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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ESOTERISMO

El Andrógino: los dos sexos en un solo ser

Infokrisis.- Tradiciones de oriente y occidente, del norte y del sur, coinciden, con una extraña unanimidad, en afirmar que el primer ser que vió la luz, carecía de diferenciación sexual : era, masculino y femenino a la vez. Los griegos lo llamaron Andrógino, de Andros, hombre y Ginos, mujer. Igualmente, todas las tradiciones, consideran que la “caída” -el pecado original del cristianismo- que debió afrontar la humanidad fue la diferenciación sexual. De lo que se consideraba estado de perfección originario, se descendió un peldaño. Para volver a recuperar la pureza primitiva y reintegrar el ser andrógino se establecieron distintas vías : sexualidad, magia, hermetismo, mística, alquimia, sistemas mistéricos e iniciáticos...

EL MITO PLATONICO Y SU UTILIDAD

Platón en “El Banquete” (parágrafos XIV y XV) recoje a través de un diálogo entre Aristófanes y Diotima, un mito que era anterior a él y que probablemente fue establecido por los presocráticos del siglo VI antes de JC. Explica Platón que en el origen de la humanidad existió una raza primordial que contenía en sí misma las dos polaridades, masculina y femenina. Dicha raza era fuerte y temida por los dioses del Olimpo : “Eran extraordinarios por su fuerza y su audacia, y alimentaban en su corazón orgullosos propósitos, que llegaban incluso a pretender atacar a los propios dioses en su morada”. Es difícil no ver aquí el mismo tema bíblico de la revuelta de Lucifer -el arcángel más querido- contra Dios.

Platón afirma un poco más adelante que los dioses no fulminaron a la raza andrógina, sino que se limitaron a destruir su potencia, diviéndolos en sexos. Tal fue el origen de la raza de los hombres y de las mujeres ; en cada uno de ellos, sin embargo, permaneció el recuerdo del estado de perfección originario. Y es por eso que, aun hoy, hombres y mujeres buscan inconscientemente reintegrarse en ese estado edénico primordial mediante la unión acto sexual.

Platón establece el mito del andrógino para explicar dos misterios : el origen del impulso erótico y la naturaleza del estado de perfección. Ni la biología, ni mucho menos la psicología, han logrado explicar cuál es la raíz del impulso erótico ; Platón lo hace a través del mito, entendiéndolo como un intento de recuperar nuestra naturaleza primitiva... una naturaleza que se consideraba perfecta e, incluso, capaz de inspirar temor a los dioses, es decir, superior a ellos. Platón explica la sexualidad como una complementareidad : las dos naturalezas, masculina y femenina, son dos partes de un todo que no encuentran su justificación ni sentido sino cuando reintegran el conjunto único originario.

LA COSTILLA DE ADAN

Antes hemos aludido al tema de Lucifer, arrojado a los infiernos por encabezar la revuelta contra Dios. En Lucifer, como en las demás jerarquías celestiales, existe una completa ambigüedad sobre su identidad sexual. Angeles, Arcángeles, Serafines y Querubines, no son sino seres andróginos y así han sido representados insistentemente por la iconografía cristiana. Sin embargo, cuando se hace referencia a seres diabólicos se extablecen diferenciaciones sexuales : los textos canónicos, los sumarios de la Inquisición, insisten en que Satanás, tiene sexo, existen íncubos y súcubos, diablos tentadores masculinos y femeninos. Se hacen curiosas especificaciones como, por ejemplo, que el diablo tiene el semen frío o que su verga produce un intenso dolor en las mujeres que posee. Las “diablesas”, por el contrario, esconden su fealdad mediante todo tipo de tretas y, a la postre, lo único que les importa es robar el semen en la oscuridad de los lechos, en ocasiones, cuando la esposa del sujeto tentado a asistido a algún akelarre de brujas o a la celebración del sabbath  en compañía del diablo masculino.

Esta idea del diablo como ser andrógino está presente en la Edad Media europea, tal como puede verse en el arcano XIV del Tarot, que representa la imagen del Maligno mostrando caracteres masculinos y femeninos a la vez y manteniendo encadenados a una pareja de amantes. El cristianismo, desde los orígenes, mostró un odio teológico hacia el sexo, presente ya en las Epístolas de San Pablo, de ahí que la figura andrógina -que, por lo demás, quedaba relacionada por Lucifer- fuera criminalizada y adquiriera rasgos siniestros.

Pero ese mismo cristianismo parecía ignorar que el primer ser Adán, tenia idéntica cualidad andrógina. Dios no creó a la mujer del barro como hizo con Adán, sino que fue en el curso de un sueño de éste, que se produjo el nacimiento de Eva, a partir de una de sus costillas. Acto seguido se produce el episodio de la tentación de Eva en los mismos términos que el mito del andrógino : si estos provocaban temor a los dioses, la serpiente promete a Eva que si come del fruto del Arbol del Bien y del Mal, serán igual a Yavhé. Es decir, a la separación de sexos, sigue la “caída” y la expulsión del Paraíso, centro de la perfección originaria. 

MITOS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Los ejemplos de casos de androginización simbólica no faltan en la historia. Se sabe, por ejemplo, que los chamanes indios de América suelen vestirse de mujer para celebrar sus ritos. Maria Sabina, la chamán mazateca, en el curso de sus ceremonias y ritos con ayahuasca, se comporta en todo momento como varón.

El travestismo de los sacerdotes era habitual en el mundo clásico europeo : los sacerdotes de Atis llegaban incluso a castrarse, mientras que algunos emperadores (Calígula, Nerón, Cómodo y Heliogábalo) asumieron los rasgos de bisexualidad andrógica, como elementos legitimadores de su autoridad, algo que no fue entendido por algunos historiadores de su tiempos (Dion Casio, Diodoro de Sicilia y el propio Juvenal) que tomaron el símbolo por realidad.

Esta práctica se transmitió a los emperadores bizantinos cuya autoridad se cimentaba en dos principios opuestos, masculino uno, Cristo, y femenino el otro, la Iglesia. En la Iglesia de Occidente, algunas santas son representadas con barba y el signo andrógino de la Tau (trazo horizontal, femenino y pasivo, trazo vertical, activo y viril).

San Pablo, que conocía perfectamente los sistemas mistéricos griegos y romanos, introdujo ecos desfigurados del mito del andrógino en su versión particular del cristianismo y asi en la Epístola a los Gálatas (3 :28) afirma que el bautismo borra las diferencias entre el hombre y la mujer. En ese mismo tiempo, los cristianos gnósticos, veían un reflejo de la síntesis andrógina en la unión entre Cristo y María Magdalena.

En lo más oscuro de la Edad Media floreció el mito de la Papisa Juana, mujer que fue elevada al trono de San Pedro y dió a luz en el camino hcia la coronación. Para la mentalidad de las órdenes de caballería, el Sacro Imperio era la manifestación masculina y la Iglesia la plasmación femenina del principio de autoridad. El Emperador, en la concepción gibelina, era la síntesis de ambos principios y, por tanto, asumía una cualidad andrógina, como siglos antes habían asumido los emperadores mesopotámicos, que ascendían al trono vestidos de mujer. Como último eco de esta tendencia, en pleno siglo XVI, Francisco I, Rey de Francia, fue representado con atributos bisexuales.

Entre las tradiciones orientales no hay diferencia. Existe una representación del Buda de la nueva era que incluye atributos masculinos y femeninos y, tanto en Oriente como en Occidente, existe la tradición de que el hombre que pasa bajo un Arco Iris, cambia automáticamente de sexo, pues no en vano, representa un puente entre el mundo humano y el divino.

Un mito ruso afirma que ni Dios ni el Diablo fueron creados por nadie pues desde el principio de los tiempos existían unidos. En “El Discurso Perfecto” de Hermes Trimegisto puede leerse : “Dios no tiene nombre, o mejor dicho, los tiene todos, puesto que es conjuntamente uno y todo” ; a lo que Asclepio responde : “-¿Pretendes decir, oh Trimegisto, que Dios posee los dos sexos ?”. “Si, y no solo Dios, sino todos los seres animados y vegetales”. Afroditas barbudas, imágenes de Venus calvas, representaciones ambiguas de Dionisos, concepciones tántricas de la unión de Shiva con su esposa Shakti, entendidas como proceso de androginización, no son ejemplos aislados, sino que evidencias una línea de tendencia según la cual el misterio del andrógino está en el origen de lo sagrado y la experiencia de lo sagrado pasa por la recuperación del estado andrógino.

LA ANDROGINIA Y EL REBIS : LA ALQUIMIA DEL SEXO

En la literatura alquímica la figura del andrógino aparece de manera obsesiva. Todos los autores herméticos, al llegar al final de la “Obra al Blanco”, es decir, la segunda etapa del trabajo hermético, simbolizan esta etapa. Tras la “Obra al Negro”, caracterizada por la putrefacción de la materia en el horno de fusión, se produce en el interior del matraz una coloración blanca, símbolo de resurrección y animación de la materia inerte ; es la “Obra al Blanco”. Al final de esta fase tiene lugar lo que los alquimistas llaman “unión del Sol y la Luna”, o también “Bodas Herméticas”, que abren el camino a la tercera fase de los trabajos, la “Obra al Rojo” en la cual puede fabricarse el “polvo de proyección” que permite la transmutación de los metales.

Una vez más, la alquimia se hace eco de la inmensa posibilidad de poder que abre la unión del principio activo masculino -identificado con el Sol, el Oro y el Azufre- con el principio pasivo femenino -equivlente a la Luna, la Plata y el Mercurio-. La resultante es llamada por los alquimistas de muy distintas maneras : “cópula filosofal”, “matrimonio entre el Rey y la Reina” y, más especialmente, “Rebis”, es decir, la “cosa doble”.

Frecuentemente se representa al “Rebis” alquímico con alas, una roja y otra blanca, símbolos del Oro y la Plata. Las alas, por lo demás, denotan su sutilidad y volatilidad. Frecuentemente se le presenta coronado, en un símbolo que lleva implícita su pertenencia a una naturaleza regia superior. En ocasiones es descrito sobre un altar cuadrangular, simbolizando a los cuatro elementos que entran en juego en la Obra Hermética.

TROVADORES, CABALLEROS Y TEMPLARIOS

Llama la atención como en el siglo XII aparecieron en Occidente verdaderos caballeros andantes y trovadores que rendían culto a la dama. En la mayoría de los casos se trataba de una mujer inaccesible para ellos. Danto, por ejemplo, rindió culto a una mujer muerta que apenas había visto en vida, brevemente, en dos ocasiones, Beatriz, y otro tanto hicieron los grandes poetas gibelinos, Guido Cabalcanti o De Barberino. Los trovadores y caballeros, adoptaban como “dama del alma” a esposas de notables, reyes y nobles, que jamás hubieran consentido una relación erótica o carnal, ni siquiera platónica, muchas veces ni siquiera conocían a la dama que ofrecían sus victorias y gestas, sus poemas o canciones. La posibilidad de poseer efectivamente a esa “dama” quedaba siempre excluida de antemano. Y sin embargo, tanto la caballería como el trovadorismo fueron fenómenos realmente vivos en la humanidad medieval europea.

Los trovadores, en su lenguaje cifrado establecían que lo esencial de su concepción del mundo era el AMOR, entendido en su sentido etimológico, como “ausencia de muerte” (“a”, partícula negativa, “mor-moris”, muerte). A principios de siglo, una serie de eruditos y estudiosos del medievo europeo (Luig Valli, fundamentalmente) empezaron a intuir que, probablemente los caballeros y trovadores, cuando aludían a la “Dama” no se referían a una personalidad real, no aludían a una mujer concreta, sino a un principio superior.

Julius Evola, en su “Metafísica del Sexo” escribe : “Era en la imaginación donde vivía y residía esencialmente esta mujer ; en consecuencia, era sobre un plano sutil donde el caballero hacía actuar su amor, su deseo y su exaltación”. La “dama del alma”, la “princesa lejana”, la “mujer inaccesible”, pertenecían a la propia interioridad del trovador y del caballero”, formaban parte de su ser más íntimo, que se trataba de seducir y conquistar. Lo que unos y otros hablaban con “versos extraños” (tal como decía Dante en el inicio de la “Divina comedia”) era de conectar con su parte femenina : con su alma, la “mujer del conocimiento” o la “Santa Gnosis”, entendida como un principio de iluminación, de salvación y de conocimiento trascendente.

Los caballeros y trovadores consideraban que existía una parte femenina en su interior, que correspondían a su alma y que, ésta no era más que el aspecto femenino de Dios. Pero el alma no era tenida como un principio pasivo o efectivamente existente por sí mismo, sino que era preciso activarlo y entrar en contacto con él  y eso lo lograban a través de distintos procedimientos : la lucha y la gesta caballeresca realizadas con total abandono de sí mismo y pureza de corazón, el canto continuado al amor identificado en la persona de una “dama” mediante cuyo servicio renunciaban a todo egoismo.

Los mismos caballeros Templarios tenían muy presente todo este simbolismo. Entre sus votos figuraba la castidad, sin embargo se decía que “cada caballero tenía a su mujer” y el rito mistérico central del templarismo era la exaltación del Baphomet, una figura andrógina. Frecuentemente en las leyendas templarias nacidas en el tiempo de las Cruzadas se habla de caballeros ejemplares que se unieron a mujeres y de cuyo contacto carnal nació el Baphomet, el ser andrógino. Sería imposible hablar un lenguaje más claro.

ENTRE LA PSICOLOGIA Y LA ESTETICA

El mito del andrógino resistió el Renacimiento y, aunque progresivamente, arrinconado, sobrevivió en pequeños círculos de hermetistas y entre algunos literatos y pintores. En el siglo XVII, toda una generación de esoteristas hizo de la androginia el tema central de su teorización. Jacob Böheme, recuperó el tema de la androginia de Adán ; él y Johann Gichtel, hablaron de la vertiente masculina y femenina de la divinidad, traducidas en el ser humano, en alma y espíritu. Ellos y los rosacruces alemanes del siglo XVII, en su exégesis esotérica de los textos bíblicos, sostenían que la “Virgen Sofía” era la parte femenina de Adán que luego encarno en la Virgen María, la cual, sin ayuda de hombre alguno, llevó en su vientre a Cristo en una equivalencia invertida al Adán que llevó en un tiempo anterior a la “caída”, a Eva en sus entrañas. Todos ellos concebían el aspecto femenino de la divinidad como una luz irradiante, blanca, extremadamente intensa que les iluminaba interiormente en estados de éxtasis profundo.

Con el paso de las centurias, todas estas afirmaciones, imposibles de entender para todos aquellos que no habían experimentado estados de trance profundo, perdieron su significado y pasaron a interpretarse en clave exclusivamente psicológica. Previamente la androginia había suscitado cierto hechizo erótico en figuras famosas del mundo de la cultura y las artes. Elémire Zola, en su estudio sobre la androginia, recuerda los escritos de Johann Winckelmann y su “anhelo de volver a la androginia”, luego los versos del poeta inglés Cowley, más adelante los casos de algunas feministas que no dudaban en vestirse con ropas masculinas, o adoptar posturas y gestos ambiguos (desde Wilde hasta Colette). Antes que todos ellos, William Blake recuperó en varios de sus poemas y en su producción artística el mito del andrógino. “Lo Femenino es independiente de lo Masculino y ambos lo son del Hombre”, había escrito. Honorato de Balzac dedicó a la figura del andrógino una de sus grandes novelas, “Serafita”, ser ambiguo, rodeado de amores imposibles, que es visto como hombre (Sefaritus) por una mujer y como mujer (Serafita) por un hombre. Balzac explica que que los padres de Serafita habían sido discípulos del esoterista sueco Emmanuel Swedemborg quien también tocó el tema andrógino en sus divagaciones sobre ángeles.

Todas estas aproximaciones al andrógino suponen una degradación del tema : si hasta la Edad Media y el Renacimiento se había tratado de algo sagrado, a partir de entonces pasa a ser un tema profano en el que, progresivamente, se pierden las connotaciones iniciáticas y se penetra en el plano del esteticismo, previo paso para caer en un nivel diferente, el psicologismo. Había que llegar a Carl Gustav Jung para que se produjera el cambio de plano.

Para Jung, tal como explica ampliamente en su libro “Psicología y Alquimia”, la androginia no es sino una proyección mental del sujeto a través de la cual quiere resolver las contradicciones inherentes a lo cotidiano. Freud, antes que él, había establecido que la situación de androginia, previa a la sexualización, corresponde a los primeros años de la creación y al estado prenatal en el que el sujeto carece de problemas y conflictos y, por tanto, es aquel estado que se recuerda como edénico y que se aspira a recuperar.

Todas estas variaciones y derivaciones del mismo tema implican una degradación del símbolo que, todavía iba a banalizarse más en una etapa posterior.

ANDROGINIA Y BISEXUALIDAD, TRANSEXUALISMO...

Marx decía que la historia se repite dos veces, primero como tragedia y luego como comedia. Así debía de ser también en el caso del andrógino. Al dramatismo del mito de la caída, de la separación sexual, de la división de sexos, debió seguir, ya en nuestros días, la parodia de la reconstrucción de la unidad andrógina en curiosas variantes de la sexualidad : travestismo, transexualismo, con sus modernas derivaciones, progresivamente más grotescas (“drag-queens”) o siniestras (operaciones de cambio de sexo que no son sino auténticas castraciones).

Es preciso encuadrar el fenómeno en su momento histórico. La cultura sexual de nuestros días deriva directamente de las pautas generadas a partir de la revolución sexual de los años sesenta. Es entonces cuando, sobre la base de las teorías de Erich Fromm y Wilhem Reich, se generan una serie de movimientos de liberación sexual ; en el mismo contexto en el cual aparece la píldora y, por tanto, la posibilidad de una sexualidad no ligada necesariamente a la procreación, la relajación de las costumbres (con la pérdida de influencia de la Iglesia Romana en Occidente a partir del Vaticano II), la aparición de fenómenos aparentemente tan banales como la minifalda, la coeducación o la integración de la mujer en el mercado del trabajo.

La mujer, hasta entonces educada y formada -especialmente la mujer burguesa- para seducir al hombre, abandona ese arquetipo erótico-social y empieza a competir con el hombre en los terrenos que hasta entonces le habían sido propios. Se diría que, a partir de ese momento, la polaridad de las relaciones hombre-mujer, empieza a relajarse especialmente en algunos sectores que no se sienten seducidos por el nuevo tipo de mujer.

Esto coincide con un momento de avance de las técnicas de cirugía estética y con el aislamiento de las hormonas que contribuyen a la sexualización. Personas nacidas con defectos en el proceso de sexualización, o simplemente, con problemas psicológicos de identidad, aprovecharon estos avances para hacer realidad sus fantasías o sus anhelos más íntimos, apelando a la cirugía y a la ciencia allí donde la naturaleza no les había dado aquello que buscaban : la identidad sexual contraria.

Travestidos y transexuales hacen algo más que parecerse a mujeres, extremizan hasta la caricatura los carácteres y rasgos de la feminidad, desde los eróticos hasta los psicológicos, aquellos que la sociedad tenía como arquetipos de la hembra. Es difícil encontrar un travestí o un transexual que vista como una mujer común y corriente, casi unánimemente recurre a maquillages y prendas extremas, e incluso a dotarse de unos rasgos sexuales desmesurados (en labios, pómulos, senos, fundamentalmente). Esto genera el interés de aquellos varones que se han visto decepcionados por el nuevo modelo sexual femenino y de ahí el interés de sectores crecientes de la población masculina por el transexualismo o el travestismo.

Salvador Dalí, el famoso pintor de Cadaqués, se sintió atraído por uno de los primeros transexuales, Amanda Lear, en la que reconoció al segundo gran amor de su vida. Amanda Lear, en sus memorias, cuenta que Dalí, en cierta ocasión, le dijo : “Eres angélica, eres el ser perfecto, eres hombre y mujer a la vez”. Dalí, perfecto conocedor del mito del andrógino, como otros grandes artistas del Renacimiento (entre ellos Leonardo, a quien admirada), utilizó frecuentemente como modelos a figuras con los rasgos sexuales ambiguos e incluso, confiesa en distintas obras autobiográficas, que la atracción que sintió por su compañera durante 40 años, Gala, se debió a la visión de su espalda desnuda, que le sugería masculinidad.

Transexualismo y travestismo, con todo lo que tienen de legítimas opciones sexuales, no son más que muestras de la impotencia de la humanidad moderna por comprender e integrar el mito del andrógino, la incapacidad de vivirlo en su sentido metafísico y en sus implicaciones, no solo eróticas, sino, fundamentalmente, espirituales. Tales variantes no son sino una parodia, en ocasiones incluso grotesca, del andrógino primordial.

LA PERFECCION = COINCIDENCIA DE LOS OPUESTOS

Lo que caracteriza a la naturaleza humana es que desarrolla su actividad cotidiana en el universo de la dualidad : bueno-malo, blanco-negro, positivo-negativo, correcto-incorrecto. Este lenguaje binario estaba ya implícito en el tema de la caída adámica : el fruto del que deriva la tragedia de nuestros primeros padres es el Arbol del Bien y del Mal, esto es, el árbol de la dualidad.

Uno de los motivos que encierra el mito del andrógino es el tránsito de la Unidad a la Dualidad, es decir, de la “coindicencia de los opuestos” al “conflicto entre los opuestos”. Esta queda superada por el “misterio de la conjunción”, es decir, de la reintegración del ser en el estado primordial. De ahí la sacralizacion de la sexualidad que realizan distintas tradiciones, para las que el sexo tiene tres niveles : el puro gozo, la procreación y la experiencia de la trascendencia ; a éste último se refiere el tema del andrógino.

© Ernest Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

La Navidad Solar: la fiesta del retorno del Sol Invencible

Infokrisis.- Algunas leyendas y tradiciones sobre el origen de los pueblos indo-europeos aluden a un "centro polar", situado en el Norte, "más allá de la más lejana medianoche", que era su lugar de residencia. Un día "cuando el cielo cambió", aquellas tierras vieron como progresaba el frío y los lugares, antaño paradisíacos, se convertían en inhabitables. Puede comprenderse que para estos pueblos "la experiencia del Sol" (que para ellos era calor y vida), les marcara profundamente. A lo largo del otoño el sol se ha ido alejándo, casi muriendo. El punto más bajo se sitúa justo en el solsticio de invierno. Pero a partir de ese instante el sol renovado, adquirirà nueva vida. Las fiestas invernales están marcadas por la tristeza inicial por la muerte del sol, pero por la seguridad inquebrantable de su renacimiento el 25: "Dies natalis solis invictus", el "día del nacimiento del Sol invencible".

EQUINOCCIOS Y SOLSTICIOS


Tradicionalmente los equinoccios están relacionados con el mundo terrestre y con sus variaciones; los solsticios, por el contrario, aluden al mundo sideral. De ahí que los pueblos antiguos representasen los solsticios mediante una línea vertical, que indicaría ascenso y descenso, y los equinoccios con un trazo horizontal, representación del mundo terrenal.

Esta dualidad se traduce en las concepciones religiosas de los pueblos. Los que hacen de los solsticios el eje de su identidad religiosa, adoptarán cultos de tipo solar; mientras que los otros se referirán a cultos telúricos y ginecocráticos, o si se quiere, a cultos lunares.

Con frecuencia, ambas concepciones se interfieren como producto de las migraciones de los pueblos, de sus mezclas y de los inevitables sincretismos. Así, por ejemplo, Apolo, concebido como el Sol en sí, inmóvil y soberano (traído a Grecia por Aqueos y Dorios, indo-arios), sufre la adulteración de los pueblos equinocciales de la Grecia Antigua (los pueblos pre-arios, minoicos y cretentes, adoradores de diosas femeninas), transformándose en Helios, representación del sol sometido a la ley de ascenso y descenso, que cada noche se refugia en la madre tierra donde cobra nuevos bríos para ascender al día siguiente.

Hay que incluir los cultos y temas equinocciales entre los de la Gran Madre, cultos relacionados con la floración de la tierra, con lo caótico y desordenado de los bosques, es decir, con todo lo relativo al reino vegetal. En el año corresponden a la Primavera. Los temas solsticiales marcan los grandes hitos del Sol: el punto más alejado y el más cercano a la Tierra, solsticio de Invierno y de Verano, respectivamente.

EL INVIERNO PARA EL MUNDO TRADICIONAL

Las viejas tradiciones indo-europeas aluden a una sede situada en el Norte -Hiperbórea- que era su lugar de origen y residencia durante una mítica Edad de Oro, en el principio de los tiempos. Una serie de catástrofes naturales forzaron migraciones hacia el sur, en el curso de las cuales estos pueblos conservaron la memoria de su pasado. Buscando el calor del sol y días más largos, descendieron hacia el sur.

En una segunda fase de descenso -Edad de Plata- se establecieron en una isla a la que llamaron Thule. En pos de esta sede partió Phiteas "el Masaliota"; pretendió haber llegado allí, si bien es posible que confudiera Thule con las islas Casitérites, Islandia o probablemente Groenlandia.

Nuevas catástrofes y migraciones llevaron a estos pueblos más al sur y en un ciclo siguiente de descenso se establecieron en la Atlántida, en lugares hoy ocupados por las aguas oceánicas. El relato platónico es suficientemente conocido como para que nos extendamos.

Todo esto no precisa demostración científica o huellas arqueológicas "positivas", se trata de tradiciones; "tradición" implica transmisión, oral y directa, por tanto, un cierto contenido de verdad, que aunque deformado indicaría, como mínimo, la psicología profunda de los pueblos indo-europeos sobre los que se vehiculizó esta mitología.

La dureza del clima nórdico-polar, el dramatismo de unas migraciones realizadas en condiciones precarias, imprimió un carácter particular producto de la experiencia existencial de estos pueblos marcada, sin duda, por la búsqueda y persecución del Sol, desde el Norte originario hacia el Sur. No es de extrañar que para ellos el Sol se elevara a la categoría de divinidad y que sus líderes y soberanos adquirieran connotaciones solares: inmovilidad, serenidad, altitud, distanciamiento, quietud, poder, fuerza, vigor, centralidad, irradiación, teurgia (el sol tuvo un cierto poder terapeutico antes que la destrucción de la capa de ozono lo convirtiera en mortal), etc.

A la vista de todo esto, es lógico que las fiestas que colocan al sol en el centro de su temática, tengan gran arraigo y predicamento en los descendientes de estos pueblos originarios más que primitivos. Las festividades del invierno tienen por ello un carácter ambivalente: son, por un lado, fiestas en el que el recuerdo de los muertos tuvo gran importancia, sobre todo en sus primeras semanas; pero también son fiestas de resurrección y promesa de vida. De ahí la alegría generalizada con que se abordaban en un tiempo en el que los escaparates del consumo no existían y todo lo que se regalaba o con lo que se decoraba el hogar era fabricado por las propias manos de quien lo entregaba.

EL GRAN CICLO DE 12 DIAS

Del 25 de diciembre al 6 de enero, tiene lugar el ciclo festivo más atractivo de todo el año. La naturaleza que ha ido muriendo a lo largo del otoño, llega a un período de inflexión. El sol, dador de vida, detiene su alejamiento de la tierra y si antes parecía como si quisiera salirse de la elíptica y desaparecer, ahora, a partir del 25 de diciembre, inicia su lenta aproximación a la tierra. Esto hace del invierno una estación rigurosa en cuanto a las inclemencias climáticas, pero llena de alegría: es la promesa de una renovación.

Este ciclo festivo puede ser considerado como la fiesta del Eterno Retorno del Sol, de su renacimiento (navidad) y de la regeneración del tiempo (primero de año).

Fiesta familiar una (la Navidad/Solsticio), fiesta mundana otra (primero de año, fiesta de Jano), fiesta, finalmente, para los niños la última (Epifanía), cada carácter y cada edad encuentran su momento ideal en estas fechas.

El hecho de que se trase de un ciclo de doce días, indica su relación con las costumbres y los pueblos indo-europeos, para los cuales el número doce era sagrado y se repetía en distintos motivos simbólicos. Su relación con el Sol no puede ser solo considerada como una mera muestra de "naturalismo", es fundamentalmente, la evidencia de una concepción del mundo y de una tradición nórdico-polar. El hecho de que el ciclo festivo haya sido cristianizado no resta importancia a este simbolismo, tan solo lo cubre de connotaciones propias de la religión dominante. Pero llámese Cristo o Mitra, la celebración del día de su nacimiento coincide con la ruta en la que el sol se encuentra en el punto más bajo de la elíptica.

Durante miles de años, nuestros antepasados indo-europeos han celebrado esta fiesta y a lo largo de las culturas dominantes en cada ciclo, ha permanecido inamovible y nada ni nadie ha logrado desarraigarla de la memoria colectiva de nuestros pueblos. Como máximo se ha adaptado y en las últimas décadas adulterado.

Aquí radica la importancia de este ciclo de 12 días: pone en contacto el pasado con el presente y es una promesa de futuro. Lo que han hecho cientos de generaciones en el decurso de milenios, es una "tradición", un patrimonio ancestral, lo que une a los hombres del presente con su pasado más remoto; las fiestas y celebraciones de este ciclo muestran a los hombres de hoy, cuales eran los principios y la concepción del mundo de sus ancestros. Tal es uno de los sentidos, hoy perdido, que convendría recuperar.

Otro pueblo indo-europeo, los germanos, conservó para esas fechas unos contenidos análogos. Cuando se acercaban las fiestas solsticiales, los germanos enviaban mensajeros a lo alto de las montañas para que anunciaran el próximo retorno del sol. Este se producía en la noche del solsticio; entonces, grandes hogueras eran encendidas en homenaje y los clanes celebraban sus ágapes.

Para los germanos -y por extensión para los pueblos nórdicos-  el "solsticio de invierno" y las fiestas que seguían eran un remedo del Raknarök, el "crepúsculo de los dioses". Liberado, el lobo Fenrir -símbolo de las fuerzas caóticas y tempestuosas- rompe sus cadenas y devora los cielos y la tierra; el sol mismo es tragado por la fiera. Pero en el final del relato del Edda, el sol es reemplazado por su hija, gracias a la gesta del dios Vidarr, llamado el "As silencioso". En el universo romano, Angerona, diosa del solsticio, representada en actitud de demandar silencio, y con la boca vendada, es el equivalente; la conclusión es simple, hubo un tiempo en el que el ciclo de Navidad de celebraba en recogimiento y silencio...

Los hindúes celebraban en esas fechas el "deva-yana", fiesta de la vía de los dioses, en oposición a la fiesta de "pitri-yana", vía de los antepasados, que tenía lugar en el solsticio de verano. En la celebración de esta última fiesta adquiría gran importancia el fuego. Era en el fuego en donde se creía que residía el espíritu de los antepasados, que una vez muertos, pasaban a ser dioses tutelares del hogar; este mismo culto se transmite a Roma en los altares domésticos destinados a los dioses lares.

En el transcurso de los siglos, con la dispersión de los pueblos indo-europeos y sus mezclas, se alteraron parte de estos significados: en la Europa del sur desaparecieron las hogueras del solsticio de invierno, que, sin embargo, se conservaron en el Norte; mientras, en el solsticio de verano, algunas publaciones del sur, siguen realizando hogueras análogas. Pero siempre, en todos ellos, es posible reconocer la importancia que el eje solsticial -es decir, solar- tuvo para ellos.

JANO: LA RENOVACION DEL TIEMPO

Uno de los dioses menos conocidos y más populares del panteón romano era Jano. Dios de las puertas y de los caminos, dios de la guerra y de la paz, del principio y del final, era un dios bifronte (en ocasiones cuatrifonte) uno de cuyos rostros miraba hacia una dirección y el otro hacia la opuesta. Su culto había sido instalado por Rómulo, fundador mítico de Roma, y tiene su paralelo en otros dioses indoeuropeos, Vâyn y Heimdal, por ejemplo. San Pedro, asociado, como Jano, a las llaves y "portero" de los Cielos, es su equivalente cristianizado. Las puertas del templo de Jano en Roma se abrían cada vez que había guerra y se cerraban con la paz.

Su importancia hizo que el primer mes del año tuviera su nombre: Janus, Januariis, mes de Jano, del que deriva Enero. Roma entera brindaba en honor del dios en la fiesta que le era consagrada: el agonium. Las libaciones y los pasteles (llamados "ianuales") querían representar el deseo de buenos augurios.

Su fiesta se celebraba el día 1 de enero, momento en el que el tiempo quedaba renovado con el nacimiento de un año nuevo. El templo de Jano era cuadrado y tenía su antítesis en el culto a Vesta, cuyo templo era redondo. El uno era el tiempo de los hombres, el otro el de los dioses, el uno, en su trazado cuadrado, indicaba que todo lo humano tiene un principio, un crecimiento, un declive y una muerte; el otro, el de Vesta, con su fuego sagrada ardiendo en el centro, aludía a un mundo de esencias eternas e intangibles, sin principio, ni final, el mundo de lo trascendente.

Jano preside el año: situado justo en el centro del ciclo de 12 días, entre Navidad y Eepifanía, era un jalón intermedio entre una y otra fiesta.

LA ESTRELLA DE LOS MAGOS

La fecha lúdica siguiente es la Epifanía, una fiesta que también hunde sus raíces en el pasado más remoto y misterioso. Las primeras huellas de una festividad equivalente pueden encontrarse en el Egipto faraónico, para la que la fecha del 11 tybi (6 de enero) era el día de la "manifestación del nuevo sol". Epifanía, precisamente, quiere decir "manifestación".

En los Evangelios el papel de los Reyes Magos está muy difuminado y hace falta recurrir a una interpretación esotérica para advertir su significado. Para René Guenon la figura de los tres reyes magos, "venidos de oriente", son la actualización de Meltkisedec, mítico rey de Salem, "señor de paz y justicia", a la vez rey, sacerdote y profeta, un equivalente hebreo a la tradición universal del Rey del Mundo.

El Evangelio -siempre siguiendo a René Guenon- ha dividido la función de Meltkisedec en tres personajes, a la vez regios, que ofrecen a Jesús recién nacido, oro, incienso y mirra, símbolos de la realeza, el sacerdocio y la profecía. Tales ofrendas serían un reconocimiento del "Rey del Mundo", al papel papel divino de Jesús.

Pero también podemos recurrir a la tradición hermética y a la alquimia para intuir la importancia y el significado de la Epifanía. Se sabe por tradición que los Reyes Magos, llegaron hasta el portal de Belén, siguiendo las huellas de una estrella "de Oriente". Pues bien, uno de los minerales utilizados por los alquimistas sus laboratorios era el sulfuro de antimonio que tiene la particularidad de, una fez fundido, contraer su superficie en la lingotera, dando origen en su centro a una estrella de seis puntas, que los alquimistas consideraban "la signatura con que el Divino había marcado a la materia prima de la obra filosofal".

Esto, lejos de ser un apunte erudito, contribuye a redondear la figura de los "Reyes Magos". En realidad, los partidarios de la alquimia, sitúan a esta ciencia por encima de cualquier otra técnica tradicional, en tanto que la realización de la obra hermética daría acceso a los tres poderes que caracterizaban a Hermes Trimegisto (= el tres veces grande), el de la realeza, el sacerdocio y la profecía.

La interrelación entre Reyes Magos y alquimia viene favorecido, además, por los colores de cada uno de ellos: blanco, rubio-dorado y negro, alusión apenas disimuladas a las tres fases de la obra hermética: la obra al blanco o "albedo", la obra al negro o "nigredo" y la obra al rojo o "rubedo".

Pero también hay que ver en la fiesta de la Epifanía un momento de exaltación caballaresca, frecuentemente incorporado a los ciclos heroicos medievales. El rey pescador, el mítico Preste Juan, rey de un país remoto, rey y sacerdote a la vez, sería un avatar de los Reyes Magos. Juan de Hildesheim llega incluso a decir que era su heredero.

Fue el "Buen Barbarroja", Federico I Hohenstauffen, quien renovó el culto a los Reyes Magos trayendo lo que consideraba sus restos a Colonia. Esto ocurría en el siglo XIII y la dió origen a la "fiesta de los locos". En medio del jolgorio general, cada ciudad elegía un "rey de los locos"; pero en el siglo XIV, la fiesta, que entroncaba con celebraciones mistéricas y paganas, fue prohibida por la Iglesia y su simbolismo pasó al carnaval.

EL CARNAVAL O EL OCASO DEL INVIERNO

Dentro de unas semanas, cuando aun no estamos recuperados de las celebraciones de Navidad, una nueva festividad nos invade de alegría y nos vuelve proclives a los excesos de todo tipo. El carnal o carnes-toltas (carnes tolendas = carnes calientes), a principios de febrero, supone un desencadenamiento orgiástico y tempestuoso de impulsos telúricos y caóticos.

Su función dentro de la humanidad tradicional era educativa a la par que festiva. Invirtiendo las polaridades, al menos un día al año, cada uno contemplaba lo ridículo y absurdo de querer ocupar un puesto que no era el suyo. La humanidad tradicional percibía un orden en lo cotidiano; el contraste con esa idea de orden era el carnaval, manifestación anual del caos. Y de la misma forma que se sabe lo que es la oscuridad al compararla con la luz, se tiene más presente la idea de Orden si existe una referencia de su opuesto, el Caos. Tal es el sentido del Carnaval, cuya celebración marca el ocaso del invierno.

Como hemos dicho, la "fiesta de los locos" se trasladó de la Epifanía a la actual del Carnes-tolendas; ese mismo período de tiempo era ocupado en la antigua Roma por otra fiesta equivalente, instituida por Rómulo y Remo en honor del dios Fauno (Pan). El 21 de febrero los jóvenes recorrían las calles de Roma, completamente desnudos y con látigos en la mano, golpeando a quien encontraban por el camino. Tal rito estaba reputado de garantizar al fertilidad y por ello, suponía un anticipo de lo que implicaría la primavera.

Al acabar estas fiestas se iniciaba un período de "purificación" que daba nombre al mes: febrero, en efecto, deriva de febraurius y febrerum, palabras relacionadas con el verbo febraure, purificar.

El mes se iniciaba con la fiesta de la Candelaria, fiesta, por excelencia de la luz. Instituida por el paganismo, fue recuperada por Gelasio I y convertida en la Purificación de la Virgen. Tanto en uno como en otro sistema, el rito central, lo constituía la bendición de candelas.

Es evidente que en Febrero se empieza a notar fehacientemente la prolongación de la presencia del Sol. Griegos y romanos, hacían de esta fecha un día de culto a Ceres (raíz "ker" = crecimiento) y en su honor iluminaban profusamente las calles. Ceres, apelaba a la luz, buscando a Proserpina, su hija secuestrada por Plutón. En otros pueblos esta festividad estaba igualmente presente: era el Imbolc de los celtas y el Imbolg de los germanos, la fiesta del agua lustral.

DE LA TRADICION AL CONSUMO

El 25 de marzo puede considerarse clausurado el ciclo invernal y sustituido por el imperio de la primavera. En esa fecha, nueve meses antes de la Navidad, tiene lugar la fiesta de la Anunciación, reconversión de la antigua fiesta de Cibeles, diosa agraria por excelencia.

Es inútil hacerse ilusiones sobre la posibilidad de recuperación del antigua sentido que tuvieron todas estas fiestas. El hombre tradicional sacralizaba el año, el hombre moderna sacraliza el consumo. No puede concebirse todo este ciclo invernal, con todos sus jalones festivos, sin alcanzar unas determinadas cotas de consumo. Más es el consumo, mayor debe ser -según esta lógica economicista- la felicidad del hogar.

En un mundo de productores alienados y de consumidores integrados no era posible otra realidad más que la del consumo frenético. Sin embargo, conocer el sentido de las fiestas puede suponer un punto de apoyo, para quien quiera zafarse de la tiranía del consumo obligatorio y al mismo tiempo dotarse él, su familia y sus allegados, de una concepción del mundo tradicional que hoy es susceptible de ser recuperada; es más, que es la única alternativa posible al economicismo y al hedonismo contemporáneo.     Descubrir el sentido de las fiestas de invierno, supone integrarse y conocer el entorno de la naturaleza (telúrica y solar) sobre cuyo trasfondo discurre el devenir de la vida humana. Los mitos y las leyendas de la navidad, el jolgorio de las fiestas de Jano y de Carnaval, la Epifanía, la fiesta de la Luz, la Candelaria, todas ellas son excusas para recuperar un pasado que fue nuestro, que perteneció a nuestros precursores y que nosotros tenemos la obligación de purificar (uno de los ejes del invierno es la idea de "purifación") de los excesos consumistas y hedonistas de este momento histórico que nos ha tocado sufrir.

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Los "Plomos del Sacromonte": Magia morisca de Granada

Infokrisis.- Cada primero de febrero, Granada celebra la festividad de San Cecilio, su Santo Patrono, con una romería al Sacromonte. Los orígenes de esta tradición son enigmáticos y datan del período más crítico del reinado de Felipe II. En esa época -finales del siglo XVI- aparecieron enterrados en la "Torre Turpiana", los documentos que han pasado a la posteridad con el nombre de los "Plomos del Sacromonte". En su momento, estos documentos, colvulsionaron los fundamentos mismos de la Iglesia. Hoy la docta "Enciclopedia Andaluza" los ignora y Miguel José Hagerty, que consultó al Vaticano donde se encontraban los citados documentos, no obtuvo respuesta. Y, sin embargo, es cierto que fueron llevados a la Ciudad Santa bajo el reinado de Felipe IV.

Un siglo después, los "plomos del Sacromonte" pasaron a ser considerados una burda mistificación y así siguen permanecen hoy. Tras un breve análisis de los documentos, asalta la duda de si no se tratará, más bien, de textos místicos, cuyos datos históricos no hay que tomar necesariamente al pié de la letra, sino que lo que cuenta, en definitiva, es el mensaje iniciático en ellos contenido.

UN HALLAZGO SORPRENDENTE

En 1588 la ampliación de la tercera nave de la Catedral de Granada obligó a derribar la torre de la antigua mezquita mayor nazarí. La tradición local afirmaba que la torre, llamada "Turpiana", había sido edificada por los "fenicios". El día de San Gabriel de ese año -fecha celebrada en el calendario islámico- los albañiles hallaron una pequeña caja de plomo que, al abrirla, desprendió una extraordinaria fragancia. En su interior se encontró un hueso del San Esteban, protomartir, una imagen de la Virgen, con traje "egipciano", una arenilla entre azul y negra, un pañuelo que enjugó las "lágrimas de la Virgen" y dos pergaminos (una profecía de San Juan, interpretada por Dionisio Areopagita y el relato del martirio de San Cecilio). Los pergaminos fueron traducidos inmediatamente por el Santo Oficio y el Obispo ordenó que las reliquias se colocaran en un lugar destacado de la Sacristía. Las apariciones no había hecho sino comenzar.

El 21 de febrero de 1595, se encontró frente al Generalife, la primera lámina de plomo escrita en carácteres hispano-béticos que, una vez descifrada, pudo saberse que contenía datos sobre el martirio de San Tesiphon (o Mesitón) y San Hiscio, discípulos de Santiago. Los hechos que narraba estaban fechados en "el segundo año de Nerón, primer día del mes de marzo". El texto sobre San Tesiphon estaba escrito en "su natural lengua arábiga con carácteres de Salomón". Dos meses después, una niña, Catalina de Cuevas, encontró otro documento, El tratado sobre la esencia de Dios. Las crónicas de la época afirman que los hallazgos iban acompañados de resplandores, fenómenos luminosos y prodigios.

En total se encontraron 18 documentos de muy diversa índole.

LOS FUNDAMENTOS MITICOS DE LA ESPAÑA CRISTIANA

Lo que más atrajo de estos documentos es la temprana cristianización de España que se daba cuenta en ellos. Si bien en toda la península se registraban mitos y leyendas sobre la temprana presencia de Santiago el Mayor, estos documentos, escritos, aparentemente, en los albores del cristianismo, daban datos excepcionalmente concretos.

Se decía que Santiago hubo predicado en España junto con seis discípulos (Cecilio, Tesiphon, Torcuato, Sgundo, Hiscio y Eufrasio). Pilotba el navio el mismísimo San Gabriel. ¿A quién encontraron Santiago y sus discípulos? No a íberos, ni a celtas, sino a árabes, "gentes de las más excelentes de sus criaturas en el linaje de Adán". Es más, Santiago logró conquistar el corazón de Aben Almogueira, reyezuelo local que, tras su conversión, pasaría al santoral con el nombre de San Indalecio.

De los 18 documentos, seis narraban la historia de Santiago en nuestro país. Los Hechos del Apostol Santiago y sus milagros eran coincidentes con algunas leyendas medievales en circulación sobre su presencia. El titulado Grandes Misterios que vió Santiago en el Monte Sagrado (Sacromonte), es de carácter profético. Se halló también un Ritual de la Misa de Santiago Apostol y varias oraciones a él consagradas.

Pero existían graves impliaciones políticas.

LA REVOLUCION HISTORICA

No solamente la iglesia disponía, a partir de entonces, de un texto que confirmaba la presencia de Santiago en España, sino que, además, se insistía en que los primeros conversos fueron moros. Las pretensiones de pureza de sangre de los cristianos viejos, a partir de ese momento, carecían de validez. Los españoles que ponían ostentar tal título eran, en rigor, los moros...

Los textos aparecen en el momento en que Granada está rota por la rebelión de los moriscos y la guerra de las Alpujarras. Hasta 1606, se sabe que subsistió, clandestinamente, el culto islámico en aquella ciudad. No es raro, pues, que los cristianos consideraran que la conversión de los moriscos era aparente y falsa y experimentaran hacia ellos un vivo rechazo.

Objetivamente, los textos encontrados en la "Torre Turpiana" y en el Sacromonte, exoneraban a los moriscos de la acusación de conversión ficticia. Convertidos sinceramente (o por resignación) aceptaron muy bien los hallazgos y, mientras las reliquias se convirtieron en objetos de cultos, los documentos pasaron a incorporarse a la fé popular.

LOS MORISCOS DE GRANADA Y EL INSPIRADOR DE LOS TEXTOS

Cuatro años antes de la rebelión de los moriscos, un sabio granadino, con fama de vidente y profeta, El Merini, había dicho que cuando se derribase la torre de la Mezquita Mayor se encontraría un "pronóstico levantisco". El Merini murió hacia 1568 y toda una escuela historiográfica (en la que se encuentra Julio Caro Baroja) afirma que fue él quien inspiró el contenido de los documentos del Sacromonte.

El Merini tenía una hija que se casó con otro morisco, Mendoza "el Seis", a quien traspasó los papeles que guardaba de su padre. Mendoza entregó parte de estos documentos a Miguel de Luna; éste, a su vez, los utilizó para escribir una obra sobre Don Rodrigo y la "pérdida de España". La obra tuvo un éxito enorme, fue traducida a varios idiomas e inspiró la obra de Lope de Vega "El último godo".

La historiografía oficial ha determinado que los documentos fueron falsificados por Miguel de Luna (el cual utilizaría los documentos de El Merini) y Alonso del Castillo, que lo hicieron con intenciones patrióticas y a fin de atenuar  las heridas provocadas por la guerra contra los moriscos. Menéndez Pelayo sostiene, en cambio, sin pruebas que se trató de una "conspiración muslime destinada a socavar la fé".

Miguel de Luna, hijo de castellano viejo y morisca, tradujo las inscripciones de la Alhambra y fue intérprete del Santo Oficio y de Felipe II. Durante la sublevación morisca, intentó convencerles de la imposibilidad del triunfo para su causa. No se trataba, sin duda, de un personaje secundario. En 1583 fue a El Escorial, llamado por Arias Montano para catalogar los libros arábigos. Antes había traducido la correspondencia con el Xerife de Fez y Marruecos tras la derrota en el curso de la cual desapareció Don Sebastián de Portugal, el mítico "rey perdido", del país vecino que generó toda una oleada de misticismo (el "sebastianismo"). El otro presunto falsificador, Alonso del Castillo, se expresaba correctamente en el "idioma erudito de los árabes andaluces", tal como lo describe Julio Caro.

Nos movemos en el terreno de la sospecha, porque no existe prueba fehaciente de que Alonso del Castillo o Miguel de Luna fueran los falsificadores, ni nadie es capaz de explicar que ganarían con ello. Los tratadistas, coinciden en que, de ser ellos los autores, el contenido de los documentos debió ser inspirado por algún morisco muy erudito. Y todos coinciden en que se trató de El Merini, personaje del cual los indicios son muy débiles, pero su existencia es incontrovertible. Por lo demás, hay que admitir que El Merini se benefició de documentos y tradiciones más antiguas e incluso es posible que las revistiese de un ropaje cristianizado para que fueran aceptadas mejor por la sociedad de su tiempo.

Pero el problema sigue siendo el mismo: fuera quien fuera el mistificador -por que evidentemente, los contenidos son míticos- el texto está ahí; y lo que es mejor: nos habla el lenguaje de los símbolos. Así pues, lo importante, no es tanto, señalar con el dedo a los mistificadores como descifrar el mensaje.

LA POLEMICA EN TORNO A LOS DOCUMENTOS

El Obispo Pedro de Vaca y Castro, estaba a cargo de la diócesis cuando ocurrieron los descubrimientos. Había nacido en Roa y alcanzó la longeva edad de 89 años, excepcional para la época. A poco de realizarse los descubrimientos, investigó el hecho. Tomó declaraciones a moriscos del Sacromonte sobre las cuevas y los asentamientos antiguos de la zona. Más adelante convocó dos juntas teológicas (en 1596 y 1597) para deliberar sobre los documentos y establecer si eran conformes con la doctrina cristiana. Las dos juntas autentivicaron los hallazgos. La Santa Sede, en cambio, recomendó prodencia y prohibió a los canónicos hacer afirmaciones, a favor o en contra, sobre el tema.

El Obispo Castro había sido contrario a la expulsión de los moriscos. Ganado por la cultura árabe, aprendió esta lengua y negó siempre la existencia de un peligro que viniera de esa comunidad. En 1600, otra deliberación de teólogos votó a favor de la autenticidad de los documentos. Entre tanto, fray Martín de Villanueva, valedor de la causa, se entrevistó largamente con Felipe II. Otros reyes de España, hasta Felipe IV creyeron, igualmente, en la autenticidad de los hallazgos.

Sin embargo, el escepticismo de la Santa Sede iba en aumento. Difícilmente Roma podía aceptar que entre los primeros conversos figuraban árabes y, mucho menos, el hecho de que Granada -último reducto musulmán en Europa Occidental- se cristianizara antes que la Ciudad Santa.

Los dominicos fueron, igualmente, hostiles a los hallazgos a partir de que en algunos de los textos encontrados hacían referencia a la Inmaculada Concepción, dogma que jamás aceptaron de buen grado. Los dominicos, bien situados en la Santa Sede, presionaron al papado para que revisara el caso y, llegado el momento, lanzara la interdicción.

El 9 de marzo de 1641 el Papa ordenó a Felipe IV que los pergaminos y planos se llevaran a Roma. De Granada fueron trasladados a San Jerónimo el Real por canónigos del Sacromonte. Unas semanas después un edicto Vaticano prohibió que se leyeran los documentos encontrados en Granada.

UN ROSACRUZ EN ACCION

En 1665 los documentos fueron, significativamente, entregados a Athanasius Kircher, jesuita alemán, versado en esoterismo, para que los examinara. Kircher había realizado los primeros estudios sistemáticos sobre el esoterismo faraónico y sobre él recae la sospecha de que estuvo afiliado a los círculos rosacrucianis de su tiempo. Nadie dudaba en la Santa Sede que Kircher era un hermetista cristiano, perfecto conocedor del pitagorismo, la cábala y la astrología. Su especialidad era el desciframiento de jeroglíficos egipcios. Fue el primero en intentar descifrar las profecías de la Gran Pirámide.

Kircher consideraba que el copto era una variedad de la antigua lengua egipcia. Reconocía que el semita pertenecía a un grupo de lenguas al que llamaba "fenicio". El hecho de que la primera imagen de la Virgen ostentara una "traje egipciano",  y que se considerara la Torre Turpiana como construcción fenicia y, finalmente, los carácteres enigmáticos en que estaban escritos algunos de los textos más esotéricos, determinaron el que la Santa Sede acudiera al jesuita rosacruz para que desvelara el enigma.

La opinión de Kircher se dividió en dos partes. Afirmaba que si había que atenerse a la realidad histórica de los hechos narrados, ésta era cuestionable. Ni afirmaba ni negaba el que los textos hallados estuvieran en concordancia con la doctrina cristiana. Se limitaba, prudentemente, a afirmar que se trataba de tratados mágicos que probablemente expresaran creencias mágicas de los moriscos. Esto fue suficiente para lanzar sobre ellos el interdicto... ¿Pero que tenían los plomos de herético y mágico?

LA FILIACION INICIATICA

Llama la atención, inicialmente, que buena parte de los textos encontrados estén dedicados a Santiago, quien, no lo olvidemos, es el Santo Patrón de los alquimistas. Lo que se describe de Santiago es un viaje, es decir, una aventura iniciática, otros textos medievales y renacentistas (el "Libro de las Figuras Jeroglíficas" de Nicolás Flamel o algunos tratados de Ineneo Filaleto habían utilizado el símbolo de la peregrinación para describir las etapas de la iniciación alquímica). El hecho de que los documentos más herméticos del conjunto hayan sido elaborados en plomo, metal propio de los alquimistas, abunda en la interpretación de que es en el arte de la alquimia -vivo incluso hoy entre los musulmanes de Marruecos descendientes de los moriscos- donde hay que buscar las claves.

Llama la atención, igualmente, que uno de los textos más enigmáticos, esté destinado a describir las propiedades del Sello de Salomón, un símbolo bien conocido por los hermetistas medievales, como signatura de los cuatro elementos y llamada también, por ellos, la "corona del mago" (la suma de los seis primeros números, es igual a 21, el número de arcanos mayores del tarot, esto es, de aspectos de la naturaleza manifestada, 1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 = 21).

El soporte de algunos documentos era plomo, en ocasiones presentado en láminas a modo de hojas de un libro y en otras como discos metálicos. A finales de la Edad Media y durante los siglos XVI y XVII, los discos metálicos con inscripciones jeroglíficas se utilizaban frecuentemente como talismanes de protección o invocación a los espíritus. Las clavículas de Salomón es ejemplo de lo que decimos. Es seguro que, las figuras descritas sobre todo en el Tratado sobre el Sello de Salomón, tuvieran esta finalidad mágica.

Llaman la atención, igualmente, el hecho de que sean seis los discípulos de Santiago (6 + 1 = 7) y, finalmente, el que el leit motiv de todo el acervo documental sea el viaje iniciático de Santiago por tierras de España. A no olvidar que, a partir del siglo XVI, cuando en España y en el Sur de Francia, se alude a topónimos derivados de "moros", estamos ante lugares mágicos... pues es de hermetismo y magia de lo que nos hablan estos documentos misteriosos.

El mismo estilo mágico se percibe en el documento que describe la profecía escrita por San Juan. El texto está escrito en un cuadrado mágico de 48 por 29 casillas, cuya lectura debe hacerse tomando, primero los cuadrados pares y luego los impares. En algunos intérvalos aparecen letras griegas. El texto es, realmente, un "palíndromos" mágico cuyo significado y clave se han perdido, como, así mismo, su utilidad.

Los "plomos" son el único documento a nuestro alcance para estudiar la tradición mágica y hermética de los musulmanes granadinos, muchos de ellos sufíes, que siguieron ostentando parte de los moriscos.

EL CARPETAZO ECLESIASTICO

Las opiniones de las Juntas Teológicas, de Athanasius Kircher y otros impenitentes luchadores por la causa de los "plomos"  -como el italiano fray Bartolomé Pectorano, autor de una monumental defensa de su autenticidad- no consiguieron detener la condena papal. Esta llegó a principios del siglo XVIII. La tristeza y conmoción que causó en Granada fueron indescriptibles. En 1716, 1736 y 1739 se efectuaron forcejeos ante la curia romana para lograr la revisión de la causa, pero el proceso sigue detenido hasta nuestros días y, en la actualidad, los "plomos" permanecen perdidos en algún lugar del Vaticano.

Lo que nosotros hemos planteado, no es tanto la verosímilitud histórica de la predicación de Santiago y de sus seis discípulos en España, como la existencia de un mensaje esotérico camuflado con un ropaje cristianizado. Ni siquiera la demostración de que los textos pudieron ser elaborados por Miguel de Luna y Alonso del Castillo, cambiarían un ápice el hecho de que el contenido encierra una alta sabiduría esotérica... sabiduría que -morisca o cristiana vieja- forma parte de la Historia Mágica de España.

n o t a s  f u e r a  d e  t e x t o

HISTORIA MAGICA DE GRANADA

Un curioso manuscrito del siglo XVIII, el "Targum Granatense", atribuido a Francisco Pastor de los Cobos, "demuestra" que el relato del Génesis y los lugares más significativos de la crónica bíblica, aluden veladamente a la región de Granada.

Mesopotamia estaría enclavada entre los ríos Genil y Darro. Bab-Bilisena hoy Belicena, era Babilonia. El alto del Albaicín corresponde a Abelsitim, lugar donde se asentaron los hijos de Abel. Aceca, la ciudad de Judá, era la Asabica, o lugar en el que floreció Garnatha Alyehud.

De los Cobos explica que los habitantes del Albaicín seguían a Dios, mientras que los de Asabica eran crueles y taimados. Estos, finalmente, se apoderaron del Albaicín y crearon en él la Torre de Babel. La confusión de lenguas que siguió después cuadraba perfectamente con el panorama cultural del barrio en el que llegaron a hablarse a un tiempo "arábigo salomónio, griego, latín, hebreo, romance castellano e incluso italiano"; todo lo cual no era otra cosa que una inmensa "algarabía"...

La obra de Pastor de los Cobos, no deja de ser una locura literaria sin el más mínimo fundamento científico que recuerda por sus etimologías fantásticas, la obra del Abate Boudet, "El Cromlech de Rennes-le-Château" que dió origen al misterio que se cierne sobre éste pequeño pueblo francés, tenido por algunos como la tumba de Cristo y la capital mística de Francia.

Pastor de los Cobos intentó encontrar argumentaciones y hechos que confirmaran los hallazgos del Sacromonte y de la Torre Turpiana y decidió encontrarlos en la etimología. Aprovechó para ello la rica toponimia árabe y judía de la zona y logró llegar donde ni los mismísimos artífices de los "plomos" pretendieron: no a demostrar que hubo cristianos de raza árabe en Granada en torno al año 62, sino que, además, el libro sagrado de la cristiandad es una guía turística de Granada.

No es raro que un erudito local decida que su patria chica es el ombligo del mundo y esté dispuesto a demostrarlo.

LUGAR DE TRANSITO Y CRUCE DE CULTURAS

El territorio de lo que luego sería el reino nazarí de Granada estaba habitado desde el paleolítico. Ya en el neolítico existieron vínculos comerciales con el Egeo. Iberos túrdulos y baetanos se agruparon en torno a Guadix y Baza. Los fenicios, establecidos en Secci (Almuñecar) y Salambina (Salobreña), practicaban el culto al dios Rimmon en Sierra Elvira. Hecateo de Mileto nos habla en el siglo V a. JC de Elybirge que luego se tranformará en Elyber y, finalmente, en Iliberri. Los griegos establecieron colonia en Ulisea. Los cartagineses, llamados por los fenicios, acabarán con Tartesos, pero serán a su vez derrotados por los romanos que fundarán Iliberri (uno de los núcleos e la actual Granada) sobre un poblado ya existente.

La tradición atribuye a San Cecilio la fundación de la sede episcopal en el 62 que serviría de soporte para el primer concilio celebrado sobre territorio ibérico, en Elvira el 306. El 419 los vándalos, los silingos y alanos, guerrean en estas tierras hasta que Walia y los visigdos consiguen apariguarlos. El emperador Honorio se apoderó temporalmente de la zona. Luego, Leovigildo recupera Granada a los vándalos.
En 771 lo moros ocupan la zona. Granada se reorgania bajo el califato de Córboda. Los judíos fundaron en el siglo VIII, Garnatha Alyejud (Torre Bermeja) que junto con Iliberri y la bereber Alcazama Cadima en la margen derecha, forman la ciudad actual.

El dominio musulmán resultó turbulento e irregular. En 1246 Alhamar, se declara vasallo de Fernando II El Santo y le ayuda a conquistar Sevilla. El 2 de enero de 1492 los Reyes Católicos conquistan Granada. Sus habitantes, ampliamente islamizados, resistieron las leyes que les privaban de derechos religiosos. La sublevación de las Alpujarras, dirigida por Aben Humeya, pudo ser sofocada sin gran dificultad por Juan de Austria, pero hizo necesaria la expulsión.

En 1606 la Inquisición quemó a la última fiel de Mahoma de la que los documentos dan cuenta.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

El Ave Fénix. Símbolo oculto de iniciación. Renaciendo de su propia muerte

Infokrisis.- "Habita esta selva, estos bosques sagrados, el ave fénix, sola y única que vive saliendo rehecha de su propia muerte". De Ave Phoenice. El Ave Fénix de la mitología clásica es algo más que un mito poético o una ingenua leyenda sumergida en ese bosque de leyendas que es la literatura clásica. En realidad, una mitología arraigada en el subconsciente colectivo de un pueblo, entraña necesariamente una enseñanza sin la cual ese pueblo no hubiera podido desarrollar sus potencialidades. Mitología implica necesariamente, iniciación y una iniciación es el acto mediante el cual, posibilidades latentes en el ser humano, pasan del estadio de potencia al de acto. De entre todas las leyendas mitológicas que el mundo clásico nos ha legado, la del Ave Fénix es, sin duda, la de un mayor y más rotundo contenido iniciático. Se trata, por lo demás, de un mito universal nacido del vector más puro de la tradición egipcia, pero que tiene también manifestaciones de increíble similitud en India y China.

El ave que renace de su propia muerte nos indica cómo era una parte de la estructura mental de nuestros ancestros y de las culturas clásicas de las que el Occidente moderno es hijo. Conocerlo puede facilitar el retorno a los orígenes es, quizás, la forma más drástica de superar la actual crisis de identidad y pérdida de valores que experimenta nuestro entorno cultural en este límite del milenio.

FISONOMIA DEL AVE INMORTAL

El Fénix es descrita por muchos autores clásicos con una precisión tal que se diría que han podido contemplarla en estado de máximo arrobamiento o en el curso de éxtasis místicos. Así se comprende que las descripciones no sean completamente coincidentes, sino que cada autor coloque un matiz propio que otros no recogen, o simplemente, que, aparezcan sensibles modificaciones a lo aportado por autores anteriores. Sin embargo una serie de características son comunes. Todos coinciden, por ejemplo, en los destellos desprendidos por el cuerpo del ave  y su plumaje que admiten es de oro rojizo. Tácito dice que, solo por sus plumas, el Fénix puede distinguirse fácilmente de cualquier otra ave. Lactancio le atribuye un color rojo azafrán con un pico de aspecto similar a una gema o formado por piedras preciosas. Las plumas muestran irisaciones blancas, verde esmeralda y marfil. Igualmente, todos describen las garras como enormes y rojas.

Una aureola solar corona la cabeza del ave. Aquiles Tacio, autor latino afirma que el Fénix se precia de tener al Sol por señor y Lactancio en el famoso poema "De ave Phoenice", afirma que tiene por corona los rayos del astro rey. Claudiano percibe en sus ojos, lo que describe como "brillo misterioso" y que el propio Lactancio compara a "jacintos azules de gran fulgor". Otro autor clásico, Solino, en su "Recopilación de acontecimientos memorables", dice que el cuello del ave despide un "dorado resplandor". Esta solaridad está incluso presente en sus patas que son para Lactancio, doradas y para Claudiano, purpúreas, mientras que otros autores las describen de color naranja de sandácara. Al moverse muestra una gran dignidad y altivez. Ezequiel, el profeta judío, dice que su andar es "altivo como un toro y ágil, como si el cuerpo no le pesara".
Lo más notable es su sexo. Macho y hembra a la vez, los autores griegos y romanos lo definen como hermatrodita. Plinio afirma sin dudarlo que "un dios le concedió renacer de sí mismo sin lazos que aten a Venus".
No hay otro animal ni ave como el Fénix. San Eusebio al hablar de sus dimensiones dice que es dos veces más grande que la mayor de las aves, el águila. Otros comparan su belleza a la del pavo real. El mismo Plinio la quiere aproximar al faisán del que dice que el moño que muestran en la cabeza es similar a la cresta del Fénix. Lactancio en el poema, la compara al Arco Iris, diciendo que fue la misma diosa quien coloreo a la vez el arco que lleva su nombre y las plumas del Fénix.

Algunos autores resaltan los misteriosos y sutiles tonos de su canto que comparan al del mejor ruiseñor que canta en el Paraíso. Algún autor latino que ha oído hablar del cátedro, la ave solar hindú, establece paralelismos entre los dos animales en función del armonioso canto de ambos. El Fénix, posado en lo alto de un árbol, despide una musicalidad tan alta y clara que la escucha el bosque entero. En las auroras, espera en lo alto de la copa del árbol sagrado, mirando hacia el Este, el lugar donde nace el Sol; cuando despuntan los primeros rayos entona un canto que hace palidecer al del gallo. Las noticias sobre las bondades musicales del Fénix llegaron incluso hasta China, donde existió el cheng,  instrumento de música en forma de Fénix, que intenta pálidamente reproducir el canto del ave.

EL AVE DEL PARAISO

Los autores no están de acuerdo sobre la morada de este ave. Para Tácito y Heródoto su lugar de residencia es Arabia, para Arístides y Ausonio, la India. Los poetas Ovidio y Marcial la sitúan en Asiria y Lactancio, tan concreto en otras ocasiones, se limita aquí a indicar un vago "Oriente". Son varios los autores que mencionan a Etiopía que nada tiene que ver con el actual país africano, refiriéndose a una zona comprendida entre el Tigris y el Eufrates, bañada por las costas del Mar Negro.

Frecuentemente el nombre de Heliópolis (la "ciudad del Sol") aparece en los relatos. Se dice, por ejemplo que cuando muere su padre, lo sepulta en Heliópolis, o que -como cuenta Heródoto- cada quinientos años aparecía en la ciudad. Otros afirman que el Fénix se inmola precisamente en el Templo del Sol de Heliópolis. Pero sería necesario investigar los contenidos de esa ciudad maravillosa -que nada tiene que ver con la ciudad real que algún día existió con ese nombre en Egipto- para que podamos calibrar el sentido de la frase.

Lactancio, por ejemplo, nos dice que en ese país hay ausencia de mal y cualquier acto que realizan los hombres es bueno y elevado; en aquel lugar, una llanura elevada, no existe sufrimiento para el cuerpo ni para el espíritu. El lugar es equiparable al Paraíso judeo-cristiano, a los Campos Elíseos descritos por Homero en donde reina la paz del espíritu y una serenidad sin límite o a la Isla de los Bienaventurados. Quintiliano llega incluso a describir el lugar como si hubiera viajado a él; lo llama lugar de bienaventuranza ("locurum amoenitas"), con agradables bosques y ríos, peinado por una brisa suave, donde el canto de los pájaros es tan melodioso que produce un placer extático. La virtud está presente en el lugar y quienes lo habitan se guían por una idea innata de justicia y una equilibrada templanza. Ovidio sitúa una fuente en el centro del lugar, al pié del monte Elíseo y cerca de ella el lugar de residencia del Fénix. En el Elíseo jamás llueve ni nieva, pero, aun así, la fertilidad es proverbial gracias a la fuente de vida que lo alimenta todo. Nos dice también que crecen "melones", palabra que para los griegos tenía dos acepciones: cualquier fruta y el árbol de frutos dorados.

En esos Campos Elíseos vive la raza de los héroes de la que Hesíodo nos dice que fue creada por los dioses en tiempos de la guerra de Troya. Hesíodo, en "Los Trabajos y los Días", presenta una cosmogonía de la decadencia en cuatro fases cíclicas: la Edad de Oro, o edad de los dioses donde el hombre era igual a ellos; la Edad de Plata en la que se pierde el contacto directo con la trascendencia y la casta sacerdotal -mediadores entre el hombre y Dios- es hegemónica; luego la Edad de Cobre o edad de los guerreros y, finalmente, la Edad del Hierro, fase final de decadencia y desintegración. Pero entre estas dos últimas, Hesíodo sitúa la Edad de los Héroes. Gracias al ascesis heroico y a la "prueba iniciática" el hombre de las dos últimas edades tiene la posibilidad de reintegrarse en la edad primordial, la Edad de Oro. Quienes lo consiguen tienen en el Elíseo su morada. Y sobre ellos, eternamente, revolotea el Fénix.

LA ESTRUCTURA DEL MITO

La leyenda mitológica cuenta que un ave, de nombre Fénix, moría en medio de plantas aromáticas para resucitar luego con plumas que reflejaban los colores del sol. Esta estructura central tiene distintos elementos que lo van enriqueciendo, la mayoría de los cuales se integran en el mismo significado simbólico y, en otros casos, se trata de errores de comprensión fácilmente perceptibles. Así, por ejemplo, Artemidoro de Daldis cuenta que un pintor egipcio que solía representar al fénix era tan pobre que, tras la muerte de su padre, se vio obligado a llevar el cadáver a sus espaldas para darle sepultura. La dificultad en "enterrar al padre" deriva de en una mala lectura de la leyenda realizada por Artemidoro: el Fénix carece de padre y de generación alguna. La generalidad de los autores, afirma que, de las cenizas del Fénix nace un gusano que va creciendo hasta convertirse en un nuevo pájaro que, una vez adulto, emprende el vuelo y regresa a su morada.

Detengámonos aquí: el ave renace en virtud de su muerte; cuando se siente anciano recoge plantas aromáticas y forma un nido en el que muere; de los restos nace un gusano que genera la nueva ave. Esta, una vez adulta, vuela a Heliópolis. Resulta evidente que el eje central del tema es el binomio "muerte-renacimiento" que remite a la estructura central de todo sistema iniciático: para que una ceremonia de iniciación produzca efecto, el "hombre viejo" debe morir y, en su lugar, debe aparecer un nuevo alumbrado, un hombre renacido, un "hombre nuevo", en definitiva. En el proceso iniciático, como en la vida del Fénix, existe un antes y un después de la muerte simbólica: en el "antes" el ser está caracterizado por el agotamiento de sus posibilidades, el ocaso y la crisis existencial; en el "después" todo se renueva y torna joven y vivo.

A esta estructura central, los distintos autores añaden detalles no carentes de importancia. Hay que insistir en que el mito no es una imagen gratuita creada como un autor crea una relato literario. El mito dramatiza una experiencia interior y, de la misma forma que, durante un sueño, distintas personas sometidas a los mismos estímulos, los metabolizan y dan a cada visión onírica unos contenidos particulares, los autores clásicos que han aludido a mitologías, suelen haber tenido esas visiones interiores, sorprendentemente iguales, pero, al mismo tiempo, muy personalizadas. Ovidio, por ejemplo, afirma que la edad del Fénix es de 500 años, pero Plinio la sube hasta 540 años como el Heliodromo, el ave mensajera del Sol). Tácito eleva la edad del Fénix a 1461 años cumplidos los cuales se encierra en su nido situado en lo alto de una palmera, confeccionado con ramas aromáticas  (casia, nardo, cinamono, mirra) y muere en medio de éstas derramando sobre sí mismo "la fuerza genital".  El muy católico San Epifanio de Salamina, afirma que el fénix, antes de morir, se golpea el pecho con sus garras hasta hacer salir fuego de las entrañas; ésta llama enciende la leña que le ha de abrasar. Antes de que todo quede reducido a cenizas, Dios hace aparecer una nube cuya lluvia apaga la llama; los restos generarán, al día siguiente, un gusano del que nacerá de nuevo el Fénix..

Plinio afirma que las cenizas del ave contienen virtudes curativas y regenerativas que constituyen una verdadera "medicina universal". Horapolo el griego, aporta un nuevo matiz atribuyendo la cualidad fecundadora a la sangre del ave. Al sentir, nos dice, como le llega la muerte, se echa en el suelo y se hiere en el vientre; la sangre que mana fecunda la tierra y de ella nacerá el nuevo Fénix que acompaña a su padre, aun vivo, a morir en Egipto a la salida del Sol. Aquiles Tacio modifica el relato de Horapolo sosteniendo de manera insensata que el nuevo Fénix cuida de la sepultura de su anterior encarnación en el Nilo y para ello deposita el cadáver en un hueco excavado adrede en el tronco de un árbol de mirra que luego tapa con tierra.

Todos estos matices no hacen sino abundar en los mismos significados simbólicos: muerte-resurrección, solaridad, paraíso...

CONTENIDO INICIÁTICO

Los lingüistas de un lado y la tradición esotérica de otro, han hecho descender el nombre de Fénix del término griego "phoinix" al que se le dan tres acepciones: la primera alude a los nativos de Fenicia, país situado al Este del Mediterráneo; la segunda la emparenta con el color púrpura y la tercera con palmera. Para los latinos, se aludía a los naturales de Fenicia y a las palmeras y, posteriormente, San Isidoro de Sevilla, por el contrario, demostrando conocer la acepción que remite al color púrpura, lo emparenta con la realeza. Los tres sentidos, sin embargo, son coincidentes: se alude a Fenicia, situada en el Este, por que es allí por donde sale el Sol; el color púrpura es el color de Zeus y de los dioses del Olimpo, y la palmera, por su parte, es un árbol sagrado de Oriente gracias a su forma | vertical que luego se abre, desparramando sus ramas como si fueran rayos del Sol. Los mismos templarios habían conocido este último significado, integrándolo en su gnosis. Era frecuente que las capillas templarias tuvieran forma circular y la bóveda estuviera sostenida por una columna central llamada Arbol o Palmera de la Vida. Era justo encima de esa columna donde los templarios situaban un pequeño habitáculo en el interior del cual meditaban en soledad antes y después de su iniciación en el capítulo secreto de la Orden. Estos lugares aun son visibles en muchas capillas templarias.

Fenicia, la palmera y el color púrpura, indicaban solaridad, ascesis, dignidad regia (es decir, dignidad solar), remitiendo en su conjunto al concepto de iniciación. Es significativo que Claudiano compare el Fénix a otro elemento situado en la misma línea simbólica, el pino, igualmente símbolo solar y de peremnidad, al no perder jamás sus hojas. Claudiano llega incluso a comparar los achaques del Fénix a los del pino cuya muerte se produce en tres fases; una parte del pino es derribada por los ataques del viento, otra se desgaja por acción de la lluvia que pudre sus entrañas y la última se rinde por efecto del tiempo. El fénix sufre agotamiento parecido. Nada más empieza a ver debilitadas sus alas que apenas le permiten ya levantar el vuelo, cuando su vista se atenúa, nuestra ave siente que le viene la muerte e inicia la construcción de su nido.
Para Dionisio la cremación tiene lugar en la cima de una elevada montaña en una roca alta, lugar que, por su elevación y proximidad a los dioses, tiene dignidad real. Pero la opinión general es que va al Paraíso a buscar plantas aromáticas entre las que se citan el cinamono, el bálsamo, la casia, el acanto, las lágrimas de incienso, las tiernas espigas de nardo, la mirra y la panacea. En Grecia el lecho de los difuntos se adornaba con hojas de olivo, apio y coronas de flores, entre ellas el cinamono, considerada como la planta aromática que mejor arde y que, por tanto, está consagrada al sol. Plinio, siempre piadoso, recuerda que solo puede recogerse cinamono con permiso de la divinidad y tras un gran sacrificio, cuando el Sol no está presente en el firmamento.

Es innegable que el mito del Fénix está íntimamente ligado a una ciencia sagrada de carácter iniciático: la alquimia. Cómo se sabe, el fin último de la alquimia es la regeneración del compuesto humano y su reintegración en el estado edénico primordial. La primera fase de los trabajos alquímicos recibe el nombre de "putrefactio" o mortificación de la cual se extrae un compuesto que, en una segunda fase aviva el fuego interior del ser humano capaz de llevarlo al estado trascendente de identificación con la divinidad. El catalizador que provoca esta transmutación se obtiene directamente de la putrefacción de la materia primera en la primera fase de la Obra Hermética. El fuego tiene un papel preponderante en todos estos procesos. A la luz de estos datos el símbolo del Ave Fénix adquiere un nuevo sentido: nos está definiendo lo esencial del proceso de regeneración alquímico.

Dice la tradición del Fénix que dentro del nido espera la cremación. Una vez muerta, el ave empieza a descomponerse y el líquido formado por la putrefacción de los miembros impregna la totalidad del ave, lo que da origen a un gusano de cuya metamórfosis saldrá un nuevo fénix. El cuerpo muerto se calienta de tal forma que llega a producirse una llama. Así pues, el "líquido salido de la putrefacción" del Fénix es el catalizador que los alquimistas llamaban "piedra filosofal" que provocaba la regeneración del sujeto o bien facilitaba la transmutación del plomo en oro. Fénix y piedra filosofal encierran en sí mismas, milagro y capacidad regenerativa.
Lactancio en su poema comenta que el Fénix, llegado a la madurez, deja de ingerir alimento; el aire y el calor le bastan para sobrevivir. Al despuntar el alba y cuando las estrellas comienzan a palidecer, sumerge tres o cuatro veces su cuerpo en el agua sagrada de la fuente situada en el centro del Elíseo y bebe tres o cuatro sorbos de esta agua viva. El hecho de que el Fénix tenga un carácter andrógino, es otro elemento hermético extrapolado al mito, pues no en vano, la materia prima destilada en el horno de fusión de los alquimistas es masculina y femenina, activa y pasiva, a la vez.

UNIVERSALIDAD DEL MITO

A ningún mitólogo se le ha escapado el hecho de que el mito del Fénix procedía de Egipto en donde ya había adquirido una forma extraordinariamente próxima al redactado griego. En la tierra del Nilo, el ave recibía el nombre de Bennu y estaba asociado al Sol y a las crecidas del gran río, elementos que lo vinculaban a la regeneración y la vida. Ya en Egipto su templo estaba situado en Heliópolis. Las efigies de Bennu se colocan en la proa, en forma de mascarón, de las barcas sagradas que transitaban por el río repletas de sacerdotes oficiantes de los ritos mistéricos. Al igual que en el mundo clásico, en Egipto el Bannu era símbolo de resurrección; cómo se sabe el alma del difunto, tras abandonar el cuerpo, asistía a la "psicostasia", ceremonia de pesada de su alma. Respetados escrupulosamente estos ritos, si el difunto había realizado correctamente los ritos sacrificiales y la confesión negativa de sus culpas era verídica, el difunto alcanzaba la naturaleza del Fénix y renacía a una nueva vida.

La tradición pasó de los egipcios a los griegos y de ahí al mundo latino. Cuando éste se extinguió, correspondió a los árabes rescatarlo e insertarlo en la particular cosmogonía islámica. Añaden los tratadistas islámicos que el Fénix solo se posa en la montaña Qâf, considerada por ellos como el polo y el centro mundo. Sin embargo, la opinión no era unánime. Los islamistas más ortodoxos desconfiaron siempre de todos los temas no extraídos directamente del Corán; el Fénix era uno de ellos, así que doctores como Al-Jili, hicieron lo que los Padres de la Iglesia católicos ya habían hecho setecientos años antes, es decir, islamizar el mito. Al-Jili sostuvo que el Fénix carecía de existencia real y, por tanto, era un mero símbolo; no tenía otra existencia más que la atribuida por  el nombre y su idea no podía alcanzarse más que por la palabra que lo designaba, de la misma forma que no puede comprenderse la naturaleza de Dios sino por mediación de sus nombres y cualidades.

Muy lejos de allí, en otros horizontes culturales, la evocación del Fénix también había llegado. Los taoistas, por ejemplo, daban el nombre de "ave de cinabrio" a una entidad con los mismos atributos que el Fénix. El cinabrio es el sulfuro rojo de mercurio, al que ya la alquimia occidental apelaba como una de las posibles materias primas de la operativa hermética y que el taoismo llamaba "montura de los inmortales". También en China el "ave de cinabrio" era andrógina, deparaba la inmortalidad y su aspecto masculino deparaba la felicidad, mientras que el femenino era emblema del aspecto femenino del cosmos. Ambos, unidos, deparaban la felicidad. Cuando alguien afirmaba haberlo visto en los campos era augurio seguro de un feliz reinado del Emperador. En China, así pues, el Fénix está asociado a la función imperial del "cosmocrator", Señor del Universo.

EL MITO CRISTIANIZADO

Fueron varios los santos y padres de la Iglesia que, hasta bien entrada al Edad Media, disertaron sobre el Fénix, integrándolo en la concepción católica. San Eusebio de Cesárea, San Ambrosio, San Clemente de Roma, San Epifanio de Salamina, aun bajo el Imperio Romano y posteriormente San Gregorio de Tours, San Isidoro de Sevilla, Valerio Abad, Rábano Mauro, San Alberto Magno, el gran alquimista, etc. sostuvieron que el Ave Fénix demostraba la inmortalidad del alma tras la muerte y era un símbolo vivo de Jesucristo, el cual, también resurgió a su propia muerte. En literatura cristiana más antigua, los Padres de la Iglesia utilizaron la leyenda del Fénix como argumento en favor doctrina resurrección; todos ellos recurren a la semejanza de las cenizas del Fénix con los elementos constitutivos del hombre, hecho de barro y polvo, que resucitará al toque de trompeta. El Fisiólogo añade apura la comparación entre Jesucristo y el Fénix diciendo que éste tarda tres días en resucitar.

Solamente Máximo el Confesor, lo critica. Su argumento no deja de evidenciar la simplicidad de sus concepciones. Inicia su razonamiento afirmando que, a pesar de sus virtudes, el Fénix es un animal y, en tanto que tal, padeció el Diluvio Universal. Se pregunta luego si Noé menciona entre los animales que cargó en el Arca, alguno cuya virtud fuera la inmortalidad. La respuesta negativa le hace afirmar que el ave no pudo ser distinta de otras aves del Arca. Así pues no puede verse libre de la muerte, ni siquiera renacer del fuego, ni soportarlo, como la salamandra, de la que Máximo el Confesor comparte la creencia muy extendida en su tiempo, que soportaba las llamas, pero, en cambio, era permeable a otras desgracias.

Un curioso relato medieval atribuido al abad español Valerio, narra las visicitudes de Baldario en el curso de un viaje. Criado fiel de San Fructuoso, Baldario, fue a morir al rayar el alba en una de las etapas del trayecto y su alma se elevó al cielo, acompañada por tres palomas. Jesucristo en persona quiso honrar las virtudes de Baldario, concediéndole una prolongación a su existencia humana y ordenó a las palomas que volvieran el alma al pobre cuerpo muerto, advirtiéndoles que tuvieran cuidado de que la proximidad del sol no la quemase. El alma de Baldario, al regreso, pudo ver como el Sol iba precedida de un ave muy grande de color rojo -que no era otra que el Fénix-, cuyo aleteo atenuaba el rigor del Sol.

La leyenda transcrita por el Abad Valerio recoge una vieja tradición medieval derivada del tema del Ave Fénix según la cual, el batir de sus alas evita que los pecadores sean quemados por los rayos del Sol. La idea es que los justos, en tanto que tales, están dotados de la pura luz solar, mientras que los injustos son su antítesis y, por tanto, poseídos por el Maligno que huye de la luz solar -atributo de la divinidad- y es combatido por ésta. La idea cristiana de propósito de la enmienda, redención y expiación, se afirman gracias al tema del Fénix que, evidencia, una vez más, su carácter de mediador entre lo divino y lo humano.

CONCLUSION: MITO SOLAR Y SIMBOLO DE INICIACION

Nuestro viaje a través del Fénix nos ha permitido comprobar hasta qué punto está ligado a una secuencia simbólica que indica estabilidad, orden, realeza, realización y trascendencia, de la que forman parte el Sol, la alta cumbre, el Fuego, los símbolos solares de determinadas plantas, ubicaciones geográficas concretas como el Este, o ciudades alegóricas como Heliópolis. De todas estas sugerencias simbólicas, la que más persistentemente recorre el mundo de la Tradición es el Solar, de ahí que podamos definir el Fénix como un avatar del Sol.

En segundo lugar la reiteración del tema muerte-renacimiento le otorga un contenido iniciático y una enseñanza operativa: para regenerar la naturaleza del ser, ésta debe morir en  su aspecto humano; el ente renacido de la putrefacción, la incineración del "hombre viejo", generará un ser trascendente, que comparte cualidades con la divinidad y cuya morada sea el Paraiso, el estado edénico primordial, los Campos Elíseos o las Islas Bienaventuradas.

A partir de aquí estas dos concepciones es posible establecer múltiples correspondencias con otros mitos y concepciones de Oriente y Occidente que remiten a idénticas claves simbólicas y que definen una "vía" de realización, heroica y solar que fue patrimonio de nuestros ancestros, cuando Occidente daba sus primeros pasos.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

El primer “tour de Francia”. La Peregrinación de los compañeros artesanos

Infokrisis.- No es por casualidad que el "Tour de Francia", la más famosa prueba ciclista de los tiempos modernos, arraigó inmediatamente en el país vecino. En efecto, el concepto de "tour" (vuelta), hundía sus raíces en lo más profundo de la sociedad francesa. En otro tiempo, desde finales de la edad media, el "tour"  se realizaba a pié; no estaba abierto a todo aquel que quisiera participar, era, por el contrario, patrimonio de los llamados "compagnons", encuadrados en los gremios artesanos. No era una competición deportiva, sino una escuela de vida. Hoy todavía, a menos de un lustro del siglo XXI, los supervivientes de estas organizaciones conservan celosamente sus tradiciones y ritos secretos y aun algunos realizan su "tour" alejados de las metas, los maillots amarillos y los besos dispensados por las starlets a los vencedores.

DESDE EL SIGLO XV AL TERCER MILENIO

Los historiadores que han intentado reconstruir la trayectoria del movimiento gremial francés se han encontrado con dificultades insuperables. Todavía hoy los gremios tienen muy arraigada la tradición de quemar sus archivos al final de cada año; esta prudente medida adoptada tras las primeras persecuciones contra ellos en la Baja Edad Media, supone un obstáculo insuperable para fijar fechas con certidumbre absoluta.

Gracias a otros registros, documentos y archivos, se sabe que la Francia de finales del siglo XV, era recorrida por artesanos ambulantes que ejercitaban su oficio en las ciudades que visitaban. El recorrido se cerraba sobre sí mismo: terminaba en Lyon, allí donde se había iniciado años atrás. El joven que había abordado la ruta, en el curso de la misma se había convertido en un hábil y maduro artesano.

El circuito, del que se empiezan a tener más datos a partir del siglo XVII, disponía de una serie de etapas fijas -Lyon, Marsella, Burdeos, Nantes y Orleans- y a lo largo del recorrido se visitaban otras en las que no era obligatorio detenerse: Nimes, Tolosa, Agen, Rochefort, Angers, Tours, París, Auxerre y Dijon. En estas ciudades los gremios contaban con fuertes implantación que les permitían acoger a los recién llegados y emplearlos en los talleres de sus maestros artesanos. La ausencia de etapas al norte del Sena, en Alta Savoia, Franco Condado y Lorena, se debe a la debilidad del movimiento gremial en esas zonas. Débil también fue la presencia en el Macizo Central, Normandía y Bretaña, con algunas excepciones. Pero esta distribución geográfica nos indica también el origen de la costumbre del "tour de Francia": éste debió aparecer necesariamente en el antiguo "País d’Oc".

Las etapas que hemos definido corresponden casi completamente con las que seguían los distintos caminos de otra peregrinación que gozó de gran fervor popular: el Camino de Santiago. Es posible que existiera una relación entre ambas tradiciones. Resulta evidente pensar que aquellas ciudades por donde pasaba el camino francés de Santiago, tenían una mayor prosperidad y vida comercial que el resto, y de ahí que los gremios fueran más poderosos. Pero esto no lo explica todo.

El Pais d’Oc recibió la influencia de los visigodos que conservaron relativamente puras las tradiciones gremiales romanas. Los visigodos establecieron la capital de su reino en Tolosa hasta que, vencidos en Vouillé, perdieron toda influencia al Norte de los Pirineos e hicieron de Toledo el centro de su poder. Mientras, en el Norte, las convulsiones políticas que precedieron y siguieron a la caída del imperio romano, hicieron que existiera un verdadero vacío de poder en varios momentos.

LA VIDA DE UN JOVEN ARTESANO

La duración de todo el "tour" no era inferior a dos años, ni superior a siete; en 1581 se fijó en tres, pero la prescripción se mantuvo poco tiempo y finalmente volvió a ser variable en el siglo XVIII.
Durante el "tour" los artesanos no podían casarse, si lo hacían debían abandonarlo y establecer un taller. Quienes emprendían esta aventura, debían haber superado el aprendizaje del oficio; no eran aun maestros, pero disponían ya de un cierto dominio de la profesión. Tenían entre 17 y 25 años. Todos ellos, antes de afrontar los polvorientos caminos de Francia, habían ejercido de aprendices en talleres; era frecuente entre los siglos XIII-XVII que los aprendices entraran en los talleres a partir de los 10 años. No recibían dinero alguno por su trabajo, tan solo cama, comida y ropa; a cambio, el aprendizaje era gratuito. Instalados en la trastienda de los talleres o en los altillos, los aprendices estaban completamente integrados en la familia del maestro o dueño del taller.

En su etapa de aprendizaje tenían la obligación de ayudar en las tareas domésticas, limpiar el taller y las habitaciones de la vivienda que generalmente estaba situada encima. Su vida no era fácil ni cómoda, frecuentemente eran sobreexplotados y vivían en condiciones precarias. Durante el siglo XVIII los abusos que los maestros cometían con sus aprendices dio lugar a conflictos que terminaron con el establecimiento de tribunales de seguimiento y verificación de las quejas presentadas.

LA AVENTURA INICIATICA Y PROFESIONAL

Cuando el aprendiz gozaba de un cierto dominio de la técnica, el gremio podía autorizarle a emprender la "vuelta a Francia". El joven artesano debería disponer de algunos pequeños ahorros que le permitieran abordar la aventura. Dado que iba a convivir durante años y por cortos períodos de tiempo con gente muy diversa, se requería de él que fuera "prudente y leal", su historial profesional debía de carecer de manchas, era necesario que un maestro consumado avalase su petición; el interesado se comprometía sobre los Evangelios a respetar los ritos y los estatutos de la corporación.

El joven artesano evidenciaba su capacidad profesional a través de la "obra maestra" que debía someter a juicio de los prohombres del gremio. Algunas de estas obras se conservan todavía en los distintos museos del "compagnonage" abiertos a lo largo de este siglo. Se trata de verdaderas maravillas cuya meticulosidad y precisión, atestiguan los óptimos resultados de este tipo de enseñanza. Catedrales góticas en miniatura, labradas en maderas nobles, estatuas finamente talladas, relojes y cerraduras cuyos mecanismos eran tan perfectos como sus presentaciones, todo ello era realizado por muchachos que apenas superaban los 20 años

LOS ATRIBUTOS DEL PEREGRINO ARTESANO

El recorrido se cubría siempre a pié y siguiendo el sentido de las agujas del reloj. El único bagaje que portaba el joven artesano era su bastón adornado con cintas cuyos colores y nudos eran indicativos de su gremio y de la ciudad que procedía. Un pañuelo grande con los emblemas de su profesión, y cerrado con cuatro nudos, contenía todas sus pertenencias. Este pañuelo se conocía como "baluchon de trimandeur" y aun cuando no existe palabra equivalente en castellano, "trimard" significa carretera y camino real y "trimarder", vagabundear. En cuanto a "baluchon" significa lío de ropa, hatillo.

El bastón no era solo un punto de apoyo, podía convertirse en un arma terrible y existían dieciséis maneras de llevarlo, cada una de las cuales encerraba un sentido diferente. Arrastrarlo ante alguien suponía despreciarlo, mostrar el mango era signo de respeto y deseo de paz; alzarlo a la altura de la frente, implicaba buena disposición y ofrecimiento de colaboración; pavonearse con el bastón, manteniéndolo adelantado respecto al cuerpo era signo de provocación y desafío, mientras que caminar, manteniéndolo al paso demostraba confianza.

En los museos gremiales se exponen muchos de estos bastones que lucen los emblemas corporativos; en buena medida se trata de bastones ceremoniales, utilizados en los ritos -frecuentemente secretos- gremiales; estos, finamente adornados, en sí mismos, constituían verdaderas obras maestras que tenían poco que ver con los utilizados por los artesanos en su viaje a través de Francia; estos, por su parte, más recios y largos, denotan su doble funcionalidad de punto de apoyo y arma defensiva.

EL "TOUR", UNA ESCUELA DE VIDA

¿Por qué esta extraña costumbre que descubrimos tan solo entre los artesanos franceses y, en menor medida, entre los "Zimmerman", sus equivalentes alemanes? A decir verdad, el "tour de Francia" constituyó una institución de gran valor pedagógico y formativo.

En los siglos en que fue concebida y hasta la revolución industrial del XIX, los sistemas de producción y las técnicas artesanales, variaban mucho de unas localidades a otras; mediante su desplazamiento por la geografía francesa, el artesano, y tenía la posibilidad de aprender trucos del oficio propios de cada región que completarían su formación práctica.

En un tiempo en el que viajar era un lujo, el joven artesano, a los veinte años, podía tener un conocimiento completo de todo el reino, sus viajes le permitirían relacionarse con gentes muy diferentes, conocer otros caracteres, adquirir, en una palabra, experiencia humana.

En efecto, para el gremialismo que nació en la Edad Media europea, lo importante no era solo que el joven aprendiera el perfecto dominio de su profesión, sino además que adquiriera formación humana integral. Los maestros que lo empleaban le exigían limpieza en su aseo personal y en el desempeño de su trabajo, educación y cortesía en el trato con sus superiores y en las relaciones con sus clientes. El tuteo estaba prohibido en las relaciones de un aprendiz con un maestro y con la familia de este. Una falta de respeto hacia los prohombres del gremio o sus esposas, podía ser castigada con la expulsión. Pero los gremios eran muy tolerantes respecto a otros exabruptos del carácter y para cuidar los problemas psicológicos de los  "paseantes" -así se llamaba a los artesanos que marchaban de una ciudad a otra- había creado una institución de singular arraigo: "La Madre".

"LA MADRE" DE LOS COMPAÑEROS ARTESANOS

Cada logia artesanal -"cayenna"- elegía en asamblea una "madre". Se exigía que las candidatas estuvieran legítimamente casadas, su vida debía ser un espejo de virtudes. Habitualmente eran esposas o familiares de agremiados. Pero sobre todo debían disponer de las "cuatro cualidades" imprescindibles: bondad, justicia, entrega y paciencia.

Una vez elegida era "recibida solemnemente y reconocida según los ritos". En el curso de esta ceremonia se le entregaba el brazalete que constituía el signo distintivo de "la madre"; la joya, no necesariamente de metal noble, debía ser restituida al gremio tras la muerte o dimisión de "la madre". Hemos podido ver el brazalete de una "madre" parisina actual, compuesto por anillos de metal de los que colgaban 12 medallones representando los 12 gremios de la obediencia "Compagnons du Devoir".

Cuando un "paseante" llegaba a una ciudad debía presentarse de inmediato en la sede del gremio, frecuentemente instalada en una posada o una taberna. Allí conocía al "rouleur", palabra que no tiene traducción pero que define a quien encontraba trabajo a los "paseantes", siempre en los talleres de maestros afiliados al gremio. Si un artesano llegaba a una ciudad y allí no había trabajo para él, el gremio le facilitaba un viático hasta la siguiente ciudad del recorrido. A su vez, el "rouleur" le presentaba a "la madre".

La "madre" consolaba a los artesanos de paso aquejados de nostalgia o recibían la noticia de la pérdida de algún familiar. Si tenían algún problema procuraba solucionarlo. No era extraño que jóvenes artesanos terminasen alguna francachela en prisión; allí debía acudir la "madre" para mejorar las condiciones de encarcelamiento. En caso de accidente o enfermedad era a la "madre" a quien correspondían los cuidados. Algunas "madres" dejaron honda huella, por su bondad y abnegación, en el movimiento gremial francés, como la "Madre Jacob", en los "Compañeros del Deber" de Tours la cual permaneció 43 años atendiendo a los artesanos peregrinos.

RITOS DE ADMISION Y DESPEDIDA

El recién llegado solamente era reconocido como miembro de la hermandad después de haber presentado su "pasaporte gremial" a la "madre". El documento era totalmente ilegible para los profanos; constaba del nombre del sujeto y una serie de iniciales seguidas de puntos que representaban frases y signos de reconocimiento, incomprensibles para los no afiliados al gremio. La "madre" comprobaba la manera de saludar, le pedía las palabras de paso y los signos de reconocimiento, entablaba con él un diálogo estereotipado a base de preguntas y respuestas rígidamente codificadas destinadas a comprobar la personalidad del visitante.
Después de ser reconocido por la "madre" como un miembro del gremio, el visitante "entraba en cámara", según la jerga "compañónica". La ceremonia fue siempre secreta y, hasta ahora, todos los que han pasado por ella, han guardado fielmente su voto de silencio. Tras esta ceremonia de recepción el recién llegado quedaba integrado en el gremio de esa localidad y podía beneficiarse de los servicios de la "madre" y del "rouleur". Era función del "rouleur" darle a conocer las costumbres del gremio y hacerlas respetar; cualquier infracción se castigaba con una multa.

Al concluir su período de formación y pasar a la etapa siguiente del "tour", tenía lugar otra ceremonia de despedida. El "lavage d’acquit", literalmente "lavado de descarga", consistía en comprobar que las relaciones entre el artesano peregrino y su maestro, habían concluido felizmente y sin dejar nada pendiente. Se comprobaba que nadie tenía una deuda para con el otro; en caso de que fuera así se procedía al "blancage" (blanqueo), con fondos propios o del gremio. Una vez estaban de acuerdo las dos partes en saldar felizmente la relación, los agremiados acompañaban al artesano peregrino hasta el confín de la ciudad entonando himnos gremiales. Los prohombres del gremio le regalaban objetos imprescindibles para acometer la nueva etapa y tenían lugar ritos secretos que aun hoy, siguen siendo desconocidos. El peregrino debía seguir el camino sin volver la vista atrás tal como requería la tradición gremial.

EL "TOPAGE" EN LOS CAMINOS

Entre los siglos XVI y XIX era muy frecuente que dos artesanos se cruzaran en los polvorientos caminos de Francia. Si se trataba de artesanos pertenecientes a gremios distintos y enemigos, el encuentro podía terminar -como de hecho ocurría- en combate singular. Las rivalidades gremiales eran proverbiales; los Compañeros del Deber y los Carpinteros del Deber de la Libertad, conocidos como "gavots", habían chocado en infinitud de ocasiones. Los primeros popularizaron una canción cuyas estrofas decían:

                En el año ochocientos veinte
                un domingo en Burdeos
                hicimos morcillas
                con la sangre de los "gavots"

Una extrema codificación debía seguirse cuando dos artesanos se cruzaban en los caminos. Al acto de cruzarse se le llamaba "topage" (palabra intraducible que, por aproximación, significaría acto de encontrarse o topar). Se reconocían por su bastón y por las cintas que colgaban de él; algunos gremios utilizaban prendas especiales y otros aretes en la oreja.

Al estar uno frente a otro ambos repetían la palabra "Tope!" y se preguntaban su "vocación" (el gremio al que pertenecían), tras responderse mutuamente concluía uno diciendo "Compagnon?", "compagnon" respondía el otro. Acto seguido se "hacían los honores" preguntándose datos sobre sus gremios respectivos.

Con la popularización de los ferrocarriles hacia el último cuarto del siglo pasado, esta costumbre fue desapareciendo progresivamente y hoy solo encontramos referencias en los estudios sobre el folklore del siglo pasado o en los archivos de los museos gremiales.

DEL MUNDO ROMANTICO AL SIGLO XXI

Sin embargo a mediados del siglo pasado el gremialismo estaba todavía vivo y activo en Francia. Si hemos de creer a Agrícola Perdiguier, uno de los grandes reformadores del gremialismo francés -a su vez peregrino del "tour de Francia"- hacia 1850, cada tres años doscientos mil jóvenes artesanos recorrían los caminos del país, poniendo en práctica sus conocimientos en busca de una notable experiencia profesional.

La personalidad de Agrícola Perdiguier fascinó a George Sand que lo convirtió en "Agricol Baudoin", protagonistas de su novela "Compagnon du Tour de France". En esta obra George Sand escribió:

"El Tour de Francia, es la fase poética, es el peregrinaje venturoso, la caballería errante del artesano. Aquel que no posee ni casa, ni patrimonio, va por los caminos a buscar una patria bajo la égida de una familia adoptiva que no lo abandona ni durante la vida, ni después de la muerte. Aquel mismo que aspira a una posición honorable y segura en su país, quiere al menos dispensar el vigor de sus mejores años y conocerá las agitaciones de la vida activa...".

En la actualidad, el Tour de Francia de los artesanos es casi un recuerdo. Si bien es cierto que en las últimas décadas las hermandades gremiales se han convertido en centros de formación profesional de los que salen promociones de artesanos excepcionalmente cualificados, esto se ha hecho a costa de perder algunas de sus más bellas tradiciones. El "tour" es hoy un recuerdo histórico en un país que asocia este nombre a una competición ciclista. Los jóvenes aprendices de la Federación "Compagnonnique" de Oficios de la Construcción, deben acudir en el tercer año de estudios a su sede central en París -en la avenida Jean Jaures de París- para asistir a cursos de especialización impartidos por técnicos e ingenieros iniciados en la hermandad gremial. Este último curso se realiza con el mismo espíritu que tuvo la peregrinación de otro tiempo.
Hoy como ayer, los artesanos formados en estas escuelas tienen una cualificación excepcionalmente alta; ayer los requirió Eiffel cuando se trató de elevar su torre emblemática del París de la "belle epoque", hoy son llamados para trabajar en todas las obras de restauración de edificios antiguos; su habilidad como carpinteros y albañiles, orfebres y picapedreros, se reconoce unánimemente. En la encomienda templaria de Figeac, reconstruida durante los años 80 por los distintos gremios de "compagnons", hemos podido ver como se utilizaban las mismas técnicas de carpintería y albañilería que en el siglo XII. No puede extrañar que la restauración haya sido perfecta, en su forma y en su espíritu.

Los "compagnons" de fines del siglo XX, constituyen una verdadera fraternidad en un mundo profundamente insolidario e individualista; entre ellos se percibe lo que es el un sano espíritu de hermandad. Al compartir veladas con los "compagnons" nos ha sorprendido su alegría y orgullo profesional, reflejado en canciones como esta:

                "Vivan los artesanos
                que hacen el "Tour de France"
                pues si el Rey supiera la vida que llevamos
                abandonaría su palacio
                y se haría  artesano".

El espíritu del viejo "tour de Francia", sigue vivo, más allá de la competición deportiva; los "compagnons" son hoy el último grito de la Europa ancestral. Honor a quienes transformaron el trabajo en un medio de realización de su personalidad. Honor a los descendientes de quienes alzaron las más hermosas catedrales...

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Un admirable texto de Jorge Luis Borges: La Rosa de Paracelso

Infokrisis.- Para coronar nuestro pequeño estudio sobre la Rosa + Cruz hemos decidido reproducir un pequeño cuento de Jorge Luis Borges titulado La Rosa de Paracelso que expresa con singular colorido y brillantez la dinámica de los linajes rosacruz originarios. Borges no era particularmente un iniciado, sino, como máximo un erudito que conocía algunas aspectos del fenómeno rosacruz del Renacimiento y que siempre se sintió atraído por la Cábala y por aspectos del misticismo. Su obra no es, repetimos, la de un Rosa + Cruz, sino la del escritor brillante que ha iluminado los momentos de lectura que desde joven le hemos dedicado.

 

Jorge Luis Borges

LA ROSA DE PARACELSO

 

En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano, Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo.

Atardecía. El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares.

Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo. Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor cuando golpearon la puerta. El hombre, soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de las hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado.

Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra.

El maestro fue el primero que habló.

-Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente -dijo no sin cierta pompa-. No recuerdo la tuya. ¿Quién eres y qué deseas de mi?

-Mi nombre es lo de menos -replicó el otro-. Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.

Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas y de oro. Lo hizo con la mano derecha. Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa.

La rosa lo inquietó.

Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:

-Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo.

-El oro no me importa -respondió el otro-. Estas monedas no son más que una parte de mi voluntad de trabajo. Quiero que me enseñes el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra.

Paracelso dijo con lentitud:

-El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.

El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:

-Pero, ¿hay una meta?

Paracelso se rió.

-Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso.

Sé que "hay" un Camino.

Hubo un silencio, y dijo el otro:

-Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos caminar muchos años. Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino.

-¿Cuándo? -dijo con inquietud Paracelso.

-Ahora mismo -dijo con brusca decisión el discípulo.

Habían empezado hablando en latín; ahora, en alemán.

El muchacho elevó en el aire la rosa.

-Es fama -dijo- que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.

-Eres muy crédulo -dijo el maestro-. No he menester de la credulidad; exijo la fe.

El otro insistió.

-Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.

Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.

-Eres crédulo -dijo-. ¿Dices que soy capaz de destruirla?

-Nadie es incapaz de destruirla -dijo el discípulo.

-Estás equivocado. ¿Crees, por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada? ¿Crees que el primer Adán en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?

-No estamos en el Paraíso -dijo tercamente el muchacho-; aquí, bajo la luna, todo es mortal.

Paracelso se había puesto en pie.

-¿En qué otro sitio estamos? ¿Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ¿Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?

-Una rosa puede quemarse -dijo con desafío el discípulo.

-Aún queda fuego en la chimenea -dijo Paracelso-. Si arrojaras esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.

-¿Una palabra? -dijo con extrañeza el discípulo-. El atanor está apagado y están llenos de polvo los alambiques. ¿Qué harías para que resurgiera?

Paracelso le miró con tristeza.

-El atanor está apagado -repitió- y están llenos de polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada uso de otros instrumentos.

-No me atrevo a preguntar cuáles son -dijo el otro con astucia o con humildad.

-Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos, y que el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que nos enseña la ciencia de la Cábala.

El discípulo dijo con frialdad:

-Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de la rosa. No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.

Paracelso reflexionó. Al cabo, dijo:

-Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas: Deja, pues, la rosa.

El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:

-Además, ¿quién eres tú para entrar en la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ¿Qué has hecho para merecer semejante don?

El otro replicó, tembloroso:

-Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los muchos años que estudiaré a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más.

Creeré en el testimonio de mis ojos.

Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el  pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.

Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza:

-Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.

El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.

Se arrodilló, y le dijo:

-He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Señor exigía de los creyentes.

Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo, y al cabo del Camino veré la rosa.

Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco.

¿Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?

Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retomó al salir. Paracelso lo acompañó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.

Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió.

 

 

El fenómeno Rosa + Cruz (IV de IV). Anexos: el fenómeno rosacruciano

Infokrisis.- Lo esencial del tema ya está tratado. Algún lector notará que "falta algo". Él ,que se ha afiliado a asociaciones rosacruces, notará que lo que hemos explicado en estas páginas no es exactamente lo que a él le han contado en esos grupos. No es de extrañar que así sea, nosotros nos hemos referido al "fenómeno Rosa + Cruz" y él, habrá participado del "ambiente rosacruciano". Entre la Tradición y el ocultismo apenas hay relación. La Rosa + Cruz pertenece al mundo de la tradición, lo rosacruciano, en cambio, apenas son variaciones sobre el ocultismo decimonónico. 

 

Anexo

El rosacrucianismo contemporáneo

 

Hemos dudado mucho antes de abordar este capítulo. En primer lugar por que nuestro objeto de estudio es el movimiento “rosa cruz” y no los grupos actuales que, con mayor o menor razón, se definen como “rosacruces”. En segundo lugar, por que no queremos, de ninguna manera, asumir la responsabilidad de “aconsejar” a los lectores sobre quien encarna hoy de manera más nítida los valores de la “Rosa Cruz Originaria”. Finalmente, por que, un capítulo de esta naturaleza exige entrar en las polémicas que estos grupos mantienen entre sí y que, de ninguna manera nos competen. Tampoco quisiéramos limitarnos a una enumeración de grupos, desprovista de cualquier elemento crítico.

Hay una última circunstancia que nos dificulta la elaboración de este capítulo: la sensación de que no son todos los que están. Podemos enumerar la docena larga de grupos que se disputan el legado de la “rosa cruz” y que son fácilmente accesibles, mediante webs en Internet, a través de anuncios en la prensa o con carteles anunciando sus conferencias. Pero, siempre subsiste la sensación de que hay algo más que permanece en las profundidades, fieles a la regla del anonimato que acompañó a la “Rosa Cruz Originaria” y a sus representantes y fieles al principio según el cual el maestro aparece cuando el discípulo está preparado para reconocerlo. No podemos descartar completamente que algunos linajes derivados de la “Rosa Cruz Originaria” -entrados en estado de latencia a partir de la Paz de Westfalia, cuando se urdió la leyenda de que los “verdaderos rosa cruces” marcharon a “la India”- hayan podido subsistir hasta nuestros días. Es difícil e incluso, altamente improbable, pero no puede descartarse del toro. Tales linajes iniciáticos no darían noticias sobre sí mismos, no se anunciarían en revistas de alta tirada, ni venderían cursos por correspondencia: simplemente transmitirían una influencia espiritual y prolongarían un legado originario a quien supiera entenderlo, reconocerlo y asumirlo.

Por eso repetimos una y otra vez que, en este terreno, lo interesante para quien quiera descender del plano de la curiosidad histórica o anecdótica, al plano de la práctica de la enseñanza “rosa cruz”, deberá aprender a caminar solo. Y sólo cuando haya avanzado unos pasos y haya sido capaz de situarse en el atrio del Templo del Saber, en ese preciso momento, aparecerá el vínculo con la “fuente”, con la Rosa Cruz Originaria. El discípulo sabrá reconocer al maestro.

Lo dicho hasta ahora implica de forma evidente que albergamos cierta desconfianza hacia los movimientos que hoy se autotitulan “rosa cruces”. Estos movimientos canalizan, sin duda, el interés de una parte de la población por el movimiento “rosa cruz” y, se supone que, por tanto, sus fundadores han investigado y se han formado al calor de los textos “rosa cruces”. Desgraciadamente, ni siquiera esta afirmación es rigurosamente cierta. La lectura de los distintos textos de estos grupos evidencia muy a las claras que, algunos, carecen incluso de la formación histórica mínima exigible a quien pretenda asumir el nombre de la “rosa cruz”. Y, en este sentido, podemos decir que al leer los textos de algunos de estos grupos hemos sentido verdaderamente náuseas. Dejaremos que el lector califique a cada uno como se merece. El orden en el que presentamos a estos grupos es indiferente. Hemos procurado hacer referencia, solamente a los grupos de cierta entidad, eludiendo los grupos menores y las escisiones locales o nacionales (que han sido, por cierto, muchas).

Vale la pena recordar, finalmente, que reconocemos que en el interior de estos grupos se encuentran verdaderos buscadores interesados en reconocer y seguir lo que hemos dado en llamar “vía rosa cruz”. A ellos les decimos que persistan en su búsqueda, que si hay algo que vale la pena en la vida es lo que los antiguos “rosa cruces” llamaban “la persecución del Oro”. Simplemente, les advertimos que el camino que conduce a la verdadera espiritualidad “rosa cruz” es estrecho y difícil, y solamente sabrán que han llegado al final cuando experimenten la indeleble sensación de que una rosa ha estallado en su pecho y ha desparramado su color rojo de fuego por los cuatro brazos de la cruz. De su cruz. Cualquier otra cosa es apenas una satisfacción intelectual –luego, egótica- limitada.

Y ahora, sin más, enumeremos a los grupos en cuestión de manera lo más esquemática posible:

LECTORIUM ROSICRUCIANUM

Fundada en agosto de 1924 en la ciudad holandesa de Haarlem, con el nombre de Escuela Espiritual Gnóstica de la Rosacruz de Oro. Los fundadores son A.W. Leene y su hermano Jan, más conocido con el seudónimo de “Jan van Rijckemborgh”. Falleció en 1938 y fue sustituido por H. Stok-Huizer, de nombre iniciático Catharose de Petri.

En cierto sentido el Lectorium es una escisión del grupo rosacruciano de Max Heindel. Con el paso del tiempo tuvieron una doctrina muy diferenciada de la matriz inicial de la que partieron. Los dos puntos centrales de su escuela son el énfasis puesto en el catarismo como antecedente histórico y en su rechazo a una práctica individual en beneficio de la irradiación espiritual generada por la escuela suficiente para sustituir las prácticas egóticas. Insisten y recomiendan la lectura de las obras clásicas del rosacrucianismo.

El núcleo central irradió especialmente tras la Segunda Guerra Mundial y consiguió implantarse en Europa Occidental. En España cuentan con núcleos en las principales ciudades. Su método de captación consiste en convocar conferencias públicas a las que siguen lecturas en sus locales de “cartas rosacruz”, escritas por los fundadores.

Prohibición de utilizar prendas de cuero en las ceremonias de la escuela, vegetarianismo, prohibición de alcohol y drogas y, prohibición de ver la TV. Adversarios del espiritismo y de cualquier tipo de práctica espiritual individualizada que tendería a reforzar el Ego.

FRATERNIDAD ROSACRUZ

Fundada por Max Heindel (1865-1919) de origen danés. Emigra a EEUU y vive el terremoto de San Francisco de 1906. Afirmó estar en contacto con los “Hermanos Mayores” o “Superiores Desconocidos”. En 1908 conoció a Rudolf Steiner y a la sociedad Antroposófica. Afirmó haber sido elegido para ser el “Gran Instructor” de nuestra época.

Es una mezcla de antroposofía steineriana y de teosofía blavatskiana. En realidad es difícil encontrar la influencia del rosacrucianismo antiguo. Afirma que el cosmos está formado por “cuatro reinos”, seres humanos, animales, vegetales y minerales, según tengan más o menos “cuerpos”. El hombre en la Tierra evoluciona a través de los tiempos. Nos encontramos en el momento de una gran mutación, evolucionarán más quienes practiquen la concentración y la retrospección, considerados básicos para el desarrollo espiritual.

En 1911 pudo adquirir unos terrenos en las cercanías de Los Angeles que se convirtieron en la sede central de la Escuela. La Fraternidad cuenta con pequeños grupos activos en diversos países. Sus actividades consisten en invitar a cursos de rosacrucianismo que, en la práctica son una lectura comentada de la obra de Heindel “Concepto Rosacruz del Cosmos”. Tras la conclusión de estos cursillos se entra en el círculo interior.

La Fraternidad Rosacruciana fue dirigida por la esposa de Heindel, tras morir éste y actualmente está dirigida por un colectivo de siete personas, elegidas mediante voto secreto entre los miembros de la escuela iniciática.

Antigua y Mística Orden Rosa Cruz

Fundada en EEUU por Spencer Lewis quien afirmó haber sido iniciado en el Donjon de Toulouse, al tiempo que se le daban a conocer documentos rosacrucianos antiguos. En 1915 fundó la Antigua Orden Rosae Crucis.

Según sus fuentes son necesarios seis años para concluir los estudios y pasar por diversos grados. Afirman tener sus orígenes en el Egipto antiguo durante el reinado de Thutmosis III (siglo XVI a. JC). Consideran como grandes maestros de su escuela a Pitágoras, Salomón, Solón, Plotino, Newton, Descartes, Bacon, etc. Lo cierto es que si puede establecerse alguna filiación directa es con los rosacruces americanos del siglo XVIII. Sostienen una mezcla de ideas rosacrucianas clásicas (composición ternaria del ser humano: cuerpo, alma y espíritu) con una visión teosófica del cosmos (universo dividido en 7 mundos) y espiritista (énfasis puesto en la reencarnación).

Están presentes en casi 150 países con una fuerza desigual; afirman ser seis millones en todo el mundo. Su actividad hasta hace poco consistía en vender cursos rosacrucianos por correspondencia; en la actualidad han dado prioridad a la constitución de grupos locales (Grandes Logias) con reuniones y ceremonias comunitarias.

En los últimos años AMORC atravesó distintos problemas internos que comprometieron incluso su propiedad sobre el “Parque rosacruz” de California. AMORC mantiene anexa a la Orden Martinista Tradicional destinada a profundizar los estudios ocultistas. En España una disidencia ha constituido la “Hermandad de la Rosa Cruz”.

FRATERNIDAD ROSACRUZ ANTIGUA

Arnold Krumm Héller (1876-1949), de nombre iniciático “Huiracocha”. Hijo de padres alemanes, emigrados a Méjico. Médico y naturalista. Participó en las actividades de la Iglesia Gnóstica con el grado de Arzobispo.

Su doctrina es una especie de gnosis adquirida a través del “conocimiento”. Sostienen una doctrina esotérica que pretende basarse en los escritos gnósticos de la antigüedad romana. Auguran la Nueva Era de Acuario que será una “era de conocimiento”. Para ellos existe una contradicción entre el cristianismo primitivo (gnóstico) y el catolicismo. La primitiva doctrina de Cristo se mantuvo secreta y siguió transmitiéndose subterráneamente hasta llegar a la fraternidad fundada por Huiracocha.

La sede central de la organización se encuentra en la Sierra de Santa Marta, allí se reúne el Supremo consejo de los 12 Apóstoles, a los que corresponde mantener la llama de las enseñanzas de Heller.

Krumm Héller participó en distintas organizaciones ocultistas de principios de siglo; durante un período de su vida estuvo próximo a la Ordo Templis Orientis de Aleister Crowley. Heller vivió durante un período de su vida en Barcelona donde ejerció como médico naturista. A pesar de la extrema debilidad actual de su organización y de ser prácticamente desconocido para las nuevas generaciones, Heller ha influido en otras organizaciones, especialmente en los neo-gnóstico de Samäel Aum Weor.

 

Esto es todo lo que, creemos, que vale la pena decir sobre estos grupos. Corresponde al lector interesado, buscar a través de Internet un encuentro personal y directo y juzgar por sí mismo.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

El fenómeno Rosa + Cruz (III de IV). La práctica R+C

Infokrisis.- La práctica rosacruz es lo que justifica la existencia de una doctrina rosacruz y de una organización del mismo nombre. La práctica rosacruz se manifiesta a través de dos técnicas: la meditación y la alquimia. En este tercer capítulo explicamos algunas líneas básicas de la alquimia rosacruz y de las técnicas de meditación propias de esta corriente espiritual. Así mismo se pasa somera revista a una tercera manifestación de la práctica rosacruz que tiene a la medicina como desembocadura.

 

Capítulo III

La práctica Rosa Cruz

 

Estas enseñanzas son teóricas y no dicen gran cosa respecto al proceso iniciático o a las prácticas necesarias para convertir la doctrina en técnica operativa. Pero la doctrina “rosa cruz” no es una mera teoría desvinculada de cualquier forma de práctica. La existencia de una forma de ascesis se percibe ya en los templarios y en su ceremonia de admisión en el “capítulo secreto” de la Orden.

Se pedía al candidato que escupiera a la cruz. Este gesto no debía de ser entendido como una blasfemia sino como el rechazo a una religiosidad que era mero culto exterior y la exteriorización del deseo de ir más allá. A esto seguía la ceremonia propiamente dicha, la iniciación. De esta ceremonia se sabe muy poco, apenas testimonios fragmentarios y, a menudo, incomprensibles, dan cuenta de ella. Se trataba de una ceremonia de orientación gnóstica en la que el templario recibía el “bautismo del fuego”. Esto puede deducirse de las actas de acusación de los inquisidores cuando afirmaban que los templarios adoraban a un ídolo llamado “Baphomet”. En realidad, no se trataba de un ídolo sino de un ritual: el “baphos” (bautismo) “metheos” (fuego). Esto producía un renacimiento interior, tal como el que hemos explicado anteriormente. De ahí que los templarios fueran, así mismo, acusados de “quemar recién nacidos”. Como en todas las formas de gnosis de lo que se trataba era de transmitir una “influencia espiritual” de maestro a discípulo. Sobre el desarrollo de la ceremonia en sí, no sabemos absolutamente nada. Quienes pasaron por ella, nunca hablaron sobre su contenido. Y lo mismo puede decirse de las ceremonias practicadas por los verdaderos “rosa cruces”.

Ahora bien, se sabe que, con posterioridad a la ceremonia, el templario era encerrado en una pequeña cámara, aislado del mundo exterior, y allí debía “meditar”. En las capillas templarias esa cámara solía estar situada sobre el “árbol de la vida”, una columna central de la que partían los nervios de la bóveda circular, remedando una palmera oriental. Así pues, se sabe que, de alguna manera, el templario actualizaba en su interior la fuerza espiritual que acababa de recibir. Así pues, las técnicas de meditación entraban en juego.

Por otra parte, a partir de Paracelso y de los “rosa cruces” del siglo XV, se empieza a percibir que el movimiento está íntimamente relacionado con la tradición hermética y la práctica de la alquimia. En el siglo XVII y XVIII, proliferan las escuelas de alquimia “rosa cruz” que alcanzan sus más altas cotas con Michel Maier[i] y Karl von Eckhartshausen[ii]. En ambos se percibe que no estamos hablando de alquimia en estado puro, sino de una mezcla entre una forma de mística que toma los metales y sus combinaciones en un sentido alegórico de las diferentes transformaciones del alma y una práctica química en el laboratorio. La inspiración procede, indudablemente, de los textos alejandrinos y de la tradición alquímica medieval.

Así pues, vamos a intentar resumir estos dos canales a través de los cuales se exterioriza la práctica “rosa cruz”: la práctica interior y la práctica en el laboratorio. Bien entendido que, en el fondo, los textos alquímicos nos están hablando, al mismo tiempo, de dos cosas: práctica interior y práctica sobre los metales[iii]. Cuando los manifiestos rosacrucianos cargan contra los “sopladoras”, no están previniendo contra la práctica de la alquimia en el laboratorio, sino contra la insensata persecución de oro mediante la práctica de la alquimia de laboratorio divorciada de la práctica interior. Así pues, vamos a dividir esta parte de nuestro estudio en dos partes: 1) el sistema de meditación “rosa cruz” y 2) la alquimia “rosa cruz”. Ambas formas de práctica corresponden a dos tipos humanos diferenciados: el primero se adapta a los caracteres contemplativos y el segundo a aquellos en los que el gusto por la acción priva sobre la contemplación.

1. El sistema “rosa cruz” de meditación

En sí mismo y tal como ha llegado hasta nosotros a través de textos rosacrucianos tardíos (von Eckharshausen, por ejemplo), es relativamente simple y se diferencia muy poco de otros sistemas de meditación procedentes de horizontes geográficos y temporales muy alejados.

Básicamente, el sistema consiste en tomar conciencia de los tres elementos que están presentes en la naturaleza humana, el cuerpo físico, el espíritu y el alma. No hay ninguna dificultad en comprender a que se están refiriendo cuando aluden al “cuerpo físico”, está formado por cuatro elementos, fuego (sangre y músculos), tierra (huesos), aire (pulmones) y agua (humores corporales), a lo que se une la “vitalidad” a modo de “quintaesencia”. Este cuerpo físico no se diferencia del de cualquier otro ser vivo y animal superior, sino por que dispone de otros dos elementos, más sutiles: un espíritu (el flujo mental, los pensamientos, las voliciones) y el alma (que es el “átomo crístico” al que nos hemos referido al aludir a la doctrina “rosa cruz”).

Ahora bien, estos tres elementos están relacionados jerárquicamente: el más “bajo” es el cuerpo, el más alto, naturalmente, el alma y entre ellos, existe el espíritu compuesto por una materia más sutil e intermedia entre los dos anteriores. Pero el “alma natural” se siente atraída por el cuerpo físico tal como Newton concibió que dos masas astrales se atraen, una a otra. Además, este proceso tiene otras dos consecuencias indeseables: contra más atracción experimenta el espíritu hacia el cuerpo físico (esto es, hacia el mundo material), más se aleja del alma y, en segundo lugar, contra más atracción experimenta, más tiende a “densificarse”. Desde el punto de vista “rosa cruz”, en el momento del nacimiento, el “espíritu” no existe como tal. Es, solamente, a partir de los primeros días de vida cuando el recién nacido se va sumiendo en el mundo de la dualidad y aprende a distinguir direcciones, medidas, pesos, valores y, más adelante, moralidad y ética.

A partir de ese momento, el espíritu, aparece primero y tiende a densificarse progresivamente. En el momento de la muerte, cuando se produce la ruptura del compuesto humano, cesa de existir el cuerpo físico, como la leña termina agotándose en una hoguera, mientras que el espíritu, como las brasas de esa hoguera, siguen existiendo, durante un período más o menos largo. La extinción de tales brasas era lo que los egipcios conocían como “segunda muerte” y les horrorizaba mucho más que la muerte del cuerpo físico que, en el fondo, suponía apenas un instante de crisis.

La larga agonía del “espíritu”, desprovisto de un cuerpo físico sobre el que hipostatizarse, está contemplada en la teología católica con el nombre de Purgatorio y es también el Hades de la mitología clásica[iv]. A medida que el “espíritu”, deja de tener como soporte el cuerpo físico, va perdiendo energía y fuerza e inicia un proceso de autodisolución perfectamente estudiado en el Libro Tibetano de los Muertos y en el Libro de los Muertos egipcio, hasta finalmente, ir perdiendo progresivamente el principio de individuación y convertirse en lo que René Guénon llamó “larvas psíquicas”[v].

La constante densificación del espíritu, tiene, además como consecuencia el que el ser humano ignora o vive de espaldas al tercer elemento de su síntesis: el alma. Como ya hemos visto, el alma es el resto último de nuestra naturaleza originaria que, desde la Caída adámica, de impregnar la totalidad de nuestra naturaleza, terminó reduciéndose a un “átomo crístico” latente y olvidado. A diferencia del catolicismo, los “rosa cruces” creen que el hecho de que el ser humano disponga de un alma “eterna e inmortal” no es importante. Dispone de ella, si, pero vive de espaldas a ella. De hecho, ni siquiera tiene conciencia de que exista: la atracción que el espíritu experimenta hacia el mundo material, le hace ignorar su naturaleza más profunda.

Pero existe una solución radical para reconocer y reconquistar nuestra naturaleza originaria: ir disolviendo, poco a poco, nuestro espíritu, eliminar progresivamente la influencia que ejerce sobre él el cuerpo físico, y, finalmente, “rectificarlo”, hasta conseguir que exista una posibilidad de contacto entre el cuerpo físico y el alma. Entonces el ser humano habrá desplazado el eje de su existencia, de lo contingente a lo trascendente. Tal es el plan de “trabajo” interior que nos proponen los textos “rosa cruces”.

En la práctica el proceso se desarrolla en varias fases. La primera de todas ellas consiste en tomar conciencia de los procesos que se desarrollan en la mente y que nos separan de nuestra verdadera naturaleza. Dichos procesos son, fundamentalmente, tres:

1) vivimos en un estado de conciencia disminuido en el que apenas tenemos conciencia de nosotros mismos. Raras veces a lo largo del día tenemos conciencia de ue existimos. Nuestro ego es cambiante e inestable, ni siquiera es único: “Mis yos son legión”, está escrito en el Evangelio. Esta multiplicidad es propia del cerebro dual que utilizamos en la vida cotidiana y que impide nuestra identificación con la unidad.

2) vivimos un proceso de identificaciones que nos inducen a ser cualquier cosa, salvo nosotros mismos. Ignoramos quienes somos en realidad, pero no nos cuesta identificarnos con el protagonista de una película, deseamos tener la fortuna o el físico de nuestro amigo, deseamos ser algo muy diferente a lo que somos, nos identificamos incluso con cualquier cosa que momentáneamente nos atraiga y, ese camino nos lleva a una alienación de la personalidad: no somos nosotros mismos, sino que pasamos a ser aquello con lo que nos identificamos.

3) vivimos en la dinámica del devenir en lugar de en la del “ser”. Frente a la quietud del “ser” que ha encontrado su centro, conoce su naturaleza, habitualmente estamos inmersos en la corriente del devenir, del flujo constante de acontecimientos y experiencias egóticas que nos dan una percepción irreal de nosotros mismos. En una rueda, el cubo permanece fijo, pero el círculo exterior se mueve a velocidad endiablada. En ese símbolo el “ser” se sitúa en el centro de la rueda, mientras que el “devenir” se identifica con la periferia y con el movimiento de la rueda.

Así pues, para tomar conciencia de nosotros mismos, la “rosa cruz” propone detener, en primer lugar, el proceso de identificaciones constante que se genera automáticamente y nos sitúa fuera de nuestra propia conciencia; en segundo lugar, saltar de la corriente del devenir a la estabilidad del ser; y, finalmente, nos propone el camino del “despertar”. Todos los esfuerzos que realicemos tendrán ese objetivo: el “despertar”, noción que se confunde con la del avivamiento del “átomo crístico” o de la “conciencia del corazón” a las que hemos aludido[vi].

Para ello es preciso detenernos, sentarnos y meditar. El primer ejercicio de meditación es simple. Basta con observar los procesos de nuestra mente. Sentados en una posición cómoda, intentaremos no pensar en nada. Al cabo del rato podremos observar como, sobre la pantalla que es nuestra mente aparecen mil y una ideas contradictorias que se van superponiendo unas a otras y que indican el estado de agitación natural de nuestro cerebro. No hay que preocuparse, simplemente se trata de observarlas y luego dejar que se vayan superponiendo y eliminando unas a otras. Mientras eso ocurre, se recomienda regularizar la respiración. No se trata de que ocurran maravillas en estos pocos minutos que dedicaremos inicialmente a la meditación, se trata, simplemente, de realizar un trabajo preparatorio que nos sitúe en el atrio del Templo del Saber. Bastará para ello realizar unas respiraciones profundas utilizando el diafragma como fuelle, el aire entrará y saldrá de manera natural de nuestro interior.

Algunos recomiendan realizar un simple ejercicio de visualización previo: al iniciar las respiraciones, imaginaremos que una corriente de luz blanca, extremadamente pura, penetra con el aire que se introduce en nuestros pulmones, recorre las fosas nasales, desciende hasta los pulmones y de ahí a los alvéolos pulmonares, desde donde se expande por todo nuestro flujo sanguíneo y llega a todos los rincones de nuestro cuerpo. Visualizaremos este proceso que nos permitirá vernos invadidos por la Luz. Luego expulsaremos el aire de nuestro organismo mediante la presión natural ejercida por el propio diafragma contra los pulmones. Es ese proceso visualizaremos el aire que abandona nuestras fosas nasales como un humo negruzco y sucio que se aleja de nosotros. Bastará con realizar en tres ocasiones este proceso de visualización en inspiración y expiración, para situarnos en una actitud favorable para lo que sigue.

Y la siguiente fase es también muy sencilla. A lo largo de unos minutos –pocos, apenas 5 en los primeros momentos y hasta 30 en fases más avanzada- intentaremos, simplemente, no hacer nada, simplemente dejar que nuestra mente se serene. La posición más recomendable es, sin duda, la de sentarnos en una posición cómoda. Procuraremos mantener la columna vertebral erguida. Casi inmediatamente nos daremos cuenta de que la columna tiende a relajarse y a inclinarse. En las primeras ocasiones rectificaremos la posición conscientemente, pero al cabo de una semana, no más, notaremos una sensación nueva: no hará falta que nuestra voluntad rectifique la posición de la columna, hay algo en nosotros, algo que todavía no conocemos, que opera tal rectificación autónomamente, sin que medie el concurso de nuestra voluntad. Es señal de que vamos avanzando.

En esa posición no deberá preocuparnos la abundancia de imágenes mentales, sugestiones, recuerdos, fantasías, que invaden nuestra mente. Basta con no hacer nada. Tienden a desaparecer al cabo de unos minutos. Podemos iniciar estos ejercicios en una hora en la que podamos inhibirnos de nuestras preocupaciones, preferentemente en un estado de neutralidad interior (sin que experimentemos sensación de apetito, y cuando ya hayamos hecho la digestión), basta con cinco minutos iniciales, incrementados en un minuto diario hasta poder dedicar a estos ejercicios de meditación, entre 30 y 60 minutos al día.

Para aumentar la estabilidad de la mente, se recomienda tomar un punto de referencia. Por ejemplo, una parte del cuerpo o también la sensación que produce el aire al entrar y salir de la nariz. Lo importante es que nos agarremos a esta sensación para situarla en el lugar central de nuestra mente e impedir que cualquier otra sea ocupada por ella. Se trata de dejar a la mente atada para que aflore, de la serenidad interior, una nueva forma de percepción.

Cuando experimentemos una sensación de estabilidad difícilmente descriptible y notemos que cada vez aparecen menos sugestiones capaces de desestabilizar y alterar la neutralidad de nuestros pensamientos, será hora de intentar otro ejercicio.

Empezaremos a tomar conciencia de nosotros mismos. Bastará para ello que, después de la preparación previa, con las visualizaciones que recomiendan los textos, y tras unos minutos de estabilización de la mente, pasemos revista a las distintas partes de nuestro cuerpo. Podemos empezar con el pelo. Nos sorprenderá advertir que habitualmente no notamos el pelo; hasta que notemos sensación de que tenemos pelo, no deberemos pasar a nuestra frente. Allí deberemos tomar conciencia de que “tenemos frente”, deberemos experimentar la sensación de “notar nuestra frente” y, sólo cuando lo hayamos hecho pasaremos a las orejas, y así sucesivamente hasta completar una ronda por todas las partes de nuestro cuerpo.

Estos ejercicios, inicialmente, son agotadores y evidencian porqué el cerebro consume unas energías que nos van fatigando a lo largo del día. El cerebro consume más energía que cualquier otra parte del organismo. De hecho, basta con dormir unas horas –es decir, basta con reducir al mínimo la actividad cerebral- para reponer energías. Y, por eso mismo, intentar calmar al dragón desbocado que supone nuestro cerebro requiere paciencia, constancia y determinación. Pero eso no podrá impedir que, realmente, en los primeros días, acabemos fatigados. Se trata, simplemente, de domar un caballo salvaje, o al “dragón” al que aludían los alquimistas.

Estamos todavía en una fase de preparación que nos ayudará progresivamente a tomar conciencia de nosotros mismos, serenar nuestra mente e inhibirnos de los procesos cerebrales. En la práctica, lo que estaremos haciendo es desactivar el poder condicionador del cerebro que cierra el paso a nuestra verdadera naturaleza. En tanto que órgano dual, solamente puede darnos acceso al mundo dual. Pero el mundo de la verdadera espiritualidad, está en otra parte. Para acceder a él, para presenciar sus maravillas, precisamos de otros órganos. Von Eckhartshausen escribe: “Varias fuerzas pueden dormir en nosotros para las cuáles no tenemos órganos y que, por consiguiente, no pueden actuar. Estas fuerzas durmientes no pueden ser despertadas, es decir, que podemos organizarnos a nosotros mismos, de modo que estas fuerzas se vuelvan activas en nosotros. El órgano es una forma en la cual una fuerza actúa (...). Organizarse para la acción de una fuerza quiere decir, simplemente, dar a las partes una forma o situación tal que la fuerza pueda actuar en ellas (...). Del mismo modo que, para un hombre que no tiene órganos, ojos para la luz, la luz no existe en realidad, mientras que aquellos que tienen este órgano gozan de ella, así, muchos hombres no pueden gozar de algo de lo cual otros pueden gozar. (...) Sólo aquello para lo cual tenemos un órgano se vuelve sensible para nosotros”[vii].

De ahí que el sistema “rosa cruz” tiende a transferir la conciencia (que habitualmente anida en el cerebro y que nos permite asimilar y entender el mundo dual) al “corazón”. No se trata de un giro poético, sino de avivar la “intuición intelectual” que abre el paso a una comprensión brusca, súbita e iluminadora. Repetimos: se trata de transferir la conciencia del cerebro al corazón. Sólo de eso. Es evidente que no se trata del “corazón”, mero órgano de bombeo del flujo sanguíneo, sino del despertar del “átomo crístico” al que hemos aludido. Es él quien “percibe” en esta nueva etapa de nuestra vida.

La primera fase de la meditación, debe tener por fin, el aminorar el lazo que une el flujo cerebral con el cuerpo físico. Sin esta fase previa no puede avivarse la “inteligencia del corazón”, ya en la segunda fase[viii]. Si tenemos en cuenta que los procesos de nuestra personalidad egótica se generan en el cerebro, a medida que vayamos restando protagonismo a la mente, disminuiremos la dependencia completa de nuestro ser del mundo de la dualidad. Irá creciendo, casi sin advertirlo, la “inteligencia del corazón”, el nuevo órgano que nos permitirá introducirnos en el mundo de la espiritualidad.

Si recordamos el Evangelio, sabremos que Juan Bautista es, finalmente, decapitado. Él es el primero de una larga serie de mártires que aparecen en los pórticos de nuestras catedrales, con la cabeza cortada y bajo el brazo, inexplicablemente sonrientes. Y es que, el episodio de la decapitación de Juan Bautista, supone la extinción de la conciencia dualista.

Por eso, cuando los antiguos “rosa cruces” declaraban que las letras R y C, serían “su único símbolo de reconocimiento”, estaban reproduciendo en ellas, el episodio de la muerte de Juan Bautista. Las letras R y C, iniciales de la “rosa cruz”, son también las dos letras griegas que forman el monograma de Cristo y también el símbolo de la decapitación: “Los Rosa Cruces son unos “decapitados”; tienen la Inteligencia del Corazón y es por ello que se reconocen entre sí. Ya que, en efecto, la letra R (resh) es en hebreo el jeroglífico de la cabeza (ר), mientras que la letra C (Qôf) es el jeroglífico del hacha (ק) de la cual ha conservado hasta la forma”[ix].

Creemos que con lo dicho hasta aquí se entiende el concepto de meditación “rosa cruz”. Ir más allá excedería el marco de esta obra e, incluso, no sería pedagógico. Resulta imposible multiplicar, sin antes aprender a sumar. Baste decir que el “despertar de la conciencia del corazón” es la fase inicial e imprescindible de la práctica “rosa cruz”. Pasemos ahora a la alquimia “rosa cruz”, no sin antes realizar una pequeña alusión a la medicina de la fraternidad.

2. La medicina “rosa cruz”

No cabe la menor duda de que algunos “rosa cruces” practicaron formas de alquimia tradicional que sintonizaban perfectamente con sus teorías. Esto sale a la superficie con el lanzamiento de “Las Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz” de Andreae, en el que se nos habla, simplemente, del proceso alquímico y de las fases de los trabajos bajo la alegoría de un “matrimonio”. Pero también estaba presente en la Rosa Cruz Histórica y en figuras como Arnau de Vilanova.

La biografía de Arnau de Vilanova no deja lugar a dudas de que se interesó por la tradición hermética y la alquimia[x]. Un maravilloso cuadro de Josep María Sert expuesto actualmente en la "Sala de la Ciencia Catalana" del Ayuntamiento de Barcelona, nos muestra a Arnau tomando el pulso a un enfermo y acariciando con la otra mano la panza de una retorta alquímica. Sert se hizo eco de la tradición que ligaba indisolublemente el nombre de Arnau de Vilanova al noble arte de la alquimia. Michel Maier, alquimista y rosacruz alemán del siglo XVII en su tratado "Symbola aureae mensae" cita un texto de Johan Andreae en el que alude a una transmutación de plomo en oro realizada por el mismo Arnau de Vilanova: "En vida nuestra, hemos recibido en la curia Romana al Maestro Arnau de Vilanova, médico y teólogo supremo (...). Era también gran alquimista que había fabricado varillas de oro, las cuales no presentaron ninguna dificultad a dejarse someter a todas las pruebas". Giovanni Francesco Mirandola, añade en su "Tratado sobre la Fabricación del Oro", que las láminas fundidas por Arnau nada tenían que envidiar al oro extraído de las minas de Aruzzo. Estos testimonios prueban que existió una tradición renacentista que consideraba a Arnau como uno de los grandes alquimistas medievales, si bien es cierto que entre el centenar largo de obras firmadas por Arnau de Vilanova de las que se tiene constancia, muchos son tratados de alquimia, si bien es cierto que buena parte de ellos son apócrifos[xi].       

Arnau es importante en la historia de la alquimia; no en vano fue el primer "filósofo por el fuego" que dividió la "obra filosofal", necesaria para alcanzar la transmutación de los metales, en fases o "regímenes", costumbre que luego seguirían todos los alquimistas posteriores a él. En el capítulo titulado "Práctica de la obra" incluido en su libro "El camino de los caminos" escribe: "... todos los cuerpos deben ser llevados a la materia prima para hacer posible la transmutación"; y en las páginas siguientes define por vez primera las cuatro etapas de este proceso: disolución, limpieza, reducción y fijación, estando cada uno de estos "regímenes" sometido a un elemento: agua, tierra, aire y fuego, respectivamente.

En el curso de sus escritos alquímicos Arnau cita frecuentemente a Morieno y Geber, alquimistas árabes, lo cual coincide perfectamente con su conocimiento de la cultura islámica. Sus tratados, escritos en Montpellier, sobre "Del húmedo radical" y la "Filosofía Natural", son incuestionablemente suyos y evidencian su saber hermético y su conocimiento de la práctica operativa en el laboratorio alquímico. Se le tiene como descubridor de algunos compuestos químicos. Poco antes de morir escribió una fórmula que decía conducir inefablemente a la piedra filosofal: "Coge tres partes de limaduras de plata pura, tritúralas con una parte de mercurio hasta que resulte de ello una materia pastosa; cuécelo a fuego lento con una mezcla de vinagre y sal y sublímalo todo", fórmula para la obtención del bicloruro de mercurio. Así mismo se le tiene por descubridor del ácido sulfúrico, el nítrico y el clorhídrico... En aquella época no existía la química tal como la entendemos hoy. Otro tanto puede decirse del ejercicio de la medicina[xii], fronteriza con la magia y el hermetismo, un campo en el que Arnau destacó con luz propia.

El concepto que tenía Arnau de la ciencia médica entroncaba directamente con el saber hermético de su tiempo. Percibía en todas las cosas un "spiritus" que se manifestaba de distintas maneras, algo así como la fuerza vital que nos mantiene en pié y activos. Ese "spiritus" equivale, en su concepción, a una forma de energía capaz de ser transmitida de un ser a otro, mediante un proceso de sanación o bien susceptible de ser mermada por distintos factores que generarán enfermedad. La posibilidad que el "médico" tiene de influir sobre el "spiritus" deriva de la estructura misma del cosmos. El hombre no puede influir sobre lo que es superior a él -Dios, los ángeles, etc.- pero sí sobre aquellas fuerzas "elementales" que se sitúan debajo suyo en la escala jerárquica. Captar y reconducir la fuerza de estos principios "elementales" de la naturaleza es la tarea del médico. Esta concepción fue completada con otra derivada de su admirado Galeno. Arnau era contrario a la prescripción sistemática de fármacos; consideraba que aquel fármaco que servía para una persona era inocuo con otra. El tratamiento de la enfermedad debía ser personalizado; cada médico tenía necesariamente que establecer un vínculo personal y único con su paciente, si quería hacer honor a su juramento hipocrático. El tratamiento debía ser pues personalizado y esto por tres motivos que hacen de Arnau, un adelantado a su tiempo. En primer lugar por que cada déficit de "spiritus" responde a una problemática concreta que tiene que ver con el sujeto como tal, con su comportamiento moral, su estilo de vida y su actividad; toda enfermedad es, pues, la manifestación de un desarreglo más profundo. En segundo lugar, porque el médico debe penetrar en el conocimiento de la enfermedad a través de la "experiencia"; esto le ha valido a Arnau el ser considerado como un precursor del empirismo, pero más bien, cuando se refiere a "experiencia" Arnau aludiendo a la "intuición mística" esto es a prescindir de todo apriorismo y situarse con una mixtura de amor, caridad, unión con Dios y vacío interior, ante el paciente, estado de conciencia en el que aparecerá la "intuición mística". Finalmente, Arnau es un precursor de los tratamientos psicológicos: considera que la fuerza de voluntad y la convicción del paciente en su curación, le conducirán inexorablemente a ella. Para Arnau la curación puede ser, en el fondo, autocuración.

Arnau, médico de poderosos, no utilizó su influencia para alcanzar fama y poder, sino antes bien, aprovechó su privilegiada situación para difundir sus ideas espirituales sobre el fin de los tiempos y la necesaria reforma de la cristiandad.

La medicina “rosa cruz” que aparece por primera vez con Arnau y alcanzó su paroxismo con Paracelso[xiii], parece derivar de la alquimia. Es, en realidad, una forma de espagiria (alquimia que utiliza vegetales en lugar de minerales). En las obras de Paracelso esta línea “rosa cruz” queda perfectamente descrita. La medicina tenía un importante papel en la “rosa cruz” que salió a la superficie en el siglo XVII. En el Capítulo III de la “Fama Fraternitatis”, por ejemplo, se mencionaban los “signos de reconocimiento” que facilitarían el que unos “rosa cruces” reconocieran a otros de su hermandad; el primero de todos tenía que ver con el ejercicio de la medicina: Prohibición de ejercer profesión alguna excepto la curación de enfermos a titulo benévolo”[xiv].

La Alquimia Rosa Cruz

Paul Sédir ha negado la importancia de la alquimia en el fenómeno “rosa cruz”. No estamos de acuerdo. El hecho mismo de que entre algunos de los precursores más conocidos, como Arnau, Llull y Paracelso, la alquimia se encontrara entre sus preocupaciones centrales o el que Andreae describiera en sus “Bodas Químicas” las distintas fases de los trabajos en el laboratorio y, finalmente, el que Michel Maier construyera las mejores láminas de alquimia en sus trabajos, todo ello resulta altamente significativo para contradecir las palabras de Sédir[xv]. Finalmente, el mito que el “Elías Artista”[xvi] ocupa dentro de la temática “rosa cruz” es igualmente ilustrativo del interés de este fenómeno por la alquimia.

Además, a partir del siglo XVII, buena parte de círculos alquimistas están vinculados, de una u otra manera, a las distintas corrientes “rosa cruz”, algo que no ocurría en períodos anteriores. Es fácil suponer el motivo. La doctrina “rosa cruz” con sus incursiones constantes en el hermetismo alejandrino y con una práctica interiorizada que enfatizaba la “metanoia” (recuérdese: el cambio radical de conciencia) como si se tratara de una transmutación, que utilizaba una serie de símbolos relativos a la “luz” (por tanto, al oro resplandeciente), debía, finalmente, interesar a los adeptos al Arte Regio, es decir, de la alquimia. Para colmo, los antiguos alquimistas, encontraban un eco de su operatoria con el Azufre, el Mercurio y la Sal, en la trilogía “rosa cruz” compuesta por Cuerpo, Espíritu y Alma.

En este sentido, los alquimistas que aparecen a partir del siglo XVII, son, sin excepción, sospechosos de tener algún vínculo con la “rosa cruz”, o bien de estar inspirados por ella, tanto por los clásicos de la alquimia. Es probable que la fusión entre “rosa cruces” y alquimistas se empezara a operar con Cornelio Agrippa, ya en el siglo XVI, hasta Althotas, maestro del Conde de Cagliostro, Gichtell, discípulo de Böheme, Glauber, Helvetius, Henkel, etc. Y, por supuesto, Newton, que brilló con luz propia.

La alquimia, era, desde luego, algo más que una química simbólica o el precedente de la química. Era, fundamentalmente, una “ciencia sagrada” y, en tanto que tal, un sector de la “rosa cruz” que siempre se situó en la vanguardia del saber científico de su tiempo, se interesó por ella.

Quizás sea este el lugar adecuado para señalar los dos rostros del noble arte de la alquimia: de un lado, sobre una serie de minerales que los libros canónicos consideran próximos al oro y, de otro, sobre el propio alquimista. Estas dos facetas de la alquimia son inseparables y constituyen el mayor misterio del Arte desvelado en la séptima plancha del "Liber Mutus", aquella en la que Saturno aparece devorando a su hijo en medio de un brasero, mientras que en la parte inferior pueden verse los dos operadores, hombre y mujer, concentrados ante el atanor. La alquimia amputada de su parte operativa se convierte en mística y si, por el contrario, se le restan los aspectos de trabajo del alquimista sobre sí mismo no pasa de ser metalurgia supersticiosa.

Los textos herméticos están repletos de alusiones veladas y símbolos que suponen dramatizaciones de estados interiores y experiencias espirituales del alquimista, como de procesos químicos que suceden en el interior del “huevo filosofal” (recipiente de vidrio con la materia prima y el “primer agente”, situado en el interior del atanor). Para poder sistematizar –en la medida de lo posible- una exposición de la alquimia “rosa cruz”, será preciso fijar una serie de términos, algo todavía más necesario en la medida en que los nombres no corresponden a los conceptos que tenemos ahora de los metales aludidos:

-           Azufre: no tiene nada que ver con el producto químico del mismo nombre. Representa el “principio masculino” y activo. Corresponde al principio trascendente presente en los seres humanos y en los metales. Es el alma de la que antes hemos hablado. El color amarillo del Azufre hace que sea tomado como símbolo del “sol” o del “alma”[xvii].

-           Mercurio: tampoco tiene nada que ver con el metaloide del mismo nombre, aunque existe una estrecha relación entre sus propiedades físicas y lo que representa simbólicamente. Se le considera el “principio femenino” (tiene el color de la Luna, el astro femenino caracterizado por sus constantes cambios) y pasivo (carece de luz propia y refleja la luz que le llega del sol). Es el símbolo del espíritu al estar en permanente mutación y carecer de forma propia. Corresponde al “espíritu” de la meditación “rosa cruz”.

-           Sal: es el equivalente al cuerpo físico y a sus partes constitutivas. Su notación es Ө, un círculo con una línea horizontal en el interior, indicando caída. El “cuerpo” físico, como la “sal” de los alquimistas es el elemento característico del estado de la humanidad con posterioridad a la caída adámica.

Ahora bien, será preciso, a partir de ahora, tener presente todo lo que hemos dicho en la introducción a la práctica de meditación de la “rosa cruz”, por que ahora, vamos a tener que repetir casi lo mismo, solo que apoyados por el simbolismo químico y la práctica en el laboratorio. Veamos.

El alquimista “rosa cruz” prestará particular atención a la idea de “caos”. Tras una memorable transmutación habida el 15 de enero de 1648, Richthausen fue nombrado "Barón del Caos"[xviii]. Los alquimistas en su laboratorio no pretendían otra cosa que ordenar el Caos, reproduciendo la obra de la Creación, tal como fue descrita en los primeros versículos del Génesis, cuando "la tierra era algo sin forma y vacío; la oscuridad cubría el abismo y sobre las aguas se movía el Espíritu de Dios"[xix].

Fulcanelli, en "Las moradas filosofales", abunda en este supuesto explicando que "los cuatro elementos están encerrados, confusos y desordenados"  y añade que "los antiguos lo compararon al caos de la Creación, donde los elementos y los principios se encontraban confundidos, entremezclados y sin posibilidad de reaccionar unos sobre otros"[xx]. Este alquimista contemporáneo -aun cuando no tuvo nada que ver con la “rosa cruz”, maneja frecuentemente textos de hermetistas de esta corriente- cita, finalmente, un texto clásico, atribuido a Basilio Valentino, para recordarnos como representó simbólicamente su materia bajo la figura del mundo que contenía en sí los elementos de nuestro globo hermético o microcosmos,  reunidos "sin orden, forma, ritmo, ni medida".

La acepción común de Caos, confusión, desorden, vale también para el hermetismo. La diferencia radica en que éste Caos está presente en el microcosmos del hermetista al iniciar sus trabajos como lo estuvo en el Cosmos al comienzo de la creación. En su interior se contienen los cuatro elementos (Fuego, Tierra, Agua, Aire), los tres mundos (Divino, Intermedio y Material, o bien Azufre, Mercurio y Sal) y los dos principios (Activo y Pasivo, o si se prefiere, Sol y Luna, Oro y Plata, etc.) que conforman la Unidad.

Hortulano anota al respecto: "La piedra surge de una masa confusa que contiene en sí a todos los elementos" y  añade: "...lo mismo que el mundo ha surgido de un caos confuso, la piedra ha surgido también de la misma forma"[xxi].

La labor hermética, en su primera fase, ha sido llamada también "el arte de la separatoria", pues de separar los distintos elementos que confluyen en este caos, y ordenarlos según una ley de armonía, es de lo que se trata. En esa confusión inicial se encuentra nuestra Materia Prima.

Son varios los textos que enigmáticamente subrayan que este caos es neutro, "activo" y "pasivo", dicen de él que "es macho y hembra a la vez". "El Cosmopolita", tras definir el caos como "mezcla y  confusión", dice de él que "constituía la materia del Universo antes de obtener forma" y explica que se trata de "un compuesto agitado de agua y fuego vivificante" añadiendo que es la "materia que contiene a todas las formas en potencia"[xxii].

La "Novena Clave" de Basilio Valentino[xxiii] muestra, en su parte inferior, a un hombre y una mujer, cuyos cuerpos están en posición horizontal y las piernas en línea vertical, componiendo una cruz griega evocadora del modelo “rosa cruz”, en cada uno de los extremos de la cual encontramos los símbolos de los cuatro elementos y en la parte superior, tres serpientes.

En el único Caos genesíaco están contenidos los cuatro elementos de la naturaleza, las tres partes del ser humano y los dos principios, activo y pasivo. La sucesión numérica 1 + 2 + 3 + 4 = 10, define la totalidad del ciclo de lo manifestado. Nos limitaremos ahora a examinar la dualidad. Principio activo, expansivo, masculino, dominante y principio pasivo, compresivo, femenino, dominado, están inmersos en este caos, contrarrestándose uno a otro; de ahí el carácter neutro del conjunto.

En la "Novena clave" del ya mencionado libro de Basilio Valentino, los personajes no están coronados y sus cuerpos se encuentran en oposición, desnudos y sin otros atributos que los que corresponden al "fuego" y al "agua", a lo masculino y a lo femenino. La obra de la creación -el arte de la separatoria- todavía no ha comenzado. Habrá que remitirse a la "Sexta Clave"[xxiv] del mismo texto para comprobar como el elemento masculino y el femenino, separados y presentados ahora como el "rey" y la "reina", cooperan en la realización de la obra. Son múltiples los textos que repiten el simbolismo de la pareja real. El caos está ya ordenado y la primera fase de la obra, consumada.

El Caos primordial suele representarse en los viejos tratados de Alquimia “rosa cruz” con la imagen de un círculo vacío. Este círculo, a la vez principio y fin, activo y pasivo, contenedor de todas las cosas y del poder de la generación, se simboliza también mediante el Ouróboros, la serpiente que se muerde la cola, recurso de origen gnóstico. Junto a estas representaciones se suele añadir la leyenda "Todo en uno". El vocablo "Universo" deriva de Uno. El "uno" era la totalidad, y la totalidad se concebía como sagrado y se contemplaba como tal; no en vano, en inglés "wholly" (totalidad) deriva de "holly" (sagrado).

Pero el caos primitivo también ha recibido otros apelativos, todos ellos igualmente ciertos y precisos, pues no en vano, lo que es el "Todo" puede ser llamado de casi todas las formas. Unos lo han llamado "nuestro Saturno": Saturno, dios maléfico por excelencia, astrológicamente está asociado al planeta del mismo nombre y al plomo. Su opacidad hace que se le atribuya el color negro y ello abre la posibilidad a decenas de asociaciones: el caos es la "gallina negra", también el "Dragón negro", las "rosas  negras", las tinieblas y la noche, poéticamente se ha aludido a él llamándole "sombra cimeria"[xxv]; pero quizás sea más simple adjetivarlo solo con la palabra "muerte"...

La lectura prolongada de los textos canónicos de la alquimia demuestra que son voluntariamente engañosos y hábiles en confundir al observador poco avisado. Cuando un hermetista nos habla de Caos, no podemos hacer mucho caso de la palabra en sí, debemos ver que atributos le siguen o preceden, debemos, en fin, examinar el contexto en el que se incluye y la intención precisa de cada autor, en cada momento concreto. Así pues, si bien en algunos autores, la palabra "Caos" aparece aislada y sin más precisiones, en otros textos se acompaña de una indicación no desdeñable, "Caos primitivo" -caos que entra en el orden de explicaciones que hemos expuesto hasta ahora-, en otros, "Caos de los filósofos"[xxvi]. Entre ambos conceptos existe una diferencia fundamental. Así mismo, el "caos de los filósofos" expresa una idea que aparece también bajo diferentes apelativos, aparentemente contradictorios, pero perfectamente acordes con los conceptos simbólicos del Arte: si se le llama "Saturnia vegetal", y no simplemente Saturno, es por que en él se ha individuado un principio animado -el vegetativo-, si se le conoce como "Tierra Santa" y no como "Tierra" es para expresar en aquella una actividad que está ausente en ésta. Otros textos dicen de él que es el "hijo" o "Niño de Saturno", es decir, una emanación del primer caos. También lo han apodado "leche de la virgen", para aludir a su poder generador y fructificador. Trabajar sobre el "Caos primitivo" es preparar el "Caos de los filósofos". Filaleto dice de éste último que "de él se saca el Mercurio tintóreo que contiene el oro místico"[xxvii].

El "Caos primitivo" existe como tal en la mayoría de los humanos. El hermetista y sólo él, lo advierte en sí, dentro de sí, en torno a sí. Y decide afrontar el milagro de la obra hermética: toma conciencia de ese caos, medita sobre él, se instruye sobre su composición; de sufrirlo quiere pasar a dominarlo; poco a poco, va percibiendo que todo lo que precisa -la energía desconocida que opera la transmutación alterando la estructura atómica de los elementos- está incluido en ese mismo caos y empieza a distinguir sus partes, primero con dificultad, luego elige la que le interesa, la destaca de las otras. El "Caos primitivo", inconsciente, es sustituido por el "caos de los filósofos", consciente y verdadera materia prima.

En el caos están comprendidos todos los aspectos del cosmos, desordenados y mezclados, entre ellos el oro. Fulcanelli explica: "El oro filosófico, cubierto de  impurezas, rodeado de espesas tinieblas y cubierto de tristeza y duelo, debe ser considerado como la verdadera y única materia prima de la obra, al igual que sucede con el Mercurio, de donde ese oro invisible, miserable y desconocido, ha nacido"[xxviii]. A continuación, citando a otros maestros del arte, pasa a recordar los epítetos que lanzan contra la envoltura que rodea al oro filosófico: Valentino le llama estiércol y abomina de él,  otros lo califican de "baba del dragón", "vil y preciosa" al  mismo tiempo. Lo describen como "de color negro y olor cadavérico", "bodrio grasiento y pimentado que recubre su solución".

En el Caos reside la semilla del oro, tal es la firme convicción que ha animado a los hermetistas de todos los tiempos. Al hablar de la caída de Adán ya hemos referido como el "espíritu de Dios" se fue retirando progresivamente hasta quedar reducido a una chispa en el interior del ser humano, que éste no percibe en condiciones normales y que se ve incapacitado para pasar de la potencia al acto. Tal es el principio activo, inhabilitado por las impurezas que lo bloquean. Este proceso de retracción de la llama divina a su mínima expresión en el microcosmos humano, se repite también en la materia. Algunos minerales, en sus yacimientos, contienen en potencia, la "naturaleza" del oro: es preciso, también, purificarlos. Pero, de la misma forma que, no en todo lo que tiene vida animal, late la chispa divina, tampoco en todo mineral está presente la cualidad áurea. Unos minerales, enseñan los alquimistas, están más próximos al oro que otros. Perderíamos el tiempo si intentáramos realizar comparaciones tomando como referencia los números atómicos de los distintos elementos; estos carecen de importancia para la obra hermética y sólo han entrado en consideración por investigadores modernos a la búsqueda de una explicación racional y científica para la transmutación metálica; en cambio, las indicaciones de los artífices son relativamente claras y el mismo Fulcanelli las resume "[la estrella de seis puntas] subraya las propiedades de esta sustancia que el Creador  marcó con su sello". Pues bien, solamente existe un mineral que, tras ser fundido, se solidifica, sin experimentar el efecto de retracción que es normal para los otros; éste, al enfriarse, rompe su superficie con una figura geométrica perfecta, la estrella de seis puntas. Se trata del bisulfuro de antimonio, también conocido como "régulo [=reyezuelo] de antimonio". Extraído de la mina, el bisulfuro de antimonio, contiene también el "espíritu de vida" anunciada por esta peculiar estrella que aparece en su superficie. Todos los hermetistas que se han referido a ella, lo han hecho comparándola a la estrella de los "Magos de Oriente" que señaló el nacimiento del Niño-Dios.

Como hemos visto, la alquimia “rosa cruz” nos habla de la triple constitución del ser humano e identifica cada una de sus partes -cuerpo, alma y espíritu- con alguno de los metales emblemáticos del Arte. El cuerpo físico, soporte del Ego y receptáculo de la personalidad es asimilado, en su materia grosera, al Plomo. El espíritu, en tanto que bagaje mental y volitivo, equivale al Mercurio, pues más que ningún otro metal, es cambiante, carece de forma, el suyo es el tono de la luna y su cualidad, la variación y la movilidad extrema. En cuanto al alma, presencia divina en estado de latencia en el interior del cuerpo, su carácter ígneo y su calidad abrasiva, lo asimilan al Azufre, pero también al Oro por la luminosidad que despide.

La obra hermética y concretamente la llamada "Vía Húmeda", la más frecuente, consiste en operar sobre el “Mercurio”, transformándolo, estabilizándolo primero y fijándolo luego. Así la tendencia del Mercurio a identificarse con los elementos materiales y lunares de la naturaleza -esto es, mutables- se invierte; debilitado en su poder y neutralizado en su capacidad de seducción, muere. Lo que renace luego es otro Mercurio más próximo a la naturaleza del Azufre y con el que se puede combinar para restablecer, tras la ruptura inicial de las partes –por eso la alquimia fue llamada el "arte de la separatoria"-, una nueva unidad, pero así como la anterior estaba orientada hacia lo bajo, esta lo será a los mundos superiores.

La primera fase de los trabajos, “la obra al negro”, consiste en romper la “continuidad del mixto”: separar la Sal del Mercurio (el cuerpo del espíritu) y operar sobre éste. En el momento en que se logra “separar” ambos elementos se produce en el recipiente alquímico el color negro. El alquimista, siente que le falta el suelo bajo los pies en una experiencia similar a la muerte. Todos los textos clásicos explican que esta parte de la obra es la más difícil y todo lo demás “es juego de niños y trabajo de mujeres”.

A partir de ese momento se trata de “rectificar el Mercurio”, y convertirlo de su forma “lunar” en una forma “solar”. La alquimia “rosa cruz” da como notaciones de estas dos formas del mercurio estos símbolos: en el primero, el del Mercurio “originario”, sobre la cruz de los cuatro elementos, figura el círculo del caos y, sobre ambos, el símbolo lunar; en el segundo, el del Mercurio “rectificado” o “andrógino”, sobre la cruz de los cuatro elementos y el símbolo del caos, aparece el signo de Aries, el primer signo del Zodíaco y “jefe de la manada”. Esta purificación del Mercurio se realiza –en la “vía húmeda”- mediante la repetición constante del “solve et coagula” que los hermetistas definen enigmáticamente como “disolución del cuerpo, coagulación del espíritu”. De forma más clara, toda la operación consiste en separar el espíritu del cuerpo, es decir, el Mercurio de la Sal, y una vez en estado libre, irlo depurando progresivamente y “quemándolo”. No olvidemos que el Mercurio “originario” es, fundamentalmente, energía mental. Por medio de algún procedimiento desconocido que no explica ningún texto alquímico, esa energía era transferida del espíritu, aislado y separado del propio alquimista, al recipiente hermético y era esa energía la que generaría –en la segunda fase de los trabajos- la “obra al blanco” en la que el compuesto mineral que bulle en el interior del atanor ha adquirido una coloración blanquecina y lechosa que ha dejado atrás el “negro más negro que el negro” de la primera fase de los trabajos. Lo que se obtiene entonces es el famoso “Mercurio rectificado o andrógino” que será utilizado en la fase siguiente en el crisol para operar la transmutación metálica.

Ahora, de lo que se trata es de recomponer la unidad del compuesto originario. Para ello, en primer lugar, es preciso multiplicar la “fuerza” de la mezcla anterior. Esta se hará reconstruyendo la unidad entre el “mercurio rectificado” y el Azufre. El grado de pureza de aquel, hará que éste lo reconozca y, en virtud del principio hermético según el cual “lo semejante se une a lo semejante”, estará en condiciones de formar una nueva síntesis en condiciones de operar algunos efectos físicos sorprendentes, atribuidos a la “Piedra Filosofal”.

La transmutación del plomo en oro será la “prueba del nueve” de que los trabajos han alcanzado la culminación. Así mismo, el alquimista verá renovado su ser y alcanzará la “vida eterna” o la “eterna juventud”. Estamos ante símbolos, naturalmente. La depuración del Mercurio (esto es, del espíritu), le evitará lo que los egipcios llamaban “segunda muerte” y lo reintegrarán en la trascendencia, directamente, en el momento del agotamiento de su cuerpo físico.

Tal es, en síntesis, el proceso de la alquimia “rosa cruz”. Esta técnica, iniciada con Arnau de Vilanota y continuada con los grandes alquimistas del Renacimiento y del los siglos XVII y XVIII, ha estado unida, inevitablemente al movimiento “rosa cruz”. Degeneró y, acaso se perdió, cuando el movimiento “rosa cruz”, así mismo, degeneró. Al lector atento, no se le escapará el paralelismo entre meditación “rosa cruz” y alquimia “rosa cruz”. Son dos caminos que llevan al mismo fin, dos vías para dos caracteres humanos diferentes. Cuando los “rosa cruces” aludían a “alquimia” estaban refiriéndose a práctica en el laboratorio con productos químicos, en absoluto a una vaga “alquimia espiritual”. Para referirse a una práctica interiorizada sin contacto con los carbones del laboratorio, existía la meditación “rosa cruz”. Será bueno, no confundir uno con otro procedimiento. Confusión que es frecuente en los medios rosacrucianos contemporáneos.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - htpp://infokrisis.blogia.com


Notas a pie de página:

[i] “La fuga de Atalanta de Michel Maier”, op.cit.,

[ii] “La Nube sobre el Santuario”, Karl von Eckhartshausen, Visión Libros, Barcelona 1978, como muestra de un libro de especulaciones místicas y “Tratado práctico de Alquimia Rosa-Cruz” de Karl von Eckhartshausen, Ediciones Roca, SA, México DF 1986, como muestra de un texto clásico de alquimia operativa.

[iii] Indudablemente la mejor exposición sobre la alquimia clásica y el hermetismo tradicional que podemos recomendar sin ningún tipo de reserva mental a nuestros lectores es “La Tradición Hermética” de Julius Evola, (op.cit.), con sus dos partes: la simbólica y la práctica.

[iv] Este tema impulsó a algunos grupos neo-rosacrucianos del siglo XIX a plantearse la posibilidad de mantener el espíritu en vida, después de la muerte del cuerpo físico. En el interior de la Goleen Dawn, por ejemplo, se trabajó el tema de la “magia póstuma” que nuestro amigo Luis García Chapinal ha tratado brillantemente en su obra “Vampirismo, entre la realidad y la leyenda”, Luís García Chapinal, Éride Editorial, Madrid 2000, especialmente el Capítulo VIII “Bram Stoker, Drácula y la Goleen Dawn: como se gestó la figura del Príncipe de las Tinieblas”, págs. 145-156. Así mismo el Capítulo I (“Comprensión del vampirismo de acuerdo a dos mitos: energía vital e inmortalidad”), es recomendable en el mismo orden de ideas.

[v] Véase a este respecto “El Error Espirita”, de René Guénon, Editorial, CS Ediciones, Buenos Aires 1989.

[vi] Von Eckhartshausen escribe citando el Evangelio de San Lucas (Cap. II:34): “El ojo interior del hombre es la razón, potentia intellectiva mens. Si ese ojo interior del hombre es iluminado por la luz divina, es entonces el verdadero sol interior, por el cual todos los objetos vienen a nuestro conocimiento. Mientras que la luz divina no ilumine este ojo, nuestro interior vive en las tinieblas. La aurora de nuestro interior comienza cuando esta luz se levanta. Este sol del alma ilumina nuestro mundo interior intelectual, del mismo modo que el Sol exterior ilumina el mundo exterior. Así como, a la salida del Sol exterior, los objetos del mundo visible se nos vuelven poco a poco visibles, así, a la salida del sol espiritual, los objetos espirituales del mundo espiritual o razonable vienen a nuestro conocimiento. Así como la luz exterior nos ilumina por el camino de nuestra peregrinación, la luz interior nos ilumina por el camino de la salvación (...) ¡Qué gran destino tiene el hombre en su interior!”. “La Nube sobre el Santuario”, op.cit., págs. 13-14.

[vii] “La nube sobre el Santuario”, op.cit., págs. 14-15.

[viii] A este respecto Von Eckhartshausen escribe: “La simplicidad coloca al corazón en una situación conveniente para recibir con pureza el rayo de la razón; y éste organiza al corazón para la percepción de la Luz” (“La Nube sobre el Santuario”, op.cit., pág. 15. Hay que decir que la alusión a la “razón” no supone la aceptación del concepto cartesiano, para Von Eckhartshausen no hay más razón que la que procede de la “inteligencia del corazón”.

[ix] “La Gnosis de san Juan”, op.cit., pág. 82-83.

[x] En un manuscrito que el bibliógrafo francés Poirier atribuye a Arnau se describe el proceso de rejuvenecimiento que deben seguir aquellos adeptos que han alcanzado la eterna juventud; estos afortunados alquimistas deberán periódicamente untarse "dos o tres veces por semana con el meollo de la cañafístula. Cada noche antes de acostarse pondrán en la cabeza un sinapsismo compuesto por azafrán oriental, pétalos de rosas rojas, esencia de sándalo, acíbar y ámbar, todo ello disuelto en aceite de rosas a lo que se añadirá un poco de cera". Esto puede parecer extraño e ingenuo, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta que algunos de los tratados alquímicos atribuidos a Arnau suponen una renovación en las concepciones herméticas y orientaron el trabajo futuro de generaciones de alquimistas hasta llegar a Fulcanelli. Este, en efecto, considerado como el gran alquimista del siglo XX, cita en sus dos obras -"Las moradas filosofales" y "El misterio de las catedrales"- textos de Arnau.

[xi] Los teólogos católicos actuales tienden a considerar que cualquier obra firmada por Arnau, por el mero hecho de tratar de alquimia, es automáticamente apócrifa. Pero esto dista mucho de ser evidente; en las obras incuestionablemente escritas por Arnau se perciben igualmente ecos de la vieja alquimia, aunque traten de medicina o escatología; por lo demás, algunas, como "El camino del camino" o el "Gran Rosario", siendo aceptados como escritas por él, tocan directamente aspectos alquímicos. En "El camino del camino" puede leerse en la introducción: "Aquí da comienzo este tratado somero, breve, sucinto y útil para quien quiera comprenderlo. Los indagadores hábiles encontrarán en sus páginas una parte de la piedra vegetal que han ocultado con celo de otros filósofos". El libro fue remitido a Benedicto XI en 1303.

[xii] Bonifacio VIII fue el gran protector eclesiástico de Arnau de Vilanova, mientras gobernó la cristiandad. A pesar de haber atacado al papado con una violencia irrespetuosa inusitada para la época, Bonifacio VIII lo salvó de las garras de la Inquisición y se limitó a llamarlo a Roma y reprenderlo, suave y amorosamente. No en vano Arnau le había curado de una litiasis renal crónica. Llegado a Roma en agosto, Arnau confecciona un talismán que ostentaba el signo del león, correspondiente a ese mes. Mientras lo "magnetizaba", iba recitando salmos y versículos de la Biblia; colgado el amuleto en la región lumbar del Papa, tardó muy poco en hacer efecto y disolver sus cálculos renales. El Papa olvidó las altivas palabras que Arnau pronunciara meses antes: "La infalibilidad del Papa está tan garantizada como la de sus diagnósticos"...

[xiii] En esta pequeña obra no estamos en condiciones de exponer los principios de la medicina de Paracelso que, sin embargo, están resumidos en su “Catecismo Alquímico”, subtitulada “De los Planetas y los Metales, La Piedra Filosofal y La Estrella Flamígera”, Aureolus Philippus Theophrastus Bombastus von Hohenheim, Editorial Edicomunicación, Barcelona 1993.

[xiv] A título de curiosidad, mencionamos el resto de signos de reconocimiento: “2. Prohibición de obligar a llevar hábitos especiales reservados a la hermandad: Por el contrario, deberían adaptarse a las costumbres locales: 3. Obligación para cada hermano de presentarse el día C. en la morada del Espíritu Santo, o de explicar los motivos de su ausencia; 4. Obligación para cada hermano de buscar una persona de valía que pudiera sucederle en caso necesario; 5. Las letras R. C. deberían servirles de sello, sigla y emblema; 6. Durante un siglo la hermandad tenia que permanecer secreta”.

[xv] «Histoire des Rose Croix», Paul Sédir, Editions Traditionelles, París 1973.

[xvi] En 1608, el alquimista Banedict Figulos, en la Thesaurinella chymica aurea tripartita, dedica al emperador Rodolphe II, protector y amante de la alquimia, una elegía al también alquimista Jean-Baptiste de Seebach, en la que profetiza la llegada de “Elias Artista” y dice: “Entonces Cristo establecerá sobre la Tierra una nueva era”. En cuando a Paul Sédir, escribe en su obra “Histoire des Rose Croix”, op.cit., Capítulo II: “Elías Artistas” es el Ángel de la Rosa Cruz. Nadie puede saber que es, incluso aquel sobre el cual descansa. Todo lo que puede decirse es que es una fuerza atractiva y armonizante y que tiende a reunir a los individuos en un solo cuerpo homogéneo”. Y Stanistas de Guaita explica: “Elías Artista es infalible, inmortal, inaccesible, a las imperfecciones como a los ridículos de los hombres de carne y hueso que se ofrecen para manifestarlo. Espíritu de luz y de progreso, se encarna en los seres de buena voluntad que lo evocan. (...) Elías Artista no es la Luz, pero, como San Juan Bautista, su misión es dar testimonio de la Luz de gloria, que debe irradiar de un nuevo cielo sobre una tierra de nuevo iluminada”. Desde el punto de vista alquímico, “Elías Artista” es el primer agente que modifica la estructura de la materia prima.

[xvii] René Guénon en “La Gran Tríada” (Editorial Obelisco, Barcelona 1986, pág. 102) recuerda que en griego, la palabra “theion”, que designa el Azufre, al mismo tiempo significa “divino”. Y añade: “[el Azufre] es esencialmente un principio de actividad interior, que se considera que irradia a partir del centro mismo del ser”.

[xviii] Citado por Atorene en “El Laboratorio Alquímico”, Luís Cárcamo Editor, Madrid 1989, pág. 89.

[xix] Génesis, I: 5.

[xx] “Las Moradas Filosofales”, Fulcanelli, Editorial Plaza & Janés, Barcelona 1969, págs. 150 y 386.

[xxi] Citado por Julius Evola, en “Tradición Hermética”, op.cit., pág. 40-41.

[xxii] “Carta Filosófica” de El Cosmopolita, texto incluido en la recopilación “Cuatro Tratados de Alquimia”, op.cit., págs. 24-28.

[xxiii] “Alquimia y ocultismo”, selección de textos de Víctor Zalbidea, Victoria Paniagua, Elena Fernández del Cerro y Castro del Amo, Barral Editores, Barcelona 1973, pág. 193.

[xxiv] “Alquimia y ocultismo”, op.cit., pág. 181.

[xxv] “La Tradición Hermética”, op.cit., pág. 140.

[xxvi] “Cuatro Tratados de Alquimia”, op.cit., págs. 24-28.

[xxvii] Una muy buena traducción de esta obra puede leerse en “La Tabla Redonda de los Alquimistas”, Manuel Algora Corbi, Editorial Luis Cárcamo, Madrid 1980, “La Entrada Abierta al Palacio del Rey Cerrado”, págs. 231 y sigs.

[xxviii] “Las moradas filosofales”, op.cit., pág. 473.