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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Baphomet: el misterio central del templarismo

Infokrisis.- [artículo escrito en 1981] En el proceso entablado por el Rey de Francia contra la Orden del Temple, dos fueron las acusaciones centrales, sin las cuales el resto del pliego de cargos apenas hubiera significado nada: el acto de renegar de la cruz de madera, símbolo de Jesucristo, tras el cual, se adoraba un horrible ídolo de madera o plata.

UN TIPO DESCONOCIDO DE GNOSIS

Al tratarse de un culto presuntamente diabólico la acusación añadió otros elementos típicos de las prácticas satánicas de la época: el beso en el ano, la sodomía, la quema de recién nacidos, la adoración de la cabeza de un macho cabrío, el culto al pentáculo, etc.

Exajeraciones aparte, es rigurosamente cierto que, tal como pretendía la acusación, algo de todo esto existió en el interior del Temple, como patrimonio de una pequeña élite de iniciados en no se sabe bien que misterios, aunque se disponen de elementos suficientes como para inferir que se trataba de un tipo de gnosis.

Durante el proceso al Temple todas estas acusaciones salieron a relucir y pareció como si nadie entre los templarios quisiera aclarar el significado de tales prácticas y aquellos que intentaron hacerlo evidenciaban ignorancia y ausencia de la clave interpretativa.

BAPHOMET, LAS INTERPRETACIONES ERRONEAS

Entre todos los misterios del Temple, sin duda la naturaleza del ídolo, conocido como "Baphomet", es el más apasionante y al mismo tiempo uno de los más impenetrables.

Para algunos autores habría que descomponer el nombre del ídolo en "Bap" y "homet" que constituirían la primera sílaba de los nombres de Juan el Baptista y las dos últimas de Mahomet... lo cual evidenciaría que el Islam había ganado para sí a la Orden Templario.

Por supuesto la teoría no resiste el más mínimo análisis teórico o lingüístico, entrando de lleno en el género de aquellas interpretaciones que aceptan la existencia de un compromiso entre musulmanes y templarios; una orden reciente de "neo templarios" llega incluso, en nuestros días, a rezar la "Jatifa" árabe, tras el "Padrenuestro", en alguna de sus ceremonias. Esta mixtificación procedería de los problemáticos documentos salidos a la luz en el siglo XVIII, entre los cuales figura la "Regla del Maestre Roncellin". Pero todo esto parece pura ficción e históricamente no consta otro reglamento que el redactado por Bernardo de Claraval.

Un ejemplo más de las piruetas a las que nos puede llevar la descomposición del nombre del "Baphomet" es la que realiza J. Argentier afirmando que escrito a la inversa y separado en sílabas este nombre daría: Tem   Oph   Ab, anagrama de "Templi Omnum hominyn pacis abbas", es decir, "el padre del templo, paz universal a los hombres", frase cabalística cuya deducción es más que forzada en la medida en que las mismas radicales latinas podrían dar lugar a otras derivaciones igualmente incoherentes.

¿HUELLAS DE IDOLATRIA?

Pero dejando aparte estas curiosidades, será preciso, antes de entrar en el contenido del símbolo, relatar, siquiera brevemente como llegó a ser conocido y de qué se trataba materialmente.

Los primeros rastros de "idolatría" los encuentra la inquisición en el relato de algunos escuderos y personal de servicio en las encomiendas templarias, en relación a ciertas ceremonias secretas que se realizaban en las capillas, de noche y protegidas por una guardia de caballeros. Ningún caballero logra explicar en los interrogatorios lo que verdaderamente sucedía, excusándose en que jamás asistieron unos o bien negándose pura y simplemente a declararlo en el caso de otros. Es decir, que todas las versiones y referencias que tenemos, incluso la noticia misma de la existencia de tales ceremonias procede de relatos de gentes que, o bien no estaban en el secreto y, por tanto, no podían comprender el significado de la ceremonia, o bien estaban resentidos por no haber sido admitidos en las mismas. Lo que sí esta fuera de duda es que no todos los caballeros tenían acceso al ritual, es decir, que existía una selección interna y, por así decirlo, una doble jerarquía, o la "exotérica" o exterior, visible y la "esotérica", oculta. En una el elemento propiamente guerrero y la cualificación militar era el germen de la jerarquía; en otro, el círculo esotérico, seguramente hacía falta otro tipo de cualificación metafísica.

Pues bien, algunos que pudieron conocer de forma fragmentaria y adulterada, estas ceremonias, declararon a la Inquisición que en ellas se adoraba una figura pequeña, posiblemente de madera o metal, cuyas descripciones variaban según los casos (por ejemplo, algunos le otorgaban dos caras, otros tres, varios una sola, pero horrible y provista de cuernos) e incluso en alguna declaración se aseguró que el objeto de adoración era un gato negro.

Todo esto no fueron más que conjeturas basadas solo en la buena o mala fe del declarante voluntario y siguió siendo así hasta que, por fin, los inquisidores descubrieron en la Torre del Temple de París, algo que parecía un pequeño relicario con la inscripción "Caput LVIII" que nadie reconoció como propio y que nadie quiso o pudo interpretar. Posiblemente se tratara de una falsificación creada por el rey de Francia para uso de la acusación.

LAS DESCRIPCIONES DEL IDOLO

Aquella imagen en uno de los interrogatorios fue bautizada por el Hermano Gaucerant, sargento de Mont Pezat cuando habló de una imagen "in figuran baphometi" (=en forma de Baphomet) del que le dijeron que "la salvación pasa a través de ella".

El proceso terminó sin que se encontraran nuevos rastros de ídolo templario. Y sin embargo existían: en el pórtico de la Iglesia templaria de Saint Bris de Tureaux existe una imagen que representa al mismo Baphomet, un diablo barbudo y cornudo. Un cofre encontrado en Volterra parece presentar escenas que los especialistas creen reconocer como la famosa ceremonia de iniciación al capítulo esotérico templario; entre otras, la adoración del Baphomet, y del Vellocino de Oro de la leyenda de los Argonautas...

¿Cómo es la imagen del Baphomet según este bajo relieve? Andrógino, con barba luenga y senos turgentes, manto corto y capucha.

En las preguntas formuladas por la Inquisición a los reos templarios machaconamente se repite el tema del "ídolo": la circular remitida a los inquisidores contenía las siguientes cuestiones que debían plantear a los monjes  guerreros presos: "¿Adoraban la imagen de un ídolo llamado Baphomet, que a veces se mostraba como un ser de dos cabezas, otras de tres y otras como un gato negro? ¿llevaban siempre un cordel previamente depositado sobre el ídolo?

EL "BAUTISMO POR EL FUEGO"

Otra etimología de la palabra Baphomet, descompone la palabra en "Baphe" (tintura, inmersión, bautismo) y "Metheos" (purificación espiritual por el fuego, iniciación). Baphomety sería pues el "bautismo por el fuego". Esto coincide con el hecho de que la fiesta templaria por excelencia fuera el día de Pentecostés, rememorando el descenso del Espíritu Santo sobre los apóstoles reunidos y su envío de lenguas de fuego para cada uno de ellos.

Pero el fuego es también símbolo de la Sabiduría como nos sugiere el mito de Prometeo.  Baphomet, así pues, sería un "bautismo del conocimiento", una transmisión victoriosa de la "Santa Sabiduría". Así pues, el Baphomet no designaría un ídolo sino una ceremonia: la de la apertura del conocimiento, entendiendo por tal una especie de iluminación que permitiría al iniciado el acceso a "otra realidad" y el contacto con la trascendencia.

BAFOMET Y MISTERIO DEL GRIAL

Henos aquí en plena temática gnóstica. Dentro del ritual el "Baphomet imagen" cumpliría una función determinada, probablemente la de ser un elemento de concentración y meditación. Valdría la pena recordar como las figuras y la iconografía utilizada por el budismo está repleta de imágenes y escenas terroríficas y complejas que el practicante debe visualizar y sobre las que debe meditar.

Pero no hace falta remitirnos al Oriente cuando la literatura occidental nos ofrece un ejemplo claro y similar en el ciclo del Grial. Efectivamente, los atributos del Grial (conocimiento, sabiduría, etc.) son los mismos que los que otorga el Baphomet.

Ya hemos oído la declaración del sargento de Mont Pezat; así mismo también en la literatura arturiana y en los relatos graélicos, el vaso sagrado es un vehículo para la iluminación del alma. Análogamente se podría recordar que la desaparición del Grial provoca, al decir de la literatura caballeresca, las hambrunas y guerras y el que los campos dejen de dar sus frutos.

Es lo mismo que declararon algunos templarios o escuderos sobre las virtudes del ídolo que "hacía florecer los árboles y germinar la tierra".

LA QUEMA DE RECIEN NACIDOS

La imagen del "bautismo por el fuego" simboliza la calcinación que hace el iniciado de su vida pasada y de todo lo que hay en su ser de pasional, bajo, material y grosero. Para él, la iniciación es el comienzo de una nueva vida: de ahí que a la ceremonia se la llama "bautismo" y que el elemento fuego cobre su importancia. Los iniciados aparecen así como "recién nacidos", hijos de sus maestros. Aquí puede encontrarse también la explicación del porqué ciertos testimonios exteriores a la orden del Temple les achacase el "quemar a recién nacidos", símbolo que tomaron al pie de la letra quienes nada entendían del ritual.

Otro tanto se puede decir de los besos en el ano que no representaban sino el rito por el cual el maestro, transmitiría "el espíritu" a través del aliento, al discípulo en la base de la columna vertebral, a través de la que circulaba la "serpiente del conocimiento" y cuyo origen radicaría ahí, mientras su culminación estaría al decir de los textos justo en el lugar marcado por la tonsura sacerdotal, ritual cuyo origen podría estar precisamente aquí.

Pero el "recién nacido", una vez salido del vientre de la madre posee una sola cosa en común con ella: el cordón umbilical. No puede extrañar pues que en tales ceremonias secretas, a los pies del Baphomet se encontrara una cinta que, distribuida entre los asistentes al ritual, deberían conservar durante toda su vida, como nacidos del mismo seno y portadores del mismo espíritu. Una temática parecida se sigue practicando en las iniciaciones budistas al finalizar las cuales, la cuerda que ha unido a los iniciados con el iniciador es cortada y distribuida entre los asistentes.

EL SIGNO DE GEMINIS DOMINANDO AL TEMPLE

El idólo (si es que a estas alturas podemos seguir llamándolo "ídolo") es siempre desccrito como una figura andrógina. El andrógino es un antiguo símbolo de unión de los contrarios, de totalidad, casi tan antiguo como el mundo. En Memmon uno de los colosos tiene en su pedestal varias imágenes hermafroditas que pueden representar el mito del nacimiento original, antes de producirse la separación de los sexos. La "serpiente emplumada" Quetzalcoalzlt, de la mitología precolombina, reune en sí también a los dos sexos. Adán antes de la caida era el ser perfecto y lo siguió siendo hasta que de su costilla nació Eva. A través del andrógino llegamos al mito zodiacal de Géminis.

El mito del andrógino está ligado al de los gemelos, es decir, a la constelación zodiacal de Géminis. Se sabe que dicho signo tuvo un papel capital en la configuración de la orden de los templarios: es universalmente conocido el sello que representa dos caballeros sobre una misma montura; en las catedrales surgidas de la inspiración y gracias a la protección del Temple, se daba una importante diferencia con respecto al anterior estilo románico: la existencia de dos torres gemelas que sería también otra sublimación del signo de Géminis. Este signo también significa fraternidad y no es raro que una orden guerrera, con un acendrado espíritu de camaradería y cuerpo, cuyo primer escalón organizativo fueron los "pares" haya visto su sino en Géminis. El número del andrógino cuyas características asume el Baphomet, es dos, la dualidad integrada.

EL FINAL DEL TEMPLARISMO

A principios del siglo XIV el rey de Francia Felipe el Hermoso arrestaba a todos los templarios de Francia. Cuando siete años después, Jacques de Molay era quemado en una pequeña isla del Sena, próxima a Notre Dame, como por arte de magia, se interrumpía bruscamente el ciclo de relatos del Grial. Desde hacía algunos años hechos traumáticos parecían los símbolos de la profecía que siglos antes había hecho Joaquin de Fiore sobre el fin de al cristiandad pronosticada para esa época: los cruzados abandonaban Jerusalén y el Reino Latino de los Santos Lugares se hundía irremisiblemente con las órdenes militares resistiendo hasta la extinción de sus combatientes; dentro de la Iglesia el cisma de Aviñón rompía la unidad de la cristiandad. El hundimiento de los templarios y de todo su sistema económico político acarreó en buena medida, las hambres y las pestes que asolaron Europa reduciéndola a un tercio de su población. La doctrina guelfa de la separación de poderes triunfaba y las herejías pre  racionalistas se anunciaban en el horizonte.

Parece como si la Orden del Temple en su más alta jerarquía iniciática hubiese previsto todo esto; uno de los caballeros interrogados por la inquisición dijo: "consideramos la madera de la cruz como el signo de la bestia del Apocalipsis..." de ahí el reniego que realizaban los aspirantes al capítulo secreto de la orden: escupir y pisotear una cruz. En este sentido el Baphomet podría ser considerado también como la negación pura y simple del Dios muerto sobre la cruz, cuya preponderancia en la Era de Piscis, se creía periclitada en medio de signos caóticos, cataclismos, persecuciones y desastres, tal como los profetas habían augurado.
 
Quizás los fundadores del Temple pretendiesen que esta orden ascético militar, fuera el blanco de pruebas de la élite que debía guiar a la sociedad en la nueva era que creían estaba ante ellos y que era posible edificar un Orden Imperial tomando como eje al Temple mismo. Se equivocaron.

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