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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ESOTERISMO

Mariano Cubí y las glorias de la frenología

Infokrisis.- Hace poco más de cien años Mariano Cubí nos abandonó; de él  solo queda una estrecha calle en Barcelona y un busto en la tierra que le vió nacer, Malgrat; nada más, ni siquiera el recuerdo de quien fué. Sin embargo, Cubí fue un personaje extraordinario. Vivió un momento en que la ciencia buscaba rigor y método, pero a duras penas podía abandonar el estadio supersticioso. La vida de Mariano Cubí es sorprendente y su obra no menos. La calle barcelonesa que le honra no ha impedido que su memoria se eclipsara del imaginario colectivo de los barceloneses. Con este artículo contribuimos a restituirla.

RETAZOS DE UNA VIDA

El 15 de diciembre de 1801, Mariano Buenaventura Cubí, nacido ese mismo día, fue bautizado en la iglesia de Vilanova de Palafolls, barrio de Malgrat, en las puertas de la Costa Brava. La sacudida napoleónica  obligó a la familia Cubí a buscar climas políticos más benignos y fue así como toda la familia recaló en Mahón un día de 1810. A los tres meses de permanecer en la isla, el pequeño Mariano, de apenas nueve años, dominaba el dialecto local y al año siguiente abordó estudios de francés e inglés. A los 20 años decide probar fortuna yéndose a las "indias". Se embarca en una fragata como profesor de idiomas; llegará a Norfolk en junio de 1921. En Washington enseñará español y luego será contratado por el Colegio de Santa María de Baltimore. Llegará a ser vicecónsul del Vaticano y del Rey de las Dos Sicilias en Baltimore, cargos honorarios, pero que demuestran que ya por entonces estaba vinculado a una élite social.

En 1829 se establece en Cuba y funda el Colegio de Buenavista, primer centro de enseñanza secundaria de la isla. La última huella de su presencia en Cuba desaparecerá en 1959 cuando el castrismo acabe con la "Revista Bimestre Cubana", fundada por Cubí en 1832 y en la que participarán algunos de los pro-hombres de la independencia, como José Antonio Saco. Visita Nueva Orleans, ciudad que mantiene puentes comerciales con Barcelona por el tráfico de algodón.

No está claro si durante su estancia en Menorca conoció a marinos ingleses que le hablaron de la frenología o fue durante su estancia en Baltimore que tuvo conocimiento de esta corriente que, a partir de ahora, iba a condicionar su vida.

FRENOLOGIA: LOS PRIMEROS BALBUCEOS

Sea como fuere, en Nueva Orleans leyó en la prensa anuncios frenológicos y conoció en 1836 al doctor Buchanan quien lo iniciará en esta ciencia. A lo largo de ese año habrá reconocido ya, cerca de 2.000 cráneos en universidades, cárceles y colegios. Su entusiasmo es tal que le bastarán apenas diez días para escribir su "Introducción a la frenología por un catalán".

A medida que van pasando los años siente la nostalgia propia del indiano y decide regresar. Desembarcará el 17 de agosto de 1842 al puerto francés del Havre y, tras visitar París, llegará a Barcelona dos meses más tarde. Pocas semanas después organizará su primer curso de frenología.

Esta primera irrupción no tendrá apenas eco en la prensa. La ciudad vivía momentos delicados. El ejército y la Milicia Nacional se habían enzarzado en una agria disputa que terminó en tiroteo y finalmente en el terrible bombardeo desde Montjuich. Sin embargo, el curso le sirve para renovar al relación con Erasmo Capdevila, otro catalán tan excepcional en la época como desconocido hoy.

Se habían conocido en La Habana; Capdevila estaba versado en "artes mágicas"; sus conocimientos abarcaban desde astrología hasta alquimia, de dietética a ocultismo. Erudito y visionario, su personaje histórico favorito era el desaprensivo Cagliostro a quien atribuía poderes mágicos. Conocía el proceder alquímico y las fases de extracción de la piedra filosofal; ignoramos si llegó a experimentar en laboratorio, si bien la presencia del atanor en su hogar es un indicativo de tal práctica... y de su abandono, pues no en vano hubo de servirle de brasero. Su biblioteca estaba provista con las joyas del ocultismo y reproducciones de grimorios medievales. Pertenecía a la secta secreta de los carbonarios.

El bombardeo de la ciudad coje a Cubí en Igualada visitando a su madre y organizando un segundo curso de frenología al que asistirán 40 alumnos; en Cardona impartirá otro ante 12 alumnos. Cubí utiliza una técnica de marketing, hoy suficientemente conocida, pero de la que fue uno de los introductores en España: publicaba anuncios en prensa y colgaba pasquines convocando una primera conferencia introductoria gratuita, a la que seguía un cursillo de pago... La venta de material -cráneos, compases frenológicos, cerebros de escayola y libros- le reporta beneficios adicionales.

En años siguientes realizará distintos recorridos aprovechando siempre los desplazamientos para organizar cursos y estructurar "Sociedades Frenológicas" locales, de las que él, invariablemente es nombrado presidente honorario y cuyos miembros se someten voluntariamente a un análisis craneal. Recorrerá Villanueva y Geltrú, Mallorca (en donde tiene las primeras polémicas con los partidarios del filósofo católico Jaime Balmes), Figueras, Olot, Gerona, La Bisbal, Torroella, etc. y también las grandes capitales españolas.

Muchos de sus alumnos son miembros de la disuelta Milicia Nacional, punta de lanza del liberalismo más radical, lo cual indica perfectamente cuales son las simpatías y por donde van las afinidades políticas de Cubí. Por cierto que en este período conocerá a Narciso Monturiol y a otros socialistas y comunistas utópicos con los que polemizará. Acepta las tesis de Owen, Saint-Simon y Fourier, pero no las de Cabet y Marx a las que dedicará un escrito anti-comunista. La psicología particular de Cubí -con un Ego excepcionalmente crecido- y su obsesión por la frenología, lo apartaban de cualquier militancia política o social. No era hombre de otra asociación que no fuera la frenológica. Sin embargo sus opiniones políticas y culturales lo identificaban con el pensamiento de las logias masónicas y de los movimientos sociales más avanzados, habitualmente relacionados con estas y con otros grupos conspirativos (carbonarios y comuneros, fundamentalmente).

PERO ¿QUÉ ES LA FRENOLOGIA?


A estas alturas el lector debe estar deseoso de saber qué diablos es la frenología. Muy popular en su tiempo, se desdibujó en el último cuarto del XIX y desapareció completamente al comenzar éste. Etimológicamente la frenología trata de la inteligencia o del alma. Existe aquí una confusión entre lo psíquico y lo espiritual, pero, en cualquier caso, la frenología se refiere fundamentalmente al estudio del psiquismo y de las capacidades humanas, relacionándolas con la forma del cráneo. Tiene solo algo que ver con la fisiognomía, en la medida en que ésta estudia la totalidad de la cabeza, mientras que la frenología se centra solo en el recubrimiento óseo del cerebro.

El principio es la existencia de una concordancia entre lo psíquico y lo somático; lo mental, condicionaría las formas corporales y anida en el cerebro; éste, por su parte, se compone de distintas regiones en donde radican cada una de las facultades de la personalidad. Pues bien, el mayor o menor desarrollo de estas regiones condicionaría la personalidad, y sería la medida de su potencia. Dado que la bóveda craneana tarda en solidificarse, el cráneo se adapta a la forma del cerebro, del que es su recubrimiento exterior y, por tanto, la forma del cráneo evidenciará rasgos de la personalidad.

La importancia sociológica de todo esto no se escapaba para Cubí: la frenología permitía advertir quien tenía predisposición para el crimen o para la ciencia, se trataba entonces de protegerse de unos y allanar el camino a los otros. No es raro que Jaime Balmes y otros teólogos católicos acusaran a la frenología de materialista y determinista.

La frenología apareció en EE.UU. en el último tercio del siglo XVIII y el nombre se debe a un inglés, Forster; Franz Joseph Gall y Spurzheim, sus principales teóricos, utilizaron el nombre de "fisiología cerebral". Para ellos la materia gris del cerebro daría origen a los nervios y alimentaría a la sustancia blanca.

En su afán por encontrar arraigo en sus doctrinas y evitar el enfrentamiento con las concepciones religiosas, los frenólogos buscaron antecedentes entre los padres de la Iglesia, mencionaron a Santo Tomás y San Alberto Magno que habían aludido tenuemente a la localización en determinadas zonas del cerebro del facultades de la personalidad; el obispo Nemesio situaba la memoria en los ventrículos centrales y el entendimiento en los posteriores, mientras San Buenaventura veía estupidez en las cabezas voluminosas e inmadurez en las reducidas... Pero todo ello no pudo evitar el choque con la Iglesia.

LA FRENOLOGIA ANTE EL TRIBUNAL ECLESIASTICO

El 6 de mayo de 1847 Cubí se desplazó a Compostela para impartir un curso. Asistió un centenar de alumnos, entre ellos un sacerdote. El día 16, en La Coruña, supo que se había extendido una orden de arresto contra él por la denuncia de un doctor en Teología, Antonio Severo Borrajo, el cura presente en Compostela...

La denuncia detallaba todo un catálogo de herejías. La acusación más grave era la negación del pecado original que supuestamente habría realizado Cubí (las malas inclinaciones procedían de la forma cerebral, no de la falta de Adán y Eva), esto es, "pelagianismo". Cubí sostenía igualmente que los delitos se cometen por una pasión difícil de dominar, lo que le hacía sospechoso de jansenismo y fatalismo; sostenía que el alma se manifiesta a través de los órganos cerebrales de la misma forma que Dios lo hace mediante los Astros; Borrajo veía en tales afirmaciones huellas de panteismo. Para colmo, en el discurso de Cubí, estaba implícita la defensa de la libertad de pensamiento, que le hacía acreedor de la acusación de protestantismo. Si a eso unimos las extemporáneas frases vertidas por Cubí contra los jesuitas, entenderemos por que la "Junta de Fé" -que había sustituido a la Inquisición- se tomó con tanto interés su caso.

Cubí remitió en su defensa un escrito en el que se declaraba católico, afirma la inmortalidad del alma y sostenía que ésta se manifiesta a través de los órganos cerebrales, aclara minuciosamente algunos conceptos y acompaña el escrito con cartas de sacerdotes adictos a su persona que no veían contradicción alguna entre la doctrina de la fe y la prédica frenológica.

El dictamen del tribunal eclesiástico, estaba muy alejado del fanatismo ultramontano de Borrajo y, en realidad, era una crítica razonada de la frenología. "Su obra -sostiene- es una amalgama de doctrinas incoherentes y opuestas, a la vez razonables y exajeradas, sanas y peligrosas, su obra, tal como está, puede causar daños". Sostiene que Cubí ha fracasado en su intento de armonizar frenología y fé.

Cubí optará por visitar al juez eclesiástico que seguía dudando de su explicación sobre el libre albedrío. La entrevista será cordial y el juez se declaró satisfecho; la causa fué sobreseida. Pero la advertencia ha sido suficiente para Cubí: a partir de ahora moderará extraordinariamente sus postulados; pero no habrá nada en el mundo capaz de apartarlo de la frenología y de otra rama del saber con quien la ha casado: el mesmerismo.

LOS SONAMBULOS DE CUBI

Erasmo Capdevila, el alquimista carbonario, introdujo a Cubí en otra seudo-ciencia que ha pasado a la historia con el nombre de "magnetismo animal". En Baltimore ya había presenciado magnetizaciones y en 1844 tradujo, junto al frenologo Magin Pers, el "Manual práctico de Magnetismo animal" del médico homeópata francés, Alfonso Teste.

La originalidad de Cubí estriva en ligar magnetismo y frenología en un todo orgánico. La frenología permitía saber donde estaban ubicadas las facultades de la personalidad, pero ¿de dónde procedía la energía vital que la animaba? La respuesta la había dado Franz Anton Mesmer, médico y ocultista alemán, miembro de la "Frater Lucis", grupo seudo-rosacruciano fundado en Viena en 1780; franc-masón, fundó luego el Rito de Armonía Universal y, al igual que Cubí, permaneció siempre en el terreno fronterizo entre ciencia y superstición.

Mesmer, en el curso de su periplo por organizaciones seudo-rosarucianas había estudiado la obra de Paracelso y la teoría del "archeos" o principio vital que los individuos recibirían de los astros. Mesmer recupera esta teoría y la amplía: afirma que el universo está cruzado por una fuerza invisible y solo perceptible por el alma, a la que llamará magnetismo. El grado de salud o enfermedad depende del equilibrio o déficit de ese magnetismo. El magnetismo se podía reforzar mediante imanes. Gracias a los toques mágicos y a los imanes era posible magnetizar cualquier cosa, incluso espejos en los que bastabá mirarse para reequilibrar el déficit de fluido vital.

Hoy es frecuente encontrar en el ámbito de la "New Age" a grupos y personas que defienden todavía el magnetismo y la imanterapia, algo de cuya utilidad dudó su descrubridor, Mesmer, hace doscientos años. Al haber tratado a un sinnúmero de pacientes, observó que no era el imán sino el magnetizador el que curaba y estableció que el fluido vital se transmite solo en los seres vivos y a través de estos; llamará a su doctrina "magnetismo animal".

Establecerá su consultorio en la Plaza Vendôme de París a donde  acudirá un público selecto. La terapia era comunitaria; Mesmer daba los "pases mágios" y los pacientes se tocaban con las yemas de los dedos  -en un ritual que prefigura el espiritismo- dentro de unas "cubas terapéuticas" en las que distribuía botellas de agua magnetizada. Pocos minutos después los pacientes empezaban a sufrir "crisis", histeria y agitación colectiva. Muchos pacientes sanaban tras estas "crisis". Mesmer descubrió el poder liberador de las descargas emocionales, para restablecer la normalidad. El resto era efecto placebo.

Un ayudante de Mesmer, en cierta ocasión, tras dar los pases a un paciente, vio como este quedaba completamente dormido; no pudo despertarlo. Sorprendido vio como se levantaba y, con los ojos cerrados, sorteaba los obstáculos de la habitación. Interrogado, sus respuestas eran coherentes. El conde de Puysegur, acaba de descubrir la hipnosis.

Algunos mesmeristas pensaban que los sonámbulos hipnotizados podían adentrarse en el futuro, diagnosticar enfermedades, encontrar objetos perdidos y percibir sensaciones a distancia. Cubí figurará entre los mesmeristas más radicales y hacia 1844 ilustrará sus cursos frenológicos con prácticas de "magnetismo animal". Opinaba que el "fluido vital" se generaba en el sistema nervioso y era distribuido por los ojos, las yemas de los dedos y la hipófisis. Cubí y su amigo Pers, disponían de sonámbulos particulares que magnetizaban a varias leguas de distancia y otros a los que podían hipnotizar con extrema facilidad. Una de ellas desaconsejó a Cubí que fuera a ver a la viuda Xifré. Afortunadamente Cubí desoyó la predicción.

LA CABEZA DE NAPOLEON III Y LA SEÑORA XIFRE

En 1857, a diez años de vérselas ante el tribunal eclesiástico, Cubí, visitó a la esposa de Josep Xifré en Biarritz. Xifré, uno de los hombres más ricos de su tiempo, estuvo estrechamente vinculado a ambientes masónicos y martinistas, hasta el punto de que, al regresar a Barcelona, edificó la "Casa Xifré", -que hoy alberga el popular restaurante "Las Siete Puertas"- adornándola con motivos esotéricos y herméticos.

En la mente Julia Downing, viuda de Xifré -a quién Cubi cita en su diario con las letras invertidas, Erfix- han ido fraguando dos ideas, una casar a Cubí, soltero impenitente, con una amiga suya, y la otra, presentarlo a Napoleón III, de cuya mujer, Eugenia de Montijo, es amiga íntima. Cubí se planta en Biarritz, pero la viuda Xifré fracasa en su empeño de casarlo. Cubí decía de sí mismo que tenía poco desarrollado el órgano cerebral que corresponde al matrimonio, y se contentaba con tener acreditada fama de buen cliente en los mejores burdeles de Barcelona. Más interés tenía conocer a Napoleón III de quien esperaba apoyo para popularizar la frenología en Francia.

En febrero de 1858, será llamado a Palacio. Napoleón III conocía la frenología, pero no tenía de ella muy buena opinión. Las explicaciones de Cubí le convencieron y el Emperador propuso traducir e imprimir a su cargo, el libro de Cubí "La frenología y sus glorias". El Emperador permitió que el frenólogo le reconociera el cráneo, tanto a él como a su esposa.

HIDROTERAPIA E HIGIENISMO

A medida que Cubí envejecía, aumentaba su obsesión por la salud. Ahora que empezaba a tener los primeros achaques de la edad, el higienismo y la hidroterapia pasaron a ser sus normas de vida. Cubí era un apasionado de los balnearios y de las fuentes termales. Atribuía a las fuentes de su pueblo natal cualidades curativas casi milagrosas. Se convertirá en adicto a las aguas sulfurosas y su receta magistral consistirá en la ingesta de cuatro vasos seguidos de abluciones.

En la Barcelona del último tercio del siglo XIX existía un mundo cultural alternativo en el que la frenología y el mesmerismo se daban la mano con la hidroterapia, el higienismo y el vegetarianismo y estos, a su vez, con las doctrinas sociales más avanzadas y la filosofía positivista en unos casos y el ocultismo en otros. Tal era el ambiente "alternativo" de la época, muy similar al actual, en donde, los cursillos de fin de semana, los retiros, la venta de libros y de "gadgets" constituían un negocio lucrativo que, por lo demás, permitía vivir de acuerdo con los propios principios.

ULTIMOS AÑOS

La frenología murió con el siglo. Poco a poco había sido objeto de más y más burlas y sus filas se habían visto repletas -como hoy el movimiento "New Age"- de estafadores y desaprensivos. Cubí, Gall, Spurzheim y los demás frenólogos prominentes no supieron dotar a su sistema de una base científica -acaso porque no existía- y se contentaron con observaciones empíricas. La psicología y la investigación neurológica posterior, acabaron con ellos. La frenología desapareció, mientras que su prima-hermana, la fisiognomía, conseguió perpetuarse, sino como ciencia, si al menos como creencia de rango similar a la quirología. Triste destino para un campo que tuvo pretensiones científicas. Cubí formó 1.700 frenólogos profesionales. Pero la sociedad cambiaba y sus fuerzas empezaban a flaquear.

El domingo 5 de diciembre de 1875, a las cinco en punto de la tarde, una apoplejía se llevó a Mariano Cubí. La frenología había perdido a la última de sus glorias. Nunca más experimentaría un revival. Hubo que esperar setenta y cinco años para que se le alzase un busto en la ciudad que le vió nacer; el acto estuvo presidido por el Alcalde y Jefe Local del Movimiento de Malgrat...

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El yoga secreto del barón Sebontendorf y de la Logia Thule

Infokrisis.- Dentro de la serie de artículos escritos hace años y publicados en distintas revistas, reproducimos ahora este sobre una curiosa práctica descrita por el fundador de la Logia Thule, barón Sebotendorf. Como se sabe, el partido nacionalsocialista obrero alemán nació de una organización ocultista conocida como Logia Thule, fundada por Rudolf von Sebotendorf. sus afiliados debían conocer y practicar técnicas secretas de autorrealización, con cierto parecido al yoga, técnica utilizadas por la franc-masonería turca, en la que se inició Sebotendorf durante su arga estancia en Oriente.

SEBOTENDORF, UNA AZAROSA BIOGRAFÍA

En 1916 Rudolf von Sebotendorf, un oscuro aventurero que empezaba a gozar de cierta fama en medios ocultistas alemanes, entró en contacto con la Orden de los Germanos, organizando su rama bávara, la Logia Thule. Esta Orden era una de las muchas organizaciones "ariosóficas" que proliferaban en la época, cuyo origen era el proceso de germanización que sufrieron las teorías de H.P. Blavatsky, mezcladas con delirios racistas y antisemitas. Sin embargo la Logia Thule se diferenció de otras similares en que a ella pertenecieron muchos de los altos jerarcas nazis: Rudolf Hess, Alfred rosemberg, Gotfried Feder y el mismo Hitler fue aceptado como "hermano visitante".

Sebotendorf, según relata en su novela autobiográfica "El talismán de los rosacruces",  había nacido en 1875 en el seno de una familia humilde en Prusia. Su nombre auténtico era Rudolf Glauer y pronto salió de su país natal para recorrer el mundo.
Glauer‑Sebotendorf era, como Hitler, un desarraigado, alguien sin patria clara, sin oficio ni beneficio. A los veintitrés años, tras haber finalizado sus estudios técnicos, inicia sus viajes visitando diversos países, donde entra en contacto ‑en ocasiones muy profundo‑ con distintas tradiciones y escuelas iniciáticas. Llegará a Egipto en junio de 1900, y pasará los siguientes tres años entre El Cairo y Constantinopla.

Puede comprenderse así que Sebotendorf a lo largo de sus obras teóricas -"El talismán de los rosacruces" y "Prácticas operativas de la franc-masonería turca"- demuestre un conocimiento real y directo de las culturas egipcia y turca.

Pues bien, es en esta Turquía mágica de principios de siglo en donde Sebotendorf se inicia en el estudio del ocultismo y de las religiones tradicionales. Entra en contacto con los derviches giróvagos de Mevlevi cuando ya habla con fluidez el árabe. Había aprendido esta lengua en una mezquita de El Cairo, al tiempo que se iniciaba en el sufismo, una comunidad iniciática musulmana.

Pero sus contactos no se limitarán al Islam: Sebotendorf buscará la relación con kabalistas hebreos tras conocer a la familia Termudi, de origen judío y con los que visitará las pirámides de Egipto y estudiará sobre el terreno el esoterismo faraónico.

Los Termudi eran también franc‑masones afiliados al Rito de Menfis, llamado también rito Oriental fundado en 1839. Pues bien, Sebotendorf es iniciado por uno de los Termudi en este rito y con posterioridad heredará la copiosa biblioteca  ocultista  de esta familia. Será en el interior de uno de estos libros en donde Sebotendorf encontrará unos apuntes ‑al parecer de Hussein Pacha‑ en los que se describen series de ejercicios especiales de meditación tal como los practicaba la secta derviche de los Bakhtâshi. Tales apuntes son el material de base que utilizará Sebotendorf para componer su libro sobre "Las prácticas operativas de la franc‑masonería turca".

DE LA MASONERIA AL NAZISMO

En 1908 Sebotendorf regresa de Turquía con la convicción de que el esoterismo islámico y el germánico tienen un mismo origen. Ese año tuvo problemas legales siendo procesado por fraude en Berlín; tras este incidente, regresa a Constantinopla y trabaja para una colonia judía procedente de Kiev, perfeccionando sus conocimientos en la kábala; en esos momentos Turquía vive un período de agitación política en la que la logia a la que pertenece Sebotendorf juega un papel decisivo.

En 1910 publicará su libro sobre la "Práctica operativa de la franc‑masonería turca" tras fundar una logia en 1910 en Beyoglü (Turquía). A esta logia perteneció el auténtico barón "von Sebotendorf von der Rose", un noble alemán residente en Turquía y fallecido en este país. Este barón, cuya familia hundía sus orígenes en las marcas germanas del Báltico en las profundidades de la Edad Media, adoptó a Adam Rudolf Glauer, nacionalizado turco desde 1911 y, al morir, le cedió su título nobiliario.

En octubre de 1912, Sebotendorf, ahora barón, se enrola en el ejército turco y combate heróicamente en su filas en la guerra balcánica; cuando el 1914 estalla la primera guerra mundial se encuentra nuevamente en Alemania; para entonces ya ha forjado unas ideas místico‑políticas relativamente bien definidas: de Turquía trajo la componente mística (antimaterialismo, doctrinas pan‑otomanas que luego traducirá en su versión germánica, doctrinas rosacrucianas, prácticas masónicas, etc.), y en el curso de la guerra, contemplando la revolución bolchevique y el ascenso de los movimientos radicales de izquierda, asumirá un anticomunismo radical.

En septiembre de 1916 leerá uno de los múltiples anuncios por palabras con los que la Orden de los Germanos buscaba nuevas adhesiones. Será así como contactará en Berlín con Hermann Pohl el cual lo introducirá en su rama cismática que justo en esos momentos se está gestando, encargándole la constitución de su rama bávara, la Logia Thule, de la que nacerá el partido nazi...

LA DOCTRINA ROSACRUCIANA DE SEBOTENDORF

Resulta difícil resumir las doctrinas formuladas por Sebotendorf a la vista de las fuentes que inspiraron su pensamiento; en él se mezclan en una confusión casi inextricable doctrinas rosacrucianas clásicas, ritos masónicos orientales, kabbalismo hebreo, teosofía, sufismo islámico y finalmente, ariosofía. A especho de los inevitables sincretismos y confusiones que pueden percibirse en sus escritos, la corriente dominante es un rosacrucianismo fuertemente germanizado.

Para Sebotendorf el hombre, como el mundo, son un caos que es preciso ordenar. A este proceso le llama "la construcción del Halgadon", concepto equivalente a la "Construcción del Templo" de los rosacruces. Este proceso de construcción debe llevarse a través de la práctica de una serie de ejercicios ascéticos que le permitirán "construir las columnas del Templo Interior".

Exteriormente, en el mundo, debe construirse también este templo a través de una "orden", concebida como "élite iniciática". Sebotendorf escribe: "Este Templo del Halgadom es a la vez espiritual y material. Pertenece a la tierra y al cielo, al pasado y al porvenir. Es el equivalente del Arca de la Alianza del pueblo israelita. Es el reino terrestre donde va a renacer el espíritu de Thule. Es el imperio de todos los germanos".

El "Halgadom" era el imperio de todos los germanos, la forma política superior a la nación, regida por principios suprapolíticos que debería reflejar las tradiciones y concepciones de la vida y del mundo de los pueblos germánicos. Se construía sobre la base de la Orden Iniciática que estructuraba en torno suyo a una élite que tomaba en sus manos el destino de la nación. Este concepto tiene su equivalente en el de la "pequeña guerra santa" del Islam, la que se libra en el mundo.

Ahora bien, ésta "élite" se debería forjar en la "pequeña guerra santa", la guerra que cada uno de sus miembros mantiene contra su "enemigo interior", contra todo aquello que le desvía de su destino y de la realización de su ser. El arma para esta "pequeña guerra santa", para la "construcción de las columnas del Halgadom interior", era una técnica particular de yoga que Sebotendorf llevó a la Logia Thule y que fue practicada por los miembros de su círculo interior.

EL YOGA SECRETO DEL BARON SEBOTENDORF

En "La práctica operativa de la franc‑masonería turca", Sebotendorf da abundantes precisiones de los pasos de ésta técnica que ‑al decir de Sebotendorf‑ permite entrar en contacto con estratos más profundos de la personalidad.
Se trata de una técnica que utiliza paralelamente gestos, sílabas y ritmo respiratorio. Sebotendorf explica que la francmasonería oriental conservó fielmente técnicas sapienciales, enfocadas hacia la conquista de un alto conocimiento, mientras que las constituciones masónicas de 1717 (punto de inflexión entre la franc‑masonería operativa y la franc‑masonería especulativa) representan una "desviación de la vía justa".

En realidad los gestos y las posiciones siempre han permanecido como elementos simbólico‑rituales de la franc‑masonería occidental y se han utilizado fundamentalmente como elementos de reconocimiento de los diversos grados,  junto con las joyas y distintivos propios de cada grado, las palabras de paso, los símbolos específicos y las leyendas que los acompañan. Pero dichos gestos, en la masonería occidental,  han perdido su papel operativo, se han vanalizado y carecen de significado, un papel que Sebotendorf creía haber reconocido en la masonería turca alejada de lo que consideraba un  proceso degenerativo de la masonería occidental.

CONCLUSION: UNA PRACTICA ANTIGUA Y OLVIDADA

A lo largo de su obra Sebotendorf demostró amplios conocimientos de yoga hindú, hermetismo, alquimia y kabbala. Su teoría es una adaptación de la doctrina de los "chakras" hindúes a la de los centros del cuerpo sutil rosacruciana, formulada por Gichtel en el siglo XVII. El simbolismo de los colores que propone Sebotendorf está evidentemente extraído de la tradición alquímica: nigredo, albedo y rubedo, obra al negro, al blanco y al rojo y otro tanto ocurre con los olores y sabores que deben reconocerse en esta prácica (azufre, mercurio, sal).
Sebotendorf magnifica esta técnica por encima de cualquier otra. Logró que fuera adoptada por los disidentes de la Orden de los Germanos, a la que perteneció y que, como el resto de organizaciones ariosóficas, adolecía de un gran déficit de prácticas esotéricas. Fue así como los hombres y mujeres que formaron la logia Thule, la mayoría futuros cuadros del régimen nazi (Hess, Hans Frank, Rosemberg, entre otros, no así Hitler, que no perteneció al "círculo interior" de la Logia Thule, ni conoció a Sebotendorf, contrariamente a lo que se ha dicho), siguieron y conocieron esta extraña enseñanza, antigua y olvidada que Sebotendorf rescató de la franc-masonería turca.

Más datos en:
"Prima che Hitler venisse", Baron von Sebotendorf, Edizioni Arché, 1991, Milán.
"Introduzione alla magia", (Vol II) Grupo di Ur, Edizioni Mediterranee. Roma, 1977.
"Prattiche operative della franc-masoneria turca", Rudolf von Sebotendorf. Editrice Il Delfino, Turín, 1980.

[RECUADRO]

LA TECNICA Y SUS FASES

Sebotendorf divide esta práctica basada en gestos y palabras en tres fases:

PRIMERA FASE: Ejercicios preparatorios

Vitalización de vocales. Duración: tres días, unos 5 minutos en cada sesión.

‑ En pie, se cierra la mano derecha alzada a la altura de los ojos con el dedo índice distendido y dirigido hacia lo alto como en el gesto de conminar al silencio. Tal es el signo I. Hay que concentrarse solamente sobre ese dedo, pensando solo en la vocal I. Al cabo de unos instantes se percibirá un cierto calor en dicho dedo; este calor es el indicativo para pasar a la vitalización del signo siguiente.

‑ En la misma posición se distiende el dedo índice, mientras el pulgar se dispone en escuadra en relación a éste, es decir, formando un ángulo de 45 grados entre ambos dedos. Este es el signo A. Hay que concentrarse sobre la vocal A. Nuevamente, al sentir calor, ahora en el pulgar, se da el paso siguiente.

‑ El signo O se hace cerrando la mano, como quien sostiene algo, es decir dejando un vacío entre los dedos, que sin embargo no deben tocar la palma, excepto el índice y el pulgar que deben formar una especie de O. Es sobre esta vocal sobre la que hay que concentrarse.

Vitalización de sílabas

Duración: siete días, el tiempo que sea preciso (habitualmente sesiones de 15/25 minutos)

‑ Se forma el signo I y se lo vivifica con la sílaba SI, es decir se repite interiormente la sílaba SI, concentrándose en él; cuando ya se haya logrado estabilizar la concentración y hacer que la sílaba SI permanezca en la mente sin esfuerzo, se pasa a la sílaba al signo A que se vivificará con las sílabas SA, SA, SA, hasta estabilizala.

- A continuación se pasa a ejecutar el "signo de la garganta". Este consiste en llevar la mano, dispuesta horizontalmente en escuadra, a la ganganta, de forma que el pulgar toque la arteria derecha. Luego se retira velozmente la mano hacia la derecha, haciendo pasar el dedo índice sobre la garganta (como para cortarla) hasta situar la mano a la altura del hombro derecho.

- Se dejará luego caer la mano. Se formará finalmente el signo O que se animará con las sílabas SO, SO, SO, y se seguirá con el llamado "gesto del Maestro": la mano pasará velozmente y horizontalmente de la parte izquierda a la parte derecha del cuerpo a la altura del plexo solar.

SEGUNDA FASE

Vitalización de olores. Tiempo: 49 días, sesiones de 5 a 10 minutos (más 5 minutos de ejercicios previos)

- Durante 7 días: Se dispondrá la mano en escuadra con la sílaba SA y se llevará el índice a la nariz; si se advierte un leve olor a azufre, se puede continuar, de lo contrario será preciso ejercitar aún otros siete días.

- Durante 14 días: Se formará el signo I animándolo con SI, hasta sentir el calor, se dejará caer la mano, se formará el signo A que se animará con la sílaba ALAM, se llevará la mano al cuello y tras un cierto tiempo se proseguirá con el "gesto del cuello", repitiendo siempre la sílaba animadora.

- Durante 14 días: Se formará el signo O como en el ejercicio precedente. Luego, si llevando el índice de la mano dispuesta en escuadra en contacto con la lengua se advierte un sabor amargo como de sublimado de mercurio, es signo de que se tiene éxito con el ejercicio.

- Durante 14 días: Se formará primeramente el signo I que se animará con SI, luego el signo A, animándolo durante dos días con ALAM, dos días con ALAMS, siete días con ALAR y tres días con ACAMAR y siguiendo correspondientemente el gesto del cuello. Despues de los primeros cuatro días, llevando como sobre el índice en contacto con la lengua debería advertir un sabor de sal. Entonces es  el momento en que el discípulo percibirá una sombra negra, esta parte del trabajo se habrá consumado. Y en tal punto comienza por el discípulo una nueva vida y recibe, en el logia, un nombre secreto.

Tercera fase:

Fórmulas mágicas y colores, duración: 3 meses.

- Tras la animación de la I se realiza el "gesto del pecho": con la mano en escuadra, es decir en A, con la palma paralela al cuerpo, y se pasa de izquierda a derecha (a la altura del pecho); para la animación de la A se dan las siguientes fórmulas: ALAR, KAHA, JA, TAHA, TASAM, TAS, TASAM;

- A continuación se realiza el mismo procedimiento con las sílabas ALAM, JAS, SA, CHAM (pronunciada entre la CH alemana y la K) con el "gesto medio" (es otro paso sobre el cuerpo de izquierda a derecha, a una altura calculable, poniendo la izquierda dispuesta en escuadra verticalmente bajo la derecha dispuesta según el gesto del pecho, hasta que el pulgar de la primera toque al índice de la segunda).

- Finalmente el procedimiento se repite con las letras CHAM, CHAM, ASAK, y KA a la altura del plexo solar ("gesto del Maestro").

LAS GAMAS DE COLORES

Sebotendorf concibe estos ejercicios como dirigidos y controlados por un "maestro espiritual", o "maestre de logia". El discípulo está obligado a seguir sus indicaciones y relatar sus experiencias interior, es a través de los detalles de estos relatos como el maestro juzga los progresos del alumno y le insta al tránsito de una a otra fase.

Según Sebotendorf, se trata sobre todo de experiencias interiores dominadas por gamas de colores: del azul pasa a un rojo pálido, luego verde claro. Cuando se tiene la visión de un verde vivo, el ciclo conectado al gesto del cuello ha terminado.

En el ciclo del "gesto medio" se experimenta una fantasmagoría de colores que se resuelve al fin en un color blanco‑amarillento.

El último ciclo con el gesto del Maestro (en el plexo solar) lleva a la clarificación de este color hasta un blanco esplendoroso, que atestigua la perfección de esta parte de la obra.

La última parte, llamada también integradora, consiste en un paso de la mano en escuadra animada con la sílaba A más o menos como en el gesto del Maestro, propiamente a la altura del ombligo; se habla, en realidad, al respecto, de un "gesto del Maestro acortado".

El color blanco debe trasformarse en un gris sucio, luego en un amarillo y finalmente en un rojo vivo. Esto es el final.

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Al ritmo del Cosmo: la danza que conduce a la eternidad

Infokrisis.- Hoy cientos de jóvenes se agitan en las discotecas al son de ritmos atronadores. Se danza más que nunca; sin embargo, la humanidad actual parece haber olvidado el sentido de la danza. En este tiempo de confusión vale la pena recordar lo que fue la danza y la música en períodos más luminosos de la humanidad. Dicen las antiguas tradiciones que, antes que voz, hubo música y que la palabra de Dios -el Verbo- fue antes que música, ritmo, armonía, medida y movimiento. Fue, danza.

La danza: movimiento y ritmo

El movimiento es apenas un cambio de lugar en el espacio. La danza, siendo esto, es algo más. Para que un movimiento se aproxime a una danza hay que realizarlo en función de un ritmo; y aún faltará que se produzca un cambio de actitudes y gestos en los protagonistas para que podamos hablar de danza. El mismo curso del Sol -que ha inspirado tantas danzas- tiene distintas actitudes a lo largo del año: se acerca a la tierra, se aleja, y una y otra postura genera las estaciones, frío, calor, viento...; otro tanto ocurre con la danza. Cambia el ritmo y los danzantes adoptan posturas más acordes con él. Así pues sus pasos que, aisladamente, no hubieran supuesto más que simples "movimientos", encadenados unos con otros y articulados en función de un ritmo, generan una secuencia continua: eso es la danza, un ajuste del movimiento al ritmo.

En la más remota antigüedad no había otro instrumento musical  que las palmas de las manos y los sonidos guturales. Solo después aparecieron los instrumentos de percusión y en ese punto, el ritmo no fue privativo de la danza; había aparecido una música en estado primitivo. La danza fue, pues, anterior a la música, pero terminó por integrarla.

La danza es un arte, pero a diferencia de la escultura -que no es sino un instante del movimiento materializado y fijado para la eternidad en un espacio concreto- la danza es una forma inestable para un espacio infinito. Uno y otro arte se sitúan en las antípodas. La danza existe solo momentáneamente, la escultura temporalmente.

El ritmo y el compás

La palabra ritmo deriva del término griego "ruthmós", cuya radical indica la sensación de fluir; el "mos" es el movimiento estudiado y preciso. Ambas palabras parecen contradictorias; sin embargo lo que nos indica la palabra ritmo es que no basta con que fluya el sonido o el movimiento, hace falta que lo haga sometido a unas constantes.

Pero nos equivocaríamos si considerásemos que el ritmo es algo frío, mecánico y repetitivo; no hay que confundir ritmo y compás. El ritmo tiene vida y calor, expresividad, en definitiva. El compás somete a la música y al movimiento a un patrón estricto; la danza es mucho más que eso. Por eso se dice que la verdadera danza "tiene vida" y que la vida late en esos movimientos que diferencian al animal del humano.

El mundo animal y el vegetal, aun sometidos a ciclos cósmicos, no conocen la naturaleza de la danza. No tienen ritmo, tan solo compás. Para que haya danza debe haber espíritu. El espíritu se inserta en el ritmo y lo depura: si hay una fuerza inmaterial que hace girar al cosmos, en el ser humano esa fuerza es el espíritu.

Creación y destrucción de los mundos

Casi todos los dioses han creado su obra mediante el sonido hecho Verbo o Música. Incluso cuando en nuestro siglo Tolkien recreó todo un sistema mitológico en su "Silmarillon" atribuyó la formación del mundo a un dios que tocaba una música diferente a la del dios del cosmos. En el ámbito judío, una palabra dio vida al Golem y millones de masones de todo el mundo han buscado, sin comprenderla, la "palabra sagrada". La salvación católica pasa a través del Verbo hecho Carne.

Pero así como los mundos se crean, también se destruyen. La humanidad pre-moderna simboliza este proceso mediante la danza de los dioses. Shiva es, al mismo tiempo, creador y destructor de mundos. En sus representaciones iconográficas se percibe el contraste entre su rostro sereno e inmutable y sus piernas sometidas a un ritmo frenético: mientras la serenidad construye mundos, Shiva "de los doscientos brazos", muestra sus piernas danzando en torbellino destructor, desintegrando los mundos. Las evoluciones de Shiva se realizan en el interior de un círculo de llamas. El fuego, por su parte, tiene el doble sentido de vida (calor) y muerte (cremación).

Siguiendo el mismo simbolismo, en China, el "Wu", es decir la no-manifestación y, por tanto, la destrucción, se concibió, inicialmente, como danza. La danza es al mundo tradicional lo que el Sol a la Luna; allí donde está uno se encuentra el otro y éste, a su vez, es reflejo de aquel. La danza quiere ser la dramatización en movimiento de los procesos del cosmos y en la humanidad antigua percibía en el Cosmos algo Sagrado.

La danza como ritual religioso

A poco de ser proclamado Rey de Israel, David danzó ante el Arca de la Alianza. La cultura hebrea había heredado de la egipcia, el gusto por la danza y su valoración como elemento cultual. Platón mismo estaba influenciado por las concepciones egipcias a este respecto cuando proclama que la danza para ser válida -y si no, no es danza- tiene que reproducir el movimiento divino. Así como los pitagóricos consideraban la danza solo como imagen misma de los ritmos cósmicos -la "música celestial"- Platón sostiene que es un ritual en el curso del cual los humanos reclaman la acción del dios. A distancia en el espacio y en el tiempo, los indios norteamericanos, las tribus africanas y los montagnards indochinos, danzaban para pedir a las divinidades de la naturaleza lluvia y fecundidad, y a los dioses del hogar, larga vida a los vivos y destino venturoso a los ancestros; ante los dioses de la guerra se danza solicitando victoria para el clan y valor para el guerrero. La danza se inserta así en la liturgia de los pueblos.

Este concepto de la danza tiene muy poco que ver con las danzas naturalistas practicadas en el Africa Subsahariana. El africano danza para expresar los propios sentimientos e imitar los movimientos de aquellos animales que se consideran más acordes con la propia personalidad del danzante. En la mayoría culturas tradicionales, por el contrario, se danza, principalmente, como acto ritual, para expresar y buscar la unión con lo que es superior a lo humano, no para imitar lo que le es inferior (el reino animal).

La unión con Dios

La danza es un elemento iniciático y religioso. Busca la participación del hombre en lo divino y la intervención de lo sobrenatural en los asuntos mundanos. El derviche, cuando inicia su trepidante danza, sabe que, mediante una técnica precisa, alcanzará el éxtasis; en otras palabras, inhibirá su consciente y se situará en la actitud más favorable para una apertura a estratos más profundos de la personalidad y, por tanto, más próximos a lo divino.

Aristóteles distinguía dos tipos de "operaciones": aquellas en las que el efecto es distinto de la operación en sí misma (la poesía es algo más que una secuencia de palabras, tanto como el resultado final de una edificación es distinto de cada una de las piezas empleadas en ella) y aquellas otras en las que las operaciones son idénticas al resultado que se busca. Poiesis y Praxis, respectivamente. Cualquier trabajo manual es poiesis; la danza, por el contrario, es praxis en tanto que, imita los ritmos cósmicos queridos por la divinidad y pretende que el danzante se abra hacia esa misma divinidad. El desencadenante de la danza es el viejo principio de la "magia simpática": "lo que está arriba es como lo que está abajo". 

Los sioux relacionan su danza de la lluvia con los movimientos de los astros y de las esferas planetarias; es circular por la misma razón que los astros se desplazan en torno a la Polar. Las danzas de duelo, paradójicamente, tienen un desarrollo vertical y muy poco que ver con el estado de postración horizontal que se asocia a la muerte; y es así para evocar el ascenso del alma del difunto al lugar de residencia de la divinidad, allá en lo alto. Amaterasu es la diosa del Sol en Japón, su movimiento es generado por Uzume, quien danza ante la caverna donde se oculta. Incluso en el rostro mismo de los derviches giróvagos, su sensación de abandono y serenidad, es el mismo que podemos contemplar en las representaciones de Shiva: el dios de los mundos parece manifestarse a través de suyo.

Danza que libera y danza que embota


Más del 75% de la actividad musical en Occidente tiene que ver con la música rock y sus derivados. Las nuevas generaciones están particularmente afectadas por el "virus" del rock. Pocos de ellos asisten a un concierto, muchos menos aun conocen las danzas tradicionales de sus respectivos pueblos, sin embargo, un porcentaje notable, danza al son de la música rock.

Hemos preguntado a jóvenes que viajaban en transportes públicos el motivo de que llevaran continuamente auriculares que les permitieran oír rock y derivados continuamente. Algunas respuestas son significativas de su estado de espíritu: "Así no pienso", "Para huir de los problemas", "Es lo que me gusta"... Algún disc-jokey nos lo ha confirmado: "De acuerdo que hay una momentánea pérdida de personalidad, pero así [el público] se olvidan de sus problemas".

La técnica de fuga de lo cotidiano consiste en boquear el cerebro mediante música atronadora y los fines de semana rendir el cuerpo en marathones discotequeros. Pero es en el cerebro donde anida el espíritu humano: bloquearlo implica algo más que dejar de pensar en lo cotidiano, supone taponar las posibilidades de acceso al mundo superior, abriendo las puertas al inferior. No es raro que buena parte de los líderes del rock hayan sucumbido al mundo de las drogas, al alcoholismo o a un estilo de vida desenfrenado. Los historiadores de la música han hablado, en rigor, de la "maldición del rock".

Para colmo, en el baile moderno el movimiento central es el de la cadera. Los estudios sobre anatomía "sutil" realizados en el marco de civilizaciones tradicionales -pero que han alumbrado técnicas tan eficaces actualmente como la acupuntura- insisten en que los bajos instintos y la animalidad radican en la zona del bajo vientre, justo aquel que es estimulado por el ritmo del rock. Paralelamente a esto, el ritmo atronador de las discotecas provoca el embotamiento y daño de los órganos y glándulas que anidan en la zona de la cabeza (hipófisis) y tras el esternón (pineal), justo donde más repercute la música atronadora.

En el interesante libro "La música de nuestra época", el anónimo autor resume los efectos de la música y del baile pop sobre el organismo: "la cadencia provoca aceleración en la respiración y en el ritmo cardíaco, agita el sistema nervioso, desordena el glandular, excita la producción hormonal, disminuye la oxigenación del cerebro, la conciencia se enquista y no reacciona, se abandona"... El autor concluye que las discotecas, con sus efectos lumínicos, crean un infierno de luz y sonido.

Estamos muy lejos de la danza concebida como recreación del proceso de formación del cosmos o como vía de tránsito a niveles superiores de conciencia; la danza practicada hoy en discotecas es justo su inversión demoníaca. Hoy, más que nunca, es preciso recuperar, para nosotros y para las generaciones que vendrán, el sentido originario de la danza.

[Recuadros fuera de texto]

[recuadro I]

El amor y la danza

Los neoplatónicos renacentistas consideraban el mundo como un ser viviente compuesto por distintas partes. Cada una estaba ligada a las demás mediante el "amor". Marsilio Ficino y sus discípulos consideraban al amor como el principio de afinidad universal. La "copula mundi" asegura la unidad del organismo cósmico.

En la imagen que se hacía del mundo, Dios estaba rodeado de cuatro círculos o esferas: la "mens mundana" compuesta por los seres angélicos, la "anima mundana" o mundo de las causas, el "reino de la naturaleza" y, finalmente, el "reino de la materia". El amor une a todas las esferas. La misma divinidad se siente impulsada por el principio amoroso a crear mundos en un arrebato de deseo.

La música aparece en este contexto como parte del alma del mundo ("anima mundana"). Las distintas esferas, al girar, producen la música de los cielos o del mundo. Primero, ésta música es solo sonido, pero, finalmente el sonido termina coagulándose en materia. Así se forma el reino de la Naturaleza.

A medida que las cosmogonías fueron racionalizándose, la interpretación musical perdió vigor y ganaron fuerza los temas sexuales (Adán y Eva, el Rebis hermético, la cópula filosofal, etc.) derivados del concepto de amor y atracción de los opuestos. Pico della Mirandola llega a decir que el mejor amante es el "Mago" en tanto que conoce los misterios de la Creación y la naturaleza de los Mundos.

[recuadro II]

Los cuatro estadios de la danza

La historia del género humano es la historia de la danza y de las castas que han sido hegemónicas a través de los tiempos. In illo tempore, en el período más cercano a los orígenes, la danza se concebía solo como un culto religioso. No era, ni un divertimento, ni un alarde de facultades físicas, sino un ritual religioso. Y fue así mientras la cata hegemónica en la sociedad era la casta sacerdotal.

El devenir de los tiempos trajo la hegemonía de una nueva casta, la guerrera, la segunda en el orden jerárquico de los pueblos indo-europeos; y esta casta dejó impresas en la sociedad las danzas que le eran propias: las danzas guerreras. En Europa este proceso tiene lugar durante la Edad Media. Las danzas sagradas se recluyen en los templos y, poco a poco, van desapareciendo. Se sabe que el obispo de Chartres guió las danzas que se celebraban en el interior de su catedral hasta principios del siglo XIV. En España han quedado rastros en los "entremeses" de algunas catedrales (Elche, Sevilla).

Tras el Renacimiento, con el ocaso de las sociedades feudales y el lento advenimiento de la burguesía, las danzas para el disfrute de la nueva clase se hicieron hegemónicas, especialmente a partir de finales del XVIII y durante el XIX. El vals puede ser considerado como el paradigma del concepto de danza burguesa. Finalmente, en pleno siglo XX, con la masificación de la sociedad aparecieron nuevos tipos de baile en nuevos locales: las macro-discotecas, al abrigo de la luz del sol, ofrecen una música bailable en el seno de la cual la personalidad se diluye. Es la más adecuada a un tiempo en el cual la masificación y la nivelación constituyen buena parte de nuestra cotidianeidad.

[recuadro III]

La tarantela: danza terapéutica

En el sur de Italia se baila una danza vertiginosa de gran belleza, la tarantela. Literalmente, "tarantella" es el baile de las arañas. El gran musicólogo heterodoxo alemán Marius Schneider le dedicó un ensayo en el que demuestra que este baile es una reedición del concepto de danza como dramatización de la creación y destrucción de los mundos.

La araña, en las culturas tradicionales está considerada como encarnación de los espíritus de los muertos. Cuando los antepasados están descontentos traen, a través de la araña-tarántula, muerte y enfermedad. En estas culturas la araña equivale al fuego y a la espada. Ya hemos visto el simbolismo doble del fuego (calor y cremación), los dos filos de la espada indican, a su vez, creación y destrucción, defensa y ataque. Una vez más estamos ante un símbolo de la dualidad. Mata y crea como el Shiva de la tradición brahamánica.

La tarantella tiene este mismo doble valor: si el movimiento de la araña o "tarántula" representa la ira de los antepasados descontentos con los hombres, igualmente su ritmo trepidante sana a los humanos. En efecto, el sudor provocado por el ritmo frenético, hacía que con él se expulsara el veneno de la tarántula... Se trata de una autocuración rítmica que los napolitanos picados por el veneno  utilizaban para exudarlo.

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Metafísica del tedio: La civilización del aburrimiento

Infokrisis.- Si nos atenemos al diccionario, "aburrimiento" es tedio, fastiDio, abandono de sí mismo, originado por disgustos, molestias y causas físicas o morales. La etimología nos facilita otro dato; derivado de "ab horrere", significa "tener horror". Para los antiguos aburrirse equivalía a incomodarse ante algo. Este sentido, aun está presente en frases como "he aburrido tal o cual cosa", para indicar aversión hacia algo que cansa o genera disgusto.  En esta civilización, tan alejada de los orígenes clásicos, el aburrimiento ocupa un lugar central. Para contenerlo y superarlo se han edificado diques de contención basados en la transformación del aburrimiento en diversión. Esto ha generado la lucrativa industria del ocio. Lejos han quedado los refranes que prevenían ante el ocio como "madre de todos los vicios". Desde el punto de vista de la moral católica el ocio es considerado como una perversión al abrir la puerta al peor de todos los vicios, el de la carne, infringir la ley bíblica del trabajo y ser, finalmente, contrario a las leyes de la Naturaleza. La diversión es el acto de cambiar de rutina, entrar en una dinámica nueva -"diversa"- que suponga un pasatiempo o recreo.

Lo esencial en la diversión es que ocurre algo que gusta o entretiene. El tiempo en el que nada sucede, aquel que no sirve para realizar ninguna tarea, queda suprimido por su propia inmovilidad; se detiene y nos parece vacío. Pues bien, eso es el aburrimiento.

EL ABURRIMIENTO Y EL JUEGO


El ser humano no es aburrido por naturaleza. Raramente los más jóvenes se aburren. El niño sano experimenta tedio sólo con los juguetes impuestos por sus padres; una vez probados y desaparecida la atracción por la novedad, el niño regresa a sus juguetes: y lo hace por que son suyos. Ya desde la infancia, la imaginación es la garantía de no rendirse ante el aburrimiento. Los niños enfermizos  -o producto, más bien, de una sociedad enfermiza- se aburren continuamente. Guiados por el deseo de posesión de nuevos y más espectaculares juguetes, al satisfacerlo, caen nuevamente en el aburrimiento.

Nuestra civilización es la primera que ha creado juguetes aburridos pero de los cuales el niño no puede zafarse. Son los juegos "adictivos". En ellos la capacidad de superar la puntuación obtenida en la partida anterior, mediante la rectificación y el recurso a una nueva partida, se convierten en una carrera sin fin con la meta más y más alejada. El juego tradicional estimula la imaginación, el moderno la adicción. La primera es una actividad creativa del intelecto y del espíritu. La adicción, por el contrario, es una actualización mecánica de un proceso hipnótico que absorbe la personalidad.

La esencia del trabajo: el aburrimiento

Hasta no hace mucho se consideraba el trabajo como la actividad más baja que podía realizar un ser humano. No en vano era un castigo. Al inventarse el trabajo en cadena se decía que cuando los obreros estuvieran familiarizados con los movimientos mecánicos que debían ejecutar, aprovecharían el tiempo de trabajo para leer y adquirir una mayor cultura. Esto se ha revelado falso y mendaz. Frecuentemente el trabajador se ve asaltado por la sensación de repetición, vacío y oscuridad. Una tarea mecánica (apretar un tornillo) o intelectual (impartir la misma clase) mil veces repetida hurta el aliciente de la novedad que hace cualquier instante radicalmente diferente de otros. El no reconocerse en el trabajo realizado genera el peor de todos los vacíos, el interior. Finalmente, el vacío y la repetición, traen la oscuridad, esa sensación de tristeza y abatimiento ante lo cotidiano. Pero ¿podría ser de otra manera?

Un zapatero remendón coloca en un día mil clavos y siente que su vida es plana y triste. Otro, en el sillín de al lado, coloca otros mil clavos y colocaría mil más si hiciera falta; su trabajo solo le reporta satisfacciones. ¿Qué diferencia hay entre uno y otro? El primero hace que cada instante sea igual a otro, cada clavo repite una y mil veces el clavo anterior y los millones de clavos que serán golpeados hasta su muerte. El segundo, por el contrario, vive el aquí y el ahora, cada instante de eternidad es, con sus matices y modulaciones, radicalmente diferente de cualquier otro; le guía la persecución de la obra bien hecha; ama a su trabajo; el primero lo considera un medio para ganarse la vida; poco a poco, se da cuenta de que a fuerza de ganarse la vida, la va perdiendo; eso le desespera y consume. En un primer estadio se ha convertido en un hombre aburrido; pero todo aburrimiento, de persistir, termina en desesperación.

El empleado no es dueño de su trabajo, ni puede disponer de su tiempo ni de su vida. Al depender de otros ejerce un trabajo alienado. Hoy todos dependemos de alguien. Jefes de Estado y grandes dirigentes empresariales, realizan su trabajo por cuenta de terceros y siempre se ven, en mayor o menor medida, condicionados. Incluso los trabajos creativos se ven sometidos a rutinas que terminan restándoles expontaneidad y convirtiéndolos en aburridos.

La cuestión es si el trabajo puede ser algo más que una autopista hacia el aburrimiento. Solo dos tipos de trabajos han hecho innecesaria la búsqueda del ocio: el artesano y el campesino. El campesino está sometido al ritmo de las estaciones. No hay dos semanas en las que el clima, para el hombre que vive cerca de la naturaleza, sea idéntico. Cada día tiene su patrono y cada patrono su actividad característica. En invierno se arregla la casa y se prepara el campo; en primavera se siembra, a finales del verano la cosecha; en otoño, las conservas y así sucesivamente. El artesano hizo de su trabajo un estilo de vida y una forma de meditación. En Barcelona cada día del Corpus los últimos menestrales oyen misa en la Plaza Nueva, ante la Catedral; si se les observa con respeto y detenimiento percibe en ellos una sensación de paz interior, hoy ausente en los trabajadores industriales o en los del sector servicios. Sus sienes blancas encuadran rostros serenos, se diría que la crispación y los excesos no van con ellos. Esos menestrales  -barberos, albañiles, carpinteros, afiladores, curtidores- han trabajado casi medio siglo sin aburrirse. Y lo han conseguido gracias a una educación que les hacía vivir el aquí y ahora; la obtención de la obra perfecta, era prueba de un completo dominio y conocimiento de sí mismo. El trabajo no era una carga, sino una Vía.

COBERTURAS AL ABURRIMIENTO

El sexo, la política, el trabajo, el estudio, los mass-madia, la familia, pueden llegar a ser coberturas a nuestro vacío existencial. La masificación de los espectadores en las gradas de cualquier estadio de fútbol es uno de los espectáculos más sorprendentes de la modernidad. Una masa que, despersonalizada y sin rostro, goza y olvida su aburrimiento, nos muestra de qué sencilla manera puede olvidarse el vacío de lo cotidiano, mediante el recurso inofensivo a una cobertura. Gracias al deporte convertido en espectáculo, cada día, en el estadio o ante el televisor, millones de personas olvidan sus problemas, olvidan que existen, que aman y son amados, para vivir a través de los colores de su club. Países enteros dan muestras de locura colectiva cuando su equipo de futbol o de boley-playa, no importa, gana o pierde. La patria y la nación se viven a través de unos colores vestidos por unos jugadores mercenarios, cuyos patronos han convertido sus músculos en mercancía. No solo los comportamientos de los espectadores son culturalmente regresivos  -violencia, agresividad, descargas emotivas, reacciones bruscas de júbilo o desesperación- sino que el status de los futbolistas supone un retorno a la esclavitud entendida como la compra-venta de carne humana. La sociedad post-industrial ofrece un destino desproporcionado, a los grandes deportistas; solo que por exceso. El esclavo antiguo recibía un trato igualmente desproporcionado, por defecto, apenas alimento y techo. Pero tras los oropeles y lujos los deportistas no deben olvidar que su personalidad ha sufrido un proceso de "cosificación", no son ellos mismos, se han transformado en mera mercancía.

LAS DOS FORMAS DE ABURRIMIENTO

El aburrimiento se denota por algunos signos físicos, el bostezo es uno de ellos. Pero no todo bostezo indica aburrimiento, también puede ser producto del cansancio, fatiga o de la falta de sueño, como no todo llanto es producto de la tristeza, sino que puede serlo de las emanaciones de una cebolla o la risa no evidencia necesariamente un estado de alegría, sino que puede ser producida por un gas hilarante, unas cosquillas o una situación de miedo. Así pues la existencia de signos físicos no bastan para evidenciar el aburrimiento, éste es algo más profundo, denota un estado de espíritu. También los animales bostezan aun cuando su naturaleza irracional no pueda conocer la naturaleza del aburrimiento. La característica del animal es que deviene sín más posibilidad que discurrir en un tiempo que no es suyo; el humano, puede salvarse de la corriente del devenir, dando a su interioridad una dimensión, la del Ser. Ser es lo contrario que Devenir, inmóvil uno, dueño del tiempo, se contrapone a la noción del fluir interminable de una existencia que se colma en el devenir. El hecho de que muchos contemporáneos ni siquiera lleguen a percibir la diferencia entre Ser y Devenir puede ser tenido como un signo de regresión cultural y desecamiento del espíritu.

Para que haya aburrimiento debe haber racionalidad, es decir, conciencia de sí mismo, aunque sea atenuada. Tal conciencia facilita  la sensación de posesión del tiempo. Estamos en el tiempo  -como los animales, las plantas y los minerales- pero, además, "tenemos tiempo". Saber que disponemos de tiempo y no lo utilizamos debería de producir una sensación de desesperación; pero eso no es el aburrimiento, el aburrimiento es la descomposición de esa desesperación en el tiempo. A él se puede llegar de forma activa, por saturación y agotamiento de experiencias que, alcanzado un punto, ya no pueden reportar nada nuevo, o bien de manera pasiva, por desinterés y ausencia de experiencias.

El tiempo, sin ejecución de una actividad cualquiera  -material, intelectual, deportiva, lúdica- no es nada, tiempo vacío, y queda suprimido por su propia vacuidad. En ocasiones este proceso se vive dramáticamente. El saber que nuestra perspectiva de aburrimiento es indefinida o muy prolongada puede tener un carácter destructivo. Los presos o los ancianos viven esta sensación de forma externa. El mayor castigo para el preso no son los barrotes ni los cuatro muros de la prisión, sino el no estar en condiciones de dar al propio tiempo un contenido y saber que éste va pasando inexorablemente sin perspectiva. Otro tanto ocurre con los ancianos que se han resignado a morir y cuyas fuerzas no están en condiciones de encarrilarlos hacia una actividad creativa. Lo contrario de aburrimiento, no es ocio, sino creación. La creación es quizás la acepción más elevada de diversión.

EL DEPORTE COMO COBERTURA AL ABURRIMIENTO

Lo sorprendente de un partido de fútbol o de cualquier otra competición deportiva que despierte entusiasmos masivos es que no es nuestra actividad lo que nos entretiene, sino el observarla en  terceros. Buscamos fuera lo que no encontramos dentro en un mero placer voyerista que se acentúa gracias al efecto multiplicador de otros situados ante, detrás nuestro, a un lado y a otro. Somos pequeños y aburridos, pero amparados en esa masa y en el espectáculo nos sentimos crecer y divertirnos.

En el espectáculo deportivo -como por extensión en cualquier otro espectáculo de masas- lo que se pretende es encontrar un mecanismo de compensación a nuestras carencias, tanto como una cobertura a nuestro nihilismo; gracias a los espectáculos cubrimos el vacío existencial y nos olvidamos que nuestra vida está asentada sobre la nada.

¿Qué ocurriría si de la noche a la mañana todo esto desapareciera? Si un buen día el mundo amaneciera sin grandes espectáculos de masas, muchos optarían por el suicidio: de no poder enorgullecerse de los colores de su club, de no poder vibrar al mismo ritmo que otros millones de personas, sin la cita semanal en el estadio ¿que les quedaría salvo el aburrimiento? pero ¿existe el aburrimiento continuo? Si, el aburrimiento continuo es la muerte de la persona, el fin del individuo, su anegación en las aguas turbulentas, oscuras y caóticas de la nada.

Es significativo el favor que gozan ciertos deportes modernos y la función que cumplen en la sociedad. Cuando un barranquista desciende por un cañón o alguién practica puenting o rafting o incluso paracaidismo, busca solamente obtener una descarga de adrenalina en su organismo que le recuerde que está vivo. Habitualmente vivimos en un estado de conciencia disminuida en la que los distintos tipos de aburrimiento se enseñorean de nuestro interior.

EL POTENCIAL CREADOR DEL ABURRIMIENTO

Un psicólogo freudiano sostenía, con tanta seriedad como ausencia de rigor científico, que si en el Norte de Europa no abundan las grandes construcciones y los monumentos religosos se debe a que siempre hubo allí una libertad sexual y una tolerancia en materia de costumbres, que espoleó la práctica del amor sexual y, por tanto, restó tiempo para dedicarlo a tareas sagradas como la construcción de catedrales. En cambio, la Europa mediterránea, se benefició -si así puede decirse- de restricciones en materia de moral sexual, así que el tiempo liberado por la ausencia de erotismo se empleó en la construcción de grandes obras y monumentos.

Para algunos, la posibilidad del aburrimiento supone un estímulo. En efecto, para evitar caer en sus mallas, son capaces de cualquier cosa; hasta de pensar. Pero el pensamiento que sale de una situación negativa -y el aburrimiento lo es- no puede ser sino negativo. Las catedrales no nacen de un tiempo de ocio, sino de una necesidad de "salvación".

El aburrimiento es un estado de espíritu en el que se permanece abatido, con la horizontalidad propia de la muerte y la atonía de lo que carece de vida. El aburrimiento se nos presenta como insufrible cuando lo vemos reflejado en otros. Nos repele la dejadez, el abandono, los bostezos y la pasividad de los aburridos y es entonces cuando decidimos no ser como ellos. De la misma forma que el espectador de un certamen de masas vive con su ocio, nosotros tenemos la necesidad de ponernos en pié y entregarnos a una gran obra, realizar una tarea que nos colme y nos compense. Ronald Reagan se dedicó a la política de puro aburrimiento, más que por voluntad de poder. Se suele decir que el candidato ideal para presidente de los EEUU es un millonario ocioso. El problema radica en que una actividad que se emprende para huir del aburrimiento, termina cuando ella misma deviene puro aburrimiento. Felipe González hubiera sido un abogadillo laboralista de pocos pleitos en Sevilla, sino hubiera sido por su voluntad de poder que lo convirtió, durante trece años, en primer espada de la política española. Luego sobrevino el aburrimiento y la dimisión final. Adolfo Suárez, gobernó para huir de los oscuros cargos burocráticos anteriores y luego, se sentó en los bancos de la oposición hasta que se aburrió de hacer oposición, hoy probablemente esté aburrido de ser solo un ex.

La historia de la humanidad es una constante lucha por eliminar la amenaza constante del aburrimiento. Por eso la historia de la humanidad es la crónica de una decadencia.

CONTRA EL ABURRIMIENTO, POR EL OCIO

Vencer el aburrimiento supone recuperar la antigua noción romana de ocio; "otium", significó el tiempo libre utilizado para recogimiento, calma y contemplación; entendiendolo como la contrapartida, sana y normal, de cualquier tipo de actividad, los griegos, según escribió, Cicerón "eran ricos, no solamente en dotes y doctrina, sino también de ocio y aplicación". De Escipión el Viejo se dijo "nunca estaba menos ocioso que cuando se dedicaba al ocio, y menos cuando estaba solo". Salustio: "Mi ocio será más útil al Estado que la actividad de otros". Séneca escribió un tratado sobre el ocio atribuyéndole los rasgos de contemplación pura.

Para todos ellos el ocio viene estrechamente conectado con la tranquilidad de ánimo del sabio y con la calma interior que permite alcanzar la contemplación: contemplación que, entendida en el sentido tradicional, no significa evasión del mundo y divagación, sino aprovechamiento interior y elevación hasta la percepción del orden metafísico. El mismo catolicismo ha dado a la expresión "sacrum otium" el contenido de una actividad contemplativa.

El hombre moderno no conoce el recogimiento, el silencio, el estado de calma y de pausa en que se puede encontrar a sí mismo y, consiguientemente, huir del aburrimiento. Conoce solamente la "distracción". En su sentido etimológico, distraerse quiere decir dispersarse mediante la búsqueda de sensaciones nuevas, excitantes, que cumplan de función de estupefacientes psíquicos. Todo para huir de sí mismo, para no encontrarse solo consigo mismo.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es  http://inforksisi.globia.com

Catarismo: allí y entonces... (introducción a la Guía del Catarismo)

Infokrisis.- Presentamos este texto que forma parte de nuestro libro "Guía del Catarismo" (Martínez Roca, Barcelona 1998) actualmente agotado. Se trata de una introducción al tema que intenta pintar con unas cuantas pinceladas la situación en la Occitania del siglo XI donde empezaba a difundirse el catarismo. Esperamos que este documento guste a los lectores de infokrisis. En los próximos días continuaremos publicando material de archivo que desde hace casi 10 años no había utilizado.

Occitania ha pasado a la historia de la humanidad gracias al drama del catarismo. Entre los siglos XI y XIV, en poco más de doscientos cincuenta años, la fisonomía, las costumbres y la historia de Occitana cambiaron decisivamente. El catarismo fue uno de los elementos -no el único, ni siquiera el más importante- desencadenantes de una crisis que dió a Francia (y a España, por lo demás) su actual fisonomía. Era evidente que el diseño geopolítico del territorio Franco obligaba a establecer una frontera en el Sur. Esa frontera no podía ser otra que los Pirineos. Lamentablemente para los cátaros occitanos, su país se encontraba vinculado a la Corona de Aragón, pero en el ámbito geográfico del Norte. La excusa de la lucha contra la herejía fue el "casus belli" para justificar la intervención y la expansión del reino de Francia hasta los confines pirenaicos.

Hasta ese momento Occitania había sido diferente. Su lengua había evolucionado de manera distinta a la hablada en el norte y se había convertido en vehículo de saber. El secreto de la pujanza cultural occitana era su lengua, había sido adoptada por poetas ambulantes y era hablada por la nobleza local. Al producirse el desplome del Imperio Romano, la presencia germánica había sido extremadamente tenue en Occitania. Los visigodos que hicieron de Toulouse su capital se trasladaron con armas y bagajes a España tras la derrota de Vouillé, sin dejar rastros. Así como en otras zonas de Europa con mayor presencia de sangre germánica se produjo una colusión entre el cristianismo y la antigua religión pagana, en Occitania, al menos a nivel popular, la impregnación cristiana fue débil y el cristianismo practicado y amado por la población tenía mucho que ver con el de los orígenes, sin que la componente nórdico-germánica atenuara alguno de sus aspectos y los sustituyera por un sistema jerárquico y sacramental. La Iglesia local era muy débil en esa época y sus sacerdotes no daban el ejemplo que la población esperaba de ellos.

La lengua diferenciaba, pero la estructura feudal hacía de Occitania una zona no muy diferente del resto de Occidente. La organización trifuncional de las comunidades era idéntica allí que en la Corona de Aragón, Castilla o el Sacro Imperio Germánico. La nobleza guerreaba y se encuadraba en las órdenes militares. Los templarios y hospitalarios se implantaron en la zona durante el siglo XII. Los monjes oraban y meditaban dentro de los monasterios pertenecientes a la orden del Císter y más adelante a los franciscanos, dominicos y muchas más. Los burgueses y artesanos trabajaban con sus manos o comerciaban y sus organizaciones gremiales eran tan potentes en Occitania como en cualquier otra zona de Europa. Las tres columnas de la sociedad medieval europea estaban sostenidas por vínculos de cohesión, derechos y obligaciones de cada uno respecto a los demás. La prueba de que esta organización feudal estaba viva en Occitania es que muchos nobles situados dentro de la órbita católica debieron tomar las armas a favor del catarismo. Los condes de Toulouse y el mismo Pedro de Aragón, llamado "el Católico", solo tomaron las armas para defender a sus súbditos cátaros, a sus vasallos y feudatarios, no por identidad con sus ideales sino obligados por compromiso feudal.

En ese caldo de cultivo florece el catarismo. Solo una mínima parte de la población occitana militó en sus filas y siguió sus ritos. Muchos occitanos no se interesaban por el catarismo, pero apreciaban a sus vecinos e incluso les daban la razón en las pequeñas discusiones de taberna. Que si el bautismo era absurdo por que los recién nacidos ignoraban lo que era el pecado, que si los curas no hacían lo que predicaban, que si Dios era bueno como había aparecido el mal en el mundo... Los perfectos no convencían a muchos pero tenían la virtud de predicar con el ejemplo. Apreciados por sus vecinos, estaban dotados de una gran habilidad manual; eran cesteros, zapateros, médicos, escribanos, curtidores y, sobre todo, canteros y tejedores; muchos practicaban el comercio. Uno de ellos, amasó 15.000 piezas de oro de la comunidad cátara que luego entregó a su sobrino para que las transladase a las más seguras comunidades lombardas; nunca más volvió a saberse de él...
 
Gabrielle Teissere, hija de tejedores del Aude, había nacido no muy lejos de las riberas del lago de Monthel a pocos kilómetros del sendero que los cátaros solían recorrer en otro tiempo para llegar a la zona de refugio de los "perfectos". Cuando la niña tuvo uso de razón, hacia 1315, el catarismo occitano yacía destrozado; su abuela tenía cuatro años cuando cayó el fuerte de Montsegur y ante el candil le había contado historias sobre los "bons homes"; en época de Gabrielle, el catarismo, aunque distante en el tiempo, seguía formando parte del paisaje occitano, casi a modo de naturaleza muerta. La dureza de los tiempos de persecución había calado hondo en el psiquismo profundo de los lugareños. Su madre y abuela habían conocido bien a los cátaros y aun a pesar de apreciarlos y, en ocasiones de socorrerlos, no querían que sus hijos se mezclaran con ellos. Los pocos cátaros que ellas habían conocido eran tenidos por buenos vecinos y excelentes ciudadanos; sus valores eran ponderados por toda la población, al margen de cual fuera su fe. Se decía que nunca faltaban a la palabra dada, que respetaban a sus mujeres en un tiempo en el que la condición femenina era denostada en otras regiones, procuraban evitar mirar a mujeres para evitar con ello la tentación, también contaban los lugareños que eran pacíficos, jamás entablaban peleas por motivo alguno y si eran desafiados procuraban disuadir al atacante con palabras y argumentos, antes de empuñar el palo o la espada. Se decía incluso que liberaban a los animales que encontraban presos en cepos, resarciendo al cazador. Si alguién les preguntaba como se llamaban ellos decían simplemente que eran "buenos cristianos". Cuando Fulco, obispo de Toulouse, ordenó a sus presbíteros que denunciaran y persiguieran a los cátaros, estos no sabían como negarse, "son nuestros vecinos y son buenos vecinos", decían. A pesar de existir entre ellos muchos comerciantes, no hacían ostentación de riqueza ni lujo e, incluso, la élite de los cátaros, los "perfectos", renunciaban a todo, incluso a una mala montura. Solían trabajar con sus manos para mantenerse allí donde predicaban. La pobreza era para ellos la mejor forma de vida.

No todos los cátaros tenían una sofisticada cultura, muchos de ellos albergaban temores irracionales, especialmente entre los estratos más populares. La superstición alcanzaba, no solo a las capas populares, sino incluso a los mismos eclesiásticos y a la nobleza. El vuelo de un cuervo indicaba presagios siniestros, el gato negro un alma en pena que volvía en busca de venganza, un escorpión blanco invitaba a quedarse en el hogar. Si se deseaba asegurar la fertilidad de los maridos, la mujer debía de hacerle ingerir, como fuera, una pequeña muestra de sangre menstrual. Cada comarca tenía su adivino, que al mismo tiempo era curandero; el su brujo capaz de responder a cualquier petición. Cada cual se forjaba su propio repertorio de supersticiones. Gabrielle recordaba como su abuela le había explicado la historia de su cuñado, un pastor que experimentaba un pánico violento al encontrarse frente a hombres o mujeres pelirrojas; en ocasiones, incluso, los había agredido; decían que estaba endemoniado.

Lo que hoy llamamos "calidad de vida" era lo peor que debían afrontar los campesinos y pastores occitanos. A sus refugios no alcanzaba la cultura ni el saber de los palacios y las villas. Su vida media, sometida a indecibles penalidades, apenas llegaba a la edad de Cristo. Los picapedreros y maestros de obra operaban solo en burgos y castillos y los campesinos no tenían otra forma de construir sus moradas sino era a base de obtener piedras de construcciones anteriores ya existentes o utilizando árboles y paja. Lugdunum Convenarum, la actual Comminges, fue destruido en los años oscuros de la dinastía merovingia y sus ruinas alimentaron las construcciones de los Pirineos durante siglos. Pocas eran las casas cubiertas con tejas, habitualmente un entrelazado de paja apenas resguardaba de las inclemencias del tiempo. Si la familia podía cubrir su morada con tejas, siempre, en una esquina, quitaba una para que el alma de los difuntos tuviera facilidad para ascender al cielo.

Buena parte de los campesinos se albergaban en cabañas circulares. No existía división alguna en su interior. El ganado vivía cerca, muy frecuentemente junto a la familia en el mismo interiro de la cabaña, apenas separado por una pequeña cerca. Era la única forma de obtener calor en el duro invierno. Los cátaros eran más pulcros e higiénicos que el resto de la población. En aquel tiempo en que los caballeros se jactaban de no mudarse durante semanas, sobre todo en campaña, los cátaros fueron reconocidos durante un tiempo por la inquisición por su extrema pulcritud. Algunos les llamaban moros o moriscos, por similitud con los árabes de España en cuyos ritos diarios, la limpieza ocupaba un lugar primordial. De hecho, en algunos pueblos pirenaicos y occitanos -Maury- han quedado en la toponimia rastros de esa asimilación a los "moros".

El cuadro de aquellas pobres cabañas de los siglos XII y XIV era triste: olores pestilentes de los animales a un lado, al otro un jergón sobre el que dormían los padres y en torno suyo sobre la paja, los hijos, sin importar su edad ni sexo. Nadie les explicaba los misterios de la procreación, podían ver a un lado de la casa como se unían los animales, mientras que al otro, sus padres realizaban ritos parecidos.

No existía más educación que la que el cura impartía en sus sermones o la que eran capaces de transmitir los padres. El saber era eminentemente práctico; la humanidad de aquellos años sabía solo lo necesario para sobrevivir. Ya desde la infancia aprendían a reconocer los signos de la naturaleza, las nubes que traerían tempestad, el momento adecuado para sembrar, la utilidad de tal o cual hierba para lograr este o aquel efecto esperado. Solo había que sembrar árboles y casarse en Luna Nueva; justo entonces era posible cortarse el pelo y las uñas que había que conservar si se deseaba obtener suerte y fortuna.

La instrucción religiosa había sido siempre pobre en el Pirineo y en Occitania; la presencia de órdenes religiosas en la zona fue menor que en otras latitudes y el impacto del paganismo ha subsistido casi hasta nuestros días, perviviendo en creencias y tradiciones populares apenas adulteradas. La iglesia ofrecía la "salvación de las almas" y eso entrañaba poner el énfasis en el buen morir. La enseñanza religiosa tendía a crear sugestiones psíquicas sobre lo que el fiel encontraría tras morir, en el otro mundo. Todas las pequeñas iglesuelas pirenaicas y occitanas albergaban imágenes de San Pedro pesando las almas de los difuntos, a un lado de la balanza un ángel, en el otro el diablo; muy frecuentemente, otro diablillo juguetón de menor talla se colgaba del platillo de la balanza que albergaba al alma para impedir que ésta se equilibrara con la pluma del otro platillo. Las descripciones del infierno eran tan terroríficas, como amables y deliciosas eran las venturas que esperaban al justo. Todas las iglesias y ermitas, por pequeñas que fueran estaban cubiertas de verdaderos "programas iconográficos" que resumían la historia sagrada. El sacerdote enseñaba a "leer" la Biblia en los capiteles y archivoltas, en relives y frescos. Las imágenes eran suficientemente explicativas, frecuentemente dramáticas, y calaban hondo en un pueblo humilde e impresionable. Para un pueblo que no sabía leer ni escribir, la única transmisión y retención de conocimientos podía realizarse mediante símbolos e imágenes.

Los cátaros no amaban entrar en las iglesias, decían que en ellas estaba presente el dios malvado. Sostenían que el verdadero tesoro del género humano era su alma y esta, al ser inmaterial, no precisaba de soportes físicos para su culto. Ni siquiera cuando las lechuzas gritaban anunciando una muerte, los cátaros utilizaban los santos óleos para los ritos funerarios. Ellos ofrecían algo más que la "salvación" del alma de la que no renegaban y que era el objetivo a alcanzar por los "creyentes". La "salvación" implicaba el obtener renacimientos afortunados e irse purificando a lo largo de ellos. Los "perfectos" -lo que podríamos llamar élite religiosa del catarismo- ofrecían la "liberación" del alma, es decir, su retirada del eterno ciclo de los renacimientos en formas y especies diversas, hasta integrar el alma en la pura luz divina. Y esto solo lo daba una estricta disciplina interior.

Gabrielle no había visto nunca a los "perfectos". Cuando empezó a tener uso de razón, la persecución contra el catarismo se había extremado y ya no podían recorrer las tierras occitanas con la libertad que en tiempos de su abuela. Esta le había contado, como de muy niña, solía ver por los valles pirenaicos a los "bons homes". Iban de dos en dos, cubiertos de hábito negro con capuchón, ceñido por cordón de lino, signo de que habían sido regularmente ordenados; en ocasiones, su cabeza se cubría con un bonete redondo. No se cortaban la barba y hasta el siglo XIII llevaron el pelo más largo de lo normal. Sus hábitos solían estar gastados y cubiertos de remiendos. Por todo equipaje llevaban una bolsa a la altura de la cintura, muy pocas veces contenía alimentos, tan solo una copia manuscrita del Evangelio de San Juan. Y una olla. Preferían comer y cocinar en su propia olla que utilizar la que les ofrecieran que podía contener restos de grasas animales. Eran vegetarianos. La abuela asistió a las catequesis que organizó Guilhabert de Castres, noble aquitano, predicador de la buena nueva herética en toda la Occitania; murió en Montsegur poco antes del asedio. El buen Guilhabert introdujo a Therese, la abuela de Gabrielle, en la comunidad cátara, apenas por unos meses. Se arrodilló tres veces ante su maestro y le pidió su bendición, mostrando así la naturaleza sincera de su fe, como indicaba el ceremonial. Therese contó a su nieta que este rito mejoraba su condición ante el buen Dios y por eso Guilhabert le llamaba "meolhiorament". Un buen día Guilhabert ya no vino más a la aldea, la edad y la persecución sistemática, le obligaron a refugiarse en Montsegur. La comunidad cátara se dispersó y cuando llegó la Inquisición, apenas unos pocos fueron condenados a penitencias menores. Solo allí donde hubo lucha, se dieron grandes procesos y quemas masivas de herejes. Therese pudo contarlo a su nieta.

El hecho de que los "perfectos" viajasen en parejas se debía a una mezcla de pragmatismo, fraternidad y precaución. Los caminos eran inseguros, frecuentemente asaltados por bandidos o por los señores del lugar que exigían peaje al paso por sus tierras. Ni la sofisticada civilización occitana se había librado de esta plaga. Dos hombres se defendían mejor que uno. Por lo demás los "perfectos" debían de interrumpir su sueño durante seis veces cada noche para rezar sus oraciones. Un "perfecto" velaba y rezaba, para después despertar a su compañero que haría otro tanto mientras el primero dormía. Y así seis veces cada noche. No era pues raro que los sueños se recordaran a la perfección. Los cátaros sostenían que los sueños traían mensajes ocultos a los hombres. Decían que, mientras el yo físico dormía, el alma volaba en libertad en el mundo de los sueños. Era inevitable que los cátaros, al interrumpir sus sueños para meditar, lo hicieran sobre las últimas imágenes que acudían a ellos antes de ser despertados. Finalmente, se procuraba impedir que un "perfecto" pecara; su hermano debía vigilar su comportamiento  y salvarlo y, al mismo tiempo, ser vigilado por él.

En tiempos de Gabrielle, los "perfectos" habían cambiado de costumbres. Sus ropas ya no podían ser las que la Inquisición conocía a la perfección. Como los comerciantes solían llevar ropas azul oscuro, ellos las adoptaron e incluso las parejas de "perfectos" fueron de sexo opuesto. Aparentaban ser marido y mujer, pero cuando debían acostarse junto en cualquier posada, no se desvestían y procuraban que sus cuerpos no se rozaran. Si la tentación planeaba sobre ellos se realizaban sangrías.

Aun en ese período tardío del catarismo, la inquisición solía descubrir a los perfectos por su aspecto físico. La extrema palidez de sus rostros, era una pista no desdeñable. Los frecuentes ayunos y penitencias les hurtaban un aspecto saludable. Tres días a la semana ayunaban pan y agua. Otros solo bebían vino extremadamente diluido y unos pocos solo agua templada con una nuez. Para los simples creyentes la dieta no era tan estricta y a lo largo de las generaciones fue relajándose. Finalmente, solo los "perfectos" debían mantener una dieta vegetariana, mientras que los simples "creyentes" podían alimentarse de cualquier otra cosa. Sin embargo, unos y otros, debían respetar la vida de los animales. La Inquisición reconoció a los fieles cátaros por su rechazo a sacrificar animales. Muy frecuentemente eran obligados a sacrificar un simple animal doméstico; la negativa era un indicio de pertenencia a la herejía.

La muerte estaba presente en la humanidad medieval, guerras, hambrunas, epidemias, hacían de la muerte algo cotidiano. En realidad, todo el hecho religioso giraba en torno a la vida como preparación para la muerte y los herejes no iban a ser una excepción. Los cátaros sostenían que el alma tras la muerte, transmigraba de un cuerpo a otro. Las almas que habían ofendido a Dios y llevado una vida impura se reencarnaban en cuerpos de animales igualmente impuros. La madre de Gabrielle, le había contado como tras la muerte del cuñado de la abuela, apareció en la región una gran serpiente de la que decían que solo mordía a los pelirrojos, y cuando, tiempo después la serpiente desapareció, voló sobre las altas cumbres de la región, un halcón que seguía a los pelirrojos como intentando descubrir sus intenciones, pero sin atacarlos jamás. Gabrielle se sintió vivamente impresionada por estos relatos y ya nunca más vió a las animales como algo radicalmente diferente de los humanos. Una y otra vez se preguntaba quien podría haber sido en su vida humana aquella gallina o el puerco primorosamente engordado, y qué infamia cometieron para hacerse acreedores de tan desgraciado destino.

Había muchas damas nobles entre los cátaros, pero muy pocas entre el pueblo llano. La sociedad occitana tenía rasgos telúricos y ginecocráticos quizás residuo procedente de las antiguas culturas mediterráneas que adoraron y enaltecieron a la mujer como Diosa y Gran Madre. Solo aquí pudo florecer un culto exajerado a la dama. Los mismos "perfectos" debían apartarse al paso de una mujer, aunque cayeran necesariamente en un charco o en el arroyo. Jamás compartían un banco con una mujer, a no ser que fuera una "perfecta" y no por displicencia sino por respeto y subordinación. Mientras en el Norte se vivía una sociedad masculina, viril y guerrera, el Sur era recorrido por trovadores que buscaban un tenue signo de amor en su dama. A veces solo el premio de una mirada o el permiso para quitarles un zapato. Las nobles cátaras aportaron a la comunidad sus bienes y mansiones, frecuentemente se instalaron en ellas conventos y casas de retiro. Podían aplicar el rito del consolamentum y predicar la fe.

Cuando Gabrielle y sus padres llegaron a la capital occitana, Toulouse era la tercera ciudad de la cristiandad, tras Roma y Venecia. Las ciudad restañaba las heridas que había sufrido un siglo antes en tiempos de Raymond VII. Los cátaros habían desaparecido de la orgullosa ciudad, pero ni siquiera la llegada de los barones del Norte había conseguido cambiar extraordinariamente las costumbres de sus habitantes. El dinero seguía en manos de los judíos y muchos orfebres y artesanos pertenecían a la raza de Yavhé. Si bien la llegada de los "franchimanos" del Norte había coartado las libertades tolosanas, los prohombres de los gremios seguían siendo escuchados y los trovadores sonaban sus instrumentos en los palacios nobles. Donde mucho hubo, siempre queda algo, podían decir con razón los tolosanos. En 1324, siete notables de lengua occitana fundaron la "Compañía del Gay Saber" que cada año, el 3 de mayo, premiaba con una flor a los mejores rapsodas y poetas. El abigarrado mercado de Toulouse estaba en el centro de una ciudad en plena reconstrucción. Por todas partes florecen nuevos templos y se diría que el catarismo es tan solo un recuerdo. La nobleza que apoyó a la herejía fue desposeida de su poder, los "capitouls" que representaban a los burgueses, jamás volvieron a elegirse. La milicia permanecía desmovilizada y los muros aun seguían derribados. Los cátaros se habían refugiado, primero en los campos ejerciendo de pastores, o simplemente sobreviviendo en lugares poco accesibles. Más tarde, tras la toma de Montsegur, debieron refugiarse en las grutas del Sabarthés, si bien otros muchos prefirieron el camino del exilio. Las familias que tuvieron cátaros entre sus filas permanecían rotas y raras veces recibían noticias de sus allegados residentes en Aragón, Lombardía o cualquier isla mediterránea a donde habían ido a parar escapando de la Inquisición. Cada occitano tenía un familiar o un amigo en el exilio, de peregrinación a Santiago, Roma o Jerusalén para expiar su culpa o en las mazmorras inquisitoriales.

Los pocos núcleos cátaros que existían en la clandestinidad a principios del siglo XIV apenas se dejaban ver. Quienes seguían manteniendo su fe en secreto tenían dificultades para encontrar un "perfecto" que les administrase el "consolamentum" a la hora de morir. Frecuentemente, los pocos "perfectos" que quedaban eran atraídos a trampas, encontrando a la Inquisición allí donde creían ir a "consolar" algún anciano moribundo que les imploraba su presencia y el rito de la buena muerte.

Cuando Gabrielle llega a Toulouse en 1321, la ciudad sabe que acaba de ser ejecutado Gillaume Belibaste en Villerouge Termenès, pero ignora que se trata del último "perfecto" occitano, el postrero superviviente de las matanzas del siglo XIII. Belibaste ya no tenía "iglesia", tan solo un pequeño núcleo de partidarios que había dejado en las montañas del Maestrazgo y unos pocos contactos esparcidos por todo el Reino de Aragón. Uno de ellos labró su perdición. De todas formas existía una gran diferencia entre Belibaste y los primeros "perfectos" del siglo XI y XII. Aislado de toda jerarquía, hombre sin gran cultura ni educación, Belibaste solo podía dar ejemplo. En sus últimos años fue una mezcla de predicador iracundo contra Roma, cúmulo de supersticiones y hombre rústico pero bueno, al fin y al cabo. Su discurso, a diferencia del de los primeros misioneros búlgaros llegados del Este y de sus discípulos occitanos, ya no podía ser atendido por la nobleza, ni por los burgueses, solo podía seducir a campesinos pobres o a antiguos cátaros. La idea de los dos principios opuestos, bien y mal, había llevado a estos últimos "perfectos" a excentricidades teológicas. Si existían dos principios y uno -el Dios bueno- no hacía caso de sus fieles, había que entregarse en manos del principio del mal. Alguno de los últimos cátaros habia vomitado "Si Dios no me proporciona lo que quiero, lo pediré al diablo". Era evidente que la vieja creencia había ido degenerando. Al no existir literatura escrita, solo unas pocas versiones del Evangelio de San Juan y muy pocas obras específicamente cátaras -la tenencia de uno de estos tratados implicaba la hoguera-, clandestinos y con dificultades de comunicación, era lógico que la herejía no pudiera mantener durante mucho tiempo su alto nivel teológico.

Gabrielle apenas podía moverse en el mercado de Toulouse; hombres y ganados, yendo y viniendo, público a la búsqueda de la mejor oferta, mendigos pidiendo y bribones robando, monjes dominicos de manto blanco a los que la población trataba con una deferencia no exenta de temor y, de tanto en tanto, algún noble que por rasgos, ropas y ademanes mostraba ser oriundo de la tierra occitana, componían el colorista paisaje urbano que maravillaba a una pobre campesina de apenas 16 años. Sus ojos se posaron en una dama noble trasladada en palanquín por abnegados sirvientes. Repartía pan a los pobres y procuraba escuchar sus quejas y no envanecerse con sus agradecimientos. Gabrielle notó que, sobre todo, tenía buen cuidado en ser más generosa con los mendigos pelirrojos. Aquello le hizo pensar en las historias que le había contado su abuela, sobre el hermano de su esposo, que se encolerizabb ante los pelirrojos y luego las que oyó de su madre sobre una serpiente que los atacaba y, más tarde, un halcón que los respetaba. Y ahora tenía ante sí una noble dama que los alimentaba. Fue entonces cuando se preguntó si no sería cierto aquello que le había contado su madre y que recibió de su abuela, sobre las almas que migran de unos cuerpos a otros y contra mas justas son más alto se elevan. La belleza de aquella dama y su bondad le hacían pensar que allí donde ella estaba, estaba el Edén. Tal como lo recibió de su madre lo contaría a sus hijos y así, siglo tras siglo, la doctrina de los cátaros, convertida en leyenda ha llegado hasta nuestros días. Yo escuché esta historia narrada en el Marne por una marquesa occitana cuya familia había emigrado del Languedoc tras la Segunda Guerra Mundial, huyendo de la "depuración". Lo que en un tiempo fue una teología completa y convincente, con el paso del tiempo terminó transformándose en una creencia exótica enunciada de forma ingenua.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

El caso Taxil - masonería, sexo y erotismo...

Infokrisis.- El carácter católico de la franc-masonería originaria es tan indiscutible hoy como el trabajo realizado por los protestantes en su interior tras la dimisión de Christopher Wren al frente de los gremios operativos. Anderson y Desaguliers sustituyeron los contenidos católicos por un vago moralismo religioso inspirado en el cristianismo. Hasta que un sector de la masonería francesa no lo cuestionó, la Biblia permanecía abierta en las páginas del Evangelio de San Juan. Se pedía a los afiliados que creyeran en Dios como "el Gran Arquitecto del Universo" y fueron muchos los católicos -como Joseph de Maistre y los primeros masones españoles- que militaron en las logias.

Pronto surgió el enfrentamiento con la Iglesia. Desde la Edad Media el papado había visto con recelo que alguién pretendiera arrebatarle el monopolio del terreno espiritual. Las órdenes militares (templarios, pero también hospitalarios y teutónicos) habían sido perseguidas por sus rituales y ceremonias secretas realizadas extramuros del catolicismo; otro tanto ocurrió con las hermandades artesanas. El "revival" de la masonería en el siglo XVIII, que conservaba todavía su carácter esotérico e iniciático, avivó los recelos y las desconfianzas. Fue así como el papado encargó al Santo Oficio la represión contra la orden masónica, "por causas que solo nos sabemos", como decía la bula papal.

Esta represión fue utilizada como excusa por el sector laico de la masonería que pretendía excluir el esoterismo y los ritos iniciáticos de la orden. A partir de finales del siglo XVIII y en el último cuarto del siglo XIX, la masonería impulsó distintas corrientes anticatólicas: positivismo, ateismo, republicanismo, laicismo, etc. que tenían como denominador común el "librepensamiento".

En todo Occidente los librepensadores estaban mayoritariamente ligados a las logias y adoptaron a la Iglesia como "enemigo principal". Esto se tradujo en medidas espectaculares contra el clero: desamortización de Mendizabal en España, y medidas parecidas en Francia, ocupación de los Estados Pontificios por los revolucionarios masones y carbonarios italianos, etc. La iglesia reaccionó: todo lo que no estaba con ella, estaba contra ella. Todo lo que estaba contra ella, era obra de Satanás. Luego, la masonería era obra de Satanás; tal era el razonamiento del papado que se apoyaba en un anticristianismo efectivo del sector mayoritario de la masonería. Este clima enrarecido fue caldo de cultivo para personajes de baja catadura que se aprovecharon del encono recíproco entre masonería y papado. Leo Taxil fue uno de ellos, no el único, pero sí el que más ligado está a la mitología de una masonería satánica.

Su verdadero nombre era Gabriel Jogand-Pagés y ya desde muy joven había mostrado sus habilidades mistificadoras. En Marsella, su ciudad natal, publicó que las aguas del puerto estaban infestadas de tiburones; centenares de marineros se lanzaron en busca de los escualos armados con arpones; todo era una falacia. Apenas era un adolescente y ya había dado que hablar. El padre de uno de sus compañeros de estudios era franc-masón y el joven Jogand-Pagés se interesó por la asociación. Este caballero disponía de una buena biblioteca con algunas obras de inspiración católica que consideraban a la masonería como el brazo ejecutor del diablo contra la cristiandad. A partir de entonces Jogand-Pagés jamás apartaría de su cerebro la supuesta relación entre logias masónicas y culto diabólico. En esas fechas ya está comprometido con republicanos radicales y pretende ganar Bélgica donde se encuentran exiliados dirigentes de esta corriente. Detenido en la frontera es enviado a un correccional donde conocerá a Frédéric Demetz, magistrado juez, discípulo del ocultista Fabre d’Olivet. Por ese mismo correccional había pasado hacía unos años, otro joven que luego daría mucho que hablar en medios esotéricos, Saint-Yves d’Alveydre. Cuando Jogand-Pagés recupere la libertad se habrá convertido en un apasionado del esoterismo. Poco después escribirá un folleto anticatólico dedicado a Demetz, en el que recomendará a quienes estén necesitados de una religión que se dirijan al judaismo, del que dice "está más próximo a la verdad". A los 16 años ha fundado en Marsella una "Joven Legión Urbana" compuesta por admiradores de Garibaldi y un periódico anticlerical "La Marotte", prohibido dos años después. Sus artículos ya van firmados con el seudónimo "Leo Taxil", Leo por el espartano Leónidas y Taxil quizás por ser el apellido de un notario, conocido de la familia. Tras la prohibición de "La Marotte", fundará otros semanarios, cada vez más radicales y virulentos que le hacen acreedor de una condena de nueve años de cárcel. Exiliado en Ginebra publicó la existencia de una ciudad romana bajo el lago Leman. Se hace franc-masón y librepensador; publica infames libelos contra el papa. Igualmente inicia una notoria carrera como estafador; sus "píldoras afrodisíacas", acompañadas de "propaganda inmoral" le hacen acreedor de vigilancia por parte de la policía suiza. En 1878, una amnistía le permite regresar a París y continuar con sus libelos antipapistas; la policía lo contrata como confidente y delator de republicanos extremistas, sin embargo, esto no le impide proseguir su tarea de divulgación anticlerical. En la rue des Ecoles de París abre una librería especializada en estos temas. Para él es un período extremadamente fecundo en el cual entrega cada tres meses un libro a la imprenta. ¿Los títulos? "Los crímenes del clero", "La hija del papa", "Los amores secretos de Pío IX"... algunos van prologados por el mismo Garibaldi. El invento de Taxil es asociar anticlericalismo a pornografía; el éxito está asegurado. En 1880 ingresa en la logia "El Templo de los Amigos del Honor Francés" de París. La ceremonia de iniciación tendrá lugar el 7 de febrero de 1881, pero un año después el Secretario General de la Orden le prohibirá realizar conferencias en el interior de las logias. Durante ese tiempo, distintos autores -entre ellos los franc-masones Víctor Hugo y Louis Blanc- habrán interpuesto querellas judiciales contra Taxil por plagio. El 23 de abril de 1881, cinco días antes de la prohibición, había sido condenado por plagio de un texto de Auguste Roussel. En enero de 1882 es tachado de "indigno" y expulsado de las logias. A partir de ese momento se inicia un período de crisis para Taxil. La tirada de su revista, "L’Anti-Clerical" pasa en pocas semanal de 67 a 10.000 ejemplares de tirada. Sus nuevos libelos ya no tienen el éxito de antes y el 30 de julio de 1884 su librería es declarada en quiebra.

Taxil decide dar un golpe de timón. A finales de 1884 empieza a encontrarse secretamente con jesuitas. Su tía, Josephine Jogand, monja en Lyon, ha servido de mediadora. El 23 de abril de 1885 se convierte al catolicismo y dos meses después publica su retractación en su propia revista "La Républica Anti-Clericale". Realiza un retiro espiritual y luego se confiesa. Liquida los restos de su librería y se reconcilia con su mujer. No por ello dejará de ser vigilado por la policía que, a partir de ahora, lo controlará en su nueva condición de posible monárquico. Algunos católicos pagan sus deudas y le ofrecen trabajo en la Librería de San Pablo. Los jesuitas, sin embargo, siempre desconfiarán de él. La nunciatura apostólica le conmina, sin embargo, a que coloque sus actitudes como periodista al servicio de la iglesia. Y así lo hará, aparentemente.

Sus libros -más de una docena, uno de ellos dedicado a la masonería española- fueron traducidos y editados en multitud de idiomas. En castellano se hicieron diversas ediciones baratas y la propia iglesia favoreció su difusión. En 1885 aparecieron "Los Hermanos Tres Puntos", "El Culto al Gran Arquitecto" y "Las Hermanas Masonas". A estos seguirá una refundición de textos antimasónicos vaticanos al año siguiente. Massimo Introvigne afirma con razón: "En pocos meses Taxil había puesto en manos de los católicos franceses un arsenal antimasónico completo". Sin embargo, esto no le impide enfrentarse a la corriente anti-masónica de Edouard Drumont de carácter politico y antisemita. Hasta aquí no hay ninguna "revelación" que pueda tacharse de falsa. Taxil ha publicado todo aquello que sabía sobre la masonería y que había conocido a lo largo de sus años de relación con republicanos, carbonarios, franc-masones y librepensadores. Su trabajo había consistido en ordenar el copioso material de que disponía y servirlo por entregas. Pronto comprendió que su público necesitaba "revelaciones" más fuertes...

Taxil intentó huir siempre del antimasonismo político; no estaba claro cual iba a ser su futuro y, en cualquier caso, iba a cuestas de opciones monárquicas y conservadoras de dudoso futuro. Sin embargo, sostener su antimasonismo en cuestiones religiosas era más prometedor: la Iglesía había existido durante 1800 años, estaba extendida a todo el orbe y, disponía de fuentes inagotables; aseguraba, por lo demás, un mayor campo de aplicación. Poco a poco, Taxil fue deslizándose por la senda que llevaba a denunciar la masonería como agente satánico. Pero aquí le faltan los datos objetivos. Carece de pruebas de que se practiquen cultos satánicos en las logias... y no duda en desarrollar temas que ya había tocado antes y darles un matiz siniestro; vuelve a sus orígenes de pornógrafo y les añade un toque erótico. Así, en uno de sus primeros libros como católico, había hablado de una supuesta "Orden del Palladium", de la que se ignora cualquier otro dato; esta orden estaría hoy próxima de los movimientos femenistas más moderados. Pero en libros siguientes, el papel de esta orden irá creciendo hasta convertirse en la "Alta Masonería Luciferina".

El año 1891 fue importante para la historia del satanismo. Huysmans publicó "Allá abajo" su célebre obra sobre los ambientes satánicos de París. El impacto causado desplazó el interés de la opinión pública de la masonería al satanismo. Taxil tuvo la habilidad de conjugar estos dos elementos con el tercero, la erotomanía. A partir de esa fecha, las obras de Taxil toman un giro radical; empieza a defender la tesis de que la masonería de "a pié" lo ignoraba todo sobre quien dirigía efectivamente la orden. A partir del Grado 33 los "grandes maestres" practicaban un culto satánico denominado "paladismo" dirigido por Albert Pike. Los franc-masones, dirigidos por una gran sacerdotisa, invocaban al diablo.

Esta mistificación no pudo hacerse sin complicidades de los más altos vuelos; Bataille, como Taxil, disponían de informaciones de primera mano, excepcionalmente confidenciales que utilizaron diestramente y cuyo origen jamás ha sido completamente esclarecido.

Bataille afirmaba que el Paladismo había sido promovido a partir de la aparición de Satán en julio de 1870 en Milán y fundado el 20 de septiembre de 1870, día en que las tropas italianas ocuparon Roma. En esa fecha se instituyó en Charleston el papado satánico ocupado inicialmente por Albert Pike y luego por Adriano Lemmi, Gran Maestre de la masonería italiana. El "jefe político" era Mazzini, figura destacada del carbonarismo italiano. Los mormones no se salvaban de las sospechas de satanismo; Bataille sostenía que Pike estaba en relación con John Taylor, tercer jefe de la iglesia mormona, supuesto franc-masón de "Rito Moabita". Alice Booth, fundadora del Ejército de Salvación, sería con Taylor, Pike, Giosué Carducci (poeta autor de un "Himno a Satán"), John Yarker (masón disidente) y Ettore Ferrari, la dirección mundial del paladismo. En Charleston se guardaría la "reliquia de Saint Jacques", restos del cráneo de Jacques de Molay, el último maestre templario que "una vez al año, vomita llamas". También se encuentra el auténtico "Baphomet" templario. Bataille, se hace iniciar en la masonería luciferina y tiene acceso a lugares secretos. En Gibraltar, recorre el interior de la roca por subterráneos fantásticos en los que asesinos, blasfemos, tullidos, violadores y psicópatas trabajan en fabricar venenos y armas mortíferas, pagados por el diablo.

Bataille, más que Taxil, es el inventor de "Diana Vaughan". La describió hermosa y pervertida. Su padre la inició en 1883 en la secta y al año siguiente ya ocupa uno de los altos grados de la orden. Taxil daba todos los detalles sobre estos ritos e incluso dió el nombre de esta "gran sacerdotisa": Diana Vaughan (su apellido correspondía al de un famoso alquimista inglés), hija del demonio Bitrú, iniciada en una logia americana en la que fue poseida por el diablo Asmodeo. Todo este cúmulo de despropósitos iba acompañado de descripciones pornográficas  -"sicalípticas" en el lenguaje de la época- en las que la gran sacerdotisa satánica era una ardiente lesbiana cuyo morbo era copular manteniendo una hostia en la vagina.

En ese año -1891- Taxil recuperó la relación con otro personaje, habitualmente complicado en mistificaciones pornográficas, Charles Hacks, alias "Doctor Bataille". Con este seudónimo, Hacks escribió, a petición de Taxil, casi 5000 páginas, en forma de folletín, sobre "El Diablo en el siglo XIX". La obra se iniciaba con su ingreso en la masonería en el Rito de Menphis-Misraïm que era la antesala de una orden de masones luciferinos, la "Orden de los Re-Teurgos Optimates". En sus viajes al rededor del mundo, el "Doctor Bataille" había tenido ocasión de conocer una "franc-masonería cabalística china", templos luciferinos en la India y Ceylán, evocaciones a Belzebú por parte de Albert Pike, Gran Maestre de la masonería americana, mormones satánicos y un largo cúmulo de despropósitos. Bataille distinguía entre "satánicos", adoradores del mal y "luciferinos" que consideraban a Lucífer un dios bueno, rival de Yavhé. El satanismo universal estaba dirigido desde Charleston y el propio Satán aparecía una vez por semana todos los viernes. En 1885 es investida Gran Maestre del Temple y recibe la "Cola del León de San Marcos", símbolo de su poder. 

En 1892 Taxil y Bataille se asociaron. La "conversión" de Hacks-Bataille fue tan notoria como la de Jogand-Taxil, en ambos casos se trataba de librepensadores notorios. Ese año, Hacks publicó un libro de contenido librepensador, "Le Geste" y al poco vió la luz "El Diablo en el siglo XIX", firmado por Bataille. Taxil, a todo esto, publicaba libros católicos, mientras su esposa aprovechaba el material de la anterior etapa y publicaba libros anticristianos.

Cuando se llega a 1893 resulta evidente para muchos que el duo Taxil-Bataille ha llegado demasiado lejos. Los medios católicos ortodoxos ya han empezado a publicar algunas obras mesuradas sobre el diablo y empiezan a denunciar las supercherías de Taxil. También ocurre lo contrario, algunos publicistas abispados intentan aprovechar la ola de "paladismo" para lanzar al mercado sus invenciones. Cuando en 1895 Taxil publique una nueva obra sobre el paladismo la confusión y las pasiones desencadenadas a favor y en contra de su obra, de la iglesia y de la masonería, habrán alcanzado las más altas cotas hasta el punto de que al investigador le resulta extremadamente difícil encontra material no "contaminado" por las luchas fraccionales. Para colmo, ese año fue el de la conversión de Diana Vaughan al catolicismo.

Todos estos golpes de efecto no impiden que los grupos antimasónicos, pero también anti-taxilianos, se hagan con el control del Congreso Antimasónico de Trento, celebrado del 26 al 30 de septiembre de 1896. Un año más y todo empezará a derrumbarse para los mistificadores. Bataille reconoce en una entrevista a la revista "L’Univers" y en carta a la revista antisemita de Drumont, "La libre parole", en donde reconocía que todo había sido un burdo engaño para mofarse de los medios católicos. Admitía ser ateo y miembro de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas de Francia, que abandonó por no creer en "lo sobrenatural". Taxil y Diana Vaughan respondieron que Bataille había sido comprado por los franc-masones, pero ambos eran conscientes de que sus días de gloria estaban a punto de terminar. En marzo de 1897, Diana Vaughan promete nuevas revelaciones y Taxil convoca una conferencia para el 19 de abril en la Sociedad de Geografía; allí Diana será presentada en público.

El auditorio estaba dividido en dos sectores; Taxil se preocupó de que todos dejaran sus bastones y paraguas en el hall, preveyendo lo que podría ocurrir. Los ánimos estaban caldeados. Al poco de iniciar su alocución, Taxil confesó cínicamente que se "había enrolado bajo la bandera del Vaticano para mistificar"... le encantaban las bromas. Explicó con detalles los pasos para lograr que su confesión fuera creible y como tuvo que hacer esfuerzos para no reir a mandíbula batiente. En cuanto a Diana Vaughan, se trataba de una secretaria guasona a la que divertía extraordinariamente cartearse con obispos y cardenales. El discurso terminó como empezó, cínicamente: "En mi confesión general al jesuita de Clamart me acusé de un asesinato imaginario. Yo os anuncio ahora otro crimen. He cometido un infanticiio. El paladismo, ahora, está muerto y bien muerto. Su padre acaba de asesinarlo". En cuestión de 45 minutos, toda la literatura antimasónica y antisatanista de cinco años, voló en mil pedazos. En la platea la confusión fue indescriptible, católicos irritados, franc-masones airados y librepensadores bromistas, reaccionaron como se esperaba de ellos, los primeros a golpes y los últimos aplaudiendo. Todos los personajes que tuvieron que ver con la historia muerieron o desaparecieron sin dejar huellas. Taxil falleció en 1907 después de seguir escribiendo novelas anticlericales y pornográficas con distintos seudónimos. La presunta Diana Vaughan, desapareció sin dejar huellas. De Bataille-Hacks no volverá a saberse absolutamente nada.

El mistificador confesó el engaño, luego ¿todo era falso?. Existen muchos puntos oscuros en esta historia. Los libros de Taxil agrupan tal cantidad de información, buena parte de la cual es auténtica, que resulta difícil pensar que él solo hubiera podido agruparla, sobre todo en solo unos años. Por otra parte, si sus argumentos esperpénticos contribuyeron a ridiculizar la credulidad de la Iglesia, tampoco la masonería resultó bien parada. Aun hoy, hay investigadores muy serios que afirman que el papel de Taxil consistió en ridiculizar la posibilidad de una masonería satánica, a través de la exajeración y el exceso. Pero que esto no implicaba que no existiera; simplemente se habría tratado de una corriente de humo para evitar una investigación verdadera y más profunda. El resultado final del "affaire" Taxil fue que, tanto la masonería como la iglesia resultaron desprestigiados. Si la paternidad del delito corresponde a aquel que resulta beneficiado, ni la masonería, ni la iglesia, ni el propio Taxil, puede decirse que obtuvieran grandes beneficios, sino todo lo contrario. Algunos han resaltado el hecho de que la caricatura de un culto masónico-luciferino solo beneficio al propio diablo, cuya gran treta es demostrar que no existe... Autores que conocen perfectamente la temática masónica y que, por lo demás, fueron ellos mismos franc-masones, caso de René Guenon, Arturo Reghini, Jean Robin, discípulo del primero, son de esta opinión. En cualquier caso, reconocemos que el estado actual de la cuestión sobre el "affaire" Taxil es decepcionante: no se sabe si el mixtificador tuvo inspiradores ocultos, ni a cuenta de quien jugaba la partida. Posiblemente se tratase solo de un histrión, psicópata (la mitomanía suele ir asociada al carácter psicópata y recuérdese la definición que Charles Hacks dió de su asociado cuando, tras retractarse, se le preguntó su opinión "carácter extremadamente complejo") atrapado en su propio juego: la necesidad de ir más allá para seguir gozando de popularidad y fama. Pero la historia del asunto rebasa los medios limitados de dos hombres con ganas de fama y dinero; ni Hacks, ni Taxil, se beneficiaron extraordinariamente con todo el asunto. Haks desapareció sin dejar rastro y, en cuanto a Taxil, tras la conferencia de la Sociedad Geográfica, debió seguir escribiendo libelos anticlericales para poderse mantener. La cuestión que planea tras el asunto es si tras la masonería existe (o existión) algún culto satánico o luciferino. La respuesta en principio es negativa en cuanto a las referencias satánicas. En cuanto a las relaciones con movimientos o creencias luciferinas, ya es harina de otro costal.

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"Comeos los unos a los otros...". La religión del canibalismo y el sacrificio humano

Infokrisis.- En junio de 1980 fue detenido en París Isei Sagawa, estudiante. Había cortado las nalgas de su amiga holandesa, a la que acababa de matar, con un cuchillo eléctrico -made in Japan, por supuesto- y las había cocinado al curry. Unos años antes los supervivientes del avión de LAN Chile desaparecido en los Andes revivieron el drama de la balsa del "Medusa" inmortalizado por el cuadro de Louis David. En ambos casos supervivientes de una catástrofe debieron devorar los cadáveres de sus compañeros para poder no morir de hambre. Sin embargo, estos tres casos son atípicos en relación al canibalismo y a los sacrificios humanos.

En Noviembre de 1995, el alpinista César Pérez de Tudela, junto al profesor Vicente Martínez, especialista en tribus indígenas, se toparon en Nueva Guinea con lo que parece ser la última tribu de caníbales identificada. Con el apoyo institucional del Príncipe de España y de la Comunidad Autónoma de Madrid, esta expedición supuso un verdadero hallazgo antropológico. Después de un mes de búsqueda y de indecibles penalidades, Pérez de Tudela y Vicente Martínez, encontraron poblados situados en las fuentes de los ríos de Irian Jaya en Nueva Guinea, cuyos habitantes, desnudos y viviendo en los árboles, jamás habían tenido contacto con la civilización. Las autoridades tenían ligeros indicios de que aun practicaban la antropofagia. La expedición española vió numerosas cabezas cortadas a las que habían devorado partes de sus cuerpos. Un misionero desaparecido en esa zona meses antes había sufrido idéntica suerte. Al ser nómadas, estas tribus son de difícil localización; las regiones que recorren, muy insalubres, están habitualmente azotadas por la malaria. Pérez de Tudela y sus acompañantes, habían encontrado a los últimos caníbales del planeta. Hubo un tiempo en que la costumbre de comerse los unos a los otros estuvo extraordinariamente extendida...   

Una vieja leyenda guineana explica que un halcón sobrevoló la cabaña del jefe de una tribu centroafricana y dejó caer en el caldero el trozo de carne que llevaba entre las garras. El reyezuelo quedó encantado con el guiso y ordenó a su cocinero que lo reprodujera. Como éste no pudo, el rey le cortó la cabeza y la arrojó al caldero; solo entonces su paladar se vió satisfecho. Tanto le gustó el guiso que cada día sacrificó a un esclavo; cuando estos se agotaron, cotinuó enviando al caldero a sus vecinos, luego a los familiares y, finalmente, él mismo cortó trozos de su propia carne para cocinar con ellos el suculento menú...

La moraleja enseña que el canibalismo solamente es permisible si se somete a unas reglas capaces de contenerlo en los límites de lo sagrado. El canibalismo es tan viejo como el hombre; no se ha practicado en todas las culturas, pero aun hoy sigue vivo y activo en rincones olvidados del planeta. La incidencia del canibalismo es irregular; una tribu lo practica y la vecina lo ignora. No puede atribuirse a un déficit de proteinas, no es, desde luego, una peculiaridad gastronómica sino un acto religioso. El canibalismo es una forma de sacrificio humano y por tanto, también un acto sagrado. Sacrificar quiere decir exactamente "hacer sagrado". El canibalismo es una forma extrema de sacrificio humano en la que, no solo los dioses se benefician del alma, sino que los hombres aprovechan la vitalidad de la víctima. Ninguno de estos ritos están motivados por la crueldad, sino por la piedad: la víctima, al ser sacrificada, obtiene un destino mejor que el que le esperaba en vida, entra en contacto con el mundo de los dioses; la comunidad, por su parte, gracias al sacrificio, restablece el equilibrio cósmico y satisface a los dioses tutelares.

PARA QUE SACRIFICAR

Los motivos que llevan a un pueblo a realizar sacrificios humanos o a practicar canibalismo son diversos. Todos revisten la forma de actos litúrgicos si bien su intencionalidad es diversa. En general, el sacrificio humano intenta restablecer un equilibrio que se ha roto o asegurar la renovación de un ciclo que ha terminado. James Frazer ha visto en estos ritos un culto al Dios-año. Sacrificar supone, también, compensar. El sacrificio humano sacía la voracidad de los dioses y disminuye las tensiones de la sociedad. En ocasiones la misma víctima entendía que su sacrificio era necesario. Los europeos que asistieron a estos ritos en Africa se sorprendieron de la resignación y aceptación con que la víctima asumía su muerte. Los japoneses hasta no hace mucho se arrojaban con sus aviones sobre los barcos americanos del Pacífico, sin que nada perturbara su vida normal durante las semanas de espera; otro tanto ocurre actualmente con los comandos suicidas terroristas. En la antigüedad romana, un rito importado de Iberia, la "devotio", consistía en el sacrificio de un líder para obtener un triunfo, adorar al emperador o evitar una catástrofe. En el 362 a. de JC, por ejemplo, se abrió una grieta cerca del Foro, consultados los arúspices concluyeron que solo se cerraría si Roma arrojaba al mismo su tesoro más preciado. Curcio, armado y a caballo, tras rezar devotamente, saltó al foso. El sacrificio de uno -voluntario o forzado- beneficia a muchos.

Fenicios y cartagineses sacrificaban al dios de la guerra para obtener victorias. Cartago llegó a ofrecer en holocausto 200 hijos de su nobleza para pedir a Baal la victoria sobre Roma. Otros pueblos creen que la sangre humana bastará para detener epidemias. En un tiempo muy arcaico, en Escandinavia, se sacrificaban niños para detener la peste y más recientemente los incas utilizaban víctimas de entre 6 y 8 años. La fertilidad es otro de los efectos buscados mediante el sacrificio. Sangre y fragmentos de las víctimas fueron desperdigados por los campos en la India hasta el siglo XIX, buscando la exuberancia de las cosechas. En culturas africanas, humores y órganos de la víctima -frecuentemente niños- son utilizados en la preparación de brebajes mágicos. En 1949 fueron juzgados varios brujos de Leshoto por sacrificar a niños y utilizar sus órganos, una vez calcinados, para elaborar pócimas que debían traer virilidad a los varones de la tribu. También el orgullo y la posición social exigían sacrificios. El poderoso no quería emprender solo el viaje al más allá, sino mostrar su moder en el otro mundo. Esra una cuestión de "imagen". En China el año 506 a. de JC, Chu, un hombre notable, fue enterrado con cinco carros y cinco hombres vivos. La práctica de enterrar servidores reales sobrevivió hasta el siglo XIV durante el reinado de la dinastía Ming. A partir de entonces los nobles fueron enterrados con muñecos que, mediante un ritual mágico, era dotados de alma. En Japón se enterró a Yamato-Hiko, hermano del emperador con su séquito, vivo por supuesto; las crónicas cuentan que "Tardaron varios días en morir y se les oía gemir y llorar".

En ocasiones resulta difícil distinguir entre una pena impuesta por un delito y un sacrificio humano. ¿Cómo hay que llamar a los autos de fé inquisitoriales? ¿o cómo debemos considerar el sacrificio de dos soldados por Julio César en el año 46 a. de JC, para castigar un motín y aplacar al dios de la guerra? Tras el terrorismo ciego e insensato ¿acaso no existe un poso fatánico? La propia palabra fanático es significativa, procede de "fanum", templo. Lo irracional del terrorismo entronca con la concepción ancestral de los sacrificios humanos que persiguen obtener algún beneficio mediante el ofrecimiento de vidas humanas.

BUENAS RAZONES PARA COMER AL VECINO

El canibalismo estaba motivado por razones diversas. Buscaba obtener un efecto preciso. En general, se trataba de absorver la energía vital del difunto que unos pueblos situaban en el hígado, otros en el corazón, algunos en el cerebro y muchos en la sangre. El mito de los vampiros, en el fondo, no es sino una variante del canibalismo, donde lo que se absorbe es el fluido vital que se vehiculiza en la sangre. Algunos pueblos primitivos que practican cultos totémicos, tras matar al animal-totem, comen alguna de sus partes, frecuentemente su sangre. Los virólogos tienen la certidumbre de que estos ritos totémicos en Africa Central provocaron la transmisión de enfermedades infecciosas al hombre; esta es al menos la hipótesis oficial sobre el origen del S.I.D.A., que luego los inmigrantes trasladaron al Caribe y de ahí, vía EEUU, se universalizó.

En ocasiones se trata de poner al difunto al servicio del brujo o chamán. Algunos cultos afro-brasileños o afro-caribeños siguen realizando estos rituales bárbaros, tal como demuestra la película "Perdita Durango". Se trata de ofrecer a la víctima una muerte horrenda en la que interesa que sufra lo más posible y se mantenga consciente hasta el final de su martirio. Con ello se pretendía que el alma del muerto tuviera miedo del sacerdote sacrificador y aceptara ponerse a su servicio. Otras culturas consideraban que el alma de los difuntos se apegaba a los huesos y solo mediante el sufrimiento se desprendía de ellos para cumplir el encargo mágico que se le requería.

En todos estos casos el momento clave del sacrificio era aquel en el que la víctima expiraba: ahí coincidía un momento en que el mundo de los vivos entraba en contacto con el de los dioses, con la víctima como emisario y puente.

Los antropólogos creen que el sacrificio de animales precedió al de seres humanos y fue solo cuando se abandonó el totemismo -culto a los tótems, animales frecuentemente- para concebir un dios antropomórfico que los sacrificios de animales dieron paso a los sacrificios humanos: el dios pedía la sangre de lo que era semejante a él. En algunas formas de concebir estos sacrificios humanos, la víctima no solamente era intermediario entre Dios y la Humanidad, sino que pasaba a ser la encarnación misma del dios.

NUESTRAS PARTES MAS SABROSAS

Hoy nadie duda que el canibalismo no es una excentricidad dietética, ni la búsqueda de un complemento proteínico, sino un rito sagrado. No todas las partes del cuerpo son igualmente apreciadas. En Nueva Guinea, quien mataba a alquién tenía el derecho de comer su hígado; allí residía el "espíritu" del difunto. En el Norte de Nigeria, la cabeza de la víctima estaba reputada de ofrecer masculinidad. Entre los yoruba solo el rey tenía derecho a comer el corazón. Los ritos caníbales de los indígenas de Nueva Guinea horrorizaron al Capitán Cook; pudo ver como el sacerdote oficiante comía los ojos de la víctima; en Java se los tragaba, mientras que en Hawai la cabeza y las extremidades eran seccionadas y distribuidas entre los jefes de los clanes y el resto del cuerpo, troceado, se repartía entre los inferiores. Sorber el cerebro del muerto es una tradición que aparece en distintos pueblos del paleolítico, incluso en Europa.
    El canibalismo nunca ha desaparecido del todo en Africa. Se sabe que Bokassa, el improvisado emperador centroafricano, o el dictador guineano, Macías, solían practicar la antropofagia para fortalecer su poder y dominio sobre la comunidad. Del "emperador" Bokassa se cuenta que llegó a ofrecer, el día de su coronación, un manjar exquisito preparado con carne humana al entonces presidente de la muy racionalista República Francesa, Valery Giscard d’Estaing. Lo más terrible es que se cuenta que Giscard no rechazó el guiso. En cuanto a Macías debió afrontar la acusación de canibalismo en el proceso que lo condenó a muerte. Hoy se tiene la certidumbre de que el canibalismo experimenta un nuevo y extraordinario revival en algunas zonas del interior del Africa Subsahariana.

Cocida, cruda o a la brasa, la carne humana se ingiere según complicados rituales religiosos. En el Zaire, poco antes de la independencia, un oficial belga fue hecho prisionero, despedazado y comido crudo. Mas sofisticación gastronómica tenían los ritos caníbales practicados en las riberas del río Magambi; allí los mercados de esclavos ofrecían seres humanos depauperados cuyos compradores los engordaban para luego devorarlos en el curso de rituales bárbaros. En Nueva Guinea se cocía a la víctima, pero el rito solo podía realizarse en un manantial de agua hirviente; no valía utilizar el consabido caldero. Entre los ganawuris la carne de sus prisioneros solo podía ser devorada por los ancianos, los jóvenes solo tenían derecho a huntarse con el caldo oleoso surgido de la cocción. Los guerreros zuperis daban las cabezas de las víctimas a sus padres y ellos se limitaban a lamer la sangre que rezumaba.

LOS NIÑOS PRIMERO...

En las ruinas de Cartago, cerca de Túnez, los arqueólogos descubrieron los restos de 6000 niños carbonizados; al parecer los cartagineses habían realizado allí sacrificios al dios Baal cuando presintieron la derrota contra Roma en el curso de la Tercera Guerra Púnica. Sus primos hermanos, del otro extremo del Mediterráneo, los judíos, practicaron abundantes sacrificios de niños. Al llegar a la tierra prometida, los judíos, siguiendo las costumbres egipcias, apenas practicaban sacrificios humanos. Sin embargo, antes y después de su paso por la tierra de los faraones destacaron como implacables sacrificadores. Se conoce la historia bíblica de Abraham a punto de sacrificar a su primogénito, Isaac; la orden divina sorprendió al patriarca, más por tratarse de su hijo, que por ser un sacrificio humano. Una vez en Palestina, el culto a Yavhé se confundió en algunos períodos con el culto a Baal, dios sediento de sacrificios humanos. Ezequiel se lamentaba de que Israel sacrificara su prole a ídolos paganos. En el siglo VIII a. de JC alcanzaron su punto culminante y solo cesaron con la destrucción del Templo. El lugar de sacrificios se llamaba "tofet", de "tofin", estrépito; en efecto, para acallar los gritos de los niños sacrificados, se hacían sonar estruendosos instrumentos.

Hasta principios de este siglo, prosiguieron las sospechas de que el pueblo judío realizaba sacrificios humanos. Grupos antisemitas afirmaron que el propio hijo del famoso aviador Charles Limberg, había sido muerto por su secuestrador, Bruno Hauptman, en el curso de un sacrificio ritual. Julius Streicher, dirigente del partido nazi, escribió un libelo sobre los "Crímenes Rituales Judíos" que fue reeditado en Argentina en el período de la Junta Militar, en plena "guerra sucia". Se trataba de una acumulación de medias verdades, rumores e informes de escasa credibilidad. La sombra del sacrificio de niños ha perseguido siempre a los judíos; recuérdese el caso del "Santo Niño de la Guardia" o de Santo Dominguito de Val, arquetipos de la leyenda urbana medieval y renacentista en función de la cual se justificaron "pogroms". Siempre, el tema es el mismo: un niño cristiano, menor de siete años, secuestrado por judíos, al que le infringen las mismas torturas y muerte descrita en la pasión de Crísto. En Barcelona, se repite la misma leyenda en la figura de San Mauret, crucificado por los judíos en el barrio del Call.

Los sacrificios de niños no son cosa del ayer. En 1909 las tropas coloniales inglesas detuvieron a varios individuos en Bombay acusados del horrendo crimen para obtener la fertilidad de sus mujeres. En 1924, también en la península indostánica, se ofrecían niños a Thlen, diosa-serpiente, como alimento para que la familia prosperase; si la diosa no tenía esa satisfacción, traía el hambre y la enfermedad. Lo más espeluznante, según se evidenció en el juicio que tuvo lugar en Assan, era que antes del sacrificio se les cortaba a los niños las yemas de los dedos con unas tijeras de plata. En otros lugares se sacrificaba al primogénito, recién nacido, para congraciarse con la diosa de la fertilidad y obtener abundante descendencia.  Más terrible si cabe era la costumbre dravídica de inmolar a hijos de familias humildes, para que pudieran concebir las madres de los pudientes. Se quemaba a los niños y  el humo debía ser olido por las mujeres que deseaban concebir. En Australia la madre mataba y devoraba al primer hijo para obtener más. En la India pre-védica, si una mujer tenía hijos y quería más, debía sacrificar al primero. Los thugs, feroces sacrificadores, también sacrificaban al primer hijo al dios de la destrucción, Mahadeo.

El paraíso hawaiano no se vió libre de estas atrocidades. El infanticidio era frecuente y los recién nacidos las piezas más cotizadas. Se les consideraba los mejores intermediarios entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Pero fue en Méjico, donde una vez más, el frenesí de sacrificios humanos alcanzó su cénit, también entre los niños. En Tehuacán, a 200 km. de Méjico, se encontraron restos de niños quemados, con la cabeza separada del tronco. Los cráneos habían sido tostados tras sorberle los sesos. En Tlatelolco, un barrio del Distrito Federal, se encontraron dibujo de niños y adultos, con el pene perforado, desprendiendo sangre. Así se cultivaba la bondad del dios de la lluvia. En el momento del sacrificio, si los niños lloraban, sus lágrimas indicaban que llovería.

El niño, por su corta edad, no es un ser "desgastado", su novedad es amada por los dioses. Así mismo, su nacimiento reciente indica que ha estado en contacto con los dioses en el período prenatal y es el mejor intermediario entre ellos y la humanidad. Ser niño en estas culturas no era ninguna ganga.

PRIMERA PIEDRA Y PRIMER SACRIFICADO

El enterramiento de niños y adultos, frecuentemente vivos, en los cimientos de los edificios fue la forma más antigua para consagrar y proteger edificios. Esta modalidad de sacrificio humano estuvo extremadamente difundida en todo el mundo. En todas partes se pretende que el alma del difunto proteja al edificio. En la ciudad birmana de Tavoy fueron encontrados cadáveres bajo los postes de entrada de la ciudad; se trataba de delincuentes enterrados vivos en agujeros para convertirlos en guardianes de la ciudad. La costumbre estaba extendida incluso por Europa Central. En 1906 se descubrieron bajo las cimientos del antiguo puente de Bremen en Alemania, el cadáver de un niño colocado allí para proteger la construcción. La costumbre de sacrificar un niño de padre desconocido y rociar con su sangre la tierra, aseguraba la protección del terreno sobre el que se edificaría un edificio.

En China hay restos de cuerpos sacrificados en los cimientos de edificios, desde los primeros tiempos de la dinastía Chu (1028 a 256 a. JC). En Japón se enterraban hombres en los cimientos de los castillos, en puentes e islas artificiales. Se les llamaba "hitobashira", literalmente, postes humanos. Los judíos tenían idénticas costumbres. En la apocalíptica llanura de Megido se ha encontrado una muchacha de 15 años muerta y enterrada bajo un edificio; era mucho más frecuente el caso de enterrados vivos. Otro tanto ocurría en Tailandia, donde al construir una ciudad se apresaban entre 4 y 8 transeuntes que eran enterrados vivos bajo las puertas de la ciudad. Serían sus ángeles guardianes.

Incluso en nuestro territorio se recuerdan tradiciones y leyendas que recuperan este tema universal. En el siglo XVIII se construyó el barrio barcelonés de la Barceloneta. Los escombros del Barrio de la Ribera, destruido tras la conquista de la ciudad por Felipe V, fueron arrojados al mar uniendo unos islotes surgidos por precipitación de las arenas traidas por los ríso Besós y Lobregat, con la costa. Dado que se había conquistado un territorio al mar, la diosa del lugar, "Dama Barceloneta", exigía sacrificios de niños. Cada cuatro años, un infante barcelonés era arrojado al mar en el interior de un pellejo de vaca. Así mismo, tras el primer incendio del Liceo, se decía que la tragedia ocurrió por no haber realizado el sacrificio expiatorio a los genios de la Tierra...

Cuando esta costumbre universal fue desapareciendo, ese rito propiciatorio fue sustituido por la ceremonia de colocación de la primera piedra. Esa piedra cúbica sustituye -ventajosamente, por lo demás- a la vida humana; la piedra, contiene en su interior, una multiplicidad de formas, de la misma forma que en el cuerpo de la víctima existen todas las potencialidades del ser, truncadas por el sacrificio.

DE LA ANTROPOFAGIA A LA TEOFAGIA

El cristianismo y otras religiones mediterráneas sublimaron el sacrificio humano y el canibalismo. Respetando el principio de una víctima propiciatoria que se sacrifica por la comunidad, ésta le transfiere los pecados de la comunidad y su muerte restablece el equilibrio. Adonis muere víctima del jabalí, Pan es troceado, Osiris descuartizado, Atis muerto, Dionisos despedazado y resucitado, Cristo, finalmente, torturado, crucificado, muerto y resucitado. El tema del dios hecho hombre, sacrificado por la salvación del mundo es mucho más antiguo de lo que parece. El sacramento de la Comunión extraido del contexto que le es propio, aparece como una forma de teofagia, lo que se ingiere no es una parte de la víctima, ni siquiera la víctima hecha dios en el proceso de su sacrificio, sino más bien, la carne y la sangre del Dios hecho Hombre. Se trata de una variación sobre el mismo tema.

El origen de la momificación es significativo. En un primer momento los egipcios practicaron el culto a la cabeza, más tarde, lo sustituyeron por la momificación cuyos ritos eran la copia exacta de los que Horus e Isis practicaron sobre el cuerpo de Osiris. Osiris, engañado por su hermano Seth, había sido despedazado; su esposa y su hijo, lograron recuperar trece de los catorce fragmentos del cuerpo de Osiris; les faltaba el sexo. Una vez recuperado el cuerpo de Osiris fue envuelto en vendas y resucitó en el reino de los muertos. No se tiene la seguridad de que los egipcios practicaran en algún momento el canibalismo. El hallazgo de huesos con restos de haber sido descarnados y huellas de dientes en el Egipto predinástico es poco significativo. En el año 3000 a. de JC el culto a los muertos alcanzó proporciones espectaculares en el Egipto de las primeras dinastías. El cráneo era la parte del cuerpo tratada con más cuidado; retirado el cerebro a través de los agujeros de la nariz, era cuidadosamente tratado al contener "materia anímica".

Entre los mochicas, existía una siniestra ampliación del corte del cuero cabelludo practicado por los indios norteamericanos. Se despellejaba todo el cráneo de los prisioneros a excepción de una pequeña franja de piel y músculo que permitía mover las mandíbulas para alimentarse. Los presos, al no poder mezclar los alimentos con saliva y comer solo menús muy ligeros adelgazaban hasta lo indecible adquiriendo el aspecto de esqueletos y calaveras. Sin embargo eran tenidos como seres sagrados, pues se consideraba que encarnaban irrupciones del reino de los muertos entre los vivos. Su rango era similar al de la divinidad.

Raros son los horizontes geográficos en donde en un momento u otro no se ha practicado la antropofagia o los sacrificios humanos. Europa no puede alardear de haber abandonado mucho antes que otros pueblos los sacrificios humanos: la costumbre ancestral expulsada por la puerta ha penetrado de nuevo por la ventana. Ayer se le llamó sacrificio humano, hoy se llama terrorismo. Una vez más se exige a víctimas inocentes el sacrificio por una noción abstracta -la "liberación nacional", cualquier fundamentalismo, una reivindicación de clase...- en la convicción de que sus muertes redimiran a la totalidad. La locura sigue siendo una irresistible prueba del conservadurismo humano que se resiste al cambio.

QUIEN ESTE LIBRE DE CULPA QUE DÉ EL PRIMER MORDISCO


Todos los pueblos de la tierra albergan un momento en el que sobre ellos planea la sospecha de haber practicado el canimalismo o realizado sacrificios humanos. En ocasiones estos se han abandonado para luego retornar con extrema ferocidad ante una situación nueva. En Roma desaparecieron en un tiempo muy temprano, casi en el período mítico, para reaparecer con posterioridad al irrumpir religiones orientales. En el ámbito nórdico-germánico hay pocas huellas más allá del sacrificio de Wotan en el Roble del Destino. Entre los pueblos mediterráneos fue muy frecuente y otro tanto entre las tribus dravidicas de la India. Los sacrificios humanos abundan más entre las culturas de caráter telúrico, totémico y ginecocrático, que entre las de carácter guerrero y viril. La Gran Madre exige muchos más sacrificios que el Dios Sol. Solamente en Mesoamérica se dieron sacrifios humanos al Sol. En Guatemala, el equipo perdedor en el juego de pelota, perdía también la cabeza que era ofrecida al Sol. Y otro tanto en Chizen-Itza. Pero incluso en América, la mayoría de sacrificios se realizaban a diosas-serpiente, la Madre Tierra o el dios-año (es decir al sol sometido a la ley de ascensos y descensos que cada día busca fuerza renovada ocultándose en el horizonte en el seno de la Madre Tierra).

En la playa de Ipatanga, en San Salvador de Bahia, Brasil, José Mauricio Carvalho, líder de la secta "Asamblea Universal de Santos", ahogó a ocho niños de 7 años a finales de los años setente. Arrojados desde lo alto de un acantilado en el curso de una ceremonia, Mauricio explicó que el sacrificio era para mayor gloria del dios de las aguas... Brasil es hoy una potencia atómica y un coloso económico, pero ni aun así ha logrado erradicar los ritos ancestrales. Los viejos dioses siguen exigiendo la misma sangre de otros tiempos.

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Andorra: cátara e independiente. Leyendas y tradiciones del País de los Pirineos

Infokrisis.- El poeta Jacinto Verdaguer dijo de Andorra que era "una fortaleza, poderosamente defendida, con sus torres avanzadas, sus troneras, sus torres de vigilancia, que la separan de sus alrededores". Así es, en efecto; las parroquias andorranas aparecen perdidas entre los valles pirenaicos y rodeadas de altísimas montañas. En la Edad Media, sus valles fueron incesantemente recorridos por los herejes cátaros que huían de la Inquisición. Su altura ha permitido que circulara la leyenda de que fue aquí donde Noé amarró el arca tras el diluvio...

En efecto, dice una tradición que, el primer punto de la tierra que se secó después del Diluvio fue la montaña del Font Argent a 2682 metros hacia el valle del Incles, NE de Andorra, pero fuera de sus límites. Allí se conserva una anilla de la que cuenta la tradición que sirvió para amarrar el Arca de Noé. El arca, escondida, está dispuesta a servir de refugio a los justos cuando vuelva a haber otro diluvio. Para protegerla de los curiosos soplan trece vientos que impiden el acceso. La anilla de Font Argent, durante la noche de San Juan se vuelve de oro mazizo. Todos la buscan esa noche pero nadie consigue encontrarla.

La anilla es, casi, como la presencia de cátaros en el Principado cuyas huellas son tenues, apenas visibles, pero no por ello inexistentes. Más aun, si Andorra es hoy el orgulloso país de los Pirineos, que conocemos bien, se debe al catarismo. El factor cátaro ha pesado tanto en Andorra que, la misma existencia del país está ligada a la aventura de los herejes.

El recuerdo de los cátaros se ha difuminado en estos altos valles de Andorra. El pueblo volvió a la fé católica, aun cuando debiera sus fueros a la herejía. La patrona de Andorra es la Virgen de Meritxell. Cuenta la tradición que los fieles de Meritxell bajaban a Canillo a oir misa. Un día vieron que entre las ramas de un árbol había una imagen de la Virgen con el Niño. Estaba rodeada de englantinas, flores que, como el edelweiss, aparecen en las alturas nevadas. Nadie dudó en el pueblo que se trataba de un milagro; bajaron en procesión la imagen a Canillo y la colocaron en el altar mayor de la iglesia. Al día siguiente la imagen desapareció y volvió a aparecer entre englantinas. Nevaba en abundancia pero no había nieve en torno a la Virgen. Se trataba de un milagro. Ahí se construyó el santuario. Desde 1873 es la patrona de Andorra. Pero la historia del principado arranca mucho antes, cuando no había más sacerdotes que los druidas, ni más culto que el profesado al Sol.

EN LOS ORIGENES DEL PRINCIPADO

Hasta el siglo XX no han existido carreteras en Andorra. Sin embargo los altos valles pirenaicos están habitados desde la noche de los tiempos. Bosch Gimpera afirmó siempre, a modo de evidente provocación, que la cultura pirenaica fue el punto de partida de la Civilización Occidental.

Cerca de Montferrier, no lejos de Andorra, un maestro de escuela, mientras paseaba con sus alumnos en una excursión científica, en el ya lejano 1939, encontró una mano perfectamente esculpida en piedra que, inequívocamente era un objeto de culto druídico. ¿Fue éste precedente el que hizo que se aceptara tan bien en Occitania la ceremonia del "consolamentum" que no era sino una imposición de manos?

El nombre de Andorra existía en tiempos romanos. Los bebricios, de raza celta, introdujeron la industria del hierro en los Pirineos. Su nombre quiere decir literalemente "hijos del hueso". Descendieron de Europa Central, badearon el Rhin y el Danubio, atravesaron los Alpes y los valles del Ródano, estableciéndose, finalmente, en el Sur de Francia y los Pirineos. Fundaron Berga, capital de los bergistanos, que se aliaron con los andorranos y luego con los araneses. Chispas de información, muy escasas y tenues, en la oscura noche de los tiempos.

EL ORIGEN DE LOS FUEROS Y LAS LIBERTADES ANDORRANAS

El Acta de consagración de la Catedral de Urgel del año 839,  conservado en la Sala Capitular de La Seo, constituye el primer testimonio escrito sobre la historia andorrana. En dicho documento se hace inventario de las tierras catalanas libres de dominación mora y bajo soberanía del Conde de Urgel. En total se citan aproximadamente doscientos topónimos.

En relación al Principado se dice textualmente "cedemos así mismo las parroquias del valle de Andorra que son la parroquia de Lauredia, y así mismo Andorra con Santa Coloma, la Samsa y Ordino, i también Encamp así como Canillo, con todas las iglesias y así mismo los pueblos correspondientes".

A mediados del siglo XII el señorío episcopal de Andorra era una realidad a pesar de que los condes de Barcelona y Urgel conservaran derechos particulares.

La historia de Andorra ha dependido, en parte, de la vecina Urgell. Se han encontrado monedas íberas en las que figura el nombre de "Orgia" u "Orgelia", ciudad principal de la comarca que ha devenido, con el paso de las centurias, Urgel. Urgel es, desde el siglo VI, sede episcopal. Andorra fue un feudo del conde de Urgel, detentado por el obispo de la villa. A medida que la reconquista fue recuperando tierras al Islam, el conde se desinteresó por estos valles, demasiado elevados y de difícil acceso; las tierras fueron cedidas al obispo para que éste las administrara. El clérigo, por su parte, encargaba el cultivo a los campesinos. Poco a poco, el obispo se convirtió en señor de los valles de Andorra y los enfeudó al señorío de Cabot (Caboet, Cabahó o Cabó).

ARNAU DE CASTELLBO, NOBLE CATARO.

La heredera de la familia Cabot, Arnalda, casó finalmente con el conde Arnau de Castellbó en 1185, con la oposición del obispo de Urgel. Arnau de Castellbó, fue consejero y miembro del séquito de Jaime I, desde 1217 hasta su muerte 1226. Era cátaro y nadie dudaba de sus opiniones religiosas, ni siquiera la inquisición que, cuarenta años después de su muerte, quemó sus huesos.

Arnau educó en el catarismo a su hija, Ermesinda, que transmitió a la Casa de Foix la herencia de Castellbó con sus derechos sobre Andorra. Ermesinda fue a casar con Roger IV de Foix-Castellbó. Su hijo Roger Bernat III -también fue señor de Bearn por su casamiento- fue terrible enemigo del obispo de Urgel. La guerra entre el noble cátaro y el obispo de Urgel fue larga y sangrienta para ambas partes.
 
En 1278 se estableció un "Pariatge", paz negociada, entre el obispo Pere d'Urxt y la nobleza local. El Rey Pedro II de Aragón, respondía de la ejecución del Acta y el papa Martín IV daba su aprobación. Este "Pariatge" es considerado como el primer instrumento jurídico del régimen de co-soberanía andorrano. Así puede decirse, en rigor, que la independencia del País de los Pirineos está íntamente relacionada a las luchas entre la nobleza cátara y e claro católico.

LA DAMA BLANCA Y LA IGLESIA CATARA

Pero sería un error pensar que solamente la nobleza local tomó partido por el catarismo. También existió feligresía herética en los valles de Andorra y, sobre todo, emigración occitana. En la "caunya", cerca de Arinsal se escondían los cátaros y la presencia de los "Bons Homes" ha quedado eternizada en las leyendas locales.

En Aubinya hay una cascada y, junto a ella, una casa señorial dominaba el camino de la Seo de Urgel. Allí vivía una mujer joven sola y vestida de blanco. Tenía fama de conocer las artes mágicas. Más de una vez había prohibido al obispo la entrada en su territorio. En cierta ocasión el obispo intentó cruzarlo, pero la "Dama Blanca" se le apareció en un claro de luna cerca de la cascada, lo encantó y lo introdujo en el bosque. Jamás se supo que había ocurrido, pero cuando el obiso volvió con los suyos su cabello había encanecido y jamás contó lo que había sucedido. El tiempo pasó y la dama no volvió a aparecer; todos la daban por ausente. Fue así como el obispo se atrevió a volver a Andorra. Justo al atravesar la cascada desapareció. Casi inmediatamente un lobo hambriento se enseñoreó de la comarca. El síndico, tras dura lucha en la que resultó herido, consiguió matar a la fiera, pero  no volvió a conciliar el sueño; las pesadillas le asaltaban en las noches hasta el punto de arrastrarlo al desasosiego y el agotamiento. Cuando estaba a punto de morir, apareció la fantasmal "Dama Blanca". Contó a los presentes que no estaba en su mano salvar al síndico, pero si las libertades de Andorra. La vida de síndico, explicó, haría sido robada por el obispo hechizado; él era el lobo. El síndico murió y la dama no ha vuelto a aparecer, pero desde entonces nadie ha osado atentar contra las libertades de Andorra. Y dice la tradición que si eso vuelve a ocurrir, la "Dama Blanca" volverá para defender el Principado.

El relato legendario tiene como centro la existencia de una "dama blanca". Muy frecuentemente los trovadores occitanos en su lenguaje velado se referían a la iglesia cátara como a una "blanca señora" hecha de amor. La ubicación histórica del relato legendario es la rivalidad entre el obispo de Urgel y la nobleza local. La figura del obispo no queda en absoluto favorecida en la narración. Todos estos elementos hacen que la leyenda adquiera un sabor catarizante. No es la única.

LAS LEYENDAS ANTICATARAS

Si la leyenda anterior responde perfectamente al ideario cátaro, también el clero católico consiguió imponer sus esquemas. El primer argumento que utilizó Roma contra los cátaros fue demonizarlos, reducirlos a un culto supersticioso y brujeril. Este arquetipo se advierte perfectamente en una de las leyendas que circulan en torno al hermoso lago de Engolasters.

En otro tiempo Andorra tenía una abundante población de brujas. Cuando moría una de ellas le abrían el pecho para ver a qué lado tenía el corazón. Aun hoy se dice que las brujas andorranas pululan por los montes la noche mágica de San Juan. Juntas, van a celebrar sus aquelarres a la cima del Font Argent y a Envalira. Pero si hay un lugar en donde se concentran las mayores brujas de los valles es en torno a Engolasters. Allí bailan desnudas toda la noche entorno al lago. Hacen tres círculos concéntricos y el demonio toca para ellas el tambor y la flauta. Si algún intruso las observa, brujas apostadas y provistas de una vara embrujada los convierten en gatos negros... Engolasters era lugar obligado de tránsito para los cátaros que, huyendo de Montsegur y el país de Foix, buscaban la paz en las tierras de la Corona de Aragón.

El clero católico atribuyó a los herejes el culto al gato (cat) y de ahí precisamente derivó su nombre, contrariamente a la tesis que sostiene que la palabra deriva del término griego "khataro" que significaría "puro". Históricamente, la palabra "cátaro" era tomada como un insulto por los herejes. Pues bien, Satán, la brujería y el gato, conforman la leyenda de Engolasters y conceden elementos suficientes como para que podamos intuir en ella propaganda anti-cátara. Pero ese mismo lugar, Engolasters, es objeto de otro relato leyendario de sentido opuesto. Podemos imaginar a los trovadores, de parroquia en parroquia, cantando baladas en las que se hablara del castigo que recibieron quienes maltrataron a los "pobres de Cristo", tal como los cátaros gustaban llamarse.

Cerca del lago hay una iglesia solitaria, pero antes hubo un pueblo cuya maldad le hizo desaparecer en el fondo de las aguas. La gente de allí tenía fama de avaros e inmisericordes. No conocían la virtud de la caridad. En cierta ocasión, cuenta la leyenda, que un mendigo entró en el pueblo a pedir pan. Nadie quiso dárselo. Cuando, expulsado del lugar, parecía a punto de morir, una muchacha le ofreció un mendrugo: "Tu que has tenido compasión, te salvarás  -dijo el mendigo-, huye hacia la montaña". Así lo hizo la muchacha, justo antes de que una tormenta inundara el valle, transformándolo en el lago que hoy conocemos. El pobre, naturalmente, era Jesucristo.

La figura del "pobre" como Jesucristo es significativa de toda una corriente de la espiritualidad medieval que abarca desde los cátaros y valdenses hasta los franciscanos y su facción extremista, los "fraticelli". Todos ellos predicaban una vida de pobreza y austeridad, sin propiedad y viviendo en comunión de bienes, tal como el mendigo que llega al pueblo y solo una muchacha -nueva alusión a la "dama" entendida como Iglesia Cátara- le asiste.

LA CRUZ DE LOS SIETE BRAZOS

Otra leyenda del ciclo andorrano tiene como protagonista al diablo y a una cruz. La cruz existe y puede ser visitada, pero de sus siete brazos, uno ha desaparecido. Cuenta la leyenda que en Prats había 7 compañeros, uno era muy pusilánime y temía al diablo. Los otros decidieron hacerle una broma. Le invitaron a comer a Canillo y le dieron una escopeta para que disparara al diablo si le aparecia. La escopeta estaba preparada para que al disparar no dañara. Accidentalmente, en un hostal el posadero advirtió el problema y la arregló. Cuando uno de sus amigos bromistasse disfrazó de diablo, él disparó y lo mató. Al día siguiente, al ir a buscar el cadáver, vieron que el diablo se lo había llevado y con él uno de los brazos de la cruz.

La leyenda difunde, de manera adaptada, el mensaje cátaro del diablo como entidad real y personal que secuestra a los humanos en tanto que todos le pertenecemos. Ya hemos visto, por lo demás, que el número siete tiene importancia dentro de la gnosis maniquea y que supone la suma de los cuatro elementos (fuego, tierra, agua y aire) más los tres vehículos del ser (cuerpo, alma y espíritu).

LA OVEJA CATARA CONTRA EL OSO ROMANO

Otra leyenda andorrana contrapone la oveja al oso. Todas las herejías occitanas utilizaban el símbolo del cordero, con su mansedumbre y simplicidad, para definir la naturaleza y personalidad del "bon home" (el fiel cátaro). Paralelamente, el oso era el símbolo antagonista. Su fuerza y fiereza, sus dimensiones y pilosidad, su color pardo-oscuro en contraposición a la blancura de la oveja, eran tenidos como representantes del fiel cátaro y de la Iglesia Romana. Las figuras de ambos están deformadas en algunos relatos legendarios de entre los cuales escogemos al que tuvo por escenario el Pui Olivesa.

Allí había un pastor que llevaba su ganado al Rocafort. Pronto el pastor empezó a notar que le faltaban ovejas. Una noche de luna llena pudo ver que el ladrón era una osa gigante, pero como era muy grande no podía matarla. La siguió hasta su refugio y, al día siguiente, amontonó leña ante la puerta de la cueva y cuando llegó la osa la quemó; la osa asustada por el destino de los pequeños desatendió la guardia y el pastor la golpeó y mató.

Hasta principios de siglo, en Andorra se autorizaba a que quien matase a un oso pudiera pedir dinero casa por casa. Debía ir con la piel del oso y las cuatro garras. Cuando acababa la colecta, el batlle cortaba una garra que se colgaba de la puerta del Comú y así se impedía que la misma piel sirviera para realizar una nueva y fraudulenta colecta.

A través de estas leyendas, el catarismo pervivió en los valles de Andorra. Estos relatos fantásticos muestran el sustrato del psiquismo pirenaico. Mediante artificios e imágenes simbólicas se narró durante siglos, hasta llegar a nuestros días, el recuerdo de unos episodios que ya no podían contarse en su desnuda realidad. La inquisición acechaba. El catarismo había perdido la partida; la historia se transformó en leyenda.

© Ernest Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com