

5) Esto hará que en un plazo de entre 20 y 50 años, la población de origen inmigrante supondrá entre un 30 y un 50% de la población de algunos países europeos.

6) Contrariamente a lo que opinan los “humanistas–universalistas” no se producirá mestizaje étnico (éste es muy minoritario en la actualidad) sino creación de una cultura mestiza de baja o bajísima calidad en la que los europeos cederemos ante poblaciones cuyo primitivismo tribal es lacerante.

7) Los que hablan de “España país de las tres culturas” y de “fusión cultural”, ignoran que los inmigrantes no se refieren en absoluto a estos conceptos.

8) Los inmigrantes y los gobiernos ofrecen “integración”: respetar las identidades originarias de los inmigrantes procurando que no entren en conflicto con la identidad nacional del país de acogida.

9) La postura correcta sería “asimilación”: el inmigrante que quiera permanecer en Europa debe de asumir los rasgos de la cultura europea, renunciando a los suyos propios.

10)  El mestizaje étnico y/o cultural no crea “riqueza” en ninguno de estos terrenos sino que acarrea inestabilidad social tal como demuestra la experiencia histórica.

Por lo demás, en relación a la pregunta que formulas, en la actualidad la inmigración ha destrozado cualquier idea de “orden” geográfico, étnico, geopolítico, social, etc. Sus promotores han sido los poderes globalizadores (siempre hemos dicho que la globalización es una autopista de doble dirección: este a oeste y de sur a norte, inmigración; y de oeste a este y de norte a sur, deslocalización industrial) con el único objetivo de aumentar los beneficios del capital.

Este proceso ha sido facilitado por el humanismo–universalista que hemos denunciado en muchas ocasiones, una de cuyas alucinaciones más insensatas es un mundo con un gobierno mundial (ONU), una religión mundial (new age) y… una sola raza mundial (… la humanidad mestiza). Por increíble que parezca, hay ideólogos del universalismo que piensan y actúan en función de esta hipótesis.

Si nos oponemos a la inmigración masiva (y, por tanto, a la globalización, es imposible aceptar la primera y rechazar la segunda como hace la nueva izquierda, “indignada”) lo que estamos haciendo es defender nuestra identidad. Y esta noción es fundamental: un pueblo con identidad es un pueblo consciente de sí mismo, de sus rasgos, de sus características, de su existencia, de su misión y de su destino. No es raro que los promotores de la globalización se hayan cuidado de destruir, como paso previo a la realización de su proyecto, a las identidades nacionales. 

Usted entre muchas de sus obras escritas ha publicado ‘Marruecos: el enemigo del Sur’ y ‘El Libro Negro de la Inmigración’ ¿En qué punto de inflexión se encuentra España frente al ‘enemigo del Sur’ en particular y al mundo árabe en general? ¿Y Europa? 

Estos libros se escribieron hace diez años, tuvieron tiradas de 2.000 y 4.000 ejemplares y hoy se encuentran completamente agotados, pero pueden leerse bajo forma de e–books en Amazon.com. Las tesis que mantenía hace diez años se han confirmado: 

1) Las “revoluciones árabes” han confirmado lo que ya decía: que la única fuerzas política y social del Magreb es el Islam y que Europa está obligada a entenderse con el Islam antes que apuntalar a los regímenes corruptos del norte de África o a ejercer la vocación mesiánica de implantar regímenes “amigos”.

2) La monarquía marroquí es el único régimen magrebí que ha sobrevivido en estos últimos diez años y esto a costa de adaptarse: primero realizando operaciones en las “alcantarillas” para limitar el crecimiento de los islamistas (2003, atentados de Casablanca), luego creación de un partido seudo–islamista domesticado por la casa real, finalmente intentando cohabitar con los islamistas radicales del Partido de la Justicia y el Desarrollo y de la organización islamista Justicia y Caridad. La monarquía alauita está cada vez más desprestigiada.

3) La Unión Europea intenta apuntalar al régimen marroquí ofreciendo un “acuerdo preferencial” que sentencia a muerte a la agricultura española, sin que nuestro gobierno haya pronunciado ni una sola palabra en Bruselas en defensa de nuestro agricultores.

4) Durante esta última década, Marruecos ha proseguido con la línea iniciada a finales de los noventa: inundar España con haschisch procedente del Valle del Rif, permitir el paso de millones de inmigrantes, proseguir con la guerra económica, no rebajar ni uno solo de los objetivos incluidos en su ficción geopolítica del “Gran Marruecos” (con Ceuta y Melilla como primer objetivo y Canarias como segundo) y rearmarse, configurándose como primer aliado de EEUU en el Magreb.

Podríamos añadir: “tal como lo preveíamos”, si no pareciera excesivamente petulante. Pero así ha sido. Las tesis que anunciamos en Marruecos, el enemigo del sur, Marruecos, la amenaza y el Libro Negro de la Inmigración (los tres a la venta en Amazon-Kindle), se han cumplido al pie de la letra… tal como podía prever un observador objetivo y tal como podía prever nuestro gobierno si hubiera evaluado la situación con rigor.

Nuestra tesis final y de síntesis era: el Islam es un elemento de la cultura del desierto, de otros horizontes geográficos. Sigue siendo la única fuerza política y social real en las zonas de mayoría islámica en donde los partidos políticos “a la europea” no existen. Y, por tanto, en el contexto de una política europea en relación a África, el islam debe ser el principal interlocutor válido. Ahora bien, esto no implica ni aceptación del islam en Europa, ni siquiera considerar al islam como algo más que una superstición propia de las tribus primitivas anárquicas con las que Mahoma tuvo que lidiar… Insisto mucho en esta idea: el islam es “cosa del desierto”… y en Europa los bosques son dominantes. Dicho de otra manera: el islam es el interlocutor válido en el Magreb y en Oriente Medio, pero es islam no tiene lugar en la sagrada tierra de Europa. Así pues, la idea que hemos lanzado es: alianza con el islam en el Magreb y en Oriente Medio, pero a condición de que no se aporte ni un petrodólar para la expansión del islam en Europa. Cualquier otro planteamiento, me temo que será el preludio a un inmenso caos: porque ni el Magreb ni Oriente Medio son zonas en las que pueda instalarse una democracia a la europea, ni Europa es, culturalmente, una tierra de promisión del islam. Así que hace falta ser claros y establecer políticas en función de esa claridad y de esa racionalidad.

Usted comentaba en el periódico IdentidaD en el año 2008 que el proyecto político concreto del gobierno de Zapatero era el ‘Universalismo Humanista’. Estamos viendo desde que el Sr. Rajoy empezó a gobernar que las medidas que está tomando son la continuación, en cierta medida, de las del Sr. Zapatero ¿Qué proyecto político concreto está siguiendo el gobierno de Rajoy? ¿Qué desarrollo ideológico está llevando a cabo la política del PP en la actualidad?

IdentidaD pudo aparecer con una tirada inicial de 15.000 ejemplares y final de 10.000 durante 34 números, si no recuerdo mal, desde 2008 hasta 2011. A pesar de venderse en kioscos, la revista fue completamente irrelevante y nunca tuvo una política de promoción y marketing, así que pasó casi completamente desapercibida en nuestro ambiente político. Yo aportaba contenidos (prácticamente el 75% de los artículos publicados). Fue una pena que no llegáramos a tiempo para someter a juicio la gestión del PP en el poder. Era fácil atacar al zapaterismo porque, no solamente en su doctrina, sino en sus gentes, en sus gestos, en sus actitudes y en su gestión, era una banda sencillamente de incapaces, culpables junto a la corrupción del “felipismo”, de haber literalmente vaciado al PSOE de elementos de valía personal y de capacidad técnica. Si pensamos que hoy Rubalcaba es lo mejor que le queda al PSOE podemos entender el estado de putrefacción de ese partido.

En realidad, las raíces de los problemas de hoy hay que buscarlas en el tardo- franquismo: allí empezó la crisis de la enseñanza, el modelo económico basado en el “ladrillo” y en el turismo, la desintegración social, que luego se han ido agravando sin parar.

Es indudable que Felipe González realizó una muy mala negociación para nuestro ingreso en la Unión Europea que costó el desmantelamiento de sectores amplios de nuestra economía (industria pesada, siderurgia, astilleros, minería), luego Aznar creó un modelo económico insensato basado en “ladrillo”, salarios bajos, inmigración masiva y acceso fácil al crédito, que generó la burbuja inmobiliaria. Las bombas del 11–M generaron el que un incapaz, rodeado de una banda de gente más incapaz todavía, llegara al poder, no hiciera nada para detener la burbuja inmobiliaria, abriera las puertas de par en par a la inmigración e intentara realizar una tarea de “ingeniería social” según las orientaciones de la UNESCO, para luego, cuando estalló la crisis, negarla primero y afrontarla después de manera errónea transformando la crisis inmobiliaria en crisis de endeudamiento público.

Y en eso llega Rajoy: un hombre que durante la campaña electoral prometió que la economía con él volvería a ir bien ¡por que estimularía el sector de la construcción!, palabras propias, sino de un ignorante, sí de al menos de alguien que se ha preocupado mucho de triunfar en guerra intestinas dentro del PP, pero muy poco por leer la prensa diaria.

¿Qué está haciendo Mariano Rajoy? Básicamente lo mismo que hizo Zapatero. De ahí que cuando en Twitter se alude al “PPSOE” y yo mismo, cuando durante los 34 números de IdentidaD decía que las políticas del PP y del PSOE eran las dos caras de una misma moneda, tengamos razón. ¿Cuáles son los en los que Rajoy insiste?

1) Hay que afrontar los compromisos adquiridos con Europa: especialmente con entidades de crédito francesas y alemanas, así pues hay que devolver los préstamos que la banca española recibió y precisamente por eso, con entidades de esos países a la vista de que nuestra banca habría quedado colapsada si no hubiera recibido 250.000 millones de ayudas públicas. El PSOE dio esas primeras ayudas, el PP las ha seguido dando.

2) Hay que mantener a 7.000.000 de inmigrantes de los que 1.500.000 ya tiene nacionalidad española… pero no trabajo. 500.000 son jubilados europeos que viven de maravilla o son estudiantes Erasmus, 1.250.000 trabajan y cotizan por las franjas salariales más bajas y el resto viven de la caridad pública. Así pues, tenemos un excedente de inmigración de 5.000.000 de personas que no se van ni se piensan ir por dura que sea la crisis (y los que se van a su país siguen empadronados aquí con la intención de que al cabo de 10 años de llegar obtengan la doble nacionalidad que les permita buscar trabajo y vivir en su país de origen o en la UE). El PP inicio el fenómeno migratorio con Aznar, Zapatero abrió las puertas de par en par y Rajoy no ha tomado ni una sola medida para cerrarlas.

3) Tanto el PSOE desde el “felipismo” como el PP en el período de Aznar y hoy con Rajoy, llevan adelante una política fiscal basada en penalizar a las rentas procedentes del trabajo y reducir la presión fiscal sobre las rentas procedentes del capital. No es privativo de España, ciertamente, porque es la política dictada por los “señores del dinero” en todo el mundo. Lo que significa que tanto PP como PSOE tienen en los temas importantes la misma hoja de ruta impuesta por otros a los que no votamos, ni que nos presentan sus programas.

4) Rajoy es un liberal moderado que coexiste con liberales radicales en su propio partido (empezando por Esperanza Aguirre y terminando por el mini grupo mediático de Intereconomía) cuya política no es muy diferente de la de un Zapatero que aceptaba las privatizaciones, “mientras no afectaran a los servicios sociales básicos”.

5) Rajoy, como Zapatero, son partidarios del soft–power, el poder blando, diversificando los centros de poder, transfiriendo competencias a Europa “por arriba” y a las comunidades autónomas “por abajo”. Por eso no hay reformas en la administración, ni se alude a renegociar el acuerdo de adhesión con la UE, ni a realizar modificación alguna en el texto constitucional. Las únicas reformas que se han planteado en el mercado laboral son continuación de las que ya realizó Zapatero: aumentar la competitividad rebajando indemnización por despido, disminuyendo coberturas sociales y limitando los salarios: pero será difícil alcanzar las condiciones laborales de China o de Vietnam, las únicas que podrían devolvernos competitividad en un mundo globalizado.

6) ¿Cuál es, pues, la política que sigue Rajoy? Neocapitalismo globalizador. Sólo eso y nada más que eso: tendencia progresiva a las privatizaciones para aumentar la concentración de capital, aceptación acrítica del fenómeno globalizador y aceptación del fatum iniciado con Felipe González: lo ya firmado, es innegociable y hay que esperar a que conduzca a sus últimas consecuencias, por dramáticas que sean. Todo el problema consiste en preparar a la sociedad.

Cambiando de tema y para finalizar, desearía preguntarle sobre la masonería. Como experto en Masonería y Sociedades Secretas ¿qué diferencias básicas existen entre la Masonería de finales del siglo XIX, en la cual estaban grandes literatos y filósofos, y la masonería actual?

Se tiene tendencia a pensar que la masonería es una sociedad unitaria en su estructura y en su doctrina. No es así. Dentro de la masonería hay múltiples Obediencias (redes de logias que aceptan una autoridad común) e innumerables Ritos (distintas liturgias rituales practicadas en cada logia, que varían extraordinariamente) en cada país. Y, por lo mismo, incluso en los momentos en los que masonería ha sido más preeminente respecto a la sociedad de su tiempo (de mediados del siglo XVIII al primer tercio del siglo XX) las opiniones políticas, los criterios doctrinales y las inspiraciones ideológicos han sido múltiples y muy diversificadas. Encontramos junto al tradicionalista Josep de Maistre, a ultra revolucionario como un Danton, sin ir más lejos. Es decir, junto a ideas tradicionalistas, se difundían ideas liberales avanzadas.

Siempre la masonería ha sido un “pastiche” ideológico (hoy mismo, en España, hay presencia de todos los partidos políticos (PP, PSOE, IU, CiU, ERC, PNV, etc, con una “leve” preeminencia de miembros del PSOE) en el que lo mejor se ha juntado con lo peor… Pero si hay que encontrar una línea preponderante en la masonería histórica es, sin duda, el ser el motor de las revoluciones liberales, desde 1789 a la II República y desde Kemal Ataturk hasta Sandino. Allí donde se ha instaurado una logia masónica, antes o después, desde la independencia de las colonias de Nueva Inglaterra, lo que se ha generado es una revolución liberal.

Vale la pena repasar lo que dice Evola en la segunda parte de Los Hombres y las Ruinas sobre el papel histórico de la masonería: no sirvió para otra cosa que para generar un modelo político en el que la burguesía mercantil sustituyó a la aristocracia de la sangre que había ostentado la hegemonía en el ciclo histórico anterior.

Pero la masonería no ha cambiado mucho en estos últimos 300 años: tanto al principio como ahora, allí fueron a parar arribistas en busca de “buenos negocios”, “contactos” y para codearse con el “stablishment”. La única diferencia entre otro tiempo y el nuestro es que en la actualidad, prácticamente, no queda gente de relevancia cultural y social en la masonería y en otro tiempo sí los hubo.

Esto tiene mucho que ver con el empobrecimiento general de nivel cultural que se produce en todo el mundo y especialmente en los países occidentales, con el repliegue hacia lo personal que hacen incluso los intelectuales más exhibicionistas y que les inhabilita para participar en todo tipo de asociaciones, pero también, con una bajada del listón en las condiciones de admisión en la masonería: hoy, allí, entra todo el mundo. Harina de otro costal es que permanezcan durante mucho tiempo (la mayoría apenas supera el grado de “aprendiz” y menos de un 30% de los recién llegados llegan a “maestros”…) y que su permanencia allí aporte algo a la masonería. 

¿Cuál es la realidad actual de la Masonería en nuestro país? ¿Qué planes tiene y qué objetivos se está marcando respecto a la crisis que todo Occidente está sufriendo, así como dentro de lo que es la estructuración que las sociedades están sufriendo para adaptarse al impuesto Nuevo Orden Mundial? 

La masonería en España está compuesta por unas 4.000 personas, de las que la mitad son extranjeros –habitualmente ingleses, holandeses y alemanes– que se han jubilado y residen en Alicante, Baleares, Canarias y Málaga, y han constituido logias propias que, a pesar de estar adscritas a la Gran Logia de España, tienen una total autonomía, suelen “trabajar” el Rito de York en su lengua vernácula. En cuanto a los masones específicamente españoles, no solamente son pocos, sino que la mayoría no ostentan cargos de responsabilidad en ningún terreno. Y, por si eso fuera poco, están divididos en algo más de media docena de Obediencias rivales que andan, frecuentemente, a la greña desdiciendo el mito de la “fraternidad masónica”.

Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar en los medios de extrema–derecha, la masonería en España es completamente irrelevante. Aquí su momento álgido fue a mediados de los años 80, cuando Mario Conde con su equipo de la Logia Concordia nº 2 de Madrid “asalto” el Banco Español de Crédito y durante unos años hizo y deshizo a su antojo. Conde subvencionaba a la Logia Duque de Wharton, logia de investigación, y no hay que olvidar que la parte del león de su patrimonio personal lo acumuló en la operación de compra venta de Antibióticos SA, a la Montedison italiana, operación preparada y facilitada por Di Bernardo, Gran Maestre de la masonería italiana.

Pero, una vez Conde fue procesado y encarcelado, todo aquello terminó. La masonería se convirtió en algo que había sido siempre, pero que ahora quedó casi como único elemento dominante: el ser un receptáculo de arribistas en busca de alguien que pudiera ofrecerles un trabajo, un buen contacto o simplemente alguna personalidad con la que codearse… Una sociedad en la que todos van en busca de algo pero ninguno tiene nada que ofrecer es inviable a corto plazo. Y eso es lo que ha pasado.

Es falso que Zapatero fuera masón. Su inspiración no era masónica y, es más, en su ignorancia supina, probablemente ni siquiera tiene claro lo que es la masonería. Procede de León, pequeña ciudad en la que ni siquiera antes de la guerra civil existió un número significativo de masones y en la que en la actualidad tampoco hay logia. Si a alguien le interesan las “fuentes” ideológicas del zapaterismo puede recurrir a mi libro El pensamiento excéntrico (La ideología de Zapatero y su tortuoso origen) que puede adquirir como ebook en Amazon.

La crisis de la masonería española no es diferente a la crisis de la masonería mundial. Solamente en el Reino Unido (especialmente en Scotland Yard) y en EEUU (especialmente en el Pentágono), siguen teniendo la iniciativa. En las sociedades del resto de Europa, la masonería hoy es irrelevante más allá de un grupo de presión más, especialmente en Italia y en Francia y cuya influencia es cada vez más limitada.

¿Por qué se ha producido esta caída en picado de la masonería? Por tres factores:

1) La masonería fue el motor de las revoluciones liberales, la expresión organizada de la burguesía pujante que quería construir un marco político en el que fuera la casta preeminente. Una vez conseguido este objetivo (hacia el último tercio del siglo XX) la masonería dejó de producir ideas y a partir de ese momento se evidenció su mero papel de sociedad de “ayuda mutua” en el que la “fraternidad” se suele confundir con la “complicidad”.

2) Porque en estos momentos la casta hegemónica ya no es la burguesía, sino la aristocracia económica y esta se organiza mucho mejor en estructuras más elitistas: Club Bildelberg, Comisión Trilateral, etc. Desde esos centros de poder mundial se planifica cómo será el mundo del mañana, tanto en lo económico como en lo político y cultural. Hoy las logias masónicas tienen una capacidad de influir limitadísima, incluso en el mundo de la cultura. Sin embargo, Bildelberg es quien dicta cómo será el “entertaintment” de mañana, como serán los futuros equilibrios geopolíticos, dónde se destinarán las plantas de producción, cuáles serán las reglas del juego económico, etc. Esta es la competencia (insuperable) que la masonería tiene “por arriba”.

3) En su aspecto de “organización caritativa” (que es como gusta presentarse la masonería actualmente), no ha podido soportar la competencia de las ONGs (parte de las cuales, como el tronco esencial de SOS Racismo en Francia, han sido generadas en medios masónicos). Es lo que podríamos llamar la competencia de la masonería “por abajo”. Sé de logias masónicas que en la actualidad no tienen ni medios económicos para ayudar a sus “hermanos” en paro, ni siquiera para encontrarle un trabajo. Eso da una imagen de la “influencia” de la masonería en España.

En mi opinión, la masonería es una más de entre las muchas estructuras de la sociedad burguesa que han entrado en crisis. Parece cierto que, especialmente a través de EEUU y del Reino Unido, existen nexos entre Bildelberg y la masonería, pero no hay que olvidar que, contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, en la actualidad no existe ninguna estructura internacional de mando que se superpongan a las lógicas nacionales, las oriente y las dirija de manera efectiva. De hecho, nunca ha existido una estructura de este tipo. La Asociación Masónica Internacional que existió en los años 30, hace décadas que se disolvió. Así pues, a la pregunta de cómo influye la masonería en el nuevo orden mundial hay que responder que poco o nada. Y, desde luego, carece de iniciativa y le resulta muy difícil superar su crisis.

Cabe preguntar sobre las fuentes de que dispongo: en primer lugar contacto directo con medios masónicos a los que conozco desde hace muchos años. En muchos países, antiguos militantes de extrema–derecha, habitualmente lectores de René Guénon, tras dar por concluida su militancia política ingresaron en logias. He seguido manteniendo contacto con muchos de ellos. Sin olvidar que es posible seguir a través de Internet la evolución y situación de las distintas Obediencias Masónicas y en Barcelona existe incluso la Biblioteca Pública Arús que es un tesoro de documentación sobre la masonería y en donde es fácil conocer y relacionarse con esos medios.

Dado que mi opinión sobre la masonería la he mantenido incluso en medios masónicos, y que hablo con conocimiento de causa, esos medios, como mínimo, me tienen respeto. Por lo demás, quien desee conocer mis opiniones y evaluación sobre la masonería puede recurrir a mi libro Estudio sobre la masonería, publicado por PNL Books y que me puede solicitar directamente.

¿Qué nos espera?

Parafraseando el lenguaje utilizado en la película Gladiador, podemos resumir lo que tenemos ante la vista como “tinieblas y cenizas”. No creo que se pueda ser optimista ante la situación actual: en 1945 se produjo el cambio de paradigma que ya se venía anunciando desde los Enciclopedistas: el “humanismo universalista” (mucho más que la democracia o el comunismo) venció. Su victoria consistió en apalancarse en las atalayas de la UNESCO y de la ONU y alumbrar un ciclo de civilización que allanó el camino para la mundialización y, en economía, para la aceptación de la globalización. Mientras sigan siendo aceptados como “normales” el humanismo–universalista, mientras la mundialización sea aceptable para la mayoría la globalización, el destino final de Europa será el relativismo y la destrucción de las identidades nacionales y culturales.

A la vista de que los núcleos que reaccionan contra este sistema de valores impuesto tras 1945 son extremadamente débiles no puede esperarse que de ellos parta una recuperación o un enderezamiento. De ahí que a esta pregunta solamente pueda responderse solamente con “tinieblas y cenizas”. Evola dijo que nuestra civilización vive de todo lo que las anteriores rechazaron. Otra imagen sugestiva es la de un mundo en el que se ha retirado la luz del Sol. Tras el espejismo de la modernidad y su falso relumbrón, lo que subyace es la tristeza y decrepitud de un mundo en el que los valores que en otro tiempo se han extinguido casi completamente, la noche oscura en donde la luz del Sol ha sido sustituida por el brillo de la Luna, siempre cambiante (oscilaciones de las modas), carente de luz propia y reflejo de otro (tiempos de look, de imagen y marketing) y que incluso en ciertas noches desaparece.

André Malraux en sus conversaciones de pre–guerra con Drieu La Rochelle decía que “un fascista es un pesimista activo” y tenía razón. Creo que hoy muchos que se esfuerzan por conocer los caracteres de su tiempo no pueden ser, a pesar suyo, sino fascistas, si no se resignan a vivir al paso con la decadencia y aspiran a resistir a las “tinieblas y cenizas” del tiempo que nos ha tocado vivir.

Agradeceríamos unas palabras para el lector.

Soy yo el que debo agradecer a Manuel y Alberto el haberme dejado expresar en estas páginas que me han servido incluso para poner algo más en orden las ideas. Y al lector que me haya seguido hasta aquí, gracias también por su paciencia.

(c) Ediciones Camzo

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com 

 

RHF - Sumario nº XXIV

RHF - Sumario nº XXIV

Revista de Historia del Fascismo, nº XXIV. Sumario.

El número XXIV se inicia con un dossier sobre Hergé, el genial creador de Tintín, personaje que anticipaba ya en los años 30 la “línea clara” y el cómic moderno como respuesta al cómic norteamericano. Desde los años 40 se ha multiplicado los interrogantes sobre el origen de la inspiración que dio como resultado la creación del personaje con unos rasgos tan acusados (bombachos, tupé, profesión periodística, espíritu aventurero). Es inevitable hacer referencia a León Degrelle y establecer la dimensión correcta de las relaciones entre el político y el dibujante. Esta es la excusa para un análisis completo sobre el pensamiento político de Hergé.

El segundo tema que abordamos es la primera parte de un estudio titulado 10 errores, mitos y falsificaciones sobre Ramiro Ledesma Ramos. Difícilmente encontraríamos a un personaje tan falseado precisamente por algunos de sus partidarios. Es la cuarta entrega que publicamos sobre Ledesma en la RHF destinada a establecer las verdaderas coordenadas sobre las que transcurrió su vida y su obra. Al acabar esta serie publicaremos otra sobre su pensamiento político con la que habremos terminado lo esencial del estudio sobre el fundador de las JONS.

Lida Baarova, amante de Goebbels no es hoy una actriz particularmente recordada. De hecho, la cúspide de su carrera coincidió con la relación que mantuvo con el Ministro de Propaganda del III Reich, relación por la que éste estuvo a punto de renunciar a su carrera política. El Führer, amigo personal de la familia Goebbels, impidió esta relación extramatrimonial. La carrera de la Baarova nunca se recuperó, pero sus pasos en la postguerra pasaron por Italia y España en donde filmó películas muy notables en su tiempo.

El destino ha querido que parte de nuestro tiempo lo debamos pasar en Quebec y allí hemos aprovechado para mantener contactos y relaciones con los grupos neo-fascistas y con la extrema-derecha franco-canadiense. El resultado de nuestras observaciones lo publicamos en un completísimo dossier compuesto por dos entregas.

Finalmente, publicamos un estudio sobre los paralelismos de la “revolución nacional” en Francia y en España, esto es, sobre las similitudes entre los gobiernos de Pétain y Franco. El estudio constituye el último capítulo del libro que aparecerá paralelamente a este nº XXIV como suplemento nº II de la Revista de Historia del Fascismo, titulado José Antonio y los no conformistas.

© Ernesto Milá – ernnesto.mila.rodri@gmail.com